martes, 28 de diciembre de 2010

AL SUR DEL INFIERNO



South Park es un programa que se autocalifica de grosero y violento, recomendado al espectador/a que no lo vea. Transcurre en un pequeño pueblecito que está habitado por vecinos que son cualquier cosa menos gente sencilla y alegre.

Trey Parker y Matt Stone llevan dando guerra con esta creación desde 1997, subiendo los capítulos gratuitamente en su página web y burlándose de todo y de todos, incluso de ellos mismos, acusándose de que las voces de los famosos son pobres invitaciones.

Cabezones y mal dibujados, los protagonistas son una pandilla de muchachos que viven en un lugar nevado que parece un cuento...cruel. Desde un niño gordo y malcriado por su hermafrodita madre (sí, han leído bien) llamada Eric Cartman, Stan, Kyle y Kenny (caracterizado por morir en muchos capítulos, con notables excepciones como uno en que las muchas avalanchas que acosan la localidad acaban con todos menos con su persona). Tiempo después, los creadores se darían cuenta de que uno de los secundarios de la escuela donde acuden los muchachos, el timorato Butters, Ned Flanders y además con varias pedradas en la cabeza antes de hora, podía ser uno más de la pandilla, aportando con su graciosísima sosería un tremendo dueto con Cartman.



Malencarada, en ocasiones terriblemente soez (el gusto por la escatología de algunos episodios llega a ser desagradable), nadie puede negar al programa su increíble democracia a la hora de la irreverencia.




Deudora total de Los Simpson, un hecho del que lógicamente no se avergüenza ("Ya se hizo en Los Simpson" es el título de uno de los episodios), se ha mostrado políticamente más comprometido que la obra prima de Groening, en ocasiones ansiosa de contentar a todos por igual.




Vertientes del cristianismo, islamismo radical, por supuesto judaísmo (uno de los muchachos procesa este credo), los simpáticos mormones (pam, pam, pam...) y muchos más (incluyendo la Cienciología, lo cual les enemistó con el doblador de uno de los personajes más carismáticos, Chef, el cocinero afroamericano de la Escuela que hace las veces de consejero de los chicos y, en una ocasión delirante, el mejor entrenador del mundo de balón prisionero), no se han librado de ser expuestos en este cadalso público que no tiene piedad ni con las buenas gentes ni con los más famosos más en el top de Hollywood (Jennifer López y Ben Affleck mucho podrían decir al respecto, por no hablar de una Barbara Streisand muy poco favorecida).



Precisamente en esos momentos, aunque otros episodios de humor absurdo puedan tener gags más brillantes, es donde South Park muestra una naturaleza que hace que sus legiones de seguidores le perdonen todo, incluyendo momentos más flojos o simplemente abominables por su manera de cruzar la frontera de lo chabacano.




La audaz manera de abordar el tema de la eutanasia fue tan asombrosa como desconcertante por su capacidad de mostrar pros y contras de un tema tan terrible sin perder en ningún momento su capacidad de ironizar pero sin tocar susceptibilidades. Menos polémica, pero igualmente enriquecedora, fue su visión de La Guerra de la Secesión, cuando el general Cartman Lee convence a sus convecinos de que es un aburrimiento seguir dejándose ganar en la recreación histórica solamente porque a ellos les ha tocado portar el uniforme gris. Por supuesto, Kenny es la única baja.





Otros, como el de los Detectives Junior, explota a la perfección todos los tópicos del género negro, incluyendo el jefe mostachudo y gruñón. Asimismo, como ya antes habíamos apuntado, la incorporación de Butters es todo un hallazgo, de hecho, llegará a protagonizar su propia aventura personal, llena de matrimonios rotos, celos e incluso intentos de asesinato, pero el muchacho (cuyo opening es una odiosa canciocilla que remata con "Soy yo"), permanece ajeno a todo, incluso a la presencia de OJ Simpson en la tranquila villa. Por no hablar de Awesomo.



Estos y muchos otros datos juntos (entre otros que Randy Marsh es uno de los mejores regalos de entre los secundarios que en la animación han sido) hacen que a día de hoy, South Park siga siendo un show desconcertante, que a veces te hace reír a mandíbula batiente, otras te mueve a la reflexión y en no pocas te da ganas de pegarles un sillazo a los creadores. Para lo bueno y lo malo, de obligada referencia.



Al sur del lugar visitado por Dante, le ironía y lo falaz se dan la mano, con la justa equidad de quien se burla de todo y blasfema en igualdad de condiciones de todo y de todos... no tomándose ni a ella misma en serio, ni siquiera al Gordo Abbot.






miércoles, 22 de diciembre de 2010

TODA GRECIA SABE LO QUE ESTÁ BIEN

A la hora de hablar de cómics épicos, suele ser una obligada referencia. 300 de Frank Miller es un clásico, probablemente desde que su atractiva propuesta salió impresa por primera vez, no pasó inadvertido.
Con un espectacular color por parte de Lynn Varley, narra la aventura épica de trescientos espartanos que se dirigen (contra la opinión de muchos miembros de su peculiar y militarizada sociedad) al paso de las Termópilas, para colaborar con otras polis griegas que quieren bloquear la inminente llegada del todopoderoso Gran Rey Jerjes, cuyas poderosas tropas vienen acompañadas del sonido del oro que está corrompiendo y derrotando la voluntad de otros compatriotas.
A pesar de no ser precisamente un dibujante preciocista, el lápiz de Miller brilla en esta obra personal a gran altura. Sus lacedemonios son individuos interesantes de espesas barbas negras, ariscos, no de demasiadas palabras (excepto uno que sabe narrar cuentos, un personaje clave) y, encabezados por su bravo rey Leónidas, bravos hasta extremos que serían considerados locos. Particularmente Leónidas, que había asesinado a un embajador persa por su arrogante conducta con la fórmula de "tierra y agua", es acusado de haber blasfemado y conducir a su patria a un desastre seguro, de ahí que tenga que recurrir a tan escasas unidades, eso sí, de sus más fieles.
El rigor histórico de 300 presenta muchas carencias. La indumentaria de las tropas persas no es la más acertada, la realidad ateniense es simplificada, se olvida en beneficio de potenciar a los espartanos a las otras naciones griegas que se quedaron hasta el final en aquel encabezonamiento militar... Pero, algunos años después de su creación, las inquietantes figuras de estos hijos de la guerra siguen conservando el extraño y aterrador encanto del propio mundo espartano.
Los diálogos de la obra son uno de sus grandes acierto, muy western, breves, sentenciosos pero con muchas aristas. "Malditos espartanos, siempre saben qué decir". Si históricamente 300 presenta laguna, su aparato mitológico es de primer orden, la obra engancha desde su arranque y está tapidaza con el barniz de la leyenda.
Mucho tiempo después, con motivo del estrena de su polémica adaptación al cine (que daría para una futura entrada), se acusó a Miller de haber hecho una historia más de Occidente contra Oriente. Lo cierto es que, reconociendo que este autor tiene una tendencia muy conservadora que le ha hecho meterse en algún proyecto cuyo mensaje o resulta atávico (El contra-ataque) o directamente un sinsentido (All Star Batman y Robin), no en vano Alex de la Iglesia en una hipérbole alta llegó a calificarle de "fascistoide entrañable", me parece absurda esa acusación en 300. Miller se convierte en un rendido de la épica, acentúa la mística que siempre ha existido cuando unos pocos plantan cara a muchos, pero ni hilaba tan fino en ese aspecto y si aquí los persas son "los malos", no creo que tuviera ningún inconveniente en potenciarlos si tuviera que contar por ejemplo los éxitos de Ciro El Grande.



Cualquiera sabe qué pasa por la mente de un tipo tan peculiar como Miller creando una obra así, pero no creó que mienta cuando afirma que su objetivo era rendir un homenaje a la obra cinematográfica "El León de Esparta", que vio durante su niñez. En verdad, este relato de lucha a caballo entre Clío y Homero, no puede sino impactar mucho en una persona joven.
Medidos también los momentos "tiernos" de la obra, especialmente esa inquietante mirada de Leónidas sobre el deforme Efialtes.
Idealizados hasta el extremo, estos Trescientos siguen formando parte de los mitos, también a través del arte de las viñetas.

Toda Grecia sabe lo que está bien... pero solamente los espartanos lo hacen.

martes, 14 de diciembre de 2010

EL AGUA BENDECIDA

¿Qué lleva a una madre soltera a lograr un patrimonio que desafiaría al de la mismísima reina de Inglaterra? La respuesta es relativamente fácil, un personaje que hoy por hoy es una marca registrada, un icono de los de verdad, mundialmente reconocible en cualquier rincón del mundo.
Me resulta difícil distanciarme de la emotividad a la hora de hablar de esta popular saga, que genera tantos adeptos como detractores. Servidor ha descubierto muchas de las bienaventuranzas de la literatura fantástica a través de estos libritos al principio (luego enciclopedias por su kilométrico tamaño) editados por Salamandra. Muy orientada a un público adolescente, el muchacho que salió de la alacena desfilará en siete breves reseñas en este blog, sirva como homenaje a una autora que a muchos, nos inyectó el amor por un género.
En primer lugar, hablar de "La piedra filosofal" es hacerlo de un cuento encantador, evidentemente, los años no pasan en balde y ya cuesta volver a proyectarse tanto con el bueno de Harry y su cicatriz. Sin embargo, la originalidad del universo presentado (los trenes, un elemento básico en la gestación de los primeros borradores, El Sombrero Seleccionador, El-que-no-debe-ser-nombrado...) le garantiza que sea ya un hito.
Spoiler: Cierto que juega con el concepto sospechoso claro inocente y profesor bueno-culpable, pero el abanico que abre de personajes entrañables (Ron, Hermione, Hagrid, Snape...) justifica que siga siendo un libro por el que muchos sentimos una sana nostalgia.
"La cámara de los secretos". En la segunda parte, Rowling se siente muy muy cómoda, explotando (qué británico es esto) las posibilidades de las Cuatro Casas. La búsqueda del heredero de Slytherin compensa de sobras que se repitan algunas estructuras narrativas de la primera parte.
Spolier: La resolución de Tom Ryddle y el diario es tremenda, es realmente muy divertido este villano, antecedente de Voldemort. De hecho, para un servidor, siempre será el verdadero antagonista de Harry. El-que-no-debe-ser-nombrado no deja de ser una buena adaptación de hechicero totalitarista con complejo hitleriano.
"El prisionero de Azkaban". Injustamente pocas veces mencionado como uno de los mejores libros de la saga. Su falta de acción es compensaba con un suspense muy interesante y muy buenos flasback. Se crea la memorable Azkaban, con los dementores, muy visuales y perfectos para fomentar la imaginación.
Más adulta de lo que parece, esta novelita entrega personajes tan curiosos como Peter, Lupin o Sirius Black.
Spolier: Final redondísimo, agridulce y genial dueto Sirius-Harry. Excelente, más allá de los prejuicios por el género (sí, va focalizada a un grupo de edad, pero esto le puede gustar a gente bastante crecidita), un guión extraordinario.

"El Cáliz de Fuego": Los editores de Rowling se han dado cuenta de que tienen una gallina de los huevos de oro. Por más que ella insista en que todo estaba pensado de antemano, a partir de esta cuarta parte, notamos como la saga se alarga, la explicación de que Harry y sus compañeros estén en plena edad del pavo, sigue sin justificar el alargamiento de determinados puntos.
Spolier: Muy superior al Torneo de los Tres Magos, es la resolución del papel de Ojoloco y la introducción poderosísima de los mortífagos, con un Voldemort renacida. Plan ingenioso en este caso del viejo Tom, los últimos y vertiginosos episodios de la muerte de Cedric y el duelo de Harry con Voldemort, el brillante epílogo con el discurso de Dumbledore compensa la excesiva extensión del libro.
Con todo, mucha gente no puede quejarse, ¿no querían que los críos leyesen? Pues dos tazas.


"La Orden del Fénix": Se introduce o se re-introduce (según se mire por cronología), La Orden del Fénix, la cual está presentada para ser la Némesis de los Mortífagos en plena "Noche de los Cuchillos Largos". Se sigue sucediendo una sobre-explotación narrativa, aunque interesante, la trama de la profecía se alarga, con un tono macbethiano.
Se crea a Dolores Umbridge para que Harry puede arguir que la profesora le tiene manía. Conceptos muy interesantes como la forzada alianza Snape-Potter.
Spoiler: Un poco forzada la muerte de Sirius a manos de Bellatrix. Se pierde un personaje carismático de un modo un poco gratuito. De nuevo, muy divertida la partida de ajedrez Voldemort-Dumbledore.

"El príncipe Mestizo": Los problemas del corazón crecen en Hogwarts, aunque todos sepamos que Ron está por Hermione y Harry quiere convertirse en cuñado de su mejor pelirrojo amigo, a pesar de los riesgos de tener que hacer regalos de Reyes a su abundante familia política. Interesantísimos flashback sobre los orígenes de Voldemort, volviendo a incidir en que Tom es el personaje más redondo de la saga.
Spolier: Al fin se utiliza la carta de Snape. Se introducen los fragmentos del alma de Voldemort y "detalles que quizás te hayas perdido" de los libros anteriores.




"Las reliquias de la muerte": Final apocalíptico de la sanga. Algún pasaje muy lírico como el de Hogsmeade, con la tumba de los señores Potter bajo la nieve. El cuentecillo encantador de las Reliquias de la Muerte, aunque el forzado triánguloso amoroso Ron-Harry-Hermione, en ocasiones exija que uno tenga que estar en fase FOQ para interesarle.



Spolier: Exceso de muertes con batallas finales marvelianas. Genial el cuentecillo de las Reliquias. Un final que homenajea a toda la saga. Con virtudes y defectos, sobre-explotada por el marketing (¡bondad graciosa, si hay hasta libros de quidditch, en serio!) hasta la saciedad, siempre podrá presumir de haber hecho leer (y no es hipérbole) a millones de generaciones de lectores/as.
Y eso es algo impagable. Qué bueno que aquel chico saliera de la alacena y de la custodia de sus espantosos tíos y aborrecible primo.


jueves, 2 de diciembre de 2010

YO ME RECUERDO

Hay un viejo dicho sobre los buenos boxeadores. Si su punto fuerte es, por ejemplo, el gancho de izquierda, sabes perfectamente cuál es el tipo de golpe que no van a emplear en primera instancia. La explicación simple a este hecho es que, normalmente, dejamos nuestra mejor baza para momentos más avanzados, cuando andemos con menos ideas.
Con esta deliciosa pieza de Fellini, rodada en 1973, ocurre algo muy parecido. Durante cierto tiempo ha sido un as en la manga, una carta marcada para cuando la partida se pusiera apurada. Justo cuando no sabía qué película presentar en el blog, este recuerdo italiano surgió en mi auxilio, era su momento y un gesto de la debida gratitud, pues a ella debemos el nombre del mismo.
En primer lugar decir que la memoria es muy peligrosa y la autobiografía aún más. Nuestro propio egocentrismo nos hace olvidarnos de los detalles, de los importantes y de los cotidianos, sin embargo, hay narradores excepcionales como Fellini que saben que incluso cuando quieren hacer un recorrido por su propia niñez, que conocen el gran secreto, como buenos titiriteros, no se centran en su marioneta, sino que hacen hablar al resto, para callar y traerlos al espectador con la sutileza de un guante de seda.
Amarcord es una vista atrás genial y preciocista, como en un sueño. Comienza la raíz en una Italia oscura, donde la sombra totalitarista del fascismo amenazaba con engullirlo todo, pese a ello, igual que en el cine de otros grandes como los malogrados Berlanga y Azcona, no hay asomo de rencor, tampoco de revancha, una simple demostración de lo qué pasó y por qué sucedió. Un collage de personajes increíbles y una puesta en escena cautivadora.


Si alguna vez bucean por la muy interesante página de Filmaffinity, entre muchas otras buenas críticas, no dejen pasar la ocasión de leer la excelente reseña del santanderino apodado Burton, quien capta a la perfección la sensibilidad del montaje de Fellini y el significado que da el director a la familia de personajes que lo componen.
Desde estilizadas figuras como la Gradisca (Magali Nöel), peluquera que escondía tras la falda una calculadora como dirían los versos sabinescos, hasta la prostituta Volpina (Josiane Tanzilli), pasando por la rolliza panadera. Una villa ingenua pero no tanto, una sensualidad que busca despertar y personajes con necesidades más humanas, una provocación edulcorada por una mirada triste.
Bruno Zanin es el excelente alter-ego del propio Fellini en la obra, que no duda en utilizar todos los elementos a su alcance para hacer una reflexión que va más allá de lo cinematográfico (la música de Nino Rota). Decían en cierta serie de dibujos animados que pocas veces sentimos más respeto por una historia que cuando ésta narra la desventura de una vieja derrota, con humanidad y desnudez del alma.
Fellini se basa en un equipo excelente para dibujarse a sí mismo y a lo que le rodeaba sin pudor, carente de cualquier deseo de dejarse seducir por la nostalgia. Esta crítica, pocas notas a pie de página puede poner a este producto redondo, a este cine elevado a arte...Veanla, de verdad, se lo recomiendo, esto, no se lo pueden perder.

domingo, 28 de noviembre de 2010

ROMANCE CRIMINAL

Desafortunadamente La Banda de Magliana existió y, apuesto a que no era nada agradable haber sido vecino de "El Libanés" y los suyos. Quede esto como declaración de intenciones, al hablar de los personajes y los hechos, el juicio se basa solo en un producto televisivo, en un recorrido histórico salpicado de cine negro de altura.




Basada en la novela de Giancarlo de Cataldo, narra el auge inesperado de una pequeña banda de jovenzuelos que en la coyuntura de la Italia de los 70, verdaderamente se hicieron con el emporio delictivo de la Ciudad Eterna. Previamente se había hecho una película, pero, obviamente, esta producción italiana que arrancó en 2008 tuvo la ventaja de poder recrearse en los detalles, contando todos los prolegómenos desde el principio.




Y es que Sky Italia ha hecho una apuesta de valientes. Han creado una serie de episodios al estilo del mejor cine, sin escamitar en gastos y en esfuerzos. La música está especialmente ambientada para la época y la fotografía (a cargo de Paolo Carnera) traslada a otro tiempo. En concreto, los días donde unos imberbes secuestradores tuvieron más suerte de la que merecían y se hicieron con un buen botín. En vez de fundírselo en copas y mujeres como tantas otras veces, un tipo apodado "El Libanés" convenció a los otros para conservarlo, buscando crear un fondo común que a largo plazo les hiciera marcar la diferencia con las otras bandas o, la mismísimas familias.


Es el punto de arranque de doce episodios vertiginosos, de lo mejorcito que haya traído el país mediterráneo últimamente en materia de entretenimiento. Superando los primeros episodios, donde se asientan las bases y conocemos a los personajes (aunque se redunda mucho en la relación Patrizia-El Dandi, repitiéndose), llega un momento donde la trama atrapa y no existe vuelta atrás.



Especialmente digno de mención en su evolución es el personaje de El Libanés (perfectamente encarnado por Francesco Montanari), en un principio parece un tópico con patas, continuamente con cara de mosqueo. Los flasback, el propio talento del actor y momentos como el re-encuentro con su antigua novia, nos van humanizando a un se abyecto, pero terriblemente interesante como carácter ficticio. Su liderazgo es el pegamento que mantiene unido a un triunvirato que debe vérselas con un puñado de niñatos (aunque sean mocosos muy peligrosos), siendo los otros dos en discordia El Frío (Vinicio Marchioni, un tipo tranquilo y con las ideas claras) y El Dandi (Alessandro Rojo, con mucha química en pantalla con la sensual Daniela Virgilio, la cortesana de lujo de los criminales romanos, Patrizia, todo un Marco Antonio de los nuevos emperadores).
Afortunadamente, entre tanto delincuente, hay un paréntesis que por ejemplo se hubiera agradecido mucho en Los Soprano y es, la vista desde el otro lado, para que no estemos tanto tiempo con tan malas compañías. Stefano Sollima, que dirige todo a la perfección, focaliza mucho en el comisario Scialoja (un gran Marco Bocci, recuerda al Jim Gordon del gran Gary Oldman), heterodoxo en sus métodos y sospechoso por su familia de ser un "comunista" infiltrado en el Departamento Policial. El único defecto es que en un principio, como ocurre sin ir más lejos en "American gángsters", es que hasta que las dos vidas paralelas no se entrelazan, parece faltar algo. Conforme avance, su vinculación y odio hacia lo que representan El Libanés y estos reyes de Roma se va haciendo más y más personal, especialmente por Patrizia, el elemento que se sale de la ecuación.
Verdaderamente, tras el épico final que proporciona la primera temporada, es una gran noticia que el show haya recibido luz verde para continuar. Esta pequeña joya italiana ha roto con la hegemonía de las series norteamericanas como las únicas que supuestamente aspiraban a hacer productos de este tipo. Estamos de verdadera enhorabuena y son muchos los interrogantes que dejan la docena inicial de platos presentados, aunque el círculo de cierra de forma maravillosa.
Hay mucha inteligencia dramática, especialmente hay un manejo del tempo de perro resabiado, con unos acordes por parte de Pasquale Catalano evocadores y unos actores en estado de gracia. Desde que A.Moore metió a Rorschach en la cárcel o cuando Juan Oliver conoció a Malamadre, no disfrutábamos tanto de una estancia en presidio como cuando El Libanés y los suyos se sumergen en una hora angustiante donde la policía y La Vieja Guardia parecen proponerse que esos pretenciosos cachorros no se salgan con la suya. Los silencios y los diálogos son asimismo extraordinarios.
Absolutamente recomendable.

domingo, 21 de noviembre de 2010

UNTOLD TALES

Dicen el refrán que el hambre agudiza el ingenio, bien quedaría demostrado por la picaresca. No obstante, la crisis económica no parece gozar de ese placet. Más bien al contrario, cuanto más debería intentar moverse el capital, el agarrotamiento se acentúa, a la par que hay un firme conservadurismo, mejor defenderse subidos al larguero que buscar otro tanto.
El mercado de los cómics no ha sido ajeno a esos altibajos, ni siquiera vacas sagradas ni personajes con el tirón de público y mercado de Spiderman. A la altura de los 90, tras conocer etapas brillantes, la colección estaba en un callejón sin salida. El trepa-muros era casi irreconocible con tanto clon para sus lectores más veteranos, mientras que era muy difícil que un chaval de la siguiente generación se mostrará interesado por comprar en el kiosko una serie que ya llevaba miles de ejemplares. ¿A quién le apetece llegar a una fiesta donde lo mejor ya ha pasado?
Por aquel entonces editor, Tom Breevort se puso a hacer algo que en ocasiones no se aplica en los negocios, buscar algo que simplificase, amparándose en aquella máxima de que a veces, el paso más sencillo bien puede ser el más correcto. Tuvo dos aciertos fundamentales, uno, crear una colección nueva que no llegaría a costar un dólar...¿segundo? Elegir a Kurt Busiek como guionista principal del proyecto.

Busiek empezó a razonar y se se encontró con que su editor le había dado una manzana muy apetecible. Eran en las colecciones principales donde la estaban fastidiando, a él le habían dado una pequeña parcela que si salía bien estupendo, si no, tampoco era el máximo responsable. Por ello, se jugaría un órdago a la grande, narraría la época más clásica del lanzarredes, precisamente aquella que ahora, la nostalgia injusta de que cualquier tiempo pasado fue mejor, la hacía la única visión del personaje que la gente estaría dispuesta a comprar.
Consciente de que hacía falta la pieza más importante, un dibujante, Busiek sondeó y pronto se vio agradablemente sorprendido de que Pat Oliffe, uno de los lápices más ascedentes en aquellos momentos en Marvel, se había enterado en los rumores de pasillo y había preparado unos bocetos de aquella época anterior. Se había centrado en su etapa preferida, de de John Romita, sin duda, uno de los más elegantes artistas que ha tenido la colosal factoría norteamericana.
Busiek quedó encantado con el trabajo, pero pronto informó a Oliffe de que iban a navegar en unas aguas aún más antiguos, en los primigenios días de Stan Lee y "el mago" Steve Ditko. Una etapa tal vez hoy a muchas luces ingenua, pero que en plena década de los 60 debe ser considerado un clinic de marketing y cómo saber llegar a un público joven. No obstante, llamarse "Las historias jamás contadas" bien podía considerarse una afrenta, una nueva e irrespetuosa oleada de músicos que rajaban viejas y reverenciadas partituras. Nuevamente, el talento de guionista de Busiek hizo olvidar cualquier asomo de duda.
Antes de hacer nada, con un blog de notas pegado, Busiek se sumergió en la hemeroteca de la editorial para una re-lectura de todos los cómics clásicos de aquellos días. Los leyó ya sin el apasionamiento infantil, pero sí con una perspectiva, aunque fuera de ficción, casi filológica (cómo se hablaban, qué expresiones se utilizaban) e histórica (pues, para su sorpresa, aunque eran cómics casi idolatrados por la crítica, tenían no pocos sinsentidos y lagunas graves). No solamente se supo al dedillo los primeros días de Peter Parker, sino de los otros personajes de la editorial, para evitar en todo momento incongruencias o tirar por tierra el trabajo de los demás.

Una vez salió la colección a finales de aquella década bastante necesitada, de nuevo hubo ojos que se fijaron en aquel personaje que seguía gozando del interés del público pese a sus irregularidades. Los lectores más jóvenes se sentían encantados por lo que estaban viendo, la veintena de números presentada imponía muchísimo menos que el gigantesco corpus arácnido anterior. Por el otro lado, los más veteranos, se sentían maravillados de haber vuelto a esa especie de máquina del tiempo. Busiek planteaba dos lecturas, por un lado, simples cómics entretenidos y divertidos, pero, para quienes pudieran leer entre líneas, muchos chistes privados, referencias, insinuaciones...lejos de blasfemar contra la pareja Lee-Ditko, sus Untold Tales complementaban cual excelentes notas a pie de página, lo anterior.

Por su lado, Oliffe hizo un papel en las sombras muy poco valorado, pero imprescindible. Su capacidad de asemejarse a la maestría triste adolescente de Ditko es solamente equiparable a su pericia respetando los rostros de los secundarios. Da la impresión de que fue una andadura en la cual Oliffe sacrificó parte de su propio estilo para dar esa sensación de volver a estar en aquella etapa, algo solamente al alcance de unos pocos.
No obstante, aunque su económico precio hizo que fuera una colección cuya breve pero intensa andadura fue registrada con un sano balance, Untold Tales ha ido alcanzando su verdadero relieve hace relativamente poco. Futuras re-ediciones en tomos de tapa dura, elogiosas críticas en reseñas sobre el personaje...

Lo cual no indica que no estuviera exenta de defectos. La propia fórmula por atractiva que fuese, tenía una fecha de caducidad clara. Para el interrogante quedará por qué Busiek no siguió, cuando era sabido que tenía cosas pensadas hasta la muerte de Gwen Stacy. Otro hándicap fue que por compromisos de agenda, Oliffe no pudiera firmar todos los números, aunque normalmente tuvo sustitutos de primer nivel (Ron Frenz, el gran entintador Jose Sinnot, el mismísimo John Romita en un disparatado y no muy creíble Year Zero de los Parker, etc.), a diferencia por ejemplo del mítico tándem Stan Lee-Jack Kirby o los propios Lee-Ditko, le ha faltado esa fortuna que aporta una sensación de rodeo del círculo impecable.


Desenpolvando este legado del baúl de los recuerdos, me ha sorprendido la ingenuidad de algunos momentos, pero no hay que caer en el error del lector de las novelas detectivescas cuando tras años, no le sorprende que el asesino sea el mayordomo. Me es complicado proyectarme tanto como antes en ese instituto de Forest Hills, pero a pesar de su inocente apariencia, sigo viendo un trabajo de gran inteligencia, para todos los públicos, con una gran dosis de hunor y muy, muy entretenidos.
Untold Tales of Spiderman...nuff said

sábado, 13 de noviembre de 2010

89 RAZONES

89 para justificar esta entrada. No pilla de nuevas a este blog, hace cierto tiempo, una espléndida película, "El Verdugo", desfilaba por aquí. Tal vez, dentro de poco, otras soberbias piezas como "Plácido" o "La vaquilla" lo hagan. Todas tendrán algo en común, exigirán que hablemos de su hacedor, Luis García Berlanga.
La desaparición de este célebre director a apenas unos meses de alcanzar la cifra de los 90, es la de algo más que la de un personaje famoso en la gran pantalla. Es el final del camino de un verdadero número 1, de un genio con mayúsculas, uno de esos tipos especiales. Dicen que un gigante da tres pasos para que el resto de los mortales puedan seguir su estela. En el cine español y europeo, Berlanga ejemplifica a la perfección esa metáfora.




En un contexto histórico y político muy oscuro, por no decir dramático, sus películas se elevan sobre muchas otras producciones de la época como verdaderos salvavidas. El milagro de que Plácido fuera nominada a los Oscar fue un coqueteó con la grandeza en un momento donde ello era impensable. Pero no era en tierras americanas, ésas de Mr. Marshall and company, donde le iban a comprender mejor. La crítica italiana, especialmente en Venecia, tan cercana en estilo picaresco, no dudó en galardonar su osadía contra la pena de muerte.


Por supuesto, no lo hizo solo. Este valenciano hijo de un padre que sirvió en el peor bando posible de una guerra civil, el que pierde, contó en la mayoría de las ocasiones con su otro yo. Rafael Azcona, también ya desaparecido. Monta tanto, tanto monta, podríamos decir que Azcona escribía con acidez lo que Berlanga quería decir pero no plasmaba y que Luis, rodaba lo que Azcona no podía dirigir.
Fue una relación de amor-odio propia de cuando dos estrellas chocan en el mismo equipo. Juntos hicieron maravillas y aunque en ocasiones hubo discrepancias (que provocaron que el escritor no ofreciera "El Cochecito" a su colega), cuando se conjuntaron, el nivel al que se desplegaron fue altísimo. Las piezas que diseñaron eran un espejo absolutamente veraz del mundo, verdades a la cara dichas con mucha gracia, pero no por ello menos aterradoras.


A pesar del humor oscuro y en ocasiones visceral (inolvidable esa maraña al final de "¡Vivan los novios!", creo que la clave de la buena salud de sus ideas cara a futuros revisionados radica en la falta de rencor. En un país casi por tradición cainita, donde casi nunca se sabe ganar e impera la cultura de culpar a los otros, Berlanga hacia una caricatura a mala idea, pero a su manera, nunca había hipérbole ni tampoco juicios de valor. Atontando a los censores con un juego de diálogos digno de Woody Allen, consiguió unas amables palabras del dictador Franco: "Berlanga no es un mal director de cine, pero es un mal español". Era difícil encontrar mejor elogio posible en aquellos instantes.
Curiosa es la manera que cada uno tiene de verse, Berlanga no dudaba en calificarse como un "cagado ante la vida", le gustaban poco las trifulcas y las manifestaciones, a favor o en contra. No obstante, no deja de resultar irónico que el 90% de su producción, a excepción de sus timoratos inicios y su fase final ya más liberada, fueran auténticas bofetadas al convecionalismo. Nada escapó a su ojo clínico, incluyendo la nobleza de las cacerías. La saga de los Leguineche bien puede tener un cero en técnica en composición, pero siempre brillará a grandísima altura en cuanto a ingenio y descarnada autopsia de un régimen caduco.
Y en esos momentos, como los grandes analistas, sus predicciones solían cumplirse. Nadie entendía porque insistía tanto en insertar el elemento del móvil en "Todos a la cárcel", poco tiempo después, nadie saldría a la calle sin él. En "Moros y cristianos", ya daba un divertido avance de cómo se movería el mundo del markéting y qué clase política era la que nos esperaba a nosotros, los ciudadanos de pie, que como era de justicia, éramos retratados como verdadores cabrones que van a la suya, ignorando las desgracias del Plácido de turno (que por otra parte, tampoco era ningún santo, de hecho, solamente en "Calabuch" hay personajes realmente "buenos", si se quiere usar esa expresión).



Hablábamos hace nada de una vieja alcahueta ajedrecista de enamorados, pues al igual que Celestina, Berlanga, que tiene ya un adjetivo para definir su propio cine, jugó con las mejores piezas posibles. Mozart se dividió en algunas de sus óperas retando a sus artistas a mantener situaciones casi inverosímiles de clímax, como muy bien se recrea en Amadeus. Berlanga retaba a algunos de los mejores actores y actrices de nuestro panorama, a unas frases kilométricas, auténtica ingeniería de la memoria... Pero qué resultado, cuán natural para nosotros, espectadores, siempre en el momento justo.
Salvo que el jueves haya milagro, Berlanga se nos despide, aunque quien sabe, se encargará de alguna manera de seguir recordándonos que la vida es tan jodida que merece la pena reírse, hasta de lo más sagrado, a ser posible poniendo verde a más de alguno. Es lo que tenía ser uno de los mejores directores de siempre.
Irrepetible, vayan a la primera boutique que puedan y pillen alguna de sus cintas, de verdad, merece la pena...Ah, se me olvidaba, astro-húngaros serían si no lo hicieran.

domingo, 7 de noviembre de 2010

LA VIEJA AJEDRECISTA



En una ocasión, leyendo la contraportada de una antigua carátula del clásico film "El Tercer Hombre", me llamó mucho la atención el hecho de que tras narrar brevemente el principio, se limitaba su anónimo autor a escribir: "Y entonces aparece el personaje de Orson Welles, se apodera de todo y del resto es mejor no hablar, hay que verlo".
Probablemente, con "La Celestina", ocurra, salvando las infinitas distancias de género, tres cuartos de lo mismo. Una vez la vieja alcahueta entra en escena, el lector/a va a tener muy complicado en no hacer girar todo lo que vaya sucediendo con ella, como una vetusta araña que ya ha tejido más de lo que ninguna de las ingenuas moscas que la rondan, podrá hacer en su vida.
Fernando de Rojas, en definitiva, quizás fuera uno de esos literatos que tal vez solamente tuvieron la fortuna de tener un personaje redondo....¡pero qué personaje! Decir que "solamente escribió La Celestina" es tan "agudo" como afirmar que a Cervantes "sólo" se le recuerda por El Quijote o que a Shakespeare únicamente le siguen representando sus dramas. Formado en la universidad salmantina (un universo fascinante por sí mismo en los siglos XV y XVI donde él se mueve), este autor plantea un tablero de enigmas donde críticos, historiadores, lingüistas y aficionados, aún no atinan a ubicar todas las piezas.
La Tragicomedia que hoy nos ocupa es una burla enfundada en el disfraz de la inteligencia. Rojas juega al despiste desde los primeros versos pre-liminares, provocando aún hoy en día dolores de cabeza a los especialistas, desde Francisco Márquez Villanueva a Pedro M.Piñero. También parece seguir gustando de complicarle la vida a quienes pretenden adaptarla en versiones teatrales, televisivas y cinematográficas, pues su extensa duración, pese al formato de actos, es el propio de una novela larga. Su deseo de lavarse las manos de la responsabilidad de las primeras páginas, aparte de plantear co-autoría, casi parece el deseo de exonerarse ante futuras represalias. Porque, no se engañen, esta obra tiene veneno del ácido.
Quizás en una hipérbole excesiva, en una ocasión e comentó que si El Bardo hubiera vivido en esta época, habría escrito guiones para House o Los Soprano, aunque muy matizable, es una expresión que me gusta porque viene a reflejar cómo los artistas siempre han buscado la sombra que mejor les ampare para meterse con todo lo que existe. De Rojas, que no tiene pelos en la lengua (las insinuaciones van desde la zoofilia a la pederastia y no, no es broma, si se lee entre líneas), bien podría ganarse hoy unos buenos reales trabajando en el equipo de Seth MacFarlane, aunque, por su afición a los sobre-entendidos antes que a lo explícito, creo que le hubiera ido mejor en Los Simpson.
Hay una tendencia en los planes escolares con este tipo de obras, que yo considero, modestamente, que es un error. Querer que un muchacho/a que tiene, sinceramente, la cabeza en otras cosas, se zampe "El Quijote" es una táctica poco recomendable para fomentarle la lectura. Está muy bien que se les dé la teoría, que conozcan que había un ilustre mutilado que escribía muy bien, pero por lo que más quieran, ¿cómo se va a leer una persona que se está iniciando una obra que es prácticamente el final de un camino? Sería menos traumático para una Virgen Vestal casarse de buenas a primeras con Calígula que para ellos entenderlo y, peor aún, que les guste, es escuchar cien chistes sin pillarlos. Muchos de los grandes clásicos, adolecen de este pequeño problema, porque los libros, como todo, tienen su momento.
Pero, excepciones tiene la regla y en el caso español, creo que "El Lazarillo" y "La Celestina" se libran. Porque son, si se permite la expresión, una cafrada. La primera es una obrita muy corta, llena de gamberradas, crítica al sistema y que, por supuesto, está repleta de "cabrones", que a fin de cuentas son los personajes más interesantes del mundo (las hagiografías son, por lo general, aparte de increíbles, poco propicias para ser best-sellers). La segunda, que no se me ofenda nadie, será una gran pieza y todo lo que ustedes quieran, es un calentón. Simple y duro, el amor no está en ninguna parte por La Celestina y, sinceramente, ni falta que hace.
El triángulo Melibea-Calisto-Celestina es el de dos marionetas y una única ama. Burla del amor cortés, no queda claro, al igual que tampoco sucede con el arcipreste de Hita, si de verdad se quiere advertir, porque en verdad están muy bien explicados todos los trucos posibles para burlar la moral de su tiempo. Celestina es, en todo momento, la ajedrecista que mueve sus piezas, consciente de las rentas que puede sacar del ingenuo y fanfarrón Calisto, se las ingenia para ayudarle a conseguir a la muchacha con la que quiere yacer (de matrimonio nada, por supuesto, quede claro). Para ello, la anciana además debe vérselas con unos criados respondones y sus propias aprendices de meretrices, pero ella, que sabe que todo ser humano es corrompible, con una hábil mezcla de palo y zanahoria, explota las debilidades de unos y otras.
Llegados a este punto, uno se vería tentado de cuestionarse, ¿por qué es un amor imposible? Aquí no rondan los Capuletos y Montescos, a la par que esta Julieta sabe cómo lo quiere y dónde, en el primer encuentro de confidencias, ya deja claro que Calisto no es (probablemente ni mucho menos) el primer hombre con el que ha estado. Hay incluso críticas que suponen que Rojas de verdad pone el elemento esotérico de los conjuros y las maldiciones como la clave de la caída a la tentación (perdón por el nombre atávico) de Melibea. Particularmente, seguro que Rojas no creía en ellos y para Celestina, probablemente fuera una ornamentación más para la galería. Pero, al igual que Ulises, más que la ayuda de Atenea, lo que de esta pareja da miedo es lo que tienen entre la despejada frente y los cabellos, una inteligencia a prueba de bomba y un análisis psicológico de primera fila (sabe muchísimo mejor que la pareja de enamorados cómo son).
Una inteligencia que, por otra parte, brilla en todos los diálogos, detectando creo, aquí uno de los pocos defectos del autor. Volviendo al cine, siempre he pensado que a Woody Allen (uno de los genios más heterodoxos y geniales que aún tenemos por esta bola de barro), que es un gran cineasta y además escribe muy bien, le importa un bledo el registro de los personajes. Ya esté hablando la duquesa de York o un gángster del Bronx, si a él le apetece, le pone un diálogo terriblemente ingenioso, es más, los personajes más tontos del guionista judío, son capaces de refinamientos que muchas "lumbreras" no pillarían (más si no saben inglés). En "La Celestina" pasa lo mismo, el más inútil hace relojes suizos, incluso estos criados respondones (casi tan egoistas como sus amos, que ya es decir) son capaces de marcarse la metáfora de literatura griega más elaborada. Un estudiante salmantino, es un estudiante salmantino, aunque esté narrando el día a día de un burdel.
Mas como todo personaje redondo, Celestina no puede ser perfecta para pasar al Olimpo. La debilidad humana que a ella le acompaña es la ambición más codiciosa jamás vista. Cualquiera pensaría que, cadena de oro en mano, era el momento de abandonar la partida de póker antes de que los otros jugadores pensasen que las cartas estaban marcadas. De ahí la venganza y de ahí el castigo, en una avaricia que engulle a todos los participantes de la farsa. Será entonces el momento de Pleberio (nombre sospechoso como el que más) y su lamento, un monólogo como los que sueñan los actores.
Y de Fernando de Rojas poco más se supo en los rincones artísticos. Derrocada su reina Celestina y muertos sus peones, este personaje de sangre poco clara, decidió pasar el resto de su existencia en un cómodo anonimato sin escribir nada más. ¿No había sobrevivido el creador a su obra maestra y no le quedaba nada más que decir o era uno más de los enigmas escondidos en la caja de sorpresas?

sábado, 30 de octubre de 2010

UN CAMBIO DE ESTILO



Todo depende de cómo se tomen las cosas en esta vida. Decepción y alegría caminan juntas, todo es relativo (por lo cual, esta afirmación no tiene lógica). Pero el problema se torna claro cuando hay alguien que dirige con maestría; si la mano que mece la cuna es tan firme como flexible, con permiso por la expresión, el objetivo deja de ser difuso y el proceso, un mero trámite.
Dirige Clint Eastwood y eso, biografías morbosas aparte, son palabras mayores. El genial cineasta coge una historia que probablemente nos pondrían un sábado de sobremesa, una de las que empiezan con el consabido "basado en hechos reales". La excusa perfecta para leer un buen libro, darse un paseo o apagar el televisor. Pero, no hay malas historias que contar, al contrario, mucho del éxito depende del narrador.
J. Michael Straczynski da un regalo al viejo Clint que éste, sabiamente, aprovecha. Una historia de comienzos del siglo XX, un Departamento de Policía corrupto bajo el Sol de California, más pistoleros que protectores, más obsesionados en aparentar que en resolver. Una mujer (Angelina Jolie) a la que su mundo se le desmorona. Un niño perdido, al que al parecer encuentran... pero el instinto maternal no miente y, huele a montaje artificial, a un parche, una medida anti-crisis para ocultar la inoperancia.
Eastwood embarca a la escultural actriz en una dura prueba, 141 minutos donde ella debe sostener un edificio tan impactante como complicado y la verdad es que, a falta de que alguien lo contradiga, el mejor trabajo hasta la fecha de la estrella de Hollywood. Jolie no siempre ha hecho buenas películas, pero aquí aprovecha y se empapa de una oportunidad única, es consciente de que está bajo la batuta del creador de "Sin Perdón", "Mystic river" o "Invictus", entre otras. Firma ante él un trabajo soberbio, aunque secundario de la talla de John Malkovich (siempre impecable) la ayudan a hacer un papel de los bien llamados redondos, justas nominaciones a su persona.
Hasta ese momento, lo único que te ha seducido de la cinta es una actriz dando su mejor aportación a este arte, una buena fotografía por parte de Tom Stern y una correcta narración, pero, ¿acaso no le estamos evaluando por el nombre y no el contenido? ¿Qué diferencia a esta producción de otras de serie B o incluso C? La tragedia nos conmueve, más si sabemos que fue real, pero aquí hay giros de tuerca, en medio del nudo, las perfidias de las que es capaz el jefe de policía (Colm Feore) con tal de lavar las pifias de sus hiper-activos muchachos (especialmente Jeffrey Donovan), llevarán a interesantes reflexiones sobre la manipulación del poder y el control de las noticias.
Es entonces cuando surgirá la macabra figura de Jason Butler Harner y te das cuenta del cuento cruel donde te has metido. La película se va elevando a la par que también lo hacen sus secundarios (gran Amy Ryan y Sterling Wolfe, entre otros) y como bien afirmaba nuestro amigo desde los Algarbes, el deseo de que los sufrimientos de una pobre madre terminen llega a convertirse en algo casi personal. La señora Collins, incluso más que el niño desaparecido se conviere en la obsesión de Eastwood, una mujer capaz de luchar como un moderno Prometeo encadenado, hasta las últimas consecuencias. Capaz de entrevistarse con un asesino con tal de saber la verdad y de mostrar la tenacidad y la fe de una mula.
Toda la dureza de este film coquetea con el término morbosa, pero va sorteando etapas con soltura, el arco asciende y el punto de inflexión llega precisamente en el desenlace. Tanta desolación, pruebas de paciencia dignas de Job y sombras, para descubrir, que pese a todo, siempre hay lugar para sacar fuerzas que lo llevan a uno adelante. Como una aldea gala que resiste hoy y siempre al invasor. Cuando te quieres dar cuenta, Eastwood y su equipo te han atrapado en una red de araña en la que sin embargo hay una rendija, para defenderse como gato panza arriba...
El hijo que habría salido de la fusión entre la soleada "Invictus" y la oscura "Mystic River". Una obra muy artística, un notable alto, una muesca más en el revólver de un genio del cine que busca la simplicidad porque es lo más imposible de lograr.

domingo, 24 de octubre de 2010

EL CRÍTICO Y SU CORTE

Desde siempre, si algo se nos ha dado bien es criticar, no precisamente para bien, en la mayoría de los casos. Cómodo y fácil es torear desde la barrera, añade el refranero español, famoso por jugar con dos barajas para nunca errar en su diagnóstico.




Dentro del campo de la crítica de televisión y cine, el crítico del prestigioso diario El País, Carlos Boyero, es sin duda, una de las voces más polémicas y siempre, duende de palacio en los diversos festivales.




"Boyero y cía", que tiene en su haber varias temporadas en Canal Plus, ha sido el principal programa, con la excepción de sus artículos y la página web, donde ha proyectado sus opiniones. Sin ser precisamente un seguidor, se debe reconocer que es un producto interesante, un tipo de caja tonta mucho menos tonta, donde se hacen interesantes reflexiones, casi tertulias, sobre lo que a fin de cuentas, no deja de ser otra manifestación artística y de cultura accesible a todos los públicos. Aunque este muy de moda, en el 90% de los casos con razón, lapidar a este come-tiempos, hay cosas que de vez en cuando están muy bien y es de justicia reconocerlo.





Su presentador y principal responsable del mismo, el ya citado Carlos Boyero, es un individuo muy interesante y, para que nos vamos a engañar, un personaje en sí mismo. Desde que salió de un entorno bastante represivo en Salamanca, no ha dejado de correr en otra dirección, en un mundo de productores, actores y con el único objetivo de ir a salas con el propósito de pasárselo bien... y hacer saber si no le ha gustado.



En el caso de que alguien tenga predilección por personas sin pelos en la lengua, probablemente le agradará esta figura (menos cuando toque a las pelis o series que a él le gusten). Del mismo modo que puede deshacerse en elogios (por otra parte merecidos) a shows como Los Soprano o Los Simpson, tiene cierto aire hard que diría un amigo mío, que puede espantar al espíritu libre más pintado.




Se está extendiendo la idea de que en el cine, como ya ha pasado en muchos otros movimientos culturales, se está produciendo un gran salto generacional, de un tipo de directores que en base a sus propias experiencias hacían sus películas o guiones (el caso de Rafael Azona, uno de los más brillantes, es solamente la muesca del revólver) a otro donde las principales personalidades buscan un cine por el cine, con una serie de referencias y notas a pie de página con homenajes que puede enfurecer a la vieja escuela (el caso de Quentin Tarantino, uno de los artistas más peculiares e interesantes de la última década en la pantalla, serviría para el caso). Boyero comulgaría totalmente con la primera idea, lo cual me parece muy legítimo, la preferencia de cada cual es la preferencia, pero hacia el otro tipo de movimiento muestra un comportamiento muy visceral.




Uno de los grandes méritos de sus acotaciones es que se sabe rodear de muy buenos colaboradores y excelentes invitados (Elvira Lindo, el mismísimo Alex de la Iglesia, Santiago Roncagliolo, su colega de diario Enric González, etc), aunque en ocasiones se le acuse de caer en el cotilleo y la rumorología (su manera de llevar el escandaloso caso de R. Polanski, puede que no le convierta en persona grata para los más devotos del director polaco). El caso es que algo tendrá el agua cuando la bendicen tanto y a su manera, el estilo funciona. Como señalaron en una de las entrevistas más personales que ha concedido en el programa "El Reservado", de alguna manera tiene el crédito de que aunque diga barbaridades, da la sensación de creerlas sinceramente y eso, no deja de resultar interesante.




Por el otro lado, no deja de ser en ocasiones divertido verle en el otro lado. Fue uno de los que mejor habló de un cineasta que no necesita presentación, Woody Allen, por una pieza menor pero realmente entrañable, "Conocerás al hombre de tus sueños", donde declaraba que un Woody Allen en horas bajas seguía superando al 90% del resto en activo (hipérbole a todas luces exagerada, pero un buen capote al genio judío de New York al que el mundo parece querer estancar en la soberbia Match Point sin motivo).




En otros casos, creo que como le sucedería a cualquier especialista, es imposible opinar bien de todo y con conocimiento de causa. Por ejemplo, en "Fraiser", me parece que él y el escritor Santiago Roncagliolo estuvieron especialmente poco inspirados, comentado únicamente superficialidades de la serie y sin ninguna profundidad, incapaces de ver más allá. Asimismo se acompaña de un aire fatalista a la hora de comparar series norteamericanas VS. el resto del mundo. Es innegable que han venido muchas cosas de tremenda calidad y que, aquí hay que ir cargando pilas cuanto antes, pero no suena a la mejor tirita el meter el puñal en la herida hasta que la hemos removido del todo.
En conclusión, un espacio que hay que tomar con prudencias, no obstante, un estilo de programa que no abunda y que invita a fin de cuentas a que uno vea, elija, y lo que no le guste... le haga apagar el botón.

domingo, 17 de octubre de 2010

LO PEOR DE UNO DE LOS MEJORES

Aprovechando el fuerte tirón de la película "El Gran Vázquez", Ediciones Glénat ha sacado un tomo de casi 600 páginas con una de las épocas más desconocidas del maestro brugueriano, su "exilio interior" en cómics para adultos más creciditos.



A diferencia de otros períodos de su trayectoria artística (pensemos en Anacleto), en esta fase, no nos estorba para nada el blanco y negro. Es un Vázquez veterano, de vuelta de todo, capaz de lo mejor y de lo peor. Alguien capaz de reírse de su propia vagancia ("Solamente un personaje y si es invisible, mejor" llega a pedir a la musa que va a visitarle) y con un trazo simplista pero genial para la caricatura. "Lo peor de Vázquez" es, por tanto, una adquisición muy interesante.

"Gente peligrosa", "Los casos del inspector Yes" (por otra parte, es una recopilación incompleta) o "Más gente peligrosa" aún muestran a un Vázquez próximo al viejo estilo, humor ácido pero con apariencia infantil, con sobre-entendidos y muy sagaz, con diálogos chispeantes. "Sábado, sabadete" o "Historias Verdes", nos muestran al autor más próximo a líneas como pueda ser la de la revista "El Jueves", con un erotismo tragicómico, muy desinhibido, en ocasiones escatológico hasta el exceso pero a fin de cuentas, piezas de coleccionista. Él mismo, firmó esas obras con seudónimo ("El Sapo"), no tanto por timidez (que no tenía) como para jugar a dos bandas con diferentes editores (rasgo característico de este pícaro empedernido).
Sorprende ver al cerebro de las aventuras aparentemente inocentonas de las castas (una de ellas a la fuerza, ¿embrión de Patty y Selma?) Hermanas Gilda, contando historias tan altamente subidas de tono, confirmando algo que siempre se ha sospechado. Si en manos de clásicos como Ibáñez o Escobar uno se sentía sanamente en el lado de la ley, la producción de Vázquez era ese pariente o amigo que de vez en cuando te invitaba a cruzar la frontera: "Si en el fondo a ti esto también te gusta".
En otros frentes, su capacidad de visionar lo que iba a pasar es asombrosa. Sus chistes de los fumadores empedernidos y los realmente fanáticos pro-leyes antitabaco no solamente no han caducado, sino que ahora se entienden mejor. Siempre con gusto por ponerse a él mismo como protagonista, no dudaba en ponerse en ridículo a él mismo con sus estúpidos intentos de curarse de sus vicios, sin dejar títere con cabeza, desde su propia debilidad a los implacables "amigos" cruzados que se empeñan en que uno no pueda morirse como quiere.

De corte muy personal, casi autobiográfico, tenemos "Querido Maestro" o "Agente del Fisco", donde simplemente deforma un poco su propio reflejo en el espejo para presentar a un dibujante con muchos problemas a la hora de entrega que, además, considera una obligación moral darle problemas a Hacienda.

Se echa en falta "Vámonos al Bingo", un típico producto de lo que era capaz este peculiar artista. En base a sus anécdotas de ludópata empedernido, Vázquez recreaba con mano maestra todos los estereotipos de voluntades débiles y codicia, con una capacidad de reírse de si mismo sobresaliente. Es una ausencia destacada en un, por otra parte, muy completo volumen.

En definitiva, los amantes del tebeo español están de enhorabuena con el tirón que ha pertmidio la película y que también ha conllevado que surjan ediciones de "Los cuentos del tio Vázquez", donde nuevamente, volvía a ponerse las zapatillas para correr de acreedores y sastres. No son tampoco material de olvido, sus alusiones a colegas de profesión, especialmente Víctor Mora, Ibáñez o el por entonces muy joven, Ramis.

Como es sabido, los bufones durante la Edad Media y la Edad Moderna, gozaron del permiso de poder burlarse del resto del mundo, incluyendo reyes y cortes, a cambio eso si, de narrar con gracia y amenidad sus propias desventuras. Vázquez, que carecía de remodimiento alguno por su peculiar estilo desordenado de vida, se permitió el gusto de decir, escribir y dibujar aquello que se le cruzase por la cabeza.

Por último, recomendar a los interesados en el tema el magnífico blog de mi buen amigo Chespiro "Corra, jefe, corra", donde se han escrito varios artículos muy interesantes comparando la trayectoria del dibujante moroso con el gran Francisco Ibáñez.

martes, 12 de octubre de 2010

ALEXANDRE, MEMORIA VIVA

Te acostumbras a un rostro, al gesto, lo excepcional se convierte en rutina y el talento en presupuesto. De haber sido un dibujante de cómic, Manuel Alexandre hubiera sido Jan o Sal Buscema, siempre constante, nunca un mal número, todo con el mismo estilo y trazo, otorgando a cada papel el mismo respeto y estudio minucioso.
Durante toda su trayectoria, Manuel Alexandre fue amigo de pocos estruendos. Era de método antiguo, chapado a la antigua, desde sus cómicas intervenciones en películas como "Los Palomos" o "Atraco a las tres" hasta su última caracterización para televisión de Francisco Franco, igual que hicieran antes Bódalo u otros coetáneos, memorizaba el texto hasta la saciedad lo devoraba y finalmente aplicaba su conocimiento. Poco importaban las líneas que tuviera, siempre se aplicaba con empeño.
En la afortunadamente amplia lista de excelentes secundarios del cine español, nuestro malogrado protagonista bien merece un lugar destacado, aunque siempre su nivel se desplegó altísimo, en los últimos tiempos empezaba a parecer una cosa de otro tiempo, entrañable y mística. El jugador técnico en la era del músculo, un hombre tranquilo en un mundo acelerado, un segunda espada privilegiado en una era de divismo... Teatro, cine y televisión fueron tocadas sin ninguna preferencia, allí donde se le requería estaba.


No hacía tanto le dedicábamos una entrada a "El Morito", un poquito más hace de que el actor que mejor se cabreaba en España, Agustín González, diera su último recital. Ayer, como quien dice, era Antonio Ozores. Ya creo, que sin Alexandre, podemos hablar del cierre por falta de profesorado de una vieja escuela.
Es historia madrileña conocida, el mundo perdió un posible aparejador, otro factible abogado y quizás un periodista y es que, siempre fue un trasero de mal asiento. Tipo comprometido, estuvo en la defensa madrileña durante la primera ofensiva en la Guerra Civil, para luego encontrar santo refugio en el TEUU. Perdió la batalla y la carrera, pero se ganó un magnífico actor, con una forma de gesticular y mirar especial, algo que supo aprovechar mejor que nadie el gran Berlanga en "¡Vivan los novios!".

En los estudios para conseguir aplausos y llantos, conoció a su otra mitad, Fernando Fernán Gómez, otro todoterreno que ya no está. Hasta su desaparición fueron grandes amigos, también fue coetáneo de otro lobo de la escena, el gran secundario Rafael Alonso, con quien tiene importantes materialismos. Ya lo dice Juan Diego, las mesas del Café Guijón empiezan a estar más vacías, la mesa de Manolo también queda libre y eso, nunca es bueno.
Dicen que será en la madrileña pasa de Santa Ana, cerca de uno de los teatros que le vio debutar, me parece un gran gesto de familiares y amigos. Pero, no hay que hacerles mucho caso, coges el vídeo y pones "Plácido", Alexandre está como siempre, más gracioso que nunca, con una cojera que ya la quisiera para sí el mismísimo House... Mañana reponen "Los ladrones van a la oficina" y hasta en la mismísima "Siete Vidas" aparece. ¿Lo ven? Ya se lo había dicho, ¿cómo se iba a ir? En la tercera edad había logrado dos papeles protagonistas, ahora estará haciendo respetable cola en algún otro lugar que no conozco, para hacer audición...
Que esté tranquilo, con más de 300 pelis en el currículum, te cogen fijo... y sin enchufe. RIP.



"No puedo definir a ese pedazo de ser humano"- José Sacristán

lunes, 11 de octubre de 2010

HABITACIÓN 101



Bocado literario de cardenal pero con regusto agridulce. Cuando al final de sus días, un extraordinario escritor, George Orwell, se disponía a dar lugar una de sus obras más célebres, estaba en esa fase donde una persona ha dejado de creer en los cuentos de hadas y que todos los finales deben de ser felices.
Orwell sabía de lo que era capaz el ser humano, la primera mitad del siglo XX de la que él fue testigo, le había demostrado una cultura globalizadora en constante expansión, con unas posibilidades informativas sin precedentes y cuyo poder de implantación social, solamente era comparable, en ocasiones, a su infamia y adulteración de la verdad.
Era una persona sensible e inteligente que había visto el totalitarismo en su verdadero rostro, el nazismo alemán, el fascismo italiano, el zar rojo en la URSS, la pasividad de las tibias democracias europeas ante las salvajes apetencias territoriales de los dictadores o el militarismo nipón, por no aburrir citando ejemplos. Orwell, por ende, se disponía a hacer de reverso tenebroso de Tomás Moro, si él escribió sobre una utopía, él lo haría sobre un terrorífico futuro donde este tipo de ideologías se hubieran impuesto ante una población abúlica, sometida y aterrorizada.
Mucho se ha discutido sobre el famoso título. Efectivamente, el escritor y periodista británico, no jugaba ser oráculo, de hecho, su discusión con los editores fue una batalla perdida donde él pregonó el título "The last man in Europe". Pese a ello, no pareció convencer a sus jefes, lo cual le llevó a hacer el juego de cambiar los dígitos del año en que se publicó 1984. Por ende, la fecha es simplemente simbólica y nuestra atención al hecho debe reducirse a lo anecdótico.
Entrando ya en materia, el autor de "Rebelión en la granja" presenta a su isla natal en unas situaciones poco halagüeñas. El mundo se haya dividido en grandes bloques, supuestamente enfrentados, pero poco se sabe de lo que pasa en los frentes, mientras en el caso del Viejo Continente, un único Partido dirige la situación, no solamente los resortes administrativos, bélicos y económicos, sino mentales y sociales. Varios Ministerios (por ejemplo, hay uno para el Amor, como si dicha emoción pudiera ser legislada) con funcionarios grises en cadenas de mando se van sucediendo, hasta llegar al supuesto Gran Hermano, el único culto permitido al común de los ciudadanos, un rostro que inspira la lealtad a sus súbditos.
Una persona, Winston Smith, a pesar de trabajar para ese gobierno, parece muy descontento con lo que está viendo. Al más puro estilo soviético (no olvidemos que Orwell estuvo en la Península Ibérica durante la Guerra Civil y pudo observar de primera mano como Stalin y su régimen aprovecharon la coyuntura para liquidar adversarios que eran sus propios compatriotas y hacerlo pasar por acciones de guerra), sabe que cuando cree recordar compañeros que han desaparecido de los libros de Historia, no es porque lo imagine, sino porque todo aquel que desafía al Partido está destinado a ser vaporizado, destrozado y borrado de toda forma de recuerdo.
Solamente hay dos cosas que le animan a compartir con otro ser humano sus pensamientos, el conocimiento de una Hermandad rebelde proscrita que lucha contra el sistema a escala mundial y, la presencia de Julia, otra joven activista que tras una máscara de convencionalidad también se burla del timorato mundo donde vive. El affaire con ella es apasionado y especialmente liberalizador en el plano físico, pero pronto, iremos viendo que la muchacha se queda en una insurrección superficial, aunque es enternecedor su afecto, no parece hacerse las cuestiones de Winston acerca de los mecanismos del mundo donde viven, con unas telepantallas con las que el talento de Orwell entiende a que época nos aproximamos, donde la intimidad es sustituida por la telecomunicacón más indiscreta posible.
La pareja rebelde empieza (principalmente a través del más motivado Winston) a tomar contacto con los rebeldes, a través de otro inteligente miembro del Ministerio (que son algo así como los Comités de Salud e Intervención Pública de la época del Terror de la Revolución Francesa), O´Brien, que ha parecido dar señales a su camarada de que bien pudiera alistarles a la causa. Gracias a O´Brien, Winston y Julia podrán leer un libro prohibido, el de Goldstein, donde se revelan muchas de las falacias del mundo donde viven, entre ellas, el propósito de la neolengua (que va pauperizando la expresión y los conceptos) y el sentimiendo infudado de que viven en un presente muy superior a un pasado pintado como espantoso en comparación con las bondades del Big Brother.
Sin embargo, los ojos de los vigilantes son muy cautos y, pronto la pareja de enamorados se verá sometida a la más dura de las pruebas...la habitación 101.
SPOLIER QUE NO DEBES LEER SI AÚN NO CONOCES EL DESENLACE:
Mucha gente considera que el trepidante ritmo final de la obra (cuyo arranque es lento, no por falta de pericia estilística, sino por los muchos conceptos que debe presentar Orwell al lector), es de las mejores partes de la misma, algo absolutamente cierto. De la misma forma. muchos matizan que deja un sabor muy amargo. Por si la traición y verdaderas intenciones de O´Brien no fueran suficientes, el desolador final de la relación romántica que se plantea aquí, casi parece sepultar cualquier estereotipo de Hollywood.
Nunca me ha resultado muy coherente la corriente que critica la actuación de Winston, ni siquiera la de Julia. El empleo de la tortura para obtener aquello que se quiere oír, evidentemente puede arrancarnos cualquier confesión que se desee, pero en este caso, especialmente en el personaje de Winston, hay una valiente resistencia que soporta dos planos, el meramente físico y los terribles interrogatorios de O´Brien ante el que se ha erigido "el último hombre" (que era el título que deseaba Orwell, como ya hemos dicho). Apuesto a que mucha de la gente que se burla de la caída de Winston, no resistiría ni la mitad (yo ni la décima parte, vamos).
El final aterrador (en el que se descubre que la Hermandad es un invento del propio gobierno para controlar a los rebeldes, donde el propio Winston acaba de rodillas ante el Big Brother manifestando su amor y Julia se une al resto de borregos en procesión abúlica...), no me parece una mala solución. No siempre tiene que acabar bien, aunque apuesto que de haber sido en otro momento de su trayectoria (es una obra ya en la última fase, la reflexión de una persona muy inteligente, pero en cierto sentido, derrotada), hubiera encontrado ciertos matices.
La terrible habitación 101 puede derrotar todos los planos, especialmente los físicos, del protagonista. Pueden hacerle decir que cuatro dedos son ocho, que uno son nueve y que sacrifiquen a sus propios hijos con tal de evitar que esas ratas le destrocen el rostro... El Partido puede borrarle de la telaraña de Clío y de sus allegados en dos segundos, pero en el momento que incluso O´Brien le reconoce que aún no ha traicionado su amor por Julia, Orwell priva a su criatura del último logro, de ser él también un digno derrotado. El final podría ser igual de triste e infame, si, ante la incapacidad de soportar su pánico a los roedores (quién puede culparle) y a seguir a sí, Winston encontrase las últimas fuerzas que le permitieran buscar, como un último Héctor... la oportunidad de inmolarse él mismo. Lo aterrador no es tener miedo del atroz castigo, sino que una vez liberado, se postre al Big Brother.
El epílogo sería igual de concluyente, o quizás con más matices... Winston habría perdido todo, desde Julia a su supuesta amistad con O´Brien, pero se hubiera pertenecido a él mismo hasta el final. En cambio, un muy decepcionado Orwell hace un flaco favor al personaje de O´Brien al mostrarlo tan terriblemente perfecto. Su pregonizada sapiencia debería hacerle consciente de que no puede cimentarse el régimen exclusivamente en liquidar y arrojar bestias al rostro de sus súbditos. La Rusia de los zares esperó siglos, pero al final, el mero miedo, aunque efectivo durante muchas coyunturas, termina engendrando olas de más violencia que le autoengullen. O´Brien termina convirtiéndose en un tópico, un villano perfecto y, los personajes perfectos suelen dejarnos indiferentes.
Pero así lo quisó contar Orwell y hay que respetar al genio. Antes de su gran obra, no existía ni uves de Vendetta ni reflexiones tan certeras... Por ello, sigue siendo una obra maestra de proyección universal.

jueves, 7 de octubre de 2010

LA ÚNICA CERTEZA

Hace poco pude ver una película cartesiana al máximo. En realidad, bien mirado, el nudo del argumento casi invita a pensar en producción de domingo "basada en hechos reales". La premisa simple es la historia de un colegio católico donde una monja sospecha que el popular sacerdote ha tomado un interés malsano en uno de sus monaguillos. Para más IMRI (nunca mejor dicho), el muchacho es el primer alumno de color de dicha institución.




A pesar de transcurrir en la década de los 60 del siglo XX, a ningún espectador/a se le pasará que John Patrick Shanley toca un tema de rabiosa actualidad. Este autor (también es el guionista de la trama) ha llevado este producto en dos campos al unísono, una representación teatral y otra cinematográfica. Este hecho es muy interesante, ya que dota a la misma, que inexplicablemente se paseó por los Oscar y los Globos de Oro con muchas nominaciones pero ningún premio gordo durante el 2008, de unas características atávicas.




Me comentó un buen amigo que en realidad, aunque excelente, esta obra casi parece pertenecer a otra época del cine, con un tempo muy medido y que hace que reine la calma en cada secuencia. Cada minuto está repleto de pequeñas acciones y detalles que trasmiten la más pura vida cotidiana. El tiempo del café, la red de conjunto de las monjas con pausados paseos... Todo en su tempo, un mundo tranquilo, un centro donde una severa directora, Aloysius, dirige con mano dura pero hasta cierto sentido protectora, la vida de los muchachos y muchachas allí asentados. Meryl Streep, actriz que no necesita presentación, caracteriza a este personaje.
Ante esta monotonía, llega un carismático sacerdote, el padre Flynn. Philip Seymour Hoffman encarna a este clérigo que parece mostrar otra faceta de la Iglesia, más dinámico, parece más capaz de comprender que dirige a personas, no a peligros con patas a los que hay que asustar la mayoría de las veces para que le obedezcan a uno. En este momento uno tiene miedo de haberse metido en el típico juego vieja concepción de la religión VS. nueva concepción de la religión. Nada más lejos, estamos en manos de extraordinarios actores cuyo guionista tiene bien cogidos los hilos.


Conforme avanza el día a día, vemos como los dos estilos cada vez están más enfrentados. Una joven y apacible monja que parece estar aún en la etapa de absoluta vocación (Amy Adams) nos sirve de ojos para ver las disputas. Desde el principio somos ambivalentes, el personaje de Hoffman presenta un "catolicismo de rostro humano" muy recomendable, sin embargo, en los temas fundamentales, parece disfrutar como sus colegas de la pre-emiencia de los varones sobre las mujeres en la jerarquía eclesiástica.

Streep, por su lado, es una figura severa que se hubiera convertido en la profesora más odida si la hubiéramos tenido y, probablemente la causa de que una vez mayores, nos hubiéramos hecho ateos, pero en cierto sentido, es una primer inter pares muy positiva en algunos aspectos. No duda en proteger a las suyas, especialmente a las novias de Dios más enfermas y ancianas, además de que, pese a su mano de hierro, parece mostrar verdadera preocupación porque todos sus alumnos acaben sanos y salvos hasta la llegada del mes de junio y las vacaciones veraniegas. Entonces vuelve a abrir la boca y su discurso arcaico nos repele.

Verdaderamente, la causa de que el escrito original recibiera el Pulitzter y la adaptación teatral el Premio Toni, debe radicar en el potentísimo despliegue del reparto (todos están muy bien, pero lo de Adams, Streep y Hoffman es un nivel no apto para el resto de los mortales) y la falta de "buenos" y "malos". Cuando la mancha del escarnio (la acusación a fin de cuentas es gravísima) salpica a Flynn, somos incapaces de decantarnos a un lado o a otro.

El gran interrogante no se ve resuelto ni por el muchacho ni por la desestructurada familia de éste (atención a una desgarradora Viola Davis) y entonces nos damos cuenta de una posible doble manipulación. Por su lado, la directora echa sus redes de caza para ir convenciendo a sus monjas y al propio espectador/a de que ésta ante un terrible pederasta de sonrisa fácil y hermosas palabras, cuyos impecables sermones (si Hoffman los hiciera en la vida real, tal vez se incrementase la asistencia) son una dulce trampa. Sin embargo, en el otro, el propio padre Flynn goza de una autoridad y una privacidad con el alumnado que puede terminar siendo hasta peligrosa, ¿acaso no puede él mismo tener ganada la moral del chico y su marginado entorno? ¿Quién confiesa a tu confesor a fin de cuentas?

En definitiva, una película que parece casi de otro tiempo. Elegante, sobria, discreta, con una duración muy adecuada (104 minutos), unos actores en estado de gracia, un casting muy bueno... Una pequeña joyita, sin ningún adorno y con una madurez que asombra. Estamos ante personas de carne y hueso, el hecho de que sea en el marco de una escuela católica no influye para nada, esta obra no entiende de creencias, es una guerra de sentimientos, no de doctrina...El envoltorio está en el otro mundo, pero la temática no puede ser más terrenal, creyentes y no creyentes estarán muy satisfechos.


SPOLIER QUE NO SE DEBE LEER SI NO SE HA VISTO LA PELI:


El inquietante punto final es un excelente momento que muestra la ambivalencia. El último sermón de Hoffman, pese a toda su dulzura, no deja de ser la más sospechosa y una máxima de que la retirada a tiempo es otra forma de victoria. Justo entonces, el desmoronamiento del personaje de Streep ante su propio método de proceder, vuelve a poner el interrogante. ¿Cómo actuar si los propios protagonistas no saben lo que siente su representado?
Como de costumbre, nuestra única certeza... La duda.