lunes, 31 de diciembre de 2012

LAS HISTORIAS DE LA ABUELITA

Hubo un tiempo en que todo el mundo en Hollywood tenía su mote, una marca de distinción. Así, Clark Gable era "El Rey", un monarca coronado por público y crítica, especialmente después de Rhett en "Lo que el viento se llevó". Grace Kelly, por su abolengo y estilo, encarnaba el  componente patricio del celuloide. Entre tanto nombre superlativo, Frank Capra, experimentado director, recibía un apodo que no parecía incitar precisamente a la jactancia: "La abuelita". 
 
 
 
 
Idealista, amigo de sus personajes a los que quería con locura, Capra era un cineasta de edulcoradas intenciones y honesto oficio, que buscaba lo utópico antes que la realidad. En una época donde ya empezaba a florecer el cine negro y visiones más grises del mundo, la cámara de este hijo de inmigrantes sicilianos ya parecía pertenecer a otro mundo. El séptimo arte asistía entre estupefacto y encantado a aquellos cuentos de hadas irreales, que, sin embargo, parecían hacer mucha falta.
 
 
 
 
Entre toda su filmografía, ninguna parece más apropiada hoy en Amarcord que la relativa a cierto estreno de 1946, ¡Qué bello es vivir!. Clásico navideño de las televisiones en estas fechas, narra las venturas y desventuras de George (James Stewart), un buen hombre que se encarga de una compañía de seguros y, misteriosamente, se preocupa por sus clientes más allá de hacerles firmar un contrato hasta el 2321 sin poder tocar los fondos.
 
 
La historia de George es la de una persona que vive con la bendita maldición de Astérix; por un lado, su talento e inteligencia le vuelcan de manera inexorable a ver mundo, pero, a lo largo de su vida, la mala fortuna y las responsabilidades lo atan de manera indisoluble al pequeña aldea gala de Bedfordfalls. Si bien ha encontrado algunas recompensas como el cariño de muchos de sus vecinos y, especialmente el amor de su vida (una adorable Donna Reed), no deja de sentir cierta frustración por ello.
 
 
 
 
 
 
En vísperas de Nochebuena, su pequeña compañía, mantenida gracias a los milagros cotidianos de George y su tío, se encuentra casi definitivamente en la cuerda floja, mientras la vida personal de este santo Job parece abocada a estallar de una vez. Esta historia de blanco y negro que podía ser horrible y maniquea, se convierte en toda una epopeya gracias al brasero y la sabiduría de "la abuelita" contando la historia con pericia y aprovechando a la perfección las muchas virtudes interpretativas de Stewart.
 
 
 
 
 
Actor excelente para interpretar al norteamericano medio, George Bailey es una de las mejores creaciones de quien también sería el joven senador Smith en la idealista Caballero sin espada , nuevamente a las órdenes de Capra. Como las mejores fábulas, que ya sepamos exactamente qué va a acontecer en esta historia no nos molesta en lo absoluto y Búfalo no puede dormir si no vuelve a escuchar las palabras mil veces repetidas del cuento del niño cuyas tapas están ya desgajadas de lo mucho que se lo han leído sus padres. 
 
 
 
Despedir 2012 no es hacerlo con un huésped, que como diría Cicerón, uno tiene la esperanza de que no vuelva a repetir visita. Crisis, crisis... y más crisis. Y, lo peor de todo, no es lo más preocupante. Entre unos y otros lo han conseguido, tenemos esas seis letras tan tatuadas que nos resulta imposible no repetirlas hasta la saciedad día a día. Los discursos de nuestros queridos dirigentes han sido más bien un "vamos a cruzar 40 años del desierto y habrá escorpiones", echándose en falta incluso las mentiras piadosas de George, porque hay veces que la gente necesita esperanza, decir que "Pero aún tenemos agua en la cantimplora y de aquí salimos todos o nos dejamos sudor y lágrimas intentándolo". Si nos toman el pelo en época de bonanza mientras engordan bolsillos, por lo menos, se podría dejar de ser tan sincero ante lo que está por venir y habrá alguna buena noticia real a resaltar en el gore emocional que se ha tornado el telediario.





A veces pienso que la abuelita tenía más razón que una santa y que de tanto tomarnos en serio hemos perdido esa fascinación por los cuentos y, honestamente, así nos va. Entre tantos señores Potter (gran personaje en la película y muy mal imitado sin gracia en la realidad por más de un centenar de personas), hemos olvidado aplaudir el milagro diario de los George Baileys del mundo, ésos que aún aprietan los dientes ante grandes depresiones y se niegan a que la mala baba y la austeridad sean los únicos remedios de un barco a la deriva y donde mientras algunos buscan la ruta de escape empujando al prójimo, siempre saldrá alguien que dirá: "Todavía se puede nivelar".
 
 
 
A todos los queridos lectores/as de Amarcadord, amigos todos, desearles un feliz 2013, que los mejores momentos de este año que se va, sean los peores, en comparación, con lo que les depare el 2013. Que no perdamos las ganas de reírnos, el gusto de dejar propina y no nos tomemos tan en serio a quienes, a fin de cuentas, no dejan de ser los empleados de todos.
 
 
 
 
Seamos un poco como esas abuelitas estilo Capra... prefiriendo a alguien que cree que se puede ganar las alas siendo bueno que a otra luminaria que considera que una burbuja nunca va a explotar, 1 fuerte abrazo y felices fiestas.
 
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

INCAPACES DE GOBERNARSE A SÍ MISMOS

 
 
Cuando un César muere, nuevos triunviros están dispuestos a bañar de sangre La Ciudad Eterna, con tal de ser nombrados sus sucesores. O, si lo prefieren, como escribiría el gran Martin, después de una tormenta de espadas, siempre está por acontecer un inmediato festín de cuervos. Hace algún tiempo, hablamos de Romanzo Criminale , una serie italiana que logró un impresionante éxito en su propio país, con números que parecían de ciencia ficción salvo para los transatlánticos de las grandes producciones norteamericanas, tipo HBO.
 
 
 
 
 
Recientemente, hemos tenido la buena fortuna de que se ha editado en DVD la segunda temporada en castellano de esta producción que está empezando a exportarse con éxito a otras regiones (la crítica francesa se ha mostrado muy favorable a su autenticidad y su reparto, tan desconocido para el gran público como sumanente eficaz y carismático), aunque quizás en España aún no sea lo suficientemente reconocida y revindicada. Con lógicas licencias buscando que el programa encuentre su ritmo, esta historia teñida en escarlata narra la ascensión de la temible banda de La Magliana, que logró colocarse como el equivalente de la Camorra napolitana o La Cosa Nostra , Il Libanese y sus compañeros lograron durante un tiempo que en el Tíber volviese a admitirse la figura de un monarca.
 
 
 
 
 
A su manera, el show permite ver también la evolución del territorio transalpino en muchos frentes, ya que los observamos evolucionar de jóvenes delincuentes marginales en la Italia que acababa de enterarse de la impactante muerte de Aldo Moro, hasta llegar a la década de los 90, cuando el país se dispone a organizar el gran panem et circensem con la celebración del Mundial de fútbol en su territorio. De camino, vamos viendo cómo el comunismo juega un papel fundamental y tenso en la evolución política del país, como siguen quedando muchas sombras de fascismo que pueden emerger en determinados lugares y la droga deja de convertirse en algo marginal para ser una lacra que, pese a ello, o precisamente por dicho hecho, es el negocio más lucrativo para quienes no tengan reparo en mancharse las manos. 
 

 
Basándose (con libertad dramática) en la interesantísima novela del juez Giancarlo de Cataldo (que nos ayuda a comprender como en un país tan fascinante desde tantos puntos de vista, especialmente el cultural, pueden darse y prosperar carreras como la de Berlusconi), los guionistas retoman a la banda justamente donde la dejaron, en unos instantes, donde, cumpliendo la máxima que entre otros, el maestro Scorsese, inmortalizó, el impresionante ascenso parece coquetear rápidamente con la autodestrucción que puede generar el enriquecimiento y las tensiones internas de sus protagonistas.
 
 
 
 
El ejercicio de casting es magnífico y se siguen manteniendo evolucionados y mejorados, pudiendo destacarse, entre otros nombres propios, a Daniela Virgilio, exponente de esa verdadera joya de actrices italianas, estilo Sofía Loren, que parecen aglutinar belleza mediterránea con carácter y una gran capacidad de dejar la cámara fijada en ellas con una presencia impagable en todos los sentidos. Francesco Montanari ejerce de El Libanés, un hombre que puede ser terrible y cruel, pero, misteriosamente, su carisma parece ser el único pegamento posible para un grupo heterogéneo de voluntades y Peter Pans con navajas y escopetas, donde sobresalen el terrenal Frío (Vincio Marchioni) y el sibarita Dandi (Alessandro Roja), haciendo las veces de Marco Antonio y Octavio en la disputa por un imperio oscuro que, durante unos años, contó con el beneplático de determinades autoridades, jueces y testigos.
 
 
 
 
Solamente quedan pequeños remansos de paz en una serie de atmósfera cada vez más violenta y que, pese a ello, al igual que ocurre en Los Soprano, sabe captar la atención desde el minuto uno al final. Uno sería el comisario Scialoja (un gran Marco Bocci), heterodoxo policía que es el único enemigo incorruptible de La Magliana y otros personajes secundarios más positivos, como la madre de El Libanés o la angelical presencia de Alesandra Mastronardi, a quien los buenos aficionados recordarán por su aparición en A Roma con amor. A nivel de dirección y realización, no son casualidad unos finales inmejorables que siempre aumentan la calidad media del episodio y dejan un sabor de boca inmejorable y expectante de la siguiente pieza. Todo ello va acompañado de la pegadiza banda sonora y el buen gusto eligiendo canciones de la época, lo cual es también otra pista para saber por qué años nos movemos.

 
Con un corte adulto y más visceral aún que la primera, obviamente estamos ante una serie no apta para todos los públicos. En definitiva, no debe confundirse lo entretenida y carismática que pueden ser presencias como la del Búfalo o El Libanés (a quienes intencionadamente se les quitan algunos aspectos de sus biografías reales, como, su primitiva concepción política de extrema derecha, algo que no resulta sorprendente en el clima de analfabetismo y precarias condiciones de sus barríadas originales), buscando lograr que en determinadas circunstancias puedan ser empáticos para el espectador... solamente para, como ocurre en la magistral Uno de los nuestros, vernos repelidos por lo que subyace.
 
 
 
 
Estas dos temporadas son un excelente reflejo de lo mejor de la televisión al otro lado de los Alpes, además de presentar algunos temas, tristemente de muy fácil traducción al turbulento contexto de nuestra actualidad...
 

domingo, 16 de diciembre de 2012

LA ESCLAVITUD DE UNA PASIÓN

"La mujer es la reina del mundo, pero la esclava de un deseo"

 
       Emma Bovary no hubiera tenido ningún problema en reconocer al autor de esta cita, Honoré Balzac, uno de los grandes escritores franceses de comienzos del siglo XIX. Su centuria, el siglo donde este personaje ficcional de eterna inmortalidad literaria, paseó, como una mujer asfixiada por unas normas sociales que un escritor de inmenso talento, Flaubert, pretendió denunciar en un fresco tan cotidiano que termina por tornarse universal.
 
 
 
 
       Y es que nuestra madame fue una asidua lectora de novelas románticas, probablemente sin sospechar que algún día, serían sus desventuras las que serían coleccionadas en folletines por hombres y mujeres de todas las edades. No hace tanto tiempo, un peruano llamado Mario Vargas Llosa la homenajeaba en Travesuras de la niña mala (novela reseñada en este blog previamente) al personaje, no si antes haberle prestado su talento para la crítica literaria en el estudio Madame Bovary: La orgía perpetua (y no me digan que con semejante título no les mueve, siquiera un ápice, la curiosidad). En definitiva, si bien ella suspiraba en su pueblo natal por no haber visto nunca París, sus aventuras y desventuras fueron archi-conocidas en todo el globo, si bien Flaubert invadió su intimidad con la fogosidad de un impetuoso amante, dejó como recuerdo, la universalidad de la esposa de Carlos Bovary, un buen hombre que siempre la amó y sin otro pecado que no haberla podido comprender por más que hubiera querido.
 
 
 
 
        Siempre de rabiosa actualidad, deseo, amor y sexo (es sorprendente la de veces que las piezas de este triunvirato se evitan unas a otras, como si quemasen), viajaron a Córdoba, para lograr una muy notable entrada este fin de semana con dos representaciones, bajo la dirección de Magüi Mira y con adaptación de Emilio Hernández. No debe haber sido tarea nada fácil, el escenario es una herramienta tan maravillosa como complicada para condensar un relato narrativo intimista donde los pensamientos de los personajes juegan un papel fundamental y con muchos sobre-entendidos.
 
 
 
 
        Ana Torrent, que nos había privado de su presencia de un escenario durante diez años, vuelve a las tablas para encarnar a Emma, alguien tan reconocible a distancia como lo pudiera ser el mismísimo Alonso Quijano. No obstante, si bien tienen algo en común (inconformismo, predilección por la lectura y, como diría Sabina, vivir las vidas de lo que nunca seremos), Emma y el hidalgo tomaron rumbos diferentes. Incluso en su momento de mayor locura, hay algo en el hijo cervantino que nunca se desprende, la generosidad, aunque sea ingenua o errada. En el dibujo grácil de Flaubert, hay un egoísmo innegable, lo cual no dice que en muchos casos sea comprensible por el horrible destino que durante generaciones, las socieades han intentado deparar a la mitad de la población.
 
 
 
 
       Torrent cuaja una interpretación más que correcta, evolucionando de manera adecuada y marcando la evolución del personaje desde su "jaula de oro", rodeada por las atenciones de su marido en la aldea, hasta sus despilfarros en Ruán y su manera de buscar en lo prohibido, lo extra-matrimonial y lo que vulnera las leyes, una satisfacción pernennemente insatisfecha. La impresión que pude sacar, en inmejorable compañía de un gran amigo, fue que la actriz fue de menos a más a lo largo de la representación. 
 
 
        La acompañarán durante este viaje, Armando del Río como Rodolfo, la primera tentación en la que se deja caer con gran alegría la respetable pero aburrida señora del doctor. Este aristócrata vividor, representa la pasión descarnada y egoísta, el amor de un don Juan Tenorio sin redención, el máximo interés con una copa en la mano durante una noche y el sueño indiferente mientras canta el gallo, ignorando las caricias de la amante que ya ha perdido la seducción reto. Balzac hubiera podido advertir a Emma sobre esa esclavitud dulcísima al principio y que termina siendo humillante.
 
 
 
 
         Fernando Ramallo escenifica a León, el aprendiz de poeta, de horribles versos pero que encuentra a su maestra en la pasión de una mujer que sabe llevar sus riendas. Por momentos, Ana Torrent, cuando comparte escena con él, recuerda a Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo, la humana y más que comprensible necesidad de volver a sentirse joven, como antes de ser prometida, a través de la inocencia de un elemento extraño, un devoto admirador, menos impulsivo y carnal que Rodolfo, pero más delicado... aunque de los versos rara vez se come y los préstamos no son tan perpetuos como las orgías, por seguir al peruano. Es el idilio que cuando acontece un verano deja un grato recuerdo que puede tornarse en amargo si prosigue y vuelven a encontrarse en Ruán, comprobando que las metáforas siguen siendo las mismas pero han perdido el factor sorpresa.
 
 
 
 
         Dejamos para el final a Juan Fernández, caracterizando a Carlos Bovary. De todas las parejas formadas por Flaubert en esta danza de seducción (aunque en la puesta en escena la música a veces más que acompañar, estorbó en los soliloquios decisivos que quizás necesitaban más intimidad en el escenario que acompañamiento), la formada por marido y mujer es la que garantizará siempre el debate y el alcance de lo que reflexiona esta obra.
 
 
 
         Carlos, igual que otros como Pleberio antaño, solamente es culpable de no comprender pese a esforzarse. Sus lamentos, son los mismos de un padre que ha sido incapaz de traducir la pasión que trasmitían los ojos de su Melibea. Fernández logra captar toda la ternura y el dolor que siente cuando sus torpes avances son repelidos por Emma. Si han visto un capítulo maravilloso de Los Simpson donde Homer intenta sincerarse con su precoz hija Lisa, acerca de lo que supone una pérdida y que él no puede alcanzar a entender su melancolía porque tiene la infinita suerte de lo que le importa se encuentra viviendo con él entre sus cuatro paredes, sabrán que hay un poco de Madame Bovary en esa incapacidad de hacerse comprender, pese al esfuerzo, con la persona amada.
 
 
 
        Como es inevitable, sigue sin poder dejar una sensación redonda la adaptación de tantas y tantas páginas minuciosamente escritas para alimentar la poderosa imaginación, pero, mientras sigamos entendiendo las ansías de libertad de Emma y sintamos asimismo el dolor de un esposo incapaz de otra cosa que amar aunque les haga daño a ambos, ya sea en novela o en adaptación, este cuadro seguirá invitando a los transeuntes de todo el globo a pararse y detenerse.
 
 
 
        En una declaración sumamente sabia, alguien dijo una vez "Si quieres ser universal, escribe sobre tu pueblo". Flaubert hubiera sonreído ante la propuesta, él lo había hecho sin irse más lejos de Ruán, aunque Emma soñase con París. Antes de Madame Bovary no existía La Regenta ni se había contemplado con tal libertad los problemas de lo que ocurrían en albocas y, aún peor, en corazones. Y por eso, es un clásico.
 
 
 
       Y yo, con todo el dolor de mi corazón, te hubiera dejado marchar... si tan solo me lo hubieras pedido. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

RABIOSA ACTUALIDAD

 
Hace algunos años, uno de los mejores lápices de la industria del cómic, John Romita Junior (hijo del legendario dibujante de Spiderman), se embarcó en una empresa polemica, bajo las órdenes del guionista Mark Millar, con el elocuente y no muy refinado título de Kick Ass . Al poco tiempo, pese a sus palabras malsonantes y violencia extrema (o quizás precisamente por ello), el proyecto se convirtió en un fenómeno que incluyó una adaptación cinematográfica.
 
 
 
 
En ella, se narraban las desventuras de Dave Lizewski, el típico adolescente norteamericano que si se descuida acabará como personaje de alguna saga tipo American Pie o Ésta no es otra estúpida comedia americana. Pero el joven Lizewski buscaba llevar a cabo su sueño, si muchos compañeros de su generación soñaban también con volar o trepar por las paredes, almacenando portadas y cómics que buscasen alimentar la imaginación de sus consumidores, quienes enterrarían el disfraz de Peter Pan tras el baile de fin de curso. Lizewski se animó a salir a la calle disfrazado, quizás buscando exorcizar sus demonios.
 
 
 
La segunda entrega (con el originalísimo título de Kick-Ass 2) se centra poco después de los acontecimientos de la primera parte, cuando el fenómeno de los "súper-héroes normales" se ha extendido hasta el punto de que Lizewski ha quedado tornado en el pionero de un movimiento de justicieros. Algunas son personas bienintencionadas que hacen actividades tan poco épica como necesarias, tales como ayudar a personas en estado ebrio a llegar a su casa a salvo; mientras tanto, otras no dejan de ser individuos adictos a las emociones fuertes y con una violencia tan contundente que su diferencia de los criminales es inexistente.

 
 
Desafortunadamente, como cualquier freak de Marvel o DC sabría sin ningún apuro, es imposible la existencia de estos personajes sin grandes antagonistas. Con idéntico entusiasmo en las redes sociales de todo el mundo, un antiguo adversario de Lizewski comienza una operación con el seudónimo de "Hijo de puta" (la precisión del lenguaje es un don) que lleva a hacerle pensar que si está bien visto que haya eventos como macro-botellones-reto entre universitarios, que sería muy divertido organizar una gran pelea en Times Square entre unos y otros... que a diferencia de la serie de Batman en los años 70, aquí la gente sangre y se provoquen víctimas inocentes es un exiguo precio por la diversión.
 
 
 
 
 
Pudiendo parecer que la premisa es simple, igual que en la inspiradora de la secuela, hay más enjundia de la que parece en esta trama. Hay momentos donde la violencia que se muestra en sus viñetas supone algo muy cercano a las sensaciones que producen algunas películas de Scorsese o Tarantino... No es agradable, nada súper-heroico, genera una sensación muy desagradable. Y lo más curioso es que ese clímax suele llegar en una atmósfera previa divertida e interesante que te hace bajar la guardia.
 
 
 
De cualquier modo, y sin querer parecer timorato o tibio, no deja de resultarme cansino esa visceralidad eterna y hasta gore emocional con los integrantes de esta deformación de la realidad que a veces resulta sospechosamente cercana a lo que conocemos. Joe Carnahan, quien más apostó por este tándem creativo, parece imbuido por ese espíritu de enfants terribles de los creadores en una introducción malsonante y que ya coloca un listón que provoca que nada te sorprenda en una montaña rusa que no tiene puntos bajos para que impresione la ascensión.
 
 
 
Con todo lo cual, sigue siendo casi inevitable prestar atención a este tweet rápido, iracundo y escarlata que ha sido un auténtico fenómeno de popularidad.
 
 
 
 

domingo, 2 de diciembre de 2012

TWO AND HALF MEN

 
Antes de ser reconocido por la maravillosa Big Bang, junto con su socio Angus T. Jones, Chuck Lorre ya era una firma habitual en la pequeña pantalla, gracias a la comedia situación Dos hombres y medio. Amparada en el bendito formato de 20 minutos, la CBS dio luz verde a este producto simple pero eficaz, que lleva en antena desde primera emisión un verano de 2003.
 
 
 
 
Cogiendo premisas tan conocidas como la diferencia de personalidad entre hermanos y los traumas maternos (que han sido pieza clave de shows tan diferentes como "Los Soprano" o el que hoy nos ocupa), junto con los problemas de convivencia que ya se explotaron tan maravillosamente en "La extraña pareja", Two and half men ha conseguido ganarse un hueco con su estilo, en una jungla donde compañías como la HBO están poniendo el listón muy alto con grandes producciones.
 
 
 
 
 
Una de las piedras filosofales del éxito ha sido indudablemente el casting escogido. El primero de los caballeros escogidos fue Charlie Sheen, encargado de encarnar a Charlie Harper, un compositor de anuncios de éxito y vida relajada que vive con estilo don juanesco en la paradisíaca Malibu (Pasadena); Charlie lo tendría todo para ser el mortal más feliz sobre la tierra, de no ser por unos problemas con una adicción a la bebida digna de Sam Malone (con el que comparte también carisma), su desordenado estilo de vida sabinero que parece abocado a la destrucción y, lo peor de todo, que tras el divorcio de su hermano Alan, téndrá que acogerle a él y su sobrino Jake.

 
 
Jon Cryer es el encargado de personificar a la otra cara de los Harper, quien no podrá de dejar de notar la diferencia entre su vida y la de ese Feliciano de la vida que es Charlie, en una alterada convivencia que no se ve ayudada por lo complicado de su divorcio en el plano económico con Judith, la madre de Jake. La química de ambos está en muchos casos por encima de los guiones y brindan momentos sumamente divertidos. Si bien el programa cae con mayor facilidad en los chistes fáciles (y en los últimos tiempos también escatológicos) que otros, su metraje suele pasarse de forma ligera y casi se ven como rosquillas.
 
 
 
 
 
Como ha acontecido en otras ocasiones en este tipo de espacios (viene a la mente el corrosivo, irónico y polémico ambiente de la magnífica "Aquí no hay quien viva" o la, ya más lejana en el tiempo "Taxi"), pronto, junto con el avance de las temporadas, el elenco era también noticia por lo "extra-deportivo". El principal artífice de ello era asimismo una de las más relevantes causas de su éxito, Charlie Sheen, auténtico Dennis Rodman de LA; de hecho, resulta evidente ver el deterioro físico de Sheen en sus últimas apariciones en el show, causando problemas de indisciplina, aunque, en honor a la verdad, su rendimiento desde el punto de vista cómico siempre fue muy alto.
 
 
 
Y es que, quizás como acontece en ocasiones con los pícaros, rufianes o villanos, hay una parte del subconsciente de muchos que pueden derivar ante la proyección durante veinte minutos de este Peter Pan egoísta. Todos los tópicos de la guerra de los sexos quedan explotados por este triunvirato masculino, demostrando que no pocos varones tienen una cabeza que no saben utilizar y que la que saben no la pueden emplear por falta de demanda y que, no hay pocas de ellas que son tan tontas... porque quieren.
 

A medida que avanzaba la popularidad del espectáculo, como suele ser norma habitual, se incrementaban las figuras famosas que se dejaban aparecer por las arenas estivales. Sean Penn y otros ilustres amigos de Sheen formaron un divertido grupo de terapia de estrellas exitosas con problemas mentales de perversiones (hay algún momento que casi recuerda a los círculos de "El crepúsculo de los dioses), o el propio Martin Sheen visitaría a su díscolo hijo; incluso Megan Fox apareció para ser la tentación que vivía abajo de los Harper, como improbable sobrina de Berta (una divertida Conchata Ferrell).
 
 
 
 
Como suele ser costumbre cuando un equipo funciona, nada mejor que la auto-destrucción cuando nada parece poder detenerte. Así, a pesar del buen hacer de Ashton Kutcher, el espectro de Charlie es alargado y no puede ser borrado simplemente por una mala noche con Rose en París; recientemente, el joven Angus T. Jones ha sorprendido con unas declaraciones contra el programa en el que lleva más de diez años, pidiendo al público que no lo vea. La inmediata rectificación ha sido ya ironizada por un Sheen que no duda en calificar de "maldito" su antiguo trabajo.
 
 
 
 
 
De cualquier modo, a pesar de las peticiones, ruegos, preguntas y conjuros de Evelyn, este ambiente de Don Juan in Hell sigue pareciendo mantenerse (¿por cuánto tiempo?) y gozando de una excelente audiencia durante las reposiciones de las primeras temporadas en diferentes cadenas.
 
 

sábado, 24 de noviembre de 2012

UN TIGRE DE CHAMBERI

 

Que Santiago Segura es un tipo singular dentro del cine español nadie lo puede dudar. Si el éxito es que hablen de uno, ya sea bien o mal, muy pocos en el no muy halagüeño paronama de la industria, han tenido su repercusión en los últimos años. De cualquier modo, admiradores y detractores del creador de Torrente, no dudarían en ponerse de acuerdo de que si hay una deuda que el séptimo arte tiene con él, fue recuperar para la palestra a Tony Leblanc.
 
 
 
No hubiera sido justo que no hubiese tenido aquellos últimos tres momentos en el candelero. Segura, que veneraba dos cosas del legado anterior, las joyas de Berlanga y los increíbles actores cómicos de las décadas de los 50 y 60 (tristemente malgastados en muchos casos en proyectos censurados o acotados en argumentos medidos por una península de miras pequeñas y acomplejada), mimaba y protegía a este artista que nació en el Museo del Prado. En ocasiones, el kismet parece tener cierto sentido de la justicia, no viene mal ampararse a ello en los tiempos que corren.
 
 
 
 
Suena extraño pensar que no volvamos a ver a este pícaro madrileño que hubiera podido andar sin problemas interpretando un escrito de Quevedo como "El Buscón", o, por qué no, robando quesos cerca de Tormes. Ante semejantes tramposos (uno de sus títulos más populares, junto con Antonio Ozores) de lavia fácil, hay que andarse con cuidado. Quizás Tony ande por alguno de esos barrios de la capital que tanto le gustaban, contando anécdotas y tapeando con verbo fino y exquisito gusto entre las cartas gastronómicas.
 
 
 
Probablemente si hay que asociarle a un género, qué duda cabe, la comedia fue su caballo de batalla. Ya fuese convenciendo a José Luis Ozores (excelente actor nacido antes de tiempo y fallecido muy prematuramente) de que era un verdadero tigre de Chamberi, o como el más puro de los showman televisivos. En esta faceta, Leblanc fue un auténtico pionero que dejó creaciones originales y singulares, siempre contando con la complicidad del público.
 
 
 
Se dice que está de moda últimamente hablar bien de los fallecidos, pero como dijo en una ocasión Rafael Álvarez "El Brujo": Hay muertos y muertos, señor Monteverde, y éste, era de primera. La desaparición de Leblanc marca como se van extinguiendo algunas de las luces más brillantes de toda una generación. No hace tanto se iba el padrino bufalo o ese mal llamado secundario de personalidad arrolladora, V. Alexandre, o Agustín González (dioses, el mejor Superintendente Vicente que nunca se pudo concebir, pecado que ningún director de casting pensase en él)... Y tantos otros. Tipos únicos, graciosos y singulares, que, efectivamente, en no pocos casos tuvieron que perseguir suecas en películas destapadas que hoy por hoy tienen poco de risa y menos de picantes...
 
 
 
Pero aún hoy, cuando alguna cadena te rescata alguna de esas piezas arqueológicas, te sorprendes a ti mismo riéndote a mandíbula batiente, porque en aquel despropósito, tipos como Tony Leblanc se marcaban algo improvisado que elevaba la media en progresión geométrica. Y eso lo han sabido quienes han buceado en su carrera, como "Cruz y Raya", los cuales, cuando le invitaron años atrás, en una entrañable entrevista, no dudaban en rendir pleitesía a uno de sus adelantados pioneros. Porque era imposible entender la evolución sin gente como este madrileño de pura cepa...



No sale estar triste después de una carrera como la de este galán de eterna sonrisa en la cara. 90 años vividos con talento, gracia y arte... nacido en el Museo del Prado, no me cuesta imaginar que cerca de algún Velázquez. De casta, dicen, le viene al galgo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

SECRETOS DENTRO DE SECRETOS

 
 
A muchos les hubiera costado reconocer el símbolo. Entre el final de la II Guerra Mundial y 1972 habían acontecido muchas cosas en el país de las barras y estrellas. Objeto de reparto barato, sencillo y cómodo en los cines, los cómics-books eran un vehículo de distracción muy necesario en el clima bélico que siguió a la entrada en guerra tras Pearl Harbor. Eran necesarios héroes, aunque fuera en las viñetas. El propio Superman voló para golpear a Adolf Hitler en Berlín, mientras que dos autores de ascendencia judía, J. Simon y Jack Kirby, creaban al Capitán América (aunque ambos eran ingeniosos, no se devanaron los seos en el nombre). Poco importaban las ridículas mallas y el escudito frente a metralletas del Eje, pese a las dificultades, Steve Rogers (la identidad pública del héroe) pertenecía junto con sus autores a la generación del tío Sam y la tarta de Manzana. Eran triunfadores.
 
 
 
 
Durante la década de los 70, los Estados Unidos se mantenían en el liderazgo económico y político de lo que podríamos llamar el mundo occidental. Tras Yalta el mundo se había dividido en un telón de acero, pero nadie podía dudar que el país que por aquel entonces presidía Richard Nixon, era un gigante. Un titán, que no dejaba de tener grietas por todas partes. En una nueva compañía, Marvel, el inefable capitán seguía haciendo acrobacias por la libertad, aunque ahora mandaba en sus guiones un joven llamado Steve Englehart. Miembro de una generación que había visto Harlem arder, morir a un presidente y entrar a su idílico país en el infierno de Vietnam, Englehart no pertenecía a una casta de triunfadores. Sin embargo, su mundo era más real, gris, como sucedía en el día a día.
 
 
 
 
 
Probablemente fuera de las fronteras norteamericanas, las desventuras de Steve Rogers sean las que más ampollas generen, no solamente entre el público comiquero, si no en global. Cierta sensación de atávico impregna la manera de ver al personaje patriótico y uniformado, igual que acontecía en la película de Mel Gibson en "El patriota", ante tanta bondad y "mi país es maravilloso", un espectador atento no hará otra cosa que encender las alarmas. Buena parte de eso había, pero sagas como la que hoy ocupa nuestro blog, hacen permitir albergar esperanzas y el beneficio de la duda.
 
 
 
Con mucha fortuna, de la mano de la fortaleza del trazo de Kirby y su fecunda sociedad con Stan Lee, el veterano de la II Guerra Mundial había vuelto por la puerta grande tras pasarse congelado unas cuantas décadas. Nadie quiso plantearse por qué en la Guerra Fría la Compañía Timely había sacado al bueno del capitán atizando a malísimos comunistas, corriendo un (es) túpido velo... Hasta que llegó Englehart, indudablemente en el mejor momento de su carrera y con muchas cosas que contar, cierto ritmo hippy en una canción country que empezaba a sonar rayada.
 
 
 
 
De la mano de un dibujante tan competente como Sal Buscema, el nuevo equipo creativo buscó darle lógica a algo tan incoherente como el trillado camino súper-heroico. Rogers se encontraría al fin con la otra América que estaba lejos del encanto (innegable por otra parte) de las cintas de Frank Capra ("Caballero sin espada"). Atrás quedaban aventuras a lo James Bond, con hermosas espías, trajes a medida y finales felices. Empezaban a aparecer calles sucias, movimientos estudiantiles, la minoría afro-americana, el testigo silencioso a quien aún quedaba mucho tiempo para ver reconocidos sus derechos civiles... Las páginas decaían en tortazos, pero ganaban en interés.
 
 
 
Los dos movimientos maestros de Englehart fueron solucionar la paranoia del comunismo y El Imperio Secreto. En el primer caso, se las ingenió para darle sentido a lo que no lo tenía, mostrando que el ejército había vuelto a crear el suero del súper-soldado tras la desaparición del primer soldado universal (afortunadamente para los romanos, Panorámix nunca difundió con tal alegría la receta de su poción), quedando eso sí, fallos con respecto al modelo original que se tradujeron en un nuevo héroe aquejado de terribles obsesiones... (simpática manera de recordar una cosa que se llamó caza de brujas y acabó con algún ilustre intelectual en el exilio y no pocos dramas personales que, por desconocidos y terrenales, no dejaban de ser dramáticos).
 
 
 
Esta caída de Damasco de Rogers, en el ojo del huracán, le obligó a mirarse en el espejo y a empezar a comprender que los días de gloria se habían ido... o que quizás nunca existieron. La Operación Fénix que sonaba a macro-saga de Iron Man, era una realidad que había ensangrentado la CIA en América Latina, como si la Guerra Fría justificase jugar al ajedrez con todo un continente. Diálogos con objetores de conciencia y un tamiz adulto que convirtieron al "primer vengador" en uno de los cómics más revindicativos de su tiempo (aunque el mérito de Englehart fue no cargarlos de moralina):
 
 
 
 
Punto final de aquella brillante etapa de esta pareja sería el Imperio Secreto, gestado a raíz del escándalo acontecido en el hotel Watergate (que recientemente fue recuperado en una película, "Nixon contra Frost"). Aquel escándalo periodístico mostró una serie de vergúenzas que el american way of life había guardado como un cadáver en el armario. Existía el espionaje político, los chantajes, se había bombardeado y el propio presidente Nixon se veía salpicado hasta el extremo en dichas operaciones. Camelot se estaba mostrando como un edificio más.
 
 
 
 
Aún hoy, sigue resultando un cómic extraño. A nivel artístico, fue una pena que el entintador, Vince Colletta, estuviera en el crepúsculo de su carrera y ya con problemas de salud. Honesto artesano y pionero de la compañía, su trabajo se veía resentido y estaba alejado del nivel que sí mostró en joyitas como "Tales of Asgard", aunque en un acto que le honraba, Stan Lee, amigo personal del entintador, le mantuvo al pie del cañón. Si Colletta hubiera estado a comienzos de su carrera, el buen trabajo de Sal Buscema se hubiera visto muy reforzado, así como el nivel gráfico de la historia, correcto, pero un poco por debajo del guión.
 
 
 
 
No obstante, sigue siendo un cómic triste y que pese a ello pudo suponer para muchos chavales un descubrimiento de que no era oro todo lo que relucía. Quizás lo que más sobre al Imperio Secreto sean los peajes súper-heroicos (que pueden ser co... s en una batalla galáctica y de mutantes, pero no en un relato que intenta mostrar como un hombre se da cuenta de que se ha convertido en una bandera de usar y tirar por sus mandamases en Washington, algo que ya contó Clint Eastwood a través de una de las más célebres fotografías hechas en cierta isla japonesa).
 
 
 
 
Tal vez, el bueno del capitán Rogers no se hubiera lanzado a esa casa blanca en búsqueda de respuestas... Quizás, arrojó el viejo escudo, pues, como honrado espartano, habría determinado que sus reyes no merecían que volviera sobre él. No en vano, Englehart, en estado de gracia permanente durante su trayectoria en la saga, propuso el que hubiera podido ser el final de uno de los puntales y buques insignias del arte de las viñetas estadounidense...
 
 
 
La vida del nómada, un ronin que se lanzase a descubrir lo mucho que habían perdido durante la victoria que ayudó a lograr
 



Afortunadamente para los marvelianos, volvería. De cualquier modo, no hacía falta ninguna Comisión Warren para comprender que quien verdaderamente estuvo siempre detrás del Imperio Secreto no fue otro que...

domingo, 11 de noviembre de 2012

EL TRAUMA DEL MESÍAS: DUNE

 
 
"Cuando la religión y la política viajan en la misma caravana, lo hacen más rápido". Esta atinada sentencia marca una aguda reflexión, una más de las muchas pronunciada por la princesa Irulan, dama de gran sensibilidad y desprestigiada por la corte de su familia como un moderno emperador Claudio, debido a su incomprensible tendencia a ser callada y escribir sus memorias de gran sensibilidad acerca de la figura de su más ilustre pariente.
 
 
 
La cita está extraída de Dune, indudablemente una de las obras clave a la hora de hablar del género de la ciencia ficción. Creada por Frank Herbert, rechazada por muchas editoriales debido a lo heterodoxo de afrontar un complejo universo de muy difícil re-construcción, elevada hoy a la categoría de clásico, se trata, indudablemente de uno de esos libros que marcan un punto de inflexión en el lector/a que tiene el gusto de encontrarlo.
 
 
 
 
De cualquier modo cada crítica tiene su historia personal y ésta no es la excepción. Recomendada por una persona de absoluta confianza, al empezar a leer "Dune" me encontré con una buena narración y personajes propios del género; pueden imaginarlo, espacio, dinastía nobles enfrentadas, conjuras dentro de conjuras... No obstante, nada me hizo imaginar que iba a terminar tan enganchado una vez llevaba las primeras decenas de páginas. Dune va ganando en una carrera de fondo, sin agotarse con los primeros sprints.
 
 
 
Conforme se produce la caída de la casa del Duque de Leto (quien acuña la excelente frase: Una buena causa no convierte a una guerra en justa), la esposa de éste y su hijo Paul se ven obligados a un involuntario exilio de sus poderosos enemigos Harkonnen, próximos al círculo imperial, siendo acogidos en territorio extraño por los Fremen, una peculiar tribu de carácter casi nómada y cuyo potencial como feroces guerreros está desaprovechado entre gusanos de la arena.
 
 
 
 
A pesar de la tragedia, pareciera que las desventuras han sido beneficiosas para el joven Paul, quien va desarrollando un talento muy especial que le hará ir aumentando puestos entre los peculiares Fremen, quienes terminan bautizándole con otro nombre, el Muad´dib. El protagonista abrazará esa nueva identidad, liderándolos, junto con los supervivientes de su progenitor, comprendiendo muy pronto que aquello que despreciamos puede terminar convirtiéndose en aquello por lo que serás conocido. Empieza a gestarse un clima de fuerte jihad y de venganza contra sus adversarios.




El componente mesiánico tan claramente mostrado por los propios soliloquios mentales de Muad´dib y los agudísimos pasajes de su descendiente Irulan (El problema será cuando yo muera, afirma Paul para su interior, en una sensación de abismo que no costaría nada imaginar en Jesús, Mahoma, Buda o Moisés, entre otros), llevan a quienes se sumergen en la historia a comprender la increíble oleada que está a punto de desencadenarse.




La prosa de Herbert siembra un relato poderosísimo y oscuro, donde el papel de lo místico (la misteriosa Escuela de las Bene Gesseret a la que perteneció la madre del Muad´dib) y lo tecnológico (sobresaliente juego de los avances genéticos y conceptos sumamente interesantes en este hipotético futuro) se entrecruzan para acabar generando un auténtico clímax.
 
 
 
 
No se fíen de mi palabra y no vayan con la pretensión de leer una obra maestra, arqueen la ceja cuando algo no les convezca y no tengan rubor en censurar... acepten la apuesta de Herbert y traten de disfrutar de este rápido viaje en caravana, donde la más tierna sensibilidad y liderazgo conecta con colocar la cabeza de un líder enemigo en una pica.
 
 
 
" Probablemente no haya en nuestra vida un instante más terrible que aquel en que uno descubre que su padre es un hombre... hecho de carne humana" - por la Princesa Irulan, Frases escogida de Muad´dib.
 

domingo, 4 de noviembre de 2012

EL ROMPE-CABEZAS ETERNO

Hay quien imagina que cuando Pandora abrió aquella caja cegada por su curiosidad, todas las Furias y males salieron desatadas de una forma virulenta y absolutamente agresiva. No obstante, a veces subestimamos la capacidad de atracción de lo prohibido. El emperador Claudio imploraba en la novela de Robert Graves, que la ponzoña saliera a la superficie, pero no siempre brota como algo desagradable... sino revestida del atractivo de lo oculto y lo sutil. Sabes que te va a engañar, pero quieres que te engañe... como ocurre con Lauren Bacall en "El sueño eterno".
 
 
 
 
 
Rodada en la década de los 40, The Big Sleep es uno de esos ejemplos de falsos amigos de la censura. Nada en su metraje de casi dos horas, mojadas en pólvora y tabaco, muestra con claridad ninguna cosa subida de tono... pero eso también sucede con esa maravilla llamada "Un tranvía llamado deseo", donde, sin ninguna escena explícita, hay una sexualidad descarnada y pasional que inunda cada diálogo aparentemente inocente. Algo muy semejante acontece con este caso aparentemente simple pero que se va complicando al sagaz Philip Marlowe...
 
 
 
 
 
No obstante, a nadie se le puede escapar que la resolución del mismo importa poco menos que un centavo. Lo interesante de esta adaptación de la famosa novela de Raymond Chandler y dirigida por un clásico entre los clásicos, Howard Haws, no es el maldito caso, que maldita sea la gracia de seguirlo en sus trampas y apartados sin desarrollar, sino la fortísima inter-acción del detective con la adinerada familia corrompida que recurre a sus servicios y que incluye a dos retoñas casi en la frontera de que los griegos, con suavidad, llamaban "muchachas locas".

Marlowe no podía ser encarnado por otro intérprete que H. Bogart, el más ganador de todos los perdedores y el mejor perdedor de todos los triunfadores. Un hombre que de haberle gustado el fútbol tanto como el buen tabaco y el whisky fuerte, habría sido sufrido y devoto colchonero, un abogado de causas perdidas y el único e inimitable Rick en Casablanca (otra cinta que entra dentro de la categoría de películas más grandes que ellas mismas por la imagen mental que suponen para el colectivo). Durante toda su carrera, el tipo de la gabardina, como afirmó Woody Allen en "Sueños de un seductor", fue bajito y feo, pero, era tal su carisma tras aquella peculiar voz, que a nadie le costó imaginarle resolviendo entuertos y seduciendo a algunas de peores femmes fatales del cine negro.
 
 
 
 
 
Y es que Chandler ya jugaba con la idea  de que su protagonista solamente encontrase a las taxistas y bibliotecarias más atractivas de la Historia, lo menos seductor que encuentra Marlowe durante sus indagaciones sería el sueño de verano de muchos galanes un viernes por la noche. Pero no, tampoco quiere Haws poner el acento en la comedia romántica hiperbólica y el juego de seducción de él con ellas y ellas con él, "El sueño eterno" esconde mucho más y muestra poco menos que nada.
 
 
 
 
Inquietantes clientes que pagan a otros por beber, metáfora excelsa del complejo de voyeur de uno de los sospechosos, las drogas, orgías y perversiones de unos y otros, otros con unos y unas para todos... Ante un sistema que no permitiría que libertarios, chicas liberadas, homosexuales y otros herejes se paseasen por la querida ficción del idílico Hollywood, Haws presenta un laberinto del que no tiene ni el trazado ni la solución, pero sí la diversión y el pulso firme de un delicioso rodaje en blanco y negro.


Para una tarde lluviosa y sin nada mejor que hacer, no iría de mal sumergirse en aquella oficina cuando suena un teléfono... tal vez incluso distingan la silueta de una rubio platino tras el cristal donde se ha jurado que mañana quitará el nombre de su antiguo compañero detective disparado en extrañas circunstancias...
 
 
 
 
 
Y, es que hay pocas cosas más sexy que la curiosidad, como bien sabía una Pandora, quizás aburrida en un Olimpo lluvioso...

domingo, 28 de octubre de 2012

SALVADOS POR LA IGNORANCIA

Quizás alguno de ustedes no se haya enterado porque no ha sido muy publicitado... pero estamos en crisis. Económica, de valores, de confianza... El telediario se ha convertido en una sucesión de catástrofes, primas de riesgo y tiempo de espera hasta que llegue el espacio de los deportes. Dependiendo de la procedencia de la información, ya sabemos qué nos vamos a encontrar en el boletín
 
 
 
 
 
Paralelamente eso ocurría, uno de los guionistas del programa de Andreu Buenafuente y miembro de "El Terrat", empezaba a aparecer en las cámaras con el papel de "El Follonero", básicamente un toca-narices que simulando ser alguien del público, tenía un espacio metiéndose con el presentador. La idea funcionó más allá del cameo original que había pensado Corbacho y, pronto aquel individuo delgado, bajito y de espigada barba, fue un rostro reconocible, o, todo lo identificativo que se puede ser en ese oasis de los efímero en lo que se ha convertido la televisión.
 
 
 
 
 
Nadie hubiera apostado un céntimo porque cuando La Sexta dio carta libre para que "El Follonero" tuviera su propio espacio dominical, iba a dar los pasos necesarios para tornarse en uno de los periodistas más notables de los últimos tiempos a nivel nacional; uno, que si bien podía generar ampollas o adhesiones, generaba credibilidad. ¿Cuál es la diferencia de "Salvados" con respecto al resto de espacios informativos? ¿Está la piedra filosofal del éxito como reportero en ser un poco gamberro? 
Probablemente no. Más allá de la irreverencia y el rol de "Follonero", Évole ha estado muy lejos de empezar su show con grandes pretensiones. Su poca experiencia con la temática del ruego político y económico le llevó a hacerse a algunas preguntas interesantes. ¿Tengo alguna puñetera idea de qué significa la prima de riesgo o cómo funcionan las listas cerradas de los partidos políticos? Al responderse que no, se estaba poniendo al nivel que muchísimos de sus futuros espectadores y, una vez se ha asumido la ignorancia, es el primer paso para aprender.
 
 
 
 
Lo que llama la atención de "Salvados" es la forma tan directa de abordar las cosas y cómo no se da nada por supuesto. Si desde 2009 muchos nos hemos sentido leyendo un periódico como si hubiéramos comprado la trama de un thriller a partir de la página 1265 sin posibilidad de leer el principio, Évole y su equipo no han tenido miedo de poner notas a pie de página y explicar cosas que daba vergúenza preguntar entre tanto profeta de la verdad, pero eran muy necesarias.
 
 
 
Si en un principio, especialmente durante una campaña electoral, muchos protagonistas de sus reportajes tenían poco rubor en promocionarse a través de su micrófono, pensando que estaban ante un humorista relativamente secundario buscando sus minutillos de fama, pronto salieron de su error al verse comprometidos ante preguntas de verdad. Todo el mundo, independientemente de su ideología, desde Willy Toledo a Federico Jiménez Losantos han tenido su eco, pero se lo han tenido que ganar a base de verdadera artillería verbal.
 
Habrá quien piense que me estoy dejando llevar por el elogio y tendrá su parte de razón. No obstante, en el clima de tensión que se está viviendo en materia relativa a los intentos de independencia de Cataluña, resulta curioso que entre las proclamas más radicales de los extremos, haya sido este desarrapado charnego quien se haya ido hasta una cafetería para preguntarle en directo a sus habitantes qué piensan realmente... recogiendo informaciones de todo tipo. De la misma forma, Arthur Mas tuvo todo el tiempo del mundo de exponer su programa sin crispación... y de escuchar también que es muy curioso que haya resucitado esta oleada nacionalista en la coyuntura financiera actual y cómo no le viene nada mal ser ahora mismo la bandera del movimiento cuando, teniendo en cuenta su gestión anterior, este caballo de batalla podría evitarle perder votos en futuribles elecciones.
 
 
 
 
 
Ya sea en un "Walking on left" o metiéndose de tapado en un mitín del PP, más allá de las formas, quizás el éxito de "Salvados" (y será el inicio de su decadencia si algún día lo pierde), sea esa incapacidad de casarse con nadie, incluso a veces desmarcándose un poco de la dinámica imperante de su cadena para no tomar por imbécil a la audiencia... que simplemente son gente a la que le faltan datos que, si se les proporcionan, podrán encajarlos sin alarmismos. Básicamente, la fórmula sería, ¿Sabes lo que está pasando en Grecia y en Islandia? Yo tampoco, ¿te vienes a verlo?
 
 
 
 
Ahora, curiosamente, como siempre ocurre, la consternación se transforma en elogio y lo rebelde en clasicismo, vienen los premios y el reconocimiento de colegas de profesión. Eso no tiene nada de malo y, para muchos, serán justos laureles. Pero crucemos los dedos para que la tónica siga siendo la misma y Évole (que a pesar de su talento aún es muy joven y tiene camino por recorrer) y los suyos no cometan el error a renunciar a salvarse por la ignorancia...
 
 
Sigue siendo la única manera de aprender, sin pretender parecer el oráculo de Delfos de Wall Street...
 
 
 
 
 
ENLACE DE INTERÉS:
 
 

domingo, 21 de octubre de 2012

EL DESCANSO DEL GUERRERO

A la altura de 1938, el mundo estaba en vísperas de entrar en una serie de cambios, algunos de ellos terribles. A la Guerra Civil Española le faltaba apenas un año para llegar a su sangrienta resolución, mientras, en el resto de Europa, se respiraba un clima de tensión que ningún observador agudo podía ignorar como el preludio de una de las más terribles contiendas que jamás se produjeron. El siglo XX, que ya había vivido una Gran Guerra, iba a ser una época convulsa.
 
 
 
 
 
No obstante, mucho más agradable era pensar que también fue el año donde la revista Action Comics, mostraba que, contra las leyes de Newton, el hombre podía volar. De la imaginación de dos autores que se hicieron tan inmortales en el recuerdo como su creación, Jerry Siegel y Joe Shuster, aparecía un súper-hombre que había venido casi con un carácter mesiánico, para convertirse, junto con Batman, en el buque insignia de la compañía DC Cómics.
 
 
 
 
A lo largo de la trayectoria de tan lucrativo icono de Krypton (infinidad de colecciones, libros dedicados a su figura como uno de los puntales de una nueva mitología en las viñetas, video-juegos, películas, series de animación...), diferentes autores dejaron su impronta en el Hombre de Acero, un concepto que resultaba tan atractivo (especialmente en un público juvenil, como pueden imaginar... ¡un tipo que podía volar) como difícil de mantener (¿qué amenazas y vínculos personales podía colocar un guionista tratando con un personaje que, al igual que le ocurría a Homero con Aquiles, casi no presentaba ningún punto flaco?).
 
De cualquier modo, a veces se cruzan en el camino personas excepcionales que dan soluciones originales a problemas que se suponían imposibles; pero ellos muestran que la cuestión era buena, que el problema es nuestro por la forma de plantearlo. Alan Moore, un joven guionista británico, aterrizaba en la colección, con muchas ganas, como dijo Jorge Valdano sobre el fútbol de Cruyff, de parar el esférico mientras todo el mundo corría como pollo sin cabeza... para que empezasen de nuevo.
 
 
 
 
 
Corrían vientos de cambio en la compañía de DC, donde la tradición parecía imponerse a la lógica de los acontecimientos. La censura de los 60 y 70 había cortado mucho de la oscuridad inicial de sus personajes, como acontecía con los cuentos de los hermanos Grimm, mientras en sus rivales, especialmente Marvel, había una modernidad que había humanizado a aquellos ridículos uniformes y los había hecho tan atractivos para el público infantil como otro más crecidito y que había dejado los pantalones cortos. 
 
 
 
 
Moore, pese a ello, ha entrado en el mejor momento posible, de la mano especialmente de dos geniales creadores, Marv Wolfman y George Pérez, entre otros, han dado un salto de madurez a los iconos de la compañía. "Crisis en Tierras Infinitas" (comentada en una entrada previa de este blog), había marcado una pauta, un guante que Moore, que ya había dado algunas muestras de lo que posteriormente se traduciría en uno de los mejores guionistas de cómics-books de su época, aceptó ese reto y decidió embarcarse en una aventura que no sería olvidada por ninguna persona que alguna vez hubiera pensado en el tipo que podía volar y derretir aluminio con sus ojos.
 
 
Curt Swan, un excelente y sobrio dibujante, con la suficiente experiencia para afrontar los kilométricos y temibles argumentos del inglés, cuyo nivel de detallismo se haría legendario, se puso al frente, mientras en la editorial quedaba claro que antes de dar el paso a la Modernidad, el Superman más clásico de gafas como antídoto de curiosos, debía despedirse por todo lo alto. Julie Schwartz, cabeza rectora de la franquicia de Clark Kent y Lois Lane, tuvo varios conversaciones con Moore, quedando impresionado por el descaro del joven... lo suficientemente loco para ser un iconoclasta que no perdiera la esencia.
 
 
 
 
 
Con unos flashbacks elegantísimos, dignos de Mankiewicz, Moore situará al público en una extraña tesitura, el décimo aniversario de la muerte de Superman, quien, como los héroes griegos clásicos, había muerto en la flor de su juventud y dejando una estela de leyenda. Como acontecía en la maravillosa película de John Ford, "El hombre que mató a Liberty Valance", un joven reportero, en este caso del Daily Planet, hace una última entrevista a una retirada Lois Lane... quizás la única persona que sepa exactamente lo que pasó.
 
 
 
 
A partir de hay, solamente queda elogiar nuevamente la estupenda narración de Swan, un dibujante de altura para el ambicioso proyecto. Todos los seguidores del mítico héroe deberían conocer este relato... e incluso sus detractores podrían reconciliarse si le diera una oportunidad a esta pequeña joya...
 
 
ENLACES DE INTERÉS:
 

http://archivo-de-comics.blogspot.com.es/2008/11/superman-alan-moore.html

domingo, 14 de octubre de 2012

UNA BUENA ANÉCDOTA


En ocasiones, una buena anécdota puede valer para definir al personaje y su época. Este recurso del recuerdo a partir de un pequeño flashback donde un comentario o una actitud, muestra a la perfección la esencia de un protagonista, ya sea más o menos conocido, de los dominios de Clío. Andrew Roberts se pone el disfraz de moderno Plutarco para brindar un libro divulgativo sumamente ameno acerca de dos de las figuras más notables del siglo XIX, Napoleón Bonaparte y el Duque de Wellington.
 
 
 
 
 
Historiador británico de prestigio, Roberts parece haber encontrado acomodo en estas narraciones paralelas que se terminan entrecruzando, pudiendo citarse, entre otros trabajos del autor, una biografías doble de las relaciones mantenidas políticamente entre Winston Churchill y Adolf Hitler, sobre sus modelos de liderazgo. De idéntica forma, en sus amenas páginas, "Napoléon y Wellington", nos sumerge en la personalidad de dos estrategas que, pese a coincidir solamente en una batalla, Waterloo, encontramos en muchos momentos de sus azarosas vidas, instantes para reflexionar acerca del otro y sus aptitudes.
 
 
 
 
Cuando realizó su excelente trabajo sobre el cardenal Richelieu y el conde-duque de Olivares, John Elliott advertía que temía mucho provocar la sensación en sus lectores de que estaban asistiendo a un partido de tenis donde la bola pasaba de un lado a otro sin mucho sentido. Afortunadamente, en ambos casos, el orden temático y la agilidad de la prosa impide generar esa sensación de letargo, convirtiendo este tipo de estudio comparado en un muy agradable pasatiempo que puede ser abordado por un público especializado u otros que seamos más neófitos en la materia, pero nos atraiga igualmente.
 
Ciertamente, el gran atractivo de este tipo de comparaciones radica en la divergencia de los analizados. Nada hacía presagiar que Napoleón, el ciclón de Europa que tras la Revolución Francesa se irguió por su habilidad, inteligencia y ambición (en todos estos adjetivos se podría añadir la "coletilla" sin límites), acabaría jugándose su Imperio de Cien Días frente a un general cipayo a quien su propia madre llamaba bobalicón y que cualquiera con medio cerebro podía advertir que no tenía madera de soldado.
 
 
 
 
 
Con todo, como el propio Roberts admite, la caída de Bonaparte debe, en buena medida, achacarse al propio Empereur y su fatídica expedición a Rusia, que verdaderamente diezmó para siempre a su Grande Armée. En su plenitud, el marido de Josefina de Beauharnais proclamó que lo había conocido todo y solamente le restaba convertirse en un completo egoísta. Dicha profecía fue cumplida palmo por palmo y se tradujo en su final. Wellington, por su lado, tampoco merecería la calificación de persona amable.
 
 
 
 
 
Los dos militares podían ser terriblemente crueles cuando la ocasión lo requería o lo juzgaban divertido. Sus propios oficiales, algunos de ellos, amigos personales, sufrieron en sus carnes sus punzantes diatribas e incapacidad de admitir un error. La prensa de París se convirtió en un nido de mentiras, un panfleto que silenciaba el más mínimo revés de la Armada Imperial, mientras que tanto en España como en Waterloo, Wellington era capaz de alterar la verdad y silenciar heroicos comportamientos con tal de justificar su táctica y achacar la derrota a sus hombres. No ha sido hasta hace muy poco cuando la historiografía ha empezado a ponderar realmente el aporte prusiano y holandés en la derrota de Napoleón, ya que el Duque de Hierro logró mediante hábil propaganda vender un éxito colectivo como un éxito exclusivamente británico. 
 
 

Defectos mundanos que dan crédito a las agudas palabras de Conan Doyle para referirse al corso, leer una biografía de Napoleón es alterar momentos donde uno se ve conmovido por su grandeza con otros donde tiene la tentación de cerrar el tomo ante alguna barbaridad. Crisol de procesiones en su personalidad, auto-didacta absolutamente súper-dotado que con apenas pasada la veintena había leído mil veces más que muchos seres humanos en toda su vida, el vencedor de tantas batallas, aún sigue generando esa dualidad en la propia Francia, donde mientras algunos recuerdan la sangre que hizo verter, otros dicen que nunca se puede comercializar con la grandeza y que si dejó Francia más pequeña de la que encontró, a cambio le dio una fama que aún hoy se mantiene.
 
 
 
 
Las personas interesadas en aspectos bélicos, tácticos y logísticos, podrán disfrutar de varias secciones dedicadas a esos motivos y ver, como, hasta que cruzaron sus caminos, ni Wellington ni su Némesis tuvieron problemas en reconocer el talento del otro. Tras el choque, se dedicaron a envenenarse verbalmente. El rencor llegó con claridad desde Santa Elelna por el abatido titán, pero el victorioso Duque (que curiosamente ayudó a batir a un tirano para traer al Congreso de Viena, una vetusta institución que intentó por todos los medios detener los avances sociales que habían venido de la Galia), también siguió extrañamente interesado por conocer las opiniones de un hombre al que despreciaba y, en el fondo, le fascinaba. Incluso, a través de las antiguas amantes de "Buonaparte".
 
 
 
 
 
 
 
La dualidad presentada aún hoy sigue cautivando, como una deliciosa anécdota bien contada una tranquila tarde de domingo...