sábado, 24 de febrero de 2018

GOTHAM CENTRAL: DE PATRULLA POR EL INFIERNO (PARTE III DE IV)



Tras un arranque cautivador (En el cumplimiento del deber) y usar al Joker con maestría (Payasos y lunáticos), Ed Brubaker y Greg Rucka lo tenían complicado para mantener el ritmo excelso que habían impuesto en el día a día de la comisaría de Gotham. Sin embargo, seguían contando con la maestría de Michael Lark, un artista capaz de recuperar esa atmósfera que, hasta ese momento, solamente se alcanzó con David Mazzucchelli: elegancia y suciedad a partes iguales en una metrópoli a cuyas calles les gustaba no estar limpias del todo. El número 23 (2004) con el que arranca este tomo sirve para saber que este triunvirato sigue justo donde lo dejaron: la entrada de Montoya y Allen para arrestar a un sospechoso es puro noir. 



Perros viejos de olfato fino en las viñetas, Brubaker y Rucka saben que su público ya conoce a los personajes casi tan bien como ellos mismos. Por ello se permiten afilar tensiones y plantear duelos internos que enriquecen las tramas más allá de medirse con el enemigo o la organización criminal de turno. Y es que uno de los investigadores de las escenas del crimen más reconocidos del departamento, Jim Corrigan, podría ocultar más de lo que parece. 



Asimismo, profundizan más en Michael Akins, la nueva cabeza visible de los policías ante la ciudadanía y periodismo. Ya es difícil asumir un cargo cuando tu predecesor ha sido brillante (Jim Gordon, veinte años de servicio), pero más todavía en caso de tener que lidiar con un tipo disfrazado de murciélago que es tan leyenda urbana como un dolor de muelas para la legalidad. En este tomo, la tensión entre ambos deja claro que la alianza que fraguaron Bruce Wayne y Jimbo en Batman: Año Uno ha desaparecido con la jubilación del segundo tras el arco Agente herido


Desafortunadamente, aunque seguimos disfrutando de su arte en las restantes portadas del tomo, hay aventuras donde Lark no se encuentra a los lápices. Este comentario no debe considerarse como ninguna clase de ataque a sus sustitutos: tanto Stefano Gaudiano como Jason Alexander tienen oficio y un ritmo narrativo más que bueno para mantener nuestra atención. Lo único es que a esas alturas Lark ya se ha hecho con la colección hasta el punto de que resulta imposible pensar en Gotham Central si él no está al volante del apartado gráfico. 



Si bien todo es adecuadamente coral, Brubaker y Rucka siguen mimando a uno de los personajes que, sin duda, termina convirtiéndose en el ojito derecho de la comunidad lectora: Montoya. Una policía cuyo enfrentamiento con Dos Caras la ha colocado ante una serie de dilemas que marcan uno de los viajes más fascinantes del universo Batman. Aquí se exploran también algunos de sus demonios. Si bien es una mujer con una personalidad fortísima, está pagando por su estabilidad un tributo a la violencia como fuente de desahogo que podría terminar destrozando su brillante carrera en el cuerpo. 



Un punto muy agudo a nivel de escritura es que la formidable pareja se niega a quedarse en un cómodo micro-cosmos. Por supuesto que desfilan personalidades del calibre de Selina Kyle, pero no todo se limita a la esfera de Gotham. Una investigación criminal que se complica hará que los detectives se encuentren con el particular universo de Flash, lo cual se traduce en enemigos con poderes más enmarcados dentro de la ciencia ficción que las tramas mafiosas de su ciudad natal. El gran mérito es que esa saga se amolda con eclecticismo y sin estorbar a ninguna de las dos franquicias. 


Y aquí se explota una de esas consecuencias de la actividad policial que más satisfacciones ha dado al cine y el tebeo cuando ha estado bien llevado: los interrogatorios. El sendero que lleva a Montoya y Allen hasta Keystone los va a obligar a un enfrentamiento verbal de primer orden con el principal sospechoso (cuyo nombre no revelamos por respeto a quienes todavía no lo hayan leído). Santiago Negro regaló hace unos años una aguda crítica sobre este tomo donde señalaba (con acierto) que una de las grandes influencias de esta saga era El silencio de los corderos



Una alquimia muy importante en estas cuestiones es lograr insertar la presencia de Batman sin que termine eclipsando a los verdaderos responsables del show. Este objetivo no resulta fácil, si bien se logra por el buen hacer de provocar muy distintas interacciones (y es que en la comisaría no todo el mundo tiene la misma opinión del cruzado enmascarado). De igual forma, se expone muy bien que existen ocasiones, mal que les pese a los agentes más orgulloso, en que no les queda más remedio que llamar a la señorita Stacy para darle a cierta señal. 



Este último personaje da muchas satisfacciones a Brubaker y Rucka. En realidad, ¿quién no se lo ha dado en este recorrido? Dentro de unas semanas nos despediremos de esta magnífica colección cuando hablemos del final de Gotham Central



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domingo, 18 de febrero de 2018

AY, CARMELA



Fernando Soto ha buscado a Carmela. Eso se percibe en cuanto se ve la cuidada adaptación que ha firmado sobre el escenario del clásico trabajo de José Sanchís Sinisterra, aunque quizás lo primero que nos venga a la mente sea la célebre película ¡Ay, Carmela! (1990), dirigida por Carlos Saura, con un guión revisado por luminarias como Rafael Azcona. En aquella ocasión, Carmen Maura y Andrés Pajares dieron vida magistralmente a Carmela y Paulino, "variedades" a lo fino (ya ven ustedes que los títulos de los tebeos Bruguera no surgieron de manera espontánea, ya estaba esa manía de buscar rimas pegadizas a la profesión). Actualmente, Cristina Medina y Santiago Molero consiguen la difícil misión de estar perfectamente al nivel de los anteriores. 



La obra va constantemente de menos a más. Hay riesgo en la propuesta. Cuando uno coge un texto conocido y que funciona, una razonable tentación puede ser actualizar lo que sea conveniente y tratar de modificar lo mínimo. Eso es legítimo. Sin embargo, Soto y su equipo aceptan el reto de una manera bastante audaz, mezclando los eventos que ya conocemos con las consecuencias de los mismos, consiguiendo así captar por igual tanto a los que ven a Carmela y su mundo por primera vez como a quienes ya creían saberlo todo. 



Santiago Molero carga con dar credibilidad a ese opening donde el juego de luces es fundamental. Todo se ha reducido al mínimo. Si bien se menciona, incluso Gustavete (caracterizado de forma inolvidable por Gabino Diego) desaparece de la ecuación. Todo el peso recae en los dos intérpretes, capaces de llevarnos, ahora que ha estado tan reciente San Valentín, por las distintas fases de una pareja: el enamoramiento, la pasión, el reproche mutuo, el arrepentimiento y el dolor. La química sobre el escenario de Molero y Cristina Medina es realmente cautivadora. 



Medina pilla el pulso perfectamente a la protagonista. Quienes ya la conozcan de La que se avecina sabrán de vis cómica de esta mujer. Roberto Gómez Bolaños solía decir que si una actriz era capaz de hacer reír en una comedia, no tenía ninguna preocupación cuando le tocase lidiar con algo dramático: lo haría bien seguro. Aquí ella hace una fusión de ambas cosas, porque la artista es una mezcla de ingenuidad e instinto, de impulso y valentía, un conglomerado que la aboca a un épico final. El hecho de que sepamos hacia donde conduce la tragedia no le resta un ápice de interés al asunto. 



Por su lado, Molero cuaja un Paulino estupendo, dotado de esas paradojas que ya estaban en el texto de Sinisterra. Humanidad en esa cobardía natural que muchos seres humanos tenemos al afrontar un riesgo, esa admiración y reproche contenido que siente hacia esa valentía de Carmela, sobre todo por dejarlo solo. Leyendo la crítica de una estupenda película como es Call Me By Your Name, me fijaba en un párrafo incidía sobre que los dos protagonistas lo hacían muy bien siempre, pero que la magia llegaba cuando compartían plano. Exactamente eso les ocurre a Medina y Molero. 



Aquí incluso se podría permitir un reproche. Hay un instante que podría ser mágico. Un flashback que se mezcla con el elemento onírico y un diálogo que, apenas con cambio, podría llevar a una re-interpretación de la famosa última función de ambos a las órdenes de un líder del Corpo Truppe Volontarie a cambio de la supervivencia. Soto y su equipo trabajan bien y, una vez nos han sumergido, creo que legítimamente podrían haber incluso jugado la baza de hacer un What if...? Eso le podría haber dado un aura al tercer acto, que además ha mostrado alguna pista un poco tramposa. 


Es en ese clímax donde quizás falte algo. Había una cosa (en realidad, un millón de cosas) muy buena en los guiones que firmaban gente como Rafael Azcona o Luis García Berlanga sobre ese período tan oscuro. Eran sarcásticos y, en ocasiones, hasta brutales en su humor. Pocos han puesto a una sociedad ante un espejo con tan poco pudor y, aquí lo raro, un punto de humanidad siempre en lo singular. Una conexión directa con aquella frase mágica del Doutor Sócrates: "Hay que ser duro con los problemas y blando con las personas". 



Aquí el libreto se prenda de Carmela y es fácil entender por qué. El personaje tiene una humanidad y espontaneidad que atrapa y cautiva. Pero ella no es la norma. Es la heroína que no pretendía serlo, simplemente lo hace. La norma está mucho más cerca de personas como Paulino, quien no es, en lo absoluto, una mala persona. De hecho, nadie que estuviera con Carmela podría serlo. Simplemente, el miedo y las bombas le paralizan. Porque eso suele dar pánico. El saber hacer de Molero le da el alma que también tenía con Pajares, algo imprescindible y que aquí quizás algunos diálogos del final hayan descuidado. 



No se podría cerrar con otro tema que la exhibición de Medina como esa Carmela a medio camino entre Belchite y aquel lugar que Orestes buscó para rescatar a su amada. Un micro-cosmos que nos conecta incluso con esa importancia del recuerdo que siempre está en nuestra mente: desde el espectro de Patroclo regañando al adormilado Aquiles o en ese cuento animado maravilloso llamado Coco (2017). La actriz se mete en la piel y el duende (que, como bien sabía Lorca, era una mezcla de triunfo y tragedia) de una fallecida que tiene más vida que muchos al otro lado del espejo. 



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-Teatro Góngora de Córdoba, función del día 16 de febrero de 2018 de la obra ¡Ay, Carmela! [Realizada por el autor del blog]






-Teatro Góngora de Córdoba, función del día 16 de febrero de 2018 de la obra ¡Ay, Carmela! [Realizada por el autor del blog]

domingo, 11 de febrero de 2018

LOS CAMINOS DEL DUCE


Vittoria mutilata. Una expresión que acuñó un poeta italiano muy particular, Gabriele D´Annunzio, para referirse al sentimiento imperante en su país tras la Gran Guerra (1914-1918). Se trataba de una etapa de grandes cambios, Italia vivía de un pasado glorioso pero un presente escaso. El Risorgimento hacía aguas y en la fiebre colonial (aquel etnocentrismo brutal que llevó a las naciones europeas a repartirse África como si fuese el jardín de juegos de unos niños caprichosos), el canciller Bismarck dejó una frase que se incrustó en el orgullo transalpino: "Italia tiene un apetito voraz pero una mala dentadura". Era el caldo de cultivo para nacionalismos mal entendidos, tiempos violentos e inciertos que solamente esperaban que surgiese una figura como el Duce. El doctor Álvaro Lozano nos sumerge en ese fenómeno histórico de manera concienzuda en Mussolini y el fascismo italiano



Hoy en día, fascismo es una expresión que solemos utilizar en cualquier discusión política cuando queremos desprestigiar al oponente. No obstante, el concepto tiene unas raíces complicadas y es bastante menos fácil de interpretar de lo que parece. Maestro de escuela con pensamiento socialista fruto de la herencia paterna (llegó a ser el director de la revista Avanti), Mussolini buscaba ser una figura de gran prestigio en Italia; incluso en el extranjero hubo personalidades como Winston Churchill que llegaron a considerarlo un "gran hombre" antes de la II Guerra Mundial. Por ello, más allá del trazo grueso, son convenientes trabajos como el que hoy nos ocupa, los cuales intentan explicar por qué se producen esta clase de fenómenos. 



Teniendo en cuenta su carácter divulgativo, podría pensarse que el autor coloca unos antecedentes demasiado lejanos para hablar del Partido Nacional Fascista (PNF) que se reunió por primera vez en el Sepulcro de Milán en marzo de 1919. Sin embargo, es un repaso más que conveniente para entender la confluencia de intereses que llevaron a que una formación minoritaria y de métodos violentos (su fundador se inspiraba en la formación juvenil Camelots du Roi de la extrema derecha gala) a convertirse en una fuerza política organizada y temible. La tendencia historiográfica del materialismo histórico siempre ha reprochado a un sector de la burguesía transalpina haber financiado la carrera de Mussolini por juzgar que sus camisas negras eran el perfecto contrapeso para apagar el incendio de las constantes huelgas en la península itálica y que hacían otear el espectro de una revolución bolchevique en un horizonte que el rey Víctor Manuel III, escaso entusiasta del parlamentarismo, veía siempre con honda preocupación.   



Debido al carácter global de la visión que este libro proporciona, quizás algunos de los eventos principales se vean un tanto resumidos. Por ejemplo, es muy recomendable complementar las consideraciones de Lozano sobre la Marcha sobre Roma con el exhaustivo repaso del profesor Emilio Gentile, cuya monografía sobre esta manifestación que terminó llevando al PNF a poder ya se encuentra bien traducida al castellano. La bibliografía que utiliza el autor está muy bien actualizada y recurre a importantes trabajos extranjeros, especialmente de la escuela anglo-sajona y, lógicamente, la propia historiografía italiana. 



Hay un acompañamiento de un aparato gráfico realmente notable, incluyendo varias curiosidades, además de un conveniente corpus de mapas que reflejan las distintas evoluciones de la difícil unificación transalpina. Particularmente interesantes son algunas ilustraciones políticas de la época, las terribles trincheras en la I Guerra Mundial (donde, según los diarios de los oficiales las rocas de las montañas eran tan afiladas que perforaban las botas) o las insensatas campañas en Etiopía, Libia y Albania. 



También sirven sus páginas para hacer un justo tributo a la figura de Giacomo Mateotti, diputado socialista, quien se atrevió a denunciar en el Parlamento que las reformas electorales de 1925 iban encaminadas a justificar la fascistización del estado. Ese mismo año, como este político comprometido había predicho, fue asesinado, dejando un ejemplo de dignidad en tiempos muy difíciles. Ingrato consuelo la posteridad para uno de los pocos adversarios que fue capaz de poner en entredicho a Mussolini frente al pueblo. Los días posteriores a su muerte fueron los más tensos para el Duce (palabra cuyo significado en italiano viene a ser "guía), el cual terminó logrando, con el beneplácito de la Corona, mantenerse en el poder. 


Durante décadas, el nuevo dirigente y su equipo marcaron el rumbo de la nación italiana. Sufrieron desobediencias, por ejemplo, como solía afirmarse en tono jocoso, la sociedad transalpina nunca siguió sus dictados en el lecho. Mussolini soñaba con conseguir una potencia demográfica y trató de dar ayudas a las familias más numerosas, si bien la edad de contraer matrimonio entre su ciudadanía seguía siendo una de las más elevadas de Europa, así como los índices de soltería. Para entender el papel que el nuevo estado fascista tenía reservado a la mujer es muy recomendable un magnífico film titulado Una giornata particolare (1977), cinta dirigida con maestría por Ettore Scola e interpretada por el clásico dueto Sophia Loren-Marcello Mastroianni. Por cierto, bastante ingratitud la suya con el género femenino, puesto que fue Angelica Balabanoff, joven marxista de origen ucraniano, quien le ayudó sobremanera en su juventud exiliada en Suiza para aprender los resortes de la política social. 



De particular interés son las indagaciones de Lozano sobre la política económica. Los efectos del corporativismo son bastante matizados, puesto que, a la hora de la verdad, la élite industrial siguió siendo la voz cantante en las disputas. Hubo asimismo aciertos como el Instituto para la Reconstrucción Industrial Italiana (IRI), respuesta a los efectos de la crisis de 1929. Varios de los integrantes de aquella institución jugaron un papel muy notable como asesores en el futuro milagro económico italiano en la década de los 50. Lo más nefasto, sin duda, fue su entrada en guerra con Adolf Hitler (asociación que terminó con el Duce y su amante Clara Petacci colocados ante el pelotón de fusilamiento partisano en abril de 1945); Italia siempre estuvo supeditada al coloso bélico teutón y quedó en jaque tras el desembarco Aliado en Sicilia. Además, la constitución del Eje trajo a la península itálica la feroz purga de las minorías que no comulgaban con el enfermizo culto racial del III Reich (judíos, gitanos, homosexuales, eslavos, etc.). 



Como bien recuerda el libro, el 15 de octubre de 1940 se estrenó la película El gran dictador, dirigida por el genial Charles Chaplin, quien encarnaba una clara parodia de Adolf Hitler. Algunas de las escenas más divertidas del film fueron protagonizadas por el protagonista en compañía de un excelente Jack Oakie, quien se convertía en una hábil parodia de Benito Mussolini (llamado para la ocasión Benzino Napaloni). El film fue prohibido en las zonas de influencia fascista, aunque tanto el Führer como el Duce tuvieron acceso a ella. Es probable, como bien señala Lozano, que tuvieran un extraño déjà vu



BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA: 



-GENTILE, E., El fascismo y la marcha sobre Roma: El nacimiento de un régimen, Edhasa, Barcelona, 2015. 



-LOZANO, A., Mussolini y el fascismo italiano, Marcial Pons, Madrid, 2012. 



-PARIS, R., Los orígenes del fascismo, Sarpe, Madrid, 1985. 



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domingo, 4 de febrero de 2018

LA DECEPCIÓN DE LA EXPECTATIVA: THE PURGE (2013)


Nada puede decepcionar si no ha suscitado admiración e interés antes. Admito sentir debilidad por el concepto original de "La Purga". James DeMonaco tocó una idea que roza la genialidad. No es exagerado pensar que, un poquito más pulida, pudiera ser el argumento de uno de los mejores episodios de "Black Mirror" o "Historias para no dormir". Se trata de un posible futuro donde los Estados Unidos han dicho adiós a la recesión económica. Desde los locos años 20 del pasado siglo la clase media no se ha visto en una mejor. Empresas como las aseguradoras hacen su agosto cada semana. Claro que hay una pequeña letra pequeña en los fabulosos y raquíticos datos acerca de la población desempleada. 



Y es que, siguiendo el darwinismo social más extremo, el nuevo gobierno, conocido misteriosamente como "los nuevos padres fundadores", aprueba una ley que permite una noche al año declarar como legal cualquier acto. Eso permite saqueos, hurtos, violaciones, asesinatos, torturas, etc. Como la élite dirigente no es estúpida, hay una clase privilegiada de dirigentes que permanece inmune a la cacería. Aunque haya algunas voces discordantes, una importante masa de la población se muestra encantada de llevar armas de fuego (ay, la segunda enmienda) y sacar a la bestia que llevan dentro. En resumen, cuando se iba a estrenar el film en 2013, existían pocas cosas en la cartelera con un punto de arranque más atractivo. 



La película nos lleva al año 2022. James Sandin (Ethan Hawke) es un tipo afortunado en Los Ángeles. No hacía tanto, él y su esposa (Lena Headey) llegaban con apuros a fin de mes. Ahora sus hijos van a los mejores colegios y James no deja de ganar clientes con sus seguros de hogar. Aquí radica la clave de la purga. Si puedes costear medios para defenderte, te salvas. De hecho, siendo un poco listo hasta harás negocio. A fin de cuentas, la gente de bien londinense no dejó de mostrar una malsana admiración por las atrocidades de un monstruo en los suburbios de Whitechapel. Aunque sean una familia muy respetable y de estatus, buena parte de su casa ha sido edificada en sangre. 


La elección de la pareja Hawke-Headey es casi perfecta. El primero es capaz de hacer de tipos cotidianos con secretos sin problema alguno (Antes de que el diablo sepa que has muerto) y la segunda tiene una fortaleza que sirve tanto para Cersei Lannister como para Sarah Connor. Un muy mal síntoma es que ninguno de estos dos excelente intérpretes termina por destacar en el asunto. Tras el prometedor inicio, el primer acto se precipita sin que a los responsables les parezca oportuno detenerse en sutilezas o explicaciones sobre las motivaciones de unos y otros. 



Si en las siguientes entrega se exploró más el ambiente urbano durante los tumultos de la "festividad", aquí se apuesta por la atmósfera opresiva de la casa de los Sandin. El más joven de la casa (Max Burkholder) desobedece las instrucciones familiares y siente piedad por un pobre indigente a quien están persiguiendo por su barrio (Edwin Hodge). No parece casual que el refugiado sea un afroamericano a quien un puñado de yuppies (liderados por el personaje caracterizado por Rhys Wakefield) ha intentado dar una buena paliza para luego "sacrificarlo". Todo podría haber quedado allí, pero los cazadores no van a abandonar a su pieza, a quien consideran un objeto de carne por ser pobre y estar indefenso. Pensemos en esas bestias disfrazadas de humanos que juzgan divertido aporrear indigentes para comprender que la distopía está limítrofe con nuestro mundo. 



El inconveniente es que todas las partes del rompe-cabezas se mueven cayendo en tópicos, como si la cámara estuviese deseando llegar a los tiroteos cuando el drama que se está viviendo es mucho más interesante. ¿Qué hace la familia? ¿Lo entregan o se arriesgan a despertar las hostilidades de unos agresores que no van a reprimir su impulso asesino esa noche? Entre medias se nos inserta el romance de la joven hija de los Sandin (Adelaide Kane) que ni estorba ni aporta, porque el film no se ha tomado la molestia de que conozcamos realmente a ninguno de los inquilinos de la casa para que nos importante aunque sea una chispa lo que les está aconteciendo. 


Sus personalidades quedan reducidas a figuras de retablo. De una premisa absorbente, la cinta se contenta con ser una americanada bastante al uso, abusando de varios clichés durante las coreografías de los enfrentamientos. Lo que más rabia da es que todo esto va salpicado de ideas sugestivas, con conceptos de gran atractivo. Los miembros bien de la sociedad que ven con agrado la purga llevan en sus vehículos y cuelgan en sus casas unas flores concretas. Una forma de identificar y reconocerse entre sí. Eso podría servir de elemento sutil para entender esa discriminación materialista que esconde odios de otro tipo (raciales, étnicos, físicos, etc.). Un buen recurso que no es explotado en lo más mínimo. 



DeMonaco se niega a jugar con unas primeras escenas que podrían haberse alargado más. Al principio, el barrio californiano es presentado como una Arcadia feliz de burgueses prósperos. No obstante, muchas de esas gentes ven con desprecio a James y Mary por haberse enriquecido a su costa vendiéndoles caros equipos de protección. Como no hemos explorado esas profundidades en los diálogos anteriores, el repentino odio de su vecindad esa noche queda forzada e inconclusa. El guión deja la sensación de haberse revisado poco, está plagado de pistas que, bien hilvanadas, podrían terminar derivando incluso en una experiencia sobresaliente. 



Entre tanto tiroteo y momento navajero, no se explota la mejor idea de toda la franquicia: esos "venerables" padres fundadores que mezclan con precisión de cirujano elementos del fascismo con el capitalismo más desenfrenado. De hecho, no es causal que se vean como los progenitores de la nación renacida, una donde mujeres como Mary quedan, nuevamente, reconducidas a protectoras del hogar y meros apoyos de sus maridos. Acabamos sin lograr ningún acercamiento a esa institución o cómo logró alcanzar el poder. 



Se podría perdonar a La noche de las bestias como muestra de género de acción comercial. Pese a algún lugar común, tiene dignidad y buena manufactura. El problema son las expectativas generadas por su arranque. La peor de las decepciones solamente puede venir de la mejor de las expectativas. 



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-http://www.scifiworld.es/index.php/galerias/imagenes/the-purge-2013



-http://a-zhorror.com/movies/the-purge



-https://www.metrotimes.com/detroit/film-review-the-purge/Content?oid=2145896