domingo, 4 de diciembre de 2016

A PROPÓSITO DE JESSICA


Tras la excelente acogida de Daredevil (reseña 1 y reseña 2), muchas expectativas fueron puestas en el segundo cimiento de la alianza de Netflix con los personajes del universo Marvel. Sin embargo, alguna sensación de extrañeza pudo apoderarse de un sector del público cuando se sumergió en el mundo de Jessica Jones (2015). Aunque comparten el mismo marco e incluso personajes secundarios, entre el abogado de la Cocina del Infierno y la peculiar señorita Jones hay un abismo que marca un divergente tratamiento de la realidad superheroica. Mucho cuidado, eso no significa que la serie que hoy nos ocupa sea decepcionante; en realidad, todo lo contrario. 



En primer lugar, afirmar que se trata de una apuesta muy personal, una serie perteneciente a un género muy sobado por los últimos estrenos de cine y que, no obstante, tiene unos tintes de originalidad excelentes. Buena parte de ellos con toque femenino. Melissa Rosenberg debe ser reconocida como la productora ejecutiva que puso bastante más que dólares para esta nueva visión de los héroes callejeros del cómic pasados a la pequeña pantalla. Por otro lado, la caracterización de Krysten Ritter, cómoda de principio a fin con los ropajes urbanos de Jessica, una protagonista carismática, atormentada y que resulta enigmática desde el instante inicial en el que su presencia arranca esta investigación privada. 



¿Cuál es el turbulento pasado que hace a una persona con un don único renegar del mismo? Varias cabezas acreditadas (el guionista Brian Bendis, la propia Rosenberg, etc.) tejen un inteligente argumento donde iremos desentrañando el pasado de Jessica hasta llegar a la palabra clave, el momento donde todo su truncó y explica el tenso presente: Kilgrave. Un aura que tarda en llegar pero cuando lo hace resulta tan fascinante como la propia heroína. Este villano que escapa a cualquier cosa que hayamos podido ver en ninguna adaptación Marvel precedente. 


David Tennant es el gran culpable de revestir de una chaqueta de lujoso murex a un ser contradictoria y que genera una cantidad de dilemas morales fascinantes. Lo oscuro del asunto es que la profanación que hará Kilgrave del mundo de Jessica es para él una historia de amor, un bonito relato que espera llevar a un buen puerto. Si Wilson Fisk es una Némesis fascinante para Daredevil, el paradójico corruptor de voluntades no le va a la zaga en dejar perplejo al público. Con todo, en muchos aspectos, su actitud será la de un niño con deficiencias en buenos modales antes que un ente oscuro. 



Eso queda cristalizado con la figura de Jeri Hogarth (Carrie-Anne Moss), la despiadada e inteligente dueña de un bufete que, en ocasiones, emplea a Jessica Jones. Sin ningún superpoder, Hogarth es mucho más implacable que el propio Kilgrave en cuestiones de pragmatismo, dando a entender que, de tener ella las características de él o de la propia Jessica, les daría una rentabilidad mucho mayor. El arco de esta letrada no solamente no estorba en la narración sino que será muy efectivo para entender mejor las motivaciones detrás del, aparentemente, simple encargo. 



Aunque sea una serie callejera y violenta, oscura en no pocos momentos, hay un gran acierto en la sangría: las víctimas importan. Es decir, dejan secuelas, hermanas, amantes, vecinos, amigos, etc. En ocasiones, los ejercicios de esta índole dejan barrios devastados sin que parezca que nadie en la ciudad vaya a tener problemas al día siguiente para volver a su rutina. Tanto Jessica como el resto sufren las consecuencias y arrastran cicatrices, pecados del pasado que pueden manifestarse justo cuando van a empezar de nuevo.


Un conglomerado atractivo donde van surgiendo personalidades que refuerzan esa sensación de que todo es parte de un engranaje para un objetivo mayor. Así, aparecerá un señor llamado Luke Cage, mientras que cierta enfermera (una siempre magnífica Rosario Dawson) harán acto de aparición durante la pesquisa. Una escalera que parece va a ir encaminada a un paso más de la iniciativa de Netflix: Los Defensores



Con todo, existe un punto flaco en esta cautivadora primera temporada. La obsesión por llegar a los trece capítulos ralentiza el juego del gato y el ratón, hasta el punto de que habrá varios instantes donde el público podrá verse tentado de pensar que ha llegado el clímax. Pero no es así y la prolongación provoca que, si bien sigue mereciendo la pena verla, la resolución quede un tanto desangelada. 



Defecto que no impide que Ritter haya quedado ya, sin discusión posible, como la mejor opción posible para Jessica Jones. Una heroína que supone un contrapunto a una fórmula trillada, la mejor noticia posible para cruzar los dedos con ansía por una segunda entrega de la investigadora. 



ENLACES DE INTERÉS:



-CRÍTICA DE THE PREACHER



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://screenrant.com/best-facts-jessica-jones-season-1/?view=all



-http://draco.pe.kr/



-http://www.posta.com.mx/tv/netflix-lanza-nuevo-trailer-de-marvels-jessica-jones

domingo, 27 de noviembre de 2016

SUPERHEROES TAKE THEIR MASK OFF: CRISIS DE IDENTIDAD


Todos los seres humanos llevamos una máscara en determinado momento, quizás varias. No siempre nos mostramos tal y como somos. Probablemente, sea hasta saludable bien entendido el proceso. Una buena máscara no implica necesariamente engaño, tal vez simplemente sea un pequeño antídoto invisible, una forma de mantener inviolada una parcela de intimidad. Brad Meltzer, uno de los guionistas más interesantes de los últimos años, despoja de antifaces e identidades secretas a uno de los grupos más emblemáticos del universo superheroico: la Liga de la Justicia. 



En apenas siete números, dicho autor diseña una hoja de ruta que va a ser una montaña rusa que demostrará que estos seres casi homéricos (Batman, Superman, Wonder Woman...) no dejan de ser de carne y hueso, con preocupaciones terrenales. Muchas veces se ha intentando esta fórmula, pero pocas veces se ha logrado con este nivel de día cotidiano donde, de repente, todo se tuerce. Una demostración palpable del éxito de la saga es el Hombre Elástico, un personaje no excesivamente conocido para el gran público. Sin embargo, basta ver su primera escena de patrulla para sentir una fuerte simpatía por él, casi como si fuera un integrante de nuestro grupo de amigos que nos preocupa.  



Lo acompaña en la aventura un lápiz muy particular, el de Rags Morales, quizás la mejor elección posible para esta clase de aventura. Con un sabio entinado de Michael Bair, este dibujante brinda uno de los mejores trabajos de su carrera, estando perfectamente familiarizado con cada uno de los integrantes de esta compleja historia coral. Un terrible crimen hará tambalear los pilares y códigos del grupo, aunque lo peor es el hecho de que las motivaciones se ubican en un momento muy turbio del pasado de los paladines, el cual casi marca una escisión terrible. 



Un cóctel de emociones que, habida cuenta el género al que pertenece esta obra, se alterna con secuencias de acción increíbles. De cualquier modo, que aquellas personas lectoras con aversión a las americanadas varias y excesos de puñetazos tópicos respiren con alivio, Crisis de Identidad tampoco se contenta con caminos trillados. Aquí una batalla que va aparte y es, bajo mi modesto juicio, una de las mejor narradas en aquel 2004, año del lanzamiento de esta mini-serie de consecuencias decisivas para entender mejor el universo DC de hoy en día. 



Se hace en este punto referencia al combate que Deathstroke mantiene en solitario contra más de la mitad del supergrupo. El mercenario es contratado por alguien tan despreciable y poco significativo como Doctor Luz, el típico villano de su época mal envejecido y que se arrincona en el baúl de los recuerdos de los fans. Meltzer lo trae para provocar una pelea impresionante donde, armado con sus reflejos incrementados e inteligencia estratégica, este Memnón de Rodas con máscara es capaz de dar un clinic de control y dominio frente a contrincantes, sobre el papel, mucho más poderosos que él. 



La única manera de sobrevivir a estos retos será, nuevamente, volver a estar dispuestos a enfangarse. No se trata de salvar el mundo o épicas batallas en el espacio exterior ante civilizaciones desconocidas, la Liga va a tener que adoptar métodos callejeros para proteger a los que más quieren. Aquí sobresale el tratamiento que los responsables de la aventura dan a Oliver Queen/Green Arrow, impresionante de principio al fin, el único capaz de comprender cómo hacer bajar a su nivel a Slade Wilson. El sarcástico arquero es empleado como un secundario de lujo, no es quien más sale en la película, pero cada uno de sus diálogos es una perla imperdible. 


Como en todo relato de misterio que se precie, los crímenes no resultan exentos de ingenio y hay una serie de sospechosos a cual más inquietante. En esta faceta destaca la perspicacia de Bruce Wayne, sin dotes telepáticas o lazos de la verdad, es quizás el mejor conocedor de la naturaleza humana en el equipo. Él trazará la cuestión clave, Cui bono, la locución latina que cuestiona quién saca beneficio de actos terribles. Contestar correctamente o no a ese vital interrogante puede marcar la supervivencia de vínculos que parecían firmes. 



La capacidad de Meltzer como novelista brilla con luz propia en este complejo juego, en perfecta armonía con un dibujante que entiende exactamente cómo debe plasmarse la letra impresa mediante su trazo, lo cual da una sensación de coordinación que convierte Crisis de Identidad en un verdadero placer, una lectura que engancha de principio a fin. 



Una noche donde todo cambió para Sue. También para Bruce. Probablemente, para unos héroes que parecieron invencibles hasta que alguien descubrió los rostros que se escondían tras las máscaras...



ENLACES DE INTERÉS:



-http://www.zonanegativa.com/crisis-de-identidad/



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://comicsauthority.com/2013/08/21/review-identity-crisis/



-http://batman-news.com/2016/09/01/who-is-deathstroke/



-https://www.comixology.com/Identity-Crisis-4-of-7/digital-comic/5430

domingo, 20 de noviembre de 2016

PERO LAURA NO ME OLVIDA


Apenas sonó el disparo ya había comenzado el mito. Automáticamente, aquella hermosa dama se tornó en una leyenda de Manhattan, justo cuando fue asesinada en su refinado apartamento, mientras lucía su mejor bata de seda, En sus páginas, Laura iniciaba una imparable escalada en el género de la novela negra. Así lo orquestó Vera Caspary, escritora decidida a elevar la premisa de la resolución de un crimen a la categoría de arte. El manuscrito vio la luz a comienzos de la década de los cuarenta del pasado siglo, teniendo una muy rápida (y excelente) adaptación cinematográfica a cargo de Otto Preminger. 



Caspary jugó con diferentes narradores para que el público pudiera entender las pesquisas de un homicidio que se iría complicando en sus motivaciones a medida que se ahonda en el círculo de personas sospechosas. En primer lugar, la pluma de Waldo Lydecker, un talentoso aunque presuntuoso hombre de letras, verdadero mecenas para que la joven Laura pudiera dar el salto de sus primeros modestos trabajos a la alta sociedad de New York. En segundo, las reflexiones del detective Mark McPherson, verdadero prototipo de sabueso de la ley que, no obstante, irá demostrando tener entrañas conforme avance el misterio. 



En la vida real, que el señor Lydecker y el esforzado agente tuvieran una relación más allá de lo profesional sería una quimera, debido a sus diferentes estilos de vida. De cualquier modo, la pluma de Caspary se encarga de brindar ingeniosos diálogos entre ambos que, aunque a veces sean forzados, resultan tan deliciosos de presenciar que la divertida lectura perdona indulgente a cambio del honesto entretenimiento. Como fuere, para justificar el cierto refinamiento de un hombre de acción como McPherson, Caspary saca algún detalle de la biografía del personaje que explica que pueda seguir las enrevesadas líneas del esnobismo de Waldo, principalmente una herida de metralleta que un afamado gángster dejó a su perseguidor de antecedentes escoceses, obligándolo a mirar el techo de una habitación de un hospital durante meses, sin más compañía que una generosa colección de libros. 

   
Por supuesto, más allá de algún juego metaficcional, lo que unirá a ambos caballeros en su búsqueda es la fascinación que los dos sienten por la difunta. Algo lógico en el caso de Waldo querer descubrir quién acabó con su protegida de una forma tan apasionada y cruel, más inquietante en el caso de McPherson, quien empieza a pensar más en Laura que en cualquier otra de las mujeres vivas que ha conocido. Conforme indaga en su entorno, el encallecido investigador va sintiéndose embriagado por todo lo que rodeaba el día a día de una personalidad tan atrayente como el cuadro de la asesinada, el cual luce orgulloso en su apartamento. 



Claro que de los enamoramientos también suelen venir aparejadas desilusiones y el propio McPherson irá viendo que no todo era oro lo que relucía en su admirada víctima. Particularmente, sus entrevistas con el prometido de Laura, Shelby Carpenter, un apuesto pero muy vacío playboy con el que ella se había prometido, mostrarán aristas en la idealizada figura. ¿Era acaso tan sofisticada y sensible o también podía caer en tentaciones más vulgares? Varias perspectivas sobre la protagonista silenciosa que van enriqueciendo una novela realmente ejemplar en su género. 



Muchas veces se ha comentado que Preminger elevó el relato original al estilo del que usaba Hitchcock con algunos pulps. Como fuere, creo que existe una diferencia notable. Sir Alfred cogía muy buenas ideas de pequeños trabajos y añadía muchas cosas de cosecha propia. Me atrevería a pensar que Preminger, director fabuloso, tuvo la fortuna de contar con un trabajo muy notable, una excelente y bien desarrollada idea por parte de Caspary que él adaptó (con detalles independientes y excelentes añadidos) con magistral solvencia. 


Siguiendo el paralelismo, no podemos dejar de apuntar como Caspary se expresa con sapiencia, a través de los maliciosos labios del sarcástico Lydecker, acerca de los riesgos de la clase de enamoramientos que se producen entre vivos y difuntos, un concepto que el propio Hitchcock llevó un paso más allá en Vértigo: De entre los muertos (1958). Waldo no conoció a Scottie Ferguson, aunque, de haberlo hecho, le habría advertido al detective de San Francisco en los mismos términos que a su aliado McPherson. 



Asimismo, no dejen de prestar atención al elemento onírico con que nuestra escritora inunda todo lo relativo al caso, alternándose las fantasías y anhelos con pesadillas de desasosiego. Pocos de los sospechosos en el asunto pueden caer en brazos de Morfeo con la conciencia tranquila, manteniéndose alejados del espectro de Laura, todavía muy poderososo. 



El alma del fallecido Patroclo regañaba a Aquiles porque, cuando dormía, le olvidaba. No obra así Laura, perenne vigilante en su apartamento, convertida ya en un mito de la literatura y del cine negro... 



EDICIÓN MANEJADA:



-CASPARY, V., Laura, Alianza Editorial, Madrid, 2016. Traducción a cargo de Pilar de Vicente Servio. 



ENLACES DE INTERÉS:



-EL RETRATO DE LAURA HUNT



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.casadellibro.com/libro-laura/9788491043928/3028373



-https://en.wikipedia.org/wiki/Laura_(novel)#/media/File:LauraNovel.jpg



-http://prettysinister.blogspot.com.es/2014/12/ffb-laura-vera-caspary_8.html

domingo, 13 de noviembre de 2016

UN OSCURO GIRO DE TUERCA: EL JURADO


Cuando Reginald Rose escribió Doce hombres sin piedad para televisión, pronto quedó claro que era una obra de un dramatismo idóneo, excelente explotadora de todos los recursos que puede ofrecer un escenario a hábiles intérpretes. Poco tiempo después, se filmaría la primera de sus adaptaciones a la gran pantalla (1957), bajo el liderazgo en el casting de Henry Fonda, considerada todavía hoy en día una joya del séptimo arte. España no ha permanecido ajena al influjo de las tensas deliberaciones de un jurado acerca de la inocencia o culpabilidad de un acusado de asesinato, sobresaliendo un magistral Estudio 1 (VERSIÓN), rodada con un verdadero dream team de la época (José Bódalo, José María Rodero, Rafael Alonso, etc.). 



Actualmente de gira, podemos disfrutar de un nueva vuelta de tuerca al texto original de Rose, en este caso, a cargo de Luis Felipe Blasco Vilches, dirigida su puesta en escena por Andrés Lima. Varios motivos convierten el ejercicio en mucho más que un remake. En primer lugar, el aprovechamiento de esta época convulsa para hacer que los nueve protagonistas deban decidir si un político destacado ha cometido cohecho. Escándalo tras escándalo, taladrados por las corruptelas de muchos partidos, la opinión general imperante antes de empezar a discutir es que no puede haber otro veredicto que culpable. No obstante, resultará complicado alcanzar la unanimidad. 



El título El Jurado ya refleja uno de los añadidos más golosos, puesto que no solamente hay presencia masculina en sus filas como en la original, sino que cuatro de los representantes de la ciudadanía son mujeres. Ello nos permite disfrutar de actrices tan solventes como Isabel Ordaz, cuya vis cómica es irrefrenable incluso en los momentos más acalorados de la discusión. Cuca Escribano, Usun Yoon y Luz Valdenebro tendrán también mucho que decir al respecto. No sabremos el nombre de ninguna de ellas, puesto que cada componente del jurado llama a los otros por su número de llegada, aunque queda claro que tienen más que sobradas circunstancias y condicionantes para adquirir prejuicios a la hora de enfocar un acto tan solemne como intentar dar una justa sentencia. 



La nota discordante en un clima donde nadie niega el axioma de que todos los políticos son unos sinvergüenzas es la del personaje interpretado con maestría por Pepón Nieto. A base de argumentos y cierta terquedad, irá nivelando una balanza que parecía clara. Sin embargo, estas personas se mueven en un mundo repleto de falta de certezas. Rose escribió sobre la vida de un chico de barrios marginales en peligro de recibir pena de muerte, Vilches lo hace sobre una figura pública que ha llevado un ritmo ostentoso de vida. Por fortuna, el segundo escritor es perfectamente consciente de esa diferencia y lleva el argumento a su terreno, haciendo un diagnóstico perspicaz y más allá del tópico de estos años donde todo un sistema se ha venido abajo por su falta de transparencia. 



La obra, pese al clasicismo que evoca, no se priva de jugar y experimentar, algo que será digno de agradecer para el público. Con una excelente combinación de iluminación y recursos para mover la mesa de deliberaciones, no solamente asistimos a una discusión estática, sino que tenemos apartes, instancias de confidencia de pasillo, momentos donde algunos integrantes del jurado consiguen un aparte para intentar convencer, presionarse o, simplemente, comunicarse. La dirección es excelente a ese respecto. 



Tal vez el único inconveniente radique en la época del año en la que estamos para disfrutarla plenamente. Ambientada en una de esas jornadas de verano donde la noche es tan bochornosa que termina generando tormenta, julio o agoto son los meses más idóneos para sumergirse de lleno en esa tensa tarde que se prolonga hasta la madrugada. En noviembre puede costar un poco más. De manera maliciosa, el guión incluye además el hecho de que haya un apetecible partido de fútbol España-Argentina que lleva a algunos de los miembros del jurado a ambicionar que el debate sea lo suficientemente breve para llegar a tiempo a verlo, sin importarles en exceso su responsabilidad.

  
El juego lleva a enfrentamientos de cariz más social que jurídico, siempre con la desilusión política como telón de fondo. Personajes de distinta extracción, nivel económico y cultural que terminan estallando en los momentos más inesperados. Particularmente certera, dentro del muy buen nivel general, es la composición del personaje de Victor Clavijo, verdadero prototipo de un estilo de vida. Todos los integrantes en la sala se benefician de un vestuario sencillo y muy cuidado por parte de Paloma de Alba. 



Por su lado, la manera de llevar a cabo su papel por Canco Rodríguez tiene positivas reminiscencias al que hiciera Sancho Gracia hace décadas en el ya citado Estudio 1. Eduardo Velasco se verá investido con la ficticia batuta de presidente de estas nueve fieras, labor ingrata que el solventa con eficacia, mientras que Jorge Bengoetxea tiene el goloso caramelo de un representante de la clase media a quien los vaivenes de la crisis del ladrillo han colocado muy por debajo de su anterior estatus. 



No se priven, si se les presenta la ocasión, de este regalo que llega a los tablados, un jurado del que todos formamos parte...y eso es lo que más asusta. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Programa "El Jurado", Gran Teatro de Córdoba (función del 12 de noviembre de 2016).



-http://kedin.es/madrid/que-hacer/el-jurado-con-pepon-nieto-y-yon-gonzalez-en-matadero-de-madrid.html



-http://cultura.elpais.com/cultura/2016/04/13/actualidad/1460566963_730822.html

domingo, 6 de noviembre de 2016

LA ESPADA DE DAMOCLES: EL MAL QUE HACEN LOS HOMBRES


Cuando se estrenó El mal que hacen los hombres (2015), muchas voces se alzaron de inmediato contra la propuesta que planteaba el director, Ramon Térmens. El fantasma de Reservoir dogs (1992) sobrevolaba la idea original del film. Si Quentin Tarantino encerraba en un almacén abandonado a una banda de criminales que iban llegando al punto de encuentro con la sospecha de tener un traidor entre sus filas, el film del cineasta catalán usaba el mismo recurso, en este caso, dos sicarios de distinta naturaleza de un importante narcotraficante deben esperar la llegada de un rehén en un polígono industrial abandonado. Habrán de custodiarlo a la espera de una llamada del jefe del cártel. El resultado de las negociaciones es incierto y podrían verse obligados a tener que ejecutar a la víctima de una manera salvaje, a pesar de ser apenas una niña. 



Suele obviarse el hecho de que el propio maestro Tarantino bebió para su ópera prima de otra premisa, la ejecutada por el gran Stanley Kubrick en Atraco perfecto (1956), emulando muchas de las estructuras narrativas allí contenidas. Como dijo Woody Allen, si te ves obligado a copiar, hazlo con los mejores. Y la grandeza de Reservoir dogs es que de esa deuda logra crear algo propio, un universo independiente que deja el sello de su director y la personalidad del reparto. Que Térmens utilice ese estilo para llevarlo a uno de los dramas de nuestro tiempo, el violento tráfico de drogas, no es ningún menoscabo. Lo que debe juzgarse es si logra, o no, hacer una historia con pulso firme y entidad. 



En primer lugar, debería señalarse que el casting es el adecuado. Los dos sicarios son un médico (Andrew Tarbet) a quien un golpe de mala fortuna obligó a pedir la protección del poderoso narco, y Santiago, un brazo ejecutor mucho más fiable, un asesino que comprende perfectamente cómo funciona su profesión. Daniel Faraldo no solamente encarna al segundo, sino que es el guionista de la película. Se trata de un personaje muy bien construido y que va mostrando aristas que pequeños flashbacks explican de manera convincente. Si bien los dos hombres tienen personalidades contrapuestas, el público puede comprender que cada uno de ellos ofrezca dudas de si serían capaces de ser verdugos de la inocente criatura. 


Para mayor incertidumbre, el "paquete" viene con un mensajero inquietante. Un supuesto sobrino del patrón que parece jugar a distintas bandas. Lo que los dos brazos ejecutores tienen claro es que no solamente ha venido para traer a la prisionera, sino que su cometido va más allá. Sergio Peris-Mencheta demuestra un excelente registro en un papel muy ingrato que él solventa con eficacia notable, siendo una pieza básica para dar vivacidad y suspense al viaje al que serán sometidos los integrantes de este particular triunvirato. 



A fin de cuentas, el propio título tiene resonancias del inigualable William Shakespeare, acerca de aquella premisa donde el bardo inglés afirmaba que la bondad humana terminaba en la sepultura de quien tuvo tal cualidad, mientras que la maldad tiene una capacidad única de prolongarse a lo largo del tiempo. Este inicio y nudo de la película se ve con desasosiego y agrado a partes iguales, creándose una atmósfera repleta de interés. 



No obstante, será en el tercer acto donde todo se precipite, tomándose unas decisiones a nivel de guión y rodaje discutibles, cuanto menos. La evolución de algunos de los personajes resulta forzada o inverosímil para la toma de algunas de sus decisiones; eso o afirmar que se nos han hurtado piezas del rompecabezas para que el salvaje clímax llegue de una manera que resulte lógica. Y es que, aunque algunos puedan quejarse de que el principio y núcleo de esta historia de crimen organizado no sea excesivamente violenta, Térmens tiene el gran acierto de convertir en cotidiana la monstruosidad, dando un rasgo de verosimilitud que en este género no abunda. 


Si bien su desenlace puede resultar insatisfactorio, creo que es rebatible el exceso de críticas que han incidido en los defectos de El Mal que hacen los hombres, sin reparar en ninguna de sus virtudes. Rodada en Cataluña, la recreación de algún lugar perdido de México es sobria y eficaz, estando familiarizados con el entorno desde el instante uno de la historia, algo que no es nada fácil de conseguir. 



Incluso me atrevería a decir que la sobriedad de la que hace gala durante la primera hora para enfrentarse a esta realidad resulta más cercana e impresionante que la ostentación de la que hace gala todo un maestro como Oliver Stone en Salvajes (2012). La paradoja es que la cinta falla precisamente cuando quiere coger más fuerza, confundiendo lo evidente con la capacidad de impacto. Para el estilo de Térmens, es mejor la violencia que ondea como una espada de Damocles que hacerla descender salpicando de sangre la pantalla. 



Curiosamente, le falta oscuridad a la hora de la verdad. Ello no es óbice para decir que se trata de un experimento con toques del mejor cine negro. No son pocos méritos para una obra maltratada en demasía. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://elmalquehacenloshombres.com/



-http://www.europapress.es/cultura/cine-00128/noticia-entrevista-daniel-faraldo-actor-guionista-mal-hacen-hombres-20160219182233.html



-http://www.filmaffinity.com/es/evideos.php?movie_id=391185

domingo, 30 de octubre de 2016

LLEGAN LOS DEMONIOS: SEGUNDA TEMPORADA DE DAREDEVIL


Hace apenas cuatro semanas analizábamos en este blog la alianza de Netflix con la Cocina del Infierno (enlace). Hoy, nos ocupamos de la segunda temporada de la exitosa Daredevil, ese programa que había demostrado que no era incompatible el mundo de justicieros dando brincos por las azoteas con series de calidad. Sin embargo, cuando todo estaba encajado, la siguiente entrega de las desventuras de Matt Murdock son una clara apuesta de Phil Abraham y cía por darle un toque más superheroico a la premisa, sumergiéndose ya de lleno en la esencia de las viñetas, particularmente en los años al frente de la colección por parte de Frank Miller. 



Se produce un cierto oscurecimiento de las primeras adversidades del héroe (mafia rusa, hombres de negocios corruptos, etc.) para dar un salto que, pese a ello, resulta totalmente lógico. La figura de ese demonio que corrige desaguisados con sus propios puños no dejaría de ser inquietante en el New York real. A fin de cuentas, ¿qué garantiza que Daredevil siempre acierte? ¿No puede ser engañado por un falso soplón y agredir a alguien inocente? Es cierto que tiene un firme código de no ser nunca verdugo, pero, ¿quién ha decidido que una persona anónima pueda tomar la justicia por su mano? Habida cuenta de que míster Murdock es un exitoso abogado en su vida civil, queda claro que tiene un principio inequívoco de bipolaridad. 



Lo que es peor es el efecto dominó de sus actos. El protagonista surge para combatir aquellas amenazas que por corrupción escapan a las manos de las autoridades. ¿Cuánto falta para que otra persona decida que el propio "Cuernecitos" no es eficaz y que debe darse un paso más para combatir el crimen organizado? La respuesta es inmediata en el show, pues la segunda parte comienza con Frank Castle/Punisher en todo su esplendor. Jon Bernthal va de menos a más como el despiadado cazador de los delincuentes, hasta el punto de que ha conseguido un spin off que volverá a recordarnos que la segunda enmienda y la facilidad de conseguir armas en los Estados Unidos están a la espera del primer desequilibrado que decida ponerse manos a la obra. El duelo de códigos entre El Castigador y Daredevil es la primera gran saga de la exitosa continuación, incluyendo un sentido homenaje a Steve Dillon, por mala fortuna, fallecido hace apenas unos días.

  

Una intensa dualidad que el programa logra compensar con una trama romántica bien llevada y que no empalaga, la mantenida por el interés creciente que Matt Murdock y Karen Page empiezan a sentir el uno por el otro. Destaca aquí la ternura que Charlie Cox sabe darle a la identidad civil del héroe, mientras que Deborah Ann Woll está paulatinamente más cómoda con la señorita Page, en el momento justo para hacerla evolucionar. Un incipiente romance que solamente podría verse amenazada por un viejo dicho, los ex se caracterizan por aparecer en el momento más inoportuno. En este caso, la persona en cuestión tiene pasaporte griego. 



Floria Sigismondi dirige "Kinbaku", capítulo muy especial donde Elektra Natchios decide volver a entrar en la vida de Matt Murdock como solamente ella sabe hacerlo. Elodie Yung logra dar fuerza, sensualidad e independencia a la hábil guerrera, aunque trae un peaje consigo. Las tramas de la antigua amante del abogado ciego exigen un salto en el show que lo acerca más a las viñetas. Ninjas, asociaciones en las sombras y magia. Un cóctel maravilloso para quienes tengan nostalgia por los míticos enfrentamientos de Daredevil con La Mano en una de las etapas doradas de la colección; por otro lado, no es descabellado que quienes no conocieran el pasado del héroe y gustasen de la sensata primera temporada, se sientan incómodos ante este giro de tuerca. 



Una pérdida de verosimilitud que se ejemplifica con dos ausencias terribles. La primera es el carismático Ben Urich, el sagaz periodista cuyo hueco no puede ser llenado y generaba una fuerte empatía conlos espectadores. Por el otro, el eficaz James Wesley (Toby Leonard Moore), fiel lugarteniente de Wilson Fisk, otro personaje que, sin ninguna habilidad sobrehumana, era capaz de ser una amenaza constante. Ambos dejan paso a un mundo callejero más sobrenatural que no complacerá a todos por igual. 


Como fuere, las colosales personalidades de Punisher y Elektra garantizan que la segunda temporada de Netflix sea una inagotable montaña rusa que no permite ni un instante para recuperar el aliento. Ambos suponen épica y, cada a uno a su manera, tienen la virtud de desestabilizar buena parte de los valores del que algunos han apodado como el hombre sin miedo. En menor afluencia que en la anterior, pero siempre recibidas como aguas de mayo, las presencias de Kinping (Vincent D´Onofrio) y Claire Temple (espléndida Rosario Dawson) no son obviadas. 



Se echan en falta algunos de los exquisitos flashbacks de las infancias de Matt y Wilson, aunque sí se ahonda en los primeros años del primero, especialmente en materia de cómo tras el asesinato de Jack Batallador Murdock fue adiestrado por Stick. El cruel tutelaje del carismático personaje encarnado por Scott Glenn recuerda mucho al universo tarantiano de Kill Bill



Si de algo no adolece la línea gestada en la Cocina del Infierno en este momento es de una notable y excelente capacidad de sorpresa. ¿Cuánto tiempo pueden mantenerse tantos platos en el aire sin que ninguno se caiga? No estropeemos el truco con preguntas y sigamos confiando en que, con argumentos tan inteligentes como los empleados por Foggy Nelson, hasta un caso perdido como Frank Castle puede ser defendible. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://es.ign.com/daredevil-tv/100611/news/daredevil-nuevo-trailer-de-su-segunda-temporada



-http://www.imdb.com/title/tt3322312/mediaviewer/rm113632512



-http://www.ew.com/article/2016/04/06/daredevil-elodie-yung-elektra

domingo, 23 de octubre de 2016

EL PESO DE LA LEYENDA


Decían los antiguos que el nombre amenaza, es decir, proporciona un anticipo de lo que podemos encontrar ante la persona que lo porta. Eso acontece también con los títulos. Cualquier amante del western disimulará una sonrisa de satisfacción cuando escuché la coletilla El hombre que mató a...Matthieu Bonhomme gusta de ese género y por ello era perfectamente consciente de que esta nueva aventura de Lucky Luke iba a evocar a El hombre que mayó a Liberty Valance (1962). No obstante, tras su lectura, como público, es lícito que abramos el interrogante: ¿realmente ha desaparecido la leyenda del legendario pistolero más rápido que su propia sombra? 



En primer lugar, hay que hablar de las muy particulares circunstancias de esta aventura, El hombre que mató a Lucky Luke surge para festejar el setenta aniversario de uno de los emblemas de las viñetas, un pobre cowboy solitario que está lejos de su hogar. Admirador rendido de Morris, Bonhomme no duda en homenajear varios momentos de la etapa clásica de la colección, lo cual dará una gran satisfacción a los puristas. De hecho, se resuelven algunos misterios relativos al viejo hábito de fumar de Luke, tan políticamente incorrecto hoy en día. 



La ambientación sucede en el pueblo perdido de Froggy Town. Lugar remoto sí, pero uno de esos parajes donde se ha inoculado el virus de la fiebre del oro; eso sí, ningún rincón en los incipientes Estados Unidos es tan remoto para que no se haya oído hablar de la leyenda de Luke, el único vaquero al que temen forajidos como los hermanos Dalton o el mismísimo Billy El Niño. Igual que Wild Bill Hickok o Jesse James, el Luke que muestra Bonhomme está en la plenitud de su fama y tiene admiradores por doquier, pero también el grave riesgo de que cualquier buscador de gloria ajena intente ganarla a su costa con un disparo por la espalda en cualquier saloon de mala muerte. Quien logre acabar con él, tendrá asegurado su nombre en el recuerdo del Salvaje Oeste.  


Y este es el punto que da más atractivo a este homenaje. A lo largo de excepcionales aventuras, uno de los pocos problemas del carismático Luke y su inseparable Jolly Jumper es el aura de invulnerabilidad que les rodea. Dan igual los riesgos o los ataques, el pistolero es un héroe prácticamente infalible. Bonhomme se encarga por ello de sacar al jinete pálido de su zona más segura para volver a acariciarle con un sutil toque de miedo y duda. ¿Cómo responderían sus excepcionales reflejos ante duelos donde no tenga la certeza de salir indemne? 



Con todo, esta más que agradable lectura tiene también sus fallas. Las pistas para descubrir los posibles trucos de la premisa no son difíciles de desentrañar a poco que se preste atención. Y, aunque tenga sus compases de pausa, se echa en falta ese toque humorístico que con tanta sabiduría supo darle René Goscinny a su etapa junto a Morris. Colaboración difícil por el carácter y talento de ambos artistas, ahora que está tan de moda dar justo tributo al segundo, parece de justicia revindicar asimismo la fase del guionista con Luke, sin duda, los años más dorados del personaje y que definieron su esencia ante el imaginario popular. 



Fernando Ariel García ha dejado una de las más sagaces reseñas en castellano de este álbum, dando constancia de la inusitada libertad creativa con la que ha podido moverse el autor. Cierto es, la atmósfera es distinta, aunque también es un gran mérito que, pese a estar fuera de la cronología oficial de la serie, no desentonaría en demasía si se hubiera insertado. 


Como cabía esperar, la popularidad del caballero, pese a sus muy bien llevadas siete décadas, han aupado a este cómic a ocupar un lugar preferente en la lista de los más vendidos en la cuna franco-belga, una de las mejores escuelas para el arte de las viñetas. Simplemente por eso y haber resucitado con tanta originalidad a la leyenda, hay que darle las gracias a Bonhomme, quien, ante todo, se erige con sus lápices y guión como un declarado fan de Morris y su legado. 



En el debe, quizás, como han señalado otras críticas previamente, se echa en falta que se juegue más con la memoria de las vivencias que, a esas alturas, ya tendría Luke. Una mitología tan rica y variada (desde Calamity Jane al emperador Smith) podría haber sido propicio para un flashback o algún tributo al excelso abanico de secundarios e interesantes villanos que ha dado este singular periplo. 



Con todo, si algún día leyese esto, que no se lo tomé a mal Bonhomme. Simplemente, el blog le está dando una excusa para volver a cabalgar en el ochenta aniversario y contarnos otra historia jamás narrada de la leyenda... 



ENLACE A RESEÑAS DE INTERÉS:



-RESEÑA ANTONIO MARVAS



-BLOG OFICIAL REVISTA SONASTE MANECO: EL HOMBRE QUE MATÓ A LUCKY LUKE



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.actualidadliteratura.com/asi-lucira-el-lucky-luke-de-bonhomme/



-http://labitacorademaneco.blogspot.com.es/2016/04/lhomme-qui-tua-lucky-luke-el-regreso.html



-http://www.lacasadeel.net/2016/04/mateo-bonhomme-mata-lucky-luke-70-aniversario.html