domingo, 30 de agosto de 2015

DANIEL Y EL SEÑOR



El pasado fin de semana comenzó con malos augurios para las tablas. Nos dejaba Lina Morgan, una de las grandes damas de nuestros escenarios, símbolo para toda una generación de espectadores en España y personaje entrañable. Como las desgracias nunca vienen solas, poco después se difundía la noticia del fallecimiento de Daniel Rabinovich, uno de los miembros fundadores del grupo humorístico Les Luthiers, puntales de un tipo de comedia inteligente y armonizada con el talento musical de sus integrantes, capaces de fabricarse sus propios instrumentos. Demasiada pérdida de talento en tan escaso margen para los teatros.



En un emotivo comunicado, el grupo argentino afirmó que seguiría permaneciendo unido y con el sano propósito de seguir haciendo reír, tal y como a su hermano Daniel le hubiera gustado. Ernesto Acher, antiguo puntal de Les Luthiers, afirmaba que esta sociedad es una especie de "matrimonio múltiple entre caballeros". Las complicaciones cardíacas de Daniel dejan al resto en una viudedad amarga, sentimiento que uno no asocia a los creadores de Mastropiero, quienes siempre van a ir ligados a la risa y la carcajada.



No es la primera desaparición dolorosa; rescataba Hernán Firpo el hecho de que el mítico quinteto logró sobrevivir al fallecimiento de Gerardo Masana, fundador y auténtico demiurgo de muchas de las características que convirtieron un extraño experimento en una garantía mundial en habla castellana de colgar el cartel: "no hay entradas". No obstante, aquella tragedia tuvo el parche de la juventud, de continuar un legado. La pérdida de Daniel nos plantea a sus fans la duda de si no estamos asistiendo al ocaso de uno de los mejores espectáculos posibles, las últimas páginas de un libro que hemos devorado hasta desgastar sus páginas.       


Ello tampoco debe llevarnos a ser agoreros. Cualquier alineación que incluya los nombres de Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Tato Turano y Martín O´Connor es garantía de éxito. No se trata de decir, ni mucho menos, que estos trovadores están acabados. Lo que pasa es que la desaparición de Daniel nos ha recordado que el camino tiene un final, que habrá un día en el que nos quedarán las grabaciones, audios y DVDs conmemorativos, pero no habrá nuevas actuaciones. También llegará la época en que no podamos esperar un estreno de Woody Allen o una nueva gira de Lina con sus espectáculos. Eso debería hacer que valorásemos más estas cosas. 



Nobleza obliga y la muerte suele honrar y embellecer los recuerdos, sin embargo, no es descabellado, como algunos medios y público han recordado, afirmar que el señor Rabinovich ha sido uno de los Luthiers más simpáticos. Ya fuera con su barba al completo o su muy reconocible bigote, su contagiosa sonrisa le acompañó representando al citado Daniel en una operística parodia con raíces bíblicas, en la que el afligido defensor de la ciudad reprocha a su dios haberles dejado en la estacada ante los filisteos: "¿Qué te pasa, viejo?".  



No recuerdo con exactitud el motivo (alguna boludez, seguro) por el que no aproveché la oportunidad de verlos en acción en directo cuando vinieron a Córdoba. Concretamente, Daniel hizo la apertura del espectáculo, con la delirante canción de noche de bodas, hipérbole de Las mil y unas noches, un difícil monólogo bajo ritmos orientales que causó un gran impactó entre los afortunados presentes. Pasados los años, no recuerdo el compromiso u obligación ineludible que me hizo no estar aquel día en el Gran Teatro. Lo que no olvidaré jamás es que me perdí a Daniel y al resto de Les Luthiers, eso no se me irá nunca de la cabeza, porque no todos los días se puede ver a Maradona y Messi en la cancha. 




Quedan los recuerdos de una era no soñada donde la música clásica y la etiqueta se amasaron con eclecticismo al sentido del humor, una mezcla difícil de conseguir y aún más de superar. La payada de la vaca o La hermosa y graciosa moza son algunos de los ejemplos que podríamos dar de ello, también el dueto de Marcos y Daniel para representar a dos delirantes comentaristas de radio que entrevistaban al resto, convertidos en el grupo británico London Inspection. 



Nos señalaba el añorado Labordeta que, mientras nos quedasen Los Simpson o las letras de Sabina, aún quedaba una rendija de esperanza. Ahora, empezamos a quedarnos huérfanos de otro de nuestros tótems, de esos hacedores de partituras hilarantes que no dudaban en burlarse de ellos mismos y su indiosincrasia: "A los argentinos se nos tacha de soberbios, aunque no es del todo justo. A veces, nos creemos los mejores de toda América Latina. Otras, los mejores del mundo". O aquella de cuando sus antepasados vieron cómo se fundaba el Río de la Plata: "Che, qué macana, quedamos segundos"



Bien harían en la querida Argentina en cuidar a los Luthiers que nos quedan como un tesoro nacional, porque lo son, los custodios de algunas de las más lindas risas que nos han arrancado. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:


http://www.diarioveloz.com/notas/148512-murio-daniel-rabinovich-integrante-les-luthiers-una-larga-enfermedad



http://personajes.lanacion.com.ar/1821043-la-vida-de-daniel-rabinovich-en-imagenes



http://personajes.lanacion.com.ar/1821043-la-vida-de-daniel-rabinovich-en-imagenes



ENLACES DE INTERÉS:



http://www.clarin.com/extrashow/teatro/rabinovich-ultimo-acto-artista-enorme_0_1417058649.html

domingo, 23 de agosto de 2015

QUERIDOS CAQUITOS



De un pequeño sketch al Olimpo de las series en América Latina. Hacer eso una vez ya sería suficiente mérito, toda una hazaña. Sin embargo, Roberto Gómez Bolaños logró esa fórmula perfecta hasta en tres celebradas ocasiones. Muy conocidas son sus creaciones El chavo del 8 y El Chapulín Colorado, aunque, quizás por estas latitudes, tengamos menos noticia de Los caquitos, quienes también iniciaron en sus libretos una andadura que los llevó de pequeños gags cómicos a todo un espacio dedicado a ellos. Una andadura que viene a cuento recordar ahora, estando tan reciente el fallecimiento de Bolaños, inmortalizado en el imaginario popular bajo su apodo artístico: Chespirito



Todo se inició cuando don Roberto decidió contar las desventuras de un dueto de rateros, el Chómpiras (interpretado por él mismo) y el Peterete (caracterizado por el genial Ramón Valdés). A pesar de sus aviesas intenciones, sus atracos siempre eran frustrados, no tanto por la eficacia policial como por su propia incompetencia. Particularmente el Chómpiras era un dechado de vagancia y falta de empuje (ya fuera en su labor delictiva o en una discusión), ganándose muchas veces sonoros tortazos de su colega. Una pareja muy clásica de humor físico (casi al estilo de Muertos de risa), con añadidos tan celebrados como el rasgo que Valdés dio al Peterete de andar como si fuera la mismísima Pantera Rosa.   



La marcha de Valdés (junto con la de otro puntal de los programas de Chespirito, Carlos Villagrán) provocó que el rol del Peterete pasase a manos del Botija, otro fornido delincuente que ejercería características muy parecidas a las del anterior con el Chómpiras (incluyendo el hábito de peinarle antes de propinarle el tortazo). Sin embargo, al margen de la acertada elección de Édgar Vivar para encarnar al Boti, los guiones de Bolaños fueron amoldándose para explotar nuevas dimensiones en estos supuestos rufianes. Paulatinamente, aquellos ibañezcos y desafortunados atracadores de poca monta fueron moviéndose en un universo concreto y más definido. En definitiva, dejaron de ser unos encantadores entremeses para convertir en una obra independiente del resto de la producción de Chespirito.


Una de las principales ventajas era la edad de los personajes en aquel microcosmos. En El Chavo, con la excepción de los adultos, algunos de sus principales y más destacados intérpretes irían teniendo problemas para encarnar la niñez (aunque fuera a modo paródico y representativo). Sin embargo, no había ningún problema en que Bolaños fuera envejeciendo de forma natural con su Chómpiras, un personaje al que fue dando cada vez más trasfondo. Con acierto, supo usar al ladronzuelo para reflejar a un tipo con una pachorra única y una filosofía sanchopanzina que le iba como anillo al dedo.



La jugada maestra del asunto fue una carta de amor que dio a su futura segunda esposa, Florinda Meza, para quien expresamente creó Bolaños a la Chimoltrufia, la aguerrida esposa del Botija, quien lograría convencer a su cónyuge y asociado de dejar la vida delictiva. Si bien Florinda dejó un gran listado de buenas actuaciones por sus damiselas en apuros en El Chapulín, por no hablar de su inolvidable doña Flonrida en El Chavo, indudablemente la Chimoltriufia es su personaje más logrado, tridimensional y revestido de todas las virtudes que hacen creíble a esa mujer sin estudios pero perspicaz, honrada pero pícara, capaz de hacer encaje de bolillos para mantener su modesto hogar. Hacer caso a la Chimoltriufia exigiría al Botija y a su inseparable Chómpiras adentrarse en el mercado laboral, uno donde unos ex convictos eran vistos con mucho recelo por patronos, vecinos y la opinión pública.



Admiradores incondicionales de la mítica pareja de Stan y Laurel, Bolaños y Vivar demostraron que sus registros iban mucho más allá de la comedia situación o agilidad de gesticulación para recibir el mamporro de rigor. Algunos de los diálogos y, mejor aún, momentos silenciosos de ese dueto de inadaptados que intentan ganarse el pan con el sudor de su frente ante la desconfianza general, siguen dejando la hermosa moraleja de que, si algo les queda, es la camaradería que han compartido todo ese tiempo. En verdad, ya en la década de los 90, pareciera que Bolaños iba haciendo Los caquitos su espacio predilecto, al que dedicaba mayores energías creadoras.


Ello explica que, junto con la Chimoltriufia, fuera capaz Bolaños de diseñar otro personaje femenino de altura, uno que no hubiera podido darse en ninguna otra de sus series. María Antonieta de las Nieves, una de sus actrices de confianza, sería la responsable de llevar a cabo a Marujita, una prostituta de buen corazón que, al igual que el personaje de Irma la dulce, tiene la mala fortuna de dejar hechizado al sargento Refugio (un gran, en todos los sentidos, Rubén Aguirre), un honesto e ingenuo policía que es la única persona que no conoce la verdad de la profesión de la dama. En uno de los mejores episodios del show (https://www.youtube.com/watch?v=i33qt6JO7FI), de corte más serio que el resto, Bolaños puso su foco en esa entrañable relación. 



Secundarios de lujo como Raúl "El Chato" Padilla (haciendo el papel del licenciado Morales, en un registro mucho más comedido del que acostumbraba) o Angelines Fernández volvieron prestar sus servicios a una serie de Chespirito, probablemente, sabedores de que Bolaños sabía mimar con momentos de lucimiento a cualquier miembro de su cuadrilla, no solamente a los protagonistas. 



Los caquitos suponían el broche de oro, el epílogo adecuado a un gran libro, un hermoso recuerdo a atesorar de una manera única e irrepetible de hacer televisión. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www2.esmas.com/entretenimiento/farandula/fotos/chespirito-los-caquitos-chompiras-botija-chimoltrufia/27462/



http://www.datuopinion.com/los-caquitos



http://lavecindaddelchavo.globered.com/categoria.asp?idcat=51

domingo, 16 de agosto de 2015

BENDITOS INGENUOS


No sin cierta malicia y con hipérbole, en ocasiones, me gusta decir que Spirou es un cómic del que se disfruta todo, menos del protagonista. Evidentemente, eso no es así, tampoco tengo nada contra uno de los botones más célebres de las viñetas, Sin embargo, al igual que le pasa a otro icono como es Tintín, pareciera que el titular de la revista, si bien es el motor de la historias, queda eclipsado en carisma por sus compañeros de reparto. En el caso de Spirou, es mucho más fácil empatizar con el alocado y genial Fantasio que con el caballero hidalgo sin mácula que es el aventurero belga, alguien que, hasta cuando roba una bicicleta para perseguir un criminal, especifica al ciclista que volverá al mismo lugar para devolvérsela en mano. 



Honrado, valiente e intrépido, acompañado de su inseparable ardilla, Spirou alcanza unos niveles de santidad y perfección que lo alejan bastante del común de los mortales. Costará verle siguiendo el consejo de Oscar Wilde de caer en la tentación, siempre resistente al invasor a la hora de que nada haga tambalearse su férreo código ético. Él es un Lucky Luke, un Tintín, un Superman, un buen chico que nunca va a dudar de su propósito. ¿Nunca? Bueno, siempre hay excepciones. Y esa joya titulada Diario de un ingenuo es sobre la que vamos a tratar este domingo. 



Obra de Émile Bravo para conmemorar los saludables 70 añazos del chico pelirrojo, esta aventura es una especie de Año uno para sus seguidores, un ramillete de homenajes a lo mejor del cómic franco-belga y, por encima de todo, una profundización en el alma del pequeño Spirou en 1939, cuando era solamente un chico sin familia que abría las puertas de un hotel en su país, ajeno a preocupaciones políticas y sin intuir lo que le deparaba el futuro. 



El reto de un trabajo de ensamblaje de viejas historias es conseguir que los guiños y referencias satisfagan al más amplio espectro posible de público, tanto a la persona que lee con asiduidad al personaje como al neófito que se acerca por primera vez a la desventura de este huérfano. Y empleamos huérfano con acento, como bien han incidido algunos blogs previamente (especialmente recomendable, en el caso de "Spirou, Diario de un ingenuo"), este icono franco-belga ha estado repleto de padres adoptivos -sobresaliendo la etapa de Franquin, asociado a la editorial Dupuis antes que a su creador original. 



Y Bravo sabe tocarnos ahí el dedo en la llaga. Presenta a un joven botones sin familia, desorientado y perdido, poco ducho en el mapa geopolítico de la Europa donde le ha tocado vivir. Sin embargo, con toda su timidez y dudas, ya está revestido de las cualidades que lo convertirán en lo que llegará a ser. Es noble, valiente y tiene capacidad de liderazgo cuando se lo propone, incluyendo para evitar que los niños pequeños de su barrio se peleen por el voto que dan sus padres en las urnas. Es Spirou como nunca lo hemos visto, aunque en ningún momento ha perdido su esencia, simplemente, es más humano que nunca. 



Poco tardará durante sus esfuerzos de supervivencia en encontrarse con su futuro hermano, si no de sangre, de espíritu, Fantasio. Aquí, tornado en un periodista sensacionalista, ingenioso y con escasos escrúpulos, rondando como sabueso la búsqueda de informantes para sacar trapos sucios de la jet set. Su contraste con el protagonista es más acentuado que nunca, pero, tal vez como pocas veces, muchos se van a colocar del lado del chico de la ardilla, a quien Émile Bravo coloca en la palestra con sus mejores galas para contar una hermosa historia de amor.


Como en La vida privada de Sherlock Holmes, tenemos la sensación de que nos han subido un poco la persiana de un amigo discreto pero del que siempre nos hubiera gustado saber algo más. El romance que inicia Spirou con una idealista joven que también trabajaba en su hotel está repleta de momentos memorables, incluyendo la primera cita (qué importante es la primera cita cuando es la primera de las primeras citas).



La trama de fondo pre-bélica y de espionaje se va difuminando bastante, como si Bravo la hubiera empleado como un McGuffin, un pretexto para adentrarse en lo que verdaderamente le interesa, por una vez, poniendo la aventura a los pies del héroe y no al revés. Eso explica que, prácticamente desde su publicación, siga siendo una de las historietas más celebradas de esta colección,



Spirou seguiría deambulando por una lluviosa Bruselas con su viejo uniforme de recuerdos, con esa misteriosa condición de huérfano desconocido, sin embargo, el regalo que le hace Bravo le curará muchas tardes de soledad. La memoria de aquel beso en un pasillo de hotel y haber conseguido conocer a su mejor amigo. Y eso, no tiene precio. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://siguealconejoblanco.es/comics/comic-europeo/la-loi-du-plus-fort-emile-bravo/



http://ellibrodeldestino.blogspot.com.es/2015/07/emile-bravo-y-spirou-diario-de-un.html



https://www.google.es/search?q=spirou+diario+de+un+ingenuo&espv=2&biw=1242&bih=566&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0CAYQ_AUoAWoVChMI377AsvSgxwIVAT8UCh0zBAJ_#imgdii=9pdKxzRRlWscaM%3A%3B9pdKxzRRlWscaM%3A%3BT3SVvQ3YSfKf4M%3A&imgrc=9pdKxzRRlWscaM%3A

domingo, 9 de agosto de 2015

ORSON Y WELLES: ENTREVISTAS CON EL ENFANT TERRIBLE


Fue un niño prodigio y un mal estudiante. Lector asiduo de Shakespeare y ocioso viajero que malgastaba dinero y aventuras, rehuyendo cualquier responsabilidad. En verdad, la vida de Orson Welles es casi más apasionante que sus películas. Desde sus comienzos en la radio, su sello fue un sinónimo de calidad y polémica. Subestimado como actor por su labor de director, vivió toda su trayectoria profesional con el arma de doble filo de haber firmado su obra maestra con 26 años: Ciudadano Kane, película mítica sobre la que le aburría hablar. Los aniversarios y efemérides han traído a las estanterías del mundo varias monografías, artículos, estudios sobre su obra y hasta chismes sobre la reconocible figura del mito del Mercury. 



Particularmente, hoy hablaremos de dos de ellos. Ambos son libros de entrevistas al personaje. El primero es obra de Henry Jaglom, bajo el título Mis almuerzos con Orson Welles. El segundo, de Peter Bogdanovich, bautizado como Ciudadano Welles. A lo largo de esas grabaciones, el artista va dejando pinceladas de sus opiniones, fobias, amigos, enemigos, recuerdos, temores, resquemores y ambiciones. Esta pareja de ejemplares coinciden en mostrar a un Welles crepuscular, incapaz de conseguir financiación para rematar sus proyectos, dudoso de poder volver a hacer cine o encariñarse realmente con una idea. 



Entrevistas absorbentes y políticamente incorrectas. Desde que era un enfant terrible que desafiaba a la figura de R. Hearst y su imperio mediático, la capacidad de Welles no fue precisamente hacer amigos. En esas páginas, desinhibido y de vuelta de todo, será capaz de pasar un bisturí poco amable por muchos personajes de su pasado. Nadie está a salvo del punto de mirar de un francotirador implacable, incluyéndose en la nómina de aludidos a mitos geniales como Chaplin, con quien tuvo una relación amigable que se truncó definitivamente por acusaciones sobre la autoría de una idea y el reconocimiento de un guión. 



Sendos entrevistadores saben sacar jugo de eso, aunque con tácticas distintas. En el caso de Bogdanovich hay una tendencia a irse a aspectos técnicos y cinematográficos, inclusive los chismes parecen circunscribirse a lo acontecido durante los rodajes. Con Jaglom, nos adentramos en una comida informal entre amigos, donde se dicen barbaridades y juicios de valor que meditaríamos mucho hacer ante un micrófono. Hay interrupciones de camareros, de colegas de profesión y de admiradores entre bambalinas. Realmente, Welles sabía levantar ampollas cuando quería... a veces, hasta sin pretenderlo, como durante La guerra de los mundos



Eso nos lleva a hacer descubrimientos muy curiosos. A destacar la correspondencia mantenida por Welles con el presidente Roosevelt, donde el mandatario estadounidense admitía al creador de Campanadas a medianoche que se arrepentía profundamente de no haber intervenido en España durante la Guerra Civil. Los almuerzos permiten ver al Welles más implicado en la política y sociedad de su tiempo, siempre sagaz y osado en sus visiones, también al ser humano vulnerable y con sus prejuicios, colérico, cuando no deliberadamente grosero, rozando en lo desagradable. 



Asimismo, aunque pudiera parecer paradójico, se concatenan los pasajes de sensibilidad, por ejemplo, en la visión de Orson del universo de Shakespeare, quizá su mayor influencia en toda su vida, por encima de su admirado John Ford. La lectura de Welles de personajes como Falstaff es única en su especie, la propia de quien revisita los clásicos a su manera y abandona mármoles academicistas para colocar a las obras en su suelo original. Realmente, es una delicia ver sus opiniones sobre unas piezas teatrales que conoce y domina a la perfección. 


A nivel de vida sentimental, nunca pudo decirse que tuviera mal gusto: de Rita Hayworth a Oja Kodar, siempre pareció rodearse de mujeres hermosas, inteligentes y con talento. No pocas de esos romances se vieron truncados, algo de eso deja de traslucir, mostrando más sinceridad de la que se presupone a una estrella de Hollywood (aunque Welles siempre fue más bien un outsider de aquellos años, una especie de maestro de ceremonias foráneo a quien se permitía tomar de una farándula que necesitaba y despreciaba a partes iguales).



Hay momentos de generosidad y honestidad, como su manera de quitarse laureles por la magnífica El tercer hombre, dirigida por Carol Reed en base a una novela de Graham Greene, donde el carismático antihéroe Harry Lime es encarnado por un Welles magistral, pese a su poquísimo tiempo en pantalla, pero su sombra sobrevuela todo el relato. En esos compases desarrolla aspectos tan interesantes como su amistad con Joseph Cotten, actor de su compañía durante mucho tiempo y amigo, alguien de quien explotó su química en pantalla para tratar uno de los temas que más obsesionó a este gran creador: la amistad traicionada y desilusionada.



A Welles no le hubiera gustado la publicación de estos libros. Él mismo abominaba de conocer demasiadas cosas de sus ídolos, temiendo descubrirlos humanos, lejos del librero o la sala de rodaje. Sin embargo, para el resto de nosotros es una oportunidad única de indagar en una de las influencias más notables del séptimo arte en el pasado siglo. Lo dijo un tal Martin Scorsese, quien de esto algo sabe, probablemente, Welles sea uno de los autores que más vocaciones han despertado a generaciones de actores y cineastas. 



FOTOGRAFÍA EXTRAÍDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.anagrama-ed.es/titulo/CR_108



http://capitanswing.com/libros/ciudadano-welles/



http://www.wellesnet.com/orson-welles-family-album/

domingo, 2 de agosto de 2015

INSIDE OUT: ¿UNA PELI DE ADULTOS DISFRAZADA?


La marca Pixar siempre me ha recordado al sello de las series made in HBO. Observarlo parece una garantía de calidad y cierta dosis de autosuficiencia. Son como ese jugador que es muy bueno y lo sabe, incurriendo, en ocasiones, en florituras innecesarias. Casi desde que empezó su campaña publicitaria para Inside Out ("Del Revés"), podía albergarse la duda de si se estaba ante una peli para niños que podía gustarle a los adultos, un film adulto con estética infantil o un traje del emperador para disimular que el soberano va, en realidad, desnudo.



Sin embargo, poco necesita en este caso Del Revés para mostrarse como una película única en su especie, una auténtica maravilla que explora ese mundo tan variado que son las emociones. Durante el proceso creativo, Peter Docter y Michael Arndt tenían un amplio abanico de personajes, aunque, finalmente, comprendieron que era mejor reducirlo a cinco integrantes que mostraría una versión simplificada y pragmática de la psique de una niña, Riley. Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco (traducción bastante mejorable, por cierto, para el caso de la versión castellana). 



La mudanza de los padres de Riley de su hogar para empezar una nueva vida en San Francisco le exigirá un fuerte equilibrio psicológico... justo en el peor momento posible, ya que han empezado a surgir tensiones entre algunos de los integrantes de su cabecita. Bajo el liderazgo de Alegría, una especie de Campanilla entre neuronas, todo parece ir sobre ruedas, aunque mantener el firme de la balanza exigirá algo más que poner una sonrisa a cada revés que se presente.



El primer fantasma que sobrevuela el film, más allá de su brillante punto de partida, es haber dado un aspecto adorable a Alegría y unos rasgos físicos muy tópicos a Tristeza. Las gafas anticuadas, ropa simple... Uno se teme lo peor, sin embargo, el segundo personaje logrará ir cobrando una paulatina fuerza, mostrando las muchas aristas de esta emoción. Y es que su puesta en valor es absolutamente vital para evitar que Alegría coja toda la la batuta y terminé cansando a propios y extraños con un eterno y utópico hakuna matata.



Un viaje a las entrañas del pensamiento que se permite en algún apartado, superando los arco-iris y caramelos, introducir conceptos complejos y que mantendrán atento al espectador más veterano. Y la cuestión habría podido ser todavía más fuerte de haberse introducido una de las ideas originales de los creadores, emplear una especie de emoción "boicoteadora" dentro de la mente de Riley, la villana o el villano en casa. Eso hubiera llevado el film por senderos bastante más tenebrosos de lo que se podría intuir a simple vista.



Por momentos, recuerda mucho a otra gran película de firma Pixar-Disney, Toy Story 3, generando una extraña alquimia que hace no olvidar el público al que va dirigido en principio, aunque su guión le permite aspirar a abarcar espectros de cualquier edad. Lo mismo podía decirse de Up, hay una línea que están desarrollando los equipos creativos de esta compañía. Y, en verdad, están reinventando y para bien todo un género. Particularmente, este triunvirato de películas son de lo mejor de la cosechas de las carteleras estos últimos años.



Probablemente, apenas hemos asistido a la primera parte de lo que podría ser una nada descabellada trilogía (a fin de cuentas, la adolescencia se torna un bocado muy apetecible para esta idea tan atractiva que han desarrollado). Eso sí, pese a todo lo antedicho, subrayar el sentido del humor constante que impregna todo el film, más allá de su enjundia, y es que una cosa no está reñida con la otra, como bien sirve de muestra Inside Out.



Más allá de la polémica relativa al brócoli en tierra niponas, poca oposición ha generado este alegato acerca de la siempre imposible armonía cuando se trata de lidiar con las emociones, especialmente en situaciones que nos alejan de nuestra zona de cómfort. Verdaderamente, París bien vale una misa y, los enemigos de la animación deberán dar una oportunidad a tan interesante experimento.



Pete Docter y Ronaldo del Carmen ha dirigido una de las mejores películas de 2015.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.zonanegativa.com/zncine-critica-de-inside-out-de-pete-docter-y-ronnie-del-carmen/



http://makingofezine.com/2015/07/23/inside/



http://cinebasura.blogspot.com.es/2015/06/inside-out.html


domingo, 26 de julio de 2015

SOBRE LO EXCEPCIONAL Y LO COTIDIANO



Minnesota. Nieve, frío, una buena taza de café, la cancha de los Wolves y... Fargo. Para las personas que no somos de los Estados Unidos, esos conceptos podrían ser un torpe boceto del interesante lugar donde transcurren los hechos de Fargo (1996), una de las mejores películas firmadas por los hermanos Coen. Un dueto que es sinónimo de asociación fecunda para el séptimo arte en las últimas décadas. La noticia de que se iba a firmar una serie con el beneplácito de la pareja y con esa atmósfera de falsos hechos reales solamente podía generar expectación entre el público. 



Cualquiera que haya visto el episodio piloto sabrá a lo que me refiero. En primer lugar, el show reúne a dos tremendos actores, Martin Freeman y Billy Bob Thornton. El primer encarna a Lester, un vendedor de seguros acomplejado pero amable, un tipo que suele vivir a la sombra de los demás, eclipsado por el éxito de su hermano menor. El segundo ejerce el rol de Malvo, un misterioso individuo que un día coincide con Lester en el hospital. Lesionado por un antiguo matón de su colegio que se pavonea de su fuerza, usando al vendedor como víctima frente a sus hijos, los dos desconocidos entablan una conversación que se va tornando en un pacto. Un acuerdo con el mismísimo diablo, por cierto. 



Es el vibrante arranque que propone el guión de Noah Hawley, muy fiel a la atmósfera y a la esencia de la película que lleva el mismo título que su serie. La insólita y casi involuntaria alianza provocará un terremoto que salpicará a toda la comunidad. Cada ingrediente está en el cóctel: humor negro, diálogos ingeniosos, giros inesperados y una investigación policial a la altura. Allison Tolman encabeza esta facción con su creíble y adorable agente Molly, recogiendo el testigo de la competente y campechana agente que firmó Francis McDormand años atrás.

El elenco de secundarios es nutrido y tan interesante como los protagonistas. A destacar, entre otros, la figura de Stavros Milos (encarnado por Oliver Platt), hijo de inmigrantes griegos y dueño de una próspera red de supermercados, quien va a sufrir un chantaje de bíblicas proporciones. También podríamos mencionar en este apartado a Keith Carradine y su agradable cafetería, un lugar donde apetecería hacer un alto en el camino tras echar gasolina. O, una de las joyas de la Corona, los dos matones judíos que perseguirán durante un tiempo a Lester.



En definitiva, un casting escogido con mucho gusto, teniendo muy buenos profesionales para cualquier papel, por pequeño que pueda ser. Así, encontramos a Kate Walsh (espléndida en todos los sentidos) o la promesa de que la segunda temporada tendrá nombres como Ted Danson, Kirsten Dunst o Jean Smart. Una inversión muy potente que se ha cimentado en la buena dirección (Adam Bernstein, C. Bucksey, etc.) y la adecuada música de Jeff Russo.



Sin embargo, todo en esta vida es mejorable y, aunque pueda ser cosa subjetiva de uno, la primera temporada de Fargo va teniendo un arco muy interesante que se desinfla un poco; a lo mejor no en interés o calidad de actuación pero sí en verosimilitud, produciéndose una serie de casualidades y evolución de los personajes que casi van pidiendo, por favor, el movimiento más rocambolesco que se pudiera dar.



Y eso me ha restado, curiosamente, interés al final. Tal vez, porque esperaba menos apuestas arriesgadas en Las Vegas y más escenas en esas pequeñas tiendas de comestibles, miradas indiscretas a la ventana de los vecinos y jefes campechanos (impresionante Bob Odenkirk, un regalo para la caja tonta) pero que no valoran lo suficiente la sagacidad de sus agentes. Muy salvable es la historia de amor de Molly con Gus (Colin Hanks), pero los derroteros de Lester y Malvo van tomando la hipérbole a pasos agigantados. 



Eso es una pena porque convierte dos ejercicios de actuación muy notables en personajes muy inhumanos, casi salvajes, con los que es imposible empatizar; algo que sí ocurre, sin duda, en sus primeros episodios. Es la puntada sin hilo que le echó en falta a esta Fargo, por más que espere impaciente esa próxima temporada. 



Con todo, parece haberme confirmado el experimento en la teoría de que atrae mucho más lo excepcional que se cuela en lo cotidiano a vender que lo excepcional es la moneda corriente. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://blogs.diariodenavarra.es/fuera-de-serie/por-que-no-estas-viendo-fargo/



http://www.rantlifestyle.com/2015/01/11/15-things-you-didnt-know-about-fxs-fargo/



http://www.oscarcine.com/index.php/foro/16-series-de-tv/46387-fargo

domingo, 19 de julio de 2015

ELOGIO DE LA LOCURA: EL DISCO QUE NUNCA FUE, PERO DEBIÓ HABER SIDO


Sigue siendo un disco que me gustaría haber podido llevarme a cualquier viaje de verano. Imagino la caja con el pájaro loco macarra, sumado a su puro el toque bohemio, bombín y bastón incluido; una sonrisa de complicidad se forma en mis labios. Soy consciente de que nunca podré comprar ese CD doble, pero, qué hermoso hubiera sido. Loquillo y Sabina. Joaquín y José María. Dos autores que nunca dejan indiferentes, que han tenido, curiosamente, dimes y diretes, vidas paralelas con alguna noche de cervezas y hotel compartidas, admiración en la distancia y refriegas por asuntos tan banales como la política, cuando lo que les une es más profundo: el arte y las ganas de decir lo que les parezca. 



Nobleza obliga, quizás, por aquello de las canas, habría que dejarle la letra de la primera canción a Sabina. El cuervo ingenuo que entró en aquella cueva de talento llamada la Mandrágora, coincidiendo con un tal Javier Krahe, loado sea el recuerdo, no dejaba de ser un muchacho de Úbeda que, maleta en mano, pensaba que allí no le iban a aceptar aquellos poetas tan listos. No deja de tener su lógica que, pongamos que hablo de Madrid, uno de los que mejor ha hablado de la capital haya sido ese recién llegado del sur. Por cierto que jamás se le ha perdonado del todo por estos lares aquel cambio en la última estrofa. No por convertirnos en Blas Infantes de la vida, pero el "Aquí he vivido, aquí quiero quedarme" no tiene ni punto de comparación con la emotividad de "Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur donde nací". En cualquier caso, doctores tiene la iglesia y cristales de Bohemia para pisar. 



Seguro que sería una lírica muy bonita, a fin de cuenta, incluso entre sus detractores, que son ciento y volando, se sabe que, si bien muchas veces son ripios, pocos brillan en ese truco como el flaco de vida disoluta que puede aglutinar masas en la Bombonera como si fuera Maradona. Mas sería necesario, para eso estaría hay atento Loquillo, no apoltronarse y dar un toque a lo Kristofferson; a fin de cuentas, Joaquinito ha abrazado con ganas el mundo de los poetas y parece haberse olvidado de cuando fueron los mejores, las noches de bares e inspiración, deliciosas formas de perder el tiempo. Un guiño de complicidad y rock and roll animal que el antiguo compañero de basket de Súper Epi traería a la palestra justo cuando más le necesitamos. A fin de cuentas, el Loco cuerdo era el hijo de un estibador que había luchado por la libertad y brazos tatuados que cumplía la estampa, como el duque diría, aquello de feo, fuerte y formal, gentes de otro código moral y que te gustaría tener a tu derecha en una pelea. 



No habría sido un proceso creativo simple. Sabina puede discutir a voz en grito por la colocación de una coma, mientras que el sentido de la estética del Loco tampoco le permite transigir con lo que no le gusta. Pero dudo que hubieran acabado siendo enemigos íntimos. Habría sido un gran álbum, el propio de dos culos inquietos, que se cansan rápido de una cosa y pasan a la siguiente. El rock fue entrando en Joaquín con estilo heterodoxo y voz ronca, mientras que el hijo de nadie se re-formuló de sus primeros años para embarcarse en proyectos como pasar a canciones los versos de Luis Alberto de Cuenca. Sin embargo, ¿hubiera podido llevarse la empresa a buen puerto o existiría la sombra de la deserción? 



Y es que encontronazos han tenido, el propio de dos personas que tienen perspectivas diferentes en política, sociedad y hasta estilo de vida. Pese a ello, nada que no pudiera resolver una cena, en no pocas oportunidades, disentir es un auténtico placer cuando se hace con criterio. Quizás porque, aunque nos sobren los motivos, esta pareja tiene la marca de los supervivientes de una edad dorada, gente que vivió la movida que engulló a tantos, a la Barcelona que es y que fue, además de no pocas rayas y jeringuillas en el lavabo... 



Fueron los años de formación y eclosión, de talentos que iban a comerse el mundo y acabaron antes de tiempo. Ni se conocía ni se hablaba de sobredosis y enfermedades de transmisión sexual, todo era una auténtica bacanal y nuestro amigo Satán protegía en su regazo de ese club de gente formal que componía el cielo de lo políticamente correcto. El Loco, como el buen vino, ha sabido envejecer en ese proceso y abandonó el camión, aunque espera que algunos jovenzuelos recojan el testigo, porque le gustaría seguir escuchándola en labios que no sean los suyos. 

 


Más de un purista se habría rasgado las vestiduras. Pero, para solaz de la discográfica que se hiciera con los derechos de distribución, habría vendido muy bien. Porque no dejaría de ser la fusión de la Madrid que sueñan las que lo visitan y la Ciudad Condal sacada de sus años más juveniles, cuando todo era nuevo, una alquimia precisa, el abrazo de dos mundos que se necesitan más de lo que parece. Sabino Méndez y Pancho Varona también hubieran tenido voz y voto, lo sospecho. Viejos camaradas encajaría allí como una oda a los de antes, a los colegas que se fueron o cambiamos, pero que nos dejaron impronta. Se incluirían allí algunos de los mejores atracadores barceloneses, Marías Magdalenas y bomberos toreros, gente de por qué discutir, cuando se puede pelear. 



Los temas comunes permitirían que fuera difícil qué parte es de cada uno en determinadas canciones. Hola, mi amor, yo soy tu lobo habría sido una parodia de aquellos años en eso que se llama servicio militar y que tan bien reflejó Vargas Llosa en La ciudad y los perros. Una empresa patria que alejó a Loquillo de las sabias órdenes de Aíto García Reneses en la cancha y lo acercó más a la música, mientras que Joaquín permanecía oculto en la litera para que sus queridos compañeros no supieran que era él ese poeta del que hablaban en la correspondencia. A los Jaguares no les gustan los escritores, aunque, como diría el Loco, fusión de Tony Montana y Carlito Brigante, a final, siempre te queda la palabra dada y ciertos atributos de la fisonomía. 



Lo único que no se me ocurre es e tema de cierre. Tendría que ser escrito a cuatro manos, porque no me imagino a ninguno de los dos cediendo la última bola, igual que Larry Bird, esa le corresponde a uno. Si bien a Sabina eso del deporte siempre le ha parecido asunto poco caballeroso, pero buen gusto nunca le ha faltado, puesto que, obligándose a elegir, abrazó la causa de uno de los equipos con más solera y mística del césped, ese Atleti al que dedicó un himno imborrable. Una forma atípica de ver las cosas. Algo de eso sabría Loquillo, ese culé que vive en la Guipúzcoa más rural, una rock and roll star fusionada con el último de la fila, ese que, para hacer poesía, solamente tenía que mover los labios... 



Dios, qué pedazo de disco hubiera sido. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://culturaparatodos.es/discografias/13598-joaquin-sabina-discografia.html



http://www.joaquinsabina.net/2009/11/03/joaquin-sabina-desnuda-vinagre-y-rosas/



http://www.coveralia.com/caratulas/Joaquin-Sabina-19-Dias-y-500-Noches-Interior-Frontal.php



http://www.primacia.org/index.php/repormusic/3718-loquillo-nuevo-disco-el-creyente


ENLACE DE INTERÉS:




http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lanavedeloslocos/2014/11/28/mis-noches-con-sabina.html