viernes, 18 de abril de 2014

UN MAGO MUY REAL


Escribir bien es muy difícil. Simplemente, redactar con corrección, ceñirse y aplicar de forma adecuada  las normas que exige la hoja en blanco es una tarea muy considerable. Imaginen tener que pasar la siguiente frontera. Es decir, lograr crear, diseñar nuevos mundos y generar nuevas reglas en el esquivo campo de la literatura. Son muy escasas las personas elegidas para lograr pasar esa prueba de fuego. Menos aún, para hacerlo con nota. Gabriel García Márquez es uno de ellos. 



La reciente desaparición del fundador de Macondo es un jarro de agua fría para todos los amantes del boom de América Latina, uno de esos fenómenos que ocurren sin que sepamos muy por qué. Una generación privilegiada de artistas que tuvo en el autor colombiano a uno de sus primeras espadas. En una cosecha espléndida, Gabo fue un gran reserva, un caso aparte y el creador de un género que se consideraba imposible. Antes existía el realismo y la fantasía. Las novelas d.G.M. (después de Gabriel García Márquez) tendrían "el realismo mágico". 




Un giro de tuerca que halló su máximo exponente en Cien años de soledad, una obra que pertenece a ese club privado de "libros de libros" (como El Quijote, El perfume o La Ilíada, entre otros, esas creaciones que siguen teniendo tantas perspectivas como lectores las abordan). Siempre intentada de emular (incluso por su propio autor), nunca superada, las desventuras de los Aurelianos Buendías, quienes, hoy y siempre, permanecen irreductibles ante el invasor paso del tiempo. 



"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". Pocas veces un primer párrafo ha atraído tanto la atención de público y crítica. En esta ocasión, el anzuelo fueron promesas y expectativas que se confirmaron en cientos de páginas imaginativas, terrenales, con casas de espíritus y plantaciones bananeras, manuscritos prohibidos y deicidios. "Gabito, solamente nos faltaría que la novela no sea buena", le dijo su esposa y compañera infatigable cuando se endeudaron para mandar un manuscrito que iba a dar mucho que hablar. 



No fue el único. El amor en tiempos del cólera (que se lo digan a Ted Mosby), El coronel no tiene quien le escriba o Crónica de una muerte anunciada son algunas de las piezas que siempre irán asociadas al muchacho costeño criado con sus abuelos y fruto de una relación amorosa digna de una novela del siglo XIX. Precisamente su abuelo, fallecido cuando él era muy pequeño, le contaba historias de las guerras de un país extraño y maravilloso, de un continente tan irreal como humano. El escritor le dedicó uno de los elogios más bonitos que se pueden brindar a un familiar cuando se nos va: "Desde entonces no me ha pasado nada interesante". Muchos amantes de las letras tememos que vamos a tardar en que alguien vuelva a interesarnos tanto como el maestro de ceremonias de los funerales de la Mamá Grande. 




Aunque su fama es mundial, España puede presumir de tener una conexión muy fuerte con uno de los grandes genios que dejó el siglo XX en las letras. Barcelona vivió lo que Plinio Apuleyo Mendoza (quien dedicó una preciosa biografía a la amistad que mantuvo con nuestro homenajeado) definió como el mejor metal forjado en la más eficaz de las forjas. La Ciudad Condal tuvo el privilegio de vivir la amistad del virrey de la narrativa peruana, Mario Vargas Llosa y el colombiano. Genios que se agudizaban mutuamente, su trágica ruptura encierra muchos misterios que ninguno de ellos quiso nunca revelar. Para el recuerdo quedarán sus diálogos endemoniados (la inteligencia atrae, el daimon que además es rápida y graciosa, seduce de una forma inimaginable) y esa novela a medias que jamás veremos. 



"He dejado de escribir". Una afirmación que nos hizo temer lo peor hace unos años. Maradona deberá seguir dando toques a una pelota en villa Fiorito, los Rolling Stones desaparecer en las brumas demoníacas de un escenarios... ¿Gabo sin escribir? Imposible. Impensable. El hacedor de una de las más emocionantes crónicas heroicas y sin panegíricos (Relato de un naufrago, un trabajo periodístico maravilloso y que narra una historia maravillosa) no podía dejarnos huérfanos de la agradable novedad que era ver al genio que siguió a la poeta chilena Gabriela Mistral en el panteón latino de los premios Nobel de literatura sacar algo nuevo. 



París también lo echará de menos. Años locos y de bebés colombianos que tenían cunas improvisadas en cajas diseñadas para albergar manzanas. Hoteles que no entendían de crisis y permitían a sus huéspedes retrasos en el abono de los emolumentos. Matrimonios con esfinges y cocodrilos sagrados, cafés y pensiones conviviendo con casas de mala nota (el sueño de todo escritor)... Una vida entre un millón. Allí donde Gabo se encontró con Hemingway, una calle parisina de emigrantes: "Maeeeeeestro...", le gritó. El norteamericano, al girarse en una calle atestada y ver a aquel simpático admirador de bigotes notorios, le dedicó una gentil sonrisa: "Adiós, amigo". Poco tiempo después, el segundo se suicidaría en México. 



La misma tierra que le ha visto despedirse a él con 87 años. No ha sido una vida corta, ni mucho menos. Mejor aún, ha sido larga y repleta de aventuras, como hubiera querido Cavafis. La reciente muerte de Adolfo Suárez, salpicada de problemas de salud, me llevaba a pensar que los homenajes deben hacer en vida. Gabito tuvo todos los que merecía y eso es decir mucho. Más allá de la ideología y cualquier otra cosa que pudiera distanciar, el denominador común del talento siempre prevalecía. Dio el mejor ejemplo con su relación con Apuleyo Mendoza y sus antagónicas posiciones respecto a Cuba, posicionamientos que jamás hicieron peligrar su sincera amistad. 



Sus lectores/as no podemos estar tristes. Era un genio y un mago. Y, todos lo sabemos, cuando desaparecen del escenario, es simplemente un truco... en realidad, no se han ido. Lo dijo Álvaro Vargas Llosa: "¿El mejor homenaje que podemos hacer a García Márquez? Sin duda, releerlo".  

domingo, 6 de abril de 2014

HOW IT ENDS...


Hay ocasiones en las que merece la pena. Uno iba encantado al instituto después de robarle horas al sueño con Pippen, Kobe, Sheed y cía, siempre bajo la batuta de la narración de Andrés Montes y Daimiel, una de esas eternas parejas del Canal Plus más primigenio. Otras veces eran los clásicos bajo humos que ponía Garci en pleno lunes de madrugada (¿a quién se se lo ocurrió semejante horario?), demostrándose que Lawrence de Arabia nunca perderá su magia, pero que con anuncios debería subtitularse La historia interminable.



Hacía tiempo que no me veía en una de estas, pero con una tormenta lisboeta de justicia cayendo sobre la ventana de la residencia, parece una buena idea agradecer nueve temporadas de entretenimiento a How i met your mother. Los enlaces se van cayendo, aunque más o menos se puede mantener el hilo, mientras suena el teléfono de la recepción (no es broma) diciéndome que acaba de llegar mi pizza y baje a abonarla. Simple confusión, el vecino de en frente está empollando y se le ha abierto el apetito (¿tendrá la intención de convidar a un trozo por el malentendido?). Eso sí, de madrugada, normalmente el toque me hubiera pillado en brazos de Morfeo y pensando que eran malas noticias ("nada bueno ocurre después de las dos de la mañana", ¿recuerdan?). Otra cosa que agradecer a una serie irregular (nueve temporadas quizás hayan sido demasiadas, especialmente por algunos capítulos de relleno por esa manía de las productoras de exprimir las gallina de los huevos de oro), mas con innegable ángel. 



Ha llovido bastante sobre el paraguas amarillo desde que comenzó el relato de Ted Mosby en 2005. Resulta curioso que en una época de transatlánticos épicos (Juego de Tronos, Boardwalk Empire, etc.) hayan emergido con mucha popularidad dos series que han sido los paradigmas de la comedia situación más clásica: Modern Family y la homenajeada de hoy. La primera tiene el mérito de haber actualizado conceptos y la segunda, de darle un pequeño y afortunado giro a muchas de las premisas que ya habían destacado en Friends. 



Un viaje de referencias y cultura pop. Las redes sociales ardían conforme avanzaban 40 esperados minutos de la CBS, el desenlace de una historia contada a su ritmo. Nunca la premisa chico conoce a chica ha tenido semejante nivel de detalle. Con esos 20 benditos minutos de toda comedia-situación que se precie, quedan muchos trajes de Barney Stinson atrás, no pocos guiños cinematográficos (desde Annie Hall a Star Wars), paraguas amarillos muy difíciles de llenar, telediarios de madrugada, jueces y profesoras... Marshall, Lily, Ted, Robin y Barney serán un quinteto fácil de recordar para las personas aficionadas a este género (los mismos que aún esbozan una sonrisa al escuchar Phoebe, Joey, Chandler, Monica, Rachel y Ross). 




Quizás hubiera que añadir en el anterior párrafo a Cristin Milioti, el fichaje de última hora para evitar que La Madre se convirtiera en una especie de vudú invisible como la mujer de Norm en Cheers o la inefable Marise de Frasier. Carter Bays y Craig Thomas no tienen un pelo de tontos y sabían que no era necesaria una modelo escultural o una actriz hiper-famosas, sino alguien que pareciera venir de ninguna parte y de la que te gustaría saber mucho más. La novena temporada quedará lejos (bajo mi modesta opinión, doctores tiene la iglesia) de la calidad de los mejores momentos de HIMYM, si bien el episodio 200 (How your mother met me) tiene visos para entrar en el panteón de los incondicionales del show. Y eso, en buena medida, se deberá a la joven actriz, un soplo de aire fresco que ha traído algunas de las escenas de este epílogo que más han resucitado la esencia por la que muchos se rindieron a esta ecléctica, alocada y personal comedia-situación. 



Particularmente, sería de justicia rescatar un exquisito gusto musical para cerrar algunos de los finales que han tenido un toque simpsoniano para sacar la sonrisa, tocar un poco la fibra y no ser excesivamente ñoño (con todo el respeto al personaje de El Chavo del Ocho). Simple Song (The Shins), The Funeral (Band of Horses), Shake it out (Florence and The Machine), La Vie en Rose y otras canciones han sido temas-testigo de las aventuras y desventuras de este divertido grupo de amigos. 



Cuando el cinismo (realismo + tiempo) amenaza con invadirlo todo, un buen capítulo de una serie de estas características es una pildorita azul que siempre agrada al paladar. Curiosamente, la hora final del show parece haber sido una extraña mezcla de todas las virtudes y defectos del programa en uno. Thomas se despedía con elegancia en Twitter, agradeciendo los nueve años de aventuras a todos los aficionados, dándole igual algún comentario subido de tono de algunos fans a los que disgustó el final. Perros viejos de olfato fino, siempre sabiendo donde hacer la diana.  



Tantos años de danzas de la lluvia, relicarios enterrados, libros de jugadas, regla de las tres llamadas, ex a cuestas, equivocaciones en el aula, maratones de Jungla de Cristal, taxis de madrugada o latrocinios de cuernos (con perdón) galos, entre otras muchas imágenes y referencias dentro de referencias; quizás para descubrir, justo a tiempo, que es mucho mejor encontrar a alguien que ni siquiera te deje acabar la pregunta cuando llegue el momento, porque la respuesta es sí. Sin artificios ni recovecos, a veces, el camino más simple es el correcto... aunque la espera pueda tener muchos vaivenes, incluso para el más paciente Job.



Y en esa mirada HIMYM ha destacado por una mirada muy poco rencorosa. Probablemente, si hubiera que señalar la mejor virtud de este proyecto ha sido la capacidad de hacer rememorar cosas que a cada cual (o a cada cuala) le han pasado en algún momento de su vida y poder hacerlo con un distanciamiento cervantino que no deja de ser muy sano. Mientras sucede esa espera, hay que ir a cuantos MacLaren´s se tercien, agarrar cada oportunidad laboral que surja (aunque sea del inefable Bryan Cranston, el mejor jefe de arquitectos de la historia televisiva) y, sin dejar de tener memoria de las cosas legendarias que pasaron, tratar que sean muchas más las que están por venir.



A mí tampoco me complació mucho el final (mejor dicho, 30 segundos finales), pero cuando a uno le han invitado a un sabroso almuerzo, es elegante obviar si los anfitriones no han estado finos a la hora de servir los postres.




Me hubiera sorprendido en 2005 si me hubieran dicho que al fin tendríamos, una década después, rostro para La Madre. También, que lo vería en otra ciudad y viviendo una experiencia así, pero eso, simplemente, hace que sea legend...one moment, wait for it...ya saben como sigue.


SPOILER ALERT:


FINAL ALTERNATIVO (navaja de ockham, pero siempre nos quedará Farthampton)

domingo, 30 de marzo de 2014

UN CORTE DE PELO EN EL LARGO DO CHIADO


Dicen que el legendario Fernando Pessoa no dejaba pasar un día sin que un barbero de su confianza contuviera los más rebeldes rincones de su reconocible bigote recortado. Hoy en día, en su casa-museo, las navajas y hojas de afeitar han sido donadas para recordar una faceta más terrenal de un poeta que alcanzó la inmortalidad tras una vida anónima (no por ello menos interesante, que no fuera popular, no excluye que su biografía sea un recorrido fascinante por una personalidad única). Y es que un buen bigote marca, aunque sea pintado como el de Groucho o disfrazado como el de Dalí, autor de la mítica frase: "Mientras todos se fijan en mi bigote, yo hago lo que me sale de los cojones".



Sería incapaz de intentar emular los brillante heterónimos del esquivo poeta lisboeta, pero creo que menos aún me veo tentado de imitar el hábito diario de pasar por la tijera. Cuestión de vagancia, puede ser, por más que una barbería siempre pueda ser lugar de conversaciones interesantes, contradiciendo la máxima de Filipo de Macedonia cuando le preguntaban cómo quería que le cortasen los cabellos: "En silencio" . De cualquier modo, los remolinos mandan y había que podar lo que empezaba a ser una rebeldía impenitente en la cabeza. 



Puede parecer curioso, pero con más de dos décadas a cuestas, con alguna excepción catalana en la niñez, es la primera vez de la que tengo memoria de pelarme fuera de Córdoba. Conocido es que un día le preguntaron a ese filósofo Nietzscheano llamado Conan El Bárbaro por qué llevaba una melena tan larga que podía ser una molestia en la batalla: "Solamente pongo mi cabeza al acero de otro hombre cuando es de mi confianza. Probablemente, no vuelva a cortármelo hasta que vuelva a Cimmeria". Le quedaban unos pocos kilómetros al acólito de Crom, así que vuestro modesto cronista iba a correr el riesgo.  


Puestos a aprovechar un acto rutinario para seguir disfrutando de una de las zonas más curiosas y merecedoras de pasear por la ciudad, fue una feliz coincidencia descubrir que existía una peluquería muy especial, merecedora de una frase conocida por sus clientes: "Um museu dentro da Barbearia". Efectivamente, la barbería Campos tiene una estética atávica y un aroma de tradición que gusta nada más observarla en su discreto rincón, rodeada de cafeterías que se suben bajo el resonar de los fados portugueses ambulantes. . 



A través de diferentes carteles que te convencen de haber entrado en ese viaje al pasado en maquinilla de afeitar, solamente hay que pagar el peregrinaje con una cola generosa. Hay muchas butacas y el sitio es de sobras conocido como para estar concurrido un sábado por la mañana. ¿Recomendaciones? No está de más dar constancia de la intención y salir a tomar un buen frappé y volver armado con la munición periodística correspondiente (a una bajada de calle y hay variedad de quioscos, estar en un casco histórico te garantiza prensa extranjera de España, Italia, Inglaterra, etc). 



El síndrome Sheldon Cooper que anida en todos nosotros (solamente las manías, la genialidad en la teoría de cuerdas no viene incluida en el símil) puede hacernos suspicaces con el cambio de le peluquería de siempre, donde te conocen y eres amigo a muerte de tu barbero (lo cual tiene un mérito enorme, siendo uno del Barça y otro del Madrid, en estos tiempos que corren), pero no puede haber quejas sibaritas ante el estupendo servicio del establecimiento... Efectivamente, la más antigua de Lisboa, pero la edad no ha hecho causar ningún estrago en su eficacia. Casi dan ganas de que te den un ticket como si hubiera estado, en efecto, en un museo.


Muy próxima a esta zona, presidida por una estatua de Pessoa, lleva casi de inmediato a una plaza con uno de los grandes ídolos del poeta, nada menos que Camôes, auténtico referente de las letras lusas. La zona tiene una agradable bajada hacia el mar, además de una nutrida tienda de cómics bajando por la Rua das Flores. Mucho cuidado a la hora de preguntar por esta dirección, hay que especificar calle, porque si no, el bienintencionado viandante lo manda a la célebre Praça das Flores. No obstante, cosas hay peores en la vida y la pequeña confusión vale para subir al Bairro Alto, acompañado siempre de hermosos miradores, variedad de restaurante y, cuando el tiempo acompaña, unos parques muy agradables. 



Volviendo a la plaza del autor de Os Lusíadas, donde son frecuentes concentraciones e inicios de algunas de las manifestaciones que son tan frecuentes en la ciudad. No está la capital ajena a la crisis, esa palabra que de tanto utilizarse habrá que mandar a una cura de reposo, reflejadas en muy diferentes cuestiones. Quien haya estado por estos lares, quizás se haya fijado en la proliferación de policías y guardias de seguridad en centros comerciales, súper-mercados y otras tiendas. Estos profesionales suelen ser policías nacionales que realizan estos servicios como horas extra. Los recortes al funcionariado les han afectado también y ha sido una de las motivaciones de algunas de las quejas por las bajadas salariales. 



Resulta un ejercicio interesante en taxis y cafeterías comparar notas con los amigos del otro lado de la raya; una de las sentencias donde todos nos ponemos de acuerdo es: "Mais o menos", a la hora de ver cuál de los dos países está menos mal en coyuntura económica. Con todo, este tipo de protestas están siendo modélicas, exceptuando un problema que hubo varias semanas atrás, el cual, esperemos, es la excepción que confirma la regla. No obstante, se respira, como en todos lados, que la gente está en una fase muy escéptica y deseosa de creer en algo... pero ojo, no confundir eso con en cualquier cosa, como más de algún oportunista querría, no tengamos un pelo de tontos. 


"I can guarantee the closest shave you´ll ever know"- Sweeney Todd. 
  

domingo, 16 de marzo de 2014

SIX FEET UNDER LISBON (IV ENTRADA LISBOETA)


Los objetos más inesperados pueden generar los más hermosos sonidos. Una versión hiperbólica de Salieri, en la excelente y metafórica Amadeus (1984), describía una de las piezas de Mozart como la apertura de una caja oxidada, reflejo de un ritmo inesperado y extrañamente atractivo. Con una vieja lata y un puñado de cucharas metálicas, un hombre recorre el vagón del metro portugués, mostrando una habilidad notable para generar un tono pegadizo y de eco rotundo. Bienvenidos al universo underground de Lisboa. 



Creyendo que iba a ser un inicio original para esta entrada, buscando alguna referencia del personaje, quien se maneja con una soltura pasmosa entre línea ferroviarias, pese a su invidencia, descubrí que el artista callejero era toda una celebridad que ya había llamado la atención de otros viajeros precedentes. Nada nuevo bajo el Sol, aunque cada visitante pone su ojo y oídos a lo que le interesa. Siempre he afirmado que la mejor versión que he escuchado de una canción maravillosa, No woman, no cry, se la oí a un improvisado guitarrista londinense a la salida de una parada céntrica. La calidad puede estar en los lugares más insospechados... incluso a dos metros bajo tierra. 



Durante más de medio siglo, el sistema de metro de la capital lusa ha permitido mantener conectadas las diferentes partes de su ciudad, mediante cuatro líneas. Se sigue echando en falta una conexión a Belém, islote aparte que mencionamos en entradas anteriores. No obstante, al margen de esa incomunicación, muchísimos de los puntos claves pueden recorrerse por este sistema. De un extremo a otro, con suerte en las conexiones, no debería tardarse más de media hora escasa. 



Hay zonas que reflejan una tremenda creatividad a la hora de bautizar los entramados: Campo Grande, Campo Penqueno y Entre Campos. Más allá de lo fácil que es confundirse, ya que no se indica nada en los rótulos que invite a pensar en campus universitario, esta línea presenta salidas espectaculares como la bella praça con un monumento a la Guerra Peninsular (1808-1812). Acto de generosidad de nuestros vecinos, quienes nos engloban, mientras que nosotros optamos por la vía independiente a la hora de definir esa Máster Class que España y Portugal brindaron al Duque de Wellington para aprender cómo cauterizar las muchas virtudes de los mariscales de Napoleón. Un pequeño y curioso libro, Las líneas de Torres Vedras, recuerda una de esas "clases" con Massena, reflejo de las crueldades de los demonios de Ares y que Bonaparte inmortalizó con su frase: "En toda Europa solamente hay dos generales capaces de cometer esta atrocidad. Wellington y yo. Por eso ha ganado"



Ecos de sables al margen, la seguridad de este metro es muy notable, funcionando de forma eficaz desde las seis y media de la mañana hasta las una de la madrugada (aunque el viajero debe tener en cuenta que algunas bocas cierran antes, mas ninguna antes previo a las nueve y media). Recomendable para quien vaya a estar más de una semana, la adquisición de la tarjeta de navegante, la cual funciona durante un mes, es renovable y aplicable a otros medios de transporte (impagable poder subir a los barrios altos en tranvía).  



Quizás el mayo perigo sea la sensación de lata de sardinas que invade a cualquiera en las horas puntas. No puede dejar uno de recordar la empática frase del marqués de Leguineche, quien cruzaba una berlanguiana puerta del Sol con su coche de caballos para protestar: "¿Por qué no irá esta gente en metro, que dicen que es comodísimo?". Esnobismos atávicos al margen, hay partes muy cuidadas, como la estación del Colegio Militar, decorada con bonitos azulejos, cuyas baldosas amarillas llevan a la tierra mágica de Oz del capitalismo: el gigantesco Colombo, también ya citado en el blog (apenas cuatro entradas, una ciudad gigantesca y ya nos repetimos). 




Con subidas por escaleras mecánicas como las de la parte alta del Xiado, tenemos una boca que lleva con relativa facilidad al Bairro Alto o espléndidos miradores, con simpáticas terrazas para tomar algo y observar lugares como el Castillo de San Jorge, a una vista de águila que, en un día soleado, hace mucha justicia al lugar. 



Hay muchas maneras de abordar una visita, pero no es descabellado afirmar que un buen mêtro, bien vale una misa...  

domingo, 2 de marzo de 2014

RUMO BELÉM (III ENTRADA LISBOETA)


Hay muchas maneras de ir, pero todos los caminos terminan llevando a esa pequeña isla dentro de la ciudad de Lisboa, como si no fuera mucho con ella el paso del tiempo y el día a día. Belém vive aparte, aunque, por supuesto, forma parte de la capital portuguesa. Se añora una línea de metro que la conecte directamente, mas quizás sea parte del encanto. Tal vez precisas paradas bajo tierra le darían cierta normalidad de la que pretende alejarse, ¿qué mejor que subir hacia arriba en uno de esos tranvías tan característicos de la cidade? 



Con resonancias neotestamentarias en su nombre, Belém es uno de los enclaves más encantadores del entramado urbano lisboeta. Su Torre se adivina de inmediato se llega, promesa de que se entra en una tierra de descubridores, donde se custodia el legado de un pasado digno de ser recordado. La sensación portuaria y una fortaleza marina que no sorprendería encontrar como diseñada para guarida de David Jones para una nueva secuela de la franquicia de Disney. El concurrido goteo de turistas es constante, independientemente del día de la semana, pero si se va en sábado o domingo, el tráfico aumenta hasta niveles muy considerables. 



La estatuas de la Biblioteca Nacional recordaban a algunos de los literatos más celebrados del país, dando una sensación de apacible lectura bajo una buena cafetería con su terraza para los días soleados, mientras que los monumentos a los descobridores rezuman el deseo de mirar más allá de la Puesta de Sol. Historias de viajes increíbles y distancias que en aquella época eran casi sobrehumanas, riquezas de las Indias, carabelas desafiando a los elementos... y también Leyendas Negras, recuerdos de los asientos negreros y las tropelías de la conquista. Una época donde la península en general y, los marineros lusos en particular, supusieron un giro de proporciones épicas a lo que se consideraban las rutas marítimas. 


Frente a frente, estas construcciones orgullosas se miran frente a frente con el Monasterio de los Jerónimos, otra de las visitas imprescindibles en el islote luso. Aquella extraña alianza tan omnipresente, que se lo pregunten al genovés?/castellano?/portugués?/catalán?/extraterrestre?mujer travestida? llamado Cristóbal Colón; qué dependientes fueron aquellos lobos de mar de fortuna de esas avispadas órdenes religiosas que sabían muy bien a dónde iban. El lugar tiene varios imperdibles. 



Hay tantas sensaciones como visitantes de museo. No obstante, sin saber muy bien por qué, una de las imágenes que más quedaron fijas en mi cabeza fue la tumba de Vasco de Gama. Viajes a las Indias para volver al lugar de origen. Una figura que hubiera podido ser un perfecto personaje de Robert E.Howard: corsario, navegante, aventurero, saqueador, asesino... dispuesto a pisar con sus botas los reinos enjoyados de la tierra. Pero no era ficción, aquella epopeyas repletas de claroscuros prosperaron bajo reinos como los de don Henrique El Navegante, era salvaje y civilizado, unas potencias en constante desarrollo y oscuridad... 



El paseo marítimo, si el tiempo respeta y es soleado, tampoco tiene desperdicio. Hay varias marisquerías, obviamente, aunque el imperio también llega hasta aquí. Si hay uno en la plaza de Hanoi o frente a la Mezquita de Córdoba, ¿cómo no iba a haberse establecido la M de otros exploradores? Efectivamente, el McDonald tiene asimismo su hueco en Belém. Se lo digo porque es una gran referencia para saber que, justo en la otra acera, está la famosa pastelería de la que cantan os trobadores



Como orgullosamente indica su cartel, el negocio resiste desde 1837, ahora y siempre, al invasor del mercado y la competencia. Los originales, solamente pueden ser adquiridos en la propia guarida de los descubridores. El enclave tiene esa reputación del boca a boca que de vez en cuando bendice a algunos centros hosteleros, provocando gigantescas colas que podrían desanimar a más de uno... Un truco, teniendo en cuenta que mucha gente pide para llevar, es aguardar conseguir una mesa, se tarda mucho menos de lo que parece, para degustar los pastelitos con una buena bebida (si bien, como muchos tengamos la misma idea, se acabó el invento).   



"Hay que ir dos veces: Una para verlo y otra para despedirse de Belém", me dijo una compañera de residencia. No podía andar más acertada. Apuntada queda en la agenda la segunda visita y ese ticket para quedar bien con familia y amigos, un puñado de pastelitos pueden ser la lleva para cumplir de manera inmejorable. 



A fin de cuentas, una más de las paradas obligatorias de uno de los secretos mejor guardados de Lisboa, ese lugar que va aparte, aunque suene a villancico...  

domingo, 23 de febrero de 2014

DE RUAS Y CALLEJONES DIAGON (SEGUNDA ENTRADA LISBOETA)


Si cada maestrillo tiene su librillo, cada viajero tiene su manía, tradiciones, extrañas cábalas que suele cumplir allí donde se encuentre... Una de ellas es realizar un día de ruta librera, trasteando y "bicheando" (modo cordobés on) en las diferentes tiendas del nuevo lugar donde se encuentra. Sin embargo, no se alarmen y no pongan aún los detectores gafapastas y esnobs con luz roja, que, entre callejones Diagon y estanterías, la propia Lisboa muestra que hay algo más que negro sobre blanco... 



En primer lugar, para ir a este senderismo urbano, si es con amigos mejor. Albergo los mejores recuerdos del "triángulo freak" de la Ciudad Condal, con las mejores tiendas de cómics posibles en España, también de una encantadora librería de viejo en Oviedo, por no hablar de alguna gigantesca bookshop en Londinium con varias plantas... No obstante, quizás no sea tanto por los sitios, que también, sino porque la compañía es la que convierte el momento en valioso. Así que con un buen socio, quien además ejerce de generoso anfitrión en la capital lusa, nos pusimos manos a la obra en la zona del Chiado, dividida en alto y bajo, rodeado de unas iglesias muy bonitas, acompasadas con ruas comerciales que dan mucho colorido al lugar. 



La primera de la lista es Bertrand Livreiros, la cual luce con mucho orgullo ser la más antigua de la ciudad, remontándose al siglo XVIII. El negocio tiene sucursales en otros lugares de la cidade (por ejemplo, los macro centros comerciales de Colombo), pero si solamente se puede hacer una visita, es mejor ir a la original. El apellido galo del lugar no es casual. 



No fue la única, aunque hoy por su antigüedad y propios méritos es la más reconocible para los lectores que se dejan caer por sus variadas secciones, en un largo pasillo donde a derecha e izquierda se van abriendo varias temáticas. Fueron bastantes los libreros franceses que se afincaron en suelo portugués, lo cual quizás, mera conjetura, haya ayudado al exquisito gusto que tienen en sus secciones de cómic por lo franco-belga. Están los clásicos: Tintín (no pude encontrar esos paradigmas de lo políticamente incorrecto que son Tintín y los soviets y Tintín en el Congo), Astérix, el inefable Gastón El Gafe (a quien en España quizás conocemos menos por que vive a la sombra de un hermano bastardo muy querido, El botones Sacarino)... Una auténtica delicia, si bien de los nuestros, únicamente Mortadelo sobrevive, lo cual esperemos vaya siendo subsanado en el futuro.  



La deformación profesional podría eternizar el tema, afirmando las muchas cosas de cristâos novos e Inquisiçâo, mas basta decir que la sección de Historia pasa con nota. De entre los iconos, sobresale la figura de Fernando Pessoa (cuya antigua casa también se puede visitar, en un peregrinaje a uno de esos artistas casi desconocidos para sus coetáneos, pero cuya grandeza se revela posteriormente y perdura en el recuerdo de una forma imborrable), cuya característica estampa es omnipresente. Una estatua suya escuda la entrada a la Biblioteca Nacional de Lisboa, flanqueado por otros primeros espadas de las páginas lusas como Gil Vicente, un recurso escultórico que recuerda mucho al que se podía observar en su tocaya madrileña. 



Esta Biblioteca Nacional se encuentra en el complejo de Campo Grande, gigantesco y en zona muy universitaria, pero fácil de combinar con las líneas de metro. El mismo día que uno entra se puede hacer socio, con una sala de lectura muy acogedora y bastante personal para explicar las dudas, si bien, como ocurre en este tipo de instituciones, uno tiene la sensación de poder estar invadiendo el pentágono si comete el error de no dejar en la taquilla el periódico (aunque nada es comparable al caso de la Biblioteca Nacional Española, un sitio fantástico, pero donde los lectores parecen sospechosos habituales por los controles de súper-agente 86 que deben superarse para entrar). 



Otro lugar a citar en ese entramado, no podía ser de otra forma, es el magnífico Arquivo Nacional de la Torre do Tombo, cuya impresionante fachada es solamente la presentación a un extraordinario fondo, con salas de consulta, de microfilms... así como de un espacio dedicado simplemente para trabajar o conversar. El nivel del archivo es excelente, si bien quizás sus técnicos sean más puntillosos de lo que estamos acostumbrados en España a la hora de juzgar un documento en mal estado (me gustaría verles con algunos legajos que tenemos por aquí, que calificarían de zona cero), pero el nivel general es muy bueno y se trata más que correctamente a los usuarios. 




Una ruta que exige varios altos en el camino. Si trastean por las estanterías del Xiado, no es mala idea hacer una parada en A Brasileira, una de las cafeterías más emblemáticas del lugar, que transmite un aroma que podría haberse encontrado en el café de doña Rosa o en el mítico Gijón. Negocio casi siempre atestado, si se logra mesa, se puede disfrutar de una exquisita taza y tiene varios caprichos para los más dulceros. Relativamente cerca, un poquito más abajo, hallamos la heladería Santini, enésima confirmación de que los italianos guardan tres secretos como nadie (cómo hacen la pizza, cómo fabricaron a Sofía Loren y qué narices le echan a sus helados para que sean tan irresistibles). Otra imprenta con raigambre, funcionando desde 1949. 



"Leio e abandono-me, nâo à leitura mas a mim" -F. Pessoa. (Tranquilos, aún no ha invadido al blog el gafapastismo más brutal, lo leí en un anuncio a la entrada). 

domingo, 16 de febrero de 2014

LA MALDICIÓN DEL BENFICA (PRIMERA ENTRADA LISBOETA)



Como escribíamos ayer...Bueno, en realidad, Amarcord lleva cierto tiempo en un respetuoso silencio. No obstante, el blog vuelve a la carga en una etapa muy especial, aprovechando la oportunidad de conocer mejor una de las ciudades más interesantes de Europa: Lisboa. Durante los próximos meses, nos sumergiremos en una serie de entregas donde intentaremos explorar las muy diversas perspectivas que brinda la capital portuguesa. Con motivo de que este año se disputará un evento deportivo de la talla de la final de la Champions League en el Estádio da Luz, este domingo es una ocasión inmejorable para bucear por algunas de las interesantes páginas que brinda esta construcción.  



Si Roma tenía El Circo Máximo, las ciudades del siglo XXI poseen su propia versión de Coliseos urbanos, aunque bastante hemos mejorado, teniendo en cuenta que los gladiadores son 11 contra 11 y el pulgar nunca toma un rumbo definitivo... como mucho, algún abucheo. Sin embargo, pasando de la anécdota y los tópicos, una entidad deportiva como la del Benfica nos permite comprender muchas cosas del pasado de un entramado urbano... Adentrarse en las líneas de metro en fin de semana liguero, marca una clara diferenciación,  que merengues y colchoneros podrían identificar sin problema. Los corazones futboleros de se dividen entre los muchachos Sporting y las águilas que comparten los afectos de la cidade




Precisamente esta semana se vivió el derby de la ciudad, saldado con un triunfo por 2-0 del Benfica, resumido en el popular diario A Bola con la sentencia del míster Jorge Jesus: "Nenhuma equipa joga a nossa". Lógicamente, menos satisfecho estaba su colega Leonardo Jardim, quien hubo de sufrir el golazo de Enzo Pérez a sus pupilos. El partido, como ocurre en tantos otros sitios, sobrevive en las tertulias, las cafeterías y los míticos tranvías lisboetas a lo largo de las siguientes jornadas, aunque queda mucho y la alegría va por barrios. Y hay enemigos deportivos como el Oporto, que siempre están rondando el campeonato. Pese al triunfo y la impresionante sensación que se tiene cuando uno sube hacia el estadio por los murales de las águilas, hay cierta sensación de augusta melancolía deportiva, que flota incluso en el bien poblado museo de la institución...


Y es que la daga esta reciente, pese a ser lanzada en la década de las 60 por el mítico entrenador Béla Guttmann, originario del imperio berlanguiano de Austria-Hungría. Aún está en la memoria de las aves su agónica derrota en final europea frente a los blues de Chelsea. Bien está que se puede perder cuando las fuerzas están parejas, pero es que desde que Guttmann protestó por su no aumento de sueldo y despido, dejó la sentencia de que su franquicia no volvería a ganar una final continental en los siguientes años. Bicampeones de Europa, pocos aficionados podían pensar que aún hoy en día haya seguidores que acuden con flores a la tumba del talentoso y rencoroso Béla para pedirle que retire su sortilegio. 



Un repaso al brillante CV de uno de los equipos más clásicos del Viejo Continente, nos hace sospechar que el azar de los penalties frente al PSV Eindhoven (1988) y el talento de Frank Rijkaard (1990), entre otros motivos, fueron las reales causas de que el maldecido conjunto se quedará en la línea de meta en varias ocasiones, ahogados en la orilla de sus ambiciones deportivas. Guttmann, viejo zorro, no cometió el error de incluir en su hechizo el territorio nacional, donde los suyos siguieron brillando. De cualquier forma, un dato que no se suele comentar cuando se resucita el histórico despido es que el astro-húngaro afirmaba que ningún conjunto luso se alzaría con un entorchado europeo en los siguientes años. Fallo en este particular episodio balompédico Nostradamus al que los supersticiosos que acudan al estadio deberían aferrarse. 



Distinto sería afirmar que para volver a los días gloriosos, más que a un exorcista, sería necesario que surgiera otro Eusebio. En ese "paraíso del consumismo más radical" que es el conglomerado de centros comerciales de Colombo, como un buen amigo me comentó, es visible una camiseta retro entre tantos Cristianos, Messis y otras estrellas del momento: es una equipación que durante mucho tiempo se vinculó a una pantera humana: Eusebio da Silva Ferreira. Tristemente desaparecido hace poco tiempo, el jugador que logró romper la hegemonía del poderoso Madrid de Alfredo Di Stéfano y eclipsar en una segunda parte a O Rei Pelé seguirá vivo en el recuerdo de todos los aficionados a este deporte, no únicamente los portugueses. 
     

La cita a Colombo no es nada casual, de hecho, una de sus salidas de metro ya indica perfectamente cómo salir directos al estadio de las luces. Los fumadores, atrincherados a un espacio reservado para ellos, cerca de las escaleras mecánicas que dan a las salas multicines de películas en versión original, pueden disfrutar, entre tanto humo, de la mejor vista panorámica del lugar donde este 2014 viajará La Orejuda. La proliferación de restaurantes, tiendas FNAC, videoclubes, liberías... es demasiado fácil dejarse tentar por la lluvia para caer en este monumento capitalista, aunque un pequeño destello de Sol nos devolverá la tentación de salir a seguir explorando la bella capital. 



Mientras, una búsqueda caprichosa entre estanterías lleva a ver como ya están presentes las primeras figuras de Eusebio, quien aparte de un artillero excepcional (más goles que partidos disputados en el campeonato portugués), es un perfecto exponente de diversas realidades. Nacido en Mozambique, una de las antiguas colonias del país (como el caso de Angola, sin ir más lejos, presencia constante en sus trabajos históricos y también una fuerte presencia en la cosmopolita red urbana), "La Pantera" fue un exponente y símbolo para muchos, debido a los más diferentes motivos. 



Y no es que el panteón sea escaso, pero de entre todos los astros, el crack de Mozambique tiene un lugar muy especial, en una memoria que traspasa la rivalidad de los colores. Incluso cómics son visibles, acerca de un súper-héroe en el césped que levantaba partidos en las segundas partes como si fuera un Julian Ross, a veces, con su mera presencia y generando pánico en vanguardia y guardametas. Aquel goleador de ébano que abroncó a sus compañeros en pleno Mundial por recurrir a la deleznable táctica de acribillar a patadas al mejor jugador de la selección contraria: Pelé. Fue el año en que llevó a los suyos a una histórica tercera plaza en el torneo Mundial.   



Uno de los libros tiene una portada inquietante, no hacen falta muchos conocimientos de portugués para reconocer a su protagonista: Antonio Salazar. El dictador se encargó, como siempre hacen las figuras de la autocracia cuando encuentran un éxito deportivo que exportar al mundo y tapar sus vergüenzas en muchos otros campos, de enseñorear a los héroes del Mundial y al Benfica campeón. Una asociación que daría problemas a sus exponentes, especialmente el talento de Mozambique, a quien Salazar vetó en sus posibles salidas. 


Campechano y popular entre compañeros, rivales y público, Eusebio se limitaba a contestar en una época donde no se podía hablar de determinados temas: "Mi política es el balón". No le fue mal con esa filosofía, pero cuánto se hubiera podido disfrutar en otra coyuntura. Suelto el libro con la matrícula tomada, pues está muy bien que se profundice en cosas tan aparentemente triviales como el deporte, pero que nos sirven de recuerdo de épocas pasadas que no están tan lejanas en el tiempo. 



En vísperas de arrancar los octavos de final de Champions, sin presencia lusa, se echarán de menos nombres clásicos del campeonato como Oporto, Sporting... por supuesto, Benfica. La alegría va por barrios y ahora el alemán (la mítica frase de Lineker revuela como otra profecía axiomática no demostrable pero indudable) predomina. No obstante, volverán los buenos tiempos y los Futres y cía llevarán a estas escuadras y otras del país a disputar finales como la que vivimos en el Estadio de la Luz... 



Y, cuando llegue ese día, estoy seguro de que el bueno de Béla y Eusebio brindarán en algún lado por que se rompió el maleficio... porque cuando las maldiciones se trunca es porque nunca existieron realmente. 



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