domingo, 14 de octubre de 2018

VIENTOS DE CUARESMA


La primavera cubana es un asunto serio. Se trata de ese momento donde los vientos sureños llegan más calientes que nunca por esos lares, provocando un clima realmente característico, uno de los que alteran la sangre. Tras la buena acogida de la primera aventura del teniente investigador Mario Conde (ver Sonata de invierno en La Habana), Leonardo Padura (La Habana, 1955) embarca al peculiar detective en una segunda entrega. 



En esta ocasión, el escenario del crimen se moverá en el ámbito académico. Una joven profesora de química es asesinada. La cuestión adquirirá un tinte personal, puesto que la víctima impartía la docencia en su antiguo preuniversitario. Con su característica y melancólica nostalgia, Conde sentirá reflejadas viejas estampas del pasado: el viejo bedel que lo pillaba en falta o fuga, el olor a cigarrillos en los lavabos, los amores de infancia, etc. Todo arranca un Miércoles de Ceniza. 



Igual que acontecía en Pasado perfecto, más que el ingenio del crimen en sí o las deducciones policiales, lo que brilla en el relato es la capacidad de crear atmósfera y la forma del autor para diseccionar a la sociedad cubana contemporánea. Nuevamente, hay un denominador común con la anterior novela mediante el reflejo claro de los tráficos de influencias y la facilidad con la que penetra la droga en las aulas. 


El anterior romance que había iniciado Conde queda rápidamente olvidado y resuelto de forma apresurada para dar paso a un nuevo interés amoroso: Karina, una enigmática y fascinante joven que se cruza con el sabueso por casualidad. Ambos comenzarán un intenso affaire que no estará exento de misterio, puesto que, en realidad, saben muy poco el uno del otro. 



Padura pone mucho de su mismo y sus obsesiones personales en la narración, especialmente por sus constantes guiños al béisbol, deporte que se nota sigue con delectación y que describe con precisión quirúrgica, particularmente en los sentimientos de los sufridos aficionados que rodean al círculo más íntimo de Conde. 



Una de las mejores cosas de esta lectura es la riqueza de su vocabulario, el poder presenciar una lengua como la castellana en su variante caribeña. Las fórmulas adoptadas de un tronco común que se une a través del océano y que aquí adquieren una musicalidad especial, desde las cosas más dulces a un amplio catálogo del innoble arte de insular de forma sonora. 


También persiste ese cierto cansancio rancio que, en ocasiones, transmite este hacedor de pesquisas cubano y escritor frustrado. Siempre bajo el aroma del cigarrillo, café fuerte y ron. Un mundo excesivamente viril en el peor sentido de la palabra que tiene un tufillo atávico (aunque muy verosímil por la época y el contexto del personaje) en las conversaciones de "machos" que le rodean, incluyendo algunas valoraciones morales sobre la profesora y la forma de relacionarse con parte de su alumnado. 



Entre los secundarios, yendo Karina en un escalón aparte, va desmarcándose del resto de la tropa el Flaco Carlos, el amigo de días colegiales del protagonista, un perfil bien trazado por Padura y que hace las veces de confidente y voz de la razón de un amigo con gusto por perderse en las ensoñaciones de ese pasado que nunca fue perfecto. Hay un déjà vu interesante en cuanto uno de los principales sospechosos del centro recuerda mucho a la forma de ser de Carlos. 



Igual que en la primera parte, tenemos el compás adecuado y el ambiente, aunque quizás falte algo a esta entretenida lectura veraniega para que el bueno de Conde termine de consolidarse en el rincón de afecto que reservamos a otros protagonistas del género noir. Pero no le perderemos la pista a sus próximas aventuras en La Habana. Hay potencial de sobra. 



BIBLIOGRAFÍA: 



- PADURA, L., Vientos de cuaresma, Tusquets Editores, Barcelona, 2017 [Novena Edición]



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sábado, 6 de octubre de 2018

LAS LLAVES DEL REINO


Uno de los tics más peligrosos que se detectan en los últimos tiempos en el cine español que quiere hacer thriller es caer en la impostura. Es decir, cintas de buena factura y presupuesto razonable pero que caen en lo artificioso, queriendo parecerse a las cintas de otras nacionalidades. Eso permite desprenderse de lo excesivamente castizo, aunque también se pierde la originalidad, el sabor de que algo es genuino, ese atractivo que tiene para el público local de que estén hablando en su idioma y que a las salas extranjeras les atraiga por ser un tono distinto. 



Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen han meditado sobre esto y nos han traído El reino (2018). Apenas llevamos cinco minutos de metraje y ya suspiramos en plegaria de que esta magnífica película no sea una excepción a la regla. Un retrato de la corrupción política y social contada a nuestra manera pero sin chusquería, con bisturí de cirujano y sin caer en la moralina barata. Su protagonista, Manuel, una figura muy bien colocada en la línea sucesoria autonómica de un poderoso partido, nos atrapa desde el primer instante, sabiendo que esto va en serio. 



El actor no es otro que Antonio de la Torre, una presencia camaleónica (Balada triste de trompeta, Que Dios nos perdone, Una tarde para la ira, etc.) y que aquí cuaja, tal vez, el mejor trabajo de su carrera. Un personaje desagradable, el fiel reflejo de la cultura del pelotazo y mirar para otro lado en aras de ascender por el cursus honorum. De la Torre, además, tiene el don del carisma, estamos ante un villano pero del que queremos saber más, especialmente porque no es ni peor ni mejor que el resto de sus colegas/adversarios políticos. Su única diferencia, la que le hace apreciado por las cabezas rectoras, es el instinto de supervivencia. 


Un despliegue actoral de primer nivel que podría siendo un arma de doble filo. Pero para no caer en el exceso de individualismo, El reino busca rodear al malagueño con lo que mejor que puede ofrecer el casting patrio. Podríamos comenzar con el gran José María Pou, quien da quilates en cada una de sus escenas como el mentor/protector de Manuel, un político con muchos gatos en la barriga. Por su presencia y aura, Pou ejerce aquí un rol muy similar al de José Bódalo en las cintas de José Luis Garci. No sale en exceso, aunque sabes que cada escena que tenga va a ser importante e hipnótica. 



Otro nombre que no necesita presentación es Nacho Fresneda, merecidamente popular desde su desempeño en El ministerio del tiempo. Y así podríamos seguir en un distinguido y largo etcétera de esas actuaciones mal llamadas secundarias, que son las que permiten lucir al protagonista y dar cohesión a todo este universo. Y, lujo de lujos, la colaboración especial de Bárbara Lennie, aquella mirada incierta que deslumbró en Magical Girl (2014). 



Lennie encarna una figura que es muy reconocible hoy en España, una profesional de los medios de comunicación que dirige con pericia un programa de rabiosa actualidad, caldeando los ánimos ante el clima de escepticismo en las autoridades públicas. Peña y Sorogoyen no son guionistas perezosos, esta no es una historia de luz blanca contra la oscuridad, las preguntas son profundas sobre cómo hemos llegado a esto y algunas respuestas nos las mandan de deberes para casa. 


Estamos ante un metraje intenso, una película frenética donde hay un punto noir que le sienta muy bien. El maestro Scorsese afirmaba que una de las cuestiones en las que más insistía en sus películas sobre mafia era en las fotografías de las celebraciones. Gente que se abraza y comparte buena mesa en bodas, bautizos y comuniones. A los pocos años, alguno de los comensales habría matado directamente o indirectamente a otro de los miembros de la mesa. Nicolás Maquiavelo podría ser devuelto a la vida y no sufriría para identificar las formas de hacer negocios de estas personalidades que tejen el partido sin nombre. 



Igual que acontece en esa experiencia tan grata que fue El hombre de las mil caras (2016), sentimos que hay mucho estudio detrás de cada toma. El asesoramiento en las cloacas del poder es el preciso para transmitir verosimilitud. Al final, hay un reflejo de ambiciones y decrepitud del que ya nos habló Shakespeare cuando tocó los tronos de poder, añadiendo para no ser mera copia un aroma a realidad cercana y cotidiana a la España actual. 



Cuando se entra en las llaves del reino, no importan los cuerpos alrededor, hay que cerrar con candado para que no entre un privilegiado más... y quedarte con una copia en el bolsillo por si algún día tú debes huir. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://cine.atresmedia.com/peliculas/el-reino/trailer/primer-trailer-de-el-reino-el-nuevo-largometraje-de-rodrigo-sorogoyen-protagonizado-por-antonio-de-la-torre-ana-wagener-luis-zahera-y-barbara-lennie_201804235adde2420cf26e616d223add.html



-https://cine.atresmedia.com/peliculas/el-reino/clip-el-reino/clip-de-el-reino-lo-nuevo-de-rodrigo-sorogoyen-con-antonio-de-la-torre-nacho-fresneda-y-jose-maria-pou_201808295b868fcf0cf29b7c9caf2ce1.html



-https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-09-22/reino-sorogoyen-antonio-de-la-torre_1618564/

domingo, 30 de septiembre de 2018

MEETING BLACK MIRROR: HANG THE DJ


Está plagada de paradojas. La cuarta temporada de la prestigiosa Black Mirror supone un conglomerado de capítulos de calidad heterogénea, desde ideas originales a otras que parecen refritos de cosas que hemos visto anteriormente. No obstante, cuando echemos la vista atrás es muy probable que haya un título que venga primero a la cabeza sobre el resto: Hang the DJ. La joya de la corona que llegaba en un momento donde muchos discutían si era precisa una quinta entrega o era mejor que el show ideado por Charlie Brooker. 



La premisa no podría ser más oportuna en estos tiempos que corren. En la era de Tinder, plantear un futuro cercano donde hay una aplicación que ha perfeccionado al máximo la búsqueda de la pareja ideal parece agua de mayo. De hecho, el porcentaje de acierto es tan alto que la mayoría de la ciudadanía ha aceptado la regla del juego, incluso permitiendo al programa determinar la duración de sus ligues hasta que reciban seleccionada a su compañero/a para toda la vida. Se acabaron incómodas primeras citas, decepciones y largos procesos de divorcio. 



Timothy Van Patten dirige con mano maestra para crear una atmósfera donde todo parece estar en orden pero recordamos mucho la obra de George Orwell. El libre albedrío se ha perdido, aunque es cierto que en aras de la eficacia. En ese cajón de sastre y guía asistida para encontrar al alma gemela nuestra cámara se detiene en las figuras de Amy (Georgina Campbell) y Frank (Joe Cole). Dos jóvenes a quienes el programa apenas da unas horas de encuentro para conocerse, donde ambos, pese a notar química, deciden no pasar a tener relaciones sexuales esa noche. 


La apuesta de casting da un resultado magnífico. Campbell y Cole cuajan dos personajes muy humanos, creíbles y con los que resulta sumamente fácil empatizar. El argumento de Brooker se da cuenta de ello y traza con un sabor agridulce la vida paralela de los dos tras el fugaz encuentro. Cada uno de ellos pasa por diferentes trances amorosos, empezando a hartarse del constante baile al capricho del contador. 



De cualquier modo, quizás en la máquina haya un método detrás de la locura, puesto que volverá a pactarse un nuevo encuentro. Entonces el guión da un excelente giro que permite a esta historia elevarse, puesto que no solamente es la gracia de imaginar un invento que podría darse en pocos años, vemos cómo afectaría a nuestros sentimientos en el caso de surgir. Así, Amy y Frank determinan hacer un curioso pacto: no mirarán la fecha de caducidad que se le dé a su noviazgo de prueba, intentando disfrutar hasta que suene el contador. Un toque de riesgo que le da un aliciente a su vida juntos, confirmando el feeling que tuvieron en su efímera primera noche. 



Por sus particulares características, Black Mirror suele plantear un tono bastante frío, casi deshumanizado. Aquí el equipo artístico demuestra un gran eclecticismo para contarnos una historia de forma más tierna de lo habitual pero sin caer en la ñoñería. Acostumbrados a las comedias románticas de usar y tirar en cartelera, es un verdadero placer como público volver a percibir interés por la andanza de una pareja y ver el reflejo de sus anhelos-miedos. 


ADVERTENCIA SPOILER (A partir de aquí la reseña revela algunos elementos fundamentales de la trama. Se recomienda no leerla hasta haber visto el episodio al completo):



Colocado el anzuelo de una historia atractiva, aderezada con unos protagonistas carismáticos y que se refuerzan cuando están juntos en pantalla, la única duda posible es si Hang the DJ será capaz de ponerle un lacito a la altura del regalo. Brooker lo logra con algo más que buen hacer, de hecho, se atreve a desafiar la propia lógica de su show, dando un hilo de esperanza más importante del que suele tener el tono sombrío de su creación. 



Amy y Frank deciden fugarse de la ciudad ante la decisión del programa de separarlos definitivamente. Se podría intuir desde el burladero que habrá una trágica muerte a lo Romeo y Julieta en un futuro tenebroso donde ya no hay sitio para idealismos románticos. Pero resulta que, irónicamente, ese es justo el acierto benevolente del programa, capaz de reproducir simulaciones donde dos personas sienten su conexión tan profunda que son capaces de desafiar sus dictados. Black Mirror se atreve a desafiar sus mandamientos y admite que puede haber tecnología beneficiosa para estas lides. 



El cierre es el mundo real, donde apenas habrán pasado unos minutos. Allí presenciamos a la joven pareja, la cual se ve en realidad por primera vez... Un capítulo con muchísimo encanto y hecho con un toque que a un tal Billy Wilder le habría gustado. El reflejo más inteligente y blanco del espejo. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://loud.cl/68548/basta-o-queremos-mas-netflix-confirma-quinta-temporada-para-black-mirror



-https://www.imdb.com/title/tt5710978/mediaviewer/rm1872318976



-http://vertele.eldiario.es/noticias/Hang-DJ-Black-Mirror-Tinder_0_1979502049.html

domingo, 23 de septiembre de 2018

RUNNING WITH THE DEVIL


Conocimos a Wilson Fisk pisando fuerte. Por aquel entonces, Stan Lee y John Romita no habían decidido ni siquiera su verdadera identidad civil. Únicamente observábamos en las páginas de Spiderman a un colosal hampón de apariencia tan oronda como musculosa, capaz de entrar en el combate cuerpo a cuerpo frente a los prodigios de Marvel. Todos los bajos fondos le conocían como Kinping, un rey del crimen respetado y temido. Eso ya bastó para colocar al señor Fisk como uno de los grandes villanos de la Casa de las Ideas. Sin embargo, décadas después llegaría Frank Miller para mejorar más el asunto, colocando al bueno de Wilson en otro plano. 



La cabeza pensante de esa obra maestra que es Born Again (ver reseña) decidió que sus exhibiciones de fuerza serían esporádicas y únicamente en momentos concretos para reafirmar su autoridad. De la mano de Miller llegó una criatura maquiavélica, alguien capaz de tirar los hilos, corromper voluntades y permanecer impune. Eso lo convirtió en alguien todavía más peligroso y creció su popularidad en la comunidad lectora. La interpretación de Vincent D´Onofrio de la Némesis de Daredevil en la serie de Netflix ha sido vital cara a acercarlo a una nueva generación de público. 



Matthew Rosenberg aprovecha la oportunidad de los últimos acontecimientos con el personaje, carrera pública incluida, para sumergirnos en un Wilson Fisk que se ha decidido a autorizar su biografía para que la ciudadanía de New York pueda conocerle mejor. Sorprende su elección de escritora, puesto que hace una generosa oferta a Sarah Dewy, una excelente investigadora de conflictos internacionales que ahora se encuentra refugiada en las crónicas de boxeo. 


Llevar como uno de los elementos de la trama el papel del cuadrilátero ya refleja la inteligencia del guión. Con un toque noir, la vida de Fisk y su rival Murdock han estado muy ligadas a ese deporte que combina nobleza y salvajismo a partes iguales. Ben Torres comprende perfectamente lo que busca el creador y narra con ambigüedad las sombras de un mal que presenta grises. Llegamos a dudar sobre las verdaderas intenciones de este ambicioso y astuto corruptor que parece enamorado de una ciudad a la que quiere hacer mejor a cualquier precio. 



Estamos asimismo ante un cómic Marvel atípico. No hay grandes peleas aunque antiguos asociados y rivales de Kinping (Lápida, Cabeza de Martillo, etc.) acudirán con malas formas a la reportera para ver qué hay de realidad en esa supuesta reforma del viejo león. Atentos a la sutileza de cada viñeta, Fisk va a intentar encandilar Dewy para conseguir el mejor texto posible, pero también nos va a llevar a su terreno como público, incluso contándonos intimidades sobre su relación con su difunta esposa. 



Jordan Boyd es la persona responsable de dar colorido al asunto, resultando una tarea ardua y muy bien ejecutada. Lo luminoso de las fiestas y el tren de vida del "hombre de negocios" contrasta con lo turbio y la suciedad de los callejones donde activa realmente las bases de su gran imperio. Un universo donde todo tiene un precio, ese tablero de Monopoly donde él tiene los dados. 


A pesar de las apariencias, estamos ante una historia adulta y con un fuerte pesimismo que lo inunda todo. La inesperada pareja que forman escritora y figura pública nos llevará a ver cuáles son las reglas que no pueden saltarse. Todo tiene un propósito en los pasos de Kinping, nada es gratis y él es quien tiene más crédito que nadie. Dewy deberá, como diría el oráculo de Delfos, conocerse a sí misma si quiere sobrevivir a este encuentro. 



Hay una escena magistralmente narrada y escrita con delicadeza que es el encuentro con un atracador toxicómano en Central Park. Rosenberg juega con nosotros cual gran maestro para que Fisk dé la respuesta totalmente contraria a lo que esperaríamos del feroz Kinping: razonada, civilizada, lógica y protectora. Pero atentos a la magistral resolución que tendrá el asunto, ese recordatorio de qué es lo que quiere que vemos este viejo diablo. 



Queda tiempo. Pero estos primeros pasos nos acercan a un Wilson Fisk que parece explicarnos en una todas las facetas y personalidades que ha tenido el rey del crimen marvelita durante décadas. Y lo mejor es que no lo hace solo, queremos saber más de Sarah Dewy y ese viaje que ha iniciado. ¿Descubrirán de que vale ganar el mundo si al final pierde su alma o, a fin de cuentas, todo tiene un precio? 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 









-http://marvel.wikia.com/wiki/Kingpin_Vol_2_4

domingo, 16 de septiembre de 2018

EL TRAGALUZ


Hoy impacta. En su momento, fue una verdadera bomba de relojería. Desde su gestación, los escenarios teatrales han inquietado a los sistemas, alterado las normas sociales y generado cejas arqueadas por la corrección política. Cuando Antonio Buero Vallejo estrenaba El tragaluz, diseñaba una ratonera donde personajes muy terrenales iban a sacar sus anhelos, miserias y dudas delante de un público que, como sucedía desde hacía años, estaba siempre obligado a barrer por debajo de la alfombra en materia de recuerdos. 



Inspirándose en el relato bíblico de Caín y Abel, la historia centra su tensión dramática en las relaciones de dos hermanos; Vicente y Mario. Cada uno de ellos habría recorrido caminos diferentes a partir de la guerra civil española (1936-1939), teniendo como único punto de encuentro las visitas a sus padres. Vicente sería el exponente del triunfo individualista, mientras que el segundo ejemplificaría la facción derrotada. 



A pesar del talento de su prosa e ingeniosas puestas en escena, Vallejo pagó un fuerte peaje por ese adelantarse a su tiempo. La Historia le haría justicia pero habría de dar cobro de las penalidades de tocar tabúes. Una familia encerrada en una modesta vivienda de Madrid serviría de metáfora para el sentimiento de todo un país. 



Irónicamente, la novedosa forma de reconstruir la peripecia familiar, mediante la utilización de Él y Ella, dos investigadores de un futuro remoto, tal vez sea lo que peor ha envejecido de esta obra maestra. En ocasiones, subrayan bastante lo obvio y hacen una especie de voz de la conciencia que un texto tan bien escrito no necesitaba en lo absoluto. 



También puede entenderse que era otro recurso más para esquivar a la celosa censura, aquella que tenía sus cartas marcadas con él desde que Historia de una escalera le valió el interés del mundo artístico y la suspicacia de quienes recordaban su procedencia. El tono neutro de estos dos inspectores del futuro permite a este relato de cicatrices colocarse en un plano más frío. 



Luis Iglesias Feijoo, uno de los mejores analistas de la obra que nos ocupa, ha subrayado la peculiar estructura temporal y forma de secuenciar una tragedia que escapa las propias fronteras para alcanzar la universalidad. En un siglo XX que vivió el cainita proceso, dos guerras mundiales y largas dictaduras, una pregunta asola a los investigadores, una que compartiría ese público que se vio agitado en su conciencia por Vallejo. 



Dos elementos pivotan alrededor de los dos hermanos: sus progenitores y Encarna, una mujer que va a marcar un nuevo punto de inflexión en la tensa unión fraternal. Los dos terminan proyectándose en un espejo mutua que les incomoda, sabedores de que están ante otra persona a la que no pueden engañar, porque les conoce de verdad, arrancando en el famoso incidente del tren, un recuerdo ahogado por toda la familia. 



No tiene nada de extraño que un lírico tan sagaz como Sabina haya afirmado que Vallejo es una de sus referencias obligatorias. Pongamos que hablamos de Madrid, esa gran cantidad de sombras que se proyectan en el sótano dejan la sensación de gran urbe abarrotada pero donde no queda sitio para nadie. 



Una pieza imprescindible. El recordatorio de que nunca podremos cicatrizar en el olvido o ignorando la herida pensando que desaparecerá sola y sin infectarse. La cultura como mejor medicina. 



BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES DE INTERÉS:



- BUERO VALLEJO, A., El tragaluz, Austral, Madrid, 2012.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.casadellibro.com/libro-el-tragaluz/9788467033366/1799648



-https://www.todocoleccion.net/coleccionismo-revistas-periodicos/ano-1968-historia-ejercito-espanol-teatro-tragaluz-buero-vallejo-cine-jeane-fonda-actriz~x56586486



-http://barricadaletrahispanic.blogspot.com/2011/09/el-tragaluz-antonio-buero-vallejo.html

domingo, 9 de septiembre de 2018

YO, TONYA



"Me encanta mi trabajo, aunque salga a la pista a hacer cosas que los demás no quieren hacer"-Dennis Rodman. 



En muchos sentidos, fue una pionera. Rock and roll en un establecimiento donde solamente estaba permitido escuchar El lago de los cisnes. Una samurái con katana en un deporte donde los miembros del jurado querían a princesas Disney norteamericanas en monopolio. La historia de Tonya Harding merecía una película, aunque no podía hacerse de la manera tradicional. Todo eso queda claro en los primeros minutos de Yo, Tonya (2017), un film narrado de una forma muy personal por Craig Gillespie, el auge y caída de una patinadora que rompió los moldes de lo políticamente correcto. 



Sin embargo, la cuestión deportiva no deja de ser el gran pretexto para una experiencia que habla de muchas cosas. Hay algo atractivo en esta historia, un poder que lleva a una actriz como Margot Robbie a animarse a embarcarse en el proyecto y hasta producirlo. Nadie mejor que ella para encarnar a un talento precoz surgido en el ambiente más adverso posible, alguien que fue capaz de llevar su disciplina a otro nivel con un triple salto en 1991 cuando eso parecía imposible. Después de ser toda una aparición en El lobo de Wall Street (2013), probablemente este papel, una especie de Harley Quinn criada en un entorno propio de una cinta de los hermanos Coen, marca una nueva etapa en su carrera. 



Salpicada de la controversia, hay gran cantidad de entrevistas acerca de la compleja red familiar de parientes y allegados a la patinadora. El guión de Steven Rogers hace una apuesta atrevida y de riesgo. Todo es estructurado como una especie de gran documental coral. Tenemos varias voces narrando y, según quien tenga en ese momento el mando, veremos los acontecimientos de una forma u otra. La verdad es difusa ante unas personalidades tan extremas como las que componen esta tragicomedia. 


"Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera"-Tolstói, Ana Karénina



Eso queda muy claro a través de una figura trascendental, la madre de la protagonista. Alison Janney ha cosechado merecidos laureles por su forma de darle vida, componiendo un personaje poderoso y bastante oscuro, una progenitora empeñada en explotar el talento de su retoña de una forma despiadada. El reverso siniestro del sueño americano, la cultura de ser winner o loser sin solución de continuidad o término medio. Si en la infancia se forma una parte crucial de la personalidad, no cabe duda de que esa tutela explica muchas cosas que ocurrieron después. 



Otras aguas turbulentas son las consecuencias de su emparejamiento y posterior matrimonio de Tonya con Jeff (Sebastian Stan). Es aquí donde Gillespie se ve obligado a multiplicar los caminos. Las mutuas acusaciones entre ellos son el perfecto exponente de una relación tóxica. Stan y Robbie logran transmitir ese círculo vicioso con escenas que llegan a ser realmente desagradables y donde se terminaría llegando al famoso "incidente". 



Una de las piezas claves es el peculiar "guardaespaldas" de la patinadora, Shawn (un excelente Paul Walter Hauser), quien logró el puesto por su amistad con Jeff. Como curiosidad, mantengan la atención en los títulos de crédito para ver las imágenes de los personajes reales, mostrando lo minucioso de todo el proceso de reconstrucción. Para las escenas de patinaje hay un mérito enorme cara al equipo de especialistas y las dobles de Margot Robbie. 



Sin desvelar excesivos aspectos de la trama, decir que se producirá un crimen tan pobremente ejecutado y con tan pocas luces que encajaría perfectamente en cualquier temporada de Fargo. Un tratado sobre el absurdo y la estupidez que da visos de verosimilitud a la explosiva puesta en escena. Con tantos frentes abiertos (carrera deportiva, biografía azarosa, polémica, etc.) era fácil que el biopic descuidase alguna cuestión, si bien todo está sanamente equilibrado. 



Los aderezamientos de Yo, Tonya están eficazmente empleados, sobresaliendo una banda sonora heterogénea y lo suficientemente retro para garantizarse un amplio espectro de público favorable a su causa. La estética apuesta por un eclecticismo entre elementos clásico y un tono gamberro que resulta imprescindible para un proyecto de estas características. 



Bastaría eso para atraernos a la sala de cine. De cualquier modo, hay bastante más. Una sátira moraleja sobre el efecto de los medios sensacionalistas y los canales de 24 horas con noticieros (guiño al caso OJ Simpson incluido), además, en palabras de la propia protagonista, esa necesidad tan humana de tener alguien a quien idolatrar... y odiar. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://ew.com/movies/2017/12/06/i-tonya-margot-robbie-tonya-harding-media-villain/



-https://www.itonyamovie.com/



-http://www.tiketa.lt/LT/as_esu_tonia_18200

domingo, 2 de septiembre de 2018

ROMA IN UN GIORNO (PARTE VII DE VII)


From marble to flesh



Una de las ventajas logísticas de Nápoles es su proximidad a Roma. Imaginen que, tras haber disfrutado de tierras napolitanas, se dan el capricho de coger un tren con un trayecto de poco más de una hora que les lleve a la Ciudad Eterna. Se dan un día de margen para el vuelo de regreso vía Fiumicino. ¿Qué hacer en una jornada de 24 horas en la capital italiana? Realmente, el abanico de opciones es tan amplio que puede llegar a abrumar. Hoy, en el blog aprovechamos la hipótesis para plantear una alternativa un poco más pausada que el ritmo frenético que cualquier turista de bien se ve obligado a adoptar en una destinación donde todo ocurre frenéticamente. 



Por ejemplo, una parada típica y lógica es el Coliseo. Un enclave increíble y siempre plagado a cualquier hora del día, un hormiguero de visitas guiadas, paraguas y donde cada dos pasos en la cola se intenta vender algo. Es menos conocido que junto a su parado de metro, pasando por la Facultad de Ingeniería de Roma, nos hallamos a apenas unos pasos de San Pietro in Vincoli. Una pequeña iglesia repleta de curiosidades, fácil de visitar y donde se dispone de la oportunidad de poder admirar a uno de los grandes genios de la escultura, Miguel Ángel. 



Se trata de una muestra perfecta de los vaivenes que existen en la Historia del Arte. Julio II había encargado este complejo funerario al artista con quien mantuvo una relación laboral tan tensa (recordar la película El tormento y el éxtasis), si bien se tradujo en maravillas como la Capilla Sixtina (donde el pintor se tomó la revancha plagando de herejías el techo). El resultado final no estuvo en el Vaticano y el genio no cumplió los plazos fijados, dando un resultado inferior al esperado en sus continuadores. Pero todo merece la pena por la estatua yacente del pontífice y, sobre todo un espectacular Moisés que compite con El David de Florencia en espectacularidad. Tranquila del bullicio, esta impresionante escultura espera paciente a visitantes que sepan encontrarla.  


La porta del cielo



Justificando por completo la percepción de Obélix hace unos siglos, al consultar las tarifas, la persona de visita por la urbe llega a la conclusión de que están locos estos taxistas romanos. O excesivamente encorajinados por el incomparable marco que tienen para considerar que dar la vuelta a dos calles ya justifica un sobresueldo impresionante. Naturalmente, hay muy honrosas excepciones a tales efectos, pero no estaría de más en estos tiempos de polémica con los Uber, algunos miembros del gremio romano hicieran un examen de conciencia. Por ello, si el tiempo y la canícula les es propicio, podrían plantearse un agradable paseo andando hasta el Trastevere, uno de esos enclaves de merecida fama. 



Bohemia y tranquila, es un área idónea para dedicarle un merecido tiempo al almuerzo. Previamente, pueden perderse un poco por sus callejuelas, pequeños comercios y no pocos monumentos de interés. Dentro de un amplio abanico de restaurantes posibles, tal vez el azar les haga derivar a Tonnarello, en funcionamiento ya desde el año 1876. Entre los habitantes del barrio es conocida esta vieja fórmula: "La migliore cucina romana: dove se non a Trastevere?". 



Con una increíble calidad y variedad en las pastas, tal vez reconozcan en la carta la figura de un célebre artista transalpino: Vittorio de Sica, quien parece estar degustando cada elemento que hay en su mesa. Actor, escritor, director y hombre polifacético, fue el descubridor de algunos de los grandes talentos del séptimo arte azzurro, como hemos mencionado en otras ocasiones. Si tienen gana de un poco de picante, prueben la Pizza Diavola mientras piden un buen vino de la casa o barajan qué postre tomar. A los/as turistas siempre se les presupone prisa, por lo que no está de más saborear de ese instante. 


"El café huele a cielo recién molido"-Jessi Lane Adams. 



Después de la sobremesa, el puente Garibaldi permite una salida del Trastevere con vistas espectaculares, incluso intuyéndose el Vaticano. Lógicamente, el nombre del puente alude al mítico líder de los camisas rojas, uno de los símbolos de la unificación del país. No tuvo, pese a ello, un final de carrera en su patria, obligado a exiliarse a otras aventuras, puesto que el rey Víctor Manuel y su brazo derecho, el ministro Cavour, temían su radicalismo en el proyecto que ellos concebían. Por ende, Garibaldi se convirtió en un símbolo que valía más para ellos en el recuerdo que en activo. 



Una paradoja que suele acompañar a todo ese proceso. Nadie duda de la grandeza literaria de Giuseppe Tomasi di Lampedusa con su obra maestra El Gatopardo. Una pieza prácticamente insuperable en estilo, aunque bastante ignorada por sus coetáneas y donde el propio Lampedusa admitía que había idealizado su mundo aristocrático, especialmente la inteligencia de sus antepasados. Menos conocido es que firmó una excelente correspondencia durante sus viajes en Europa. Si su paseo les lleva a Largo di Torre Argentina, se toparán con La Feltrinelli, un centro donde a buen seguro tendrán esos y otras piezas clave de la literatura italiana. 



También es recomendable la sección de películas, especialmente en la clasificación de cine por autorías. Allí encontrarán la versión cinematográfica de las páginas de Lampedusa a cargo de otro gran maestro, Visconti, tan alejado a él en ideología (era comunista, creyente de una forma heterodoxa y homosexual) pero con el denominador común del lenguaje del talento. Uno y otro transformaron el pasado con objetivos distintos pero dejando tras de sí la inconfundible estela de la clase. 



Si el recorrido no les ha cansado demasiado, se les podría proponer como última meta el Antico Caffè Greco, en funcionamiento desde 1760. Con precios altos, sí que presenta la ventaja de que en el trasiego de rutas turísticas de ferragosto, está bastante tranquilo. Intenten colocarse en alguno de los salones más cómodos y aprovechen para tomar alguna foto. La sobremesa no es solamente exquisita, sino que pueden olvidarse de todo un poco a través de una buena tertulia. En máxima osadía, incluso desatiendan un rato el móvil. Bajo un delicioso café, saboreen sus últimas horas por tierras romanas. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



-Monumento de Julio II, basílica de San Pedro en Cadenas [Fotografía realizada por el autor de este blog]



-Carta del restaurante Tonnarello en el Trastevere [Fotografía realizada por el autor de este blog]



-Salón Caffè Greco en Roma [Fotografía realizada por el autor de este blog]