domingo, 24 de julio de 2016

A VECES SE GANA, A VECES SE PIERDE


¿A quién no le ha ocurrido alguna vez? Los últimos años y la situación económica casi nos ha devuelto a los días medievales, donde conceptos como el dinero con interés, crédito y banca eran vistos como algo casi mágico y maligno. Temas como las "célebres" preferentes que se colocaron a personas jubiladas que vieron abusada su buena fe en los empleados de su banco de toda la vida, esos "maravillosos" productos con los que nos animan a arriesgar por ser clientes muy especiales, préstamos de llévese la pasta ahora y pague cuando quiera, etc. Igual que la política, el mundo de la banca ha caído enteros durante la última coyuntura. Seguro que no faltan personas honradas, repletas de buenas intenciones y muy profesionales, pero parece indudable que un lavado de cara profundo de las entrañas del sistema sería urgente en el mundo real. Una cuestión de difícil solución, aunque Daniel Calparsoro nos ofreció recientemente un exorcismo en la ficción, un juego del gato y el ratón, un film de interés: Cien años de perdón



Lo primero que llama la atención de este atraco que se complica es su medido metraje: poco más de una hora y media. Eso ya refleja la inteligencia del guión de Jorge Guerricaechevarría, conciso, al grano, consciente de que el encerramiento de la historia (el 90% de todo se desarrolla en una sucursal asaltada una mañana) no hace proclive una excesiva prolongación. Si alguien quisiera, Cien años de perdón podría adaptarse sin ninguna dificultad al teatro. Ahora bien, breve pero intensa, puesto que nada, absolutamente nada, se ha dejado al azar en esta fábula irreal que sabe muy bien dónde apunta...



Por supuesto, como suele ocurrir en el género, Calparsoro se cuida de que sus ladrones caigan mal. Medidos, inteligentes y procurando evitar baños de sangre, es muy improbable que en la vida real este tipo de personas pudieran mantener ese aplomo y cuidado por sus rehenes. La falta de previsión que tenían los personajes de Al Pacino y John Cazale en la estupenda Tarde de perros, se reemplaza aquí por la astucia que exhiben esa mañana lluviosa en que El Uruguayo (magistral Rodrigo de la Serna) y sus cómplices se adentran en un banco valenciano con la esperanza de una rápida fuga que se verá complicada por inclemencias que escapan a su control. 

  
Los contratiempos inesperados, el control de los prisioneros y el estado de sitio al que son sometidos por las autoridades irán propiciando un clima de desconfianza entre los integrantes, puesto que se irá revelando que en el depósito bancario hay mucho más que un golpe fácil. Cierta información almacenada en el disco duro de un político se encuentra allí oculta y su salida a la luz pública podría poner en graves aprietos al gobierno cara a la opinión pública. ¿Estaban al corriente los criminales de ello o se trata de un feliz hallazgo que puede constituir su indulto para salir de la tensa situación?



Habida cuenta de los últimos escándalos de corrupción que ha sufrido la Comunidad Valenciana, no es un hecho al azar que aquí se sitúe la trama, pero la punzada al sistema va mucho más allá. Desde que se filtra la noticia, dos representantes de rango (frías y poderosas las interpretaciones de Raúl Arévalo y José Coronado) tomarán sus medidas para evitar que puedan peligrar los secretos de sus superiores, especialmente "la Jefa", la cual, si se lee entre líneas, no sería descabellado barruntar quién puede ser. Resulta imperdible en ese sentido la interesante crítica y teoría elaborada sobre el film por parte del usuario "Jano" en la página filmaffinity (CRÍTICA FILMAFFINITY). 



Aunque no hay tiempo de profundizar excesivamente en las biografías de los integrantes de la banda, el savoir faire de sus actores subsana con creces cualquier posible carencia en ese sentido. Luis Tosar siempre ha sido un estupendo actor, pero los últimos años lo han llevado a alcanzar un perfeccionamiento de su profesión hasta límites insospechados. Su personaje, El Gallego, desarrolla un arco propio cuando acepta la oferta de la frustrada directora de la sucursal (Patricia Vico), la cual había recibido recientemente la noticia de que iba a ser despedida tras años haciendo trabajo sucio e ingrato para sus jefes de la entidad. 



A su manera, cada miembro va recibiendo su propia tentación, ya sea por la vía de la codicia u otra. Así acontece con El Loco (Joaquín Furriel), quien se va prendando de una atractiva cliente del banco (Nani Jiménez) que, antes del atraco, estaba al borde los nervios porque el banco iba a quitarle a ella y su pareja la vivienda. Sin moralina o trazo social grueso y tosco, el ingenioso argumento deja perlitas digna de consideración y plantea una extraña revancha. Como dice bien el personaje de Coronado, a veces se gana, a veces se pierde. Pero, casualmente, parece que siempre salen indemnes los mismos y pagan el pato los de siempre. Si recibiesen un toque de guante blanco donde más les duele esos intocables, ¿no estaríamos dispuestos a conceder cien años de perdón a quien hurtase a un ladrón?



La estética resulta muy lograda e incluso hay reminiscencias a escenas parecidas en películas tan comerciales (y excelentes) como El caballero oscuro. Una atractiva carrera contrarreloj que nunca se hace larga y, por el contrario, desprende la agradable sensación de que no importaría si durase un poco más. 



Interesante propuesta que arroja reflexiones dignas de ser tenidas en consideración. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://cmonmurcia.com/2016/03/cien-anos-de-perdon/



http://www.guiadelocio.com/cine/archivo-peliculas/cien-anos-de-perdon



http://www.imdb.com/title/tt3655414/mediaviewer/rm1350230528

domingo, 17 de julio de 2016

EL MAYOR ESPECTÁCULO DE FANTASÍA HEROICA


Se abusa en exceso del término "mejor serie de todos los tiempos". La explosión del formato televisivo ha llevado a la creación de distintos tipos de obras maestras, resultando totalmente subjetivo determinar cuál resulta mejor o peor. ¿Cómo poder comparar de forma razonable Breaking Bad o Los Simpson? Al final, como en tantas otras cosas, el libro de los gustos está en blanco. Por ello, a la hora de hablar de uno de los programas de moda, Juego de tronos, atendiendo a sus especiales características, la manera ideal de evitar disputas es, sencillamente, decir que se trata de algo espectacular, quizás el mayor de los shows en cuanto a su puesta en escena. 



Su recientemente expirada sexta temporada estaba llena de preguntas. George R. Martin, el genial escritor que ha creado un universo de fantasía como pocas veces se ha visto, mantenía a los lectores expectantes de la sexta entrega de sus libros, por lo que la adaptación de la HBO estaba obligada, previa consulta con él, a seguir adelante sin la referencia bibliográfica. En varias de las subtramas, los guionistas habían tomado otros caminos distintos a la obra canónica, pero ahora se trataba de iniciar, por primera vez, arcos de personajes que eran desconocidos incluso para aquellos espectadores que hubieran devorado con fruición las cinco primeras entregas de esta saga que alterna el ambiente de la Guerra de las Dos Rosas con la Tierra Media. 



Pese a tener innegables inconvenientes, esta circunstancia también juega a favor de Juego de tronos, en cierto sentido, ha permitido poder juzgarla sin establecer la eterna comparativa con el formato original, el cual tiene un listón muy alto por la inventiva de Martin. Como en las cinco anteriores entregas, hay una gran dosis de polémica, emociones fuertes y finales espectaculares. Debían despejarse muchas incógnitas, especialmente en lo relativo a Jon Nieve; sin desvelar nada, afirmar que parece haberse hecho con criterio y encaminando las piezas a llegar a ese clímax prometido que tanto se está haciendo de rogar. 



La batalla de los bastardos está destinada a perdurar entre otros momentos memorables, a la altura de La Boda Roja o La batalla por Desembarco del Rey. Asimismo, resulta muy satisfactoria la evolución del movimiento religioso liderado por el enigmático Gorrión Supremo (espléndido Jonathan Pryce); un movimiento que va consiguiendo una gran fuerza y termina convirtiéndose en un verdadero reinado del terror que puede derribar a reinas, generales y sacerdotes. Se trata de un tenso argumento que está a la altura del eclecticismo de Martin a la hora de mezclar hechos históricos con una ambientación que Tolkien o Robert E. Howard hubieran firmado en sus espectaculares narraciones.



Siento decir a este respecto que los anhelados flashbacks me han resultado decepcionantes para todo lo prometido. Robert Aramayo me parece un buen actor, pero creo que el ejercicio de casting para buscar a un joven Ned Stark debería haberse decantado por otro perfil más endurecido. Aunque imberbes, Robert Baratheon y su amigo de Invernalia se vieron obligados a asumir responsabilidades desde muy temprano. No me han transmitido eso los viajes temporales realizados en esta entrega, especialmente el épico e inútil duelo de La Torre de la Alegría, donde todos nos las prometíamos muy felices pero todo queda casi resuelto en un combate que tiene poco de la emotividad homérica del original. Es una contienda más cuando debería haber estado a la altura del combate mantenido por Eddard y Jaime en la primera entrega o el inolvidable duelo de la Montaña con la Víbora Roja.



A nivel de actuaciones, Juego de tronos sigue con todos los ingredientes para poder medirse con cualquiera en ese desafío. Aidan Gillen continúa manejando con maestría a esa joya llamada Meñique, un villanesco y maquiavélico conspirador a quien, sin embargo, resulta tan fácil admirar como despreciar a partes iguales. Por su lado, Jerome Flynn y Nikolaj-Coster han conseguido lo imposible, que el dueto de Bronn y Jaime Lannister sea igual de punzante e ingenioso que el formado con anterioridad por el mercenario y el inigualable Tyrion.


Paralelamente, Sophie Turner sigue regalando una evolución cada vez más interesante de su Sansa Stark, la princesa de cuento de hadas obligada a crecer entre monstruos e intrigas palaciegas. Lena Headey controla las riendas de Cersei, una reina obligada a descender a los infiernos y la vergüenza pública para intentar volver a reconstruirse. Un abanico de inquietantes y poderosos personajes femeninos que van desde Arya Stark a la misteriosa Sacerdotisa Roja. En realidad, igual que acontece en la novela río original, el gran drama es que hay tantas pequeñas biografías que es imposible prestar la atención que merecen todas y cada una de ellas. 



Un explosivo cóctel que va acompañado de paisajes espectaculares, un vehículo de evasión como se recordaban pocos en una canción de hielo y fuego que, independientemente de lo satisfechos o no que nos deje su final, será muy añorada cuando termine. Hazaña nada despreciable teniendo en cuenta el listado de protagonistas muy queridos que han ido desapareciendo conforme han avanzado los capítulos. Quizás el secreto es que son muertes con efecto, es decir, que dejan un reflejo y son recordadas por los allegados y enemigos de la persona desaparecida, dejando un reguero de continuidad que hace difícil olvidar las consecuencias de cada una de las tensas decisiones tomadas por los jugadores del tablero más exigente de la ficción, el correspondiente a los siete reinos. 



Un cuidado envoltorio que tiene además un lazo final, como de costumbre, que atrapa como si fuese el nuevo asalto de miles de barcos con destino a una nueva Troya. Con virtudes y defectos a cuestas, esta nueva producción de la HBO sigue dejándonos, como al adormecido califa, expectantes de la nueva historia que tengan que contarnos sobre esas lejanas y fantásticas tierras... 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.youtube.com/watch?v=cCMaaC1tyPg



http://www.hollywoodreporter.com/live-feed/game-thrones-battle-bastards-recap-904248



http://iceandfire.wikia.com/wiki/File:Sansa-Littlefinger.jpg

domingo, 10 de julio de 2016

EL BROMANCE DEL VERANO


SPIDERMAN: ¿"Yojimbo"? Querrás decir en la peli "Los siete samuráis". 



DEADPOOL: No, era la secuela. "Yojimbo" significa ocho en japonés. 



Debió haber ocurrido antes. Spiderman y Deadpool han sido dos personajes de Marvel con un destino común que iba encaminado a cruzarse antes o después. El trepa-muros había sido el primero en inventar chistecitos y frases ingeniosas para ocultar su miedo en las peleas superheroicas, terreno poco abonado hasta entonces para esa clase de monólogos. El mercenario más bocazas de la historia ha sido el más brillante de sus sucesores, con una tendencia al humor absurdo que no desentonaría en ninguna sitcom. Todavía más, cuando fue creado en la década de los 90, quedaba claro que la máscara de Deadpool estaba totalmente basada en la de Spidey, mientras que el resto de su diseño bebía de otro soldado de fortuna carismático, en este caso del universo DC, Deathstroke. 



Por ello, una de las noticias comiqueras de este 2016 ha sido el lanzamiento de una colección de ambos lenguaraces. Más prometedor todavía resultaba el primer equipo artístico que desembarcaría allí, nada menos que Joe Kelly y Ed McGuinness, el dueto guionista-dibujante más querido en los años dorados del mutante. Si el arácnido siempre ha sido la gallina de los huevos de oro de su editorial, la reciente buena acogida del film del segundo (2016) hacía que el marketing insistiese en la necesidad de juntar ambos carismas en el mismo escenario. Una montaña rusa cuyo inicio pretendemos comentar a continuación. 



"Tenemos juntos a Bugs Bunny y el Pato Lucas. Hay que aprovecharlo". La promesa de lanzamiento ya invitaba al optimismo. Tras muchas etapas oscuras y guerras de los clones de sí mismo, ha sido necesario que una generación de autores se empeñasen en recordar que, pese a las dosis de drama, el asombroso Spiderman tiene un componente divertido que no se puede dejar de lado. Entre los escasos contendientes que puede tener Masacre en el intercambio de diálogos rápidos, el alter-ego de Peter Parker es uno de los pocos que mantiene su ritmo. Eso lo entiende muy bien Kelly, quien además juega con la fórmula de La extraña pareja para mostrar una relación tensa que va derivando en un increíble e hilarante bromance. 


Para ello es fundamental el trazo McGuinness, quien, aparte de un dibujante excelente, tiene un cierto toque de dibujos animados clásicos en su trazo que para esta saga es el ideal. Lo expresivo de ambos enmascarados y la atmósfera a lo cartoon network que genera acompañan de una manera fluida el ingenioso estilo de Kelly. Igual que ocurría en su etapa en solitario con Masacre, el guionista a veces embarulla las cosas y deja flecos por desarrollar, pero siempre deja en sus lectores la sensación de que él sí sabe donde va a desembocar esta locura, una gamberrada con arte que alterna finas ironías con un toque mucho más escatológico y chabacano.  



Si la cosa funciona, como diría el maestro Woody Allen, no conviene mirarle el dentado a este simpático caballo que supone este Spiderman/Deadpool en las librerías. Incluso hay momentos para profundizar un poco en el verdadero carácter de Wade y Peter, algo muy importante, sobre todo para el caso del canadiense, en aras de humanizarlos ante el público. A comienzos de este arco, Deadpool está empeñado en hacer buenas migas con Spidey, el cual no puede tener peor concepto de partida del mutante. Dos amistosos vecinos obligados a entenderse, todo un regalo de vacaciones para sus legiones de fans. 



Referencias que van desde las pelis de Akira Kurosawa a los efectos psíquicos que se pueden producir en un ser humano al ver demasiado la televisión de las hermanas Kardashian, todo pasa por las afiladas, ingeniosas y enfermizas mentes de dos paladines incapaces de mantener la boca cerrada por un instante. La mejor manera de afrontar la travesura de Kelly, McGuinness y su equipo es abrocharse el cinturón en la atracción y disfrutar de la elevada velocidad del espectáculo. 


Habrá varios momentos memorables en este inicio, desde una inusual cita a ciegas con pleitos asgardianos a estampar un horrendo coche en las cercanías de los dominios de Misterio. Todo vale para dos autores que son especialistas en usar la cuarta pared y las referencias metaficcionales. Entre tantas guerras secretas, reseteos de personajes, multiversos alternativos para alternantes cosmos, es de agradecer un arco que únicamente pretende hacer pasar un muy buen rato al esforzado público. 



Sin subestimar el potencial de los futuros artistas que vayan llegando, es una pena lo pronto que Kelly y McGuinness abandonan el proyecto. Quizás vuelvan, pero es un reflejo de algo que últimamente le está faltando a los tebeos estadounidenses. Es decir, la agradable sensación de poder recitar de memoria el equipo artístico de tu personaje favorito en la actualidad, dando sensación de continuidad. Tal vez Marvel debería haber puesto número concreto a esta aventura (quizás una quincena de números) con el tádem original, puesto que Kelly parecía muy bien saber a dónde iba y muy poquitos le siguen con el talento de McGuinness.  



Deadpool y Spiderman es un cóctel explosivo y con visos de duración si está bien llevado. No obstante, corren asimismo el riesgo de Marvel Team-Up (cabecera donde el lanzarredes compartía mensualmente desventuras y hazañas con otros colegas de profesión); cuando tenían profesionales bien establecidos durante meses (especialmente, Claremont-Byrne) se exploraban sagas muy jugosas; cuando no, tramas moderadas y con la incómoda sensación de explotar la popularidad de héroes icónicos sin excesivo deseo de profundizar. El tiempo disipará o confirmará sospechas. De momento, lo firmado por Kelly y McGuinness confirma que el bromance el verano en viñetas tiene indiscutibles capos. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.batanga.com/comics/57512/spider-mandeadpool-1-por-estrenarse-en-enero



http://www.vox.com/2016/2/12/10979782/deadpool-explained



http://www.tumbnation.com/tumblr-tag/Miles%20Morales?page=1460906322

domingo, 3 de julio de 2016

KING OF THE WORLD


Tenía 22 años de edad y habían pasado siete asaltos por el título mundial de los pesos pesados. Ninguna marca surcaba su rostro aquella noche en Florida. Aquel chico debía ser un maldito genio. Si es posible hallar la felicidad en el deporte, Muhammad Ali la logró aquella jornada de 1964, el día en que un imberbe hizo conmocionar a toda la prensa y aficionados que lo habían juzgado un fanfarrón sin sustancia. El provocador que había armado vergonzosos numeritos ante el campeón Sonny Liston silenciaba a todo un país con una exhibición inesperada. El boxeo no es bonito. Ver pegarse a dos seres humanos dista de ser un ejemplo edificante. no obstante, aquel púgil de 1´9 había bailado como si fuera Fred Astaire y golpeado con la nobleza de Héctor de Troya. 



El libro que hoy nos ocupa es Rey del mundo, un atinado ensayo de David Remnick sobre uno de los deportistas más influyentes de la Historia, Muhammad Ali. El periodista estadounidense nos brinda algo más que una crónica deportiva bien hecha. No estamos ante la narración de un combate, sino ante un trabajo biográfico al más puro estilo Plutarco. Antes de llegar al gran evento, su pluma nos dibuja a diferentes personalidades que fueron orquestando el gran drama que se desplegó por todo un país. Hubo unos días donde Ali caminaba junto a Malcolm X por las calles de Harlem, esta obra nos retrotrae a ese tiempo. A la lucha por los derechos civiles, la segregación, el odio por el color de la piel del otro, al espectáculo de los gladiadores modernos... Es mucho más que un cuadrilátero lo que abarca esta investigación. 



Un primer acierto es prestar una gran atención a la hora de dibujar los perfiles de los enemigos deportivos de Ali. Especialmente conmovedor en el caso de dos grandes en su oficio que vivieron marcados por el destino fatal, cada uno a su estilo. Lejos de seguir la visión clásica, Remnick no se contenta de presentar a Liston como una salvaje fuerza de la naturaleza y de pasado controvertido con la mafia. Sus párrafos muestran la ironía de todo un sistema, a un crío sin ayudas que termina abriéndose paso a puñetazos y al que, posteriormente, luego critican por hacer lo que mejor sabe. Su personalidad era mucho más compleja de lo narrado por la historia oficial. No es casualidad que, décadas después, un hombre llamado Mike Tyson dejase flores en las tumbas del olvidado Liston. Debió sentir que algo les hermanaba.


El otro miembro del triunvirato es Floyd Patterson. El campeón educado, curiosamente, también maltratado por motivos opuestos a los anteriores. Para sus colegas, un desertor de la causa, un amigable tío Tom que hacía la corte al poder blanco. En el declive de su trayectoria, dolorido y golpeado hasta el extremo, Patterson vio como las celebridades que peregrinaban por hacerse una foto con él o lo declaraban su paladín, le daban la espalda como un jueguete roto de tanto usarse. Tres vidas paralelas que se cruzaron en el ring, un lugar donde no cabían las mentiras, mientras guerras todavía más crueles se batallaban entre bambalinas.



Ahí es donde Remnick pone el dedo en la llaga. El nombre amenaza decían los antiguos, por ello, no era nada antinatural que muchos vieran un peligro en el tránsito de Cassius Clay a Muhammad Ali. Abandonaba el nombre que su familia debía a sus dueños, aunque, como el dato revela, en verdad, el Cassius Clay del que derivaban había sido un firme abolicionista que combatió políticamente por conseguir acabar con el horror de la esclavitud. Al hacerlo, el protagonista principal de este relato quemaba con firmeza muchas naves de comodidad a las que renunció. No iba a ser el campeón que querían que fuera.



Su abrazo con los Musulmanes Negros resulta aquí un instante crucial. Como muchos otros afroamericanos, Ali encontró una revindicación del orgullo, un sentimiento de pertenencia que se remontaba a días ancestrales y a otro continente, no a plantaciones de algodón. Allí se asoció a una figura que todavía hoy despierta muchas dudas, el honorable Elijah Muhammad, quien llegó a ser terriblemente influyente en buena parte de la comunidad, incluyendo luminarias como el propio boxeador. Junto con una gallarda actitud ante los sinsabores que les hacía un sistema que los aplaudía cuando ganaban medallas olímpicas y les escupían cuando intentaban sentarse con ellos en el autobús, "El Más Grande" cayó en la pasión del converso. En duras declaraciones para una extensa entrevista para Playboy, habló contra los matrimonios mixtos, perpetuando los mismos tabúes contra los que al principio se había alzado.


Como en tantas otras ocasiones, su inteligencia natural le permitió salvarse. Incluso en los peores momentos de presión grupal, Ali siguió confiando en su entrenador Angelo Dundee, pese a los insidiosos rumores que le llegaban de que le terminaría boicoteando porque, a fin de cuentas, era un blanquito. Fue su instinto el que le llevó a plantarse ante la guerra del Vietnam, desoyendo una tentadora oferta del poder de hacerse unas cuantas fotos como recluta, ir a lugares seguros y servir de propaganda. Si bien se privó del título que tan duramente logró ante Liston y perdió algunos de los mejores años de su trayectoria deportiva, podríamos preguntarnos ¿en qué le afecta a un hombre perder el mundo si al final salva su alma? Ali traspasó cualquier frontera emocional, de raza o credo, brindando una imagen que sirvió de guía para muchos.



Todo ello está contado de forma minuciosa en este relato, la forja de un icono que traspasó fronteras. También lo malo, fruto de las propias entrevistas del autor a Ali. Dos especialmente, su manera alejarse de Malcolm X cuando la facción de Elijah Muhammad le dio la espalda con un veto digno de Baruch Spinoza; su posterior asesinato impidió que ambos amigos se reconciliasen. Hasta el final, Ali llevó eso a cuestas, de la misma manera que el divorcio de su primera esposa, Sonji, una mujer que no tuvo problemas en aceptar las creencias de su marido, mientras que este sí terminó poniendo graves reparos a valores tan atávicos como la forma de vestir de ella o que, en pleno ejercicio de su libertad, Sonji observará con preocupación la radicalización de la comunidad a la que pertenecían su cónyuge. Fueron los días de sus vaivenes más fuertes, aunque Ali terminó encontrando la interpretación de la fe que más le benefició: una religión de paz y firme repulsa a la mentira.



Por irritantes que fueran para algunos de sus esforzados rivales sus juegos mentales y trash talking, el púgil terminó cimentando una de las personalidades más atractivas de su siglo. Hubo un tiempo enfermizo en que el FBI escuchaba a escondidas una amigable conversación de Ali con el doctor Martin Luther King, como si fueran dos elementos subversivos, en lugar de dos personalidades fascinantes. Es una pena que Remnick termine su ensayo con las inmediatas consecuencias de sus luchas con Liston y Patterson, así como un epílogo a vuelo de pájaro de la carrera de su objeto de estudio. Lo mejor que se puede decir de esta obra es que es terriblemente dura con el boxeo y totalmente tierna cuando habla de los boxeadores; implacable con los problemas sociales de aquel contexto y, como diría otro añorado, el Doutor Sócrates, muy blanda con las personas a título individual.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://sport.bt.com/pictures/boxing/cassius-clay-beats-sonny-liston-february-25-1964-41363879318600



http://rarehistoricalphotos.com/malcolm-x-kidding-around-muhammad-ali-new-york-1963/



http://www.dailytelegraph.com.au/sport/boxing-mma/angelo-dundee-and-muhammad-ali-shared-an-unbreakable-bond/story-e6freygr-1226261289294

domingo, 26 de junio de 2016

ALFA Y OMEGA DE UNA FRANQUICIA



Estamos sumergidos de pleno en una era cinematográfica donde el género superheroico goza de una gran aceptación. Eso conlleva varias ventajas y otros tantos inconvenientes. Entre los segundos, destaca la fuerte tendencia al reboot, es decir, un reinicio a las dos o tres películas de un mismo personaje o grupo de héroes. Un intento claro de que se mantengan actualizados y acordes con la moda del momento. Es uno de los motivos por los que la franquicia correspondiente a los X-Men resulta tan especial porque, con varias trampas ocultas en esta afirmación, sigue avanzando hacia adelante de manera continuada. 



Precuelas, spin offs con Lobezno y otros ardides apartes, los mutantes marvelianos siguen, hoy y siempre, resistentes al invasor paso del tiempo. Corrigiendo varias incongruencias de X-Men 3, Bryan Singer volvió a los mandos tras las cámaras para filmar Días del futuro pasado, una contradictoria pero excelente historia que permitió volver a colocar todas las fichas en su sitio. Por ello, esta nueva entrega con Apocalipsis, una de las grandes Némesis de los pupilos de Xavier, fue aguardada con sana expectación, puesto que Singer repetía rol y estaba garantizado el cameo de Hugh Jackman como Logan.   



Simon Kinberg, Michael Dougherty, Dan Harris y el propio Singer se toman muchas licencias de la alargada saga original. Varias de sus decisiones son muy acertadas. En primer lugar, olvidar la atractiva ucronía futurista en la que se basaban los cómics, probablemente, como consecuencia de que Días del futuro pasado ya había jugado con todo ello, hasta el punto de que al gran público le resultaría repetitivo dos películas consecutivas ambientadas en tiempos venideros donde todo iría muy mal. Lo que sí se hace es mantener la línea temporal arreglada y ver cómo hubiera sido el ingreso de futuros miembros de los X-Men como Cícople o Fénix. No se puede hablar de reboot, pero la Fox ha encontrado en las paradojas de los dominios de Cronos el elixir de la eterna juventud de los esforzados estudiantes de Charles Xavier. 


En este sentido, hay varios aciertos de casting indudables. Sophie Turner aceptó con entusiasmo la posibilidad de encarnar a una joven Jean Grey, llamando de inmediato a Famke Janssen, su predecesora en el puesto, la cual había dejado un gran recuerdo por su interpretación de una de las mutantes más reconocidas de la Casa de las Ideas (como modestamente hacía llamar Stan Lee a la editorial). Turner argumentó que lo había hecho porque a ella le gustará que cuando otra actriz tome los ropajes de Sansa Stark, a ella le agradaría que le pidieran consejo. Buena forma de comenzar el desembarco de caras nuevas, dejando una agradable sensación para los fieles de la saga de que el legado se encontraba en buenas manos. 



Con todo, a nivel de la cinta que hoy nos ocupa, X-Men Apocalipsis sigue viviendo de un feliz hallazgo, un triunvirato de intérpretes en estado de gracia: James McAvoy, Jeniffer Lawrence y Michael Fassbender. O, lo que es lo mismo, ese triángulo de personalidades atormentadas que configuran Charles Xavier, Raven y Magneto. Tres personalidades muy atractivas que dan mucho empaque a la historia y se nutre de la fuerza que cada uno de ellos da al otro. Todo ello se mantiene vigente en esta competición por la supervivencia que Apocalipsis, el primer mutante del que tienen constancia los libros de Historia, impone a lo largo y ancho de todo el planeta. 



La trama resulta menos inspirada que en el episodio anterior, lo cual no significa que sea una experiencia muy entretenida y que hará las delicias de las personas que conozcan bien a estos personajes, existiendo varios guiños y detalles que quizás se pierdan en un primer visionado, pero que hablan claramente de la sensación de continuidad que arroja este proyecto. Pese a los pasos en falso o batacazos, en carrera de fondo, este exitoso género debe mucho a la constancia de estos protagonistas perseguidos por una sociedad a la que intentan proteger. 



Si en la anterior entrega era McAvoy quien destapa e tarro de las esencias con la ternura bien entendida que supo dar al profesor Xavier, o Jennifer Lawrence la que dio una dimensión en X-Men: Primer Generación a Mística/Raven que no había tenido en su concepción original, aquí la voz cantante la da la versatilidad de un Fassbender impresionante. Un actor que puede hacer de Macbeth, de abogado de narcotraficantes o de Magneto, entre muchos otros, es que tiene un registro a prueba de bomba. Se nota que lleva mucho tiempo con Erik y no hay secretos para él a la hora de mostrarlo en su complejidad y alejarlo del estereotipo de villano de folletín con casco grandilocuente. Ian McKellen, Patrick Stewart y Rebecca Romijin pueden estar tranquilos con respecto a sus sucesores.  



Con todo, el proyecto también arroja sus puntos flacos. Pese al buen hacer de Oscar Isaac, los poderes de Apocalipsis no son nada fáciles de llevar a gran pantalla, siendo quizás esta aventura más sencilla de llevar a buen término en las viñetas. Hay aciertos de casting como la joven Ororo Munroe a la que da vida Alexandra Shipp, habida cuenta del listón tan alto dejado por Halle Berry, o la Psylocke que representa Olivia Munn. Muchas peleas y piruetas de enjundia que aderezarán las palomitas, si bien todo es menos redondo y tiene menos coherencia el castillo de naipes construido que ese círculo cerrado que fue Días del futuro pasado



No defraudará en ningún momento a los seguidores a la causa, quedando solamente la pregunta de cuánto tiempo apostarán productora y equipo artístico de no ceder a la tentación del botón reset. Cuanto menos, ese es un Omega para el futuro de los X-Men en el cine que no se plantea. Por fortuna, demos gracias a En Sabah Nur. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/19416487/X-Men-Apocalypse-es-destrozada-por-la-critica.html



http://www.melty.com/x-men-apocalypse-sophie-turner-and-famke-janssen-s-jean-grey-are-very-different-a3731.html



http://collider.com/x-men-apocalypse-michael-fassbender-interview/

domingo, 19 de junio de 2016

SAVAGE INSTINCT: PENNY DREADFUL, SEGUNDA TEMPORADA


El primer sorbo había parecido despertar en el paladar un sabor agridulce (PENNY DREADFUL, DARK PLEASURES), con la extraña sensación de no saber qué primaba más, si las innegables virtudes o los visibles defectos. Penny Dreadful es un ejercicio de eclecticismo, el heterodoxo ejercicio que alterna la novela de folletín con la descarada irreverencia que exhibe Alan Moore en sus cómics; un experimento de doctor Frankenstein que se compone de varias piezas en su armazón, no todas en armonía. Sin embargo, debo admitir que esperaba con curiosidad su segunda temporada, expectante a ver cómo evolucionaba la criatura de John Logan y su equipo. 



Una impresión que da un visionado general es que poco ha cambiado. Virtudes y defectos se mantienen a partes iguales. El casting sigue siendo un completo acierto, sobresaliendo la particular pareja que forman Josh Hartnett (Ethan Chandler) y Eva Green (Vanessa Ives). Es realmente espectacular lo que este dueto aporta, son capaces de darle fuerza y credibilidad a lo más incoherente de los personajes que encarnan. Green, una actriz valiente como pocas para afrontar cualquier reto, es una de las alegrías más grandes del show; vuelve a repetirse la fórmula de darle un flashback exclusivo a esta vidente durante todo un capítulo, The Nightcomers; igual que sucedía en la primera temporada y la relación de Vanessa con Mina Harker, estos trozos de su pasado son excelentes micro-relatos de terror y suspense.



Personalmente, más sorpresa supone Hartnett. No resulta extraño el buen hacer de Timothy Dalton como el veterano explorador Sir Malcolm Murray, pues se trata de un intérprete de contrastada solvencia en televisión y cine, pero su compañero ha sabido sacar partido de una papeleta difícil. Su Ethan tiene una eficaz combinación de carácter y ternura, dando unos matices que escapan del simple molde de héroe de pasquín. Vanessa es una personalidad oscura que busca con desespero la luz, mientras que míster Chandler es un paladín que teme su propio reverso y perder el control. Juntos, son una combinación que difícilmente pasará desapercibida.



Combinación que, por otra parte, les será muy necesaria a ambos para sobrevivir. Recién salidos victoriosos de su enfrentamientos con la Criatura (un Drácula desaprovechado y muy alejado de la hipnótica presencia que se desgranaba al pasar las páginas de Bram Stoker), el grupo de aventureros se las verán de frente con la brujería, en concreto, una serie de poderosas mujeres lideradas por Madame Kali (Helen McRory). Si bien los compases iniciales de esta lucha distan muy poco de cualquier blockbuster veraniego, el duelo va ganando en intensidad e interés.  



Buena parte del mérito de esa mejoría recae en el saber hacer McRory, siendo deliciosas sus escenas con Dalton. Paralelamente, se desarrollan otras tramas de enjundia, destacando una muy particular versión de la "consorte" de Frankenstein, pero, en este caso, muy alejada de la encantadora La novia de Frankenstein (1935), generándose un particular y algo novelesco triángulo amoroso entre el creador y sus vástagos de noches tormentosas. 



En los intentos de aunar al buen doctor con el resto de protagonistas, hubiera sido muy aconsejable haber conservado durante más tiempo la figura de Van Helsing, pero, en una de las peores carencias del show, hay demasiada sensación de premura. Y es una real pena, porque hay verdaderos hallazgos, tales como ese Dorian Gray siempre buscando huir del aburrimiento, experimentado con todo tipo de placeres y apetencias, en esa dulce condena que ya le dio Oscar Wilde. Pese a todo lo dicho, si a un programa se le mide por capacidad de entretenimiento, la destreza de Penny Dreadful en tal menester no debe desdeñarse. 



Buscando elevar el nivel de exigencia para futuras sagas, resaltar que, teniendo en cuenta que es un ejercicio tan metaficcional, a nivel de argumento se contenta con arañar apenas la punta del iceberg que conforman las grandes obras a las que referencia. El micro-cosmos de cada uno de esos protagonistas podría, entre tantas posesiones diabólicas, balas de plata y chillidos, alimentarse un poquito más, beneficiando a la categoría del conjunto. 



De cualquier modo, ello no impide que se disfrute mucho de este instinto salvaje cuando la maquinaria que lo acompaña está engrasada. En sus mejores momentos, Sir Malcolm y los suyos no desentonarían en la etapa dorada de los cómics Tomb of Dracula de Marv Wolfman y Gene Colan; una sabia combinación del género thriller con terror gótico. Ahí es donde alcanzan sus mejores cotas.



Queda el tercer asalto de esta serie de dientes de sierra, atractiva, tramposa, inquietante e impredecible. La aguardaremos. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://zap2it.com/2015/05/penny-dreadful-season-2-vanessa-ethan-together-romantically-erotically-intellectually/



http://www.vcpost.com/articles/24897/20140723/showtime-penny-dreadful-season-2-helen-mccrory-antagonist-production-begin-august-2014-josh-harnett-helen-mccrory-madame-kali.htm



http://www.hobbyconsolas.com/videos/penny-dreadful-nuevo-diabolico-trailer-2-temporada-coleccion-carteles-112722

domingo, 12 de junio de 2016

LA MUERTE DE STALIN



Hay cómics que tienen fuerza de entrada. La persona que abre sus páginas nota de inmediato que no está ante una lectura cualquiera, simplemente, acababa de empezar el sumergimiento en una historia diferente. Exactamente eso sucede con La muerte de Stalin, una narración a cargo de una pareja artística de lujo, Fabien Nury (guión) y Thierry Robin (dibujo), quienes nos trasladan a las últimas horas de vida de Iósif Stalin, así como a la implicación que todo ello tuvo en la cúpula del Partido soviético.



Un marco realmente grandilocuente y con un regusto siniestro. No está nada mal que la ambientación sea así, puesto que la figura de Stalin ha dejado en la Historia un regusto de ostentación de gran poder y un eco oscuro, fruto de las purgas, gulags y verdadero régimen de terror que este personaje logró imponer. La revolución bolchevique había luchado contra la tiranía y régimen atávico de los zares, justo para encontrarse después que uno de sus máximos dirigentes se ganaba el apelativo de "El Zar Rojo". Inteligente, ambicioso y sin escrúpulos, Stalin generó una corte alrededor que en los momentos de esta aventura se debate entre el temor de la situación política que puede surgir (contexto de la Guerra Fría) y el sueño de poder reemplazar al cabecilla como nuevos hombres fuertes.



Rigurosamente documentado, el público que no beba los vientos por los rigores de Clío, puede respirar tranquilo. La muerte de Stalin no es un registro notarial de aquellos inciertos días en Moscú, sino que los autores introducen elementos dramáticos a su beneficio para acelerar el tempo narrativo. Así, la carta de la solista María Yudina cambia su ubicación cronológica real para servir de realmente impactante inicio. Podríamos decir que las cosas no ocurrieron así, pero sí que está presente la esencia y el sabor del miedo que presidio aquel acontecimiento excepcional. 



Historia coral dentro de un comité donde, eso sí, hay un personaje al que Robin caracteriza con especial esmero, Lavrenti Beria, uno de los más hábiles jugadores en el círculo de Stalin para intentar sustituirle dentro del Partido. Sin embargo, los costes del fracaso en la empresa pueden ser terribles, e incluso un manipulador y conocedor de los entresijos y secretos del Kremlim está expuesto a excesivos riesgos. Otros nombres como Malenkov o Nikita Kruschev desempeñarán su rol en un drama casi shakespiriano por cuanto refleja de a lo que conduce la codicia desmedida y la seducción del poder. 



Pero un arma devastadora que que deja boquiabierto al auditorio en esta verdadera obra maestra es la capacidad que tiene el guión y la representación gráfica de mantener, incluso a los más abominables en este festín de cuervos, con su humanidad. A pesar de que los vemos hacer actos de tremenda crueldad, nadie es figura de retablo, todos tienen debilidades, amores perdidos, inseguridades, miedos, etc. La sagacidad de los diálogos impresiona. 



Particularmente, Nury maneja muy bien los sobre-entendidos cuando quiere insinuar y no decir algo. Su mejor trabajo, quizás, es con el hijo de Stalin, a quien da varias escenas fundamentales para que echemos un rápido vistazo, apenas un parpadeo, al círculo familiar y la intimidad del "padre de la patria" Stalin, aquella imponente presencia que llegó a quitar el sueño al mismísimo Lenin, quien vislumbró que era fundamental para el futuro que el gran poder que llegó a aglutinar Iósif no terminase engullendo Trotski. El resto ya lo conocen.  



Paralelamente, el virtuoso trazo de Robin nos lleva por el peregrinaje de gentes de diferentes rincones de Europa del Este, trabajadores esforzados que acuden en masa a mostrar sus respetos a un gigante antes a un hombre; probablemente, nunca conocieron a Stalin en persona, pero la imagen propagandística permitió crear un mito de acero que, junto con los silencios (lo acontecido en el bosque de Katyn con los prisioneros polacos, los asesinatos orquestados contra ex camaradas suyos expatriados, usar en su único provecho la petición de apoyo del gobierno republicano durante la guerra civil española...), hizo pensar a muchísimos que Iósif nunca moriría. 



Síntoma de lo bien que llegan a moverse en la particular ópera que traman, es que el equipo artístico incluso se permite una cierta dosis de humor negro, el cual no estorba ni es de mal gusto, simplemente sirve de relajante, una sonrisa amarga ante el desfile de doctores y alianzas dignas de Meñique que se van gestando en la secretaría soviética. 



Imposible abandonar estas viñetas sin acariciar la idea de que acabamos de toparnos con un auténtico clásico, uno de esos cómics que revindican la calidad que se puede llegar a alcanzar en este medio artístico. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://labd.blogspot.com.es/2012/07/incroyablement-oublies-cccvi-la-mort-de.html



http://www.sambabd.be/tag/la+mort+de+staline



http://www.normaeditorial.com/ficha/012034565/la-muerte-de-stalin/