domingo, 24 de mayo de 2015

ULTRON UNLIMITED: THIS FRANCHISE TRIUMPHANT




Cuando Stan Lee decidió juntar a sus héroes marvelianos más carismáticos (Iron Man, Thor, Hulk, La Avispa y El Hombre Hormiga) en un mismo cómic, titulado The Avengers, era consciente de que no estaba siendo nada original. Corría la década de los 60 del siglo XX, los tebeos norteamericanos estaban entrando en la que sería conocida como La Edad de Plata (iniciada por el propio Lee, siempre acompañado por el talento creativo del dibujante Jack Kirby, desde el número 1 de Los 4 Fantásticos en 1961) y, fruto de una conversación en un día de golf con Julius Schwartz, guionista de DC, gran competidora de Marvel, se dio cuenta de que La Liga de la Justicia (agrupación de los grandes iconos de la editorial: Batman, Superman, etc.) era una idea demasiado buena para no copiarse. Entre otras cosas, ese tipo de publicación te garantizaba un mayor número de lectores; básicamente, darle a la gente lo que quería. 




Mucho tiempo después, ese mismo Stan Lee, aunque su verdadero nombre es Stanley Martin Lieber, hace un cameo en Los Vengadores 2: La Era de Ultrón (2015); concretamente, es uno de los veteranos del desembarco de Normandía que regaña a Thor porque el portador del martillo no quiere dar a los venerables caballeros una bebida asgardiana que es demasiado fuerte. A fin de cuentas, se trata de una fiesta y no hay que andarse con remilgos en tales lides. Siguiendo el ejemplo de Stan, acosado por Sheldon Cooper en una memorable ocasión, es muy recomendable ir a ver la secuela de una de las franquicias súper-heroicas más taquilleras con ese espíritu informal. Se trata de un festejo donde si piensas mucho, pierdes, hay que colocarse el cinturón en la montaña rusa y dejarse llevar. 




Joss Whedon vuelve a ponerse tras las cámaras para continuar la cuestión justo donde la dejó. Gracias al éxito de la primera parte, no fue difícil repetir el Dream Team de la anterior ocasión (Scarlett Johansson, Chris Evans, Mark Ruffalo, Jeremey Renner, Chris Hemsworth, Samuel L. Jackson y, cómo no, ese Robert Downey Junior que tiene el don de que siempre parezca que le han escrito la frase más ingeniosa), lo cual lanza a los protagonistas a encontrarse con una nueva revisión del mito de Frankenstein: Ultrón, una inteligencia artificial que empieza a tener ideas muy preocupantes acerca de cómo alcanzar la paz mundial. 





James Spader presta su voz y gestos a la evolucionada creación mecánica, dándole un carisma sarcástico que es muy de agradecer. Si bien su germen original en las viñetas es alterado (de ser entera responsabilidad de Hank Pym, aquí es un jugar a ser Dios por parte de Tony Stark y Bruce Banner), Whedon hace homenaje a algunas de las mejores sagas del villano (entre otras, las batallas parecen beber mucho de la saga concentrada en Avengers, vol. 23, nº 19-22 USA, recientemente re-editada en España), dando algunos de esos detalles que quizás te hayas perdido que no interesan al gran público, pero que tanto gustan a las personas que han devorado algunas de sus aventuras en papel. 




En medio de ese tablero, tal vez planteado con demasiada premura (el film, aunque esto esta percepción es subjetiva, me parece ir de menos a más), dos extraños hermanos parecen encontrarse a caballo entre los dos frentes. Elizabeth Olsen y Aaron Taylor-Johnson encarnan a Pietro y Wanda Maximoff, por motivos de derechos, evitándose en todo momento la mención a las palabras mutante, orígenes zíngaros o que su papaíto sea un tal Magneto. Es una pena que, por motivos de derechos, la Patrulla X que ha retomado con mano firme por Bryan Singer parezca destinada a no cruzarse con Los Vengadores.  




Tanto Johnson (no lo tenía fácil, debido a la carismática versión que habíamos visto del mismo personaje en X-Men: Días del futuro pasado) como Olsen desempeñan muy bien su función, mostrando a esta pareja como dos personas muy furibundas con Tony Stark (básicamente, esta película todo el mundo parece estar a la greña con el bueno de Anthony, salvo los espectadores). Desaprovechado el posible potencial que podía haber dado su encarcelamiento y adiestramiento en Hydra, una vez se sueltan, el héroe de los pies ligeros (no me refiero aquí a Aquiles) y la hechicera rejuvenecida toman una gran fuerza.




Asimismo, SHIELD volverá con reobrados bríos. La única cosa que uno le puede reprochar seriamente, guanteletes del infinito mediante, al nuevo rumbo de Marvel en sus adaptaciones cinematográficas de estos años es la cierta falta de espontaneidad, de taquillazo a taquillazo, todo el mundo intuye ya que hay que quedarse para la sorpresa de los créditos finales (y es que cada complot y conjura malévola desmantelada es apenas una rendija a una nueva conjura, mucho más maliciosa que la previa). Una vista tan a largo plazo que es, incluyendo sus medidas fases de lanzamientos, aparte de un producto de entretenimiento muy digerible, un ejercicio de marketing a gran escala como pocas veces hemos presenciado. 




Age of Ultron no va a cambiar nuestra percepción del séptimo arte, pero propone todos los elementos que obligan a pedir un refresco grande y una bolsa de palomitas para compartir. Incluso se añadirá para la ocasión un flirteo romántico entre la Viuda Negra y Bruce Banner, así como un entrañable pasado hogareño para Clint Barton. Habrá asimismo pequeños detalles de continuidad para que los puristas se tiren de los cabellos, pero, a buena cuenta, la gran mayoría de la gente que vaya a ver el espectáculo disfrutará de la partida. 



Y con ese regusto agradable quedan en el horizonte guerras civiles, gemas brillantes y más cross-overs, así como otras heroínas y tipos en mallas que deben tener su propia peli. De momento, la jugada está saliendo tal y cómo lo planeó la Casa de las Ideas. Imploremos a Odín, padre de todos, que sigan teniendo ese daimon que le sigue dando alma a un ejercicio tan fríamente calculado, que diría el añorado Chapulín, otro tipo con martillo que hubiera sido digno de empuñar el Mjolnir. 




Vengadores, reuníos, que no pase mucho tiempos hasta la próxima secuela y fiesta del cine... Excelsior. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:




http://blogdesuperheroes.es/category/cine-comics/cine-marvel/the-avengers-age-of-ultron-2015




http://turntherightcorner.com/2014/10/22/marvel-avengers-age-of-ultron-teaser-trailer-and-poster/avengers-2-age-of-utlron-screenshot-thor-captain-america-widow/#main




http://marvel.wikia.com/Avengers_Vol_3_22

domingo, 17 de mayo de 2015

GET SMART


Nunca fui especialmente de 007. Sin duda, debemos al inefable James Bond algunos momentos muy buenos en la literatura y, quizá todavía más, en la gran pantalla. Sin embargo, cuando pienso en agentes secretos de la ficción, el número 86 es el primero que me viene a la cabeza. Y es que en el género de espías me suele suceder que gozo más con la parodia que con la obra original. En definitiva, ante todo, uno debe declararse acólito de la agencia de Superagente 86, mítica serie creada en 1965, uno de esos programas que hacen esbozar una sonrisa cómplice en las personas que la siguieron en algún momento. 




Y es que resulta mucho más fácil empatizar y divertirse con el voluntarioso y algo clouseauno agente Maxwell Smart que con el casi perfecto e impecable James Bond. Así, la creación de Mel Brooks y Buck Henry tiraba mucho más del sentido del humor que de alguna arma mortífera oculta en su reloj; además de sus creadores, los cinco años de exitoso funcionamiento del show dieron para una amplia nómina de sarcásticos y divertidos guionistas (Leonard Stern, Mike Marmer, Gloria Burton, etc.). 




El inefable Don Adams fue el encargado de encarnar al protagonista, quien, pese a alguna pequeña torpeza y malentendido en el camino, era más que capaz de hacer frente a amenazas tan temibles como KAOS, organización dedicada a la destrucción a escala internacional. No lo haría solo, pues estaría casi siempre bien acompañado (en todos los sentidos) por la agente 99, interpretada por la actriz Barbara Feldon (cuya altura enfurruñaba al bueno de Adams, quien le pedía que no se pudiera tacones, evitándose así agraviosas comparativas).



Estéticamente, Get Smart marcó claramente una tendencia y una estética. Empezando por su pegadizo opening, mil veces parodiado, se diseñaron muchos clichés y fórmulas que se mantendrían en los futuros sucesores, de todo tipo, pelaje y condición, desde Austin Powers a Torrente, pasando por el inspector Gadget. De hecho, precisamente en España debemos mucho a estos esforzados agentes, pues sus artilugios y armatostes serían muy bien recogidos por su potencial humorístico por algunos de nuestros mejores creadores de cómic: especialmente, sobresale el caso de Manuel Vázquez (Anacleto, agente secreto) y Francisco Ibáñez (padre de los incomparables Mortadelo y Filemón).



Probablemente, porque el pretexto de las misiones secretas da un juego tremendo para mover escenarios y justificar toda clase de aventuras. Eso vale para Anacleto y su desierto, los múltiples encargos del Superintendente Vicente a sus muchachos de la TIA, y, por supuesto, para la pareja 86-99, en ocasiones, acompañados también por el canino correspondiente. La naturaleza de su profesión permitía que fuera, relativamente, fácil, mantener un alto ritmo de producción de capítulos sin que parecieran forzados.



Asimismo, villanos, una auténtica galería de los mismos. Si el infalible servidor de Su Graciosa Majestad se mide a peculiares doctores con recursos para la dominación global, así como adversarias tan mortíferas como exuberantes, Smart y 99 se las verán con todo tipo de enemigos. Destaca en esta lista con honores Siegfrid, quien apareció por primera vez en A Spy for a Spy, destacando desde el primer instante como uno de los más constantes (y divertidos) servidores de KAOS. La caracterización de Bernie Kopell ayudó mucho a que este "malvado" ingresase en el panteón de los aficionados de la serie.



No fue el bueno de Siegfried el único, en la nómina de gente peligrosa figuraba también el sicario "Susurro", así como un, aparentemente, educado criador de palomas que tiene una visión muy particular para acabar con la Guerra Fría y el ruidoso mundo donde viven. Pero siempre podían contar los paladines con CONTROL y la figura del Jefe (Edward Platt y su rictus sereno aguantaron las tonterías de Smart con elegante resignación durante más de 130 episodios, siempre amparados en el bendito formado de 30 minutos, que al género siempre viene tan bien).




El éxito permitió varias secuelas y filmes televisivos, sin la magia de antaño, todo hay que decirlo; incluso encontramos una adaptación a la gran pantalla en 2008, con Steve Carrell y Anne Hathaway tomando el testigo de la primera pareja. De cualquier modo, el recuerdo parecer irse siempre, al hablar de este tema, a aquella década de los 60, donde marcó toda una tendencia.



Para el imaginario popular, este mítico interrogatorio:


JEFE: ¿Cómo confiar en un hombre que traiciona a sus amigos?



SIEGFRIED: ¡Dumkopf! ¿Y a quién más se podría vender? ¡No puedes traicionar a tus enemigos!


FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






domingo, 10 de mayo de 2015

EL BOTONES DE VERDE CAQUI



1942. Toda Bélgica está ocupada por las fuerzas opresoras nazis. ¿Toda? No, un grupo de patriotas se mantiene irreductible en la resistencia de Bruselas, arriesgando sus vidas en favor de las Fuerzas Aliadas. Yann al guión y los espectaculares dibujos de Olivier Schwartz, bien reforzados por el colorista Laurence Croix, se ambientan en este contexto para traer una nueva aventura de Spirou, un trabajo que ha sido bautizado como El botones de verde caqui



Este cómic, recientemente editado en España, es una auténtica delicia que hará batir las palmas a las huestes más fieles de seguidores de la genial creación de Rob-Vel, la cual pasó a los altares de las viñetas en la célebre etapa de Franquin. Sin embargo, esta épica aventura puede ser también una perfecta iniciación para aquellos lectores que quieran descubrir porque el seudónimo del heroico Spirou es ardilla. En verdad, todos los elementos que han hecho célebre al botones se encuentran condensados en estas elegantes páginas. 



Un tebeo que está repleto de guiños y de detalles que es fácil perderse en una primera lectura apresurada. El dueto creativo no solamente cuenta una historia de espías al más puro estilo clásico, sino que incluye referencias a muchos de los grandes hitos de aquella generación dorada de autores franco-belgas. Impresionante y digno de elogio es la discusión de unos prisioneros sobre el maestro Hergé y sus opiniones políticas, si bien muchos destacan el entretenimiento que ha dado el célebre Tintín. Hay asimismo referencias al célebre cómic tintinesco El secreto del unicornio.    




Uno de los grandes atractivos de esta historia es el cambio de roles que plantea entre Fantasio y Spirou. Inseparables compañeros de aventuras, el secretismo del botones sobre su verdadero papel en la resistencia lleva a su camarada a pensar que se ha convertido en un acomodado colaboracionista. Creada como el necesario complemento de un héroe casi intachable en todo (parece que no hay ni cofre de oro ni hombre ni mujer capaces de sacar al bueno de Spirou de su halo de santidad), la figura del alocado pero noble inventor suele generar una mayor capacidad de empatía en los lectores. 



Aquí es curioso tenerlos, como pocas veces antes, enfrentados. Asimismo, el equipo artístico de esta pieza conoce bien hasta dónde se puede llegar a la hora de tentar a uno y otro. Eso se nota mucho con el personaje de Úrsula, una atractiva y frívola alemana que rondará en determinados momentos a la joven pareja. Alguna escena de la bávara colocándose las medias hubiera podido ser firmada por Marlene Dietrich (a ser posible, con el maestro Billy Wilder tras la cámara). 




El guión de Yann es excelso. No solamente logra crear una ingeniosa trama que respeta los cánones más exigentes de los puristas, sino que aprovecha el escenario para hacer todo un tour de la nostalgia sobre una de las etapas más doradas de la nunca lo suficientemente ponderada generación franco-belga que enseñó muchos de los secretos narrativos que aún hoy podemos encontrar en gran cantidad de cómics actuales.



Y, dentro de la estética amable que suele tener el inefable Spirou, hay momentos de realismo que llaman poderosamente la atención. Inquietante la escena donde el héroe contempla cómo se maltrata por parte de los liberadores a las prostitutas de la capital belga que han confraternizado con los soldados enemigos, como si ellas hubieran tenido mucho opción en aquellos años de hacer otra cosa. Se trata de un fresco muy llamativo.



Hay asimismo homenajes a figuras como Audrey Hepburn, la cual tiene una escena maravillosa y muy tierna con el inefable botones, dejando un instante de emotividad en un personaje tan impoluto que cuesta verle emocionarse, incluso en medio de un ataque de artillería en Stalingrado.



En definitiva, gracias al botones de verde caqui por recordarnos una de las etapas más deslumbrantes que se han dado en el arte de las viñetas... 

FOTOGRAFÍAS OBTENIDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.lacasadeel.net/2015/03/spirou-el-botones-de-verde-caqui.html



http://www.komic.es/gl/lecturas/490-el-botones-verde-caqui-schwartz-yann-dibbuks.html




http://www.komic.es/es/lecturas/493-el-botones-verde-caqui-homenajes-referencias.html




RECOMENDACIÓN DE UNA MAGNÍFICA RESEÑA SOBRE ESTE MISMO CÓMIC:



http://www.fantasymundo.com/articulos/6721/botones_verde_caqui_nuevo_album_spirou

domingo, 3 de mayo de 2015

CUESTIONES DELICADAS



LOZANA: Señora mía, ¿son doncellas vuestras hijas? 

NAPOLITANA: Son y no son, sería largo de contar, Y vos, señora, ¿sois casada?


[DELICADO, F., La lozana andaluza, Espasa, Madrid, 1998, p. 90. El castellano del texto se ha actualizado]




A pesar de que sus creadores las habían concebido con bastantes años de diferencia, se habrían gustado mucho, no cabe la menor duda sobre ello. A la vieja y astuta Celestina le habría llamado la atención esa moza cordobesa que se estaba iniciando en una profesión en la que ella era doctora cum laude. Cuando Fernando de Rojas escribió La Celestina (o la tragicomedia de Calisto y Melibea), quizás no imaginó que iba a provocar que en la Venecia de comienzos del siglo XVI alguien se decidiera a seguir sus pasos. Y es que Francisco Delicado, aunque la autoría también ha sido objeto de debate, creó una sucesión de mamotretos y diálogos deslenguados que se consolidaron en los avatares de una cortesana española en la inmortal Roma: La lozana andaluza. 



Conocido es que dedicó la primera edición al maestro gramatical Nebrija, pero muy poco es lo que realmente sabemos de F. Delicado, lo cual ha provocado que se hayan hecho muy interesantes consideraciones sobre el significado social que quiso brindar a esta serie de capítulos, muchas veces inconexos, donde la protagonista, tras diversas desventuras, se va consolidando como prostituta en una Ciudad Eterna en una coyuntura muy especial. La Roma de pontífices y prebendas, de judíos huidos de la expulsión peninsular española y portuguesa que negocian con los grandes obispos, el trono de San Pedro venial y, ante todo, la historia de los pícaros y la pequeña gente, los derrotados cotidianos en un gran juego de vanidades, con un célebre saqueo de telón de fondo.




Con todo, existen fuertes dudas acerca de adscribir directamente a esta pieza la categoría de novela picaresca. Puede ser una antesala a ese micro-universo que tan bien se comprende en Italia y España, pero carece de muchos de los elementos que determinan al género (rasgos que son claramente visibles en El Lazarillo, La vida del buscón o La pícara Justina). Tampoco es una trama amorosa y erótica al uso, existiendo un fuerte componente comercial entre la protagonista y sus clientes, algo lógico, pero también con los amantes más prolongados como Rampín. 



Y es que, ante todo, es una obra muy personal y con la que es difícil poder hacer comparaciones. Hasta tal punto que el propio Francisco Delicado se dejó caer por sus páginas como personaje de la misma. Con mensaje ético nada edificante para la moral de la época, hay muchos guiños y detalles que, probablemente, nosotros, lectores de nuestro tiempo, no identificamos con la claridad que lo hicieron sus coetáneos. Los nombres de los príncipes de la iglesia que desfilan por esos burdeles, el colectivo cristiano nuevo, los códigos, las insinuaciones, la comida, etc. 



Fue Francisco Márquez Villanueva uno de los primeros investigadores en acentuar la esfera de lo converso en esta obra de apariencia tan frívola y de carpe diem, que esconde mucho más de lo que aparenta. Aparte de expresiones muy andaluzas de aquel tiempo, los mamotretos incluyen palabras italianas, catalanas, portuguesas y, obviamente por el marco donde se desarrolla la acción, voces latinas (los expertos han señalado el carácter macarrónico del mismo, propio de ese contexto). 



Me comentaba hace ya algún tiempo un buen amigo que de esto sabe que la Lozana tiene aún pendiente una nueva adaptación a la gran pantalla, o, como es moda en los últimos años, una buena serie de televisión. En verdad, posee los suficientes elementos para dar juego. Tenemos un precedente fílmico en 1976, donde anduvo Vicente Escrivá, quien solía tener muy buena intuición para sacar cosas rentables para televisión. Si bien María Rosario Omaggio tenía todos los atributos (como actriz y en otros aspectos algo más subidos de tono) para resultar creíble como la cordobesa, algo falto en esta producción erótica-festiva, fruto también de aquella coyuntura de nuestro cine (aunque fue asimismo una co-producción italiana). 



Intérpretes como Maribel Verdú hubieran podido ser unas protagonistas espléndidas para ese futurible, esperemos que alguien coja el toro por los cuernos y se arriesgue, porque son momentos de la literatura castellana que merecen recuperarse. Solamente hay que recordar la magnífica labor de recopilación que Fernando Fernán Gómez hizo de la picaresca para TVE. 



Mientras tanto, esta dama de azarosa vida y sensuales maneras sigue aguardándonos, por módico precio, en muchas estanterías y librerías de viejo. Que no es poco.  

FOTOGRAFÍAS Y ENLACES: 






http://fredagsfunderingar.blogspot.com.es/2014_06_01_archive.html




http://www.benitomovieposter.com/catalog/lozana-andaluza-la-p-1267.html

domingo, 26 de abril de 2015

ANY GIVEN DAY



"Pídeme artillería, pídeme hombres, pídeme dinero... Pero no me pidas tiempo, pues no me sobra ni un ápice". Cuenta la leyenda que Napoleón Bonaparte escribía así a uno de sus mariscales, dejando constancia de que, dentro del ramillete de recursos de los que disponía, no se encontraba esa cosa fugaz y esquiva, el paso de los días y los años. A Richard Linklater, director de Boyhood (2014), no le hubiera costado comprender el sentido de esa cita de l´Empereur. 12 años. 39 días. 159 minutos. Tres fórmulas para explicar uno de los experimentos cinematográficos más rentables de los últimos años. 



Más de una década para acabar un film donde sus intérpretes han envejecido a tiempo real, mostrando su evolución física y teniendo vetado revelar detalles de la trama. Los casi 40 días se corresponden a las jornadas de rodaje filmadas. Las más de dos horas y media se corresponden al metraje de un viaje muy particular en la gran pantalla, algo que, citando a Peter Debruge, es una misteriosa cápsula del tiempo. 



Boyhood es algo más que la biografía del paso de Mason (Ellar Coltrane) de la niñez a la adolescencia, viendo como su núcleo familiar, de amigos y amores van cambiando y rotando conforme su trayectoria vital avanza con sus agridulces victorias y derrotas cotidianas. Y también algo menos. Más que una épica a lo Tolstói, el guión de Linklater está mucho más próximo al terrenal y veraz microscopio de Chéjov para narrar pequeños episodios anodinos, pero que arrojan mucho de la naturaleza común de los seres humanos. 



Esto se ejemplifica a la perfección con el trabajo de Patricia Arquette y Ethan Hawke, en el papel de progenitores separados de Mason y su hermana (interpretada por Lorelei Linklater, y es que esta es una historia donde todo queda en familia, como pueden comprobar). Ambos artistas firman dos de los mejores papeles de sus carreras, mostrando los diferentes avatares que van teniendo en su forma de intentar re-estructurar su vida tras el divorcio. 




Y es que uno tiene la sensación de que está invadiendo con discreción la vida íntima de estos protagonistas, como si hubiera desaparecido una de las paredes y pudiéramos caminar por los pasillos de esos institutos, las cocinas del apartamento que su padre comparte, montados en el asiento trasero del coche de la madre, etc. Sin duda, muy beneficiada por el marketing que ha dejado su larga gestación, Boyhood encierra méritos suficientes para seguir captando la atención, una vez su recurso pase de moda. 



La cultura pop le ayuda mucho en ese sentido, especialmente visible en el rosario de referencias que va dejando de la televisión de la época y las formas de vestir, pero, especialmente, en la música, teniendo una banda sonora escogida con mucho eclecticismo y sabiendo dónde colocar este arma, siempre eficaz para este tipo de filmes. 


Resultará difícil para toda una generación no identificarse o tener mucha empatía con algunas de las secuencias o pequeña instantáneas del recorrido de Mason y su círculo. A lo mejor no te ocurrió exactamente así, pero te deja un cierto eco, un déjà vu que se observa con una sonrisa recubierta de una pequeña tristeza. Está hecha con tino y no comete el error de la nostalgia de sobrestimar lo que aconteció. 



El esplendor de otra obra tan interesante como Birdman pareció eclipsar un poco a la obra que hoy nos ocupa en la gala de los Oscar, si bien, la avalancha de nominaciones y premios internacionales que ha recibido en 2014 parecen más que generoso tributo de crítica y público a una cinta larga, mas no pesada.  



"La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y, gracias a este artificio, logramos sobrellevar el pasado". (Gabriel García Márquez). 

FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE: 







http://collider.com/boyhood-interview-richard-linklater-ethan-hawke/





http://collider.com/boyhood-interview-richard-linklater-ethan-hawke/

domingo, 19 de abril de 2015

LAS CERRADURAS DEL PATIO DE CLÍO



Un salto al vacío. Hoy por hoy, pretender hacer una serie española que se atreva a tocar conceptos tales como la ciencia ficción o las paradojas temporales es una invitación a la resistencia radical y burlas del propio público. Casi sin precedentes, se trata de un campo que tradicionalmente ha parecido vetado a nuestra caja tonta. No obstante, un experimento de TVE ha logrado en unas semanas poner todos estos presupuestos patas arriba. Estamos haciendo referencia, obviamente, a El Ministerio del tiempo.



Javier Olivares, Abigail Schaaf, Jorge Dorado, Marc Vigil, Pablo Olivares y un distinguido etcétera han invitado a los espectadores a una aventura de las de antes. Una mezcla de El túnel del tiempo y Doctor Who, entre otras referencias, pero con un eclecticismo de olfato fino para revestirse de personalidad propia. Una institución que debe patrullar y velar porque los libros de Historia no terminen mintiendo en sus acontecimientos principales, puesto que hay portales de Cronos que pueden atravesarse y alterar a la realidad.



Con un toque a los Indiana Jones o de Regreso al futuro, este nuevo programa ha reverdecido laureles que parecían olvidados por estos lares. Frescura, diálogos divertidos y personajes carismáticos. Rodolfo Sancho parece estar bien encaminado a seguir los pasos de su progenitor, guiño a Curro Jiménez incluido. Comparten cartel y éxito Aura Garrido y Nacho Fresneda. Un tipo de la actualidad con un drama familiar, una precoz universitaria del siglo XIX y un tercio español del siglo XVI conforman un triunvirato de aventureros temporales que funciona con la precisión de un reloj suizo.


Una buena química que alterna el tipo de escuadra que uno puede esperar en Viaje alucinante, teniendo añadidos del interés de poder contar con una versión más que digna del modelo Alatriste que tanto popularizó Arturo Pérez Reverte. Una buena combinación de elementos de acción, ironía y cierto toque dramático cuando es menester. Engranajes puestos sobre un tablero de diferentes jugadores, sin quedar del todo claro si este peculiar Ministerio son lo que, tradicionalmente, en esta clase de show se denomina como "los buenos". 



Y, en ese apartado, sobresale un ejercicio de casting muy pertinente y que desprende cierto aroma a aquellos añorados Estudios 1. Así, resulta una gran alegría volver a ver Jaime Blanch con un goloso papel y un alto cargo de responsabilidades. Lo acompañan en ese alto staff Juan Gea y Cayetana Guillén Cuervo, quienes están más informados de los entresijos del negocio que sus patrulleros. Cuanto menos, una fórmula que esta primera temporada ha aprobado con nota. 



Justo cuando parecía que iban a cimentarse en la premisa de salvar la vida a algún personaje clave del pasado, evitando que desapareciese del esquema cronológico antes de hora, el penúltimo episodio profundizó más en el personaje de Irene Larra, dando una oportunidad excelente para que Guillén Cuervo sacase partido de su interpretación, mostrando los entresijos y los modos de reclutamiento de la institución. En definitiva, una montaña rusa con unas reglas básicas que, si se consienten, permiten disfrutar, y mucho, al público.




Todo ello, acompasado con un interesante elenco de villano al que es imprescindible en esta clase de género. Hay destaca Natalia Millán como Lola Mendieta, freelance de estos portales y un personaje muy interesante cara a explotar en el futuro.  En la categoría de antihéroe con motivaciones legítimas, José Antonio Lobato brinda su experiencia para componer a Armando Leiva, antaño uno de los mejores cerebros en el ministerio, ahora, en unas relaciones muy diferentes con sus antiguos colegas. Una galería que los guionistas eran engrosando, crucemos los dedos, en próximas temporadas. 



Parece que le han cogido el truco y colocan los elementos con acierto. Así, las redes sociales y el contacto directo con el público han permitido al Ministerio del tiempo garantizarse una difícil plaza como recién llegado, compitiendo con muy buena audiencia el lunes por la noche. ¿Existen riesgos en esta audaz apuesta? Sin duda, la primera es mantener la capacidad de sorprender. La segunda es mantener ese sano don de no tomarse demasiado en serio a sí mismo, pues en su frescura se asienta mucho de su éxito. 




Crucemos los dedos por seguir probando los candados de Clío... 

FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-ministerio-del-tiempo/teaser-miniserio-del-tiempo/2955680/




http://www.20minutos.es/noticia/2387751/0/exito-ministerio-tiempo/tve-pasa/lunes-emision/




http://www.lavanguardia.com/series/recomendacion/20150330/54429338643/el-ministerio-del-tiempo-previa-lazarillo-de-tormes.html

domingo, 12 de abril de 2015

EL ARCO DE UNA SAGA



Han vuelto. Dos cómics rompedores y violentos, una pre-cuela y un par adaptaciones cinematográficas de calidad desigual no eran suficientes para la popular saga Kick-Ass, la cual, parece ser, alcanza su clímax en esta tercera parte. Desde hace años, la asociación del talentoso y deslenguado Mark Millar con John Romita Junior (más que digno heredero de una de las estirpes más excelsas a los lápices de las viñetas norteamericanas) ha lanzado su último hurra, el tributo merecido a Hit Girl y Lizewski. 




El tomo con la saga completa es una de las tentaciones más apetecibles para una generación de lectores que han seguido las andanzas de esos muchachos y muchachas que dieron un paso que iba más allá de la afición y la cultura freak, lanzándose a la mayor aventura de todas, el salto a la realidad del mundo súper-heroico. Mucho corazón. Pero, como decía el personaje de Clint Eastwood en Million dollar baby, un boxeador que solamente tenga mucho corazón, solamente puede aspirar a llevarse una gran paliza. Y las calles de esta franquicia están plagadas de golpes, tortazos y reveses, visitas al hospital y grescas muy específicas. 



De cualquier modo, la fórmula resulta menos sorprendente en esta ocasión. Desde el original prólogo del primer número, Kick Ass resulta una narración sorprendente, donde muchas cosas impactaron con la novedad de la primera vez. Sea como fuere, incluso el realismo del trazo de Romita repercute menos en la retira del público, y es que uno ya sabe las salvajadas y gamberradas que vienen reservada cuando el atípico equipo de Dave y Mindy (la cual comienza esta tercera parte en presidio) se junta. 




Una Hit-Girl que, indudablemente, ha sido uno de los grandes hallazgos de esta colección, un personaje redondo y repleto de un carisma que se ha notado en la predilección que Millar le muestra. Ya en la pre-cuela, aunque puede ser un error de percepción mío, ya se observa en el spin-off o pre-cuela que ella misma protagonizó, se empieza a ir notando que Mindy ha ido monopolizando buena parte de los momentos más épicos y divertidos de la franquicia. Esto ha dejado escenas memorables (resulta muy divertido ver a una pequeñaja intimidando a la altura de un Chuck Norris a bandas criminales organizadas o antiguos guardaespaldas de Valdímir Putin), pero también el peaje de que resulta impensable que ninguna criatura del universo comiquero (desde Hulk a Galactus, pasando por Superman) pudiera con Hit-Girl. 




Esto hace que buena parte del duelo contra el nuevo hombre fuerte del clan Genovese se centre en una de las máquinas de matar más perfectas que han existido nunca en Marvel, un Deus ex machina que puede arramblarlo todo a su paso. En este sentido, la terrenalidad y la tragicomedia que llevan las andanzas de Dave y su heterogéneo (por ser finos) nuevo grupo de héroes callejeros para rescatar a Mindy, tienen un aire de verosimilitud y ácida deformación de la realidad que provoca una mayor empatía.  




Y es que el arco de Dave va llevando a un crecimiento(mezclada con inmadurez) que lo hace, como en las anteriores entregas, insertando a un personaje tan interesante como Valerie. ¿Qué le pasa a los paladines enmascarados cuando se encuentran con su primera novia formal, con la que además se funciona muy bien bajo las sábanas? ¿Quién su sano juicio iba a mantener el interés a seguir saliendo en noches frías a pelearse con macarras que quieren hacerse un collar con sus dientes? 





Pudiendo estar errado, creo que nos hallamos ante la aventura que satisface las pretensiones de los incondicionales, pero no va a atraer nuevos adeptos a sus viñetas.  Vuelven a producirse algunos de los trucos de los anteriores tomos, la llegada de un nuevo mafioso que quiere acabar con esos freaks encapuchados que se meten en su negocio, el ambiguo rol del antiguo Red Mist, etc. Eso y, claro, el espectro de Big Daddy y otros de los personajes desaparecidos en previas entregas. 




Es como si hace algunos años se hubiera lanzado una flecha a gran velocidad y corrosiva sátira en su punta, la cual, curiosamente, no impide que tras la parodia haya toda una declaración de cariño y amor al mundo de los cómics (algo que honra de Miller y Romita); hiperbólica, exagerada y única en su especie, Kick-Ass ha sido una fórmula de las más curiosas de los últimos años en este mundillo. 



Un tobogán de emociones, una deslenguada montaña rusa, sin censuras ni corta-pisas, el relato de Dave y Mindy, con un guiño fantástico para terminar. El más gamberro de todos los cómics. El más cómic de todas las gamberradas. 

IMÁGENES: 







http://marvel.wikia.com/Kick-Ass_3_Vol_1_7




http://www.taringa.net/post/noticias/16717159/Primer-vistazo-a-Kick-Ass-3-1.html