domingo, 1 de noviembre de 2015

NUNCA HEMOS TENIDO UN PÚBLICO COMO ESTE...



No se puede negar que Álex de la Iglesia es un director con personalidad. Sus películas pueden gustar más o menos, pero son rápidamente identificables para el espectador y tienen la continuidad de un universo propio. Me comentaba un buen amigo que, quizás, su gran problema a la hora de rentabilizar al máximo el innegable talento del cineasta vasco es el hecho de que resulta demasiado freak para el gran público y, dentro de la excentricidad, tampoco llega a atravesar el espejo de Alicia. De esa clase de cristales nos habla su último film, Mi gran noche (2015).



Jorge Guerricaechevarría le acompaña al guión. De estas combinaciones han surgido visiones muy personales, cínicas y sagaces de realidades como la de los centros comerciales (viene a la mente la deliciosa Crimen ferpecto [2004]). Ahora, se adentran en un campo onírico de ensoñaciones llamados programas de Nochevieja y galas navideñas, esos platós que se llenan de figuración de traje y que, sin embargo, están rodando en pleno agosto y con un regidor diciéndoles cuando reírse o aplaudir, mientras que los artistas ya grabarán en otro momento. 



Una idea curiosa e interesante que de la Iglesia remata con detalles de cosecha propia, utilizando a uno de los artistas que más ha participado en este tipo de televisión a los José Luis Moreno, Raphael (convertido aquí el entrañable cantante de villancicos y otros clásicos como el que da título al film en una mezcla extraña entre villano de James Bond y el Emperador de Star Wars, saga a la que el cineasta tiene auténtica devoción). Con una comedia coral y atiborrada al estilo Berlanga, también usa detalles de El ángel exterminador (1962), Mi gran noche tiene un buen arranque y una sátira social que no deja de verse con una mirada cómplice. 



No obstante, aunque tiene un ecléctico tono desenfadado estilo El guateque (1968) y hay elecciones de casting muy acertadas (mención especial a usar a dos actores como Pepón Nieto o Carmen Machi, capaces de hacer milagros con cualquier cosa que se les dé), Mi gran noche se ve con la misma facilidad con la que uno intuye se le van a ir olvidando cosas conforme salga del cine. No es, ni mucho menos, una decepción, pero tampoco tiene la factura de otros proyectos de un artista que, si por algo se caracteriza es por su punch. 



¿Se habrá ablandado de la Iglesia con los años como algunos sectores más gafapastas quieren vender? Personalmente lo dudo, alguien que hace apenas 5 años regala una visión tan tenebrosa y diabólica versión de las dos España como Balada triste de trompeta merece siempre respeto. Aquí, en una pieza menor, se logra divertir y poner siempre esa dosis de violencia ibañezca que arrancan la carcajada directa. 



El ambiente de gala e irrealidad que rodea todo ayuda a confirmar esa sensación de que hay pocas cosas que inciten más a la tristeza y a la autocompasión que las campañas publicitarias para despedir el año, donde si no se tiene el coche más rápidos, la novia o el novio más cañón y una nutrida nómina, uno es un auténtico inútil. Aunque acelerada en el argumento, el extraño idilio que se logra entre el personaje de Pepón Nieto y la bellísima Blanca Suárez sirve de perfecta metáfora de lo antedicho. 



Hay muchos dardos nada disimulados a los programas que buscan nuevas estrellas televisivas al micrófono o mandar a un recóndito lugar a famosos del mundo del corazón para que se despellejan. Con acierto, de la Iglesia utiliza a la trinidad que ya utilizó en Las brujas de Zugarramurdi (2013) para mostrar ese modelo de gente guapa de la hostia y que congregan masas y taquilla: Hugo Silva-Carolina Bang y Mario Casas. 



En definitiva, un honesto y divertido entremés, al que es difícil asimismo sacar más punta. No es el Álex de la Iglesia en estado puro que nos encanta ver, pero tampoco parecen de recibo algunas de las lluvias de críticas que le suelen caer últimamente, fruto de que quizá como público estamos empezando a estar un poco de vuelta de todo y se nos olvida que a de la Iglesia le ponemos el listón del mejor de la Iglesia. Y eso es decir mucho. 



Mi gran noche tiene un estupendo reparto y entretiene con una sonrisa durante 100 minutos. No es poco mérito.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 










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