martes, 19 de julio de 2011

EL SÍNDROME DE DEMÓSTENES



Sinceramente creo que la cosecha del pasado año solamente puede ser calificada de excelente. Hagamos memoria. "Cisne negro", una obra extraña, inquietante y arriesgada. "Valor de ley", un remake excelente y un western muy eficaz. "The Fighter", una intensa cinta de boxeo con magníficas interpretaciones... Y así unas pocas. Verdaderamente, el séptimo arte se ha portado.
Sin lugar a dudas, "El discurso del rey" merece ser considerada otra más de esas maravillosas obras realizadas el pasado curso. Sobria, eficaz, es un exponente de todas las virtudes que atesora el cine británico, recreando una época muy concreta, Gran Bretaña en víspera de la II Guerra Mundial, cuando al trono ascendía Jorge VI.
Al igual que el emperador Claudio según las fuentes latinas o Demóstenes, según nos narró Plutarco, el nuevo monarca tenía un problema de tartamudez que se podía tornar gravísimo en una figura que habría de dirigirse muchas veces a una gran masa de público. Colin Firth encarna con su solvencia habitual al joven duque de York primero, angustiado por los devaneos de su hermano Eduardo VIII, finalmente coronado como soberano en vísperas de unas horas cruciales para su nación.
Es muy curiosa la trayectoria de Colin Firth. Ciertamente, hay bastantes películas suyas que no estarían precisamente cerca de mi lista de favoritas, pero él siempre me ha parecido un artista de talento y muy consecuente a la hora de abordar sus papeles. Por ejemplo, en "El retrato de Dorian Gray", hace un maravilloso papel, pero ciertamente, la versión cinematográfica está muy lejos del maravilloso nivel del relato original de Oscar Wilde. Aquí, creo que el director, Tom Hooper, le ha sacado un rendimiento estupendo.
Buscando encontrar una solución, el aristócrata, siempre con el vital apoyo de su esposa (esa actriz de extraño pero innegable atractivo que se llama Helena Bonham Carter), terminará, casi como opción de descarte, por contactar con un peculiar profesor de curiosa metodología. Su nombre es Lionel Logue y es interpretado por un intérprete que no necesita presentación, Geoffrey Rush. La varita mágica que está teniendo en los últimos años este verano es una de las pocas demostraciones de justicia divina que existen en la actualidad. Aunque el doblaje en castellano es muy bueno, los diálogos entre Firth y Rush casi invitan a hacer el esfuerzo de verla en versión original. Son una delicia, tienen unos dobles sentidos y un acento extraordinario, una gozada.
Como es costumbre en la factoría inglesa, el elenco secundario tiene una calidad media muy estimable, sin ir más lejos, el mítico Derek Jacobi es el arzobispo. A partir de ahí podemos imaginar el mimo que han tenido los responsables del casting. "El discurso del rey" es una obra seria, con un matiz irónico, con la que te puedes identificar aunque no tengas sentimientos monárquicos, muy bien ejecutada y mejor interpretada, aunque, en otro rasgo que es también muy inglés, creo que no se arriesga en algunos aspectos y siempre se queda en una elegante neutralidad ante muchas cuestiones.
No desaprovechen los que no la pudieran ver en cartelera la oportunidad de verla. Merece muchísimo la pena. En otra época, hubiera podido ser dirigida por Frank Capra.

3 comentarios:

Chespiro dijo...

Excelente reseña, Viejo. ¿Puedes especificarme lo de la elegante neutralidad?

El Viejo dijo...

Muchas gracias amigo Chespiro. Pues sí, generalmente en este tipo de cine británico creo advertir (es una impresión que puede estar errada) que siempre buscan ser políticamente correctos.

Aunque ensalza el papel del monarca en este caso concreto, no cae en el panfleto, pero tampoco en la deformación burlesca. Es decir, siempre muy comedidos.

Más o menos esa era la impresión que quería reflejar. Saludos.

David C. dijo...

habría que agregar red social.