domingo, 4 de diciembre de 2011

ARTHUR MILLER Y EL INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

Durante este fin de semana, en la ciudad de Córdoba hemos podido disfrutar de la adaptación de Claudio Tolcachir de la clásica pieza teatral de Arthur Miller, "Todos eran mis hijos". Así que en grata compaña, vuestro humilde bloguero visitó ayer un pequeño pueblecito estadonunidense que apareció de la nada en el Gran Teatro de La Llana.

La obra de Miller no necesita presentación, desde "Muerte de un viajante", esa inquietante y maravillosa canción triste de Willy Loman, hasta "Las brujas de Salem", toda una osadía en plena época de la paranoia comunista norteamericana, su calidad literaria prevalece al paso del tiempo. De personalidad complicada y hasta polémica, su condición de clásico para el escenario lo coloca como uno de los más grandes autores teatrales de su generación.
La trama se centra en el hogar de los Keller, una familia compuesta por los padres y dos hijos, uno de ellos superviviente de la guerra y el otro desaparecido en el frente por más de tres años. A pesar de la fe inquebrantable de la madre, Kate, de que el añorado Larry va a volver, parece que el resto del clan y amigos, al igual que ocurría por ejemplo en "La dama del alba", han empezado el proceso de olvido. Eso se manifiesta con más fuerza que nadie en Chris, quien tras su etapa militar ahora trabaja en la industria de su progenitor y se cartea con la esposa de su hermano, de la que ha estado enamorado desde la infancia, aunque la chica vive ahora en otra ciudad, debido a que su padre tuvo problemas con la justicia y se ganó el descrédito del pueblo.
Con su habitual facilidad de pluma y capacidad de entrar en diálogos inteligentes e intimistas, Miller vuelve a sus temas recurrentes, el papel de la familia, personajes con muchas aristas, una frontera difusa entre el bien y el mal y una gran emotividad, tratando con crítica descarnada sistemas e ideologías, pero con infinita ternura al ser humano como sujeto individual, incluso en sus miserias. Hasta aquí nos quedaremos en la trama, por respeto a aquellos lectores/as que tengan pensado ver esta nueva versión de Producciones Teatrales Contemporáneas.
A nivel de montaje, el escenario planteador por Miller es muy propicio para los teatros, una casa y su jardín, con apenas algún elemento como el bosque de fondo o un árbol plantado por el hermano mayor Larry que es derribado por un rayo la noche donde comienza el relato. Bajo este marco se desenvuelve un reparto muy potente. Me gustaría aquí resalta a Jorge Bosch, espléndido en su rol secundario, creando a un personaje conmovedor y que vuelve a confirmar las palabras del maestro Woody Allen de que más valdría tener suerte en la vida que talento.
Entre los miembros del reparto más jóvenes, destacan las escenas mantenidas entre Fran Perea y Manuela Velasco, creando una pareja de interés romántico con menos tópicos de los que pareciera a simple vista. En general, la calidad media es más que notable y a buen seguro el público a lo largo de España va a disfrutar con esta gira.
En un lugar mencionar a la pareja protagonista. En primer lugar, la madre, interpretada por una gran Gloria Muñoz, que crea una progenitora muy interesante. Es una de las máximas de este tipo de obras, baste pensar en "Las uvas de la ira" o en la ya citada "Muerte de un viajante" para ver esa omnipresencia en la obra, aquí les sorprenderá.


Por último, a un majestuoso Carlos Hipólito como Jon Keller, el patriarca del clan. Habiendo seguido la trayectoria en cine de este actor, tenía buen concepto de él, no obstante, lo mismo que me ocurriera viendo en acción al gran José Luis Gil en la proximidad del escenario para "To be or not to be", la impresión ha aumentado, así como la admiración. De menos a más durante toda la representación, poco a poco se va adueñando de la obra, teniendo una manera única de gesticular, de moverse, de cambiar los registros de su voz... Un actor de una categoría impresionante.
No esperen a que sea su día fausto en el caldenario, vayan a disfrutar de esta obra...

2 comentarios:

Chespiro dijo...

Qué añadir, Viejo. 100% de acuerdo. Se condenan ideologías y actitudes, más que personas, algo muy de agradecer.
Un saludo!

El Viejo dijo...

Siempre, ese tono benigno a la persona individual y crítica a sistemas e ideologías es una constante del gran maestro Miller.