miércoles, 19 de agosto de 2009

EL PROGRAMA QUE PROVOCABA INSOMNIO



Título: Historias para no dormir.

Fecha de la primera emisión: 1.966.

Director: Narciso Ibáñez Serrador.

Género: Terror.

Galardones: Ninfa de Oro en el festival de Montecarlo en 1.967, mejor programa extranjero de su época según la revista Buenos Aires y Premio Ondas a su creador en 1.969.
Hay que decir que el título de este clásico de la televisión española no es del todo correcto. En realidad, aunque su propio creador sigue recomendando que sea vean para “Pasarlo agradablemente mal”. Pero en realidad, la casi cincuentena de episodios que semana a semana lograban encandilar a un público español ávido de una televisión diferente, se podía dividir en una enorme cantidad de subgéneros: historias para pensar, adaptaciones de clásicos literarios, novela negra, suspense, sobrenatural…

Bajo la aguda mente de este singular guionista y presentador (muy recomendable hojear el libro que dedica a su figura el señor Álex Mendíbil), se puso en marcha un producto muy singular y que logró traspasar fronteras, lo cual dice mucho, teniendo en cuenta el modesto papel del arte televisivo español, en muchos sentidos, muy atrasado con los competidores extranjeros, no solamente por la censura (que a veces agudiza el ingenio como un saca-puntas), sino por los medios técnicos.

Con todo, en los remasterizados DVDs, a pesar de que se quejen algunos, a mí el blanco y negro me parece que le sienta especialmente bien a historias como “El tonel”, “El Pacto” y un largo etcétera. De hecho, probablemente sean las más apreciadas por los seguidores de estos programas, siendo las de color de buena calidad, pero quizás menos mágicas y novedosas, pues algunas como “El trapero” eran sencillamente re-versiones de viejas historias. La única excepción, que me atrevería a considerar la joya de la corona, es la mítica “El televisor”, donde no solamente estamos ante unas magníficas interpretaciones y un excelente argumento, sino que además hay un componente visionario muy difícil de hallar.

En cuanto a los actores y actrices, hay que destacar un nombre por encima del resto, aunque solamente fuera por su aparición en la mayoría de los episodios, nada menos que el propio padre del director, Narciso Ibáñez Menta. Nada hay menos positivo que el nepotismo, pero quizás esta sea la excepción que confirma la regla, ya que se trata de uno de los nombres por excelencia de esta época. Muy versátil y con una gran capacidad de transformación (un placet por las maquilladores y maquilladores de dicha época) que le permitían manifestarse como héroe o villano, según fuera el tercio.

Junto con él, serían innumerables los casos que podríamos citar. Aquí van solamente unos pocos: un jovencísimo Carlos Larrañaga, una estupenda Gemma Cuervo (quienes la recuerden por su papel de adorable y despistada abuelita de “Aquí no hay quien viva” les sorprenderá encontrarla clavando el perfil de femme fatale de relatos góticos), Manuel Galiana (un excelente monstruo del teatro), Agustín González (sin necesidad de presentación), una jovencísima Concha Cuetos… y así podríamos alargar esta entrada indefinidamente.

Sobre la ambientación, podrá imaginar el respetable que no se podían pedir milagros. No obstante, relatos que transcurren en muy pocos escenarios como “La sonrisa” (apocalíptica versión del futuro, donde además podremos disfrutar de un debutante Emilio Gutiérrez Caba) o “La cabaña”, muestran que se necesitan menos medios cuando la inteligencia para saber narrar combina a la perfección a los elementos. También ayuda una buena medición del tempo, nunca ni demasiado larga ni tampoco cortas, todo en su justa medida, casi nunca sobrepasando la hora.

Por supuesto, las influencias son evidentes y hay muchísimas deudas que Chicho y su equipo deben a algunos de los grandes clásicos. Si Edgar Allan Poe no hubiera existido, dudó que hubieran encontrado un sustituto mejor para adaptar sus relatos, aunque creo que desde la tumba del oscuro y genial inventor del terror, está muy satisfecho con la maravillosa adaptación de “El cuervo” (la más original y brillante que nunca he visto de esta sencilla historia, insertando de plano la biografía ajetreada del autor) y la extraordinaria caracterización de Rafael Navarro.

Más reciente no por ello menos relevante es el en muchos sentidos auténtico maestro en la televisión de Serrador, nada menos que uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, Alfred Hitchcock (por cierto, una de las espinas clavadas de Narciso ha sido no haber podido emularle en el éxito cinematográfico, siendo él más bien un animal puramente televisivo). El estilo del opening y la comunicación epistolar con los espectadores serán muy conocidos para los estudiosos del gran inglés.

En el sentido político, debería destacarse una notable independencia de esta serie, que se valía de la ficción para sortear el toro de los censores. No es que fueran tampoco unos transgresores, pero “La Alarma”, “El trasplante” y tantas otras dan una visión muy negativa de las dictaduras de cualquier dictadura y el peligro de la uniformización social y no atender al pensamiento individual.

En la otra mano, personalmente, en el revisionado de esta serie, siempre me ha parecido que el tiempo ha pasado como una lapa a las historias de ciencia ficción. No es por los efectos especiales paupérrimos de la época, lo mismo podríamos decir de relatos de miedo clásicos como “La zarpa” (magistralmente parodiada por cierto en un capítulo de Los Simpsons) o “La casa” adolecen de esos errores, pero son argumentos muy bien narrados que logran mantenerse en tensión aunque quizás no puedan impactarte con imágenes.

Para esto habría que achacar la realmente intensa obsesión que Narciso Ibáñez Serrador siempre ha tenido por este tema, defensor acérrimo de que debe haber vida inteligente en otro planeta e incluso amigo de creer en platillos volantes, creo que su imaginación le ha hecho arrancarse demasiado en argumentos sobre invasores. “El fin empezó ayer” puede ser considerado un excelente ensayo sobre el tema del “Desembarco colombino versión espacial” pero muchas otras de las restantes vienen a ser girar una y otra vez sobre el mismo tema, aunque desde luego, en aquellos días el público era lo que demandaba.

En definitiva, desde “El cumpleaños” a las más recientes (aunque no se ha conseguido volver a suscitar el interés de ninguna productora, aunque nombres tan destacados como Alex de la Iglesia se han mostrado siempre dispuestos a hacerlo y colaborar con su admirado director), parece que las historias que desvelen quedan en un cajón de los recuerdos, pero mal no vendría desempolvarlas de vez en cuando.

Como fueren, superando miedos y falsas nostalgias, creo que se puede invitar sin temor a quedar mal a que echen un vistazo a estos programas… para pasarlo mal, realmente mal… muy agradablemente mal.

2 comentarios:

franchesk dijo...

Madre mía, está usted hablando del año 0 de mi pasión por el terror, el pulp, el noir, las cosas de género, incluso la realización de tebeos, que sé yo!!

Fue precisamente "El Cuervo" (en un verano en el que estaba pasando grabaciones a DVD,y que desconocía haber grabado) el que me inició en la veneración del género, y eso conllevó verme el resto de las historias, y ver con fascinación los fragmentos de "El Televisor" o "Historia de la frivolidad" que salían en un programa recordatorio de los años 90 que echaban en TVE50.

¿En cuanto a la serie? Vale, he de reconocer que en conjunto (en realidad los episodios que he visto, me faltan unos pocos) es irregular, con episodios magníficos, y otros no tanto, incluido uno que me parece nulo como es "El Fín Empezó Ayer", discrepo contigo, es previsible y no tiene chicha visual, que siempre fue un fuerte de Chicho (y esto se nota en "Freddy"). De todas maneras es imprescindible y necesaria, hay que tenerla en cuenta, hay un antes y un después de HPND. Es alucinante ver que semejante serie existió una vez en la TV española, es algo que dudo que se vaya a repetir aquí (fuera...fuera tienen demasiada suerte, pero los creadores son distintos).

No me he explicado bien, ¿verdad? No importa. Sin nostalgias, "Historias para no dormir" es una serie que aún tiene calidad. He de reconocer que no es algo que beneficie a toda la obra del uruguayo, que "Historia de la frivolidad", a juicio de la última vez que la vi, tiene tela...

(una última frase: pinche ahí donde pone "Franchesk". Se lo recomiendo.)

El Viejo dijo...

¿Qué no te explicas bien? Desde luego que no, a nadie le puede quedar duda de tu espíritu crítico y aún así saludable afición por esta magnífica serie, imprescindible.

Discrepamos en la valoración de algunos capítulos, pero es normal con un género tan heterodoxo y hasta sano. 1 fuerte abrazo.