domingo, 6 de abril de 2014

HOW IT ENDS...


Hay ocasiones en las que merece la pena. Uno iba encantado al instituto después de robarle horas al sueño con Pippen, Kobe, Sheed y cía, siempre bajo la batuta de la narración de Andrés Montes y Daimiel, una de esas eternas parejas del Canal Plus más primigenio. Otras veces eran los clásicos bajo humos que ponía Garci en pleno lunes de madrugada (¿a quién se se lo ocurrió semejante horario?), demostrándose que Lawrence de Arabia nunca perderá su magia, pero que con anuncios debería subtitularse La historia interminable.



Hacía tiempo que no me veía en una de estas, pero con una tormenta lisboeta de justicia cayendo sobre la ventana de la residencia, parece una buena idea agradecer nueve temporadas de entretenimiento a How i met your mother. Los enlaces se van cayendo, aunque más o menos se puede mantener el hilo, mientras suena el teléfono de la recepción (no es broma) diciéndome que acaba de llegar mi pizza y baje a abonarla. Simple confusión, el vecino de en frente está empollando y se le ha abierto el apetito (¿tendrá la intención de convidar a un trozo por el malentendido?). Eso sí, de madrugada, normalmente el toque me hubiera pillado en brazos de Morfeo y pensando que eran malas noticias ("nada bueno ocurre después de las dos de la mañana", ¿recuerdan?). Otra cosa que agradecer a una serie irregular (nueve temporadas quizás hayan sido demasiadas, especialmente por algunos capítulos de relleno por esa manía de las productoras de exprimir las gallina de los huevos de oro), mas con innegable ángel. 



Ha llovido bastante sobre el paraguas amarillo desde que comenzó el relato de Ted Mosby en 2005. Resulta curioso que en una época de transatlánticos épicos (Juego de Tronos, Boardwalk Empire, etc.) hayan emergido con mucha popularidad dos series que han sido los paradigmas de la comedia situación más clásica: Modern Family y la homenajeada de hoy. La primera tiene el mérito de haber actualizado conceptos y la segunda, de darle un pequeño y afortunado giro a muchas de las premisas que ya habían destacado en Friends. 



Un viaje de referencias y cultura pop. Las redes sociales ardían conforme avanzaban 40 esperados minutos de la CBS, el desenlace de una historia contada a su ritmo. Nunca la premisa chico conoce a chica ha tenido semejante nivel de detalle. Con esos 20 benditos minutos de toda comedia-situación que se precie, quedan muchos trajes de Barney Stinson atrás, no pocos guiños cinematográficos (desde Annie Hall a Star Wars), paraguas amarillos muy difíciles de llenar, telediarios de madrugada, jueces y profesoras... Marshall, Lily, Ted, Robin y Barney serán un quinteto fácil de recordar para las personas aficionadas a este género (los mismos que aún esbozan una sonrisa al escuchar Phoebe, Joey, Chandler, Monica, Rachel y Ross). 




Quizás hubiera que añadir en el anterior párrafo a Cristin Milioti, el fichaje de última hora para evitar que La Madre se convirtiera en una especie de vudú invisible como la mujer de Norm en Cheers o la inefable Marise de Frasier. Carter Bays y Craig Thomas no tienen un pelo de tontos y sabían que no era necesaria una modelo escultural o una actriz hiper-famosas, sino alguien que pareciera venir de ninguna parte y de la que te gustaría saber mucho más. La novena temporada quedará lejos (bajo mi modesta opinión, doctores tiene la iglesia) de la calidad de los mejores momentos de HIMYM, si bien el episodio 200 (How your mother met me) tiene visos para entrar en el panteón de los incondicionales del show. Y eso, en buena medida, se deberá a la joven actriz, un soplo de aire fresco que ha traído algunas de las escenas de este epílogo que más han resucitado la esencia por la que muchos se rindieron a esta ecléctica, alocada y personal comedia-situación. 



Particularmente, sería de justicia rescatar un exquisito gusto musical para cerrar algunos de los finales que han tenido un toque simpsoniano para sacar la sonrisa, tocar un poco la fibra y no ser excesivamente ñoño (con todo el respeto al personaje de El Chavo del Ocho). Simple Song (The Shins), The Funeral (Band of Horses), Shake it out (Florence and The Machine), La Vie en Rose y otras canciones han sido temas-testigo de las aventuras y desventuras de este divertido grupo de amigos. 



Cuando el cinismo (realismo + tiempo) amenaza con invadirlo todo, un buen capítulo de una serie de estas características es una pildorita azul que siempre agrada al paladar. Curiosamente, la hora final del show parece haber sido una extraña mezcla de todas las virtudes y defectos del programa en uno. Thomas se despedía con elegancia en Twitter, agradeciendo los nueve años de aventuras a todos los aficionados, dándole igual algún comentario subido de tono de algunos fans a los que disgustó el final. Perros viejos de olfato fino, siempre sabiendo donde hacer la diana.  



Tantos años de danzas de la lluvia, relicarios enterrados, libros de jugadas, regla de las tres llamadas, ex a cuestas, equivocaciones en el aula, maratones de Jungla de Cristal, taxis de madrugada o latrocinios de cuernos (con perdón) galos, entre otras muchas imágenes y referencias dentro de referencias; quizás para descubrir, justo a tiempo, que es mucho mejor encontrar a alguien que ni siquiera te deje acabar la pregunta cuando llegue el momento, porque la respuesta es sí. Sin artificios ni recovecos, a veces, el camino más simple es el correcto... aunque la espera pueda tener muchos vaivenes, incluso para el más paciente Job.



Y en esa mirada HIMYM ha destacado por una mirada muy poco rencorosa. Probablemente, si hubiera que señalar la mejor virtud de este proyecto ha sido la capacidad de hacer rememorar cosas que a cada cual (o a cada cuala) le han pasado en algún momento de su vida y poder hacerlo con un distanciamiento cervantino que no deja de ser muy sano. Mientras sucede esa espera, hay que ir a cuantos MacLaren´s se tercien, agarrar cada oportunidad laboral que surja (aunque sea del inefable Bryan Cranston, el mejor jefe de arquitectos de la historia televisiva) y, sin dejar de tener memoria de las cosas legendarias que pasaron, tratar que sean muchas más las que están por venir.



A mí tampoco me complació mucho el final (mejor dicho, 30 segundos finales), pero cuando a uno le han invitado a un sabroso almuerzo, es elegante obviar si los anfitriones no han estado finos a la hora de servir los postres.




Me hubiera sorprendido en 2005 si me hubieran dicho que al fin tendríamos, una década después, rostro para La Madre. También, que lo vería en otra ciudad y viviendo una experiencia así, pero eso, simplemente, hace que sea legend...one moment, wait for it...ya saben como sigue.


SPOILER ALERT:


FINAL ALTERNATIVO (navaja de ockham, pero siempre nos quedará Farthampton)

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