sábado, 15 de enero de 2011

LÁPICES ROJOS

Fue otra época, días oscuros donde bien convenía perderse con los compañeros de trabajo en la taberna más próxima. Sin embargo, ni siquiera con ellos estaba bien visto sincerarse mucho, excepto con los más íntimos, viejas cicatrices estaban abiertas y había miedo, que engendra silencio.
Paco Roca nos traslada con sus viñetas a un frío año 1957, donde un grupo de valientes decide dar un paso adelante en el marco del tebeo español. Josep Escobar, Cifré, Peñarroya, Giner y Conti.
Con un estilo narrativo claro y un argumento que alterna el difícil híbrido entre la fiabilidad histórica y el infinito cariño que surge de la admiración, Paco Roca nos regala una editorial Bruguera renacida, tan familiar como oscura, tan hogareña como leonina a la hora de tratar los derechos artísticos de sus empleados.

Considerando dichos aspectos inadmisibles, este heterogéneo grupo con el talento como único denominador común, decide embarcarse a costa de sus propios y frágiles ahorros en la creación de Tío Vivo; por primera vez en la historia en el cómic peninsular, los artistas tenían un control total sobre lo qué querían decir, sin pasar por el lápiz rojo de Rafael González, uno de los verdaderos arquitectos del monopolio brugueriano, pero cuyas corecciones le supusieron muchas discusiones y sinsabores con los dibujantes.
Mientras algunos como Víctor Mora (creador de "El Capitán Trueno" y "El Jabato") siguen adelante con sus quehaceres a la par que se fijan en cierta bella señorita de la compañía, González y la familia Bruguera se dedican por todos los medios a boicotear por activa o por pasiva la iniciativa, no tanto por miedo a verse desbancados, como por no sentar precedentes.
Como efecto colateral que surge el perder a autores de personajes tan celebrados como "Carpanta", Bruguera ve la inyección de sangre joven como algo positivo. Un muchacho tímido, algo pesimista y muy talentoso, Francisco Ibáñez, con la ética de trabajo de una mula, se inserta en la compañía, junto con su buen amigo Raf, también llamado a escribir su nombre en la historia del tebeo español.


Testimonio gráfico de la vida cotidiana de unos dibujantes y guionistas encorsetados en una sociedad que vivía bajo la lupa de una censura enloquecida porque la pobre Sigrid no ajustaba bien sus escotes, la experiencia de Tío Vivo empezará a torcerse por varios factores, aunque siempre queda un residuo para la esperanza...
ATENCIÓN, EL SIGUIENTE APARTADO DESVELA TRAMAS DEL ARGUMENTO:
Sorprenderá a más de uno que Manuel Vázquez, indudablemente por aquel entonces el mayor talento en bruto de la editorial, traicionará de semejante manera a sus compañeros y, por encima de todo, amigos. Vázquez, carismático e irresistible, parece haber gozado de una Bula papal para exonerarse ante la opinión pública de verdaderas puñaladas traperas como aquélla.
La recreación de Paco Roca complemente y mejora la visión que otorgó el cine con "El gran Vázquez", en un todo más verdadero. Con todo, parece que nuevamente el trotaconventos que huía de sastres, parece que sale demasiado bien parado de sus canalladas y eso, bastante fastidiado andaba porque la estructura franquista no se sentía del todo cómoda con la sed de hombre que presentaba una de "Las Hermanas Gilda". Se echa de menos que, Roca no haga inter-actuar a Ibáñez y Vázquez, la sabias y paciente tortuga frente a la liebre irresponsable y a chispazos.
Aunque, tal vez, esto sea un acierto para la obra. Ibáñez por su producción sin precedentes y probablemente inigualable y Vazquez, debido a su personalidad y genialidades breves pero innegables, siempre tendrán un hueco en la memoria del aficionado, especialmente el creador de "Mortadelo y Filemón". En cambio, carreras tan alucinantes como Escobar han empezado a ser injustamente olvidadas por las nuevas generaciones que hemos ido llegando. Comprometido al máximo con unos ideales incompatibles con la dictadura, Escobar se nos presenta como un digno derrotado, un hombre de familia preocupado, un artista polifacético, un individuo que supo burlarse de las familias ejemplares que pregonaba la Falange con esa divertida a la par que triste mueca que eran "Zipi y Zape", siempre mandados al cuarto de los ladrones por ese don Pantuflo que no hubiera tenido ningún problema en explicar por qué la pérfida Albión envidiaba la nobleza incomprendida de los españoles.
Lo mismo puede decirse de los otros cuatro fundadores de esa causa perdida, pero que fueron los cimientos de un cómic hispano más actual. Mientras Bruguera se dedicó a hacer refritos de sus mejores lápices sin ninguna novedad, ellos miraban lo que se hacía fuera, muy especialmente en el marco franco-belga, soñando con que llegaría un día en que las cosas, serían muy distintas. No tanto, empero, porque el Barcelona no tuviera que esperar más de diez años para ganar una Liga (no se me ofendan los culés, que les escribe uno del gremio).
Pieza recomendable al máximo, aunque probablemente, orientada a los que quieran conocer días pasados de nuestras viñetas. Asimismo, quizás sea un tema tan específico que un importante sector del público no le resultará tan fascinante si no ha tenido un Pulgarcito entre las manos.


4 comentarios:

Chespiro dijo...

¿Qué te voy a decir de esta obra?
Magnífica, estupenda, redonda. Desconozco su interés para quienes no sean aficionados a Bruguera. Tampoco me importa.
Me gusta el concepto del "digno derrotado" que aplicas a Escobar.
Resalto un detalle, a pesar de que fue, indudablemente, una derrota, le suma puntos a Escobar que en las décadas que le quedaron de trabajo en Bruguera NUNCA, repito, NUNCA, dejó traslucir la más mínima desgana. Siguió plasmando en sus páginas el mismo amor hacia su profesión, siguió mimando a sus criaturas, siguió transmitiendo pasión por la historieta en todo lo que hizo.
Algo a tener en cuenta.

Easmo dijo...

Buena reseña. No te voy a comentar en profundidad porque aun no me lo he leido y este es de los pocos comics que no quiero spoilearme.

A ver si le echo el guante...

franchesk dijo...

Ídem de lo dicho por Easmo. Y acertadísimos y necesarios tus comentarios sobre Escobar, Chespiro. En cuanto a la entrada: de diez, como siempre, Viejo. "El invierno del dibujante" habrá de caer pronto (si subsanan lo que todos sabemos, he de especificar por mi parte).

El Viejo dijo...

Yo también he caído en un re-descubrimiento de Escobar y su innegable profesionalidad, talento y honestidad desde muchísimos puntos de vista. Como bien aplicas, NUNCA renunció a su medio artístico con toda la entrega posible

Easmo, te recomiendo que leas esta obra en cuanto te sea posible, no quedarás defraudado.

Franchesk, gracias por tus amables palabras. En cuanto al error, efectivamente existe, pero no dudes en adquirirlo.

1 abrazo