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lunes, 5 de agosto de 2019

UN PEQUEÑO BREAK (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE VII DE VII)


El reflejo de Camelot




Probablemente, nunca fue tan impresionante. Convengamos en que Arturo y Morgana reflejaban una familia un tanto atípica, eso en el mejor de los casos. Pese a su habilidad con la espada, Lancelot no es la clase de amistad a la que una persona dejaría las llaves de su piso. No obstante, evocar Camelot es hablar de un maravilloso cuento, quizás porque nunca existió realmente. Acaso uno de aquellos caudillos en la Britania post-ocupación romana tuvo un consejero llamado Merlín y la imaginación hizo el resto. Pero hay cuestiones que importan más por lo que representan que en su realidad histórica. 



No caben dudas tampoco de que John Fitzgerald Kennedy cambió muchas cosas a su paso por la Historia, algunas incluso de forma involuntaria. Sus célebres debates con Richard Nixon por la presidencia generaron controversia. Quienes los escuchaban por la radio solían afirmar que el candidato republicano daba mejores argumentaciones a sus propósitos. Por el contrario, aquellas personas que lo veían por el televisor quedaban prendadas de la buena estampa e imagen que ofertaba el demócrata. Surgido de una dinastía política de Massachusetts, JFK y su joven gobierno fueron llamados el nuevo Camelot, ratificado por la campaña por la conquista del espacio de la que hay reciente aniversario. 



Su linaje, con sus luces y sombras, mostraría la nueva forma de hacer política, cinco años de intensa campaña que culminaban ambiciosos proyectos de generaciones, sorteando todo tipo de cuestiones, desde la condición católica del candidato al posible apoyo de la mafia en sus primeros años. Con lo que nadie contaba es que el joven Arturo falleciese en magnicidio de Dallas, uno de los episodios que marcaría el despertar de la infancia del joven país. De lo que no caben dudas con JFK es acerca de su buen gusto en varias cuestiones de la vida y su vinculación con Boston. Precisamente uno de sus restaurantes favoritos sigue hoy con las puertas abiertas: Union Oyster House. 


"No pizza, no ninja"- Michelangelo.



El lugar que tanto gustaba al trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos sigue siendo un rincón encantador y muy cuidado. Desde los manteles decorados con ilustraciones del local, posiblemente allí se sirvan los mejores calamares de la ciudad de Boston, algo que es decir mucho, habida cuenta de la calidad general de este producto en la zona o los muy populares bocadillos de langosta que se encuentran casi en cualquier calle de la zona portuaria. 



Por supuesto, todo ello acompañado de una gran variedad de cervezas, no olvidemos las raíces irlandesas del lugar. A nivel de postres está la típica Boston Cream Pie, la tradicional tarta de la región que goza de merecida fama. Eso sí, con un poco más de riesgo hay una rival de atura en la tarta de chocolate regada con "lava" (en realidad, otro chocolate ardiendo que lo atraviesa justo en medio). Una verdadera exquisitez. 



A poca distancia encontramos Little Italy, un rincón donde las pizzerías y la pasta son religión. Cuesta decidirse ante tanta deliciosa oferta, aunque parece obligatorio mencionar a Regina, nada menos que la pizza oficial de los Red Sox, un sitio que siempre está muy concurrido y donde pueden ver algunas de las celebridades que han visitado el establecimiento y cuyos autógrafos y fotografías están exhibidas en una de las paredes. 


El tercer tiempo



Con todo, Regina tiene una poderosa oponente en Antico Forno, una pizzería ubicada en la calle de Salem número 93, la cual debe su nombre al horno de leña en el que la propia clientela puede observar cómo se prepara de forma concienzuda su pizza. Para después del almuerzo, a destacar una de las especialidades de la casa: el tiramisú. 



Si por un casual acuden a algún partido en Fenway Park y no les apetece cocinar después, una solución muy cercana es el local Popeyes Louisiana Kitchen, una franquicia de comida rápida sureña que tiene varios puntos fuertes recomendables, destacando las alitas de pollo con sus variedades (especialmente la picante).



De idéntica forma, Chinatown complacerá las expectativas de los paladares más dados a lo oriental, y es que en la ciudad de Boston nunca hay inconveniente en sacar un momento para un pequeño break. 



BIBLIOGRAFÍA:



- OLIPHANT, T. y WILKIE, C., The road to Camelot: Inside JFK´s five-year campaign, Simon & Schuster, New York, 2017. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Union Oyster House [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Pizzería Regina [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Popeyes: Louisiana Kitchen [Fotografía realizada por el autor del blog]

domingo, 4 de agosto de 2019

I´M SHIPPING UP TO BOSTON (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE VI DE VII)


"Twenty years after and Irishman couldn´t get a fucking job, we had the presidency. May he rest in peace"- Frank Costello, Infiltrados (2006), dirigida por Martin Scorsese. 



Infiltrados (2006) es una nueva versión de la cinta Infernal Affairs (2002), un film del cine de acción de Hong Kong que tuvo gran aceptación. No obstante, existen diferencias suficientes entre ambas para disfrutarse por separado. Martin Scorsese hizo la primera basándose en la inteligente idea original (un policía infiltrado en la mafia y un delincuente que finge estar del lado de la ley se cruzan), pero llevando toda su esencia a Boston, Además, suele decirse que el antagonista de la obra oriental es un buen villano. En la del italo-americano, Frank Costello (Jack Nicholson), hombre fuerte del crimen organizado de Boston, y su mano derecha, el Francés (espléndido Ray Winstone), son, sencillamente, Satanás personificado con el carisma de un Rolling Stone. 



Precisamente es la canción Gimme Shelter la que suena en el opening, un recorrido por Boston hace unos años donde, además, contamos con la magia del cine para pensar que se ha obrado la magia de rejuvenecer a Nicholson para devolvernos al viejo diablo con toda su fuerza. Irónicamente, uno de los puntos más fuertes de la cinta es asimismo su debilidad en la coherencia. Fanático de los Ángeles Lakers, el actor obligó a retirar cualquier símbolo de los Celtics en las tabernas donde se reúnen los hombres de Costello. Algo que chirría en una ciudad portuaria donde los orgullosos verdes son esenciales. Y pensar que Jack fue a felicitar a Bird y compañía a los vestuarios tras el título de 1984. La revancha cariñosa llegó en 2008, donde el nuevo anillo hizo a los fans colocar la famosa imagen de El resplandor (1980) con un lema para el viejo rival: "¡Hemos vuelto, Jack!". 



En la película se hace un recorrido muy curioso por los barrios de Boston (Providence, especialmente), además del puerto, lugar clave de los trapicheos de los criminales del relato. Indudablemente, Scorsese y su equipo se basan remotamente en la figura de James "Withey" Bulger. Precisamente en agosto de 1975 se produjo uno de los acontecimientos más siniestros asociados a ese personaje, una trágica muestra de que la realidad puede superar a la ficción, además de no ser para nada divertida. Pero los problemas portuarios venían de mucho más antiguo, particularmente de cierto incidente con cajas del té procedentes de la Compañía de las Indias Orientales allá por el año de 1773. 


Boston Tea Party



No taxation without representation. Junto con los hurras, es una de las frases que más escucharán si se acercan por el Museo del Motín del Té. No solamente se trata de un lugar donde poder visitar recreaciones de los barcos de la época, también se permite a la persona visitante descargar tensiones arrojando algunas cajas de té a la mar, aparte que su personal ofrece un teatrillo histórico que recrea de una forma meritoria la vida cotidiana de un puñado de la ciudadanía de Boston que decidió rebelarse contra las políticas económicas del rey británico Jorge III. 



Esa noche se infiltraron en los buques para arrojar la valiosa mercancía que era el té en aquel momento. Como de costumbre en la Historia, discrepancias con los impuestos eran el más poderoso motor del cambio. Ironía asimismo el hecho de este acto lo realizaron con plumas y vestidos como las tribus indias, los verdaderos nativos a quienes se los implicaba sin comerlo ni beberlo en un asunto que era entre ingleses... y descendientes de colonos ingleses. Un curioso paralelismo con el rol que la élite criolla tuvo en la emancipación de las colonias que habían sido posesión ultramarina española. 



Aquel acto fue la mecha de una rebelión que se expandió por las otras colonias. Dejó asimismo episodios curiosos como la habilidad de algunos de los perpetradores para borrar sus huellas y la poco edificante locuacidad de otros que juzgaron divertido relatar la hazaña en tabernas que eran frecuentadas también por los casacas rojas de Su Graciosa Majestad. El primer encuentro armado se produjo en Lexington, donde las milicias americanas sufrieron graves perdidas. Con todo, mostraron una notable habilidad para ir adaptándose a uno de los mejores ejércitos de Europa y lograr el objetivo de que las Trece Colonias no dependieran de los designios de la antigua metrópoli. Lógicamente con subjetivismo (seguro que la historiografía británica no disfrutaría de algunas de las visiones aquí presentadas), el museo es una ruta que permite conocer bien las líneas maestras que tuvo la ciudad de Boston en la revolución. 


Black Mass



Aunque la figura de Costello sea peligrosa en la gran pantalla, su álter ego real, Bulger logró superar con creces cualquier acto cometido por el personaje de Scorsese. A través de su amistad con John Connolly, un chico con el que había hecho muy buenas migas en las duras calles de South Boston, cambió el organigrama del "negocio" familiar. Connolly terminó siendo agente del FBI. Buscando solucionar sus problemas con la mafia italiana, protagonizó un pacto con el diablo, únicamente para comprender que el demonio siempre va cuatro o cinco jugadas por delante. 



La investigación periodística que surgió a la caza de este drama de raíces irlandeses, reflejó cómo Bulger logró usar su papel de informante para desembarazarse de la competencia que más problemas le daba, reforzando su posición en todos los negocios ilícitos que se movían en los muelles de Boston. La corrupción alcanzó esferas muy altas y sirvió para volver a cuestionar si el fin de cualquier empresa justifica los medios. 



Si vuelan a la ciudad, todavía es frecuente que, entre otras películas ofertadas para el viaje, se oferte Black Mass, protagonizada por Johny Depp y dirigida por Scott Cooper, la cual explica precisamente esos episodios en la década de los 70 del pasado siglo. 



BIBLIOGRAFÍA:



- LEHR, D. y O´NEILL, G., Black Mass: La impía relación entre el FBI y Whitey Bulger, uno de los gángsteres más famosos de la historia de EE.UUU, Editorial Stella Maris, Barcelona, 2015.



- WHITE, T., RICHARD, R. y WORCESTER, W., The last good heist, Globe Pequot, Boston, 2016.



FILMOGRAFÍA:



- Infiltrados. Director: Martin Scorsese. Reparto: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson, etc. Año: 2006. 



- Black Mass. Director: Scott Cooper. Reparto: Johny Depp, Joel Edgerton, Benedict Cumberbatch, etc. Año: 2015. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Museo del Motín del Té de Boston [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Museo del Motín del Té de Boston [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Puerto de Boston [Fotografía realizada por el autor del blog]

sábado, 3 de agosto de 2019

VERITAS (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE V DE VII)


"Bueno, Harvard también comete errores, ¿sabes? Kissinger estudió allí"- Woody Allen.



Fundada en el año de 1636, la universidad de Harvard se encuentra muy próxima Boston, en la ciudad de Cambridge. Institución de enseñanza privada, surgió durante la época colonial y debe su nombre definitivo a John Harvard, un clérigo que hizo mucho por dotar de recursos al lugar. Es muy frecuente que decenas de turistas se hagan fotos tocándole un pie, lo cual se supone que da fortuna. No es tan sabido que el rostro es falso, puesto que carecemos de descripciones físicas del personaje en sí y el homenaje, como suele suceder, se produjo tiempo después de su muerte. 



Lógicamente, todo en el campus gira alrededor de esta vida universitaria, donde se incluyen las célebres casas/hermandades. Si hemos de creer a cierto género cinematográfico estadounidense, esos lugares son lo más alejado a la cultura y cordura que podría hallarse, si bien se comprende que será una hipérbole y que entre vulgares novatadas o fiestas, incluso se abren los libros. No en vano, Harvard conserva todavía a día de hoy una reputación que hace a muchas personas soñar con ingresar allí debido a su prestigio. 



De forma gratuita (aunque recuerden que la propina es un arte), se ofertan algunos recorridos y visitas guiadas que informan a las personas visitantes sobre las singularidades y anécdotas que se han generado en una institución con siglos a sus espaldas. Presten atención al "gran experimento", una buena demostración de lo que les costó el ingreso a las estudiantes a esos niveles de educación. Y también hubo instantes al comienzo donde en esos templos del saber hubo esclavos/as sin que se cayesen los anillos. 


"Ha llegado un momento en mi vida en que estoy más orgulloso de los libros que he leído que de los que he escrito"- Jorge Luis Borges. 



Hace tiempo existía en televisión un programa sobre literatura que comenzaba con el entusiasta lema: "Todo está en los libros". Podríamos afirmar que es una hermosa mentira. Por desgracia, por lo que la realidad enseña, el camino para la felicidad suele ser bastante más corto desde la ignorancia. Eso no quiere decir que sea una inconsciencia positiva. Así, si bien la cultura no da todas las llaves, sí que se trata de una gratísima compañera de viaje, un escudo elegante que se desprestigia cuando se utiliza como arma de ataque. 



Por supuesto, Harvard está bien nutrida de libros. A destacar la Harvard Book Store, un buen exponente de organización por temáticas y con precios realmente razonables. A destacar joyas como las memorias del general Ulysses S. Grant o secciones de política sobre una gran cantidad de países extranjeros. En definitiva, un rincón muy agradable donde las matemáticas se encuentran a apenas un pequeño pasillo de las grandes obras teatrales.  



Bastante cerca de la misma, también se puede disfrutar de una librería de segunda mano muy cuidada: Raven Used Books, la cual se caracteriza asimismo por una excelente organización por temas y donde, como el propio título indica, podemos ver cuervos en sus estanterías. Naturalmente, se trata de un homenaje al gran Edgar Allan Poe, un magnífico escritor adelantado a su tiempo, pero víctima de una vida profundamente azarosa y dramática. 


"La cuestión importante es no dejar de hacernos preguntas. La curiosidad tiene su propia razón de existir"- Albert Einstein. 



Hubiera sido excepcional en cualquier sitio. El MIT (Instituto de Tecnología de Masachussetts) puede presumir de que Sabrina González Pasterski escogiese a la prestigiosa institución para realizar su Doctorado. Joven estadounidense cuya familia es de origen cubano, su vocación por la Física ha llevado a algunos mentideros importantes de Harvard a afirmar que se trata de la próxima Einstein. Al igual que él, parece no ponerse límites en pensar a lo grande y estar dispuesta a equivocarse. En una época donde algunas luminarias quieren construir muros, conviene recordar que algunos de los mejores éxitos de las universidades del país se lograron con la máxima de un mandamiento que debería ser obligatorio en educación: honrarás al talento por encima de todas las cosas sin importar su nacionalidad o creencia. 



Originario de Alemania, Einstein es hoy un logo tan reconocible en tazas y demás merchandising como Marilyn Monroe o el Che Guevara. Hábilmente rescatada la anécdota para la ocasión por un guionista hábil como Alan Moore, no es tan conocido que este genial físico judío dejó una frase inspirada cuando descubrió los efectos que tenía la aplicación práctica de muchas de las cuestiones tratadas en las académicas pizarras: "Si lo sé, me hago relojero".



A mediados del siglo XX, Harvard era el perfecto exponente de una educación orientada para élites socioeconómicas, un engranaje bien retro-alimentado. Actualmente, es de justicia hablar de sus programas de becas que han permitido una apertura que prima las capacidades y esfuerzo, si bien su tasa de ingreso sigue siendo una de las más reducidas. Deja tantos exponentes brillantes como polémicas sobre algunas cuestiones de financiación.



Cuando visitamos este templo del saber, conviene que mantengamos siempre una mirada de profunda admiración que no debe estar reñida con un espíritu crítico, esa curiosidad que tiene un motivo de existir. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Estatua de John Harvard [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Harvard Book Store [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Adams House [Fotografía realizada por el autor del blog]

viernes, 2 de agosto de 2019

IS IN THE FENWAY SECTION OF BOSTON, ISN´T IT? (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE IV DE VII)


"Hay momentos donde no te apetece jugar, pero cuando miras a toda esa gente poniendo tanta ilusión en verte actuar... eso convierte a Boston en un lugar muy especial"- David Ortiz.



Como la gran mayoría de las cuestiones que suscitan nuestra detallada atención e interés, el béisbol no deja de ser una tontería muy grande. Una trivialidad que, cuidado, requiere bastante inteligencia y habilidad para saber practicarlo o entender como espectador/a el jueguecito. Con todo, no hace falta ser ducho en la materia para olfatear en apenas unos días que la ciudad de Boston adora este deporte y que vive en permanente romance con su equipo, los Red Sox, los cuales fueron la evolución del nombre de los Boston Americans. Como un propietario avispado determinó un día, como la escuadra jugaba en el área de Fenway, lo más fácil es que el estadio se llamase así. 



Lo primero que llama la atención de Fenway son sus dimensiones. Relativamente pequeñas para albergar a un equipo de esa división y con la repercusión que tienen los Red Sox. Su diseño arquitectónico se debe a las singularidades del área que le rodea. Como ocurre en ocasiones, de una posible traba, se creado una mística especial, porque otorga originalidad y una sensación de olla a presión que da muchas fuerzas a la escuadra local. Mitos como el Monstruo Verde o la única silla roja son pequeñas leyendas que refuerzan la sensación de club histórico. 



Con todo, la idea genial que cambió la percepción sobre los medias rojas se dio en 1993, cuando el personal del pabellón ofreció tours guiados para las visitas turísticas y aficionados/as que quisieran conocer los entresijos del estadio. Con varios pases y fácil acceso en verano, es la pieza que hace distinguirse a Fenway por encima de otros pabellones y estadios a los que brindar un vistazo. Los guías conocen todos los recovecos y anécdotas del campo, además de disponer de un museo sin límite de tiempo donde echar fotos. Es complicado, aunque a uno no le guste el béisbol, no salir con muchas simpatías por los Red Sox, aunque solo sea por la deferencia con la que agradecen que personas de todos los rincones del globo les muestren curiosidad.


La maldición del bambino



En los años dorados de los Red Sox, el club tomó la fatídica decisión de no aceptar las demandas de su mejor jugador, Dave Ruth, quien quería un mayor reconocimiento por sus aportaciones en el campo al haber incorporado más destreza. 1919 marcó el inicio de "la maldición del bambino", una leyenda supersticiosa popular con tanta polémica y miga como el supuesto malfario que Béla Guttmann dio a otra escuadra histórica: el lisboeta Benfica. De todos los rivales, Ruth fue a los Yankees, el eterno adversario de New York. Si hay un oponente al que gusta ganar en Boston, no hay duda que son ellos.



Por desgracia para sus intereses, en muchas ocasiones vieron al eterno oponente irse con la sonrisa de oreja a oreja. Durante la significativa cifra de 86 años sin un título mundial, había motivos para la preocupación. Como Dios no juega a los dados con el universo, existía una explicación para una larga sequía. Ningún parroquiano/a del Fenway daría esa andadura por el desierto por mala si se les explica lo que estaba por venir en 2004. 3-0 abajo ante los Yankees por el billete a las finales. Rara vez se levanta ese marcador en las series al mejor de 7. Pues la caprichosa estadística decidió que todas las malas fortunas y derrotas en el último suspiro se iban a compensar en una remontada antológica.



Con su dorsal 45 retirado, Pedro Martínez tiene un pedazo del cielo ganado en el parque. Bendecido como Dennis Rodman o Dani Alves del don de la inconsciencia para ser un showman en los momentos de mayor presión, aquel prodigioso pitcher surgido de Santo Domingo sabía que en la vida había muchas mayores desgracias que perder un simple juego. Sus duelos de puntería con Roger Clemens siguen en la hemeroteca del buen aficionado. Aquel 2004 se saldaron viejas deudas y los Red Sox no tardarían tanto en volver a descorchar el champán, aunque eso no significa que en las épocas de sequías no hubiera espacio para los mitos.


"Todo lo que los Red Sox son hoy se lo deben a la escuadra de 1967. Ese equipo nunca sería lo suficientemente honrado por lo logrado"- Bob Ryan.



Un bonito conjunto de estatuas de jugadores se encuentra en una de las salidas del estadio. Entre otros, sobresale la figura de Ted Williams. Veterano de la II Guerra Mundial y Corea, este bateador ganó leyenda sobre el césped al levantar la gorra de un aficionado de New York con su disparo y permitir calcular la increíble fuerza y la distancia que logró al conectar aquella bola. Cuando vayan en coche al aeropuerto de Boston, pasarán por un túnel que honra a este deportista. Con todo, si hubo un Rubicón en el imaginario colectivo fue el verano de 1967, el momento en que el idilio entre la ciudad y sus Red Sox se puso a prueba.



Tras años de catástrofes y calamidades, nadie esperaba que el conjunto de Boston fuera capaz de protagonizar un rendimiento que fue la épica en estado puro. Con un entrenador como Dick Williams, jugadores como Carl Yastrzemski o John Wyatt, se empezó a hablar en los mentideros de Fenway sobre "The Impossible Dream Season". El desenlace ante los potentes Cardinals tuvo un final que Hollywood habría negado, pero que es el que permite a un gran equipo pasar al imaginario popular. Forzaron el séptimo y lo perdieron. No se llevaron el título pero aquella plantilla que pasó del noveno puesto en liga a acariciar la gloria se convirtió en el ojito derecho de toda la urbe.



Un ejemplo maravilloso de todo eso se puede encontrar en una escena muy interesante de la película El indomable Will Hunting (1997). En ella, el personaje interpretado por Robin Williams narra al protagonista cierta noche de las finales de 1975 que cambió su vida. Merece la pena hasta el último segundo.



Aunque tengan simpatías por otros conjuntos de béisbol, tengan cuidado si sacan un ticket para el tour de Fenway Park. Sin darse cuenta, quizás salgan con otra camiseta del estadio.



BIBLIOGRAFÍA:



- FROMMER, H. y FROMMER, F. J., Red Sox versus Yankees: The Great Rivalry, Taylor Trade Publishing, New York, 2014. 



- PETROCELLI, R. y SCOGGINS, Tales from the Red Sox Dugout, Sports Publishing, New York, 2017. 



- SINIBALDI, R., 1975 Red Sox American League Champions: Images of Baseball, Arcadia Publishing, Charleston, 2015. 



ENLACES DE INTERÉS:



El indomable Will Hunting: Escena del sexto partido



Revirtiendo la maldición del Bambino (documental de 2005)



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Exteriores de Fenway Park [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Vitrina en el museo de los Red Sox en el interior de Fenway Park [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Campo de Fenway Park [Fotografía realizada por el autor del blog]

jueves, 1 de agosto de 2019

EL ESPÍRITU DE SALEM (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE III DE VII)


"La única evidencia que veo del diablo es el deseo de todos de que esté aquí"- Fray Guillermo de Baskerville, El nombre de la rosa (1986), película basada en la novela del mismo titulo, escrita por Umberto Eco.



A pesar de ser un agradable trayecto en ferry el que separa Boston de Salem, una extraña sensación de inquietud suele apoderarse de quienes contemplan este paisaje. No es sorprendente que Martin Scorsese, uno de los grandes directores de siempre, escogiese esa ubicación para las primeras escenas de la perturbadora Shutter Island (2010), película donde muchas cosas no son como parecen a simple vista. Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la ciudad ubicada en el condado de Essex comparte ese hábito.



En la plaza principal de Salem hay una estatua que les sonará mucho. De inmediato, debido a las connotaciones del lugar, esa figura cubierta por sombrero nos abre las puertas de la imaginación. Desde inquisidor a mortífago, estaríamos dispuestos a admitir cualquier oficio en este personaje que tuviera que ver con la hechicería o su erradicación. Es la maldición que porta el pobre Roger Conant, uno de los primeros y más activos colonos del lugar. Si bien no tenía nada que ver con asuntos posteriores a su muerte, es el precio a pagar por estar tan próximo al museo que nos lleva a un concepto que seguro alguna vez escucharon: las brujas de Salem.



Un lugar como otro cualquiera hasta febrero de 1692. Desde esa fecha y hasta mayo de 1693, aquel espacio se convirtió en una histeria colectiva, un trágico episodio que simbolizaría todo el mal que puede hacer una sociedad cuando se deja gobernar por el fanatismo. En el museo de las brujas hallamos una explicación bastante teatral y lograda con juegos de sombras, una explicación de los inquietantes sucesos desencadenados por lo que era poco menos que una chiquillada.


"Este libro sigue a seis personas, todas mujeres, porque en la cultura occidental la brujería se asociaba a ese sexo. Aunque en 1692 hubo algunos acusados varones de hechicería, buena parte de las acusadoras, las supuestas brujas y las víctimas fueron mujeres"- Marilynne K. Roach.



Toda esta misteriosa trama comienza con una mujer venida a Salem desde tierras lejanas, Tituba. Algunas voces afirman que llegó desde las Barbados, otras, que era de origen indio. Sea como fuere, privada de su libertad, estaba encargada de cuidar a la familia y amigas de su amo, el reverendo Samuel Parris. Como cualquier persona que trabaja con gente tan joven y tiene un poco de inventiva, Tituba aprovechó las cosas que conocía para narrar exóticas historias a las muchachas, quienes, lógicamente, quedaron encantadas con los relatos.



En una edad impresionable y en un marco de educación puritana, algunas de las recetas, frases y gestos que imitaron de Tituba llevaron a las muchachas a ser severamente interrogadas por Parris. La situación llegó a ser especialmente grave para su hija, Betty, y sobrina, Abigail Williams. A juzgar por los hechos posteriores, la segunda demostraría ser la más carismática y líder del grupo de amigas. Al denunciar a la esclava, colocaron a su cuidadora en severos interrogatorios y presiones. En un micro-cosmos machista y donde solamente podían esperar que se les lograse un buen matrimonio, aquellas muchachas vieron que inculpando a otras personalidades de Salem no solamente se salvaguardaban; de repente, tenían un protagonismo que ni habrían soñado.



Lo que era menos que una trivialidad fue una sucesión de disparatados procesos de una Salem que en aquellos días tenía tensiones con las tribus indígenas de sus alrededores, las malas cosechas y el riesgo de las incursiones francesas. Siglos después, un escritor con talento llamado Arthur Miller decidió escribir una pieza teatral llamada Las brujas de Salem, que luego reconvertiría en novela, donde alteró algunos hechos pero mantuvo intacta la esencia. El dramaturgo tiene la ventaja sobre los historiadores/as de poder imaginar aquellos vacíos de las fuentes. Con instinto, pensó que muchas de aquellas acusaciones escondían revanchas personales, desamores, disputas familiares, etc. La obra tenía doble lectura, puesto que Miller equiparaba la persecución puritana a la que él mismo y otras personalidades del espectáculo estaban sufriendo con el senador Joseph McCarthy, un furibundo buscador de comunistas en suelo americano.


Juez: ¡Os acusamos de brujería irredenta... a todos! ¡Seréis colgados al alba! ¡Que Dios esté con vosotros! 

John Proctor: Siempre lo está, mi señor... es por vuestras almas y las de estas pobres niñas por las que temo.

Marvel Team-Up, # 43 (Marzo de 1976)



La fascinación que ejerció aquella cacería en la cultura americana llegaría incluso a los cómics, destacando la labor del guionista Bill Mantlo y el dibujante Sal Buscema en la célebre saga "El viaje en el tiempo", publicada por Marvel en 1976, donde Spiderman y un puñado de acompañantes selectos revivían aquel sangriento episodio. Buscema era un narrador muy sólido y logró en apenas unas viñetas explicar como pocos las verdaderas motivaciones que aquellas "brujas" y "salvadores" puritanos encontraron para llevar a todo su mundo a la deriva. Dentro de una amplia producción historiográfica, una buena manera de iniciarse son los apasionados trabajos de Marilynne K. Roach, quien ha llegado a analizar día por días aquellos escandalosos juicios, además de profundizar en las mujeres de la comunidad de Salem en su día a día.



No es el único hito literario-histórico del lugar. Otra visita recomendable es La Casa de los Siete Tejados. En efecto, aquella casa en el centro de la ciudad que narró Nathaniel Hawthorne en la novela del mismo título, una construcción propia del realismo mágico que habla de la evolución de una familia y más allá, casi una radiografía de toda una época. Nuevamente, sería un marco donde algunos ilustres iconos se dejaron caer. En la Edad de Oro del Cómic Wonder Woman se las vería contra los nazis en este mítico emplazamiento.



Por último, no podemos abandonar este territorio mágico sin probar el último de sus embrujos. Junto con los locales portuarios que cultivan la especialidad del bocadillo de langosta, hay una parada obligatoria: Captain Dusty´s Icea Cream. Una delicia que no admite controversias. 



BIBLIOGRAFÍA:



- MILLER, A., Las brujas de Salem y El crisol, Maxi Tusquets Editores, Barcelona, 2013.



- ROACH, M. K., Six Women of Salem: The Untold Story of the accused and their accusers in the Salem witch trials, Da Capo Press, Boston, 2013. 



- ROACH, M. K., The Salem witch trials: A day-by-day chronicle of a community under siege, Taylor Trade, Boston, 2004. 



ENLACES DE INTERÉS:



Estudio 1: Las brujas de Salem (1965)



FILMOGRAFÍA:



- El crisol. Director: Nicholas Hytner. Reparto: Daniel Day-Lewis, Winona Ryder, Paul Scofield, Bruce Davison, etc. Año: 1996. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Estatua de Roger Conant en Salem [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Museo de las brujas de Salem [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Entrada a la Casa de los Siete Tejados de Salem [Fotografía realizada por el autor del blog]

miércoles, 31 de julio de 2019

WHERE EVERYBODY KNOWS YOUR NAME (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE II DE VII)


"Todo el mundo se conocía en el pub. No había televisión, solamente gente charlando o grupillos jugando a los dardos"- Jack Ellis recordando el local Bull & Finch Pub.



Una de las ofertas turísticas que brinda la ciudad de Boston a la persona visitante son los autobuses guiados. Independientemente de la compañía que escojan, a buen seguro habrá una parada obligatoria para todas las líneas. De hecho, con un poco de suerte, instantes antes de llegar oirán una melodía pegadiza. Compuesta por Judy Hart Angelo y Gary Portnoy, interpretada por el segundo y Julin Williams, Where Everybody Knows Your Name fue la afortunada intro de la serie Cheers, un programa emitido con gran éxito entre 1982 y 1993. 



El programa estaba ambientado en un popular bar de Boston regentado por Sam Malone (encarnado por el actor Ted Danson), un antiguo lanzador de los Red Sox, popularmente apodado Mayday, quien había tenido problemas con la bebida y la misma facilidad en el arte de la seducción que reveses a la hora de encontrar estabilidad. Con el ágil formato de la sitcom, el show era muy fácil de seguir, amparado en la gracia de los diálogos y un casting pensado a conciencia. Si bien los primeros capítulos tuvieron una preocupante audiencia, la paciencia dio sus frutos y la parroquia de Cheers alcanzó un puesto de honor en la cultura televisiva estadounidense. 



Actualmente pueden visitarse dos Cheers en Boston. El primero, cuyos exteriores son los que aparecen en la televisión, se halla en el número 84 de Beacon Street. El segundo es una estupenda recreación en el Quincy Market. En su recorrido podremos hallar el rincón que Sam reservó para Norm Peterson (George Wendt), un cliente tan habitual que siempre era sonoramente saludado por todo el bar y cuyo jefe le mandaba la nómina directamente al local. La popularidad de las reposiciones y la exportación de la serie al extranjero garantizan un constante peregrinaje a ambos lugares. 


Cliff: ¿Cuál es la historia Norm? 

Norm: Chico conoce cerveza. Chico bebe la cerveza. Película a las once. 




El lugar escogido eran los cimientos de que fuera conocido como Bull & Finch Pub, local de tremenda popular en Boston, una hábil reforma de Hampshire House, domicilio particular. Durante las tremendas nevadas de 1978, el local se convirtió en un refugio apreciado en días duros. Siempre se ha dicho que la mejor propaganda viene del boca a boca. Pronto, la iniciativa de Tom Kershaw y Jack Veasy se convirtió en un punto entrañable de la ciudad. Más allá de la cerveza, los dardos o a habilidad poniendo martinis, aquel sitio era un punto de encuentro especial en unos días donde no había móviles o redes sociales. ¿Qué mejor forma para quedar que citarse en aquel hospitalario recinto?



Generalmente, para la planta baja del local y almorzar/cenar suele haber cola, si bien el personal es notablemente eficiente organizando las listas de espera y la posibilidad de disfrutar una de las barras mientras se espera. Todo en el Cheers original está orientado a una nostalgia que se ratifica en una tienda de regalos donde podemos encontrar una bola de béisbol firmada por Sam con el logo del bar o un muñecos de Cliff Clavin, el entrañable y sabelotodo cartero que frecuentaba el establecimiento casi tanto como su amigo Norm. Magistralmente caracterizado por John Ratzenberger, Cliffy se basaba en un parroquiano de Bull & Finch Pub de buen corazón pero que solía opinar sobre todo, lo divino y lo humano, con la famosa coletilla: "It´s a little known fact that...".



El bueno del señor Clavin tiene una sopa especial dedicada en el menú, si bien uno de los platos más seguros que pueden pedirse es el Frasier´s Chiken Panini. Delicioso sándwich con pollo, pesto, tomates y fresca mozzarella, este bocado es un homenaje al psiquiatra que sería el gran adversario amoroso de Sam Malone por el corazón de Diane (Shelley Long). Kelsey Grammer creó a un estudioso de la mente humana tan esnob como bondadoso en el fondo, hasta el punto de que pronto se ganó un puesto fijo en el programa y un exitoso spin off (en la otra punta del país, Seattle), donde varios de sus antiguas amistades de Cheers le rindieron visita. Particularmente, las recepciones a Sam y Diane tendrían un punto de emotividad que festejaban ese largo y divertido triángulo romántico.


Frasier Crane: Recuerdo mi último día en mi viejo bar de Boston. Una noche extrañamente emotiva.

Martin Crane: Debe de ser por la gente. Echas de menos no poder volver a ver ciertas caras. 

Frasier, temporada 2, episodio 5, "Duke´s We Hardly Knew". 



A pesar de los años transcurridos, el viejo bar bostoniano se mantiene, hoy y siempre, resistente ante el invasor paso del tiempo. ¿Cuál fue el secreto de la poción mágica que Carla Tortelli (una camarera de humor tan ácido como el de Walter Matthau, representada de forma inigualable por Rhea Perlman) y cía tomaban? Resulta difícil descifrarlo, si bien no podemos dudar de que una de las bases fue un profundo cariño por todos sus personajes sin que eso impidiese ponerles en las peores situaciones. Siempre nos reímos con aquella clientela antes de que de ellos/as. Convertir a la audiencia en cómplice es un truco complicado, pero el embrujo que lo logra suele venir para quedarse.



Por ejemplo, entre 1982 y 1985, uno de los pilares del show era el entrañable entrenador Ernie Pantusso (Nicholas Colasanto), cuyo fallecimiento fue un duro golpe para todo el equipo. Los guionistas consiguieron dar un despedida digna y emotiva al personaje, quien perviviría en el recuerdo pese a su desaparición física. Hablamos en la anterior entrada del incomparable Larry Bird como la persona venida de Indiana más querida por Boston, si bien es seguido no muy a la zaga por Woody, un lugareño muy desorientado en la gran ciudad pero de encantadora inocencia. Su actor fue nada menos que Woody Harrelson, un joven con mucho talento que estaba llamado a prosperar en Hollywood. Cuando Shelley Long abandonó la parroquia en otro bonito episodio, llegaría Kirstey Alley. Mal gusto nunca tuvieron para hacer los casting.



Los últimos días de rodaje fueron una fiesta en los alrededores, la ciudad entera parecía querer rendir tributo a una serie que había puesto en el ojo del huracán televisivo a Boston. En una ocasión, un gran amigo me comentó que le encantaba la canción de Cheers, si bien apreciaba que tenía un fondo de tristeza encubierta dentro de su letra. Tal vez eso presidió la gran fiesta de despedida. Si cuando abandonamos un sitio no sentimos una punzada de perder algo, quizás faltaron cosas. En cambio, la capital de Massachusetts sabía que no habría otra Cheers. Que no había nadie imprescindible, aunque en nuestra vida hay cosas importantísimas. 



Por eso la preservan como un tesoro, los ecos de un viejo brindis que hizo feliz a mucha gente.



BIBLIOGRAFÍA:



- BJORKLUND, D., Cheers TV Show: A comprehensive reference, Praetorian Publishing, Londres, 2017.



- DAROWSKI, J. J. y DAROWSKI, K., Frasier: A cultural history, Rowman & Littlefield, New York, 2017.



- PRATI, S., Cheers from the Bull & Finch Pub: The Inside Story of the World´s Most Famous Bar, Hampshire House Corporation, Boston, 2012. Ilustraciones de Eddie Doyle.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Entrada a Cheers en Beacon Street, número 84 [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Menú de Cheers [Fotografía realizada por el autor del blog]



-  Cartel promocional del último episodio de Cheers, decora una de las paredes del establecimiento [Fotografía realizada por el autor del blog]

martes, 30 de julio de 2019

LEYENDAS DEL GARDEN (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE I DE VII)


"Me quedo sin duda con la épica, la mística y la pureza hecha baloncesto que representan los Boston Celtics"- José María Sanz Beltrán, "Loquillo". 



El camino de los viejos raíles llevaba a un territorio místico. Las escuadras adversarias conocían lo rigores de aquel edificio sin aire acondicionado en las eliminatorias por el título en verano, el jaleo y humo de su grada, los orgullosos banderines, etc. El antiguo Garden fue testigo de muchas leyendas, propias y ajenas. Hoy en día, los ecos de ese pasado resuenan en la North Station de Boston, si bien el pabellón deportivo donde los Celtics y los Bruins comenzaron hace tiempo que fue derruido. En su lugar, el más moderno TD Garden se proyecta a las personas que visitan la capital de Massachusetts. 



La estación de metro refleja normalidad, más allá de una placa donde sobresale la figura de un señor que fuma el puro de la victoria. En ese rincón del bullicioso transporte se conmemora a Arnold "Red" Auerbach. Descendiente de inmigrantes rusos, tipo forjado en acero valyrio, viajó desde Washington para convertirse en el técnico del equipo de basket bostoniano allá por 1950. El resto es historia conocida. La franquicia se convirtió en una de las dinastías más famosas del deporte norteamericano, aunque su repercusión fue más allá de cualquier registro estadístico. 



Una estatua en el Quincy Market de Boston es una de las atracciones donde es fácil para el/la visitante hacerse una foto con el míster que popularizó encender el cigarro cuando consideraba que el partido estaba ya ganado. Experto en todas las artes para desesperar al rival y potenciar a los suyos, Auerbach se hizo odioso para el resto de la NBA y un ídolo absoluto para "su" Garden. Incluso en el nuevo estadio, cuando un tiro libre entró de forma caprichosa en las semifinales del Este de 2008, Paul Pierce, capitán céltico, no dudó en quién estaba detrás de los duendes irlandeses: "Lo ha metido Red. Siempre está aquí cuando lo necesitamos".  


"Negros, blancos...o lo que sea, me importa un bledo. Si sabes jugar, puedes jugar. De esa manera éramos"- Red Auerbach. 



Hay otros dos referentes que poseen estatua. El primero es, muy próximo al pabellón, Bobby Orr, aquel formidable defensa con facilidad regateadora y un mortal stick manejado con la zurda. Orr fue el alma del hockey en Boston donde desarrolló su carrera, a excepción de un breve periplo en Chicago. La otra conmemora precisamente a un pupilo de Auerbach, nada menos que Bill Russell, el jugador con mejor palmarés en la historia de la NBA. Su caso es el más curioso, pues si bien hoy es reconocido de forma unánime, hubo un tiempo en que vivió una dualidad dolorosa. 



Con el eterno dorsal 6 en la elástica verde, la NBA de aquellos días se resumía en que había magníficos jugadores (Jerry West, Wilt Chamberlain, Bob Pettit, etc.)... y al final ganaba el equipo que tenía a Russell. Defensor varios años adelantado a su época en el arte de bloquear tiros e intimidar, el pívot coleccionó 11 anillos en 13 temporadas (una de las finales perdidas por Boston tuvo su notable baja en el día decisivo). Pero su historia en las calles era bien distinta. 



Desde joven, al igual que otros atletas afroamericanos, "Russ" sabía que era un ídolo cuando ganaba medallas olímpicas para su país, aunque era poco menos que un estorbo cuando estaba de paisano. Era la tristemente célebre segregación racial, cuando ciertos miembros de los Boston Celtics no podían alojarse en el mismo hotel que sus compañeros por el color de su piel. Bob Cousy, el Houdini de las canchas, lo recordaría en un emotivo libro años después: El último pase. Algunos medios de la prensa locales elogiaban al habilidoso base blanco para desprestigiar la aportación de Russell. Ambos eran demasiado inteligentes y competitivos para que eso mermase a su dupla en la pista, pero el playmaker lamentaría al mirar atrás que quienes estaban en una posición privilegiada no siempre entendieron la magnitud de un problema que estaba diezmando a todo un país. 


"Desde entonces, sé que no puedo ir al cielo. Porque cualquier cosa después de haber estado en ese vestuario sería un paso atrás"- Bill Russell sobre la campaña de los Boston Celtics 1968/69, culminada con anillo en el séptimo partido ante Los Ángeles Lakers con ventaja de campo en contra. 



La figura de Russell iría saliendo reforzada con el paso de las décadas. Aquel hombre que había caminado con el doctor Martin Luther King y a quien Jackie Robinson escogió para portar su féretro sería recibido y distinguido por Barack Obama, mientras la NBA daba su nombre al trofeo del jugador más valioso. Para el recuerdo su sonrisa cómplice cuando la afición de los Ángeles Lakers le abucheaba en plenas Finales de 2010. Hay cosas que en California no se perdonan y nunca pudieron con el 6. En la leyenda de su estatua, podrán leer que también se convirtió en el primer entrenador afroamericano en la liga de basket profesional.  



En la planta superior de la North Station se puede visitar la tienda oficial que comparte merchandising de los equipos de hockey y baloncesto. Aunque está francamente bien, la oferta es inferior a la que podemos encontrar en el Madison Square Garden o, sin salirnos de la propia ciudad de Boston, en Fenway Park. Por ejemplo, incluso en un mes de final de temporada como julio sorprende la poca variedad en tallas de las camisetas de uno de los referentes de los orgullosos verdes: Larry Bird, el "paleto" de French Lick más querido en el Garden, un jugador que físicamente no tenía ninguna ventaja. Pero existían dos facetas donde era único: una puntería mortal (no se pierdan su duelo contra Dominique Wilkins en 1988) y la inteligencia más rápida para entender el deporte de la canasta. 



Uno de los mejores entrenadores que tuvo El Pájaro fue KC Jones, antiguo compañero de Russell en la cancha y la lucha por los derechos sociales. Jones se ganó fama de excelente ajustador de sistemas y ser capaz de dialogar con los miembros de su plantilla en todo momento. De su rivalidad/amistad con Magic Johnson, Bird reflotó la popularidad de la NBA justo a tiempo para la llegada de Michael Jordan, quien dejó en el Viejo Garden una de sus actuaciones más sonadas. 



Decía Ray Allen, uno de los responsables junto a Garnett y Pierce del último anillo hasta el momento, que en pocos sitios se anima como en Boston. Razón de más para preservar esa tradición y ponerla en el escaparate. Los ecos de la North Station custodian los tesoros del pasado, pero hay que ponerlos en valor por eso. 



BIBLIOGRAFÍA:



- ALLEN, R. y ARKUSH, M., From the outside: my journey through life and the game I love, HarperCollins Publishers, New York, 2018. 



- BIRD, L. y RYAN, B., Larry Bird Drive: The story of my life, Bantam Books, New York, 1990.



- ESCUDERO, J. F., Larry Bird: una mente privilegiada, Ediciones JC, Madrid, 2014. 



- POMERANTZ, G. M., The last pass: Cousy, Russell, the Celtics, an What Matters in the End, Penguin Press, New York, 2018. 



- REYNOLDS, B., Rise of a dynasty: the `57 Celtics. The first banner, and the dawning of a New America, New American Library, New York, 2010. 



- RODRÍGUEZ, A. y ESCUDERO, J. F., La leyenda verde: historia de los Boston Celtics, Ediciones JC, Madrid, 2009. 



ENLACES DE INTERÉS:



La última campaña de Bill Russell



1988 El duelo Bird-Wilkins



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Vista del TD Garden, barrio North End en la ciudad de Boston [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Tributo a Red Auerbach en la North Station [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Tienda oficial de los Boston Celtics y los Boston Bruins [Fotografía realizada por el autor del blog]

domingo, 6 de enero de 2019

TODOS LOS CAMINOS


Es un relato que comienza en el Campo dei Fiori, una de las zonas romanas más animadas por su mercadillo diurno y restaurantes/terrazas para pasar una agradable noche. Es allí donde Robert Hughes (1938-2012) inicia una de las muchas anécdotas de la Ciudad Eterna que desgrana en un libro con un ambicioso recorrido, nada menos que el sendero de una capital italiana que durante siglos presumió de que todos los caminos llevaban a ella. 



Crítico de Arte de origen australiano, Hughes siempre manifestó una fuerte predilección por Roma, probablemente su ciudad fetiche. Eso se desgrana a través de la pasión con la que describe la impactante estatua de Giordano Bruno, encapuchada y osada, la misma valentía con la que predicó cuestiones que alarmaron al pensamiento medieval de su tiempo. Su enfrentamiento con el cardenal Roberto Berlamino (tan inteligente como peligroso por su fanatismo) desembocó en la quema del primero precisamente en esa plaza como describe el autor de forma magistral. 



En ese mismo rincón transalpino, a escasos metros y en esos mismos días, estaba la posada esquinada en Vicolo del Gallo, regentada por Vannozza Cattanei. Largamente criticada por la leyenda negra, debió de ser una mujer de gran inteligencia y encanto, el suficiente para mantener una larga relación con el cardenal Rodrigo Borgia, el futuro papa Alejandro VI, sabiendo siempre moverse en el intrigante Vaticano en beneficio de sus hijos/as. No es poco el aperitivo que nos sirve Hughes en el prólogo para una historia cultural plagada de referencias en un marco urbano a través de los siglos. 


Curiosamente, aunque los primeros capítulos narran bien los acontecimientos mítico-histórico que llevaron a atormentar al alumnado de Historia con la fecha del 753 a.C., quizás sean los menos sorprendentes. Trabajos de divulgación previos como los de Indro Montanelli ya han mostrado que se puede contar con erudición y simpatía la forma en que siete colinas por la región de Lacio iban a cambiar el Mare Nostrum. 



Las partes donde la pluma del australiano se eleva más son cuando se adentra el autor en el género del ensayo y nos sumerge en los vericuetos de las callejuelas de una bulliciosa Roma capaz de gobernar todo salvo a sí misma. Por ejemplo, cuando ahonda en aquella frase de Augusto, quien se jactaba de haber encontrado una ciudad de adobe y haberla transformado en mármol. Durante su juventud, ese personaje se caracterizó por eficacia y crueldad en eliminar adversarios políticos por el poder, dedicando las siguientes décadas (cuando la conquista de Egipto le garantizó grano ilimitado para las panzas romanas) a fabricar de sí mismo (con poetas, historiadores, sacerdotes bajo el compás de Mecenas) la imagen de un benevolente paterfamilias de todo un pueblo. 



Las constantes conquistas trajeron botín y esclavos griegos que sabían más que sus compradores, hasta el punto de que solían terminar convertidos en pedagogos de la prole patricia que se los podía permitir. Entre sus considerables defectos, el Imperio Romano nunca pudo ser acusado de ineficaz (su red de carreteras está allí y fueron capaces de sobrevivir al reinado de Calígula) o no exprimir el talento ajeno extranjero en su beneficio. 


Como bien refleja esta obra, en Roma lo grotesco y lo maravilloso se dan la mano con facilidad pasmosa. La Domus Aurea de Nerón fue muda testigo de muchas atrocidades y excesos de uno de los emperadores mas enloquecidos (si bien, como bien compara Hughes con el caso del incendio de Londres en el siglo XVII, no se le puede responsabilizar en justicia del accidente que llevó a la ciudad a las llamas), pero también sirvió de fuente de inspiración en sus ruinas a un artista de la talla de Rafael Sanzio. Como recuerda el crítico australiano, es complejo decidir que es más sorprendente: que el Panteón de Agripa siga en pie o que hoy en día no seamos capaces de atrevernos siquiera a construir algo parecido. 



La Edad Media no traería tranquilidad a la cuestión, como se muestra en el ecuador de este vivo análisis. El fenómeno de las reliquias y las peregrinaciones al Borgo hicieron que, mucho tiempo después de que visigidos, ostrogodos y demás hierbas hubieran desmantelado el Imperio, Roma pudiera seguir siendo uno de los ojos derechos del mundo con eventos como el jubileo del 1300. Papas como Inocencio III predicaron desde allí el fenómeno de las Cruzadas, si bien hubo otras candidatas a Ciudad Santa como Aviñón, la cual estuvo a punto de provocar que la plaza de San Pedro fuese hoy algo bien distinto. 



Pero incluso en las peores circunstancias no dejaba de existir cierto fino humor negro. El famoso barrio del Trastévere se las ingenió para mandar mensajes poco dulces al Duce Mussolini cuando el líder fascista estaba a punto de sumergir a Italia en una guerra terrible. Hughes refleja las luchas de paganos y cristianos, los excesos refinados (nunca se han hecho crímenes con tono más sofisticado) del Renacimiento y hasta llegar a nuestros días, donde no es casualidad que un director como Sorrentino titulase a su película sobre Roma como La gran belleza



Junto con el periodista Enric González y sus estupendas crónicas periodísticas, podemos afirmar que existen muchos buenos libros sobre Roma, pero pocos transmiten la pasión y predilección del recorrido que nos brinda nuestro Cicerón australiano.  



BIBLIOGRAFÍA: 



- HUGHES, R., Roma: una historia cultural, Crítica, Barcelona, 2015. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



- Portada del libro [fotografía de las cúpulas de Santa María in Montesanto y Santa María dei Miracoli, con la basílica de San Pedro al fondo. Diseño de la cubierta de Jaime Fernández]. 






- Tumba de Raffaello Sanzio en el Panteón de Agripa [fotografía del autor del blog]

domingo, 2 de septiembre de 2018

ROMA IN UN GIORNO (PARTE VII DE VII)


From marble to flesh



Una de las ventajas logísticas de Nápoles es su proximidad a Roma. Imaginen que, tras haber disfrutado de tierras napolitanas, se dan el capricho de coger un tren con un trayecto de poco más de una hora que les lleve a la Ciudad Eterna. Se dan un día de margen para el vuelo de regreso vía Fiumicino. ¿Qué hacer en una jornada de 24 horas en la capital italiana? Realmente, el abanico de opciones es tan amplio que puede llegar a abrumar. Hoy, en el blog aprovechamos la hipótesis para plantear una alternativa un poco más pausada que el ritmo frenético que cualquier turista de bien se ve obligado a adoptar en una destinación donde todo ocurre frenéticamente. 



Por ejemplo, una parada típica y lógica es el Coliseo. Un enclave increíble y siempre plagado a cualquier hora del día, un hormiguero de visitas guiadas, paraguas y donde cada dos pasos en la cola se intenta vender algo. Es menos conocido que junto a su parado de metro, pasando por la Facultad de Ingeniería de Roma, nos hallamos a apenas unos pasos de San Pietro in Vincoli. Una pequeña iglesia repleta de curiosidades, fácil de visitar y donde se dispone de la oportunidad de poder admirar a uno de los grandes genios de la escultura, Miguel Ángel. 



Se trata de una muestra perfecta de los vaivenes que existen en la Historia del Arte. Julio II había encargado este complejo funerario al artista con quien mantuvo una relación laboral tan tensa (recordar la película El tormento y el éxtasis), si bien se tradujo en maravillas como la Capilla Sixtina (donde el pintor se tomó la revancha plagando de herejías el techo). El resultado final no estuvo en el Vaticano y el genio no cumplió los plazos fijados, dando un resultado inferior al esperado en sus continuadores. Pero todo merece la pena por la estatua yacente del pontífice y, sobre todo un espectacular Moisés que compite con El David de Florencia en espectacularidad. Tranquila del bullicio, esta impresionante escultura espera paciente a visitantes que sepan encontrarla.  


La porta del cielo



Justificando por completo la percepción de Obélix hace unos siglos, al consultar las tarifas, la persona de visita por la urbe llega a la conclusión de que están locos estos taxistas romanos. O excesivamente encorajinados por el incomparable marco que tienen para considerar que dar la vuelta a dos calles ya justifica un sobresueldo impresionante. Naturalmente, hay muy honrosas excepciones a tales efectos, pero no estaría de más en estos tiempos de polémica con los Uber, algunos miembros del gremio romano hicieran un examen de conciencia. Por ello, si el tiempo y la canícula les es propicio, podrían plantearse un agradable paseo andando hasta el Trastevere, uno de esos enclaves de merecida fama. 



Bohemia y tranquila, es un área idónea para dedicarle un merecido tiempo al almuerzo. Previamente, pueden perderse un poco por sus callejuelas, pequeños comercios y no pocos monumentos de interés. Dentro de un amplio abanico de restaurantes posibles, tal vez el azar les haga derivar a Tonnarello, en funcionamiento ya desde el año 1876. Entre los habitantes del barrio es conocida esta vieja fórmula: "La migliore cucina romana: dove se non a Trastevere?". 



Con una increíble calidad y variedad en las pastas, tal vez reconozcan en la carta la figura de un célebre artista transalpino: Vittorio de Sica, quien parece estar degustando cada elemento que hay en su mesa. Actor, escritor, director y hombre polifacético, fue el descubridor de algunos de los grandes talentos del séptimo arte azzurro, como hemos mencionado en otras ocasiones. Si tienen gana de un poco de picante, prueben la Pizza Diavola mientras piden un buen vino de la casa o barajan qué postre tomar. A los/as turistas siempre se les presupone prisa, por lo que no está de más saborear de ese instante. 


"El café huele a cielo recién molido"-Jessi Lane Adams. 



Después de la sobremesa, el puente Garibaldi permite una salida del Trastevere con vistas espectaculares, incluso intuyéndose el Vaticano. Lógicamente, el nombre del puente alude al mítico líder de los camisas rojas, uno de los símbolos de la unificación del país. No tuvo, pese a ello, un final de carrera en su patria, obligado a exiliarse a otras aventuras, puesto que el rey Víctor Manuel y su brazo derecho, el ministro Cavour, temían su radicalismo en el proyecto que ellos concebían. Por ende, Garibaldi se convirtió en un símbolo que valía más para ellos en el recuerdo que en activo. 



Una paradoja que suele acompañar a todo ese proceso. Nadie duda de la grandeza literaria de Giuseppe Tomasi di Lampedusa con su obra maestra El Gatopardo. Una pieza prácticamente insuperable en estilo, aunque bastante ignorada por sus coetáneas y donde el propio Lampedusa admitía que había idealizado su mundo aristocrático, especialmente la inteligencia de sus antepasados. Menos conocido es que firmó una excelente correspondencia durante sus viajes en Europa. Si su paseo les lleva a Largo di Torre Argentina, se toparán con La Feltrinelli, un centro donde a buen seguro tendrán esos y otras piezas clave de la literatura italiana. 



También es recomendable la sección de películas, especialmente en la clasificación de cine por autorías. Allí encontrarán la versión cinematográfica de las páginas de Lampedusa a cargo de otro gran maestro, Visconti, tan alejado a él en ideología (era comunista, creyente de una forma heterodoxa y homosexual) pero con el denominador común del lenguaje del talento. Uno y otro transformaron el pasado con objetivos distintos pero dejando tras de sí la inconfundible estela de la clase. 



Si el recorrido no les ha cansado demasiado, se les podría proponer como última meta el Antico Caffè Greco, en funcionamiento desde 1760. Con precios altos, sí que presenta la ventaja de que en el trasiego de rutas turísticas de ferragosto, está bastante tranquilo. Intenten colocarse en alguno de los salones más cómodos y aprovechen para tomar alguna foto. La sobremesa no es solamente exquisita, sino que pueden olvidarse de todo un poco a través de una buena tertulia. En máxima osadía, incluso desatiendan un rato el móvil. Bajo un delicioso café, saboreen sus últimas horas por tierras romanas. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



-Monumento de Julio II, basílica de San Pedro en Cadenas [Fotografía realizada por el autor de este blog]



-Carta del restaurante Tonnarello en el Trastevere [Fotografía realizada por el autor de este blog]



-Salón Caffè Greco en Roma [Fotografía realizada por el autor de este blog]