lunes, 26 de abril de 2010

UNA VIDA SENTENCIADA



Autor: Camilo José Cela.

Título: La familia de Pascual Duarte.

Primera Edición: 1.942.

Fue un disparo seco y rápido. Para una criatura inocente fue el final, el castigo al único pecado de la mirada curiosa. Así muere La Chispa en la que quizás sea la parte más recordada de este clásico del tremendismo. A pesar de su indudable calidad, no es precisamente un libro que deje un regusto agradable, pues no suele ser esa la intención cuando se trata de mostrar una realidad dura.

No podía ser menos con un autor capaz de dedicar esta pieza de juventud (aunque parezca casi milagroso, la culminó con 26 años, con un "lavado de cara" en la década de los 60) a sus enemigos, un tipo que quizás junto con Fernando Fernán Gómez, allá sido el cascarrabias con más talento de su época. Pero aunque no fuese el individuo más simpático del mundo, Cela muestra una empatía enorme con Pascual, un humilde campesino extremeño que trata de desvelarnos su autobiografía, para justificar que él en realidad no es malo, sino la víctima del peor de los determinismos. En base a sus transcriptores y a las propias pistas de su relato sesgado (y en ocasiones morboso), iremos viendo que nuestro narrador no es precisamente el más fiable de los comentaristas.

Conviene decir que pese a la omnipresencia de Pascual, el título es muy oportuno, pues su núcleo familiar (humildemente, pienso que la película de Mario Camus se equivocó en este aspecto) es quien condiciona, formando una espiral de anillos que van envolviendo a nuestro protagonista. Fruto de un matrimonio turbulento (un alcoholizado y arruinado comerciante portugués y una madre que parece el paradigma de la frialdad), con sus hermanos no tendrá mejor suerte: el enfermizo Mario y la incierta Rosario, por quien sentirá un afecto, en ocasiones malsano (¿incesto?), los primeros capítulos se muestran desgarradores, con unos seres humanos reducidos a un conjunto animalizado de seres sin piedad. Una prosa desnudaa, muy acorde con la condición de quien la redacta (hubiera sido un error dotarla de muchos artificios literarios) y una brevedad que ayuda, pues sería casi agobiante continuar con tanto desgarramiento en una novela larga.

Esto pudo haber sido un problema realmente notable. Imaginen la encrucijada, si clavan a Pascual y su entorno les dirán "Sí, es muy realista, pero tiene muy poco talento lírico". Si por el contrario sacrifican la lógica por el verso, siempre les saldrán "Ya, muy bonito, pero es imposible que un presidiario sin estudios de Badajoz hable así". Para salir del paso, y con nota por cierto, Cela usará todo adorno externo que pueda ayudarle. Desde la casi obscena dedicatoria, pasando por el universo de los diálogos aparentemente inconexos y los bocadillos de pensamiento. No se engañen por su ligereza, no es ninguna estupidez releer este pequeño memorial.

¿Dónde radica pues el secreto del buen envejecimiento de La Familia de Pascual Duarte? Políticamente hablando, hay mucha gente que admira que Cela burlase a la censura y trasladase hábilmente esta coyuntura como espejo de lo que pasaba en la España de su tiempo. Mas no era Cela ningún revolucionario y tampoco se puede decir que una víctima del franquismo (de hecho, él mismo fue censor, en una historia que merecería la pena contarse) y desde luego, pese a que el último asesinato de Pascual, el que de verdad le condena, tenga mucha lectura entre líneas, la obra dista de ser un mitín de nada y como en La Colmena, se podría resumir en el hecho de que, sin ser palmero ni contrario, Cela tenía demasiada buena pluma como para no saber reflejar la realidad como un maestro cirujano.

A nivel de justicia, sin moralina, la pieza nos presenta dilemas inquietantes. ¿Hasta qué punto podemos excusarnos a nosotros mismos? ¿Llevaba razón Ortega con las circunstancias omnipresentes en el ser? ¿Portamos una semilla del bien o del mal o, por el contrario, las adquirimos y simplemente respondemos como marionetas? ¿Cuán sincera es una confesión? ¿Queremos garantizarnos al menos el pasaje al purgatorio no ser que vaya a haber infierno o, por el contrario, verdaderamente mostramos arrepentimiento? Y de ser así, ¿hasta qué punto podemos asistir impertérritos a las atrocidades de este villano/víctima?

También es complicado encontrar entre los ejemplos de este modesto blog (salvo Quevedo con don Pablos), mayor distanciamiento entre creador y protagonista. Incluso Suskind está dispuesto a hallar cosas admirables en Jean Baptiste, por remotas que éstas sean. Especialmente en el doloroso final, con una falta de glamour que hubiera envidiado el mismísimo Azcona, vemos como no hay piedad... ninguna.

En un entramado profundamente machista, las mujeres permanecen en segundo plano, eso sí, únicamente en apariencia, porque en realidad, una vez se rasca la superficie, son el verdadero motor de muchos acontecimientos. El papel de La Madre de Pascual en sus fracasos matrimoniales, Rosario, en ocasiones admirable (su compasión por Mario) y en otras ingrata (ora ladrona, ora víctima de Paco El Estirao), con un más que evidente pasado en la prostitución, Lola ("el galanteo" con el cadáver de Mario recién enterrado no tiene desperdicio) o Esperanza (no es gratuito este nombre ni su inclusión en el relato) entre otras, componen un fascinante paisaje, sin que en sus páginas encontremos (salvo algún sacerdote o alcalde de prisiones) alguien que podamos catalogar verderamente bueno; aunque, si hacemos justicia, tampoco hay nadie tan malvado como para no comprender sus motivaciones.

La red de una novela sin tapujos que sigue igual de chocante que cuando fue concebida. Y eso, hoy poy hoy, es el mayor de los elogios posibles.

lunes, 12 de abril de 2010

UNA MIRADA FIJA

Título: Los hombres que miraban fijamente a las cabras. The men who who stare at Goats (2.009).

Nacionalidad: Estadounidense

Director Grant Heslov

Guión: Peter Straughan

Basado en: La novela original de Jon Ronson.

Duración: 93 minutos.

Reparto: Ewan McGregor, George Clooney, Jeff Bridges, Kevin Spacey,

Fotografía: Robert Elswit.

Música: Rolfe Kent

Producida por: Overture Films / BBC Films / Smoke House


Recientemente he podido ver esta curiosa película, presentada por la publicidad como una auténtica locura, cimentada sobre un colosal reparto. El segundo aspecto es incuestionable, aunque sorprende encontrar hoy en día una cinta que no presente al menos un personaje femenino de relieve. Peculiaridad que no es única en este producto que a buen seguro ha despertado no pocas voces contrarias. En otro lado, e igual de furibundos, hay gente que la defiende a capa y espada, llamándola infravalorada, subestimada por un público que quizás no siempre ha comprehendido sus matices.

Cimentada (muy remotamente) en un hecho real del ejército de los Estados Unidos, Los Hombres que miraban fijamente a las cabras es un auténtico desafío del humor, pero no absurdo, como pudiera desprenderse de título o de los propios anuncios. En primer lugar, afirmar que Heslov y su equipo juegan al esperpento, cual espejos de feria, deformando la realidad... pero no tanto como para que deje de resultarnos conocida. Bob Wilton, un periodista norteamericano cuya vida familiar se ha hecho añicos, decide perder del todo el horizonte y viajar a Oriente Próximo, en busca de la noticia del siglo, el reconocimiento y volver a su país para demostrar a quienes le tachen de gris, que es más de lo que parece.

Ewan McGregor encarna al reportero, en una buena actuación, a la que solamente le falta más respeto de la lógica. Su supuesta desazón vital por el triángulo amoroso que forma con su mujer y su jefe rápidamente viene y se va, por lo que su resolución al desenlace casi deja indiferente. Afortunadamente, la investigación que lleva a cabo cuando conoce a un extraño soldado (un muy divertido George Clooney), que al parecer estuvo en una serie de experimentos psíquicos de alto secreto. Por qué confía en semejante lunático que afirma poder explotar nubes, pierde importancia en una montaña rusa sin frenos. Clooney parece pasárselo en grande con este antihéroe de acción y deja alguna frase para el recuerdo:

BOB: ¿Cómo vamos a escapar de estos tipos?

LYN: Por eso no eres un soldado de la Nueva Tierra. Tienes que mirar fijamente a tu oponente, penetrar en su interior, mirarle fijamente, decirle suavamente con tu mente "No voy a atacarte, no voy a atacarte"... ¡y aprovechando que está distraído le pegas una puñalada buscando que su sangre salpique sus compinches!

La preopotencia de los USA y su freakismo (aunque se abusa en exceso de las bromas referentes a Star Wars y semejantes) depararán algún momento de verdadero humor. En especial destaca el que fue el jefe de Lyn (Clooney), interpretado por Jeff Bridges. Este actor parece tener un sexto sentido para los papeles cómicos (El Gran Lebowsky), es muy espontáneo y usa su pérfil para encarnar a un particular veterano de la guerra del Vietnam que termina cayendo en el movimiento hippy y llega a convencer a algún alto mando de las opciones de los soldados del mañana, que serán capaces de buscar otros senderos para el triunfo. En este sentido, los flashback dan un toque de calidad a la obra, que en ocasiones abusa de las americanadas por todos sufridas y padecidas (explosiones, tiroteos, en fin...).

¿Azar o simples estúpidos con suerte? El caso es que algún éxito realmente milagroso convenció incluso a algún alto mando de las opciones de esta nueva brigada, pero Bridges y su equipo caerán en desgracia por las maldades de la oveja negra del escuadrón. Éste no podía ser otro que Kevin Spacey, conocido por todos por sus soberbios momentos en American Beauty, LA Confidential, Seven, Usual Suspects y tantas otras. Spacey parece no apretar el acelerador en ningún momento, pero su talento le basta para ser muy divertido (interrogatorio y juicio) y pasa sin tomarse nunca en serio la peli, pero con buena nota. De hecho, uno de los grandes atractivos del film es el duelo de intérpretes, algunos del primer nivel.

Una de las críticas más frecuentes que he podido leer (principalmente buceando en la siempre interesante Film Affinity o en revistas como Fila7), es que se lamenta que esta idea tan buena no haya caido en gente más ácida como los hermanos Coen. En cierto sentido es una buena apreciación, esta pareja podía haber dinamitado las salas con algunos de los elementos aquí construídas, hay situaciones que no llegan a prender del todo, pese a que observamos una prometedora mecha. Pero, por otro lado, es una crítica muy injusta.

Heslov y su equipo han sabido elegir el tablero, no son precisamente ajenos a la comedia (su duración es exactamente la adecuada para no estirar el chiste), parecen haber creado un buen clima de trabajo (el reparto se lo ha pasado pipa y eso se nota) y futuras labores enseñarán al director a pulirse. Los propios Coen son el ejemplo perfecto de que en ocasiones se sale de una obra maestra para chocarse, luego resurgir de sus cenizas, etc.

En cuanto a The End, como dirían los angloparlantes, lo cierto es que parece que no hemos sacado todo el jugo a la fruta, aunque ha ésta ha presentado un buen color.

PD: Una ultima apreciación de interés es que nuevamente hemos hecho alguna travesura con la traducción del título, aunque cumple a su función. En cuanto a por qué cabras, ya lo descubrirán ustedes...

Cordiales saludos

lunes, 5 de abril de 2010

INCAPAZ DE GOBERNARSE A SÍ MISMA (Parte II de II)

Si la primera temporada se había valido de las peripecias de Pullo y Voreno para explicar los grandes acontecimientos de la época tardorrepublicana, la segunda ronda de Rome va a hacer lo contrario, basándose en el contexto histórico, se nos revelan nuevas aventuras de Pullo y Voreno.
Tras el asesinato de Julio César, en la urbe tiende la más absoluta anarquía. Nos sorprende la inteligencia de sus guionistas, cuando pensamos que vamos a ver una versión más del famoso discurso de Marco Antonio, dan un giro de tuerca. Lo escuchamos a traves del "corre ve y dile" de las gentes de las tabernas. Si la primera temporada se ha centrado en los acontecimientos con mayúsculas, ahora cultivarán la intrahistoria. Al más puro estilo Scorsese, nos veremos arrastrados a la lucha callejera más vil. Si creen que exageran, lean las crónicas de los días de Publio Clodio y Milón.
Los dos antiguos legionarios de la XIII serán el verdadero motor de las aventuras de este producto televisivo. Si creíamos que la estación predecesora había roto moldes con su forma de presentar la esclavitud o la violecia de una batalla en la Galia, ahora no valen cinturones y se toman curvas.

Hablando de las mismas -con perdón-, esta segunda entrega nos traerá a la rena del Nilo, aunque quizás pilla de nuevas la caracterización de Lyndsey Marshal, una Cleopatra que por inusual, no deja de ser muy divertida. En efecto, pese a las exuberantes faraonas imaginadas por Hollywood, la versión que tenemos aquí de la hermana de Ptolomeo extrañamente inquietante, ingeniosa, extravagante y capaz de seducir a todo un Marco Antonio, aunque por motivos distintos a los que en ocasiones nos han contado.
Lástima que muchos otros aspectos fuesen omitidos. Igual que en la primera temporada, la prole de Pompeyo se reduce a un desagradable hijo (un Rick Warden que hubiera podido ser un excelente Cneo Pompeyo junior en Munda) que constituye un vacío histórico difícil de superar. Un joven que sí está maravillosamente recreado es Octavio, Mark Pirkis ya nos advertía de que aquel pariente de cara aniñada escondía muchos Césares. Ahora, Simon Woods es un Octavio muy crecidito, un joven de salud deficiente (véase su nefasta actitud en Filipos, donde Bruto y Casio alcanzarán la muerte en el final de la República), frío como el hielo, sin escrúpulos y que usará su familia con una inteligencia sin precedentes para erigirse con el poder supremo, castigar a los asesinos de su padre adoptivo y reinar sobre una ciudad tan omnipotente como caótica, a la que piensa domar con su puño de hierro. Lástima de esa escena tan controvertida con Livia y es que, en esta serie nunca puede falta cama.
Como era de esperar, Voreno terminará, ante la inminente guerra civil, luchando en el bando de Antonio (impecable James Purefoy) y Pullo ligará sus desventuras a Octavio. Tras haber -eso sí, salpicándola de sangre- dominado a las hermandades de Roma que, en efecto, no eran otra cosa que bandas armadas y bien disciplinadas para la lucha callejera, los dos hermanos de la XIII terminarán distanciándose. Pullo será incapaz de mantener a su joven y hermosa esclava, una vez más por no saber decir no a sus apetitos, mientras que Voreno está parece maldito desde haber fallado en la protección de su comandante en jefe y propiciado, indirectamente, la muerte de su amada primera mujer. Ahora, cuando los hilos del destino vuelvan a unirles, ¿será como amigos o enemigos? Y si es la segunda, ¿quién de estos dos supervivientes natos será el más fuerte?
Mientras se desarrollan tramas secundarias muy importantes. La poderosísima Servilia verá el oscurecer de sus días cuando fallezca su querido hijo Marco Junio Bruto. Polly Walker nos seguirá regalando una Atia tan inolvidable como históricamente deficiente, en un ejemplo de que una buena actriz puede salvar la peor de las papeletas. David Bamber nos sigue regalando a un grandioso Cicerón que cotiza cada su minuto. Su triste final -que solamente enturbia, como acertadamente dice siempre Raf Wallace, no haber sucedido de noche bajo su villa- es la mejor aproximación televisiva al estoicismo, en una escena que eleva a la serie a la máxima potencia. Son estos momentos de conjugación de Historia y entretenimiento los que convierten a Roma en algo único, aunque el masoquismo, la sangre y el sexo más explítico la hagan retroceder en ocasiones a marchas forzadas.
Nicholas Woodeson nos seguirá regalando a Posca, el liberto que acompañaba a César en tierras de Astérix y ahora liga su carrera a Antonio. Cuando el joven y ambicioso Herodes llegue a Roma para financiar su corona, nos encontraremos con una de las negociaciones más divertidas, especialmente por los atinados comentarios del príncipe sobre la amistad que une a los triunviros Lépido, Octavio y Antonio. Lee Boardman, también otro semita que reside en Roma -llegaron a ser un gran número- verá que la venida de este futuro tirano, le recuerda cuánto ha cambiado desde que se halla en la Ciudad Eterna. Junto con su radical hermano, tendrá que decidir una pequeña cuestión que hubiera cambiado la historia... incluso la sagrada.
Así podríamos ir desgranando montones de situaciones, tan rico es el tapiz que se nos presenta, aunque mucha de la información debe ser pasada por el escáner. El romance de Atia-Antonio, la "verdad" sobre Cesarión, la imposible relación de Agripa-Octavia... demasiadas licencias que enfurecen más por ser realizadas con toda la intención, que por ser fallos de documentación. Todo vale en este tramo, que ha hecho que los más aficionados a la Historia se tiren de los pelos, considerando por este hecho a la primera temporada como muy superior a la presente, mientras que los telespectadores que no lloran por Suetonio solamente opinan que se han divertido de lo lindo.
Como fuere, en apenas two seasons que dirían los angloparlantes, esta producción trajó algo de cultura antigua, política y filosofía (sí, en serio, no filosofía en el sentido más técnico, pero no es casual el impresionante carisma que tienen Pullo y Voreno con dos psiques tan distintas, ambos simbolizan a Roma) a la pantalla pequeña. ¿Con violencia? A raudales. ¿Con morbo? Casi tanto como el de los romanos originales. ¿Con fallos? Muchos. Pero, y ésta es la cuestión, hay está... ha provocado no pocas producciones que han querido emularla sin conseguirlo y, muchos de su equipo, nos regalan ahora los Tudor.
Incapaz de entenderse a sí misma, esta serie merece ser conocida por todos los que amen el espectáculo... y la arena.
Por último, un pequeño regalo, las mejores frases del tándem Pullo-Voreno:
"Mis antepasados lucharon con Escipión en Zama, mi padre cabalgó con Sila... y a mí me roban el caballo unos crios". - Voreno en la Galia.
"Encontraron mi águila perdida. El tesoro de Roma. Son los dos únicos supervivientes de un naufragio y se encuentran en la costa con Pompeyo El Grande. No sé que dioses les protegen pero no pienso ofenderles". - Julio César tras el re-encuentro con los dos legionarios.
"¿Cuándo fue la última vez que estuviste con una mujer que no gimiera o llorase?"- Voreno a Pullo.
"¿Tantos años sin acostare con una mujer por fidelidad? Vaya, por los dioses, tu mujer tiene que ser una buena... mujer del hogar"- Tito Pullo a Voreno.
"Cuando vayas a la líneas enemigas, dile a Lucio Voreno que sus hijas están bien y pregúntale cómo está mi hijo... es una broma, él lo entenderá"- Tito Pullo, pero no es tan broma.
"Te he visto matando gente... y créeme muchacho, tienes madera de líder"- Tito Pullo a Octavio.
"¿Tu padre? Era muy glotón, a veces le he visto comer cosas enteras. Pero es el mejor para estar en combate con él"- Voreno a Pullo.
"He estado con ese hombre en muchos peligros en el frente... y solamente hablaba de una cosa, su familia"- Pullo.
Una de las mejores amistades que se han recreado en TV.

martes, 30 de marzo de 2010

INCAPAZ DE GOBERNARSE (PARTE I de II)

Fue estrenada durante un caluroso mes de agosto del año 2.005. Lejos de tratarse de un programa más, "Rome", fue desde su estreno, un auténtico órdago a la grande. En pleno inicio de la Semana Santa, no se le ocurre a este blog nada mejor que narrar una de romanos, en la sección series TV.



Como entre países angloparlantes se entienden, las poderosas BBC y la HBO financiaron el proyecto, pero al igual que Craso, César y Pompeyo, el triunvirato es el número ideal, así que también es de justicia mencionar a la italiana RAI. Se trataba de una apuesta muy descabellada, con un gasto sin muchos precedentes en el medio televisivo y con capítulos que bien podrían ser considerados películas independientes, aunque con nudos comunes.


Generalmente no soy un partidario de las series cuyos episodios son de una extensión tan considerable, aunque hay que medir el tempo. Particularmente creo que en la comedia (ejemplos inmejorables Los Simpsons o Cheers), en 20 minutos se ronda la perfección. No obstante, el drama más puro y duro, ya sea en Los Soprano o Los Tudor, bien puede extenderse más si quiere contarse bien. Al igual que la segunda, Roma además necesita adecuarse (con mayor o menor rigor) a los acontecimientos históricos. La recreación por otra parte de la urbe ha sido espléndida, gracias a estar rodada en las inmediaciones de la propia Roma.



La ambientación comienza con una urbe que domina buena parte del mundo conocido por Occidente, territorios extensos que traen aparejados botines, esclavos, mujeres y placeres... pero la República es incapaz de gobernarse a sí misma. Mientras, Cayo Julio César (Ciarán Hinds) acaba de obtener su más importante triunfo en las Galias, doblegando al rey Vercingetórix. Aparentemente, César no debe tener nada de que preocuparse, sus éxitos se suceden, pero algo le inquieta... su hija Julia ha fallecido. Aparte de la pérdida afectiva, esa hermosa muchacha era la esposa de Cneo Pompeyo (Kenneth Cranham, veterano actor). Ahora sin ella, Pompeyo se ha casado con la importante hija de uno de los políticos más desfavorables a César, quien, por el peso de sus legiones, sus ilustres antepasados y su ambición insaciable, podría aspirar a ser elegido monarca.



A pesar de ser el primer capítulo, el ritmo es vertiginoso y la sagacidad de sus guionistas (destacando Bruno Heller, John Millius, William J.Macdonald, David Frankel, Adrian Hodges y Alexandra Cunninghan) sublime, invitando a los sobre-entendidos. Aparentemente nadie en la ciudad quiere la guerra civil y las legiones de la Galia están tranquilas, pero incluso incorruptibles como Catón (Mark Pirkis) se atraen la vanidad de Pompeyo, quien parece más movido a enfrentarse a su antiguo camarada por celos que por patriotismo. Bajo las simples apariencias, las traiciones y maniobras de sus opositores no dejan otra salida a César, quien sin embargo, con Marco Antonio (espléndido James Purefoy) a sus espaldas, no dudará en comentarle a su subordinado: "Ya iba siendo hora".



Teniendo en cuenta estos ingredientes, la serie podría tener un talón de Aquiles grave, convertirse en un documental solamente aptos para los apasionados de la Historia. Pero, y aquí tienen un gancho potentísimo los hacedores de esta producción, Tito Pullo (Ray Stevenson, soberbio) y Lucio Voreno (Kevin McKidd). Estos dos legionarios han sobrevivio a la posteridad por los elogios que en sus comentarios dejó el conquistador de las Galias de ellos. Con esos lacónicos renglones a sus espaldas, la serie nos los presenta con un fin evidente, narrar la intrahistoria de la Roma más humilde. Puesto que aunque es un programa coral, los dos soldados tienen una influencia notable en cada episodio, detengámonos unos instantes en trazar sus pérfiles.


Mc Kidd se mete con todas las consecuencias en la piel de un espléndido centurión de a XIII legión (pero en la realidad, creo, Voreno era de la IX), un hombre absolutamente anclado en su tiempo, que no cuestiona ni las autoridades ni los dioses, a quienes teme ofender. Perfecto para sobrevivir en el campo de batalla y hasta hacer carrera en el ejército, la vida civil le trastorna, puesto que lleva demasiados años batallando en las Galias y su mujer es una perfecta desconocida para él... por no hablar de sus niñas, quienes incluso parecen temer al poderoso guerrero que en su retorno ha invadido la paz de su hogar. Pero, una vez crucé el Rubicón y, antes de perseguir a Pompeyo a Oriente, tanto César como Marco Antonio querrán utilizar con sus propios fines a un personaje que en principio goce de gran popularidad entre la soldadesca. Temeroso de adentrarse en ese mundo de tiburones (en el cual el gran depredador de la oratoria es David Bamber, que encarna a Marco Tulio Cicerón), Voreno tratará de llevar una vida respetable, pero se meterá en unos negocios ruinosos y un drama familiar que le forzarán a retomar la vida de las armas.



Tito Pullo, como bien fue definido en la página web de la serie es "Un guerrero de la época homérica con la ética de un pirata". El ejemplo perfecto (que también se ve en la película "En tierra hóstil), de que un tipo iracundo y sin paciencia, puede ser un verdadero héroe en una campaña militar. Sin la constancia de Voreno, Pullo será la travesura de los guionistas, quienes explicarán (a veces abusando del recurso hasta el exceso) muchos puntos de inflexión vitales con la intervención indirecta de Pullo. Todo quedará perdonado por el maravilloso clímax de la primera temporada, donde la relación entre Voreno y Pullo (condenados a odiarse y entenderse) les unirá en una lucha a muerte, justo cuando ambos acaben de perder el afecto de las dos mujeres más importantes de su vida.



La diégesis más polémica ha sido la de insertar a Pullo como un poco el protector del sobrino-nieto de Julio César, nada menos que Octavio (un frío e inquietante Max Pirkis), lo cual permite a la serie ahondar en el núcleo familiar del futuro Augusto. Nada que objetar a este espléndido rol, salvo en la recreación de las dos mujeres de su domus, su madre Atia (una Polly Walker muy sensual) y su hermana, Octavia, que es recreada Kerry Condon. Ambas son dos actrices consumadas, tanto que Walker ha sido premiada por su excelso papel, reflejando a la perfección las artimañas de algunas de las supuestamente irreprochables matronas romanas. Pero, y este es el problema de querer hacer estereotipos, lo que hubiera quedado muy bien en Fulvia, Clodia o incluso Metela Calva, no cuadra con el retrato que históricamente tenemos de Atia (quien además debería fallecer poco después de los idus de marzo), una viuda bastante ejemplar durante toda su vida, obsesionada por la carrera de su hijo, pero alejada de muchas de las perversiones que le ponen en la serie. Atia, para evitarnos dolores de cabeza, debe ser interpretada por el espectador como una creación literaria genial que en nada debe confudirse con la realidad. Disfrutemos de la performance de Walker, simplemente.



En cuanto a Octavia, aparte de aspectos que sí sucedieron (su fracasada relación de matrimonio con Pompeyo, la influencia de Atia, etc), es empleada en ocasiones para explicar la decadencia moral que empieza a suceder en la Ciudad Eterna. En ocasiones, creo que por influencia especialmente acentuada por los peplum de Hollywood, se creen algunos guionistas (incluso algunos de la calidad de los de Roma) determinados vicios sexuales y orgías de un nivel casi imperial (me refiero especialmente a los días de gente como Calígula o Nerón) a una fase tardorepublicana donde es evidente que hubo una "juventud dorada" (como decía Montanelli) que rizó el rizo ante tanta opulencia.


Y es que la primera temporada de la serie se mueve entre un contenido de alto nivel (intrigas políticas, muy buena recreación de las técnicas militares, decorados impresionantes...) y otros aspectos que, me he visto tentado en ocasiones a pensar, parecen establecidas para atraer a la mayor cantidad de espectadores posibles. Y la pareja son dos temas tan universales como el sexo y la sangre, las cuales en ocasiones inundan la pantalla pequeña del televisor. Si nos quitamos los remilgamientos, no podemos negar que fue un mundo de una agresividad brutal y donde los secretos de alcoba estuvieron muy ligados al poder.



La primera temporada termina con la famosa conjura contra César, encabezada por Marco Junio Bruto (Tobias Menzies), uno de los jóvenes predilectos del nuevo régimen y perdonado tras la guerra civil por el mismísimo César en persona. Bruto es además hijo de una de las grandes patricias de la ciudad, Servilia (Lindsay Duncan). Duncan protagoniza un potente duelo con Polly Walker, que solamente se ve estorbada (de nuevo el morbo) por la impensable licencia de un triángulo amoroso de Octavia-Octavio y Servilia que parece motivado únicamente por mostrarnos nuevas indiscreccione de salsa rosa. En cambo, los amorios e indecencias de Marco Antonio si me parecen bien llevadas y necesarias para conocer todas las facetas del personaje.



El balance de la primera temporada, a pesar de sus muchos gastos, es favorable. Aunque algunos puristas se tiran de los pelos por la tendencia a la verosimilitud morbosa antes que la exactitud, no pocos admiten que hay un trasfondo de más nivel del que cubre la sangre y que, algunos momentos en la corte senatorial están más allá de un nivel divulgativo. La segunda temporada tiene luz verde aunque(especialmente en Italia) algunos países han censurado varias escenas por ser juzgadas inadecuadas. En España nos las vemos y deseamos para seguir el día a día de los capítulos, debido a un horario bastante infumable de Cuatro. En la retina, discusiones historicas a margen, queda una tremenda guerra en Alejandría, el conmovedor final de Pompeyo (especial atención a su diálogo con Voreno) y varios momentos donde la antigua Roma ha vuelto a la vida.


En la próxima entrada hablaremos de su segunda temporada.

lunes, 22 de marzo de 2010

CAYENDO EL TELÓN



Título: El Pisito.





Duración: 1 hora y cuarenta minutos.





Basado en la obra original de: Rafael Azcona.





Adaptación: Juan José Seoane y Bernardo Sánchez.





Director: Pedro Olea.





Intérpretes: Pepe Viyuela, Teté Delgado, Asunción Balaguer, Rafael Núñez, Jorge Merino, Manuel Millán, María Felices y José María Álvarez.




Escenografía: Wolfgang Brumann.




Vestuario: Javier Artiñano.




Iluminación: Juan Gómez Cornejo.


Lo prometido es deuda. Tocaba relamernos un poco en la literatura y aprovechamos un pequeño hueco para prestar atención a la reciente representación de "El Pisito" en Córdoba. Ahora que lo pienso, si juntamos "Cineasta busca pisito" con la entrevista a Pepe Viyuela, tenemos una trilogía bastante apañada sobre este producto que no parece agotarse, simplemente adaptarse.
No es el momento de hacer un repaso a la excepconal trayectoria de Azcona, quizás el mejor guionista español de su tiempo y, sin duda posible, uno de los mejores de la Historia. Basta decir que esta ácida sátira sobre el drama de una pareja de novios que empiezan a ver peligrar su arroz, mientras buscan una vivienda digna. Si la versión cinematográfica de Ferreri era más global, la adaptación que nos brindan Seoane y Sánchez, se ha valido mucho del casticismo madrileño. La iluminación, decorado y vestuario se han puesto de acuerdo para apoyar a esa ciudad donde, decía Sabina, ya no queda sitio para nadie.
La complicada tarea de suplir al añorado López Vázquez ha caído en cuenta de un excelente actor cómico, Pepe Viyuela, a quien este blog ya tiene el privilegio de conocer. Viyuela no hace ninguna copia del Rodolfo anterior -aunque queda claro que conoce y admira las versiones precedentes-, brindándole cosas que van acorde con sus mejores virtudes. Metido en una tela de araña, este pobre diablo de infancia triste, encontrará que la dantesca solución -casarse con su casera para evitar ser desalojado- a la que recurre, tal vez le dé por primera vez algo de cariño.Viyuela logra lo impensable, que Rodolfo nos caiga bien y hasta empatcemos con su desgracia, cuando en realida, deja mucho que desear moralmente. En el proceso destaca una Teté Delgado que hace de Petrita. Mary Carrillo basó su interpretación - por otra parte soberbia- en la quemazón, el cansancio y el hastío de un largo noviazgo al que falta emotividad, mientras esta nueva versión, muestra a una Petrita muy agresiva desde primera hora, con pasado falangista y presionada por su hermana - la constantemente preñada María Felices.
Aunque quizás, como me dijo un apreciado amigo, sea Asunción Balaguer, la verdadera protagonista, por cierto sí, para los que fueran al teatro, la voz en off del difunto padre de a casera es, no podía ser de otra forma, el siempre elegante Juan Luis Galiardo. Es increíble el desparpajo de esta señora ya en el umbral de la vejez, dando un auténtico clinic para quien quiera verlo, de cómo se debe actuar. En este apartado, ha estado muy bien auxiliada por Manuel Millán, quien ha devuelto a don Dimas -el podólogo más desagradable, marrullero y gracioso que nunca haya existido en teatro, inolvidable, tanto en la película original como en ésta-al pie de la palestra.
El resto de secundarios rayan a gran altura. Tanto el jefe como el compañero de Rodolfo brindan ese tono ácido, amargo y de rutina que esta pieza -menos alejada en el tiempo de lo que creemos-necesita por encima de todas las cosas. Atención al pequeño - en duración, no en importancia- papel del propietario del piso, incluyendo su mal del agua. Eso sí, buscando los tres pies al gato -no, no elijo al animal al azar- , he echado en falta a la otra inquilina, que sí estaba presente en la película -ignoroso si en el primer borrador de Azcona-. Creo que, pese a la muy buena adaptación, prescindir de este elemento no ha sido bueno, siendo otra tentación para Rodolfo, a quien se le plantean así tres caminos con muchas ramificaciones. Para la obra, la profesora de piano sin rostro solamente constituye un temor para Petrita, no así para un espectador que carece de elementos de juicio que le hagan pensar que en la relación pueda haber una rival... a excepción de la imbatible Balaguer, que nos dure muchos años.
Hay quien dice que El Pisito es simple, que carece de la fuerza y la complejidad de otras piezas teatrales. Puede ser, siempre que admitamos que en esta vida no hay nada más complejo que convertir lo complejo en fácil de entender, el problema más amargo en sonrisa al viento y... la pasión de juventud, en lágrimas derramadas.
Me sigo riyendo mucho con El Pisito, no así con su final... no creo que nadie lo haga. Tiene la virtud de ser demasiado coherente entre tanta locura, pareciéndose demasiado a... la vida real.

lunes, 15 de marzo de 2010

PRIMICIA


No hace ni dos semanas podíamos disfrutar en Córdoba La Llana de la visita a nuestro Gran Teatro de una de las obras cumbres de ese genio llamado Rafael Azcona, "El Pisito". Junto con unos amigos (Chespiro, Easmo y el hermano de Easmo), esperamos bajo una plácida lluvia a la salida de la compañía.
Pudimos disfrutar de la cortesía del equipo que nos lo hizo pasar tan bien en el escenario. Espero en el futuro poder poner una reseña apropiada al rol de una espléndida Asunción Balaguer y el enfoque de Juan Seoane y Bernardo Sánchez junto con el elenco y equipo de producción, pero de momento nos limitaremos a lo personal. Jorge Merino tuvo un trato muy caballeroso y sobrio, preguntándonos por la realidad de los estudiantes de arte dramático en Córdoba. Teté Delgado fue muy paciente con los autógrafos y, por no alargarlo más, subrayar también la satisfacción personal de estrecharle la mano a Manuel Millán, que había caracterizado al "cura cantor" de la añorada "Aquí no hay quien viva". En la caza de firmas, sobresalió un gran Easmo, siempre a la cabeza y entusiasta.
La palma se la llevó Viyuela, quien asimismo estuvo muy educado con todos los espectadores/as. Chespiro logró arrancarle la promesa de una entrevista electrónica. Conociendo mi afición por la obra de Azcona y mi admiración por Viyuela como actor, me hizo el gran favor de incorporar mis preguntas a las suyas. Pese a que Viyuela se mostró (como todos/as en el teatro aquel día) muy solicito y paciente, no era cuestión de abusar, además, el mérito de conseguirla era de Chespiro. Así que preferí poco y bien, tres preguntas que espero os gusten. Una pequeña primicia para todos los amigos/as que miran este blog.


1) Es muy interesante comparar la representación teatral con la película de Ferreri. ¿Qué opinión le merece la segunda?¿La ha visionado recientemente o ha optado por enfocar la representación como algo aparte? Especialmente nos gustaría que valorase la visión del personaje de López Vázquez.

R: La película me parece una obra maestra del cine español, una película de auténtica referencia, una de las que hay que ver.

Sí, la vi antes de empezar los ensayos. La intención no era copiar o reproducir nada de lo que ya se había hecho, pero sí tenerlo en cuenta a la hora de ponernos a trabajar en una historia que ya se había contado en otro género.López Vázquez borda su personaje, como creo que hizo en cada uno de los trabajos que realizó. Era un hombre muy cuidadoso, trabajador y de una gran meticulosidad, aparte de un artista con mayúsculas. Me produjo un gran respeto pensar en su Rodolfo, el listón estaba altísimo y era inevitable que mi trabajo se fuera a comparar con el suyo.
2) Su interpretación de Rodolfo es muy divertida y tierna, no obstante, dista mucho de ser un personaje "bueno" en el sentido del término, con un pasado tan triste como realista. Azcona solía jugar mucho con la carcajada disfrazando la terrible verdad, ¿cómo ve Pepe Viyuela la difícil relación que mantiene con Petrita y su casera? ¿No parece en ocasiones que estaba mejor con la segunda?
R: Rodolfo, como todos nosotros, necesita que le quieran y busca ese cariño. Lo encuentra en Petrita y tiene un proyecto con ella. Todo eso se altera a causa de las dificilísimas circunstancias que les rodean y cuando entra en juego Doña Martina se produce una gran revolución a la vez que una enorme confusión. Doña Martina es la madre que siempre le ha faltado y llega a quererla muchísimo, hasta el punto de encontrarse en una encrucijada cuando fallece: ha conseguido su objetivo que es tener un piso, pero ha perdido a una persona a la que había terminado por querer. Llega incluso a dudar de si su vida al lado de Petrita va a ser posible a partir de ese momento.
3) Por último, tras acostumbrarnos a verle como una de las caras conocidas de las series en la pequeña pantalla, ¿tiene alguna otra representación teatral en la mente o quizás en el cine?, Ah, ¿y qué podemos esperar en el futuro de Chema en "Aída" (pregunta de fan, perdón)?
Ahora estoy con la serie de televisión “Aida” y con la gira de la función de teatro “El pisito” de Rafael Azcona” y estoy escribiendo una serie de humor visual para televisión.
Muchas gracias por su tiempo y felicitaciones sinceras por su trabajo.
...
Ahora solamente me falta recomendaros la espléndida entrevista de Chespiro y que aprovechéis al máximo las oportunidades que nos brinda el Gran Teatro. Cordiales saludos.

UNA PLUMA CON IRA



Autor: John Steinbeck.

Título: Las Uvas de la Ira. The grapes of wrath.

Primera edición: 1.939.

Edición manejada: CATEDRA/Letras Universales.

Edición: Juan José Coy.

Traducción de María Coy

Huele a carretera, una mezcla de gasolina con chatarra. A medio camino de un mundo aterrador donde anochece pronto y nunca llega a amanecer la esperanza. No os mentiría si os dijera que ha sido una fácil lectura. La narrativa bien puede ser muy fluida, genial en ocasiones, pero el tema ha sido tan profundo y duro, que era casi inevitable pasarlo un poco mal viendo las desventuras de los Joad, familia imaginaria (pero no tanto) de la que se vale el premio Pulitzer Steinbeck para relatar las miserias de la sociedad post-crack del 29.

Bastante más infravalorado de lo pudiera parecer a simple vista, este autor llegó a hacerse merecedor del prestigiosísimo Nobel de Literatura en 1.962, ha sido en ocasiones ninguneado de un puesto que no deberia discutírsele entre los autores contemporáneos. Tuvo el atractivo de apostar, como Rick en Casablanca, por el bando perdedor, dando un poco de cancha en sus páginas a los más oprimidos, en una jaula capitalista donde los de siempre seguían funcionando a marchas forzadas. Esto llevó a acuasiones de extremo socialismo, paranoia con el comunismo... en fin, nada que no pudiera remediar el lamentable Red Scare y la triste Caza de Brujas, no en Salem, sino en la supuesta tierra de la libertad y la tarta de manzana.

No obstante, creo que los Joad, especialmente Tom (con quien empieza la obra, señalándole desde el principio como eje protagonista), distan mucho de otra pretensión política que no sea la universal de que todo ser humano está revestido de un mínimo de dignidad y derechos. Steinbeck los saca de las muchas familias que se ponen en ruta a California, teniendo en cuenta la expropiación de sus tierras por el monstruoso banco (que es algo así como un Leviatán, una cosa amorfa, sin rostro humano), en busca de una Tierra Prometida. Varios críticos literarios apuntan un símil bíblico en esta premisa, de un pueblo condenado al eterno éxodo en el desierto. Sirva la metáfora de la tortuga, que, por manoseada y trillada, no debe subestimarse, siendo uno de los mejores ejemplos de fábula corta, directa y apabullante.

La premisa pues, es simple, familia desahuciada por unas reglas que no comprenden, se ven forzados a pasar penurias y empleo. Desgraciadamente, a nivel mundial actual, varias personas se sentierían bastante identificadas con los Joad, tocándose muchos palos que generan ampollas...emigración, hambre, soledad, insolaridad... Fácil de decir, pero Steinbeck mete el dedo en la herida y aprieta, hasta que llegamos a verles como personas de carne y hueso. Tom, que tiene la marca de Caín en la frente por su pasado presidiario, se convierte en el líder espiritual del sector de los varones (a pesar de no ser el mayor, en una clara prueba de su rebeldía), además es el marginado de los marginados, ya que está violando su libertad bajo palabra. Salvo un pequeño oasis, los problemas y carencias se multiplicarán, aunque, misteriosamente, también trabarán nuevas amistades... las que solamente pueden surgir de la necesidad.

Pero, aunque Tom parece el predilecto de Steinbeck, con primacía sobre los varones (incluyendo a Padre, al remordido tío John, al motorizado Al y un amplio etceterá), el alma y eje de la familia es, y será simpre, en Las Uvas de la Ira, La Madre. La matrona es aquí la figura más extraordinaria que se encuentra, el fino hilo de la cordura en un mundo destrozado ("Cuando tienes algo que pedir, solamente puedes hacerlo a los pobres") y la que evita las deserciones que por otro lado se producirán. Una de ellas (tupido velo para los que estén pensando en leerla) será nefasta para una de las hijas, Rose of Sharon, la quebradiza y embarazada criatura, de la cual se vale para el agridulce epílogo, del mismo modo que lo hace previamente con Tom en el inicio. Dudo mucho que en unos momentos tan machistas, un autor se dedicará a una escena tan memorable como cuando la mujer amenaza a toda la familia, padre incluído, ante la opción de dividirse.

El desgarrador drama humano y el discurso ha sido muchas veces intentado emular, pero en pocas ocasiones con el mismo y sincero efecto, que solamente puede venir de quien de verdad siente lo que les pasa a sus personajes. Aunque determinados tramos pueden ser conmovedores pero repetitivos, otros alcanzan una belleza y realismo muy sugerentes (el mundo del concesionario, el excelente secundario que es El Predicador...), formando un bello panorama que hace que siga siendo una obra de continuada consulta.

Con relativamente poco tiempo de margen, se elaboró una más que correcta versión cinematográfica de Las Uvas de la Ira (demostrando una vez más su categoría de clásico al instante), bajo la dirección de John Ford y con Tom encarnado por el prestigioso H.Fonda. A los seguidores de Steinbeck les interesará ver ciertos paralelismos que mantiene con otras de su producción. Particularmente a mí me ha hechos rememorar aspectos de "La Perla". Un marco de luces y sombras (sobre todo la segunda), de perdedores que hayan la derrota... y misteriosamente gracias a ella, sacan fuerzas para salir adelante.