
Autora: Colleen McCullough.
Título: La canción de Troya/ The song of Troy.
Amarcord es algo más que una gran película de Fellini. Significa "yo recuerdo". Sin más pretensión que dar un repaso por aquellas obras artísticas de todo tipo que me han condicionado de una forma u otra, para compartirlas con todo aquel/lla a quien una dirección equivocada le lleve a honrarnos con su presencia en esta página.





Volvemos a tener por los kioskos la magnífica selección de historias que la polémica (pero que de no haber existido habríamos tenido que inventar) revista "El Jueves"hizo aparecer para la colección "Golden", sobre el famoso chorizo que Ivà creó allá por 1.986.
Probablemente junto con el genial Vázquez, Ivà ha sido el autor español que más ha hecho con menos esfuerzo, en el sentido no de guiones, siempre ácidos, malencarados y desafiantes, sino que con sencillos trazos, enemigo acérrimo de la regla y el cartabón, le sirvieron para recrear el barrio chino. La propia vida personal de aquel grandullón que fue Ivà y sus experiencias en La Rambla le permitieron conocer ese mundo de picoletos y prostitutas, curiosamente los oficios de los padres del Maki, "El Picaó" y "La Maru".
Además, junto con otro puñado de series míticas, Makinavaja y sus secuaces (El Moro, El Popi, El Pirata...) pueden presumir haber recreado y captado un lenguaje, una señora indiosingracia de un momento muy concreto. Contrario a lo que se cree, la vida editorial de Maki fue mucho más efímera de lo que parece, cuanto menos en material nuevo, ya que Ivà nos deja en 1.993. Pero la buena acogida que tiene en la revista le ha garantizado re-ediciones, versiones para televisión (encarnado el protagonista por el malogrado Pepe Rubianes y con excelentes secundarios, entre ellos, Florinda Chica), dos largometrajes (con Andrés Pajarés como el delincuente y Jesús Bonilla como el eterno Popi) y hasta adaptaciones al teatro.
¿Cuál es el encanto de ese lugar barcelonés? Si Anacleto tuvo el despacho del jefe y el desierto, Maki tuvo desde entonces el bar del Pirata, las callejuelas del chino, ciertos bancos y por supuesto, la cárcel de La Modeló. No se puede negar que Ivà carecía de pelos en la lengua, lo cual hizo que sus cómics tuvieran una dosis de violencia nad desdeñable, donde se lanzaban dardos sin piedad patronal y obreros, a las minorías marginados, donde todos son tan cabrones como aparentan... Maki, a su imperfecta manera, reflejaba ese desengaño y aprovecharse de la trampa, algo que pocas veces quedó más claro que en la delirante ruleta rusa con la que se reta con un desconocido.
Ivà fue un mastro en el diálogo. Aunque no sea de Makinavaja, la mejor muestra fue la inolvidable tira que él mismo protagoniza cuando le demandan por haberse metido con la Guardia Civil en un cómic de Maki, precisamente. Sin salir de su despacho con un teléfono, cual Gila, logra construir unas viñetas inolvidables y muy desternillantes. Toca la fibra, por talento y savoir faire, el duro descubrimiento de Mohammed y Popi de la dura vida honrada, cuando deciden volvera ser chorizos tras estar un día currando en los albañiles. Además, que el humor negro de la serie no oscurezca que como toda season que se precie, no se hayan obviado unos muy particulares episodios navideños, uno en especial, donde los reclusos de todas las cárceles diseñan una genial treta para juntarse a cenar en el lugar de El Pirata.
Quienes piensen que todo esto puede estar demasiado orientado a seguidores de un género concreto, se sorprenderán en cuanto produnficen en muchas de las cosas que se suceden. Sin perder la sonrisa pero aterrando, como los mejores Berlanga y Azcona, Ivà recrea los sinsabores de mandar una persona al asilo, con el mítico abuelillo del Maki, donde además, tendremos varios episodios imborrabes en el lugar de retiro de las monjitas y es que a estos sinvergüenzas nunca los amedrentó una tiara coronada. Por eso, si algún día el anciano Matías quiere contarles la historia dela cuchara de palo, permitan que se desahgue.
En el juego de las Némesis, cabe preguntaros que fue de la policía, ¿qué visión deja de ella el autor? Lo cierto es que no son ni peores ni mejores que los tipos que detienen en las redadas en El Chino, especial atención a un antiguo franquista, El Cheka, quien se sabe adaptar muy bien a los nuevos tiempos que corren. Como fuere, siempre me ha llamado la atención la crudeza que había tras estos dibujitos y narices rechonchas, igual que en una película de Tarantino o Scorsese, un tiro es un tiro aquí o en Pekín. Me marcó de crío (se supone que yo no tenía edad para leer esas cosas, pero mi tío tenía la colección de "Pendones del Humor" y me gustaba, qué diablos) cuado en una huida después de un atraco, el Maki termina abatiendo a un segurata que hasta hacía cinco minutos había estado hablando con él de colegueo sobre los sinsabores del cargo y lo poco que cobraba. "Me cago en la leche, explotados, currantes de tinta... ¡pero oye, a la hora de la verdad cumplidores hasta el final!" protesta casi sin ganas.
El elenco de secundarios fue circulando a una velocidad (El Pitufo, descerebrado sobrino del Maki, La Manoli...) asombrosa, pues a pesar de compaginarlo con otras aventuras (en las que sobresale "Historias de la Puta Mili"), Ivà tenía una velocidad de producción asombrosa, algo que agradecemos, pues su prematura muerte no impidó que dejase muchas historietas cortas que siguen asombrando. Por buscarle las cosquillas y puntos negativos, decir que como por ejemplo otro gran provocador, Seth Macfarlane, Ivà caía en ocasiones en la tentación del gracioso de la clase, que no estab contento si no mojaba la oreja de temas polémicos, obviando si era consecuente o no hacerlo en ese momento. En especial me refiero a determinados capítulos donde desfilan comentarios sobre etarras o los Grapo, no siempre de buen gusto.
Donde siempre sobresalió fue a la hora de tratar temas tan tabúes como universales en estos barrios de Dios que conocía como la palma de su mano, el sexo, la prostitución, el alcohol, las drogas... Ivà colocaba a sus personajes en esas tesituras, sin perder nunca el sentido del humor, pero soltando verdades como puños.
A nivel de futuro, ¿qué lugar le espera oupar a estas historias? A veces lo he pensado, pero en esta reseña no he obtenido la respuesta. Makinavaja fue algo provocador, fresco, divertido y muy chabacano en su composición, un estilo único, caricaturesco y simplista, que con muchos otros personajes hubiera quedado fatal pero que en su contexto era ideal, una dosis de violencia más propia de los pulps norteamericanos, salpicada de ironía de un viejo idealista derrotado, de un desengañado que se ha dado cuenta que la libertad está más tocada que el culo de La Manoi, que la Esperanza es una loca que va vestida de verde, que en las calles sobra ciencia y lo que falta se inventa... Aunque no haya sido tan longevo como otros, Maki and cía son por meritocracia los últimos poetas y profetas de un modo de ver la Barceloneta.

Autor: Santiago Posteguillo.
Título: La traición de Roma.
Editorial: Ediciones B.
Pues sí, a esa corta pero apreciadísima lista de amigos/as que sigue este modesto blog, decir, que no, no está muerto. Precisamente este libro que hoy tratamos es el único y directo responsable de este hecho, ya que desde que lo adquirí la semana pasada he tenido que leerlo y no pensaba colocar otra reseña antes de usar este final de triología de rabiosa actualidad del siempre fiable Santiago Posteguillo, escritor elegante y con conocimiento de causa, algo totalmente necesario en la novela histórica.
Conocido por "Africanus" y "Las Legiones Malditas", donde narraba (en el primero) la infancia del legendario Escipión El Africano y en el segundo su duelo a muerte con el general cartaginés Aníbal Barca hasta el desenlace de Zama. Esta tercera parte que se ha hecho de rogar, ha cumplido a la perfección las expectativas. Si las anteriores portadas (gran trabajo de ediciones B) eran muy evocadoras (un niño joven que toma su primera espada ante la miradas de las legiones en "Africanus" y en la segunda un soldado mirando al frente con su estandarte), ésta no se queda atrás, ya no son guerras, sino la imagen de un anciano sereno y de aspecto desengañado.
Posteguillo ha conseguido hacer interesante la parte que quizás pudier ser menos épica de la biografía de su admirado Escipión, con quien indudablemente ha terminado comulgando. Es un defecto notable (las visiones de Fabio Máximo y Catón están condicionadas por ello) pero que se subsana porque en esta ocasión buena parte de la narración corre en primera persona, de un Escipión que tras sus heroicas hazañas, tiene la lógica idea de que será respetado hasta el final de sus días y su familia reverenciada por Senado y pueblo. Subestima las envidias, rencores y celos que un hombre como él puede suscitar.
"He sido el hombre más poderoso del mundo, pero también el más traicionado", más claro arranque imposible, de un Escipión, que esto es lo que más me ha gustado del libro, es un ser muy falible. Aunque son despreciables muchas de las maniobras del Senado para derribarle, él tampoco ayuda con un comportamiento muy arrogante. Convencido de su superioridad moral y de méritos, irá convirtiéndose en un necio satisfecho que va alejándose progresivamente de su hijo, mujer, amigos... Es algo paulatino, lento, casi imperceptible, pero demoledor, como bien sabe el pacente, detestable pero infinitamente temible Catón.
En paralelo se narran las desventuras de su vencido, el legendario Aníbal. Aunque Posteguillo tiene una clara debilidad por Escipión, no ha dudado en investir al genio militar cartaginés de un aura muy especial, que lo convierte en el secundario de lujo de la triología. Inteligente,temible y amenzante, había sido en las dos entregas su definición. Ahora, su sapiencia está bañada del cinismo de quien sabe que ha perdido el favor de dioses y hombres, vagando y acosado por Roma hasta los confines de Oriente. Él, que había dirigido ciudades e imperios, se verá obligado a pedir asilo a reyes como el arrogante Antíoco que hasta se burlarán de él. Todos estos pasajes que le podrían hacer patético están muy bien solucionados por el respeto que emana de unos diálogos muy bien trabajados (sobre todo con una muy favorecida Imilce y el eterno lugarteniente Marhabal), Aníbal simplemente ha perdido la Fortuna, pero su inteligencia y superioridad de alcance de miras siguen perfectamente manifiestas. Si bien la entrevista que mantuvieron en Zama (en la visión de Posteguillo), quedó un poco frío, el dudoso ecuentro antes de la batalla de Magnesia es simplemente maravilloso.
Muchos aficionados a la Historia, han solido considerar que finalmente Aníbal y Escipión se hiciron un poco admiradores, eran deudores el uno del otro. En pleno delirios ya por enfermedad y vejez, Escipión dedicará unas conmovedoras reflexiones sobre el hombre al que tanto ayudó a derrocar, sorprendiendo con una frase tan cierta como polémica para sus coetáneos: "Si hubiéramos sido los dos cartagineses o los dos romanos, no me cabe duda que hubiéramos sido grandes amigos". Tras la segunda victoria, Escipión y Aníbal volverán a ligar sus destinos desde la lejanía. El púnico no comprenderá las trampas que los romanos tienden a su mejor general y Escipión no dudará en brindar al saber de las últimas hazañas de su vencido rival, capaz de destruir la flota de Pérgamo con apenas más recursos que un puñado de botes, menos soldados y una gran dosis de astucia.
Antes de que la muerte les volviera a reunir, Escipión se tendrá que enfrentar al dilema que posteriormente tendrá Julio César, vengar la ignomimia o aceptar un vergonzoso exilio. Salvo quizás su hermano Lucio, Escipión terminará hiriendo a todos con su vanidad herida, una esposa (Emilia, siempre digna, inteligente y distante) que le ve alejarse por sus coqueteos con las esclavas, una hija mayor entregada a alianzas matrimoniales, y la pequeña Cornelia, rebelde, pero increíblemente cariñosa (no se pierdan su reacción al ver las cicatrices de guerra de su padre), pero finalmente enredada en amorios con Tiberio Sempronio Graco, de dos familias enfrentadas, en un recurso algo shaskepiriano que mete Posteguillo quizas para compensar esa máxima de que debe haber una historia de amor siempre en toda novela que se precie (o mejor dicho, que se quiera vender).
Como en los anteriores ejemplares, el volumen del libro es muy consderable, además con anexos de mapas, vocabulario y perfiles de personajes principales, pues tal es la complejidad de algunos de los acontecimientos políticos que se narran. Sin embargo, no desesperen, pues reducir el complejo artefacto que ha diseñado Posteguillo a una sucesión de batallas y luchas, no es ni mucho menos cierto. El día a día y la vida cotidiana están muy reflejadas, a parte de una ventaja que tenemos con este autor, es un rendido del teatro clásico. Por ello,no tiene nada de extraño que el afamado Plauto tenga un papel muy importante, a pesar de su condición de "simple escritor" en un mundo de reyes, senadores y generales. Plauto ya había sido empleado en las anteriores entregas, en ocasiones forzando un poco el argumento, pero es un personaje que se hace querer, además, en las reprentaciones, aunque ralenticen la trama principal, nos regala su erudición de la farsa romana.
En definitiva una adquisición muy recomendable (aunque como toda trilogía exigirá conocimento previo de las anteriores entregas). Ya saliendo de términos de entretenimiento, decir que históricamente hablando es una buen recreación. El guiño final de Polibio con el entrañable Cayo Lelio (uno de los mejores, sino el mejor amigo de Escipión) no estorba, como tampoco la última parada en la biblioteca de Alejandría (parece que ahora está en todos lados ese mítico lugar). Los debates (en especial Catón contra el hijo de Escipón) también son vibrantes, aunque es cierto que las licencias son inevitables, sobre todo cuando se insertan personajes ficticios que inter-actuán con otros verídicos (por ejemplo: la esclava Neikertity, la egipcia que fuera amante de Lelio en anteriores entregas), pero aunque evidentemente no es un libro de Historia (tampoco creo que Posteguillo pretenda sentar cátedra) cumple con creces su función.
En definitiva, para los interesados/as, puede ser un excelente regaño de aquí a dos meses. Cordiales saludos.
Próxima entrada: Daremos repaso a nuestro cómic español con un vistazo al personaje clave del desaparecido IVA, Makinavaja.

Título: Ágora (2.009).
Duración: 126 minutos.
Director Alejandro Amenábar.
Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil.
Fotografía: Xavi Giménez.
Música: Dario Marianelli.
Reparto: Rachel Weisz, Max Minghella, Ashraf Barhom, Oscar Isaac, Michael Lonsdale, Rupert Evans, Homayoun Ershadi, Richard Durden, Sami Samir...
Y finalmente aconteció. Tras una semana esperando pacientemente que clases y salas repletas lo permitieran, conseguí ver Ágora. La expectacion general que se intuía en las colas iba en progresivo aumento. La ecuación prometía, Alejandría siglo IV d.C, la maestría de un director del calibre de Alejandro Amenábar y un personaje femenino fascinante y poco conocido, Hipatia. El problema es que a veces las expectativas tan elevadas pueden hacer que subestimemos cosas que en sí están bien, pero que esperábamos mejor.
En primer lugar me llamó la atención una entrevista que en una cadena privada hicieron al creador, Amenábar contó sus influencias en dicha cinta. Salieron adelante muchas piezas que demostraron que el cineasta español ha visto mucho (y buen) cine, en definitiva, un conglomerado que iba desde piezas históricas hasta el peplum, el problema era... ¿sería posible semejante cóctel? No olvidemos que algunas de ellas, como Ben-Hur, tuvieron la fortuna de ser creadas en una época donde era permisible una película de cuatro horas, algo que los inquietos espectadores de hoy en día díficilmente pueden permanecer en su butaca. Ágora apenas sobrepasa las dos horas, dando la sensación, a mi modesto juicio, que se quieren contar demasiadas cosas que los guionistas y el equipo tienen muy claras, pero no sé si al público nos resulta tan fácil.
Cabe resaltar que la recreación es buenísima, digna de Hollywood, así que las productoras pueden darse por francamente satisfechas en este aspecto. La legendaria biblioteca y el Ágora han sido efectivamente resaltadas de un modo maravilloso y la puesta en color del cielo y el acercamiento a esta tierra de barro muy digno. No se deben buscar las carencias de este film en los aspectos técnicos. Creo que la duda que todos tenemos con Ágora es el desarrollo de la trama, no tanto con un nudo muy interesane como con un inicio un poco desangelado y un clímax prometido y que quizás no llega como hubiéramos querido o lo hace demasiado rápido.
Quede claro que esto no es una crítica a Rachez Weisz. Es una actriz muy bien escogida y que envuelve de dignidad a esta dama, de una forma convincente y poderosa, además, en un honor a la biografía real de esta filósofa, no se ha recurrido a una historia de amor tradicional que casi siempre se suele imponer para garantizar taquilla. Ha sido un alarde de respeto por la Historia digno de agradecer y una demostración de que esta cinta quería algo más. El problema es que creo que los guionistas, que conocen muy bien el tema, nos han presentado una Hipatia ya demasiado madura, inteligente, fría y distinta. Tiene el alma de Lisa Simpson, pero al igual que nuestra apreciada dibujito, cuando sea adulta, aunque habrá ganado mucho en sabiduría, habrá perdido considerables dosis de encanto. Me explico con un ejemplo.
Hay una escena que puede ser conmovedora al inicio es que es cuando las tensiones entre paganos y cristianos han llegado a su punto álgido. En un sitio, el padre de Hipatia, un digno Michael Londsdale, quiere disculparse ante la muchacha por la cerrazón de sus últimos años, por haber permitido a los estudiantes de la Academia caer el juego de provocaciones. "Cuando recuerdes a este viejo tonto... hazlo cuando te podía ayudar, cuando estudiábamos juntos". Esta escena cobraría más significado si hubiéramos tenido algún flashback o alguna especie de prólogo donde una pequeña Hipatia hubiera contraído esa deuda, aparte que nos acercaría al fantasma de la madre, quizás la única manera en la que esta amante de la sabiduría podría tener la sensación de que ha sacrificado otros campos de felicidad por el cultivo de su talento astronómico. No se trata de enmendar la plana a nadie, pero no deje de pensarlo durante la proyección.
Otra polémica que ha hecho que incluso se cuestione el potencial de esta película exportada al extranjero ha sido la materia religiosa. Considero que eso es absurdo. Basta conocer al siniestro personaje interpretado magistralmente por Ashraf Barhom para ver que el llamamiento no es contra ninguna clase de fe ni credo concreto, es una alerta contra el fanatismo y toda persona que es capaz de justificar la perpetración de actos violentos porque hay una voz en su cabeza que le dice que eso está bien. Lapidaciones, revanchas, derribos de credos y quema de libros son cometidas por los peores elementos de los cultos paganos, cristianos y judío, mientras todas ellas tratan de hacerse gratas al Emperador y así eliminar a la competencia. La única cosa que las diferencia es que será el cristianismo ganará este pulso, gracias a la maquiavélica forma de comportarse del futuro santo y doctor de la Iglesia, Cyrilo (encarnado por Sami Samir). Por cierto que el duelo de voluntades entre Hipatia y Cyrilo (atentos a la carta de San Pablo escogida) queda demasiado indirecto, aunque históricamente no aconteció, hubiera sido impagable. Por fortuna, Hipatia deja una frase para el recuerdo y que bien vale una entrada: "De momento vuestro Dios no ha demostrado ser más misericordioso que los que le precedieron". Ahí queda eso.
Estos dilemas religiosos se reflejan a la perfección en un antiguo esclavo de la casa de Hipatia, Davo (Max Minghella, que conforme avanza la película se va sintiendo más y más cómodo), un personaje magistral (creo que el que mejor está escrito) y que encarna a la perfección la pérdida de valores y los peligros del desamor. Un hombre que aunque sigue amando a Hipatia en lo más hondo de su corazón no cesa de preguntarse, ¿por qué soy incapaz de perdonar? Davo, sin saberlo, lleva las claves de la destrucción de su ama, una pagana tolerante que además tiene muchas influencias sobre antiguos alumnos suyos que han prosperado mucho, sobre todo Orestes (Oscar Isaac), que a pesar de sus aires de galán y su sincera admiración por Hipatia (pañuelo mediante), terminará actuando como una especie de Pilatos.
Sin duda la parte intermedia es la más agradecida de la cinta y donde los duelos entre los personaje llegan a su mayor florecimiento. Me dio la sensación de que fue la parte donde Amenábar y su equipo se sintieron más cómodos y me las prometía felices para un final que corroborará todo lo prometido. Entre medias, se intercalan aspectos de las investigaciones de Hipatia (por cierto, me gustó mucho que no fuera Miss Perfecta, ya que su posicionamiento de la esclavitud es muy negativo y deja mucho que desear, lo cual la convierte en una mente adelantada a su época pero con carencias que la hacen verosímil) sobre las teorías de Ptolomeo, empezando a pensar que quizás Hiparco no hubiera escritor ninguna tontería. Me sorprendió que alguna gente protestase a la salida sobre "el coñazo" de estrellas que el bueno del cine los había metido. Es muy respetable que sea un tema que no interese (a mí más que no interesarme es que soy un nudo empanado para esta temática), pero precisamente por eso debes estar dispuesto a soportar eso en una historia sobre una filósofa. De todas formas a mí me parecieron buenas explicaciones (los dibujitos en la arena no serían necesarios para determinados espectadores, pero yo y los de mi ralea lo agradecemos en sobremanera) y hasta amenas.
En cuanto al desenlace, la moral me obliga a silenciarme. Sería muy injusto, recuerdo que unas compañeras estaban hablando en clase sobre Ágora y como sabían que la iba a ver no destriparon nada verdaderamente significativo, espero haber hecho lo mismo. Al igual que ellas solamente decir que invito a todos los que tengan un poquito de gusa por la Historia, la filosofía y el buen cine a echar un rato. ¿Y a los que no? Pues que vayan el día del espectador y también le den una oportunidad. Lo bueno de los genios como Amenábar hasta que cuando se equivocan lo hacen bonito.
Una producción con un reparto internacional (no muy conocido pero excelente), repleta de interesantes cuestiones, quizás algo desangeladas por momentos en un plano demasiado cerebral, pero que exigirá futuros revisionados. Y como la sensata alejandrina dixit: "Es más lo que nos une que lo que nos separa".