domingo, 15 de noviembre de 2009

LA CANCIÓN DE TROYA



Autora: Colleen McCullough.

Título: La canción de Troya/ The song of Troy.

Hora era ya de dejarse caer por este blog, que no está abandonado, aunque veces parezca en empeñarme a dar entender que sí. Tocaba libro, ahora que el mercado se encuentra revolucionado por la venida de una revisión del mito de Drácula (¿respuesta de los seguidores de los clásicos a la arrolladora "Crepúsculo"?) por parte de un biznieto del admirado Stoker, en colaboración con un historiador (finalmente parece que el ilustre gremio con el que sueño pertenecer algún día, sirve para algo).
Más antigua y conmocionadora, pero excelente para una tarde aburrida de domingo como por ejemplo ésta que hoy me invade, sería La Canción de Troya. Colleen McCullough no debería necesitar presentación entre los amigos de los culebrones, pues su obra desembocó en una serie muy famosa que se llamó "El Pájaro Espino", que aunque hoy veríamos como un program matinal de fin de semana, armó su revuelo en una época más inocente y conservadora.
Después, me sorprendió saber que esa misma McCullough era la autora de un ciclo novelesco maravilloso sobre la Roma Tardorrepublicana, repleto de erudición, aventuras, romance, campañas bélicas y por supuesto, la subjetividad de la autra perfilando a determinados personajes. Tan encantado quedé con esa pentalogía (que se ha ido ampliando), que no dudé en encargar una edición de bolsillo cuando me enteré de que esa misma escritora, que se estaba tornando en una de mis favoritas, había tratado una leyenda que a mí siempre me ha gustado mucho desde chico: Troya.
Lo cierto es que me parece que una bibliografía que creásemos sobre gente que de una manera a tocado las tierras de Ilión, debería poder llegar a ser una columna digna de Goliat. Por ende, si vuelves a interesar con este tema, debes haber dado un nuevo enfoque, en el caso de McCullough, trata de quitar a dioses y poderes divinos de en medio. Sin embargo, al contrario que otras obras, no desmonta el mito homérico, es tremendamente respetuosa con él y también con obras posteriores como La Eneida. Los seres del Olimpo son constantes, pero en el plano espiritual y mental, ya que los protagonistas creen en ellos y creen ver su mano en actos que son enteramente suyos.
Ya sin fascinación por este mito que siempre me ha gustado tanto (podríamos también de las connotaciones de Troya como histórica y hasta su faceta en la Arqueología desde Schliemann, pero no me gustaría hoy meterme en deformaciones profesionales), reconozco que en relecturas, la obra tarda en arrancar. No tanto por la conmovedora figura del rey Príamo, el último monarca de la ciudad de amplias calles, sino por la sucesión de personajes, antepasado, sacerdotes y reyes que probárán la paciencia del lector. Si se supera eso, a partir e que los Aquiles y cía lleguen a la vida adulta, nos encontraremos con una trepidante inventiva de la pluma de nuestra autora.
En los perfiles de personajes, sobresale Ulises de Ítaca, el fecundo en ardides y engaños. El favorito de Atenea es con mucho el actor más interesante del drama,inteligente, tiene una mente pragmática de un hombre del siglo XXI, es un hombre que explota la supersticiones de los demás. Su descubrimiento de la forma de atar a la exuberante Helena y sus pretendientes en un pacto es sublime, su visión de la guerra adelantada a todos y, algo extrañísimo, capaz de ser familiar y entrañable en su vida privada, pero implacable y cruel en la campaña. Ulises es la sombra que se proyecta y el gran manipulador de voluntades, además de un maestro de epías, muy por encima en talento de Meneleao y Agamenón, marido ofendido y jefe de la expedición respectivamente.
Si el carisma del esposo de Penélope (a quien Agamenón llega a decir: "Que los dioses se apiaden de sirenas, monstruos y cíclopes si tienen que tratar contigo en el futuro") lo permite, el desarrollo de otros personajes es también muy notable. Helena, que al fin se nos revele como la mujerona despreocupada, que escondía bajo la falda una calculadora (perdón por robarle a Sabina la metáfora), como yo particuarmente siempre había sospechado. Paris es una especie de Apolo enamorado de sí mismo en un espejo, incapaz de contener la destrucción que ha desencadenado. Si el romance a veces se ha presentado como una maravillosa historia de amor entre dos culturas, Colleen McCullough apuesta por una pasión física tan intensa como efímera, una vez se apaga, pero el daño ya está hecho. ¿Con qué fórmula nos quedamos? Mejor nos quedamos con las dos y así tenemos más libros para leer en la recámara.
En lo que se refiere a los dos antagonistas por excelencia, Aquiles y Héctor, no encontraremos muchas sorpresas. Homero el de las palabras aladas ya dejó todo lo que debía decir (probablemente fuese el personaje preferido del poeta, que cierra el poema con sus funerales) sobre Héctor, el valiente, testarudo, impetuoso pero noble príncipe troyano. Entre egoístas geniales como Eneas, Néstor o el propio Ulises, Héctor es admirable por su valentía en la lucha y su tremenda inocencia. Su combate con el gigantón Áyax, único personaje equiparable a él en coraje e inutilidad en los entresijos de la corte, es un momento que recuerda al mejor relato bélico, el choque de dos leones en la arena y bajo una muralla, donde el honor y la honradez se dan la mano. El empate sellado con un conmovedor intercambio de armas, finalizará siendo funesto para ambos.
Distinto es el atormentado Aquiles, obsesionado con emular a su padre, maldito por su misteriosa madre Tetis, bendecido con el don de matar si es que eso es posible y de labios secos. Su figura inquieta, su egocentrismo asombra. La relación con Patroclo sufre un giro, siendo el segundo el que más entrega en la devoción al otro, demasiado prendado de sí mismo, obsesionado con gloria y fortuna. No será hasta que se encuentre con Héctor, el rival perfecto, cuando el de los pies ligeros tomé conciencia de sí mismos. Tras el duelo, la sombra y la muerte, un nuevo y fortuito encuentro con la reina de las guerreras y la desaparicón. Versión tras versión, la lección de Troya sigue siendo la misma, mueren los mejores, los que se arriesgan, sufren las viudas que aman (como Andrómaca, Briseida o Hécuba), mientras que prevalecen los taimados y los que se ayudan a sí mismos.
En ocasiones se ha vendido, por ser uno de sus trabajos más recientes, "La canción de Troya" como la ópera prima de esta escritora. No lo considero así, una vez superada la fascinación que supone leerla por primera vez. Su narración sigue siendo rápida, ágil y amena, a la par que la estructura escogida (narración en primera persona de algún personaje, siempre alternativo) la más recomendable. El problema para que le quitemos, o por lo menos yo muy subjetivamente puntos, es un final un poco desangelado, que me recuerdo al un poco renqueante comienzo al inicio. Los mejor de Troya es el nudo, pero una vez las carismáticas luces de los Aquiles y Héctor desaparecen, el nieto de Peleo no consigue hacernos olvidar al progenitor y Héctor deja un vacío tremendo en los defensores de Troya que solamente Eneas podría cubrir, pero misteriosamente McCullough muestra nulas simpatías por el mítico héroe.
Creo, esto es muy particular, que ha sido un proyecto por capricho en el buen sentido, que le ha apatecido a esta veterana y constratada autora darse un paseo por las playas asiáticas, que no alcanza quizás la majestuosidad de sus recreaciones en Roma, aunque le da giros de tuerca a personajes entrañables y que podríamos decir que son propiedad de todos y de ninguno (Homero no cobra cánones de autor, aunque otros parezcan querer hacerlo sobre Fuenteovejuna como si Lope de Vega les hubiera hecho albaceas antes de suspirar por última vez), por lo que nunca vendrán mal estos revisionados.
Un agradabilísimo libro para matar horas estáticas. Muy recomendable aunque irregular.

domingo, 8 de noviembre de 2009

LOS SECRETOS DE UN TANGO ARGENTINO



Título: El secreto de sus ojos.

Año: 2.009.

Duración: 126 minutos.

Director: Juan José Campanella.

Guionistas: Eduardo Sacheri y Juan José Campanella.

Música: Federico Jusid y Emilio Kauderer.

Fotografía: Félix Monti.

Reparto: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Pablo Rago, Javier Godino, José Luis Gioia, Mario Alarcón, Mariano Argento, Ricardo Cerone, David di Nápoli…





Casi parece imperdonable que este blog aún no hubiera colocado una película argentina en el listado de reseñas. Sin embargo, no podía faltar esta película que tuve la suerte de ver una tarde que parecía anodina y se endulzó por la buena compañía y esta excelente obra. Me dijo un apreciado amigo hace poco tiempo, que quizás la crisis agudice el ingenio, mucho ha sufrido el pueblo argentino en los últimos años, probablemente el séptimo arte ha sido la ruta de escape de muchos artistas. No quiero hacer con ello una apología de algo tan terrible como la inestabilidad política o económica, es simplemente ver el vaso medio lleno o medio vacío. Campanella ha insistido mucho en sus últimas producciones sobre el papel de la esperanza y el romanticismo, como fórmulas que, ganen o pierdan, merecen mucho más la pena que la frialdad y el pragmatismo egoísta. Y eso o te llamas Disney o es muy difícil, pero este director lo está logrando.

En este caso se ha basado en una maravillosa historia, la novela La pregunta de sus ojos, escrita por Eduardo Sacheri, quien además ha colaborado (eso se nota y muy positivamente en la película) en el guión adaptado. Aparentemente nos encontramos ante la historia de un secretario de un Juzgado de Instrucción, Benjamín Espósito (Ricardo Darín), que decide un poco aburrido por su retiro y jubilación escribir sobre un caso que cubrió y le conmovió. El asesinato de una hermosa mujer que se complicó de una forma imprevisible. Hasta aquí, aunque con buena artesanía, nos encontraríamos con una trama detectivesca bien llevada y al uso, pero a Campanella y su equipo les interesa más el transfondo, el cómo antes que el qué.

Basándose en una única pista (una fotografía que solamente Benjamín parece capaz de leer correctamente) tomará un giro que parece llevarle a un sospechoso que nadie había contemplado. Paralelamente trabará una fuerte amistad con el viudo de la mujer, interpretado por un convincente Pablo Rago. Rago trasmite todo el dolor del mundo por la tesitura donde está. Sin embargo, su personaje desconcierta, espera pacientemente todos los días encontrarse cara a cara con el hombre que le quitó a lo que más quería. No obstante, sorprende su determinación, nada de pena de muerte… porque sería demasiado poco. Sin saberlo, estamos ante la piedra angular de todo. Rago, que podría tener solamente un rol de víctima, irá ganando puntos hasta un clímax final que sorprenderá a todos.

Y mientras seguimos la trama policíaca que puede hasta considerarse secundaria, asistimos a la desordenada vida de Benjamín. Para ello, Campanella se sirve de Ricardo Darín, tal vez su actor favorito, tremendamente completo y capaz de darle sustancia a las situaciones más cotidianas. Darín parece haber encontrado la fama ahora en la madurez de su carrera, en ocasiones me han comentado que en entrevistas y actos públicos se comporta con la clase de quien se sabe un privilegiado y al haberle costado llegar, con la educación y los buenos modales de quien teme perder prematuramente lo logrado. Otra corriente lo tacha de un actor que a fin de cuentas hace siempre el mismo papel. Discrepo de esta segunda corriente, a mí me parece un artista muy completo y versátil, aunque si es cierto que siempre da un toque suyo cuando se adueña de los personajes, lo cual explica los paralelismos.

Al servicio de Darín se encuentra su compañero de departamento (Guillermo Francella), que pasa por ser uno de los funcionarios más creíbles que jamás me he encontrado en una gran pantalla. Este día a día de los dos chupatintas, salpicado de ternura y con toda la naturalidad del mundo, hace que nos sintamos parte de la oficina y asistamos a la no muy positiva figura del juez y otros compañeros de Departamento de los dos, más obsesionados por ticar y salir que por resolver el caso, donde Benjamín se está obsesionando de una forma muy particular. Y es que ha creído ver en los ojos de su sospechoso principal (un inquietante y siniestro Javier Godino), algo que él mismo está sintiendo por otra persona, un nuevo elemento que se ha metido en su mediocre vida y amenaza con dinamitarla.

Y aquí entra la musa de Darín, como casi siempre (¿hace falta recordar El mismo amor, la misma lluvia?), una genial Soledad Villamil, que encarna a una nueva letrada que se inserta en el día a día de los juzgados. Lenta, pero inexorablemente, se da cuenta de lo evidente, que está coladísimo por ella y que su pozo de amargura podría terminar siendo el desencadenante de cosas muy malas. ¿Cómo reaccionar al desamor o como seguir siendo digno? ¿Seguir mirando a través de las fotos en segundo plano o continuar con su vida? El micro-cosmos ha sido creado, un drama intenso, una historia romanticona (una mujer que a fin de cuentas tiene que elegir entre un pretendiente de su condición y otro pobre), saldada gracias a la sapiencia de una pareja de actores que juega de memoria y por encima de todo, de un rico sentido del humor que suaviza. Sin el elegante ritmo humorístico, El secreto de sus ojos sería notable, gracias a la sonrisa, alcanza el sobresaliente.

Mientras todo esto sucede, se nos da una lección de historia argentina, como mejor se debe hacer, sin parecerlo. Igual que en los momentos del Berlanga más fino, no se te cuenta que en el franquismo pasaba esto o pasaba lo otro, simplemente tú deduces por qué pasa esto o te preguntas quién estaban el poder y cómo explica los cambios de papeles en los servidores del gobierno. Hay más grises que colores claros, algo que da mayor verosimilitud. Cuando nuestro interés podía decaer, surge una pregunta simple una noche oscura, “¿Vos sos Espósito?”, fáciles predicado y sujeto, pero la respuesta puede cambiar una amistad. Campanella vio el tesoro que le daba el escritor y no lo tocó ni un ápice simplemente lo pasó al lenguaje cinematográfico. La explotación de la amistad bien entendida y los retos que ella conlleva brindan una perfección impresionante, el metraje se mueve muy cómodo en estos pasajes y, casi, levita.

Esto no quita que haya algún punto oscuro. El secreto de sus ojos es un ejercicio maravilloso que quizás se alarga demasiado, tal vez, no lo tengo claro, eso lo determinarán futuros revisionados y ver cómo aguanta el paso del tiempo. La maravillosa conclusión final de que ninguna historia tiene aún marcado su final por escrito, quizás se hubiera entendido igual de bien un poco antes. No obstante, estamos ante cine con mayúsculas y una nueva elevación del producto argentino en las salas. ¿Hasta cuándo? La verdad es que no quiero ser pesimista pero estas maravillas que están llegando se van poniendo mutuamente el listón cada vez más alto, pero como decía la sabía Letizia Bonaparte de su hijo: “Mientras dure…”.

Esta obra ha pasado con muy buenas críticas de público y crítica en el festival de San Sebastián (de hecho muchos piensan que es la vencedora moral, a pesar de la dura competencia) y también se ha hecho muy fuerte durante sus visionados en Toronto. ¿El secreto? No hay tal, si te basas en una novela ejemplar, la adaptas bien, el director es bueno, el casting de lujo y fotografía, montaje, decorados y música cumplen, obra maestra asegurada, nada más fácil… o mejor dicho, más complicado.

Una maravilla que invita reconciliarse con el cine.

viernes, 6 de noviembre de 2009

LOS TUDOR, UNA SERIE REGIA


Tras el modesto pero totalmente necesario homenaje a José Luis López Vázquez, el blog sigue su curso y sin más dilación nos ponemos a la obra con lo que toca, una nueva serie de televisión a pasar revista.


Título: The Tudors.


Creador: Michael Hirst


Emitida por: Showtime.


Primera emisión-Última emisión: 1 de abril 2.007- Hasta nuestros días


Reparto: Jonathan Rhys-Meyer, Natalie Dormer, Sam Neill, Sam Cavill, Peter O´Toole, M. Kennedy, Gabrielle Anwar, etc.


Producción ejecutiva:Eric FellnerTim BevanBen SilvermanTeri WeinbergSheila Hockin


"Crees conocer una Historia, pero tienes que remontarte al principio par conocer la verdad". Sencilla premisa, música de época y nada menos que la época de Enrique VIII a nuestro servicio. Cuando me presentaron Los Tudor, se me hababa de una nueva "Roma", serie que fue una absoluta debilidad para un servidor y que, creo, en España no ha tenido todo el eco debido a causa de los malos horarios que le han ido dando. He de decir que eso puede ser cierto en cuanto al formato, pocos escrúpulos a la hora de mostrar la violencia, la crudeza o temas tabúes como el sexo de la época sin mucho miramiento, pero son muy particulares, por el propio devenir histórico, si acaso, son dos producciones paralelas, nunca secantes.


Enrique VIII es un tipo que aún despierta ampollas, bipolaridades y versiones. Encarnado mil veces en teatro y cine, ahora le toca a la televisión. El mérito de los guionistas de los Tudor, es que plantean que quizás no siempre tuvo que ser ese gordinflón, grandote y sanguinario, tal vez hubo una época en que fue joven, heredero de un trono inestable y sucesión inciera, un joven capaz de enamorarse, desenamorarse, sufrir, reír y dejar de un lado las cuestiones de Estado por sus caprichos. "Dressed to kill" fue la última exposición que puede ver en Londres de uno de los monarcas más peculiares del siglo XVI, contemporáneo de Carlos V y Francisco I (ojo, desfilararán ambos por la serie, atención al mentón de El Emperador), por lo que me sorprende a ver a todo un actor con pinta de galán de gimnasio como Meyers encarnándolo. Pero se lo perdonamos porque aún es un Enrique joven y rebosante de energías (a ver como solventan la papeleta de la fisonomía los avispados guionistas conforme avancen las temporadas) y Meyers, como ya nos demostró Woody Allen, sirve para un roto y descosido. Es un tipo muy solvente que dará que hablar.


En la primera temporada, que es la única que he podido ver completa y en buenas condiciones, el inexperto león tendrá el asesoramiento del cardenal Wolsey, que fue en su día caracterizado por el inolvidable Orson Welles. En esta ocasión, tampoco se da el papel a un cualquiera, el veterano y Hollywoodiense Sam Niell saca un cardenal ambicioso, sin escrúpulos (atentos a sus actos durante el opening de la serie) pero misteriosamente cautivador, admirable por su inteligencia y a su manera, más fiel servidor de su rey que del mismo Dios al que ha jurado seguir. A pesar de la mutua confianza y de frases tan inolvidables como "He estado con el embajador francés Majestad, parece un bueno hombre, pero es... demasiado francés", varias ecuaciones se intepondrán entre tutor y alumno. Por un lado del deseo de Wolsey de ser Papa, lo cual le colocaría por encima de Enrique y por supuesto, una femme fatale, Ana Bolena.


Las hermanas de esta familia siempre han estado ligadas a la monarquía británica. En este caso su hermana mayor María tiene menos peso del que merece, pero tal vez se compense por la riquísima en matices Ana Bolena que nos brinda una Natalie Dormer genial, a veces delicada y prototipo de la novia que muchos soñaríamos con tener, otras una bruja despiada, una cortesana infame, en ocasiones el regalo de Dios a los hombres... y siempre misteriosa. Su Ana Bolena desprende energía por los cuatro costados, su dosis de maldad pero siempre con empatía al público y por supuesto, ambiciosa. Lástima del final del propio personaje histórico, pueden imaginar cómo acabará su preciosa cabecita en la segunda temporada, tras peleas al más puro estilo tragicomedia italiana, pero esperemos que no sea lo último que nos brinde esta actriz, confieso que en "Casanova" ni fu ni fa, pero es que, lo que ha hecho esta joven actriz en esta serie debería abrirle muchas puertas si hay productores que sepan verlo.

En esta first season, Ana irá subiendo en el corazón del rey, sirviendo a su ambicioso padre y amenazando a la reina consorte, Catalina de Aragón. Catalina es un papel ingrato, quizás por eso se lo han otorgado a toda una profesional como María Doyle Kennedy, lástima, eso sí, de los malditos instantes en los que ella y sus adeptos haban en castellano. Mal trabajo en este punto, que lo cortés no quite lo valiente. Otro genio que se han sacado de la chistera al parecer para la segunda temporada es Peter O´Toole, elevado al rango de Santo Padre, un fichaje de lujo que nos invita a pensar que las expectativas de este tipo de series están subiendo a niveles antaño impensables.

Y es que los decorados han sido muy entrañables, sobre todo "El Palacio de las Ilusiones". Además, la intrahistoria y las peripecias de algunos personajes como los músicos que desfilan por la Corte no estorban, son historias entrañables, bien relacionadas y que nos muestran que la vida puede ser muy bonita en palacio, pero que cualquiera es susceptible de caer en desgracia, perder sus amores y amigos o terminar, Dios no lo quiera, presa de las peores enfermedades. Creo que aquí el mérito es que los guionistas e los Tudor usan las historias corales para no sobrecargar los hombros de los protagonistas, pero dejado siempre claro qué directrices son las más importantes. Además, parecen tener la sana pretensión de que importa más el cómo pasó que el qué es lo que pasó. No piensen que jueguen a los dados, ya tienen dinamita bien sembrada para futuras entregas, "Bloody Mary", por niña que sea ya va soltando perlas que revelan que si la saga sigue, queda mucha historia inglesa que contar.

Jeremy Northam nos da una elección de ello, sabiendo leer muy bien su libreto y dando un giro de tuerca a Tomás Moro, el alabado autor de "Utopía", un hombre capaz de morir por sus principios y que ha sido digna inspiración de películas hoy con la aureola de clásicos de "Un hombre para la eternidad". Sin embargo, a pesar de esa incorruptibilidad admirable (que además tiene una curiosa paradoja con el personaje de Sam Neill, mucho más dudoso de moral pero más tolerante), tiene un grado de fanatismo terrible y sería capaz de hacer arder, por ejemplo, a un seguidor de la revolucionaria Reforma Luterana.

Otras licencias son menos admitidas por los puristas historiadores/as y en este sentido, deformación profesional, me inclino a darles la razón. Ya hemos hablado de la fisonomía de Enrique, pero el primer asesinato con el que arranca todo en Italia nunca ocurrió, a la par que la esperpéntica boda de la hermana de Enrique (una preciosa Gabrielle Anwar) en el reino de Portugal es tan inventada como susceptible de ofender al respetable lusitano y con razón. Hay cosas mucho mejor reflejadas, como el ascenso del personaje de Sam Cavill, cuyo gran mérito aparte de su enorme sonrisa y aires de Arturo Fernández es ser el compi de juegos de Henry The Eight, lo cual le proporciona un ascenso continuado que sirve de contraste con los desafortunados que caen en desgracia, sin importar cuán alta fue su relevancia en el pasado (he leído, con toda admiración por cierto, un atinado comentario que colocó un forista en youtube, los personajes de Wolsey y Ana terminan demostrado la suma facilidad con la que pasas de ser halcón a paloma).
En definitiva, nunca exenta de riesgos, espero que la apuesta por este tipo de televisión siga vigente y las tres temporadas de los Tudor no se queden en triunvirato solitario.

lunes, 2 de noviembre de 2009

HASTA LUEGO, MORITO



José Luis López Vázquez ha hecho en cierto sentido, las cosas como hay que hacerlas. Una vida de 87 años no está mal en estos tiempos que corren, ha recorrido varios campos, profesionales y privados, dejando una hoja de servicios que probablemente tiene contados casos equiparables en el cine nacional.
Igual que otros actores peninsulares como por ejemplo Alfredo Landa, ha tenido unas condiciones físicas que le hacían una perfecta muestra del españolito medio, algo que, bien te lo dirán en los castings, te imposibilita hacer de Marco Antonio en una obra de Shakespeare. Sin embargo, tus facilidades para hacerte querer por el público serán mayores si les pareces uno más, alguien que en cierta medida refleja sus sinsabores, sus agridulces victorias y sus cotidianas derrotas.
Pero no quisiera caer en derrotismos, precisamente en este día de luto. Los medios y la opinión pública, en general, suelen dar más importancia a lo que nunca ocurrió que a lo que aconteció, aunque lo que pasó película por película, año tras año, estuvo muy cercano a la grandeza. Desde la época de Belanga contra la censura hasta el destape, López Vázquez, alternando papeles protagonistas como secundario con mínimas frases, siempre estuvo allí, en el pie del cañón. En la agradable cotidianeidad de tener una cara querida en tu piso, corres el riesgo de empezar a valorar más lo de fuera. Supongo que a la gente le pasó eso, aunque era un actor como una casa, El Morito, como le apodaban sus colegas de profesión, era un tipo que siempre cumplía, el correcto sobre de la paga que llegaba sin retrasos ni adornos fuera.
En su ámbito privado, él mismo reconocía que a mucha gente le sorprendía su seriedad. Costaba imaginar al tipo que tantos diálogos disparatados había realizado con Gracita Morales siquiera hablando formal cinco minutos, claro que quizás allí estaba el problema. El encasillamiento. Daba igual que "En mi querida señorita", hiciera un clinic y consiguiera que Mariano Ozores, entre muchos otros, se rindieran a lo que había sido una barbaridad de dignidad y patetismo a la vez, en un papel imposible de repetir, para muchos, López Vázquez era el simpático individuo del bigote que perseguía suecas. Él, que había sido de los pocos que había tuteado a Paco Martínez Soria en "El Turismo es un gran invento", sin dejarse comer nunca, porque era sencillamente gracioso de natural, se defendía: "Hasta para correr detrás de un bikini hay que saber hacerlo".
Es curioso que si alguien tenía dudas de su calidad artística, entre los profesionales jamás se disputase que su nombre no merecía estar entre los grandes. José Luis Garci dijo de él en su añorado programa de la 2 que nadie se había quedado como él plantado, parecía una chorrada, pero si ves "El Pisito", el momento en el que se queda solo y sin novia en el puesto de castañas, te das cuenta exactamente de eso. Matt Groening se dio cuenta de que los tartazos de Krusty solamente tienen gracia si los recibe alguien tan digno como Bob El Actor Secundario, y El Morito, ya fuera como el despreciable heredero de los Leguineche o como el hijo de papá en "Plácido", siempre fue el payaso serio, el papel más díficil, ingrato y absolutamente fundamental en una comedia que se precie. Otros como Forqué no dudaron en darle la voz cantante en "Atraco a las 3", había nombres aterradores en aquel reparto, monstruos de la comedia (Cassen, Gracita, Agustín González, Landa...) pero la apuesta fue por él como hilo conductor y la pasó con nota. Berlanga, por su parte, siempre que pudo le colocó en primera línea y cuentan, que suspiró mucho porque la productora italiana no le aceptó para "El Verdugo", aunque al menos tuvo fortuna con el sustituto, Nino Manfredi.
En televisión también fue uno de los fijos y no dudó en pasarse a otro género con "La Cabina", una historia simple y directa pero que hizo que los españolitos pusieran un pie en la puerta antes de llamar por teléfono aquellos días posteriores al estreno. Asimismo inventaba y creaba estereotipos como el gángster "Palillos" en "Sabían demasiado", donde brindó grandes momentos con otro cómico como Tony Leblanc e hizo uno de los más peculiares interrogatorios que se recuerdan con Concha Velasco. Pero quizás nadie como Alberto Closas (buen actor, galán, alto...), un dueto totalmente necesario que dignificó comedias que quizás hubieran sido menores sin su capacidad de discutir y explotar los contrastes.
Y luego llegó el destape, una sociedad necesitada de autocensurarse pero acomplejada, recién descubierto que lo verde empezaba por los Pirineos... y López Vázquez no se salvó. Fue uno más en peliculitas que muchas de ellas no resisten ni un revisionado, era lo que había y punto, algún gag bueno y poco más. Muchos vaticinaban que allí se acababa todo, que el artista, que el tipo que había estado a las órdenes de Ferreri, Mercero, Berlanga, Forqué y cía estaba frito, pero no fue así, siempre que se le dio un papel digno, su nivel se desplegó a las cotas más altas. Campanella apostó por él para ese cine argentino agudizado por la crisis, no lo tenía fácil su modesto don Aquiles al lado del emergente Ricardo Darín, pero una vez más no necesitaba nada más que una cama de hospital para volver a demostrar que seguía siendo el de siempre, que a él no le oscurecía nadie en una escena y que segía haciendo partícipe al público de lo que ocurría.
Y Berlanga no pudo dejarle de llamar, para que se pusiera coleta y sorprendiera en "Moros y cristianos", enfrentándose a Fernán Gómez (nada más y nada menos) y saliendo como siempre, coleando y sonriente del duelo. El otro día Álvaro de Luna, uno de los últimos en hablar con él, recordaba que "Era muy suyo, pero muy respetuoso", tremedamente celoso de su vida privada y como otros de su quinta, no entendía muy bien las nueva formas de popularidad y la mira en la paja del ojo ajeno. Álvaro también recordó como le ayudó cuando él debutaba y recordó a los desmoriados que sus "tonterías" en una cabina le valieron uno de los primeros premios internacionales que se llevaba la televisión española.
A partir de entonces decreció en asiduidad, aunque presumía de su salud de hierro, le dejó un regalo como actor de composición que era a Santiago Segura conel entrañable facha al que le robaban el ABC todas la mañanas en la segunda parte de Torrente. Y ahora el sueño se terminó y de él se puede decir lo que creo que es el máximo elogio que puede recibir un ser humano en estos tiempos que corren y en esta bola de barro donde todo va tan deprisa: "La vida desde luego seguirá, porque nadie es imprescindible pero si que se puede decir que a día de hoy, el mundo es un poquito menos especial porque ya no está".
Rastreando en la página de Radio Televisión Española me ha hecho mucha gracia y a la vez me ha puesto muy triste el emotivo comentario de un internauta, que creo es un cierre digno para esta modesta entrada: "Adiós... padrino búfalo. Con cariño y agradecimiento.

EL ÚLTIMO POETA



Volvemos a tener por los kioskos la magnífica selección de historias que la polémica (pero que de no haber existido habríamos tenido que inventar) revista "El Jueves"hizo aparecer para la colección "Golden", sobre el famoso chorizo que Ivà creó allá por 1.986.

Probablemente junto con el genial Vázquez, Ivà ha sido el autor español que más ha hecho con menos esfuerzo, en el sentido no de guiones, siempre ácidos, malencarados y desafiantes, sino que con sencillos trazos, enemigo acérrimo de la regla y el cartabón, le sirvieron para recrear el barrio chino. La propia vida personal de aquel grandullón que fue Ivà y sus experiencias en La Rambla le permitieron conocer ese mundo de picoletos y prostitutas, curiosamente los oficios de los padres del Maki, "El Picaó" y "La Maru".

Además, junto con otro puñado de series míticas, Makinavaja y sus secuaces (El Moro, El Popi, El Pirata...) pueden presumir haber recreado y captado un lenguaje, una señora indiosingracia de un momento muy concreto. Contrario a lo que se cree, la vida editorial de Maki fue mucho más efímera de lo que parece, cuanto menos en material nuevo, ya que Ivà nos deja en 1.993. Pero la buena acogida que tiene en la revista le ha garantizado re-ediciones, versiones para televisión (encarnado el protagonista por el malogrado Pepe Rubianes y con excelentes secundarios, entre ellos, Florinda Chica), dos largometrajes (con Andrés Pajarés como el delincuente y Jesús Bonilla como el eterno Popi) y hasta adaptaciones al teatro.

¿Cuál es el encanto de ese lugar barcelonés? Si Anacleto tuvo el despacho del jefe y el desierto, Maki tuvo desde entonces el bar del Pirata, las callejuelas del chino, ciertos bancos y por supuesto, la cárcel de La Modeló. No se puede negar que Ivà carecía de pelos en la lengua, lo cual hizo que sus cómics tuvieran una dosis de violencia nad desdeñable, donde se lanzaban dardos sin piedad patronal y obreros, a las minorías marginados, donde todos son tan cabrones como aparentan... Maki, a su imperfecta manera, reflejaba ese desengaño y aprovecharse de la trampa, algo que pocas veces quedó más claro que en la delirante ruleta rusa con la que se reta con un desconocido.

Ivà fue un mastro en el diálogo. Aunque no sea de Makinavaja, la mejor muestra fue la inolvidable tira que él mismo protagoniza cuando le demandan por haberse metido con la Guardia Civil en un cómic de Maki, precisamente. Sin salir de su despacho con un teléfono, cual Gila, logra construir unas viñetas inolvidables y muy desternillantes. Toca la fibra, por talento y savoir faire, el duro descubrimiento de Mohammed y Popi de la dura vida honrada, cuando deciden volvera ser chorizos tras estar un día currando en los albañiles. Además, que el humor negro de la serie no oscurezca que como toda season que se precie, no se hayan obviado unos muy particulares episodios navideños, uno en especial, donde los reclusos de todas las cárceles diseñan una genial treta para juntarse a cenar en el lugar de El Pirata.

Quienes piensen que todo esto puede estar demasiado orientado a seguidores de un género concreto, se sorprenderán en cuanto produnficen en muchas de las cosas que se suceden. Sin perder la sonrisa pero aterrando, como los mejores Berlanga y Azcona, Ivà recrea los sinsabores de mandar una persona al asilo, con el mítico abuelillo del Maki, donde además, tendremos varios episodios imborrabes en el lugar de retiro de las monjitas y es que a estos sinvergüenzas nunca los amedrentó una tiara coronada. Por eso, si algún día el anciano Matías quiere contarles la historia dela cuchara de palo, permitan que se desahgue.

En el juego de las Némesis, cabe preguntaros que fue de la policía, ¿qué visión deja de ella el autor? Lo cierto es que no son ni peores ni mejores que los tipos que detienen en las redadas en El Chino, especial atención a un antiguo franquista, El Cheka, quien se sabe adaptar muy bien a los nuevos tiempos que corren. Como fuere, siempre me ha llamado la atención la crudeza que había tras estos dibujitos y narices rechonchas, igual que en una película de Tarantino o Scorsese, un tiro es un tiro aquí o en Pekín. Me marcó de crío (se supone que yo no tenía edad para leer esas cosas, pero mi tío tenía la colección de "Pendones del Humor" y me gustaba, qué diablos) cuado en una huida después de un atraco, el Maki termina abatiendo a un segurata que hasta hacía cinco minutos había estado hablando con él de colegueo sobre los sinsabores del cargo y lo poco que cobraba. "Me cago en la leche, explotados, currantes de tinta... ¡pero oye, a la hora de la verdad cumplidores hasta el final!" protesta casi sin ganas.

El elenco de secundarios fue circulando a una velocidad (El Pitufo, descerebrado sobrino del Maki, La Manoli...) asombrosa, pues a pesar de compaginarlo con otras aventuras (en las que sobresale "Historias de la Puta Mili"), Ivà tenía una velocidad de producción asombrosa, algo que agradecemos, pues su prematura muerte no impidó que dejase muchas historietas cortas que siguen asombrando. Por buscarle las cosquillas y puntos negativos, decir que como por ejemplo otro gran provocador, Seth Macfarlane, Ivà caía en ocasiones en la tentación del gracioso de la clase, que no estab contento si no mojaba la oreja de temas polémicos, obviando si era consecuente o no hacerlo en ese momento. En especial me refiero a determinados capítulos donde desfilan comentarios sobre etarras o los Grapo, no siempre de buen gusto.

Donde siempre sobresalió fue a la hora de tratar temas tan tabúes como universales en estos barrios de Dios que conocía como la palma de su mano, el sexo, la prostitución, el alcohol, las drogas... Ivà colocaba a sus personajes en esas tesituras, sin perder nunca el sentido del humor, pero soltando verdades como puños.

A nivel de futuro, ¿qué lugar le espera oupar a estas historias? A veces lo he pensado, pero en esta reseña no he obtenido la respuesta. Makinavaja fue algo provocador, fresco, divertido y muy chabacano en su composición, un estilo único, caricaturesco y simplista, que con muchos otros personajes hubiera quedado fatal pero que en su contexto era ideal, una dosis de violencia más propia de los pulps norteamericanos, salpicada de ironía de un viejo idealista derrotado, de un desengañado que se ha dado cuenta que la libertad está más tocada que el culo de La Manoi, que la Esperanza es una loca que va vestida de verde, que en las calles sobra ciencia y lo que falta se inventa... Aunque no haya sido tan longevo como otros, Maki and cía son por meritocracia los últimos poetas y profetas de un modo de ver la Barceloneta.

miércoles, 28 de octubre de 2009

LA TRAICIÓN DE ROMA



Autor: Santiago Posteguillo.

Título: La traición de Roma.

Editorial: Ediciones B.

Pues sí, a esa corta pero apreciadísima lista de amigos/as que sigue este modesto blog, decir, que no, no está muerto. Precisamente este libro que hoy tratamos es el único y directo responsable de este hecho, ya que desde que lo adquirí la semana pasada he tenido que leerlo y no pensaba colocar otra reseña antes de usar este final de triología de rabiosa actualidad del siempre fiable Santiago Posteguillo, escritor elegante y con conocimiento de causa, algo totalmente necesario en la novela histórica.

Conocido por "Africanus" y "Las Legiones Malditas", donde narraba (en el primero) la infancia del legendario Escipión El Africano y en el segundo su duelo a muerte con el general cartaginés Aníbal Barca hasta el desenlace de Zama. Esta tercera parte que se ha hecho de rogar, ha cumplido a la perfección las expectativas. Si las anteriores portadas (gran trabajo de ediciones B) eran muy evocadoras (un niño joven que toma su primera espada ante la miradas de las legiones en "Africanus" y en la segunda un soldado mirando al frente con su estandarte), ésta no se queda atrás, ya no son guerras, sino la imagen de un anciano sereno y de aspecto desengañado.

Posteguillo ha conseguido hacer interesante la parte que quizás pudier ser menos épica de la biografía de su admirado Escipión, con quien indudablemente ha terminado comulgando. Es un defecto notable (las visiones de Fabio Máximo y Catón están condicionadas por ello) pero que se subsana porque en esta ocasión buena parte de la narración corre en primera persona, de un Escipión que tras sus heroicas hazañas, tiene la lógica idea de que será respetado hasta el final de sus días y su familia reverenciada por Senado y pueblo. Subestima las envidias, rencores y celos que un hombre como él puede suscitar.

"He sido el hombre más poderoso del mundo, pero también el más traicionado", más claro arranque imposible, de un Escipión, que esto es lo que más me ha gustado del libro, es un ser muy falible. Aunque son despreciables muchas de las maniobras del Senado para derribarle, él tampoco ayuda con un comportamiento muy arrogante. Convencido de su superioridad moral y de méritos, irá convirtiéndose en un necio satisfecho que va alejándose progresivamente de su hijo, mujer, amigos... Es algo paulatino, lento, casi imperceptible, pero demoledor, como bien sabe el pacente, detestable pero infinitamente temible Catón.

En paralelo se narran las desventuras de su vencido, el legendario Aníbal. Aunque Posteguillo tiene una clara debilidad por Escipión, no ha dudado en investir al genio militar cartaginés de un aura muy especial, que lo convierte en el secundario de lujo de la triología. Inteligente,temible y amenzante, había sido en las dos entregas su definición. Ahora, su sapiencia está bañada del cinismo de quien sabe que ha perdido el favor de dioses y hombres, vagando y acosado por Roma hasta los confines de Oriente. Él, que había dirigido ciudades e imperios, se verá obligado a pedir asilo a reyes como el arrogante Antíoco que hasta se burlarán de él. Todos estos pasajes que le podrían hacer patético están muy bien solucionados por el respeto que emana de unos diálogos muy bien trabajados (sobre todo con una muy favorecida Imilce y el eterno lugarteniente Marhabal), Aníbal simplemente ha perdido la Fortuna, pero su inteligencia y superioridad de alcance de miras siguen perfectamente manifiestas. Si bien la entrevista que mantuvieron en Zama (en la visión de Posteguillo), quedó un poco frío, el dudoso ecuentro antes de la batalla de Magnesia es simplemente maravilloso.

Muchos aficionados a la Historia, han solido considerar que finalmente Aníbal y Escipión se hiciron un poco admiradores, eran deudores el uno del otro. En pleno delirios ya por enfermedad y vejez, Escipión dedicará unas conmovedoras reflexiones sobre el hombre al que tanto ayudó a derrocar, sorprendiendo con una frase tan cierta como polémica para sus coetáneos: "Si hubiéramos sido los dos cartagineses o los dos romanos, no me cabe duda que hubiéramos sido grandes amigos". Tras la segunda victoria, Escipión y Aníbal volverán a ligar sus destinos desde la lejanía. El púnico no comprenderá las trampas que los romanos tienden a su mejor general y Escipión no dudará en brindar al saber de las últimas hazañas de su vencido rival, capaz de destruir la flota de Pérgamo con apenas más recursos que un puñado de botes, menos soldados y una gran dosis de astucia.

Antes de que la muerte les volviera a reunir, Escipión se tendrá que enfrentar al dilema que posteriormente tendrá Julio César, vengar la ignomimia o aceptar un vergonzoso exilio. Salvo quizás su hermano Lucio, Escipión terminará hiriendo a todos con su vanidad herida, una esposa (Emilia, siempre digna, inteligente y distante) que le ve alejarse por sus coqueteos con las esclavas, una hija mayor entregada a alianzas matrimoniales, y la pequeña Cornelia, rebelde, pero increíblemente cariñosa (no se pierdan su reacción al ver las cicatrices de guerra de su padre), pero finalmente enredada en amorios con Tiberio Sempronio Graco, de dos familias enfrentadas, en un recurso algo shaskepiriano que mete Posteguillo quizas para compensar esa máxima de que debe haber una historia de amor siempre en toda novela que se precie (o mejor dicho, que se quiera vender).

Como en los anteriores ejemplares, el volumen del libro es muy consderable, además con anexos de mapas, vocabulario y perfiles de personajes principales, pues tal es la complejidad de algunos de los acontecimientos políticos que se narran. Sin embargo, no desesperen, pues reducir el complejo artefacto que ha diseñado Posteguillo a una sucesión de batallas y luchas, no es ni mucho menos cierto. El día a día y la vida cotidiana están muy reflejadas, a parte de una ventaja que tenemos con este autor, es un rendido del teatro clásico. Por ello,no tiene nada de extraño que el afamado Plauto tenga un papel muy importante, a pesar de su condición de "simple escritor" en un mundo de reyes, senadores y generales. Plauto ya había sido empleado en las anteriores entregas, en ocasiones forzando un poco el argumento, pero es un personaje que se hace querer, además, en las reprentaciones, aunque ralenticen la trama principal, nos regala su erudición de la farsa romana.

En definitiva una adquisición muy recomendable (aunque como toda trilogía exigirá conocimento previo de las anteriores entregas). Ya saliendo de términos de entretenimiento, decir que históricamente hablando es una buen recreación. El guiño final de Polibio con el entrañable Cayo Lelio (uno de los mejores, sino el mejor amigo de Escipión) no estorba, como tampoco la última parada en la biblioteca de Alejandría (parece que ahora está en todos lados ese mítico lugar). Los debates (en especial Catón contra el hijo de Escipón) también son vibrantes, aunque es cierto que las licencias son inevitables, sobre todo cuando se insertan personajes ficticios que inter-actuán con otros verídicos (por ejemplo: la esclava Neikertity, la egipcia que fuera amante de Lelio en anteriores entregas), pero aunque evidentemente no es un libro de Historia (tampoco creo que Posteguillo pretenda sentar cátedra) cumple con creces su función.

En definitiva, para los interesados/as, puede ser un excelente regaño de aquí a dos meses. Cordiales saludos.

Próxima entrada: Daremos repaso a nuestro cómic español con un vistazo al personaje clave del desaparecido IVA, Makinavaja.

domingo, 18 de octubre de 2009

ÁGORA



Título: Ágora (2.009).

Duración: 126 minutos.

Director Alejandro Amenábar.

Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil.

Fotografía: Xavi Giménez.

Música: Dario Marianelli.

Reparto: Rachel Weisz, Max Minghella, Ashraf Barhom, Oscar Isaac, Michael Lonsdale, Rupert Evans, Homayoun Ershadi, Richard Durden, Sami Samir...

Y finalmente aconteció. Tras una semana esperando pacientemente que clases y salas repletas lo permitieran, conseguí ver Ágora. La expectacion general que se intuía en las colas iba en progresivo aumento. La ecuación prometía, Alejandría siglo IV d.C, la maestría de un director del calibre de Alejandro Amenábar y un personaje femenino fascinante y poco conocido, Hipatia. El problema es que a veces las expectativas tan elevadas pueden hacer que subestimemos cosas que en sí están bien, pero que esperábamos mejor.

En primer lugar me llamó la atención una entrevista que en una cadena privada hicieron al creador, Amenábar contó sus influencias en dicha cinta. Salieron adelante muchas piezas que demostraron que el cineasta español ha visto mucho (y buen) cine, en definitiva, un conglomerado que iba desde piezas históricas hasta el peplum, el problema era... ¿sería posible semejante cóctel? No olvidemos que algunas de ellas, como Ben-Hur, tuvieron la fortuna de ser creadas en una época donde era permisible una película de cuatro horas, algo que los inquietos espectadores de hoy en día díficilmente pueden permanecer en su butaca. Ágora apenas sobrepasa las dos horas, dando la sensación, a mi modesto juicio, que se quieren contar demasiadas cosas que los guionistas y el equipo tienen muy claras, pero no sé si al público nos resulta tan fácil.

Cabe resaltar que la recreación es buenísima, digna de Hollywood, así que las productoras pueden darse por francamente satisfechas en este aspecto. La legendaria biblioteca y el Ágora han sido efectivamente resaltadas de un modo maravilloso y la puesta en color del cielo y el acercamiento a esta tierra de barro muy digno. No se deben buscar las carencias de este film en los aspectos técnicos. Creo que la duda que todos tenemos con Ágora es el desarrollo de la trama, no tanto con un nudo muy interesane como con un inicio un poco desangelado y un clímax prometido y que quizás no llega como hubiéramos querido o lo hace demasiado rápido.

Quede claro que esto no es una crítica a Rachez Weisz. Es una actriz muy bien escogida y que envuelve de dignidad a esta dama, de una forma convincente y poderosa, además, en un honor a la biografía real de esta filósofa, no se ha recurrido a una historia de amor tradicional que casi siempre se suele imponer para garantizar taquilla. Ha sido un alarde de respeto por la Historia digno de agradecer y una demostración de que esta cinta quería algo más. El problema es que creo que los guionistas, que conocen muy bien el tema, nos han presentado una Hipatia ya demasiado madura, inteligente, fría y distinta. Tiene el alma de Lisa Simpson, pero al igual que nuestra apreciada dibujito, cuando sea adulta, aunque habrá ganado mucho en sabiduría, habrá perdido considerables dosis de encanto. Me explico con un ejemplo.

Hay una escena que puede ser conmovedora al inicio es que es cuando las tensiones entre paganos y cristianos han llegado a su punto álgido. En un sitio, el padre de Hipatia, un digno Michael Londsdale, quiere disculparse ante la muchacha por la cerrazón de sus últimos años, por haber permitido a los estudiantes de la Academia caer el juego de provocaciones. "Cuando recuerdes a este viejo tonto... hazlo cuando te podía ayudar, cuando estudiábamos juntos". Esta escena cobraría más significado si hubiéramos tenido algún flashback o alguna especie de prólogo donde una pequeña Hipatia hubiera contraído esa deuda, aparte que nos acercaría al fantasma de la madre, quizás la única manera en la que esta amante de la sabiduría podría tener la sensación de que ha sacrificado otros campos de felicidad por el cultivo de su talento astronómico. No se trata de enmendar la plana a nadie, pero no deje de pensarlo durante la proyección.

Otra polémica que ha hecho que incluso se cuestione el potencial de esta película exportada al extranjero ha sido la materia religiosa. Considero que eso es absurdo. Basta conocer al siniestro personaje interpretado magistralmente por Ashraf Barhom para ver que el llamamiento no es contra ninguna clase de fe ni credo concreto, es una alerta contra el fanatismo y toda persona que es capaz de justificar la perpetración de actos violentos porque hay una voz en su cabeza que le dice que eso está bien. Lapidaciones, revanchas, derribos de credos y quema de libros son cometidas por los peores elementos de los cultos paganos, cristianos y judío, mientras todas ellas tratan de hacerse gratas al Emperador y así eliminar a la competencia. La única cosa que las diferencia es que será el cristianismo ganará este pulso, gracias a la maquiavélica forma de comportarse del futuro santo y doctor de la Iglesia, Cyrilo (encarnado por Sami Samir). Por cierto que el duelo de voluntades entre Hipatia y Cyrilo (atentos a la carta de San Pablo escogida) queda demasiado indirecto, aunque históricamente no aconteció, hubiera sido impagable. Por fortuna, Hipatia deja una frase para el recuerdo y que bien vale una entrada: "De momento vuestro Dios no ha demostrado ser más misericordioso que los que le precedieron". Ahí queda eso.

Estos dilemas religiosos se reflejan a la perfección en un antiguo esclavo de la casa de Hipatia, Davo (Max Minghella, que conforme avanza la película se va sintiendo más y más cómodo), un personaje magistral (creo que el que mejor está escrito) y que encarna a la perfección la pérdida de valores y los peligros del desamor. Un hombre que aunque sigue amando a Hipatia en lo más hondo de su corazón no cesa de preguntarse, ¿por qué soy incapaz de perdonar? Davo, sin saberlo, lleva las claves de la destrucción de su ama, una pagana tolerante que además tiene muchas influencias sobre antiguos alumnos suyos que han prosperado mucho, sobre todo Orestes (Oscar Isaac), que a pesar de sus aires de galán y su sincera admiración por Hipatia (pañuelo mediante), terminará actuando como una especie de Pilatos.

Sin duda la parte intermedia es la más agradecida de la cinta y donde los duelos entre los personaje llegan a su mayor florecimiento. Me dio la sensación de que fue la parte donde Amenábar y su equipo se sintieron más cómodos y me las prometía felices para un final que corroborará todo lo prometido. Entre medias, se intercalan aspectos de las investigaciones de Hipatia (por cierto, me gustó mucho que no fuera Miss Perfecta, ya que su posicionamiento de la esclavitud es muy negativo y deja mucho que desear, lo cual la convierte en una mente adelantada a su época pero con carencias que la hacen verosímil) sobre las teorías de Ptolomeo, empezando a pensar que quizás Hiparco no hubiera escritor ninguna tontería. Me sorprendió que alguna gente protestase a la salida sobre "el coñazo" de estrellas que el bueno del cine los había metido. Es muy respetable que sea un tema que no interese (a mí más que no interesarme es que soy un nudo empanado para esta temática), pero precisamente por eso debes estar dispuesto a soportar eso en una historia sobre una filósofa. De todas formas a mí me parecieron buenas explicaciones (los dibujitos en la arena no serían necesarios para determinados espectadores, pero yo y los de mi ralea lo agradecemos en sobremanera) y hasta amenas.

En cuanto al desenlace, la moral me obliga a silenciarme. Sería muy injusto, recuerdo que unas compañeras estaban hablando en clase sobre Ágora y como sabían que la iba a ver no destriparon nada verdaderamente significativo, espero haber hecho lo mismo. Al igual que ellas solamente decir que invito a todos los que tengan un poquito de gusa por la Historia, la filosofía y el buen cine a echar un rato. ¿Y a los que no? Pues que vayan el día del espectador y también le den una oportunidad. Lo bueno de los genios como Amenábar hasta que cuando se equivocan lo hacen bonito.

Una producción con un reparto internacional (no muy conocido pero excelente), repleta de interesantes cuestiones, quizás algo desangeladas por momentos en un plano demasiado cerebral, pero que exigirá futuros revisionados. Y como la sensata alejandrina dixit: "Es más lo que nos une que lo que nos separa".