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domingo, 19 de julio de 2020

UN EQUINO DE TENNESSE WILLIAMS (BOJACK, PARTE IV DE VI)


Puede que sea el ojito derecho del padre de la criatura. Cuando Raphael Bob-Waksberg rememora la cuarta entrega de BoJack Horseman, suele hacer alusión a que el equipo de guionistas exploró facetas insospechadas con el protagonista. Realmente, empleando todos los elementos de las tres anteriores entregas, el show alcanza la plena madurez, conoce a la perfección a su elenco y puede pasar de la comedia al drama con una facilidad pasmosa. 



El programa antropomorfo por excelencia nos lleva por donde quiere y, justo cuando se piensa que ha perdido la cabeza, exhiben que cada pieza encaja mejor que la anterior. Hay dos relaciones muy intensas para la antigua estrella televisiva de una comedia situación de la década de los noventa: una hija que hace la irrupción inesperada y una madre con la que nunca tuvo una relación saludable emocionalmente. Con esos ingredientes tantas veces vistos, logran alcanzar resultados insospechados y capítulos de pellizco. 



Las subtramas acompañan también con calidad. El señor Peanutbutter comienza una disparatada campaña para gobernador que, si miramos un poco la historia política de California, es de todo menos descabellada con respecto a eventos reales recientes. En un curioso ejercicio que puede ocurrir también en grupos de amigos, se observa cómo hay una separación progresiva del vínculo entre BoJack y Todd, quedando cada vez más el segundo en los planes del can que en los de su antiguo compañero de piso. 


Con todo, el plato principal y donde esta entrega se alza por encima del resto es la relación materno-filial del protagonista. Un ejemplo lo hemos tenido recientemente en Kidding, una obra de interés y con un humor negro importante. No obstante, visto en perspectiva, mi modesta opinión es que cuentan un fenómeno similar de forma parecida, pero, curiosamente, la versión animada es mucho más humana, logrando que la audiencia pueda empatizar con cada lado de este drama. 



Y es que comprender complica el juicio. En ningún momento se justifican los actos, no pocas veces de un egoísmo atroz, de dos personajes complicados y con muchos cadáveres en el armario. Simplemente, se exponen con una inteligencia envidiable y empleando en su justa medida flashbacks que se pueden remontar incluso a 1963. Una humilde recomendación es que, vista toda la cuarta temporada, se intente tirar del hilo que lleva a dramático desenlace. Nada ha sido dejado al azar.



Con las debidas proporciones, la historia de Beatrice Sugarman se hubiera hermanado con la de otras damas sureñas en una obra de Tennesse Williams. El prodigioso dramaturgo hizo un arte del oficio de insinuar, de obligar a imaginar las dobles lecturas e intuir antes que conocer las miserias humanas. El trabajo de los argumentos tan condensados e inteligentes en poco más de veinte minutos es digno de todo elogio. 


Pese a ese intenso duelo que amenaza con eclipsarlo todo, el equilibrio de la balanza se mantiene para abastecer a los bien perfilados secundarios. Joanna Calo firma un episodio de sumo ingenio con "Ruthie", un merecido espacio para Princess Carolyn, dirigido por Amy Sedaris. Brillantemente escrito, deja otro de esos finales memorables y con mucha metaficción que propician esa sonrisa agridulce con la que se suele contemplar este espectáculo. 



Con resonancias buñuelescas disponemos también de "Underground", un fatal accidente que pondrá a prueba la solidaridad grupal con pésimos resultados, volviendo a destacarse que la serie no defiende la actitud, no pocas veces deleznable, de BoJack. Este punto volverá a ser reflexionado más adelante, advirtiendo al respetable de los riesgos de considerar a la primera figura televisiva que vean como un modelo a seguir. 



Para estas y otras cuestiones nos remitimos a dentro de unas pocas semanas. 



ENLACES DE INTERÉS:



BoJack Horseman Season 4 [Propiedad del artículo: Daniel Kurland] [Consultado el 19/07/2020]



Reseña en el blog de la primera temporada



Reseña en el blog de la segunda temporada



Reseña en el blog de la tercera temporada



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.denofgeek.com/tv/bojack-horseman-season-4-the-series-creator-on-the-growth-of-a-horseman/ [Propiedad de la fotografía: Daniel Kurland] [Consultada el 19/07/2020]



https://www.pinterest.es/pin/312578030384036704/ [Propiedad de la fotografía: Pinterest] [Consultada el 19/07/2020]



http://www.popticon.com.au/2017/09/30/bojack-horseman-season-4/ [Propiedad de la fotografía: Popticon] [Consultada el 19/07/2020]

domingo, 5 de abril de 2020

EL DESPACHO DE ATENEA


Frialdad. Si algo transmite desde el primer momento La punta del iceberg (2016), es una sensación de soledad ante el vacío. Nietzsche afirmaba que, cuando observamos mucho tiempo al abismo, las profundidades nos terminan devolviendo la mirada. El film dirigido por David Cánovas tiene pulso, sabe perfectamente la atmósfera polar que debe presidir cada uno de sus planos, un viaje por los recovecos de una macro-empresa que nos resultaría familiar en sus edificios a nada que nos diéramos una vuelta por cualquier gran ciudad española. 



El suicidio próximo en el tiempo de tres empleados en una misma oficina alarma enormemente a la gran multinacional que está en la cima de su organigrama. Un asunto morboso que va despertar los mordiscos de la prensa. Para adelantarse, su cúpula manda a Sofía Cuevas (Maribel Verdú), una experimentada ejecutiva para realizar un informe que despeje las dudas sobre qué está sucediendo en los alrededores de los dominios de Carlos Fresno (Fernando Cayo), un directivo que ha conseguido unas cifras de cuentas magistrales, pero cuyos métodos parecen cercanos a Esparta. 



Basándose en la obra de teatro de Antonio Tabares, un ingenioso dedo en la llaga de la cultura del trabajo y los pasquines de auto-ayuda para ser brillante en los negocios, el guión de José Amaro Carrillo, Alberto García Martín y el propio Cánovas tiene como objetivo hacer una cinta de detectives, si bien con empresarios de traje y corbata. Y es que la pregunta es tan simple como: ¿quién ha sido el responsable de un clima laboral tan tóxico?


La investigadora es una samurái en traje negro, con coleta y que lleva una triste maleta, de sofisticado diseño, pero casi el anticipo de una propietaria con más vida laboral que personal. ¿Merecen la pena los sacrificios, horas extras sin remunerar y los niveles de estrés acumulados luchando por unas caras desconocidas que son quienes dan las órdenes? Sofía buscará encontrar respuesta a enigmas que la hacen mirar a su pasado, a ascensos que quizás no sean motivo de orgullo. ¿De qué sirve a una persona engordar la nómina si al final pierde su alma?



Una cinta previa soberbia, El método (2005), marcó una pauta diferente, también bebiendo de la fuente teatral. No tiene nada de extraño que allí ya estuvieran presencias como Carmelo Gómez, quien es un antiguo conocido de interrogadora. La relación es tensa entre ellos, volviendo a ser un medido despliegue actoral el de un leonés que nunca hiperboliza y sabe transmitir mucho con gestos cotidianos. Su Alejandro García es un sindicalista cínico, perfecto conocedor del sistema y que no se hace ilusiones.



Fernando Cayo, por su lado, sale poco, aunque siempre impone. Su fantasma flota por todos los rincones, desde la máquina de las chocolatinas a los teléfonos que no dejan de sonar. Los sospechosos irán desfilando y entramos gustosos en las deducciones de Sofía, descubriendo el infierno que puede a llegar a ser el sitio donde acudimos cada día a las ocho de la mañana. Lo inquietante es que el libreto no comete el error de presentar a Fresno como un monstruo, es un ser de carne y hueso con quien hasta se puede empatizar en diversos compases.



Asimismo, se pulsan las teclas sobre un término en auge durante los últimos años: el cuñadismo. Pocos lo anticipan mejor que Jaime Salas, un excelente Álex García que muestra a un aparente "winner" de oficina que, sin embargo, está completamente perdido, tanto en el negocio al que está consagrando sus mejores años como en lo personal. Y un aire de tragedia helena acompaña a Gabriela Bennassar (Bárbara Goneaga) una de las testigos más interesantes en todo el proceso y que llega a hacer el sacrificio máximo en el feudo de Fresno.



Igual que en Rashomon (1950), incluso los fallecidos tendrán la oportunidad de dar su punto de vista. Eso lo percibimos especialmente con Marcelo Miralles (un intérprete tan solvente como Ginés García Millán le da forma). Los detallados informes harán que Sofía "escuche y vea" los motivos que llevaron a las víctimas a tomar su decisión.



Cuenta la leyenda que Atenea brotó directamente de la cabeza de Zeus. Otros, simplemente, sospechan que era la favorita del rey del Olimpo por su inteligencia e inventó ese origen para ligarla a él, de la misma forma que Enzo Martelli (Carlo D´Ursi) y Ángel Torres (Juan Fernández) buscan delegar en Sofía para que lidie con asuntos desagradables de oficina. Atenea era tan ducha en la guerra como en la diplomacia, a diferencia del salvaje Ares.



Hoy en día, los olímpicos le regalarían a la deidad sabia un despacho con bonitas vistas aérea de la ciudad. Sin saber por qué, Atenea al contemplarlo sentiría un desagradable vacío recorriéndole la espalda.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://cineycomedia.com/critica-la-punta-del-iceberg/



http://www.sensacine.com/actores/actor-156438/fotos/detalle/?cmediafile=21278903



https://www.filmaffinity.com/es/film891965.html

domingo, 9 de febrero de 2020

TALENTO Y SENSIBILIDAD


Una buena copia es aquella que se asemeja mucho al original del que parte. De hecho, es señal de buen trabajo que sea imposible diferenciarlas. Sin embargo, las adaptaciones de trabajos previos son algo bien distinto. Las similitudes no tienen por qué ser calcadas, se permiten cambios de perspectiva y hasta algunas discrepancias. El público fiel de un libro suele mirar peor traicionar la esencia que el orden de los acontecimientos. Greta Gerwig admira la literatura de Louisa May Alcott. Su Mujercitas (2019) tenía precedentes brillantes en cartelera, pero sería poco exagerado afirmar que estamos ante la versión definitiva para el séptimo arte de su obra maestra, una visión tan redonda como emotiva de un clásico del pasado siglo.



El proyecto venía avalado antes de su estreno por el reparto involucrado. Saoirse Ronan es una de las protagonistas que toda productora codiciaría para una película. Tiene presencia, alma y carisma, puede ser fuerte y, a su vez, plagada de debilidades humanas. La Jo March que regala es el corazón de la cinta, pero nunca se abusa de ella. El libreto de la propia Gerwig está pensado al máximo, no se deja seducir en exclusiva por el exuberante deseo de libertad de Jo, muestra el mismo cariño y amor por cada una de sus hermanas.



Eso queda claro a través de la elección de una actriz como Emma Watson para dar aura a Meg. El reverso de la emancipación de Jo en algunas cuestiones, es tratado con el mismo celo y protección. Nada reprochable hay en ninguna persona que decida consagrar sus dones a la familia si es una decisión propia, un camino escogido sin ninguna atadura. El contraste entre sus dos personalidades tiene el mismo motor y el inteligente argumento no comete el error de tomar partido. Todas las hermanas están igual de bien trazadas y tienen la guía de una intérprete con el sello de Laura Dern, impecable en cada momento, dando enjundia a la escena más transitoria.


La directora ha diseccionado los grandes hitos de la novela y se ve capaz de afrontar un juego metaficcional del que resultaría difícil salir indemne. No obstante, un tremendo talento y respeto al alma de la historia permiten que sea algo nuevo sin que nada imprescindible cambie. En esa singularidad reside su capacidad de sorprender, a través de colocar el espíritu de Alcott frente al espejo, afrontando los rigores editoriales y de la sociedad de su tiempo.



Tampoco hay privación de lujos. Convertir a una leyenda de la gran pantalla como Meryl Streep en la tía March es toda una declaración de intenciones. No hay personaje pequeño o que no merezca la atención, simplemente, hay quienes tienen más escenas con respecto al resto. Pero cada vez que sale como la pragmática veterana miembro de la familia es quien recibe todos los focos, aportándole ella la destreza que hace sentir simpatía por una creación literaria que deja bastante que desear dentro de los cánones del romanticismo.



No se rehuye el folletín más puro y los rocambolescos giros sentimentales propios del culebrón. Nada de malo hay en ese género cuando no renuncia a la inteligencia y a la sagacidad. Pese al abundante empleo de los flashbacks, arma de doble filo, somos muy conscientes en cada secuencia de dónde se encuentran cada una de las piezas del tablero. Particularmente agradable de ver en el caso de la química mantenida por el triángulo formado por Jo, Theodore (Timothée Chalamet) y Amy (Florence Pugh).


La cinta respira amor por los cuatro costados, en muy diferentes términos. Se refleja la fascinación por el teatro, la escritura, música, arte, etc. Dicho aquí suena a frases tópicas y hechas, mientras que el gran mérito de Little Women es sumergirnos todas esas buenas intenciones en la verosimilitud, en hacer a cada uno de sus ingredientes algo muy valioso.



El exceso llega hasta tal punto que ni siquiera se reciente el proyecto de permitirse el lujo de tener a un excelente actor como Bob Odenkirk (Better Call Saul) en el banquillo. La fachada del edificio principal es tan imponente que, además, permite revisionados para ver esos pequeños detalles y homenajes que se han esparcido por cada rincón.



Greta Gerwig ha querido dejar una película tan inteligente como encantadora. Lo milagroso del asunto es que logra justamente eso en cada escena. 



BIBLIOGRAFÍA:



- ALCOTT, M. L., Mujercitas, Penguin Random House, Barcelona, 2020. Traducción de Gloria Méndez. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://marvin.com.mx/little-women-trailer-emma-watson-greta-gerwig-saoirse-ronan-pelicula-play-mira/



https://www.refinery29.com/en-gb/2019/11/8908329/little-women-remake-gillian-armstrong-reaction



https://www.express.co.uk/entertainment/films/1221850/Little-Women-streaming-watch-full-movie-online-legal-netflix-amazon-prime

domingo, 2 de febrero de 2020

TRIGO SUCIO


David Mamet es una voz que tiene pulso. El escritor nacido en Chicago pone su visión en algunos de los temas de más rabiosa actualidad para hallar en ellos el denominador común, es decir, aquello que sobrevivirá en la sociedad y puede aplicarse a cualquier época. No son desconocidas las versiones del dramaturgo en el Gran Teatro de Córdoba (por ejemplo, La culpa), por lo que Trigo Sucio se esperaba con un gran interés. 



El fantasma de Harvey Weinstein y el tristemente célebre escándalo aletea por todo el escenario. Nacho Novo encarna a Barney Fein, un poderoso y truculento productor que sabe cómo aprovechar su posición de poder sobre las jóvenes aspirantes a estrellas. Buscando limpiar su imagen cuenta con una eficaz colaboradora, más que solvente Eva Isanta en ese rol, lo cual da pie a diálogos chispeantes, claro sello de Mamet, sin duda el punto más fuerte de la representación. 



Norma Ruiz y Fernando Ramallo componen el resto del fresco. La primera representa a una artista polifacética recién desembarcada en Hollywood y a la que Fein pondrá a prueba para ver hasta dónde estaría dispuesta a llegar por él éxito. Ramallo sería un joven guionista a quien el productor pisotea con facilidad en la revisión de sus textos. Tal vez sea el suyo el personaje más desaprovechado de la función, con menos escenas para lucir.


El gran motor del asunto es la chispa de las veloces réplicas y contra-réplicas que se hacen los personajes entre sí. Luce muchísimo ingenio y permite tocar temas muy delicados con una fina ironía envidiable. Por ejemplo, la forma en la que Fein intenta convencer a su ayudante de cómo deben encarar la noticia del asesinato de su madre en Macy´s es una sátira brillante de lo políticamente correcto y tiene un toque Diamond-Wilder con aroma clásico.



Al igual que ocurre en Ciudadano Kane, Trigo sucio logra fuerza cuando utiliza más a Weinstein como metáfora que en calidad de biografía encubierta. Orson Welles pulsó muchas teclas sobre la sociedad de su tiempo que han pervivido en el recuerdo por encima de tocarle las narices a un acaudalado magnate con gran influencia en los medios. Misteriosamente, un artista con el talento de Mamet no ha tomado el sendero de irse olvidando del productor real para hacer una comedia oscura sobre todo el mundo del espectáculo.



Ello no penaliza la obra, ágil y chispeante, hasta el tercer acto. De repente, lo que era una moraleja sutil se convierte en un dardo directo, dicho en voz alta al público, rompiendo la buena complicidad de divertida inteligencia que presidía todas las escenas anteriores. No solamente eso, queda una sensación acelerada que aleja del ritmo sólido de principio y nudo del asunto, presentados con la solvencia que siempre esperamos en un trabajo de Mamet.


La dirección de Juan Carlos Rubio se presenta sólida durante toda la función, acompañado de la versión sobre el texto de Mamet a través de Bernabé Rico. En materia de escenografía, cabría destacar las falsas películas producidas en el estudio de Fein, hábiles parodias sobre célebres taquillazos.



En la propia presentación de su trabajo, Mamet reconoce que era posible tomar el sendero de Trigo Sucio a través de dos vías: tragedia o comedia. Opta por esta última sin titubeos, conservando cierto tono religioso relajado, uno que lleva a sus personajes a llegar tarde a la Sinagoga, Iglesia o al espectáculo al que quieren acudir.



Absolutamente recomendables 70 minutos que tocan cuestiones escabrosas con el alivio de la risa.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Contraportada del libreto Trigo Sucio, función del día 31 de enero de 2020, Gran Teatro de Córdoba.



- Escenario Gran Teatro de Córdoba. Función de Trigo Sucio, representada el 31 de enero de 2020. Fotografía realizada por el autor del blog.



- Cartel promocional Trigo Sucio, Gran Teatro de Córdoba, función del día 31 de enero de 2020. 

domingo, 27 de octubre de 2019

LO QUE NO SE VE


Del ramillete de virtudes, quizás la inteligencia sea una de las más invisibles. Por supuesto, se puede intuir en una persona que posee rapidez, capacidad para improvisar soluciones ante problemas inesperados, pero es dificultoso determinar cómo funciona con exactitud. Nadie podrá dudar de que Niels Bohr y Werner Heisenberg fueron dos cabezas privilegiadas, no obstante, la célebre afirmación "si lo sé, me hago relojero", podría aplicarse a algunos de los más preclaros físicos del pasado siglo, capaces de desentrañar enigmas que sumieron al mundo en el terror atómico. 



Claudio Tolcachir asume el reto de adentrarse en el complicado texto de Michael Frayn, Copenhague revive la amistad entre los dos científicos, cuyos lazos vincularon también a sus familias. Con guerras mundiales de telón de fondo, sendos personajes fraguaron una alianza que, bajo las fórmulas matemáticas, revivía antiguos sueños de la alquimia. Asombra pensar lo realmente cerca que estuvieron esos cerebros privilegiados de poner en bandeja de plata un arma de destrucción sin precedentes a alguien como Adolf Hitler. 



Siempre con ellos, tenemos la presencia de Margrethe, la pareja de Bohr, una persona culta y no tan pendiente del mundo de la abstracción y el átomo, un freno moral y capaz de formular las preguntas que el público necesita cuando el diálogo se torna demasiado técnico. Además, Margrethe conoce mejor la naturaleza humana que su académico esposo, intuyendo el abismo ético que se le está presentando a un huésped siempre deseado, aunque ahora tenga la sombra del espionaje de la Gestapo bajo el brazo. 


El tridente de intérpretes es, sencillamente, magnífico. Malena Gutiérrez da vida a Margrethe, una presencia fundamental para mantener la humanidad del relato, evitando que la pizarra se imponga a la sensibilidad. Su sensatez, empatía y preocupaciones encarna un ideal humanístico de tono universal. Con una posición privilegiada, desgrana las intenciones de los dos genios, si bien llega todavía más lejos en el tema de telón de fondo: ¿puede sobrevivir una amistad a lo largo de tan turbulentos años? 



Carlos Hipólito, actor todoterreno, es Heisenberg, un apellido que ya era famoso antes de que Breaking Bad lo convirtiese en mítico para una generación televisiva. Una de las tareas más apasionantes para un intérprete es trasmitir con pocos gestos gran cantidad de emociones. En este caso, el magisterio de Hipólito permite que veamos la inteligencia trabajando, la mente de un joven prodigio universitario que, pese a todo, tal vez vaya a descubrir una frase célebre de las citas bíblicas: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final pierde su alma?". 



El último eje de esta columna vertebral es Emilio Gutiérrez Caba, cuya impresionante trayectoria es sinónimo de fiabilidad en cualquier función o película. Su Bohr es el mentor utópico, alguien que se enamora del talento de otra persona y la ayuda para alcanzar su máximo potencial. Con todo, en ese proceso puede haber revelado información fundamental que permitiría a uno de los máximos tiranos de la Historia a salir triunfante. 


Ironías del destino, sería el bando de "los buenos" el que arrojaría la tragedia sobre Hiroshima y Nagasaki. Se abría el sendero que llevaría a desastres como Chernóbil. Con impresionantes avales de nobleza y éxito, es sorprendente cómo la inteligencia ha sido capaz también de diseñar algunos de los horrores más atávicos para el globo. Bohr habría contribuido, junto con otros colegas, a materializar las ideas que llevaron a muchísimas muertes, mientras las manos de Heisenberg, quien trabajaba el reactor del atroz régimen nazi, mantuvo su contador de ejecuciones a 0. 



Importante premio de consolación para un fracaso. ¿O no? Uno de los interrogantes de Copenhague es si alguien tan brillante no habría podido ser más eficiente para el III Reich. ¿Se encargó de sabotear el proyecto del que se le responsabilizó por temer qué pasaría tras lograrlo? Por un sendero de pequeñas piedras en la entrada del domicilio de los Bohr, la pareja de amigos mantiene una breve conversación de la que pudo depender el bando que ganaría la contienda y si seguirían siendo amigos. 



Basta la recreación de una casa danesa y un triunvirato plagado de talento para que el equipo de Tolcachir nos traiga uno de los debates más apasionantes que existen: ¿justificaron los avances en teoría cuántica el descuido moral que los acompañó? ¿Fueron esas dos familias amigas o cercanas espías? 



Shhhhhh... silencio. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Portada del programa Copenhague, función del día 26 de octubre de 2019, Gran Teatro de Córdoba.



- Gran Teatro de Córdoba, final de la función Copenhague del día 26 de octubre de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog].



https://www.teatroabadia.com/es/archivo/544/copenhague/

jueves, 1 de agosto de 2019

EL ESPÍRITU DE SALEM (CRÓNICAS DE BOSTON, PARTE III DE VII)


"La única evidencia que veo del diablo es el deseo de todos de que esté aquí"- Fray Guillermo de Baskerville, El nombre de la rosa (1986), película basada en la novela del mismo titulo, escrita por Umberto Eco.



A pesar de ser un agradable trayecto en ferry el que separa Boston de Salem, una extraña sensación de inquietud suele apoderarse de quienes contemplan este paisaje. No es sorprendente que Martin Scorsese, uno de los grandes directores de siempre, escogiese esa ubicación para las primeras escenas de la perturbadora Shutter Island (2010), película donde muchas cosas no son como parecen a simple vista. Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la ciudad ubicada en el condado de Essex comparte ese hábito.



En la plaza principal de Salem hay una estatua que les sonará mucho. De inmediato, debido a las connotaciones del lugar, esa figura cubierta por sombrero nos abre las puertas de la imaginación. Desde inquisidor a mortífago, estaríamos dispuestos a admitir cualquier oficio en este personaje que tuviera que ver con la hechicería o su erradicación. Es la maldición que porta el pobre Roger Conant, uno de los primeros y más activos colonos del lugar. Si bien no tenía nada que ver con asuntos posteriores a su muerte, es el precio a pagar por estar tan próximo al museo que nos lleva a un concepto que seguro alguna vez escucharon: las brujas de Salem.



Un lugar como otro cualquiera hasta febrero de 1692. Desde esa fecha y hasta mayo de 1693, aquel espacio se convirtió en una histeria colectiva, un trágico episodio que simbolizaría todo el mal que puede hacer una sociedad cuando se deja gobernar por el fanatismo. En el museo de las brujas hallamos una explicación bastante teatral y lograda con juegos de sombras, una explicación de los inquietantes sucesos desencadenados por lo que era poco menos que una chiquillada.


"Este libro sigue a seis personas, todas mujeres, porque en la cultura occidental la brujería se asociaba a ese sexo. Aunque en 1692 hubo algunos acusados varones de hechicería, buena parte de las acusadoras, las supuestas brujas y las víctimas fueron mujeres"- Marilynne K. Roach.



Toda esta misteriosa trama comienza con una mujer venida a Salem desde tierras lejanas, Tituba. Algunas voces afirman que llegó desde las Barbados, otras, que era de origen indio. Sea como fuere, privada de su libertad, estaba encargada de cuidar a la familia y amigas de su amo, el reverendo Samuel Parris. Como cualquier persona que trabaja con gente tan joven y tiene un poco de inventiva, Tituba aprovechó las cosas que conocía para narrar exóticas historias a las muchachas, quienes, lógicamente, quedaron encantadas con los relatos.



En una edad impresionable y en un marco de educación puritana, algunas de las recetas, frases y gestos que imitaron de Tituba llevaron a las muchachas a ser severamente interrogadas por Parris. La situación llegó a ser especialmente grave para su hija, Betty, y sobrina, Abigail Williams. A juzgar por los hechos posteriores, la segunda demostraría ser la más carismática y líder del grupo de amigas. Al denunciar a la esclava, colocaron a su cuidadora en severos interrogatorios y presiones. En un micro-cosmos machista y donde solamente podían esperar que se les lograse un buen matrimonio, aquellas muchachas vieron que inculpando a otras personalidades de Salem no solamente se salvaguardaban; de repente, tenían un protagonismo que ni habrían soñado.



Lo que era menos que una trivialidad fue una sucesión de disparatados procesos de una Salem que en aquellos días tenía tensiones con las tribus indígenas de sus alrededores, las malas cosechas y el riesgo de las incursiones francesas. Siglos después, un escritor con talento llamado Arthur Miller decidió escribir una pieza teatral llamada Las brujas de Salem, que luego reconvertiría en novela, donde alteró algunos hechos pero mantuvo intacta la esencia. El dramaturgo tiene la ventaja sobre los historiadores/as de poder imaginar aquellos vacíos de las fuentes. Con instinto, pensó que muchas de aquellas acusaciones escondían revanchas personales, desamores, disputas familiares, etc. La obra tenía doble lectura, puesto que Miller equiparaba la persecución puritana a la que él mismo y otras personalidades del espectáculo estaban sufriendo con el senador Joseph McCarthy, un furibundo buscador de comunistas en suelo americano.


Juez: ¡Os acusamos de brujería irredenta... a todos! ¡Seréis colgados al alba! ¡Que Dios esté con vosotros! 

John Proctor: Siempre lo está, mi señor... es por vuestras almas y las de estas pobres niñas por las que temo.

Marvel Team-Up, # 43 (Marzo de 1976)



La fascinación que ejerció aquella cacería en la cultura americana llegaría incluso a los cómics, destacando la labor del guionista Bill Mantlo y el dibujante Sal Buscema en la célebre saga "El viaje en el tiempo", publicada por Marvel en 1976, donde Spiderman y un puñado de acompañantes selectos revivían aquel sangriento episodio. Buscema era un narrador muy sólido y logró en apenas unas viñetas explicar como pocos las verdaderas motivaciones que aquellas "brujas" y "salvadores" puritanos encontraron para llevar a todo su mundo a la deriva. Dentro de una amplia producción historiográfica, una buena manera de iniciarse son los apasionados trabajos de Marilynne K. Roach, quien ha llegado a analizar día por días aquellos escandalosos juicios, además de profundizar en las mujeres de la comunidad de Salem en su día a día.



No es el único hito literario-histórico del lugar. Otra visita recomendable es La Casa de los Siete Tejados. En efecto, aquella casa en el centro de la ciudad que narró Nathaniel Hawthorne en la novela del mismo título, una construcción propia del realismo mágico que habla de la evolución de una familia y más allá, casi una radiografía de toda una época. Nuevamente, sería un marco donde algunos ilustres iconos se dejaron caer. En la Edad de Oro del Cómic Wonder Woman se las vería contra los nazis en este mítico emplazamiento.



Por último, no podemos abandonar este territorio mágico sin probar el último de sus embrujos. Junto con los locales portuarios que cultivan la especialidad del bocadillo de langosta, hay una parada obligatoria: Captain Dusty´s Icea Cream. Una delicia que no admite controversias. 



BIBLIOGRAFÍA:



- MILLER, A., Las brujas de Salem y El crisol, Maxi Tusquets Editores, Barcelona, 2013.



- ROACH, M. K., Six Women of Salem: The Untold Story of the accused and their accusers in the Salem witch trials, Da Capo Press, Boston, 2013. 



- ROACH, M. K., The Salem witch trials: A day-by-day chronicle of a community under siege, Taylor Trade, Boston, 2004. 



ENLACES DE INTERÉS:



Estudio 1: Las brujas de Salem (1965)



FILMOGRAFÍA:



- El crisol. Director: Nicholas Hytner. Reparto: Daniel Day-Lewis, Winona Ryder, Paul Scofield, Bruce Davison, etc. Año: 1996. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Estatua de Roger Conant en Salem [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Museo de las brujas de Salem [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Entrada a la Casa de los Siete Tejados de Salem [Fotografía realizada por el autor del blog]

domingo, 7 de julio de 2019

NUESTRO VIEJO AMIGO CICERÓN


Fue un niño prodigio en tiempos donde la toga solía ceder ante la espada. Originario de la modesta localidad de Arpinum, donde también nació un genio militar como Cayo Mario, Marco Tulio Cicerón fue una contradicción brillante para sí mismo. Un abogado de éxito, afortunado escritor y ciudadano comprometido con la República. También era vanidoso, acomplejado ante la clase patricia y cometió un error nada inusual en gente brillante: pensar que no puede haber nadie igual listo; buscando manipular al joven Octavio, terminó siendo utilizado y traicionado por el ambicioso estadista. 



Mario Gas es consciente de todo ello por su erudición en la antigua Roma. Este fin de semana ha improvisado en el antiguo (que no viejo) teatro de Mérida una sala donde juzgar al hombre y su época. Fiel al humanista orador, el director lo hace siempre con una mirada culta y compasiva. Brinda una representación reposada, una amena conversación donde el pasado y el presente quedan fusionados, puesto que son vasos comunicantes. 



El montaje es audaz en su simplicidad. Una acogedora biblioteca donde una pareja de estudiantes conocerá a un extraño que les anima a profundizar en el célebre abogado romano para un trabajo de  la carrera. Entre los tres pronto surge la complicidad y tendrán enconados debates sobre el objeto de estudio. 


Viejo amigo Cicerón es un viaje al pasado que logra evitar un pecado en el que, a veces, incurre la Historia: camuflar a sus personajes con ropajes aburridos para hacerlos más solemnes. Pero Cicerón no vivió en exclusiva para dictar frases esculpidas en mármol a su fiel esclavo Tirón (a quien concedió la libertad). Se divorció, volvió a casarse y tuvo amistades tan intensas como la mantenida con Julio César, a quien apreciaba, temía y odiaba a partes iguales. 



José María Pou capta cada matiz de esa rica personalidad para llevarla a su terreno. Incluso los murciélagos se tornan estudiantes atentos y respetuosos una noche de verano en que un intérprete colosal narra el cruce del río Rubicón o la conjura de Catilina. Hacer fácil lo difícil. Justo ese es el secreto de un protagonista que nos hace cómplices en el juego del recuerdo. Cada época ha tenido su propia imagen de Cicerón, la que más convenía.  



No está solo en la realización de la tarea. Miranda Gas se convierte en Tulia, la sensible y perspicaz hija del letrado. Si su relación con los demás (Pompeyo, Bruto, Marco Antonio...) no era fácil, en aquella joven, el líder republicano podía bajar la guardia y ser él mismo. Su muerte fue una de las estocadas más duras que jamás sufrió. 


La última pieza de este triunvirato bastante más simpático que el formado por Antonio, Lépido y Octavio es Tirón. Ivan Benet da vida a un fiel consejero, la amistad leal que florece de un punto de partida tan inhumano como la esclavitud. Pese a ser intelectual y plagada de referencias históricas, esta pieza teatral termina buscando apelar a nuestro lado más tierno. 



Por buscarle un punto de mejora a la gran escultura, señalar que hay un hábil juego de cámaras con figuras del pasado de Cicerón. Unos testigos reservados para el final que, tal vez, habrían sido incluso grandes hilos conductores de haber aparecido de uno en uno, cuando se les menciona en el discurso. Particularmente intenso el alegato de Catilina, arrojado fuera de la cámara por el terrible poder de la oratoria. Un arma poderosa y que puede ensoberbecer a la lengua que la usa igual que las legiones de la Galia hicieron pensar a César que era un dios invencible. Los idus de marzo le sacaron de ese error, con un papel poco claro de quien fuera su amigo en la conjura. 



Indudablemente, la obra será una de las puntas de lanza del célebre festival emeritense. Concluye con gracia, recordando que incluso el autor de tan célebres frases latinas debe irse a cenar. Finaliza con la armonía de una investigación entusiasta que no pretende sentar cátedra, simplemente contagiarnos su entusiasmo por el objeto de estu...perdón, por nuestro querido viejo amigo Cicerón. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



- Todas las fotografías de la reseña han sido tomadas por el autor del blog en el Teatro Romano de Mérida durante la función del día 6 de julio de 2019. 

domingo, 26 de mayo de 2019

LA FAMILIA ADDAMS ENTRE BAMBALINAS


Los extremos siempre se tocan. A un género como el terror le falta siempre poco para terminar siendo comedia. De hecho, si una pieza que busca la gracia se equivoca en plantear los elementos, puede terminar siendo algo escalofriante. La familia Addams siempre se ha movido con comodidad en ese eclecticismo, hasta el punto de que su comedia musical en Broadway ha gozado de excelente recepción por parte del público. 



Exitosa serie de televisión a la estela de La familia Monster, desde la década de los 60 que el espectral linaje creado por Charles Addams sigue funcionando para las nuevas generaciones. Esteve Ferrer plantea una cuidada adaptación que busca emular el lujo de la puesta en escena que se da al otro lado del Atlántico, adaptándose el libreto de Marshall Brickman y Rick Elice a referencias de la más rabiosa actualidad. 



Con las ingeniosas coreografías de Montse Colomé, la Mansión Addams va moviéndose entre tramoyas para sumergir al auditorio en una comedia musical en dos actos que alterna la carcajada en un marco de terror gótico. Uno de los encantos es que el asunto no deja de ser una especie de ¿Adivina quién viene a cenar esta noche? pero entre mortales y criaturas de la oscuridad. Y ambas partes descubrirán que no son tan distintas. 


Carmen Conesa y Xavi Mira se combinan a la perfección para hacer de la pareja de la que emana todo: Morticia y Gómez. Un matrimonio realmente peculiar y al que ambos intérpretes dan un encanto innegable, destacando, además, las coreografías que protagonizan. Son dos intérpretes con muchas tablas y que dan fuerza al resto del conjunto, a la par que llevan mucho tiempo siendo Addams, dejando la sensación de que juegan de memoria. 



Tanto Morticia como Gómez deberán afrontar un momento temido por cualquier progenitor/a: conocer a la familia política. En este caso, el pretendiente es Lucas (Fabio Arrante), hijo de Alice (Eva María Cortés) y Andrés Navarro (Mal). Un núcleo familiar de un lugar tranquilo que considerarán a los Addams el molde exacto de los excéntricos habitantes de New York. Una cena de pedida que incluirá un incómodo juego de la confesión. 



¿Y la pequeña Atila que va a contraer nupcias? No es otra que Miércoles (Lydia Fairén), un personaje adelantado a su tiempo y que llevaba ballesta propia cuando el resto de sus colegas tenían aspiraciones principescas. Manipulando a propios y extraños intentará lograr sus objetivos, pese a la oposición de su hermano (caracterizado por Alejandro Mesa), temeroso de que su hermana con novio ya no saque tiempo para torturarle de ingeniosas maneras.  


Varias subtramas acompañan al argumento principal. Por ejemplo, el inesperado romance del hermano de Gómez, Fétido (Frank Capdet) con la Luna en un tipo de relación que hubiera hecho las delicias de Bécquer. Asimismo, la extraña farmacia portátil que posee la abuela Addams (Ariadna Comas), cuyo parentesco con el clan no está del todo claro. 



Todo ello bien acompañado de la inolvidable y pegadiza melodía, un equipo de danza bien entrenado y la icónica y traviesa mano del clan que se mueve a su antojo por el escenario. El resultado final son más de dos horas de espectáculo que no se hacen nada pesadas y equilibra bien el peso de los personajes para dar a cada uno su escena, canción o momento. 



Un entretenimiento tenebrosamente divertido. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Palcos del Gran Teatro de Córdoba, función de La familia Addams con fecha de 25 de mayo de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]. 



- Portada programa La familia Addams, con fecha de 25 de mayo de 2019, Gran Teatro de Córdoba. 



- Final de la representación La familia Addams con fecha de 25 de mayo de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]. 

domingo, 5 de mayo de 2019

LOS ECOS DE LA VOZ



Pervive. Siempre fue un superviviente. Una figura que ha servido para inspirar a legiones de villanos en el futuro. Sin Gaston Leroux, Erik nunca habría salido de las catacumbas bajo la ópera de París. De cualquier modo, esa oscura criatura se convirtió en acreedora a su vez de futuros talentos como Stan Lee o Jack Kirby, quienes bucearon en las páginas de aquel singular fantasma para concebir a Víctor Von Muerte. Igual que el doctor Mabuse, aquella voz misteriosa y atractiva ha sido tan relevante por sus fechorías como por la capacidad de marcar el camino a millones de antagonistas de héroes y heroínas. 



Con el estilo de Alejandro Dumas y sus escritores encubiertos, Leroux compuso una novela de folletín, una serie B en el sentido más elogioso de la palabra. El fantasma de la ópera aprovecha de forma admirable el mundo de camerinos, tramoyistas, pasadizos y cementerios para crear una atmósfera irresistible, un colosal disparate donde nunca nos detenemos a razonar la verosimilitud. Como el resto de los asistentes a los palcos, asumimos que el número 5 no puede ser alquilado en aras de no ofender a Erik. 



El autor jugó con una poderosa presencia que lo alteró todo. Por supuesto que el romance entre el joven aristócrata Raoul y la cantante Christine Daaé es la que más párrafos ocupa en todo el asunto, pero los tortolitos en las películas de los hermanos Marx también disfrutaban de escenas y escaparate, si bien la posteridad dejó claro que eran esos geniales chiflados los responsables del éxito. Y la máscara de aterciopelada voz es la causa de que la pieza que hoy nos ocupa siga siendo un mito. 


Y eso estando ante una trama de preocupaciones realmente burguesas. Más allá de los crímenes, asesinatos y misterios entre bambalinas, incluso los planes maquiavélicos del singular inquilino de la ópera no son otros que los puramente artísticos, lograr hacer prosperar a una joven talentosa frente a las recomendaciones y el mundo hermético de las compañías teatrales. Es en su delicada forma de narrarlo y su poderosa imaginación donde esta novela se desmarca de otras parecidas. 



A un océano de distancia de las berlinas parisinas, décadas y décadas después de publicarse, El fantasma de la ópera es uno de los ojitos derechos de público de Broadway. Su espectacularidad, puesta en escena y el profundo amor que refleja por la música son su aval eterno, además de propiciar algunas escenas de puro terror gótico que justifican las comparativas que se han hecho entre Leroux y Edgar Allan Poe. 



También se han justificado las conexiones con otro célebre "monstruo": Quasimodo. Si el jorobado de Notre Dame era el mejor conocedor de los secretos tras las gárgolas, Erik es el verdadero señor del templo musical, con mucha más experiencia en sus recovecos de lo que cualquier propietario haya tenido jamás. Pero, al igual que el campanero o Cyrano, los complejos le llevarán a esconderse tras máscaras de su persona amada. 


¿Qué llevó a Leroux a escribir semejante hipérbole? Suele decirse que se sabe poco de su biografía. No obstante, intuimos bastante. Su faceta periodística le llevó a colarse en cárceles para lograr entrevistas exclusivas con reclusos, además de viajar a Rusia para ver el inicio de una revolución que estaba destinada a cambiar la tierra de las nieves y los zares. Siempre tuvo curiosidad por todo. Si Melville hizo las delicias de las personas amantes por la mar, El fantasma de la ópera está plagada de ricas notas a pie de página sobre dicho arte. 



Amante asimismo del cine, medio que apenas estaba despegando en aquel siglo que comenzaba, Leroux intuyó que su fértil imaginación sería bien explotada por aquel maravilloso recurso. Sus descripciones son los propios de un hábil guionista de televisión, todo visual y que casi se puede palpar, como si fuésemos compañía de privilegio de Christine en su particular visita a la laguna Estigia regente por alguien mitad diablo y ángel. 



Y al final fue la voz. 



BIBLIOGRAFÍA: 



- LEROUX, G., El fantasma de la ópera, Austral, Barcelona, 2018. Traducción: Mauro Armiño. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



- Fotografía cubierta de la edición de Austral (2018) de la obra El fantasma de la ópera, realizada por el autor del blog. 



- Fotografía realizada por el autor del blog en el teatro Majestic de New York, día de función El fantasma de la ópera [agosto de 2016]



- https://www.plasticosydecibelios.com/broadway-fantasma-opera-cumple-25-anos/

sábado, 27 de abril de 2019

DEVOLVER LA MIRADA


Se decía que Ahab tenía una voluntad de hierro, la propia de los héroes del pasado. Otras versiones, igualmente válidas, hablaban de que su constancia a superar obstáculos era la propia de un psicópata deshumanizado. Acaso no sean realidades incompatibles. Desde que escribiese su obra maestra (La misteriosa obsesión), las páginas de Herman Melville han generado acalorados debates. Acaso fuera solamente la historia de un viejo capitán con una determinación fuera de lo común para cazar a una fiera ballena blanca. Sin embargo, para contar algo tan simple no habrían hecho falta tantas reflexiones. 



Juan Cavestany comenzó a releer aquella obra maestra extraña, Moby Dick, sin saber exactamente por qué. Anotaba cosas en su cuaderno, intentaba trasladar aquella densa narración, plagada de tecnicismos marinos, al lenguaje del escenario. Igual que el viejo capitán a quien la criatura marítima arrancó su pierna, el dramaturgo pensaba que tenía algo que decir de aquella nave condenada a vagar por los océanos en una terrible búsqueda. 



"Si no es necesario leer este libro, estamos perdidos", fue su conclusión al ver las desventuras de aquel a quien llamaron Ismael, otra figura misteriosa que decidió embarcarse en Nantucket rumbo a lo desconocido. Andrés Lima aceptó el reto de su colega Cavestany y se puso a dirigir un regreso de un mito que fascinó a actores de la talla de Gregory Peck. Para estar a la altura, los responsables consiguieron una presencia genial: José María Pou. Por edad, experiencia, registro de voz, carisma y presencia, la mejor elección posible para hacer de un líder condenado, plagado de contradicciones, capaz de inspirar admiración y odio a partes iguales. 


Desde el Cabo de Cod al lejano Japón, el recorrido en busca del mítico animal llevará a los tripulantes a la deriva. La escenografía y vestuario organizados por Beatriz San Juan es muy brillante, trasladando la angustia de los días bajo tempestades y el sufrimiento de unos hombres alejados de su familias y rodeados de tiburones. Jacob Torres y Oscar Kapoya logran la compleja tarea de dar la réplica a Pou, además de encarnar a los distintos integrantes del navío, consiguiendo la hazaña de que el público siempre sepa a quién se están refiriendo. 



Por su lado, Pou da una lección magistral bajo los tablados. Sin duda, es totalmente consciente del bombón de papel que es Ahab, un rol tan exigente como maravilloso para las personas tocadas con la varita de la actuación. A lo largo de más de hora y media será capaz de transmitir locura, firmeza, desesperación, humanidad, frialdad y todo ese torbellino de emociones de un mutilado a quien legiones de ensayistas han visto como uno de los primeros grandes deicidas, una figura que desafía a la naturaleza y osa bendecir su arpón de manera satánica. 



El episodio descrito de forma minuciosa por Melville transcurre en 1850. De cualquier modo, importa tan poco la fecha como saber el día en el que Jonathan Harker aceptó un curioso encargo notarial en Transilvania. Siempre funcionan esa clase de historias que logran apelar a los instintos y miedos que tenemos más arraigados. Incluso una roca como Ahab sufrirá frecuentes pesadillas con la sangre de su presa, la cual es asimismo su cazadora en un juego cuyo significado real muchas veces nos es esquivo.


El espacio sonoro generado por  Jaume Manresa y Jordi Ballbé acompaña a la perfección las pausas y sobresaltos que tendrán estas almas errantes, donde Ahab logrará que le comprendamos y apreciemos... justo para que inmediatamente después le veamos como alguien enloquecido y peligroso al máximo. Su vida es la de un cruzado que no tienen piedad con nadie, incluyéndose a sí mismo. 



Igual que Macbeth, una profecía sería interpretada por él mismo de forma arriesgada para su futuro. El convencimiento de una inmortalidad a la hora de enfrentarse a un destino aciago y que le exigiría hacer frente a una ola de proporciones bíblicas. Andrés Lima habla de fuerzas la naturaleza, recordando aquel enigma que proponía dilucidar qué ocurría cuando un objeto irresistible chocaba con otro inamovible. 



Un tipo listo, Friedrich Nietzsche, afirmó en una ocasión que cuando miramos al abismo sucedía una consecuencia inmediata: permitíamos a su vez que la profundidad nos devolviese a la mirada. Hace siglos que Ahab atravesó ese umbral. Y nosotros nos seguimos preguntando qué sucedió.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Escenario del Gran Teatro de Córdoba, función de Moby Dick, representación del día 27 de abril de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Mapa con la ruta del ballenero Pequod [Programa representación Moby Dick, día 27 de abril de 2019, Gran Teatro de Córdoba] 



- Final función de Moby Dick, representación del día 27 de abril de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]

domingo, 31 de marzo de 2019

LA ARTISTA AMBULANTE, EL FORZUDO Y EL LOCO



El circo como metáfora. Así se plantea Mario Gas, uno de los mejores directores teatrales de la actualidad, la versión de un clásico imperecedero del cine italiano: La Strada. Firmada por Fellini décadas atrás, las desventuras de tres artistas ambulantes (Gelsomina, Zampanó y el Loco) se entrecruzan de forma trágica en una dura lucha por la supervivencia y apenas unas gotitas de felicidad entre tanta miseria. 



No es tarea fácil trasladar el lenguaje cinematográfico al tablado del escenario, aunque aquí Gas lo logra con su equipo técnico, sobresaliendo la escenografía planteada por Juan Sanz y Rocío de Labra, capaces de transmitirnos el duro camino nómada y el ansía de libertad de estos tres personajes, atraídos por la carpa y el actuar cada noche ante un público distinto para lograr la salvación. Un simple carromato en una carretera a ninguna parte así lo demuestra. 



El reto para los intérpretes es todavía más abrumador. La inolvidable Giulietta Masina (una de las sonrisas más bonitas y melancólicas que ha dejado el séptimo arte) dio vida por primera vez a Gelsomina, una chica comprada y dejada de la mano de su familia, obligada a salir adelante en un marco de hostilidad y falta de afecto. Verónica Echegui acepta el guante lanzado y toma el pequeño tambor con el que la muchacha va anunciando al forzudo Zampanó por todas las localidades, mendigando unas liras por el espectáculo. 


Alfonso Lara encarna al acompañante de la chica, alguien que vive de las proezas físicas y la generosidad de los transeúntes para poder llevarse algo de pan a la boca. Si Echegui tenía la odisea de recoger el testigo de Masina, Lara no puede envidiarle en suerte, puesto que el primer Zampanó fue nada menos que Anthony Quinn, uno de los grandes camaleones que en Hollywood se han visto. Rudo e incapaz de expresar sus sentimientos, la brutalidad del personaje causa el perfecto contraste con su pareja. 



Por último, y no por ello menos importante, queda la tercera pieza del rompecabezas: el Loco. Decían que los lunáticos debían su nombre a los efectos que la Luna les producía cada noche, aunque quizás este bufón de la carpa (aquí le da vida Alberto Iglesias, siguiendo el legado de Richard Basehart) simplemente ha buscado en el humor absurdo y la demencia su única vía de escape ante tanto sinsentido. 



Gerard Vázquez es el encargado de versionar el texto original, aquel que firmasen Tullio Pinelli, Ennio Flaiano y el propio Fellini. Un triunvirato que se empeñó en utilizar la estética circense para mostrar de forma elocuente una tragedia; Vázquez elimina las tramas secundarias y otros pintorescos personajes del film original para centrarse en el trío protagonista. 


Gas aplica con maestría todos los recursos que bien conoce para sacar el máximo rendimiento del tablado. Coloca pantallas en la parte superior que le hacen las veces de ejercicios de síntesis para comprender mejor la evolución de estas personalidades atormentadas que, pese a todo, siguen avanzando en su caminar de picaresca y viaje a ninguna parte como cómicos de la legua. 



Si bien filmada en 1954, queda la sensación de que la esencia de lo que quiso contar Fellini no ha cumplido fecha de caducidad, algo que suele ocurrir con los clásicos. Conforme se va entrando al teatro en búsqueda de las butacas, minutos antes de iniciarse la representación, encontraremos a Zampanó, el Loco y Gelsomina invitando al respetable a encontrarlas, marcando con sus linternas y animando a olvidarnos por unos minutos de la esclavitud del teléfono móvil. 



A todo esto, strada significa carretera en la lengua italiana. Y no deja de tener mucho sentido que sea ese el título. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



- Portada del programa La Strada, función del día 29 de marzo de 2019, celebrada en el Gran Teatro de Córdoba. 



- Escenario Gran Teatro de Córdoba, función de La Strada, representación del día 29 de marzo de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]. 



- Escenario Gran Teatro de Córdoba, función de La Strada, representación del día 29 de marzo de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]. 

domingo, 17 de marzo de 2019

¿QUIÉN ES EL SEÑOR SCHMITT?


Conócete a ti mismo. Así rezaba el gran lema del oráculo de Delfos, al que miles de personas viajaban en la Antigüedad buscando que les adivinase el porvenir. Frase fácil de pronunciar y complicada de llevar a cabo. Entender cómo somos es un ejercicio de objetividad que cuesta, más que nada por aquello de ser jueces y partes interesadas del asunto. Sébastien Thiéry, heterodoxo y provocador autor teatral, se preguntó sobre ello en ¿Quién es el señor Schmitt?



No parece nada casual que un actor como Sergio Peris-Mencheta se haya animado a la compleja tarea de adaptar y llevar al tablado la idea de Thiéry. Habiendo sido él mismo Marco Antonio en el Festival de Mérida o un peculiar Rodrigo Díaz de Vivar en El Ministerio del Tiempo, Mencheta habrá tenido muchas veces a sensación de los protagonistas acerca de vivir existencias que no son las suyas. La apacible rutina del matrimonio Carnero se ve alterada con una simple llamada telefónica que pone en tela de juicio todo lo que creían saber. 



Marido y mujer son dos intérpretes de primera fila en el panorama nacional. Nada menos que Javier Gutiérrez, quien se halla en un estado de forma muy dulce tras sus últimos papeles, Cristina Castaño, actriz con un don natural para la comedia (baste recordarla en La que se avecina). Ambos tienen química y se siguen maravillosamente el juego para lograr diálogos chispeantes y reacciones ante el hiperbólico absurdo en que va degenerando todo. 


Ese original arranque genera unas expectativas francamente altas en el público, quedando la audiencia con el interrogante de cómo se resolverá el embrollo de la crisis de identidad y si la representación podrá mantener el ritmo de gags que se van sucediendo con solvencia en un escenario tan limitado como el salón de los Carnero/Schmitt/vaya usted a saber su apellido real. 



Curt Allen Wilmer exhibe dominio de la escenografía para que ese hogareño lugar en algún punto de Andorra vaya amoldándose a las dudas de los protagonistas, quienes, al igual que Hamlet, se van a ver abocados a considerar que no hay certezas que les salven. Para aliviar el peso que recae sobre sus hombros durante más de hora y media, cuentan con el apoyo de Quique Fernández (quien hace papel doble), Xabier Murua (el portero del edificio) y Armando Buika (cuyo rol no es conveniente revelar en esta reseña por evitar el spoiler). 



Las vicisitudes por las que pasen y el talento para la comedia del elenco ya garantizarían una agradable velada. Gente como Castaño o Gutiérrez necesitan apenas un leve gesto para conseguir la complicidad, quedando la carcajada casi asegurada. No obstante, a medida que se tira de la madeja se aprecia una complejidad más dramática de lo que dictaba la primera media hora. 


Quizás aquí radique la grandeza y parte más polémica del libreto. De la ligera comedia de enredo que comienza siendo, busca una reflexión más aguda de lo que cabría esperarse acerca de la identidad. Siguiendo las pautas de maestros como Lovecraft u Oscar Wilder, los personajes se van sumiendo en una crisis de auto-percepción que deja momentos de intenso dramatismo. En sí, bien ejecutados, aunque, personalmente, no percibo el eclecticismo que me lleve a conectarlo con el planteamiento del inicio. 



Incluso podríamos pensar que tenemos dos obras en una, independientes respectivamente. Individualmente, cada una de ellas funciona con la fiabilidad de un reloj suizo. Pero comparando las notas que afloran en ambas podemos incluso albergar la sensación de argumento que no es del todo honesto con el auditorio. 



Se disfruta mucho, gracias a su elenco y dirección. Probablemente, no terminemos sabiendo quién era el señor Schmitt, lo cual no impide que hallamos disfrutado del viaje. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



- Portada programa de la obra teatral ¿Quién es el señor Schmitt?, función del día 16 de marzo de 2019. Gran Teatro de Córdoba. 



- Escenario antes de la obra teatral ¿Quién es el señor Schmitt?, función del día 16 de marzo de 2019. Gran Teatro de Córdoba. 



- Escenario después de la obra teatral ¿Quién es el señor Schmitt?, función del día 16 de marzo de 2019. Gran Teatro de Córdoba.