domingo, 19 de mayo de 2019

JAC


Las expectativas son peligrosas. Cuando se habló de una serie de Movistar + con Julián López de protagonista y ambientada en la antigua Roma, muchas personas imaginaron que se trataría de una sucesión de gags más o menos afortunados y ligeros. Sin embargo, bastan las primeras escenas de Justo antes de Cristo (2019) para darnos cuenta de que esto es algo distinto, con pocos precedentes dentro de la producción televisiva española. 



El guión de Juan Maidagán y Pepón Montero no da puntada sin hilo. Se remiten a la Roma del 31 a.C. Manio Sempronio (Julián López) se ve inmerso en los turbulentos días donde el Mare Nostrum se va a repartir entre Marco Antonio y Octaviano, la guerra civil está a la orden del día y las familias patricias romanas demuestran ser predecesoras de la serie Juego de Tronos. Un accidente hace que acabe con la vida de un senador y el protagonista no tomará la salida honorable del suicidio que se le propone. Presionado por su propio clan, habrá de escoger entre el exilio o ingresar en las legiones. Cuando vea que el destino es Tracia, se arrepentirá de haber seleccionado la segunda. 



Justo antes de Cristo es graciosa. El contraste entre el sibarita aristócrata romano y la crudeza de la vida en un campamento en el limes da lugar a equívocos dignos de la Monty Python. De cualquier modo, no es tanto un humor de carcajada como una sonrisa cómplice. Conforme pasan los capítulos y avanzan las subtramas, vemos que hay un hilo conductor, una mirada agridulce al mundo, esa sonrisa cínica que, en ocasiones, se pone cuando no queremos darle demasiada importancia a algo malo. Xosé A. Touriñán da una muestra de ello con su personaje, Agorastocles, un esclavo muy eficaz y con bastante más habilidad que su amo, una figura que también es frecuente en el teatro clásico. 


Lo que sorprende a simple vista es la seriedad con la que el programa se toma la vestimenta y la recreación de la época. Desde los uniformes, la disposición del campamento y los guiños al pasado se ve que hay una reflexión certera. Igual que le sucede a los cómics de Astérix, cuando hay un anacronismo suele ser intencionado, con el propósito de hacer una broma que combine pasado-presente de forma acertada. Por ejemplo, cuando el liberto interpretado por Arturo Valls habla de Espartaco muestra todos los clichés del converso, enamorado de la civilización romana, al más puro estilo La vida de Brian



Y se hila fino asimismo en materia de la historia de las mujeres en un mundo tan varonil como la milicia reformada por Cayo Mario. En esta Tracia de parodia hallamos a Cneo Valerio (un impecable César Sarachu), un general de tremenda fama y que compartió aventuras con el propio padre de Sempronio, si bien en realidad es un absoluto inútil. De cualquier modo, es mangoneado de forma hábil por su hija Valeria (Cecilia Freire) y su nieta Ática (Priscilla Delgado), quienes han vivido soporíferas conversaciones con maridos y pretendientes que, todo tiene sus ventajas en la vida, las han llenado de efectivas enseñanzas sobre trucos tácticos de Filipo II, Aníbal Barca, etc. Son las verdaderas causantes de la supervivencia del clan, puesto que el paterfamilias ni siquiera es consciente de que hay una guerra civil. 



Apenas seis capítulos de media hora de duración con la carta de presentación de este show, pero es que cada escena tiene su miga. A través del estado mayor de Cneo Valerio, se explotan diversos clichés, sobresaliendo el legado Gabinio (Manolo Solo), quien vio arder su casa, morir a su hijo y el abandono de su esposa en el mismo día. El talento del actor permite cogerle cariño a una personalidad desagradable y que tendrá algunos de los giros más interesantes de esta primera entrega. En un clima enrarecido, las demagogias de Sempronio, quien asistió a las clases oratorias del maestro Cicerón (un día) podrían granjearle un ascenso o acabar crucificado. 


Las personas amantes del cine de Álex de la Iglesia reconocerán a bastantes rostros en la aventura, puesto que Justo antes de Cristo se nutre de algunos de sus magníficos secundarios. Intérpretes con empaque y encanto que dan credibilidad en cualquier situación. Los famosos magnicidios y conjuras de asesinato tan frecuentes en las antiguas Grecia y Roma son ridiculizadas de forma hábil a través de los torpes complots que se llevan a cabo en ese rinconcito del mundo donde también llegan los ecos de la lucha entre Marco Antonio y Octaviano. 



El argumento, bien planteado y original, siempre pone el dedo en la llaga en cuestiones graciosas pero que tienen su miga si se analizan. Así ocurre con la extraña pareja formada por el popular general Cornelio Pisón (Fernando Cayo) y su esclava Bárbara (Bárbara Santa-Cruz). Pisón goza de una gran popularidad entre la tropa tras participar en la batalla de Filipos, pero un pequeño malentendido con el despistado Cneo Valerio le hará dudar de su supuesto carisma. Nadie es inocente hasta que se demuestre lo contrario en Justo antes de Cristo



Termina dejando con muchas ganas de más. Se trata de un recurso lo suficientemente original, atrevido y heterodoxo para pensar que una segunda temporada merecería mucho la pena. Queremos saber más de las andanzas de Sempronio, de las peculiares legiones donde lucha y de las fascinantes maquinaciones de Valeria. Los dados están en el aire y rezamos a Júpiter y Minerva porque esto tenga continuidad. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.elindependiente.com/tendencias/series-y-television/2019/04/05/justo-antes-de-cristo-estos-romanostambien-estan-locos/



- Captura de pantalla del segundo capítulo de Justo antes de Cristo, primera temporada, titulado "El Otro". 



domingo, 12 de mayo de 2019

LA ÚLTIMA FLECHA


En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Cuando Mark Millar y Steve McNiven plantearon una distopía terrible del universo Marvel donde las escuadras de villanos habrían exterminado a la gran mayoría de sus antagonistas, colocaron el foco en un retirado Lobezno. Corría el año de 2008. La historia fue llamada El viejo Logan y pronto se ganó un lugar en el corazón de la comunidad lectora, gracias a ser una trama intensa, auto-conclusiva y que recordaba mucho a la obra maestra Sin perdón (1992). A ese apocalíptico desierto donde vivía el mutante de las garras y que se asemejaba a la estética Mad Max se lo conocía como Los Baldíos.  



Con la excepción de la interesante idea de traer al curtido canadiense al presente marvelita de la mano de Jeff Lemire y Andrea Sorrentino, ningún equipo creativo de la editorial se atrevió en los siguientes años a volver a poner la atención en ese futuro tenebroso. Nadie esperaba que, en caso de volverse a contar algo de Los Baldíos, el encargado fuese a un guionista del que por entonces se sabía más bien poco: Ethan Sacks. Sin embargo, tenía un carcaj plagado de buenas iniciativas que surgían de una lectura minuciosa del trabajo de Millar.  El Viejo Logan tuvo un secundario de lujo: un Clint Barton invidente que, pese a todo, estaba convencido de poder revertir la penosa situación que llevó a figuras como Cráneo Rojo a la presidencia de los mismísimos Estados Unidos.



Sacks decidió que su mini-serie contaría acontecimientos situados cinco años antes de que la antigua Arma X decidiese volver a ser el mejor en su trabajo. En el apartado gráfico dispuso del dibujante Marco Checchetto, una elección perfecta por su trazo a lo spaghetti western, elegante a la par que realista. El color de Andres Mossa acompañaba perfectamente el tono más adulto de la producción, titulada de forma elocuente El Viejo Ojo de Halcón, doce números destinados a convertirse en hitos dentro de la trayectoria del arquero.  


Como buena epopeya del Oeste, hacía falta un pistolero rival a la altura. En un mundo al revés, no resulta extraño que Barton sea el forajido y un antiguo asesino como Bullseye se revista de las insignias de marshal. En principio, podría parecer que no pegan mucho, pero las motivaciones son certeras tal y como están planteadas. Mejorado con tecnología punta, el legendario adversario de Daredevil conserva su destreza y un mortal aburrimiento porque desde un duelo en las cataratas con Matt Murdock no ha vuelto a vérselas frente a un enmascarado. La anomalía que presenta un Ojo de Halcón vuelto de la nada es muy atractiva para un psicópata que, al fin, vuelve a sentir que hay una presa digna de tal nombre.



Esa trama principal está sabiamente aderezada con ricos detalles que permiten gozosas relecturas. Los nombres de los enclaves por donde pasan, una banda de Madrox absolutamente desquiciada y cierto simbionte van haciendo acto de presencia mientras descubrimos que un glaucoma está consumiendo al ex Vengador. Antes de perder por completo la vista, pretende hacer un último hurra que nos conecta con Red Dead Redemption: "visitar" a sus antiguos socios, los Thunderbolts, quienes jugaron un papel decisivo para que la oscuridad cayese sobre la Edad Heroica.



En cualquier de sus versiones o etapas, Clint Barton ha sido un firme defensor de las segundas oportunidades. Ya fuese El Espadachín o Natasha Romanoff, pocos han creído en la capacidad de reconducirse con la fuerza del lanzador de flechas. Y, de la mano de Kurt Busiek y Fabian Nicieza, el antiguo grupo criminal de los Thunderbolts fue su gran apuesta personal, convertirse en el líder de unos forajidos a los que él daría la misma oportunidad que Iron Man hizo con él. De ahí sus ansías de un último encuentro con aquellas personas a las que confío la vida de sus aliados, tal como se refleja en un número 7 espléndido, dibujado con mano maestra por Ibraim Robertson.


Las coreografías son lo más alejado que podemos esperar del género superheroico. Una antigua carpa de circo, un convento de clausura, fábricas a punto de cerrarse, etc. No hay gloria en estos duelos que dejan algunos instantes espectaculares y que no saciarán las ganas de revancha de un Clint Barton irreductible pero sin respuestas. Su diálogo con Melissa Gold sería digno de Robin y Marian (1976). Y al final del camino le espera el Barón Zemo, el hombre que antes suya lideró a los Thunderbolts con propósitos muy distintos al altruismo. Para llegar al aristócrata estratega, Ojo de Halcón se verá obligado a pedir alianza con su antigua camarada, Kate Bishop, la cual da una presencia que hace subir enteros a la saga. 



Bishop y Barton siempre han funcionado muy bien juntos (recordar la mítica época de Fraction y Aja), tienen química y marcan un relevo generacional clave en la dinastía con arco de Marvel. Equiparados en talento, sus estilos son o suficientemente distintos para hacerlos idóneos en una road movie tan peculiar como este viaje a las entrañas de un mundo donde hay parques de atracciones donde se apalean a los actores que interpretan al Capitán América (cuyo fantasma es omnipresente por la relación tan especial que tuvo con el protagonista). 



Uno de los motivos que impiden considerar a esta joya como una obra maestra es un cambio artístico en los dos últimos números. Sin tener nada contra un buen artesano como Francesco Mobili, perdemos la sensación de unidad que daba Checchetto. El viaje concluye con clase y un momento de inspiración que podría espolear a más héroes. Nunca se dejen engañar por esa frase que le dijo a Kate. Apuntó al ojo. Un tiro entre un millón. La última flecha del Vengador con más corazón de todos. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.youtube.com/watch?v=m8I5ANhb9PU



https://sequentialplanet.com/comic-review-old-man-hawkeye-9/



https://www.marvel.com/comics/issue/69225/old_man_hawkeye_2018_11

domingo, 5 de mayo de 2019

LOS ECOS DE LA VOZ



Pervive. Siempre fue un superviviente. Una figura que ha servido para inspirar a legiones de villanos en el futuro. Sin Gaston Leroux, Erik nunca habría salido de las catacumbas bajo la ópera de París. De cualquier modo, esa oscura criatura se convirtió en acreedora a su vez de futuros talentos como Stan Lee o Jack Kirby, quienes bucearon en las páginas de aquel singular fantasma para concebir a Víctor Von Muerte. Igual que el doctor Mabuse, aquella voz misteriosa y atractiva ha sido tan relevante por sus fechorías como por la capacidad de marcar el camino a millones de antagonistas de héroes y heroínas. 



Con el estilo de Alejandro Dumas y sus escritores encubiertos, Leroux compuso una novela de folletín, una serie B en el sentido más elogioso de la palabra. El fantasma de la ópera aprovecha de forma admirable el mundo de camerinos, tramoyistas, pasadizos y cementerios para crear una atmósfera irresistible, un colosal disparate donde nunca nos detenemos a razonar la verosimilitud. Como el resto de los asistentes a los palcos, asumimos que el número 5 no puede ser alquilado en aras de no ofender a Erik. 



El autor jugó con una poderosa presencia que lo alteró todo. Por supuesto que el romance entre el joven aristócrata Raoul y la cantante Christine Daaé es la que más párrafos ocupa en todo el asunto, pero los tortolitos en las películas de los hermanos Marx también disfrutaban de escenas y escaparate, si bien la posteridad dejó claro que eran esos geniales chiflados los responsables del éxito. Y la máscara de aterciopelada voz es la causa de que la pieza que hoy nos ocupa siga siendo un mito. 


Y eso estando ante una trama de preocupaciones realmente burguesas. Más allá de los crímenes, asesinatos y misterios entre bambalinas, incluso los planes maquiavélicos del singular inquilino de la ópera no son otros que los puramente artísticos, lograr hacer prosperar a una joven talentosa frente a las recomendaciones y el mundo hermético de las compañías teatrales. Es en su delicada forma de narrarlo y su poderosa imaginación donde esta novela se desmarca de otras parecidas. 



A un océano de distancia de las berlinas parisinas, décadas y décadas después de publicarse, El fantasma de la ópera es uno de los ojitos derechos de público de Broadway. Su espectacularidad, puesta en escena y el profundo amor que refleja por la música son su aval eterno, además de propiciar algunas escenas de puro terror gótico que justifican las comparativas que se han hecho entre Leroux y Edgar Allan Poe. 



También se han justificado las conexiones con otro célebre "monstruo": Quasimodo. Si el jorobado de Notre Dame era el mejor conocedor de los secretos tras las gárgolas, Erik es el verdadero señor del templo musical, con mucha más experiencia en sus recovecos de lo que cualquier propietario haya tenido jamás. Pero, al igual que el campanero o Cyrano, los complejos le llevarán a esconderse tras máscaras de su persona amada. 


¿Qué llevó a Leroux a escribir semejante hipérbole? Suele decirse que se sabe poco de su biografía. No obstante, intuimos bastante. Su faceta periodística le llevó a colarse en cárceles para lograr entrevistas exclusivas con reclusos, además de viajar a Rusia para ver el inicio de una revolución que estaba destinada a cambiar la tierra de las nieves y los zares. Siempre tuvo curiosidad por todo. Si Melville hizo las delicias de las personas amantes por la mar, El fantasma de la ópera está plagada de ricas notas a pie de página sobre dicho arte. 



Amante asimismo del cine, medio que apenas estaba despegando en aquel siglo que comenzaba, Leroux intuyó que su fértil imaginación sería bien explotada por aquel maravilloso recurso. Sus descripciones son los propios de un hábil guionista de televisión, todo visual y que casi se puede palpar, como si fuésemos compañía de privilegio de Christine en su particular visita a la laguna Estigia regente por alguien mitad diablo y ángel. 



Y al final fue la voz. 



BIBLIOGRAFÍA: 



- LEROUX, G., El fantasma de la ópera, Austral, Barcelona, 2018. Traducción: Mauro Armiño. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



- Fotografía cubierta de la edición de Austral (2018) de la obra El fantasma de la ópera, realizada por el autor del blog. 



- Fotografía realizada por el autor del blog en el teatro Majestic de New York, día de función El fantasma de la ópera [agosto de 2016]



- https://www.plasticosydecibelios.com/broadway-fantasma-opera-cumple-25-anos/

sábado, 27 de abril de 2019

DEVOLVER LA MIRADA


Se decía que Ahab tenía una voluntad de hierro, la propia de los héroes del pasado. Otras versiones, igualmente válidas, hablaban de que su constancia a superar obstáculos era la propia de un psicópata deshumanizado. Acaso no sean realidades incompatibles. Desde que escribiese su obra maestra (La misteriosa obsesión), las páginas de Herman Melville han generado acalorados debates. Acaso fuera solamente la historia de un viejo capitán con una determinación fuera de lo común para cazar a una fiera ballena blanca. Sin embargo, para contar algo tan simple no habrían hecho falta tantas reflexiones. 



Juan Cavestany comenzó a releer aquella obra maestra extraña, Moby Dick, sin saber exactamente por qué. Anotaba cosas en su cuaderno, intentaba trasladar aquella densa narración, plagada de tecnicismos marinos, al lenguaje del escenario. Igual que el viejo capitán a quien la criatura marítima arrancó su pierna, el dramaturgo pensaba que tenía algo que decir de aquella nave condenada a vagar por los océanos en una terrible búsqueda. 



"Si no es necesario leer este libro, estamos perdidos", fue su conclusión al ver las desventuras de aquel a quien llamaron Ismael, otra figura misteriosa que decidió embarcarse en Nantucket rumbo a lo desconocido. Andrés Lima aceptó el reto de su colega Cavestany y se puso a dirigir un regreso de un mito que fascinó a actores de la talla de Gregory Peck. Para estar a la altura, los responsables consiguieron una presencia genial: José María Pou. Por edad, experiencia, registro de voz, carisma y presencia, la mejor elección posible para hacer de un líder condenado, plagado de contradicciones, capaz de inspirar admiración y odio a partes iguales. 


Desde el Cabo de Cod al lejano Japón, el recorrido en busca del mítico animal llevará a los tripulantes a la deriva. La escenografía y vestuario organizados por Beatriz San Juan es muy brillante, trasladando la angustia de los días bajo tempestades y el sufrimiento de unos hombres alejados de su familias y rodeados de tiburones. Jacob Torres y Oscar Kapoya logran la compleja tarea de dar la réplica a Pou, además de encarnar a los distintos integrantes del navío, consiguiendo la hazaña de que el público siempre sepa a quién se están refiriendo. 



Por su lado, Pou da una lección magistral bajo los tablados. Sin duda, es totalmente consciente del bombón de papel que es Ahab, un rol tan exigente como maravilloso para las personas tocadas con la varita de la actuación. A lo largo de más de hora y media será capaz de transmitir locura, firmeza, desesperación, humanidad, frialdad y todo ese torbellino de emociones de un mutilado a quien legiones de ensayistas han visto como uno de los primeros grandes deicidas, una figura que desafía a la naturaleza y osa bendecir su arpón de manera satánica. 



El episodio descrito de forma minuciosa por Melville transcurre en 1850. De cualquier modo, importa tan poco la fecha como saber el día en el que Jonathan Harker aceptó un curioso encargo notarial en Transilvania. Siempre funcionan esa clase de historias que logran apelar a los instintos y miedos que tenemos más arraigados. Incluso una roca como Ahab sufrirá frecuentes pesadillas con la sangre de su presa, la cual es asimismo su cazadora en un juego cuyo significado real muchas veces nos es esquivo.


El espacio sonoro generado por  Jaume Manresa y Jordi Ballbé acompaña a la perfección las pausas y sobresaltos que tendrán estas almas errantes, donde Ahab logrará que le comprendamos y apreciemos... justo para que inmediatamente después le veamos como alguien enloquecido y peligroso al máximo. Su vida es la de un cruzado que no tienen piedad con nadie, incluyéndose a sí mismo. 



Igual que Macbeth, una profecía sería interpretada por él mismo de forma arriesgada para su futuro. El convencimiento de una inmortalidad a la hora de enfrentarse a un destino aciago y que le exigiría hacer frente a una ola de proporciones bíblicas. Andrés Lima habla de fuerzas la naturaleza, recordando aquel enigma que proponía dilucidar qué ocurría cuando un objeto irresistible chocaba con otro inamovible. 



Un tipo listo, Friedrich Nietzsche, afirmó en una ocasión que cuando miramos al abismo sucedía una consecuencia inmediata: permitíamos a su vez que la profundidad nos devolviese a la mirada. Hace siglos que Ahab atravesó ese umbral. Y nosotros nos seguimos preguntando qué sucedió.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Escenario del Gran Teatro de Córdoba, función de Moby Dick, representación del día 27 de abril de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Mapa con la ruta del ballenero Pequod [Programa representación Moby Dick, día 27 de abril de 2019, Gran Teatro de Córdoba] 



- Final función de Moby Dick, representación del día 27 de abril de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]

domingo, 21 de abril de 2019

STAN & OLLIE




Tocaron el cielo con las manos. Si la risa es uno de los regalos que nos dejaron las caprichosas deidades, Stan Laurel y Oliver Hardy tuvieron siempre las llaves de esa caja de Pandora en positivo. Durante años, fueron la pareja cómica que se convirtió en el ojito derecho de todo el globo, en una época más ingenua y donde las salas cinematográficas se llenaban en cada sesión. El Gordo y El Flaco perduran, hoy y siempre, al perturbador paso del tiempo, del que solamente se salvaguardan los verdaderos clásicos. 



Jon S. Baird dirige un biopic sobre ellos que evita caer en los peores vicios que, en ocasiones, acompañan a este género. Su reconstrucción de la época de declive de los célebres artistas está presentada con infinita ternura pero ninguna ñoñería. No estamos ante una hagiografía y tampoco ante una morbosa mirilla. Cada uno de los integrantes del dueto, así como su círculo familiar más cercano, son explicados tras toda una vida al servicio de las pantallas grandes, circos y tablados de escenario. Pensemos que eran unos días donde temas como los derechos de imagen o la autoría de las creaciones artísticas ni siquiera resultaban esbozados, por lo que ni Laurel ni Hardy vieron porcentaje de las constantes reposiciones de sus productoras. 



El guión que firma Jeff Pope es lúcido y humanista. Comprende el desgaste que se produce tras tantos años trabajando codo con codo, las cuitas personales que van asociadas a estos esfuerzos (quién firmó con otra compañía, cuáles eran los méritos de uno y otro en las ideas para los gags, cómo gestionar los contratos con los promotores, etc.). La hazaña es lograr algo tan balanceado, salimos de la sala comprendiendo muy bien a cada uno de ellos, empatizando con sus victorias y derrotas, comprendiendo que, tema tabú en estos días que corren, la amistad puede sobrevivir incluso a varios naufragios. 


Su impronta en futuros comediantes ha resultado constante. Roberto Gómez Bolaños y Édgar Vivar, entre capítulo de programas tan exitosos como El Chavo del 8 o El Chapulín Colorado, rodaban pequeños sketches imitando de forma más que acertada a sus dos ídolos que tanto les hicieron disfrutar de pequeños. Por eso resulta tan encomiable la carga que han llevado con gracia sobre sus hombros John C. Reilly y Steve Coogan, perfectamente caracterizados desde el minuto uno y logrando que olvidemos que estamos ante una emulación, casi pareciera que tenemos, otra vez, a El Gordo y El Flaco en plenas facultades. 



Si hay un momento donde la cinta está iluminada es para explicar algo tan complejo como la creación artística. No obstante, lo logra de una forma sutil y medida, aprovechando los momentos más cotidianos del mundo, desde la llegada a la recepción de un hotel pasando por la recogida en auto de sus respectivas parejas. Precisamente en ellas nos vamos a detener en este punto. 



Dos actrices de talento como Shirley Henderson y Nina Arianda dan su presencia a Lucille Hardy y a Ida Kitaeva Laurel, dos figuras imprescindibles para entender estas vidas paralelas (que fueron secantes en muchos casos). Al igual que en todas las cuestiones anteriores, Stan & Ollie explica a la perfección la dinámica de los dos matrimonios, sin paños calientes, pero evitando caer en el sensacionalismo barato. 


Bastantes críticas han incidido en que esta obra parece sacada de otro tiempo. Sin duda, algo de eso hay. Se trata de una forma de narrar tranquila, pausada, todo es un recorrido que se anda con calma y buena letra. Evoca a los sentimientos nostálgicos pero sin ser tramposa, tampoco de lágrima fácil, sabe tocar la fibra con apenas un gesto o mirada de sus protagonistas. 



Un encanto discreto donde radica buena parte de su éxito. Stan & Ollie nunca cae en la auto-parodia o la copia forzada, todo es natural, como si sus intérpretes hubieran logrado absoluta química con los personajes reales, permitiendo la magia de que pensemos, durante poco más de una hora y media (metraje perfecto para la historia que se quiere contar) que se nos ha devuelto a Stan y Ollie para disfrutarlos un poco más. 



Cae el telón mientras ahogamos un agridulce suspiro. Seguimos echado de menos a estos tipos. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.imdb.com/title/tt3385524/mediaviewer/rm4265886976



https://www.thestage.co.uk/features/2019/laurel-and-hardys-tour-uk-theatres-film-stan-and-ollie-steve-coogan-and-john-c-reilly/?login_to=https%3A%2F%2Fwww.thestage.co.uk%2Faccounts%2Fusers%2Fsign_up.popup



http://www.curzonblog.com/all-posts/stan-and-ollie-interview-with-shirely-henderson-and-nina-arianda-laurel-and-hardy

domingo, 14 de abril de 2019

VERGÜENZA PROPIA (PARTE II DE II)


Álvaro Fernández Armero y Juan Cavestany habían devuelto la fórmula a su esencia. En el complicado panorama actual de las series, donde la demanda es alta y la oferta todavía mayor, cuesta hacerse un hueco en el corazón del público. Sin embargo, la primera temporada de Vergüenza (Reseña primera temporada) logró ese objetivo volviendo a la comedia situación de toda la vida, aunque aplicando con eficacia las necesarias actualizaciones. 



En primer lugar, con un acierto de casting tremendo, juntar a dos talentos como el de Malena Alterio y Javier Gutiérrez. Dos intérpretes que juegan de memoria y tienen un don para lo cómico que está al alcance de las personas tocadas por la varita. No tiene nada de extraño que Movistar + se inclinase ante la evidencia y renovase el show para una inmediata secuela que volviera a destapar los reveses cotidianos de una pareja de mediana edad. 



Al estilo del reciente programa de Berto Romero, la segunda parte del show se centra en los problemas del dueto para conciliar su día a día con la responsabilidad paternal doble (por un lado, un hijo adoptado y un recién nacido). No suena a lo más apasionante del mundo en una época donde en la televisión por cable tenemos dragones, espías y mundos apocalípticos. Pero sí se cuenta con gracia y una dosis de ternura, se logra una gran empatía del público, quien se ríe pero también se pone en la piel de las derrotas diarias que sufren Jesús y Nuria. 


Se consigue asimismo que repitan los magníficos secundarios de los capítulos iniciales. Mención aparte para Miguel Rellán, un actor todoterreno que da un plus a cualquier personaje que se ponga en sus manos. Como padre de Nuria y detractor número uno de su yerno, varios misterios rodearán a su figura debido a una serie de cambios que sufrirá en su vida. 



De la misma forma se dan nuevas perspectivas para Óscar (estupendo Vito Sanz), quien había sido el sufrido compañero de Jesús en bodas, bautizos y comuniones. Los guionistas le darán ahora la oportunidad de desarrollar su afición cinematográfica con homenaje incluido a un clásico: El graduado (1967), lo cual implica el debut en Vergüenza de una estupenda María Casal. 



Quizás el capítulo más inspirado resulte Black Santa, y es que las festividades navideñas provocan no pocos momentos embarazosos por esa imposición social de mezclar familias políticas más que divergentes y que quedan forzadas a convivir en momentos incómodos. Nuevamente, una situación muchas veces contada, pero Cavestany y Armero tienen oficio para agitar la coctelera y lograr momento sarcásticos inspirados. 


De igual forma, el popular término acuñado de cuñadismo dará mucho juego esta temporada, especialmente por el tema de las vacaciones. Ello resulta visible a través del matrimonio encarnado por Pol López y Teresa Cuesta, quienes elevan el significado de esa expresión y suponen un atinado contraste con Nuria-Jesús. 



En resumidas cuentas, sin descubrir ninguna pólvora, Vergüenza se mueve con facilidad justo en el terreno que se dejó abonado en la primera temporada. Manteniéndose en el nivel sobresaliente de las interpretaciones, se garantiza satisfacer a su audiencia y logra varios gags que, importante acierto, tienen muchos guiños a lo ya visto, puesto que hay repeticiones de antiguos conocidos de los protagonistas. 



Eso, sumado a su bendito metraje, hace que estemos ansiosos de esa posible tercera parte de dos personas que sentimos muy reales. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://verguenza.movistarplus.es/novedades/verguenza-segunda-temporada



https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Verguenza-Black-Santa-compartir-bochorno_6_848025191.html



https://www.diariosur.es/culturas/tv/verguenza-temporada-clave-20181210191129-nt.html

domingo, 7 de abril de 2019

SIR TIM O´THEO


En ocasiones, es un nombre un tanto olvidado cuando se revisan las generaciones de autores del tebeo español en los años dorados de la editorial Bruguera. La constancia y gran producción de Ibáñez o la genialidad azarosa de Vázquez, sumada a los tintes de compromiso político de Escobar pueden provocar el efecto indirecto de que Raf tarde en salir cara a la conversación de lo más grandes hacedores de historieta por estos lares. Una auténtica injusticia en cuanto se trata de un artista que dejó páginas de sumo interés. 



No obstante, a poco que indaguemos en la hemeroteca y los testimonios de quienes le trataron comprendemos la magnitud de lo logrado y el recuerdo que dejó en la industria. No en vano, Jordi Canyissà tituló de forma elocuente una espléndida biografía sobre nuestro protagonista de hoy: Raf: El "gentleman" de Bruguera, mientras que algunos de los blogs más precisos sobre Mortadelo y Filemón (Corra, jefe, corra) subrayaba la amistad y respeto que el mismísimo Ibáñez tenía por su ilustre colega. 



Por ello ha sido tan grata la noticia de la edición de Los mejor de Sir Tim O´Theo, probablemente su creación más inspirada, una atinada parodia de Sherlock Holmes y de la que ya se iba precisando de un recopilatorio. Se incluyen en él las aventuras largas El secuestro del burgomaestre, La "verruga de Sivah", El sarcófago de Thuru-Rut, Contra Blackiss Black y Reunión de fantasmas


Enamorado absoluto de la cultura inglesa, habiendo tenido experiencia laboral en esas tierras, Sir Tim fue uno de los ojitos derechos del artista barcelonés, quien ponía mimo en el simple (pero muy eficaz) diseño de un flemático y veterano sabueso con acento británico, si bien en muchos de los casos le ayudaba notablemente a resolverlo su fiel ayudante Patson (nuevo guiño a la obra de Conan Doyle). 



Firma el prólogo de la edición el novelista Andreu Martín, guionista de estas aventuras largas de Sir Tim, quien también demostraría una importante pericia en el género de misterio e investigación policíaca. Combinando distintos elementos (incluyendo robos de joyas, fantasmas familiares, viajes a la India, etc.) logran crear una eficaz parodia cuyo corazón se encuentra en Bellota Village, lugar de residencia de los protagonistas. 



Si Holmes tiene que lidiar con Lestrade, Sir Tim O´Theo tendría sus tensiones con sargento Blops, figura de autoridad que no veía con simpatía al investigador, teniendo varios encontronazos entre pinta y pita. Pronto se incorporó un ayudante a Blops, Pitts, una pareja cómica pertinente y que combinaba bien con Patson. 



Se nota de igual manera la fase de experimentación hasta que el equipo creativo coge pleno pulso al estilo que debe tener la serie. Me atrevería a pensar que el punto de inflexión está en el duelo de Sir Tim con Blackiss Black, donde las viñetas iniciales ya marcan de forma brillante el tempo que tendrá el caso y presenta un villano carismático que da no pocos problemas al protagonista, derivando en una sucesión de gags con ágil ritmo. 



Articuladas en capítulos y con rocambolescos giros, estas aventuras, inocentonas de una forma encantadora, garantizan un tiempo de lectura muy agradable. Hay también guiñitos al género del terror con criaturas tales como vampiros o fantasmas en recónditos castillos (por ejemplo, Pavoroso Pavor) y que encima provocan que gente de la villa (incluyendo su sagaz ayudante) piensen que Sir Tim ha perdido la cabeza. 



Un humor blanco y una cucharadita de deducción que resultan ideales para encender la lámpara en la hora del té. 



BIBLIOGRAFÍA:



- CANYISSÀ BACH, J., Raf: el "gentleman" de Bruguera, Amaníaco Ediciones, Barcelona, 2016.



- RAF, Lo mejor de Sir Tim O´Theo, Bruguera Clásica, Barcelona, 2018.



ENLACES DE INTERÉS:



Corra, jefe, corra: Dibujante, electricista y decorador



Corra, jefe, corra: Raf sí lo entendió



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.amazon.es/mejor-Sir-Tim-Otheo-aventuras/dp/8402421547/ref=asc_df_8402421547/?tag=googshopes-21&linkCode=df0&hvadid=300782696631&hvpos=1o1&hvnetw=g&hvrand=10090249725120320252&hvpone=&hvptwo=&hvqmt=&hvdev=c&hvdvcmdl=&hvlocint=&hvlocphy=1005411&hvtargid=pla-550313955078&psc=1



https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20160227/4035870299/raf-padre-sir-tim-o-theo-bruguera-biografia.html



https://www.tebeosfera.com/sagas_y_arcos/sir_tim_otheo_1971_raf.html