domingo, 5 de julio de 2015

LA HECHICERA DESPECHADA Y EL GUERRERO EXHAUSTO


Nunca volvieron a ser los mismos. Independientemente de la versión que cuente su romance y desamor, la historia de Jasón y Medea comenzó a truncarse desde el viaje de regreso, acompañados de los míticos argonautas. ¿Cómo era posible que una llama de pasión tan brutal como la que había surgido entre esos dos desconocidos se mantuviera, una vez pasada la excitación y conseguido el vellocino de oro? La princesa que traicionó a su pueblo por el apuesto marinero. El héroe que en su regreso, lejos de ser honrado, descubrió que ya no había lugar para él en su Yolco natal. Dos exiliados a quien su prole no pudo permitir mantenerse mutuamente unidos, germinando el enfriamiento, el desapego, los celos y, como acto final, la venganza.



Vuelve el teatro de Mérida a brindar un verano de clásicos con aroma a nuevo, aprovechando, como siempre, el incomparable escenario que le da ese tono romano, nunca viejo, sino con el sabor de lo antiguo. No podía faltar en el programa Medea, tantas veces contada, maldecida y compadecida. En España, fue la célebre Nuria Espert quien más la representó, descubriendo en cada representación una nueva faceta de un personaje femenino que hizo devanarse los sesos a nombres como Eurípides, Apolonio de Rodas o Séneca, entre otros. 



Desde este julio, se unen a esa ilustre nómina Vicente Molina Foix y José Carlos Plaza. Una veterana en estas lides como Ana Belén presta su voz y casi su alma a la princesa de la Cólquide, una mujer en una tierra que no es la suya, la cual abandonó a sus dioses y familia por seguir los pasos de un héroe que se convirtió en su amante, a cambio de los secretos que esta hija de reyes y hechicera, para volver con el vellocino y su fama intacta. Ana Belén da su fuerza y prestancia a la atormentada madre y esposa, cansada de la lejanía de lo que le era familiar y alejada del tálamo de un marido que prefiere amoldarse a la nueva sociedad que encuentran en Corinto. 


En este sentido, el papel de Jasón siempre me ha parecido muy ingrato para la posteridad dramática y digno de revindicarse. Adolfo Fernández presta su presencia para un héroe cansado, pero no un mito de pacotilla o un farsante, como a veces se dice en determinadas lecturas. Creo que la pausa y casi desidia con la que este intérprete acompaña los pasos del atribulado aventurero obedecen a una estrategia premeditada y la visión de Foix y Plaza, un nuevo prismático para mirar el paisaje. El Jasón de Corinto está lejos del hombre a quien escogió el mismo Hércules para ser el capitán de su navío, se trata de un guerrero exhausto, cubierto de polvo y con la mancha de su exilio; como hubiera dicho un poeta malogrado y muerto muy joven: "De tu propio solar quedaste fuera"



Las leyendas greco-latinas sabían mucho de los seres humanos, más allá de los dragones y el Olimpo. Casi nadie vuelve triunfante. Ulises solamente es reconocido por su fiel perro al volver a su hogar abandonado. Hécuba es castigada a injustas humillaciones, simplemente por ser una mujer que quiere expresar sus lamentos por todas sus pérdidas. Aquiles advierte desde el Hades que no hay ninguna grandeza en ser el monarca del infra-mundo, prefiriendo el más humilde puesto entre los vivos. Jasón y Medea no son la excepción. Uno queda aplacado y buscando la comodidad del agasajo de quien fue importante; la segunda no puede soportar el abandono, que sus sacrificios fueran en vano. 



Solamente de las fuertes pasiones pueden surgir odios tan desgarradores. Filipo de Macedonia y Olimpia de Epiro podrían haber escrito un tratado al respecto. De ello se percata uno de lo apoyos secundarios más importantes del relato, Consuelo Trujillo se deja envejecer y cubrirse de modestos ropajes para ser la fiel nodriza de Medea, uno de sus pocos apoyos, la confidente de una mujer dolida y que va consumiéndose. Ella es una de las pocas que teme e intuye lo que pueda desencadenar un nuevo matrimonio de Jasón con la princesa de Corinto, porque conoce, quiere y teme el reverso tenebroso de su señora. 


Otro hallazgo e interesante añadido del libreto es la mayor preponderancia del preceptor de los hijos de Medea, interpretado por Luis Rallo, un docto hombre de Mesopotamia que ha sido contratado por la célebre pareja para educar a sus vástagos en los avances que se están dando por todo el mundo conocido. Racional, educado y tolerante, alguno de sus diálogos con la nodriza son los puntos de cordura de una ciudad enloquecida, donde una mujer trama la peor de sus venganzas. "Es difícil tratar con reyes. Se acostumbran rápido a mandar, pero no así a obedecer...". Poika Matute da mucho de eso con su soberano corintio, de discurso populista y ansioso de sus poderes, pero también capaz de ternura con su hija, prometida a Jasón. 



Un juego de poderes donde hay siempre víctimas colaterales inocentes. No fue el genial George RR Martin el primero en darse cuenta de que las bodas pueden ser carmesíes y que los truenos, a veces, resuenan con fuerza, mientras serpientes, culebras y otros reptiles brotan de la nada para seguir las pautas y dictados de fuerzas oscuras. Sin embargo, las deidades mitológicas quedan en segundo plano ante el mundo intimista de los protagonistas, destacando alguna experimentación buena del montaje (el flashback donde Medea recuerda al joven y apuesto Jasón, mientras se escucha la voz del ya envejecido marido, cansado, recordando el día en que se conocieron). 



Seguimos debiendo mucho a Grecia. Conviene en estos tiempos, donde son noticia por tantas cosas negativas, que recordemos ese legado fascinante y lo mucho que han enriquecido el imaginario popular, no ya de un continente, sino de todas las artes. Y, entre esas figuras, la desdichada, malvada, contradictoria y destrozada Medea sigue siendo uno de sus reflejos más brillantes. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



http://www.eldiario.es/eldiarioex/cultura/Medea_Ana_Belen_Merida_0_404909525.html



http://www.culturamas.es/blog/2015/07/03/esplendida-medeaana-belen-en-una-version-extraordinaria/



http://madridesteatro.com/61-festival-de-merida/

domingo, 28 de junio de 2015

CON ESE PUNTO DE CARIÑO A LAS PEQUEÑAS GRANDES COSAS


Ediciones JC nos está mimando. Basta pensar en la escasa bibliografía de historia del baloncesto escrita en castellano en las pasadas décadas (aunque siempre ha estado por ahí la querida revista Gigantes) y ver la revolución que ha supuesto en estos años. La personas aficionadas a los aros pueden disponer hoy en día de monográficos de Lakers y Celtics, de anécdotas imperdibles de la NBA, así como biografías de mitos del basket como el doctor Corbalán o el mismísimo Kareem Abdul Jabbar. 



Entre esa emergente colección, debe ocupar un lugar privilegiado Historia de una rivalidad: Estudiantes-Real Madrid, obra de Guillermo Ortiz, incondicional del primero de los dos clubes, hasta  el punto de haber dedicado un trabajo previo al equipo de sus amores, bajo el significativo título de Ganar es de horteras. Sin embargo, el autor consigue la extraña alquimia de, sin dejar de mostrar por qué es de los muchachos del Ramiro de Maeztu, ser tremendamente justo y hasta cariñoso con el Madrid, demostrando que el sentimiento por unos colores no está reñido con el guiño cómplice al gran oponente. 



Una especie de vidas paralelas de dos instituciones, narradas con una sana relajación, sin darle más importancia de la cuenta a lo que no deja de ser un juego. Pongamos que hablo de Madrid, el reflejo de un sentir y de como el aficionado pasa de ser un adolescente de la Demencia (que no demente) a un estudiantil que se compadece y piensa que su querida grada maltrata más de la cuenta a Alberto Herreros o Antúnez, dos antiguos símbolos "crucificados" en sus regresos por haber fichado por el eterno adversario. 


Y es que lo del Real Madrid en fútbol con el Atlético y en basket con el Estudiantes tiene un extraño punto en común. El Real es un equipo de leyenda, con un palmarés impresionante y una nómina de grandes jugadores y entrenadores que quita el hipo. Pero, de alguna manera, suele terminar arrastrado a competir en piques con dos clubes de menos recursos económicos, pero con un extraño salero y simpatía que les otorga un carisma muy especial. 



Una danza de años donde ha habido de todo, también desgracias en la casa del rico, las cuales le ennoblecen y hacen que el propio Ortiz, no dude en calificar al actual Real Madrid de Pablo Laso como el mejor baloncesto que él ha visto nunca en directo. Lo cortés no quita lo valiente, ganar, a veces, puede ser de horteras. Otras, no es tan fácil estar en el bando triunfante. También une tener ídolos caídos comunes, como el inolvidable Fernando Martín, surgido en la cantera de unos, convertido en leyenda ya con la camiseta blanca. 



Y es que tampoco el vecino pobre se ha conformado con la etiqueta de simpático. Mochila en mano, los estudiantiles llegaron a Estambul a disputar la Final Four de la Copa de Europa con el descaro adorable de una generación de jóvenes prodigios que asombro a muchos. Hay algo místico en esa camiseta y el cariño que reciben de su barrio y en los pasillos de clase, una fe en el romanticismo que recuerda mucho a esa maravillosa película argentina llamada Luna de avellaneda


Bonitos valores como también los tiene un Real capaz de reinventarse desde su patriarcal sistema de los primeros años (con Pedro Ferrándiz como una especie de pontifex maximus y Saporta como el único capaz de utilizar el senatus consultum ultimum) a un cambio generacional que desembocaría en unos deportistas ilustrados. Primero, figuras como el doctor Corbalán, para dar paso a palomeros como Iturriaga o pívots de la talla de Romay, una forma de romper el estereotipo de deportista monosilábicos y descerebrados. Un Madrid que trajo a estrellas del rock and roll de la canasta como Drazen Petrovic o Arvydas Sabonis.



Pero lo más meritorio es el papel que tienen las derrotas, algo que muchas veces se quiere obviar, como si todo en la vida deportiva pudiera resumirse con simpleza en un marcador de teletexto. Hay piedad de la buena cuando se habla del ostracismo con el que Felipe Reyes fue castigado al comienzo de la etapa de Messina en el Madrid, también en las razones de que Carlos Suárez no explotase tras su fulgurante inicio en la cantera estudiantil, los vaivenes emocionales que vivió Alberto Herreros hasta que un triple certero en Vitoria le permitió poner un hermoso broche de oro a su carrera.  



Un libro escrito con ese punto de cariño a las pequeñas grandes cosas que hacen que un aficionado pueda ennoblecer a dos equipos, al que apoya y a su Némesis. 



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domingo, 21 de junio de 2015

PASTORES, LOBOS Y OVEJAS: AMERICAN SNIPER


Al-Shaitan Ramad. El demonio de Ramadi. Durante mucho tiempo, el SEAL Chris Kyle fue conocido con ese sobrenombre, el cual servía de tarjeta de presentación de sus servicios como francotirador. Clint Eastwood, director de El Francotirador (2014), afirmaba que la autobiografía de Kyle le había resultado apasionante. Verdaderamente, el libro se devora con fruición, aunque sospecho que los motivos por los que unas y otras personas lo encontrarán absorbente son diferentes. Sin duda, el biopic (adaptadas las memorias al guión cinematográfico por Jason Hall) ante el que nos hallamos es uno de los filmes más controvertidos de 2014. 



Con una fecunda y exitosa trayectoria en el séptimo arte, Eastwood ha dejado piezas para todos los gustos. Así, Sin perdón o Gran Torino pueden considerarse como clarividentes testamentos, re-visitaciones de un tipo duro de los papeles que había hecho en sus primeros años, aportando una perspectiva más lúcida e inteligente. Así, este creador, capaz de componer bandas sonoras emotivas y de gran sensibilidad, es el mismo que se destapa con unas declaraciones de la Edad de Piedra al rebatir-amenazar a Michael Moore, otro cineasta con una visión muy distinta pero igualmente valida de su país, con un estilo chulesco que vuelve a recordar a sus sargentos de hierro.  



Y es que un tema muy controvertido el que trata este film. Desde las escenas iniciales, la película demuestra a través de la caracterización de Bradley Cooper (notable labor la suya) como la infancia del personaje se basa en un sentimiento de protección de los suyos, así como una clara nitidez entre la luz y la oscuridad. Los buenos y los malos. Eso está omnipresente también en su propio relato. Un noble impulso que esconde y oculta los tonos grises, fundamentalmente que, a veces, tu familia o tu país pueden estar equivocados. Quien espere esa clase de enjuiciamientos en El Francotirador puede abandonar el barco desde esos compases iniciales. 


Evidentemente, el ingreso en los SEAL es la caída de Damasco que cambia el rumbo de protagonista, si bien la versión cinematográfica suaviza incluso las lacedemonias pruebas. Sin duda, se trata de una criba brutal, tanto física como de resistencia mental. Y es en ese momento donde Kyle y sus compañeros encuentra a su otra familia, quizás la más verdadera. Muchas gente criticó Tierra hostil por dar tanta importancia a la adicción al riesgo y al peligro de muchos de estos voluntarios, pero creo que es un diagnóstico acertado. Los constantes reenganches de su cuerpo de SEAL en algunas de las zonas más peligrosas del planeta van más allá del patriotismo sincero que sin duda tienen, hay un componente de la marca que deja ese severo adiestramiento. Igual que los legionarios romanos tras más de 20 años de servicio, es virtualmente imposible que esas personas vuelvan a reincorporarse sin más a la sociedad. 



Eastwood, otras cuestiones al margen, no pierde su categoría como tremendo director en ningún momento. Sabe dónde colocar la cámara y hay tormentas de arena y paisajes que resultan tremendos, mientras se observa todo lo que se va dejando atrás en la batalla. La película es realista y desagradable, como debe reflejarse la guerra, pero tampoco gratuita en lo que muestra. Lo único que inquieta es la visión que se quiere transmitir sin ninguna clase de velo.  



Creo que el trágico final del propio Chris condicionó mucho el desarrollo de esta revisión. Obviamente, el respeto a su viuda (ese rol lo lleva a cabo en el film Sienna Miller) e hijos habrá primado a la hora de abordar la reconstrucción. Eastwood tiene olfato fino para estos trances (no olvidemos Los puentes de Madison), no es hay donde pueda ser censurable su discrección, sino en el significado que va más allá del azar individual del señor Kyle, realmente, American sniper te confirma, más allá de la música de Ennio Morricone, que lo que está aconteciendo en Oriente Medio no tiene solución posible. 


Un negocio perfecto de sangre donde no hay rubor a la hora de apuntar a "los malos". Se trata de salvar a tus camaradas, hermanos de armas y defender a gente que se partiría el pecho por ti. El resto son "chorradas" en el Congreso y falsos patriotismos que osan cuestionar que no haya armas de destrucción masiva o que dilucidan, herejía de herejías, que aquello de meter un régimen democrático a base de pistola y extracción de petróleo va contra los principios del sueño americano. En el otro frente, mucho odio acumulado contra los soldados que patrullan las calles, una población que ha tenido años para incubar un odio que está siendo hábilmente manipulado por unos pocos, quienes les usan como corderos al matadero, una promesa de un paraíso prometido que generosamente dejan que sean esos mártires los primeros, mientras ellos se mantienen a resguardo en sus cruzadas desde su atalaya. Las atrocidades realizadas contra los "colaboracionistas" tienen momentos tan aterradores como la escena del taladro. 



No es casual y es lo conveniente. Cuanto menos sepan unos de otros, más fácil les será seguir matándose sin asomo de remordimiento. Eastwood es muy vivo e incluso cuando se deja llevar por el panfleto, termina cediendo y mostrando a uno de los francotiradores enemigos con su hija y mujer en su modesto hogar. Justo hasta el momento de la llamada de sus superiores. Entonces, lo deja todo como lo haría un SEAL y va a probar su valor y audacia ante el aborrecible enemigo. ¿Cuál es la verdadera frontera entre unos y otros? 



Un viaje complejo y absorbente del que es imposible conocer sus coordenadas exactas (es inconcebible poder imaginarlo todo salvo que se haya vivido una experiencia tan fuerte y decisiva en primera persona y logrado sobrevivir a ella). No obstante, como decíamos antes, los motivos por los que parecerá absorbente y fascinante serán distintos para unos y otros. Y el maestro Clint haría bien en admitirlas. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 












domingo, 14 de junio de 2015

THERE´S METHOD IN MADNESS (PRIMERA TEMPORADA)


26 de septiembre de 1960. La sociedad estadounidense se paraliza para ver o escuchar el debate entre sus dos candidatos presidenciales: John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon. 80 millones de espectadores quedan deslumbrados ante la atractiva y elegante figura del primero de los aspirantes, cuyo maquillaje y estilo vistiendo ofrecen una estampa inmejorable. En menor número, los norteamericanos que conectan sus radios para seguir la noticia, consideran, por regla general, que el discurso de Nixon ha estado mejor articulado y organizado que el de su oponente, sin condicionarse por la frente sudorosa y algunos tics de la persona que lo había pronunciado. Los votos darían la razón a la caja tonta. Era el punto de inflexión de un nuevo modo de hacer política, de vender la imagen, acababa de comenzar una locura con su método. 



Bienvenidos al mundo de Mad Men, uno donde las apariencias importan y de qué forma. Unos años locos en los que la pujante clase media era el objetivo de las compañías publicitarias. Antes, se trataba de vender un producto. Ahora, eso era lo de menos. Daba igual tabaco que coches, lavadoras que líderes para el ayuntamiento. Se comerciaba con ideas, buscando captar la atención, un american way of life. Matthew Weiner, alzado a los santorales por Los Sopranos, traslada ahora su equipo a Madison Avenue, a Sterling Cooper Advertising. 



No es casual que sea un producto de la factoría HBO. Igual que un anuncio distinguido, esta cadena por cable ha tenido siempre un sello propio, sentido estético  y, por qué no decirlo, ese punto de esnobismo de quien anhela diferenciarse. Conseguir poner de acuerdo a la crítica y lograr que el público que descubra el show (lanzado al aire en 2007) se sienta que está llevando una prenda cara, elegante y exclusiva. Por supuesto, la fórmula ganadora se materializa en un protagonista como Don Draper. 




Hoy nos centramos exclusivamente en la primera temporada de este célebre programa, donde se colocan los cimientos de este extraño y sofisticado vendedor de glamour, a pesar de un incierto pasado. Admirado por sus jóvenes y universitarios protegidos en la empresa (los cuales por otra parte ambicionan pegarle una puñalada que les permita ocupar su puesto como favorito de los responsables de la firma), atractivo para mujeres, casado con una ex modelo (January Jones), padre de la parejita idílica, todo parece irle sobre ruedas a míster Draper. Afortunadamente, como bien refleja desde su primera escena un inspirado Jon Hamm, no es oro todo lo que reluce. 



Un complicado puzzle que queda como telón de fondo en una larga carrera de 7 temporadas. Que los espectadores no perdiesen el interés exigió desde estos compases iniciales que hubiera un grupo a la altura rodeando y auxiliando a tan interesante personaje. Una muestra de ello es Peggy Olsen (Elisaberth Moss) quien tiene su primer día de trabajo en Sterling para ser el vehículo y los ojos del público en unos días donde pellizcar en el trasero a las secretarias era una cosa natural y se consideraba que chicas preparadas como Peggy (quien, tras su apariencia de mosquita muerta tiene planes propios) servían para poco más que servir café y recibir silbidos cuando se agachaban para recoger los papeles al suelo. 



La señorita Olsen expone lo que está por venir, conforme es adiestrada en una amistad-rivalidad por Joan Harris (Christina Hendricks) en los entresijos del negocio. Torre de fuego con curvas de verdad, Joan es la reina indiscutible de su parcela de poder entre las máquinas del café y la manipulación del deseo que impone sobre sus superiores masculinos (incluyendo a Roger Sterling, un inspirado John Slattery), la tentación hecha secretaria. Y, sin embargo, esa propia inteligencia natural hace intuir a Joan que sus dominios se limitan a esa esfera, mientras que chicas como Peggy están abriendo una nueva línea. 



En definitiva, como se desprende de estas líneas, un auténtico culebrón, Pero, ojo, cuidado con la definición de telenovela en este caso, ya que el género no suele ser tan importante como el contenido. La dirección de manos maestras como las de Jennifer Getzinger, Alan Taylor, Phil Abraham, Alan Taylor y una distinguida compañía han brindado puestas en escena impresionantes, recreando de manera minuciosa una época (los peinados, el tabaco, el consumo de alcohol, los ascensores, etc.).



Todo ello amparado con un casting impresionante, la ecléctica música de David Carbonara y unos guiones siempre in crescendo (Kater Gordon, Tom Palmer, el propio Weiner, etc.). Una decena de capítulos que dejan la sensación de que lo mejor está por venir para Draper y los suyos, que el espectáculo apenas ha arrancado. 



Preferible evitar las engorrosas coletillas y carteles luminosos de "mejor serie del mundo" o "la mejor ficción se está haciendo en televisión". Simplemente, digamos que la primera temporada de Mad Men ya invitaba a pensar que iba a ser j... buena. 



BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA: 



CRISÓSTOMO, R. y ROS, E.(eds.), Mad Men: Ola frágil belleza de los sueños en Madison Avenue, Errata naturae, Madrid, 2015. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 







http://www.dvd-covers.org/art/DVD_Covers/TV_DVD_Custom_Covers/Mad_Men_S1.jpeg.html



http://www.eluniversodemartina.com/christina-hendricks-a-tus-pies/

domingo, 7 de junio de 2015

NOTRE ASTÉRIX: RE-VISITANDO LA RESIDENCIA DE LOS DIOSES


Siempre he pensado que La residencia de los dioses es uno de los cómics más sobrevalorados de la época dorada de los maestros Renés Goscinny y Albert Uderzo; lo cual, en realidad, significa que me parece un tebeo muy bueno, en lugar de una obra maestra, dentro de la fecunda trayectoria de ambos en la colección Astérix. Sin embargo, un inolvidable final, particularmente cierta viñeta, la ha hecho perdurar en el imaginario colectivo de los seguidores de la saga como uno de los momentos cumbre de los míticos e irreductibles galos. Por ello, la idea de Louis Clichy y Alexandre Astier me hizo arquear la ceja. Hay bastantes aventuras de esa etapa que serían más jugosas de adaptar a animación para la pantalla grande. 




Sin embargo, bastan apenas los 10 primeros minutos para confirmar que estos creadores y su equipo han entendido mejor la esencia del bajito Odiseo con bigotes y el tallador de menhires que todo el metraje entero del último film en carne y hueso, al servicio de Su Graciosa Majestad nada menos, film para ver con una buena dosis de paciencia y perplejidad. La residencia de los dioses coge los mejores momentos del cómic y da adecuados añadidos para agilizar el ritmo y explotar el elenco coral de la aldea. 



Estamos en el año 50 a.C. Toda la Galia está ocupada, ¿toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste ahora y siempre al invasor. Harto de esta vergonzosa situación, Julio César decide cambiar de estrategia para imponer las águilas romanas al pueblecito. Desde el compás inicial, Clichy y Alexandre captan a César como el mejor villano posible, elegante, amenazador, algo auto-parodia y con ese punto de payaso serio que hace que sea el perfecto oponente de los héroes. 




Y eso es un acierto que refleja perfectamente la imagen que el lápiz de Uderzo y los diálogos de Goscinny siempre han transmitido a la hora de mostrar al vencedor de Vercingetórix. A través de un pomposo arquitecto, César pretende que una urbanización de colonos romanos consiga absorber tanto el bosque de sus enemigos como su modo de vida. Pese a un principio accidentado con jabalíes  y pociones mágicas, la estrategia va dando su fruto y el propio Abraracúrcix, jefe de los guerreros galos, se pliega a los encantos de la sauna y el enriquecimiento que les empieza a dejar el turismo sediento de falsos souvenirs y precios inflados. 



De cualquier modo, hay contra-indicaciones en este paraíso en la tierra que pretende instaurar. En primer lugar, la ayuda de Astérix, Obélix y Panorámix permitirá a los esclavos de la construcción de las legiones albergar ideas propias sobre sus derechos sindicales y posibilidades de prosperar en la vida ante la cruel patronal. Los mismísimos soldados romanos comenzarán a exigir un trato digno de sus centuriones y superiores, solicitando que las maniobras de la cohortes y formaciones sean indicadas de una manera respetuosa y no ofensiva. 



La música de Hubert Cornet acompaña a la perfección las coreografías, introduciéndose elementos de cultura pop que ayudan a rejuvenecer el relato, sin estorbar nunca la narración y los principales acontecimientos que se suceden. En muchos años, no habíamos tenido una película de dibujos sobre Astérix a esta altura, resucitando las sensaciones de las viñetas de una de las banderas más destacadas del período dorado del cómic franco-belga. 



El tercer acto de la obra está a la altura de lo anterior, para nada exento de un toque bastante épico, además de varios aciertos, como presentar a algunos colonos romanos como gente más que aceptable y que puede aportar cosas buenas a los galos. Faceta a veces incomprensiblemente sacrificada con los años, igual que hacían con cierta asiduidad Goscinny y Uderzo, se pondrá a Astérix en la situación de tener que valerse por sí mismo (es decir, lo que sea capaz de producir eso que tiene entre las cejas y el cabello), careciendo de ese deux ex machina que es la poción mágica. 



Su desenlace se aleja del hábil juego de sombras y luces del cómic que lo precede, probablemente porque esos pausados diálogos en el bosque celta no quedarían tan bien cinematográficamente como indudablemente lo hicieron en el formato para que el que fueron creados. Resulta muy enriquecedor ver cómo ambos equipos creativos optaron por tomar un camino y otro, atendiendo a las necesidades de adaptar a la pareja irreductible (con el añadido de Ideafix) a cada escenario. 



Y es que llegará el día en el que el cielo caerá sobre nuestras cabezas, no se pueda frenar el cambio del status quo y no queden más banquetes y nuevas películas de Astérix. Pero, por Tutatis, que eso no va a pasar mañana, disfrutemos mientras tanto...  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 







http://www.psicocine.com/criticas/critica-asterix-la-residencia-de-los-dioses/



http://verasyburlas.blogspot.com.es/2006/03/en-la-espesura-del-bosque-galo_29.html




RESEÑAS DE GRAN INTERÉS:



http://www.psicocine.com/criticas/critica-asterix-la-residencia-de-los-dioses/




http://verasyburlas.blogspot.com.es/2006/03/en-la-espesura-del-bosque-galo_29.html

domingo, 31 de mayo de 2015

LA FIEBRE AMARILLA: UNA BIOGRAFÍA APASIONANTE, FERNANDO FERNÁN GÓMEZ



Hay biografías que son políticamente correctas, otras que tienen un aroma turbio y misterioso, no pocas parecen incompletas y con silencios... Sin embargo, dentro de ese heterogéneo paisaje de vivencias, en pocas ocasiones puede tener la persona lectora una sensación de estar en mejores manos que las transmitidas por El tiempo amarillo: Memorias 1921-1997. Fernando Fernán Gómez. Todo, desde el impecable y emotivo prólogo de Luis Alegre, parece en su sitio en esta mirada perspicaz, lúcida y casi desapasionada de uno de los talentos más polifacéticos que ha dejado la actuación española. 



Inmortalizado para las nuevas generaciones que no le conocieron de primera mano en youtube por un exabrupto poco afortunado, es sintomático que esa sea uno de los primeros recuerdos que vengan en el imaginario popular del país para hablar de un actor que firmó papeles memorables, dirigió grandes películas, pisó numerosos escenarios y se destacó como un gran escritor (esta propia biografía es un perfecto testimonio de su capacidad narrativa y elegante discurso, no exento de un tono terrenal que es sumamente apropiado para la atmósfera de este libro). Una contradicción, reducir a anécdota esta carrera prolífica que dejó una huella imborrable en muchos frentes de la cultura. 




"Estoy en primero de Fernán Gómez", es la coletilla que el gran José Sacristán utiliza con frecuencia cuando le preguntan por su trayectoria como intérprete. Paco Martínez Soria, el popular actor maño, se justificaba cuando le inquirían sobre dar un paso más y no limitarse a lo de siempre: "Es que yo no soy Fernán Gómez". Muchos años después, José Luis Garci afirmaría que era una de las personas con las que más fácilmente se podía trabajar en un rodaje, debido a que se trataba de alguien en el escenario que tenía la mirada de un cineasta. Sin embargo, más allá de las bambalinas, ¿quién fue realmente aquella figura de voz tronadora y a quien jodía que fueran a verle en el teatro, porque no le gustaba que le vieran trabajando? 



Una mirada a su pasado donde el autor dedica muchas páginas a su infancia y adolescencia, en un viaje íntimo y largo. Largo, mas no pesado. Se tratan de los cimientos que explican muy bien el particular carácter que luego desarrollaría, así como su visión de la España que le tocó vivir; una nación que presenció derruida por la guerra civil, dejando en el trayecto auténticas perlas sobre lo que le pareció ese trágico suceso que ha marcado (y sigue marcando) muchos de los males del país. Párrafos cargados de mucha humanidad y donde, como bien me apuntaba el bloguero Chespiro, no se hace especial saña de nadie, si bien queda claro el punto de vista de F. Gómez del lugar de sus simpatías y fobias. 



Además, todo ello sazonado con una honestidad brutal, como diría Calamaró (entre argentinos anda el juego, pues la verdadera nacionalidad del personaje no es asunto de fácil respuesta), aunque no impúdica. Fernán Gómez refleja muchas facetas de haberse criado en un hogar sin estructura, cómo evolucionó su relación con su abuela, el tema de su padre, y vivir a vaivenes con una madre inusual y dedicada al siempre temido mundo del espectáculo. Siempre parece saber cuándo pasar de puntillas y cuál es el instante de dejar la puerta abierta.  



Entre su círculo, destaca y sobresale su entrañable amistad con Manuel Alexandre. Decía Cayo Mario en la novela El primer hombre de Roma, que un amigo de verdad es aquella persona que puede sentarse a tu lado a ver una tranquila tarde sin mayor ambición, disfrutando de la mutua compañía. Así, los dos actores, mucho antes de ser famosos, se recogían en el portal del otro y daban paseos por una Madrid que buscaba reconstruirse. Pronto, llegaría el café Gijón, el gusto por los aeropuertos cuyos bares no cerraban y otros frentes donde, como el propio interesado afirmó, se intentaba encontrar esa imposible balanza entre la vida pública y la íntima, lo profesional y lo que realmente importaba. 


Y eso nos lleva, inevitablemente, al tema de las mujeres. Probablemente, de joven supo desearlas pero no tratarlas, acuñando la inmortal frase de que un hombre podía ser perfectamente amigo de una señora... siempre y cuando el caballero no fuera él. Fernán Gómez presenta una mirada cervantina, una piedad de la buena que ya él mismo aplicó a su revisión de la picaresca española. Hay mucho desamor, también elegantes silencios y una parcela de privacidad en la que no deja entrar al impertinente lector, aunque, a cambio, da jugosas anécdotas de algunos de los célebres personajes en los que se inspiró para hacer su modelo de El tiempo amarillo



En definitiva, la evolución del muchacho que creció imaginando las divinas piernas de Marlene Dietrich, justo para descubrir que no existían en la realidad... ni siquiera en el caso de la propia Marlene. El que se enamoraba de la más linda de la clase porque, a fin de cuentas, era persona de gustos vulgares. Por lo demás, en el celuloide, poco que añadir. López Vázquez, Alfredo Landa, Sacristán, Alexandre y distinguido etcétera donde, por supuesto, Fernán Gómez ocupa un puesto de honor. El que moría en Botón de ancla, Balarrasa, el padre de los turroneros que Luis García Berlanga mandaba a Madrid, don Quijote con Cantiflas, El abuelo y tantos, tantos otros. Qué momentos de este anacoreta, un tipo tan genial que respiró aliviado cuando le exoneraron de tener que entender a su personaje en El espíritu de la colmena. Lo bordó. Como casi siempre. 



Como creador, simplemente decir que El extraño viaje o Viaje a ninguna parte, ya justifican per se una carrera detrás de las cámaras. ¿Irregularidades? Por supuesto, ninguna carrera artística es homogénea en calidad, pero con él siempre existía la garantía de su talento. Un tipo irrepetible y quien, precisamente por su propia personalidad, él mismo se encargó de mantener una distancia con el gran público, bajo una cortina algo gruñona y cortante. Un tipo único e irrepetible. 



"Una de las crónicas más lúcidas, vibrantes y divertidas de cuantas se han escrito de aquellos años"- José Sacristán. 



FOTOGRAFÍAS OBTENIDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 









http://www.rafaelcastillejo.com/artis-galeri002.html

domingo, 24 de mayo de 2015

ULTRON UNLIMITED: THIS FRANCHISE TRIUMPHANT




Cuando Stan Lee decidió juntar a sus héroes marvelianos más carismáticos (Iron Man, Thor, Hulk, La Avispa y El Hombre Hormiga) en un mismo cómic, titulado The Avengers, era consciente de que no estaba siendo nada original. Corría la década de los 60 del siglo XX, los tebeos norteamericanos estaban entrando en la que sería conocida como La Edad de Plata (iniciada por el propio Lee, siempre acompañado por el talento creativo del dibujante Jack Kirby, desde el número 1 de Los 4 Fantásticos en 1961) y, fruto de una conversación en un día de golf con Julius Schwartz, guionista de DC, gran competidora de Marvel, se dio cuenta de que La Liga de la Justicia (agrupación de los grandes iconos de la editorial: Batman, Superman, etc.) era una idea demasiado buena para no copiarse. Entre otras cosas, ese tipo de publicación te garantizaba un mayor número de lectores; básicamente, darle a la gente lo que quería. 




Mucho tiempo después, ese mismo Stan Lee, aunque su verdadero nombre es Stanley Martin Lieber, hace un cameo en Los Vengadores 2: La Era de Ultrón (2015); concretamente, es uno de los veteranos del desembarco de Normandía que regaña a Thor porque el portador del martillo no quiere dar a los venerables caballeros una bebida asgardiana que es demasiado fuerte. A fin de cuentas, se trata de una fiesta y no hay que andarse con remilgos en tales lides. Siguiendo el ejemplo de Stan, acosado por Sheldon Cooper en una memorable ocasión, es muy recomendable ir a ver la secuela de una de las franquicias súper-heroicas más taquilleras con ese espíritu informal. Se trata de un festejo donde si piensas mucho, pierdes, hay que colocarse el cinturón en la montaña rusa y dejarse llevar. 




Joss Whedon vuelve a ponerse tras las cámaras para continuar la cuestión justo donde la dejó. Gracias al éxito de la primera parte, no fue difícil repetir el Dream Team de la anterior ocasión (Scarlett Johansson, Chris Evans, Mark Ruffalo, Jeremey Renner, Chris Hemsworth, Samuel L. Jackson y, cómo no, ese Robert Downey Junior que tiene el don de que siempre parezca que le han escrito la frase más ingeniosa), lo cual lanza a los protagonistas a encontrarse con una nueva revisión del mito de Frankenstein: Ultrón, una inteligencia artificial que empieza a tener ideas muy preocupantes acerca de cómo alcanzar la paz mundial. 





James Spader presta su voz y gestos a la evolucionada creación mecánica, dándole un carisma sarcástico que es muy de agradecer. Si bien su germen original en las viñetas es alterado (de ser entera responsabilidad de Hank Pym, aquí es un jugar a ser Dios por parte de Tony Stark y Bruce Banner), Whedon hace homenaje a algunas de las mejores sagas del villano (entre otras, las batallas parecen beber mucho de la saga concentrada en Avengers, vol. 23, nº 19-22 USA, recientemente re-editada en España), dando algunos de esos detalles que quizás te hayas perdido que no interesan al gran público, pero que tanto gustan a las personas que han devorado algunas de sus aventuras en papel. 




En medio de ese tablero, tal vez planteado con demasiada premura (el film, aunque esto esta percepción es subjetiva, me parece ir de menos a más), dos extraños hermanos parecen encontrarse a caballo entre los dos frentes. Elizabeth Olsen y Aaron Taylor-Johnson encarnan a Pietro y Wanda Maximoff, por motivos de derechos, evitándose en todo momento la mención a las palabras mutante, orígenes zíngaros o que su papaíto sea un tal Magneto. Es una pena que, por motivos de derechos, la Patrulla X que ha retomado con mano firme por Bryan Singer parezca destinada a no cruzarse con Los Vengadores.  




Tanto Johnson (no lo tenía fácil, debido a la carismática versión que habíamos visto del mismo personaje en X-Men: Días del futuro pasado) como Olsen desempeñan muy bien su función, mostrando a esta pareja como dos personas muy furibundas con Tony Stark (básicamente, esta película todo el mundo parece estar a la greña con el bueno de Anthony, salvo los espectadores). Desaprovechado el posible potencial que podía haber dado su encarcelamiento y adiestramiento en Hydra, una vez se sueltan, el héroe de los pies ligeros (no me refiero aquí a Aquiles) y la hechicera rejuvenecida toman una gran fuerza.




Asimismo, SHIELD volverá con reobrados bríos. La única cosa que uno le puede reprochar seriamente, guanteletes del infinito mediante, al nuevo rumbo de Marvel en sus adaptaciones cinematográficas de estos años es la cierta falta de espontaneidad, de taquillazo a taquillazo, todo el mundo intuye ya que hay que quedarse para la sorpresa de los créditos finales (y es que cada complot y conjura malévola desmantelada es apenas una rendija a una nueva conjura, mucho más maliciosa que la previa). Una vista tan a largo plazo que es, incluyendo sus medidas fases de lanzamientos, aparte de un producto de entretenimiento muy digerible, un ejercicio de marketing a gran escala como pocas veces hemos presenciado. 




Age of Ultron no va a cambiar nuestra percepción del séptimo arte, pero propone todos los elementos que obligan a pedir un refresco grande y una bolsa de palomitas para compartir. Incluso se añadirá para la ocasión un flirteo romántico entre la Viuda Negra y Bruce Banner, así como un entrañable pasado hogareño para Clint Barton. Habrá asimismo pequeños detalles de continuidad para que los puristas se tiren de los cabellos, pero, a buena cuenta, la gran mayoría de la gente que vaya a ver el espectáculo disfrutará de la partida. 



Y con ese regusto agradable quedan en el horizonte guerras civiles, gemas brillantes y más cross-overs, así como otras heroínas y tipos en mallas que deben tener su propia peli. De momento, la jugada está saliendo tal y cómo lo planeó la Casa de las Ideas. Imploremos a Odín, padre de todos, que sigan teniendo ese daimon que le sigue dando alma a un ejercicio tan fríamente calculado, que diría el añorado Chapulín, otro tipo con martillo que hubiera sido digno de empuñar el Mjolnir. 




Vengadores, reuníos, que no pase mucho tiempos hasta la próxima secuela y fiesta del cine... Excelsior. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:




http://blogdesuperheroes.es/category/cine-comics/cine-marvel/the-avengers-age-of-ultron-2015




http://turntherightcorner.com/2014/10/22/marvel-avengers-age-of-ultron-teaser-trailer-and-poster/avengers-2-age-of-utlron-screenshot-thor-captain-america-widow/#main




http://marvel.wikia.com/Avengers_Vol_3_22