domingo, 26 de julio de 2015

SOBRE LO EXCEPCIONAL Y LO COTIDIANO



Minnesota. Nieve, frío, una buena taza de café, la cancha de los Wolves y... Fargo. Para las personas que no somos de los Estados Unidos, esos conceptos podrían ser un torpe boceto del interesante lugar donde transcurren los hechos de Fargo (1996), una de las mejores películas firmadas por los hermanos Coen. Un dueto que es sinónimo de asociación fecunda para el séptimo arte en las últimas décadas. La noticia de que se iba a firmar una serie con el beneplácito de la pareja y con esa atmósfera de falsos hechos reales solamente podía generar expectación entre el público. 



Cualquiera que haya visto el episodio piloto sabrá a lo que me refiero. En primer lugar, el show reúne a dos tremendos actores, Martin Freeman y Billy Bob Thornton. El primer encarna a Lester, un vendedor de seguros acomplejado pero amable, un tipo que suele vivir a la sombra de los demás, eclipsado por el éxito de su hermano menor. El segundo ejerce el rol de Malvo, un misterioso individuo que un día coincide con Lester en el hospital. Lesionado por un antiguo matón de su colegio que se pavonea de su fuerza, usando al vendedor como víctima frente a sus hijos, los dos desconocidos entablan una conversación que se va tornando en un pacto. Un acuerdo con el mismísimo diablo, por cierto. 



Es el vibrante arranque que propone el guión de Noah Hawley, muy fiel a la atmósfera y a la esencia de la película que lleva el mismo título que su serie. La insólita y casi involuntaria alianza provocará un terremoto que salpicará a toda la comunidad. Cada ingrediente está en el cóctel: humor negro, diálogos ingeniosos, giros inesperados y una investigación policial a la altura. Allison Tolman encabeza esta facción con su creíble y adorable agente Molly, recogiendo el testigo de la competente y campechana agente que firmó Francis McDormand años atrás.

El elenco de secundarios es nutrido y tan interesante como los protagonistas. A destacar, entre otros, la figura de Stavros Milos (encarnado por Oliver Platt), hijo de inmigrantes griegos y dueño de una próspera red de supermercados, quien va a sufrir un chantaje de bíblicas proporciones. También podríamos mencionar en este apartado a Keith Carradine y su agradable cafetería, un lugar donde apetecería hacer un alto en el camino tras echar gasolina. O, una de las joyas de la Corona, los dos matones judíos que perseguirán durante un tiempo a Lester.



En definitiva, un casting escogido con mucho gusto, teniendo muy buenos profesionales para cualquier papel, por pequeño que pueda ser. Así, encontramos a Kate Walsh (espléndida en todos los sentidos) o la promesa de que la segunda temporada tendrá nombres como Ted Danson, Kirsten Dunst o Jean Smart. Una inversión muy potente que se ha cimentado en la buena dirección (Adam Bernstein, C. Bucksey, etc.) y la adecuada música de Jeff Russo.



Sin embargo, todo en esta vida es mejorable y, aunque pueda ser cosa subjetiva de uno, la primera temporada de Fargo va teniendo un arco muy interesante que se desinfla un poco; a lo mejor no en interés o calidad de actuación pero sí en verosimilitud, produciéndose una serie de casualidades y evolución de los personajes que casi van pidiendo, por favor, el movimiento más rocambolesco que se pudiera dar.



Y eso me ha restado, curiosamente, interés al final. Tal vez, porque esperaba menos apuestas arriesgadas en Las Vegas y más escenas en esas pequeñas tiendas de comestibles, miradas indiscretas a la ventana de los vecinos y jefes campechanos (impresionante Bob Odenkirk, un regalo para la caja tonta) pero que no valoran lo suficiente la sagacidad de sus agentes. Muy salvable es la historia de amor de Molly con Gus (Colin Hanks), pero los derroteros de Lester y Malvo van tomando la hipérbole a pasos agigantados. 



Eso es una pena porque convierte dos ejercicios de actuación muy notables en personajes muy inhumanos, casi salvajes, con los que es imposible empatizar; algo que sí ocurre, sin duda, en sus primeros episodios. Es la puntada sin hilo que le echó en falta a esta Fargo, por más que espere impaciente esa próxima temporada. 



Con todo, parece haberme confirmado el experimento en la teoría de que atrae mucho más lo excepcional que se cuela en lo cotidiano a vender que lo excepcional es la moneda corriente. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://blogs.diariodenavarra.es/fuera-de-serie/por-que-no-estas-viendo-fargo/



http://www.rantlifestyle.com/2015/01/11/15-things-you-didnt-know-about-fxs-fargo/



http://www.oscarcine.com/index.php/foro/16-series-de-tv/46387-fargo

domingo, 19 de julio de 2015

ELOGIO DE LA LOCURA: EL DISCO QUE NUNCA FUE, PERO DEBIÓ HABER SIDO


Sigue siendo un disco que me gustaría haber podido llevarme a cualquier viaje de verano. Imagino la caja con el pájaro loco macarra, sumado a su puro el toque bohemio, bombín y bastón incluido; una sonrisa de complicidad se forma en mis labios. Soy consciente de que nunca podré comprar ese CD doble, pero, qué hermoso hubiera sido. Loquillo y Sabina. Joaquín y José María. Dos autores que nunca dejan indiferentes, que han tenido, curiosamente, dimes y diretes, vidas paralelas con alguna noche de cervezas y hotel compartidas, admiración en la distancia y refriegas por asuntos tan banales como la política, cuando lo que les une es más profundo: el arte y las ganas de decir lo que les parezca. 



Nobleza obliga, quizás, por aquello de las canas, habría que dejarle la letra de la primera canción a Sabina. El cuervo ingenuo que entró en aquella cueva de talento llamada la Mandrágora, coincidiendo con un tal Javier Krahe, loado sea el recuerdo, no dejaba de ser un muchacho de Úbeda que, maleta en mano, pensaba que allí no le iban a aceptar aquellos poetas tan listos. No deja de tener su lógica que, pongamos que hablo de Madrid, uno de los que mejor ha hablado de la capital haya sido ese recién llegado del sur. Por cierto que jamás se le ha perdonado del todo por estos lares aquel cambio en la última estrofa. No por convertirnos en Blas Infantes de la vida, pero el "Aquí he vivido, aquí quiero quedarme" no tiene ni punto de comparación con la emotividad de "Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur donde nací". En cualquier caso, doctores tiene la iglesia y cristales de Bohemia para pisar. 



Seguro que sería una lírica muy bonita, a fin de cuenta, incluso entre sus detractores, que son ciento y volando, se sabe que, si bien muchas veces son ripios, pocos brillan en ese truco como el flaco de vida disoluta que puede aglutinar masas en la Bombonera como si fuera Maradona. Mas sería necesario, para eso estaría hay atento Loquillo, no apoltronarse y dar un toque a lo Kristofferson; a fin de cuentas, Joaquinito ha abrazado con ganas el mundo de los poetas y parece haberse olvidado de cuando fueron los mejores, las noches de bares e inspiración, deliciosas formas de perder el tiempo. Un guiño de complicidad y rock and roll animal que el antiguo compañero de basket de Súper Epi traería a la palestra justo cuando más le necesitamos. A fin de cuentas, el Loco cuerdo era el hijo de un estibador que había luchado por la libertad y brazos tatuados que cumplía la estampa, como el duque diría, aquello de feo, fuerte y formal, gentes de otro código moral y que te gustaría tener a tu derecha en una pelea. 



No habría sido un proceso creativo simple. Sabina puede discutir a voz en grito por la colocación de una coma, mientras que el sentido de la estética del Loco tampoco le permite transigir con lo que no le gusta. Pero dudo que hubieran acabado siendo enemigos íntimos. Habría sido un gran álbum, el propio de dos culos inquietos, que se cansan rápido de una cosa y pasan a la siguiente. El rock fue entrando en Joaquín con estilo heterodoxo y voz ronca, mientras que el hijo de nadie se re-formuló de sus primeros años para embarcarse en proyectos como pasar a canciones los versos de Luis Alberto de Cuenca. Sin embargo, ¿hubiera podido llevarse la empresa a buen puerto o existiría la sombra de la deserción? 



Y es que encontronazos han tenido, el propio de dos personas que tienen perspectivas diferentes en política, sociedad y hasta estilo de vida. Pese a ello, nada que no pudiera resolver una cena, en no pocas oportunidades, disentir es un auténtico placer cuando se hace con criterio. Quizás porque, aunque nos sobren los motivos, esta pareja tiene la marca de los supervivientes de una edad dorada, gente que vivió la movida que engulló a tantos, a la Barcelona que es y que fue, además de no pocas rayas y jeringuillas en el lavabo... 



Fueron los años de formación y eclosión, de talentos que iban a comerse el mundo y acabaron antes de tiempo. Ni se conocía ni se hablaba de sobredosis y enfermedades de transmisión sexual, todo era una auténtica bacanal y nuestro amigo Satán protegía en su regazo de ese club de gente formal que componía el cielo de lo políticamente correcto. El Loco, como el buen vino, ha sabido envejecer en ese proceso y abandonó el camión, aunque espera que algunos jovenzuelos recojan el testigo, porque le gustaría seguir escuchándola en labios que no sean los suyos. 

 


Más de un purista se habría rasgado las vestiduras. Pero, para solaz de la discográfica que se hiciera con los derechos de distribución, habría vendido muy bien. Porque no dejaría de ser la fusión de la Madrid que sueñan las que lo visitan y la Ciudad Condal sacada de sus años más juveniles, cuando todo era nuevo, una alquimia precisa, el abrazo de dos mundos que se necesitan más de lo que parece. Sabino Méndez y Pancho Varona también hubieran tenido voz y voto, lo sospecho. Viejos camaradas encajaría allí como una oda a los de antes, a los colegas que se fueron o cambiamos, pero que nos dejaron impronta. Se incluirían allí algunos de los mejores atracadores barceloneses, Marías Magdalenas y bomberos toreros, gente de por qué discutir, cuando se puede pelear. 



Los temas comunes permitirían que fuera difícil qué parte es de cada uno en determinadas canciones. Hola, mi amor, yo soy tu lobo habría sido una parodia de aquellos años en eso que se llama servicio militar y que tan bien reflejó Vargas Llosa en La ciudad y los perros. Una empresa patria que alejó a Loquillo de las sabias órdenes de Aíto García Reneses en la cancha y lo acercó más a la música, mientras que Joaquín permanecía oculto en la litera para que sus queridos compañeros no supieran que era él ese poeta del que hablaban en la correspondencia. A los Jaguares no les gustan los escritores, aunque, como diría el Loco, fusión de Tony Montana y Carlito Brigante, a final, siempre te queda la palabra dada y ciertos atributos de la fisonomía. 



Lo único que no se me ocurre es e tema de cierre. Tendría que ser escrito a cuatro manos, porque no me imagino a ninguno de los dos cediendo la última bola, igual que Larry Bird, esa le corresponde a uno. Si bien a Sabina eso del deporte siempre le ha parecido asunto poco caballeroso, pero buen gusto nunca le ha faltado, puesto que, obligándose a elegir, abrazó la causa de uno de los equipos con más solera y mística del césped, ese Atleti al que dedicó un himno imborrable. Una forma atípica de ver las cosas. Algo de eso sabría Loquillo, ese culé que vive en la Guipúzcoa más rural, una rock and roll star fusionada con el último de la fila, ese que, para hacer poesía, solamente tenía que mover los labios... 



Dios, qué pedazo de disco hubiera sido. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://culturaparatodos.es/discografias/13598-joaquin-sabina-discografia.html



http://www.joaquinsabina.net/2009/11/03/joaquin-sabina-desnuda-vinagre-y-rosas/



http://www.coveralia.com/caratulas/Joaquin-Sabina-19-Dias-y-500-Noches-Interior-Frontal.php



http://www.primacia.org/index.php/repormusic/3718-loquillo-nuevo-disco-el-creyente


ENLACE DE INTERÉS:




http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lanavedeloslocos/2014/11/28/mis-noches-con-sabina.html


domingo, 12 de julio de 2015

BOOKS OF DOOM: ENTREVISTA CON EL VILLANO FAVORITO


Stan Lee es un genio, en ocasiones, casi de manera inconsciente. Pieza clave, junto al dibujante Jack Kirby, del surgimiento de la Edad de Plata del cómic norteamericano, su trabajo en los comienzos de la década de los 60 del siglo XX cambiaron para siempre la faz del género de las viñetas que se califica como súper-heroico. Intuitivos y con gran capacidad creadora, apenas necesitaron 5 números de Los 4 Fantásticos, cimientos del futuro emporio que sería la editorial Marvel, para comprender que sus cuatro protagonistas precisaban de una Némesis a su altura, alguien que se erigiría sobre el resto de amenazas como la más mortal. Lee pensó en la figura del profesor Moriarty para pedirle a Kirby una oposición que pudiera transmitir a los lectores que aquel tipo iba en serio. 



El resultado es conocido por todos. Era el germen del Doctor Doom o, si lo prefieren, Víctor Von Muerte. El dibujante (aunque debe darse mucho crédito a Kirby por sus aportaciones a las tramas y aspectos que iban mucho más de la representación gráfica) diseñó una figura enlatada e imponente que sería un futuro espejo para cierto espadachín láser llamado Darth Vader. Sin embargo, eso es ya otra historia. La que hoy nos ocupa es la colección conocida como Books of Doom, una mini-serie bajo la batuta de Ed Brubaker. 



Muerte siempre ha sido un personaje de extremos. Bien llevado, es una de las figuras más complejas y ricas de la auto-proclamada Casa de las Ideas, un extraño malvado con un peculiar sentido del honor y cualidades admirables. Mal interpretado, su figura resulta ridícula y atávica, uno más de los muchos aspirantes a conquistadores del mundo que pueblan ilustraciones hipertrofiadas, sin más motivación que ser una carcasa metálica de risa rufianesca. Brubaker recoge las pistas dejadas por sus predecesores (empezando por el mítico segundo especial anual de los 4 Fantásticos, obra de los propios Kirby y Lee, donde se fijó el origen nómada y el sufrimiento del pueblo gitano del que era originario Víctor, frente a una terrible nobleza local) para componer una historia que se aleja de lo que normalmente es un relato de este campo, casi parece un drama gótico del siglo XIX.   


Y llegados a este punto hay que partir una lanza por Pablo Raimondi. Admito que sus lápices me desconcertaron en un principio, no es, desde luego, el clásico dibujante marveliano, pero esta tampoco es una historia estándar dentro de la mitología de los 4 Fantásticos. De hecho, salvo las versiones universitarias de Reed Richards y Ben Grimm, el célebre cuarteto no hace aparición en el grueso del relato, si bien es un espectro que sobrevuela todo el nudo. Aunque bajo una óptica distinta, la del hijo de un benevolente doctor zíngaro y una hermosa madre repleta de misterios, la cual era capaz de realizar pactos con criaturas del inframundo para proteger a los suyos. 



Brujería y ciencia. Una curiosa mezcla que hacen de Víctor uno de los adversarios que mejor encajan con casi cualquier tipo de historia, es decir, si se le sabe usar. Harto del abuso gratuito que hacían algunos colegas, John Byrne determinó que el buen doctor tenía una legión de robots que parecían perfectas réplicas de sí mismo, la cual era usada para misiones menores (a fin de cuentas, un ardid del polifacético Byrne para justificar las contradicciones que se iban dando entre un Doom que podía ser una figura atormentada o un auténtico chiste enfundado en armadura). 



Brubaker, sagaz guionista que sabe encontrarle el punto y la novedad a los personajes clásicos, pero sin hacerles perder la esencia, nos adentra en sus primeros compases, donde se forjó el carácter de la criatura. Con inteligencia, el mundo onírico del huérfano sirve para introducir a los demonios que acosan el alma de su difunta madre sin caer en lo inverosímil. A fin de cuentas, todo podría estar ocurriendo en la cabeza de Víctor. Asimismo, hay sutileza a la hora de reflejar su relación y ruptura con Valeria, la única muchacha de su pueblo que se atreve a acercarse a una figura odiada y temida por el resto. 



Los cambios de escenario ayudan a ver el cumplimiento de esta profecía al más puro estilo de los vaticinios de las brujas de Macbeth. Brubaker y Raimondi arrastran en su lectura a inmensas laderas de Europa, a noche de San Juan plagadas de misticismo, a sofisticados laboratorios universitarios respaldados por el ejército norteamericano, a hermosas plazas del Viejo Continente donde agentes de la KGB se preguntan por el genio zíngaro que desapareció de la nada... 



Y, en el corazón de todo, Lavteria, esa afortunada intuición de Kirby y Lee, un lugar perdido en los Cárpatos, la nación donde el protagonista está destinado a volver para confirmarse en el trono del rey, aquel antiguo barón que maltrató a sus progenitores. En verdad, si algún día hubiera que realizar una ópera basada en alguna mini-serie de Marvel, Books of Doom sería una de las primeras de la lista. 



Pero, cuidado, hay riesgos en dejarse embaucar por la historia de este Jekyll y Hyde con carcasa, esa doble alma de Víctor y Doom, el héroe caído y el mal renacido... los riesgos de una entrevista con el villano favorito. 



IMÁGENES EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



https://mobilestore.marvel.com/Fantastic-Four-Books-of-Doom-3/digital-comic/5335



https://mobilestore.marvel.com/Fantastic-Four-Books-of-Doom-1/digital-comic/1198



http://www.marvunapp.com/Appendix6/boris_doomsaide.htm

domingo, 5 de julio de 2015

LA HECHICERA DESPECHADA Y EL GUERRERO EXHAUSTO


Nunca volvieron a ser los mismos. Independientemente de la versión que cuente su romance y desamor, la historia de Jasón y Medea comenzó a truncarse desde el viaje de regreso, acompañados de los míticos argonautas. ¿Cómo era posible que una llama de pasión tan brutal como la que había surgido entre esos dos desconocidos se mantuviera, una vez pasada la excitación y conseguido el vellocino de oro? La princesa que traicionó a su pueblo por el apuesto marinero. El héroe que en su regreso, lejos de ser honrado, descubrió que ya no había lugar para él en su Yolco natal. Dos exiliados a quien su prole no pudo permitir mantenerse mutuamente unidos, germinando el enfriamiento, el desapego, los celos y, como acto final, la venganza.



Vuelve el teatro de Mérida a brindar un verano de clásicos con aroma a nuevo, aprovechando, como siempre, el incomparable escenario que le da ese tono romano, nunca viejo, sino con el sabor de lo antiguo. No podía faltar en el programa Medea, tantas veces contada, maldecida y compadecida. En España, fue la célebre Nuria Espert quien más la representó, descubriendo en cada representación una nueva faceta de un personaje femenino que hizo devanarse los sesos a nombres como Eurípides, Apolonio de Rodas o Séneca, entre otros. 



Desde este julio, se unen a esa ilustre nómina Vicente Molina Foix y José Carlos Plaza. Una veterana en estas lides como Ana Belén presta su voz y casi su alma a la princesa de la Cólquide, una mujer en una tierra que no es la suya, la cual abandonó a sus dioses y familia por seguir los pasos de un héroe que se convirtió en su amante, a cambio de los secretos que esta hija de reyes y hechicera, para volver con el vellocino y su fama intacta. Ana Belén da su fuerza y prestancia a la atormentada madre y esposa, cansada de la lejanía de lo que le era familiar y alejada del tálamo de un marido que prefiere amoldarse a la nueva sociedad que encuentran en Corinto. 


En este sentido, el papel de Jasón siempre me ha parecido muy ingrato para la posteridad dramática y digno de revindicarse. Adolfo Fernández presta su presencia para un héroe cansado, pero no un mito de pacotilla o un farsante, como a veces se dice en determinadas lecturas. Creo que la pausa y casi desidia con la que este intérprete acompaña los pasos del atribulado aventurero obedecen a una estrategia premeditada y la visión de Foix y Plaza, un nuevo prismático para mirar el paisaje. El Jasón de Corinto está lejos del hombre a quien escogió el mismo Hércules para ser el capitán de su navío, se trata de un guerrero exhausto, cubierto de polvo y con la mancha de su exilio; como hubiera dicho un poeta malogrado y muerto muy joven: "De tu propio solar quedaste fuera"



Las leyendas greco-latinas sabían mucho de los seres humanos, más allá de los dragones y el Olimpo. Casi nadie vuelve triunfante. Ulises solamente es reconocido por su fiel perro al volver a su hogar abandonado. Hécuba es castigada a injustas humillaciones, simplemente por ser una mujer que quiere expresar sus lamentos por todas sus pérdidas. Aquiles advierte desde el Hades que no hay ninguna grandeza en ser el monarca del infra-mundo, prefiriendo el más humilde puesto entre los vivos. Jasón y Medea no son la excepción. Uno queda aplacado y buscando la comodidad del agasajo de quien fue importante; la segunda no puede soportar el abandono, que sus sacrificios fueran en vano. 



Solamente de las fuertes pasiones pueden surgir odios tan desgarradores. Filipo de Macedonia y Olimpia de Epiro podrían haber escrito un tratado al respecto. De ello se percata uno de lo apoyos secundarios más importantes del relato, Consuelo Trujillo se deja envejecer y cubrirse de modestos ropajes para ser la fiel nodriza de Medea, uno de sus pocos apoyos, la confidente de una mujer dolida y que va consumiéndose. Ella es una de las pocas que teme e intuye lo que pueda desencadenar un nuevo matrimonio de Jasón con la princesa de Corinto, porque conoce, quiere y teme el reverso tenebroso de su señora. 


Otro hallazgo e interesante añadido del libreto es la mayor preponderancia del preceptor de los hijos de Medea, interpretado por Luis Rallo, un docto hombre de Mesopotamia que ha sido contratado por la célebre pareja para educar a sus vástagos en los avances que se están dando por todo el mundo conocido. Racional, educado y tolerante, alguno de sus diálogos con la nodriza son los puntos de cordura de una ciudad enloquecida, donde una mujer trama la peor de sus venganzas. "Es difícil tratar con reyes. Se acostumbran rápido a mandar, pero no así a obedecer...". Poika Matute da mucho de eso con su soberano corintio, de discurso populista y ansioso de sus poderes, pero también capaz de ternura con su hija, prometida a Jasón. 



Un juego de poderes donde hay siempre víctimas colaterales inocentes. No fue el genial George RR Martin el primero en darse cuenta de que las bodas pueden ser carmesíes y que los truenos, a veces, resuenan con fuerza, mientras serpientes, culebras y otros reptiles brotan de la nada para seguir las pautas y dictados de fuerzas oscuras. Sin embargo, las deidades mitológicas quedan en segundo plano ante el mundo intimista de los protagonistas, destacando alguna experimentación buena del montaje (el flashback donde Medea recuerda al joven y apuesto Jasón, mientras se escucha la voz del ya envejecido marido, cansado, recordando el día en que se conocieron). 



Seguimos debiendo mucho a Grecia. Conviene en estos tiempos, donde son noticia por tantas cosas negativas, que recordemos ese legado fascinante y lo mucho que han enriquecido el imaginario popular, no ya de un continente, sino de todas las artes. Y, entre esas figuras, la desdichada, malvada, contradictoria y destrozada Medea sigue siendo uno de sus reflejos más brillantes. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



http://www.eldiario.es/eldiarioex/cultura/Medea_Ana_Belen_Merida_0_404909525.html



http://www.culturamas.es/blog/2015/07/03/esplendida-medeaana-belen-en-una-version-extraordinaria/



http://madridesteatro.com/61-festival-de-merida/

domingo, 28 de junio de 2015

CON ESE PUNTO DE CARIÑO A LAS PEQUEÑAS GRANDES COSAS


Ediciones JC nos está mimando. Basta pensar en la escasa bibliografía de historia del baloncesto escrita en castellano en las pasadas décadas (aunque siempre ha estado por ahí la querida revista Gigantes) y ver la revolución que ha supuesto en estos años. La personas aficionadas a los aros pueden disponer hoy en día de monográficos de Lakers y Celtics, de anécdotas imperdibles de la NBA, así como biografías de mitos del basket como el doctor Corbalán o el mismísimo Kareem Abdul Jabbar. 



Entre esa emergente colección, debe ocupar un lugar privilegiado Historia de una rivalidad: Estudiantes-Real Madrid, obra de Guillermo Ortiz, incondicional del primero de los dos clubes, hasta  el punto de haber dedicado un trabajo previo al equipo de sus amores, bajo el significativo título de Ganar es de horteras. Sin embargo, el autor consigue la extraña alquimia de, sin dejar de mostrar por qué es de los muchachos del Ramiro de Maeztu, ser tremendamente justo y hasta cariñoso con el Madrid, demostrando que el sentimiento por unos colores no está reñido con el guiño cómplice al gran oponente. 



Una especie de vidas paralelas de dos instituciones, narradas con una sana relajación, sin darle más importancia de la cuenta a lo que no deja de ser un juego. Pongamos que hablo de Madrid, el reflejo de un sentir y de como el aficionado pasa de ser un adolescente de la Demencia (que no demente) a un estudiantil que se compadece y piensa que su querida grada maltrata más de la cuenta a Alberto Herreros o Antúnez, dos antiguos símbolos "crucificados" en sus regresos por haber fichado por el eterno adversario. 


Y es que lo del Real Madrid en fútbol con el Atlético y en basket con el Estudiantes tiene un extraño punto en común. El Real es un equipo de leyenda, con un palmarés impresionante y una nómina de grandes jugadores y entrenadores que quita el hipo. Pero, de alguna manera, suele terminar arrastrado a competir en piques con dos clubes de menos recursos económicos, pero con un extraño salero y simpatía que les otorga un carisma muy especial. 



Una danza de años donde ha habido de todo, también desgracias en la casa del rico, las cuales le ennoblecen y hacen que el propio Ortiz, no dude en calificar al actual Real Madrid de Pablo Laso como el mejor baloncesto que él ha visto nunca en directo. Lo cortés no quita lo valiente, ganar, a veces, puede ser de horteras. Otras, no es tan fácil estar en el bando triunfante. También une tener ídolos caídos comunes, como el inolvidable Fernando Martín, surgido en la cantera de unos, convertido en leyenda ya con la camiseta blanca. 



Y es que tampoco el vecino pobre se ha conformado con la etiqueta de simpático. Mochila en mano, los estudiantiles llegaron a Estambul a disputar la Final Four de la Copa de Europa con el descaro adorable de una generación de jóvenes prodigios que asombro a muchos. Hay algo místico en esa camiseta y el cariño que reciben de su barrio y en los pasillos de clase, una fe en el romanticismo que recuerda mucho a esa maravillosa película argentina llamada Luna de avellaneda


Bonitos valores como también los tiene un Real capaz de reinventarse desde su patriarcal sistema de los primeros años (con Pedro Ferrándiz como una especie de pontifex maximus y Saporta como el único capaz de utilizar el senatus consultum ultimum) a un cambio generacional que desembocaría en unos deportistas ilustrados. Primero, figuras como el doctor Corbalán, para dar paso a palomeros como Iturriaga o pívots de la talla de Romay, una forma de romper el estereotipo de deportista monosilábicos y descerebrados. Un Madrid que trajo a estrellas del rock and roll de la canasta como Drazen Petrovic o Arvydas Sabonis.



Pero lo más meritorio es el papel que tienen las derrotas, algo que muchas veces se quiere obviar, como si todo en la vida deportiva pudiera resumirse con simpleza en un marcador de teletexto. Hay piedad de la buena cuando se habla del ostracismo con el que Felipe Reyes fue castigado al comienzo de la etapa de Messina en el Madrid, también en las razones de que Carlos Suárez no explotase tras su fulgurante inicio en la cantera estudiantil, los vaivenes emocionales que vivió Alberto Herreros hasta que un triple certero en Vitoria le permitió poner un hermoso broche de oro a su carrera.  



Un libro escrito con ese punto de cariño a las pequeñas grandes cosas que hacen que un aficionado pueda ennoblecer a dos equipos, al que apoya y a su Némesis. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 









domingo, 21 de junio de 2015

PASTORES, LOBOS Y OVEJAS: AMERICAN SNIPER


Al-Shaitan Ramad. El demonio de Ramadi. Durante mucho tiempo, el SEAL Chris Kyle fue conocido con ese sobrenombre, el cual servía de tarjeta de presentación de sus servicios como francotirador. Clint Eastwood, director de El Francotirador (2014), afirmaba que la autobiografía de Kyle le había resultado apasionante. Verdaderamente, el libro se devora con fruición, aunque sospecho que los motivos por los que unas y otras personas lo encontrarán absorbente son diferentes. Sin duda, el biopic (adaptadas las memorias al guión cinematográfico por Jason Hall) ante el que nos hallamos es uno de los filmes más controvertidos de 2014. 



Con una fecunda y exitosa trayectoria en el séptimo arte, Eastwood ha dejado piezas para todos los gustos. Así, Sin perdón o Gran Torino pueden considerarse como clarividentes testamentos, re-visitaciones de un tipo duro de los papeles que había hecho en sus primeros años, aportando una perspectiva más lúcida e inteligente. Así, este creador, capaz de componer bandas sonoras emotivas y de gran sensibilidad, es el mismo que se destapa con unas declaraciones de la Edad de Piedra al rebatir-amenazar a Michael Moore, otro cineasta con una visión muy distinta pero igualmente valida de su país, con un estilo chulesco que vuelve a recordar a sus sargentos de hierro.  



Y es que un tema muy controvertido el que trata este film. Desde las escenas iniciales, la película demuestra a través de la caracterización de Bradley Cooper (notable labor la suya) como la infancia del personaje se basa en un sentimiento de protección de los suyos, así como una clara nitidez entre la luz y la oscuridad. Los buenos y los malos. Eso está omnipresente también en su propio relato. Un noble impulso que esconde y oculta los tonos grises, fundamentalmente que, a veces, tu familia o tu país pueden estar equivocados. Quien espere esa clase de enjuiciamientos en El Francotirador puede abandonar el barco desde esos compases iniciales. 


Evidentemente, el ingreso en los SEAL es la caída de Damasco que cambia el rumbo de protagonista, si bien la versión cinematográfica suaviza incluso las lacedemonias pruebas. Sin duda, se trata de una criba brutal, tanto física como de resistencia mental. Y es en ese momento donde Kyle y sus compañeros encuentra a su otra familia, quizás la más verdadera. Muchas gente criticó Tierra hostil por dar tanta importancia a la adicción al riesgo y al peligro de muchos de estos voluntarios, pero creo que es un diagnóstico acertado. Los constantes reenganches de su cuerpo de SEAL en algunas de las zonas más peligrosas del planeta van más allá del patriotismo sincero que sin duda tienen, hay un componente de la marca que deja ese severo adiestramiento. Igual que los legionarios romanos tras más de 20 años de servicio, es virtualmente imposible que esas personas vuelvan a reincorporarse sin más a la sociedad. 



Eastwood, otras cuestiones al margen, no pierde su categoría como tremendo director en ningún momento. Sabe dónde colocar la cámara y hay tormentas de arena y paisajes que resultan tremendos, mientras se observa todo lo que se va dejando atrás en la batalla. La película es realista y desagradable, como debe reflejarse la guerra, pero tampoco gratuita en lo que muestra. Lo único que inquieta es la visión que se quiere transmitir sin ninguna clase de velo.  



Creo que el trágico final del propio Chris condicionó mucho el desarrollo de esta revisión. Obviamente, el respeto a su viuda (ese rol lo lleva a cabo en el film Sienna Miller) e hijos habrá primado a la hora de abordar la reconstrucción. Eastwood tiene olfato fino para estos trances (no olvidemos Los puentes de Madison), no es hay donde pueda ser censurable su discrección, sino en el significado que va más allá del azar individual del señor Kyle, realmente, American sniper te confirma, más allá de la música de Ennio Morricone, que lo que está aconteciendo en Oriente Medio no tiene solución posible. 


Un negocio perfecto de sangre donde no hay rubor a la hora de apuntar a "los malos". Se trata de salvar a tus camaradas, hermanos de armas y defender a gente que se partiría el pecho por ti. El resto son "chorradas" en el Congreso y falsos patriotismos que osan cuestionar que no haya armas de destrucción masiva o que dilucidan, herejía de herejías, que aquello de meter un régimen democrático a base de pistola y extracción de petróleo va contra los principios del sueño americano. En el otro frente, mucho odio acumulado contra los soldados que patrullan las calles, una población que ha tenido años para incubar un odio que está siendo hábilmente manipulado por unos pocos, quienes les usan como corderos al matadero, una promesa de un paraíso prometido que generosamente dejan que sean esos mártires los primeros, mientras ellos se mantienen a resguardo en sus cruzadas desde su atalaya. Las atrocidades realizadas contra los "colaboracionistas" tienen momentos tan aterradores como la escena del taladro. 



No es casual y es lo conveniente. Cuanto menos sepan unos de otros, más fácil les será seguir matándose sin asomo de remordimiento. Eastwood es muy vivo e incluso cuando se deja llevar por el panfleto, termina cediendo y mostrando a uno de los francotiradores enemigos con su hija y mujer en su modesto hogar. Justo hasta el momento de la llamada de sus superiores. Entonces, lo deja todo como lo haría un SEAL y va a probar su valor y audacia ante el aborrecible enemigo. ¿Cuál es la verdadera frontera entre unos y otros? 



Un viaje complejo y absorbente del que es imposible conocer sus coordenadas exactas (es inconcebible poder imaginarlo todo salvo que se haya vivido una experiencia tan fuerte y decisiva en primera persona y logrado sobrevivir a ella). No obstante, como decíamos antes, los motivos por los que parecerá absorbente y fascinante serán distintos para unos y otros. Y el maestro Clint haría bien en admitirlas. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 












domingo, 14 de junio de 2015

THERE´S METHOD IN MADNESS (PRIMERA TEMPORADA)


26 de septiembre de 1960. La sociedad estadounidense se paraliza para ver o escuchar el debate entre sus dos candidatos presidenciales: John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon. 80 millones de espectadores quedan deslumbrados ante la atractiva y elegante figura del primero de los aspirantes, cuyo maquillaje y estilo vistiendo ofrecen una estampa inmejorable. En menor número, los norteamericanos que conectan sus radios para seguir la noticia, consideran, por regla general, que el discurso de Nixon ha estado mejor articulado y organizado que el de su oponente, sin condicionarse por la frente sudorosa y algunos tics de la persona que lo había pronunciado. Los votos darían la razón a la caja tonta. Era el punto de inflexión de un nuevo modo de hacer política, de vender la imagen, acababa de comenzar una locura con su método. 



Bienvenidos al mundo de Mad Men, uno donde las apariencias importan y de qué forma. Unos años locos en los que la pujante clase media era el objetivo de las compañías publicitarias. Antes, se trataba de vender un producto. Ahora, eso era lo de menos. Daba igual tabaco que coches, lavadoras que líderes para el ayuntamiento. Se comerciaba con ideas, buscando captar la atención, un american way of life. Matthew Weiner, alzado a los santorales por Los Sopranos, traslada ahora su equipo a Madison Avenue, a Sterling Cooper Advertising. 



No es casual que sea un producto de la factoría HBO. Igual que un anuncio distinguido, esta cadena por cable ha tenido siempre un sello propio, sentido estético  y, por qué no decirlo, ese punto de esnobismo de quien anhela diferenciarse. Conseguir poner de acuerdo a la crítica y lograr que el público que descubra el show (lanzado al aire en 2007) se sienta que está llevando una prenda cara, elegante y exclusiva. Por supuesto, la fórmula ganadora se materializa en un protagonista como Don Draper. 




Hoy nos centramos exclusivamente en la primera temporada de este célebre programa, donde se colocan los cimientos de este extraño y sofisticado vendedor de glamour, a pesar de un incierto pasado. Admirado por sus jóvenes y universitarios protegidos en la empresa (los cuales por otra parte ambicionan pegarle una puñalada que les permita ocupar su puesto como favorito de los responsables de la firma), atractivo para mujeres, casado con una ex modelo (January Jones), padre de la parejita idílica, todo parece irle sobre ruedas a míster Draper. Afortunadamente, como bien refleja desde su primera escena un inspirado Jon Hamm, no es oro todo lo que reluce. 



Un complicado puzzle que queda como telón de fondo en una larga carrera de 7 temporadas. Que los espectadores no perdiesen el interés exigió desde estos compases iniciales que hubiera un grupo a la altura rodeando y auxiliando a tan interesante personaje. Una muestra de ello es Peggy Olsen (Elisaberth Moss) quien tiene su primer día de trabajo en Sterling para ser el vehículo y los ojos del público en unos días donde pellizcar en el trasero a las secretarias era una cosa natural y se consideraba que chicas preparadas como Peggy (quien, tras su apariencia de mosquita muerta tiene planes propios) servían para poco más que servir café y recibir silbidos cuando se agachaban para recoger los papeles al suelo. 



La señorita Olsen expone lo que está por venir, conforme es adiestrada en una amistad-rivalidad por Joan Harris (Christina Hendricks) en los entresijos del negocio. Torre de fuego con curvas de verdad, Joan es la reina indiscutible de su parcela de poder entre las máquinas del café y la manipulación del deseo que impone sobre sus superiores masculinos (incluyendo a Roger Sterling, un inspirado John Slattery), la tentación hecha secretaria. Y, sin embargo, esa propia inteligencia natural hace intuir a Joan que sus dominios se limitan a esa esfera, mientras que chicas como Peggy están abriendo una nueva línea. 



En definitiva, como se desprende de estas líneas, un auténtico culebrón, Pero, ojo, cuidado con la definición de telenovela en este caso, ya que el género no suele ser tan importante como el contenido. La dirección de manos maestras como las de Jennifer Getzinger, Alan Taylor, Phil Abraham, Alan Taylor y una distinguida compañía han brindado puestas en escena impresionantes, recreando de manera minuciosa una época (los peinados, el tabaco, el consumo de alcohol, los ascensores, etc.).



Todo ello amparado con un casting impresionante, la ecléctica música de David Carbonara y unos guiones siempre in crescendo (Kater Gordon, Tom Palmer, el propio Weiner, etc.). Una decena de capítulos que dejan la sensación de que lo mejor está por venir para Draper y los suyos, que el espectáculo apenas ha arrancado. 



Preferible evitar las engorrosas coletillas y carteles luminosos de "mejor serie del mundo" o "la mejor ficción se está haciendo en televisión". Simplemente, digamos que la primera temporada de Mad Men ya invitaba a pensar que iba a ser j... buena. 



BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA: 



CRISÓSTOMO, R. y ROS, E.(eds.), Mad Men: Ola frágil belleza de los sueños en Madison Avenue, Errata naturae, Madrid, 2015. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 







http://www.dvd-covers.org/art/DVD_Covers/TV_DVD_Custom_Covers/Mad_Men_S1.jpeg.html



http://www.eluniversodemartina.com/christina-hendricks-a-tus-pies/