domingo, 23 de febrero de 2014

DE RUAS Y CALLEJONES DIAGON (SEGUNDA ENTRADA LISBOETA)


Si cada maestrillo tiene su librillo, cada viajero tiene su manía, tradiciones, extrañas cábalas que suele cumplir allí donde se encuentre... Una de ellas es realizar un día de ruta librera, trasteando y "bicheando" (modo cordobés on) en las diferentes tiendas del nuevo lugar donde se encuentra. Sin embargo, no se alarmen y no pongan aún los detectores gafapastas y esnobs con luz roja, que, entre callejones Diagon y estanterías, la propia Lisboa muestra que hay algo más que negro sobre blanco... 



En primer lugar, para ir a este senderismo urbano, si es con amigos mejor. Albergo los mejores recuerdos del "triángulo freak" de la Ciudad Condal, con las mejores tiendas de cómics posibles en España, también de una encantadora librería de viejo en Oviedo, por no hablar de alguna gigantesca bookshop en Londinium con varias plantas... No obstante, quizás no sea tanto por los sitios, que también, sino porque la compañía es la que convierte el momento en valioso. Así que con un buen socio, quien además ejerce de generoso anfitrión en la capital lusa, nos pusimos manos a la obra en la zona del Chiado, dividida en alto y bajo, rodeado de unas iglesias muy bonitas, acompasadas con ruas comerciales que dan mucho colorido al lugar. 



La primera de la lista es Bertrand Livreiros, la cual luce con mucho orgullo ser la más antigua de la ciudad, remontándose al siglo XVIII. El negocio tiene sucursales en otros lugares de la cidade (por ejemplo, los macro centros comerciales de Colombo), pero si solamente se puede hacer una visita, es mejor ir a la original. El apellido galo del lugar no es casual. 



No fue la única, aunque hoy por su antigüedad y propios méritos es la más reconocible para los lectores que se dejan caer por sus variadas secciones, en un largo pasillo donde a derecha e izquierda se van abriendo varias temáticas. Fueron bastantes los libreros franceses que se afincaron en suelo portugués, lo cual quizás, mera conjetura, haya ayudado al exquisito gusto que tienen en sus secciones de cómic por lo franco-belga. Están los clásicos: Tintín (no pude encontrar esos paradigmas de lo políticamente incorrecto que son Tintín y los soviets y Tintín en el Congo), Astérix, el inefable Gastón El Gafe (a quien en España quizás conocemos menos por que vive a la sombra de un hermano bastardo muy querido, El botones Sacarino)... Una auténtica delicia, si bien de los nuestros, únicamente Mortadelo sobrevive, lo cual esperemos vaya siendo subsanado en el futuro.  



La deformación profesional podría eternizar el tema, afirmando las muchas cosas de cristâos novos e Inquisiçâo, mas basta decir que la sección de Historia pasa con nota. De entre los iconos, sobresale la figura de Fernando Pessoa (cuya antigua casa también se puede visitar, en un peregrinaje a uno de esos artistas casi desconocidos para sus coetáneos, pero cuya grandeza se revela posteriormente y perdura en el recuerdo de una forma imborrable), cuya característica estampa es omnipresente. Una estatua suya escuda la entrada a la Biblioteca Nacional de Lisboa, flanqueado por otros primeros espadas de las páginas lusas como Gil Vicente, un recurso escultórico que recuerda mucho al que se podía observar en su tocaya madrileña. 



Esta Biblioteca Nacional se encuentra en el complejo de Campo Grande, gigantesco y en zona muy universitaria, pero fácil de combinar con las líneas de metro. El mismo día que uno entra se puede hacer socio, con una sala de lectura muy acogedora y bastante personal para explicar las dudas, si bien, como ocurre en este tipo de instituciones, uno tiene la sensación de poder estar invadiendo el pentágono si comete el error de no dejar en la taquilla el periódico (aunque nada es comparable al caso de la Biblioteca Nacional Española, un sitio fantástico, pero donde los lectores parecen sospechosos habituales por los controles de súper-agente 86 que deben superarse para entrar). 



Otro lugar a citar en ese entramado, no podía ser de otra forma, es el magnífico Arquivo Nacional de la Torre do Tombo, cuya impresionante fachada es solamente la presentación a un extraordinario fondo, con salas de consulta, de microfilms... así como de un espacio dedicado simplemente para trabajar o conversar. El nivel del archivo es excelente, si bien quizás sus técnicos sean más puntillosos de lo que estamos acostumbrados en España a la hora de juzgar un documento en mal estado (me gustaría verles con algunos legajos que tenemos por aquí, que calificarían de zona cero), pero el nivel general es muy bueno y se trata más que correctamente a los usuarios. 




Una ruta que exige varios altos en el camino. Si trastean por las estanterías del Xiado, no es mala idea hacer una parada en A Brasileira, una de las cafeterías más emblemáticas del lugar, que transmite un aroma que podría haberse encontrado en el café de doña Rosa o en el mítico Gijón. Negocio casi siempre atestado, si se logra mesa, se puede disfrutar de una exquisita taza y tiene varios caprichos para los más dulceros. Relativamente cerca, un poquito más abajo, hallamos la heladería Santini, enésima confirmación de que los italianos guardan tres secretos como nadie (cómo hacen la pizza, cómo fabricaron a Sofía Loren y qué narices le echan a sus helados para que sean tan irresistibles). Otra imprenta con raigambre, funcionando desde 1949. 



"Leio e abandono-me, nâo à leitura mas a mim" -F. Pessoa. (Tranquilos, aún no ha invadido al blog el gafapastismo más brutal, lo leí en un anuncio a la entrada). 

domingo, 16 de febrero de 2014

LA MALDICIÓN DEL BENFICA (PRIMERA ENTRADA LISBOETA)



Como escribíamos ayer...Bueno, en realidad, Amarcord lleva cierto tiempo en un respetuoso silencio. No obstante, el blog vuelve a la carga en una etapa muy especial, aprovechando la oportunidad de conocer mejor una de las ciudades más interesantes de Europa: Lisboa. Durante los próximos meses, nos sumergiremos en una serie de entregas donde intentaremos explorar las muy diversas perspectivas que brinda la capital portuguesa. Con motivo de que este año se disputará un evento deportivo de la talla de la final de la Champions League en el Estádio da Luz, este domingo es una ocasión inmejorable para bucear por algunas de las interesantes páginas que brinda esta construcción.  



Si Roma tenía El Circo Máximo, las ciudades del siglo XXI poseen su propia versión de Coliseos urbanos, aunque bastante hemos mejorado, teniendo en cuenta que los gladiadores son 11 contra 11 y el pulgar nunca toma un rumbo definitivo... como mucho, algún abucheo. Sin embargo, pasando de la anécdota y los tópicos, una entidad deportiva como la del Benfica nos permite comprender muchas cosas del pasado de un entramado urbano... Adentrarse en las líneas de metro en fin de semana liguero, marca una clara diferenciación,  que merengues y colchoneros podrían identificar sin problema. Los corazones futboleros de se dividen entre los muchachos Sporting y las águilas que comparten los afectos de la cidade




Precisamente esta semana se vivió el derby de la ciudad, saldado con un triunfo por 2-0 del Benfica, resumido en el popular diario A Bola con la sentencia del míster Jorge Jesus: "Nenhuma equipa joga a nossa". Lógicamente, menos satisfecho estaba su colega Leonardo Jardim, quien hubo de sufrir el golazo de Enzo Pérez a sus pupilos. El partido, como ocurre en tantos otros sitios, sobrevive en las tertulias, las cafeterías y los míticos tranvías lisboetas a lo largo de las siguientes jornadas, aunque queda mucho y la alegría va por barrios. Y hay enemigos deportivos como el Oporto, que siempre están rondando el campeonato. Pese al triunfo y la impresionante sensación que se tiene cuando uno sube hacia el estadio por los murales de las águilas, hay cierta sensación de augusta melancolía deportiva, que flota incluso en el bien poblado museo de la institución...


Y es que la daga esta reciente, pese a ser lanzada en la década de las 60 por el mítico entrenador Béla Guttmann, originario del imperio berlanguiano de Austria-Hungría. Aún está en la memoria de las aves su agónica derrota en final europea frente a los blues de Chelsea. Bien está que se puede perder cuando las fuerzas están parejas, pero es que desde que Guttmann protestó por su no aumento de sueldo y despido, dejó la sentencia de que su franquicia no volvería a ganar una final continental en los siguientes años. Bicampeones de Europa, pocos aficionados podían pensar que aún hoy en día haya seguidores que acuden con flores a la tumba del talentoso y rencoroso Béla para pedirle que retire su sortilegio. 



Un repaso al brillante CV de uno de los equipos más clásicos del Viejo Continente, nos hace sospechar que el azar de los penalties frente al PSV Eindhoven (1988) y el talento de Frank Rijkaard (1990), entre otros motivos, fueron las reales causas de que el maldecido conjunto se quedará en la línea de meta en varias ocasiones, ahogados en la orilla de sus ambiciones deportivas. Guttmann, viejo zorro, no cometió el error de incluir en su hechizo el territorio nacional, donde los suyos siguieron brillando. De cualquier forma, un dato que no se suele comentar cuando se resucita el histórico despido es que el astro-húngaro afirmaba que ningún conjunto luso se alzaría con un entorchado europeo en los siguientes años. Fallo en este particular episodio balompédico Nostradamus al que los supersticiosos que acudan al estadio deberían aferrarse. 



Distinto sería afirmar que para volver a los días gloriosos, más que a un exorcista, sería necesario que surgiera otro Eusebio. En ese "paraíso del consumismo más radical" que es el conglomerado de centros comerciales de Colombo, como un buen amigo me comentó, es visible una camiseta retro entre tantos Cristianos, Messis y otras estrellas del momento: es una equipación que durante mucho tiempo se vinculó a una pantera humana: Eusebio da Silva Ferreira. Tristemente desaparecido hace poco tiempo, el jugador que logró romper la hegemonía del poderoso Madrid de Alfredo Di Stéfano y eclipsar en una segunda parte a O Rei Pelé seguirá vivo en el recuerdo de todos los aficionados a este deporte, no únicamente los portugueses. 
     

La cita a Colombo no es nada casual, de hecho, una de sus salidas de metro ya indica perfectamente cómo salir directos al estadio de las luces. Los fumadores, atrincherados a un espacio reservado para ellos, cerca de las escaleras mecánicas que dan a las salas multicines de películas en versión original, pueden disfrutar, entre tanto humo, de la mejor vista panorámica del lugar donde este 2014 viajará La Orejuda. La proliferación de restaurantes, tiendas FNAC, videoclubes, liberías... es demasiado fácil dejarse tentar por la lluvia para caer en este monumento capitalista, aunque un pequeño destello de Sol nos devolverá la tentación de salir a seguir explorando la bella capital. 



Mientras, una búsqueda caprichosa entre estanterías lleva a ver como ya están presentes las primeras figuras de Eusebio, quien aparte de un artillero excepcional (más goles que partidos disputados en el campeonato portugués), es un perfecto exponente de diversas realidades. Nacido en Mozambique, una de las antiguas colonias del país (como el caso de Angola, sin ir más lejos, presencia constante en sus trabajos históricos y también una fuerte presencia en la cosmopolita red urbana), "La Pantera" fue un exponente y símbolo para muchos, debido a los más diferentes motivos. 



Y no es que el panteón sea escaso, pero de entre todos los astros, el crack de Mozambique tiene un lugar muy especial, en una memoria que traspasa la rivalidad de los colores. Incluso cómics son visibles, acerca de un súper-héroe en el césped que levantaba partidos en las segundas partes como si fuera un Julian Ross, a veces, con su mera presencia y generando pánico en vanguardia y guardametas. Aquel goleador de ébano que abroncó a sus compañeros en pleno Mundial por recurrir a la deleznable táctica de acribillar a patadas al mejor jugador de la selección contraria: Pelé. Fue el año en que llevó a los suyos a una histórica tercera plaza en el torneo Mundial.   



Uno de los libros tiene una portada inquietante, no hacen falta muchos conocimientos de portugués para reconocer a su protagonista: Antonio Salazar. El dictador se encargó, como siempre hacen las figuras de la autocracia cuando encuentran un éxito deportivo que exportar al mundo y tapar sus vergüenzas en muchos otros campos, de enseñorear a los héroes del Mundial y al Benfica campeón. Una asociación que daría problemas a sus exponentes, especialmente el talento de Mozambique, a quien Salazar vetó en sus posibles salidas. 


Campechano y popular entre compañeros, rivales y público, Eusebio se limitaba a contestar en una época donde no se podía hablar de determinados temas: "Mi política es el balón". No le fue mal con esa filosofía, pero cuánto se hubiera podido disfrutar en otra coyuntura. Suelto el libro con la matrícula tomada, pues está muy bien que se profundice en cosas tan aparentemente triviales como el deporte, pero que nos sirven de recuerdo de épocas pasadas que no están tan lejanas en el tiempo. 



En vísperas de arrancar los octavos de final de Champions, sin presencia lusa, se echarán de menos nombres clásicos del campeonato como Oporto, Sporting... por supuesto, Benfica. La alegría va por barrios y ahora el alemán (la mítica frase de Lineker revuela como otra profecía axiomática no demostrable pero indudable) predomina. No obstante, volverán los buenos tiempos y los Futres y cía llevarán a estas escuadras y otras del país a disputar finales como la que vivimos en el Estadio de la Luz... 



Y, cuando llegue ese día, estoy seguro de que el bueno de Béla y Eusebio brindarán en algún lado por que se rompió el maleficio... porque cuando las maldiciones se trunca es porque nunca existieron realmente. 



ENLACES DE INTERÉS




domingo, 26 de enero de 2014

LAS ENSEÑANZAS DEL VIEJO LOBO...


Hay directores que son noticia por tal o cual trabajo. Sin embargo, unos pocos escogidos logran miles de titulares antes de estrenar nada. Cada nueva película de Woody Allen, Pedro Almodóvar, Quentin Tarantino... antes de que nadie las haya visto, han generado una corriente divergente de opiniones. Martin Scorsese pertenece a esa categoría por derecho propio. Su carrera le avala y le salva de cualquier número rojo... Antaño, el viejo lobo de Hollywood mordía a la Cosa Nostra... ahora, ha subido de categoría, pero sigue en el bando de los Bad Guys. 



Wall Street no es ningún lugar desconocido para Hollywood. Oliver Stone y varios más podrían dedicarle unas palabras al respecto a dicho emplazamiento. No obstante, la mera idea de que el creador de Toro Salvaje se adentrase en los meandros de la compra-venta de acciones, en plena coyuntura de la crisis mundial que nos asola, hacía a miles de personas aficionadas al cine, afilar sus colmillos. Igual que en Uno de los nuestros, el cineasta italo-americano recurrió a una fuente de primera mano, Jordan Belfort, un protagonista destacado de la especulación, el rápido enriquecimiento y los muchos puntos oscuros que presenta el sistema económico del país de las oportunidades. 




La historia de Belfort han sido contada mil veces por Scorsese, aunque quizás no con traje de Armani y llamando a teléfonos donde los dólares suben y bajan a niveles vertiginosos. Como muchos grandes narradores, pareciera que el maestro Martin siempre nos contase lo mismo con variantes. Rápidos ascensos, cruces éticos, esplendor de un imperio, caída... El mismo arco, una y otra vez, pero contado con tal habilidad y suficientes recursos para seguir embelesando al público. 



Recurriendo a su nuevo Robert De Niro (palabras mayores), Leonardo Di Caprio, Belfort vuelve a sus años de gloria, cuando sufrió su caída de Damasco... ¿por qué demonios había que preocuparse por los beneficios de sus clientes cuando el verdadero secreto del éxito era mantener la nube y seguir llenando sus bolsillos? No lo pensó Belfort en exclusiva; de hecho, ni siquiera fue el único... y hay comenzaron los problemas. Pero había una montaña de dinero, empresas ruinosas que parecían la General Motors, gramos de cocaína y placeres de alcoba que llevaban a los chicos listos a imaginar que eso nunca iba a cambiar.   




La papeleta de Di Caprio no resultaba nada fácil, nunca lo es ser el líder de la manada. Casi tres horas de metraje para sostener una epopeya donde si él no rinde, la película sería insoportable. Ha llovido mucho desde que un rostro adolescente hiciera a tantas jovencitas forrar sus carpetas con el héroe de Titanic. Los tiempos cambian y, varios papeles más, incluyendo al Luis XIV sudista más brillante y depravado que nunca hubiéramos imaginado, han convertido al bueno de Leo en un actor con mayúsculas, uno de esos a los que les puedes encomendar una misión imposible: conseguir que un protagonista tan amoral como Belfort resulte creíble y logre llevar al espectador en su recorrido de dos máxima: El dinero corrompe, el dinero absoluto, corrompe absolutamente.


Tiene cierto aire a Margin Call (interesantísima película, también), pero es más gamberra, alocada. El lobo de Wall Street se aproxima más al realismo hiperbólico de Los Soprano que al microscopio cotidiano de The Wire. Observamos aquí la mano de Terence Winter, maestro en hablar del poder y sus resortes (a Boardwalk Empire) nos remitimos. Su argumento es denso y apasionante, llevando a una primera hora vertiginosa, una montaña rusa donde vemos la ascensión de un nuevo Jesse James, con su alegre mesnada de brokers (Jonah Hill, Jon Bernthal...). 



En la formación del inicio y el nudo, el film tiene el gran mérito de no sobrevalorar nada. Lejos de tecnicismos y formulaciones estadísticas que puedan desorientar a la persona no especializada en las leyes de mercado, el día a día de sus protagonistas está desmenuzado a prueba de confusiones. Como otras veces ha hecho, Scorsese usa al protagonista con voz en off para un gigantesco flashback, arrastrando a auténticos diálogos con el público. Se simplifican las cosas y se llaman por su nombre...y sí, estamos en manos de auténticos assholes, por muchos restaurantes de lujo que prodiguen y engominados peinados o felpudos que les adornen. 




El casting está escogido con mucho gusto, incluso para pequeños papeles que luego tienen su relevancia. Así, para la primera mujer de Jordan, hallamos a How I met your... perdón, quería decir, Christin Milioti, o al simpático Jon Favreau (¿a cuánto cotizarán las acciones de Industrias Stark en el mercado?), destacando en un excelente elenco de secundarios.  



No resulta polémico su descarado humor negro, sus diálogos chispeantes o algunos de los momentos más escatológicos del cine de Scorsese... todo parece encajar en este híbrido tragi-cómico hecho para el lucimiento de un Di Caprio descarado y perfectamente acompañado para determinadas escenas con presencias como Margot Robbie. Donde si halla su talón de Aquiles es en su manejo del tempo, con un desenlace que se haga un poco reiterativo, teniendo en cuenta todo lo que ya se ha presentado sobre el personaje de Jordan. 



Como fuere, una muesca más en el revólver de uno de los más grandes directores de siempre, hallando otro lobo para su manada (Joe Pesci, De Niro, Danny-Lewis...)

domingo, 17 de noviembre de 2013

UNA Y OTRA VEZ, SIEMPRE RESISTENTES AL INVASOR...


Jean Vives-Ferri y Didier Conrad posan con la criatura, tras un arduo proceso de gestación. Desde el mes de octubre, fans de todo el mundo se han solazado con el hecho de volver a disfrutar con la presencia de uno de los estandartes más célebres del cómic franco belga: Astérix y los Pictos había aterrizado. Por primera vez, una historia de la célebre aldea no contará con la participación del inefable Albert Uderzo, uno de los mejores dibujantes de siempre. Albert (a quien debemos buena parte del éxito de Obélix como co-protagonista en las aventuras del Odiseo de la tierra de Vercingetórix) ha supervisado cual padrino a sus protegidos, no obstante, queda claro que en esta ocasión ha habido un cambio generacional. Suena al fin de un ciclo (glorioso) y el comienzo de otro. Es lógica, pues, cualquier expectación sobre el mismo. 



Las primeras viñetas ya habrán bastado para que más de uno saque a pasear la nostalgia. Ver el pueblo irreductible nevado, con el magnífico trabajo de Conrad (tornado en un excelso clon de Uderzo, tarea nada fácil), convencerá a los más puristas. Reconociendo ello, no deja de ser menos veraz que, como ocurre desde la desaparición de René Goscinny y sus argumentos siempre medidos al milímetro, que la trama presenta varias incoherencias.




Aunque constituye un gran acierto buscar un terreno inexplorado en la saga, el territorio de los pictos (que correspondería, aproximadamente, a la actual Escocia), representados por clanes con resonancias shakesperianas, da la sensación de que Ferri y Conrad se han movido más cómodo con personajes que no eran de cosecha propia. Me explico, manejan sumamente bien las personalidades de Astérix, Obélix y el resto de galos, sabiendo cómo reaccionan y que clase de diálogos hubieran puesto sus mentores. Detalle de humildad que honra a la pareja, aunque no se han soltado la melena con los protagonistas pictos, bastante desangelados en comparación con los dos aventureros. Asimismo, se echa en falta una mayor presencia romana en la aventura.   


Detalles que no evitarán una sonrisa de satisfacción en los viejos amantes de este clásico del cómic europeo. Cuesta pensar que dos autores del calibre de Conrad y  Ferri no se irán familiarizando con la esencia del universo menhir (que ya conocen a la perfección, y si no, para eso estarán Uderzo y sus consejos), a la par que añadiendo crecimientos e ideas de su propio daimon. El recuerdo imborrable de la etapa de Goscinny y Uderzo, verdadero hito por calidad y simpatía, al frente de los laureles del César, no se verá amenazado, sino que, con suerte, será continuado. Se echaba en falta la vuelta a las estanterías de una nueva historia de los irreductibles.  



Lo cual se traduce en algún cameo divertido e inconcebible haría hace unas generaciones, como la presencia de un villano con un rostro muy parecido al de Vincent Casel, simpático guiño de los autores a la actualidad y que hay un futuro en la actualidad para la poción mágica. 


Así, una vez más, abrimos las páginas para descubrir que toda la Galia está ocupada, ¿toda? Toda no... 

domingo, 20 de octubre de 2013

JUEGOS OSCUROS

 
 
Lo más importante de un juego es conocer sus reglas. No obstante, durante la madrugada tras una cena de profesores de universidad, una joven pareja decide cometer la imprudencia de aceptar participar en uno sin conocer las instrucciones que lo rigen. Nunca en la historia del teatro, ha sido más imprudente aceptar la clásica: "La última en nuestra casa". 
 
 
 
 
Creada por Edward Albee en la excelente década de los 60 de los escenarios estadounidense, Quién teme a Virginia Woolf, sigue siendo uno de los grandes regalos que actores y actrices buscan por igual. Con un título que es un juego (nuevamente el concepto) de palabras  intraducible, Who´s afraid of Virginia Woolf?, ha atraído la atención del público, tanto en su formato original como en la célebre adaptación cinematográfica, la cual estuvo aderezada con la tensión sexual entre Elizabeth Taylor y Richard Burton.
 
 
 
 
Córdoba tuvo la fortuna el pasado viernes de recibir la versión de Daniel Veronese, la cual venía apadrinada de excelentes críticas. De cualquier modo, ninguna recomendación es mejor aval que el talento exhibido por la pareja protagonista, un excelente tándem formado por Carmen Machi y Pere Arquillué. La primera encarna a Martha, la hija del rector de la ficticia universidad, casada con uno de los profesores del lugar, George. Tras años de frustraciones y decepciones, los dos son, en apariencia, la típica parea tragicómica, gruñona entre sí, condenados a soportarse... ¿o no? Con el paso del tiempo, cada uno parece haber perfeccionado exquisitas y retorcidas maneras de fastidiar a otra, involucrando en ocasiones a otros en estos juegos donde nadie, salvo ellos, entienden cuándo comienzan y dónde terminan.
 
 
 
 
De Carmen Machi poco hay que decir, muy reconocible para el gran público por su popular personaje Aída (que interpretó primero en Siete Vidas  y posteriormente en la serie del mismo nombre), directores de la talla de Pedro Almodóvar siempre han subrayado su gran capacidad para el género cómico (viene a la mente su delirante monólogo como concejala en un corto del cineasta manchego). En esta ocasión, a las virtudes que ya le conocemos, añade toda la oscuridad que lleva aparejada el personaje de Martha, un auténtico lobo para quienes la rodean y que es capaz de devorar su entorno y devorarse a sí misma.




Si a ese fuego añadimos la réplica brillante e irónica que le da Arquillué, solamente queda disfrutar de un espectáculo de casi dos horas, donde, no cambiar de escenario, no es ningún inconveniente. Con la grata compañía del buen amigo Chespiro, viejo conocido de este blog, disfruté de la incómoda y cotilla sensación de estar en medio de una escena de matrimonio con problemas y resquebrajada, donde una pequeña pulla puede desencadenar la erupción del volcán. Arquillué da un colosal y agridulce carisma a George, un hombre en su ocaso, cínico, amargado y, no obstante, como su propia esposa reconoce, la única persona en sus macabros juegos que es capaz de comprender sus reglas y ponerlas en su contra, a una rapidez endiablada.
 
 
 
 
En principio como ojos del espectador y, posteriormente, revelando más aristas de la que se esperaba en el principio del meeting, Ernest Villegas y Mireia Aixalá encarnan a la joven alianza conyugal que se va a exponer al fuego cruzado. Pero cuidado que no es oro todo lo que reluce y los inocentes recién casados también tienen varios esqueletos en el armario. La opresión ácida, divertida y a veces terrible que van a sentir en esas cuatro paredes recuerda poderosamente a la posterior Un dios salvaje. 
 
 
 
 
Interpretaciones excelsas al servicio de unos diálogos maravillosos y tenebrosos que, hoy y siempre, siguen resistiendo al terrible invasor del tiempo, para seguir enganchando a nuevo público al teatro.

domingo, 6 de octubre de 2013

NO PLACE FOR A HERO



Era la primera vez que lo escuchaba, pero el apellido sonaba muy bien. García Márquez. Una tarea de escuela, la típica lectura obligatoria. Pocas cosas pueden ser más engorrosas que leer por mandato, pero, en el bando contrario, el consumo ocioso de libros era uno de los placeres de la vida. Buscando fingir que no era un acto de obediencia sino de curiosidad, tras acariciar las páginas algo amarillentas del viejo ejemplar, empecé a leer la presentación de aquel autor colombiano desconocido... no podía imaginar que, con el paso de los años, Gabo sería uno de esos nombres imprescindibles en la biblioteca. 




Aunque posteriormente sería premio Nobel de Literatura y el autor de obras maestras como Cien años de soledad, aquel texto no era el de una joven promesa de escritor, sino de un reportero que había investigado en las desventuras de un marinero latinoamericano; este, en una vida azarosa, había sido todas las cosas posibles... Soldado, contrabandista, superviviente, náufrago, héroe de la tenacidad, objeto de la atención de su gobierno, besado por reinas de la belleza y, posteriormente, por no comulgar con el silencio como peaje, desterrado y exiliado de la popularidad que un día le invadió. 




Si bien su apasionante protagonista era una persona real y entrevistada, el colombiano no dudó en poner una máxima que posteriormente llevaría todos sus personajes. Quiere a cada uno de ellos como si fuera especial en tu vida. Su retrato, no por certero y capaz de reflejar las debilidades humanas, está lleno de admiración de empatía y, por qué no decirlo, de una sincera simpatía. La última vez que se verían, el periodista recordaría como unos saludables kilos de más invadían el cuerpo de su antiguo objeto de estudio, quien llevaba esa beatífica sonrisa de quien quizás haya perdido algunos pesos en la nómina, pero ha salvado su alma. 





A pesar de los años transcurridos, como los lectores del periódico "El Espectador", tantas décadas ya pasadas, seguiremos conmoviéndonos por esta vida ejemplar sin ser perfecta, la de Luis Alejandro Velasco, capaz de realizar una carrera de fondo contra el tiempo y la desesperación durante su aislamiento, de nada menos que diez días. Aunque finalmente él mismo se encargó de mostrar que no fueron las caprichosas tormentas la causa del desastre, la resistencia y fe de Velasco, bajo la pluma privilegiada de Márquez, siguen siendo algo digno de admiración. 




Huelga decir, que esta breve y fascinante crónica, afortunadamente, no de una muerte anunciada, sigue siendo una gran inversión cara a una tarde de domingo... 




"Hay un instante en que ya no se siente dolor. La sensibilidad desaparece y la razón empieza a embotarse hasta cuando se pierde la noción del tiempo y del espacio. Boca abajo en la balsa, con los brazos apoyados en la borda y la barba apoyada en los brazos, sentí al principio los despiadados mordiscos del sol. Vi el aire poblado de puntos luminosos, durante varías horas. Por fin cerré los ojos, extenuado, pero entonces ya el sol no me ardía en el cuerpo. No sentía sed ni hambre. No sentía nada, aparte de una indiferencia general por la vida y la muerte. Pensé que me estaba muriendo. Y esa idea me llenó de una extraña y oscura esperanza".

domingo, 22 de septiembre de 2013

A DANCE WITH DREAMS AND SHADOWS


Hay un momento en que, determinados directores de cine, logran alcanzar un estatus de seguridad en taquilla, el cual les permite tener un cheque en blanco cuando las celosas productoras les encomiendan una nueva película. Tras éxitos populares como las versiones al séptimo arte de 300 y Watchmen, Zack Snyder se encomendó con Sucker Punch (2011), a explorar sus gustos, manías, freakismos y, básicamente, todo lo que le rondase la cabeza, sin escamitar en ningún momento en gasto o que alguien a su derecha pudiera amonestarle por estar realizando una montaña rusa de locura. 



Desde su inicio, con estética de videoclip (por otra parte, videoclip magnífico, con capacidad de síntesis y con una gran sagacidad para elegir la banda sonora, como ya demostró usando en el pasado, la excelente Times are changing de Bob Dylan), uno tiene claro que está ante la cinta donde Snyder más ha disfrutado de la hipérbole y la falta de mesura. Y eso, viniendo de un cineasta exagerado por naturaleza (no hay más que recordar sus cámaras lentas en las escenas de acción y con gusto por la violencia de influencia comiquera), puede hacer temblar a los más puristas. 




Y, sin embargo, se mueve, que diría el sabio. Con todos sus fetichismos, barbaridades y atmósfera de cuento irreal, la trágica epopeya de Baby Doll (Emily Browning, convirtiéndose en la versión dark y adulta de Sailor Moon, katana incluida), tiene un componente de atractivo que parte de su curiosa apología de esa herramienta que tanta notoriedad y peligros dio al bueno de Alonso Quijano, la imaginación. ¿Hasta qué punto hablamos de locura y no de instinto de supervivencia cuando frente a la peor de las realidades, alguien recurre a su única tabla de salvación posible?




Dentro de su contexto de locura desquiciada (es curioso que, pese a estar ambientada en la década de los 50, la niña protagonista tiene una capacidad de inventiva en sus alucinaciones que dejaría en ridículo a la mejor X Box), la ópera con licencia para matar de Snyder, sumerge al espectador en una serie de disquisiciones muy interesantes. El peculiar psiquiátrico y el extraño teatro organizado por una de las doctoras del lugar (caracterizada por Carla Gugino), tiene un regusto a De repente, el último verano; la gran diferencia con el maestro Tennesse Williams es que este, nunca hubiera desperdiciado el abanico de posibilidades de sugerencias y traumas que esconde el sanatorio Lennox. Eso sí, creo que el creador de Stanley hubiera sonreído ante la figura del Gran Apostador y nunca, hubiera quitado la penúltima escena cortada, que hubiera explicado muchas más cosas y además, explota el talento de una actriz protagonista en estado de gracia. 



Hace algunos años, Álex de la Iglesia hacía esta maravillosa introducción de su film El día de la bestia: "Amigos de los Jonas Brothers y High School Musical, en realidad, esta es vuestra película, solamente que no lo sabiáis hasta ahora". Algo de eso hay en la obra que hoy nos ocupa, ya que pareciera que estamos ante la versión manga y cañera de Fama (una peculiar reversión de la academia de baile regentada por Snyder, donde, por cierto, Helena de Troya hubiera tenido serias dificultades para pasar el casting)




Cinturones abrochados y disposición para ver una cantidad de referencias inacabables de diversas estéticas de fantasía, desde el universo Tolkien hasta la robótica de Asimov. El único inconveniente es que, a diferencia de otros hacedores del eclecticismo, como el gran Quentin Tarantino, a veces parece que las influencias manejan a las películas de Snyder y no al revés. El creador de Pulp Fiction, siempre parece tener controlado el coche, aunque vaya a 300 kilómetros por hora y sin frenos, pero, a Snyder, que siempre tiene puestas en escena muy interesantes, a veces parece fallarle el orden en su trazo...




Una excentricidad de un director ya de por sí heterodoxo, una extraña reformulación de los ángeles de la guardia y, como bien sabía Blanche Dubois, la dependencia que a veces tenemos de la bondad de un desconocido, ya sea en una parada de autobús o afrontando las fauces del dragón. 



 If you do not dance you have no purpose. And we don't keep things here that have no purpose. You see, your fight for survival starts right now. You don't want to be judged? You won't be. You don't think you're strong enough? You are. You're afraid. Don't be. You have all the weapons you need. Now fight.