domingo, 15 de marzo de 2020

BIOGRAFÍA, EL ARMA DE DOBLE FILO


La biografía es un arma de doble filo. La persona historiadora que se aproxima corre el riesgo de fallar por falta de empatía o dejarse seducir por la personalidad analizada. Alejandro Magno fue capaz de arrastrar a muchos seguidores desde su Macedonia natal hasta los confines del mundo conocido. Su influjo llega hasta nuestro día. Excelsas cronistas como Mary Renault no dejan de mostrar una sincera admiración por el hijo de Filipo II y Olimpia de Epiro, dos figuras colosales, geniales y egoístas que tiraron de los dos extremos de su retoño hasta el punto de que el chico llegó a valorar el papel de la amistad por encima de todas las cosas. Robin Lane Fox, conocedor del Mundo Clásico de olfato fino, sigue sosteniendo hoy en día uno de los mejores análisis de aquel a quien, con toda justicia, el escritor alemán Gisbert Haefs calificó como "el señor de las diez mil almas". 



Un sello de distinción de esta fina pluma de Oxford sería su capacidad de conocer las fuentes al milímetro y luego cuestionarlas de forma detectivesca. Fox reconstruye todo y luego, con fina ironía que no debería ser incompatible con trabajos de alto nivel académico, va desmenuzando por qué apuesta por unas versiones sobre otras. Intuye el pragmatismo astuto de Ptolomeo al recordar a su general, también la devoción protectora del veterano Aristóbulo y llega hasta la laudatoria crónica de Calístenes, el sobrino de Aritóteles, su cronista más hiperbólico... y que terminó ejecutado en un episodio extraño bautizado como "la conjura de los pajes". 



Alejandro Magno: Conquistador del mundo es una carta de amor a una época. No solamente a las fuentes históricas, asimismo a la geografía, un minucioso caminar por los grandes escenarios de la vida del protagonista para determinar qué emociones debieron experimentar sus tropas cuando recorrían el Camino Real que iba desde Sardes a Susa o la casi inexplorada India con el retumbar de los elefantes. Memnón de Rodas, el más formidable estratega que se midió al macedonio, entregaba mapas en una cara de sus monedas a sus mercenarios para que conocieran bien el terreno de Asia Menor. 


A pesar de lo denso de la obra, su lectura es una delicia por su tono pausado y reflexivo. Analiza con la misma rigurosidad los movimientos de los carros persas en Gaugamela que los muchos significados que poseía el ritual de la proskynesis, arma arrojadiza en las siguientes generaciones para acusar a Alejandro de tiranía y enemigo de la libertad. Con todo, él tuvo bastante menos racismo con la cultura persa que cualquiera de sus coetáneos, con la única excepción de Hefestión, amante y amigo, cuya trágica y evitable muerte le sumió en una profunda depresión. 



En resumen, un trabajo mayúsculo que permite ir casi paso por paso en todo lo que permite una fase histórica tan remota. Si, en ocasiones, nos cuesta saber qué pensaban realmente Napoleón o Madame de Stäel, cómo no se complicará la hercúlea tarea hablando de una figura que, en muchísimos casos, tuvo obras sobre su vida redactadas siglos después que muriera, pasadas incluso a la escala de valores de la antigua Roma, bien alejadas de los códigos de un tipo que dormía con la Ilíada debajo de su almohada y creía los relatos de su madre sobre su parentesco con Aquiles. 



Un código de honor que siempre hemos asumido, si bien no encaja con las purgas tras su ascenso al trono o los siniestros episodios ocurridos cuando ya era dueño de Persia. Las ejecuciones de Filotas, Parmenión, Clito El Negro y otros miembros de su círculo cercano siempre serán motivo de revisionismo. Fox no oculta en esos pasajes sus simpatías, y es que el poderoso aura de Alejandro como "musa de la Historia" hace para la intelectualidad ponerse de su lado con mucha más facilidad que unos veteranos leales que fueron a una cruzada y luego no podían comprender que su primer inter pares vistiese ropas persas y hablase de vengar a su Némesis, el Gran Rey Darío III. 


Lo mismo ocurre con la absurda comparación que siempre se estableció entre él y su padre. Fue un choque generacional tan evidente y pueril como suelen serlo las disputas de dicha índole. Lane Fox argumenta, con datos más que objetivos, que en apenas cinco años Alejandro llevó al ejército de Macedonia y sus aliados griegos a cotas ni siquiera soñadas antes. Una verdad tan cierta como el hecho de que él había llegado a un trono con una maquinaria de guerra casi imbatible que él incluso mejoró con su genio, cuando Filipo II (con consejeros de la talla de Antípatro o Parmenión) tuvo que crear un reino de la nada y absolutamente rodeado en cada frontera.



Su fascinación y capacidad de generar moda fue casi al instante de su muerte en Babilonia, otro capítulo diseccionado con bisturí de cirujano por este magnífico historiador. Los Sucesores querían parecerse a él hasta el más mínimo gesto, incluso disputándose donde sepultar su cadáver. Aunque eran personas hábiles y de gran inteligencia, debieron asumir que era imposible igualar al mito, incluso en sus errores.  



Una lectura extensa, no fácil, pero en la que si se entra, como en los misterios de Samotracia, será imposible salir. Narrada de una forma exquisita. 



BIBLIOGRAFÍA:



- LANE FOX, R., Alejandro Magno: Conquistador del mundo, Acantilado, Barcelona, 2007. Traductora: Maite Solana. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://articulo.mercadolibre.com.uy/MLU-467654181-alejandro-magno-robin-lane-fox-acantilado-_JM



https://www.microsoft.com/en-ie/p/alexander/8d6kgwzl61gt?activetab=pivot%3aoverviewtab



https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/alejandro_magno.htm

domingo, 8 de marzo de 2020

PECADO EN LA SEDE DEL MAAT


Lo que esconde Silver Lake (2018) no es una película agradable. Su atmósfera, estilo y puesta en escena casi dan una sensación pringosa. No obstante, si se aceptan las reglas del juego propuesto por David Robert Mitchell, la experiencia merece mucho la pena. Hay cintas que van asociadas a una ciudad, esta experiencia atípica irá siempre ligada a Los Ángeles, una urbe con mucho ocio, autopistas casi vacías y la sensación de un eterno verano, un ocio excesivo que amenaza con engullir a Sam, un joven protagonista sin excesivos estímulos en su vida cotidiana. 



Andrew Garfield lo encarna con solvencia y no debe haberle resultado fácil. Con hechuras y facilidad para roles de galán, aquí da voz a una especie muy particular: un freak, pero no en el sentido entrañable que pudiera darle uno de los personajes de The Big Bang Theory. No se trata de tener una afición fuerte a cómic, cinematografía o hacia cualquier otro tema: Adam es raro y nos recuerda que de esa palabra se abusa en exceso. No obstante, se trata de un protagonista más próximo al James Stewart de La ventana indiscreta (1954) o Vértigo (1958) que al ejemplar profesor de La soga (1948). 



Su universo es inquietante y nunca sabemos exactamente qué es lo que ronda por la cabeza. Un encuentro con una atractiva vecina (Riley Keough) le lleva a observar con muchas dudas la repentina desaparición de la chica. Claro que las apariencias engañan y, muchas veces, vamos a plantearnos si la visión de este narrador está próxima realmente a la realidad. Con todo, en la hipérbole y lo onírico, no es baladí decir que Mitchell ha trasladado el mito de Orfeo a Hollywood. El descenso a los infiernos en búsqueda de la persona amada.


Hay un espectro poderoso que sobrevuela todo el metraje: Mulholland Drive (2001), una película experta en levantar sensaciones de amor-odio y nunca indiferencia (LA Dreams). A título muy personal y subjetivo, me parece que esta odisea surrealista en Silver Lake no alcanza la majestuosidad de esa ópera prima de David Lynch con Naomi Watts como insuperable musa, pero sí que que es una pieza de sumo interés y que estaría muy por encima de la media.



Las conspiraciones y obsesiones sobrevuelan durante más de dos horas. En ocasiones, con un punto de seriedad y profundidad que sobrecoge. La reflexión sobre la música y bandas sonoras que presiden nuestra vida (la rebeldía adolescente, el romance, la madurez, etc.) arroja casi un escalofrío y tiene un componente metaficcional de altura. De igual forma, esas pesquisas también se reducen al absurdo, a través incluso de cajas de cereales y confirmando que, como decía Julio César, "Los hombres creen de buena gana en lo que les conviene". Adam hace todo lo posible por cuadrar sus descabelladas hipótesis y nada en la lógica le impedirá lograr ese objetivo.



De igual forma, hay un componente de simbolismo como el Rey Amarillo, una búsqueda del origen del bien y del mal. Con homenaje incluido a Rebelde sin causa (1955), hay un recorrido por el universo de los mendigos y vagabundos en los Estados Unidos, incluyendo sus códigos y advertencias sobre los distintos hogares.


En el antiguo Egipto, la familia del faraón y los nobles más poderosos se sepultaban con sus riquezas materiales, incluyendo esclavos a quienes daba tratamiento de cosas. Pese a haber sido dioses en las tierras del Nilo, la muerte y juicio del Maat les perturbaba, necesitaban pensar que pasarían la prueba de la balanza para seguir gozando de sus privilegios más allá de los designios de Osiris. Miles de años después, las élites acaudaladas siguen sintiendo ese impulso, algo que el film de Mitchell capta a la perfección.



Durante el metraje, se nos sumerge en caminos repletos de cultura pop, desde el séptimo arte a la saga de videojuegos Zelda. Un eclecticismo tan raro que lleva a momentos excéntricos, si bien, de alguna forma extraña, como habría dicho Woody Allen: whatever works. Lo que esconde Silver Lake tal vez vaya sobre un desquiciado asesino de perros o no, pero sin duda tiene la capacidad de perdurar en nuestra memoria.



Una nueva ventana indiscreta para satisfacer la curiosidad de la mujer de Lot. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20181227/presentacion-estreno-lo-que-esconde-silver-lake-david-robert-mitchell-7220675



https://www.filmaffinity.com/es/movieimage.php?imageId=807029296



https://cinemaforumblog.com/under-the-silver-lake/

domingo, 1 de marzo de 2020

HIPÉRBOLE AJENA (VERGÜENZA, TERCERA TEMPORADA)


Es un programa que es consciente de poseer una baza tremenda. Desde el principio (crítica primera temporada), Vergüenza sabe que tiene dos intérpretes en estado de gracia: Malena Alterio y Javier Gutiérrez. Dotada de un tempo bárbaro para la comedia, es una pareja ganadora que haría funcionar prácticamente cualquier escena por hiperbólica que resulte. Eso es relevante, puesto que tras una secuela que logró que la empatía por Jesús y Nuria creciese (segunda temporada), su tercera parte lleva a un vaivén exagerado desde el minuto uno. 



Cavestany y Armero cargan las tintas, especialmente con Jesús, para llevar a unas situaciones que provoquen la completa estupefacción de la audiencia. Eso tiene la lógica ventaja de que permite evitar el espectro de la repetición o situaciones ya vividas. Sin embargo, se paga también el peaje de que se pierde bastante del aroma cotidiano que convertía a este matrimonio de clase media en una joyita televisiva que tenía un punto muy real. 



Un acceso repentino a una fama viral de internet hará perder los pies en el suelo a Jesús, quien cada capítulo confirma que, de todas maneras, precisa de muy poco para volverse loco. Amparado en el tremendo talento de Gutiérrez, es un personaje muy de quiebre que puede llegar a moverse por unos parámetros inverosímiles.


Lo cual no resta que siga resultando adictiva y repleta de actuaciones meritorias. En primer lugar, merced a un metraje muy idóneo. Hace ya tiempo que varias plataformas se han dado cuenta de que algunas de las comedias españolas, incluso las más brillantes, se beneficiarían si tomasen prestada a estructura de las comedias-situación norteamericanas, casi siempre más breves, algo que a este género le viene como anillo al dedo. 



Dentro del segundo ámbito, hay verdaderos lujos como tener a Miguel Rellán, uno de esos intérpretes que convierten en injusto el manido término de actor secundario. Se trata de una delicia de artista, capaz de convertir en gracioso o dramático cualquier frase a su antojo, alguien con muchísimas tablas y que maneja al personaje del padre de Nuria con una facilidad pasmosa. 



En una narración que parece ser una versión noir de Modern Family, un añadido bien curioso de esta tercera parte es la forma de reconstruir los hechos y las dudas que genera, quedando patente que quizás uno de los protagonistas no estará al final de la misma. Se trata de un hilo conductor potente y que casi obliga a ir pasando de capítulo en capítulo.


Los dados están en el aire y las cartas marcadas para una partida donde las miserias cotidianas, desde el mal aliento a los celos cuñados entre padres del cole, todo pasa por un bisturí inmisericorde. De la misma forma, se intuye un mayor deseo de apariciones con carácter de famoseo y guiños a personajes de la actualidad, siendo esto un arma de doble filo por la caducidad que puedan poseer dichas referencias.



Algunas soluciones se muestran afortunadas. Por ejemplo, emplear una especie de realismo mágico para que Nuria pueda seguir teniendo conversaciones con su difunta madre, una excusa perfecta para seguir disfrutando de una actriz de la talla de Lola Casamayor, un lujo del que no podía privarse Vergüenza.



Naturalmente, la sensación de incomodidad ajena no habrá desaparecido cuando baje el telón, quedando todo fijado para una cuarta entrega. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.elperiodico.com/es/series/20200213/tercera-temporada-serie-verguenza-bochorno-nacional-7847591



https://www.fotogramas.es/series-tv-noticias/a29991532/verguenza-tercera-temporada-sinopsis-fecha-estreno/



https://www.fotogramas.es/series-tv-noticias/a29991532/verguenza-tercera-temporada-sinopsis-fecha-estreno/

domingo, 23 de febrero de 2020

EL SAMURÁI OSCURO (PARTE I DE V)


Su imagen fue icónica desde el primer momento. Hay muchas escenas memorables en cierto film estrenado en 1977. Sin embargo, pocas quedaron mejor en la retina que la referida a una figura imponente en armadura negra que abría sin esfuerzo puertas de acero con un simple gesto de su mano y avanzaba como una máquina de matar fría e invencible. Darth Vader había venido para quedarse en la saga, si bien ni siquiera George Lucas pudo imaginar todo lo que vendría después con Anakin Skywalker. 



En agosto de 2015 se dio un giro de tuerca al archi-villano de Star Wars, el antagonista al que toda una generación disfrutó odiando. De cualquier modo, grandes poderes y siniestra apariencia no bastan para perdurar en el tiempo. Kieron Guillen (al guión) y Salvador Larroca (dibujo) eran conscientes de ello y repasaron la trayectoria que explicaba por qué podían seguir contándose cosas del personajes tras tantas décadas. Entre el frío Vader, casi un robot imbatible, del episodio IV y la sorprendente revelación al final de la película El Imperio Contraataca (1980) debían haber pasado muchas cosas que no se contaron en la gran pantalla. 



Con el sello Marvel bajo el brazo y el transatlántico Disney en el horizonte, la serie de cómics protagonizada por Vader se reveló como una maravilla desde sus primeras viñetas. Puro cine negro y guerras de bandas para demostrar que aquello iba en serio. Siempre se sospechó que el Mesías caído en desgracia no pudo aceptar con la docilidad que aparentaba su paso al servicio del emperador Palpatine. La galaxia es grande y la paciencia del antiguo niño prodigio jedi era superior a la que muchos de sus detractores pensaban. Una historia que Gillen y Larroca cuentan con la maestría de los grandes.


Al poco de llevar tres números, el equipo creativo se dio cuenta de que hacían falta más cosas. La personalidad de Vader puede convertirse en algo que absorba todo y tiene un halo trágico que en su justa medida atrapa, pero en exceso corre el riesgo de cansar. Por ello, se incorpora a la historia a la doctora Aphra, una inquieta arqueóloga que vendría a ser una especie de versión canallesca de Indiana Jones, la candidata idónea para que el Lord Sith haga unas averiguaciones muy importantes. 



Si el señor oscuro era una serie de éxito, Aphra encajó tan bien que terminaría protagonizando su propio Better Call Saul, es decir, un spin-off donde volveríamos a disfrutar de una inteligente dueña de la picaresca, poseedora de dos divertísimas (y repletas de humor negro) versiones de dos de los androides más queridos de la ciencia ficción. 



La sociedad que ambas personalidades entablan es una bomba que permite a los diálogos fluir y evitar que todo sea un monólogo atormentado de Vader. Asimismo, más que recurrir a personajes tan queridos como Luke, Leia o Han, los primeros compases muestran que Gillen sabe crear antagonistas a la altura del samurái oscuro de cosecha propia: y es que el emperador está tan molesto con la perdida de La Estrella de la Muerte que baraja un peculiar casting para ver si hay algún aprendiz más eficaz que su antigua apuesta.


Gillen va colocando todas sus piezas en el tablero con sagacidad. Una primera lectura del arco de la primera saga (Darth Vader #1-6) deja la sensación de que hay un dibujo espectacular, un protagonista carismático y secundarios a juego, pero que quizás falte un propósito a largo plazo en la serie. Lo hay. Volver a acercarse a la trama que aquí se inicia exhibe a un escritor que sabe en todo momento donde quiere ir, dosificando sus bazas y suspense para llegar al futuro clímax.



Espectros como Obin-Wan Kenobi o Padmé estarán también presentes en exquisitos flashbacks a cargo de un Larroca en estado de gracia. No se abusa de ellos, simplemente son los ingredientes necesarios para que comprendamos que nos hallamos ante un Anakin diferente. Una leyenda sombría cuyos hombros empiezan a cansarse de esa carga y está pensando en repartir el peso de la galaxia, lo curioso es que su poderoso maestro no entra en esos ambiciosos planes a largo plazo. 



Acostumbrados a un Imperio con subordinados patosos y legendaria mala puntería, estos cómics reflejan una estructura compleja y más próxima a la diplomacia bizantina de lo que aparentaba. Cylo serviría para mostrar los tejemanejes que se mueven en las altas esferas de una cadena alimenticia donde solamente los que más logren ser imprescindibles para Palpatine sobrevivirán. Y lo mejor estaba por venir, algo que veremos dentro de cuatro semanas.



BIBLIOGRAFÍA:



- GILLEN, K. y LARROCA, S., Star Wars: Darth Vader, Planeta Cómic, Barcelona, 2016, vol. 1. Recopila los cómics 1-6 de la colección. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.newsandtimes.com/2017/05/a-villain-like-no-other/



https://www.youtube.com/watch?v=PSB7vSJHscs



https://aminoapps.com/c/comics/page/blog/star-wars-darth-vader-6/7YiP_u4gzlqar8l1eoaWZKjopDaw3L3

domingo, 16 de febrero de 2020

CUANDO UN HISTORIADOR SE DIVIERTE


Barry Strauss ha dejado diferentes monografías de prestigio. Podemos aludir a sus trabajos sobre figuras de la Antigüedad Clásica como Espartaco o su análisis minucioso de la batalla de Salamina. No obstante, quizás sea en La guerra de Troya donde podamos decir que se ha divertido. Afirmación que no implica descuido o negligencia. Un estudio puede ser formalmente impecable y reflejar pasión por todos sus costados. Eso ocurre cuando el investigador se propone averiguar qué hay de cierto en los versos que escribió el gran rapsoda Homero. 



Dicho así puede parecer que vamos a afrontar una lectura muy densa capaz de desafiar la paciencia de Néstor de Pilos. No obstante, cada página es una pequeña delicia donde el autor compara algunos de los sucesos narrados en la Ilíada con hechos que realmente ocurrieron en mundos como el hitita, egipcio, etc. Homero (y/o los distintos cantores que iban dando versiones de las contiendas entre aqueos y troyanos) conocía muy bien las reglas del mundo de la Edad del Bronce e incluso las intervenciones directas de deidades olímpicas obedecían a su lógica y tenían fundamento claro para su audiencia. 



Lo sorprendente del asunto es cómo muchas de las cuestiones descritas de las cóncavas naves o los sistemas de defensivos de Troya tienen sólidos fundamentos. Obra maestra de la literatura, puede que Aquiles, Andrómaca o Diomedes nunca existiesen como tales, pero sí escenificaban perfectamente el universo de valores de toda una época histórica. 


Y es que Príamo parece seguir el prototipo de un rey acostumbrado a estar en un punto estratégico excelente desde lo comercial, aunque con el riesgo de moverse entre dos imperios como el hitita y los pujantes ataques aqueos. Los arrebatos coléricos de Aquiles por la cautiva Briseida contra su comandante en jefe, Agamenón, eran un asunto de importancia trascendental en el rigor que se esperaba de la meritocracia machista en el reparto del botín de una batalla. 



Colleen McCullough brindó una excelente novela histórica donde siguió escrupulosamente los principales acontecimientos contados por Homero.... pero sin intervención divina (La Canción de Troya). Aquí, Strauss busca que arqueología y fuentes escritas vayan mostrando qué hay de cierto en la fotografía que dejaron los versos, recordando que el célebre literato ciego apenas narró algunos episodios de una campaña mucho más larga. De hecho, el célebre episodio del caballo de madera ni es mencionado por él. 



La sociedad representada es también algo muy curioso. Mujeres orientales como Andrómaca tienen la capacidad de dar opiniones de cuestiones bélicas, algo que hubiera sido considerado inaceptable en los primitivos saqueadores, prácticamente piratas, que componían las huestes de Agamenón. Una violencia brutal que no impedía ciertos códigos de honor que nos resultan a día de hoy fascinantes, además de tener que combinarse la información con ciclos épicos posteriores. 


Del Lineal B pasando a las tácticas bélicas empleadas por Ramsés II en la batalla de Qadesh, muestran que las descripciones de las peleas de carros en el dificultoso pantano de la llanura troyana reflejaban una lógica apabullante. Aunque no se coincidían con todas las tesis de Strauss, sabe generar debate y, el mejor mérito del libro, incita mucho a volver a disfrutar de dos obras maestras tan incontestables como el poema épico sobre Ilión y La Odisea



Las rutas comerciales entre Asia y Europa, así como el negocio de los caballos llevan a pensar que hubo bastante más que el hermoso rostro de Helena de Esparta para que tantas naves zarpasen por el Mar Egeo. También se cuestiona la falta de potencia naval troyana, así como los sacrificios practicados por los invasores en orden de aplacar cóleras divinas y conseguir invocar vientos favorables. 



Se cierran sus páginas pensando que Barry Strauss se ha divertido mucho escribiéndolo. Y nosotros como público también al leerlo. 



BIBLIOGRAFÍA:



- STRAUSS, B., La guerra de Troya, Edhasa, Barcelona, 2008. Traductor: Ignacio Alonso Blanco.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.amazon.es/guerra-Troya-Ensayo-hist%C3%B3rico/dp/8435026892



https://www.goodreads.com/book/show/91023.The_Trojan_War



https://www.pinterest.es/pin/377246906261692937/

domingo, 9 de febrero de 2020

TALENTO Y SENSIBILIDAD


Una buena copia es aquella que se asemeja mucho al original del que parte. De hecho, es señal de buen trabajo que sea imposible diferenciarlas. Sin embargo, las adaptaciones de trabajos previos son algo bien distinto. Las similitudes no tienen por qué ser calcadas, se permiten cambios de perspectiva y hasta algunas discrepancias. El público fiel de un libro suele mirar peor traicionar la esencia que el orden de los acontecimientos. Greta Gerwig admira la literatura de Louisa May Alcott. Su Mujercitas (2019) tenía precedentes brillantes en cartelera, pero sería poco exagerado afirmar que estamos ante la versión definitiva para el séptimo arte de su obra maestra, una visión tan redonda como emotiva de un clásico del pasado siglo.



El proyecto venía avalado antes de su estreno por el reparto involucrado. Saoirse Ronan es una de las protagonistas que toda productora codiciaría para una película. Tiene presencia, alma y carisma, puede ser fuerte y, a su vez, plagada de debilidades humanas. La Jo March que regala es el corazón de la cinta, pero nunca se abusa de ella. El libreto de la propia Gerwig está pensado al máximo, no se deja seducir en exclusiva por el exuberante deseo de libertad de Jo, muestra el mismo cariño y amor por cada una de sus hermanas.



Eso queda claro a través de la elección de una actriz como Emma Watson para dar aura a Meg. El reverso de la emancipación de Jo en algunas cuestiones, es tratado con el mismo celo y protección. Nada reprochable hay en ninguna persona que decida consagrar sus dones a la familia si es una decisión propia, un camino escogido sin ninguna atadura. El contraste entre sus dos personalidades tiene el mismo motor y el inteligente argumento no comete el error de tomar partido. Todas las hermanas están igual de bien trazadas y tienen la guía de una intérprete con el sello de Laura Dern, impecable en cada momento, dando enjundia a la escena más transitoria.


La directora ha diseccionado los grandes hitos de la novela y se ve capaz de afrontar un juego metaficcional del que resultaría difícil salir indemne. No obstante, un tremendo talento y respeto al alma de la historia permiten que sea algo nuevo sin que nada imprescindible cambie. En esa singularidad reside su capacidad de sorprender, a través de colocar el espíritu de Alcott frente al espejo, afrontando los rigores editoriales y de la sociedad de su tiempo.



Tampoco hay privación de lujos. Convertir a una leyenda de la gran pantalla como Meryl Streep en la tía March es toda una declaración de intenciones. No hay personaje pequeño o que no merezca la atención, simplemente, hay quienes tienen más escenas con respecto al resto. Pero cada vez que sale como la pragmática veterana miembro de la familia es quien recibe todos los focos, aportándole ella la destreza que hace sentir simpatía por una creación literaria que deja bastante que desear dentro de los cánones del romanticismo.



No se rehuye el folletín más puro y los rocambolescos giros sentimentales propios del culebrón. Nada de malo hay en ese género cuando no renuncia a la inteligencia y a la sagacidad. Pese al abundante empleo de los flashbacks, arma de doble filo, somos muy conscientes en cada secuencia de dónde se encuentran cada una de las piezas del tablero. Particularmente agradable de ver en el caso de la química mantenida por el triángulo formado por Jo, Theodore (Timothée Chalamet) y Amy (Florence Pugh).


La cinta respira amor por los cuatro costados, en muy diferentes términos. Se refleja la fascinación por el teatro, la escritura, música, arte, etc. Dicho aquí suena a frases tópicas y hechas, mientras que el gran mérito de Little Women es sumergirnos todas esas buenas intenciones en la verosimilitud, en hacer a cada uno de sus ingredientes algo muy valioso.



El exceso llega hasta tal punto que ni siquiera se reciente el proyecto de permitirse el lujo de tener a un excelente actor como Bob Odenkirk (Better Call Saul) en el banquillo. La fachada del edificio principal es tan imponente que, además, permite revisionados para ver esos pequeños detalles y homenajes que se han esparcido por cada rincón.



Greta Gerwig ha querido dejar una película tan inteligente como encantadora. Lo milagroso del asunto es que logra justamente eso en cada escena. 



BIBLIOGRAFÍA:



- ALCOTT, M. L., Mujercitas, Penguin Random House, Barcelona, 2020. Traducción de Gloria Méndez. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://marvin.com.mx/little-women-trailer-emma-watson-greta-gerwig-saoirse-ronan-pelicula-play-mira/



https://www.refinery29.com/en-gb/2019/11/8908329/little-women-remake-gillian-armstrong-reaction



https://www.express.co.uk/entertainment/films/1221850/Little-Women-streaming-watch-full-movie-online-legal-netflix-amazon-prime

domingo, 2 de febrero de 2020

TRIGO SUCIO


David Mamet es una voz que tiene pulso. El escritor nacido en Chicago pone su visión en algunos de los temas de más rabiosa actualidad para hallar en ellos el denominador común, es decir, aquello que sobrevivirá en la sociedad y puede aplicarse a cualquier época. No son desconocidas las versiones del dramaturgo en el Gran Teatro de Córdoba (por ejemplo, La culpa), por lo que Trigo Sucio se esperaba con un gran interés. 



El fantasma de Harvey Weinstein y el tristemente célebre escándalo aletea por todo el escenario. Nacho Novo encarna a Barney Fein, un poderoso y truculento productor que sabe cómo aprovechar su posición de poder sobre las jóvenes aspirantes a estrellas. Buscando limpiar su imagen cuenta con una eficaz colaboradora, más que solvente Eva Isanta en ese rol, lo cual da pie a diálogos chispeantes, claro sello de Mamet, sin duda el punto más fuerte de la representación. 



Norma Ruiz y Fernando Ramallo componen el resto del fresco. La primera representa a una artista polifacética recién desembarcada en Hollywood y a la que Fein pondrá a prueba para ver hasta dónde estaría dispuesta a llegar por él éxito. Ramallo sería un joven guionista a quien el productor pisotea con facilidad en la revisión de sus textos. Tal vez sea el suyo el personaje más desaprovechado de la función, con menos escenas para lucir.


El gran motor del asunto es la chispa de las veloces réplicas y contra-réplicas que se hacen los personajes entre sí. Luce muchísimo ingenio y permite tocar temas muy delicados con una fina ironía envidiable. Por ejemplo, la forma en la que Fein intenta convencer a su ayudante de cómo deben encarar la noticia del asesinato de su madre en Macy´s es una sátira brillante de lo políticamente correcto y tiene un toque Diamond-Wilder con aroma clásico.



Al igual que ocurre en Ciudadano Kane, Trigo sucio logra fuerza cuando utiliza más a Weinstein como metáfora que en calidad de biografía encubierta. Orson Welles pulsó muchas teclas sobre la sociedad de su tiempo que han pervivido en el recuerdo por encima de tocarle las narices a un acaudalado magnate con gran influencia en los medios. Misteriosamente, un artista con el talento de Mamet no ha tomado el sendero de irse olvidando del productor real para hacer una comedia oscura sobre todo el mundo del espectáculo.



Ello no penaliza la obra, ágil y chispeante, hasta el tercer acto. De repente, lo que era una moraleja sutil se convierte en un dardo directo, dicho en voz alta al público, rompiendo la buena complicidad de divertida inteligencia que presidía todas las escenas anteriores. No solamente eso, queda una sensación acelerada que aleja del ritmo sólido de principio y nudo del asunto, presentados con la solvencia que siempre esperamos en un trabajo de Mamet.


La dirección de Juan Carlos Rubio se presenta sólida durante toda la función, acompañado de la versión sobre el texto de Mamet a través de Bernabé Rico. En materia de escenografía, cabría destacar las falsas películas producidas en el estudio de Fein, hábiles parodias sobre célebres taquillazos.



En la propia presentación de su trabajo, Mamet reconoce que era posible tomar el sendero de Trigo Sucio a través de dos vías: tragedia o comedia. Opta por esta última sin titubeos, conservando cierto tono religioso relajado, uno que lleva a sus personajes a llegar tarde a la Sinagoga, Iglesia o al espectáculo al que quieren acudir.



Absolutamente recomendables 70 minutos que tocan cuestiones escabrosas con el alivio de la risa.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Contraportada del libreto Trigo Sucio, función del día 31 de enero de 2020, Gran Teatro de Córdoba.



- Escenario Gran Teatro de Córdoba. Función de Trigo Sucio, representada el 31 de enero de 2020. Fotografía realizada por el autor del blog.



- Cartel promocional Trigo Sucio, Gran Teatro de Córdoba, función del día 31 de enero de 2020.