domingo, 18 de octubre de 2015

UN ENCUENTRO MUY ESPECIAL



Es una tentación tan infantil como inevitable. Dentro del género de la épica, cuanto más profundiza una persona, se ve tentada a hacerse preguntas de cómo competirían diferentes campeones en un mismo escenario. El propio Néstor de Pilos, si hemos de creer el gran Homero, se jactaba en el campamento de los aqueos de que los héroes de su niñez hubieran podido incluso con guerreros de la talla de Aquiles o Áyax. A pesar del tiempo transcurrido, las legiones de fans del cómic súper-heroico se mueven en esos mismos parámetros. Dentro de esos what if...? imposibles, el duelo entre Los Vengadores, la escuadra con algunos de los seres más poderosos del universo Marvel, y la Liga de la Justicia, agrupación que incluye a los personajes insignias de DC Cómics, ocupaba una de las plazas más propicias para la discusión. 



Desde el frustrado intento de hacer dicho crossver en 1979, los aficionados se habían rendido a la evidencia de que semejante choque de proporciones cósmicas solamente se produciría en su imaginación. Sin embargo, entre 2003 y 2004 apareció publicada por primera vez una mini-serie que, de manera canónica, fijaba que dicho encuentro se produciría, enlazándose dos de las ficciones de las viñetas norteamericanas que más habían competido por las ventas, para solaz de los fans. Probablemente, los editores, sin dudar de que compartieran tan navideño sentimiento, se sorprendieron al ver en sus cálculos el espectro de público que podrían llegar a tener. 



Curiosamente, se rescató al dibujante seleccionado para el frustrado experimento del 79, George Pérez. Sin duda, era la elección más idónea, debido a su gran veteranía y capacidad única de narrar con maestría escenas con demasiadas heroínas y semi-dioses por metro cuadrado. La mano maestra de este artista garantizaba un fuerte conocimiento de cómo debían moverse y combatir cada uno de los muchos protagonistas (Wonder Woman, Thor, Superman, Capitán América, Bruja Escarlata, Batman...). Tras negociaciones y exigencias de una y otra compañía, quedó claro desde 2002 que ambas empresas confiaban en Kurt Busiek como el guionista capaz de llevar el barco a buen puerto, con un argumento que hiciera que ninguno de los dos súper-grupos quedase por detrás del otro.  


Más allá del aspecto relativo al marketing, juntar a Busiek y Pérez era una fórmula muy ganadora. Ambos habían dado muestras de su talento en Marvel y DC, pero también garantizaban que no tenían ningún problema en trabajar juntos; concretamente, habían teniendo una larga y muy notable andadura en Los Vengadores de comienzos del nuevo milenio, etapa que tiene visos de elevarse a la categoría de clásico y que rescató a los héroes más poderosos de la Tierra (como modestamente se hacían llamar) a la palestra de las estanterías que se habían abandonado tras Onslaught y la fiebre de clones con universos paralelos que obsesionó a los responsables de las colecciones marvelitas. 



Las cuatro piezas que componen esta mini-serie son algo más que el savoir faire de unos artesanos para sacar decentemente los cuartos a la hinchada y evitar que Jim Shooter o sus herederos espirituales protestaren porque se había primado más a un personaje que otro. No, JLA/Avengers es una montaña rusa muy idónea dentro del género, con un guión inteligente de Busiek, quien explota con habilidad los protocolos de este tipo de encuentros. En primer lugar, el malentendido que hace que gente que está en el mismo lado del bien piense que los otros son malvado. Hay entran los combates entre campeones y, como efecto posterior, la necesidad de aliarse contra un enemigo mayor. 



Hasta ahí, Busiek habría cumplido sin alardes con el cometido, con más experiencia que imaginación. De cualquier modo, ese esquema tan básico se cumple únicamente en los dos primeros números, donde Pérez y su guionista juegan con las premisas de cómo quedaría en papel las premisas que Marvel y DC barajaron en los albores de la década de los 80. Incluso, de forma metaficcional, se burlan un poco de ella. Es la plataforma que los catapulta a lo que quieren contar.  



El amplio conocimiento de esta pareja de autores permite lanzar viñetas repletas de guiños y detalles que es muy fácil que pasen desapercibidos en una primera lectura. En verdad, se trata de un cuarteto de cómics que una vez al año siempre da gusto desempolvar. Pérez rara vez se toma un respiro en su narración y es muy difícil que un decorado o algún objeto de fondo no tenga una verdadera razón de ser. Nunca puede subestimarse el tremendo talento de los lápices de este hombre, no puede ser casual que, misteriosamente, aparezca en muchas de las obras maestras de este marco (Jóvenes Titanes, Crisis en Tierras Infinitas, Los Vengadores, Wonder Woman...). 



Sin desvelar detalles de la trama, por poner un punto negativo a tan delicioso postre dominical, señalar que siempre he pensado que al JLA/Avengers le falta un gran enemigo, una Némesis realmente significativa. No hay un Doctor Muerte o un Lex Luthor en los planes entre bambalinas y eso, y es raro que un guionista de olfato tan fino como Kurt Busiek no lo sepa en el fondo, ni reparase más en ello. Con todo, la fusión propuesta cumple con todas las expectativas posibles. No en vano, en la primera intentona, se barajó a otro hábil escrito como Gerry Conway, lo cual da una idea de la criba que debe existir para estar en las ternas que permitan jugar con unos personajes que son verdaderos iconos del imaginario popular. 



Si ahora estamos en plena fiebre de súper-héroes, tanto en cines como mercados como el del video-juego, es, en buena medida, por culpa de talentos como el de Busiek, Pérez y su equipo. Vengadores, reuníos; y, Liga de la Justicia... esto, dales duro. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 









domingo, 11 de octubre de 2015

CONSIDERACIONES SOBRE EL ARTE


La cúpula de San Pedro erigiéndose en un amanecer nublado, Audrey Hepburn y su sonrisa de enamorada mirando el Coliseo un cálido verano, las pinturas de Caravaggio... Resulta bastante inútil negar que Roma tiene encanto y magia. Sin embargo, ese carácter eterno e inmutable no priva a la capital italiana de ser una ciudad caótica y donde parece que las cosas funcionan casi por azar. ¿Se la quiere a pesar de ello o precisamente por dichos argumentos? Enric González parece tener algunas de las claves que ayudan a discernir la respuesta en un delicioso librito: Historias de Roma



Corresponsal de El País en algunas de las urbes más punteras del globo (New York, Londres, etc.), González tiene el don los grandes periodistas: no interesa tanto qué cuenta, lo que le hace fascinante es cómo lo narra. Existen muchas maneras de recordar al mítico actor italiano Alberto Sordi, sin embargo, él convierte la semblanza de este contradictorio y genial comediante en un cuento personal y único, utilizando a Albertone como la metáfora de toda una generación azzurra. Las pequeñas narraciones de la fundación de los hijos de la loba se convierte en un viaje de iniciación, quedando los lectores con la tranquilidad de saberse en buenas manos. 



Cuando nos sumerge en la lenta y atávica burocracia romanista, el autor se deja llevar por el carácter del más puro Larra, aprovechando la desgracia del papeleo para tomarla con sorna y señalando el caos que todo lo envuelve y amenaza con engullir entre tanto turista. No obstante, su tono es solemne cuando sus párrafos invitan a callejear por sus rincones, vislumbrándose el Campo de Marte, para hacer una afirmación que esconde mucho de lo que da mística al lugar: Los muertos son importantes en Roma



Paralelamente a esas crónicas de observador curioso, de vibrante enamorado capaz de ver los defectos de su persona idolatrada, González también inició su peregrinaje por otro de los hilos conductores del sinsentido racional que marca una forma de entender la vida mediterránea: el fútbol, en este caso, el calcio. Una columna deportiva que González terminó viendo recopilada en sus diferentes ediciones bajo el título Historias del calcio: Una crónica de Italia a través del fútbol. Objetivo ambicioso pero no imposible, ya que si uno lee los dos libros que hoy nos ocupan, se da cuenta de que hay protagonistas que se repiten. Silvio Berlusconi sería uno de ellos. 



Il Cavaliere es uno de esos personajes que uno piensa que serían fascinantes de haberse creado en una novela negra, mientras eriza el vello pensar que son reales y hasta son capaces de mantener una encantadora sonrisa mientras se justifican. El propio reportero admite sin excesivo rubor como los colaboradores del dueño del AC Milán intentaron comprarlo con exquisita educación, con la concepción que tiene un emporio familiar de que, como diría Filipo de Macedonia, no existe fortaleza lo suficientemente alta como para que no pueda subir un viejo burro con las alforjas repletas de oro. 



De igual manera, Juventus y Nápoles ejemplifican mucho mejor la dialéctica norte-sur que una sesuda disertación socio-económica. Bajo cánticos de los tifosi, muchas guerras enmascaradas de escándalos de las quinielas de la Camorra, la turbia trama arbitral y cadena de favores de Moggi... Un mundo sórdido que tiene también capítulos de heroísmo como los de Francesco Totti y su mítica frase "Nun te preoccupà, mo je faccio er cucchiaio", la frase genial de un tipo que es el primero en reírse de los chistes que corren sobre sus pocas luces y que hasta los selecciona para editarlos en un libro con fines benéficos. Un romanista de La Curva. 


Claro-oscuros que siempre tienen un exceso, ya sea en lo sublime o en lo terrorífico. Eso lo refleja muy bien González en el Campo dei Fiori, un nombre precioso para conmemorar la pasión de Pompeyo con una exquisita cortesana, pero también una enigmática plaza donde se cometió una atrocidad inquisitorial contra Giordano Bruno. El delicioso café que se puede tomar en ese lugar bajo una impactante estatua vuelve a recordar, como decía un querido amigo, la paradoja de estar en la Ciudad Eterna sabiéndose uno muy efímero. 



Un enclave con muchas llaves. Y allí, a través de una prosa ágil y muy amena, González va abriendo algunas de ellas, no todas, por supuesto, pues eso sería un grave error en un libro de viajes. Hay que dejar son la sensación de querer más al interlocutor. El suelo romano esconde muchos misterios, es otra de las promesas que surgen de las letras impresas para captar nuestra atención. 



Contradictoria y fascinante, mientras nos quede la cintura de Sophia Loren, la coleta de Roberto Baggio mientras tira un golpe franco o la Puerta del Palacio de Aventino, Roma seguirá enigmática, con sus virtudes y defectos, pero dispuesta a aliarse con narradores como González, quien no puede evitar extender su mirada a través de todo el país transalpino, una zona contradictoria, donde genialidad y locura se dan la mano. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.elmundo.es/elmundo/2010/06/01/cultura/1275383112.html



https://twitter.com/matte_moretto/status/317326158653976578



http://www.ambitalia.com.uy/roma/que-visitar-en-roma.php

domingo, 4 de octubre de 2015

ALGÚN DÍA SERÁ UN RECUERDO...


Llegará un momento en que no será posible. El  primer otoño en que buscaremos en la cartelera el título que nos evoque la ironía del viejo maestro, pero no estará. Quizás, nos sorprendamos al pasar por los pasillos sin escuchar en alguna de las salas de proyecciones ese tono de jazz tranquilo y pausado. Decía el añorado Javier Krahe que uno salía de las películas de Woody Allen con la agradable sensación de haber sido tratado como una persona inteligente. Sin embargo, ya a sus 80 años, seguimos subestimando el regalo que es poder ir a ver la nueva película del director de Annie Hall. 



Irrational Man se ha estrenado con críticas dispares, algo que viene siendo tónica habitual en los últimos filmes de uno de los artesanos más personales de la industria. "Otra obra menor", "Woody ya no es lo que era...", "Más de lo mismo...", "Ha perdido la cabeza, no es tan divertido como antes...". Las hay de todos los colores y se producirá el mismo fenómeno el año que viene. Cuando los fans se convierten en detractores, aunque uno puede intuir, espero que dentro de mucho tiempo, las genuflexiones que harán más de una de estas personas tan hards cuando el artista polémico dejé ese título para ser leyenda. "Oh, ya no habrá más cineastas como él...". No es precisamente un comportamiento racional, deificamos y arrojamos al vacío con una facilidad pasmosa. De cualquier modo, como Irrational Man (2015) exhibe, somos de todo menos cuerdos cuando nos lo proponemos. 



Teniendo en cuenta su azarosa vida privada en tales parcelas, muchos torcieron el gesto al saber que la nueva obra de Allen se centraba en el enamoramiento de una avispada estudiante de su inteligente y emocionalmente destrozado profesor de Filosofía en un curso de verano, bastante mayor que ella. Afortunadamente, Abe Lucas (un Joaquin Phoenix muy cómodo en su papel) y Jill Pollard (una Emma Stone que se va intuyendo como la nueva musa de esta etapa del director) tienen una historia que va más allá de eso. Que se enamoren del todo o no, así como si finalmente se acostarán juntos en la misma cama no deja de ser un pretexto para contar muchas más cosas. 



Los temas no cambian para este amante del saxo, el amor que te conviene, la pasión ciega en la que te dejas caer, el deseo, el remordimiento, la filosofía que te fascina y, que por momentos, no deja de parecerte un onanismo verbal del que convendría alejarse para tomar un buen filete. Una historia de un verano que se va apagando mientras sus protagonistas desfilan, hay una mirada tierna sobre cada uno de ellos, sin dejar de mostrar sus delitos y faltas (viniendo de quien viene...). 



Aquí, nuestro mago repite truco, pero con la sapiencia de modificar los elementos del escenario. Blue Jasmine era su adaptación al siglo XXI en crisis de Un tranvía llamado deseo. Ahora, parece que uno de sus libros predilectos, Crimen y castigo, tiene su turno para flotar en una personal interpretación de este lector compulsivo en un campus universitario. Lo demás, lo conocemos ya todos de sobra. Ese ambiente burgués acomodado en el que suele enmarcar su universo, diálogos de tremendo ingenio y narración pausada, la que ha ido cogiendo con los años. Cada vez parece tener menos prisa en el rodaje. 



Del elenco de secundarios sobresale Parker Posey como Rita, una profesora ya madura, nada exenta de atractivo, la cual vive rodeada en un aura mediocritas y un matrimonio complaciente que estaría dispuesta a dinamitar por el recién llegado pensador, un tipo genial y auto-destructivo, cuya forma de enfocar los problemas, desde Kant a sus relaciones amorosas, suena a una invitación a jugar a la ruleta rusa por el placer de sentirse vivo y efímero.


Y compasión. Mucha compasión de la buena, no de la hipócrita o la que tiene un aire de condescendiente superioridad. Es algo que ya estaba en los mejores momentos del tándem Berlanga-Azcona. Cuando refleja nuestras miserias y pequeñas traiciones, Allen y su equipo no se resisten a hacerlo con una sonrisa amable, invitándonos a reírnos de la imagen deformada del espejo de feria que nos muestras risibles, falibles y dignos de ayuda. Todos tenemos nuestra parte de razón en lo que hacemos y, por supuesto, un punto de locura que nos exonera a la vez que nos señala. 



Se trata de un viaje que a algunos les gustará y otros no. Doctores tiene la Iglesia y no es tampoco la obra maestra del autor de escenas elevadas hoy a la categoría de clásico y guiones que casi son un modelo sin fisuras al estilo Diamond-Wilder. Tampoco creo, desde la prudente distancia del simple aficionado, que lo pretenda. Woody habla de lo que le gusta y lo que le perturba, de sus sueños y pesadillas. Nada más y nada menos. 



A veces, todo se reduce a un simple golpe de suerte. Y nuestra generación, afortunados nosotros, podrá decir que asistía a los estrenos cada otoño de Woody Allen como algo nuevo, una oportunidad de ser sorprendidos. 
  


FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://www.bbook.com/film/woody-allen-irrational-man-emma-stone-images/



http://flavorwire.com/528287/irrational-bleh-will-woody-allen-ever-make-another-good-movie

domingo, 27 de septiembre de 2015

LAS NOCHES DE BALLYGRAN Y LA PERLA



Los copos de nieve bañan el pavimento de las calles de Chicago por la noche. El auto se detiene y sale una figura bajita y que tirita de frío, la cual estará pensando, probablemente, en meterse un buen licor en el cuerpo dentro del burdel al que se dirige. Es una persona joven, se llamaba Al Capone, un tipo violento, no muy reflexivo y con agallas, alguien a quien no le importa que en los Estados Unidos se haya decretado la Ley Seca. Nos situamos a comienzos de la década de los 20 del siglo XX, valga la redundancia. El joven Al no imagina que, de asalariado y matón de Johny Torrio para extorsionar el barrio de los griegos, va a terminar por convertirse en uno de los más temidos jefes de la mafia, hasta el punto de pasar al imaginario popular como la Némesis de Los Intocables de Eliot Ness



Así se abre uno de los episodios de Boardwalk Empire en su primera temporada, con un gran Stephen Graham encarnando al futuro gángster. Sin embargo, aunque he hablado en otras ocasiones de dicha serie en este blog, a veces, uno necesita un poco de calma y una taza de café caliente para poder paladear la verdadera calidad de lo que está presenciando. Más allá de que el capítulo piloto fuera dirigido por el mismísimo Martin Scorsese o que el protagonista sea un actor de talla de Steve Buscemi (como el corrupto y astuto tesorero de Atlantic City, Nucky Thompson), resulta que en los re-visionados me he encontrado que algunos episodios de esta primera temporada del show no son solamente buenos, sino que son pequeñas obras maestras de 50 minutos.



Con el prestigioso sello de la HBO, recordaba que aquellos DVDs eran una oportunidad de descubrir que la prohibición (cuántas lecciones ha dejado la Historia en ese sentido) fue únicamente una excusa para enriquecer a algunos bolsillos con el monopolio del mercado negro. Thompson, con una bien organizada red de contrabandistas e influencias políticas, logra convertir a su paseo marítimo en el centro distribuidor, abasteciendo (no sin tensiones) a los criminales de Chicago y New York. Hoy me detengo en una subtrama que se enmarca en la primera de esas dos ciudades.



Se trata de un arco que va de los episodios 3 al 5. Ni siquiera es el argumento principal, son las escenas dedicadas a las desventuras de Jimmy Darmody (Michael Pitt), un joven recién aterrizado de vuelta a casa tras la I Guerra Mundial, antiguo protegido de Nucky, ahora caído en desgracia por haber sido identificado ante la policía. Sin su benefactor, Jimmy logra encontrar la ayuda de su amigo Capone, quien le logra el acceso a su patrono Torrio (Greg Antonacci, a quien ya disfrutamos en Los Soprano), quien lo emplea como uno de sus muchachos para proteger una de sus cat house más rentables. 



El guión de Terence Winter y su equipo es muy astuto a la hora de enfocar a Jimmy como un antihéroe de lo más curioso. Avispado, a diferencia de otros jóvenes y ambiciosos criminales (Lucky Luciano, el propio Capone, etc.), el personaje de Pitt podría haber terminado siendo un excelente estudiante con carrera universitaria, revestido de varias cualidades entre las que sobresaldrían su sangre fría y hasta dotes de mando. En cambio, su estancia en el frente de Europa (la Gran Guerra no ha sido tan llevada la pantalla como la II, pero su impacto en una generación de jóvenes estadounidenses no debe ser subestimado) lo torna totalmente y le imbuye de un aura constante de tristeza. 



Como los veteranos legionarios romanos, tras mucho tiempo fuera de casa, el joven Harmody vuelve con una familia (su antigua novia y un hijo que tuvieron antes de alistarse) que le es tan extraña como él a ellos. Fuera de la mano protectora de Nucky, tejiendo inciertas alianzas en el local Torrio, me he sorprendido a mí mismo por el progresivo interés con el que uno espera que aparezcan estas secuencias (no porque el personaje principal no sean interesantes, todo lo contrario, sino porque era de los secundarios de los que menos recordaba en esta re-visita). 



Desubicado en cualquier sitio desde que ha regresado, Jimmy encuentra una pequeña pausa mientras se va haciendo a su nueva "familia" de las manos de una joven prostituta llamada Pearl (Emily Meade, una elección perfecta). Entre ambos surge una extraña complicidad de inmediato, brillando la química en pantalla de la pareja, creando un extraño eclecticismo entre lo sórdido de esa vida y la ternura de sus pasajes. Quizá el último tren de felicidad para el ex militar que está coqueteando con un mundo muy oscuro. Opio, venganzas entre bandas y el maravilloso personaje de Pearl, un cóctel explosivo que no deja de desprender un aroma a tragedia griega. Si se hace en blanco y negro décadas atrás y en una película de dos horas, que nadie dude que brillaría en cualquier clasificación purista de eso tan impreciso que se da en llamar el género noire. 



Por último, la música. Como casi siempre en esa joya de serie, elegida acorde con la situación. Alan Taylor dirige con mano firme los devenires del elenco, con una serie de secuencias que acompañan lo que está ocurriendo. Una extraña y mágica melancolía acompaña cada pasaje, como una triste despedida en una estación de trenes bajo frío infernal... esta canción es el camino de vuelta a casa, la bocanada de aire helado que te sale al suspirar. 



Una saga minúscula dentro de varias y excelentes temporadas. De cualquier modo, absolutamente imperdible, una pela hallada en medio de la playa una tarde de domingo. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://eddieonfilm.blogspot.com.es/2009/09/boardwalk-empire-ivory-tower.html



http://www.fanpop.com/clubs/boardwalk-empire/images/30297465/title/boardwalk-empire-nights-ballygran-105-screencap



http://www.ign.com/articles/2010/10/19/boardwalk-empire-nights-in-ballygran-review



ENLACES DE INTERÉS:



NIGHTS IN BALLYGRAN SONG

domingo, 20 de septiembre de 2015

ANACLETO NUNCA FALLA


El reciente estreno de Anacleto, agente secreto ha vuelto a traer a la palestra a uno de los ilustres espías de las viñetas españolas. Creada esta combinación de James Bond y Súper-Agente 86 de la mano de Manuel Vázquez, uno de los mejores y más corrosivos exponentes de la etapa dorada de la editorial Bruguera, el bueno de Anacleto merecía volver a la palestra. A pesar del recelo con el que muchos fans recibíamos las noticias que llegaban del film de Javier Ruiz Caldera, incluyendo la aparición de un hijo de la nada, el cual nunca existió en la saga, su visionado es un hermoso homenaje al personaje y su mundo. 



Ya la primera escena con Imanol Arias, encarnando a un Anacleto algo más talludito y con cabellos plateados, dirigiéndose a una misión en el desierto invita al optimismo. Vázquez, genial dibujante por naturaleza y vago por devoción, gustaba de colocar a su criatura en ese paisaje, puesto que era el que menos le exigía en cuanto a decorados. Sin embargo, los guiños van más allá de eso, resucitando varios de los clichés que existían en el universo original, digno de ser sacado del baúl de los recuerdos. 



Allí, el veterano Anacleto entra en la celda de un peligroso recluso que parece haber consagrado sus años de cautiverio en hacer ilustraciones del hombre que lo derrotó. ¿El nombre del villano, interpretado por Carlos Areces? Manuel Vázquez. Para el futuro del metraje, sería indiferente que el rufián se llamase Benito Pérez, pero, al hacerlo así, el guión adaptado de Fernando Navarro, Pablo Alén y Breixo Corral demuestra su conocimiento de la esencia de la serie de la que hablan. En efecto, Vázquez gustaba de hacer apariciones en el cómic de su agente como un temible y divertido oponente, incluyendo un intento de monopolizar el circuito de bicarbonato (historia que tuvo varias versiones) o una delirante trama de suspense donde él mismo iba secuestrando a sus personajes (la Abuelita Paz, Angelito, etc.) para no tener que dibujarlos.

Hay además, empero, una ventaja que me hizo ver un gran amigo, a la hora de esta adaptación. Si uno se viera en la tesitura de hacer un film sobre Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape, que alguna vez ha pasado, tendría muchas, pero muchas historias a las que hacer frente. A lo largo de las décadas, Ibáñez y Escobar fueron dotando de unos rasgos únicos a sus creaciones, un universo personal y con una gran cantidad de lectores de varias generaciones. Anacleto, siendo un cómic excelente, fruto de la dispersión y menor producción de su autor, tiene la suficiente personalidad para ser reconocible, sin tener la losa de provocar una biografía para cada aficionado que lo ha imaginado a su manera. 



Hay muchos huecos (por no hablar de las más que cuestionables tiras de "negros" que Bruguera hizo de tebeos de Vázquez, a años luz del nivel exhibido por el original) que se pueden rellenar sin ofender a los puristas. Por ello, ese hijo del que se calza sus zapatos Quim Gutiérrez, despistado y engañado sobre la verdadera profesión de su progenitor, no chirría, especialmente porque uno tiene la sensación de que no es un parche para meter una trama romántica con el personaje de Alexandra Jiménez, sino que dan ritmo, buenos diálogos y una cosa diferente que acompaña al veterano agente, cansado de que ya no se puede fumar como antes (incluso otro icono como Lucky Luke se vio obligado a sustituir su tabaco por otros hábitos más saludables). 



Y, aquí está nuevamente el acierto, respetar lo que había antes. Las entradas secretas (un gran gag que Vázquez manejaba muy bien e Ibáñez supo llevar al máximo exponente con ciertos trabajadores de la TIA), el jefe (su presencia es escasa en metraje, compensada por tener a un actor de la talla de Emilio Gutiérrez Caba para encarnarlo), los bingos (verdadero vicio del creador de Anacleto, hasta el punto de que se rió de sí mismo en una monografía que dedicó a dicho juego)...


Suficientes ingredientes en las pantallas de los cines para recordar este domingo, un momento tan bueno como cualquier otro, al inefable de Ancleto quien, como bien se jactaba con aire de auto-suficiencia, nunca fallaba. Si en El gran Vázquez, una animación visitaba al dibujante para animarle con las tramas y sugerirle nuevos y absurdos inventos (una cámara-botijo, tremendamente práctica para no levantar sospechas), es bonito pensar que ahora la versión "malvada" de Vázquez devuelve el favor a uno de sus hijos más afamados. 



Para los interesados en el tema, no pueden prescindir de la lectura de un detallado libro coral sobre diferentes aspectos de este artista (VARGAS, J. J. (coord.), El gran Vázquez: Coge el dinero y corre, Dolmen Editorial, Barcelona, 2011) o la biografía que le brindó Antoni Guiral (GUIRAL, A., By Vázquez: 80 años del nacimiento de un mito, Ediciones B, Barcelona, 2010). 



Les animo a que se dejen caer por la cartelera o, cuanto menos, a abrir alguna de esas viejas historias de un tebeo que bien vale una re-visitación.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://navarrobadia.blogspot.com.es/2014/11/anacleto-de-vazquez-en-alegres.html



http://www.hola.com/noticias-de-actualidad/20-04-2015/115037



http://hoycinema.abc.es/noticias/20140708/abci-anacleto-agente-secreto-rodaje-201407072033.html

domingo, 13 de septiembre de 2015

ROCK AND ROLL STAR: GERMÁN EL MONO BURGOS


CORONEL THURSDAY: ¿Cómo sabe que no eran apaches? 


CAPITÁN YORK: Con todos los respetos, señor, si los ha visto, es que no eran apaches. 


-Fort Apache (1948). Director: John Ford. Guión: Frank S. Nugent.



El arquero tiene un punto de genialidad y otro de locura. En verdad, como decía el capitán Jack Sparrow, resulta sorprendente la cantidad de veces que esos dos términos confluyen. Dentro del universo futbolístico, no es frecuente encontrar personalidades como Germán el Mono Burgos, un portero heterodoxo, fiel seguidor de la escuela de Hugo Orlando Gatti, ese tipo de guardameta que se especializa en fabricar América Latina. Hoy, en el blog hablamos de su biografía, Insoportablemente yo, escrito a media con María Udaberri. Pero, ojo, no hablamos solamente de darle patadas a un balón o de atajarlo, ni mucho menos. 



Lo que atrae de Burgos, más allá de quien pudiera verlo defendiendo, entre otros grandes clubes, las redes de River Plate o el Atlético de Madrid, es su personalidad. El Mono, como le apodaban, es una rock and roll star, alguien que mira la vida con su propio prisma. Sus problemas de salud, serios y graves debido a un cáncer, no minaron la moral de un transatlántico. Quienes hoy pueden verlo como el Maharbal de ese Aníbal Barca de los banquillos que es Diego Pablo Simeone, saben que Germán va al frente con una cucharilla, un tipo de carácter, pero con el sentido del humor a prueba de bomba. Y unir carácter con la carcajada es una combinación explosiva y difícil de resistir.



Eso se refleja en la pequeña cita escogida que introduce cada uno de los capítulos. A veces, Udaberri y él eligen a clásicos del humor como Groucho Marx, otras, emplean al Mowgli de Kippling para explicar cómo la selva del pasto se incrustó en el protagonista. La brevedad de los mismos ayuda a agilizar un librito de lectura amena, perfecto para pequeños trayectos o tener en la cabecera de la cama, sin más pretensiones que ayudar a comprender una serie de vivencias de un deportista y músico en una época donde la fama lo desorbita todo.     


No todo el mundo puede presumir de haber parado un penalti por la cara (o, mejor dicho, la nariz) en un escenario de la talla del Santiago Bernabéu. Aquello ocurrió en los años donde lo dirigía su admirado maestro Luis Aragonés (a quien dedica emotivos pasajes, solamente comparables a los que brinda a Marcelo Bielsa y Timoteo Griguol), con quien convivió en Palma de Mallorca y esa ribera del Calderón que lo adoptó para siempre, hasta el punto de que los geniales publicistas colchoneros utilizaron su rostro de apache para un memorable spot que festejaba el regreso de los rojiblancos a la primera división española. 



"Chilavert se comió a muchos, pero conmigo no pudo", recordará en esta biografía donde hay tiempo para hablar de las derrotas. Hace referencia allí al mítico golazo que el portero paraguayo le coló de área a área. Un momento de gloria para uno y terrible para la víctima, inmortalizado en multitud de programas de zapping. Sin embargo, ese instante resultaría su fuente de inspiración para su etapa dorada en River. Victoria, derrota y empate. Hay que pasar por las tres fases y tratar de no ser demasiado boludo en cada una de ellas. 



En definitiva, un rico mosaico de anécdotas como suelen saber contar con labia los argentinos para estas lides, rindiéndose tributo a maestros como su admirado Joaquín Sabina. Se nota en ello la buena mano y la prosa de Udaberri, vencedora del IX Premio de Novela Francisco Umbral, entre otras exitosas incursiones de esta autora en el campo literario. Su presencia le da pausa a las tentaciones apresuradas de Burgos, quien, como su admirado Higuita, siempre está deseoso de salir debajo de los tres palos. 



Vivencias. Muchas vivencias, algunas en el Monumental con príncipes como Enzo Francescoli. No menos historias dentro de historias en campos de arena donde te raspas las rodillas que son el verdadero vehículo que te llama a jugar con la selección absoluta de tu país. Instantes también para rendir pleitesía a sus ídolos, especialmente al dorsal 10 de la celeste y blanca, ese dios mortal que engorda, adelgaza y fuma habanos. Piropos que Maradona ha correspondido al afirmar que, sin restar méritos a Diego Pablo como entrenador, no se puede olvidar que tiene un "fenómeno" al lado como el antiguo guardameta de River. 



En estos tiempos que corren, empieza a surgir la necesidad de una re-edición ampliada o, mejor aún, un nuevo libro que recorra esos años mágicos que han vuelto a poner a los indios rojiblancos del Manzanares en el ojo del huracán. Uno donde se hable de cómo el Mono se unió al Profe y al Cholo para formar un triunvirato albiceleste tan heterodoxo como eficaz. 



Del vial del Ferro Carril Oeste, duelos en OK Corral en la mesa de operaciones y micrófono en mano para cantar a su manera. Un capo que muchos entrenadores de postín quisieran tener el lujo de tener como segundo. Insoportablemente él, estos arqueros siempre han tenido un poco de loco... y mucho de genios. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://pasionmonumental.com/riverplate/2012/04/16/%C2%A1feliz-cumpleanos-mono-burgos/



http://guardianesdelinfierno.blogspot.com.es/2013/07/a-ritmo-de-rock-german-burgos.html



ENLACES DE INTERÉS:



http://guardianesdelinfierno.blogspot.com.es/2013/07/a-ritmo-de-rock-german-burgos.html



https://www.youtube.com/watch?v=ElY9lFa9_N8

domingo, 6 de septiembre de 2015

EL SECRETO DE LA VEJEZ



Decía Gabriel García Márquez que el hacerse mayor no tenía más secretos que ir comprendiendo que debíamos realizar un pacto honesto con nuestra propia soledad. Una frase simple y que, como tantas otras del gran Gabo, esconde muchos misterios. El salto al vacío que va exigiendo la desaparición de nuestros amigos, familiares y rostros que nos eran conocidos y queridos no es apto para cardíacos. Tal es la apuesta de Bill Condon en esta revisión de Sherlock Holmes, el mítico detective; más que contar un crimen y su ingeniosa resolución (que también), usa al sabueso de Baker Street para un film maduro, sereno y con ese punto de lentitud que, a veces, tienen las grandes cosas. 



Tras una re-actualización de la genial creación de de A. Conan Doyle (series de televisión que han trasladado al buen detective y a su inseparable Watson al presente, la comiquera y divertida versión de Guy Ritchie...), Mr. Holmes (2015) está destinada al público que ha consumido con fruición las novelas y que van a encontrar aquí al Sherlock de corte más clásico. Ian McKellen nos regala todo su oficio para interpretar al mito, dándole los achaques propios de la edad y una humanidad de senectud que no impide en ningún momento que bajo esa apariencia no sigamos intuyendo al sagaz observador de la naturaleza humana. 



Auto-exiliado en una granja de Sussex, Holmes ya pasa de los 93 años, hace mucho tiempo que no usa sus habilidades para resolver casos y parece contentarse con la cría de abejas. Sin embargo, la siempre traicionera memoria va arrojando sobre su mente instantáneas de algunos problemas aún pendientes, si bien no será tarea sencilla reconstruir los hechos. Sea advertido el espectador de que ese tempo de beatus ille y de alejamiento del mundanal ruido marca también el ritmo de la película, que no se esperen giros inesperados de cámara o fuerte elipsis. Todo tiene su momentos y esta historia requiere disfrutar del paisaje, no es un viaje apresurado.  



Condon se adentra en el crepúsculo de la leyenda, privándole de algunos iconos del imaginario popular para hacerlo todo más humano e intimista. Ni Mycroft, Moriarty, Irened Adler o el mismísimo Watson estarán presentes, si bien se homenajea la propia auto-consciencia de Sherlock de mito de su odiada ficción cuando viaja a un cine para ver una adaptación dramática de uno de sus casos. Debe elogiarse a Mitch Cullin y Jeffrey Hatcher por la madurez que desprenden los diálogos y la inteligencia con la que tratan al espectador, dándole tiempo para rellenar sus huecos, sin apresuramientos. 



Ahora, una nueva ama de llaves (magníficamente interpretada por Laura Kinney) hace las labores de administradora del hogar y de enfermera, al estilo del papel que había tenido la señora Hudson y el doctor Watson en uno, añadiendo a su hijo Roger, un avispado muchacho que pronto suscitará la atención del anciano, necesitado de mentes perspicaces con las que interactuar y dialogar. Como se puede ver, nada que sea especial, más próximo a un agradable paseo en el parque que a un viaje en ferrocarril de alta velocidad.  



Alberto Luchini hablaba en su reciente reseña sobre este mismo film de la melancolía como uno de los sustantivos clave para entender de qué versa este relato. Hasta el punto de que, modestamente, creo que esa nostalgia que inunda todo es lo que realmente pretendía Billy Wilder cuando abordó La vida privada de Sherlock Holmes, uno de los proyectos más ambiciosos e inteligentes del mítico cineasta, si bien, la película fue algo inconcluso y descompensado. Y es que Holmes, pese a seguir siendo una de las citas de taquilla más seguras, puede atragantarse a los más hábiles. 



La mano de Condon es sumamente firme a la hora de hacer navegar este viejo pero sólido galeón, capaz de exhibir muchas de las virtudes que estaban ya presentes en las novelas de Holmes. Algunos acusarán a este film de no tener punch, de faltarle un poquito del alma. De cualquier modo, se puede argumentar que sí que la posee, simplemente, la tiene contenida, bajo una capa de respetabilidad y cansancio, aunque no lo parezca, Sherlock saldrá transformado de esta inmersión en sus recuerdos y el desgaste al que somete la vida, donde admite que, a fin de cuentas, no puede resolver 



McKellen, tras este ejercicio, vuelve a confirmarnos que resultará eficaz como profesor de Oxford, el temible y carismático Magneto o el sagaz perseguidor de criminales en una Londres gris y otoñal. No podía existir mejor protagonista posible para esta visión, siendo aceptado por el público como el detective desde su primera secuencia. 



Nunca es tarde para honrar a viejos dioses. 



Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una
de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte
y la siesta son otras. También es nuestra suerte
convalecer en un jardín o mirar la luna.
BORGES

FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://fannycornforth.blogspot.com.es/2015/06/review-mr-holmes.html



http://www.dailymotion.com/video/x2kvaea


ENLACES DE INTERÉS:



EL OCASO DEL DETECTIVE



BLOG SHERLOCK HOLMES Y SU MUNDO