domingo, 17 de febrero de 2019

EL ESCÁNDALO DEL SIGLO


Cuando uno de nuestros autores/as favoritos fallece, sentimos que nos falta algo. Por supuesto, podemos releer sus mejores trabajos, aunque con la incómoda sensación de que ya no volveremos a ver nada nuevo de su pluma. Por ello, felices hallazgos de archivos perdidos alimentan el amigable espejismo de que no se nos han ido del todo, pudiendo pasar las páginas recuperadas con la sensación de tesoro rescatado de las aguas sumergidas. El escándalo del siglo es una reciente reconstrucción de las crónicas periodísticas de uno de los mejores escritores del siglo XX, Gabriel García Márquez, máximo exponente del género llamado el realismo mágico



Jon Lee Anderson exhibe en su prólogo conocer muy bien la trayectoria en prensa del artista colombiano. Provocador en sus declaraciones, el Gabo siempre restó importancia a su formación literaria, llegando a afirmar incluso que se sentía sobre todo periodista antes que cualquier otra cosa. Distinguió a ese oficio con el título de profesión más bella del mundo. Pero esta recolección de sus mejores crónicas también pondría en tela de juicio la aseveración. 



Basta rememorar Diario de un naufrago para ver que incluso en los relatos más documentados siempre se veía tentado de colocar el mayor lirismo posible. Contador de cuentos por vocación, García Márquez se deja llevar por la fábula en la realidad, a la cual acusa de ser inverosímil. Fiel a ello, coge las noticias más verdaderas para mostrarlas bajo su prisma de gran prestidigitador. 


Dos de las mejores piezas vienen de su estancia en Roma. Una increíble crónica que mezcla al Santo Padre y el misterio de una muchacha fallecida en extrañas circunstancias, así como el relato de Wilma, joven romana, el cual se lee sin aliento y dejando un rastro de misterio entre sí que habría firmado Agatha Christie sin ningún problema. 



También hay pasajes para la polémica. De todo el mundo es sabido de la relación personal entre el premio Nobel de literatura y Fidel Castro; incluso ante las cuestiones más controvertidas del régimen cubano mostró una actitud de simpatía por la causa que le granjeó no pocos problemas con amistades como el también escritor Vargas Llosa, con quien vivió una relación de amor-odio que no se saldó en reconciliación precisamente. 



Pero independientemente de cualquier ideología política, a una obra hay que juzgarla por su calidad, se discrepe luego de ella o no. Y en el caso de García Márquez siempre es una experiencia única, alguien capaz de llevar a su audiencia justo por los recovecos de Macondo que él pretenda. De hecho, se observa cómo ya empezaban a surgir ideas en su mente como los Buendía, los primeros bocetos de la que sería su gran obra maestra: Cien años de soledad


París fue asimismo otra de sus cunas. Una mini-colonia latina donde el talento era moneda común. El forastero colombiano vivió con pocos recursos en una casa de las llamadas en la época de mala nota, probablemente fuente de inspiración para denunciar la trata de blancas que incluso en la sofisticada Ciudad de las Luces se daba con frecuencia. En aquellos días, a pocos metros se podía parar a saludar a Hemingway o tomar un café con su compadre Plinio Apuleyo Mendoza. 



La antología presentada en esta bonita edición nos lleva a volver a disfrutar de la tensión narrativa de un genio que casi siempre jugaba al despiste. También agradan ver las imperfecciones del arranque (ni siquiera los más grandes nacen enseñados), como todavía al comenzar su andadura por Bogotá no sacaba partido de sus puntos más fuertes. O los juegos de disertar sobre lo fácil de encontrar una noticia cuando hace una columna donde no habla de nada. 



"Escribo para que me quieran más mis amigos", dijo una ocasión. Y gracias a su escritura logró tener muchas generaciones de amistades que ni siquiera lo conocieron en persona. El escándalo del siglo nos permite volver a recordar lo buenísimo que fue el Gabo, tanto de periodista como escritor. ¿O acaso no serían ambas profesiones primas-hermanas entre sí? 



BIBLIOGRAFÍA:



- PERA, C., Gabriel García Marquez: El escándalo del siglo, Random House, Barcelona, 2018.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.amazon.es/esc%C3%A1ndalo-siglo-Literatura-Random-House/dp/8439734867



https://www.revistavanityfair.es/la-revista/articulos/gabriel-garcia-marquez-cien-anos-de-soledad-historia/29572



https://elsilenciodeulises.wordpress.com/2017/06/14/garcia-marquez-en-paris/

domingo, 10 de febrero de 2019

EL HOMBRE QUE MATÓ A DON QUIJOTE


Partía como una película maldita. Terry Gilliam acumulaba décadas alrededor de un proyecto que había podido hasta con los más grandes, incluyendo luminarias como Orson Welles. Don Quijote de la Mancha, la mítica creación de Miguel de Cervantes, nunca ha sido presa fácil para la adaptación cinematográfica. El ingenioso hidalgo permanecía esquivo al celuloide, probablemente porque esta obra maestra literaria se mueve mal en otras aguas, incómoda al verse alejada de su hogar de origen: las páginas escritas. 



Su estreno el pasado año ya venía con la suficiente expectativa para decepcionar a propios y extraños. Molida a palos como cierta pareja de aventureros que salieron de un lugar de cuyo nombre no queremos acordarnos para deshacer entuertos, El hombre que mató a don Quijote se planta como una cinta valiente, original y arriesgada. Todo comienza con Toby (estupendo Adam Driver), un director artístico que ha derivado en el pragmático mundo de la publicidad, quien retorna a España para reencontrarse con ecos de su pasado. 



El Quijote siempre ha sido una cuestión delicada. Un libro de obligado alquiler en la estantería, si bien árido y misterioso en ocasiones. Pese a su importancia, es un error pretenderlo como lectura inicial, puesto que se trata más bien de un final de camino, la última etapa del viaje. Sus códigos exigen una pausa y calma que cuesta en el estilo de vida que llevamos hoy en día. Gilliam y Tony Grisoni adaptan con audacia el texto para intentar respetar el alma de la novela e intentar hacer una fábula inspirada en ella, conscientes de que la mera copia solamente afearía el punto de partida. 


El film es una práctica de metaficción constante. Toby se reencontrará con un antiguo actor amateur a quien él mismo escogió para hacer de don Quijote, debido a su singular físico. Su intérprete es Jonathan Pryce, estampa sobria y elegante para hacer de este álter ego cervantino, un humilde y sencillo zapatero que quedó presa del personaje de ficción tras meterse en su piel. Como ocurre en las dos partes de la novela, ambos irán conformando una peculiar pareja donde se irán contagiando su locura-cordura de formas inesperadas. 



Un reparto escogido con mucho mimo les acompaña. Estrellas internacionales de la talla de Stellan Skarsgard u Olga Kurylenko se combinan con excelentes aportaciones nacionales (destacando Rossy de Palma, Jordi Mollà y Óscar Jaenada), creando una atmósfera que divide con rapidez a la audiencia. En El hombre que mató a don Quijote hay que meterse en el juego con rapidez o salir de él, no existiendo la opción de la indiferencia, todo resulta extremo en su estilo onírico, con una delicada fotografía y la clásica eficacia musical de Roque Baños. 



Pudiendo criticarse cuestiones del accidentad montaje y cambios que ha sufrido este proyecto a lo largo de su ejecución, no parecen adecuados los reproches de que no es fiel al espíritu original. De hecho, como bien apuntalaba el crítico mexicano Luis Miguel Cruz, sin ser imprescindible haber leído al completo el corpus cervantino, sí que es una pieza que va a exigir que su audiencia esté familiarizada con los hitos literarios a los que alude sutilmente. De hecho, se aleja de algunas versiones hollywoodiense para aproximarse más a esa ruptura que se producía entre la primera y segunda parte del texto original.


Conforme avanza el metraje, comprendemos que Alonso y Sancho no van a estar solos. En realidad, nunca lo han estado. Pocos personajes en la literatura han salido menos que Dulcinea, sin embargo, cuántos protagonistas se cambiarían por haber tenido la trascendencia de la dama del Toboso, un fantasma que rige omnipotente e invisible en cada acción del mítico Quijote. Gilliam escoge a Joana Ribeiro para ese papel, siendo una joven a quien Toby dio un pequeño papel en su film, además de hacerla soñar con un futuro mejor lejos de su pequeño pueblo. De esa ilusión llegó una cruda realidad que la hizo albergar sentimientos encontrados por el cineasta.



El estilo de su vestuario y composición de escena no podría ser más barroco, teniendo siempre la sensación de que nos movemos en la difusa frontera entre la pesadilla y el sueño. No todo encaja y faltarán cosas, pero sí que se transmite la pasión por el tema de un director con ganas de divertirse con uno de los trabajos pendientes que siempre había tenido. Y eso se nota en la evolución de los arcos de personajes, siendo el crecimiento de Ribeiro en pantalla una de las más claras, fundiendo en sí misma muchas de las almas de los personajes femeninos del período en una.



Gustará más, gustará menos. Pero no podemos quitarle el mérito a Gilliam de salir valeroso a un reto grande sin miedo a ser molido a palos. Y eso, al igual que sucedía con cierto ingenioso hidalgo, siempre ha merecido y merecerá un respeto.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://www.estiloysalud.es/noticia/4993/estrenos/el-hombre-que-mato-a-don-quijote.html



https://www.estiloysalud.es/noticia/4993/estrenos/el-hombre-que-mato-a-don-quijote.html



https://www.filmaffinity.com/es/film806256.html

domingo, 3 de febrero de 2019

CICATRICES


Heridas abiertas es una serie realizada a flor de piel. Recurre a las viejas fórmulas de televisión en un tiempo de sucesión de temporadas y universos fantásticos. Aquí se trata de una mini-serie directa y auto-conclusiva que coge sin rubor la fórmula de los mejores culebrones y folletines. Basada en la novela de Gillian Flynn, la trama se centra en el regreso de una periodista, Camille, a Wind Gap (Missouri) para cubrir un extraño crimen. 



La elegida para encarnar a la protagonista es nada menos que Amy Adams (La llamada, La gran estafa americana, etc.), una de las mejores actrices de los últimos tiempos, verdadero cheque al portador para garantizar la seriedad del asunto. Desde el primer momento, Adams se mete en la atribulada piel de un personaje complejo que tiene un pasado en su cuna de origen que en nada desmerecería a una habitante de Twin Peaks. Y es que volver a casa le recordará la tensa relación que siempre ha mantenido con su madre, Adora, de quien se distanció, volcándose la segunda en la hermana pequeña de Camille. 



Una veterana de lujo como Patricia Clarkson (Frasier, Si la cosa funciona, The party, etc.) sirve para dar la adecuada réplica a Adams. Una relación materno-filial neurótica y enfermiza que atrapa desde el primer instante. El resto del casting está perfectamente escogido para la ocasión, con personajes carismáticos aunque salgan en apenas un par de escenas.


En una época donde casi se impone que hay que ver 48 horas prescindibles porque a partir de la séptima temporada la serie mejora, los ocho capítulos de la auto-conclusiva Heridas abiertas son un alivio de luto digno de agradecerse. Jean Marc Vallee, quien dirigió con mano maestra Big little lies (La verdad sobre la perfección), vuelve a ponerse detrás de las cámaras para narrar con la difícil sencillez de los buenos artesanos una historia familiar con muchos cadáveres debajo de la alfombra.



Como se podía esperar, Amy Adams lleva a su protagonista justo donde la trama la necesita, brindando una interpretación complicada, arriesgada y plagada de matices. Está muy bien rodeada y tiene secundarios lo suficientemente interesantes y carismáticos para darle merecidas pausas en su despliegue, mientras que vemos que la atmósfera del pueblo amenaza con engullirla. Solamente otro foráneo, el detective Richard Willis (Chris Messina), parece permitirle un respiro.



Pero ningún alto en el camino parece esconder la verdadera reflexión de este intenso trago que es Heridas abiertas: un viaje a la auto-destrucción. Eliza Scanlen encarna a la hermana pequeña de Camille, una especie de versión juvenil de sus antiguos errores que intenta que ella no repita. Entre madre e hija mayor se producirá un pulso por intentar arrebatar a la otra la influencia sobre alguien que estaba más próxima de lo que parecía a las víctimas. El triunvirato Scanlen, Adams y Clarkson tiene tanta química que nos creemos sin problema que son familia de verdad.


Con la duración justa y necesaria para contar lo que pretende, la atmósfera del programa deja momentos realmente inquietantes. Hay muchas sorpresas en la caja de Pandora, debiendo recomendarse que no apaguen hasta el final, porque hasta el último minuto hay sorpresas macabras en un puzzle plagado de sombras.



Incluso una inocente caja de muñecas se convierte en algo inquietante a través de una fotografía cuidada y todo el ornamento que sabe ponerle HBO a las cosas. Pero, además, aquí hay simplicidad, un inicio, nudo y desenlace que deja un regusto exquisito. Hay cicatrices que parecen cerradas solamente para explotar con más fuerza al siguiente instante.



Toca todo sin decir nada en muchas ocasiones (bullying, el pasado esclavista de la localidad, el abuso, los machismos adolescentes, la manipulación familiar, etc.), dejándonos un montón de preguntas y muy pocas respuestas. Tal vez precisamente por eso sea un regalo envenenado tan bien envuelto y de obligatoria abertura. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://cinemania.elmundo.es/serie/heridas-abiertas-la-true-detective-femenina-que-nunca-tuvimos/



https://www.rockandpop.cl/2018/04/del-director-de-big-little-lies-llega-sharp-objects-la-nueva-mini-serie-de-terror-y-suspenso-de-hbo/



https://www.slashfilm.com/sharp-objects-trailer-2/

domingo, 27 de enero de 2019

LA IGNORANCIA ILUSTRADA


En una época donde se exige la innovación constante televisiva, este show supone la vuelta al oficio más artesanal. El gran recurso en Ilustres ignorantes siempre es la charla, la conversación que termina derivando en lo divino y humano. Siempre en clave de chanza, sin miedo a que la broma sea demasiado rebuscada o increíblemente soez. Javier Coronas, Javier Cansado y Pepe Colubi confían lo suficientemente en sí mismos y en la capacidad de las personas de su tertulia para seguir su hilo cuando la cosa se desmande. 



Debutando en el Cartuja Center de Sevilla, los tres artistas acudieron de gira, alejados de la tradicional mesa de sus debates para pasar a taburetes y un improvisado Gin Tonic para aclarar ideas. Como siempre, contaron con invitado, en este caso, nada menos que Raúl Cimas, actor y humorista que se mueve sin necesidad de intérprete en la genial locura que supone este espacio. 



Durante más de una hora y media se fueron dando distintos giros de tuerca, acompañados de equilibrados monólogos para permitir el lucimiento de cada integrante de la Tetrarquía. Quienes conozcan el programa ya sabrán que lo mismo se habla de fantasmas que de filosofía clásica, pasando por la cárcel y llegando a (tema de rabiosa actualidad) la cuestión del límite de los chistes. 


En la España de Miguel Ángel Revilla y En tu casa o en la mía, probablemente esta demencia cómica sea justo lo que indicaba el recetario ante la invasión de lo políticamente correcto. Coronas y su banda no hacen prisioneros propios ni ajenos, mostrando ayer el juego que puede dar incluso debatir sobre los supermercados y el significado que tienen en nuestra existencia. 



Javier Cansado da su experiencia bajo los tablados, una que domina desde los días en que actuaba conjuntamente a Faemino, con un tono socarrón en el que se desenvuelve como pez en el agua. Su complicidad con gente como Coronas es total y exhibe olfato fino para adaptarse al marco de la ciudad donde está actuando (mención a la Puerta de la Carne hispalense). 



Por su lado, Pepe Colubi confirma en este inicio de la séptima temporada que sigue siendo una de las voces más destroyer del panorama actual, alternando una cabeza muy bien amueblada para el humor con un gusto para la escatología digna de Torrente. Igual que sucedió con La vida moderna en su visita al Cartuja Center, la frescura del directo y que no se permitiese la grabación provoca que estos artistas tiendan a desinhibirse (todavía) más de lo habitual. 


Como de costumbre, el objetivo es encontrar delirantes respuestas para las preguntas trascendentales (o absurdas) que nos rondan la cabeza. Ya decía Álex de la Iglesia (no en vano invitado en uno de los programas) que la risa es el lenguaje de los dioses. La búsqueda de la carcajada a cualquier precio, incluyendo las anécdota heavy de Colubi o la capacidad de Coronas de hablar de memorias infamantes de su propia persona.



Descubrimos también un poco del futuro que nos depara como país, con especial mención al alzamiento, unicornio mediante, que tendrá lugar en 2023. Una pausa justa y necesaria, salpicada de besos negros y otras irreverencias de estos modernos bufones con licencia a poder decir lo que se piensa de todo, incluyendo testas coronadas. 



La ignorancia ilustrada tomó el escenario durante toda la velada. Lejos de pedir perdón, se hizo un selfie después de perpetrar su fechoría.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Cartuja Center, sesión del 26 de enero de 2019 de Ilustres ignorantes [Fotografía realizada por el autor del blog].



- Cartuja Center, final de la sesión del 26 de enero de 2019 de Ilustres ignorantes [Fotografía realizada por el autor del blog].



- Cartuja Center, escenario de la sesión del 26 de enero de 2019 de Ilustres ignorantes [Fotografía realizada por el autor del blog]. 

domingo, 20 de enero de 2019

ROJO


Es la primera vez que se representa en los escenarios españoles. John Logan firmó en escarlata una representación teatral que ponía en tela de juicio muchos de los fundamentos del arte. Juan Echanove aceptó el reto del texto del avezado guionista y se ocupa de dirigir una pieza de la que además es protagonista como Mark Rothko, un pintor de gran fama durante el expresionismo abstracto que ahora se encuentra en el crepúsculo de su carrera. 



La biografía de Rothko se enmarca en dos tránsitos. En su juventud se benefició del auge del nuevo movimiento, además de golpear de forma despiadada al cubismo que incluía a luminarias como Picasso. Al comienzo de Rojo, el artista siente que ahora le está pasando a la inversa, puesto que ha llegado una generación Pop Art que le hace sentir como el último dinosaurio pincel en mano, encerrado en su taller y ajeno a todo. 



Solamente tiene un vínculo verdadero con la realidad a pie de calle en New York. Y no es otro que un joven discípulo a quien acepta a regañadientes, más como botones improvisado para sus recados que con propósito didáctico. Ricardo Gómez da vida al aspirante a artista, teniendo una relación bastante parecida a la que podemos apreciar en películas actuales como Mi obra maestra (reseña película).


Gómez y Echanove han estado ya en muchas guerras juntos. Por eso encajan tan bien en los distintos actos que se va sucediendo, estando siempre como telón de fondo los cuadros que el reputado artista está haciendo para decorar el restaurante Four Seasons, un elitista lugar que choca con sus principios, aunque la paga es muy generosa y, en cierto sentido, halaga su vanidad en unos momentos donde el veterano está necesitado de ella. 



Como era de esperar, entre maestro y discípulo irán surgiendo tensiones, especialmente por el fuerte carácter del primero. Alejandro Andújar diseña un escenario simple y eficaz, puesto que todo tiene lugar en el taller de Rothko, una especie de submarino o búnker que intenta permanecer ajeno a la modernidad. 



También hay un cuidado especial por la iluminación de la mano de Juan Gómez Cornejo. Y es que la luz tiene mucho que decir en esta historia, algo que sabían Caravaggio y Miguel Ángel, entre otros ídolos a los que Rothko intenta emular, puesto que su conciencia de artista le va obligando a convertir ese encargo alimenticio en algo más. 


La coordinación que logran Echanove y Gómez es fundamental para hacer creíble algo tan privado e íntimo como el proceso de creación artística. Nos abren la mirilla para ver el taller de Rothko, las frustraciones y la inspiración que conviven en el día a día de un alma atormentada, a la par que su aprendiz nos permite conocerle mejor en la faceta más oculta, la personal. 



Naturalmente, la música es otra pieza del rompecabezas que es decisiva, a través del viejo tocadiscos que el artista guarda celosamente sin permitir a su ayudante poner lo que a él le gusta. Gerardo Vera hace una selección muy aguda que va desde el clasicismo hasta el jazz que en aquella época empezaba a sonar con fuerza. 



Una obra cargada de diálogos y diatribas, un cóctel intelectual poderoso que, por fortuna, viene acompañada de la sensación de camaradería que dejan estos dos actores, generosos el uno con el otro, dando un toque de emotividad que era justo y necesario en este recorrido por la Historia del Arte. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Gran Teatro de Córdoba, Rojo, función del 19 de enero de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Portada programa Rojo, función del 19 de enero de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog]



Gran Teatro de Córdoba, Rojo, función del 19 de enero de 2019 [Fotografía realizada por el autor del blog] 

domingo, 13 de enero de 2019

LA CRUZADA DE LOS NIÑOS


Las Cruzadas siempre fueron un asunto turbio. Cualquier guerra por fe lo es. No obstante, dentro de las expediciones organizadas a Tierra Santa durante la Edad Media, una tiene más sombras que que las demás: la Cruzada de los Niños. Un suceso extraño que llevó a centenares de jóvenes en europeos a embarcarse con el propósito de ayudar a su religión a ganar a fuerza de su fe. De cualquier modo, el destino de aquel cuerpo de voluntarios no sería otro que la venta como esclavos en puertos como Alejandría. Todavía hoy la historiografía debate sobre qué fue verdaderamente aquello, pero ese título sirve incluso hoy como metáfora de aprovechar la inocencia con fines perversos. 



Con esa referencia histórica en mente titula Allan Heinberg un proyecto muy ambicioso para Marvel: Jóvenes Vengadores: La Cruzada de los Niños, una saga que vincularía a los protagonistas con grupos como la Patrulla X, los Vengadores y con pesos pesados como Víctor Von Muerto o Magneto. El dibujante no sería otro que Jim Cheung, uno de los narradores gráficos más solventes de los últimos tiempos. 



Heinberg, con una amplia experiencia como guionista televisivo, había encontrado con los Jóvenes Vengadores un proyecto que fue un soplo de aire fresco tras los dramáticos acontecimientos de Desunidos, el ambicioso proyecto de Brian Michael Bendis donde dejó por un breve lapso de tiempo al universo Marvel sin la agrupación superheroica más poderosa. Un vacío que fue ocupado por una nueva camada desconocida (pero con más vínculos de los que parecían con el grupo original) que intentaban mantener la llama (Wiccan, una nueva Ojo de Halcón, Hulking, Patriota, Iron Lad, etc.). 


La mini-serie tiene como punto de arranque las dudas de dos muchachos: Wiccan y Veloz, quienes empiezan a sospechar (además de ser inducidos a ello) que su verdadera madre no es otra que Wanda Maximoff, más conocida como la Bruja Escarlata. La más poderosa hechicera mutante que había sido pieza central de la etapa de Bendis en Los Vengadores, especialmente en Dinastía de M, donde nuevamente quedaba claro que era uno de los personajes con más capacidad para alterar el delicado tejido espacio-tiempo de la Casa de las Ideas. 



Una búsqueda que les llevará por algunos de los rincones más míticos de este marco de ficción, con especial mención a Wundagore. No obstante, el previsible plato fuerte conforme avanzan las páginas es la proximidad que las pesquisas sobre su paradero empiezan a conectar fuertemente a Wanda con el reino de Lavteria. Entre medias, la figura de Magneto comenzará a cobrar fuerza, puesto que es el único dispuesto a acompañar a los jóvenes héroes con sus propios propósitos, alarmando a las contrapartidas mayores de los Vengadores. 



Heinberg aprovecha a su dibujante estrella (también hay participaciones estelares como la de Alan Davis u Olivier Coipel) para hacer muchos guiños al pasado más reciente de la franquicia, incluyendo también a décadas anteriores (en especial Secret Wars). Con buen ritmo y choques generacionales, se trata de una aventura auto-conclusiva que surgió en un 2010 donde se demandaba que Heinberg  y Cheung volviera a contar algo de este grupo juvenil plagado de confusas paradojas temporales. 

Todo redunda en un cóctel donde es casi misión imposible que hay equilibrio de personajes, puesto que pasan muchos rostros y se suceden las típicas batallas entre grupos del género. De cualquier forma, el argumento sabe pulsar las teclas precisas para mantener siempre nuestra atención e intentar aclarar algunas (de las muchas) dudas que en aquellos años oscilaban como espada de Damocles sobre mutantes y no mutantes de Marvel. 



Las presencias de Muerte y Magneto dan empaque a la trama porque, indudablemente, son los dos villanos con más carisma de los surgidos de la fértil mente de Stan Lee y Jack Kirby. Ambos intentarán manipular a las demás voluntades en el tablero para conseguir sus propósitos, aunque ante las posturas extremas de gente como Logan o Summers, el público se verá tentado de pensar quiénes son los verdaderos fanáticos sobre la cuestión de administrar justicia sobre la Bruja Escarlata. 



Sinceramente, el regreso del equipo creativo original que ideó a los Jóvenes Vengadores tuvo un trabajo a revindicar que trajo algunos de los ingredientes predilectos de una buena epopeya marvelita. Y, por encima de todo, una Wanda Maximoff muy maltratada en aquellos días pero siempre un personaje capaz de buscar nuevas fuentes de redención.  



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domingo, 6 de enero de 2019

TODOS LOS CAMINOS


Es un relato que comienza en el Campo dei Fiori, una de las zonas romanas más animadas por su mercadillo diurno y restaurantes/terrazas para pasar una agradable noche. Es allí donde Robert Hughes (1938-2012) inicia una de las muchas anécdotas de la Ciudad Eterna que desgrana en un libro con un ambicioso recorrido, nada menos que el sendero de una capital italiana que durante siglos presumió de que todos los caminos llevaban a ella. 



Crítico de Arte de origen australiano, Hughes siempre manifestó una fuerte predilección por Roma, probablemente su ciudad fetiche. Eso se desgrana a través de la pasión con la que describe la impactante estatua de Giordano Bruno, encapuchada y osada, la misma valentía con la que predicó cuestiones que alarmaron al pensamiento medieval de su tiempo. Su enfrentamiento con el cardenal Roberto Berlamino (tan inteligente como peligroso por su fanatismo) desembocó en la quema del primero precisamente en esa plaza como describe el autor de forma magistral. 



En ese mismo rincón transalpino, a escasos metros y en esos mismos días, estaba la posada esquinada en Vicolo del Gallo, regentada por Vannozza Cattanei. Largamente criticada por la leyenda negra, debió de ser una mujer de gran inteligencia y encanto, el suficiente para mantener una larga relación con el cardenal Rodrigo Borgia, el futuro papa Alejandro VI, sabiendo siempre moverse en el intrigante Vaticano en beneficio de sus hijos/as. No es poco el aperitivo que nos sirve Hughes en el prólogo para una historia cultural plagada de referencias en un marco urbano a través de los siglos. 


Curiosamente, aunque los primeros capítulos narran bien los acontecimientos mítico-histórico que llevaron a atormentar al alumnado de Historia con la fecha del 753 a.C., quizás sean los menos sorprendentes. Trabajos de divulgación previos como los de Indro Montanelli ya han mostrado que se puede contar con erudición y simpatía la forma en que siete colinas por la región de Lacio iban a cambiar el Mare Nostrum. 



Las partes donde la pluma del australiano se eleva más son cuando se adentra el autor en el género del ensayo y nos sumerge en los vericuetos de las callejuelas de una bulliciosa Roma capaz de gobernar todo salvo a sí misma. Por ejemplo, cuando ahonda en aquella frase de Augusto, quien se jactaba de haber encontrado una ciudad de adobe y haberla transformado en mármol. Durante su juventud, ese personaje se caracterizó por eficacia y crueldad en eliminar adversarios políticos por el poder, dedicando las siguientes décadas (cuando la conquista de Egipto le garantizó grano ilimitado para las panzas romanas) a fabricar de sí mismo (con poetas, historiadores, sacerdotes bajo el compás de Mecenas) la imagen de un benevolente paterfamilias de todo un pueblo. 



Las constantes conquistas trajeron botín y esclavos griegos que sabían más que sus compradores, hasta el punto de que solían terminar convertidos en pedagogos de la prole patricia que se los podía permitir. Entre sus considerables defectos, el Imperio Romano nunca pudo ser acusado de ineficaz (su red de carreteras está allí y fueron capaces de sobrevivir al reinado de Calígula) o no exprimir el talento ajeno extranjero en su beneficio. 


Como bien refleja esta obra, en Roma lo grotesco y lo maravilloso se dan la mano con facilidad pasmosa. La Domus Aurea de Nerón fue muda testigo de muchas atrocidades y excesos de uno de los emperadores mas enloquecidos (si bien, como bien compara Hughes con el caso del incendio de Londres en el siglo XVII, no se le puede responsabilizar en justicia del accidente que llevó a la ciudad a las llamas), pero también sirvió de fuente de inspiración en sus ruinas a un artista de la talla de Rafael Sanzio. Como recuerda el crítico australiano, es complejo decidir que es más sorprendente: que el Panteón de Agripa siga en pie o que hoy en día no seamos capaces de atrevernos siquiera a construir algo parecido. 



La Edad Media no traería tranquilidad a la cuestión, como se muestra en el ecuador de este vivo análisis. El fenómeno de las reliquias y las peregrinaciones al Borgo hicieron que, mucho tiempo después de que visigidos, ostrogodos y demás hierbas hubieran desmantelado el Imperio, Roma pudiera seguir siendo uno de los ojos derechos del mundo con eventos como el jubileo del 1300. Papas como Inocencio III predicaron desde allí el fenómeno de las Cruzadas, si bien hubo otras candidatas a Ciudad Santa como Aviñón, la cual estuvo a punto de provocar que la plaza de San Pedro fuese hoy algo bien distinto. 



Pero incluso en las peores circunstancias no dejaba de existir cierto fino humor negro. El famoso barrio del Trastévere se las ingenió para mandar mensajes poco dulces al Duce Mussolini cuando el líder fascista estaba a punto de sumergir a Italia en una guerra terrible. Hughes refleja las luchas de paganos y cristianos, los excesos refinados (nunca se han hecho crímenes con tono más sofisticado) del Renacimiento y hasta llegar a nuestros días, donde no es casualidad que un director como Sorrentino titulase a su película sobre Roma como La gran belleza



Junto con el periodista Enric González y sus estupendas crónicas periodísticas, podemos afirmar que existen muchos buenos libros sobre Roma, pero pocos transmiten la pasión y predilección del recorrido que nos brinda nuestro Cicerón australiano.  



BIBLIOGRAFÍA: 



- HUGHES, R., Roma: una historia cultural, Crítica, Barcelona, 2015. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



- Portada del libro [fotografía de las cúpulas de Santa María in Montesanto y Santa María dei Miracoli, con la basílica de San Pedro al fondo. Diseño de la cubierta de Jaime Fernández]. 






- Tumba de Raffaello Sanzio en el Panteón de Agripa [fotografía del autor del blog]