miércoles, 29 de agosto de 2018

HISTORIA DE DOS CIUDADES: POMPEYA Y HERCULANO (PARTE III DE VII)


Los últimos días de Pompeya



Uno de los debates bizantinos que se originan entre las visitas a Nápoles al final del viaje es decidir si ha gustado más Pompeya o Herculano. Cuestión interesante aunque un poco absurda, puesto que es imposible disfrutar de una sin apreciar la otra. De cualquier modo, es irrebatible que existen diferencias entre ambas. La primera es un entramado complejo, los restos diezmados de un gran núcleo urbano que recibió una puñalada por parte de la erupción del Vesubio en el 79 a.C. Lo que ha quedado resulta bastante para espolear la imaginación, particularmente en el campo de la Arqueología, siendo infrecuente el año en que un nuevo hallazgo arqueológico no enriquece nuestra perspectiva sobre ese escenario que ha fomentado novelas, películas, series de televisión, etc. 



Por su lado, Herculano ejercía una función distinta. Se trataba de un lugar residencial para las familias patricias y caballeros más pudientes, un lugar donde poder alejarse del ajetreo de Roma. La ferocidad natural golpeó de una forma terrorífica a sus pescadores y gentes, impidiéndoles en muchos casos escapar a tiempo de la tragedia. El grado de conservación es tan increíble que pareciéramos haber viajado en el tiempo para encontrarnos con la estampa de aquel lugar escogido por uno de los amigos personales de Augusto para ejercer de evergeta. 



Desde Nápoles son varias las agencias que ofertan sus servicios para hacer el recorrido en un día de sendas opciones. Por supuesto, una selección de la mejor parte de cada una de ellas. Para ver Pompeya en completo detalle deberían emplearse un par de días y no es ninguna hipérbole. El nivel medio de los/as guías es francamente notable y saben transmitir e entusiasmo por aquel episodio que conmocionó a la Península Itálica. 



"Festina lente"- Augusto. 



Son paseos repletos de detalles que quizás te hallas perdido. Desde lo más refinado a lo vulgar todo se combina en las aceras pompeyanas, donde podemos apreciar que los antiguos romanos ya tenían el sistema de paso de cebra y sus propios locales de comida rápida. Asimismo, pinturas en Herculano ya dejaban claro que se servían vinos de distinta calidad para adecuarse al poder adquisitivo de marineros, comerciantes y ricos aristócratas. 



Obviamente, la litología ocupa un lugar destacado en ese recorrido, fiel reflejo de los particulares condicionantes de esta tierra de volcanes. Desafortunadamente, junto con el espíritu también hay que alimentar el cuerpo en algún momento de este recorrido, lo cual, probablemente, les obligará a recurrir a alguno de los restaurantes circundantes que, fieles seguidores de Sexto Pompeyo y sus aliados corsarios, aprovechan la posición geoestratégica de oferta y demanda para cometer verdaderos atropellos en calidad-precio. 



"Apresúrate despacio" parece sugerirnos la propia atmósfera de estos lugares. Ante tanta información es fácil perderse. Pese a los siglos transcurridos, los restos nos hablan de escasas diferencias. En Herculano podemos observar la falsa columna de mármol (en realidad, rellena de estuco) que un comerciante que quería prosperar mandó construir en su casa para, sin duda, aparentar un estatus superior con el que soñaba. De igual forma, una primitiva farmacia ya advierte de nuestros intentos de intentar un poco paliar nuestros males. 


"Ha sido posible excavar el terreno y encontrar los residuos orgánicos de las plantas. Así con el análisis del polen sabemos con precisión dónde estaban y sobre todo de qué planta se trataba"- Grete Stefani. 



Las posibilidades que siguen brindando estos destinos son increíbles. Una tienda de nudos marineros en Herculano nos advierte del sentido de oportunismo empresarial más agudo. El trasiego por Pompeya fue todavía mayor, tornándola en una bulliciosa capital donde se alternaba el refinamiento poético más agudo con espectaculares juegos de gladiadores, dioses de la sangre y la arena, cuya leyenda se nutre de mitos como el de aquella dama de la aristocracia fallecida por la erupción en las cercanías de la Escuela de un prestigioso lanista mientras portaba una suma considerable de dinero. 



En otras fechas del año lejanas al calor estival, las voces de cada guía turístico pugnan con el llamamiento de la ranas, en este caso, no la de Aristófanes. Obras del segundo eran más fáciles de encontrar en los dos teatros pompeyanos, donde una de las artes más apreciadas era la pureza del canto y donde, con certeza, hunden sus raíces las simpatías del pueblo napolitano ante los ejercicios de canto. 



Se abandonan Pompeya y Herculano con la percepción de que a nuestra nueva visita estarán algo cambiadas, habrán surgido nuevas cosas, en permanente mutación como siempre sucede con los verdaderos monumentos históricos. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 



-Estatua de centauro por Igor Mitoraj, ubicada en el centro de Pompeya [Fotografía realizada por el autor del blog]



-Cruce de calles en Pompeya [Fotografía realizada por el autor del blog]



-Precio en ases de distintos vinos en Herculano [Fotografía realizada por el autor del blog]

martes, 28 de agosto de 2018

CASTEL NUOVO (PARTE II DE VII)


"Nunca he conocido una fortaleza tan alta que no pueda llegar a ella un asno cargado de oro"- Filipo II de Macedonia. 



Durante el final de la Edad Media y el comienzo del movimiento renacentista, la condición de conquistador o conquistado pivotaba de una forma constante. Caterina Sforza, César Borgia o Gonzalo Fernández de Córdoba podrían haberse extendido mucho sobre lo cambiante de la Fortuna, capaz de aupar con la misma facilidad que enterraba una gran trayectoria. Nápoles, objeto de codiciado deseo de franceses, castellanos, húngaros, aragoneses e incursiones corsarias tuvo que acostumbrarse a seducir a sus dominadores para mantener su esencia, dejándose influenciar de la misma forma por cada una de esas fuerzas. 



De todos los monumentos, probablemente sea Castel Nuovo el que mejor ejemplifica esa versatilidad. En un principio conocida como Torreón Angevino en honor a la dinastía gala de idéntico nombre, fue testigo de constantes pulsos hasta la toma de Alfonso V de Aragón. Hombre fecundo en ardides, ideó un sistema de simbolismos para intentar asociar a su dinastía en el enclave y garantizarse un recuerdo perdurable entre sus nuevos súbditos.  Asimismo quedó prendado de la inteligente respuesta de Lucrezia al conocerle. 



Fruto de esa influencia mutua que había surgido incluso en tiempos belicosos, el nuevo soberano no dudó en asociar su figura con la de un apreciado mito de la literatura en las islas de Britania: el mismísimo rey Arturo. Leyenda fundamental en la Europa medieval y posterior, él y sus caballeros de la Mesa Cuadrada fueron el espejo en que el soberano aragonés intentó proyectar aquel nuevo castillo donde cumplió una de las máximas de todo buen secreto: debe ser puesto a simple vista de todos como algo banal. 


La Porta di Bronzo



Una de las ventajas que ofrece hoy en día la visita a Castel Nuovo es la posibilidad de visitas guiadas en pequeños grupos, adecuándose a la lengua materna de los turistas. Realmente, el nivel de las guías que pudimos disfrutar era realmente notable y es un verdadero disfrute poder ir viendo razonados de forma ilustrativa todos los simbolismos que pueblan esta fortaleza esencial en la ruta marítima de la Italia meridional. 



Por supuesto, pronto llegaron las dificultades para los aragoneses. El rey Ferrante decidió conmemorar sus éxitos frente a los barones levantiscos con una espectacular puerta de bronce cuyo original se puede admirar en el museo del castillo. Carlos VIII de Francia decidió llevárselo como propaganda del cambio de poder tras ocupar Nápoles con las poderosas tropas de artillería galas (un tránsito muy claro de la caballería feudal a la técnica bélica moderna), si bien un revés ante la flota enemiga genovesa le privó de ese éxito publicitario. 



La puerta está copada por cinco símbolos que podemos admirar asimismo en los techos de la sala del trono. Uno de los más llamativos es el libro abierto, un truco que se hace particularmente impactante en solsticio por la habilidad a la hora de jugar con los rayos solares proyectados a través de las ventanas. Nuevamente, los romances caballerescos del siglo XII fueron la gran fuente de inspiración (y plagio) más evidente por parte de los inquilinos de Castel Nuovo. 


"Mande Vuestra Señoría al Gran Capitán que se siente aquí; que a quien reyes vence con reyes merece sentarse y él es tan honrado como cualquier rey"- Leyenda atribuida al monarca francés Luis XII. 



Con unas expectativas de éxito bastante menores a las obtenidas con posterioridad, Fernando el Católico mandó a Gonzalo Fernández de Córdoba a socorrer suelo napolitano del avance francés. Segundón de una importante familiar nobiliaria cordobesa, nada hacía augurar que aquel veterano de las guerras de Granada se revelase como un genio militar a la altura de los más célebres capitanes de épocas pasadas. Logró recibir la Rosa Dorada de las manos del papa Borgia, dirigió con éxito una campaña contra la flota otomana en Cefalonia e incluso sus adversarios reconocieron su caballerosidad en la victoria. Fiel reflejo de esa época de vaivenes, no volvería a tener un mando a la altura de sus capacidades. 



En su biografía sobre el célebre montillano, un especialista en este protagonista como José Enrique Ruiz-Domènec ha destacado la influencia cortesana napolitana, especialmente de Sancha de Aragón, a la hora de refinar a aquel personaje que sirvió de metáfora perfecta de las contradicciones del Renacimiento. Historias como la suya ya bastarían para justificar al castillo, si bien bajo sus cimientos hay todavía más secretos que se remontan a la Antigüedad. 



Y no es el único enclave defensivo notable. El próximo Castel dell´Ovo desde su islote recibe la reputación entre sus conciudadanos de albergar la última esperanza de Nápoles ante invasón (y no, no es fuego valyrio), construido como el perfecto burgo marinero. Observarlos desde los distintos miradores nos aproxima a la sensación de majestuosidad. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Vistas desde el mirador desde el Hotel NH Napoli Ambassador con Castel Nuovo al fondo [Fotografía realizada por el autor de este blog]



-La Porta di Bronzo original en el Museo de Castel Nuovo [Fotografía realizada por el autor del blog]



-Entrada actual a Castel Nuovo [Fotografía realizada por el autor del blog]

lunes, 27 de agosto de 2018

NEL CUORE DI NAPOLI: EL DIEGO (PARTE I DE VII)


"Maradona es napolitano. El hecho de que haya nacido en Argentina, no significa nada. Quien ha conocido a Maradona, sabe que nació en Nápoles" - Luciano de Crescenzo. 



Sigue siendo una estampa reconocible. Un código que toda la ciudad de Nápoles reconoce. Ilustra los muros de sus barrios, la entrada de tiendas de deportes, también de pequeños comercios, y es un souvenir tan típico como una imagen de Pompeya en las tiendas para turistas. Es la camiseta más vendida con el azul celeste, ya sea la oficial o hecha por fans, portando la célebre Buitoni o celebrando aquella copa UEFA donde fue estrella de la función en 1989. Diego Armando Maradona es parte de la urbe transalpina desde su fichaje salpicado de rumores hace ya más de tres décadas.  



Nada está exonerado de la presencia del 10 argentino, incluso en el célebre camino plagado de Belenes y adornos navideños en la Via San Gregorio. Junto con otros símbolos, sirve de diagnóstico de la pasión que mueve la escuadra local. Gonzalo Higuaín pasó de aplaudido artillero en San Paolo a traidor por su movimiento hacia la Juventus de Turín, el odiado y temido rival del norte. Porque, y esta es una de las primeras trampas de este relato, durante mucho tiempo se quiso vender que El Diego había llegado como bandera del sur para abatir en el césped a los gigantes norteños (Milán, Verona, Inter, etc.). 



John Ludden, quien durante tiempo se dedicó a estudiar la trayectoria de El Pelusa en el Viejo Continente, recuerda aquel aterrizaje en 1984, el cual involucró no pocos agentes, incluyendo a la temible Camorra para lograr la adquisición de una estrella que había dejado pinceladas de genialidad en Barcelona pero también sombras. Indudablemente, Napoli y su talentoso desorden eran la decisión perfecta que, en aquellos momentos, muchas personas vieron como un paso atrás. El Pibe de Oro en un club que vivía de nostalgias del pasado con nombres como Omar Sívori, aunque alejados en potencial a los verdaderos candidatos al título. Pero hasta 1990 se vivió un matrimonio a la italiana de extraña perfección, un idilio entre jugador y afición representando algo cercano a la magia y el caos, a los vicios y las virtudes dándose la mano bajo la mirada compasiva de San Gennaro. 


"Più napoletano dei napoletani"-Claudio Botti. 



Nápoles es la capital del sur italiana. Frías estadísticas en mano, es el tercer complejo urbano en cuanto a total de habitantes. No obstante, añadiendo la variable de densidad de población, resulta ocupar la posición top. En la década de los ochenta del pasado siglo, el proceso de retroceso industrial golpeaba sin piedad su entramado económico. En ese sentido, podríamos ver al presidente Ferlaino como un moderno lanista, un Léntulo Batiato en el Coliseo de San Paolo, mientras que Maradona habría ejercido el papel de gladiador estrella para entretener a la masa. Algo de eso hay, sin duda, de cualquier modo, no es menos cierto que rara vez una estrella deportiva se ha identificado más con la causa de la camiseta celeste. 



A pesar de la abundancia de librerías napolitanas, algunas de ellas a precios excelentes, el Diego afirmó que el destino le dio una patada para hacerle pasar del barrio privado (de luz, de agua...) de Villa Fiorito para colocar en el foco principal de los medios. Con cierta humildad para la arrogancia que suele caracterizar un porcentaje significativo de sus declaraciones públicas, lamentaba que nunca halló una obra titulada Cómo se Maradona para paliar su desconocimiento de muchas cuestiones. Lástima que estuviese agotado, aunque sí supo por una notable inteligencia natural ver que tenía miles de anfitriones dispuestos a montarse en camiones para verle jugar contra el modesto Aventino. Con noches de insomnio a cuestas, las amistades más peligrosas posibles y sus propios demonios, siempre intentó recompensarles con un show único. 



Con una sensibilidad que lo alejaba del divismo que se pregonaba desde la curva y en el cancionero de los tifosi, nunca reclamó el brazalete espiritual de capitán hasta la retirada de Giuseppe Bruscolotti, "el más napolitano de los napolitanos", el forastero de estilo tosco pero que se metió en el bolsillo al mismo Vesubio por su entrega y corazón en cada acción. O en la verdadera causa terrenal para su look barbado en una época concreta de este período cual rey pirata, con la intención de ocultar los estragos que dejaban los excesos en su físico. Durante 90 minutos cada dos semanas, San Paolo al completo se convencía por el mago de que todo estaba en orden, fruto de su zurda mágica y desprecio incluido a los cantos de sirena de un hombre de negocios llamado a salpicar asimismo de escándalo la política italiana: Silvio Berlusconi, por aquel entonces Mecenas indiscutible del Milán. 


"Estábamos apretados dentro del coche de mi amigo, haciendo por superstición siempre el mismo recorrido, aparcando de cualquier manera y sintiendo el ruido del estadio desde la distancia"- Paolo Sorrentino. 



El espectro de personas aficionadas al club del Nápoles es muy heterogéneo, un abanico que pasa de una mega-estrella del celuloide tan icónica como Sophia Loren a humildes y muy esforzadas clases trabajadoras que se desloman en los muelles napolitanos, pasando por sensibles artistas como Paolo Sorrentino y llegando hasta temibles curvas de ultras, camorristas y carroñeros de los eventos deportivos para incitar violencia en el extremo. Enric González, en sus apasionantes crónicas sobre el Calcio transalpino, recordaba las anécdotas, a veces entrañables y otras escalofriantes, de cómo cada club reflejaba algunos de los contrastes y tensiones del país. 



Guido Trombetti, fiel seguidor y admirador del 10 en el césped, advertía de las incoherencias del seguimiento del ídolo a cualquier coste. Si una ciudad que ha acogido a Giotto, Maria Grazia Schiavo o Enrico Caruso depende en su estado de ánimo de lo que ocurra al intentar meter una pelota entre los tres palos, ni siquiera serviría como honesto entretenimiento ese equipo al que tanto quiere. El problema de las pasiones es dejarse arrastrar por ellas. Pocos lo han escenificado mejor que el propio Sorrentino en esa joya llamada La giovinezza (2015), donde una especie de alter ego del propio Diego aparece contado con una mezcla de realismo y ternura, parodia y admiración. 



Tampoco ganó nunca solo como algún épico romance quiso hacer creer. Tras el primo girone de su debut, tuvo que colaborar con el cuerpo técnico para mejorar la predisposición defensiva, además de usar su aura para traer a cracks hasta entonces prohibido como los brasileños Careca y Alemâo. "Todo cuanto sé, se lo debo a Diego", afirmó en una ocasión Gianfranco Zola, un pequeño prodigio nacido en Oliena a quien la estrella consagrado acogió bajo su protección cuando un sector del entorno intentó enfrentarlos. O Ferrara, un esforzado defensa que buscaba a su admirado compañero cuando la noche y le engullían, buscando compartir una pizza y convencerle de que debía volver a hacer lo que mejor sabía.  



Una historia rara, extraña y no por ello menos hermosa nel cuore di Napoli, cuyas huellas todavía se advierten en cada esquina ofrecida a las visitas curiosas. 



BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES DE INTERÉS:



-AA.VV., Napoli: La città, la squadra, gli eroi: dai primi idoli a Maradona, Bradipo Libri, Nápoles, 2016. 



-GONZÁLEZ, E., Historias del calcio: una crónica de Italia a través del fútbol, RBA Libros, Barcelona, 2007. 



-LUDDEN, J., La aventura de Maradona en Europa: Una década de gloria, pasión y drama, T & B Editores, Barcelona, 2011. 



-MONOGRÁFICO "Nápoles, una ciudad a la sombra del mito", Panenka, 41 (mayo 2015). 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Mural de Diego Armando Maradona en el Quartieri Spagnoli [Fotografía realizada por el autor del blog]



-Escaparate tienda Yamamay en Nápoles [Fotografía realizada por el autor del blog]



-Tienda oficial del Nápoles en la Via B. Croce, 14 [Fotografía realizada por el autor del blog]

domingo, 12 de agosto de 2018

EL JOVEN EURÍPIDES


¿Debe ser el arte moral? Durante bastante tiempo, parecía una pregunta superada. No en vano, Tomás de Aquino ya afirmaba que eran las personas quienes debían ser buenas, eximiendo de tal responsabilidad a las piezas artísticas. Oscar Wilde, con su fina ironía, afirmaba que su caída en desgracia se debía a escribir cosas inmorales y comportarse decentemente cuando la sociedad de su tiempo hacía justamente lo contrario. Siglos atrás, Eurípides se dio cuenta de ese dilema al estrenar Fedra. Convencido del potencial de este mito, el escritor la presentó a concurso, recibiendo abucheos por atreverse a llevar a escena a una protagonista femenina que rompía con las barreras de su tiempo y aceptaba una pasión amorosa desenfrenada por su hijastro. 



El público tardó en poco en darle la espalda. Como le habría dicho Lope de Vega, era justo hablar en la lengua que más entendía la turba del certamen. Volvió a presentar un texto retocado donde Fedra cedía a los postulados sociales y terminaba arrepentida por completo de su acción. Por supuesto, ganó el concurso. Paco Bezerra (argumento) y Luis Luque (dirección) se han interrogado sobre cómo era aquella primera versión, desaparecida hoy día, aquella transgresión que llevó a los "hombres buenos" de su tiempo, veladores del comportamiento de la polis, a censurarla sin piedad. 



Como resultado viene un ambicioso proyecto que nos traslada a los días de la reina cretense, una consorte raptada años atrás por el audaz Teseo, ahora confinada en palacio mientras el soberano sigue navegando por las islas y teniendo los lances amorosos que le plazcan en el proceso. Lolita Flores encarna a la soberana, una mujer en su madurez que está confinada en una jaula de oro. Por su lado, Juan Fernández da voz y presencia a un monarca preocupado porque su primogénito, tenido en un anterior matrimonio, asuma las responsabilidades de gobierno en su ausencia. Lolita y Fernández han trabajado juntos en el pasado y eso redunda de forma positiva en la obra, dando una sensación de vieja complicidad.


Nunca un viaje al interior de un volcán dio tanto juego. Críspulo Cabezas da prestación al joven Hipólito, un príncipe bastante atípico para la tradicional literatura helena, donde siempre realeza y demás deidades tienen un capricho sexual desenfrenado que satisfacer sin importar no ser correspondidos. Introvertido, extraño y refugiado en el bosque antes que en palacio, es un personaje de gran nobleza pero también complicado de entender por el resto en su aislamiento.



El reparto se da lujos como tener a una Tina Sáinz que labra en plata cada frase que dice. Un aporte fundamental para dar vida a Enone, consejera y confesora de Fedra, una relación con bastantes matices, puesto que tanto en Eurípides como en esta versión ningún o ninguna protagonista está libre de caer en la maldad aunque su causa sea legítima. Fruto del rechazo, la reina será asesorada para cobrar la peor de las venganzas posibles, la falsa denuncia del despecho.



Para ello será precisa la última pieza de rompe-cabezas, el príncipe Acamante (Eneko Sagardoy). Hijo de Fedra, los inesperados acontecimientos le permitirían albergar esperanzas de convertirse en el sucesor del trono. Acamante ejemplifica la hipocresía de la mentalidad patriarcal de la época. Con muchas amantes, su moralidad se vuelve intachable cuando se trata de las mujeres de su casa, a las que exige un comportamiento y decoro de los que él carece. Existe un vínculo evidente también con piezas de siglos posteriores como El médico de su honra.



La puesta en escena aprovecha sin problemas la particular atmósfera que da el teatro de Mérida a este tipo de representaciones. La boca del lobo y el volcán, todo en uno, el reflejo de nuestros deseos más ocultos y el precio que se debería pagar por ellos. Una reflexión sobre el amor y la pasión que comulgaría bastante con el llanto de Pleberio, esa eterna advertencia del goce y sufrimiento extremo que traen aparejadas estas cuestiones.



Como decía Mozart en Amadeus, uno de los problemas cuando evocamos el pasado clásico es pensar que todo era mármol y sobriedad aburrida. Más complace pensar en un joven Eurípides que escuchó alguna noche el mito de Fedra e imaginó alguien bien distinto a una villana: probablemente, proyecto una mujer madura, hermosa, compleja, vulnerable, digna de compasión y también capaz de cometer crímenes. Un retrato más complicado de lo que los censores de la moral pública estaban dispuestos a comprender. 



Bezerra y Luque nos vuelven a recordar que Eurípides sigue de rigurosa moda. Que en esa Grecia remota sigue habiendo muchas lecciones para abrirnos la sesera y comprender que no vivimos en un mundo de blanco y negro. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-Teatro Romano de Mérida. 64 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Función de Fedra correspondiente al 4 de agosto de 2018. [Fotografía realizada por el autor del blog]



-Teatro Romano de Mérida. 64 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Función de Fedra correspondiente al 4 de agosto de 2018. [Fotografía realizada por el autor del blog]



-Teatro Romano de Mérida. 64 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Función de Fedra correspondiente al 4 de agosto de 2018. [Fotografía realizada por el autor del blog]



NOTICIA DE INTERÉS EN EL BLOG: Con motivo de las vacaciones de verano, el blog Amarcord se tomará un pequeño descanso hasta el mes de septiembre. A partir de esa fecha volverá con la periodicidad normal dominical. Como siempre, agradecer a los lectores/as del blog haber acompañado al blog este curso. 

domingo, 5 de agosto de 2018

U.S.S. CALLISTER: LOS LADOS DEL ESPEJO


Es una marca registrada y de prestigio. Black Mirror dibuja una sonrisa en la persona aficionada a las series. Un producto bien envasado que, además, presenta la ventaja de poder consumirse cada capítulo de forma independiente. Da igual iniciarse en la tercera temporada que en la primera. Por ello, resultan comprensibles las expectativas generadas con el estreno de su cuarta entrega, bien promocionada como una mezcla de la ciencia ficción más clásica y esos inquietantes futuros próximos que se suelen presentar en el show. 



Como de costumbre, el casting se reflejaba sumamente cuidado. Cristin Milioti y Jesse Plemons ostentarían los dos principales papeles de la función. La primera sería Nanette Cole, una talentosa recién llegada a una compañía próspera en el mundo de las redes. Buena parte de la bonanza vendría de la genialidad de Robert Daly (Plemons), quien desarrolló un popular juego en línea. No obstante, pese a que la propia Cole ansiaba conocerle, quedará sorprendida por lo inadaptado del programador, quien vive bastante ignorado por su socio en la firma y es considerado por el resto de personas empleadas como poco menos que un paria excéntrico. 



El director Toby Haynes sabe crear esa atmósfera laboral donde están bien delimitados los roles. Esto queda patente con la figura de Shania (Michaela Coel), quien pronto advierte a la recién llegada que se aloje todo lo posible de Daly. Resulta curioso que no la orienta en ese sentido con respecto a Walton (Jimmi Simpson), de quien admite es arrogante y hasta tocón en la oficina pero que es identificado con las señales del éxito. Este ambiente tóxico en el trabajo es la punta del iceberg de una narración de más de una hora repleta de giros. Recomendaría dejar de leer llegados a este punto a las personas que todavía no lo hayan visto para evitar destripar la trama. 


Charlie Brooker y William Bridges firman un guión donde las cosas pronto demuestran ser más complicadas de lo que aparentan. De repente, Nanette despertará en una especie de nave tipo Star Trek, donde Daly es un audaz capitán a quien toda su tripulación teme y respeta. Tardamos poco en comprender que esta Nanette no es la real, más bien se trata de un clon digital que su nuevo jefe ha logrado sacar de ella a través de su ADN. Han existido varias críticas acerca de la viabilidad científica del curioso escáner que guarda el protagonista en su casa; si bien, al ser totalmente lego en la materia, estoy dispuesto a admitirlo como un elemento más de la ciencia ficción de esta trama. 



De esa manera, mientras que es cruelmente ignorado en el mundo real, en esa versión de su propio juego de flota espacial todo está a merced de Daly. Técnicamente, no está maltratando a sus verdaderos compañeros de trabajo, aunque el dilema moral está claro al estilo Westworld. Si son capaces de sufrir dolor, emocionarse y tener sentimientos, ¿no se está convirtiendo en un sátrapa despiadado con seres humanos aunque sea en otro plano de la realidad? Y es que además sus recreaciones conservan hasta los últimos recuerdos de los originales. La crueldad del capitán se ceba especialmente con Walton, cuyo clon lleva tanto tiempo allí que ha admitido la derrota y considera a su torturador un ente invencible en esa realidad. 



A nivel de escritura, es un perfil psicológico es muy interesante. Esta claro que el programador tiene una genialidad innata, no obstante, la está desperdiciando de una forma absurda. Podría crear su propia compañía o montar otra donde le apreciasen más, contentándose con ser un dios en un micro-cosmos de pueril venganza donde puede controlar cada rincón. La parodia de la etapa clásica de Star Trek en las aventuras que vive la peculiar tripulación es bastante obvia, pudiendo discutirse si se trata de un homenaje/burla o una visión bastante superficial del asunto. Y es que para ser un fiel de la serie Space Fleet, los argumentos de este demiurgo son bastante burdos, existiendo, eso sí, elementos curiosos como haber privado de sexo a sus protagonistas en un curioso ejemplo de "moralidad".  


La recién llegada al tablero está dispuesta a plantear varios motines, no desanimándose ante los primeros fracasos. Con habilidad irá descubriendo algunas pequeñas fisuras (especialmente, las actualizaciones) que escapan al control del todopoderoso capitán. El plan más audaz incluye chantajear a la propia Nanette del mundo real para que les ayude a robar el material genético que guarda Daly. Es bastante sorprendente la rapidez con la que ella accede (recordemos que en la "dimensión real" su jefe no le ha hecho nada), incluyendo el allanamiento de morada. 



Además, cabe la pregunta de en qué podría afectar eso al protagonista, puesto que siempre tendrá más oportunidades de robar vasos de café u otras muestras de material genético de los otros empleados. Y es que bajo una apariencia de controlarlo todo, igual que le sucede a Daly, hay muchos flecos en este guión de apariencia sofisticada. De una manera bastante kafkiana y espectacular, el programador quedará accidentalmente atrapado en su propio juego, provocando una situación asfixiante, mientras su cuerpo real languidece en estado comatoso mientras tiene en su apartamento la señal de no importunar en la puerta. Se trata de un momento bastante logrado, muy en la línea de los finales de Black Mirror



Resulta curiosa la falta de aprendizaje de todos los representantes de la función. Con la única excepción de una confesión de Walton, ninguna de las recreaciones parece arrepentida por el comportamiento de sus contra-partidas en la vida real. Asimismo, Daly exhibe una tiranía sádica en su ficción, dando a entender qué tipo de cosas haría en caso de tener poder verdader. El resto de tripulantes logran sobrevivir contra todo pronóstico y parecen pronosticar nuevas aventuras fastidiando a otros usuarios/as que sueñan con ser pequeños reyezuelos de taifas en la flota espacial. 



La buena acogida del capítulo ha llevado incluso a barajar un spin off (a fin de cuentas, resultaría bastante sencillo recuperar al comandante en caso de necesidad). Más allá de que si se conserva el casting tendría un nivel actoral más que óptimo (Milioti, Plemons y Simpson, entre otros, están magníficos en sus roles), creo que la cuestión no daría para tanto y sería un chicle innecesariamente estirado. De hecho, probablemente uno de los motivos de su forma de destacar radica en lo irregular de esta cuarta temporada, en la que se alternan elementos muy prescindibles con obras maestras como Hang the DJ, del cual hablaremos la próxima vez que nos toque esta sección televisiva. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 










domingo, 29 de julio de 2018

UN MISMO PROBLEMA, DOS SOLUCIONES GENIALES



No es un año cualquiera. 1492 evoca muchas cuestiones, no pocas de ellas contradictorias. Tiempos de avance y descubrimiento, también de expulsiones y represión, nuevos horizontes acompañados de excesos de conquista. Jan se expresa de manera contundente con la cantinela "Si en lugar de haber descubierto América, la hubieran encontrado, otro gallo cantaría" antes de comenzar su epopeya cósmica Los ladrones de ozono (1992), todavía a día de hoy uno de los grandes hitos en la colección de Superlópez. Cuando rondaba el quinto centenario, el polifacético artista usa el desembarco de una nave espacial en plena Barcelona para hacer una metáfora de aquellos días pasados (no en vano, los especialistas consideran que la única noticia que superaría el impacto de lo hallado por las tres carabelas colombinas sería la noticia de que hay vida inteligente en otros planetas). 



Por su lado, el gran maestro de la era Bruguera, Francisco Ibáñez, hizo lo propio con su inimitable estilo. El quinto centenario (1992) era una oportunidad increíble a nivel editorial para colocar a los históricos Mortadelo y Filemón en aquel primer viaje, merced a un error del inefable profesor Bacterio (quien tampoco debe ser tan inútil al alterar su máquina del cambiazo para tornarla en una máquina temporal, aunque con el error de ir hacia atrás y no adelante). Dos álbumes muy dispares entre sí, si bien con un tronco común, un reflejo de las dos soluciones que dos artistas clave de nuestra historieta terminan desarrollando. 



La primera diferencia es obvia. Los agentes de la TIA viajan hasta la época donde finalizaba el siglo XV. Superlópez se encuentra con Kon-Kolón, un alienígena con notorio parecido biográfico con el (presuntamente) marinero genovés que recorrió cortes europeas en busca de financiación para una nueva ruta de comercio con las Indias. Por su lado, Ibáñez opta porque los personajes históricos sean parodias de figuras políticas de la actualidad de aquellos momentos (Felipe González como El Almirante, el matrimonio Flores como los Reyes Católicos, un pintoresco fraile llamado Requemado Sinsilla como alter ego de Alfonso Guerra, etc.).


Sendas aventuras son extraordinarias dentro del ámbito de la historieta española. De un mismo tronco común, quedan claras las diferencias en cuanto a estilo y narración de los dos autores. Para Ibáñez, el principio y el fin de todo siempre será la comedia. Da igual la temática o la coyuntura. Sir Alfred veía las salas de cine con el reto de sentar a cuanta más gente posible en las butacas. Por su lado, Jan busca colocar sus mensajes, el resultado de su formación intelectual, reflejando las preocupaciones que a él le importan, utilizando la parodia superheroica como pretexto. 



Así, la llegada de Kolón a la Ciudad Condal desencadena una aguda metáfora sobre la explotación colonialista, puesto que el ozono es muy codiciado por los recién llegados en calidad de droga de altura (nunca mejor dicho debido a sus efectos). Superlópez se verá abocado a devolver la visita, encontrándose con una realidad compleja en Koskatilla (cualquier parecido sonoro con Castilla es más que mera coincidencia), donde los soberanos del intrépido aventurero tienen sus propios disidentes. 



Ibáñez, en su caso, juega con algunas de sus otras creaciones más aclamadas. Para los fans es un gusto poder encontrar a Pepe Gotera y Otilio como torpes hermanos Pinzones, sumados al inefable Rompetechos de Triana como el guía encima del mástil del almirante y los suyos. Amante del gag por el gag y la carcajada, es uno de los grandes momentos de Mortadelo en la década de los noventa, con el único pero de que las parodias de políticos de la época pueden haber perdido algo de su punch. No obstante, los chistes son tan afortunados que quienes no puedan coger las referencias por su edad, sin duda disfrutarán de la humorada. 


Una cuestión fascinante de estas lecturas paralelas es el hecho de que, siendo tan distintos en estilo y procedencia, a veces Jan e Ibáñez parecen intercambiar papeles. Juan López se lamenta de no tener un Mortadelo para pasar el rato mientras está apoyado en la nave espacial que lo va a llevar a su nuevo destino (en Los ladrones de ozono se rompe la cuarta pared de forma constante). Por su lado, Ibáñez utiliza las siglas IVA y TIA de forma admirable para provocar un malentendido que llevará a sus merluzos favoritos a ser confundidos con representantes del mismísimo papa Inocencio VIII, un cultismo-cómico que vuelve a poner en tela de juicio la aparente simplicidad de este gran autor. 



Una posible conexión que hace incluso lamentar esas cosas que nunca veremos plasmadas sobre el papel. Al más puro estilo americano, qué no habríamos dado por ver a Pafman pasando un largo periplo en el Supergrupo o haber tenido una aventura conjunta de Anacleto con Mortadelo. Por política editorial y lógica del mercado interno ese tipo de crossover no ha sido posible. Pero agrada pensar que en 1992 Jan e Ibáñez bebieron de las mismas fuentes para terminar dando dos resultados tan geniales como distintos entre sí. 



En la odisea de López encontraremos incluso a Jaime y Luisa como peculiares Malinches ante el nuevo régimen instaurado, mientras el héroe (bien acompañado en el relato por Marta y Chico) indagará en la peculiar superestructura de los alienígenas, con las extrañas figuras de los arkontes. Un cómic que no nos importaría que durase más. Igual ocurre con las carcajadas que provoca el primer y "bravo" desembarco en tierra firme de Mortadelo y cía, dignO de canción de Les Luthiers. Se hace muy corto y lamentamos ese momento donde la máquina del cambiazo reconvertida en dueña del tiempo (en serio, Bacterio será considerado un berzotas por sus colegas de agencia, pero debe tener un nivel intelectual a la altura del Doctor Muerte o Moriarty) se acciona por última vez. 



1992. El año en que Mortadelo y Superlópez miraron a pasado y futuro para terminar convergiendo.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.todocoleccion.net/tebeos-bruguera/mortadelo-filemon-quinto-centenario-magos-humor-circulo-lectores~x28529989



-http://blogs.gamefilia.com/daman-1985/05-06-2011/42703/el-rincon-de-la-lectura-superlopez-los-ladrones-de-ozono



-http://www.mortadelo-filemon.es/content?q=Y2F0X2lkPTQ4JmN0Z19pZD0xMjQmcG09YmxvZyZvZmZzZXQ9MTQ%3D#.W1i8l1AzY2w



-https://www.profesorfrancisco.es/2018/01/espana-durante-la-edad-moderna.html



-https://www.cachislamar.com/tebeos22.htm



-http://www.ensegundapersona.es/mortadelo-y-filemon-60-anos-forjando-lectores/

domingo, 22 de julio de 2018

SONATA DE INVIERNO EN LA HABANA


El género del detective urbanita decepcionado con el mundo pero que alberga esperanza de justicia en un rincón oculto de su corazoncito es un clásico. Desde Raymond Chandler a la actualidad, el estereotipo se ha ido enriqueciendo, aunque algunos tópicos innegociables. Algún día el alcohol y el tabaco tendrían que rendir tributo a Vera Caspary y cía por haber convertido los muebles-bar en lugares fascinantes donde la resaca es una realidad inexistente. Apenas unas páginas en Pasado perfecto nos sirven para ver que Leonardo Padura (La Habana, 1955) acepta todos esos clichés, trasladados, eso sí, a la capital cubana. 



Así comienza la andadura del escéptico teniente Mario Conde. Un amanecer que nada tendría que envidiarle a los de John McClane, siendo probablemente la parte en la que más cueste arrancar por la sensación de que todo esto ya lo hemos vivido en muchas otras obras. Junto con ello, viene el acompañamiento de un caso aparentemente simple que se complica: la desaparición de Rafael Morín, destacada figura en el Ministerio de Industrias de la isla. 



El crimen tendría un relativo interés de suspense de no ser por las implicaciones que tiene para el protagonista. Conde conoció en el Pre a Morín, un estudiante muy brillante y con pico de oro para ascender dentro de las filas del Partido. De cualquier modo, Conde y su amigo de infancia, Carlos el Flaco, eran los únicos entre los estudiantes que no bebían los vientos por el sagaz compañero, si bien les influía el hecho de que había terminado convirtiéndose en el novio del primer amor platónico de ambos: Tamara. 



Sin lugar a dudas, los flashbacks que salpican esta primera aventura del popular investigador son su mejor aliciente. Es de particular interés la primera experiencia adolescente que Conde tiene en un taller literario, sobre todo a través de la lección de dignidad que la profesora da a todo el centro ante la censura que sufre la revista de su alumnado. "En ese momento se convirtió en la mujer más linda del mundo", evocaría el detective, en toda una declaración de intenciones del tono de la novela. 



Otro de los grandes atractivos de esta lectura, tan propicia para el verano, es el vocabulario empleado. Una de las grandes ventajas del castellano es su riqueza a ambos lados del océano, aquí tendremos un despliegue de dulces sutilezas y chabacanos insultos, una demostración de cómo describir un viaje en auto por la Calzada de Santa Catalina, de callejones atestados, bibliotecas refinadas de una élite selecta, bullicios de barrio, violencia terrenal por el hurto de una simple bicicleta, etc. 



En distintas ocasiones, el propio Padura ha admitido sin falta de rubor que se nutre de todos los ingredientes del recetario de un relato de novela policíaca estándar. El mayor Rangel, apodado El Viejo, es el típico superior malhumorado pero justo con el talentoso pero indisciplinado investigador. De igual forma, la aversión de Conde a conducir carros por la bulliciosa capital obliga al sargento Manuel Palacios a hacerle las veces de chófer. Como Conan Doyle habría dicho, elemento vital en estos relatos que no todo sea un personaje pensado o hablando solo, siempre precisan de un contertulio estos sabuesos. 


La edad de Conde permite que el interés amoroso que va surgiendo entre él y la misteriosa Tamara sea un tanto atípico. No estamos ante una erupción volcánica juvenil, se trata más bien de un viaje a los recuerdos, a las opciones que se desvanecieron antes de materializarse. Padura da tono caribeño a toda esta cuestión y logra algunas de sus líneas más inspiradas en esta cuestión. 



Donde Padura brilla con más fuerza es, como en cualquier persona que escribe, cuando habla de los elementos que le son más conocidos. Ha trasladado su pasión por el béisbol a su propia creación literaria, lo cual da una fuerte verosimilitud a sus sentimientos con respecto al equipo de sus amores y las frustraciones deportivas que esto mismo le genera. 



No es un caso de particular misterio, puesto que la verdadera fuerza de su narración coloca los cimientos en la relación entre personajes, en el pesimismo lúcido de una sonata de invierno. No sería la última vez que veríamos al teniente cubano frustrado ante la desafiante máquina de escribir. Será cuestión de ponerse un día de estos. 



BIBLIOGRAFÍA: 



-PADURA, L., Pasado perfecto, Tusquets Editores, Barcelona, 2017 (re-edición del original del año 2000). 



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