domingo, 27 de marzo de 2016

EL NUEVO CASO DEL INSPECTOR CLOUSEAU



A veces, tu mejor ficha es la que no has movido. A la altura de 1963, Blake Edwards había dirigido una comedia romántica plagada de estrellas e ingredientes para ser un éxito en taquilla. Con una banda sonora pegadiza, galanes de la talla de David Niven, una Claudia Cardinale en el apogeo de su belleza y líos de alcoba, La pantera rosa fue un inmediato éxito. Sin embargo, nadie podía haber pronosticado que uno de sus personajes secundarios, el despistado pero entrañable inspector Clouseau, interpretado por Peter Sellers, iba a ser la joya de la corona, captando casi de inmediato el favor del público. 



Apenas un año después, Edwards ya estaba enfrascado en la secuela. A diferencia de la primera entrega de la franquicia, ahora no habría ningún diamante rosado que hurtar por un ladrón de guante blanco; el poco habilidoso inspector se las vería ahora en solitario con un un difícil asesinato que se lo hubiera puesto complicado al mismísmo Sherlock Holmes por la gran cantidad de sospechosos. De cualquier modo, solamente alguien tan poco consciente de sus limitaciones como el investigador del bigote es capaz de creerse capaz de afrontar el reto. Aunque el libro de los gustos esté en blanco, siempre me ha parecido que El nuevo caso del inspector Clouseau es el esplendor de la fecunda (y complicada) alianza de Edwards y ese excelente comediante que fue Sellers. 



Asimismo, A shot in the Dark (título original del film) supuso la plataforma para una belleza sueca llamada Elke Sommer, la cual sería la encargada de encarnar a María Gambrelli, la criada de una adinerada familia que es acusada de matar a su novio por celos. Encaprichado de la sospechosa desde el primer momento, el bueno del inspector se decidirá a plantear su defensa, incluso contra las sensatas intuiciones de su agudo ayudante (una clara parodia del mítico Hércules Poirot).



Dentro de los méritos de esta alocada comedia, uno de los más importantes es su sofisticado casting. Sorprende encontrar a todo un caballero de la actuación como George Sanders para ejercer el rol de Benjamin Ballon, el dueño de la mansión donde Gambrelli, supuestamente, habría asesinado a su pareja. Sanders es uno de esos actores que siempre da un toque de distinción a todo lo que hace, ya sea un monarca filisteo, el ácido crítico teatral de un importante periódico o, en este caso, el típico estirado aristócrata. Su escena con Sellers y los tacos de billar es digna de antología, pues resulta imposible pensar en mejores rostros para representar el juego de payaso torpe-payaso serio.



Otro de los nombres que resaltan es el de Herbert Lom como el comisario Dreyfus, quien estaría destinado a ser muy importante en la saga de La Pantera Rosa. El desventurado superior de Clouseau está condenado a ver cómo sus nervios son puestos a prueba por la increíble capacidad de su subordinado de hacerlo todo mal, aunque, misteriosamente para Dreyfus, parezca tener un don para granjearse las simpatías de la gente.



Edwards introducirá asimismo uno de los gags más queridos por los fans por primera vez; hacemos referencias a las absurdas, hiperbólicos e hilarantes peleas de artes marciales que el inspector debe realizar con su sirviente oriental Kato (Burt Kwouk). Aquí probadas por primera vez, la popularidad que alcanzaron las convirtieron en un recurso muy recurrente en las siguientes secuelas.



La atmósfera de gran mansión y crimen tipo Cluedo resulta francamente favorable a esta sátira, permitiendo explotar algunas de las mejores habilidades de Sellers. Por ejemplo, los extraordinarios interrogatorios que el bueno de Clouseau realiza a los integrantes de la casa, cada uno de ellos con una lista de vicios nada desdeñable. El director y William Peter Blatty crean una trama realmente ingeniosa y que permite disfrutar con esta comedia que sería muy fácil de representar en teatro, debido a los espacios donde ocurre.



Bajo los acordes de Henry Mancini se impone un ritmo alocado y sin pausa que permite que los 101 minutos de metraje pasen de la forma más agradable. Sommer resulta perfecta para su papel y hasta los papeles más secundarios están escogidos con sumo mimo (las caras no pueden resultar más sospechosas en esa mansión donde las noches son muy moviditas).



Un disparate espectacular que, por si fuera poco, acaba en un clímax memorable. No tiene ni pies ni cabeza en ocasiones, aunque... ¡maldita falta que nos hace eso! Clouseau se colaba en el santoral de los protagonistas de comedia por primera vez. Y, tantos años después, ahí sigue.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.sensacine.com/actores/actor-24633/fotos/detalle/?cmediafile=18815053



http://www.allposters.es/-sp/nuevo-caso-del-inspector-Clouseau-El-Posters_i9793403_.htm



http://mucho-mas-cine.blogspot.com.es/2012/09/la-pantera-rosa.html

domingo, 20 de marzo de 2016

PENNY DREADFUL: DARK PLEASURES




A finales del siglo XX, un genial y heterodoxo guionista de cómics, Alan Moore, decidió sorprender a la industria con un concepto muy innovador. Acompañado del eficaz dibujo de Kevin O´Neil, el escritor presentó a la denominada como Liga de los hombres extraordinarios, una agrupación en los días de la Gran Bretaña victoriana que aunaba a algunos de los estandartes de la literatura fantástica (por ejemplo, Mina Harker, el doctor Jekyll, el capitán Nemo...). Ahora, desde 2014, tenemos otro invitado a esa fiesta metaficcional, en este caso, destinado a la pequeña pantalla: Penny Dreadful. 



Los antiguos decían que el nombre amenaza, es decir, que era una tarjeta de presentación de las virtudes y defectos de quien lo porta. Esta serie de la cadena Showtime invita a recordar un tipo de novela y folletín muy característico del pasado. Igual que Quentin Tarantino hizo resucitar el pulp, John Logan pretende hacer resurgir de sus páginas a Dorian Gray, Drácula, el doctor Frankenstein, etc. Hoy analizamos la primera temporada del programa, la cual contiene 8 sangrientos episodios que invitan a pensar que los monstruos han vuelto en todo su esplendor. 



La primera lanza que debe partirse a su favor es su acertado casting, muy cuidado. Sobresale en las presentaciones Eva Green como Vanessa Ives, una peculiar médium que intenta ayudar a Sir Malcolm Murray a encontrar a su hija Mina, la cual puede estar aprisionada en el peor de los infiernos. Hay actrices que son excelentes siendo femmes fatales; otras se consagran en roles más emocionales y vulnerables. Green se cuenta en la corta lista de intérpretes que pueden alternar ambos registros sin ninguna clase de dificultades; a veces, en la misma escena. Con sentido del riesgo, brinda un personaje complicado y con muchos momentos climáticos, nada fáciles de rodar Ella sola ya bastaría para ver la serie, pero es apenas la punta del iceberg de un excelente elenco.



Una buena muestra de ello se exhibe en los diálogos y duelos interpretativos que brinda el choque de Sir Malcolm con un pistolero contratado para la arriesgada misión: Ethan Chandler. El primero es nada menos que Timothhy Dalton, un excelente y solvente actor con una gran trayectoria. Su buen hacer con su personaje sorprende menos que la versatilidad de su más joven compañero de viaje, un Josh Hartnett que sobrepasa el perfil de galán estándar para brindar una personalidad con muchas aristas. El tormentoso romance que inicia este aventurero con una prostituta (Billie Piper) es una de las mejores subtramas de la primera temporada.



Como todo no pueden ser parabienes, resaltar que entre los primeros episodios y los siguientes hay una cierta búsqueda de coger el tono. El piloto parece querer mostrar mucho en poco tiempo, algo lógico teniendo en cuenta su condición de boceto de lo que será el show, pero se alterna un argumento que podría ser absorbente con acción muy efectista (vampiros por doquier, carnicerías en almacenes, mucho susto de que de repente alguien meta un grito...). Una falta de sutileza, a veces, que se cobra su peaje en la presentación del doctor Frankenstein (Harry Treadaway) y su creación más célebre (Rory Kinnear). No es problema de los actores, sino de un gusto por cierto gore gratuito que le quita misticismo a la metáfora de Mary Shelley para convertirlo en algo más simple.



Afortunadamente, con un adecuado uso del recurso del flashback, hay un Rubicón que lleva a Penny Dreadful a unos callejones absorbentes. Los intentos de Sir Malcolm y su equipo de intentar salvar el alma de su hija Mina son una saga bien llevada y con escenas realmente sobresalientes. Cuando la serie coge carrendilla y acompaña a su espectacularidad visual de recursos ingeniosos en el desarrollo de los acontecimientos, cobra su mejor forma. Usando el ardid que es propicio en esta clase de epopeyas novelescas con criaturas fantásticas y romances imposibles, cada capítulo culmina en una incertidumbre que te obliga a aguardar con impaciente el siguiente como espectador.



Openings como el de un Dorian Gray (Reeve Carney) abandonando una exuberante orgía en su casa una noche tormentosa para cerciorarse de que su oculto retrato sigue a buen recaudo harán las delicias de los fans de este tipo de literatura. No obstante, también hay personalidades y situaciones que no se explotan en lo absoluto (imperdonable lo de Van Helsing), dejando una sensación de no haber sido aprovechados. Otros, como es el caso de Sembene (Danny Spani) deberán esperar a futuras temporadas para tener la oportunidad de conocerles mejor. 



Curiosamente, a pesar de tan buenos ingredientes en la premisa, la audiencia no ha sido la esperada en sus primeros compases (con todo, le ha ayudado la difusión de Sky Atlantic), aunque, de momento y por fortuna, este galeón victoriano avanza a aguas oscuras y manteniendo las expectativas de que quedan más cosas en la caja de Pandora. 



Un cóctel de suspense, violencia, erotismo y placeres culpables. Oscar Wilde no hubiera dudado acerca de cuál es la mejor forma de evitar esta tentación... 



ENLACES DE INTERÉS:



DARWYN CARSON-EL MUNDO OSCURO DE PENNY DREADFUL



3 MOTIVOS PARA VER PENNY DREADFUL (HIPERTEXTUAL)



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.bolumrehberi.com/Penny-Dreadful.asp



http://blogs.indiewire.com/leonardmaltin/the-dark-dank-world-of-penny-dreadful



http://hipertextual.com/2015/06/penny-dreadful

domingo, 13 de marzo de 2016

LA VIDA PRIVADA DE MORTADELO Y FILEMÓN



Nada por aquí, nada por allá. Corría el año de 1998. Como un prestidigitador de altura, Francisco Ibáñez podría haberse permitido el lujo de sacar pecho, pues de su mágica chistera habría logrado extraer mucho. 40 años con los mismos personajes de cómics y gozando de gran éxito de público es muy complicado. En España, algo que rozaría los límites de lo milagroso. Sin embargo, fiel currante desde sus días en la mítica Bruguera, el padre de los inefables Mortadelo y Filemón se decidió a celebrarlo a su manera, trabajando en un nuevo álbum que hiciera homenaje a la bien llevada madurez de los dos agentes de la TIA. 



En realidad, Su vida privada es una pequeña excentricidad dentro de la tónica habitual de la serie. A lo largo de su dilatada trayectoria, Ibáñez se ha caracterizado por un gran nivel de producción y tremenda efectividad a la hora de usar fórmulas clásicas del humor que él ha usado con gran acierto. La nieta puede abrir el número 75 de la colección Olé, mientras que el abuelo hace lo propio con el primer Súper Humor de lomo rojizo. Están leyendo la misma esencia, no hace falta ninguna nota a pie de página o conocimientos previos de otras aventuras para poder lanzar una espontánea carcajada ante las desventuras de estos dos cabestros rodeados de jefes despóticos, inventores de alopecia y mucha mala uva contra el prójimo en general. 



Sin embargo, en ese éxito rotundo hay un asterisco. Todas esas virtudes que han hecho de Mortadelo y Filemón atemporales también han provocado un paulatino alejamiento del riesgo, de todo aquello que pudiera parecer excesivamente novedoso. Como si el mero atisbo de un universo de ficción algo definido pudiera quitarle gracia al asunto. Por ello, no tiene nada de extraño que fuera una presión editorial la que llevase al creador a ponerse manos a la obra, cuando él hubiera estado más que complacido en hacer una aventura más al uso. Por fortuna, la Historia también dice que cuando el padre de Rompetechos se pone en faena, el resultado suele ser muy bueno. Y, en su excepcional premisa, Su vida privada es uno de los mejores tebeos firmados en la década de los 90 de esta saga. 



Indudablemente, se trata de una pieza que contiene los suficientes detalles para embobar a los fans de toda la vida. Dentro de sus viñetas, al fin nos enteramos de por qué acabaron ambos merluzos...perdón, quería decir agentes, en su exquisita pensión Calvario, calificada con cinco estrellas. De igual manera, Ibáñez se permite guiños como utilizar a una amiga de Chicha (una de las miembros del triunvirato de parados que empleó el autor en Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo) como ligue de una noche de un Mortadelo que se muestra tan peligroso al volante como a la hora de llevar a cabo sus misiones. 



Si la vida profesional de los protagonistas está sometida al cambiante humor de cierto Vicente, tampoco les es nada fácil su vida privada. Como el desventurado Walter Matthau en Aquí un amigo con Jack Lemmon, Filemón no podrá conciliar unas tranquilas vacaciones con su pareja o una visita de sus padres sin que su "querido" subordinado aparezca para ponerle en mil aprietos. Visita a su intimidad que el otro habría realizado antes, cuando conoció a los parientes mortadelianos que pueblan Borricón de Arriba, intuyéndose la sospecha de que el señor de los disfraces es el fruto de una continuada estrategia conyugal endogámica de parientes en segundo grado, habido el espectacular parecido físico de unos y otros. 



Resulta sumamente agradable ver a estos dos iconos de la historieta en situaciones más inusuales, demostrando que, como todo hijo de vecino, la convivencia no es asunto nada fácil (desde las gorronerías de Mortadelo para ver la televisión de su jefe sin pagar, hasta malentendidos de alcoba con el matrimonio Repóllez, cuyo apellido ya invita a pensar que iban provocando), menos con dos tipos que podrían venderse mutuamente por dos perras gordas. 



Dentro de sus páginas, Ibáñez no se priva de mostrar algunas de las influencias que más han marcado su trayectoria, destacando el tipo de gags que Franquin exhibía en Gastón el Gafe. De igual manera, su forma de entender las pensiones no discrepa en nada del estilo con el que lo hacía Rafael Azcona. Un mundo terrible y colérico, no obstante, es imposible no reírse sin ninguna clase de miramiento. No en vano, un cineasta tan personal como Álex de la Iglesia ha admitido que ha bebido mucho de la fuente de esos dos agentes (no en vano, Muertos de risa puede ser interpretada como una traslación de Mortadelo y Filemón al mundo de gentes del espectáculo). 



Paradojas de la vida, este cómic original y atípico en la serie madre, quizás carezca de un final redondo, un clímax que es mucho más fácil de lograr cuando los protagonistas intentan frenar el mal que pretenden sus villanos (en muchas ocasiones, sus soluciones generan mucho más terror que el objetivo de los criminales). Se echa de menos al inefable Bacterio en el proceso, así como a la Ofelia y cía, siendo solamente el Súper quien tiene ligeros cameos. Pero, ya saben, quien algo quiere, algo le cuesta. Es vida personal y, a juzgar por los trompazos que se han metido, los empleados de la TIA no parecen proclives a juntarse con la parentela para ver el partido del domingo o ir al cine. 



Unas páginas muy gratas y que rindieron tributo a 40 años dando el callo como los mejores. Habrá que ir pensando en qué harán para la próxima celebración... de momento, respiramos tranquilos, con o sin vida privada, tenemos Mortadelo y Filemón para rato. 



ENLACES Y REFERENCIAS DE INTERÉS: 









FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:






http://www.zonanegativa.com/mortadelo-y-filemon-su-vida-privada/



https://cosasdesuperheroes.wordpress.com/2015/08/10/mortadelo-y-filemon-su-vida-privada/

domingo, 6 de marzo de 2016

EL REFLEJO DE LA DUDA


El pasado diciembre, el Teatro Clásico de Sevilla desembarcó en Córdoba con un título que no necesita presentación para los amantes de las tablas: Hamlet. La versión dirigida por Alfonso Zurro volvía a sacar del baúl de la imaginación al joven príncipe danés, un muchacho sensible, inteligente y altivo al que consume una terrible sospecha sobre la muerte de su progenitor. A pesar de los siglos transcurridos, la imagen del aristócrata hablando a solas con una calavera sigue siendo una de las estampas más reconocibles en cualquier escenario del mundo. 



Una adaptación muy interesante y con una puesta en escena poderosa que complació mucho al auditorio. Parece que Hamlet siempre estará de moda y varios son los secretos que permiten sospechar que todavía goza de la sana codicia de cualquier intérprete. Sus soliloquios, aristas y problemas emocionales permiten un registro interpretativo muy amplio, una maravillosa carta de libertad diseñada por William Shakespeare. No en vano, el Bardo fue actor antes que nada, aquí legó uno de sus tributos más apreciados a la profesión. 



Pero las piezas van más allá de ese protagonista atormentado. Ofelia, su interés romántico, es más que un nombre, termina siendo una manera de catalogar con exactitud a un tipo de dama en estos dramas de época. El ángel del hogar adulterado, golpeada en su amor propio hasta el punto de perder la cordura, otro símbolo de uno de los manuscritos que más visiones y lícitas lecturas divergentes puede ofrecernos hasta día de hoy. Hamlet y su corte danesa nos abren las puertas de palacio, con peligros tras sus cortinas, dispuestos a les conozcamos mejor. 


Recuerdo que una búsqueda casual en un quiosco hace muchos años me permitió acceder a una muy buena traducción al castellano cierto capítulo obra de Frank Harris, uno de los clásicos estudiosos de Shakespeare, donde realizaba una interesante y personal comparativa entre Romeo, Hamlet y Jacobo. Allí se incluía una reflexión maravillosa de que el enamoradizo amante florentino no era otra cosa que un encantador boceto del más reflexivo Hamlet. En verdad, ambos seres de ficción comparten habilidades y entusiasmo, pero, a Hamlet le condena una altanera curiosidad, una capacidad de abstracción que Romeo, felizmente cerrado a todo aquello que no sea Julieta en el balcón, no tiene. Como diría Lisa Simpson, la inteligencia parece tener una gran capacidad para hacer sentirse infelices a quienes poseen ese don. 



El viaje de Harris que tantos admiradores y opositores puede tener por su toque personal a la hora de hablar de uno de los escritores más universales de la Historia (con mayúsculas, sí), no debe sorprender. A fin de cuentas, sigue existiendo también una Escuela que pregona que otra de las creaciones de ese gran poeta de los escenarios fue el propio William Shakespeare, que alguien se ocultó en su figura para permanecer en el anonimato. Como fuere, a falta de datos, el genio de Stratford sigue pareciendo que nació en Stratford. 



En su caprichoso y divertido recorrido por el microcosmos de estos grandes dramas, Harris siempre parece complacido en poder usar a Hamlet como la más oportuna vara de medir. Puede servirle para compararlo con Macbeth, giro sorprendente, puesto que el futuro monarca de Escocia se ha inmortalizado como el gran villano de los creados por la elocuente pluma. Sin embargo, ambos comparten características. Sus visiones, que la grandeza y espíritu que les impulsa terminan congelados por la excesiva parada al pensamiento, paralizados por esa cabeza que les impide ser dichosos, siquiera por un momento, un breve espejismo de haber logrado sus objetivos. 



La Compañía hispalense brindó una visita que volvió a subrayar este carácter atemporal. Puede ser Dinamarca, así como cualquier otro lugar. Hay mucho de ese mundo cortesano, traiciones y envenenamientos en el Desembarco del Rey descrito con tan precisión por parte de George R. Martin para Juego de Tronos, quizás lo más shakespiriano que hayamos leído en los últimos tiempos. Pero, resulta igualmente válida esa atmósfera cuando un cineasta oriental de la talla de Kurosawa decide usar muchos ingredientes de Hamlet para su film The Bad Sleep Well (1960). 



Indudablemente, siempre emerge como una fuente de inspiración rica e inagotable, una que nos lleva a saber que Hamlet está destinado a perdurar, atenazado por el peso del legado de esa corona paterna, un carácter en el que proyectarnos y al que aborrecer, un joven héroe que también es el genio oscuro que muestra el reverso del espejo de la locura. 



Ese constante reflejo de nuestras dudas. Nunca es mal momento para sumergirnos en las páginas del descenso a la demencial ambición del universo de Hamlet.



BIBLIOGRAFÍA:



-HARRIS, F., William Shakespeare y su vida trágica, Vitae Ediciones, Buenos Aires, 2004.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.clasicodesevilla.com/Hamlet.html



http://www.clasicodesevilla.com/Hamlet.html



http://teatrolopedevega.org/hamlet-en-el-teatro-lope-de-vega/

domingo, 28 de febrero de 2016

BOUNTY HUNTERS DANCE



Había vuelto y seguía siendo tan deliciosamente malvado como siempre. Quizás más. No es que sus últimas óperas carmesíes hayan sido menores en intensidad (Kill Bill, Malditos bastardos...), pero parece que cada entrega en cartelera acentúa filias y fobias de Quentin Tarantino hasta límites insospechados. Los odiosos ocho es una película que ha generado un único consenso: no provoca indiferencia. Se la odia y aplaude a partes iguales. No extraña nada, teniendo en cuenta la personalidad de su autor, uno de los enfants terribles que se sientan detrás de una cámara. 



Desde el arranque inicial, su premisa atrapa: coger Diez negritos de Agatha Christie y fusionarla con el spaghetti western al más puro estilo Sergio Leone. Por cierto, a pesar de ser sabedor de las críticas en concreto que ha recibido por esta banda sonora, no puedo sino entusiasmarme el regreso de Ennio Morricone y el maestro vuelve a demostrar su talento en esos simples tonos que se escuchan cuando los personajes salen de sus diligencias. Atrapados en una ventisca en Wyoming, una forajida buscada por la ley, su captor, un ex mayor del ejército norteño y otras personalidades variopintas se ven forzadas a refugiarse del inclemente tiempo en la mercería de Minnie. Un casual azar que no lo es tanto, puesto que parece que algunos de los protagonistas querían estar justo ahí para lograr objetivos ocultos. 



Así pues, Tarantino nos sumerge en un cóctel donde coge el apartado teatral que tenía Reservoir Dogs (mucho indeseable obligado a compartir un espacio reducido  con desconfianza creciente), pero con menor proliferación de los flashbacks para sacar del agobio. Cuidado, hablamos de 167 minutos, un tiempo que a muchos se les hará excesivo con tan pocos exteriores. Una apuesta arriesgada y en la que el colt del cineasta se ampara en dos de sus armas favoritas: el talento de sus actores y, cómo no, su excelente y heterodoxa mano para firmar diálogos.


Como casi siempre, su casting resulta muy poderoso. Vuelven dos rostros reconocibles de sus primeros filmes, Tim Roth y Mark Madsen, quienes brindan sus usuales y buenos servicios como impagables secundarios. En un altar muy especial colocar a un Samuel L. Jackson al que Tarantino siempre saca el máximo jugo. Aquí, utiliza la poderosa presencia de uno de sus intérpretes fetiches para realizar un monólogo descarnado, dispuesto a levantar ampollas y que no tiene ningún desperdicio. Como en Django Desencadenado (enlace reseña), el clima de la Guerra de la Secesión late como telón de fondo.



Uno de los duelos más notables se produce entre el veterano caza-recompensas John Ruth (Kurt Russell) y su prisionera Daisy (Jennifer Jason Leigh). Cazador y presa que podrían ver cambiados sus papeles en apenas un instante. Leigh cuaja una excelente caracterización en un papel muy exigente, ingresando de inmediato en el Panteón de villanas del universo tarantiniano. Walton Goggins repite por segunda vez consecutiva con el director, recordando, curiosamente, un papel muy parecido al sureño de su anterior entrega, aunque aquí la evolución de su personaje es diferente.



Todo funcionaría sin problemas hasta ese punto. El cansancio de los briosos caballos de esta diligencia puede llegar a medida que avanza este viaje. Lo malo no es que esta interesante historia negra dure casi tres horas. Su principal inconveniente es que si se recortase a dos horas no sucedería absolutamente nada. Por bueno que sea un gag o un diálogo, si su eliminación no afecta a la trama, en no pocas ocasiones, es conveniente quitarlo. Hubiera sido muy interesante conocer la opinión de Sally Menke, la tristemente fallecida y legendaria montadora de Tarantino, a la hora de ensamblar esta alargada, aunque adictiva historia.


Con respecto a la violencia, reconozco que no es nada sorprendente. Sin embargo, creo que la dureza de los filmes de este autor es menor que la de otras películas que, quizá, son menos hiperbólicas pero mucho más realistas a la hora de mostrar heridas o luchas. Tarantino adopta una estética muy comiquera a la hora de sus tiroteos. Todo parece un espejo deformado de feria, real y bien rodado, pero creo que su provocación es más un humor negro que una tendencia al gore o hacia lo desagradable; si bien, hay compases en esta melodía donde parece haber empachado del gusto por ella (le ocurría lo mismo en el tercer acto de Django). 



Todavía así, creo que tras ajustar el ábaco, salen las cuentas en esta segunda inmersión directa en el western por parte de Tarantino. Hay prometida una tercera, la cual nos deja expectantes, si bien, cada vez será más complicado elaborar una fórmula que siga manteniendo las expectativas de la audiencia. Sin embargo, si hay una manera de lograrlo es con el estilo que le ha llevado hasta allí y esos magníficos elencos de los que siempre se hace acompañar. 



Los odiosos ocho supone una inmersión y desconexión de todo durante buena parte (no toda) de su extenso metraje, con una dosis nada despreciable de diabólico ingenio. 



ENLACES DE INTERÉS:



¿Cine del oeste o teatro del oeste? (Carlos Boyero)



Tarantino, el cineasta sin límites (Quim Casas)



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://blogs.indiewire.com/criticwire/could-the-hateful-eight-kill-film-instead-of-saving-it-20151203



https://wall.alphacoders.com/big.php?i=672642&lang=Polish



http://www.wpaperhd.com/wallpaper/movies/the-hateful-eight-daisy-domergue/zqvy/480/800

domingo, 21 de febrero de 2016

PELEAR CONTRA TU SOMBRA: TRUE DETECTIVE 2



Hace apenas dos semanas tuvimos la suerte de poder hablar de un interesante libro sobre las influencias literarias y filosóficas de True Detective (La soledad del Rey Amarillo). Con la distancia de un año, asimismo le dedicamos unas modestas reflexiones a esta primera y espectacular temporada de este producto de lujo de la aclamada HBO (Buscando la verdad). Hoy, toca hacerlo con la segunda y, basta pensar en el juego que ha dado la anterior, para comprender el laberinto en el que se ha metido Nic Pizzolatto: tener que estar a la altura del listón que él mismo se había dejado. Y, para colmo de males, lo haría sin la elegante dirección de Cary Fukunaga. 



A pesar de estar muy interesado en verla, tardé en llegar a este cambio de escenario, aunque sigue habiendo pautas comunes (poderes en las sombras, un caso que se va complicando y refleja los secretos más perversos de los poderosos, etc.). No obstante, resultaba imposible no ver las primeras críticas y reflexiones de otros espectadores. Con apenas dos capítulos incluso, en ocasiones, ya había quienes argumentaban que aquello era la decadencia de un glorioso pasado, que los buenos de Rust Cole y Martin Hart se revolverían ante sus sucesores. Siendo respetable, me parece que esas vestiduras rajadas merecen notas a pie de página. 



Cuando arranca The Western Book of the Dead, el opening de este segundo acto, hay que darle tiempo. Las interpretaciones de Harrelson y McConaughey son inolvidables y permanecerán en los altares; sin embargo, no puede exigirse al nuevo elenco que ocupe su espacio de inmediato. Ahora estamos en California, nos retiramos de la Louisiana más misteriosa para ver tramas mafiosas, compras-ventas encubiertas, trata de mujeres, mafia rusa que quiere asomar la cabeza... Vinci es la corrupta ciudad que, como diría cierto héroe de Gotham, le gusta estar sucia. Se nota aquí la prosa noire de Pizzolatto en sus diálogos.



No obstante, algo parece faltar. Se presentan varias vidas paralelas de personajes para esta historia coral: la detective Anni Bezzerides (Rachel McAdams), su colega Ray Velcoro (Colin Farrell), el oficial Paul Woodrugh (Taylor Kitsch), un antiguo jefe criminal que está intentando "legalizar" su hacienda (Vince Vaughn) y su compañera (Kelly Reilly). Echamos en falta la estética de Fukunaga, pero la dirección de Justin Lin es clara y tarda poco en mostrarnos la soledad de esa ciudad con más tráfico y autopistas que gente. De cualquier modo, hay una regla para disfrutar de este viaje: obvien comparaciones agraviosas con la hermana mayor, esa obra maestra que hay que re-visitar, pero no para fastidiar a su pariente. 



True Detective 2 no es tan buena, una vez se supera eso y evitamos que el hipster que anida en todos nosotros brote, se trata de un programa muy fácil de disfrutar. Sus 8 capítulos son una historia oscura con unos actores que dan lo mejor de sí (particularmente, una gran composición de Farrell con un rol que no era nada fácil) y donde no hay tanta metafísica en su contenido; echaremos en falta al Rey Amarillo y su Corte de Milagros paganos, pero su suspense es suficiente para llevarnos a pequeños actos de una hora cada una con potentes clímax. 



Pizzolatto ha recibido incluso algún dardo de la productora. Se trata de una disculpa envenenada. Los responsables afirman que exigieron demasiada prisa al guionista para escribir la segunda temporada. Una insinuación que implica que, lejos de su política de protección en el pre-estreno, finalmente la HBO también puede mostrar su ramalazo más comercial cuando vienen mal dadas, el share es el share y las malas críticas hacen que todo sea menos de color de rosas. Si bien, creo que su argumento presenta los suficientes ingredientes para haber sido tratado de manera más benigna o, cuanto menos, más constructiva que destructiva. 



Un ejemplo de lo positivo sería tener una protagonista femenina tan interesante como la creada por Rachel McAdams, quien brinda una gran actuación. En la anterior edición, disfrutamos de Maggie Hart (impecablemente llevada a la pequeña pantalla por Michelle Monaghan), pero se trataba de un papel de secundaria de lujo para la historia de los dos detectives masculinos. Aquí, Adams es responsable de algunas de las mejores escenas del show. Seguiremos buceando en la sordidez y los trapos sucios de los poderosos, aunque de una manera más terrenal. 



El resto del elenco brilla a igual altura, aunque cierta indefinición en algunas de las personalidades. Vaughn le da fuerza y se tira a la yugular como Frank, pero nos falta información por momentos de su pasado y en otros nos sobra. No se espolea lo suficiente para imaginar, algo que sí jugó a favor de True Detective 1 (los propios Pizolatto y Fukunaga admitían que algunas de las sesudas interpretaciones y mensajes ocultos que veían críticos y público de su trabajo ni se les habían pasado por la mente al diseñarlo, aunque les encantaba que así se percibiese). Esa bendición no la comparte la secuela, donde nos fijamos más en lo que falta que en lo mostrado.  



De cualquier modo, aquellos osados que aguanten el tirón de la nostalgia tendrán su recompensa, puesto que la historia va cobrando fuerza de menos a más. Vuelve a brotar el problema de los intentos de honestidad en un bosque descorazonador. En serio, no se tratará de ninguna traición al querido recuerdo de Rust y Marty, implica que hay otras historias oscuras que narrar... Pizolatto ha recibido una lección de que le quedaban cosas por perfeccionar como escritor que, incluso el mejor artesano tiene borrones. Y eso solamente puede significar que nos deja ansiosos de la tercera temporada.



"True Detective 2 es una novela negra visual, y por eso precisamente es más convencional que la primera temporada. Esto no quiere decir que sea peor. Es diferente. Por eso, lo principal para disfrutar de la segunda temporada es olvidarse de la primera"- Natalia Marcos, Diario El País.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://vimeo.com/131389312



http://www.ibtimes.com/true-detective-season-2-spoilers-ani-goes-undercover-orgy-episode-6-what-happened-2025124



http://blogs.indiewire.com/theplaylist/review-recap-true-detective-season-2-episode-2-night-finds-you-20150628

domingo, 14 de febrero de 2016

ENFERMOS DE HONOR


Celebra su 30 aniversario el Teatro Corsario con una de las piezas clásicas de las tablas españolas: El médico de su honra. Este fin de semana, Córdoba ha podido disfrutar de la pieza de Calderón de la Barca, la cual trata temas que afectaron, y mucho, a la mentalidad de su época, llegando, tristemente, hasta nuestros días. A través de los celos que sufre don Gutierre por el cortejo al que es sometida su bella esposa ante el infante Enrique, hermano del rey Pedro, una serie de trágicas consecuencias van rodeando a los implicados. La amenaza de la afrenta a la honra afectará a todos en un sinsentido que, bajo su atávico código moral, únicamente pueden lavarse con sangre. 



La puesta en escena (representando la Sevilla de la época donde transcurre la trama) es simple y eficaz, destacando el juego de luces planteado para enfatizar los riesgos de la noche y la espiral de desconfianza a la que se ven abocados los protagonistas. Encabeza el reparto Verónica Ronda, la cual luce belleza y sensualidad para justificar las atenciones que recibe su doña Mencía desde todos los frentes. Aunque, como Helena le hubiera podido decir, en ocasiones, la hermosura puede ser una maldición, particularmente en unos días donde las damas estaban siempre puestas bajo sospecha sin derecho a réplica. 



Carlos Pineda es quien toma el manto del marido afrentado, aunque meramente lo fuera en las imaginaciones a la que el honor lo somete, yendo su actuación de menos a más, justo el efecto que pretendió Calderón hace tantos siglos. De igual forma que Mencía, antes de casarse, don Gutierre tuvo su affaire con doña Leonor (una Rosa Manzano que solventa con mucha eficacia un personaje nada fácil, menos agradecido que los otros integrantes del libreto), pero, otra vez, un ridículo malentendido evitó la que probablemente hubiera sido una unión feliz.  



Un mundo de justicia antiguo-testamentaria donde el único paréntesis cómico lo proporciona Coquín (Luis Miguel García), cuyas gracias llamarán la atención del mismísimo don Pedro para tenerle como bufón. Eso sí, fiel a la fama de la que gozó y le hizo ganarse el sobrenombre del Cruel, el monarca advertirá que, si no es capaz de hacerle reír en un mes, ordenará le arranquen todos sus dientes. Y es que el rey presentado, pese a sus intentos de hacer justicia, no es descrito como ningún modelo de equidad. 



No es casualidad esa forma de presentarlo. Don Pedro sufrió la consecuencia de perder la denominada con posterioridad la Rebelión Trastámara, lo cual hizo que su recuerdo perteneciera al de los perdedores de una guerra civil. Asimismo, tampoco es accidental que fuera otra ilustre testa coronada, Felipe II, quien se encargase de que le dieran el sobrenombre del Justiciero. Aquí, Calderón también presenta a la institución fruto de cómo se la entendía en su tiempo, en un contexto determinado y terrible. 



Era el mundo de los nobles y los pecheros. De los cristianos nuevos y los cristianos viejos. También de ver a través de la mirilla si el vecino comía o no tocino... Una Castilla turbulenta y propicia para esa enfermiza aplicación de remedios para conseguir esa figura etérea que es la honra. Una realidad de falsas apariencias. 



La dirección de la adaptación corre a cargo de Jesús Peña, quien se rodea de un excelente equipo para crear una atmósfera de corte sumamente clásico, destacando en esta faceta el vestuario confeccionado para la ocasión por Olga Mansilla. Igual que en La Celestina, los jardines del hogar son utilizados como el espacio propicio para los galanteos amorosos, siempre bajo el temor de la suspicacia del ojo ajeno del vecino, presto a sepultar dignidades. 



Una persona sabia dijo en una ocasión que la comedia era una tragedia que acababa bien y, lógicamente, la segunda era una comedia que había salido mal. Con apenas un puñado de cambios, El médico de su honra sería una pieza de enredos amorosos con criados convertidos en señores, confusiones y pasiones desenfrenadas. Aquí, Calderón muestra el reverso de la moneda, la consecuencia de un sistema de valores viciado desde su origen y cúspide. 



Esa sociedad que, en aras de preservar la honra, es capaz de convertirse en monstruosa.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.culturalalbacete.com/es/inicio--actividades.zhtm?url=2&lang=es&mode=view&corp=culturalalbacete&arg_id=1020



http://www.teatrocordoba.org/venta-de-localidades/espectaculos-a-la-venta/ciclo-oh-cl%C3%A1sicos/



http://www.andalucia.org/es/eventos/teatro-el-medico-de-su-honra-de-calderon-de-la-barca/