domingo, 16 de diciembre de 2018

SEÑORA DE ROJO SOBRE FONDO GRIS


Al contrario de lo que se piensa, los libros no sirven para darnos soluciones. De hecho, solamente valen para crearnos nuevos problemas. Ella siempre decía que el primer libro era fundamental. Si logra despertar tu curiosidad, un libro te llevará a otro libro. Esta clase de reflexiones dichas con la voz de un actor de la talla de José Sacristán tienen un eco destacado. Cuando Miguel Delibes escribió Señora de rojo sobre fondo gris estaba hablando de dos cosas: de la persona que más había amado y sobre sí mismo. 



El protagonista de esta obra es Nicolás, un pintor en horas bajas a quien los ángeles y las musas han dejado desamparado de inspiración. En definitiva, la misma situación por la que estaba pasando Delibes, un escritor de enorme talento que había sufrido la prematura muerte de su esposa, Ángeles de Castro. Él mismo afirmaba que le faltó la referencia, el faro que guiaba sus actividades, dejando incluso la pluma y el papel. Si bien es cierto que nadie es imprescindible, ese viejo dicho olvida que sí hay gente importantísima que, cuando desaparece, deja un hueco profundo e imposible de llenar. 



La producción y dirección de José Samano se basan en la sobria sencillez, aprovechando en todo momento que cuentan con un intérprete de los que se cuentan con los dedos de una mano. Pocos secretos esconden las tablas para un José Sacristán que se mueve entre ellas como un gato hábil sobre un tejado, siempre sin miedo a resbalarse. Tarea nada fácil, habida cuenta que es el único actor en escena, si bien el espectro del personaje de su fallecida mujer sobrevuela toda la obra.


La obra es prima-hermana de Cinco horas con Mario, puesto que sendas representaciones exigen a la persona protagonista enfrentarse con el público sin más armas que una habitación plagada de recuerdos, especialmente el de ese lienzo que nunca se atrevió a pintar. Ambos textos son asimismo crepusculares, como el testamento de un final de viaje.



Eso no quita que sea, a la par, un pincel que arroja mucha pasión juvenil. A lo largo de los recuerdos, Nicolás evocará los días más felices con su pareja, los instantes donde todo parecía que era una fiesta que no se iba a terminar nunca. Como si nos hubiésemos asomado por la mirilla, somos testigos de un soliloquio sin censura acerca de lo que es la vida conyugal con sus luces y sombras.



No parece casual que la pregunta que se le haga siempre a Nicolás es si bajaron los ángeles a visitarle con inspiración. Y es que durante años aguardó que Ángeles de Castro volviese de donde quiera que fue para regalarle la mitad más feliz de su memoria. Si rara vez se guardaba algo en el tintero (pensemos en Los santos inocentes), aquí su escrito es de una honestidad brutal.


Un trasfondo novelesco que encuentra su mejor vehículo en la voz y presencia de un Sacristán comodísimo en el papel, siempre sereno y sin alardes para decir mucho con apenas unos pocos gestos. A estas alturas de su carrera, parece el jugador veterano de infinita clase al que nada de lo que ocurra en el campo le perturba. Está más que habituado y sabe que si surge un imprevisto en escena, él lo va a resolver.



¿Es verdad lo que nos cuenta Nicolás? No es una pregunta baladí en ese sentido, la nostalgia es traicionera y tiende a recordar las cosas mejor de lo que fueron. El subjetivismo de este monólogo lleva a varios silencios de época, con cuestiones como el paradero de la hija mayor del protagonista, un claro reflejo de la política española en la década de los 70 del pasado siglo. Todo queda en el aire.



Obra roja sobre fondo gris que no podemos dejar de mirar.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Señora de rojo sobre fondo gris, función del día 15 de diciembre de 2018 en el Gran Teatro de Córdoba [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Señora de rojo sobre fondo gris, función del día 15 de diciembre de 2018 en el Gran Teatro de Córdoba [Fotografía realizada por el autor del blog]



- Señora de rojo sobre fondo gris, función del día 15 de diciembre de 2018 en el Gran Teatro de Córdoba [Fotografía realizada por el autor del blog]

domingo, 9 de diciembre de 2018

MADRID SE QUEMA


Fue catalogada como el animal más hermoso del mundo. Una fórmula complicada, la trampa después de aparente elogio. Durante toda su carrera, Ava Gardner comprendió perfectamente que importaba menos lo magnífica actriz que era ante la imagen que proyectaba. Un reclamo de la cartelera por su mera presencia en el póster, objeto de deseo de propios y extraños. Bajo unas reglas despiadadas y machistas de la industria cinematográfica cuando las intérpretes envejecían, la diva siempre encontró en España un lugar de repaso, el castillo particular donde ejercer su carpe diem sin miedos. 



Una ironía en un país que en aquellos años se movía en dictadura y la propaganda oficial se jactaba de ser la reserva espiritual de Occidente. No obstante, tener a una de las diosas de Hollywood rodeada de toreros y cantantes flamencos era una publicidad demasiado golosa, por lo que la ilustre estadounidense pudo vivir con una libertad que otras personas no podrían ni haber soñado. Asimismo, pese a la ideología de izquierdas con la que simpatizaban, ilustres visitantes como Hemingway o la propia Gardner no vieron la contradicción de disfrutar en las plazas y tabernas en una nación con un sistema político en las Antípodas de la democracia. 



Paco León pone su olfato fino en esa etapa para narrar en unos pocos capítulos una historia deliciosa con el elocuente título de Arde Madrid. En vez de hablar de los grandes nombres (Dominguín, Frank Sinatra, etc.), el intérprete y director piensa en cómo sería el día a día de aquellos artistas callejeros y busca-vidas que inundaron la casa de la célebre actriz. La micro-historia se centra en Ana Mari (excelente Inma Cuesta), miembro de la Sección Femenina de Falange, quien entra al servicio de la celebridad. 


La química que se termina generando en la extraña pareja que conforman los personajes de Inma Cuesta y Paco León es básica para el éxito de este relato que recuerda a lo mejor del género literario de la novela picaresca. Es decir, protagonistas de moral ambigua que deben recurrir a toda clase de ingenios para lograr sobrevivir en el día a día, buscando ser más oportunistas que el resto cuando la oportunidad se tercie. 



Con todo, una de las papeletas más complicadas la tenía Debi Mazar, encargada de dar vida nada menos que a la propia Ava Gardner. Logra una encarnación creíble y nada sobre-actuada, transmitiendo el ocaso fascinante de una dama que ya solamente teme el aburrimiento. Fruto del contacto con el elenco que la sirve irán surgiendo extrañas rivalidades y complicidades que reflejan con maestría a la Dennis Rodman del celuloide, una epicúrea venida a tierras extrañas con el firme propósito de llevar sus caprichos al exceso. 



Hay también guiños a estereotipos que eran muy populares en el cine español de la época. Anna Castillo da su presencia a la inocentona Pilar, criada de adorable personalidad y que genera incluso el instinto protector de la señora Gardner. Recuerda bastante al mismo rol que ejercía una cómica de la talla de Gracita Morales, la muchacha venida de provincias a la jungla de asfalto madrileña.


Hay algún desperdicio de casting como no aprovechar a una actriz del talento de Carmen Machi, la cual tiene esporádicas apariciones con un personaje ya bastante trillado. Más jugo se saca de las aportaciones de Miren Ibarguren y Moreno Borja como una disfuncional pareja que tendrá varios encontronazos con el servicio de la actriz. O Julián Villagrán como el peculiar hermano de la protagonista.



Hay bastantes guiños históricos que no se limitan al mundo de la farándula. Especialmente a través de dos vecinos de Gardner en su finca, nada menos que Juan Domingo Perón (Osmar Núñez) y su esposa Isabelita (Fabiana García Lago). Los dignatarios argentinos tendrán varias quejas por los ruidos a altas horas de la madrugada y ciertos desencuentros caninos con la norteamericana.



En resumen, una mini-serie muy interesante que evoca una época plagada de contradicciones. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- https://www.elespanol.com/cultura/series/20180920/carmena-paco-leon-hablan-franquismo-arde-madrid/339466716_0.html



- http://www.diariodeleon.es/noticias/gente/arde-madrid-sigue-movistar_1292236.html



- https://www.espinof.com/trailers/trailer-arde-madrid-paco-leon-e-inma-cuesta-criados-ava-gardner-nueva-comedia-movistar

domingo, 2 de diciembre de 2018

SENTIDO, SENSIBILIDAD, ESPADA Y BRUJERÍA


Exigía una extraña alquimia. Los dos personajes resultaban tan emblemáticos como difíciles de comulgar en una misma portada. No obstante, una de las mayores alegrías para las estanterías de los últimos meses ha sido el cruce titulado Wonder Woman-Conan. ¿Juntar la Edad Hiboria con la mitología griega? ¿Hacer cabalgar por el mismo sendero al bárbaro de Robert E. Howard con el icono feministas que diseñaron William Marston, Elizabeth Holloway y Olive Byrne? El resultado podía haber sido un cómic comercial sin mucho sentido y que únicamente aspirase al tirón que por sí mismos tienen cada uno de estos protagonistas entre sus hinchadas.



Indudablemente, uno de los grandes aciertos de la empresa fue poner al timón a Gail Simone. Guionista muy experimentada, denota en cada diálogo y descripción un profundo conocimiento de lo que significan Diana de Temiscira y Conan de Cimmeria. Las legiones de fans pueden respirar aliviadas en un crossover donde no se atenta jamás contra la continuidad o la esencia de iconos de la historieta con décadas a sus espaldas. Lograr la armonía entre esos dos universos de ficción era una tarea nada fácil que la escritora sortea con habilidad pasmosa y aparente sencillez. 



Con el arte gráfico de Aaron Lopresti, realmente muy inspirado en estos números, Simone embarca a Diana y Conan en una extraña búsqueda. Todo comienza con el desafortunado encuentro del bárbaro con un oportunista que lo llevará a tratar con unos esclavistas poco recomendables. Allí conocerá una arena donde hay una guerra distinta a cualquiera que haya conocido antes. ¿O no? Porque la mujer le recuerda poderosamente a una niña de la que estuvo enamorado en el pasado y provenía de extrañas tierras. 


Con unas excelentes tintas a cargo de Matt Ryan, acompañadas de un color espectacular de Wendy Broome y Tony Aviña, Wonder Woman-Conan hace que esta fusión de emplazamientos resulte tan atractiva como armoniosa. Hay un componente de espada y brujería que no chirría al ir de la mano con enclaves que habría imaginado Homero. 



Perfecta conocedora de los puntos fuertes y débiles de cada cual, Simone siempre logra pulir la mejor perspectiva posible para potenciar a la dupla. Si bien el cimmerio es un guerrero formidable, muy por encima de la media, no podría sobrevivir en ninguna pelea directa contra la mejor amazona de Temiscira que, además, cuenta con poderes extra. De maneras ingeniosas (y que hacen referencia a sagas anteriores) se consigue evitar esa desproporción. 



Irónicamente, las portadas de Conan en sus distintos medios han sido en abundancia orientadas a satisfacer al público masculino con damiselas en apuros de hermosa apariencia. La propia Wonder Woman, cuando falleció Marston, también vivió una travesía en el desierto donde quedó muy ensombrecida ante sus contrapartidas masculinas en DC. ¿Como se llevarían en una hipotética primera cita? 

Siguiendo la estela del film de Patty Jenkins (2017), Simone articula un posible romance de una forma inteligente y sin caer en tópicos. Algo realmente meritorio en el caso del bárbaro destinado a convertirse en rey de Aquilonia. El cimmerio ingenuo y enamoradizo al que engañaban en la perversa Shadizar tiene, en apariencia, poco que ver, con sus representaciones más mujeriegas y primarias. Pero la guionista es consciente también de que adorador de Crom ha tenido relaciones de iguales con personalidades como Bêlit. 



Y, sobre todo, una continuada búsqueda de la libertad. Si algo tienen en común las trayectorias de ambas carreras es esa necesidad de liberarse de ataduras. Durante seis números, este equipo artístico de primer nivel nos da un cruce de caminos que parecía insospechado y termina resultando natural, un breve pero glorioso momento donde ambas colecciones se refuerzan mutuamente. 



Se cierra el tomo con una sensación de agrado permanente en la lectura. Una demostración de que se puede hacer algo comercial sin renunciar a la inteligencia y la sensibilidad bien entendida. 



ENLACES DE INTERÉS: 






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domingo, 25 de noviembre de 2018

RENÉ: DEL PANTEÓN A BUENOS AIRES


¿Qué fue primero, las lágrimas o la risa? Con esta elocuente pregunta culmina Anne Goscinny el prefacio del libro de su padre, titulado Del Panteón a Buenos Aires: crónicas ilustradas, una esperada edición en castellana de algunos de los textos de René Goscinny, uno de los más célebres guionistas que ha dado la fecunda escuela franco-belga. Como buena hija, demuestra haber aprendido con astucia gala las lecciones paternas, firmando un emotivo y tierno prólogo que advierte el tono de nostalgia que va a presidir la lectura. 



La edición bonaerense ha sido cuidada hasta el más pequeño detalle, con el mismo celo que el creador de Astérix ponía en sus juegos de palabras para los diálogos. Ilustradores europeos de la talla de Cabu, Druillet, Margerin o Cestac, entre muchos otros nombres destacados, acompañan los irónicos textos de aquel prodigio nacido en París un 14 de agosto de 1926. Vino al mundo muy próximo a Panteón de las personas heroicas de su patria, sin saber que pronto cruzarían el océano para marchar a Argentina y Estados Unidos. Él mismo nos lo cuenta de una forma deliciosa. 



Si algo transmiten de inmediato sus pequeños relatos es un gusto por la vida en general y la buena mesa en particular, afición que comparte con Obélix, aquel personaje secundario que su amigo y mejor socio, Albert Uderzo, consiguió que se convirtiera en principal. Todo ello contaba con un único e ineludible propósito: lograr la sonrisa cómplice, una búsqueda de la carcajada que ya encontró como antídoto de la timidez cuando estaba en el colegio. 


Indudablemente, se trata de una lectura muy agradable y de apariencia simple. Debe insistirse en eso porque él mismo bromea en las páginas con el hecho de que tantos años escribiendo en revistas infantiles le hacían añorar a sus colegas indescifrables, esos que dejaban al público enfadado consigo mismo por no ser capaz de alcanzar los códigos presentados. En realidad, el nivel de narración de Goscinny era tan bueno que su apariencia en el escaparate era de una falsa sencillez, la cual escondía horas y horas de trabajo frente al teclado. 



La cuidada traducción que se exhibe en esta versión permite percibirlo. Hay fragmentos graciosos que se convierten en sublimes a través de las notas a pie de página. Nuestro protagonista se permitía hacer juegos de palabras con algunos de los personajes de Los miserables que, inevitablemente, se pierden al pasar de la lengua francesa a otras. Igualmente sigue ocurriendo hoy con algunos de sus mejores momentos en series como Iznogud. Traducidas son muy buenas. En versión original, alcanzan la excelencia. 



Curtido en los pupitres del Colegio Francés de la capital argentina, Goscinny terminó siendo un trota-mundos que vería otras ciudades importantes como Montevideo o New York. Todo para terminar volviendo a casa para convertirse en uno de los puntales de la industria del cómic. Como su querido Astérix, no llegó a casa como el mal viajero; por el contrario, aprendió mucho de otras culturas para aplicarlo a su aldea. 



En bastantes sentidos, estos pequeños y divertidos pasajes recuerdan a obras similares de otros maestros del humor (especialmente Cómo acabar de una vez por todas con la cultura de Woody Allen). Siempre capaz de sacar punta a todo con ingenio, resulta de particular moraleja la vida de cierto rebelde burgués que está torpedeando el sistema desde dentro. Llega a tener tanta pericia en su intento que en todos las facetas de su vida es un conservador acomodado y que tiene engañados a propios y extraños sin hacer absolutamente nada. 



También plantea un futuro delirante donde turistas de otra galaxia reciben una visita guiada sobre los restos de Francia, con delirantes interpretaciones acerca de los significados de los objetos y lugares presentados. Aunque algunas referencias a su actualidad (por ejemplo, el general Charles de Gaulle) han caducado, sus reflexiones acerca de las dietas burguesas no parecen haber cambiado ni un ápice. 



Un libro imprescindible para las personas seguidoras del célebre guionista, aunque también para un espectro de público más amplio: el de cualquier búsqueda de una lectura que invite a la sonrisa. 



BIBLIOGRAFÍA: 



- GOSCINNY, R., Del Panteón a Buenos Aires: crónicas ilustradas, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2018. Traducción: Laura Fólica y Julia Gómez Sáez (revisión). 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 










domingo, 18 de noviembre de 2018

1980 WIMBLEDON CHAMPIONSHIPS-MEN´S SINGLES FINAL


A diferencia de muchos otros deportes, el tenis mantiene siempre una cercana lejanía con el contrincante. Una fría red separa a las dos personas que se disputan el juego. Por ello, no tiene nada de extraño que sea una disciplina con un fuerte componente de soledad a la hora de asumir los errores y aciertos. Ya sea en tierra, cemento o césped, es un diálogo con uno mismo que ha llevado a autores como David Foster Wallace a afirmar que su practica es casi una experiencia religiosa. 



Durante horas, el sueco Björn Borg y el norteamericano John McEnroe se observaron en la gran Catedral de hierba, justo cuando se decidía si el primero iba a lograr su quinto entorchado consecutivo o, como le ocurrió a Lucio Cornelio Sila con Pompeyo, descubrir que la mayoría de la gente venera al Sol naciente antes que al menguante. El marketing de aquel año de 1980 sabía perfectamente que tenía un producto de primera magnitud. Magic versus Bird, Alí contra Foreman o tantas otras rivalidades que han atraído audiencias millonarias por presentar dos figuras de estilos antagónicos, aunque complementarios. 



La noticia de que Janus Metz Pedersen iba a dirigir un film que adaptaría el partido más mítico (con permiso del duelo Roger Federer-Rafael Nadal) fue acogida con interés y cierta polémica. Naturalmente, McEnroe, el torbellino de emociones y destroza raquetas, pronto se quejó del poco parecido físico que veía entre él mismo y su intérprete en la gran pantalla, Shia LaBeouf. Una pena que el famoso deportista afirme no haberla visto, puesto que sí que se capta muy bien su forma tan peculiar los partidos y convertir en una visita al dentista el jugar contra su heterodoxo estilo.  


La producción sueca es de hermosa factura. La fotografía difuminada pega mucho con la atmósfera casi de documenta que se respira en bastantes momentos. Una clara influencia de esta historia paralela al estilo Plutarco es la estupenda Rush (2013) de Ron Howard. Asimismo, el metraje es el idóneo para narrar lo que desea sin hacerse en ningún momento pesada. 



Conforme ambos protagonistas van avanzando en el torneo, la cinta nos lleva a través del recurso de los flashbacks a comprender los pasos que les llevaron a llegar hasta ahí. Un veterano de lujo como Stellan Skarsgard da vida al mentor del joven Borg (Sverrir Gudnason), una promesa que irá cumpliendo cada uno de los pronósticos sobre él para convertirse en una máquina de victorias. Pero eso le trae mucha más presión que felicidad. Es inevitable recordar la magnífica biografía de Andre Agassi, Open, puesto que hay algún punto en común notable. 



La documentación que llevan a cabo director y colaboradores (especial mención a Niels Thastum, responsable de todo el apartado fotográfico) es digna de notaría, puesto que la recreación de la época es excelente y nos sumerge de forma rápida en tierras británicas. Unas Islas donde el impulsivo McEnroe chocaba de inmediato con el público por su emotividad a raudales. 


Presionado hasta el extremo por la federación de su país y con una vara de exigencia que convertía las victorias en algo rutinario, la frialdad de Borg tendrá que buscar fuego si quiere sobrevivir deportivamente a un duelo con muy poco que ganar y muchísimo que perder. Por su lado, McEnroe se medirá a un rival que le exigirá estar concentrado con los cincos sentidos, no pudiendo permitirse ni dos décimas de segundo en malgastar energías protestando con árbitros o aficionados. 



Si el general Montgomery tenía un retrato del mariscal Rommel, ambas figuras irán obsesionándose con el otro hasta estudiarse al milímetro. Las cuatro horas del choque son resumidas con habilidad. El material era lo suficientemente apasionante para no tener que caer en clichés, resultando un montaje sobrio, eficaz y que contagia la sensación que tuvo la afortunada audiencia del momento al verlo en directo.  



En resumen, nos encontramos ante un biopic deportivo que revindica el género, narrado de forma inteligente y sin otra pretensión que mostrar el drama existencial de dos leyendas del tenis que quedan conveniente humanizadas para lograr nuestra empatía más cómplice. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 









- https://elpais.com/cultura/2018/05/17/actualidad/1526538303_605048.html

domingo, 11 de noviembre de 2018

MUCHA TONTERÍA


Las tonterías juegan un papel fundamental en nuestro día a día. Las que que hacemos y recibimos en nuestra vida cotidiana van marcando, en buena medida, el devenir de eso que llamamos lo cotidiano. Berto Romero es consciente de eso y hace ya tiempo que le saca fruto a través de destrezas como el monólogo, ese espejo donde algunos artistas exhiben sus milagros y miserias ante el respetable público, buscando el efecto de la carcajada que surge cuando se empatiza con el otro. A lo largo de más de una hora y media, Mucha tontería es un espectáculo donde nos reímos un poquito de él, aunque fundamentalmente lo hacemos con el "sobrino" de Andreu Buenafuente, porque nos proyectamos en lo que cuenta. 



Con muchas tablas ya a sus espaldas, pocos secretos le presenta ya el escenario a nuestro protagonista de hoy. Una cita que depende de su habilidad propia para no hacerse pesado y mantener la sonrisa cómplice, contando, eso sí, con el apoyo de la guitarra de cierto Lagarto y la técnica del empleo de luces para invocar al mismísimo Dios si fuera necesario, para entablar un diálogo que incluso nos recuerda afinidades con el maestro Woody Allen (incluyendo la perspectiva de que en aquel asunto de Abraham e Isaac hubo una falta de comunicación tremenda). 



Una de las grandes sorpresas son los números musicales que incluye el asunto, donde Romero además demuestra más destreza de la esperada. Y es que para parodiar a alguien que canta mal hay que tener cierta noción del ritmo y él la posee, llevando varias letras de mérito e incluso un improvisado rap orientado a los progenitores de edad madura que se echan una vista un tanto desconcertada cada mañana ante el espejo. 


A este respecto conviene recomendar ver antes Mira lo que has hecho (2018), creación de Carlos Therón y el propio Berto Romero. Bastantes de los materiales y gags allí planteados son re-utilizados con habilidad en el show. Como el propio protagonista afirma, cogiendo experiencias propias y otras prestadas, se trata de un tipo de "basado en hecho en hechos reales" pero acondicionados al objetivo de lograr la carcajada (en esa escuela también encontramos la magnífica El fin de la comedia de Ignatius). 



Si hace unas semanas hablábamos de la visita de La vida moderna al Cartuja Center, la comparativa con Mucha tontería se antoja pertinente. En el primer caso estamos ante un programa de radio que se encuentra en la más rigurosa moda, justo lo que recetó en botica a la generación de lo políticamente correcto. En el caso de Berto, su onda va más por una atinada reflexión en clave sarcástica de eso llamado madurez, a esa incómoda sensación que una persona tiene cuando mira en el grupo de WhatsApp de padres del cole que tiene 120 mensajes sin leer. 



Se nota también la influencia de la fina pluma de Rafael Barceló con quien Romero ha escrito varios guiones de forma conjunta. Un hábil empleo de la ironía y el sarcasmo, aderezada por la capacidad de improvisación de un comediante experimentado que sabe reconducir su texto según sea la predisposición del auditorio. 


Asimismo, es la oportunidad de ver al Berto más subido de tono, sorprendentemente escatológico incluso en algunas ocasiones. Probablemente, sea un peaje bastante frecuente en los monólogos, porque no deja de ser un terreno común que garantiza el mayor porcentaje de complicidad posible, incluso a costa de cae en algún "cuñadismo". 



Cuando comenzó, en Berto Romero se veía una gracia más que suficiente para ser el compañero perfecto en los programas de Buenafuente (de hecho, se nota que el presentador de Reus siempre imagina sus espacios con secciones para explotar a su descubrimiento). Aunque esperamos que esta complicidad televisiva se mantenga mucho tiempo, estas oportunidades muestran que es capaz de igual manera de tener vuelo propio sin problemas. 



Por ejemplo, ante el reto de estar más de una hora y media sin que el respetable se aburra con la única ayuda del ingenio propio y un guitarrista. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



- Teatro Cartuja Center, función del día 9 de noviembre de 2018. 



- Mucha tontería, función del día 9 de noviembre de 2018.



- Mucha tontería, función del día 9 de noviembre de 2018.

domingo, 4 de noviembre de 2018

AZUFRE Y FUEGO: GOMORRA (TEMPORADA I)


Nápoles es una ciudad que deslumbra con facilidad por su belleza. Sin embargo, en cada uno de sus quartieri se esconden rincones de tristeza. Una hermosa estatua puede estar rodeada de pintadas y paredes desconchadas. A apenas unas calles de un festejo local divertido con buena comida transalpina se puede escuchar una sirena de policía. Una gran ciudad de contrastes, de éxitos y fracasos, sacudida especialmente en las épocas de turbulencias económicas como la que hoy nos ocupa. 



Roberto Saviano comenzó observando el puerto napolitano. Lo hizo con ojo de notario, recogiendo información y sorprendiéndose por los hallazgos que descubría. Paulatinamente sabía más de su tierra y de sí mismo, del orgullo y la vergüenza, de un entramado donde la temible Camorra se había convertido en dueña y señora. Todo terminaba pasando por sus manos para comisiones, desde el fichaje de Maradona hasta las aduanas. Un relato tremebundo que debía terminar cayendo, cómo no, en una adaptación televisiva que se estrenó en 2014. 



Gente como Stefano Sollima, magnífico director italiano, olfatearon que aquí había material para algo grande. Tal vez Gomorra no alcance la belleza triste de esa obra maestra que fue Roma criminal, no obstante, sí que muestra los suficientes ingredientes para atraparnos en sus redes con una calidad que nada tendría que envidiarle a ninguna serie de moda al otro lado del Atlántico. 


Desde el primer momento la cámara nos adentra en las profundidades del clan Savastano, una familia criminal insertada hasta el corazón de la mafia local. Mucho poder, lujo y dinero que debe ocultar las tropelías realizadas para lograrlo. Aunque es una historia coral, el motor del arranque del show es el oscuro personaje de Ciro (Marco D´Amore), un soldado de la asociación de gran astucia y pocos escrúpulos para lograr sus objetivos. 



Los cabezas de familia son don Pietro (Fortunato Cerlino) y la signora Immacolata (Maria Pia Calzone), quienes han empezado a preocuparse por la evolución de su único hijo, Genny (Salvatore Esposito), un joven agradable, algo caprichoso y sobreprotegido que, en algún momento, deberá dejar de pedirles motos nuevas a papá y empezar a involucrarse en la organización. Debido a su amistad con él desde jóvenes, Ciro verá ese aprendizaje como una oportunidad para utilizar al joven en su propio beneficio, aunque cuanto más se acerque a los patronos más riesgos tendrá de quemarse. 



Debido a la riqueza del dialecto madre, estamos ante un programa que debe verse, siempre que se pueda, en versión original. El realismo del rodaje, las callejuelas donde se trafica con la droga, las viviendas en suburbios que están a pocos metros de palacios de emperadores modernos del crimen, etc. Gomorra no va a desbancar a Los Soprano de su trono, pero transmite veracidad y trata a su audiencia con respeto a su inteligencia de una forma envidiable.


Ti fidi di me? Las amistades peligrosas y el dinero fácil para jóvenes impresionables están a la orden del día. Saviano ya participó en la película del mimo título sobre sus investigaciones, las mismas que le han llevado al exilio, tener escolta y chocar con el actual gobierno de su patria. En la versión televisiva el equipo artístico tiene más tiempo para desarrollar las tramas, profundizando poco a poco en cada pieza del rompecabezas de un universo que parece desagradablemente real.



Con una banda sonora exquisita, está primera temporada resulta de visionado atento, puesto que las conjuras y los movimientos entre unos y otros son bastante complejos. Uno de los grandes rivales de los Savastano es Salvatore Conte (excelente Marco Palvetti), un personaje de muchas aristas. Atención también al papel de España en algunos de los episodios y que refleja cómo el problema de la corrupción no atiende a nacionalidades y sí al color de los billetes. 



Dicen que Gomorra se perdió en azufre y fuego. Otros piensan que simplemente está esperando la primera oportunidad para volver a resurgir tras un tenso descanso. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://blogs.20minutos.es/solo-un-capitulo-mas-series/2014/11/27/la-realidad-vergonzosa-de-gomorra/



-https://tvzap.kataweb.it/news/171028/gomorra-2-alleanze-sempre-piu-pericolose-anticipazioni/



-https://it.wikipedia.org/wiki/Episodi_di_Gomorra_-_La_serie_(prima_stagione)