domingo, 16 de abril de 2017

EL BAR DE LAS REVELACIONES



La bestia ha vuelto. Se pueden decir muchas cosas de la última película de Álex de la Iglesia, El bar (2017), sin embargo, quizás para sus fans sea esa frase de obertura la primera idea que les venga a la cabeza. Acompañado de su guionista de confianza, Jorge Guerricaechevarría, el cineasta vasco vuelve por sus derroteros más salvajes, una mezcla castiza de Diez negritos (1939), La jauría humana (1966), Última llamada (2002) y El libro de las revelaciones (finales siglo I d.C.-comienzos siglo II d.C.).



El escenario no puede ser más cotidiano para la cultura española de hoy día. Un bar de tránsito en algún lugar de Madrid, una estación de breve paso para muchos de los parroquianos del lugar, conociéndose ya bastantes entre sí. No obstante, tanto los clientes habituales como otras personas que han entrado por azar van a lamentar profundamente estar allí a las nueve de la mañana de un día cualquiera. La presencia de uno o varios francotiradores va a acabar con la vida de quien intente salir sin existir ninguna explicación aparente.



A pesar del poderoso gancho, puesto que a medida que se interroguen a sí mismos los atrapados verán que hay intereses oscuros para acordonar esa zona, al director le interesa poco el por qué van a quedar allí enjaulados. Todo es un poderoso mcguffin para jugar con unos personajes bien construidos y mejor interpretados. Terele Pávez, una de las actrices de confianza de Álex de la Iglesia, caracterizará a Amparo, la arisca propietaria del local, acompañada de Sátur, un camarero que lleva mucho tiempo a su servicio (un magistral Secun de la Rosa se encarga de este papel).


Aunque sea una historia coral, El bar hace que su auditorio se proyecte con facilidad en Elena, una mujer que entra por azar en el momento más inoportuno para visitar el barrio. Blanca Suárez se muestra perfecta en esa función y su álter ego a va ser quien tenga un arco más rico, plasmándose una transformación de personalidad y física en un verdadero descenso a los infiernos, como si se tratase de la víctima de una maldición. Probablemente, se trate de su mejor trabajo hasta la fecha, puesto que debe haber supuesto su rodaje más exigente.



El casting, como suele ser el sello del creador de El día de la bestia (1995), combina con acierto apuestas muy seguras con un buen sentido comercial del riesgo. Por un lado, encontramos a una artista tan consagrada como Carmen Machi, la cual hace de todo y, lo que es más importante, todo bien y con credibilidad sin aparente esfuerzo. En el otro, Álex persiste en su apuesta por Mario Casas, actor que no siempre me convence, pero que con él suele tener buenas prestaciones. En el caso concreto de El bar, se muestra sólido y hace de un individuo complicado con muchos colores grises. 



Dentro de esta variada fauna, se permite un personaje visceral y que alterna lo cómico con lo trágico, Israel (Javier Ordóñez). En apariencia se trata de un indigente que ya es bastante conocido por todos los vecinos y colabora en la parroquia para sacarse un poco de dinero; no obstante, el giro de acontecimientos le va a equilibrar al resto y, tal vez por una vez, quizás su instinto de supervivencia le ponga en el papel de juez justiciero del valle de Josafat. Ordóñez hace una composición pasional de la que se beneficia el ritmo del film. 


Generalmente, esta especie de mini-Cluedos funcionan muy bien en el primer acto. Más si, como es el caso, hasta quien tiene solamente un par de diálogos lo hace con una naturalidad envidiable. De cualquier modo, a medida que avance el asunto y se acrecienten las sospechas, la propia naturaleza de la historia condiciona y encajona los escenarios. El equipo del director acepta el reto y va hallando caminos subterráneos para conseguir seguir manteniendo atentas las miradas y que nadie abandone el barco hasta llevarlo al sangriento puerto al que va abocada la trama. 



Conforme se van cerrando las puertas y las vías de salida, aflorará lo peor de la naturaleza humana y lo que estamos dispuestos a hacer por mantener nuestro pellejo. Se nota la fina mano de humor negro que posee el argumento, ingenioso y retorcido, pero sin llegar a ser del todo negativo, no odia a ninguno de los protagonistas, todo el mundo tiene sus motivaciones para creer sinceramente que ellos merecen ser los primeros en escabullirse de allí. 



El bar no dejará a nadie indiferente. A muchos les va a gustar y a otros tantos del público les generará dudas y hasta estupor. Como fuere, solamente por el sentido del riesgo y ese sello tan personal que posee una filmografía única en su especie dentro del cine español, merece la pena abrir esa puerta aún con el riesgo de quedar atrapados. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.20minutos.es/noticia/2919919/0/nuevo-trailer-alex-de-la-iglesia/



-https://www.berlinale.de/en/presse/pressevorf_hrungen/datenblatt.php?film_id=201715522#tab=video25



-http://www.hobbyconsolas.com/reviews/bar-critica-nueva-pelicula-alex-iglesia-93080

domingo, 9 de abril de 2017

THE SIMPSONS GUY


Parece un guión de ensueño pero es una trampa mortal. Ninguna persona con aspiraciones a guionista querría este encargo en cuanto lo pensase un poco. Juntar a dos de las series más emblemáticas de la animación. Por un lado, el sentimiento de fan hace pensar que es una oportunidad única. Bien mirado, supondría una manera de enfadar, como mínimo, a una de las dos hinchadas. Family Guy y The Simpsons se parecen en el formato, pese a ello, en lo fundamental son bastante diferentes. Sin embargo, el ejercicio de orfebrería por el equipo encabezado por Peter Shin (dirección) y Patrick Meighan (guión) resulta tan brillante y ecléctico que termina logrando lo que se antojaba imposible. 



Aunque se enmarca dentro de la serie de los Griffin, la premisa comienza con un recurso muy propio de los argumentos de la familia amarilla. Es decir, un breve primer acto que trata un tema que no tiene, en apariencia, nada que ver con el prometido crossover. Pero no desesperen, hay un método en la locura y las tiras cómicas que empieza a dibujar Peter para el diario local van a terminar desembocando en el desembarco del clan de Seth MacFarlane en Springfield. 



No es que las relaciones siempre fueran fluidas entre los dos shows pero el hecho de compartir cadena (FOX) y el poderoso caballero con el símbolo del dólar influyeron a esta convergencia. No obstante, al César lo que es del César, se trata de un experimento de más de cuarenta minutos que en ningún momento se hace pesado. Nada resulta especialmente forzado y hay un sentimiento metaficcional que hará muy felices a los fans de uno y otro estilo de humor.



Y es que se trata de un especial realizado con mimo para las personas seguidoras de ambos espectáculos desde sus inicios. Una armonía que destaca en el apartado gráfico, situándose el punto de inflexión en la colaboración entre los animadores de Family Guy con David Silverman para ajustar las particulares características de unos y otros. Una onda en la que también se movió Walter Murphy para realizar una banda sonora que juntase cada repertorio para complementarse mutuamente.  



Es decir, un envase atractivo y que podía complacer. No sin gracia, en varias entrevistas posteriores los implicados se enorgullecían de que su propuesta había recibido el máximo elogio posible de la crítica en internet, siempre comprensiva y constructiva: "No es terrible". Acaso ellos mismos eran conscientes de que no iba a ser posible complacer a todos cuando el dueño de La Mazmorra del Androide sentencia: "La peor pelea de gallos de la historia". 



Al Jean, miembro de algunas de las mejores etapas de Homer y cía (también de otras bastante más cuestionables), encabezó la buena acogida que Springfield dio a Quahog. Simpatías que evitan ser de masaje mutuo cuando se trata un tema espinoso y que siempre ha estado ahí: la influencia simpsoniana que algunos maliciosos llamarían plagio cara a la creación de las criaturas de Seth MacFarlane.


Esta confrontación es, bajo mi modesto juicio, es uno de los regalos de la caja tonta a 2014. Se trata de una reflexión más atinada de lo que pudiera parecer a simple vista. Por un lado, tenemos un capítulo bien hecho y entretenido, si bien los cerebros de sus responsables se han estrujado bastante más de lo que pudiera pensarse. Padre de familia suele suponer una incómoda mezcla de lo sublime y lo grotesco, pero aquí se muestra generosa y, sin perder su sello de identidad, se pone al servicio de la familia amarilla sin caer en la servidumbre.



Obviamente, habrá cuestiones que puedan levantar ampollas en los más radicales de uno y otro show, pero, en líneas generales, ambos productos pueden darse por complacidos de haber sabido reírse de sí mismos con gracia. Aquí los creativos de los habitantes de Springfield no dudan en mirarse el ómbligo y comprender el efecto de hartazgo que puede haber provocado un programa que es historia de la televisión, aunque se ha eternizado como toda gallina de los huevos de oro que se precie. 



No se dejen llevar por los prejuicios y vean The Simpsons Guy con un puntito de relajación, como quien es capaz de disfrutar de algo sin decir, como magistralmente hizo South Park, aquello de: "Eso ya los hicieron en Los Simpsons".



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://familyguy.wikia.com/wiki/The_Simpsons_Guy



-http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Peter-Griffin-encontro-Homer-Simpson_6_301379881.html



-http://www.tv.com/shows/family-guy/community/post/family-guy-simpsons-crossover-the-simpsons-guy-review-season-13-episode-1-141167627198/

domingo, 2 de abril de 2017

EL POETA QUE QUISO SER JUGLAR



Pudo estar en tablados carmesíes y bordados de oro, pero prefirió siempre el calor del gallinero, obrar el milagro de tornar los murmullos de francachelas tabernarias en expectante silencio. No existen muchos actores cuya mera presencia pueda justificar celebrar adecuadamente el Día Internacional del Teatro: Rafael Álvarez el Brujo es uno de ellos. El pasado lunes el Gran Teatro de Córdoba se hizo un auto-regalo para alimentar el espíritu, brindando a la audiencia un monólogo inolvidable del intérprete, una carta de amor en clave cervantina a uno de los clásicos. 



Sin embargo, tengamos cuidado al emplear esa palabra. El término clásico literario suena a imposición académica, a nota a pie de página arisca ante la improvisación. El Brujo ha estudiado a Cervantes, Shakespeare y Homero a la perfección, si bien se niega a que se lo dicten otros. No usa su seductora voz para decir lo ya escuchado, su interpretación es libre y fluida, como la que la hacía su propio padre cuando le habla del Quijote, el cual probablemente nunca había leído; eso sí, como afirmaba García Márquez, otro nigromante, lo más maravilloso no es conocer ese pasado, sino recordarlo, porque esa acción conlleva invención. 



El mago consagrado se caracteriza por presentar un objeto ordinario y convertirlo en algo totalmente extraordinario En un austero escenario que haría las delicias de los presupuestos de Angela Merkel, el artista lucentino convierte el triste ajusticiamiento hace siglos de unos reos en el último canto de juglares moriscos. Todo se convierte en un misterio, el eterno arranque de de una obra, porque cada vez que abrimos las páginas del ingenioso hidalgo lo estamos volviendo a crear.


Una danza difícil de realizar cuando se trata de balancear el peso de la palabra escrita y el monólogo ingenioso. Probablemente, junto con Roberto Benigni y su impresionante recitación de la obra de Dante, no exista nadie mejor que este descubrimiento del gran Paco Rabal para hacer que lo antiguo cobre vida. Conseguir que las palabras se transformen hasta que todo un auditorio pueda ver la cansada y triste figura derrotada del mito ante el Caballero de los Espejos. 



Y, como con acierto hace, la privación de la libertad como tema central. Solamente alguien que hubiera conocido los rigores del cautiverio podría haber narrado así el encuentro de Sancho y Alonso Quijano con unos reos que marchan a la terrible pena de servicio en galeras. Si Quevedo supone la ironía, el comentario ingenioso y malicioso, la prosa cervantina implica la perspectiva tierna pese a todos los males. Si hay un testamento para este caballero andante debería ser: practicarás la misericordia sobre todas las cosas. 



A estas alturas, el Brujo no puede engañar a nadie, mucho menos a sí mismo. Se nota que goza cada instante entre bambalinas, que domina tanto el texto que puede permitirse la mezcla con sus vivencias personales sin que se pierda armonía o ritmo. Como el sabio profesor, sabe cuándo su público queda cautivo, se permite siempre la tentación de hacerlo disfrutar. Pulsa la tecla y él mismo se entrega a la droga que sienten todos los trovadores y asaltantes de la palabra que buscan fortuna en la última pasada. 



Un terreno donde se mueve con una comodidad pasmosa. No tiene nada de extraño que el mismísimo Fernando Fernán Gómez lo eligiese como un maduro Lázaro de Tormes (enlace Lázaro de Tormes), así como que este actor tuviera la osadía de comentar ese otro tratado mágico y misterioso llamado La Odisea. Nada escapa a su perspicaz ojo crítico, no en vano hace algún tiempo regaló unas reflexiones impresionantes sobre los brillantes personajes femeninos de Shakespeare. 



Rafael Álvarez pudo haber sido un intérprete de método impresionante. La voz ideal para transmitir el regusto atávico de los versos del Siglo de Oro, un rincón reservado en estudios de corte formal y palaciego. Pero no quiso ser poeta de Corte cuando tenía todo el talento para lograrlo. Igual que alguien decidió salir a los caminos para corregir injusticias, él se enamoró perdidamente de la posibilidad de ser juglar. En otro tiempo, no dudó que habría podido estar en la Barraca. 



El lunes suele ser un día áspero, poco propicio para abandonar un sentimiento de rutina. Sin embargo, en compañía de dos queridos amigos y con un solo individuo ante un escenario, el homenaje al teatro y a Cervantes se realizó de la mejor manera posible. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://entradas.ataquilla.com/ventaentradas/es/teatro/auditorio-sede-afundacion-pontevedra/6987--rafael-alvarez-el-brujo-misterios-del-quijote.html



-https://creativa7.es/rafael-alvarez-el-brujo-desvela-los-misterios-del-quijote-en-el-espacio-cultural-cajacanarias/



-http://redaragon.elperiodicodearagon.com/agenda/fichaevento.asp?id=77539

domingo, 26 de marzo de 2017

LA MÁSCARA DEL DUENDE


Laura Palmer. El Rey Amarillo. La identidad del Duende. La ficción encuentra pocos rincones más fecundos para perpetuarse en el imaginario popular que con un misterio que genere ansiedad de descubrimiento por parte del público. En la década de los ochenta, Roger Stern era el flamante guionista de la cabecera principal de Spiderman, contando con el talento de John Romita Junior a los lápices. Convencido de necesitar un villano que recordase a los días de gloria del trepa-muros, el hábil escritor creó al Duende, una re-actualización muy necesaria de una de las grandes Némesis de Peter Parker. De inmediato, el círculo de lectores de Spidey se devanó los sesos acerca de quién andaba tras la máscara de la amenazadora figura. 



De inmediato, los fans incondicionales del icónico héroe se preguntaban acerca del origen de aquel antagonista de altura. Quedaba claro que tras el Duende se escondía un hombre negocios muy inteligente y sin escrúpulos. Había usado con habilidad la tecnología de su predecesor para interpretar una fantasía de poder y tomar represalias cuando cierto arácnido se metiera en sus maniobras más turbias, pero podía dejarlo en cualquier momento. A diferencia de Norman Osborn o Venom, aquel individuo estaba muy cuerdo y no dudaba en manipular a otros para usarlos como chivos expiatorios. Stern no soltaba prenda sobre sus reales intenciones y una amplia nómina de sospechosos plagaban la colección. 



El artífice de la estupenda idea fue demorándose en exceso, hasta el punto de que a su marcha de la serie quedó todo inconcluso. Al no haber confiado sus propósitos a nadie en Marvel, sus pobres sucesores hubieron de hacer encaje de bolillos. Aunque mantuvieron al Duende en el candelero, su presencia iba haciéndose menos especial, cada vez más equiparable a otros líderes de bandas mafiosas que plagaban la atmósfera del sobrino de May Parker. Para colmo de males, discrepancias artísticas hicieron varios finales apresurados donde cada cual intentó justificar su elección del lanzador de bombas-calabaza. Todo había acabado en un extraño viaje de Peter Parker a Berlín con Ned Leeds. Por fortuna, a comienzos de 1997, llegó una segunda oportunidad que un perro viejo de olfato fino como Stern no iba a desaprovechar.



Con la posibilidad de firmar una mini-serie donde dar su visión del asunto, Stern se hallaba ante una encrucijada. Podía seguir únicamente las propias pistas que él había dejado en sus viñetas y que tan bien conocía o, en una maniobra más arriesgada, intentar encajar todo en la continuidad de la saga, incluyendo aquello que parecía contradictorio. En apenas el primer número, el hábil escritor dejó constancia de su saber hacer, logrando hacer creíble los puntos más contradictorios. De repente, lo que fue un caos empezaba a resultar algo lógico y que llevaba el innegable sello del astuto Duende.



Realmente, aquel re-encuentro caía como agua de mayo al lanza-redes, el cual acababa de salir de un culebrón de clones con poco sentido y otros momentos realmente mejorables. Ese viaje a lo mejor de su pasado ochentero pero en el presente de Spiderman sonaba de maravilla y más si contaba con un dibujante como Ron Frenz. Como añadido de lujo, uno de sus entintadores de portadas y del primer tomo fue nada menos que el legendario George Pérez.



Las personas amantes de los relatos de Agatha Christie disfrutarán enormemente de reconocer rasgos comunes de este género en una historia superheroica donde la sagacidad investigadora es todavía más relevante que los poderes excepcionales y las filigranas en el aire. Stern da mucho peso a Betty Brant, la viuda de Ned Leeds. La primera novia de Peter Parker ha madurado hasta el punto de ser una periodista de armas tomar y con una gran resolución para enfrentarse a los fantasmas de su pasado. El guionista tampoco renuncia a poner a Mary Jane Watson como algo más que la cara bonita de la vida del héroe, siendo su instinto el que pone a su esposo tras la primera prueba de que la persona que fue asesinada en Berlín nunca pudo ser el verdadero Duende.


La obra además está enriquecida con el trasfondo de las esferas de los altos industriales y las turbias maniobras que algunos de ellos realizan por alejar a la competencia. Betty y sus aliados van a jugar una partida muy complicada donde también hay un sincero homenaje a la faceta periodística, Stern conoce muy bien la mitología del arácnido y es capaz de demostrar que hasta Jonah Jameson tiene su corazoncito.



¿Y acción? Por supuesto, cuando duendes y arañas coinciden los puentes de New York se convierten en escenarios de batallas campales que plagan las viñetas. Habrá varios guiños saludables al pasado, desde portadas míticas hasta pequeños detalles que quizás se habían perdido por el transcurrir de los años. Una verdadera delicia para las personas amantes del cabeza de red.



El único punto quizás negativo de la mini-serie es que derivó en una secuela que no aportaría gran cosa a lo ya sabido y enturbió la agradable sensación de círculo cerrado que dejaba este excelente ejercicio.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.comicextra.com/spider-man-hobgoblin-lives/chapter-3



-https://es.pinterest.com/pin/549368854515425212/



-http://www.chasingamazingblog.com/2013/09/05/the-hobgoblin-lives-and-will-the-real-hobgoblin-please-stand-up/

sábado, 18 de marzo de 2017

LA DOLOROSA VERDAD


A lo largo de la Historia, la esclavitud de seres humanos se ha mostrado como uno de los negocios más lucrativos que pueden realizarse. Ya fueran los asientos negreros para llevar esclavos "habidos en buena guerra" en galeones o los siervos de la gleba adscritos a la tierra del amo, esta cruda realidad se ha fundamentado en una lógica económica tan siniestra como irrefutable. La popular y polémica periodista italiana Loretta Napoleoni trae recientemente un libro poco apto para elevar el espíritu: Traficantes de personas: el negocio de los secuestros y la crisis de los refugiados



Firma de prestigio, corresponsal en diferentes países de Oriente Próximo, Napoleoni se ha caracterizado por mantener una línea muy volcada en materia de terrorismo, uno de los temas candentes de la actualidad en Occidente y que más preocupa a sus habitantes. Estas páginas nos llevarán desde el tráfico de cocaína en África, pasando por la piratería en las costas somalíes hasta llegar a la financiación que obtiene Al Qaeda del secuestro de rehenes.  



Cada capítulo resulta más crudo que el anterior en cuanto a la observación de dramas personales se convierten en frías cifras. Siempre hemos sospechado que hay rehenes y rehenes para el pragmatismo de los gobiernos, pudiendo depender mucho el eco de una tragedia según los medios decidan darle cobertura o no. Unas guerras de propaganda donde lo que nos llega de verdad tiene una dosis mínima. Buena conocedora de la temática, la autora da en varios pasajes una clase magistral de nuestra capacidad de consumir sin filtro distintas noticias.


Uno de los temas que más saldrán mencionados es la célebre crisis de los refugiados. Un drama que, con todo, resulta extremadamente rentable a unos pocos. Aunque no siempre pueda dar los nombres, la periodista italiana ha realizado muchas entrevistas a negociadores y especialistas en estas lides, quienes terminan siendo desapasionados de su oficio, una deshumanización que toman como aliada imprescindible para enfocar un juego donde un error puede ser fatal. 



La propia Napoleoni se excusa al final de su trabajo por su manera cruda de reflejar algunos hechos. Particularmente devastadora es su manera de presentar los errores cometidos por personas jóvenes e idealistas que acuden a zonas de crisis con el corazón lleno de buenas intenciones y la cabeza demasiado utópica para poder asimilar la verdad. En algunos de los acontecimientos presentados casi pareciera que esos involuntarios rehenes fueran acusados de ser los culpables de que organizaciones terroristas logren botín. 



Se aportan asimismo otros prismas de la historia. Particularmente interesante es la compleja red de tribus que organizan y redistribuyen los beneficios entre los piratas somalíes, actividad que otros vecinos y familiares suyos justifican como la única medida que los países "civilizados" les han dejado para huir de la extrema pobreza. Naturalmente, Siria será otro país muy citado en esta disertación por los motivos que ya todos sabemos.


Aunque pueda resultar paradójico por el grado de desarrollo alcanzado, pocos continentes presentan las facilidades para el comercio de personas que Europa. Una vulnerabilidad que presenta mil riesgos, incluso algunas de las sociedades con mejores sistemas educativas en países como Dinamarca son susceptibles de sufrir brotes de xenofobia y dudas sobre sus emigrantes ante el determinado tratamiento de algunas noticias.



De contextos enardecidos surgen movimientos que explican auges como el mantenido por partidos de extrema-derecha durante los últimos años. Los más castigados, como no podía esperarse otra cosa, son los propios protagonistas de estos éxodos. En condiciones inhumanas y sin garantías reales de obtener la meta, una persona que huya desde Mosul a otra zona podría dejarse en el camino la cifra de 7.000 euros por el trayecto.



Una serpiente codiciosa que se refleja en muchos rincones sin entender de credos religiosos o políticos. No pocos bienintencionadas voluntades voluntarias son captadas en zonas de frontera de guerra para ser traicionadas por sus presuntos "guías" en cuanto ponen un pie en territorio hostil, revendidas a secuestradores ansiosos de turistas con familias, amigos y gobiernos a los que poder presionar. Un libro directo, rudo y desmitificador. No estaremos de acuerdo con muchas cosas, tampoco resulta una lectura agradable. Pero es imprescindible.


FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.casadellibro.com/libro-traficantes-de-personas/9788449332487/4138488



-http://www.actuall.com/democracia/experta-refugiados-los-nuevos-yihadistas-saldran-los-campos-refugiados/



-http://www.hablandoconletras.es/entrevistas-escritores/

domingo, 12 de marzo de 2017

CUANDO DIOS NO MIRA


Suele decirse que no hay temas malos para hacer una película. Según esa teoría, lo importante es la manera de contarlos. Siendo una aseveración con un gran fundamento de verdad, no es menos cierto que existen cuestiones con más potencial para vender que otras; no son mejores, simplemente, entran por los ojos primero. Cuando tomó las riendas de Que Dios nos perdone, Rodrigo Sorogoyen debía ser consciente de que la trama del guión, escrito a medias entre el cineasta e Isabel Peña, podía levantar ampollas. Resumiendo, no es descabellado decir que presenta una historia desagradable. 



Y, sin embargo, es una magnífica película. Antonio de la Torre y Roberto Álamo cogen dos personajes nada fáciles, unos policías marginales con sus taras particulares, aquejados de no pocos fantasmas. El talento de ambos intérpretes ya justifica el dinero de la entrada, dando siempre presencia a sus creaciones y otorgándoles humanidad sin renunciar a mostrar sus sombras. Funcionan juntos desde la primera escena y provocan que el público pueda embarcarse rumbo a unos extraños crímenes que acontecen en el Madrid que se preparaba para recibir la visita de Benedicto XVI. 



Se presenta una capital española sumida en un largo verano donde los residentes que pueden permitírselo han huido a destinos vacacionales. No obstante, con la visita llegan una gran cantidad de peregrinos, además, la crisis económica achucha tanto que no pocos barrios populares deben sobrevivir como pueden bajo los rayos de Sol. En ese contexto surgen unos asesinatos contra indefensas ancianas que tienen una marca de salvajismo que las altas instancias quieren evitar lleguen a los ecos mediáticos.



Esta recreación cuidada es un acierto de montaje y gran trabajo en equipo. Los extras, portales, cocheras mugrientas y calles descuidadas aportan una verosimilitud que sumerge de inmediato en el lugar. Un esfuerzo técnico que se acompañado por unos secundarios pintorescos y bien caracterizados. Supone un verdadero lujo tener a un intérprete como Luis Zahera, siempre capaz de que la cámara se fije en él, para pequeños bocaditos de gran cine.



Llegados a esta tesitura tenemos claro que es un producto de buena factura y que no coloca anestesia para tratar un tema espinoso. Aquí el thriller tiene que hacer una apuesta por el camino a recorrer: mostrar al asesino antes o después de la resolución. No es poco riesgo. Se pierde el elemento principal de sorpresa, pero eso eleva también la categoría del argumento. Habrá un momento que sepas quién, no así sus motivaciones o si va a pagar por sus crímenes. Como dijo Ramsay Bolton, si todavía esperas un desenlace final positivo, no has prestado mucha atención. 



El experimento fílmico hace otro redoble de altura. No acerca a una cuestión que estos tiempos que corren está salvajemente mutilada en la cultura del ocio: los problemas de la tercera edad, de las personas que viven solitariamente en bloques de pisos de interminables escaleras, expuestas a una jungla de asfalto donde solamente los más jóvenes y fuertes parecen tener derecho a ser felices. Y ahí descubrimos a magníficas actrices, a un testimonio de una fase donde ojalá todos pudiéramos llegar, al final del camino. No suelen tener voz en una industria que bebe los vientos por el público potencial de los jóvenes, pero Que Dios nos perdone refleja que, por supuesto, sí que tienen muchísimo que decir en la gran pantalla, que sus inquietudes y temores son los nuestros también.


¿Historias de amor? Sí que las hay, incluso en tan turbia atmósfera. Medidas, creíbles, con una dosis de realismo sin renunciar a la ternura, pero tampoco huyendo de la decepción. Pareciera que las piezas encajan de manera fluida, sin tener que forzar la máquina en ningún instante, permitiendo que el público tenga ese momento de pausa para la reflexión.



Sorogoyen y su equipo confían en la inteligencia de su auditorio. Se han hecho acusaciones más explícitas, con mayores gritos y rayando en lo exhibicionista. Sin embargo, Que Dios nos perdone es más dura en el largo plazo, cuando se comprende que no es moco de pavo lo que se está cocinando en el buffet del peor infierno que conocen creyentes y ateos: el que se da puertas para adentro, en el momento de apagar la luz.



Cuando Dios no mira, suelen terminar sucediendo estas cosas. Por fortuna, las cámaras estaban allí para acercarnos a estos dos policías ficticios contándonos algo que parece muy real.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.elcineenlasombra.com/dios-nos-perdone-critica/



-https://cinetfaro.com/2016/11/04/que-dios-nos-perdone-dir-rodrigo-sorogoyen-por-yolanda-aguas/



-http://www.hobbyconsolas.com/entretenimiento/que-dios-nos-perdone

domingo, 5 de marzo de 2017

MORTADELO DE LA MANCHA


Era simple cuestión de tiempo que sus destinos se cruzasen. Con tantas décadas a cuestas de ser el estilete de las viñetas españolas, resultaba sorprendente que Mortadelo nunca hubiera sentido la imperiosa necesidad de salir a los lugares y caminos con el propósito de enderezar tuertos y desfacer agravios como sí hiciera cierto ingenioso hidalgo de un lugar de la Mancha centurias atrás. Durante el año de 2005, Francisco Ibáñez saldó esa deuda, con un singular homenaje que los inefables agentes de la TIA harían a la inmortal creación literaria de Cervantes. 



Naturalmente, referencias habían existido en el pasado. En el detallado blog comiquero Corra, jefe, corra, se recordaba a ese respecto una campaña publicitaria de Plumas Parker (sin ir más lejos, aquella marca que don Leonardo Meléndez intentaba falsificar sin mucho éxito en La Colmena), donde el maestro del disfraz del tebeo hispano realizaba varias fazañas ilustradas. También podemos añadir cierta excursión que un enloquecido Mortadelo obligaba a realizar a su jefe por el campo en los cortos de animación de Estudios Vara, solo para descubrir Filemón que todo era un ardid de su empleado, complacido en tenerlo de improvisado Sancho Panza. No obstante, era la primera oportunidad en que la traslación sería total. Solamente ese histórico encuentro ya justificaría que sea uno de los albumes más exitosos a nivel de ventas y repercusión en aquel tiempo.  



La excusa argumental la proporcionará el profesor Bacterio, quien recibe instrucciones para que Filemón y Mortadelo adquieran las destrezas del mítico James Bond. Con un invento de cosecha propia, el científico logra que los sujetos que lo prueban adquieran las virtudes de los personajes principales del libro en cuestión. Contra la mala fama que le dan en la organización, la operación es todo un éxito, salvo por el detalle de que la señorita Ofelia ha traspapelado las tapas de la novela de espías con el célebre clásico. 


Ello lleva a los dos protagonistas a deambular por la ciudad con el espíritu de enloquecida hidalguía a cuestas. Generalmente, Ibáñez ha hecho parodias tan divertidas como superficiales cuando sus viñetas han versionado a célebres creaciones de la ficción (por ejemplo, en 100 años de Cómic [1996]). No obstante, aquí el autor exhibe un conocimiento más profundo de la referencia, insertando con acierto pasajes no tan conocidos de Quijote y Sancho, Curiosamente, fiel a su coraza de sabio despistado, el dibujante manifestó en varias entrevistas que, al igual que muchos infantes que han pasado por el sistema educativo español, la lectura obligatoria de la novela se le hizo plomífera (y en su descargo, afirmar que poner a don Quijote en esos niveles es como iniciar la carrera con un final de etapa nada más comenzar la carrera lectora, siendo mucho más fácil disfrutarla en la madurez).  



Volviendo a referencia la muy recomendable crítica que hallamos en Corra, jefe, corra, se incide en uno de los principales problemas de esta ágil aventura: que Mortadelo y Filemón no viajen a la época del Siglo de Oro, sino que toda la esencia cervantina sea trasladada a nuestro tiempo. Hubiera sido muy divertido de haberse realizado en ese sentido (recordemos El quinto centenario (1992) ver a los personajes en esa atmósfera. 



Una grata sorpresa es la apuesta con todo el riesgo que toma el creador de que el invento de Bacterio funcione hasta el extremo de que la pareja hable en la lengua castellana más arcaica. Ello da un sabor de mayor verosimilitud al experimento y permite que el homenaje sea todavía más redondo, siendo digno de disfrute y un guiño a los los lectores más adultos. 


Ibáñez no renuncia en esta ocasión a hacer algunos guiños al pasado de sus criaturas, incluyendo algún cameo de figuras políticas que nunca salen bien parada cuando se cruzan con los dos agentes de información, ni siquiera cuando están embrujados por el elixir de las novelas de caballerías. También hay una no demasiado edificante abundancia de gags de corte escatológico que no lucen tanto en una obra que, por lo demás, tiene un muy buen nivel gráfico. 



Con anterioridad hablábamos de que hubiera sido muy atractiva la posibilidad de hacer viajar la narración a la época de las páginas cervantinas. Allí, el abanico de escenarios se hubiera multiplicado. Por el contrario, aquí, con un buen punto de partida y algunos recursos humorísticos realmente hilarantes, se repiten demasiados campos de trabajo archi-conocidos de números anteriores (el zoo, el propio edificio de la TIA, etc.). 



En muchos sentidos, la acidez del universo del más prolífico autor de las viñetas españolas (jefes coléricos, empleados siempre ansiosos de dar esquinazo, gatos y perros despelléjándose, etc.) le aproxima más al sarcasmo deshumanizado de Quevedo. Como fuere, aquí resulta sorprendente constatar lo bien que muchas escenas del ingenioso hidalgo se pliegan de maravilla a este contexto. Una ocasión única de juntar la esencia de dos figuras alejadas en mucho, pero próximas en algo: sin Alonso Quijano y Mortadelo, leer hubiera sido mucho menos divertido. 



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