sábado, 14 de noviembre de 2015

EL PEOR CRÍTICO DEL MUNDO



Nunca me resulta fácil hacer una reseña de un cómic de Astérix. No se trata solamente de una fuerte simpatía por el personaje, es algo más. Probablemente, aprender a leer sin el bajito y astuto galo habría supuesto una experiencia mucho menos divertida. Junto con Mortadelo y Filemón, la irreductible aldea supone uno de los pocos tebeos de los que no recuerdo la primera vez que me acerque a ellos. Y no es que a uno no le gusten otros iconos de las viñetas, todo lo contrario, pero fijo con claridad el momento en el que me engancharon sus guionistas y dibujantes. En el caso de la tierra de los menhires no, siempre han estado allí, un axioma incuestionable para las estanterías de mi casa. 



Jean-Yves Ferri y Didier Conrad, recogedores de la antorcha de los míticos R. Goscinny y A. Uderzo, volvían a la carga tras haberse estrenado con la aventura picta, en este caso, con la recién publicada El papiro del César. Pude adquirir el álbum de inmediato y huelga decir que cayó con la rapidez que los jabalíes desfilan por un banquete con Obélix. No duelen prendas en admitir que la primera lectura me llevó a apreciaciones injustas sobre esta obra. La nostalgia es mala consejera en las continuaciones y el recuerdo de los mejores Goscinny y Uderzo pesa mucho. "¿En serio? Pues a mí me ha parecido muy bueno", me decía un buen amigo de cuyo criterio no tengo dudas, cuando intercambiamos impresiones; él atestiguaba haber estado ante una historia al más puro estilo clásico, mientras que yo había desfilado sin frío ni calor ante sus viñetas, carente todo de pena o gloria. 



Una re-visita a los pocos días me mostró un cómic bien diferente. En primer lugar, un arranque muy bueno y que hubiera complacido al mismísimo Goscinny. César tiene ya recopilados todos sus célebres comentarios sobre su conquista gala, pero uno de sus asesores, Promoplús, le convence de que debe suprimir un capítulo que su autor ha dedicado a la irreductible aldea de Abraracúrcix, plagado de fracasos para las legiones. Sin embargo, la verdad histórica es algo que no puede hurtarse demasiado tiempo, ni siquiera por el vencedor de Vercingétorix.  


Sin premura, una concentración en los diálogos mostraba un argumento de Ferri notablemente más elaborado y talentoso que el anterior, donde se dejaba llevar mucho por elementos fantásticos. Aquí, exhibe que está cada vez más amoldado a los personajes y su esencia, logrando un eclecticismo genial para usar referencias de la época y nuestra actualidad (piraterías informática, el taller de escribanos númidas ocultos de los romanos, etc.). Y, sobre todo, supera la prueba de fuego de utilizar a César, el payaso serio de Astérix y Obélix más apreciado, siempre tratado con una mezcla de ironía y sincero respeto por Goscinny y Uderzo. Tal cual es la visión que Conrad y Ferri nos ofrecen del patricio romano. 



Se contrapone con habilidad el papel de la palabra escrita, la cual puede dar credibilidad de hechos que están incompletos o falseados, frente al problema de la cultura de los druidas, cuya transmisión oral hacía peligrar su continuidad y que fuera creída (amén de que resultaba extraordinario para su papel preponderante en la educación y religiosidad del pueblo galo mantenerse como custodios del secreto, justificando sus prebendas). En serio, lo que han hecho Conrad y Ferri no desentonaría en la etapa dorada de la colección original (palabras mayores, por cierto).



Eso en el haber, que no es poco botín. Es cierto que hay una tendencia en esta pareja de autores ha usar elementos fantásticos (en este caso, uno de los remedios se obtiene mediante la captura de un unicornio en el bosque de los carnutos, y en su debut emplearon al mismísimo monstruo del lago Ness y criogenizaciones de pictos a lo Walt Disney), más en consonancia con la fantasía hiperbólica de El cielo se nos cae encima que en la hábil parodia histórica y explotación de tópicos que caracteriza el corpus de la saga.  



 Hay asimismo una tendencia a resolver las tramas con el recurso de invocar al deus ex machina de turno, aunque la progresión de Ferri y Conrad invita a tener las mejores expectativas cara a la que sea su tercera incursión en la Armórica. El primero fue una toma de contacto (destacando la calidad de las ilustraciones) y El papiro del César se traduce en un aterrizaje claro y decidido a afirmar que Uderzo no ha cometido ningún error (todo lo contrario) al dejar el barco en estas manos. 



La sensación que deja al final es de un trazo completo del círculo, incluyendo un homenaje metaficcional que hará las delicias de los incondicionales. El horóscopo pronostica buenos tiempos en la aldea y que seguirán valorando las tradiciones. No hay peligros en el horizonte. 



Bueno, uno sí, que el cielo se nos caiga encima... pero, eso no va a pasar mañana.



INCISO POR PARÍS...Y EL RESTO:



Tristemente, esta entrada surge poco después de un terrible atentado terrorista en París, el cual se ha cobrado la vida de un centenar de personas inocentes, sin otro delito que haber salido a disfrutar un viernes. La acción logró todos los efectos de los que se nutre el terrorismo más cerril. Siembra desconfianza, genera rechazo al diferente y puede reforzar comportamientos radicales de uno y otro signo político, también religioso. Cruzo los dedos porque los galos y su hermosa Lutecia demuestren esas células grises que siempre han tenido, que no olviden a sus caídos y, más todavía, a sus familiares y amigos que los añorarán con dolor. 



La solidaridad que ha generado el hecho con la capital gala ha sido por un lado admirable y, colateralmente y de forma involuntaria, ha puesto en relieve el problema de que, según la cobertura mediática, nos escandalizamos más o menos. Lo ocurrido en Francia pone los pelos de punta y sacará lo mejor de mucha gente (ansías de reconstrucción, de vivir, de honrar a los difuntos, que no sea en vano esa atrocidad, muestras de apoyo honesto, etc.). ¿Por qué no hemos hecho lo mismo todos, en nivel general, en los países más desarrollados, cuando han ocurrido horrores de similar índole en zonas como Siria o África, por citar únicamente dos ejemplos? Todos tenemos que ver con todos, los movimientos migratorios son constantes y, no es que no debamos echarnos las manos ante el nauseabundo crimen sufrido en París (todo lo contrario, ese salvajismo debe removernos en lo más profundo por su atrocidad e injusticia), pero esa debería ser nuestra reacción siempre. 



Hay negocio en este turbio asunto. Se venden armas a estos verdugos de los que nos escandalizamos con posterioridad a haber creado a dichos monstruos. Se pervierten credos para convertir en sangrientos corderos del sacrifico a gentes sometidas a las peores condiciones posibles de vida, dispuestos a abrazar la promesa fácil de un paraíso para salir de dicho infierno, sin darse cuenta de que están inmolando por gentes que nunca lo harían por ellos, tornándolos en asesinos y en sicarios muy similares a los de esas superpotencias que critican. 



¿Y las víctimas? Los de siempre, gente a pie de calle que tuvieron la mala fortuna de estar en la rue parisina equivocada, el hado funesto de tener que emigrar de su Siria natal sin delito cometido o ser una criatura convertida en niño de la guerra antes de haber podido aprender a leer o escribir. París tiene hoy una herida abierta, en muchos lugares saben cómo se sienten, ya sea por alambradas, fronteras carmesíes o cualquier brote de odio a lo distinto, a la incomprensión. Pensemos en la infinita suerte que hemos tenido de seguir por aquí un poco más, es el mínimo respeto que debemos a los que ya no están. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.abc.es/cultura/libros/20151012/abci-asterix-nuevo-papiro-cesar-201510121210.html



http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/03/actualidad/1438620242_388542.html



http://www.lacasadeel.net/2015/10/portada-y-paginas-interiores-de-asterix-36-el-papiro-del-cesar.html

domingo, 8 de noviembre de 2015

MONKEY BUSINESS



Una cosa está clara ante las fuerzas de la naturaleza. Algunas son perniciosas; otras, ventajosas. De igual forma, algunas de ellas supondrían una mezcla de ambos adjetivos. Lo que está claro es lo que no hacemos cuando el destino nos pone frente a ellas: sentarnos a negociar. Durante una época irrepetible, los hermanos Marx fueron la anarquía por el caos, la genialidad destructiva y la afrenta ácida. Se los podía amar en el escenario o censurarlos. Pero nunca hacerlos pasar desapercibidos.



Simon Louvish nos los vuelve a colocar en la palestra de la mano de las páginas de Monkey Business: la vida y leyenda de los Hermanos Marx, una excelente biografía, nada exenta de riesgos. En primer lugar, porque sus protagonistas se encargaron de dejar una serie de divertidas trampas a los historiadores y admiradores de su trayectoria. Groucho cambiaba sin rubor los nombres de gente de su pasado, Chico dejó un reguero de deudas en carreras de caballos y partidas de dados, Harpo mentía sobre su edad... Los pobres funcionarios del censo estadounidense fueron las primeras víctimas de este linaje de origen alemán que terminó siendo un icono de Hollywood. 



Claro que eso es el final de la historia. Un resultado del talento, pero también del esfuerzo, del vodevil y de una madre singular, una mezcla de genialidad y locura que convenció a sus pequeños del camino a seguir. Voces cantoras angelicales y delincuentes juveniles. La vocación y esa dosis de fortuna (solamente las deudas de Chico impidiendo que los Marx hubieran terminado siendo los más alocados granjeros del país) que permite a unos pocos escogidos traspasar el umbral de la leyenda. Aterrando, de paso, a muchas señoritas de buen ver en los castings y siendo el pánico de cualquier director con dos dedos de frente. 


De cualquier modo, el triunvirato y la madre no están solos en el relato. Louvish nos rescata a algunos de los grandes desconocidos, al padre al que su prole hizo ostentar el título de peor sastre del mundo, y una hermana desaparecida en las brumas del tiempo, así como los otros dos hermanos: Zeppo y Gummo. Menos conocido para el gran público, Gummo solía bromear con gracia sobre su ostracismo entre tan afamados parientes, mostrando un notable sentido del humor. 



Más trágico pudo resultar todavía para Zeppo, el más galán del reparto, quien perdió uno de sus amores ante su hermano Groucho, quien, además, se levantó de su convalecencia para volver al teatro, puesto que su sustituto, el propio Zeppo, estaba exhibiendo mucha gracia en su sustitución del irredento fumador de puros... hasta límites peligrosos. Envidias, celos y distanciamientos que no impiden que, leídos todos los capítulos, uno piense que al final fueron una Cosa Nostra de artistas (de hecho, la propia mafia barajó darle algún susto al táhur de Chico alguna vez, pero se descartó la idea por la mala prensa que traería en California que el crimen organizado se habuiera cargado a uno de los carismáticos Marx).



Se cuestiona asimismo el supuesto aburrimiento atribuido a Margaret Dumont (cuyo nombre real no era ese), dama de biografía apasionante, no pudiendo la persona lectora sino compadecerse de que tan patricia actriz terminase cayendo en manos de la horda huna más peligrosa de todos los tiempos. Con todo, decía Terenci Moix que un papa fue capaz de contener a Atila a las puertas de Roma, tenemos constancia de que Harpo no hubiera tenido tales miramientos. El menos hablador del clan, el genio del que Elvira Lindo decía que le hacía uno querer volver a hacer saltar charcos como cuando éramos niños, tiene sobre su azarosa biografía la sospecha de haber sido el instigador de un incendio contra un empresario que les trató mal.  



Louvish, nacido en Glasgow, formado en Jerusalén y figura de relevancia en el prestigiosos London International Film School, exhibe un excelente conocimiento del mundo del celuloide y de los entresijos más privados de estos huidizos genios, sobre todo cuando se quitaban las máscaras de sus desinhibidos personajes. Las primeras intentonas con el otro sexo del tímido Groucho en hoteles, las misiones diplomáticas de Harpo en la Unión Soviética o la capacidad de Chico para que en su casa le siguieran aguantando pese a sus despilfarros e infidelidades son algunas de las muchas cuestiones que harán las delicias de nuestra vocación más cotilla. 



El contexto de su época tampoco es omitido. No se entiende la desazón económica que arrastró toda su vida Groucho sin el crack del 29, una estocada en toda regla que hundió a muchos y estuvo a punto de hacerlo asimismo con estos protagonistas. También se incluye el pánico que llegó a sentir Harpo durante una breve visita al Berlín del incipiente Adolf Hitler, debido a sus orígenes étnicos. De idéntica manera, se tratan aspectos de la industria cinematográfica estadounidense como las normas censoras que se tiraban de los pelos ante aquellos ídolos (si bien, el cine los fue edulcorando con el paso del tiempo).  



Una oportunidad única para saber más de un fénómeno irrepetible. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






https://en.wikipedia.org/wiki/Marx_Brothers



http://www.allposters.com/-sp/At-the-Circus-Chico-Marx-Groucho-Marx-Harpo-Marx-1939-Posters_i5108458_.htm

domingo, 1 de noviembre de 2015

NUNCA HEMOS TENIDO UN PÚBLICO COMO ESTE...



No se puede negar que Álex de la Iglesia es un director con personalidad. Sus películas pueden gustar más o menos, pero son rápidamente identificables para el espectador y tienen la continuidad de un universo propio. Me comentaba un buen amigo que, quizás, su gran problema a la hora de rentabilizar al máximo el innegable talento del cineasta vasco es el hecho de que resulta demasiado freak para el gran público y, dentro de la excentricidad, tampoco llega a atravesar el espejo de Alicia. De esa clase de cristales nos habla su último film, Mi gran noche (2015).



Jorge Guerricaechevarría le acompaña al guión. De estas combinaciones han surgido visiones muy personales, cínicas y sagaces de realidades como la de los centros comerciales (viene a la mente la deliciosa Crimen ferpecto [2004]). Ahora, se adentran en un campo onírico de ensoñaciones llamados programas de Nochevieja y galas navideñas, esos platós que se llenan de figuración de traje y que, sin embargo, están rodando en pleno agosto y con un regidor diciéndoles cuando reírse o aplaudir, mientras que los artistas ya grabarán en otro momento. 



Una idea curiosa e interesante que de la Iglesia remata con detalles de cosecha propia, utilizando a uno de los artistas que más ha participado en este tipo de televisión a los José Luis Moreno, Raphael (convertido aquí el entrañable cantante de villancicos y otros clásicos como el que da título al film en una mezcla extraña entre villano de James Bond y el Emperador de Star Wars, saga a la que el cineasta tiene auténtica devoción). Con una comedia coral y atiborrada al estilo Berlanga, también usa detalles de El ángel exterminador (1962), Mi gran noche tiene un buen arranque y una sátira social que no deja de verse con una mirada cómplice. 



No obstante, aunque tiene un ecléctico tono desenfadado estilo El guateque (1968) y hay elecciones de casting muy acertadas (mención especial a usar a dos actores como Pepón Nieto o Carmen Machi, capaces de hacer milagros con cualquier cosa que se les dé), Mi gran noche se ve con la misma facilidad con la que uno intuye se le van a ir olvidando cosas conforme salga del cine. No es, ni mucho menos, una decepción, pero tampoco tiene la factura de otros proyectos de un artista que, si por algo se caracteriza es por su punch. 



¿Se habrá ablandado de la Iglesia con los años como algunos sectores más gafapastas quieren vender? Personalmente lo dudo, alguien que hace apenas 5 años regala una visión tan tenebrosa y diabólica versión de las dos España como Balada triste de trompeta merece siempre respeto. Aquí, en una pieza menor, se logra divertir y poner siempre esa dosis de violencia ibañezca que arrancan la carcajada directa. 



El ambiente de gala e irrealidad que rodea todo ayuda a confirmar esa sensación de que hay pocas cosas que inciten más a la tristeza y a la autocompasión que las campañas publicitarias para despedir el año, donde si no se tiene el coche más rápidos, la novia o el novio más cañón y una nutrida nómina, uno es un auténtico inútil. Aunque acelerada en el argumento, el extraño idilio que se logra entre el personaje de Pepón Nieto y la bellísima Blanca Suárez sirve de perfecta metáfora de lo antedicho. 



Hay muchos dardos nada disimulados a los programas que buscan nuevas estrellas televisivas al micrófono o mandar a un recóndito lugar a famosos del mundo del corazón para que se despellejan. Con acierto, de la Iglesia utiliza a la trinidad que ya utilizó en Las brujas de Zugarramurdi (2013) para mostrar ese modelo de gente guapa de la hostia y que congregan masas y taquilla: Hugo Silva-Carolina Bang y Mario Casas. 



En definitiva, un honesto y divertido entremés, al que es difícil asimismo sacar más punta. No es el Álex de la Iglesia en estado puro que nos encanta ver, pero tampoco parecen de recibo algunas de las lluvias de críticas que le suelen caer últimamente, fruto de que quizá como público estamos empezando a estar un poco de vuelta de todo y se nos olvida que a de la Iglesia le ponemos el listón del mejor de la Iglesia. Y eso es decir mucho. 



Mi gran noche tiene un estupendo reparto y entretiene con una sonrisa durante 100 minutos. No es poco mérito.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 










domingo, 25 de octubre de 2015

LA CIUDAD QUE NUNCA DUERME


Gotham. La simple mención a esa palabra hace esbozar una sonrisa de satisfacción a las gentes comiqueras de todo el globo. Una ciudad a la que le gusta estar sucia, una metáfora genial de la corrupción de una gran metrópolis en las viñetas. La cuna de Batman, célebre creación de Bob Kane (si bien es de justicia recordar en la gestación del universo del murciélago la figura de Bill Finger, guionista básico a la hora de elaborar la atmósfera). La noticia de que la FOX iba a hacer una serie centrada en los años previos a la aparición del héroe solamente podía ser esperada con expectación. 



Pasada una primera temporada, llega el momento de la reflexión, dejando una serie de sentimientos contrapuestos. Por un lado, la idea resulta un agradable giro de tuerca. Aquí, Bruce Wayne es un niño huérfano y que dispone de una gran herencia para consagrar su tiempo a una causa, evitar que otras personas pasen por su traumática experiencia en un callejón ante un tipo enmascarado con una pistola. Con ese niño de telón de fondo, un joven e idealista inspector, Jim Gordon (Ben McKenzie) se compromete a intentar averiguar la verdad, pues los padres de Bruce eran los grandes mecenas de una urbe necesitada de ayuda; hay mucho más que el robo de un collar a la salida de un cine en su desaparición. 



Esto provocaría la primera ruptura con los puristas. Una legión de fans consideran adecuado que, por grande que llegue a ser la dedicación de Batman, nunca podrá tener la certeza de haber detenido a aquel tipo que un día sorprendió a sus padres. Un anónimo delincuente que gestó a una figura vengadora y oscura, salida del universo de Poe. De cualquier modo, admitiendo lo fascinante de esa premisa, el tándem formado por Gordon y Harvey Bullock (Donald Logue) da mucho atractivo a un show detectivesco a la vieja usanza. El buen chico que no quiere cruzar la línea y el policía realista que sabe que hay que quebrar el sistema para aportar un poco de cordura.  


"Listen to me, there is a war coming. A terrible war. Falcone is losing his grip, and his rivals are hungry. There will be chaos. Rivers of blood in the streets. I know it! I can see it coming"- Oswald Cobblepot, Gotham, Temporada 1, Episodio 1. 



En un clima de vacío de poder y futuras guerras de bandas, una serie de amenazas latentes sumergen a la ciudad en la anarquía. Sobresale en ese sentido un gran acierto de casting, el de Jada Pinkett Smith como Fish Mooney, una de las aliadas de Falcone que más iniciativa propia parece tener, así como codicia. Entre sus empleados, destaca un chico apocado y que disfruta viendo las palizas que dan algunos de los matones de Fish a quienes se retrasan en los pagos. Su nombre es Oswald Cobblepot, aunque todos los mafiosos se burlan de él con el sobrenombre de el Pingüino (Robin Lord Taylor convence desde el primer momento con una caracterización sobresaliente). 



Definitivamente, Bruno Heller sabe bien dónde está los ingredientes de su cocina para confeccionar los argumentos, aunque echa en falta más tiempo en la cocción. La primera temporada de Gotham quiere ir muy rápido, demasiado. No le faltan ingenio a sus criminales ni a sus detectives, pero todo tiene la tendencia a querer resolverse con premura y con tiroteos y americanadas varias que alejan al producto de la calidad que podría llegar a alcanzar con un poco más de pausa. Igual que Bruce, las tramas quieren crecer con demasiada rapidez. 



Otra de las acusaciones que se suelen verter contra el equipo de Danny Cannon (el director) es el síndrome de Smallville; es decir, aquella serie que narraba la juventud de Clark Kent antes de descubrir las cabinas telefónicas y que ponerse una S en el pecho sin lucir gafas era la excusa perfecta para que nadie albergase sospechas inoportunas. En dicha serie, pese a otras virtudes, daba la sensación de que toda la gente que luego sería importante en el universo de Superman conoció al protagonista en el instituto... cuando, no, es que se habían sentado directamente en el mismo pupitre. 



La hoja de ruta podría resumirse en que Gotham es sumamente interesante y divertida cuando se preocupa por el viaje, profundizando en los personajes colaterales del mito de Batman con una precisión que no se les puede dar en una película. Ahí, su equipo artístico exhibe talento y brinda oportunidades a sus intérpretes para lucirse y sacar aristas. 



Asimismo, junto con su buena factura, fotografía y oscuridad, la serie brinda momentos de divertido humor negro que refleja inteligencia, aunque, a veces, también cae en las espectacularidad más burda. A fin de cuentas, este proyecto es una gata negra sobre un tejado de zinc, a punto de caerse en cada momento. Pero cuando logra mantenerse sobre sus frágiles cimientos, este producto deja momentos de suma diversión. 



Seguiremos expectantes a esta ciudad que nunca duerme.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.igeekmx.com/?p=1142



https://www.youtube.com/watch?v=8XAyFkMa5Ag



http://my-series.ru/robin-tejlor-rasskazal-o-semkax-v-seriale-gotem/

domingo, 18 de octubre de 2015

UN ENCUENTRO MUY ESPECIAL



Es una tentación tan infantil como inevitable. Dentro del género de la épica, cuanto más profundiza una persona, se ve tentada a hacerse preguntas de cómo competirían diferentes campeones en un mismo escenario. El propio Néstor de Pilos, si hemos de creer el gran Homero, se jactaba en el campamento de los aqueos de que los héroes de su niñez hubieran podido incluso con guerreros de la talla de Aquiles o Áyax. A pesar del tiempo transcurrido, las legiones de fans del cómic súper-heroico se mueven en esos mismos parámetros. Dentro de esos what if...? imposibles, el duelo entre Los Vengadores, la escuadra con algunos de los seres más poderosos del universo Marvel, y la Liga de la Justicia, agrupación que incluye a los personajes insignias de DC Cómics, ocupaba una de las plazas más propicias para la discusión. 



Desde el frustrado intento de hacer dicho crossver en 1979, los aficionados se habían rendido a la evidencia de que semejante choque de proporciones cósmicas solamente se produciría en su imaginación. Sin embargo, entre 2003 y 2004 apareció publicada por primera vez una mini-serie que, de manera canónica, fijaba que dicho encuentro se produciría, enlazándose dos de las ficciones de las viñetas norteamericanas que más habían competido por las ventas, para solaz de los fans. Probablemente, los editores, sin dudar de que compartieran tan navideño sentimiento, se sorprendieron al ver en sus cálculos el espectro de público que podrían llegar a tener. 



Curiosamente, se rescató al dibujante seleccionado para el frustrado experimento del 79, George Pérez. Sin duda, era la elección más idónea, debido a su gran veteranía y capacidad única de narrar con maestría escenas con demasiadas heroínas y semi-dioses por metro cuadrado. La mano maestra de este artista garantizaba un fuerte conocimiento de cómo debían moverse y combatir cada uno de los muchos protagonistas (Wonder Woman, Thor, Superman, Capitán América, Bruja Escarlata, Batman...). Tras negociaciones y exigencias de una y otra compañía, quedó claro desde 2002 que ambas empresas confiaban en Kurt Busiek como el guionista capaz de llevar el barco a buen puerto, con un argumento que hiciera que ninguno de los dos súper-grupos quedase por detrás del otro.  


Más allá del aspecto relativo al marketing, juntar a Busiek y Pérez era una fórmula muy ganadora. Ambos habían dado muestras de su talento en Marvel y DC, pero también garantizaban que no tenían ningún problema en trabajar juntos; concretamente, habían teniendo una larga y muy notable andadura en Los Vengadores de comienzos del nuevo milenio, etapa que tiene visos de elevarse a la categoría de clásico y que rescató a los héroes más poderosos de la Tierra (como modestamente se hacían llamar) a la palestra de las estanterías que se habían abandonado tras Onslaught y la fiebre de clones con universos paralelos que obsesionó a los responsables de las colecciones marvelitas. 



Las cuatro piezas que componen esta mini-serie son algo más que el savoir faire de unos artesanos para sacar decentemente los cuartos a la hinchada y evitar que Jim Shooter o sus herederos espirituales protestaren porque se había primado más a un personaje que otro. No, JLA/Avengers es una montaña rusa muy idónea dentro del género, con un guión inteligente de Busiek, quien explota con habilidad los protocolos de este tipo de encuentros. En primer lugar, el malentendido que hace que gente que está en el mismo lado del bien piense que los otros son malvado. Hay entran los combates entre campeones y, como efecto posterior, la necesidad de aliarse contra un enemigo mayor. 



Hasta ahí, Busiek habría cumplido sin alardes con el cometido, con más experiencia que imaginación. De cualquier modo, ese esquema tan básico se cumple únicamente en los dos primeros números, donde Pérez y su guionista juegan con las premisas de cómo quedaría en papel las premisas que Marvel y DC barajaron en los albores de la década de los 80. Incluso, de forma metaficcional, se burlan un poco de ella. Es la plataforma que los catapulta a lo que quieren contar.  



El amplio conocimiento de esta pareja de autores permite lanzar viñetas repletas de guiños y detalles que es muy fácil que pasen desapercibidos en una primera lectura. En verdad, se trata de un cuarteto de cómics que una vez al año siempre da gusto desempolvar. Pérez rara vez se toma un respiro en su narración y es muy difícil que un decorado o algún objeto de fondo no tenga una verdadera razón de ser. Nunca puede subestimarse el tremendo talento de los lápices de este hombre, no puede ser casual que, misteriosamente, aparezca en muchas de las obras maestras de este marco (Jóvenes Titanes, Crisis en Tierras Infinitas, Los Vengadores, Wonder Woman...). 



Sin desvelar detalles de la trama, por poner un punto negativo a tan delicioso postre dominical, señalar que siempre he pensado que al JLA/Avengers le falta un gran enemigo, una Némesis realmente significativa. No hay un Doctor Muerte o un Lex Luthor en los planes entre bambalinas y eso, y es raro que un guionista de olfato tan fino como Kurt Busiek no lo sepa en el fondo, ni reparase más en ello. Con todo, la fusión propuesta cumple con todas las expectativas posibles. No en vano, en la primera intentona, se barajó a otro hábil escrito como Gerry Conway, lo cual da una idea de la criba que debe existir para estar en las ternas que permitan jugar con unos personajes que son verdaderos iconos del imaginario popular. 



Si ahora estamos en plena fiebre de súper-héroes, tanto en cines como mercados como el del video-juego, es, en buena medida, por culpa de talentos como el de Busiek, Pérez y su equipo. Vengadores, reuníos; y, Liga de la Justicia... esto, dales duro. 



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domingo, 11 de octubre de 2015

CONSIDERACIONES SOBRE EL ARTE


La cúpula de San Pedro erigiéndose en un amanecer nublado, Audrey Hepburn y su sonrisa de enamorada mirando el Coliseo un cálido verano, las pinturas de Caravaggio... Resulta bastante inútil negar que Roma tiene encanto y magia. Sin embargo, ese carácter eterno e inmutable no priva a la capital italiana de ser una ciudad caótica y donde parece que las cosas funcionan casi por azar. ¿Se la quiere a pesar de ello o precisamente por dichos argumentos? Enric González parece tener algunas de las claves que ayudan a discernir la respuesta en un delicioso librito: Historias de Roma



Corresponsal de El País en algunas de las urbes más punteras del globo (New York, Londres, etc.), González tiene el don los grandes periodistas: no interesa tanto qué cuenta, lo que le hace fascinante es cómo lo narra. Existen muchas maneras de recordar al mítico actor italiano Alberto Sordi, sin embargo, él convierte la semblanza de este contradictorio y genial comediante en un cuento personal y único, utilizando a Albertone como la metáfora de toda una generación azzurra. Las pequeñas narraciones de la fundación de los hijos de la loba se convierte en un viaje de iniciación, quedando los lectores con la tranquilidad de saberse en buenas manos. 



Cuando nos sumerge en la lenta y atávica burocracia romanista, el autor se deja llevar por el carácter del más puro Larra, aprovechando la desgracia del papeleo para tomarla con sorna y señalando el caos que todo lo envuelve y amenaza con engullir entre tanto turista. No obstante, su tono es solemne cuando sus párrafos invitan a callejear por sus rincones, vislumbrándose el Campo de Marte, para hacer una afirmación que esconde mucho de lo que da mística al lugar: Los muertos son importantes en Roma



Paralelamente a esas crónicas de observador curioso, de vibrante enamorado capaz de ver los defectos de su persona idolatrada, González también inició su peregrinaje por otro de los hilos conductores del sinsentido racional que marca una forma de entender la vida mediterránea: el fútbol, en este caso, el calcio. Una columna deportiva que González terminó viendo recopilada en sus diferentes ediciones bajo el título Historias del calcio: Una crónica de Italia a través del fútbol. Objetivo ambicioso pero no imposible, ya que si uno lee los dos libros que hoy nos ocupan, se da cuenta de que hay protagonistas que se repiten. Silvio Berlusconi sería uno de ellos. 



Il Cavaliere es uno de esos personajes que uno piensa que serían fascinantes de haberse creado en una novela negra, mientras eriza el vello pensar que son reales y hasta son capaces de mantener una encantadora sonrisa mientras se justifican. El propio reportero admite sin excesivo rubor como los colaboradores del dueño del AC Milán intentaron comprarlo con exquisita educación, con la concepción que tiene un emporio familiar de que, como diría Filipo de Macedonia, no existe fortaleza lo suficientemente alta como para que no pueda subir un viejo burro con las alforjas repletas de oro. 



De igual manera, Juventus y Nápoles ejemplifican mucho mejor la dialéctica norte-sur que una sesuda disertación socio-económica. Bajo cánticos de los tifosi, muchas guerras enmascaradas de escándalos de las quinielas de la Camorra, la turbia trama arbitral y cadena de favores de Moggi... Un mundo sórdido que tiene también capítulos de heroísmo como los de Francesco Totti y su mítica frase "Nun te preoccupà, mo je faccio er cucchiaio", la frase genial de un tipo que es el primero en reírse de los chistes que corren sobre sus pocas luces y que hasta los selecciona para editarlos en un libro con fines benéficos. Un romanista de La Curva. 


Claro-oscuros que siempre tienen un exceso, ya sea en lo sublime o en lo terrorífico. Eso lo refleja muy bien González en el Campo dei Fiori, un nombre precioso para conmemorar la pasión de Pompeyo con una exquisita cortesana, pero también una enigmática plaza donde se cometió una atrocidad inquisitorial contra Giordano Bruno. El delicioso café que se puede tomar en ese lugar bajo una impactante estatua vuelve a recordar, como decía un querido amigo, la paradoja de estar en la Ciudad Eterna sabiéndose uno muy efímero. 



Un enclave con muchas llaves. Y allí, a través de una prosa ágil y muy amena, González va abriendo algunas de ellas, no todas, por supuesto, pues eso sería un grave error en un libro de viajes. Hay que dejar son la sensación de querer más al interlocutor. El suelo romano esconde muchos misterios, es otra de las promesas que surgen de las letras impresas para captar nuestra atención. 



Contradictoria y fascinante, mientras nos quede la cintura de Sophia Loren, la coleta de Roberto Baggio mientras tira un golpe franco o la Puerta del Palacio de Aventino, Roma seguirá enigmática, con sus virtudes y defectos, pero dispuesta a aliarse con narradores como González, quien no puede evitar extender su mirada a través de todo el país transalpino, una zona contradictoria, donde genialidad y locura se dan la mano. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.elmundo.es/elmundo/2010/06/01/cultura/1275383112.html



https://twitter.com/matte_moretto/status/317326158653976578



http://www.ambitalia.com.uy/roma/que-visitar-en-roma.php

domingo, 4 de octubre de 2015

ALGÚN DÍA SERÁ UN RECUERDO...


Llegará un momento en que no será posible. El  primer otoño en que buscaremos en la cartelera el título que nos evoque la ironía del viejo maestro, pero no estará. Quizás, nos sorprendamos al pasar por los pasillos sin escuchar en alguna de las salas de proyecciones ese tono de jazz tranquilo y pausado. Decía el añorado Javier Krahe que uno salía de las películas de Woody Allen con la agradable sensación de haber sido tratado como una persona inteligente. Sin embargo, ya a sus 80 años, seguimos subestimando el regalo que es poder ir a ver la nueva película del director de Annie Hall. 



Irrational Man se ha estrenado con críticas dispares, algo que viene siendo tónica habitual en los últimos filmes de uno de los artesanos más personales de la industria. "Otra obra menor", "Woody ya no es lo que era...", "Más de lo mismo...", "Ha perdido la cabeza, no es tan divertido como antes...". Las hay de todos los colores y se producirá el mismo fenómeno el año que viene. Cuando los fans se convierten en detractores, aunque uno puede intuir, espero que dentro de mucho tiempo, las genuflexiones que harán más de una de estas personas tan hards cuando el artista polémico dejé ese título para ser leyenda. "Oh, ya no habrá más cineastas como él...". No es precisamente un comportamiento racional, deificamos y arrojamos al vacío con una facilidad pasmosa. De cualquier modo, como Irrational Man (2015) exhibe, somos de todo menos cuerdos cuando nos lo proponemos. 



Teniendo en cuenta su azarosa vida privada en tales parcelas, muchos torcieron el gesto al saber que la nueva obra de Allen se centraba en el enamoramiento de una avispada estudiante de su inteligente y emocionalmente destrozado profesor de Filosofía en un curso de verano, bastante mayor que ella. Afortunadamente, Abe Lucas (un Joaquin Phoenix muy cómodo en su papel) y Jill Pollard (una Emma Stone que se va intuyendo como la nueva musa de esta etapa del director) tienen una historia que va más allá de eso. Que se enamoren del todo o no, así como si finalmente se acostarán juntos en la misma cama no deja de ser un pretexto para contar muchas más cosas. 



Los temas no cambian para este amante del saxo, el amor que te conviene, la pasión ciega en la que te dejas caer, el deseo, el remordimiento, la filosofía que te fascina y, que por momentos, no deja de parecerte un onanismo verbal del que convendría alejarse para tomar un buen filete. Una historia de un verano que se va apagando mientras sus protagonistas desfilan, hay una mirada tierna sobre cada uno de ellos, sin dejar de mostrar sus delitos y faltas (viniendo de quien viene...). 



Aquí, nuestro mago repite truco, pero con la sapiencia de modificar los elementos del escenario. Blue Jasmine era su adaptación al siglo XXI en crisis de Un tranvía llamado deseo. Ahora, parece que uno de sus libros predilectos, Crimen y castigo, tiene su turno para flotar en una personal interpretación de este lector compulsivo en un campus universitario. Lo demás, lo conocemos ya todos de sobra. Ese ambiente burgués acomodado en el que suele enmarcar su universo, diálogos de tremendo ingenio y narración pausada, la que ha ido cogiendo con los años. Cada vez parece tener menos prisa en el rodaje. 



Del elenco de secundarios sobresale Parker Posey como Rita, una profesora ya madura, nada exenta de atractivo, la cual vive rodeada en un aura mediocritas y un matrimonio complaciente que estaría dispuesta a dinamitar por el recién llegado pensador, un tipo genial y auto-destructivo, cuya forma de enfocar los problemas, desde Kant a sus relaciones amorosas, suena a una invitación a jugar a la ruleta rusa por el placer de sentirse vivo y efímero.


Y compasión. Mucha compasión de la buena, no de la hipócrita o la que tiene un aire de condescendiente superioridad. Es algo que ya estaba en los mejores momentos del tándem Berlanga-Azcona. Cuando refleja nuestras miserias y pequeñas traiciones, Allen y su equipo no se resisten a hacerlo con una sonrisa amable, invitándonos a reírnos de la imagen deformada del espejo de feria que nos muestras risibles, falibles y dignos de ayuda. Todos tenemos nuestra parte de razón en lo que hacemos y, por supuesto, un punto de locura que nos exonera a la vez que nos señala. 



Se trata de un viaje que a algunos les gustará y otros no. Doctores tiene la Iglesia y no es tampoco la obra maestra del autor de escenas elevadas hoy a la categoría de clásico y guiones que casi son un modelo sin fisuras al estilo Diamond-Wilder. Tampoco creo, desde la prudente distancia del simple aficionado, que lo pretenda. Woody habla de lo que le gusta y lo que le perturba, de sus sueños y pesadillas. Nada más y nada menos. 



A veces, todo se reduce a un simple golpe de suerte. Y nuestra generación, afortunados nosotros, podrá decir que asistía a los estrenos cada otoño de Woody Allen como algo nuevo, una oportunidad de ser sorprendidos. 
  


FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://www.bbook.com/film/woody-allen-irrational-man-emma-stone-images/



http://flavorwire.com/528287/irrational-bleh-will-woody-allen-ever-make-another-good-movie