domingo, 14 de octubre de 2012

UNA BUENA ANÉCDOTA


En ocasiones, una buena anécdota puede valer para definir al personaje y su época. Este recurso del recuerdo a partir de un pequeño flashback donde un comentario o una actitud, muestra a la perfección la esencia de un protagonista, ya sea más o menos conocido, de los dominios de Clío. Andrew Roberts se pone el disfraz de moderno Plutarco para brindar un libro divulgativo sumamente ameno acerca de dos de las figuras más notables del siglo XIX, Napoleón Bonaparte y el Duque de Wellington.
 
 
 
 
 
Historiador británico de prestigio, Roberts parece haber encontrado acomodo en estas narraciones paralelas que se terminan entrecruzando, pudiendo citarse, entre otros trabajos del autor, una biografías doble de las relaciones mantenidas políticamente entre Winston Churchill y Adolf Hitler, sobre sus modelos de liderazgo. De idéntica forma, en sus amenas páginas, "Napoléon y Wellington", nos sumerge en la personalidad de dos estrategas que, pese a coincidir solamente en una batalla, Waterloo, encontramos en muchos momentos de sus azarosas vidas, instantes para reflexionar acerca del otro y sus aptitudes.
 
 
 
 
Cuando realizó su excelente trabajo sobre el cardenal Richelieu y el conde-duque de Olivares, John Elliott advertía que temía mucho provocar la sensación en sus lectores de que estaban asistiendo a un partido de tenis donde la bola pasaba de un lado a otro sin mucho sentido. Afortunadamente, en ambos casos, el orden temático y la agilidad de la prosa impide generar esa sensación de letargo, convirtiendo este tipo de estudio comparado en un muy agradable pasatiempo que puede ser abordado por un público especializado u otros que seamos más neófitos en la materia, pero nos atraiga igualmente.
 
Ciertamente, el gran atractivo de este tipo de comparaciones radica en la divergencia de los analizados. Nada hacía presagiar que Napoleón, el ciclón de Europa que tras la Revolución Francesa se irguió por su habilidad, inteligencia y ambición (en todos estos adjetivos se podría añadir la "coletilla" sin límites), acabaría jugándose su Imperio de Cien Días frente a un general cipayo a quien su propia madre llamaba bobalicón y que cualquiera con medio cerebro podía advertir que no tenía madera de soldado.
 
 
 
 
 
Con todo, como el propio Roberts admite, la caída de Bonaparte debe, en buena medida, achacarse al propio Empereur y su fatídica expedición a Rusia, que verdaderamente diezmó para siempre a su Grande Armée. En su plenitud, el marido de Josefina de Beauharnais proclamó que lo había conocido todo y solamente le restaba convertirse en un completo egoísta. Dicha profecía fue cumplida palmo por palmo y se tradujo en su final. Wellington, por su lado, tampoco merecería la calificación de persona amable.
 
 
 
 
 
Los dos militares podían ser terriblemente crueles cuando la ocasión lo requería o lo juzgaban divertido. Sus propios oficiales, algunos de ellos, amigos personales, sufrieron en sus carnes sus punzantes diatribas e incapacidad de admitir un error. La prensa de París se convirtió en un nido de mentiras, un panfleto que silenciaba el más mínimo revés de la Armada Imperial, mientras que tanto en España como en Waterloo, Wellington era capaz de alterar la verdad y silenciar heroicos comportamientos con tal de justificar su táctica y achacar la derrota a sus hombres. No ha sido hasta hace muy poco cuando la historiografía ha empezado a ponderar realmente el aporte prusiano y holandés en la derrota de Napoleón, ya que el Duque de Hierro logró mediante hábil propaganda vender un éxito colectivo como un éxito exclusivamente británico. 
 
 

Defectos mundanos que dan crédito a las agudas palabras de Conan Doyle para referirse al corso, leer una biografía de Napoleón es alterar momentos donde uno se ve conmovido por su grandeza con otros donde tiene la tentación de cerrar el tomo ante alguna barbaridad. Crisol de procesiones en su personalidad, auto-didacta absolutamente súper-dotado que con apenas pasada la veintena había leído mil veces más que muchos seres humanos en toda su vida, el vencedor de tantas batallas, aún sigue generando esa dualidad en la propia Francia, donde mientras algunos recuerdan la sangre que hizo verter, otros dicen que nunca se puede comercializar con la grandeza y que si dejó Francia más pequeña de la que encontró, a cambio le dio una fama que aún hoy se mantiene.
 
 
 
 
Las personas interesadas en aspectos bélicos, tácticos y logísticos, podrán disfrutar de varias secciones dedicadas a esos motivos y ver, como, hasta que cruzaron sus caminos, ni Wellington ni su Némesis tuvieron problemas en reconocer el talento del otro. Tras el choque, se dedicaron a envenenarse verbalmente. El rencor llegó con claridad desde Santa Elelna por el abatido titán, pero el victorioso Duque (que curiosamente ayudó a batir a un tirano para traer al Congreso de Viena, una vetusta institución que intentó por todos los medios detener los avances sociales que habían venido de la Galia), también siguió extrañamente interesado por conocer las opiniones de un hombre al que despreciaba y, en el fondo, le fascinaba. Incluso, a través de las antiguas amantes de "Buonaparte".
 
 
 
 
 
 
 
La dualidad presentada aún hoy sigue cautivando, como una deliciosa anécdota bien contada una tranquila tarde de domingo...

sábado, 6 de octubre de 2012

¿CÓMO NO TE VOY A QUERER? CIUDAD ETERNA

 
 
No sabemos la buena Fortuna que tenemos. Dentro de mucho tiempo, sonará raro haber gozado de ese privilegio, poder decir que, año tras año, podíamos acudir a un estreno de Woody Allen. Muchas obras que como "Match Point" alcanzarán la categoría de clásico, pero para nosotros han sido algo más, una novedad, esa agradable cita que bien puede darse en Constantinopla o, como es el caso del estreno que hoy nos ocupa, en Roma.
 
 
 
 
 
Si bien la magia gótica de Barcelona y las complejidades de la Ciudad Condal catalana escaparon al ojo clínico del genio de New York, de la misma forma que París, la vieja dama patricia ha caído rendida a los encantos del cineasta, quien se aleja de la deliciosa fantasía bohemia y burguesa de la Ciudad de las Luces, para hacer un verdadero y sincero homenaje a la gran comedia italiana coral, entrelazándose varias tramas tragicómicas en la cuna de los Césares.
 
 
 
 
 
Como viene siendo costumbre, todo es una excusa para una sucesión de diálogos absolutamente brillantes, con esas frases que, como atinadísimamente afirmó Carlos Boyero hace algunos años: "Piensas que ojalá se te hubiera ocurrido a ti, que alguna vez has pensado algo parecido. Pero no, se le ocurre a él". Además, los partidarios de que aparezca "el señor de las gafas", gozarán de que el propio Allen aparezca, interpretando a un suegro norteamericano preocupado por visitar a su sindicalista yerno... solamente para encontrarse con que el padre de éste es un Caruso silenciado en una funeraria. 
 
Buscando producto nacional, sobresale en el casting la presencia de Roberto Benigni, quien está hiperbólicamente divertido como un italiano normal y corriente, de opiniones usuales y cotidianas, que, de la noche a la mañana, termina convirtiéndose en todo un fenómeno televisivo de popularidad, algo que irá pasando de pesadilla a verdadero encanto, aunque vendría bien que algún honrado liberto de los que le acompañen, le murmuré al lado de su laurel: "Recuerda que eres mortal". 
 
 
 
 
Paralelamente, un joven matrimonio transalpino va a verse más tentado de la cuenta en su tibia situación, a través de varias manzanas del Paraíso...aunque tal vez dicha experiencia incluso pueda reforzarlos más. Sobresale la presencia entre bambalinas una Penélope Cruz sofíalorenizada. Si bien la maravillosa actriz que tantas alegrías dio al neorrealismo italiano (y a los ojos de generaciones y generaciones de caballeros y damas con buen gusto ante las creaciones de Afrodita) es inimitable, la intérprete española caracteriza con solvencia a una prostituta de buen corazón, muy al estilo de las que aparecían en "Matrimonio a la italiana".
 
 
 
 
En último lugar y, no por ello menos importante, un joven arquitecto californiano (Jesse Eisenberg, que tan maravilloso trabajo hizo en "La red social") va a vivir el clásico triángulo amoroso que ya vimos en "Y todo lo demás" o "Délitos y faltas), donde muchas cosas se pondrán a prueba. En el camino, el atribulado turista encontrará la labor mentora de un veterano Alec Baldwin, que da la agradable sensación de bordarlo sin apretar en ningún momento el acelerador.
 
 
Indudablemente, en muchos casos, trucos ya vistos en el sombrero de este hechicero, pese a ello, como es costumbre y salvo escasas excepciones (el mejor escribano tiene un borrón y a buen seguro Mary Renault habrá tenido algún día mirando una página en blanco sin saber qué poner), el cine de este director se va viendo revestido de una empatía increíble, una fluidez entre tierna y divertida, con más aristas de las que parecen...
 
 
 
"To Rome with love", más que probablemente, no va a ocupar el lugar en el escalón que tiene esa maravilla que se llama "Midnight in Paris", absoluta debilidad personal que no tiene por qué compartir. Está muy bien hecha, con mucho estilo, pero es un poquito, si permiten la ingratitud (siempre lo somos con quienes nos acostumbran a alegrías), más de lo mismos... Y, algún día, cuando Cronos haga lo que tenga que hacer con el creador de "Annie Hall", biografías y polémicas personales al margen, nos daremos cuenta de lo increíble e irrepetible que es su filmografía.
 
 
 
 
Ahora que lo pienso, dejando de hablar por un momento de la película, que recomiendo encarecidamente, no he dicho nada de Roma (pongan el nombre al revés). Quizás, haciendo un plagio de una frase NBA que es imprescindible coger para entenderla en su subjetivismo, baste decir, por seguir con nuestra comparativa de las dos últimas piezas Allenescas, que, París, al igual que Viena, New York y esas otras absolutas joyas mundiales, es la ciudad más preparada, preparada... que puedas encontrarte.
 
 
 
Y sin embargo, a este pobre peregrino en Amarcord... la que le enamora es Roma. Y ahora va el c... de Woody Allen y le escribe la carta que yo le hubiera querido mandar hace años.
 
 



Es lo que hay, ¿cómo no la vamos a querer? Ciudad Eterna, ese apodo se gana por algo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

LEJOS DE SER HEREJE, PERO...

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/15/actualidad/1347727724_122932.html



No se trata de negar a una obra maestra su categoría de tal, ni mucho menos, meterse en camisa de once varas o, lo que es peor, en el siempre amplio y discutible libro de los gustos. Culminadas las votaciones realizadas por "El País", a pocos habrá sorprendido que "El Padrino" de Francis Ford Coppola se haya colado de nuevo como la primera en la lista de la siempre terrible criba de "mejores películas de la Historia".
 
 
 
Y es que uno no deja de pensar qué tendrán en común el cine de Berlanga y Buñuel, más allá de que sean excelentes, para poder contrastarlos y medirlos como si fuera una estadística invariable. Conste que no es una crítica a la iniciativa del periódico en cuestión, nada más que por el debate generado mereciera la pena.
 
 
 
 
 
No resulta sorprendente que hasta el último momento "El gran dictador" y "Blade Runner", de dos géneros tan distintos, pero igualmente redondas, lograsen estar hasta el final en la pole ganadora. La primera tiene un mensaje poderoso y universal, es probable (más que probable, incluso) que Chaplin hiciera cosas más artísticas y mejor construídas en su impecable trayectoria, pero su imagen paródica de Hitler con el blogo terráqueo es un icono de nuestra cultura popo, aunque a mí por ejemplo, haya otros trabajos suyos, como "The Kid", que saben sacer lo mejor de cada espectador. Por su lado, Blade Runner, esa historia de Bogart y El Mesías holandés en un futuro impresionante (donde desgraciadamente Ridley Scott sigue usando cábinas de teléfono), tampoco necesita mayor presentación que su categoría de clásico.
 
 
 
 
De cualquier modo, ¿desluciría la conmovedora "El apartamento" en el podio? ¿Alguien se rasgaría las vestiduras porque cualquiera de los productos de la filmografía de Kubrick se hubiera llevado el discriminatorió título?
 
 
 
 
 
Afirmaba José Luis Garci en uno de sus libros que pocas cosas había más entretenidas que esas listas, particular sudoku de paladares varipintos pero que siempre hay que estar preparado para cualquier cosas. Incluso nuestras propias listas varían de un año a otro... afortunadamente, deberíamos añadir.
 
 
 
 
Quizás dentro de unos años vuelva a hacerse algo similar y salga "El Padrino" (obra magna, por otra parte), o tal vez otro digno heredero cope su puesto. De cualquier forma, como me dijo un amigo en una ocasión que escuchó a una encantadora pareja en una boda: "¡Y cómo estaba López Vázquez en "El Padrino!". Efectivamente, padrino bufalo...
 
 
 
 

domingo, 9 de septiembre de 2012

ESTO ES TODO, AMIGOS

Palabra de honor de que Argentina no ha patrocinado bajo ningún concepto este blog ni tampoco ha enviado generosas subvenciones (algo a lo que por otra parte no renunciamos y si alguien se anima a hacerlo...), sin embargo, acabamos con un triplete de la tierra de Gardel. La culpa de ello se debe a que Quino, más conocido por todos como el creador de Mafalda, tuvo a bien dejarnos una auténtica joya, una verdadera obra maestra bajo el título de "Esto no es todo".
 
 
 
 
Podríamos afirmar que es una sucesión de tiras cómicas e ilustraciones, más o menos inspiradas; hubiera sido una salida para reseñar este cómic, pese a ello, sería una tremenda injusticia. A pesar de ser inconexas entre sí, todas las piezas del rompe-cabezas nos van llevando a un hilo conductor claro. Pocas veces, con permiso de la camorrista de la sopa, Quino ha abierto más su ingenio, en una serie de reflexiones brutales. Al igual que sucede con las primeras y maravillosas temporadas de los Simpson, hay una curiosa alquimia, capaz de lograr lo moral sin moralina, la moraleja sin subrayado, a gusto del consumidor...
 
 


Igual que sucede con algunos momentos de Will Eisner o Marjane Satrapi, Quino logra en todo momento una impresionante cotidianeidad en sus personajes. Matrimonios, trabajo, empleo, salud, guerra, política y amor (antes he hablado de matrimonio, así que no estoy reiterando conceptos necesariamente) , pasan bajo la disección de un cirujano muy parecido a una de sus grandes creaciones, Felipín, inteligente, sensible y con un tamiz de timidez que no esconde la picaresca de un romántico derrotado a quien no le ha quedado otra retirada más digna que la fina ironía.

A nivel narrativo, la capacidad de decir muchísimo con muy escasos trazos es una verdadera delicia. Si bien las sonrisas cómplices están garantizadas y varias carcajadas, la capacidad que tienen estas "simples" (pocas cosas más difíciles que progresar una historia con esa aparente sencillez) viñetas de hacerte cuestionar supuestos axiomas, no deja de asombrar.  
Nuestro moderno Esopo nos va contando historias, como las de un viejo pibe que siempre había llegado borracho y tarde a casa, durmiendo a pierna suelta y dejando a su abnegada esposa desvelada ante semejante actitud. Hasta que un buen día, el tipo llega y a ella no parece alterarle en lo más mínimo. La viñeta acaba con la buena señora durmiendo con una inquietante sonrisa mientras el esposo, probablemente por primera vez en siglos, no puede pegar ojo. 
 
 


El espectro omnipresente de Mafalda todo lo abarca y siempre va asociada al apellido de su papá, con todo, aquellos que hayan gozado de esas historias, no deben, bajo ningún concepto, dejar de observar la impresionante versatilidad de este dibujante irrepetible.




Esto no es todo, amigos. Pero es más que suficiente para considerarlo una pieza magistral.

domingo, 2 de septiembre de 2012

EL ORO DE NÁPOLES

Fue el actor Juan Diego Botto quien acuñó una frase de las que bien podrían catalogarse como curiosas: "En Argentina hay cuatro dioses, Gardel, El Che, Perón y Maradona". Heterogéneo combo de personalidades y egos, muchos de ellos con tantas luces como sombras oscuras, ídolos dignos de discusión y apasionado debate. John Ludden se atreve a acercarse a una de las fases más controvertidas de uno de ellos, Diego Armando Maradona, durante la fase en la que "El Pelusa" se decidió a salir de La Pampa para deslumbrar (y polemizar) en El Viejo Continente.
 
 
 
 
 
 
Había un largo trecho entre el nuevo continente y el modesto barrio de villa Fiorito, donde comenzó todo, rodeado de una familia muy afectuosa, pero en un clima de real miseria. Brasil y Argentina comparten varias cosas, pero una de las menos agradables es como su infancia menos favorecida se agarra a una pelota de trapo no como el sueño de una ilusión, sino confiando en que el deporte del fútbol sea el vehículo para sacar a los suyos y a ellos mismos, de una realidad terrible. Por desgracia, talentos como el de Maradona tan concretos se dan de muy tanto en cuanto, casi una conjunción de los astros que hace que la buena fortuna, la habilidad y la atención del público se centren en una figura.
 
 
 
 
 
 
Desde el momento en que el público pidió que aquel jovenzuelo fuera al Mundial celebrado en su país durante el año del 78 (precisamente en un momento de terrible dictadura militar y represion), aquel pequeño barrilete cósmico estuvo en el ojo del huracán. El mismo que la masa le dio parecía trascender de la habilidad de sus jugadas imposibles. Con una formación educativa deficiente, en la cancha, Maradona era un genio absoluto, dotado de una memoria prodigiosa para identificar a rivales y adversarios, conocedor de cada centímetro del césped de Boca como si fuera el patio de su casa. Tanta fuerza tenía su nombre que el FCBarcelona estuvo dispuesto a desmontar cualquier tópico de conservadurismo económico catalán para traerle casi a cualquier precio.
 
 
 
 
 
Es ese momento el utilizado por Ludden para abordar un fenómeno social digno de estudio antropológico, cual estrella del rock, poetisa bohemia genial y suicida, las andaduras del número 10, ya fuera en la Ciudad Condal, fueron una montaña rusa de emociones. Si la directiva del presidente blaugrana Núñez vivió eternamente convencida de haber metido un caballo de Troya, para compañeros y rivales, el prestidigitador siempre fue un engima para público y rivales. Alguien capaz de invitar en el hotel al defensa bilbaíno que por poco acaba con su carrera y de iniciar durante su recuperación un viaje de difícil retorno, a través de las drogas.
 
 
 
 
 
 
Precisamente un antiguo compañero en Can Barça, "El Lobo Carrasco", recordaría aún a día de hoy como esas dos adicciones echaron un pulso con el pequeño futbolista. Incluso en lo más decadente de su vida, pesando más de 100 kilos, Diego seguiría siendo capaz de salir al jardín de su casa a jugar con sus amigos pachangas. Por desgracia para su entorno familiar, el otro vicio aparte de la pelota se encargaría de ser un espectro omnipresente. Colmo de la hipocresía, los medios españoles incluso contarían con él para campañas anti-consumo de ese tipo de sustancias, una aparente paradoja pero que explica las ambivalencias donde se movieron (y siguen moviéndose) estos gladiadores modernos, dioses de la arena, por citar una serie reciente.  
Con una tangana histórica para despedir como se merecía la final de la Copa del rey y un cruce de declaraciones con Javier Clemente que parecía tener proporciones carlistas, Maradona quedaría marcado para siempre en el Camp Nou, aunque años después, sus jugadas, regates y una obra maestra en el Santiago Bernabéu o una vaselina de ciencia ficción en Belgrado, permanecerían en el imaginario culé. Nuevamente, el Cayo Mario exiliado despreciado pero que seguía conmoviendo a Roma por los recuerdos de las victorias ante cimbros y teutones. De alguna manera, su figura tenía el atractivo del ídolo caído, sentido, a fin de cuentas, como un tipo de carne y hueso, de una pieza (lo cual lleva a pensar que sea muy interesante que haya gente en su país que incluso ha oficializado una religión sobre él, en la enésima demostración de que mucho tiempo libre no tiene que ser lo mejor del mundo).
 
 
 
 
 
Existían muchas dudas en los mercados internacionales y televisivos acerca de dónde iría el ángel caídos, pero, como diría el propio Ludden, quedaba el milagro de San Génaro. La decisión de Nápoles solamente podía ser comprendida por una parte de la población, una que no dudaría ver un domingo por la tarde esa simpática comedia italiana llamada "Bienvenidos al sur". El lugar lo tenía todo, el romanticismo de un club histórico pero que nunca había ganado nada, la devoción de gente en muchos casos hundidas socieconómicamente pero que se focalizaban en el placer del domingo para soñar y... La Camorra.
 
 
 
 
 
Maradona y los Giluliano. Los Borgia hubieran sido más fáciles de tratar que cualquiera de estos dos egos. Durante unos años de locura y matrimonio a la transalpina (como cualquier persona aficionada a Sofía Loren y Marcello Mastoianni puede atestiguar, eso sinifica estar en éxtasis constante o amenazándose con un cuchillo de cocina, no hay término medio), Nápoles sirvió a un número de 10 que cometió el error de hacerse pasar por una máquina de la felicidad ajena. La noche sureña protegía a su rey extranjero mientras mojaba la oreja a las potencias del Milanesado. Un golpe franco frente a la Juventus siempre valdría que prensa, policía y mafia se aliasen para tapar los escándalos, las infilidades, las malas compañías y la cocaína.
 
 
 
 
"Diego es napolitano... su nacimiento en Lanús es accidental", llegó a declarar un escritor italiano. Una serenata de ópera, no podía acabar con otra cosa que tragedia cuando se destapó la manta, sin embargo, por el camino quedaban 2 scudettos, otras tantas copas y una UEFA. No lo hizo solo (Giulianos y lo que no eran Giulanos movieron todos los hilos para rodearlo de lo mejor posible, como el ariete carioca Careca o el talentosísimo Zola, quien lloró cuando el 10 abandonó el vestuario), pero igual que en el Mundial de México 86 (donde la Bota se hizo más porteña que Les Luthiers), sin él como estrella del show, esa ciencia ficción hubiera sido impensable.  
 
 
 
 
Fueron sin duda sus días de vino y rosas. La Guerra de las Malvinas, infausta para el recuerdo de los suyos, obtuvo su peculiar revancha como la primera demostración palpable de la existencia de Dios (o cuanto menos de su brazo) y un gol que puso al goleador Gary Lineker en la única tentación en su vida de irse a celebrarlo con los rivales por lo impensable que había sido. Estaba en la cresta de la ola y sin duda estos episodios y la manera de profundizar de Ludden en la esencia napolitana, digna de las mejores crónicas de Enric González, serán los más jugosos para los amantes de la anécdota.

Apenas 4 años hicieron falta para destruirlo, fue en el siguiente Mundial, donde aquel nuevo Mesías (cuya barba sin embargo solamente tenía el terrenal motivo de tapar su papada por su visible exceso) perdió algo más que la final frente a Alemania, sino que osó poner a sus napolitanos entre la espada y la pared, haciéndoles elegir entre ellos y su propia "mamma" Italia. Nuevamente el tramposo, el chico de barrio capaz de buscar la victoria por lo civil o lo criminal. Y eso fue precisamente lo único que amigos y enemigos nunca cuestionaron.
 
 
 
 
Cuando estuvo en duda la honestidad en un escándalo de quinielas que salpicaba a la mafia del lugar y a jugadores del Napoli, uno de los pocos que nunca fueron puestos en duda fue el díscolo talento. De todos los pecados posibles que había probado, sacrificar aquellos 90 minutos donde podía ser un ángel eran demasiados. Ludden ve precisamente en su desparpajo y su provocación uno de los acicates de un individuo extraño llamado Berlusconi que decidió armar con todo el dinero del mundo una potencia lombarda que vivió intensísimos duelos que iban más allá de las porterías, norte contra sur, Cinema Paradiso versus La Vieja Señora... Maradona contra todos, como parecía estar empeñado.
 
 
 
 
 
 
Sería curioso y digno de estudio que Ludden profundizase más en la figura del caballero milanés que llegó a ser presidente de gobierno, porque lo que se desprende es muy interesante y explica muchas de las cosas que, desgraciadamente, hemos visto que han pasado en ese país, por otro lado absolutamente fascinante. De ahí dejó las maletas como un demonio, pero con la confianza de quien sabe que terminaría siendo un mito. Siempre infravalorado, sobrevalorado y nunca tomado como lo que siplemente era, un talento brutal en una disciplina y, a fin de cuentas, el chiquillo de villa pobre que alcanzaba cierto Zen con esa maravilla nunca bien ponderada llamada "El Chavo del 8". 






Faltaba la última bocanada en Sevilla, el ámbito hispalense había tenido a Curro y la Expo, ahora soñaba con que quedase algo de magia en el barril para tener un nuevo monarca. Incluso él mismo soñó con ser nuevamente un rey gitano, príncipe de Egipto y abanderado de causas perdidas. Quedaban resquicios (cuando le lanzaron una minúscula naranja y la controló como si fuera el esférico más grande de la tierra y lo mareó durante unos segundos como otra persona sacaría a su animal doméstico), mientras algún viejo rival como L. Mathaus sonreían para sus adentros.
 
 
 
 
El libro de Ludden resulta una curiosa biografía deportiva que, especialmente con el oro de Nápoles, alcanza una alegría literaria desenfadada reseñable y hace ver más de cerca un Circo de sinsabores y los riesgos de aupar y marear a un pibe con un don. Aunque curiosamente y coincidiendo con El Lobo, es más que curioso que quizás precisamente por esa droga llamada fútbol, el 10 pueda a día de hoy seguir disfrutando de sus hijas y el reconocimiento de sus fans... quizás, era saldar una deuda excesiva y dorada.

domingo, 26 de agosto de 2012

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Teniendo en cuenta los turbulentos años que han vivido a nivel político y económico, no deja de ser curioso que Argentina haya destacado en los últimos tiempos por sacar un cine de una calidad increíble, combinando lo mejor de sus anteriores generaciones y una savia nueva que se ha acoplado como anillo al dedo a un estilo que parece aunar lo mejor de la comedia italiana, con la española y una dosis de ingenio propio.
 
 
 
 
 
Pocas películas muestran mejor esa fusión que el debut de Rodrigo Grande en la dirección de un largo, "Cuestión de principios" (2009). Amparándose en una pareja dorada, nada menos que Federico Luppi y Norma Leandro, Grande trae también a uno de los mejores actores argentinos de la actualidad, Pablo Echarri, para narrar una historia basada en un cuentecillo previo, la de un señor llamado Castilla y su lucha contra los molinos de viento... cuestión de principios.
 
 
 
 
 
 
En cierto sentido, esta comedia deliciosamente sencilla no está tan alejada de almas gemelas como "Don erre que erre" o "El puente sobre el río Kwai"... simplemente cabezonerías que se van de las manos y llevan a los protagonistas a enfrentarse a esta decisión. Considerado por muchos de sus compañeros de oficina como un tipo atávico y del Cromañón, Castilla alcanza un gran relieve cuando se niega a vender una vieja revista al joven y algo presuntuoso jefe que ha llegado a Rosario. Siendo la pieza que falta a su colección, éste parece dispuesto a pagar cuantos pesos sean necesarios de más por el objeto, pero, habiendo una fotografía de su progenitor en ella, para el propietario, hay cosas que no se pueden comprar con dinero.
 
 
 
 
 
La aparente tontería va ganando fuerza a través de un argumento muy bien llevado y unos intérpretes maravillosos. Los secundarios del día a día del trabajo de Castilla son estupendos, igual que sucede con los mejores secundarios, puede salir un tipo para decir dos frases... pero cómo las dicen. Lógicamente, entre los protagonistas, Luppi sobresale como el terco protagonista, viviendo de su talento para terminar haciendo agradable a este hombre con aristas. Actor increíble que no necesita presentación en España, para muchos, el papel de su vida, para Luppi, un día más ticando antes de salir a las 8.
 
 

¿Y qué decir de Norma Leandro? Lo de esta intérprete es de ciencia ficción. Cualquiera que haya visto "El hijo de la novia" o "La historia oficial", sabrá a qué hace referencia el blog cuando afirma que estamos ante una actriz absolutamente súper-dotada. Tiene una manera única de mirar, de moverse, de gesticular... Hace creíble cada uno de sus diálogos y su química con Luppi es maravillosa, en un re-encuentro que los amantes del séptimo arte llevaban esperando más tiempo de la cuenta.
 
 
 
Entre la Nueva Guardia, Pablo Echarri, a quien algunos recordarán por su interpretación en "El método", cuaja otro notable trabajo para su filmografía. Pese a la juventud, el director no cae en la tentación de caer en historias de claros y oscuros y hasta el joven y altivo jefe tiene su corazoncito y su historia de por qué ha vuelto desde España a hacerse cargo del departamento de Rosario. Nuevamente, poca plata, mucho ingenio y personajes bien desarrollados, la fórmula mágica que gente como Campanella ha abanderado para colocar sus cintas de tú a tú con quien se tercie.
 
 
 
 
Este viejo pibe y sus molinos de viento son algo más que un honesto entretenimiento... a veces, en el teatro, el entremés eclipsa a la obra principal que se pretendía ver.
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 19 de agosto de 2012

SHARE CON DERECHO DE ADMISIÓN

Hay un viejo dicho, a veces no importa tanto qué se está estudiando, como la metodología con la que se realiza.  Es decir, que a veces, la forma puede llegar incluso a superar al contenido. A pocas artes les acontece esto a los niveles que suceden con la conversación. Auténtica delicia si se hace bien, puede ser también muchas otras cosas (desagradable, indiscreta, vulgar...). Entre otras variantes, es posible que en pocas haya más riesgos que en la entrevista, una melodía donde quitar una nota puede hacer derrumbarse toda la partitura, o añadir, quitarle la esencia, como diría Salieri en "Amadeus". 





La televisión, un medio donde el resumen de la fórmula mágica podría ser velocidad, velocidad... y velocidad, donde el tiempo y el reposo necesario para conocer a alguien parece una utopía que además, Youtube está despedazando. Por supuesto, es una herramienta tiene mil ventajas (desde ver un documental desaparecido y fascinante hasta ver a un adorable gato tocando el piano de pie, lo que justifica una existencia), pero no sé si se han dado cuenta de que asimismo está acostumbrándonos generación tras generación, a tener una premura que hace a todo lo que pase de diez minutos de metraje estar bajo la sospecha de nuestra atención.




Por ello me gustaría rescatar en un espacio dominical donde el color orange (alerta organe, para ser exactos) amenaza con derretir el teclado, un lugar con cártel en la entrada de la Televisión Aragonesa, dirigido por  Luis Alegre, "El reservado". A lo largo de los años, diferentes personajes han ido desfilando ante el micrófono para parecer más personas, con un estilo sosegado digno de agradecerse. Quizás una de las debilidades personales que tengo por este programa fue que le debemos una de las últimas apariciones públicas de ese genio nunca lo suficientemente ponderado que fue Rafael Azcona, quien al margen de llegar a la visionaria conclusión de que no sacarse el carnet de conducir alargó su vida sobremanera, fue, es y será, una de las grandes plumas que se han visto por estos lares.




En otra vida, si hemos de seguir las creencias de la re-encarnación, Alegre tuvo que hacer algo muy bien, solamente así se explica la red de conexiones que este profesor universitario y periodista ha mantenido con algunos de los personajes artísticos más relevantes del panorama actual (así como haber podido cenar varias veces con Pep Guardiola, algo que toda persona culé que se precie envidará de la forma más atroz posible). Desde Joaquín Sabina pasando por Leonor Watling, dejando por el camino a Juan Diego Botto o Maribel Verdú.





Generalmente con una duración de treinta minutos aproximadamente, son diálogos sosegados y que permiten arrastrar alguna faceta que un espectador desconocía de un personaje público, que, en muchos casos, solamente implica que es una persona desconocida muy visible. Por buscar siempre el lado de la puntillita y la deformación anti-profesional de todo bloguero que escribe cómodamente sentado, en ocasiones "El Reservado" se deja llevar por un cierto sentimiento de "derecho de admisión" un poco esnob y algún momento de "peloteo" (dicho cariñosamente) que podría incluso sobrar. En ese sentido, la heterodoxia genial, irreverente y con un punto de locura de Jesús Quintero puede resultar, si bien más provocadora, también atractiva.





Eso no quiere decir que haya habido alguna joyita para rememorar como la charla que mantuvieron Alegre y Juan Echanove, de lo más fuerte que he podido ver últimamente, en el sentido positivo, por llevar la esfera al terreno personal de una forma estupenda y digna de Quevedo en "El buscón", bajando a la tierra y sin miedo al barro. O las cosas siempre sensatas que suelen salir de la boca de Elvira Lindo, una escritora siempre con la cabeza perfectamente amueblada, o la campechanía cercana de un director como Agustín Díaz Yanes.






En definitiva, un oasis interesante donde quizás puedan tener a bien sumergirse si les interesa saber algo que vaya más allá de "los marqueses de Hofstadter muestran su mansión"... Como suele pasar, buena parte del éxito dependerá del acierto en la elección al invitado.