sábado, 15 de mayo de 2010

ADIÓS, ANTONIO



Ahora está de moda hablar bien de los muertos, dicen por ahí. Lo políticamente correcto impera y se alteran recuerdos, lo raro se vuelve bonito y lo extraño, original. No creo que podamos hacer eso en el caso de Antonio Ozores. Porque es que, haciendo memoria, Antonio hablaba muy raro.
No creo que hayan existido muchos humoristas en lengua castellana por esa afición de trastabillarse, de acelerar y decelerar el ritmo de los diálogos, en algo que debió de ser una pesadilla para sus directores, aunque bien es cierto que dio no pocas improvisaciones muy graciosas.
Su estilo era divertido y desordenado. Gracias a mi buen amigo Chespiro, pude leer su particular biografía, un libro endemoniadamete estructurado, con anécdotas sin orden cronológico ni temático... pero aún así muy elegante, un oasis en una época en la que parece estar de moda lanzarse los trastos entre compañeros de profesión. Antonio generaba buen ambiente y eso explica que tuviera una copiosa carrera en teatro y cine (en el segundo muchas veces a lás órdenes de su hermano Mariano), sin importarle ser co-protagonista o apenas un puñado de líneas.
Si hubiera sido británico las absurdeces que hacía hubieran sido llamadas humor inteligente a lo Mony Pithon, pero al ser español, no habrían sido en ocasiones tan criticadas por un cierto sector más esnob, pero ante el gran público en general la taquilla siempre le respetó, a él y a sus hermanos. Antonio hacía gracia y muchas de su frases se recordaban entre quienes las vieron, nacido siempre para la sonrisa amable y un agradable interludio, salvó varias películas más bien malas con algún gag muy ocurrente.
Últimamente parece que esta generación está bajo riesgo de extinción. No hace tanto escribíamos una entrada similar sobre "El Morito" (con quien precisamente Antonio compartió varias comedias tan inofensivas como graciosas), hace ya un poco más que la pluma de Azcona dejó de escribir, Agustín González se fue en el último telón... Fueron una generación irregular, tenían todo el talento del mundo y brillaban con mayor fuerza cuanto mejor era el reto, pero estuvieron en esa fase oscura llamada Destape y casi nunca se quitaron muchos de ellos el sambenito de perseguidores de suecas. Pero quizás por eso el cariño de la gente por tipos como Antonio era más sincero y espontáneo de lo que nunca podría ser el aplauso de la crítica. La gente no quería cine de autor, les bastaba con que Paco Martínez Soria se cabrease con Ozores (por cierto que también les pasó en la vida real, ya que don Paco no estaba acostumbrado a secundario como Antonio, que robaban muchas carcajadas y simpatías casi con estar sentado).
Si tuviera que quedarme con dos atuaciones suyas quizás sería precisamente sería la escena versus don Paco en un concurso de la tele, donde Antonio interpretaba a un relamido individuo que se sabía la enciclopedia como si fuera Menéndez Pidal. No sé quién le recomendó que pusiera esa cara y se pusiera ese horrendo jersey, pero lo bordó. También me gustó muchísimo el sacerdote que hizo en "Los bingueros", realmente inusual, para mí, el mejor de esta peli del dueto Pajararés-Esteso, ahora tan defenestrados, pero que en aquellos días eran una máquina de hacer dinero.
Antonio era el producto de uno de los clanes de actores más conocidos de este país, valenciano de origen y muy apegado a su tierra, como recordaron muchos en su velatorio. La enfemedad se le había prolongado y ya no estaba en cartelera desde "Pelotazo Nacional" (1.993) pero seguía en el teatro, junto con Emma. Y a pesar de ello, la gente siguió preocupándose por él, Andreu Buenafuente lo entrevistó y hasta el genial monologuista no tuvo reparos en presentarle como uno de los pioneros del humor español, series en aquel momento en auge como "Camera Café" le invitaban a hacer cameos...
En ocasiones engañado fácilmente con el pan y circo, el pueblo a veces tiene una sensibilidad y un cariño sincero que supera con mucho al de gente supuestamente más ilustrada o fina. Eso halla uno de sus últimos ejemplos con Antonio Ozores.

miércoles, 12 de mayo de 2010

ANATOMÍA DE UNA BIOGRAFÍA

Iba camino de ser una de esas historias que las gentes del barrio repetían una y otra vez. ¿Te acuerdas de aque chico?Ah, sí, qué pena... lo que hubiera llegdo a ser de no haber sido por, bueno, ya sabes...
Efectivamente, las malas circunstancias de Alan al nacer y su propio pasado, donde amigos poco recomendables le salpicaban, le exoneraban de tener que rendir cuentas de su talento desperdiciado. ¿Qué más daba que ese muchacho de orígenes modestos pasase tanto tiempo en la biblioteca? Lenguas maliciosas afirmarían que era sin duda un escondrijo de sus trapicheos con las drogas y una nueva nota de arrogancia para con sus profesores, una demostración de que él no tenía nada por aprender allí. Sí, era cuestión de tiempo que apareciera muerto en un callejón oscuro o dejase preñada a alguna golfilla y al final tuviera que sentar la cabeza y adquirir algún oscuro trabajo para malvivir mes tras mes.
Mas a veces, pese a viento y marea, surgen espíritus tan fuertes que sabrían abrire camino hasta en los campos más adversos. Napoleón tardó pero finalmente comprendió que Córcega le quedaba chica, Ramanujan al fin encontró ese pequeño libro básico con el que hacer volar su formidabe imaginación matemática, Cleopatra apenas necesitó una alfombra para dejar de ser una reina de bandidos alejada del Nilo por su hermano... Alan Moore por su lado sería consciente de su vena literaria, que él había nacido por y para narrar con un estilo único las aventuras y las desventuras de unos personajes dibujados, para desafiar a toda una industria y grabar su nombre con letras de oro dentro del almanaque de la heterodoxia.
Este libro me vino recomendado por mi buen amigo Chespiro, llamándome la atención de que (tras mucho tiempo) se diera una biografía en castellano del autor inglés, a la par que, su autor fuera un joven escritor cordobés, nacido en 1.981 (lo cual no puede suscitar en mí otra cosa que la más sana de las envidias). J.J Vargas coloca un atinado subtítulo "La Autopsia del héroe", terriblemente acertado, bajo mi modesto juicio. Efectivamente, Moore ha redefinido un tipo de hacer cómics, Sabina cantaba que las niñas ya no quieren ser princesas y a los niños les daba por perseguir el mar dentro de un vaso de Ginebra, Alan nos demostró que los héroes no lo son bajo la capucha y que persiguen en capas blancas sus viejas frusraciones en un océano de complejos.
Muchos me matarían (probablemente con razón) por establecer semejante símil, pero me gustaría decir que Watchmen es el equivalente en el ámbito de los súper-héroes a El Quijote. No quiero moverme en bosques oscuros, pero admitiremos que las dos piezas ahondan, se burlan y finalmente empatizan con un universo al que ridiculizan para, a través de un espejo deformado, reflejar una realidad social y política turbia, no sin sentido del humor (más en el caso de Cervantes que en el de Moore en este último factor). Al igual que el camino al Toboso, los que se adentran en este tomo denso y grueso (Muchachada Nui lo ha parodiado con muchísima gracia), no pueden hacerlo a pecho descubierto, pues si no se conoce el mundo ficcional precedente, se pierde ese gigantesco test de Roscharc, que Gibbons y Moore brindan. Por cirto, que acabó fatal por los derechos con DC y es que, los bardos también comen y saben que poderoso caballero es don dinero.
El exhaustivo análisis a las circunstancias de Watchmen y su buen manejo de la bibliografía (incluso está el no tan lejano libro monográfico de R. Marín, que comentamos en nuestro primer mes de andadura), muestran un buen aprecio por la obra de Moore por parte de Vargas. Pero no solamente con esta pieza tan conocida y manoseada, sino con V de Vendetta (no es tan descabellado lo que propone allí y es probablemente la mejor manera de explicar lo que es el fascismo a una persona joven) y otros trabajos clásicos, como pueda ser La Cosa del Pantano, donde firmó una etapa irregular pero brillante. Y es que sus momentos de sequía y frustración no deben ser abandonados, se nota que Vargas ha hecho un esfuerzo de biógrafo admirable, tratando de distanciarse del objeto de estudio, aunque es evidente, como muestra el epílogo, que en el fondo sigue siendo ese niño (un niño que sabe escribir muy bien, la verdad sea dicha) que buscaba entre tebeos, no por el disfraz más espectacular o la heroína con más generosas caderas, sino porque el guión llevará cierta firma.
La estructura de la obra es muy coherente y cronológica, aunque nos gustría saber más de sus primeros y oscuros años, donde debe ser muy complejo descubrir algo, debido a lo poco que ha dicho de la misma en entrevistas y a sus tenebrosas pistas de salida. No obstante, sospecho que cuando alguien consiga acercarse más a ella, una vez tengamos esta entrada, muchas cosas podremos explicarnos de este aprendiz de mago, el más freak de todos los genios, el más genio de todos los freak... El tipo que con una simple historietilla hizo que un tipo con calzones rojos y capa no fuera ridículo, sino emotivo y un alegato por la nostalgia, con el final más redondo que en mucho tiempo hemos podido leer.

Después le han venido fases típicas de los niños prodigio. Es fácil tacharles de quemarse antes de tiempo, como meteoros tan violentos como efímeros, al entrar en contacto con la atmósfera. Pero no se derrumbó, como algún tópico romántico nos quisó hacer creer, siguió dando piezas. No parece aquí el lugar adecuado para hablar de "La broma asesina", tan ponderada como denostada. Simplemente diré, que incluso sus más acérrimos detractores afirman que en sí no es en absoluto una mala historia, solamente que de Moore se esperaba mucho más... Es la paradoja, el amor y el odio que van conjntos.
Con todo, pese a los altibajos, siguió siendo el objeto de atención de la industria, mimado y apedreado por todos, en un claro never walk alone. De vez en cuando escribía aquellas pequeñas introducciones, para seguir con unos diálogos integentísimos que inventaron un nuevo término que yo particularmente aborrezco, novela gráfica. A pesar de retiros más o menos prolongados siempre se quisó saber su opinión, a pesar de sus barbas, su peculiar matrimonio y su manera de vestir... Moore es tan grande como talento creativo que en Image poco importaba su humor casi gore, la gente seguía comprando lo que él emitía, como también venderá (no les quepa duda) su vesión para adultos de Alicia, en un ejemplo de su auténtica chaladura... ¿o tal vez volverá a callar a todos con su chispa?
Desde la batalla íntima (JJ Vargas tiene un talento nato para los títulos de los capítulos)de Un pequeño asesinato hasta la compleja construcción que fue From Hell (sí, es pretenciosa, sí, es sangrienta, sí, es muy desagradable y... sí, es un cómic muy recomendable de leer y con una erudición filosófica, histórica y política, que deslumbra, a la par que va de la mano de un gran dibujante), este libro editado por Dolmen este presente curso es un buen regalo para los seguidores de las viñetas y los curiosos de las personalidades excéntricas.
Ahora, el destino de Alan continúa, igual que Jack Kirby tiene en su cabeza mil historias que avanzan mas deprisa de las que él puede anotarlas. A diferencia del genial norteamericano no sabe dibujar, lo suyo sigue siendo el teclado (recientemente publicó su primera novela, original pero excesivamente abstracta para mí gusto, aunque no es el espacio oportuno para tratarla), pero si es consciente de que su mensaje se ha malinterpretado, que su drama humano (antes de Moore y Miller no se hablaba de política, intorencia religiosa, homofobia y psicología) ha sido desvirtuado por tipos de western taciturnos que no hablan y disparan.
Probablemente el viejo maestro tenga que dejarse de trucos y perversiones al más puro estilo Sila en Cumas, para volver a hacer lo que mejor se le da... y por el bien del cómic, crucemos los dedos par que sea pronto. Y nosotros, ecantados como la serpiente del hindú, seguimos deseando que nos hipnotice.

miércoles, 5 de mayo de 2010

TO BE OR NOT TO BE



Título: To be or not to be (Ser o no ser).





Dirección: Álvaro Lavín. Ayudante de dirección: María García de Oteyza.





Basado en: La película original de Ernst Lubitsch.





Versión de: Julio Salvatierra y Nick Whitby.





Reparto: José Luis Gil, Amparo Larrañaga, Diego Martín, Mauro Muñiz de Urquiza, Santiago Nogués, Alfonso Montón, Alfonso Torregrosa, Carlos Chamarro, etc.




Jefe sonidos y audovisual: Alberto Santos.




Iluminación: José Manuel Guerra. Diseño Audiovisuales: Isaías Muñoz.




Música: Mariano Marín.




Fotografía: Paolo Taglioni.




Diseño escenografía y vestuario: Elisa Sanz.




Peluquería y maquillaje: Mauro Gastón.




Regidor: José Ángel Navarro.




Realización de escenografía: Mambo decorados.




Jefe Maquinaria: David González.




Sastrería: Alma Azagra.




Distribución: Salbi Senante.




Gerencia: Jesús Morgado.




Producción: Carlos J. Larrañaga, Marisa Pino y Mario Vega.




Director técnico: David González.




Transporte: Transdecor.




Seguros: F. y A. de Lope.




Asesoría fiscal: Impetax.

Caviar del bueno el pasado viernes en el Gran Teatro de Córdoba. La mítica película "To be or not to be" se trasladaba al escenario, de la mano de una excelente dirección y un reparto de auténtico lujo dentro del panorama nacional. Las desventuras de una compañía teatral polaca ante la inminente llegada de los alemanes a su frontera, en pleno clima de tensión internacional, 1.936. Como bien me comentó un amigo que también asistió a la representación, la entrada en el recinto recordaba a Malditos Bastardos, al ver tanto uniforme nazi entre bambalinas, un diez a vestuario, por cierto.

Las sospechas del primer actor, Joseph Tura (un José Luis Gil que no necesitará presentación), acerca de la fidelidad de su esposa (Amparo Larrañaga), se acrecientan con la visita a su representación de Hamlet de un apuesto capitán de aviación (Diego Martín, que caracteriza a André Sobinsky). Lo que podría ser un simpático enredo amoroso, queda borrado del mapa por la clausura del teatro con motivo de la aparición del simpático Adolf y sus peculiares mapas europeos. Estos primeros compases nos sirven para conocer a los miembros de la compañía (sobresaliendo unos simpáticos Santiago Nogués y Alfonso Torregrosa), siendo sin duda, el momento de colocar las piezas en el tablero.

No mentiríamos al afirmar que es la parte más tibia de la pieza teatral. Esto pasaba también la película (por otra parte magnífica) y a medida que avancen los actos, irá cautvando más. En especial, comentar una arriesgada puesta en escena (hay muchos inconvenientes en traspasar una obra como ésta, con tantos espacios, al escenario, así que una merecida ovatio a los trabajadores que lo hicieron posible) y algunas intervenciones especiales por sorpresa, como la que ya comentamos en El Pisito con Juan Luis Galiardo (por ejemplo: en ésa, Enrique San Francisco es uno de los regalos, con una intervención inesperada).

Conforme todo se complique, con la llegada de colaboracionistas la obra gana en intesidad, fina ironía y humor de guante blanco. A los amantes de los monólogos, les divertirá ver a su "Don Mauro" pasando con nota la representación dramática, con varios gags de altura. Los seguidores de "Camera Café", verán un rostro que les debe ser muy conocido, Carlos Chamarro. A nivel de diálogos, todo ganas mucho con los oficiales de la Gestapo, el Coronel Ehrnhrdt y Schultz, divertidísimos, igual que sucedía con la cinta original. El juego de dobles papeles se multiplica y alcanza la nota más alta de la comedia.

Mención aparte merece el soberbio clinic que dejó José Luis Gil, de menos a más toda la obra (eso también pasa con Amparo Larrañaga y Diego Martín, por cierto), hasta terminar a un nivel excelso, con los dos divertidísimos interrogatorios, donde especialmente, sobresale la pareja de "hoy te confundo más que ayer pero menos que mañana" de Tura y Ehrhardt, con el subordinado de éste como Skinner, perdón, quería decir, el payaso serio. Sin desmerecer a unos actores y actrices en estadode gracia, Gil le da un plus al clímax, como bien dijo Chespiro: "Se echa la obra a la espalda y resuelve". Y eso, para los devotos de los artista, profesionales o deportistas a los que le gusta presión, son palabras mayores.

Por buscarle los tres pies al gato, afirmar que esta versión, muy correcta y que solamente modifica lo necesario (es obvio que sí estás ante un público castellano-parlante debes adaptar algunos juegos de palabras y modificar algunos chistes por otros), quizás pequé por exceso en esta tragicomedia. Se apuesta mucho por lo cómico, pero muy poco por lo trágico, trivializándolo todo, lo cual no es malo, pero en los últimos monólogos en el teatro, me quedó más con los de la película, que se puso por un momento seria. En cada uno dependerá objetar o aceptar esta sugerencia.



El sabor de boca de la pieza teatral es soberbio, con una gran satisfaccón en cuanto a haber pasado un muy buen rato gozando de unos excelentes artistas.Decir que el Gran Teatro estuvo a la altura, tanto sus responsables (la película obligó a que las instalaciones y palcos tuvieran que estar atentos a cameos y permitir alguna carrerita o persecución) y el público también, brindando una cariñosa y rendida rista de aplausos, mientras prácticamente todo/as nos levantábamos de nuestras butacas. No era para menos, vistas las energías desplegadas.
Como suele ser ya ritual, bastantes esperamos en busca de felicitaciones, fotos y autógrafos. Espero que fuésemos educados/as y a nadie volviéramos loco. He de decir que de los artistas que mejor impresión me han dado en este "tête a tête" ha sido Pepe Viyuela y varios otros integrantes de El Pisito, muy cordial y caballeroso,a la par que notablemente paciente. Ahora habré de incorporar a una Amparo Larrañaga que demostró una simpatía natural que la gente agradeció mucho, mientras don Mauro daba una gran alegría a un amigo mío humorista, al recordarle de una de sus anteriores visitas para verle actuar a las órdenes de Paramount Comedy.
Destacar que tras un aspecto un poco sobrio, D.Martín fue muy gentil y paciente con nuestras cuestiones. Pude preguntarle qué opinión le merecía la película original, a lo que él contestó que tenían un listón alto, realmente alto... muy difícil. Chespiro, por su lado, se las apañó para hacer una referencia a la época de doblador de José Luis Gil, quien tenía el aspecto exhausto del sobre-esfuerzo que hemos mencionado, algo que probablemente, acostumbrado a que le pregunten cosas de Juan Cuesta, debió agradecer.
En definitiva, los hermanos Marx una noche en el teatro. Como siempre, una experiencia muy grata.

lunes, 26 de abril de 2010

UNA VIDA SENTENCIADA



Autor: Camilo José Cela.

Título: La familia de Pascual Duarte.

Primera Edición: 1.942.

Fue un disparo seco y rápido. Para una criatura inocente fue el final, el castigo al único pecado de la mirada curiosa. Así muere La Chispa en la que quizás sea la parte más recordada de este clásico del tremendismo. A pesar de su indudable calidad, no es precisamente un libro que deje un regusto agradable, pues no suele ser esa la intención cuando se trata de mostrar una realidad dura.

No podía ser menos con un autor capaz de dedicar esta pieza de juventud (aunque parezca casi milagroso, la culminó con 26 años, con un "lavado de cara" en la década de los 60) a sus enemigos, un tipo que quizás junto con Fernando Fernán Gómez, allá sido el cascarrabias con más talento de su época. Pero aunque no fuese el individuo más simpático del mundo, Cela muestra una empatía enorme con Pascual, un humilde campesino extremeño que trata de desvelarnos su autobiografía, para justificar que él en realidad no es malo, sino la víctima del peor de los determinismos. En base a sus transcriptores y a las propias pistas de su relato sesgado (y en ocasiones morboso), iremos viendo que nuestro narrador no es precisamente el más fiable de los comentaristas.

Conviene decir que pese a la omnipresencia de Pascual, el título es muy oportuno, pues su núcleo familiar (humildemente, pienso que la película de Mario Camus se equivocó en este aspecto) es quien condiciona, formando una espiral de anillos que van envolviendo a nuestro protagonista. Fruto de un matrimonio turbulento (un alcoholizado y arruinado comerciante portugués y una madre que parece el paradigma de la frialdad), con sus hermanos no tendrá mejor suerte: el enfermizo Mario y la incierta Rosario, por quien sentirá un afecto, en ocasiones malsano (¿incesto?), los primeros capítulos se muestran desgarradores, con unos seres humanos reducidos a un conjunto animalizado de seres sin piedad. Una prosa desnudaa, muy acorde con la condición de quien la redacta (hubiera sido un error dotarla de muchos artificios literarios) y una brevedad que ayuda, pues sería casi agobiante continuar con tanto desgarramiento en una novela larga.

Esto pudo haber sido un problema realmente notable. Imaginen la encrucijada, si clavan a Pascual y su entorno les dirán "Sí, es muy realista, pero tiene muy poco talento lírico". Si por el contrario sacrifican la lógica por el verso, siempre les saldrán "Ya, muy bonito, pero es imposible que un presidiario sin estudios de Badajoz hable así". Para salir del paso, y con nota por cierto, Cela usará todo adorno externo que pueda ayudarle. Desde la casi obscena dedicatoria, pasando por el universo de los diálogos aparentemente inconexos y los bocadillos de pensamiento. No se engañen por su ligereza, no es ninguna estupidez releer este pequeño memorial.

¿Dónde radica pues el secreto del buen envejecimiento de La Familia de Pascual Duarte? Políticamente hablando, hay mucha gente que admira que Cela burlase a la censura y trasladase hábilmente esta coyuntura como espejo de lo que pasaba en la España de su tiempo. Mas no era Cela ningún revolucionario y tampoco se puede decir que una víctima del franquismo (de hecho, él mismo fue censor, en una historia que merecería la pena contarse) y desde luego, pese a que el último asesinato de Pascual, el que de verdad le condena, tenga mucha lectura entre líneas, la obra dista de ser un mitín de nada y como en La Colmena, se podría resumir en el hecho de que, sin ser palmero ni contrario, Cela tenía demasiada buena pluma como para no saber reflejar la realidad como un maestro cirujano.

A nivel de justicia, sin moralina, la pieza nos presenta dilemas inquietantes. ¿Hasta qué punto podemos excusarnos a nosotros mismos? ¿Llevaba razón Ortega con las circunstancias omnipresentes en el ser? ¿Portamos una semilla del bien o del mal o, por el contrario, las adquirimos y simplemente respondemos como marionetas? ¿Cuán sincera es una confesión? ¿Queremos garantizarnos al menos el pasaje al purgatorio no ser que vaya a haber infierno o, por el contrario, verdaderamente mostramos arrepentimiento? Y de ser así, ¿hasta qué punto podemos asistir impertérritos a las atrocidades de este villano/víctima?

También es complicado encontrar entre los ejemplos de este modesto blog (salvo Quevedo con don Pablos), mayor distanciamiento entre creador y protagonista. Incluso Suskind está dispuesto a hallar cosas admirables en Jean Baptiste, por remotas que éstas sean. Especialmente en el doloroso final, con una falta de glamour que hubiera envidiado el mismísimo Azcona, vemos como no hay piedad... ninguna.

En un entramado profundamente machista, las mujeres permanecen en segundo plano, eso sí, únicamente en apariencia, porque en realidad, una vez se rasca la superficie, son el verdadero motor de muchos acontecimientos. El papel de La Madre de Pascual en sus fracasos matrimoniales, Rosario, en ocasiones admirable (su compasión por Mario) y en otras ingrata (ora ladrona, ora víctima de Paco El Estirao), con un más que evidente pasado en la prostitución, Lola ("el galanteo" con el cadáver de Mario recién enterrado no tiene desperdicio) o Esperanza (no es gratuito este nombre ni su inclusión en el relato) entre otras, componen un fascinante paisaje, sin que en sus páginas encontremos (salvo algún sacerdote o alcalde de prisiones) alguien que podamos catalogar verderamente bueno; aunque, si hacemos justicia, tampoco hay nadie tan malvado como para no comprender sus motivaciones.

La red de una novela sin tapujos que sigue igual de chocante que cuando fue concebida. Y eso, hoy poy hoy, es el mayor de los elogios posibles.

lunes, 12 de abril de 2010

UNA MIRADA FIJA

Título: Los hombres que miraban fijamente a las cabras. The men who who stare at Goats (2.009).

Nacionalidad: Estadounidense

Director Grant Heslov

Guión: Peter Straughan

Basado en: La novela original de Jon Ronson.

Duración: 93 minutos.

Reparto: Ewan McGregor, George Clooney, Jeff Bridges, Kevin Spacey,

Fotografía: Robert Elswit.

Música: Rolfe Kent

Producida por: Overture Films / BBC Films / Smoke House


Recientemente he podido ver esta curiosa película, presentada por la publicidad como una auténtica locura, cimentada sobre un colosal reparto. El segundo aspecto es incuestionable, aunque sorprende encontrar hoy en día una cinta que no presente al menos un personaje femenino de relieve. Peculiaridad que no es única en este producto que a buen seguro ha despertado no pocas voces contrarias. En otro lado, e igual de furibundos, hay gente que la defiende a capa y espada, llamándola infravalorada, subestimada por un público que quizás no siempre ha comprehendido sus matices.

Cimentada (muy remotamente) en un hecho real del ejército de los Estados Unidos, Los Hombres que miraban fijamente a las cabras es un auténtico desafío del humor, pero no absurdo, como pudiera desprenderse de título o de los propios anuncios. En primer lugar, afirmar que Heslov y su equipo juegan al esperpento, cual espejos de feria, deformando la realidad... pero no tanto como para que deje de resultarnos conocida. Bob Wilton, un periodista norteamericano cuya vida familiar se ha hecho añicos, decide perder del todo el horizonte y viajar a Oriente Próximo, en busca de la noticia del siglo, el reconocimiento y volver a su país para demostrar a quienes le tachen de gris, que es más de lo que parece.

Ewan McGregor encarna al reportero, en una buena actuación, a la que solamente le falta más respeto de la lógica. Su supuesta desazón vital por el triángulo amoroso que forma con su mujer y su jefe rápidamente viene y se va, por lo que su resolución al desenlace casi deja indiferente. Afortunadamente, la investigación que lleva a cabo cuando conoce a un extraño soldado (un muy divertido George Clooney), que al parecer estuvo en una serie de experimentos psíquicos de alto secreto. Por qué confía en semejante lunático que afirma poder explotar nubes, pierde importancia en una montaña rusa sin frenos. Clooney parece pasárselo en grande con este antihéroe de acción y deja alguna frase para el recuerdo:

BOB: ¿Cómo vamos a escapar de estos tipos?

LYN: Por eso no eres un soldado de la Nueva Tierra. Tienes que mirar fijamente a tu oponente, penetrar en su interior, mirarle fijamente, decirle suavamente con tu mente "No voy a atacarte, no voy a atacarte"... ¡y aprovechando que está distraído le pegas una puñalada buscando que su sangre salpique sus compinches!

La preopotencia de los USA y su freakismo (aunque se abusa en exceso de las bromas referentes a Star Wars y semejantes) depararán algún momento de verdadero humor. En especial destaca el que fue el jefe de Lyn (Clooney), interpretado por Jeff Bridges. Este actor parece tener un sexto sentido para los papeles cómicos (El Gran Lebowsky), es muy espontáneo y usa su pérfil para encarnar a un particular veterano de la guerra del Vietnam que termina cayendo en el movimiento hippy y llega a convencer a algún alto mando de las opciones de los soldados del mañana, que serán capaces de buscar otros senderos para el triunfo. En este sentido, los flashback dan un toque de calidad a la obra, que en ocasiones abusa de las americanadas por todos sufridas y padecidas (explosiones, tiroteos, en fin...).

¿Azar o simples estúpidos con suerte? El caso es que algún éxito realmente milagroso convenció incluso a algún alto mando de las opciones de esta nueva brigada, pero Bridges y su equipo caerán en desgracia por las maldades de la oveja negra del escuadrón. Éste no podía ser otro que Kevin Spacey, conocido por todos por sus soberbios momentos en American Beauty, LA Confidential, Seven, Usual Suspects y tantas otras. Spacey parece no apretar el acelerador en ningún momento, pero su talento le basta para ser muy divertido (interrogatorio y juicio) y pasa sin tomarse nunca en serio la peli, pero con buena nota. De hecho, uno de los grandes atractivos del film es el duelo de intérpretes, algunos del primer nivel.

Una de las críticas más frecuentes que he podido leer (principalmente buceando en la siempre interesante Film Affinity o en revistas como Fila7), es que se lamenta que esta idea tan buena no haya caido en gente más ácida como los hermanos Coen. En cierto sentido es una buena apreciación, esta pareja podía haber dinamitado las salas con algunos de los elementos aquí construídas, hay situaciones que no llegan a prender del todo, pese a que observamos una prometedora mecha. Pero, por otro lado, es una crítica muy injusta.

Heslov y su equipo han sabido elegir el tablero, no son precisamente ajenos a la comedia (su duración es exactamente la adecuada para no estirar el chiste), parecen haber creado un buen clima de trabajo (el reparto se lo ha pasado pipa y eso se nota) y futuras labores enseñarán al director a pulirse. Los propios Coen son el ejemplo perfecto de que en ocasiones se sale de una obra maestra para chocarse, luego resurgir de sus cenizas, etc.

En cuanto a The End, como dirían los angloparlantes, lo cierto es que parece que no hemos sacado todo el jugo a la fruta, aunque ha ésta ha presentado un buen color.

PD: Una ultima apreciación de interés es que nuevamente hemos hecho alguna travesura con la traducción del título, aunque cumple a su función. En cuanto a por qué cabras, ya lo descubrirán ustedes...

Cordiales saludos

lunes, 5 de abril de 2010

INCAPAZ DE GOBERNARSE A SÍ MISMA (Parte II de II)

Si la primera temporada se había valido de las peripecias de Pullo y Voreno para explicar los grandes acontecimientos de la época tardorrepublicana, la segunda ronda de Rome va a hacer lo contrario, basándose en el contexto histórico, se nos revelan nuevas aventuras de Pullo y Voreno.
Tras el asesinato de Julio César, en la urbe tiende la más absoluta anarquía. Nos sorprende la inteligencia de sus guionistas, cuando pensamos que vamos a ver una versión más del famoso discurso de Marco Antonio, dan un giro de tuerca. Lo escuchamos a traves del "corre ve y dile" de las gentes de las tabernas. Si la primera temporada se ha centrado en los acontecimientos con mayúsculas, ahora cultivarán la intrahistoria. Al más puro estilo Scorsese, nos veremos arrastrados a la lucha callejera más vil. Si creen que exageran, lean las crónicas de los días de Publio Clodio y Milón.
Los dos antiguos legionarios de la XIII serán el verdadero motor de las aventuras de este producto televisivo. Si creíamos que la estación predecesora había roto moldes con su forma de presentar la esclavitud o la violecia de una batalla en la Galia, ahora no valen cinturones y se toman curvas.

Hablando de las mismas -con perdón-, esta segunda entrega nos traerá a la rena del Nilo, aunque quizás pilla de nuevas la caracterización de Lyndsey Marshal, una Cleopatra que por inusual, no deja de ser muy divertida. En efecto, pese a las exuberantes faraonas imaginadas por Hollywood, la versión que tenemos aquí de la hermana de Ptolomeo extrañamente inquietante, ingeniosa, extravagante y capaz de seducir a todo un Marco Antonio, aunque por motivos distintos a los que en ocasiones nos han contado.
Lástima que muchos otros aspectos fuesen omitidos. Igual que en la primera temporada, la prole de Pompeyo se reduce a un desagradable hijo (un Rick Warden que hubiera podido ser un excelente Cneo Pompeyo junior en Munda) que constituye un vacío histórico difícil de superar. Un joven que sí está maravillosamente recreado es Octavio, Mark Pirkis ya nos advertía de que aquel pariente de cara aniñada escondía muchos Césares. Ahora, Simon Woods es un Octavio muy crecidito, un joven de salud deficiente (véase su nefasta actitud en Filipos, donde Bruto y Casio alcanzarán la muerte en el final de la República), frío como el hielo, sin escrúpulos y que usará su familia con una inteligencia sin precedentes para erigirse con el poder supremo, castigar a los asesinos de su padre adoptivo y reinar sobre una ciudad tan omnipotente como caótica, a la que piensa domar con su puño de hierro. Lástima de esa escena tan controvertida con Livia y es que, en esta serie nunca puede falta cama.
Como era de esperar, Voreno terminará, ante la inminente guerra civil, luchando en el bando de Antonio (impecable James Purefoy) y Pullo ligará sus desventuras a Octavio. Tras haber -eso sí, salpicándola de sangre- dominado a las hermandades de Roma que, en efecto, no eran otra cosa que bandas armadas y bien disciplinadas para la lucha callejera, los dos hermanos de la XIII terminarán distanciándose. Pullo será incapaz de mantener a su joven y hermosa esclava, una vez más por no saber decir no a sus apetitos, mientras que Voreno está parece maldito desde haber fallado en la protección de su comandante en jefe y propiciado, indirectamente, la muerte de su amada primera mujer. Ahora, cuando los hilos del destino vuelvan a unirles, ¿será como amigos o enemigos? Y si es la segunda, ¿quién de estos dos supervivientes natos será el más fuerte?
Mientras se desarrollan tramas secundarias muy importantes. La poderosísima Servilia verá el oscurecer de sus días cuando fallezca su querido hijo Marco Junio Bruto. Polly Walker nos seguirá regalando una Atia tan inolvidable como históricamente deficiente, en un ejemplo de que una buena actriz puede salvar la peor de las papeletas. David Bamber nos sigue regalando a un grandioso Cicerón que cotiza cada su minuto. Su triste final -que solamente enturbia, como acertadamente dice siempre Raf Wallace, no haber sucedido de noche bajo su villa- es la mejor aproximación televisiva al estoicismo, en una escena que eleva a la serie a la máxima potencia. Son estos momentos de conjugación de Historia y entretenimiento los que convierten a Roma en algo único, aunque el masoquismo, la sangre y el sexo más explítico la hagan retroceder en ocasiones a marchas forzadas.
Nicholas Woodeson nos seguirá regalando a Posca, el liberto que acompañaba a César en tierras de Astérix y ahora liga su carrera a Antonio. Cuando el joven y ambicioso Herodes llegue a Roma para financiar su corona, nos encontraremos con una de las negociaciones más divertidas, especialmente por los atinados comentarios del príncipe sobre la amistad que une a los triunviros Lépido, Octavio y Antonio. Lee Boardman, también otro semita que reside en Roma -llegaron a ser un gran número- verá que la venida de este futuro tirano, le recuerda cuánto ha cambiado desde que se halla en la Ciudad Eterna. Junto con su radical hermano, tendrá que decidir una pequeña cuestión que hubiera cambiado la historia... incluso la sagrada.
Así podríamos ir desgranando montones de situaciones, tan rico es el tapiz que se nos presenta, aunque mucha de la información debe ser pasada por el escáner. El romance de Atia-Antonio, la "verdad" sobre Cesarión, la imposible relación de Agripa-Octavia... demasiadas licencias que enfurecen más por ser realizadas con toda la intención, que por ser fallos de documentación. Todo vale en este tramo, que ha hecho que los más aficionados a la Historia se tiren de los pelos, considerando por este hecho a la primera temporada como muy superior a la presente, mientras que los telespectadores que no lloran por Suetonio solamente opinan que se han divertido de lo lindo.
Como fuere, en apenas two seasons que dirían los angloparlantes, esta producción trajó algo de cultura antigua, política y filosofía (sí, en serio, no filosofía en el sentido más técnico, pero no es casual el impresionante carisma que tienen Pullo y Voreno con dos psiques tan distintas, ambos simbolizan a Roma) a la pantalla pequeña. ¿Con violencia? A raudales. ¿Con morbo? Casi tanto como el de los romanos originales. ¿Con fallos? Muchos. Pero, y ésta es la cuestión, hay está... ha provocado no pocas producciones que han querido emularla sin conseguirlo y, muchos de su equipo, nos regalan ahora los Tudor.
Incapaz de entenderse a sí misma, esta serie merece ser conocida por todos los que amen el espectáculo... y la arena.
Por último, un pequeño regalo, las mejores frases del tándem Pullo-Voreno:
"Mis antepasados lucharon con Escipión en Zama, mi padre cabalgó con Sila... y a mí me roban el caballo unos crios". - Voreno en la Galia.
"Encontraron mi águila perdida. El tesoro de Roma. Son los dos únicos supervivientes de un naufragio y se encuentran en la costa con Pompeyo El Grande. No sé que dioses les protegen pero no pienso ofenderles". - Julio César tras el re-encuentro con los dos legionarios.
"¿Cuándo fue la última vez que estuviste con una mujer que no gimiera o llorase?"- Voreno a Pullo.
"¿Tantos años sin acostare con una mujer por fidelidad? Vaya, por los dioses, tu mujer tiene que ser una buena... mujer del hogar"- Tito Pullo a Voreno.
"Cuando vayas a la líneas enemigas, dile a Lucio Voreno que sus hijas están bien y pregúntale cómo está mi hijo... es una broma, él lo entenderá"- Tito Pullo, pero no es tan broma.
"Te he visto matando gente... y créeme muchacho, tienes madera de líder"- Tito Pullo a Octavio.
"¿Tu padre? Era muy glotón, a veces le he visto comer cosas enteras. Pero es el mejor para estar en combate con él"- Voreno a Pullo.
"He estado con ese hombre en muchos peligros en el frente... y solamente hablaba de una cosa, su familia"- Pullo.
Una de las mejores amistades que se han recreado en TV.

martes, 30 de marzo de 2010

INCAPAZ DE GOBERNARSE (PARTE I de II)

Fue estrenada durante un caluroso mes de agosto del año 2.005. Lejos de tratarse de un programa más, "Rome", fue desde su estreno, un auténtico órdago a la grande. En pleno inicio de la Semana Santa, no se le ocurre a este blog nada mejor que narrar una de romanos, en la sección series TV.



Como entre países angloparlantes se entienden, las poderosas BBC y la HBO financiaron el proyecto, pero al igual que Craso, César y Pompeyo, el triunvirato es el número ideal, así que también es de justicia mencionar a la italiana RAI. Se trataba de una apuesta muy descabellada, con un gasto sin muchos precedentes en el medio televisivo y con capítulos que bien podrían ser considerados películas independientes, aunque con nudos comunes.


Generalmente no soy un partidario de las series cuyos episodios son de una extensión tan considerable, aunque hay que medir el tempo. Particularmente creo que en la comedia (ejemplos inmejorables Los Simpsons o Cheers), en 20 minutos se ronda la perfección. No obstante, el drama más puro y duro, ya sea en Los Soprano o Los Tudor, bien puede extenderse más si quiere contarse bien. Al igual que la segunda, Roma además necesita adecuarse (con mayor o menor rigor) a los acontecimientos históricos. La recreación por otra parte de la urbe ha sido espléndida, gracias a estar rodada en las inmediaciones de la propia Roma.



La ambientación comienza con una urbe que domina buena parte del mundo conocido por Occidente, territorios extensos que traen aparejados botines, esclavos, mujeres y placeres... pero la República es incapaz de gobernarse a sí misma. Mientras, Cayo Julio César (Ciarán Hinds) acaba de obtener su más importante triunfo en las Galias, doblegando al rey Vercingetórix. Aparentemente, César no debe tener nada de que preocuparse, sus éxitos se suceden, pero algo le inquieta... su hija Julia ha fallecido. Aparte de la pérdida afectiva, esa hermosa muchacha era la esposa de Cneo Pompeyo (Kenneth Cranham, veterano actor). Ahora sin ella, Pompeyo se ha casado con la importante hija de uno de los políticos más desfavorables a César, quien, por el peso de sus legiones, sus ilustres antepasados y su ambición insaciable, podría aspirar a ser elegido monarca.



A pesar de ser el primer capítulo, el ritmo es vertiginoso y la sagacidad de sus guionistas (destacando Bruno Heller, John Millius, William J.Macdonald, David Frankel, Adrian Hodges y Alexandra Cunninghan) sublime, invitando a los sobre-entendidos. Aparentemente nadie en la ciudad quiere la guerra civil y las legiones de la Galia están tranquilas, pero incluso incorruptibles como Catón (Mark Pirkis) se atraen la vanidad de Pompeyo, quien parece más movido a enfrentarse a su antiguo camarada por celos que por patriotismo. Bajo las simples apariencias, las traiciones y maniobras de sus opositores no dejan otra salida a César, quien sin embargo, con Marco Antonio (espléndido James Purefoy) a sus espaldas, no dudará en comentarle a su subordinado: "Ya iba siendo hora".



Teniendo en cuenta estos ingredientes, la serie podría tener un talón de Aquiles grave, convertirse en un documental solamente aptos para los apasionados de la Historia. Pero, y aquí tienen un gancho potentísimo los hacedores de esta producción, Tito Pullo (Ray Stevenson, soberbio) y Lucio Voreno (Kevin McKidd). Estos dos legionarios han sobrevivio a la posteridad por los elogios que en sus comentarios dejó el conquistador de las Galias de ellos. Con esos lacónicos renglones a sus espaldas, la serie nos los presenta con un fin evidente, narrar la intrahistoria de la Roma más humilde. Puesto que aunque es un programa coral, los dos soldados tienen una influencia notable en cada episodio, detengámonos unos instantes en trazar sus pérfiles.


Mc Kidd se mete con todas las consecuencias en la piel de un espléndido centurión de a XIII legión (pero en la realidad, creo, Voreno era de la IX), un hombre absolutamente anclado en su tiempo, que no cuestiona ni las autoridades ni los dioses, a quienes teme ofender. Perfecto para sobrevivir en el campo de batalla y hasta hacer carrera en el ejército, la vida civil le trastorna, puesto que lleva demasiados años batallando en las Galias y su mujer es una perfecta desconocida para él... por no hablar de sus niñas, quienes incluso parecen temer al poderoso guerrero que en su retorno ha invadido la paz de su hogar. Pero, una vez crucé el Rubicón y, antes de perseguir a Pompeyo a Oriente, tanto César como Marco Antonio querrán utilizar con sus propios fines a un personaje que en principio goce de gran popularidad entre la soldadesca. Temeroso de adentrarse en ese mundo de tiburones (en el cual el gran depredador de la oratoria es David Bamber, que encarna a Marco Tulio Cicerón), Voreno tratará de llevar una vida respetable, pero se meterá en unos negocios ruinosos y un drama familiar que le forzarán a retomar la vida de las armas.



Tito Pullo, como bien fue definido en la página web de la serie es "Un guerrero de la época homérica con la ética de un pirata". El ejemplo perfecto (que también se ve en la película "En tierra hóstil), de que un tipo iracundo y sin paciencia, puede ser un verdadero héroe en una campaña militar. Sin la constancia de Voreno, Pullo será la travesura de los guionistas, quienes explicarán (a veces abusando del recurso hasta el exceso) muchos puntos de inflexión vitales con la intervención indirecta de Pullo. Todo quedará perdonado por el maravilloso clímax de la primera temporada, donde la relación entre Voreno y Pullo (condenados a odiarse y entenderse) les unirá en una lucha a muerte, justo cuando ambos acaben de perder el afecto de las dos mujeres más importantes de su vida.



La diégesis más polémica ha sido la de insertar a Pullo como un poco el protector del sobrino-nieto de Julio César, nada menos que Octavio (un frío e inquietante Max Pirkis), lo cual permite a la serie ahondar en el núcleo familiar del futuro Augusto. Nada que objetar a este espléndido rol, salvo en la recreación de las dos mujeres de su domus, su madre Atia (una Polly Walker muy sensual) y su hermana, Octavia, que es recreada Kerry Condon. Ambas son dos actrices consumadas, tanto que Walker ha sido premiada por su excelso papel, reflejando a la perfección las artimañas de algunas de las supuestamente irreprochables matronas romanas. Pero, y este es el problema de querer hacer estereotipos, lo que hubiera quedado muy bien en Fulvia, Clodia o incluso Metela Calva, no cuadra con el retrato que históricamente tenemos de Atia (quien además debería fallecer poco después de los idus de marzo), una viuda bastante ejemplar durante toda su vida, obsesionada por la carrera de su hijo, pero alejada de muchas de las perversiones que le ponen en la serie. Atia, para evitarnos dolores de cabeza, debe ser interpretada por el espectador como una creación literaria genial que en nada debe confudirse con la realidad. Disfrutemos de la performance de Walker, simplemente.



En cuanto a Octavia, aparte de aspectos que sí sucedieron (su fracasada relación de matrimonio con Pompeyo, la influencia de Atia, etc), es empleada en ocasiones para explicar la decadencia moral que empieza a suceder en la Ciudad Eterna. En ocasiones, creo que por influencia especialmente acentuada por los peplum de Hollywood, se creen algunos guionistas (incluso algunos de la calidad de los de Roma) determinados vicios sexuales y orgías de un nivel casi imperial (me refiero especialmente a los días de gente como Calígula o Nerón) a una fase tardorepublicana donde es evidente que hubo una "juventud dorada" (como decía Montanelli) que rizó el rizo ante tanta opulencia.


Y es que la primera temporada de la serie se mueve entre un contenido de alto nivel (intrigas políticas, muy buena recreación de las técnicas militares, decorados impresionantes...) y otros aspectos que, me he visto tentado en ocasiones a pensar, parecen establecidas para atraer a la mayor cantidad de espectadores posibles. Y la pareja son dos temas tan universales como el sexo y la sangre, las cuales en ocasiones inundan la pantalla pequeña del televisor. Si nos quitamos los remilgamientos, no podemos negar que fue un mundo de una agresividad brutal y donde los secretos de alcoba estuvieron muy ligados al poder.



La primera temporada termina con la famosa conjura contra César, encabezada por Marco Junio Bruto (Tobias Menzies), uno de los jóvenes predilectos del nuevo régimen y perdonado tras la guerra civil por el mismísimo César en persona. Bruto es además hijo de una de las grandes patricias de la ciudad, Servilia (Lindsay Duncan). Duncan protagoniza un potente duelo con Polly Walker, que solamente se ve estorbada (de nuevo el morbo) por la impensable licencia de un triángulo amoroso de Octavia-Octavio y Servilia que parece motivado únicamente por mostrarnos nuevas indiscreccione de salsa rosa. En cambo, los amorios e indecencias de Marco Antonio si me parecen bien llevadas y necesarias para conocer todas las facetas del personaje.



El balance de la primera temporada, a pesar de sus muchos gastos, es favorable. Aunque algunos puristas se tiran de los pelos por la tendencia a la verosimilitud morbosa antes que la exactitud, no pocos admiten que hay un trasfondo de más nivel del que cubre la sangre y que, algunos momentos en la corte senatorial están más allá de un nivel divulgativo. La segunda temporada tiene luz verde aunque(especialmente en Italia) algunos países han censurado varias escenas por ser juzgadas inadecuadas. En España nos las vemos y deseamos para seguir el día a día de los capítulos, debido a un horario bastante infumable de Cuatro. En la retina, discusiones historicas a margen, queda una tremenda guerra en Alejandría, el conmovedor final de Pompeyo (especial atención a su diálogo con Voreno) y varios momentos donde la antigua Roma ha vuelto a la vida.


En la próxima entrada hablaremos de su segunda temporada.