domingo, 17 de junio de 2018

LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS



En realidad, es una película que se podría contar en apenas un instante. Sosegada, tranquila y serena en su ejecución, todo en La librería de Isabel Coixet parece estar al margen de su tiempo. No solamente por estar ambientada en la década de los 50 del pasado siglo, hay muchísimos elementos en este film que nos llevan a un universo de valores distintos. Sin embargo, aquí radica su grandeza, esta narración en un pequeño pueblo costero inglés sirve, como los grandes cuentos, para ejerce como metáfora válida para todas las épocas. Es una fábula, un camino sin prisas al que se nos invita a participar. 



Adaptación profunda de la obra original de Penelope Firtzgerald, estamos ante una cinta que plantea con aparente sencillez cuestiones profundas. El personaje de Florence Green es uno de los más sutiles que ha presentado la cartelera últimamente. Una joven viuda que decide cumplir su sueño de abrir una librería parecería poco atractivo en una época donde tenemos recursos para plantear en la gran pantalla batallas colosales; no obstante, estamos, al igual que en El hombre tranquilo, frente a algo de tintes homéricos. 



Emily Mortimer encarna a Florence, logrando una comunión perfecta. Decía un avispado libretista mexicano que hizo mucha televisión que nunca le preocupaba que sus actrices tuvieran que encarnar algún rol dramático si antes le habían hecho reír en una comedia. Entonces eran verdaderas actrices a su juicio. Mortimer demostró una bis cómica excelente en The Newsroom, por lo que este registro más serio es un perfecto exponente de su versatilidad. Siendo alguien con un lenguaje corporal muy bueno para la expresión y la sonrisa, La librería demuestra que es capaz también de una exquisita contención, enseñando que se puede trasmitir mucho sentada en una playa mirando al horizonte con un buen libro entre las manos.  


Un rasgo muy curioso de Florence es una virtud que, en este caso, se termina revelando como un defecto mortal entre quienes la critican: la educación. Sus formas de comportarse, cierta timidez introspectiva y capacidad de encajar los golpes generan una animadversión activa en la localidad, entendida no como cada sujeto individual, sino como un hilo invisible de la comunidad que se inquieta ante la persona recién llegada. Sin trazo grueso, hay muchas insinuaciones acerca del ahogamiento al que se quiere someter a quien decida nadar a contracorriente. 



La compra de una vieja casa para poner su establecimiento confrontará a la nueva librera contra Violet Gamart. Los buenos aficionados a esa magnífica serie que fue Frasier la recordarán por su papel allí, además ha trabajado con directores de la talla de Woody Allen o su reciente protagonismo en The Party. Una excelente y muy solvente actriz que hace de la cacique local, captando perfectamente cómo suele desempeñarse históricamente esa gente cuando tienen células grises. Jamás se la ve en el metraje con un mala palabra o cualquier cosa que no sea una sonrisa dibujada. Con el sistema de su parte, puede permitirse hasta la generosidad de ofrecerte té y pastas mientras te machaca, pretendiendo que comprendas que todo lo que hace es por tu bien. 



Si la cortesía de Florence esconde su fortaleza, las maneras de Violet sirven de cortina a su crueldad. Solamente habrá una excepción en el pueblo al paulatino ostracismo al que la condenan hasta que decida pasar por el aro, el señor Edmund Brundish, una persona que prácticamente vive recluida en su casa, teniendo como principal afición la lectura. Con fama de huraño en la localidad, la noticia de una librería se antoja a este lector empedernido una oportunidad única. De cualquier modo, cuando conozca la naturaleza de su propietaria, se topará de nuevo con una emoción que pensaba había olvidado. 

  
Y es que, entre muchas otras cosas, La librería es también una historia de amor. Una relación imposible pero que surge de una fuente que se nos olvida puede capitalizar ese sentimiento: la mutua admiración. La elegante manera de tratar el tema está a la altura de Vivir (1952), donde Kurosawa planteaba un tipo de vínculo de ese estilo con la misma sutileza. Contando únicamente con ese apoyo, Florence combatirá a sus propios molinos de viento, incluyendo un encantador personaje encarnado por Honor Kneafsey, una niña que aborrece la lectura. 



En su empeño por tratar de convencerla sin imponer, quizás Green sea el ideal de la docencia humanista. Estar dispuesta a sufrir mil reveses y la burla de un mundo industrializado donde una biblioteca suena a inversión a fondo perdido, movida en exclusiva por su propia idea y la esperanza de que siempre habrá un justo en Sodoma. El olor de las pastas de un libro nuevo frente a la frialdad práctica de una cadena de montaje. 



La librería es mentira. Un cuento. Un invento. Algo que no es real. Una persona puede sentirse sola, por más que Shakespeare, Woolf o Mitchell sean maravillosos analgésicos en sus estanterías. Desconozco si a día de hoy existen personas como Florence Green en el mundo real. Eso sí, resulta una preciosa mentira poder seguir creyéndolo un poco más gracias a películas como esta. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://outnow.ch/Movies/2017/Bookshop/Bilder/003



-https://www.telegraph.co.uk/films/2018/02/16/bookshop-berlin-film-festival-review-english-village-tiresome/



-http://www.culturajoven.es/la-libreria-de-isabel-coixet-un-bonito-envoltorio/


domingo, 10 de junio de 2018

EL MUSEO DE LOS HORRORES



Había sido una presentación inolvidable (Doctor Lecter, I presume). Lo más curioso de una serie como Hannibal es que logró casi de inmediato su más difícil objetivo. Mads Mikkelsen se mostraba con impecables e implacables modales para hacernos creer que era una reencarnación más joven del malvado doctor que Anthony Hopkins elevase a la altura de mito del celuloide en El silencio de los corderos. La primera temporada del show había sido una especie de year one para muchos de los personajes de la obra original de Thomas Harris. 



Tampoco desmerecía la tarea llevada a cabo por Hugh Dancy como Will Graham. La única gran diferencia es que, en esta versión, el sagaz e imaginativo agente estaba puesto bastante más al límite de lo que nunca le habíamos visto. Si salir con vida de las terapias de Lecter tiene un precio, el protagonista de este ambicioso proyecto de la parrilla televisiva NBC lo pagó en su cuota más alta. El inquietante final de los primeros trece episodios obligaba a una continuación que explicase cuáles iban a ser las repercusiones tras tantos Rubicones cruzados. 



La segunda temporada del proyecto de Bryan Fuller arranca con una fuerza notable. Se nota pasión por las novelas originales y las anteriores adaptaciones fílmicas de este terrorífico universo. No obstante, un buen aviso a navegantes debe ser desterrar cualquier esperanza de que este viaje al pasado vaya a engarzar perfectamente en la continuidad de las anteriores. Igual que ocurre con Bates Motel, hay una fuente de inspiración poderosa pero que debe ser tenida en cuenta como una especie, si se permite la expresión marveliana, dentro de los límites de una línea ultimate


Resulta complicado hacer cualquier clase de reseña sobre esta temporada sin incurrir en el riesgo de revelar partes fundamentales del argumento. Baste decir que se mantiene uno de los puntos fundamentales del atractivo del programa: el duelo de inteligencias sin piedad que Will y Hannibal mantienen. En este caso, quien comienza en jaque es el primero, si bien va a ir demostrando que es un adversario siempre digno de ser tenido en cuenta, no importando lo desesperada que pudiera parecer su posición. 



Las fuertes alteraciones de roles y lo que ya sabíamos de la obra de Harris es el punto más discutible de todo el asunto. Hemos de desterrar esas comparativas para poder disfrutar de la función. Una danza entre bambalinas donde la sangre brillará por su presencia. De hecho, en esta ocasión hay incluso más gore que en la anterior, dejando bastantes finales impactantes. Deja sentimientos encontrados esta cuestión, puesto que Fuller y los suyos son de una escuela visual muy directa. A veces, me pregunto cómo hubiera utilizado este material oscuro un director como Antoine Fuqua. Hay momentos donde es más aterrador lo que imaginamos que lo mostrado. Y esta segunda entrega muestra mucho, quizás demasiado. 



Por su lado, el casting sigue siendo un verdadero acierto. La distinta Freddie Lounds (Lara Jean Chorostecki) que encontramos mejora al original, siendo más compleja y con aristas. Como fascinante también resulta la doctora Du Maurier (Gillian Anderson), una de las pocas personas por las que Hannibal parece sentir respeto por su opinión. Como los misteriosos títulos de gastronomía japonesa que presiden cada episodio, en esta secundaria de lujo parecen esconderse algunas de las claves fundamentales de los maquiavélicos juegos mentales del asunto. 


Como suele ocurrir en su consultorio (y eso ha sido una base de muchas de las entregas de las novelas originales), la sala de espera del doctor caníbal tiene personalidades casi tan monstruosas como él. En plan subtrama repleta de atractivo, veremos la evolución de los peculiares hermanos Verger, cuya disfuncional relación sirve a un tipo ambicioso como el psiquiatra para intentar sacar provecho de la misma. Una pareja de intérpretes tan sólida como la formada por Michael Pitt y Katharine Isabelle nos llevan fácilmente por un mundo turbio y de sacrificios. 



Desafortunadamente, tanto giro impactante de personalidades termina cobrándose su peaje en el libreto cara a la verosimilitud. Uno de los personajes que más se ha visto perjudicado por esos derroteros es el de la doctora Alana Bloom (Caroline Dhavernas), obligada a estar en tierra de nadie durante el nudo de esta saga. 



Con semejantes guías para el museo de los horrores nos encontramos ante un espectáculo que capta fácilmente nuestra atención. Un camino alternativo para un icono de la literatura y cine de terror. Un sendero irregular, adictivo y plagado 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://collider.com/hannibal-season-3-hugh-dancy-interview/



-http://steph-ex.blogspot.com/2014/03/hannibal-season-2-episode-1-review.html



-https://elrincon.tv/series/usa/critica-de-la-segunda-temporada-de-hannibal/

sábado, 2 de junio de 2018

LAS OCHO CARAS DEL SUPERGRUPO


Aprovechando el foco que un personaje emblemático de la historieta española como Superlópez ha logrado por el inminente estreno de su película, algunos de los secundarios de su universo se han beneficiado con la aparición de un nuevo tomo. Concretamente, nos referimos al emblemático Supergrupo, creado hace ya décadas por la imaginación de Francisco Pérez Navarro y Jan, suponiendo cada uno de sus integrantes una divertida parodia de emblemas del género superheroico (Doctor Extraño, Capitán América, Iron Man, etc.). 



En esta ocasión, se trata de un homenaje tributado alrededor de ocho historias cortas que exploran algunas de las características de la formación, un conjunto que no se pone nunca de acuerdo acerca de quién debe liderar a la formación. Jan brinda en unas pocas páginas una referencia metaficcional que le toca de bastante cerca: el quinteto acude horrorizado a ver una versión fílmica de sus andanzas. Era imprescindible que el creador de Juan López estuviese en el tomo, puesto que la re-utilización del Supergrupo (con Pérez Navarro incluido al libreto) ha supuesto aire fresco para el icónico tipo del bigote y la S bordada en el pecho. 



El segundo de los platos servidos por Evolution Cómics es precisamente Nacho Fernández, quien se encargó de llevar los lápices de la aventura El Súperretorno (Reseña de la vuelta del Supergrupo). Su aportación fue realmente digna de elogio porque dio algo parecido a una versión ultimate de los integrantes de la escuadra tras décadas, con una especial mejora en la Chica Increíble y El Mago. Sinceramente, creo que faltó paciencia tras ese primer número para permitir a Efepé y Fernández desarrollar e proyecto, si bien esta iniciativa de Óscar Martín puede marcar un positivo punto de inflexión en la línea editorial. 


Con todo, tal vez a nivel gráfico la sorpresa más grata (porque de Jan y Fernández ya sabíamos que pueden hacer muy bien estas historias) sea el magisterio alcanzado por Leonel Castellani. Tiene un trazo elegante, bien definido y con tendencia al cartoon que es inmejorable para los propósitos de su relato. Valiéndose de su talento, Pérez Navarro regala una deliciosa versión cómica de la famosa Sala del Peligro de Charles Xavier para su alumnado mutante. 



Personalísimo es el estilo de Bea Tormo, con quien vemos una situación que recuerda mucho a los episodios especiales de Halloween de los Simpson, alrededor de una hoguera, donde el Capitán Hispania comprobará en sus carnes que su grupo es tan contestatario que ni siquiera se les puede narrar en paz un cuentecillo. La figura de la Chica Increíble queda revindicada por Pedro Pérez en unas páginas que nos hacen volver a la memoria aquel The Avengers #83. 



"La cara más transformista" llevada a cabo con Mike Bonales es un ejercicio metaficcional donde se pone de relieve la dificultad del proceso de re-diseño de los héroes y las heroínas cuando intentan adaptarse a los nuevos tiempos. Una de las mejores cosas del tomo es el sentimiento de homenaje y la buena onda que desprende todo el asunto.



Eso ha sido muy valorado por el guionista, particularmente en casos como el de Jordi Sempere, con quien podía tener un contacto directo y entrevistas con el propósito de confeccionar "La cara más fan", cuatro carillas que van a inundar de nostalgia a más de uno. Francamente, es una pena que el cómic español, a diferencia del franco-belga o norteamericano, entre otros, no se haya prodigado en esa sensación de "universo compartido". Qué no hubiéramos dado por tener a Pafman y Pafcat una temporada en el Supergrupo, o una misión conjunta de Anacleto con cierta pareja de agentes de la TIA.



La última aportación es de uno de los grandes artífices de este proyecto, Óscar Martín, quien despliega una de las historias visulamente más impactantes. Utiliza a su personaje, Solo, para llevarnos al medio tan a lo Mad Max que es característico de este formidable ilustrador. Se trata de una delicia desde el punto de vista estético.



En esta primera edición se acompaña de varias ilustraciones más de otros artistas. Creados en 1979, el hecho de que esta hábil parodia permanezca en nuestra memoria es una noticia de la que debemos congratularnos. Ojalá no haya que esperar tanto para el próximo encuentro.



ENLACES DE INTERÉS:



-Reseña en "El rincón del Taradete" de "Las ocho caras del Supergrupo"



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://elrincondeltaradete.blogspot.com.es/2018/04/el-supergrupo-las-ocho-caras-del.html



-https://siguealconejoblanco.es/comics/comic-europeo/el-supergrupo-de-nacho-fernandez/



-https://www.2dgalleries.com/art/exlibris-el-supergrupo-99176

domingo, 27 de mayo de 2018

LA CENA SECRETA


Fue una fiebre que se contagió a las librerías de todo el globo. El código Da Vinci (2003) de Dan Brown se convirtió en uno de los fenómenos de ventas más impactantes que se recordaban en lustros. Aprovechándose del contexto de la cultura de masas y una hábil publicidad (incluyendo una prohibición a cargo de una destacada autoridad del Vaticano por los contenidos del thriller), era mera cuestión de tiempo que surgiesen sucesoras en ese género de la novela histórica-aventuras de simbolismo religioso oculto. Una de las colegas más exitosas en ese sentido fue La cena secreta de Javier Sierra. 



No fueron pocos los méritos de este periodista y escritor español a la hora de recrear con tono de suspense el Milán controlado por la dinastía Sforza, nada menos que en plena eclosión expansiva del pensamiento renacentista. De hecho, aprovechándose muy bien del boom de las investigaciones de Robert Langdon, La cena secreta apareció entre las diez novelas más vendidas de aquel año por una publicación extranjera con la solera de The New York Times. London Book Fair tardó poco en presentar a nuestro protagonista un jugoso contrato que además garantizaba la difusión de sus trabajos a una lengua tan importante en el mercado como el inglés. 



¿Cuáles fueron las claves de tan rotundo éxito? Pensemos que en aquellos momentos un fuerte porcentaje del público se sentía fascinado por conceptos como el Priorato de Sión, los cátaros, María Magdalena o el vigésimo-séptimo plan de los Templarios para gobernar el mundo (no estaban preparados para Felipe el Hermoso de Francia pero sí tenían una capacidad estratégica de centurias cara a los descendientes de sus descendientes). En esta ocasión, Sierra llevaba en sus páginas a acercar otra mirada sobre una de las obras maestras de la pintura: La última cena de Leonardo Da Vinci.



La narración tiene un arranque atractivo. Confabulaciones palaciegas, rumores de herejía y la llegada al ducado milanés del dominico fray Agustín de Leyre, un experto inquisidor en mensajes cifrados, para intentar desentrañar algunos inquietantes rumores sobre la creación pictórica que se está llevando a cabo. Sierra parece aquí inspirarse mucho en la célebre novela El nombre de la rosa. Para ello, el autor sabe que cuenta con una personalidad fascinante sobre la que todos sus personajes danzan: Leonardo Da Vinci. Intelectual polifacético al máximo, su biografía es lo suficientemente conocida y su verdadera personalidad lo bastante hermética para seguir cautivando a futuras generaciones. 



Con un tono divulgativo estimable, la edición además se acompaña de buenos anexos que facilitan la lectura y la adopción del aroma de época. En muchos sentidos, es la sabiduría de manejar los registros de la novela detectivesca. De cualquier modo, quizás uno de los problemas de La cena secreta sea alarga mucho el misterio, haciendo un tanto parsimonioso la evolución de las indagaciones. En ese sentido, aunque probablemente esté peor escrita desde el punto de vista de la técnica literaria y su documentación, Dan Brown y su estilo televisivo-cinematográfico otorgan un ritmo más trepidante. 



El entorno de la vida de los monjes está francamente bien logrado. Por desgracia, se cae en algún lugar tópico con figuras como Alejandro VI, el papa Borgia de tan morbosa Leyenda Negra. Personaje complicado, diplomático de extrema habilidad y azar vital repleto de sombras, en la novela queda reducida su figura a dar directrices desde Roma a algunos lacayos no especialmente hábiles o carismáticos. Realmente, podría haber sido un antagonista de bastante más rango por el potencial del propio personajes histórico.


Como bien parodiaba Umberto Eco en El péndulo de Foucault, una hábil y enrevesada burla a costa de todo el tema del esoterismo, no debe caerse en el excesivo celo cara a estos contenidos, bajo riesgo de ser como cierto hidalgo manchego frente a las pujantes novelas de caballerías de su tiempo. La fiebre de aquellos años (todavía hoy con eco) en el público lector manifiesta que hay un gancho muy fuerte por esta clase de temas y teorías conspirativas. Sea como fuere siempre supone un género agradable de leer y que nos permite viajar a épocas fascinantes.



Una cuestión que Sierra trata de manera muy adecuada es el papel de la iconografía y los símbolos. Es algo de lo que ya se percataron especialistas en Historia del Arte como Panofsky décadas atrás, la suma relevancia de descodificar en la interpretación. En una época de un profundo analfabetismo, existían unos códigos compartidos en catedrales y otra clase de edificios que permitían un lenguaje común compartido. Independientemente del sentimiento (o ausencia del mismo) religioso de cada cual, conocer esa jerga es un valor que debe preservarse cara a la cultura y al que el escritor rinde un justo tributo.



La cena secreta no nos hace estar más cerca de los misterios de Leonardo Da Vinci, si bien nos hace volver a ponderar su figura, además de conceptos como Ars Memoriae o la labor de personalidades como Marsilio Ficino en la conformación de nuestra cultura actual. Y eso en el marco de una novela entretenida. Que no es poco. 



BIBLIOGRAFÍA:



-SIERRA, J., La cena secreta, Planeta, Barcelona, 2015.



ENLACES DE INTERÉS:



-Las noches blancas: El código Da Vinci



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.casadellibro.com/libro-la-cena-secreta/9788408144090/2583444



-https://amazing.zone/es/la-ultima-cena-de-da-vinci-y-la-ironia-de-judas



-https://es.dreamstime.com/fotos-de-archivo-milano-italia-estatua-de-leonardo-da-vinci-image19841423

domingo, 20 de mayo de 2018

LA MARCIA SU ROMA


Dino Risi tenía una mirada peculiar sobre muchas cosas. Uno de los grandes directores en los años dorados del celuloide transalpino, el cineasta posee, dentro de su vasta filmografía, un trabajo estrenado en 1962 que vuelve a revindicar el papel de la comedia como espejo de las verdades: La marcha sobre Roma. Un film que en apenas una hora y media logra la carcajada con algo más. La misma cabeza pensante que nos regalaría Perfume de mujer o el negro humor visible en El viudo, se dedicó aquí a colocar verdaderas bombas de relojería acerca del pasado más reciente de su nación. 



Hace algún tiempo hablábamos en este mismo blog sobre un exhaustivo repaso a la Italia de Mussolini por parte del doctor Álvaro Lozano (Ver reseña), un período extraño pero que fue real, el momento de hipérboles nacionalistas en la Europa de Entreguerras y que llevó al sistema del Risorgimento a perecer ante la irrupción de unos camisas negras de expeditivos métodos y oratoria altisonante. Cuando evocó el crucial año de 1492, José Luis Cuerda imaginó a dos pobres diablos que intentaban sacar ganancia de una marrana robada en aquella Castilla de los Reyes Católicos; Risi, por su lado, traza el perfil de dos ex combatientes de baja ralea: Domenico y Umberto. 



La pareja escogida para personificar a este dueto resulta prácticamente insuperable: Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi. Capaces de hacer reír durmiendo, estos dos artistas se brindan como vehículos de la metáfora de un país sin rumbo: carentes de trabajo, abocados a la picaresca y vivir al día, distintas causalidades los llevarán a probar sin excesiva fe inicial en el movimiento fascista que un exaltado ex maestro de escuela de padre socialista ha creado: el Partito Nazionale Fascista.  


A pesar de lo que pudiera parecer a simple vista, el libreto de esta cinta está muy trabajado. Dentro de los distintos guionistas que pusieron su empeño para recordar aquella década de los 20 del siglo XX, encontramos al mismísimo Ettore Scola, quien posteriormente sería asimismo un director de gran talla y capaz de hacer algunas de las mejores películas europeas de su tiempo. 



Domenico y Umberto van dando palos de ciego con distintos amos, incluyendo una participación para sustituir al colectivo de barrenderos que han convocado una huelga, terminando el asunto a palos. Gassman, un versátil prodigio que lo mismo servía como galán trágico que como burlesco pícaro, exhibe aquí varias de las cualidades que lo llevarían a ser en el futuro un referente para artistas de la talla de Rafael Álvarez el Brujo o Roberto Benigni. 



Por su lado, Tognazzi hace gala aquí de una de sus grandes virtudes: una cara que transmite que todo le ha pasado el día de antes y un lenguaje corporal siempre natural, nunca forzado. Si Gassman es el diablillo de la calle que va dando los pocos sablazos que puede, Tognazzi refleja a un sector tan importante como el campesinado hambriento, necesitado de tierra y trabajo. La evolución ideológica de su personaje es tan creíble como trágica. 


El recorrido de la cámara de Risi es una disección digna de los mejores momentos del tándem Berlanga-Azcona. Observaremos mitines ridículos en plazas vacías, mostrando cómo lo que comienza siendo casi satírico termina alcanzando un gran peligro. A destacar a un magnífico secundario como Mario Brega, quien transmite una presencia animal a su Mitraglia, una figura que puede parecer bufonesca al principio pero que resulta mortífera si poseyese la más mínima porción de poder. 



De la mano del talento actoral veremos la blasfemia satírica y ácida de los instrumentos del terror, incluyendo aquel famoso aceite de ricino. La radiografía social de sindicatos, jornaleras, fascistas de cierto nivel, oportunistas, etc. Está todo y hecho de una manera apasionada sin perder nunca una construcción sólida de las motivaciones que llevan a estos dos perdedores (qué poco jugo han dado siempre los ganadores a la hora de contar historias) a cruzar su particular Rubicón. 



Y terminamos llegando con la concepción de que esta vez no se va a permitir, que hay fuerzas suficientes para frenar a esa turba indisciplinada en su llegada a la Ciudad Eterna. Entonces, al igual que Tognazzi y Gassman, nos veremos perplejos observando su desfile triunfal con el beneplácito de todos. Habría sido muy divertido de ser un chiste.  



BIBLIOGRAFÍA:



-GENTILE, E., El fascismo y la marcha sobre Roma: El nacimiento de un régimen, Edhasa, Madrid, 2014. 



-LOZANO, A., Mussolini y el fascismo italiano, Marcial Pons, Madrid, 2012. 



ENLACES DE INTERÉS:



-http://cinestonia.blogspot.com.es/2011/09/la-marcia-su-roma-1963-dino-risi.html



-Film completo



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://redaragon.elperiodicodearagon.com/agenda/fichaevento.asp?id=89031



-https://www.youtube.com/watch?v=0z0AtPnx7S0



-https://www.youtube.com/watch?v=0z0AtPnx7S0&t=533s

domingo, 13 de mayo de 2018

DOCTOR LECTER, I PRESUME


Sigue siendo una presencia inolvidable. La mirada siniestra e inteligente de Hannibal Lecter en El silencio de los corderos (1991) marcó un hito dentro de todo un género cinematográfico. Basada en las novelas de Thomas Harris (alguna de ellas ya previamente llevada a la gran pantalla con notable éxito), aquella película fue el punto de arranque de una saga irregular pero capaz de penetrar en el imaginario popular. Por ello, el proyecto de Bryan Fuller parecía una apuesta demoníaca y arriesgada: volver a sacar a Lecter de la celda, pero no como un remake al uso. Se trataba de hacer un show televisivo que lo mostrase cuando se trataba de un reputado y excelso psiquiatra de extravagantes métodos con fuertes vinculaciones en el FBI. 



Mads Mikkelsen, extraordinario actor danés, fue la persona escogida aquel 2013 para rejuvenecer al buen doctor de impecables modales en la mesa y gustos gastronómicos peculiares. El savoir faire de Mikkelsen permite lograr el primer gran éxito que parecía altamente complicado: que nos creamos estar en presencia de ese mal tan absoluto y turbio que es Hannibal. En cada escena, sabe transmitir la inteligencia, crueldad oculta, sutiles manipulaciones y un extraño respeto por la escasa nómina de personas en su círculo a quienes considera dignas. 



En esa reducida lista, sobresalen dos personajes creados por Harris: Clarice Starling y Will Graham. Desafortunadamente, la audaz agente no podía ser utilizada en la precuela porque su encuentro con Lecter estaba destinado a suceder mucho tiempo después. La elección de la cadena NBC fue Hugh Dancy, quien sabe encarnar con solvencia al brillante pero atribulado profesor, una persona con la bendición/maldición de poder ponerse perfectamente en la mente de otros...incluso la de los monstruos. 


Tras ser encarnado por Edward Norton en El dragón rojo (2003), no era tampoco fácil el reto para Dancy. Will es un antihéroe muy peculiar en este universo. Su desbordante imaginación lo vuelve imprescindible para los casos más desagradables de esta serie de suspense, si bien siempre da la sensación de estar a un mal día, como dirían en La broma asesina, de cruzar el Rubicón de la moralidad. En su forma de enfocar las tribulaciones del agente especial Graham, Hannibal toma algunas de sus soluciones visuales más arriesgadas.



En este sentido, a veces recuerda a otra sería de gran interés, Sherlock (2010). Es decir, por un lado una perfecta recreación y actualización de los contenidos de las novelas originales; en el otro, una cierta tendencia a juegos de cámara bizarros que no aportan nada realmente. Especialmente en las conjeturas y procesos mentales de Will se hacen esos viajes oníricos que, quizás, a veces aporten menos profundidad de la que se pretendía por parte del equipo de guionistas.



Dicho lo cual no quita para que a nivel de libreto se explique de una forma muy convincente por qué Graham va a terminar cayendo en las ocultas redes de Lecter. Jack Cwaford (un enérgico y muy convincente Laurence Fisburne), superior de Will, decidirá recomendar al célebre terapeuta cuando se convenza de que las misiones están agotando a Graham. Sin pretenderlo, acaba de darle las llaves de una mente sagaz pero frágil a la persona menos adecuada. 


Naturalmente, un duelo de estas características solamente puede mantenerse interesante rodeando a quienes lo disputan de un elenco de secundarios capaces siempre de atrapar nuestro interés. Curiosa es la irrupción de la doctora Bedelia Du Maurier. (Gillian Anderson) Sus vínculos con Lecter son presentados en forma de aperitivo, si bien sospechamos que podrían ser el plato principal de cualquier parrilla televisiva. Terapeuta y confidente de Hannibal, sus diálogos siempre parecen esconder mucho más de lo que las apariencias indican, también intuimos una experiencia dolorosa en el pasado con uno de sus pacientes...



Muchas incertidumbres se presentan también con Abigail Hobbs (Kacey Rohl), un personaje muy bien construido y que encarna la doble naturaleza que preside toda la serie. Incluso se permite cierta pomposidad y boato en los títulos de cada capítulo, presentados como un delicado plato de menú escrito en lengua gala. Sin embargo, es embestida con derecho, puesto que la segunda temporada lo hará también japonés, otra cultura gastronómica que ayuda a entender mejor el amplio espectro de influencias de la cocina de Lecter.



En un programa con tantas monstruosidades (y cierta tendencia al gore en alguna escena), son precisas la fortaleza que representan Bella Crawford (Gina Torres) y la doctora Alana Bloom (Caroline Dhavernas). Más que buenos ingredientes para comenzar. Habida cuenta de las inquisitivas indagaciones periodísiticas de la sensacionalista Freddie Lounds (Beverly Katz), parece que apenas hemos estado en los entremeses...pasen y ocupen su localidad, y presten todos atención, está a punto de levantarse el sangriento telón. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://whisperarctic.wordpress.com/2013/08/11/transcript-hannibal-season-1-episode-2-amuse-bouche/



-http://wegotthiscovered.com/tv/hannibal-review-aperitif-season-1-episode-1/



-https://www.imdb.com/title/tt2373023/mediaviewer/rm679453696

sábado, 5 de mayo de 2018

EL HUÉRFANO A ORILLAS DEL ESTRIMÓN


Siempre fue uno de los puntales del cómic franco-belga. No obstante, la ironía de todo el asunto radicaba en que, curiosamente, en la colección de Spirou todo solía funcionar salvo el carisma del protagonista. Dotado de una ética intachable incluso a la hora de hurtar una bicicleta para perseguir a un peligroso criminal, el aguerrido y pelirrojo botones era un dechado de bondad tal que cualquiera de la comunidad lectora se mostraba más inclinado a empatizar con el alocado Fantasio o el excéntrico conde Champignac. Hay honrosas excepciones a esa regla, Tome & Janry supieron pulsar algunas teclas de la humanidad del héroe en su excelsa etapa, si bien hubo que esperar a Émile Bravo para que, de repente, aquel chico heroico se hiciera de carne y hueso (Benditos ingenuos). 



Schwartz y Yann se percataron de eso, sembrando algunas pistas en El botones de verde caqui (Ver reseña), si bien la formidable pareja de autores se reservaron el plato fuerte para la siguiente saga, conformada en dos números: La mujer leopardo y El señor de las hostias negras. La acción nos lleva al año de 1946. El espectro de la ocupación del III Reich va desapareciendo, aunque quedan secuelas, visibles en los destrozados edificios y los rostros de las gentes. Como pocas veces antes, vemos a un Spirou mostrando cicatrices de aventuras anteriores, cometiéndose incluso la osadía en la biblia del protagonista impoluto al estilo Tintín de verlo refugiarse en la bebida. 



Yann hace una apuesta arriesgada y se dedica a plasmar todos sus temas predilectos, dándose lujos de referencias a la cultura del momento y a referentes de su propia biblioteca personal. Por el camino juega con un botones que, noticia esto, brilla con una fuerza que hace incluso palidecer al formidable elenco de secundarios que le rodean este nuevo peregrinaje. Particular mención a cierta dama africana que nos conecta con una joya del séptimo arte: La mujer pantera (1942) de Jacques Tourneur. 


Gráficamente, estamos ante una auténtica delicia para los sentidos. Schwartz está tocado por la varita mágica de los elegidos, a estas alturas y con la clase que nos quiera seguir brindando en futuras entregas no caben dudas de que su caracterización de este universo está al nivel de su muy admirado Franquin (¡Están locos esos gringos!). Además, no solamente es un dibujante de trazo preciocista, estamos ante un narrador visual de primera fila que puede ir desde la capital belga hasta las selvas del Congo sin que en ningún momento perdamos el sentido de orientación en las viñetas. 



Bien visible es eso en la forma de hacernos testigos de la elegancia y agilidad de la mujer leopardo por los tejados oscuros, con una ambientación de cuento de Poe que atrapa desde el principio. Yann usa esa privilegiada arma para confrontar dos mundos en una especie de realismo mágico que chocase contra pensadores como Sartre, caricaturizados de una forma deliciosa. Todo cabe en la mente de este escritor con una habilidad para el cómic a la altura de pocas personas en el gremio: la rica y antigua cultura africana, la mentalidad colonial de los tiempos de Leopoldo II, el feminismo incipiente, etc. 



La madurez de la pareja de artistas parece contagiarse a un Spirou que se convierte en el vehículo de su audiencia. De repente, ha dejado de ser el chico para todo que nunca duda ante el peligro. Le hemos visto caer el día de la victoria, cuando los tanques estadounidenses traían cañonazos de victoria y él solamente podía pensar en una muchacha desaparecida llamada Audrey. Sagaces e incapaces de casarse con nadie, Yann y Schwartz muestran también la cara B del capitalismo imperante en ese lado del mundo, a través de la insensibilidad del arrogante nuevo dueño del hotel, inconsciente ante el despido cruel que realiza. Al romper el tótem de su heroísmo clásico, esta etapa nos trae a un botones más lúcido que nunca, capaz de ver los grises. 


El Congo es un lugar que merece se salden cuentas pendientes en el campo de la ficción europea. Y no se trata de acusar a grandes maestros por haber estado contextualizados por su época. Simplemente, se aprovecha la oportunidad para equilibrar la balanza. Fantasio y Spirou afrontan un rito de iniciación, un paisaje exótico y reflexiones más profundas de las que parecen. Más que a deshacer entuertos, pareciera que el suelo africano acoge al protagonista a re-encontrarse consigo mismo y con su fe perdida. 



Cuenta la leyenda que un enamorado irreductible se decidió a orillas del Estrimón a hacer el viaje hacia la tierra de donde nadie volvía. Sin duda, aquella figura se habría sentido hermano de espíritu del antiguo botones de verde caqui que mirará a orillas del Congo en busca de revelaciones. Yann y Schwartz muestran su sentido del riesgo en una magnífica saga que va a ser una referencia obligada en la estantería de los albúmes europeos. 



Solamente resta la guinda del pastel. Una escena en buhardillas donde la madera cruje con facilidad, con Eurídice y Orfeo abrazándose en silencio, con la sensación de que, de repente, tuvieran todo el tiempo del mundo. 



ENLACES DE INTERÉS:



-Blog el lector bicéfalo: El Spirou perfecto



-No es país para frikis: Reseña cómic Spirou



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-https://www.bedetheque.com/BD-Spirou-et-Fantasio-Une-aventure-de-Le-Spirou-de-Tome-11-Le-maitre-des-hosties-noires-296736.html



-http://lectraymond.forumactif.com/t758p90-spirou-et-ses-dessinateurs



-http://resistance-police.skynetblogs.be/archive/2009/09/30/liberation-de-bruxelles-septembre-1944.html