domingo, 15 de mayo de 2016

EL CONTRATO DE JUDAS



Se trata de un título que evoca misterio. El contrato de Judas llama la atención desde que se lo oye nombrar por primera vez. Sin embargo, para una generación de aficionados al cómic es mucho más. Probablemente, disimularán una sonrisa discreta al escucharlo, como si fueran partícipes de un secreto. Uno que gestaron hace ya varias décadas el equipo artísticos formado por Marv Wolfman y George Pérez, responsables de la serie Nuevos Titanes, durante la década de los ochenta del pasado siglo, perteneciente al rico universo de DC Cómics. En sí, este grupo era la unión de algunos de los personajes más jóvenes de otras colecciones (Robin, Wonder Girl, Kid Flash, etc.). Aparentemente, un concepto orientado al público más infantil, sin embargo, la evolución y nuestros dos protagonistas de hoy cambiaron la faz del proyecto hasta límites inimaginables.  



A la altura de 1984, dicho dueto de artistas (Wolfman al guión y Pérez con el dibujo) se encontraba en la cima de su complicidad. Lo cual no implicaba que siempre estuvieran de acuerdo, sino que eran capaces de estar hablando horas y horas de los personajes, de cómo hacer más atractivas las tramas. Particularmente, Wolfman ponía su listón en una serie de la competencia que estaba alcanzando un nivel de calidad increíble: La Patrulla X de Chris Claremont y John Byrne. El guionista pensaba que ese era el tono que debían obtener para su grupo de jóvenes súper-héroes; en verdad, ya lo habían logrado, pero era cierto que sus Titanes todavía no habían protagonizado una saga épica al estilo de las sufridas por la nueva camada de mutantes de la editorial Marvel.



La incógnita jugaría en torno a Terra, una muchacha de apenas 16 años y con unos increíbles poderes que se uniría a los Titanes. Desde el principio, llamó la atención el particular esmero de Pérez en hacerle a la chica muy real. Basándose en la hermana de su mujer, aunque achatando un poco la nariz, el dibujante logró una imagen atractiva y cotidiana. Lejos de querer esconder ningún secreto, Wolfman y su socio presentaron casi de inmediato que el recién fichaje de "los buenos" se entendía con compañías poco recomendables, sin embargo, aunque parecía claro que era un agente doble, ¿dónde residía de verdad su lealtad? 


La travesura de Wolfman y Pérez iba más allá del tópico de un simple juego de traiciones. Los Titanes de aquella época estaban formados por Dick Grayson, Donna Troy, Kid Fash, Raven, Ciborg, Kory... Un elenco atractivo y de personajes positivos que se verían aturdidos por el torbellino de una imberbe cría que, en cierto sentido, tenía más mundo recorrido que ellos. Este hecho se reflejaba en su relación con Slade Wilson, un veterano y eficaz mercenario que se había medido en el pasado a los Titanes en su identidad secreta de Deathstroke. 



Carismático villano, a pesar de ser una espada a sueldo, Pérez y Wolfman habían presentado a Slade como un excelente profesional, un hombre con una extraña lealtad para sus aborrecibles patronos y que nunca cometía el error de subestimar a sus enemigos. Al intentar utilizar a Terra contra sus supuestos camaradas, realiza una sutil estrategia cuyos pasos son desmenuzados en un argumento inteligente y que es un modelo del género. No obstante, aunque no era la época del Cómics Code y demás cazas de brujas, resultaba chocante en un tebeo de aquellos días que se reflejase de una manera tan clara la aventura de una menor de edad con un hombre adulto. Aquello ya había valido para que fuera un punto de inflexión claro en la colección, pero todo iba más allá por un planteamiento que no tiene fecha de caducidad. El traje de Robin o el de Nightwing dependerán de la moda urbana del momento, pero lo que preguntan Wolfman y Pérez nunca dejará de ser apasionante: ¿existe la maldad pura o es solamente la inocencia corrompida? 



Hubiera sido una buena idea que El contrato de Judas fuera el duelo de Slade manipulando a un joven y vulnerable muchachita contra los Titanes. Pero las habilidades como guionista de Wolfman van mucho más allá y se juega desde el inicio con la posibilidad de que Tara (el verdadero nombre de Terra) sea mucho más manipuladora que el propio Deathstroke. No queda nada claro quién está forzando al otro a hacer lo que no quiere, lo cual provoca una sensación de suspense legítimo que mantiene enganchado al afortunado lector desde de la colección que va de los números 42 al 44 de Tales of the New Teen Titans y culmina en el épico tercer anual de ese mismo año. 



El trazo de Pérez se encontraba en aquellos días en uno de los mejores momentos de su excelente carrera. Además, esta fase en los Titanes tenía el acompañamiento de un entintador de la solvencia de Dick Giordano, quien revestía de elegancia el excelente sentido de historia coral que proporcionaba el dibujo de Pérez, quizás el autor con más talento a la hora de llevar a cabo de forma homogénea escenas multitudinarias con personajes de grandes poderes, enfrascados en seis o siete peleas simultáneas. 


Aunque está sea, fundamentalmente, la historia de la oscura relación de Slade y Tara, afectará de una manera decisiva a los protagonistas. El audaz plan de su enemigo, forzará a Dick Grayson a emplear todo el liderazgo del que es capaz para mantener unido al grupo, mientras que otros de los integrantes del grupo como Logan van a sufrir algunas de las peores decepciones de su vida. Un enjambre que les rodea y unas murallas de Jericó para escalar que explican como los Nuevos Titanes fueron capaces, tal y como había pretendido Wolfman, de ponerse a la altura de los míticos X-Men de Claremont y Byrne. 



Una de esas sagas que pueden reconciliar al más descreído con el género. La cláusula Iscariote permitió a los Titanes robar el fuego de los dioses y colarse, por derecho propio, en el Olimpo del cómic norteamericano. 



BIBLIOGRAFÍA:



-HERNANDO, D. (texto introductorio), Clásicos DC: Nuevos Titanes, nº 13, Planeta De Agostini, Barcelona, 2006. 



-HERNANDO, D., En primera persona: George Pérez, Dolmen Publicaciones, Barcelona, 2009, pp. 86-92. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://elcoleccionistadetpb.blogspot.com.es/2014/07/teen-titans-comics-destacados.html



http://historiesofthingstocome.blogspot.com.es/2010/05/dcu-continuity-for-terra-part-12.html



http://siskoid.blogspot.com.es/2012/06/dc-wishes-you-happy-fathers-day.html

domingo, 8 de mayo de 2016

UNA GASOLINERA EN ALGÚN LUGAR DE LOS ÁNGELES



LORD HENRY: Sí, me pareció que te gustaría el libro. 



DORIAN: No me dicho que me guste, Harry. He dicho que me fascina. Hay una gran diferencia



LORD HENRY: Ah, ¿ya has hecho ese descubrimiento?



(O. Wilde, El retrato de Dorian Gray, capítulo X). 



Parecía una idea descabellada para los personajes animados de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), seres ficticios que convivían con las grandes estrellas de Hollywood. Sin embargo, no podían comprender la grandeza del villano de esa historia, el juez Doom, un ambicioso visionario que quería hacerse con el monopolio de la construcción de autopistas en Los Ángeles durante la década de los 40 del siglo XX. De haber tenido éxito, el letrado se habría hecho de oro. La soleada California se cimentó en carreteras y automóviles que se podían pagar a cómodos plazos, el capitalismo imperante post II Guerra Mundial invitaba a crear una pujante clase media que ahogaría esperanzas en electrodomésticos, utilitarios y casas. Pocos lugares mejores para representar ese Camelot particular que el lugar donde moraban las estrellas, aquellos años dorados donde Orson Welles almorzaba en el mismo restaurante donde podía encontrarse Robert Taylor.  



Una carretera próxima a los estudios daba a una gasolinera interesante. No era descabellado que fuera el punto de encuentro de jóvenes de la localidad, no pocos de ellos con pasado bélico, antiguos marines y soldados que habían combatido entre Europa y el Pacífico. Uno en concreto trabajaba con frecuencia en el servicio, sustituyendo a un amigo suyo allí empleado, se llamaba Scotty Browers. Un buen día, el reputado actor Walter Pidgeon llevó su lujoso carro hasta allí. Haría tan buenas migas con el apuesto muchacho que decidió llevarlo a su casa. Ahí comienza una historia que, décadas después, termina reflejando algunas de las intimidades más privadas de las celebrities de una de las edades doradas del cine. Servicio completo, las memorias de Scotty con la ayuda escrita de Lionel Friedberg es una de esas lecturas donde no es que haya ausencia de complejo para hablar de sexo; es que, ocasionalmente, puede que haya algún párrafo que no tenga alguna mención explícita a tales placenteras tareas.  



Resulta difícil definir este libro. Negar que es absorbente sería ser hipócrita. Se trata de una caja de Pandora demasiado tentadora. Se revelan facetas muy desconocidas de mitos del celuloide de la altura y talla de Charles Laughton, Katharine Hepburn, Spencer Tracy o Cary Grant, entre muchos otros. Con todo, uno no sabría adscribir con exactitud la personalidad de su actor principal. Hay una película italiana maravillosa, La gran belleza (2013), donde desfilan una serie de personajes de la Roma más bohemia; uno de ellos posee las llaves de varios de los palacios más exclusivos de la aristocracia de la Ciudad Eterna. Al ser preguntado por una de las protagonistas cómo es posible que tenga semejante acceso, el otro responde con una extraña dignidad: "Porque soy de confianza". Durante años, Scotty Browers fue una persona de absoluta discreción con los caprichos del patriciado cinematográfico, también de sus amantes anónimos. Ahora, con Friedberg hace un exorcismo que destapa cosas de un pasado que hubiera hecho las delicias de una pieza teatral de Tennesse Williams. 



Algunas de las situaciones descritas no están alejadas de una reciente película, ¡Ave, César!, firmada por los hermanos Coen, donde un sufrido y eficaz ejecutivo se encarga de poner orden en unos estudios de locos, donde hay que hacer brotar hijos adoptivos ficticios, salvaguardar honra de estrellas metidas en orgías y que todo permanezca en un estricto secreto. Uno de los platos más fuertes que ofrece Scotty es la realidad escondida detrás del mítico amor platónico de una de las parejas más queridas por el público, la formada por Spencer Tracy y Katharine Hepburn. 



Una serie de secretos de pasillo que podrían llevar a muchos escepticismos pero, habida cuenta del poco pudor exhibido por nuestro narrador para contar sus propias experiencias, cuesta pensar que escamotee detalles ajenos. Con una rápida iniciación sexual, una lívido permanente y experiencia traumática en la guerra, míster Bowers no dudó que la vida era una botella que debía beberse a grandes sorbos; eso sí, apunten esa afirmación con valor metafórico, a fin de cuentas, la única rareza de este discípulo aventajado de Dorian Gray es el haber sido abstemio; de hecho, la afición a la bebida es lo único que reprocha a su amigo Errol Flynn, quien dejó de ser una maravillosa compañía y el risueño Robin Hood de la gran pantalla para sumirse en una rápida decadencia por culpa de ese vicio. Irónicamente, lo que sí terminó siendo Scotty fue barman.  



¿Hasta qué punto es saludable destapar estas cosas? Uno no deja de pensarlo al leer esta clase de obras. Ocurre lo mismo con Hollywood Babilonia. Sin embargo, es cierto que revelan datos que ayudan a alejar a los mitos de sus pedestales y a mostrarlos como personas de carne y hueso. Capaces de sufrir celos, desesperarse, enamorarse, ser inseguros y tener su lista de fobias. Tampoco les desmerece en nada. A fin de cuentas, el legado que dejó Charles Laughton fue su magnífica voz y presencia en el escenario, no sus heterodoxas preferencia; Vivien Leigh quedará en los anales por una de las mejores interpretaciones de todos los tiempos en Lo que el viento se llevó, por más que su matrimonio con Laurence Olivier estuviera repleto de insatisfacciones mutuas. 



Voces como Gore Vidal avalaron la fiabilidad de este gran chambelán entre bambalinas. Por más que nuestro narrador se postule como un adalid de darle a la gente lo que quería, no es menos cierto que debió de ser algo más que un hedonista generoso. Con paciencia, desde la supuesta e inocente gasolinera orquestó una ingeniosa red de contactos que le permitió establecer tríos de diversa índole y se convirtió en el contacto de muchas personas importantes del mundillo. Y es que hay gente que hace del sexo un gran negocio, mientras otros usan sus beneficios para otro tipo de poder. El de la información y lo cortesano. Los distintos pasajes reflejan la satisfacción del antiguo marine de verse invitado a exclusivas fiestas y él haber conocido a gente que después alcanzó tintes legendarios. Sorprende lo que hubiera podido hacer un Meñique entre aquella jeunesse dorée. 



Y, como toda juventud dorada con talento y belleza, esta generación irrepetible también cumplió la ley de auto-destruirse a sí misma. Nada escapa a este escrutinio, incluso cierta aristocracia ducal de Inglaterra que había llegado a ceñirse la Corona. Es de agradecer en ese sentido la falta de moralina en libro. No estamos ante la confesión postrimera y arrepentida de un antiguo libertino, sino ante el relato de un buscavidas de las alcobas ajenas que conserva su carácter desinhibido y una burla constante de los tabúes de las brigadas antivicio.    



Los cónsules de Sodoma suspiraron con tristeza cuando su gurú abandonó en la década de los 50 la gasolinera Richfield de Hollywood Boulevard. De repente, resultó que aquello era una simple estación donde reponer el combustible de vehículos Una historia única, una biografía morbosa y repleta de secretitos que hubieran hecho las delicias del personaje de Danny Devito en LA Confidential. Como Dorian, quizás no sabemos si nos está gustando este libro, siquiera si nos cae bien míster Bowers, lo que no cabe duda es que nos brinda un relato fascinante. 



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http://www.anagrama-ed.es/titulo/CR_101



http://www.abc.es/cultura/cultural/20131014/abci-scotty-bowers-alcahuete-hollywood-201310141338.html

domingo, 1 de mayo de 2016

VIDAS PARALELAS, TALENTOS SECANTES



Nunca he sido seguidor de la fórmula 1. Reconozco que en plena efervescencia del fenómeno de Fernando Alonso, era un poco la nota discordante entre los amigos; no porque me desagradase sino porque, en confianza, nunca me había llamado en exceso el mundo del motor. Era una realidad algo distante, probablemente por ello, imagino, había dejado tan postergada la película Rush (2013), si bien su reparto me parecía interesante y también que su argumento se basarse en la vida de dos pilotos emblemáticos: incluso yo en mi ignorancia de este deporte conocía los nombres de James Hunt y Niki Lauda. No obstante, si bien con retraso, cuando mis ojos se posaron en la carrera propuesta por Ron Howard, no hubo marcha atrás. 



A pesar de sus dos horas de metraje, el film no se hará pesado para las personas que no beban los vientos por pasar un fin de semana viendo los grandes circuitos. La película de Howard, realizada con una fotografía impresionante y unas escenas de carreras trepidantes, va más allá del tópico. Hay algo que se esconde en el duelo interpretativo de Daniel Brühl (Lauda) y Chris Hemsworth (Hunt). No es quién era el más rápido, sino un dilema muy terrenal y que todos nos hemos planteado alguna vez. ¿Hay que ser cigarra u hormiga? ¿Es mejor planteártelo como una carrera de fondo o como un brillo cegador de una noche de verano que no ha de volver? 



Conforme sendos actores se ponen a los mandos, uno siente que está en buenas manos. El guión de Peter Morgan no comete el imperdonable error de tomar partido. Muestra una gran simpatía por ambos protagonistas, sin permitir que deduzcamos qué es mejor a fin de cuentas. Queda a libre elección del espectador. Lo que no ofrece dudas es la firme determinación de Lauda y el dionisíaco encanto de Hunt, dos vidas paralelas destinadas a encontrarse, aunque sus estilos conduciendo fueran tan diferentes. 



Tampoco debemos engañarnos. Este producto no es cine independiente, tampoco un biopic al uso. Es pura adrenalina y debe verse como tal. Sin embargo, hay algo digno de revindicación cuando se hace cine palomitero: que sea digno y entretenido. Y Rush evita caer en tópicos y lagrimeo fácil, presentando un producto bien manufacturado y que mantiene enganchado a quien acompaña a sus dos personalidades por medio mundo, incluyendo un mítico gran premio en Brasil. En serio, comprueben cuando lleven un rato viéndola cuánto tiempo ha pasado, se sorprenderán, todo acontece a una tremenda velocidad. 



El casting que acompaña es muy medido. Podemos encontrar a toda una actriz de la presencia de Natalie Dormer para un pequeño papelito, así como a toda una Olivia Wilde para interpretar a la mujer de Lauda. No se repara en gastos y la banda sonora es compuesta por Hans Zimmer, toda una garantía para esta clase de empresas, nadie mejor para llevarnos por las curvas trepidantes. Hoy en día, el hijo de Lauda y el de Hunt compiten en la misma disciplina que sus progenitores. Sospecho que les habrá gustado este homenaje, porque se intuye que para los seguidores de la fórmula 1 esta película es una verdadera carta de amor, un DVD que colocarán en su estantería junto con el documental de Ayrton Senna. 



Howard consigue la extraña alquimia de que incluso los neófitos veamos las diferencias en la conducción de Lauda y la de Hunt. Todo un misterio cómo lo ha logrado, pero allí está. El primero es un perfecto conocedor de todos los elementos que componen la ecuación, de cuál es su tope y la cantidad de riesgo que es asumible. El segundo es el piloto de pellizco y rabia, alguien capaz de fiarlo todo a la suerte y la audacia. Si en el basket pudimos disfrutar de Magic versus Bird, Hunt y Landa no tienen nada que envidiarle a esos otros dos genios a la hora de mostrar dos antagonistas más carismáticos. 



La evolución del mutuo interés que va creciendo del uno por el otro no resulta nada forzada y uno termina comprendiendo por qué cada una de las dos trayectorias es tan importante para el el devenir de sendas trayectorias. La fuerza de Hembsworth y la serenidad de Brühl terminan arrojando un resultado espectacular que da tintes homéricos a todo lo que estamos viendo, como si Aquiles y Héctor hubieran abandonado el cruel bronce en pos de competir bajo otra clase de casco y desafiando a los elementos. 



Tras haber visto el film, con sus imágenes setenteras todavía desfilando por mi cabeza, me agradó leer que un crítico cinematográfico de la experiencia de Oti Rodríguez Marchante consideraba que Rush tenía momentos de western. Ciertamente, creo que es una atinada reflexión, porque algunos de los mejores clichés de ese género sirven para la propuesta de Howard. 



A pesar de todo el riesgo, estas dos horas consiguen que incluso aquellos que no compartimos esa fascinación por este mundillo, suframos y queramos a estos dos excepcionales protagonistas. No parece poco mérito. Cine comercial con excelente presentación. 



ENLACES DE INTERÉS:



http://hoycinema.abc.es/noticias-cine/20130918/critica-rush-ardor-calvario-729247.html



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://collider.com/rush-review/



http://regularlyscheduledprogramming.com/2014/01/movie-review-rush-2013/



http://regularlyscheduledprogramming.com/2014/01/movie-review-rush-2013/

domingo, 24 de abril de 2016

LOS CREADORES DE LLAVES: SEGUNDA TEMPORADA DEL MINISTERIO DEL TIEMPO



Una puerta se había abierto (Las cerraduras del patio de Clío) y no existía marcha atrás. La primera temporada del Ministerio del Tiempo había tenido el encanto de la audacia, no hay nada mejor que responder a un deseo, aunque, como bien nos advertía el maestro Cervantes: "Amor y deseo son cosas diferentes". Por ello, tras ocho capítulos que habían reabierto la fe en la ficción televisiva española, las expectativas eran tan altas como arriesgadas en la continuación. No queda sino batirnos. Sin embargo, existía una garantía, que Javier Olivares Olivares, igual que el Cholo Simeone cuando llegó a un tocado Atlético hace unos años, tiene una fe absoluta en las piezas de las que dispone para recobrar el orgullo perdido. 



Además, ha sido una segunda temporada repleta de torbellinos y retos que marcan el rumbo que puede tomar este ejercicio ecléctico de ciencia ficción y comedia, con un punto de ternura. Todo comenzó con el hecho de que, por compromisos de agenda, Rodolfo Sancho no podría estar en las primeras entregas. Como bien afirmaba una excelente crítica sobre el show (Los números de "El Ministerio del tiempo" ), su personaje, Julián, pese a lo discreto, es el alma de la historia. No era tarea fácil darle una salida digna y que permitiera un retorno igualmente creíble, pero el equipo de guionistas logró una buena alquimia para conseguirlo, devolviéndolo con toda su fuerza en la guerra de Filipinas, mostrada en todo su "esplendor", muy alejada de las glorias imperiales o romanticismo alrededor de lo que fue una cabezonería militar que costó la vida inútilmente de muchos jóvenes alejados de su tierra. 



Por el camino, se escogió como recambio a Hugo Silva, decisión imaginativa, propuesta audaz. Un actor interesante y con el sambenito de forro de carpeta para quinceañeras (y seguro que de algún quinceañero también). Ciertamente, a juzgar por lo visto estas semanas, su Pacino encaja como pareja de baile con los otros dos vértices del triángulo, la encantadora y sagaz Amelia Folch (excelente Aura Garrido) y Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda, solamente por descubrirlo a él, la aventura del Ministerio ya habría merecido la pena). Tensión sexual no resuelta con su compañera y extraño compartidor de piso con el antiguo tercio de Flandes, ambos caballeros atrapados en una época que no es la suya. El balance es inmejorable, se ha añorado a Julián y el argumento deja constancia a través de sus compañeros, una sana nostalgia que da sensación de continuidad, mientras Pacino iba colándose como un excelente acierto de casting. 



Sobre todo, lo que parece marcar el rumbo y la hoja de ruta para que nadie en la tripulación se desvíe es la correcta acotación de las notas a pie de página. Eso lo sabe muy bien Quentin Tarantino. Cita a tus fuentes, rinde a cada una su homenaje e intenta hacer algo distinto con ellas. Olivares y su equipo cogieron uno de los momentos más míticos del Doctor Who, concretamente el episodio de Van Gogh, y lo rehacen para acotarla a una figura literaria de la talla de Cervantes. "Tiempo de hidalgos", dirigido por Abigail Schaaf se convierte en un sentido tributo a cierto ingenioso escritor, merced también de las dotes interpretativas de Pere Ponce. Paralelamente a la misión con él, se dejará caer Víctor Clavijo, quien tan buen recuerdo dejó de su Lope de Vega en la primera temporada. En esta ocasión, debido a los años transcurridos desde su encuentro con la patrulla en Lisboa, se refleja la madurez alcanzada tras un periplo vital por el Fénix de los corrales de comedias. Sensación de coherencia, de que todo afecta. 



Cada uno de los episodios ha pretendido algo. A veces, les sale mejor, pero siempre da la sensación de que el planteamiento no ha sido salir a empatar con la audiencia. "El Monasterio del Tiempo" fue utilizado como un guiño a la emblemática Allo, Allo; usar algo que siempre se ha recordado con tintes dramáticos, el enfrentamiento con las tropas napoleónicas y las guerrillas a comienzos del siglo XIX, aparece ahí representado, espacio más tiempo, como una comedia de enredo donde se logra incluso que los invasores no caigan mal. "Tiempo de leyenda", por su lado, propone un curioso enfrentamiento entre la verdadera figura de Rodrigo Díaz de Vivar y el Cid representado en el célebre poema (además, es una ocasión excelente para volver a disfrutar de la voz de Ramón Langa). 



Sin duda, un proyecto que sabe muy bien a dónde va. ¿Con sus defectos? Obviamente sí. La propia premisa es tramposa y presenta sus aristas. De cualquier modo, lo adorna todo con una gran simpatía y consciente de saber que es ahora mismo la excepción a la regla. Nadie por estos lares hace lo que ellos y resulta innegable que han logrado que se hable de este fenómeno. La audiencia no ha respondido tanto como se esperaba en el share, pero su uso de redes sociales y el boca a boca la convierten en comidilla de muchos martes por la mañana. 



La clave está en los detalles. No es lo mismo que personajes secundarios queden deshilados a que se los cuide y mime. Muchos pueden haber echado de menos a Lola Mendieta, una de las grandes rivales del Ministerio en los primeros episodios, pero se tiene la certeza de que se la sigue mencionando y que la agente doble pudiera aparecer en cualquier momento. Asimismo, el alto mando que da sus órdenes a la patrulla se postula en una fórmula muy NBA, es decir, un big three de garantías totales: Cayetana Guillén Cuervo, Juan Gea y Jaime Blanch. Tres intérpretes excelentes, de gran fuerza y que pueden asumir un rol protagónico cuando la ocasión lo requiere o quedarse en un elegante segundo plano.



El riesgo más claro que se antoja a estos viajes temporales es mantener la alquimia de sujetar estos constantes saltos en el tiempo con originalidad, aunque evitando caer en la sensación de lo repetitivo. La primera pirueta impresionó, la segunda ha dado sensación de estabilidad. ¿Qué podemos esperar cara a futuras entregas? De momento, usando terminología de la saga Matrix, los creadores de llaves no parecen aquejar ningún síntoma visible de agotamiento.



La segunda temporada ministérica es una de las mejores noticias de la pequeña pantalla en lo que llevamos de 2016.



RECOMENDACIONES DE INTERÉS:



BLOG VAYA TELE, HOMENAJE DEL MINISTERIO A CERVANTES Y A DOCTOR WHO



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http://laguiatv.abc.es/programacion/20160229/abci-programacion-lunes-201602281313.html



http://www.rtve.es/rtve/20160401/alonso-se-embarca-mision-secreta-ministerio-del-tiempo-viajar-filipinas-para-liberar-julian/1329181.shtml



http://www.formulatv.com/noticias/47054/cayetana-guillen-cuervo-alejandro-amenabar-encargados-leer-pregon-orgullo/

domingo, 17 de abril de 2016

¡ESTÁN LOCOS ESOS GRINGOS!


Hay reseñas con las que uno puede ser más objetivo que con otras. Nunca se consigue del todo el tono ecuánime, pues nuestros gustos particulares y fobias hacen que decantemos nuestras críticas por uno u otro sendero, atendiendo a cuestiones que, por mucho que pretendamos enmascararlas en baremos justos, obedecen a cuestiones muy subjetivas. El cómic que hoy nos ocupa, Gringos locos, me entra por los ojos, no puedo evitarlo. En mi descargo, afirmar que sospecho que hay toda una generación a la que le pasará lo mismo, porque esta creación de Yann y Oliver Schwartz (equipo creativo de esa obra maestra llamada El botones de verde caqui) es una joya, una pieza que apela a la más traicionera y deliciosa nostalgia para abrumarnos. 



En el prólogo quedamos advertidos de ello, nada menos que a través de una cita sacada de El hombre que mató a Liberty Valance. A partir de ese punto, muchos o lectores  ya se verán inclinados a ser benevolentes, dejándose llevar a un viaje muy especial, uno que finaliza en el otro lado del charco, protagonizado por tres autores de cómics franco-belgas: Jijé, Franquin y Morris. El objetivo del triunvirato es conseguir entrar a trabajar en los estudios de Walt Disney. Corre el año de 1948. Ninguno de ellos es consciente, pero su tentativa va a fracasar y se verán abocados a desplazarse en una odisea personal, desde los desiertos de cactus a buscarse la vida en Tijuana. 



Un cómic para descubrir un poquito más la historia del medio desde dentro, muy al estilo de lo que Paco Roca elevó a la categoría de arte con El invierno del dibujante. No obstante, debe evitarse el abrir sus páginas con el deseo de ver a una biografía al uso. Estamos en suelo mexicano, el lugar donde un señor llamado Gabriel y apellidado Márquez escribió las principales páginas que confirmaron Macondo. Recuerden el film de John Ford, aquí se imprime la leyenda, queridos amigos. Si aceptamos ese código, podemos abrocharnos el cinturón y prepararnos para disfrutar de uno de los mejores cómics que han salido en 2016.



Yann y Schwartz no están interesados en tener una precisión notarial, sí en contagiar el deseo y la confianza de Jijé, el fuerte carácter y potencial de Morris, así como el encanto, teñido en ocasiones de geniales ideas negras, que poseyó Franquin. En un ejemplo de fair play, la edición del tomo incluye unos extras con declaraciones y entrevistas a los descendientes, quienes no siempre recuerdan de igual manera aquel periplo y expresan alguna queja comprensible al respecto. De cualquier modo, quienes están de enhorabuena son aquellos enamorados de los años dorados de una generación irrepetible que firmaría algunos de los iconos más emblemáticos de la historieta (Spirou, Lucky Luke...).  



Con todo, es de justicia decir que México es prácticamente un personaje más de la trama. Un lugar que respira y tiene aroma de misticismo, el guión maneja con habilidad el potencial que da dicho escenario para colocar pruebas que permiten exhibir la personalidad singular de cada uno de sus admirados protagonistas. Por más que algún detalles biográfico pueda sentar mal a familiares, creo que en todos los casos hay una carta de amor a estos maestros de dos de sus discípulos más aventajados. 



Como ya ha demostrado con cierto entrañable botones, el trazo de Schwartz no decepciona en ningún momento. Su dibujo tiene un gusto por lo clásico, además del suficiente toque renovador para satisfacer por igual a puristas y nuevas generaciones. Su manera de captar las emociones de sus creaciones permite que toda la excelencia del argumento de Yann encuentre perfecto acomodo, siguiendo con sutileza cada evento, siendo capaz de brindar escenas de pura hilaridad física, así como representar noches oscuras y melancólicas.


Un poco cansados del estilo edulcorado de Dupuis, el trío de artistas deberá aclimatarse a un nuevo escenario, donde además habrá estrecheces económicas, si bien, todo queda plagado de un realismo mágico que permite mantener la ilusión a flote. "La mordida" de las autoridades públicas y "el puente de los monos" ejemplificarán asimismo que no es oro todo lo que reluce y que en cada lugar hay que acostumbrarse a hacer lo que vieres.



Resulta complejo de explicar, pero hay momentos metaficcionales que resultan encantadores. Así, asistimos a un primigenio y más adulto precedente de Gastón el Gafe, a la par que resulta muy curioso ver a todos los protagonistas más la familia al completo de Jijé viendo "El Tesoro de sierra madre" mientras están en su coche en un cine al aire libre.



Franquin habló en varias ocasiones con Yann de aquella experiencia. El mejor piropo al segundo es decirle que al maestro le habría encantado. Y que ese Schwartz dibuja como si fuera un gringo loco. 



ENLACES DE INTERÉS:



RESEÑA EN EL BLOG ES LA HORA DE LAS TORTAS (BY LAMASTELLE)



RESEÑA EN EL BLOG MIS CÓMICS Y MÁS



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.planetebd.com/bd/dupuis/gringos-locos/-/14807.html



http://www.eslahoradelastortas.com/resena-gringos-locos/



http://www.eslahoradelastortas.com/resena-gringos-locos/

domingo, 10 de abril de 2016

SEÑORES DEL OLIMPO


Javier Negrete es una de las mejores noticias que ha tenido la literatura española orientada a la fantasía durante los últimos años. Este autor madrileño, formado en Filología Clásica, pertenece a esa clase de autores que nunca dejan indiferente al público. Así, su versatilidad puede llevarle a brindar una saga tan extensa como la de Tramórea, en un universo imaginario creado por él mismo, o a brindar un fantástico what if...? donde Alejandro Magno no fallece en Babilonia y se lanza a por la conquista de Roma, vengando así la derrota sufrida por su propio tío en la Península Itálica [RESEÑA ALEJANDRO MAGNO Y LAS ÁGUILAS DE ROMA]. 



Hoy abordamos uno de sus trabajos más recordados, el cual fue galardonado con el premio Minotauro en 2006. Como suele ser habitual en su prolífica pluma, la ambientación de su relato no puede ser más mitológica: Señores del Olimpo. Nos situamos en los remotos días donde Zeus y sus temibles rayos gobiernan la Tierra. Los dioses, pese a sus poderes, tienen caprichos y debilidades muy humanas. Son coléricos, envidiosos, se conmueven ante la amistad o se pierden en aventuras apasionadas con los propios mortales. En realidad, solamente su fuerza y longevidad a través de la ambrosía los diferencian de unos adoradores que les suplican, tremen y, en no pocas ocasiones, intentan evitar. 



Tras haber derrocado a su propio padre, el Zeus de la novela de Negrete tiene más problemas que sus constantes escenas conyugales con Hera, la cual le ha negado el acceso a sus aposentos por el plazo de dos años, aludiendo a las constantes infidelidades con las que la ha martirizado. De la nada, ha surgido una advenediza criatura llamada Tifón que clama ser hijo legítimo de Cronos y el futuro señor del Olimpo. En principio considerada como una broma de mal gusto, todas las deidades empiezan a inquietarse ante una serie de cambios climáticos y malos augurios que invitan a pensar que su era de dominio van a derrumbarse. 



Una serie de fantásticos escenarios se abren ante nuestros ojos lectores: Delfos, Cnossos, Troya, etc. Sin embargo, lo más fascinante son los personajes. Como Homero ejemplificó con maestría, uno de los grandes atractivos de las deidades clásicas helenas es su arrolladora y carismática imperfección. Así, Negrete muestra un Ares que es una masa de músculos, de personalidad violenta y egoísta, un poderoso pelirrojo que tiene unos temibles perros para la guerra. Llegado de un horrible exilio por quebrantar sus juramentos, el poco apreciado hijo de Zeus recibe instrucciones para contener con un poderoso ejército los peligrosos movimientos de los gigantes que avanzan a territorios humanos.



Apenas una muestra del elenco manejado, el cual, además, tiene la notable ventaja de tener unos derechos de autor muy remotos en el Caos de las brumas del tiempo y el ombligo de Gea. Uno de los más notables caracteres trazados es el de Atenea, una diosa de gran inteligencia y virtudes, pero asfixiada por los votos que le impone su rol, frente a las caprichosas banalidades de otras de sus compañeras del Olimpo. También resulta reconocible Hefesto, el hábil herrero de los ejércitos de Zeus, avergonzado por su aspecto físico y humillado por las constantes infidelidades a las que lo somete su atractiva esposa Afrodita.  



El mérito de esta carismática novela mitológica es tener un halo de tragedia inminente, unas profecías a lo Macbeth que van provocando a los integrantes del mismo a tomar los pasos que los encaminarán al destino que querían evitar. Los capítulos son breves y sus diálogos contundentes. Igual que hicieran décadas atrás Stan Lee y Jack Kirby para los relatos asgardianos de los cómics de Thor, Negrete se sumerge sin miedo al ridículo en las pomposas y altisonantes declaraciones de Zeus y su prole. El secreto de su éxito es que lo hace de una manera adictiva y que nos lleva a aceptar su juego. 



Se trata de una inmersión en un mundo de oráculos y fatalidades, pero también en el de unos seres muy poderosos e invocados de tiempos remotos pero que, por paradójico que resulte, nos recuerdan mucho a nosotros mismos en sus cambios de humor, sus problemas de familia, el temor por sus seres queridos y su incapacidad de gobernar sus propias pasiones. Se trata de un relato de fuerza y que proporciona horas de honesto y épico entretenimiento. 



Centauros, parcas y huevos de dragón que harían las delicias de cierta khaleesi se sucederán para dar mayor sabor a la aventura. Como es menester en esas alturas del Olimpo, líos de alcoba, celos e incestos estarán a la orden del día, siendo tan veloces los cotilleos en dicho monte como la capacidad de Hermes para mandar mensajes. 



Un excelente pasatiempo para un fin de semana. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.casadellibro.com/ebook-senores-del-olimpo-ebook/9788445078013/1902827



http://www.ediciona.com/senores_del_olimpo-dirpi-123.htm



https://www.atenas.net/actividades/excursion-delfos

domingo, 3 de abril de 2016

EL PODER DEL TERROR


Ojalá fuera algo distinto, pero la violencia y el terror tienen una cota de poder que no se puede negar. De hecho, debe admitirse que son dos fuerzas que, combinadas en su salvajismo, suponen un impacto nada desdeñable, aprovechado en diferentes etapas históricas para subyugar, coaccionar y rendir al resto. Apenas han pasado poco más de una semana, pero ya empiezan a vislumbrarse algunos de los posibles efectos de los atentados que sufrió la capital belga de Bruselas. Un sangriento y triste episodio que ha recordado a los acontecimientos de París. Muchos añadirán aquí lo que está ocurriendo en Oriente Medio, África y otros rincones del globo, porque el Viejo Continente siempre ha pecado de etnocentrismo a la hora de explicar las cosas. 



Las redes sociales, una herramienta que hace apenas poco más de una década era casi impensable, dejaron constancia del hecho. Como en anteriores ocasiones, se crearon eslóganes, se subían fotografías de las principales concentraciones en el país belga y se escribía mucho sobre el tema. A pesar de que muchas de esas manifestaciones de solidaridad se hacen con la mejor de las intenciones, no es menos cierto que pueden ser fácilmente puestas en entredicho en su efectividad. Por ejemplo, Arturo Pérez Reverte incendió pronto Twitter con irónicos comentarios acerca de cómo los yihadistas estarían temblando ante la proliferación de lemas "Yo soy Bruselas". Periodista de raza en su época (me viene a la mente Sarajevo, entre otras zonas que cubrió), buen escritor y polemista extremo, la daga vizcaína del académico entraba dentro de su juego provocador y azotador del conformismo online; muy aplaudido por algunos, bastante contestado por otros. Más fuerte era su afirmación de que, salvo niños y perros, ya no había víctimas inocentes. Que las había desinformadas, inconscientes...el creador del capitán Alatriste cargaba, como se hacía en otros mentideros, un mensaje muy pesimista y, en el contexto de cuando fue publicado, más que hiriente por el trasfondo. 



Sorprende porque, entre otras virtudes, Reverte es un gran aficionado al cine del maestro Clint Easwood; especialmente, seguro que habrá visto una de sus obras maestras, Sin Perdón (1992). Allí, la veterana estrella de los spaghetti western cuestiona la gloria alcanzada por los míticos pistoleros: "Cuando matas a a alguien, no solamente lo matas a él, sino a todo aquello que es y será". El fatal accidente de haber estado en aquel metro a esa hora en Bruselas ha cortado vidas que tenían un futuro, aspiraciones, gente que conocer, trabajos que desempeñar, libros que leer...Todo en pos de una orgía sangrienta, un disparate que hace convencer a algunos de que sacrifiquen lo más preciado que tienen, su vida, para explotarse ante perfectos desconocidos. Y con todo, en eso sí estoy dispuesto a darle la razón a quienes son ácidos y críticos con el fenómeno surgido tras la triste jornada, hemos tenido suerte. Más que víctimas o verdugos, los de este lado de la bola de barra hemos tenido potra. Pueden ocurrir accidentes grotescos, verdaderas tropelías en nuestro hemisferio, pero, de momento, la proporción es menor que un día cualquiera en Irak, pongamos por caso.


Mucho se ha escrito, quizás desde la triste jornada de las Torres Gemelas, acerca de la necesidad o no de incrementar los controles de seguridad en el transporte público. Ventajas como los metros o aeropuertos se tornan en escenarios propicios para este tipo de carnicerías. La obsesión por la seguridad irá en aumento, a juzgar por lo que está aconteciendo. Por un lado, es un resultado lógico. En el otro, y es uno de los primeros puntos en las reuniones de la Unión Europea, este celo de seguridad puede ser aprovechado para fines menos protectores. En situaciones de crisis y amenaza, los partidos extremos y el miedo al otro encuentran un campo de cultivo perfecto. ¿Vamos a ser capaces de distinguir?



Independientemente de nuestro sentimiento religioso (o ausencia del mismo), la realidad dicta que nos unen muchas más cosas con un musulmán como Kareem Abdul Jabbar que con Donald Trump (no es casual tampoco que una figura política así haya aflorado en este contexto). También que miembros destacados de la Grande Mosquée de Bruxelles fueron a rendir tributo a los fallecidos. Es decir, hay una clara separación del infierno que representa ISIS, aunque esa no es la imagen que la organización terrorista pretende mostrar. No les beneficia, lo que les conviene es una clara apuesta por nosotros o ellos. Lo preocupante es la influencia que este tipo de locuras pueden llegar a alcanzar, y aquí sí se debe hacer una reflexión profunda.



Recientes artículos muestran como hay personas que se desplazan hasta el supuesto "paraíso" de ISIS, volviendo, los que tienen esa fortuna, aterrados ante una espiral de violencia y una lucha de facciones que poco o nada tienen que ver con la fe, salvo como excelente excusa para imponer el terror y unos valores atávicos que parecían desterrados. Pero, también es innegable que hay un problema de integración en los últimos años. Que hay segundas y hasta terceras generaciones que no se integran en Francia, Bélgica, Holanda, etc. Que están dispuestos a asesinar a gente a la que nunca vieron y suicidarse, El análisis de las fuerzas policiales debe ser exhaustivo, puesto que el peligro es grande. No se habla tanto de otra tarea que tiene menos que ver con las alambradas y verjas electrificadas, esas que tan cómodos nos hacen sentir en nuestra pequeña parcela aislada en la que nos aislamos. La política internacional de las últimas décadas responsabiliza a muchos de los que ahora harán discursos para proteger a unos ciudadanos que han sido ignorados hasta entonces.


¿Quién creo a los monstruos? Por calidad y cantidad de armamento, podemos deducir que alguien tuvo que vendérselo a esos bárbaros. Que desde la Guerra Fría hay prueba de que se adiestró y enseñó a muchos para que luego pudieran aplicar el terror, siguiendo el estilo de sus maestros. Ahora, lo que falta para sumergirnos del todo en la podredumbre es ser incapaces de distinguir, en caer en el odio racial. En la Europa de tiempos medievales, las autoridades consentían hacer la vista gorda en épocas de epidemias para que el grueso de la población expiase sus frustraciones contra los judíos. Ahora, pueden hacer rebrotes que nos hagan caer en ese malévolo juego con las oleadas de inmigrantes de esa franja que sufre en Oriente. Es mucho mejor eso para algunos que cargar con los propios errores, que ver qué nos ha llevado a este punto.



Y, por supuesto, que sigue habiendo víctimas inocentes. La gente cuyas vidas fueron sesgadas en Bruselas por un fortuito azar lo eran. También los de París, los refugiados sirios que vienen buscando lo más básico también... Es hablar de los mundos de yupi y no tiene ninguna relevancia o mérito hacerlo cómodamente desde un portátil en una zona donde uno no va a seguir perseguido por ello. La herocidad es en el caso de la disidencia de gente que logra desenmascarar a ISIS en su propio territorio, de aquellos que dan ayuda humanitaria en lugares como la frontera de Gaza; lo fue en el caso de aquellos que vieron la brutalidad del Holocausto e intentaron impedirlo, hasta a costa de sus vidas. Esta última centuria ha visto el poder del terror y a buena fe que es poderoso en su loco salvajismo.



Tal vez una gran parte de la población no seamos ni víctimas inocentes ni verdugos conscientes. Simplemente, voluntarios vendados, satisfechos en la desinformación... Lo menos que le debemos tras sucesos como los de Bruselas es tratar de subsanar eso.
   


FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.prensa.com/fotogalerias/Solidaridad-mundial-Bruselas_5_4443355626.html#!photo=7



http://www.seguridadenamerica.com.mx/noticias/de-consulta/secciones-revist-seguridad-en-america/noticias-sobre-seguridad-publica/21568-atentado-en-bruselas-mas-de-30-muertos-en-el-aeropuerto-y-el-metro



http://www.lavanguardia.com/internacional/20160323/40632355077/atentado-bruselas-en-directo.html