domingo, 13 de mayo de 2012

SEE YOU IN ZAMORA


Fin de semana un poco más gris para los seguidores comiqueros. Tras una larga trayectoria dentro de las viñetas, siendo especialmente recordado por sus brillantes blancos y negros para Conan de Cimmeria, el blog de Amarcord no podía dejar pasar el domingo sin rendir un modesto pero sentido homenaje al brillante Tony Zúñiga.




El autor filipino siempre será recordado por su excelente profesionalidad. Al parecer, en el Valhalla, Crom le tiene preparado un comité de bienvenida bastante aceptable, según nos mandan fotografía desde Zamora...

THREE IS COMPANY





Costará pensar a cualquier espectador de nuestro tiempo, que vea "Apartamento para 3" hoy en día, pensar que hubo un momento en la década de los 70 en que fue un paradigma de la provocación. La idea de que hoy en día puedan convivir en un piso de alquiler dos muchachas y un chico, o a la inversa, o tres chicos, un gato, una chica y un perro, no tiene nada de extraño, pero, hubo un momento, en que consiguió sacar una sonrisa picarona a la sociedad norteamericana, tan puritana ella en algunos aspectos.





Efectivamente, el punto de partida de esta mítica sitcom familiar, fue la ocurrencia de dos muchachas (Joyce DeWitt y Suzanne Somers) solteras avecindadas en California, de cubrir el hueco dejado por su antigua compañera de piso, ofreciéndoselo a un estudiante de cocina que había acabado la fiesta de despedida durmiendo ebrio en la bañera (efectivamente, no eran muy rigurosas con el proceso de selección). Así, John Ritter, un estupendo actor cómico muy dotado para el slapstick, lograba poner los cimientos de su carrera dentro del género, que le llevaron a ser el padre de un endemoniado muchacho y un intérprete de contrastada solvencia que siguió trabajando en series más modernas (por ejemplo: Scrubs) hasta su desgraciada y prematura muerte.




Por supuesto, aunque todo aconteciese en Los Ángeles, tierra de paganos de moral laxa, aunque pese a sus escasos emolumentos, Jack pudiera permitirse ir a ver algún partido de Kareem y Magic en el Forum de Inglewood, ni todo el oro del mundo le hubiera permitido ahorrarse complicaciones con el casero de las muchachas, el señor Roper (un divertidísimo Norman Fell), cuya moral no le permitiría mantener a un inquilino con sus dos muchachas.




Igual que en la serie inglesa original en la que se basa esta versión norteamericana, no habrá otro pretexto más "puro" que fingir que el chico en cuestión es homosexual, lo cual salvaguarda la pureza de las alquiladas por el señor Ropper. En este momento, los lectores deben retroceder a los tiempos a los que se remonta el guión y simplemente congratularse de que las cosas hayan ido evolucionando. Por ende, pese al shock que pudiera suponer en su momento, no deja de ser visto con cierta inocencia y candidez casi infatil por parte de un público actual.





Con todo, alguna explicación tiene que existir para que el programa se mantuviera con excelentes números de audiencia hasta 1984. La principal, indudablemente, es la buena química entre los actores. Tras los primeros intentos de cortaje por parte de él y ellas, la versión norteamericana terminó oscilando (muy acertadamente) y desmarcándose de la inglesa, en no dar mucho peso a un supuesto interés romántico en el triunvirato, apostando más porque surgiera entre ellos una complicidad basada en la amistad y juegos de malentendidos que hoy ya son muy recurrentes y emulados en muchas comedias de situación.




Otro punto muy positivo de "Apartamento para 3" es la buena utilización de secundarios, algunos usuales como Larry, el amiguete fanfarrón de Jack, u omnipresentes, como los Roper. Si ya hemos ensalzado la labor de Norman Fell, no hay que dejar de hacer lo propio con su inefable esposa, caracterizada por Audra Lindley. Eternamente insatisfecha, la señora Roper completa el tándem de uno de esos matrimonios estancados y a los que ya hasta les gusta odiarse. Debiendo buena parte de su encanto a los actores, la ausencia de este matrimonio cascarrabias tras la tercera temporada, fue un hándicap que se resintió para los siguientes capítulos.




Aunque es una serie por la que los años han pasado (quizás eso haya influido en que no haya sido tan repuesta como otras igualmente populares), cuenta con una simpatía natural difícil de igualar, un estupendo actor protagonista y una buena química en pantalla entre sus integrantes.

domingo, 6 de mayo de 2012

FESTÍN DE CUERVOS


Hay carreras que no necesitan presentación. De hecho, incluso se comete una injustica con ellas. Acostumbrados a que siempre estén allí, llegamos a darlas por axioma garantizado, sin otorgarles el verdadero relieve que merecen. Ya fuera en las añoradas "Historias para no dormir", o en las más recientes apariciones en series tan populares como "Aquí no hay quien viva" o "La que se avecina", Gemma Cuervo es un rostro que no necesita presentación en los escenarios españoles.




Este fin de semana, Córdoba La Llana ha podido disfrutar de su presencia a la cabeza de una nueva adaptación de "La Celestina", ese inteligente rompe-cabezas moral creado por Fernando de Rojas, ilustre bachiller que aprovechó la pasión encendida de Calisto por el cuerpo de una hermosa joven, llamada Melibea, para sacar a la luz una divertida, irónica, atrevida y terrenalmente inteligentísima lección de vida.




Eduardo Galán y su compañía han logrado sintetizar de una manera respetuosa y ágil, esta complicada tragicomedia de sinsabores, que llevan al impetuoso Calisto (Alejandro Arestegui) a recurrir a los servicios de sus sirvientes para conseguir su conquista amorosa (aunque más honesto sería que hablasemos de recompensa sexual); ellos, dan el nombre de una vieja alcahueta, conocida por haber cosido más virgos de los que sería recomendable para su reputación.




Por supuesto, dicha anciana no es otra que Celestina, uno de los personajes más representativos de la literatura hispana, tan reconocible a distancia como El Lazarillo o el mismísimo Quijote. Ejemplo perfecto de la inteligencia pícara tan frecuente de la época, lisonjera, hace bien en recordar que solamente atiende a quienes le buscan y que, a fin de cuentas requieren sus buenos haceres y mañas. Mitad hechicera y mitad psicoanalista, sabe detectar de inmediato que tras las arrogancias de Melibea (Olalla Escribano), no esconden una raíz de deseo que sabrá explotar con suma maestría, más para acrecentar sus menguados ingresos que por ningún interés personal en los desvaríos de Calisto, joven caballero que durante toda la obra, únicamente tiene un propósito en mente.





Ingeniosa, llena de chispeantes diálogos, resulta asombroso que en una obra firmada a finales del siglo XV, tenga una fina ironía y un espíritu tan provocador, insinuaciones a zoofilia, abuso infantil, prostitución o descrédito de los poderosos y sus propios siervos, presentados como una verdadera cueva de alimañas; pero, a fin de cuentas, ni más ni menos reales que cualquier hijo de vecino, con muchas flaquezas. Nadie ejemplifica mejor esa actitud que Pármeno (Santiago Nogués), en un principio alertando a su señor contra la alcahueta, a quien conoce bien, para terminar confabulándose en su bando, debido a los favores que recibe por parte de una de las muchachas que habitan en la casa de la anciana.



Papeleta, pues, nada fácil para una Gemma Cuerva que responde con la solvencia de las grandes actrices el duelo. Incluso, le aporta algunos componentes a destacar, de manera muy sana, le ha restado cierta solemnidad a sus sentencias y le ha otorgado una mayor carga irónica que en otras versiones, de abuela despistada que no lo es en absoluta. A pesar de estar muy bien acompañada en la obra, son sus espaldas las que aguantan la estructura del edificio, como se encargó de resaltar el Gran Teatro, aplaudiendo un verdadero clinic. Para colmo, a la salida, pese a las inclemencias del tiempo y demás, derrochó simpatía con los espectadores que quisieron agradecerle su excelente labor. Lo dicho, quién no firmaría seguir así en su trabajo , tras una hoja de servicios brillante y con el espíritu de un debutante.




Cuervo ha definido de forma brillante la necesidad de la parte más oscura de la sociedad (en realidad, de cualquier sociedad), para servir a muchos propósitos. "Tiene un alma oscura, pero un alma al fin y al cabo". No deja de ser meritoria y acertada una caracterización de Celestina y sus discípulas como verdaderas vampiresas (muy cercanas en estética a las novias de Drácula de la versión de Coppola), succionadoras a través del deseo. De la misma forma, un imperial Juan Calot, compone a Sempronio, un personaje que siempre parece a punto de estallar por su codicia (solamente comparable a la de la alachueta, cuya inteligencia natural queda bloqueada ante su imposibilidad de levantarse de una caldeada mesa de póker cuando ya ha ganado demasiado) y su absoluto desapego por nada ni nadie, más allá de su placer o seguridad económica. Nuevamente, terrenalidad y relativismo ante los temas universales.



A pesar del tiempo transcurrido, este carpe diem contagioso y auto-destructivo sigue omnipresente en generaciones de espectadores, sanamente divertidos y conmovidos ante esta trivilización habilísima de asuntos que en ocasiones se toman demasiado en serio por los Calistos de turno, y decía que era amor, el picor que compartían...




Una espléndida versión de todo un clásico. Absolutamente recomendable.



sábado, 28 de abril de 2012

LOS XUNGUIS O LA ISLA DE NUNCA JAMÁS

 Los paraísos ficcionales que uno tuvo durante su infancia deben ocupar un lugar predilecto en la memoria, un pequeño baúl de experiencias que significaron los primeros pasos hacia el maravilloso mundo de la imaginación. No obstante, defendiendo esa postura, no encuentro incompatible añadir que tampoco es muy recomendable visitarlos en exceso, en ocasiones, casi fuera mejor saber que están allí que desenterrarlos, pues volver a visitar la Isla de Nunca Jamás cuando Peter Pan tiene barba y Campanilla dos divorcios, puede llevar a infames nostalgias.




Entre esos territorios acotados en su espacio y tiempo, los cabezones Xunguis ocuparon su papel, teniendo su momento y lugar, como tantas cosas en la vida. Resulta fácil aún hoy explicarse porque son uno de los valores seguros de Ediciones B para atraer a público infantil, en libros que son una clara copia (bien hecha, todo hay que decirlo) de "¿Dónde está Wally?". Tremendamente fáciles de dibujar, gamberros y absolutamente reconocibles, ya cumplen 20 años esos macarras del espacio que tan buenos ratos nos hicieron pasar a algunos críos de aquellos días (y a juzgar por la edad de algunos muchachos y muchachas en el Salón del Cómic del Barcelona, aún siguen haciendo tilín y son valor seguro en estos días de comuniones y bautizos como regalo familiar, menos aplaudido que una portátil, mucho más apreciado que ropa).


 No tan sabido es que durante dos albumes largos de la añorada colección Olé, los Xunguis intentaron dar un salto de las manos de sus dos creadores, Joaquín Cera y Ramis, orientados hacia un público que ya casi entraba en la adolescencia. Explotando las travesuras y el gamberrismo que destilaban, los Xunguis eran los simpáticos villanos de sendas aventuras extensas, donde un mercenario (Turbo) y un robot (Bip, que a mí siempre me ha llamad mucho la anteción que se parece a Bender, aunque es muy anterior) intentaban defender la paz del Imperio (había muchas coñas con "La guerra de las galaxias") de aquellos salvajes Atilas, aunque en realidad, estaban más próximos en sus objetivos a Harpo Marx, el caos por el caos y la anarquía.




Excelentemente bien dibujados y simpáticos, los Xunguis por supuesto eran una colección que sus propios autores no se tomaban demasiado en serio en cuanto a continuidad o proyección. Cera destilaba sus mejores armas en Pafman (parodia de súper-héroes brillante que aún hoy se edita, a cuenta gotas pero mucha calidad, para un espectro de todas las edades) y el doctor Paconstein (que era Nacho Martín, pero con gracia y elementos del doctor Frankenstein, Mafrune y enfermeras de muy buen ver), paralelamente a que Ramis se focalizaba más en su tristemente desaparecido Sporty o siendo el alma de las revistas de la editorial, tales como "Súper-Mortadelo" o "TBO" (en esta última firmó algunas parodias impagables de clásicos tales como "Sin perdón" o "Un mundo perfecto", donde acuñó una frase inolvidable: "Butch muere tras fallecer...").




No obstante e irónicamente, los homenajeados han sido su arma más rentable, de ecologistas a deportistas, los pequeños alienígenas han sido en algunos casos la única cita posiblemente fija de dos excelentes artistas que han tenido la mala fortuna de no haber nacido lo suficientemente antes por época como para haberse asentado mejor en el cómic español. Tanto Ramis como Cera tuvieron su explosión creativa más pronunciada cuando la editorial tuvo que empezar a cerrar colecciones, revistas y personajes nuevos, sobreviviendo solamente los buques insignias cuyos lectores fieles garantizaban beneficio. Quién sabe, diez años antes y Pafman hubiera podido haberse hecho un hueco como lo logró el Súper-López de Jan (por otra parte, un autor que tiene un mérito enorme).
De cualquier modo, aunque no hayan tenido el éxito que hubieran podido poseer en otras coyunturas, los lectores afines a estas dos jóvenes promesas de las viñetas españolas, aún podemos congratularnos de seguir disfrutando de esos pequeños bocados de cardenal que nos ceden. Ramis es claramente la cabeza visible de las Guías para la vida de Mortadelo (en su concepción, basadas en el modelo primigenio de la de Bart Simpson), aunque muchos confiamos en volver a verle desarrollar sus propias creaciones; mientras, mantiene los lápices con los Xunguis y se embarcó con Cera en un digno intento de remake de los Zipi y Zape del siempre añorado maestro Escobar.





Cera, por su senda paralela, ha logrado re-devolver (se ve que no le sentó bien la comida) al héroe más tonto de Logroño City y su gato eternamente resfriado (Easmo dixit), a la par que ha colaborado recientemente con Ramis en una nueva aventura de Turbo y Bip, sacados de ese arcón de los recuerdos que muchos teníamos en una carpeta alejada del disco duro pero que nunca borraremos. Aprovechando el tirón de Las Olimpiadas, embarcan nuevamente a la pareja en un intento de evitar que sus tradicionales enemigos boicoteen la competición y cometan todo tipo de tropelías.





Siempre abonado a la causa de intentar contribuir en lo que uno pueda a la causa de Cera y Ramis, terminé adquiriendo un ejemplar que ya por supuesto no es para mí, aunque ha sido un agradable paseo por el túnel del tiempo. Eso sí, aunque me siento familiarizado con su simpática estética, no deja de llamarme la atención en esta re-visitación, la inovencia de la que está todo revestigado, añorando aquellos días añejos donde los Xunguis y sus dos enemigos estaban más próximos a la violencia ibañezca-warnerbrosiana, tanto tiempo orientados a un público muy prematura, nos los han ablandado.




Guardaré este pequeño album en la vieja estantería de los Olés, congratulándome de que cierto robot y su compañero de estética mega-drive no terminasen efectivamente perdidos haciendo auto-stop en un cráter, tras lograr hurtar el megatronio. Ni siquiera me pregunto por qué el general Xungoff está como una rosa después de caer en un volcán con un dragón mirándole hambriento... Simplemente, añoró aquellos días donde aquellos cabezones eran tan brutotes, ácratas... y sin embargo tan nuestros.





Feliz aniversario.

domingo, 22 de abril de 2012

SOMBRAS DE REYES

De todas las figuras que han existido a lo largo de la Edad Moderna en las Monarquías Europeas, los validos han sido indudablemente una de las más despreciadas. Brazos derechos de los monarcas de comienzos del siglo XVII, han sido en muchísimas ocasiones el chivo expiatorio de los círculos cortesanos para explicar los errores de su señor, mientras que el pueblo llano exorcizaba en sus malas artes para atraerse a su soberano, sus males y penurias, impuestos y guerras.



No obstante, pocas de esas figuras (por ejemplo, el duque de Buckingham en Inglaterra), tuvieron la importancia del cardenal Richelieu, cabeza rectora de la Francia de Luis XIII y don Gaspar de Guzmán, más conocido por partidarios y detractores como el conde-duque de Olivares. De hecho, nuestra hipérbole es moderada si afirmamos que en el duelo de ajedrez entre ambos hombres, estaba en juego la primacía de dos imperios, aguardando a uno la hegemonía y al otro la consolidación de su decadencia.



Sin embargo, como bien afirma J.H.Elliott, lo que ninguno de ellos supo ni tampoco los personajes de su época, era a quién aguardaba el triunfo y a quién el ocaso y la injuria. Despreciado tradicionalmente junto con su rey Felipe IV, bajo la horrible denominación historiográfica de la época de los Austrias Menores, don Gaspar viene a representarse como el hombre que firmó el acta de defunción de un Imperio donde, se jactaban de que nunca se ponía el Sol.





Su rival, a pesar de la pluma aventurera de Alejandro Dumas, ha logrado una consideración mayor. El buen cardenal ha terminado ejemplificando al hombre de Estado que creó los cimientos para la que luego fue la esplendorosa época de Luis XIV, donde el dominio galo llevó a apodar a su hacedor, como "Rey Sol". Pese a ello, y sin negar ningún mérito al antagonista de los tres mosqueteros que no sabían contar, Elliott, uno de los mejores hispanistas de siempre y prestigioso Premio de Asturias, indaga en el libro que hoy nos ocupa, cual moderno Plutarco, en dos biografías cruzadas y secantes, "Richelieu y Olivares".




Elliott, verdadero especialista en ambos (especialmente de Olivares, de quien terminó haciendo el estudio definitivo que Cátedra ha editado en castellano en varios formatos), usa toda su erudición y buena escritura (virtud que desgraciadamente a veces no tienen este tipo de estudios historicos) para evitar que la obra se convierta en un partido de Wimbledon que pasa de París a Madrid sin mayor interés que la recolección de anécdotas.





Con una visión de largo recorrido y un impresionante dominio del concierto internacional, pasando desde Mantua a Bahía, Elliott muestra con solvencia como las diferencias entre Olivares y Armand du Plessis fueron menores de las que se han venido pensando, llegando ambos incluso a soluciones muy similares y fórmulas parecidas para tratar de solventar los males de su tiempo. Asimismo, sus ascensos, mezclas de habilidades diplomáticas y auto-degradación personal (el episodio de Olivares y el orinal del príncipe de Asturias), que llevaron al cardenal a inmortalizar una frase vigente para todo valido que se precie, tener el valor de cero, muy útil situado a la derecha, pero de nulo valor si no tiene a nadie antes.





Complejos, admirables, dignos de lástima, odiosos y finalmente muy vulnerables y humanos, Elliott retrata de una manera fideligna y muy cercana a dos productos de su tiempo que terminaron viviendo las ironías del destino. Richelieu no pudo ver tras su muerte como todas sus medidas, tan denostadas y abucheadas, llevaban a Francia a la cima, destacando el papel de su sucesor aventajado, Mazarino, otro nombre que bien merecería un estudio independiente, persona de gran inteligencia y valía. Olivares, durante tanto tiempo aplaudido y ponderado, terminó siendo tachado como tirano, protector de judíos (eso, en aquella España, tristemente, no era un elogio) y causa de todos los males, aunque un vistazo apresurado hace que dudemos que la España del Seiscientos hubiera podido sobrevivir funcionando como lo hacía, salvo una revolución total administrativa y financiera (empresa que el conde-duque intentó, por cierto, con grandes energías).




Dueños y víctimas de su tiempo a partes iguales, los reflejos de Olivares y su antagonista nos muestran un mundo mucho más relativo, complejo y cercano al nuestro del que los siglos pretenderían mostrarnos. El lector/a culto, no necesiaramente especializado en la materia puede disfrutar sin ningún problema de este ensayo estupendo y que muestra las virtudes (históricas y literarias) de uno de los grandes discípulos de Clío de nuestro tiempo.













domingo, 15 de abril de 2012

NO ES CRÍTICA PARA TIBIOS



La marca influye, más en estos tiempos que corren. Es, para todo, un factor. En la industria cinematográfica, sin duda, la firma de los hermanos Coen genera un suspiro de alivio en las productoras. Los dos hermanos venidos de la fría Minnesota, han sido durante los últimos años, una garantía que ha combinado los buenos números en taquilla, sin sacrificar nunca la inteligencia y un arte con cierto aroma de sana independencia del costumbrismo menos arriesgado de Hollywood.
En honor a la verdad, se lo han ganado. Su obra puede gustar o disgustar, pero tienen su sello de presentación y han mostrado una gran versatilidad. Si quieres un retrato naturalista tienes "Fargo", una comedia loca y quijotesca de los 90 la hallarás en "The Dude", mientras que "Muerte entre las flores" (que fue la primera entrada de este blog) supone una gran demostración de que hay vida más en el cine de mafias más allá de clonar a los Corleone.
Confieso que la noticia surgida a la altura de 2007 de que los dos directores se ponían a trabajar en la adaptación de una novela de Cormac McCarthy, ambientada en una violenta frontera texana en la década de los 80, hizo generar muchas esperanzas en una nueva muesca de un revólver que, indudablemente terminará siendo legendario. El reparto que posteriormente se anunció confirmaba los mejores augurios, Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin, Kelly Mcdonald o Woody Harrelson, no necesitan presentación dentro del panorama de artistas estadounidenses y el fichaje de un espléndido actor español.
De cualquier modo, he de admitir que nunca he logrado que esta cinta colmase las expectativas que, probablemente, habían sido excesivas, debida a la alta consideración que me merecen sus dos autores y que me habrá colocado un listón difícil de sortear con el pragmatismo de la realidad. El poderoso relato oscuro que se propone cuando Llewelyn Moss (Brolin) encuentra accidentalmente cerca del río Grande los restos de una lucha entre traficantes de heroína y un botín ensangrentado de dos millones de dólares; tanto la novela original como el film adoptan cierta semejanza a "La perla" de Steinbeck, el afortunado hallazgo se irá convirtiendo en el germen de una espiral de desastres que amenazará con engullirlo todo un tornado.
En primer lugar, decir que los elementos externos de "No es país para viejos" son inconfundibles del detallado sistema de los Coen y su equipo (salvo que echamos de menos que en esta ocasión no encontrasen un papel para el omnipresente Steve Buscemi en su filmografía), la fotografía es excelente y el ritmo trepidante del inicio de la persecución de los narcotraficantes al modesto cazador de antílopes texano, no obstante, a medida que se busca profundizar en las telas de los ropajes de este emperador, uno corre el riesgo de darse cuenta de que la sustancia está vacía, más allá de la fanfarría y las elogiosas críticas que recibió a lo largo de todo el globo.
Uno de los primeros puntos de conflicto donde admito que me suelo desmarcar bastante de la respetable mayoría, es la hora de hablar del personaje interpretado por Bardem, por decirlo de alguna manera, el principal asesino y ejecutor de los señores del negocio de la heroína que le mandan a encargarse del asunto. Saludada como una caracterización muy aguda de un ambivalente villano y con tremendas aristas, he de decir que, más allá de su corte de pelo, el único rasgo diferenciador del antihéroe (la moneda y sus concepciones de lo efímero de la suerte) no dejan de ser un remedo texano y simplificador del personaje de Harvey Dent, creado en los cómics de Batman hace ya más de medio siglo.
Admitiendo desde primera hora que Bardem me parece un actor con mayúsculas (su creación de Santa fue fantástica, o su representación de un afrancesado en "Los fantasmas de Goya", estando incluso muy bien en su pequeño cameo para "Colateral"), creo que aquí estamos ante uno de los papeles que menos le han debido costar, porque, bombona de butano a cuestas al margen, su personaje desfila en su búsqueda de sangre, generando unas reflexiones muy complicadas de las autoridades y viejos rivales (Woody Harrelson, increíblemente desaprovechado en el metraje), que verdaderamente hacen mucho onanismo mental a la hora de explicarse a este sujeto bastante más simple de lo que creen.
Todo en este testimonio es una sucesión de metáforas, algunas afortunadas (el viejo cowboy en esa silla de ruedas) y la gran mayoría siempre precisando de notas a pie de página, mientras un sheriff a punto de retirarse (Tommy Lee Jones), intenta poner algo de orden y salvar a la inesperada presa y su familia. La elección de casting no podía ser más acertada, verdadero asiduo en películas policíacas y de acción, usar a Jones para un protagonista crepuscular cuyos mejores días han pasado, estaría muy bien, pero a diferencia del Eastwood de "Gran Torino", es complicado que el público se proyecte en este agente de la ley más preocupado por su mundo onírico que por ser minínamente eficaz, más que compadecer su destino y ocaso, uno casi lamenta su falta de eficacia, o, cuanto menos interés por el caso.
De todos los personajes presentados, uno salvaría encantado al de McDonald, quien hace de la esposa del "afortunado" descubridor del hallazgo (aunque, desgraciadamente, el arco del personaje va decayendo, pese a buen hacer de Brolin). Complicada, emocionalmente creíble y muy bien interpretado, McDonald es uno de los hallazgos verdaderos del film, curiosamente poco potenciada por los seguidores de esta diablura de los Coen, o quizás es que este domingo me encuentro buscando desesperadamente ponerme en fuera de juego auto-impuesto.
Ni mucho diría que "No es país para viejos" sea una mala película, pero, al igual que en su novela (de la cual voy a recomendar una crítica muy atinada titulada "Vislumbres del Apocalipsis", escrita por Juan Manuel de Prada), creo que ha sido más importante lo ambicioso de lo que se quería contar que lo finalmente plasmado, que el propio torbellino termina engullendo las necesidades narrativas, creando una inquietante atmósfera, que, a diferencia de muchísimas otras creaciones de los Coen, precisa muchas notas a pie de página, cuando las otras se explican y prevalecen sin ninguna de ellas.
Dicho lo cual, no descarta que vuelva a darle una oportunidad en un futuro, pues Minnesota, bien vale dos visionados.

domingo, 8 de abril de 2012

HOMENAJE A MINGOTE

Toda carrera, por brillante y fructífera que haya sido, está destinada a tener un final. Casi centenaria, la carrera y la vida de Mingote se terminó de apagar la semana pasada, no habrá más ilustraciones de este artista español de prestigio internacional.
A su modesta manera, el blog de Amarcord quería rendir también homenaje a tan importante ilustrador gráfico, hombre de tremendas inquietudes y de gran relevancia en el panorama artístico español.


Descanse en paz.