domingo, 12 de febrero de 2012

SOMBRAS Y LUCES DE UNA SERIE

Hace ya algún tiempo, una persona cuya opinión tengo en alta estima, me comentaba que un crítico de cine, literatura o cualquier otro campo artístico, era, en muchos casos, alguien que sacaba defectos a una obra que él nunca hubiera podido (y probablemente quería) hacer. Honestamente, creo que estaba muy acertado en dicha consideración.
"Buenas ideas pero no correctamente ejecutadas", "Ella es preciosa pero no es creíble cuando se lamenta ante el cadáver de su amante", "El humor es gracioso pero soez, busca el chiste fácil, no hay elaboración"... Las coletillas son tan abundantes como apreciadas por todos los que nos enfrentamos al análisis y valoración personal de algo tan subjetivo como productos enfocados al ocio, pero no decimos cómo haríamos esa escena, qué desarrollo tendría esa idea o que elegantes chistes serían los que, siempre bajo nuestra sacro-santa opinión, que es la única que vale, para insertarse en los diálogos. Por ello, hoy, ante nuestra ración semanal, abordando el marco de televisión, vamos a mojarnos, hablando de una serie polémica, visceral y que, realmente ya ha pasado por Amarcord, la entretenidísima, sangrienta, épica, morbosa y adictiva "Spartacus".
El episodio concreto es "Shadow Games", uno de los más celebrados de la primera temporada de este programa de espada y brujería en la antigua Capua, más seducido por la estética 300 que por el rigor histórico, pero acercándose extraña e inquietantemente al verdadero placer que la civilización romana encontraba en aquellos dioses de la arena que se aupaban y caían con la hipérbole de la caprichosa Fortuna. Los guionistas de "Spartacus: Blood and Sand" inventan que Teoclés, apodado La Sombra, es el más invencible de todos ellos, durante décadas, imbatido en todos los rincones de los dominios de la República. En este momento de la serie, Batiatio, el lanista propietario de la Escuela del protagonista, cree ver la oportunidad de engordar sus arcas y empezar a proyectar su ansiado ascenso social ante el Senado de Roma, cuando oponga una pareja explosiva frente a esa leyenda viviente.

Lo que el regentador del ludus proyecta, con una estética de verdadera lucha libre, es enfrentar a ese titán contra una pareja condenada a odiarse, Crixo, su mejor hombre, un fiero galo que goza del respeto del público por su carisma, frente al tracio Espartaco, bastante más rebelde con su situación, problemático y conflictivo, aunque tiene una inteligencia superior a la media de sus compañeros gladiadores.
A pesar de ser dos guerreros contra uno, las apuestas corren en su contra, ya que solamente hubo una víctima de Teoclés que sobrevivió a su encuentro. No obstante, ese hombre, perdonado por la grada debido a su valentía, es Doctore, el entrenador a las órdenes de Batiatio. Este hombre, un veterano africano curtido en mil batallas, aún guarda rencor por esa derrota y sabe que solamente su gallardía y la admiración de la plebe le salvaron de caer ante un Teoclés que le tuvo totalmente dominado. Por ello, se empeña en que Espartaco y Crixo intenten colaborar, pese a su mutua antipatía, mientras alrededor de la Casa de Batiato, todos sus habitantes (dueños, esclavas, gladiadores, corredores de apuestas, la domina...) tejen sus intereses, rezando a Marte por la victoria o muerte de los dos contendientes, según sus intereses y lealtades.
La premisa no puede ser más simple, casi digna de Oliver y Benji o Rocky, generar las expectativas alrededor de un duelo o combate, sin embargo, en su sencillez radica todo el encanto, además de la pericia para explotar las virtudes del reparto (escenas de lucha, alucinantes fotografías apocalípticas, el olor de la arena que casi se intuye, el desenfrenado estilo de vida de la aristocracia romana, la gran potencia del Mare Nostrum) y tapar sus defectos (muchos de los actores del show están a años luz de los verdaderos Dream Teams concebidos para productos como "Yo, Claudio" o "Roma", de cotas más altas en cuanto a recreación, pero cumplen su función perfectamente).
De cualquier modo, el desenlace del mismo, me dejó un poco desilusionado por las expectativas creadas. En el siguiente apartado, de spoiler, convenientemente anunciado, me niego a caer en la comodidad de soltar tópicos como "el capítulo no termina de aterrizar" o "falta la magia de las grandes producciones de antaño", metiéndome también en la arena y mojándome cómo hubiera terminado de escribir el argumento del episodio.
Por supuesto, sería una presunción tan tonta como inútil, pretender que lo propuesto, sea no solamente superior a lo que ofrece "Spartacus: Blood and Sand", sino remotamente bueno, estoy seguro de ello. Casi sería caer en el gravísimo error que algunas veces tienen algunos historiadores cuando osan pensar que Aníbal Barca, Alejandro Magno o Quinto Sertorio, hubieran sido más eficaces en sus campañas habiendo seguido sus decisiones, cómodamente escritas desde el sillón de su casa, en patucos.
Sirva, simplemente, como sugerencia y demostración de que de vez en cuando, los espectadores no somos solamente meros receptores, sino que tenemos nuestro corazoncito creativo y a veces nos gustaría tener también la suerte de poder ser un poco demiurgos de la fantasía.
SPOILER:
La gran decepción del capítulo surge cuando se produce el tan ansiado combate final. No se debe a la elección del actor o al trabajo interpretativo, sino a la manera de caracterizar a Teoclés.
Presentado como un coloso, casi un leviatán, La Sombra parece haber ganado su mote por tapar todo lo que le rodea. Aunque es un acierto justificar el mote, creo a algunas personas nos sugería más la idea de una sombra, como alguien esquivo, una rápida serpiente que pasa de un lugar a otro.
Las espléndidas coreografías de los dos gladiadores (qué pena la desaparición de un añorado Andy Whitfield) con Doctore daban a intuir que Teoclés sería un maestro de la lucha con dos espadas, capaz de mantener alejados a dos contendientes que le atacasen a la par. Por el contrario, tal vez siguiendo la estética de 300 de Frank Miller en el cómic y Snyder en la adaptación cinematográfica (con tantos pros como contras), los creadores de la serie optan por poner una masa de picar carne, exagerada, en una oleada de sangre, resistencia sobre-humana y diseñado para caer mal desde el principio al público.
La cuestión que a mí me surge es, ¿por qué necesariamente Toeclés tiene que ser alguien sobre-humano? Imaginemos que un amigo nuestro que nunca ha tenido interés por el fútbol nos pide que le describamos a Messi, uno de los mejores jugadores. Si no le hablamos de su físico y sí de sus virtudes y mejores jugadas, nuestro contertulio, probablemente imagine a un tipo fuerte, temible, alto... Proyecten su sorpresa cuando lo llevemos al Camp Nou y vea a un tipo bajito y con cara aniñada. ¿Qué impide hacer eso con Teoclés?
Esto podría llevar a generar una falsa y muy aprovechable a niveles de tensión, de seguridad en Crixo y Espartaco, cuando vieran a un individuo normal y con dos espadas, que se va a medir a dos gladiadores muy reputados, que luchan en su terreno. Esto acenturaría la tentación de abandonar el trabajo en equipo que les ordenó Doctore, tal y como el Teoclés que aquí dibujamos desearía, iniciando una sistemática y eficaz serie de golpes que fuera diezmando a los dos gallitos que empiezan a estorbarse, ante la mirada atónita de sus patronos, entrenadores, amantes, amigos y rivales.
La resolución podría ser muy parecida a la efectuada en el verdadero episodio, pero con más épica, las nubes podían empezar a asomar en la asfixiada Capua, mientras que Crixo y Espartaco, magullados, abucehados y siguiendo totalmente el juego a su contrincante, al fin comprenden que tienen que colaborar, produciéndose una fortísima lesión de Crixo, aunque Teoclés al fin comete un terrible error al centrarse en el galo (a quien considera el peor de los dos, por lo que le han comentado) y da la oportunidad de Espartaco de herirlo por primera vez.
Ahora, dando al fin épica al asunto, sería el tracio quien está en desventaja (al igual que en "La amenaza fantasma", dos héroes contra un villano, por mucho doble láser que tenga, no es muy equilibrado), a pesar de haber tocado al fin a Teoclés, éste tiene dos armas contra la suya, aunque logra adivinar en el brazo donde le ha herido el punto débil, saltando de forma suicida contra él y acabando con su victoriosa carrera. Sería el momento de la lluvia y la deificación de Espartaco de apestado del ludus a nueva estrella, por encima del magullado Crixo, injustamente olvidado en los laureles de la victoria, tal y como atinadamente siembran los guionistas cara a nuevas entregas.


El último retoque que me atrevería a sugerir es la satisfacción de Doctore ante la muerte de quien fuera su vencedor. Tanto él, como el público de Capua, deberían mostrarse como extrañamente conmovidos, por un lado aplauden a su nuevo campeón, pero en el caso de Doctore, debía quedar cierto regusto amargo de venganza servida en frío... y la sensación de que los tiempos han cambiado, que las cicatrices que le había dejado Teoclés eran algo que ya prácticamente había hecho suyo.
Bajo mi muy humilde prisma, los guionistas, que tan bien han llevado toda la trama, han caído en al tentación de centrarse con el vencedor, cuando en el drama de aquellos hombres que luchaban para la diversión de otros, pocos lados hay más absorbentes y fascinantes que los perdedores, los ídolos caídos...

domingo, 5 de febrero de 2012

SECRETOS Y MENTIRAS DEL EROTISMO


Como muchos otros lectores, la noticia de que se iba a hacer una mini-saga de cómics sobre la familia Borgia (italianización del verdadero nombre del clan, Borja, de origen valenciano), me causó un gran interés y curiosidad por cómo se iba a abordar uno de los episodios más polémicos, oscuros y fascinantes del Renacimiento. El clan que hace a muchos aún proclamar que no se ha vuelto a nombrar un Papa español por el recuerdo envenenado que dejaron Alejandro VI y su prole.
El tándem que se iba a encargar de hacer la recreación podía generar cualquier expectación, salvo la de la indiferencia. Alejandro Jodorowsky, personalidad excéntrica y heterodoxa donde las haya, se encargaba del guión, que arranca desde el nombramiento de Rodrigo Borgia como Papa, hasta la última aventura de su hijo César en Navarra.
El dibujante elegido para dicha trama no podía ser también más famoso dentro del mundillo. Milo Manara, indudablemente, uno de los lápices más elegantes de Europa, reconocido maestro del cómic erótico durante las últimas décadas. El cóctel locuras geniales de Jodorowsky, los lápices desinhibidos de Manara y los Borgia como símbolo de lo mejor y de lo peor de una época única, parecía ser un combinado demoledor que funcionaría a niveles de crítica y público. De cualquier modo, mis impresiones tras leer la obra no han podido ser más desfavorables, aunque me gustaría intentar mostrar el por qué de mi tibieza ante la supuesta provocación que esconde la tetrarquía: "Sangre para el Papa", "El poder y el incesto", "El veneno y la hoguera" y "Todo es vanidad".
La primera sensación que tienes al ver la atmósfera corrompida de la Roma de los últimos días de Inocencio VIII, junto con las delicadas portadas de Manara, es que te vas a encontrar ante un gran cómic, un relato de los que se recuerdan. También, si no miras los diálogos, y pasas muy rápido sus páginas, esta saga de los Borgia podría engañarte y parecerte que estás ante una verdadera joya. El problema es cuando empiezas a leer, dándote cuenta de que el magnífico prólogo de Antoni Guiral presentando a los autores y la sociedad de finales del siglo XV, es lo único que se va a acercar a la verosimilitud...
Jodorowsky ha sido elogiado en este cómic por narrar una ácida crítica contra la Iglesia de Roma en aquella época donde el pontífice no distaba en lo absoluto de otros reyes europeos, incluyendo entre otros rasgos, la proliferación de amantes, corrupción, simonía, bastardos por doquier... No obstante, un análisis profundo podría llevarnos a pensar que la supuesta disección del psico-mago es verdaderamente superficial. Estruendosa, la trama comete el error pugilístico de quemar sus argumentos más poderosos en los primeros momentos del combate. El desfile de perversiones, incestos y "cafradas" de los Borgia y sus rivales deja tan saciado en las primeras páginas que da la impresión de que nada, absolutamente nada de lo que se vea a continuación, generará otra cosa que lógica con lo que se ha mostrado.
Jodorowsky se limita a componer un cuadro de malos malísimos y no se entienden ni motivaciones ni causas de por qué de tanta ambición ni sed de gloria. Parece que el ascenso de Rodrigo es una excusa para iniciar un viaje de excesos donde César Borgia parece convencido de poder conquistar Italia a base de polvos, con Nicolás Maquiavelo convertido en una "cheerleader" de su causa, en lugar del astuto político florentino que fue. Juan Borgia, el otro hijo predilecto del clan y eterno rival de César por los afectos de su progenitor, es retratado como una reinona peligrosa, una verdadera locaza al borde de un ataque de nervios, que nos hace cuestionar si Alejandro VI estaba en sus cabales, no por su incestuoso comportamiento, sino por concebir siquiera que esos energúmenos pudieran hacer una misión medianamente bien en vez de dedicarse a violar, sodomizar y mirarse fijamente en el espejo hablando solos. Mortadelo y Filemón tendrían más posibilidades de llevar a buen puerto la empresa, ya que en algunas ocasiones se han mostrado eficaces.
Podría verse uno tentado de pensar que tal vez en las escenas de alcoba uno por lo menos podría encontrar lo mejor del cómic, pero ni siquiera. La que podría haber sido una de las mejores creaciones de Manara, Lucrecia, queda reducida a una mujer soez y extraña, a la que ni se comprende ni interesa, cuya frase más ingeniosa durante los cuatro números es que el destino de Italia está entre sus piernas. No queda nada del refinamiento ni del ingenio, ni siquiera un mero intento en los primeros compases de invitarte a pensar que esta dinastía tiene algunos elementos normales, comunes o incluso positivos, antes de que la ponzoña te asalte, generando al fin alguna sorpresa. No hay ni evolución ni corrupción, ya que desde niña, los autores demuestran que tiene respuestas dignas de Calígula y los modales que la convertirían en la concursante ideal de un reality show.
Escenas como la entrevista entre el Duque de Valentino y Leonardo da Vinci te hacen verte tentado de pensar que aún hay salvación, que hasta ese momento has estado leyendo una broma tras otra, que los dos autores no se han tomado en ningún momento en serio y que el desfile de sangre y sexo (parece en principio fascinante, pero el mérito enorme de esta tetrarquía es conseguir hacerlo previsible y aburrido), es simplemente eso, que por lo menos está la vergüenza torera de no haberlo tomado el proyecto en serio. Desgraciadamente, el cuarto número, "Todo es vanidad", cuyo mejor acierto es el título, confirma las peores expectativas.
Tras haber dedicado tres números a explotar todas las posibles enfermedades mentales y sexuales que contraen Sforza, Orsini y Borgia, Jodorowsky concibe la genialidad de resumir el momento más interesante, el ascenso de César al poder como condotiero, en un flashback donde el siniestro sicario Micheletto habla con su anciana madre (porque sí, hasta los asesinos más despreciables quieren a sus madres y van a merendar con ellos cuando no tienen que descuartizar a alguien).
Las incorrecciones cronológicas e históricas son apenas la punta del iceberg, en mi modesta opinión, de este verdadero traje del emperador, cuyas flamantes portadas y puesta en escena, te tientan a pensar que no, que tú andas equivocado y que eres incapaz de entender una reflexión maravillosa sobre el poder, lo malsano y la gloria.
Pero tranquilos, luego uno se re-lee cualquier parte al azar y vuelve a caer en la cuenta que Jodorowsky y Manara han tenido muchos días mejores. Demasiada poca historia para resultar creíble, excesivamente chabacana para ser erótica y empeñada en escandalizar repitiendo una y otra vez los mismos recursos.

domingo, 29 de enero de 2012

UN ARTE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

De un tiempo a esta parte, parece que el arte de la conversación fuera un disfraz atávico que ya no encajaría en ninguna fiesta de disfraces. El sosegado ritmo que conlleva esta destreza, la capacidad de escuchar e interpretar, suenan a una suave balada clásica que tuviera que intentar hacerse hueco en una tienda de discos donde suena música heavy a todo volumen.
No obstante, aún hay individuos que practican este arte. Uno de los más hábiles es, sin duda, Woody Allen. El genial cineasta, puede ser el tipo de persona, para quienes tengan el placer de conocerlo, que hace buena la expresión, "se merece un café". Es decir, que uno se puede divertir, aprender y disfrutar de un rato de su compañía, de su charla.
Visto que es poco probable que podamos invitarle esta tarde de domingo a un té y unas pastas, Eric Lax nos ofrece una vía de consolación que no está nada mal. Durante años, este periodista ha tenido encuentros con el creador de Manhattan, viendo la evolución de este artista, año tras años. Lax y Allen han pasado por casi todos los temas, desde los cinematográficos, pasando por los literarios, musicales (no olvidemos su pasión por el jazz) a los más personales (sus relaciones sentimentales con las actrices Mia Farrow y Diane Keaton, sin ir más lejos).
El presente libro, fácil de encontrar en cualquier librería especializada, es el mejor homenaje posible a este director que ha recibido varias nominaciones por su maravillosa "Midnight in Paris". Una conclusión que uno saca tras devorar sus páginas, es que, efectivamente, Allen casi nunca deja del todo desconectada la cabeza, urdiendo nuevas tramas y, explicando porque es uno de los pocos personajes de la industria que se atreve con el considerable reto de hacer un film anual, para goce de sus seguidores en todo el globo, aunque quizás, como nadie es profeta en su tierra, aunque respetado por la crítica, nunca ha gozado de un fuerte seguimiento popular en los Estados Unidos.


Intro-vertido, sagaz, excéntrico, divertido, agobiado y agobiante... Muchos son los adjetivos que se pueden utilizar con el entrevistado, pudiendo solamente reprochar a la minuciosa labor de Lax, que algunos temas inevitablemente se repiten durante las sesiones que tuvieron a lo largo de diferentes momentos de la vida del cineasta. Con todo, los incondicionales del tipo que ha enseñado a amar New York y perdonarle esa clase pseudo intelectual que la rodea, están de enhorabuena con la re-edición de este compendio de piezas sueltas que van a ayudarles a reconstruir mejor el rompe-cabezas del discípulo aventajado de Groucho Marx.
En una era tan acelerada, donde más de uno juega al ajedrez (en su vertiente más torpe) en redes sociales apresuradas y donde la superficialidad es la tónica imperante, Woody es el último exponente de la Vieja Escuela... El mejor artesano, de un arte en peligro de extinción pero que aún alcanza muy altas cotas cuando le dan un lienzo y un interlocutor atento, como es el caso de Lax.

domingo, 22 de enero de 2012

EL MEJOR CINE EN LA CAJA TONTA

Recientemente, Álex de la Iglesia afirmó que, aunque dijera poco de él, últimamente, para él, una de las mejores noticias era la televisión. Ciertamente, teniendo en cuenta el panorama actual, dicha afirmación podría, cuanto menos, ser cuestionada. No es precisamente caviar todo lo que flota por la caja tonta, sin embargo, es cierto que en materia de ficción televisiva, pocas veces hemos asistido a una época tan fecunda y creativa.
Un ejemplo perfecto lo encontramos en la HBO, la prestigiosa cadena a la que le debemos, entre otras, "Los Soprano", "The Wire" o "Juego de Tronos". Ahora, Terence Winter y su equipo nos traen "Boardwalk Empire", una reflexión sobre los días de la Ley Seca en Atlantic City.
Como demostración de todo lo dicho, tengamos en cuenta un dato simple, un hecho que ya nos habla de cómo de en serio se están tomando las productoras la presentación de este tipo de empresas. Martin Scorsese, el legendario director y padre creativo de algunas de las mejores películas de cine negro, se encargó de dirigir el primer capítulo, el piloto que debía encadilar al público. Con su eficiencia habitual, Martin presenta a todos los personajes importantes, un tesorero de doble moral que prospera en Atlantic City y obliga a los gángsters a pagarle dinero por otorgarles el privilegio de poder operar en su zona, mientras, jóvenes supervivientes de la Gran Guerra vuelven a su ciudad para verse escupidos y ninguneados, acercándose lenta pero inexorablemente al otro lado de la ley...
Desde el poderoso opening, la serie atrapa, desde el primer monólogo a cargo de Steve Buscemi y la metáfora elocuente de las ratas, nos metemos en una montaña rusa que nos hace cruzar los dedos porque futuras temporadas no pierdan la frescura y podamos seguir gozando de una de las mejores noticias recientes dentro de este invento capaz de dar lo peor y lo mejor.
Buscemi es solamente la punta del iceberg y alma de un programa con un reparto joven y prometedor, donde el veterano actor nos aporta la sapiencia y liderazgo necesario para contar ese mundo oscuro donde un joven inculto, temperamental y violento llamado Al Capone está destinado a hacer mucho ruido y a auparse en un marco increíble de desolación.



Igual que en "The Wire", hay una disección de las clases privilegiadas y las élites ciudadanas, la sed de poder y los extraños compañeros de cama que conllevan. De la misma forma, en dichos lechos pasarán chicas preciosas, las típicas y exuberantes goomar dispuestas a aceptar a sus primitivos queridos a cambio del lujoso ritmo de vida. Pero, tanto Scorsese como sus brillantes sucesores en la dirección de episodios, también muestran otra clase de mujeres, estamos en la década de los 20 y hay señores que sí saben que la Sociedad de Naciones no es una marca de cosméticos y que hablan de sufragios y sus derechos.
Con la reciente edición de la primera temporada en DVD y Blu-Ray, los amantes del género estamos de enhorabuena, también por los extras incluidos. Steve Buscemi se merecía este papel protagonista que tan bien aprovecha, mientras que el público ya demandaba otro acercamiento al film noir al estilo de las dos grandes, "The Wire" y "Los Soprano".
A veces la tele de calidad existe y, la HBO (que también tiene sus defectos) es su profeta.

domingo, 15 de enero de 2012

EJERCICIO DE INGENIERÍA: CRISIS EN TIERRAS INFINITAS

Si alguno es asiduo a la magnífica serie "Big Bang Theory", tal vez se fijase en que uno de sus mejores personajes, el brillante joven físico Sheldon Cooper, cuando está exponiendo ante unos alumnos universitarios la teoría de cuerdas de la que este brillante freak ha hecho su leit motiv en la Facultad, se ampara en sus investigaciones y "En la teoría de los multiversos de DC".
No tanto para el público español, esta cita es de fácil reconocimiento por parte de los comiqueros estadounidenses. Tanto Sheldon como sus compañeros son fanáticos del mundo de las viñetas, lo cual incluye DC Cómics y, entre su catálogo, una famosa saga de mediados de los años 80 de la centuria pasada.
En aquella decena larga de números, un inspirado guionista, Marv Wolfman y uno de los mejores dibujantes de siempre, George Pérez, montaron a la editorial en una montaña rusa muy arriesgada llamada "Crisis en tierras infinitas". Como resultado, no solamente para los personajes de Big Bang, muchos comparten el criterio de que estamos ante una verdadera obra maestra del género de súper-héroes. Sirva de ejemplo la portada que incluimos de "Los Simpson", pardiando una de las más famosas de Pérez (además, una gran ventaja es que así ahorramos un terrible spoiler a los que no lo hayan leído aún, ya que se trata de la muerte de uno de los protagonistas más importantes del relato).

El quid de la cuestión era que la editorial de Batman, Superman, Wonder Woman y un largo y distinguido cía, tenía tal cantidad de versiones de sus personajes que todo era un verdadero caos donde el mismo héroe se comportaba de maneras muy diferentes. Además, existían muchas incongruencias desde sus primeros días en la Edad de Plata hasta llegar a aquellos años.
Lógicamente, este fenómeno ha pasado muchas veces, el Tintín de los soviets (afortunadamente) era muy distinto al que finalmente Hergé consolidó, de la misma forma que Mortadelo y Filemón han cambiado de residencia y lugar de trabajo a lo largo de las diferentes versiones que Ibáñez ha ido actualizando, explicando en varios casos... y dejando correr el velo de complicidad de los lectores cuando ha sido necesario modificar ciertos detalles del pasado de sus criaturas, desde su indumentaria al cómo se conocieron.
No obstante, Wolfman estaba en la posición ideal de alguien que había sido un verdadero ratón de viñetas que devoraba todo cuanto caía en sus manos, por lo que pensaba que debía haber una explicación fantástica para aquel fenómeno. Suele ocurrir que los aficionados a una obra de ficción tengan más apego por la continuidad que los propios creadores originales, quienes, más allá de hacer un honesto trabajo que les proporcione rentabilidad, no se obsesionan por esos detalles que quizás te hayas perdido.
Con una saga de proporciones épicas, Wolfman hizo girar alrededor de la cósmica figura de "El Monitor", una idea de re-orientación y ordenación de las diferentes creaciones de DC, amparándose en un concepto de la Edad de Plata, Tierra 1, Tierra 2... Usando la teoría de cuerdas de Sheldon, existían diferentes versiones del globo terráqueo y podían, en determinado momento, llegar a unirse por una amenza impresionante, lo cual generaría infinidad de conflictos. Semejante concepto, tan atractivo, exigía un dibujante con la paciencia de Ulises y la habilidad de Miguel Ángel, pues solamente Pérez sabrá cómo logró cumplir los plazos de entrega y trabajar con tantos héroes, villanos, robots, alienígenas y seres cósmicos al estilo Galactus...

La saga, que ha sido muchas veces re-editada (aunque aquí destacamos la portada de las más reciente edición de lujo del mismo), es una verdadera maravilla por la que los años no parecen haber sido excesivamente crueles, más bien al contrario.
Todo se trata de una impresionante obra de ingeniería argumental, dibujada con la velocidad de Flash (como ven los pacientes lectores/as, Sheldon me está poseyendo por momentos en esta entrada) y que solamente tiene un grave pero para disfrutarla como la pieza maestra que es. Obviamente, igual que la magnífica "El invierno del dibujante", exigía estar versado en los comienzos de Bruguera, esta cumbre de la ciencia ficción de DC, es solamente apta para las personas que se criaron con tipos que volaban, justicieros nocturnos y que pensaban que no pasaba nada porque un detective marciano pusiera su agencia en una de tantas ciudades norteamericanas (aún nadie ha planteado que seres de otro mundo desembarquen en Irán).
Más allá de ese condicionante, una montaña rusa de las que dejan huella, de la mano de una pareja creativa impresionante.

domingo, 8 de enero de 2012

FALLECE EL MAESTRO DE ESGRIMA

La actualidad de esta semana ha traído la triste noticia del fallecimiento de Bob Anderson, el célebre maestro de esgrima y director de coreografías de duelos de espada que han hecho las delicias de los espectadores de todo el globo.
Anderson ha tenido una de las trayectorias más prolíficas en su campo, baste decir que estamos ante un caballero que determinó los movimientos del mítico Errol Flynn y llegó hasta las villanías de Darth Vader, pasando por "El Señor de los Anillos".




A nivel nacional, no podemos dejar de recordar su gran aportación a los duelos de espadachines de "Alatriste", dirigida por Agustín Díaz Yanes, adaptación de las famosas novelas de Arturo Pérez Reverte.
Allí, Anderson dejó su estilo más espectacular apartado, para beneficio de la coherencia de la Historia, haciendo unos manejos muy reales y consecuentes, verdaderas riñas callejeras, vizcaína en mano, para el Madrid turbulento de la primera mitad del siglo XVII.
Recomendado por actores de la reputación de Viggo Mortensen, Anderson ha sido una constante en las cintas de acción que involucraban este tipo de armas. Si hoy en día para las bandas sonoras, uno de los primeros nombres que nos suena a todos es Hans Zimmer, Anderson era una constante a la hora de garantizar aventuras de capa y espada.
Solamente nos resta mostrar agradecimientos al maestro.

domingo, 1 de enero de 2012

EL BAILE CARMESÍ

En primer lugar, desear como es de recibo a todos los amigos lectores/as del blog, una feliz entrada de 2012, que disfruten al máximo de los últimos días de vacaciones y haya prosperidad, especialmente en el terreno de la salud.
Como para arrancar este curso tocaba libro, quería escribir sobre una de las últimas novelas que me ha causado un fuerte impacto en el ya pasado 2011, "Tormenta de espadas", de George R.R.Martin.
En realidad, sería de recibo hablar de "Choque de Reyes", la secuela inmediata de "Juego de Tronos", que ya comentamos en Amarcord, pero varios motivos impulsan a centrarme en la tercera entrega. Un factor nada desdeseñable, es que de momento y hasta que la prosa del heredero de Tolkien me diga lo contrario, es lo mejor dentro de la macro-saga que es Canción de Hielo y Fuego, uno de los mejores ejercicios de novela río dentro de la literatura fantástica de los últimos años.
Otro punto de la ecuación es que, aunque buen libro, desde mi modesto punto de vista, "Choque de reyes" es la encargada de sentar los cimientos para que la tercera entrega sea tan espectacular, donde los capítulos prácticamente se devoran, pese a su notable extensión de páginas. La segunda entrega es un poco más densa, debido a que tiene que introducir nuevos personajes de las Casas Baratheon, Frey y un amplio etceterá, así como profundizar en las desventuras de más allá del Muro. Esto provoca que cuando se inicia esta verdadera danza lluviosa de duelos armados, los lectores conozcan a la perfección cuáles son las motivaciones de los personajes y por qué actúan cómo lo hacen, yendo la narración a un ritmo muy alto, con batallas memorables, intrigas palaciegas y algunos diálogos espléndidos (mención especial a Catelyn Stark y Jaime Lannister).


Por supuesto, pese al eterno savoir faire de Martin, estamos ante un relato con defectos, porque todos los tienen, incluso los de mejores. Sin entrar en territorio de spoilers, decir que determinados personajes, especialmente los jóvenes cachorros Stark, tienen en algunos momentos reacciones demasiado maduras, impropias de muchachos de su edad. Creo que en la estupenda adaptación de la HBO, se han percatado de eso y han colocado en algunos casos mayor edad en dichos protagonistas.
Por lo demás, estamos ante una verdadera alegría para los amantes del género. El fantástico universo del "Señor de los anillos" encuentra aquí una interesante evolución, una manera de respetar las reglas-Tokien y de quebrarlas, con la aparentemente sencilla pero genial fórmula de: Es un marco fantástico como la Tierra Media, pero los personajes son verdaderos hijos de... saben lo que viene a continuación, "de su tiempo", obviamente.
Todo ello aderezado por la gran inteligencia del autor, quien conoce a la perfección muchos momentos históricos (es inevitable no encontrar referencias a "La Guerra de las Dos Rosas" o a la confabulaciones de los Borgias en algunos momentos, entre muchas otras cosas), creando de paso personajes tan memorables como Tyrion Lannister, Ned Stark, El Perro, Stannis, Cersei...
Que no para la música en esta danza sangrienta donde los hobbits conocen a "El Padrino".
Nuevamente, feliz 2012.