martes, 22 de junio de 2010

AÑO UNO





En su absolutamente recomendable obra "Batman: el resto es silencio", David Hernando consideraba que era la historia a la que no hacía falta ni una nota a pie de página. Repetida hasta la sociedad, la fórmula del year one, que incluso la propia industria del cine está intentando copiar, nunca han conseguido los aspirantes desbancar el campeón. La mítica propuesta concebida por Frank Miller sigue erigiéndose poderosa. Puede presumir de ser la fuente que más ha consumido Nolan para a revalorizada saga de El Murciélago.

Apareció publicada entre 1.986 1.987, en la colección regular del emblemático personaje de DC. Como fuere, incluso los lectores menos habituales debieron sospechar que algo raro había, a pocos pudo sorprenderles el hecho de que se recopilase casi de inmediato en tomos de prestigio. ¿Qué tenía aquella gallina de los huevos de oro? En primer lugar, afirmar que gozó del excelente dibujo de David Mazzuchelli. De fino trazo preciosista, como demostró en Daredevil, además, trasmite una sensación de decadencia que se acopla como anillo al dedo a un Miller en estado de gracia, demostando y creando mitos a su antojo.

Cansado de un icono que iba dando tumbos y palos de ciego, Miller recordaba a un héroe muy distinto, mucho más siniestro. El sensacional guionista no dejaba de atender a una gran paradoja: siendo crío había visto una historia de Batman en los grandes almacenes y sintió miedo de sus sombras. Ahora, el guionista empezaba a ser más viejo que Bruce Wayne... que además ya no daba miedo. Y la gente inteligente, cuando ve algo que no le gusta, lo remedia.

Sorprende la redimensión de Batman desde la base. Lejos del súper-héroe, Miller humaniza las mallas y muestra a un muchacho joven, inteligente y al que le queda mucho por aprender para canalizar toda la energía que lleva acumulada desde el frustrante asesinato de sus progenitores. Sin rumbo, Wayne se meterá en barrios propios de Taxi Driver, donde recibirá más de una sorpresa desagradable.

Quedaba claro que ibamos a asistir a una necesaria reorientación de la criatura de Bob Kane, algo que le hiciera atractivo a los ojos de sus contemporáneos lectores y que no desanimase a los viejos. Desde el primer momento, la narración presenta la ventaja de una estructura en paralelo, narrando también la llegada de Jim Gordon, un joven policía de Chicago que no sabe a la corrupción que tendrá delante, destacando su compañero Flash y acabando por el comisario Loeb, dos tipos encantados de conocerse a sí mismos y poner la mano. Éste no es el Gordon mayorcete que conocíamos, es un tipo activo, con buena pericia detectivesca y que además es un tipo resolutivo, no el que ladra las órdenes desde despacho.

Al estilo de lo que Ridley Scott hizo en "American Gangsters", los dos actores caminan en paralelo hasta que el escenario les reúne. Gordon no puede limpiar -y mucho menos sobrevivir- en su Departamento sin un apoyo externo. Por su lado, Wayne -que logra encontrar en la simbología del murciélago la causa de su guerra- solamente conseguirá acabar asesinado en un tugurio con un balazo en la espalda si se sigue postulando como un joven rebelde sin causa al que únicamente aguanta su mayordomo.

Este plot bastaría para considerar la saga como una buena aventura, pero Miller, valiéndose de un artista plástico en estado de gracia, introduce elementos que parecen más propios del cine de Scorsese o Coppola. Gordon vive situaciones muy reales, destacando problemas matrimoniales que son perfectamente simbolizados por Mazzuchelli en las escenas domésticas. Otros secundarios, como Selina, muestran una ciudad verdaderamente real, se acabó la Gotham grotesca, ahora estamos en una gran urbe donde nadie se preocupa por el prójimo.

Aunque no hay propiamente un villano (la frontera entre policía y mafia es muy difusa), destacar entre los antagonistas la trama criminal de Carmine "El Romano" Falcone, especie de "El Padrino" que se ha acostumbrado a gobernar a la manera imperial a sus tutorados. Pero ahora, se han topado con alguien que no les tiene miedo y lo que es peor... que provoca el pánico de sus lacayos.

La montaña rusa de "Batman: Year One" fue una inyección de sensaciones adultas a un cómic que llevaba aún demasiado tiempo arrastando los efectos camp de la serie de televisión de los años 70. Además, ha sido una influencia muy destacada, aunque entre sus herederos, pocos han tenido la sutileza de Jeph Loeb y Tim Sale, ya que El largo Halloween y Dark Victory son primos-hermanos de este presente trabajo. Miller vio catapultada su fama, aunque creo que la labor del dibujante ha sido tradicionalmente subestimada.

En definitiva un trabajo extraordinario, con buenos diálogos y, para los amantes de la acción, con escenas tan míticas como la persecución del héroe a manos de los SWAT, donde Mazzuchelli saca lo mejor de sí. Una obra maestra que jamás peca de pretenciosa y que marcó un antes y un después en el medio.

Por si fuera poco aliciente, al final de la trama principal (que no diremos como se resuelve), un misterioso Joker es enviado como reto a las autoridades... ustedes saben como sigue la leyenda, entonces.

Absolutamente recomendable.

lunes, 14 de junio de 2010

¿ÓPERA GALA?



Norman Spinrad es un escritor peculiar, lo ha sido desde siempre. Versado en la ciencia ficción, es especialmente recordado por un polémico libro donde se mezclaba el género fantástico con un recordatorio de los peligros del nazismo.

Pese a ello, igual que varios autores, parece haberse subido últimamente al lucrativo carro de la novela histórica. Precisamente la obra que hoy nos ocupa, "El Rey Druida", apareció publicada en el 2.004 y (aún no la he leído), al parecer, Mexica, donde narra con su heterodoxo estilo las desventuras de Cortés y los suyos con el mundo azteca.

Muy entretenida y casi me atrevería a decir que orientada a un público juvenil, "El Rey Druida" (que está muy ligada a la irregular película "Druidas" en la que el escritor participó) narra desde un punto de vista mitológico y aventurero el enfrentamiento de Vercingetórix de los avernos frente al procónsul romano Cayo Julio César. Se sabe que fue el último (y me atrevería a decir que más peligroso) de los caudillos galos que se alzaron contra él. A diferencia de otros como Ambiorix o los helvecios el joven averno logró el vital apoyo de los druidas, los custodios de la sabiduría y la religión celta, que lograron unificar el alzamiento, erigiéndose él en el nuevo monarca de a Galia, algo que no sucedía desde los días de Breno .

Hay una buena parte de verdad en eso. Del mismo modo, por los Comentarios del propio César (aunque hoy en día ya sabemos que fue en muchos casos ayudado por colaboradores fieles como Aulo Hircio) se demuestra que Vercingetórix había servido como oficial de caballería para los romanos, que conocía la estrategia de las legiones y cuya táctica de la tierra quemada provocó una de las causas más comprometidas del futuro dictador de Roma, obligándole a un paso heroico por los Alpes. En base a ello, Spinrad construye a su antojo, cometiendo varios errores de bulto, pero, a la par, pasajes de gran intensidad épica y bello lirismo.

Se producen incorrecciones con alimentos de la época, se dice que César hace una breve visita a Calpurnia en una estación de invierno (algo a todas luces imposible, a no ser que hubiera querido que sus enemigos del Senado le empapelasen por cruzar el pomerium sin permiso) y, por supuesto, personajes femeninos como Mara (futura esposa del averno) y Rhía (guerrera gala) son absolutamente inventados. La trágica muerte de sus progenitores sí son veraces (solamente documentada la de Cetil, eso si) así como su causa, haber ambicionado la Corona de los galos, como por otra parte en aquella época ya hicieron Dumnórix, Orgetórix, etc.

A partir de ahí surgen personajes por todos conocidos, mal contextualizados si se quiere,pero, indudablemente, entretenidos. Especial mención a Julio César, que dista mucho de ser "el malo" de la puesta en escena. Capaz de las atrocidades más innombrables (masacre en Avarico) y de la más viva simpatía. Su discurso de la romanización y sus virtudes es impecable y hasta cierto sentido, no podemos culparle teniendo en cuenta sus capaciades, de querer eliminar sus deudas con Craso y cía y tomar las riendas para erigirse en el gran político del Estado. Pero tiene un reverso terrible y Spinrad sabe verlo, se puede equivocar en mil cosas y simplificar la geografía de la Galia, pero coloca un atínadísimo diálogo. "Estás loco" CÉSAR: "Al contrario, créeme si te digo que soy la persona más cuerda que conozco. Pero el horror es un arma muy importante en una guerra". Del mismo modo, es el primero en frenar una carnicería si piensa que la batalla está ganado. Lo que aterra de él es que nunca actúa sin pensar y todo, desde lo despreciable a lo sublime, obedece a un objetivo.

Más polémica sería la conaniana educación del averno entre druidas, con especial mención a Gutuart y a estrellas cayendo y presagios muy sugestivos. El papel de los eduos (Dumnórix, Diviax, Litivac, etc) es de la misma forma simplificado, a la par que su participación en Gergovia, la más dolorosa derrota de César en la tierra de Astérix. Con todo, es interesante el fuerte dilema del prometedor líder, que debe ser capaz de convencer a sus lugartenientes de que deben ganar esa batalla "a la romana"... aunque sea con el precio del honor.

En el bando cesariano, sobresale la figura de Gisto. De los personajes ficticios, es sin duda el más plausible (Oránix tampoco está mal, pero es más plano, o el interesante capitán averno). Espía de César en territorio galo, plebeyo, con un cínico sentido del humor a la romana y sin escrúpulos, es el reverso que el optimismo de César necesita para que le digan lo que no desea oír sin temor a represalias. Reconozco que yo le hubiera dado más bola a Gisto (le hubiera inventado un pasado de centurión en Hispania y hubiera dicho que conoció al Julio a través de una recomendación de Balbo, incomprensiblemente no citado en la obra, del mismo modo que añoró a Mamurra aunque me guste Gallo), pero su tiempo en escena es soberbio y sus momentos con César impagables. Por ejemplo: César ultimando su narración del triunfo sobre Ariovisto, aparece Gisto, "Buen escrito. ¿Has pensado ya en el próximo libro? ¿Qué te parece Cayo Julio César: rey de Roma?"

El libro va ganando con el nudo cuando César y Vercingetórix se conozcan. Es más que probable que no fuera ni mucho menos la relación paterno-filial que presenta Spinrad, pero tampoco vemos demasiados inconvenientes en no negar que el patricio viera en él aptitudes muy superiores a su tío Golbánit para ser la cabeza visible de los avernos. La ruptura en Britania supondrá que el galo se vea como desesperado líder de la resistencia. Una tarea que acabará con su cuerpo ensartado en un pilum... salvo que haya "magia de druidas".

Con algún germano de por medio, el pulso de los dos estrategas hace que la lectura se pase veloz por momentos, a pesar de no haber descripciones a la altura de las que, sin ir más lejos, brinda Colleen McCullough, Spinrad cumple presentando situaciones al límite y sube al lector/a en una atracción de acero, romances y violencia de la que es complicado escapar. Lástima que la caracterización de Trebonio, Antonio o los hijos de Craso apenas sea un boceto. El único que se ha salvado de la quema (junto a Gisto y Tulio) es Tito Labieno, el eficaz y valeroso comandante de caballería de César. Labieno es presentado como un militar muy hábil, leal pero desconfiado ante las muchas aristas de César... en definitiva, muy bien hecho, lástima que no haya hecho hincapié en su traición posterior o en la tendencia al salvajismo de dicho militar.

La irrepetible batalla de Alesia es expesada como la metáfora de dos mundos y la última "magia" de Vercingtorix antes de que la Gran Rueda gire. Podemos dudar mucho de que la derrota fue tan dulce, pero no cabe ninguna duda de lo que el autor quiere expresar y resulta tarea ardua no motivarse ante el epílogo presentado.

En definitiva, una novela de aventuras con unas muy escasas cucharadas de Hisoria. Para ahorrarse ampollas imaginen que les han invitado al palco... esta noche representa una compañía italo-francesa el drama "El rey averno". Se ha adaptado la conquista de las Galias al género de la farsa a la enésima potencia. Así se ahorra uno disgustos y desengaños, disfrutando solamente de lo mucho bueno que ofrece.

A los fascinados por este mundo céltico frente al romano, recomendarles otro libro vincuado aunque distinto, con más sentido del humor que épica, "El Druida del César" de Clade Cueni, un muy buen relato que muestra cómo es escrita la historia por los vencedores. Muy bien escrito, mejor documentado que el de Spinrad, quizás menos emotivo, a pesar de sus polémicas (no se entiende por qué trata las mentiras de César de una manera y las de Cicerón de otra), una historia que a buen seguro gustará a los fascinados en el tema.

BLOGS CONSULTADOS Y QUE ADEMÁS PUEDEN INTERESAR MUCHO POR SUS CRÍTICAS A DICHO LIBRO:

www.hislibris.com/el-rey-druida-norman-spinrad

www.lecturalia.com/libro/30849/el-rey-druida

sábado, 12 de junio de 2010

TIRO DESVIADO

Título: Robin Hood.

Duración: 140 minutos.


Director: Ridley Scott.


Guión: Brian Helgeland, Ethan Reiff y Cyrus Voris.


Año: 2.010.


Nacionalidad: Estadounidense.


Reparto: Russell Crowe, Cate Blanchett, Max von Sydow, Mark Strong, Mathew Macfadiyen, Mark Addy, Danny Huston, Robert Pugh, Gerard McSorley, Eileen Atkins, Douglas Hodge...


Fotografía: John Mathieson.


Música: Marc Streitenfeld.



En principio, sonaba bien la ecuacion. Poco importaba la falta de rigor histórico, si siempre se señalarán las mil licencias de Gladiator, tampoco nadie puede negar su épica y que es probablemete el mejor peplum posible. Ridley Scott repetía protagonista y a buena fe, que hay pocos actores en la actualidad como Russell Crowe para encarnar al principal rol de un film de acción.



Coger el mito de Robin Hood ponía bastantes barreras. Si se tienen buenos fondos para decorado (esta película los tenía y ha recreado majestuosamente tanto los castillos medievales como la mística del bosque de Sherwood), es relativamente hacer una buena película. Lo complicado será ser original y darle un giro de tuerca. Sumándose a la moda (quizás excesiva) de hacer un Year One de todo, por parte de Hollywood, Scott sucumbe a revisarnos la gestación del héroe.



El guión que sus escritores le han preparado arranca bien, muy bien me atrevería a decir, incluso. Los menos familiarizados con la historia de Inglaterra se sorprenderán de la realidad del regreso de Ricardo Corazón de León de su polémica Cruzada, momento que Scott aprovecha para presentarnos a un Robin distinto. Un pobre diablo que sirve como arquero del ejército británico y que se gana la vida con su destreza y sus juegos trileros. Querrá la suerte que cuando esté a punto de ser castigado por haber tenido una opinión políticamente incorrecta (genial definición de lo que fue San Juan de Acre), la muerte de Ricardo le permita a él y un puñado de compinches volver con la Corona que habrá de heredar su querido hermano Juan Sin Tierra (un Oscar Isaac que cumple el objetivo de que queramos atizarle desde la primera escana, ay, simpre maltratando al pobre Juan en literatura y cine. Menos mal que gracias a Agora sabemos que Isaac puede ser mucho más agradable).



Con un tono desenfadado y apoyándose en el talento de Crowe y muy buenos secundarios, Robin y su panda lograrán mantener a farsa de que son caballeros ingleses de retorno a su tierra, aunque el temor a ser descubiertos sigue latente. Esto les lleva a Nottingham, donde la película, bajo mi modesta opinión, empieza a fallar, no hasta niveles malos, pero sí más tediosos que el tono aventurero a lo Indiana Jones que presentó el primer acto. Mark von Sydow encara a un viejo lord a quien Robin tiene que comunicar la mala noticia de que su hijo ha fallecido, devolviéndole su espada, para sorprenderse de inmediato ante la oferta del anciano. El sheriff, siguiendo los dictados del nuevo rey (Mathew Macfadiyen, desaprovechado), está exprimiendo en su casa, al estar solos él y su yerna, por supuesto, Marian (Cate Blanchett). Por ello, le ofrece un acuerdo "honorable", hacerse pasar por el hijo retornado (algo así como Martin Guerre II) y a cambio, se harán pocas preguntas del verdadero pasado de Robin y su séquito.


En este sentido, destacar a un buen Kevin Durand encarando a Little John que en vez de pelear con palos de madera en cauces del río, es otro de los veteranos del ejército de Ricardo. La cuadrilla está bien recreada, pero la camaradería y la lealtad podían haber sido menos forzadas. Teniendo en cuenta que muchos de ellos no se conocen, hubiera podido ser más viable (desde el punto de vista del argumento) que la unión se hubiera iniciado por otras dependencias (el miedo a ser delatados, que exijan que el trato a Robin sea extensible a ellos, etc). Conforme pasase el metraje, el espíritu de equipo quedaría menos alterado. Por el contrario, la devotio que le rinden a un Robin que se pierde día sí día también, no deja de ser tan emotiva como artificial.


Lo que aún se sigue intuyendo como una comedia desenfadada de capa y espada, choca con una trama secundaria potente pero no del todo bien llevada. Uno de los lugartenientes del rey (un Mark Strong que se está especializando en ser malo malísimo desde Sherlock Holmes), entra en relaciones con la Francia de Felipe Augusto. Espectaculares navíos con flor de lís y acento gabacho que hacen que los británicos hagan un poco las paces con Mel Gibson después de haberles derrotado tantas veces en la gran pantalla. Ahora pareciera que Scott hiciera una apología contra los galos, nos movemos en el marco angevino. En el lado de los "buenos" tenemos al veterano William Hurt y a la mítica Leonor de Aquitania (Eileen Atkins), que tratarán de que Juan haga algo más que montar a su nueva conquista (Lea Seydoux).



Robin y sus compinches (a los que incorporán al simpático Mark Addy, como el clásico padre Tuck) se verán involucrados en la lucha. En primer lugar decir que es lógico que cuando Strong y sus afrancesados compinches se meten en la refriega de impuestos, Robin y los suyos se vean obligados a plantar cara y defender a un pueblo desamparado de ley. Lo que sí me supuso una sensación rocambolesca fue el descubrimiento del padre del pícaro arquero y la famosa Carta Magna de los nobles a su monarca. Aquí la trama avanza a marchas forzadas y son las actuaciones las que mantienen cosas creíbles con otras directamente inverosímiles.

Con una fotografía preciosa y la buena mano del equipo creativo para las batallas en las elocuentes olas, Robin casi parecería una muy buena película si las secuencias se nos mostrasen de forma independiente. La lástima es que el hilo conductor flaquea, a mi parecer, los lores apuntan alto y su conspiración se esfuma y cuando vuelve a aparecer ya tenemos el liderazgo de Robin, aupado de la nada y sin que nadie objete. Una hermosa banda sonora (me ha llamado la atención de que no llamase a Zimmer, pero conste que Streitenfeld lo ha hecho muy bien) hace el resto. ¿Resiste esta epicidad no estar acompañada de palomitas?

La sensación que te deja ese final que debería ser el principio, es que hay muchas ideas buenas desperdiciadas, demasiados actores que merecían más y una trama amorosa que no llega a cuajar. A favor hay que hablar de la búsqueda de hacer una revisión del mito, una muy buena cinta alrededor del regalo... pero el resultado para tan maña inversión hace que te revuelvas demasiado de la butaca, algo malo pasa en una peli comercial cuando no te llegas a meter del todo.

O tal vez haya sido cosa mía, vayan ustedes a saber. De momento me limitaré a decir que Scott es un gran arquero, que acierta 9 de cada diez disparos...éste no era de los nuevos. A ver qué se saca del carcaj el genial cineasta la próxima vez.


miércoles, 2 de junio de 2010

Y TODO EMPEZÓ CON...



Título: The Big Bang Theory.

Género: Sitcom.

Duración: 20 minutos.

Creadores: Chuck Lorre y Bill Prady.

Producción ejecutivo: Chuck Lorre, Bill Prady y Lee Aronsohn.

Producción: Steve Molaro, Mike Collier y Faye Oshima Belyeu.

Reparto: Johny Galecki, Jim Parsons, Kaley Cuoco, Simon Helberg, Kunal Nayyar...

Misteriosamente, a pesar de todos los indicios que voy dejando, el blog no está muerto. Hoy nos ocupamos de un programa que en apenas tres temporadas está haciendo temblar los cimientos de lo pre-establecido, de lo políticamente correcto, una serie con una sensibilidad especial para tratar temas más serios de lo que parecen tras una sonrisa. De la mano de Chuck Lorre (responsable también de la divertida "Dos hombres y medio") y el genial Bill Prady viene un pelotón (no se asusten, por favor) de freaks...

Todo comienza con dos físicos, que pueden incluso llegar a ser gente divertida, Sheldon Lee Cooper (Jim Parsons, en una caracterización genial) y Leonard (John Galecki, para muchos, el eje de la serie, aunque Sheldon se lleve las carcajadas), ambos muy inteligentes, veinteañaeros... pero con muchas aristas que pulir en determinados aspectos de la vida. Especialmente Sheldon, una especie de Mozart de las Matemáticas, ha sido tan precoz en lo académico que en determinados roles sociales apenas pasaría de ser un niño sabihondo de sexto de primaria. Como iremos descubriendo conforme avancen los episodios, solamente tipos con las peculiares habilidades de Leonard pueden llegar a soportarle.

Como incluso las parejas de piso que hacen ecuaciones tienen amigos, nuestros protagonistas se codean con otros dos individuos que tal bailan, Howard Wolowitz (Simon Helberg), ingeniero judío de primer orden y con una verborrea digna de Woody Allen y una sexualidad tan frustrada como salida. Wolotitz viven con una madre que parece la mezcla de Marise con Frasier y la mujer de Psicosis. Con tintes de Shiva, viene Rajesh, astro-físico, salido de Bollywood y con unos padres forrados que le han mandado a curtirse (y controlarle mediante el portátil) en Estados Unidos. Además, es encantador con todo el mundo... siempre que está borracho, ya que de natural es incapaz de dirigirse a ninguna figura femenina.

Hay, salvando el primer episodio piloto, más flojito, aunque básico para la presentación de las piezas en el tablero, algo muy entrañable en este grupo de colegas. Debemos afirmar que siendo la realidad de un espejo deformado, se dan hipérboles, pero hay una justicia poética, con los claro-oscuros de este tipo de personas. Que Sheldon mereciera cinco disparos a la cabeza cada vez que da la nota no le quita ningún mérito como un tipo intelectualmente muy interesante, la intolerancia a la lactosa de Leonard no le priva de ser el compañero de piso por el que muchos Erasmus rezarían, Rajesh, mutismo aparte, es muy divertido y Wolowitz es un tipo de una cultura general amplísima, que ha leído de todo y visto de todo (también páginas con el simbolo de X Men en la red, todo hay que decirlo).

En definitiva, unos freaks de los que burlarse en muchas cosas, pero en no pocas dignos de admiración y en bastantes ocasiones, uno se vez más tentado de reírse con ellos que de ellos. No hay que perderse tampoco en las siguiente temporadas cuando profundizan en las ramas familiares, especialmente Sheldon, el tipo de las teorías de las cuerdas que no vino de otro sitio que de un rancho texano donde aún se mantenía el creacionismo. Otro ejemplo es cuando vemos a la madre de Leonard... única explicación de por qué sabe vivir tan bien con un tipo como Sheldon.

No obstante, como bien hubiera adivinado Billy Wilder, a ese hogar tan repleto de pósters de Stars Wars, Star Trek, Galáctica, etc... le faltaba algo. Y por ello los guionistas alteran el espacio-tiempo y se sacan a Penny, una bomba de relojería que va a tardar muy poco en dejar prendado a Leonard. Kaley Cuoco caracteriza a esta aspirante actriz que se ha mudado a la gran ciudad, aunque de momento se tiene que costear sus clase de arte dramático con el puesto de camarera... Podría decirse que congenia con todos bien desde el primer momento... menos con Sheldon, naturalmente. El Penny VS Sheldon dará algunos de los mejores momentos de la serie, hablaríamos de don Carnal contra doña Cuaresma... pero la metáfora es complicada.

Del mismo modo que para algunos es Leonard, no pocas personas ven a Penny como el verdadero motor de la serie, aunque las mejores carcajadas siempre las arranquen los otros personajes, más vicerales y divertidos. Penny es el punto de mesura, el contacto con el mundo real de unos quijotescos vecinos que de vez en cuando deberían salir a que les de la luz del Sol. Pero la gracia no sería tal si no fuera asimismo a la inversa, ya que compartiendo alguna cena con estos rarillos ratones de biblioteca, se da cuenta de que la vida puede exigir mover el cerebro más de lo que la gente normal lo hace. En cuanto a triángulos amorosos (que no tríos, la serie se emite en horario normal, mal que le pese a Wolowitz), por supuesto que los abrá, en una especie de "Apartamento para 3", pero con tiendas de cómics de por medio.

El único problema que se otea en el horizonte de este prometedor programa es la originalidad... habrá que hacer muchos equilibrios e ir incorporando personajes con la precisión de un relojero para que no se pierda la chispa que hoy sin duda prende. A la par seguir buscando esa coralidad (Sheldon por ejemplo es tan bueno como peligroso, igual que Futurama con Bender, hay que tenerlo controlado como el último as, ya que si no monipolizaría todo, pero, mejor tenerlo en tu serie, no que disfruten de esa bestia televisiva otros) y, esperando que la posibilidades Leonard/Penny no terminen cayendo en tópicos. Con todo, con gente como Rajesh y Wolowitz hay que ser optimista, hay apoyos y de calidad...

A fin de cuentas, todo empezó con el Big Bang... lo único que no podemos saber es el desenlace. Y, la verdad, es que si no, sería muy aburrido.

sábado, 15 de mayo de 2010

ADIÓS, ANTONIO



Ahora está de moda hablar bien de los muertos, dicen por ahí. Lo políticamente correcto impera y se alteran recuerdos, lo raro se vuelve bonito y lo extraño, original. No creo que podamos hacer eso en el caso de Antonio Ozores. Porque es que, haciendo memoria, Antonio hablaba muy raro.
No creo que hayan existido muchos humoristas en lengua castellana por esa afición de trastabillarse, de acelerar y decelerar el ritmo de los diálogos, en algo que debió de ser una pesadilla para sus directores, aunque bien es cierto que dio no pocas improvisaciones muy graciosas.
Su estilo era divertido y desordenado. Gracias a mi buen amigo Chespiro, pude leer su particular biografía, un libro endemoniadamete estructurado, con anécdotas sin orden cronológico ni temático... pero aún así muy elegante, un oasis en una época en la que parece estar de moda lanzarse los trastos entre compañeros de profesión. Antonio generaba buen ambiente y eso explica que tuviera una copiosa carrera en teatro y cine (en el segundo muchas veces a lás órdenes de su hermano Mariano), sin importarle ser co-protagonista o apenas un puñado de líneas.
Si hubiera sido británico las absurdeces que hacía hubieran sido llamadas humor inteligente a lo Mony Pithon, pero al ser español, no habrían sido en ocasiones tan criticadas por un cierto sector más esnob, pero ante el gran público en general la taquilla siempre le respetó, a él y a sus hermanos. Antonio hacía gracia y muchas de su frases se recordaban entre quienes las vieron, nacido siempre para la sonrisa amable y un agradable interludio, salvó varias películas más bien malas con algún gag muy ocurrente.
Últimamente parece que esta generación está bajo riesgo de extinción. No hace tanto escribíamos una entrada similar sobre "El Morito" (con quien precisamente Antonio compartió varias comedias tan inofensivas como graciosas), hace ya un poco más que la pluma de Azcona dejó de escribir, Agustín González se fue en el último telón... Fueron una generación irregular, tenían todo el talento del mundo y brillaban con mayor fuerza cuanto mejor era el reto, pero estuvieron en esa fase oscura llamada Destape y casi nunca se quitaron muchos de ellos el sambenito de perseguidores de suecas. Pero quizás por eso el cariño de la gente por tipos como Antonio era más sincero y espontáneo de lo que nunca podría ser el aplauso de la crítica. La gente no quería cine de autor, les bastaba con que Paco Martínez Soria se cabrease con Ozores (por cierto que también les pasó en la vida real, ya que don Paco no estaba acostumbrado a secundario como Antonio, que robaban muchas carcajadas y simpatías casi con estar sentado).
Si tuviera que quedarme con dos atuaciones suyas quizás sería precisamente sería la escena versus don Paco en un concurso de la tele, donde Antonio interpretaba a un relamido individuo que se sabía la enciclopedia como si fuera Menéndez Pidal. No sé quién le recomendó que pusiera esa cara y se pusiera ese horrendo jersey, pero lo bordó. También me gustó muchísimo el sacerdote que hizo en "Los bingueros", realmente inusual, para mí, el mejor de esta peli del dueto Pajararés-Esteso, ahora tan defenestrados, pero que en aquellos días eran una máquina de hacer dinero.
Antonio era el producto de uno de los clanes de actores más conocidos de este país, valenciano de origen y muy apegado a su tierra, como recordaron muchos en su velatorio. La enfemedad se le había prolongado y ya no estaba en cartelera desde "Pelotazo Nacional" (1.993) pero seguía en el teatro, junto con Emma. Y a pesar de ello, la gente siguió preocupándose por él, Andreu Buenafuente lo entrevistó y hasta el genial monologuista no tuvo reparos en presentarle como uno de los pioneros del humor español, series en aquel momento en auge como "Camera Café" le invitaban a hacer cameos...
En ocasiones engañado fácilmente con el pan y circo, el pueblo a veces tiene una sensibilidad y un cariño sincero que supera con mucho al de gente supuestamente más ilustrada o fina. Eso halla uno de sus últimos ejemplos con Antonio Ozores.

miércoles, 12 de mayo de 2010

ANATOMÍA DE UNA BIOGRAFÍA

Iba camino de ser una de esas historias que las gentes del barrio repetían una y otra vez. ¿Te acuerdas de aque chico?Ah, sí, qué pena... lo que hubiera llegdo a ser de no haber sido por, bueno, ya sabes...
Efectivamente, las malas circunstancias de Alan al nacer y su propio pasado, donde amigos poco recomendables le salpicaban, le exoneraban de tener que rendir cuentas de su talento desperdiciado. ¿Qué más daba que ese muchacho de orígenes modestos pasase tanto tiempo en la biblioteca? Lenguas maliciosas afirmarían que era sin duda un escondrijo de sus trapicheos con las drogas y una nueva nota de arrogancia para con sus profesores, una demostración de que él no tenía nada por aprender allí. Sí, era cuestión de tiempo que apareciera muerto en un callejón oscuro o dejase preñada a alguna golfilla y al final tuviera que sentar la cabeza y adquirir algún oscuro trabajo para malvivir mes tras mes.
Mas a veces, pese a viento y marea, surgen espíritus tan fuertes que sabrían abrire camino hasta en los campos más adversos. Napoleón tardó pero finalmente comprendió que Córcega le quedaba chica, Ramanujan al fin encontró ese pequeño libro básico con el que hacer volar su formidabe imaginación matemática, Cleopatra apenas necesitó una alfombra para dejar de ser una reina de bandidos alejada del Nilo por su hermano... Alan Moore por su lado sería consciente de su vena literaria, que él había nacido por y para narrar con un estilo único las aventuras y las desventuras de unos personajes dibujados, para desafiar a toda una industria y grabar su nombre con letras de oro dentro del almanaque de la heterodoxia.
Este libro me vino recomendado por mi buen amigo Chespiro, llamándome la atención de que (tras mucho tiempo) se diera una biografía en castellano del autor inglés, a la par que, su autor fuera un joven escritor cordobés, nacido en 1.981 (lo cual no puede suscitar en mí otra cosa que la más sana de las envidias). J.J Vargas coloca un atinado subtítulo "La Autopsia del héroe", terriblemente acertado, bajo mi modesto juicio. Efectivamente, Moore ha redefinido un tipo de hacer cómics, Sabina cantaba que las niñas ya no quieren ser princesas y a los niños les daba por perseguir el mar dentro de un vaso de Ginebra, Alan nos demostró que los héroes no lo son bajo la capucha y que persiguen en capas blancas sus viejas frusraciones en un océano de complejos.
Muchos me matarían (probablemente con razón) por establecer semejante símil, pero me gustaría decir que Watchmen es el equivalente en el ámbito de los súper-héroes a El Quijote. No quiero moverme en bosques oscuros, pero admitiremos que las dos piezas ahondan, se burlan y finalmente empatizan con un universo al que ridiculizan para, a través de un espejo deformado, reflejar una realidad social y política turbia, no sin sentido del humor (más en el caso de Cervantes que en el de Moore en este último factor). Al igual que el camino al Toboso, los que se adentran en este tomo denso y grueso (Muchachada Nui lo ha parodiado con muchísima gracia), no pueden hacerlo a pecho descubierto, pues si no se conoce el mundo ficcional precedente, se pierde ese gigantesco test de Roscharc, que Gibbons y Moore brindan. Por cirto, que acabó fatal por los derechos con DC y es que, los bardos también comen y saben que poderoso caballero es don dinero.
El exhaustivo análisis a las circunstancias de Watchmen y su buen manejo de la bibliografía (incluso está el no tan lejano libro monográfico de R. Marín, que comentamos en nuestro primer mes de andadura), muestran un buen aprecio por la obra de Moore por parte de Vargas. Pero no solamente con esta pieza tan conocida y manoseada, sino con V de Vendetta (no es tan descabellado lo que propone allí y es probablemente la mejor manera de explicar lo que es el fascismo a una persona joven) y otros trabajos clásicos, como pueda ser La Cosa del Pantano, donde firmó una etapa irregular pero brillante. Y es que sus momentos de sequía y frustración no deben ser abandonados, se nota que Vargas ha hecho un esfuerzo de biógrafo admirable, tratando de distanciarse del objeto de estudio, aunque es evidente, como muestra el epílogo, que en el fondo sigue siendo ese niño (un niño que sabe escribir muy bien, la verdad sea dicha) que buscaba entre tebeos, no por el disfraz más espectacular o la heroína con más generosas caderas, sino porque el guión llevará cierta firma.
La estructura de la obra es muy coherente y cronológica, aunque nos gustría saber más de sus primeros y oscuros años, donde debe ser muy complejo descubrir algo, debido a lo poco que ha dicho de la misma en entrevistas y a sus tenebrosas pistas de salida. No obstante, sospecho que cuando alguien consiga acercarse más a ella, una vez tengamos esta entrada, muchas cosas podremos explicarnos de este aprendiz de mago, el más freak de todos los genios, el más genio de todos los freak... El tipo que con una simple historietilla hizo que un tipo con calzones rojos y capa no fuera ridículo, sino emotivo y un alegato por la nostalgia, con el final más redondo que en mucho tiempo hemos podido leer.

Después le han venido fases típicas de los niños prodigio. Es fácil tacharles de quemarse antes de tiempo, como meteoros tan violentos como efímeros, al entrar en contacto con la atmósfera. Pero no se derrumbó, como algún tópico romántico nos quisó hacer creer, siguió dando piezas. No parece aquí el lugar adecuado para hablar de "La broma asesina", tan ponderada como denostada. Simplemente diré, que incluso sus más acérrimos detractores afirman que en sí no es en absoluto una mala historia, solamente que de Moore se esperaba mucho más... Es la paradoja, el amor y el odio que van conjntos.
Con todo, pese a los altibajos, siguió siendo el objeto de atención de la industria, mimado y apedreado por todos, en un claro never walk alone. De vez en cuando escribía aquellas pequeñas introducciones, para seguir con unos diálogos integentísimos que inventaron un nuevo término que yo particularmente aborrezco, novela gráfica. A pesar de retiros más o menos prolongados siempre se quisó saber su opinión, a pesar de sus barbas, su peculiar matrimonio y su manera de vestir... Moore es tan grande como talento creativo que en Image poco importaba su humor casi gore, la gente seguía comprando lo que él emitía, como también venderá (no les quepa duda) su vesión para adultos de Alicia, en un ejemplo de su auténtica chaladura... ¿o tal vez volverá a callar a todos con su chispa?
Desde la batalla íntima (JJ Vargas tiene un talento nato para los títulos de los capítulos)de Un pequeño asesinato hasta la compleja construcción que fue From Hell (sí, es pretenciosa, sí, es sangrienta, sí, es muy desagradable y... sí, es un cómic muy recomendable de leer y con una erudición filosófica, histórica y política, que deslumbra, a la par que va de la mano de un gran dibujante), este libro editado por Dolmen este presente curso es un buen regalo para los seguidores de las viñetas y los curiosos de las personalidades excéntricas.
Ahora, el destino de Alan continúa, igual que Jack Kirby tiene en su cabeza mil historias que avanzan mas deprisa de las que él puede anotarlas. A diferencia del genial norteamericano no sabe dibujar, lo suyo sigue siendo el teclado (recientemente publicó su primera novela, original pero excesivamente abstracta para mí gusto, aunque no es el espacio oportuno para tratarla), pero si es consciente de que su mensaje se ha malinterpretado, que su drama humano (antes de Moore y Miller no se hablaba de política, intorencia religiosa, homofobia y psicología) ha sido desvirtuado por tipos de western taciturnos que no hablan y disparan.
Probablemente el viejo maestro tenga que dejarse de trucos y perversiones al más puro estilo Sila en Cumas, para volver a hacer lo que mejor se le da... y por el bien del cómic, crucemos los dedos par que sea pronto. Y nosotros, ecantados como la serpiente del hindú, seguimos deseando que nos hipnotice.

miércoles, 5 de mayo de 2010

TO BE OR NOT TO BE



Título: To be or not to be (Ser o no ser).





Dirección: Álvaro Lavín. Ayudante de dirección: María García de Oteyza.





Basado en: La película original de Ernst Lubitsch.





Versión de: Julio Salvatierra y Nick Whitby.





Reparto: José Luis Gil, Amparo Larrañaga, Diego Martín, Mauro Muñiz de Urquiza, Santiago Nogués, Alfonso Montón, Alfonso Torregrosa, Carlos Chamarro, etc.




Jefe sonidos y audovisual: Alberto Santos.




Iluminación: José Manuel Guerra. Diseño Audiovisuales: Isaías Muñoz.




Música: Mariano Marín.




Fotografía: Paolo Taglioni.




Diseño escenografía y vestuario: Elisa Sanz.




Peluquería y maquillaje: Mauro Gastón.




Regidor: José Ángel Navarro.




Realización de escenografía: Mambo decorados.




Jefe Maquinaria: David González.




Sastrería: Alma Azagra.




Distribución: Salbi Senante.




Gerencia: Jesús Morgado.




Producción: Carlos J. Larrañaga, Marisa Pino y Mario Vega.




Director técnico: David González.




Transporte: Transdecor.




Seguros: F. y A. de Lope.




Asesoría fiscal: Impetax.

Caviar del bueno el pasado viernes en el Gran Teatro de Córdoba. La mítica película "To be or not to be" se trasladaba al escenario, de la mano de una excelente dirección y un reparto de auténtico lujo dentro del panorama nacional. Las desventuras de una compañía teatral polaca ante la inminente llegada de los alemanes a su frontera, en pleno clima de tensión internacional, 1.936. Como bien me comentó un amigo que también asistió a la representación, la entrada en el recinto recordaba a Malditos Bastardos, al ver tanto uniforme nazi entre bambalinas, un diez a vestuario, por cierto.

Las sospechas del primer actor, Joseph Tura (un José Luis Gil que no necesitará presentación), acerca de la fidelidad de su esposa (Amparo Larrañaga), se acrecientan con la visita a su representación de Hamlet de un apuesto capitán de aviación (Diego Martín, que caracteriza a André Sobinsky). Lo que podría ser un simpático enredo amoroso, queda borrado del mapa por la clausura del teatro con motivo de la aparición del simpático Adolf y sus peculiares mapas europeos. Estos primeros compases nos sirven para conocer a los miembros de la compañía (sobresaliendo unos simpáticos Santiago Nogués y Alfonso Torregrosa), siendo sin duda, el momento de colocar las piezas en el tablero.

No mentiríamos al afirmar que es la parte más tibia de la pieza teatral. Esto pasaba también la película (por otra parte magnífica) y a medida que avancen los actos, irá cautvando más. En especial, comentar una arriesgada puesta en escena (hay muchos inconvenientes en traspasar una obra como ésta, con tantos espacios, al escenario, así que una merecida ovatio a los trabajadores que lo hicieron posible) y algunas intervenciones especiales por sorpresa, como la que ya comentamos en El Pisito con Juan Luis Galiardo (por ejemplo: en ésa, Enrique San Francisco es uno de los regalos, con una intervención inesperada).

Conforme todo se complique, con la llegada de colaboracionistas la obra gana en intesidad, fina ironía y humor de guante blanco. A los amantes de los monólogos, les divertirá ver a su "Don Mauro" pasando con nota la representación dramática, con varios gags de altura. Los seguidores de "Camera Café", verán un rostro que les debe ser muy conocido, Carlos Chamarro. A nivel de diálogos, todo ganas mucho con los oficiales de la Gestapo, el Coronel Ehrnhrdt y Schultz, divertidísimos, igual que sucedía con la cinta original. El juego de dobles papeles se multiplica y alcanza la nota más alta de la comedia.

Mención aparte merece el soberbio clinic que dejó José Luis Gil, de menos a más toda la obra (eso también pasa con Amparo Larrañaga y Diego Martín, por cierto), hasta terminar a un nivel excelso, con los dos divertidísimos interrogatorios, donde especialmente, sobresale la pareja de "hoy te confundo más que ayer pero menos que mañana" de Tura y Ehrhardt, con el subordinado de éste como Skinner, perdón, quería decir, el payaso serio. Sin desmerecer a unos actores y actrices en estadode gracia, Gil le da un plus al clímax, como bien dijo Chespiro: "Se echa la obra a la espalda y resuelve". Y eso, para los devotos de los artista, profesionales o deportistas a los que le gusta presión, son palabras mayores.

Por buscarle los tres pies al gato, afirmar que esta versión, muy correcta y que solamente modifica lo necesario (es obvio que sí estás ante un público castellano-parlante debes adaptar algunos juegos de palabras y modificar algunos chistes por otros), quizás pequé por exceso en esta tragicomedia. Se apuesta mucho por lo cómico, pero muy poco por lo trágico, trivializándolo todo, lo cual no es malo, pero en los últimos monólogos en el teatro, me quedó más con los de la película, que se puso por un momento seria. En cada uno dependerá objetar o aceptar esta sugerencia.



El sabor de boca de la pieza teatral es soberbio, con una gran satisfaccón en cuanto a haber pasado un muy buen rato gozando de unos excelentes artistas.Decir que el Gran Teatro estuvo a la altura, tanto sus responsables (la película obligó a que las instalaciones y palcos tuvieran que estar atentos a cameos y permitir alguna carrerita o persecución) y el público también, brindando una cariñosa y rendida rista de aplausos, mientras prácticamente todo/as nos levantábamos de nuestras butacas. No era para menos, vistas las energías desplegadas.
Como suele ser ya ritual, bastantes esperamos en busca de felicitaciones, fotos y autógrafos. Espero que fuésemos educados/as y a nadie volviéramos loco. He de decir que de los artistas que mejor impresión me han dado en este "tête a tête" ha sido Pepe Viyuela y varios otros integrantes de El Pisito, muy cordial y caballeroso,a la par que notablemente paciente. Ahora habré de incorporar a una Amparo Larrañaga que demostró una simpatía natural que la gente agradeció mucho, mientras don Mauro daba una gran alegría a un amigo mío humorista, al recordarle de una de sus anteriores visitas para verle actuar a las órdenes de Paramount Comedy.
Destacar que tras un aspecto un poco sobrio, D.Martín fue muy gentil y paciente con nuestras cuestiones. Pude preguntarle qué opinión le merecía la película original, a lo que él contestó que tenían un listón alto, realmente alto... muy difícil. Chespiro, por su lado, se las apañó para hacer una referencia a la época de doblador de José Luis Gil, quien tenía el aspecto exhausto del sobre-esfuerzo que hemos mencionado, algo que probablemente, acostumbrado a que le pregunten cosas de Juan Cuesta, debió agradecer.
En definitiva, los hermanos Marx una noche en el teatro. Como siempre, una experiencia muy grata.