domingo, 24 de junio de 2012

ADIÓS CON EL CORAZÓN

 A veces la vida se parece a la ficción. De tanto en cuanto, surgen personajes que parecerían más factibles en la imaginación de un Conan Doyle que a ras de calle. Juan Luis Galiardo pertenecía a esa casta de actores de nervio, a lo Charles Laughton, tipos grandes, de voz imponente y que parecían devorar la cámara cuando les enfocaba. Hasta el último día, en "La chispa de la vida", seguía siendo un torrente de voz pegado a un cuerpo de galán teatral, Sir Álex de la Iglesia decía que era un niño grande, uno de ésos a los que solamente había que darle cariño para ganárselo.




En Amarcord no le pudimos disfrutar en directo aunque estuvimos cerca, nada menos que "El ávaro" vino a ser representada a Córdoba La Llana. Y no pudo ser por culpa de Galiardo, maldita sea. El cariño que despertaba entre el público de toda España era tan grande que las entradas se agotaron como si fuera una pelea entre Aquiles y Héctor en el Madison Square Garden a quince asaltos, en apenas un par de días, imposible disfrutarle en el tablado, ni siquiera una miserable esquina pagada como caviar. Por supuesto, la representación fue un éxito, hubo reportajes de La Sexta y el veterano caballero logró encandilar a las chicas de Wyoming, lo cortés no quitaba lo valiente y en su caso, siempre se le dio bien el cortejo.




De hecho, eso podría haber limitado su carrera, la madición del guapo, de Leonardo di Caprio, pasando por Paco Rabal, pero igual que en ambos casos, el intérprete demostró que era, no solamente un tipo atractivo, sino un excelente artista que fue mejorando con los años y ganando en empaque. Sobre la superficie, era un tipo que vivía en una Arcadia feliz y seductora, no obstante, era una persona con sus aristas y sufría más de lo que parecía, en una celebradísima entrevista que concedió en "El Reservado", mostró algunos de sus lados más humanos y me permito recomendarles que se dejen caer por Youtube esta tarde de domingo, porque les sorprenderá. Entre otras perlas, allí, ese don Juan Tenorio, guapo, ácrata y sentimental, dejaría constancia de su admiración infinita por otro de los grandes, Rafael Azcona.
 Séría, como sucede con los mejores (López Vázquez, Landa, Alexandre, González...), quedarse con una interpretación de este monstruo. Nunca estuvo más paternalista que en "Soldadito español", donde hizo de un paterfamilias para ponerle un lazo y adoptarlo, o su divertidísimo señorito en "Todos a la cárcel", a las órdenes de Luis García Berlanga; también, cómo no, "Adiós con el corazón", que le valió un Goya que pocas ocasiones ha sido más justo. Y mil más.


En México también andarán de luto, porque durante mucho tiempo pudieron disfrutar también se su presencia, generalmente en televisión. Antonio de La Torre afirmó recientemente que era tan arrollador y fascinante como Santiago Segura, que afirmaba que era una fuerza de la naturaleza, como pudo comprobar Salma Hayek durante el rodaje en el que participaron juntos y donde la garganta de Galiardo volvió a ser la que más se hizo notar, con las invenciones de su alcalde sobre monedas romanas.



Se dice que cuando colegas de profesión te quieren y el público te admira, poco más se puede pedir. No obstante, la maldita enfermedad ha ido con prisas, como si temiera dejarse embaucar por este eterno seductor si lo conocía un poco.




Hemos perdido un magisterio impagable y a un tipo especial. Hoy, el domingo es un poco más gris, aunque tal vez si nos ponemos alguna de sus interpretaciones, la cosa mejore... Gracias por todo.

domingo, 17 de junio de 2012

AMAR EN TIEMPOS DE CRISIS

Hay películas de las que el bueno de Cronos se ha olvidado. No es inusual, que un film que se ve a edad temprana, cause un fuerte impacto por su novedad y novedad. Pese a ello, a veces, al volver a verlo cuando han pasado más años, uno tiene la extraña sensación de visitar un salón vacío que antaño recordaba lleno de fiesta y vida. Afortunadamente, en otras ocasiones, uno sufre el efecto totalmente contrario; indudablemente, para mí, en esa tipología, "Lo que el viento se llevó" es una referencia casi obligatoria".






Desde muy joven, fue el típico clásico que uno va posponiendo casi sin querer. Imaginad, novela romántica, de época, de mucho metraje, una historia amorosa que uno a buen seguro un chaval imagina empalagosa y repetida hasta el hartazgo... Sin querer prejuzgar, si algo me suscitaba la adaptación de la obra original de Margaret Mitchell, era cierto regusto a atávico y "solamente apto para personas mayores con mucha nostalgia". Afortunadamente, un buen día, cuando dejaron de recomendármela, la vi.





Igual que en el anterior entrada recomendamos (valga la redundancia) mesura en las recomendaciones que pueden causar el fecto inverso, pocas satisfacciones como espectador puede producir un descubrimiento espontáneo o bien encaminado por un buen consejo. Si te dejas llevar por la dirección de Víctor Fleming (aunque sería lo mismo mencionar a George Cukor y Sam Wood, nada menos que tres directores para esta súper-producción y que llevó a uno de los libros que han estudiado su creación a titularse "¡Este rodaje es la guerra!"), te encontrarás ante una seducción paulatina, un drama que va siempre de menos a más.
Con todo, más allá del lujoso vestuario y momentos como el incendio de Atlanta, o las batallas entre sudistas y yankees dentro del contexto de la terrible guerra de la Secesión de los Estados Unidos, lo que siempre ha salvado y salvará a la tierra de Tara, es la impresionante juventud de sus personajes, la frescura que emana de sus diálogos y una de las relaciones más fuertes, originales y creíbles jamás fabricadas, la mantenida por Scarlett O´Hara y Rhett Butler.




Verdadera búsqueda del zapato de Cenicienta, el proceso de casting fue uno de los más extensos y polémicos de la historia de Hollywood. El mismísimo Groucho Marx fue tanteado para encarnar al cínico y vividor pretendiente, mientras que Vivien Leigh terminó siendo la elegida en un aún más cruento combate por encarnar a la niña caprichosa que comienza viviendo en la idílica protección familiar y bailes de puesta de largo, hasta convertirse en una mujer curtida, experimentada y humanamente egoístia, a raíz de las penalidades de la contienda que destrozan sus sueños infantiles, especialmente su primer amor, el joven Ashley (Leslie Howard).





En honor a la verdad, aunque algunos de los candidatos eran espléndidos, no se puede negar que nadie podía haber encarnado mejor a esta pareja. Hay muchos secundarios de mérito en el show, pero todos terminan siendo excelentes comparsas de una química única e inusual, Vivien Leigh presta todas sus particularidades al proyecto, en una interpretación que cumple una de las máximas del escrito original "Scarlett no era especialmente guapa o bella, pero los hombres no se daban cuenta de ello hasta que estaban perdidamente enamorados de ella". Por su lado, "El Rey" Gable crea un personaje tremendamente ocmplejo y con muchas aristas, una mezcla de Jaime Lannister y Rick en Casablanca, un perfecto caballero y todo un sinvergüenza, un individuo adelantado a su época, Ulises, nuevamente arrastrado de su plácida y sibarita Ítaca a una absurda guerra de Troya que detesta, pero de la que se aprovecha.


Imposible desgranar en una simple entrada los muchos aspectos que convierten este clásico en una de las joyas de la Corona de lo mejor de Hollywood. Simplemente manifestar que, probablemente quienes no la hayan visto (afortunados ellos), se sorprenderán ante lo que encontrarán, una interpretación de la guerra de los sexos que no se casa con nadie y termina tomando siempre el derrotero inesperado, amparados en dos actores en estado perenne de gracia. Nunca volvieron a estar tan bien, pero es que solamente por estos dos papeles, bien se merece ya un hueco en el Olimpo de los grandes.



Eso sí, no quisiera uno dejarse a alguna actriz del talento de Olivia de Havilland, quien, como muy bien escribió Terenci Moix, logró solventar la difícil papeleta de hacer creíble con su talento a un personaje tan bondadoso como la benevolente Melanie, la rival (sin saberlo) de Scarlett por los amores de Ashley.

Una pieza maestra repleta de momentos míticos, incluyendo su original final, que, por cierto, jamás tuvo que tener secuela (y con esto cubrimos el expediente del comentario hard).

domingo, 10 de junio de 2012

¿TODAVÍA NO LAS HAS VISTO?

¡Pero bueno! ¿Aún no has visto la segunda temporada de Juego de Tronos? Cuidado con la respuesta, pues según sea, el entrevistado puede terminar siendo una especie de paria televisivo, un inadaptado que no sabe lo que es bueno. Conste, que quien escribe, es un humilde y entusiasta aficionado del universo de Martin y que disfruta de esta adaptación de la HBO, no obstante, su calidad, originalidad y novedad, también la han convertido en una recomendación arrojadiza, un verdadero dolor de muelas para muchas personas que escucharán una y mil veces, "tienes que verla, tienes que verla...".





En ocasiones, el problema no está en el producto, sino en los críticos, los profesionales y los blogueros, los amiguetes y los aficionados que no dejamos de dar la tabarra. La insistencia, entonces, se torna en un arma de doble filo que terminará resultando contra-producente. Pero no, el fenómeno de Desembarco del Rey no ha sido único ni lo será, este equivalente a los best-seller de la caja tonta, que no tiene ninguna culpa de que a veces se sobre-exploten a las gallinas de los huevos de oro.





Las series, por sus características (mayor duración, capacidad de desarrollar personajes y arcos argumentales), terminan provocando una fuerte complicidad con el espectador que arrancó con ella desde el primer capítulo. Esto lleva, cuando se recomienda, a dar por sentado que otro público tendrá el mismo proceso y viaje, pero eso no siempre es así. A veces, deberíamos ser capaces de tener la paciencia de dejar la siembra, quizás una semilla, menos estruendosa que los adjetivos hiperbólicos, pero, que puede ser la diferencia entre dar la pista del problema al alumno para que lo resuelva, o darle la solución sin explicación.

Viene a la mente el fenómeno de dos programas, curiosamente también de la HBO, "The Wire" y "Los Soprano". Extraordinarios y divergentes entre sí, a su manera (ya hemos hablado en alguna entrada previa de ambas) son un testimonio único de los Estados Unidos de su tiempo, han tardado pocos varios fans en contrastarlos. No es tema baladí, ya que no pocos piensan que esta pareja debería disputarse el título de mejor serie de TV de todos los tiempos. Y, por ahí, empiezan las discusiones rabínicas sin mucha utilidad, más allá del apasionado debate.





Es un fenómeno que va sucediendo cada cierto tiempo. Cuando surgió "House" en la FOX y hasta que la gente empezó a inventarse que estaba en decadencia, asimismo se vio asediada con esta carga adicional absolutamente innecesaria. Los nostálgicos tampoco se libran, la pobre "Yo, Claudio", una serie estupenda basada en las novelas de Robert Graves, se ha convertido en no pocos casos en un incordio total para los más jóvenes, recomendada hasta la saciedad pero no explicando que hay que superar primero su cartón piedra en los decorados y su ritmo pausado comparado con el tempo actual, para ver la verdadera joya que esconde.






Otras, estarán en litigio por unos pocos años más hasta que el impacto repose. "Lost", una de mis asignaturas pendientes más acuciantes, me provocó el efecto de víctima y no recomendador plomizo. No tuve con los perdidos de la isla la fortuna que tuve cuando una persona cuyo criterio siempre tengo en alta estima, me dijo que había unas novelas que me podían gustar mucho y que debería pasarme por la librería Beta para ver si tenían el primer tomo, había más, pero mejor empezar suave, por si no me gustaba. Evidentemente, el libro era obra de Martin y se trataba del comienzo de "Canción de Hielo y Fuego", prometo que no tuve necesidad de enfrentarlo a Tolkien durante todo el proceso.

No tiene que estar lejos el verano en el que me ponga al día con este programa que causó verdadero estupor entre muchos amigos y que hacían que te dieran ganas de verla; nuevamente, el apelativo de "mejor serie de la Historia" coleaba en el horizonte. Por supuesto, perdió su esencia y terminó teniendo un final apresurado y poco merecedor de los clímax planteados previamente (puede ser cierto y habrá de verse, pero no deja de ser curioso como el círculo se va repitiendo).




En ese sentido, pocas cosas son más fiables para el medidor que la tranquilidad del efecto de Cronos que todo lo cura y va dejando reposar las emociones del público. Superando el esnobismo casi obligatorio que exige decir que el mejor cine se está haciendo en televisión, o que, para algunos "Los Simpson" son lo mejor de la historia de TV (es la primera vez que utilizamos esta categoría en todo el domingo), el quid podría radicar en la coyuntura.





Me explico, hay momentos en Springfield donde la familia amarilla ha logrado elevar su mentira al cuadrado, cuando la perfección de sus guionistas (quizás de la temporada 3 a la 10, discutible, por supuesto) ha hecho que varios episodios, determinados momentos y chistes hayan disfrazado a esa gran serie de la perfección, siempre esquiva, se acaricia y desvanece. Eso ocurre con la primera temporada de "Roma", algún momento de "Downton Abbey", aconteció en "Los Soprano", "The Wire" y a buen seguro habrá sucedido con "Lost", que vuelvo a reiterar en mi intención de ver superado el efecto oleada.




Son esos instantes los que justifican la carrera y la capacidad de reconciliar a público y crítica. Hay momentos donde ese espectro de grandez envuelve también a "Fringe", o a "Big Bang", a "Historias para no dormir" o lo que ustedes quieran.






Mil y un géneros, infinitas maneras de interpretar y enfocar personajes... ¿Cómo? ¿Qué todavía no has visto Juego de Tronos, la segunda temporada? Caray, qué envidia, quién pudiera arrancar de cero. 

domingo, 3 de junio de 2012

RENÉ, ALBERT Y EL BUEN SALVAJE


Antes que Astérix existió él. Los cimientos del éxito, la fórmula infalible, se encontró desde aquel inicio. Las aventuras y desventuras del indio Umpa-Pá, fueron la primera participación sería con mayúsculas de un tándem legendario, la medalla de honor de la colaboración, los Stockton-Malone de las viñetas, hoy me complemento contigo mejor que ayer, pero menos que mañana, René Goscinny y Albert Uderzo.



Merced a la generosidad bibliotecaria de mi buen amigo Chespiro, al fin pude acceder a este personaje al que, honestamente, conocía, pero exclusivamente a través de diccionarios del cómics y citas a pie de página en biografías de dos autores a los que admiro profundamente. Aparecido y editado por primera vez en 1958 Umpa-Pá es un personaje carismático que quizás haya sido injustamente eclipsado por la fortuna de sus dos creadores.





Así, pareciera que Lucky Luke y Astérix hayan oscurecido sin pretenderlo a este gran antecedente, brillante boceto que ya ofrecía muchos de los elementos que los dos personajes punteros llevaron magistralmente a buen puerto. Ambientada con sus irónicas licencias en la colonización francesa, René y Albert, tanto monta, monta tanto, ya encontramos muchos de los rasgos que definirán la trayectoria de ambos y la esencia de sus series.




Umpa-pá viene a ser el reflejo de lo que Rosseau hubiera definido indiscutiblemente como "buen salvaje", un guerrero piel roja de buen corazón, gran habilidad física, campechanía (en ese sentido muy Óbelix) y poco corrompido por la civilización de la pérfida Albión (aunque en este caso sería con acento galo). No obstante, eso no le impide conocer y hacerse amigo de Pasta de Hojaldre, un estirado joven oficial de Su Majestad Versallesca (confiamos en que el nombre francés original fuera más serio) de "doble cabellera" que también se sorprende al encontrar un gran amigo en este supuesto enemigo.



Con su fino sentido del humor, Goscinny aprovecha esta extraña pareja y el tamiz inocente de las viñetas para narrar con brillantes muchos de los estereotipos de la época. Especialmente debe resaltarse su manera de burlarse de la caballeresca forma de hacer la guerra de las dinastías europeas, con los ejércitos prusiano y francés invitando al otro a empezar la carga y los balazos, mientras alianzas y pactos en El Viejo Continente van resolviéndose entre partidas de cartas.





En otro fino antecedente con el pequeño Odiseo de la Galia, también habrá una aventura contra los piratas, en la cual, los buenos seguidores de los irreductibles, verán muchos de los clichés que se hicieron célebres. Desgraciadamente acabada antes de tiempo, los cinco cómics de tapa dura se antojan escasos para este interesante personaje y ese tono aventurero y desenfadado.





A nivel artístico, es digno de lamento que los brillantes lápices de Uderzo no hayan encontrado más huecos en la agenda para narrar westerns, porque su capacidad para recrear fuertes, campamentos indios y desiertos, es digna de los grandes maestros, a la altura de Morris y los mejores dentro del género.




En definitiva, la enésima demostración de una de las mejores parejas artísticas de este medio.



domingo, 27 de mayo de 2012

PERDIDOS EN LA TRIBU

Son la tribu más numerosa y pesada, unos verdaderos hunos que no dejan nada a su paso, que casi buscan monopolizar todas las conversaciones y no admitirían ni bajo hierro candente que su afición es el deporte del rey. Es un tema tan banal como universal, pan y circo denuncian sus detractores con razón, aunque, cuanto menos, ahora no hay leones (salvo en el Bilbao) y se perdona la vida, algo hemos progresado.




No deja de ser curioso que con la que está cayendo, siga habiendo tantos espacios en los informativos para el espacio deportivo, aunque en verdad, quien ordena y manda es el fútbol dentro de ese marco, quedando el resto de las disciplinas en fuera de juego y teniendo que presentarse en el descuento. Motivo de reflexión debería ser, aunque algo tendrá el agua cuando tanto la bendicen y no deja de ser cierto que si bien es algo absolutamente sobrevalorado, tampoco es adecuada la trivialización al que algunos lo someten, quienes, como diría el magistral Sabina: "Comprendí que era algo impropio de caballeros".





John Carlin, periodista de origen inglés y ya prácticamente de doble nacionalidad, columnista del diario "El País" y autor de libros como "El factor Humano", que inspiró la película de Clint Eastwood, "Invictus", que explicaba la fórmula que Nelson Mandela utilizó con maestría con el rugby para unir las divisiones de su país, ha visto recopilados algunos de sus mejores artículos en los últimos años, en una edición curiosa que quizás venga bien a algunos amantes de pegar patadas a un balón... y tal, vez, solamente tal vez, logre por unos instantes, que quienes lo aborrecen, se interesen un poquito por él.



Este tipo de recopilaciones (se ha hecho algo muy similar con otro periodista de
muy buena pluma, Santiago Segurola, también recientemente editado), son una pequeña delicia, aunque desgraciadamente no abundan porque las páginas (a todas luces excesivas) que se dedican 24 horas al día al balompié, son de rápido consumo. No obstante, igual que ocurría con las crónicas del Calcio de Enric González, algunas de las pequeñas crónicas de Carlin van un poquito más allá, aunque como bien advierte Eduardo Mendoza, cuando se habla de algo, se tiene que hablar de esa cosa y no buscar la hipérbole.



Explicar la rivalidad del tiqui-taca con el modelo de Mourinho a través de "Amadeus", sus apreciaciones sobre el reparto de los derechos de televisión como una de las claves del éxito de la Premier o ciertas connotaciones políticas que envuelven algunos de los campeonatos del globo. Por supuesto, toda selección tiene sus vacas menos grodas y hay algún artículo repetitivo y que insiste en lo mismo, aunque Carlin se muestra como un periodista solvente y de calidad.




Quizás el aspecto más curioso que se pueda resaltar es su perfil sobre algunos de estos dioses, tan acaudalados como efímeros en este Coliseo de hierba. Sorprenden los datos que aporta sobre un Cristiano Ronaldo más humano que ese Adonis distante que a veces trasmite, siendo el crack luso presentado bajo otro prisma más interesante. De la misma forma, Carlin cae en algunos tópicos del etnocentrismo deportivo que tiene el fútbol con otros deportes, considerándose la única fuente de injusticias y emoción, como si el baloncesto, el balonmano o el hockey, entre muchísimos otros, no tuvieran ese componente de justicia que alimenta las semanas con este violín de Sherlock, pequeñas frustraciones y grandes alegrías, en un ritual dominguero (que a mí, por lo menos, como hábito, me resulta menos desagradable que el arroz que se impone en tantos hogares españoles).





Libro curioso, con anécdotas ricas, los seguidores del popular espectáculo de las porterías, deberían hacerse con una copia. Los que no, como diría Jorge Valdano, tal vez, como curiosidad científica, cuanto menos, para examinar la orina del informe.



More than a game less than life.

domingo, 20 de mayo de 2012

UNA VEZ SABES A QUIÉN TE DIRIGES...



Uno de los grandes problemas a la hora de querer vender una idea es hacerlo a las personas equivocadas, es decir, un público que no está realmente interesado en lo que vas a producir, aunque sea bueno y de calidad. Entre muchas otras cosas, aparte de un arte impresionante, el cine es un negocio, donde sobreviven mejor quienes logran conectar perfectamente con la clase de público que va a responder en las cada vez más infladas taquillas (como estamos en crisis económica, las luminarias han pensado acertadamente que subir los precios de las entradas era una estrategia genial para salvaguardar el séptimo arte). Es decir, concerte a ti mismo y al público, en una variación de marketing a lo oráculo de Delfos.



Joss Whedon ha recibido una perita en dulce envenenada para llevar a la gran pantalla una de las colecciones más míticas de Marvel, "Los Vengadores", quienes, en un ejercicio de modestia digno de José Mourinho, se autotitulaban los héroes más poderosos de la Tierra. Como si fuera la elección de un equipo olímpico por parte de un comité sediento de medallas de oro, la productora ha ido sembrando el recorrido con varias cintas previas donde se daba a intuir la formación del grupo, teniendo varios de sus futuros integrantes (Thor, Iron Man, Capitán América) sus propias obras, la de Tony Stark tan exitosa que ha tenido hasta secuela. Pasos y más pasos, todos ellos encaminados a una mega-producción que un amigo mío muy atinadamente definió de la siguiente forma: "El minuto 20 de Los Vengadores podría ser el clímax de cualquier otra peli de acción".





Tras haberla visto, uno solamente puede quitarse el sombrero y afirmar que estaba en lo cierto. Importa muy poco la trama que desarrollan Whedon y Zak Penn, el arranque simplemente quiere colocarte en una montaña rusa. La apuesta es clara, estamos ante un producto que no va a satisfacer a quienes aborrezcan el género de súper-héroes; no obstante, quienes si hayan sido lectores de la colección o les gusten este tipo de espectáculos con momentos casi de video-juego, quedarán satisfechos. "Los Vengadores" aspira a querer a quienes la quieren, una aparente tontería, pero basta con recordar la experiencia española con "El Capitán Trueno" para ver cómo no todos pueden decir lo mismo, que al menos han satisfecho al público garantizado.




Un problema que a lo largo de los años han tenido los propios cómics de esta agrupación es lo majestuoso de las amenazas que se conjuran contra ellos. El motivo es obvio, cuando Stan Lee (sí, habrá cameo, aunque no les digo en qué parte) decidió copiar descaradamente el éxito de la Liga de La Justicia, puso tanto potencial de fuerza, que casi parece que todo lo que no sea un Ragnarok con invasiones de otros mundos, sería un pequeño desayuno para unos héroes que cuentan con una deidad nórdica y una masa de aplastar enemigos que cuando más la enfadas, más temible se vuelve. Por supuesto, la invasión está servida y, cómo todos Colones de otros mundos que vengan, New York es el sitio ideal para jugarse el todo por el todo, la primera vez que alguien ponga aliens en Ciudad Rodrigo, nos sentiremos desconcertados.




Con todo, dentro del tópico, hay los suficientes homenajes para que los acérrimos se sientan satisfechos. En primer lugar, que el Maquiavelo de todo sea Loki, el hijo adoptivo de Odín (no, Anthony Hopkins no sale, aunque se le menciona y Natalie Portman aparece con su pérfil de Facebook o algo así), bien caracterizado por Tom Hiddleston, que está mucho mejor que en Thor, aunque probablemente la segunda sea bastante peor que esta película. Ya por lo lejanos 60, Loki intentaba usar el poder del gigante esmeralda para hacer la puñeta a su hermano de cabellos rubios y diálogos shakespirianos, ahora, simplemente, su tecnología es más moderna. Ricitos de oro, no podría ser otro que Chris Hemsworth, quien verdaderamente tiene planta de hijo de Asgard y da miedo pegando martillazos e invocando tormentas (aunque tenga problemas para que no le coman la tostada Jackson y Downey si andan por la escena si es con diálogos).




Y es que, a nivel de reparto, tenemos uno de los puntos fuertes de este envasado palomitero que puede ser ideal para desonectar un rato. Robert Downey Junior es la clase de persona que conoce a Maradona y le enseña a usar la pierna derecha, ha cogido a Tony Stark y ha convertido su Iron Man en una criatura carismática que no siempre ha sido en sus cómics (quizás con Micheline y Romita Junior y otras etapas), prácticamente devorando cada uno de sus diálogos, no tomándose en serio a sí mismo y siendo, indudablemente, una de las mejores bazas de la obra. De idéntica manera, Samuel L.Jackson cuaja su poderío en pantalla para hacer un creíble Nick Furia, mientras que Mark Ruffalo pasa con nota la prueba de coger el legado de Hulk dejado por Erci Bana y Edward Norton (aunque es una pena que no haya tenido peli previa con él de protagonista para ganarse más complicidad de los espectadores). Chris Evans también cumple con solvencia, además, es simpática la freakería con la que se explica lo ridículo de su uniforme en el diseño. Si bien algunas de sus frases son efectistas, crea un Capi perdido en el tiempo, el superviviente de un tiempo pasado y a quien no han explicado lo mucho que se perdió en las guerras que ganaron.







En un verdadero All Star (a fin de cuentas, son Los Vengadores), también tenemos nuevamente a Scarlett Johansson mostrando qué bien le quedan los trajes de La Viuda Negra; Johansson no lo hace nada mal, aunque habrá que ver su carrera en pelis más arriesgadas cuando la batuta genial de Woody Allen no la ampare, para ver si la impresionante diva es una buena actriz o ese fenómeno con tintes de brillantez absoluta que a veces se le ha intuido con Woody. Compartirá muchos momentos con ella Jeremy Renner, actor a quien ya tomamos la matrícula con la estupenda "En tierra hóstil". 





Cumpliendo con todos los cánones, habrá escenas de acción, Vengadores picados entre ellos, algún diálogo más ingenioso de la cuenta con buena dosis de sentido del humor en pleno Apocalipsis, sorpresa tras los créditos del final... Una vez vengador, siempre vengador. Y, una vez sabes a qué es lo que aspira tu película, es mucho más fácil lograr los objetivos.

domingo, 13 de mayo de 2012

SEE YOU IN ZAMORA


Fin de semana un poco más gris para los seguidores comiqueros. Tras una larga trayectoria dentro de las viñetas, siendo especialmente recordado por sus brillantes blancos y negros para Conan de Cimmeria, el blog de Amarcord no podía dejar pasar el domingo sin rendir un modesto pero sentido homenaje al brillante Tony Zúñiga.




El autor filipino siempre será recordado por su excelente profesionalidad. Al parecer, en el Valhalla, Crom le tiene preparado un comité de bienvenida bastante aceptable, según nos mandan fotografía desde Zamora...