domingo, 30 de enero de 2011

BAJO ESCUCHA

Siempre había estado allí. Durante siglos, la Alhambra fue uno de los mejores exponentes de lo que debe ser un viaje al pasado, un complejo que haría las delicias de cualquier turista. Sin embargo, cuando el por entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, le declaró sus floridas palabras sobre su anochecer, la demanda se incrementó. Y es que, la publicidad también juega, incluso en las obras maestras.
Maureen Ryan, del Chicago Tribune, siguiendo nuestro símil, también debió sentirlo así, no le bastaba con elogiar un magnífico show televisivo creado en el 2002, tuvo que apostillar una frase de las que se graban en la memoria: "Si sólo dispones de una hora a la semana para ver la televisión, concédesela a "The Wire"". Algo tendrá el agua cuanto tanto la bendicen, dice el refranero, pero no ha sido hasta recientemente cuando he visto la primera temporada de este programa que hoy tiene tintes de clásico.

Lo cierto es que nunca he estado en las calles de Baltimore, pero se nota desde el primer momento, que David Simon estudió con atención los entresijos de su sistema judicial y administrativo antes de lanzarse a esta aventura, la explicación de un mundo desde el punto de vista coral.
La creación de Simon nos lleva a una serie de policías y "ladrones", pero desde una perspectiva nueva. Las fronteras acaban siendo difusas y uno no sabe exactamente quién es peor que quién. Muchos miembros de los diferentes Departamentos y fiscalías son presentados como personas celosas de ascender, tratando siempre de evitar lo políticamente incorrecto.
En los escalafones intermedios, un detective, Jimmy McNulty, que no es precisamente tampoco la persona más moral que uno esperaría encontrar, interpretado por un heterodoxo pero estupendo Dominic West, empieza a buscar medios más efectivos para desarticular los verdaderos resortes del tráfico de drogas en una de las peores zonas de la ciudad. Por desgracia, pronto comprenderá que sus jefes, jueces y políticos, no tienen intención de picar tan alto, siguen estando a la orden del día los arrestos de simples camellos e incluso algún palo a delincuentes de poca monta, pero los verdaderos hacedores del lucrativo y beneficioso negocio permanecen indemnes.
Como es lógico, McNulty irá haciendo aliados dentro del cuerpo, en ocasiones a costa de enemistarse con sus propios compañeros de brigada, poco deseosos de compartir el pástel. A destacar a Bunk, su compañero de fatigas y juegas en esta primera temporada. Wendell Pierce retrata a este policía ya muy veterano, de diálogos divertidos y que está tan fatigado de su rutina como de su matrimonio, disfrazándolo todo con su cinismo, elemento básico para sobrevivir, ya que el idealismo de McNulty no encaja con sus jefes, hartos de los quebraderos de cabeza que da el histriónico detective sin respetar las normas burocráticas (orden rotrario resolviendo los casos, respeto de la cadena de mando, etc).
Hasta aquí, con sargentos duros muy bien interpretados y tenientes celosos de trepar en la escala de mando y jueces asustados de que les encasqueten casos muy complicados o polémicos que les puedan enemistar con gente a la que visitan en banquetes y comuniones, "The Wire" sería una serie estupenda de género, sin más pretensiones. Pero, gracias las investigaciones de Simon y a contar en su equipo de guionistas con antiguos policías y gentes de Baltimore, puede contar la historia secante, el otro lado, el punto de vista de los tipos en tierra de nadie como Bubbles (Andre Royo), de los camellos, de la élite que sí saca renta al negocio, de los pobres diablos que tienen que mantener a seis hijos a costa de vender esa mierda por la calle...

La realidad de las Torres donde se vende ese mercado llevará a McNulty y sus camaradas a lograr a regañadientes establecer una escucha telefónica. Un alto objetivo que busca descabezar a Avon Barskdale (Wood Harris), un tipo sin antecedntes ni ficha policial, pero que está a la cabeza del negocio desde hace años, en un secreto a voces en Baltimore.
Comienza un juego del gato y del ratón donde no sabes muy bien cuál es el mensaje, todo es muy cotidiano, como ocurría en "Los Soprano", a veces parece que toda la trama transcurre lenta para que te estalle una bomba de relojería en el instante menos inesperado. Al igual que el personaje del detective Lester, Clarke Peters, quien bajo sus maquetas y aspecto de rata de biblioteca en oficina, esconde un agudo olfato e inicia prometedores cazas, no en las calles donde queman coches, sino en las listas de donativos electorales en las últimas campañas de la ciudad.
Por buscarle tres pies al gato, casi jugando a ser polémico, afirmar que aunque la serie es muy buena, no dejó de pensar que a veces nos mostramos acertadamente empáticos con los demás y escasamente en las series de cosecha propia. Imagino que el éxito mundial de The Wire no radica a que guste solamente a las personas criadas en Baltimore, es decir, aunque esté muy bien explicada, hay una paciencia en los espectadores, especialmente para coger el tempo narrativo en los primeros capítulos, que a veces dudo que tuviéramos por ejemplo en "La chica de ayer".
Mas, a pesar del carisma de McNulty and cía, la verdadera riqueza de este show se encuentra en secundarios de la calidad de Omar, una de las figuras más curiosas del género y con una personalidad arrolladora. Un elenco de secundarios que va desde el juez al testigo... Espero impaciente tener hueco para hincar el diente a esa segunda temporada...

sábado, 15 de enero de 2011

LÁPICES ROJOS

Fue otra época, días oscuros donde bien convenía perderse con los compañeros de trabajo en la taberna más próxima. Sin embargo, ni siquiera con ellos estaba bien visto sincerarse mucho, excepto con los más íntimos, viejas cicatrices estaban abiertas y había miedo, que engendra silencio.
Paco Roca nos traslada con sus viñetas a un frío año 1957, donde un grupo de valientes decide dar un paso adelante en el marco del tebeo español. Josep Escobar, Cifré, Peñarroya, Giner y Conti.
Con un estilo narrativo claro y un argumento que alterna el difícil híbrido entre la fiabilidad histórica y el infinito cariño que surge de la admiración, Paco Roca nos regala una editorial Bruguera renacida, tan familiar como oscura, tan hogareña como leonina a la hora de tratar los derechos artísticos de sus empleados.

Considerando dichos aspectos inadmisibles, este heterogéneo grupo con el talento como único denominador común, decide embarcarse a costa de sus propios y frágiles ahorros en la creación de Tío Vivo; por primera vez en la historia en el cómic peninsular, los artistas tenían un control total sobre lo qué querían decir, sin pasar por el lápiz rojo de Rafael González, uno de los verdaderos arquitectos del monopolio brugueriano, pero cuyas corecciones le supusieron muchas discusiones y sinsabores con los dibujantes.
Mientras algunos como Víctor Mora (creador de "El Capitán Trueno" y "El Jabato") siguen adelante con sus quehaceres a la par que se fijan en cierta bella señorita de la compañía, González y la familia Bruguera se dedican por todos los medios a boicotear por activa o por pasiva la iniciativa, no tanto por miedo a verse desbancados, como por no sentar precedentes.
Como efecto colateral que surge el perder a autores de personajes tan celebrados como "Carpanta", Bruguera ve la inyección de sangre joven como algo positivo. Un muchacho tímido, algo pesimista y muy talentoso, Francisco Ibáñez, con la ética de trabajo de una mula, se inserta en la compañía, junto con su buen amigo Raf, también llamado a escribir su nombre en la historia del tebeo español.


Testimonio gráfico de la vida cotidiana de unos dibujantes y guionistas encorsetados en una sociedad que vivía bajo la lupa de una censura enloquecida porque la pobre Sigrid no ajustaba bien sus escotes, la experiencia de Tío Vivo empezará a torcerse por varios factores, aunque siempre queda un residuo para la esperanza...
ATENCIÓN, EL SIGUIENTE APARTADO DESVELA TRAMAS DEL ARGUMENTO:
Sorprenderá a más de uno que Manuel Vázquez, indudablemente por aquel entonces el mayor talento en bruto de la editorial, traicionará de semejante manera a sus compañeros y, por encima de todo, amigos. Vázquez, carismático e irresistible, parece haber gozado de una Bula papal para exonerarse ante la opinión pública de verdaderas puñaladas traperas como aquélla.
La recreación de Paco Roca complemente y mejora la visión que otorgó el cine con "El gran Vázquez", en un todo más verdadero. Con todo, parece que nuevamente el trotaconventos que huía de sastres, parece que sale demasiado bien parado de sus canalladas y eso, bastante fastidiado andaba porque la estructura franquista no se sentía del todo cómoda con la sed de hombre que presentaba una de "Las Hermanas Gilda". Se echa de menos que, Roca no haga inter-actuar a Ibáñez y Vázquez, la sabias y paciente tortuga frente a la liebre irresponsable y a chispazos.
Aunque, tal vez, esto sea un acierto para la obra. Ibáñez por su producción sin precedentes y probablemente inigualable y Vazquez, debido a su personalidad y genialidades breves pero innegables, siempre tendrán un hueco en la memoria del aficionado, especialmente el creador de "Mortadelo y Filemón". En cambio, carreras tan alucinantes como Escobar han empezado a ser injustamente olvidadas por las nuevas generaciones que hemos ido llegando. Comprometido al máximo con unos ideales incompatibles con la dictadura, Escobar se nos presenta como un digno derrotado, un hombre de familia preocupado, un artista polifacético, un individuo que supo burlarse de las familias ejemplares que pregonaba la Falange con esa divertida a la par que triste mueca que eran "Zipi y Zape", siempre mandados al cuarto de los ladrones por ese don Pantuflo que no hubiera tenido ningún problema en explicar por qué la pérfida Albión envidiaba la nobleza incomprendida de los españoles.
Lo mismo puede decirse de los otros cuatro fundadores de esa causa perdida, pero que fueron los cimientos de un cómic hispano más actual. Mientras Bruguera se dedicó a hacer refritos de sus mejores lápices sin ninguna novedad, ellos miraban lo que se hacía fuera, muy especialmente en el marco franco-belga, soñando con que llegaría un día en que las cosas, serían muy distintas. No tanto, empero, porque el Barcelona no tuviera que esperar más de diez años para ganar una Liga (no se me ofendan los culés, que les escribe uno del gremio).
Pieza recomendable al máximo, aunque probablemente, orientada a los que quieran conocer días pasados de nuestras viñetas. Asimismo, quizás sea un tema tan específico que un importante sector del público no le resultará tan fascinante si no ha tenido un Pulgarcito entre las manos.


miércoles, 12 de enero de 2011

CONVERSACIONES CON BILLY

Casi como hija de la anterior entrada, hoy comentamos un libro muy vinculado a la figura del director de la película de la que hablamos la semana pasada, Billy Wilder. Magnífico regalo de Reyes, entre otros ajetreos, he podido disfrutar la última semana devorando "Conversaciones con Billy Wilder", un compendio de entrevistas realizadas por el también cineasta Cameron Crowe a uno de los genios de la comedia en el séptimo arte.
La entrevista siempre ha sido un arte esquivo, si se hace muy bien, el resultado es extraordinario, un collage de impresiones muy ricas que van arrojando rasgos de la personalidad del entrevistado. No obstante, el más pequeño error o falta de ritmo, se penaliza caro, la mala pregunta o la floja respuesta va ralentizando a las siguientes. Es un verdadero éxito que haya sido un colega el que abordase la tarea (nada fácil por otra parte, ya que era un Wilder muy cansado y un poco de vuelta de todo), ya que comprende a la perfección el oficio que el protagonista había desempeñado y hasta perdonó cierto desplante que le hiciera tiempo atrás ante una audiencia que le solicitasen él y Tom Cruise para que hiciera cierto cameo.

Cierto es que, como toda elección tiene sus inconvenientes, Crowe y Wilder se pierden en algunos pasajes en conversaciones de rabinos, por la inherente deformación profesional que sienten dos buenos artesanos cuando se siente ante alguien que habla su lengua. Se hacen cortas las preguntas de su origen europeo y su drama familiar (tal vez el propio Wilder evitase esos recuerdos) y primeros años, aunque la figura de su esposa gana peso en las últimas sesiones, ofreciendo una imagen familiar que no se aborda en otras biografías del artista.

Como bien rescataron los publicistas de Alianza Editorial, nosotros también recurrimos a la frase que el no menos reconocido Martin Scorsese acerca de este trabajo: "Un libro precioso e insustituible como las mejores películas de Wilder".
Al efecto estético del mismo, destacar un corpus fotográfico muy bueno, imágenes algunas veces inéditas y muy interesantes. Por supuesto, trapos sucios y polémicas, como sus fuertes discusiones con Bogart durante "Sabrina" (conocido era el antisemitismo del protagonista de "Casablanca"), aunque la enfermedad del segundo propició una reconciliación.
Asimismo hay matizaciones de otras viejos tópicos de este discípulo aventajado de Lubitsch, como sus célebres broncas con Marilyn Monroe. Aunque le mataba con su indisciplina y capacidad de equivocarse en las más sencillas tomas, no le niega un sentido innato para la comedia y una sorprendente resolución en los clímax de los filmes. Otros, como su adoración de la pareja Lemmon-Matthau, era un secreto a gritos.

El esfuerzo de Crowe transcribiendo y ganándose con pericia la confianza de una personalidad tan peculiar como Wilder, hombre de verbo rápido y capaz de dejar sentado al más pintado, es el secreto del éxito de esta publicación. Ha habido temas no siempre lo suficientemente profundizados, como su modo de trabajo con Diamond (su alter-ego en muchos guiones) y, por supuesto, las decepciones, ya que nada nos suele consolar más que el hecho de constatar que los genios también tuvieron sus sinsabores.
En la exitosa carrera del vienés, hay uno en especial, un tema que le tocó la fibra y le replanteó salir de ese retiro entre consentido e inducido, para volver a ponerse a gritar "¡Acción!". Fue "La lista de Schindler". Reconociendo caballerosamente el mérito de Spilberg, como el propio Crowe, no dejamos de pensar la forma en que él le afectó este fenómeno, qué clase de visión le hubiera dado este fenomenal individuo a un tema tan delicado.
Polémicas, junto con su catalogación de Bogart, resultarán sus apreciaciones de genios tales como Peter Sellers, aunque también muestra su lado más fan y menos distanciado de todo, con Charles Laughton, el tremendo actor británico a quien sin duda coloca en un pedestal y afirma que era una delicia para cualquier director poder contar con él.
Muy curioso, libro de anécdotas, "Conversaciones con Billy Wilder" es un muy agradable y entretenido paseo por la mente de uno de los tipos más singulares que brindó su talento de El Viejo Continente a Hollywood. Entre sus tesoros, destacar cierta fotografía firmada por Groucho: "Billy, aquí tienes una firma que no aporta nada a tu colección". Sus mandamientos del guionista, también son de recomendable lectura para todas las personas que, alguna vez, soñamos con coger una máquina de escribir y tratar de ponerle sonrisa a una realidad bastante dura de por sí.

viernes, 7 de enero de 2011

EN BANDEJA DE PLATA

Comienza un nuevo año con vientos de crisis y, más de uno, estaría dispuesto a cualquier cosa con tal se salir del atolladero con algún cero de más a la derecha... incluso a costa de estafar al seguro.
Simple y clara, es la premisa de un guión brillante, firmado en los 60 por el genial director vienés Billy Wilder y su compañero de fatigas L. Diamond, pieza vital de un engranaje cómico que volvió a contar con una pareja dorada, hoy te hago reír más que ayer pero menos que mañana, Jack Lemmon y Walter Matthau.
Un individuo bastante bonachón, Harry Hinckle, recibe un percance por parte de uno de los mejores jugadores de fútbol americano del momento, mientras grababa el partido. Lemmon encarna al pobre Harry, que pese al susto, parece que pronto se podrá recuperar.
Justo entonces entra en escena su cuñado Willie, interpretado por un Walter Matthau tan meritorio que recibió el Oscar de la Academia por su excelente recreación de un verdadero picapleitos sinvergúenza. Con diálogos de una agilidad tremenda y aprovechando una lesión de infancia de su cuñado, el letrado le engatuse para que prolongue un poco la agonía, llegando a alarmar a la gran compañía responsable del accidente, que piensa que con Willie al frente, podrían llegar a sacar una indemnización asombrosa.
No obstante, conforme va recobrando su salud normal, Harry se da cuenta de que esta farsa ha ido demasiado lejos, mostrándose especialmente afectado por el hecho de que el jugador afroamericano que lo lesionó accidentalmente (Ron Rich) se esté mostrando muy preocupado, solítico y hasta, distraido en su juego, afectando su complejo de culpa a su rendimiento en la Liga. Pero, hay un factor en la ecuación que puede hacer al más cuerdo de los hombres caer en el pragmatismo del abogado: una mujer, una ex, para ser exactos.
Judi West es el cebo utilizado por el personaje de Matthau. West logra una caracterización muy buena de una antigua esposa que había abandonado a Harry y ahora, como los buenos carroñeros, vuelve al redil cuando intuye que puede sacar mucha pasta de ese acercamiento. El triángulo está planteado y en formato de pequeños capítulos con atinadísimos títulos, hace que sus más de dos horas de duración, no den la sensación de alargarse. También ayuda que aparte de comedia, esta obra de Wilder tiene buenas dosis de tragedia.

Mucho menos profunda que esa maravillosa obra maestra que es "El apartamento", "En bandeja de plata" es una ácida y brillante muestra de una sociedad moralmente descompuesta, como muestra esta secuencia:
Willie: ¿Qué estabas viendo?
Harry: Un documental de Abraham Lincoln.
Willie: Ah, gran presidente...¡mal abogado!
El retrato no estaría completo y el director y su equipo no son descuidados, sin poner igual "de bien" a la competencia, a los agentes de la compañía que buscan por todos los medios demostrar que Harry es un fraude. Encabezados por un Cliff Osmond que parece un hombre de la Pinkerton, son gente bastante oscura y gris, no pocas veces cuadriculados de mente y absolutamente desconfiados del género, empezando por ellos mismos.
Con un final sorprendente pero que no decepcione, una buena forma de estrenar el vídeo, DVD o Blue, con ironía, mucho humor y ciertos atisbos de tristeza por un mundo que nunca fue inocente.

martes, 28 de diciembre de 2010

AL SUR DEL INFIERNO



South Park es un programa que se autocalifica de grosero y violento, recomendado al espectador/a que no lo vea. Transcurre en un pequeño pueblecito que está habitado por vecinos que son cualquier cosa menos gente sencilla y alegre.

Trey Parker y Matt Stone llevan dando guerra con esta creación desde 1997, subiendo los capítulos gratuitamente en su página web y burlándose de todo y de todos, incluso de ellos mismos, acusándose de que las voces de los famosos son pobres invitaciones.

Cabezones y mal dibujados, los protagonistas son una pandilla de muchachos que viven en un lugar nevado que parece un cuento...cruel. Desde un niño gordo y malcriado por su hermafrodita madre (sí, han leído bien) llamada Eric Cartman, Stan, Kyle y Kenny (caracterizado por morir en muchos capítulos, con notables excepciones como uno en que las muchas avalanchas que acosan la localidad acaban con todos menos con su persona). Tiempo después, los creadores se darían cuenta de que uno de los secundarios de la escuela donde acuden los muchachos, el timorato Butters, Ned Flanders y además con varias pedradas en la cabeza antes de hora, podía ser uno más de la pandilla, aportando con su graciosísima sosería un tremendo dueto con Cartman.



Malencarada, en ocasiones terriblemente soez (el gusto por la escatología de algunos episodios llega a ser desagradable), nadie puede negar al programa su increíble democracia a la hora de la irreverencia.




Deudora total de Los Simpson, un hecho del que lógicamente no se avergüenza ("Ya se hizo en Los Simpson" es el título de uno de los episodios), se ha mostrado políticamente más comprometido que la obra prima de Groening, en ocasiones ansiosa de contentar a todos por igual.




Vertientes del cristianismo, islamismo radical, por supuesto judaísmo (uno de los muchachos procesa este credo), los simpáticos mormones (pam, pam, pam...) y muchos más (incluyendo la Cienciología, lo cual les enemistó con el doblador de uno de los personajes más carismáticos, Chef, el cocinero afroamericano de la Escuela que hace las veces de consejero de los chicos y, en una ocasión delirante, el mejor entrenador del mundo de balón prisionero), no se han librado de ser expuestos en este cadalso público que no tiene piedad ni con las buenas gentes ni con los más famosos más en el top de Hollywood (Jennifer López y Ben Affleck mucho podrían decir al respecto, por no hablar de una Barbara Streisand muy poco favorecida).



Precisamente en esos momentos, aunque otros episodios de humor absurdo puedan tener gags más brillantes, es donde South Park muestra una naturaleza que hace que sus legiones de seguidores le perdonen todo, incluyendo momentos más flojos o simplemente abominables por su manera de cruzar la frontera de lo chabacano.




La audaz manera de abordar el tema de la eutanasia fue tan asombrosa como desconcertante por su capacidad de mostrar pros y contras de un tema tan terrible sin perder en ningún momento su capacidad de ironizar pero sin tocar susceptibilidades. Menos polémica, pero igualmente enriquecedora, fue su visión de La Guerra de la Secesión, cuando el general Cartman Lee convence a sus convecinos de que es un aburrimiento seguir dejándose ganar en la recreación histórica solamente porque a ellos les ha tocado portar el uniforme gris. Por supuesto, Kenny es la única baja.





Otros, como el de los Detectives Junior, explota a la perfección todos los tópicos del género negro, incluyendo el jefe mostachudo y gruñón. Asimismo, como ya antes habíamos apuntado, la incorporación de Butters es todo un hallazgo, de hecho, llegará a protagonizar su propia aventura personal, llena de matrimonios rotos, celos e incluso intentos de asesinato, pero el muchacho (cuyo opening es una odiosa canciocilla que remata con "Soy yo"), permanece ajeno a todo, incluso a la presencia de OJ Simpson en la tranquila villa. Por no hablar de Awesomo.



Estos y muchos otros datos juntos (entre otros que Randy Marsh es uno de los mejores regalos de entre los secundarios que en la animación han sido) hacen que a día de hoy, South Park siga siendo un show desconcertante, que a veces te hace reír a mandíbula batiente, otras te mueve a la reflexión y en no pocas te da ganas de pegarles un sillazo a los creadores. Para lo bueno y lo malo, de obligada referencia.



Al sur del lugar visitado por Dante, le ironía y lo falaz se dan la mano, con la justa equidad de quien se burla de todo y blasfema en igualdad de condiciones de todo y de todos... no tomándose ni a ella misma en serio, ni siquiera al Gordo Abbot.






miércoles, 22 de diciembre de 2010

TODA GRECIA SABE LO QUE ESTÁ BIEN

A la hora de hablar de cómics épicos, suele ser una obligada referencia. 300 de Frank Miller es un clásico, probablemente desde que su atractiva propuesta salió impresa por primera vez, no pasó inadvertido.
Con un espectacular color por parte de Lynn Varley, narra la aventura épica de trescientos espartanos que se dirigen (contra la opinión de muchos miembros de su peculiar y militarizada sociedad) al paso de las Termópilas, para colaborar con otras polis griegas que quieren bloquear la inminente llegada del todopoderoso Gran Rey Jerjes, cuyas poderosas tropas vienen acompañadas del sonido del oro que está corrompiendo y derrotando la voluntad de otros compatriotas.
A pesar de no ser precisamente un dibujante preciocista, el lápiz de Miller brilla en esta obra personal a gran altura. Sus lacedemonios son individuos interesantes de espesas barbas negras, ariscos, no de demasiadas palabras (excepto uno que sabe narrar cuentos, un personaje clave) y, encabezados por su bravo rey Leónidas, bravos hasta extremos que serían considerados locos. Particularmente Leónidas, que había asesinado a un embajador persa por su arrogante conducta con la fórmula de "tierra y agua", es acusado de haber blasfemado y conducir a su patria a un desastre seguro, de ahí que tenga que recurrir a tan escasas unidades, eso sí, de sus más fieles.
El rigor histórico de 300 presenta muchas carencias. La indumentaria de las tropas persas no es la más acertada, la realidad ateniense es simplificada, se olvida en beneficio de potenciar a los espartanos a las otras naciones griegas que se quedaron hasta el final en aquel encabezonamiento militar... Pero, algunos años después de su creación, las inquietantes figuras de estos hijos de la guerra siguen conservando el extraño y aterrador encanto del propio mundo espartano.
Los diálogos de la obra son uno de sus grandes acierto, muy western, breves, sentenciosos pero con muchas aristas. "Malditos espartanos, siempre saben qué decir". Si históricamente 300 presenta laguna, su aparato mitológico es de primer orden, la obra engancha desde su arranque y está tapidaza con el barniz de la leyenda.
Mucho tiempo después, con motivo del estrena de su polémica adaptación al cine (que daría para una futura entrada), se acusó a Miller de haber hecho una historia más de Occidente contra Oriente. Lo cierto es que, reconociendo que este autor tiene una tendencia muy conservadora que le ha hecho meterse en algún proyecto cuyo mensaje o resulta atávico (El contra-ataque) o directamente un sinsentido (All Star Batman y Robin), no en vano Alex de la Iglesia en una hipérbole alta llegó a calificarle de "fascistoide entrañable", me parece absurda esa acusación en 300. Miller se convierte en un rendido de la épica, acentúa la mística que siempre ha existido cuando unos pocos plantan cara a muchos, pero ni hilaba tan fino en ese aspecto y si aquí los persas son "los malos", no creo que tuviera ningún inconveniente en potenciarlos si tuviera que contar por ejemplo los éxitos de Ciro El Grande.



Cualquiera sabe qué pasa por la mente de un tipo tan peculiar como Miller creando una obra así, pero no creó que mienta cuando afirma que su objetivo era rendir un homenaje a la obra cinematográfica "El León de Esparta", que vio durante su niñez. En verdad, este relato de lucha a caballo entre Clío y Homero, no puede sino impactar mucho en una persona joven.
Medidos también los momentos "tiernos" de la obra, especialmente esa inquietante mirada de Leónidas sobre el deforme Efialtes.
Idealizados hasta el extremo, estos Trescientos siguen formando parte de los mitos, también a través del arte de las viñetas.

Toda Grecia sabe lo que está bien... pero solamente los espartanos lo hacen.

martes, 14 de diciembre de 2010

EL AGUA BENDECIDA

¿Qué lleva a una madre soltera a lograr un patrimonio que desafiaría al de la mismísima reina de Inglaterra? La respuesta es relativamente fácil, un personaje que hoy por hoy es una marca registrada, un icono de los de verdad, mundialmente reconocible en cualquier rincón del mundo.
Me resulta difícil distanciarme de la emotividad a la hora de hablar de esta popular saga, que genera tantos adeptos como detractores. Servidor ha descubierto muchas de las bienaventuranzas de la literatura fantástica a través de estos libritos al principio (luego enciclopedias por su kilométrico tamaño) editados por Salamandra. Muy orientada a un público adolescente, el muchacho que salió de la alacena desfilará en siete breves reseñas en este blog, sirva como homenaje a una autora que a muchos, nos inyectó el amor por un género.
En primer lugar, hablar de "La piedra filosofal" es hacerlo de un cuento encantador, evidentemente, los años no pasan en balde y ya cuesta volver a proyectarse tanto con el bueno de Harry y su cicatriz. Sin embargo, la originalidad del universo presentado (los trenes, un elemento básico en la gestación de los primeros borradores, El Sombrero Seleccionador, El-que-no-debe-ser-nombrado...) le garantiza que sea ya un hito.
Spoiler: Cierto que juega con el concepto sospechoso claro inocente y profesor bueno-culpable, pero el abanico que abre de personajes entrañables (Ron, Hermione, Hagrid, Snape...) justifica que siga siendo un libro por el que muchos sentimos una sana nostalgia.
"La cámara de los secretos". En la segunda parte, Rowling se siente muy muy cómoda, explotando (qué británico es esto) las posibilidades de las Cuatro Casas. La búsqueda del heredero de Slytherin compensa de sobras que se repitan algunas estructuras narrativas de la primera parte.
Spolier: La resolución de Tom Ryddle y el diario es tremenda, es realmente muy divertido este villano, antecedente de Voldemort. De hecho, para un servidor, siempre será el verdadero antagonista de Harry. El-que-no-debe-ser-nombrado no deja de ser una buena adaptación de hechicero totalitarista con complejo hitleriano.
"El prisionero de Azkaban". Injustamente pocas veces mencionado como uno de los mejores libros de la saga. Su falta de acción es compensaba con un suspense muy interesante y muy buenos flasback. Se crea la memorable Azkaban, con los dementores, muy visuales y perfectos para fomentar la imaginación.
Más adulta de lo que parece, esta novelita entrega personajes tan curiosos como Peter, Lupin o Sirius Black.
Spolier: Final redondísimo, agridulce y genial dueto Sirius-Harry. Excelente, más allá de los prejuicios por el género (sí, va focalizada a un grupo de edad, pero esto le puede gustar a gente bastante crecidita), un guión extraordinario.

"El Cáliz de Fuego": Los editores de Rowling se han dado cuenta de que tienen una gallina de los huevos de oro. Por más que ella insista en que todo estaba pensado de antemano, a partir de esta cuarta parte, notamos como la saga se alarga, la explicación de que Harry y sus compañeros estén en plena edad del pavo, sigue sin justificar el alargamiento de determinados puntos.
Spolier: Muy superior al Torneo de los Tres Magos, es la resolución del papel de Ojoloco y la introducción poderosísima de los mortífagos, con un Voldemort renacida. Plan ingenioso en este caso del viejo Tom, los últimos y vertiginosos episodios de la muerte de Cedric y el duelo de Harry con Voldemort, el brillante epílogo con el discurso de Dumbledore compensa la excesiva extensión del libro.
Con todo, mucha gente no puede quejarse, ¿no querían que los críos leyesen? Pues dos tazas.


"La Orden del Fénix": Se introduce o se re-introduce (según se mire por cronología), La Orden del Fénix, la cual está presentada para ser la Némesis de los Mortífagos en plena "Noche de los Cuchillos Largos". Se sigue sucediendo una sobre-explotación narrativa, aunque interesante, la trama de la profecía se alarga, con un tono macbethiano.
Se crea a Dolores Umbridge para que Harry puede arguir que la profesora le tiene manía. Conceptos muy interesantes como la forzada alianza Snape-Potter.
Spoiler: Un poco forzada la muerte de Sirius a manos de Bellatrix. Se pierde un personaje carismático de un modo un poco gratuito. De nuevo, muy divertida la partida de ajedrez Voldemort-Dumbledore.

"El príncipe Mestizo": Los problemas del corazón crecen en Hogwarts, aunque todos sepamos que Ron está por Hermione y Harry quiere convertirse en cuñado de su mejor pelirrojo amigo, a pesar de los riesgos de tener que hacer regalos de Reyes a su abundante familia política. Interesantísimos flashback sobre los orígenes de Voldemort, volviendo a incidir en que Tom es el personaje más redondo de la saga.
Spolier: Al fin se utiliza la carta de Snape. Se introducen los fragmentos del alma de Voldemort y "detalles que quizás te hayas perdido" de los libros anteriores.




"Las reliquias de la muerte": Final apocalíptico de la sanga. Algún pasaje muy lírico como el de Hogsmeade, con la tumba de los señores Potter bajo la nieve. El cuentecillo encantador de las Reliquias de la Muerte, aunque el forzado triánguloso amoroso Ron-Harry-Hermione, en ocasiones exija que uno tenga que estar en fase FOQ para interesarle.



Spolier: Exceso de muertes con batallas finales marvelianas. Genial el cuentecillo de las Reliquias. Un final que homenajea a toda la saga. Con virtudes y defectos, sobre-explotada por el marketing (¡bondad graciosa, si hay hasta libros de quidditch, en serio!) hasta la saciedad, siempre podrá presumir de haber hecho leer (y no es hipérbole) a millones de generaciones de lectores/as.
Y eso es algo impagable. Qué bueno que aquel chico saliera de la alacena y de la custodia de sus espantosos tíos y aborrecible primo.