martes, 28 de diciembre de 2010

AL SUR DEL INFIERNO



South Park es un programa que se autocalifica de grosero y violento, recomendado al espectador/a que no lo vea. Transcurre en un pequeño pueblecito que está habitado por vecinos que son cualquier cosa menos gente sencilla y alegre.

Trey Parker y Matt Stone llevan dando guerra con esta creación desde 1997, subiendo los capítulos gratuitamente en su página web y burlándose de todo y de todos, incluso de ellos mismos, acusándose de que las voces de los famosos son pobres invitaciones.

Cabezones y mal dibujados, los protagonistas son una pandilla de muchachos que viven en un lugar nevado que parece un cuento...cruel. Desde un niño gordo y malcriado por su hermafrodita madre (sí, han leído bien) llamada Eric Cartman, Stan, Kyle y Kenny (caracterizado por morir en muchos capítulos, con notables excepciones como uno en que las muchas avalanchas que acosan la localidad acaban con todos menos con su persona). Tiempo después, los creadores se darían cuenta de que uno de los secundarios de la escuela donde acuden los muchachos, el timorato Butters, Ned Flanders y además con varias pedradas en la cabeza antes de hora, podía ser uno más de la pandilla, aportando con su graciosísima sosería un tremendo dueto con Cartman.



Malencarada, en ocasiones terriblemente soez (el gusto por la escatología de algunos episodios llega a ser desagradable), nadie puede negar al programa su increíble democracia a la hora de la irreverencia.




Deudora total de Los Simpson, un hecho del que lógicamente no se avergüenza ("Ya se hizo en Los Simpson" es el título de uno de los episodios), se ha mostrado políticamente más comprometido que la obra prima de Groening, en ocasiones ansiosa de contentar a todos por igual.




Vertientes del cristianismo, islamismo radical, por supuesto judaísmo (uno de los muchachos procesa este credo), los simpáticos mormones (pam, pam, pam...) y muchos más (incluyendo la Cienciología, lo cual les enemistó con el doblador de uno de los personajes más carismáticos, Chef, el cocinero afroamericano de la Escuela que hace las veces de consejero de los chicos y, en una ocasión delirante, el mejor entrenador del mundo de balón prisionero), no se han librado de ser expuestos en este cadalso público que no tiene piedad ni con las buenas gentes ni con los más famosos más en el top de Hollywood (Jennifer López y Ben Affleck mucho podrían decir al respecto, por no hablar de una Barbara Streisand muy poco favorecida).



Precisamente en esos momentos, aunque otros episodios de humor absurdo puedan tener gags más brillantes, es donde South Park muestra una naturaleza que hace que sus legiones de seguidores le perdonen todo, incluyendo momentos más flojos o simplemente abominables por su manera de cruzar la frontera de lo chabacano.




La audaz manera de abordar el tema de la eutanasia fue tan asombrosa como desconcertante por su capacidad de mostrar pros y contras de un tema tan terrible sin perder en ningún momento su capacidad de ironizar pero sin tocar susceptibilidades. Menos polémica, pero igualmente enriquecedora, fue su visión de La Guerra de la Secesión, cuando el general Cartman Lee convence a sus convecinos de que es un aburrimiento seguir dejándose ganar en la recreación histórica solamente porque a ellos les ha tocado portar el uniforme gris. Por supuesto, Kenny es la única baja.





Otros, como el de los Detectives Junior, explota a la perfección todos los tópicos del género negro, incluyendo el jefe mostachudo y gruñón. Asimismo, como ya antes habíamos apuntado, la incorporación de Butters es todo un hallazgo, de hecho, llegará a protagonizar su propia aventura personal, llena de matrimonios rotos, celos e incluso intentos de asesinato, pero el muchacho (cuyo opening es una odiosa canciocilla que remata con "Soy yo"), permanece ajeno a todo, incluso a la presencia de OJ Simpson en la tranquila villa. Por no hablar de Awesomo.



Estos y muchos otros datos juntos (entre otros que Randy Marsh es uno de los mejores regalos de entre los secundarios que en la animación han sido) hacen que a día de hoy, South Park siga siendo un show desconcertante, que a veces te hace reír a mandíbula batiente, otras te mueve a la reflexión y en no pocas te da ganas de pegarles un sillazo a los creadores. Para lo bueno y lo malo, de obligada referencia.



Al sur del lugar visitado por Dante, le ironía y lo falaz se dan la mano, con la justa equidad de quien se burla de todo y blasfema en igualdad de condiciones de todo y de todos... no tomándose ni a ella misma en serio, ni siquiera al Gordo Abbot.






miércoles, 22 de diciembre de 2010

TODA GRECIA SABE LO QUE ESTÁ BIEN

A la hora de hablar de cómics épicos, suele ser una obligada referencia. 300 de Frank Miller es un clásico, probablemente desde que su atractiva propuesta salió impresa por primera vez, no pasó inadvertido.
Con un espectacular color por parte de Lynn Varley, narra la aventura épica de trescientos espartanos que se dirigen (contra la opinión de muchos miembros de su peculiar y militarizada sociedad) al paso de las Termópilas, para colaborar con otras polis griegas que quieren bloquear la inminente llegada del todopoderoso Gran Rey Jerjes, cuyas poderosas tropas vienen acompañadas del sonido del oro que está corrompiendo y derrotando la voluntad de otros compatriotas.
A pesar de no ser precisamente un dibujante preciocista, el lápiz de Miller brilla en esta obra personal a gran altura. Sus lacedemonios son individuos interesantes de espesas barbas negras, ariscos, no de demasiadas palabras (excepto uno que sabe narrar cuentos, un personaje clave) y, encabezados por su bravo rey Leónidas, bravos hasta extremos que serían considerados locos. Particularmente Leónidas, que había asesinado a un embajador persa por su arrogante conducta con la fórmula de "tierra y agua", es acusado de haber blasfemado y conducir a su patria a un desastre seguro, de ahí que tenga que recurrir a tan escasas unidades, eso sí, de sus más fieles.
El rigor histórico de 300 presenta muchas carencias. La indumentaria de las tropas persas no es la más acertada, la realidad ateniense es simplificada, se olvida en beneficio de potenciar a los espartanos a las otras naciones griegas que se quedaron hasta el final en aquel encabezonamiento militar... Pero, algunos años después de su creación, las inquietantes figuras de estos hijos de la guerra siguen conservando el extraño y aterrador encanto del propio mundo espartano.
Los diálogos de la obra son uno de sus grandes acierto, muy western, breves, sentenciosos pero con muchas aristas. "Malditos espartanos, siempre saben qué decir". Si históricamente 300 presenta laguna, su aparato mitológico es de primer orden, la obra engancha desde su arranque y está tapidaza con el barniz de la leyenda.
Mucho tiempo después, con motivo del estrena de su polémica adaptación al cine (que daría para una futura entrada), se acusó a Miller de haber hecho una historia más de Occidente contra Oriente. Lo cierto es que, reconociendo que este autor tiene una tendencia muy conservadora que le ha hecho meterse en algún proyecto cuyo mensaje o resulta atávico (El contra-ataque) o directamente un sinsentido (All Star Batman y Robin), no en vano Alex de la Iglesia en una hipérbole alta llegó a calificarle de "fascistoide entrañable", me parece absurda esa acusación en 300. Miller se convierte en un rendido de la épica, acentúa la mística que siempre ha existido cuando unos pocos plantan cara a muchos, pero ni hilaba tan fino en ese aspecto y si aquí los persas son "los malos", no creo que tuviera ningún inconveniente en potenciarlos si tuviera que contar por ejemplo los éxitos de Ciro El Grande.



Cualquiera sabe qué pasa por la mente de un tipo tan peculiar como Miller creando una obra así, pero no creó que mienta cuando afirma que su objetivo era rendir un homenaje a la obra cinematográfica "El León de Esparta", que vio durante su niñez. En verdad, este relato de lucha a caballo entre Clío y Homero, no puede sino impactar mucho en una persona joven.
Medidos también los momentos "tiernos" de la obra, especialmente esa inquietante mirada de Leónidas sobre el deforme Efialtes.
Idealizados hasta el extremo, estos Trescientos siguen formando parte de los mitos, también a través del arte de las viñetas.

Toda Grecia sabe lo que está bien... pero solamente los espartanos lo hacen.

martes, 14 de diciembre de 2010

EL AGUA BENDECIDA

¿Qué lleva a una madre soltera a lograr un patrimonio que desafiaría al de la mismísima reina de Inglaterra? La respuesta es relativamente fácil, un personaje que hoy por hoy es una marca registrada, un icono de los de verdad, mundialmente reconocible en cualquier rincón del mundo.
Me resulta difícil distanciarme de la emotividad a la hora de hablar de esta popular saga, que genera tantos adeptos como detractores. Servidor ha descubierto muchas de las bienaventuranzas de la literatura fantástica a través de estos libritos al principio (luego enciclopedias por su kilométrico tamaño) editados por Salamandra. Muy orientada a un público adolescente, el muchacho que salió de la alacena desfilará en siete breves reseñas en este blog, sirva como homenaje a una autora que a muchos, nos inyectó el amor por un género.
En primer lugar, hablar de "La piedra filosofal" es hacerlo de un cuento encantador, evidentemente, los años no pasan en balde y ya cuesta volver a proyectarse tanto con el bueno de Harry y su cicatriz. Sin embargo, la originalidad del universo presentado (los trenes, un elemento básico en la gestación de los primeros borradores, El Sombrero Seleccionador, El-que-no-debe-ser-nombrado...) le garantiza que sea ya un hito.
Spoiler: Cierto que juega con el concepto sospechoso claro inocente y profesor bueno-culpable, pero el abanico que abre de personajes entrañables (Ron, Hermione, Hagrid, Snape...) justifica que siga siendo un libro por el que muchos sentimos una sana nostalgia.
"La cámara de los secretos". En la segunda parte, Rowling se siente muy muy cómoda, explotando (qué británico es esto) las posibilidades de las Cuatro Casas. La búsqueda del heredero de Slytherin compensa de sobras que se repitan algunas estructuras narrativas de la primera parte.
Spolier: La resolución de Tom Ryddle y el diario es tremenda, es realmente muy divertido este villano, antecedente de Voldemort. De hecho, para un servidor, siempre será el verdadero antagonista de Harry. El-que-no-debe-ser-nombrado no deja de ser una buena adaptación de hechicero totalitarista con complejo hitleriano.
"El prisionero de Azkaban". Injustamente pocas veces mencionado como uno de los mejores libros de la saga. Su falta de acción es compensaba con un suspense muy interesante y muy buenos flasback. Se crea la memorable Azkaban, con los dementores, muy visuales y perfectos para fomentar la imaginación.
Más adulta de lo que parece, esta novelita entrega personajes tan curiosos como Peter, Lupin o Sirius Black.
Spolier: Final redondísimo, agridulce y genial dueto Sirius-Harry. Excelente, más allá de los prejuicios por el género (sí, va focalizada a un grupo de edad, pero esto le puede gustar a gente bastante crecidita), un guión extraordinario.

"El Cáliz de Fuego": Los editores de Rowling se han dado cuenta de que tienen una gallina de los huevos de oro. Por más que ella insista en que todo estaba pensado de antemano, a partir de esta cuarta parte, notamos como la saga se alarga, la explicación de que Harry y sus compañeros estén en plena edad del pavo, sigue sin justificar el alargamiento de determinados puntos.
Spolier: Muy superior al Torneo de los Tres Magos, es la resolución del papel de Ojoloco y la introducción poderosísima de los mortífagos, con un Voldemort renacida. Plan ingenioso en este caso del viejo Tom, los últimos y vertiginosos episodios de la muerte de Cedric y el duelo de Harry con Voldemort, el brillante epílogo con el discurso de Dumbledore compensa la excesiva extensión del libro.
Con todo, mucha gente no puede quejarse, ¿no querían que los críos leyesen? Pues dos tazas.


"La Orden del Fénix": Se introduce o se re-introduce (según se mire por cronología), La Orden del Fénix, la cual está presentada para ser la Némesis de los Mortífagos en plena "Noche de los Cuchillos Largos". Se sigue sucediendo una sobre-explotación narrativa, aunque interesante, la trama de la profecía se alarga, con un tono macbethiano.
Se crea a Dolores Umbridge para que Harry puede arguir que la profesora le tiene manía. Conceptos muy interesantes como la forzada alianza Snape-Potter.
Spoiler: Un poco forzada la muerte de Sirius a manos de Bellatrix. Se pierde un personaje carismático de un modo un poco gratuito. De nuevo, muy divertida la partida de ajedrez Voldemort-Dumbledore.

"El príncipe Mestizo": Los problemas del corazón crecen en Hogwarts, aunque todos sepamos que Ron está por Hermione y Harry quiere convertirse en cuñado de su mejor pelirrojo amigo, a pesar de los riesgos de tener que hacer regalos de Reyes a su abundante familia política. Interesantísimos flashback sobre los orígenes de Voldemort, volviendo a incidir en que Tom es el personaje más redondo de la saga.
Spolier: Al fin se utiliza la carta de Snape. Se introducen los fragmentos del alma de Voldemort y "detalles que quizás te hayas perdido" de los libros anteriores.




"Las reliquias de la muerte": Final apocalíptico de la sanga. Algún pasaje muy lírico como el de Hogsmeade, con la tumba de los señores Potter bajo la nieve. El cuentecillo encantador de las Reliquias de la Muerte, aunque el forzado triánguloso amoroso Ron-Harry-Hermione, en ocasiones exija que uno tenga que estar en fase FOQ para interesarle.



Spolier: Exceso de muertes con batallas finales marvelianas. Genial el cuentecillo de las Reliquias. Un final que homenajea a toda la saga. Con virtudes y defectos, sobre-explotada por el marketing (¡bondad graciosa, si hay hasta libros de quidditch, en serio!) hasta la saciedad, siempre podrá presumir de haber hecho leer (y no es hipérbole) a millones de generaciones de lectores/as.
Y eso es algo impagable. Qué bueno que aquel chico saliera de la alacena y de la custodia de sus espantosos tíos y aborrecible primo.


jueves, 2 de diciembre de 2010

YO ME RECUERDO

Hay un viejo dicho sobre los buenos boxeadores. Si su punto fuerte es, por ejemplo, el gancho de izquierda, sabes perfectamente cuál es el tipo de golpe que no van a emplear en primera instancia. La explicación simple a este hecho es que, normalmente, dejamos nuestra mejor baza para momentos más avanzados, cuando andemos con menos ideas.
Con esta deliciosa pieza de Fellini, rodada en 1973, ocurre algo muy parecido. Durante cierto tiempo ha sido un as en la manga, una carta marcada para cuando la partida se pusiera apurada. Justo cuando no sabía qué película presentar en el blog, este recuerdo italiano surgió en mi auxilio, era su momento y un gesto de la debida gratitud, pues a ella debemos el nombre del mismo.
En primer lugar decir que la memoria es muy peligrosa y la autobiografía aún más. Nuestro propio egocentrismo nos hace olvidarnos de los detalles, de los importantes y de los cotidianos, sin embargo, hay narradores excepcionales como Fellini que saben que incluso cuando quieren hacer un recorrido por su propia niñez, que conocen el gran secreto, como buenos titiriteros, no se centran en su marioneta, sino que hacen hablar al resto, para callar y traerlos al espectador con la sutileza de un guante de seda.
Amarcord es una vista atrás genial y preciocista, como en un sueño. Comienza la raíz en una Italia oscura, donde la sombra totalitarista del fascismo amenazaba con engullirlo todo, pese a ello, igual que en el cine de otros grandes como los malogrados Berlanga y Azcona, no hay asomo de rencor, tampoco de revancha, una simple demostración de lo qué pasó y por qué sucedió. Un collage de personajes increíbles y una puesta en escena cautivadora.


Si alguna vez bucean por la muy interesante página de Filmaffinity, entre muchas otras buenas críticas, no dejen pasar la ocasión de leer la excelente reseña del santanderino apodado Burton, quien capta a la perfección la sensibilidad del montaje de Fellini y el significado que da el director a la familia de personajes que lo componen.
Desde estilizadas figuras como la Gradisca (Magali Nöel), peluquera que escondía tras la falda una calculadora como dirían los versos sabinescos, hasta la prostituta Volpina (Josiane Tanzilli), pasando por la rolliza panadera. Una villa ingenua pero no tanto, una sensualidad que busca despertar y personajes con necesidades más humanas, una provocación edulcorada por una mirada triste.
Bruno Zanin es el excelente alter-ego del propio Fellini en la obra, que no duda en utilizar todos los elementos a su alcance para hacer una reflexión que va más allá de lo cinematográfico (la música de Nino Rota). Decían en cierta serie de dibujos animados que pocas veces sentimos más respeto por una historia que cuando ésta narra la desventura de una vieja derrota, con humanidad y desnudez del alma.
Fellini se basa en un equipo excelente para dibujarse a sí mismo y a lo que le rodeaba sin pudor, carente de cualquier deseo de dejarse seducir por la nostalgia. Esta crítica, pocas notas a pie de página puede poner a este producto redondo, a este cine elevado a arte...Veanla, de verdad, se lo recomiendo, esto, no se lo pueden perder.

domingo, 28 de noviembre de 2010

ROMANCE CRIMINAL

Desafortunadamente La Banda de Magliana existió y, apuesto a que no era nada agradable haber sido vecino de "El Libanés" y los suyos. Quede esto como declaración de intenciones, al hablar de los personajes y los hechos, el juicio se basa solo en un producto televisivo, en un recorrido histórico salpicado de cine negro de altura.




Basada en la novela de Giancarlo de Cataldo, narra el auge inesperado de una pequeña banda de jovenzuelos que en la coyuntura de la Italia de los 70, verdaderamente se hicieron con el emporio delictivo de la Ciudad Eterna. Previamente se había hecho una película, pero, obviamente, esta producción italiana que arrancó en 2008 tuvo la ventaja de poder recrearse en los detalles, contando todos los prolegómenos desde el principio.




Y es que Sky Italia ha hecho una apuesta de valientes. Han creado una serie de episodios al estilo del mejor cine, sin escamitar en gastos y en esfuerzos. La música está especialmente ambientada para la época y la fotografía (a cargo de Paolo Carnera) traslada a otro tiempo. En concreto, los días donde unos imberbes secuestradores tuvieron más suerte de la que merecían y se hicieron con un buen botín. En vez de fundírselo en copas y mujeres como tantas otras veces, un tipo apodado "El Libanés" convenció a los otros para conservarlo, buscando crear un fondo común que a largo plazo les hiciera marcar la diferencia con las otras bandas o, la mismísimas familias.


Es el punto de arranque de doce episodios vertiginosos, de lo mejorcito que haya traído el país mediterráneo últimamente en materia de entretenimiento. Superando los primeros episodios, donde se asientan las bases y conocemos a los personajes (aunque se redunda mucho en la relación Patrizia-El Dandi, repitiéndose), llega un momento donde la trama atrapa y no existe vuelta atrás.



Especialmente digno de mención en su evolución es el personaje de El Libanés (perfectamente encarnado por Francesco Montanari), en un principio parece un tópico con patas, continuamente con cara de mosqueo. Los flasback, el propio talento del actor y momentos como el re-encuentro con su antigua novia, nos van humanizando a un se abyecto, pero terriblemente interesante como carácter ficticio. Su liderazgo es el pegamento que mantiene unido a un triunvirato que debe vérselas con un puñado de niñatos (aunque sean mocosos muy peligrosos), siendo los otros dos en discordia El Frío (Vinicio Marchioni, un tipo tranquilo y con las ideas claras) y El Dandi (Alessandro Rojo, con mucha química en pantalla con la sensual Daniela Virgilio, la cortesana de lujo de los criminales romanos, Patrizia, todo un Marco Antonio de los nuevos emperadores).
Afortunadamente, entre tanto delincuente, hay un paréntesis que por ejemplo se hubiera agradecido mucho en Los Soprano y es, la vista desde el otro lado, para que no estemos tanto tiempo con tan malas compañías. Stefano Sollima, que dirige todo a la perfección, focaliza mucho en el comisario Scialoja (un gran Marco Bocci, recuerda al Jim Gordon del gran Gary Oldman), heterodoxo en sus métodos y sospechoso por su familia de ser un "comunista" infiltrado en el Departamento Policial. El único defecto es que en un principio, como ocurre sin ir más lejos en "American gángsters", es que hasta que las dos vidas paralelas no se entrelazan, parece faltar algo. Conforme avance, su vinculación y odio hacia lo que representan El Libanés y estos reyes de Roma se va haciendo más y más personal, especialmente por Patrizia, el elemento que se sale de la ecuación.
Verdaderamente, tras el épico final que proporciona la primera temporada, es una gran noticia que el show haya recibido luz verde para continuar. Esta pequeña joya italiana ha roto con la hegemonía de las series norteamericanas como las únicas que supuestamente aspiraban a hacer productos de este tipo. Estamos de verdadera enhorabuena y son muchos los interrogantes que dejan la docena inicial de platos presentados, aunque el círculo de cierra de forma maravillosa.
Hay mucha inteligencia dramática, especialmente hay un manejo del tempo de perro resabiado, con unos acordes por parte de Pasquale Catalano evocadores y unos actores en estado de gracia. Desde que A.Moore metió a Rorschach en la cárcel o cuando Juan Oliver conoció a Malamadre, no disfrutábamos tanto de una estancia en presidio como cuando El Libanés y los suyos se sumergen en una hora angustiante donde la policía y La Vieja Guardia parecen proponerse que esos pretenciosos cachorros no se salgan con la suya. Los silencios y los diálogos son asimismo extraordinarios.
Absolutamente recomendable.

domingo, 21 de noviembre de 2010

UNTOLD TALES

Dicen el refrán que el hambre agudiza el ingenio, bien quedaría demostrado por la picaresca. No obstante, la crisis económica no parece gozar de ese placet. Más bien al contrario, cuanto más debería intentar moverse el capital, el agarrotamiento se acentúa, a la par que hay un firme conservadurismo, mejor defenderse subidos al larguero que buscar otro tanto.
El mercado de los cómics no ha sido ajeno a esos altibajos, ni siquiera vacas sagradas ni personajes con el tirón de público y mercado de Spiderman. A la altura de los 90, tras conocer etapas brillantes, la colección estaba en un callejón sin salida. El trepa-muros era casi irreconocible con tanto clon para sus lectores más veteranos, mientras que era muy difícil que un chaval de la siguiente generación se mostrará interesado por comprar en el kiosko una serie que ya llevaba miles de ejemplares. ¿A quién le apetece llegar a una fiesta donde lo mejor ya ha pasado?
Por aquel entonces editor, Tom Breevort se puso a hacer algo que en ocasiones no se aplica en los negocios, buscar algo que simplificase, amparándose en aquella máxima de que a veces, el paso más sencillo bien puede ser el más correcto. Tuvo dos aciertos fundamentales, uno, crear una colección nueva que no llegaría a costar un dólar...¿segundo? Elegir a Kurt Busiek como guionista principal del proyecto.

Busiek empezó a razonar y se se encontró con que su editor le había dado una manzana muy apetecible. Eran en las colecciones principales donde la estaban fastidiando, a él le habían dado una pequeña parcela que si salía bien estupendo, si no, tampoco era el máximo responsable. Por ello, se jugaría un órdago a la grande, narraría la época más clásica del lanzarredes, precisamente aquella que ahora, la nostalgia injusta de que cualquier tiempo pasado fue mejor, la hacía la única visión del personaje que la gente estaría dispuesta a comprar.
Consciente de que hacía falta la pieza más importante, un dibujante, Busiek sondeó y pronto se vio agradablemente sorprendido de que Pat Oliffe, uno de los lápices más ascedentes en aquellos momentos en Marvel, se había enterado en los rumores de pasillo y había preparado unos bocetos de aquella época anterior. Se había centrado en su etapa preferida, de de John Romita, sin duda, uno de los más elegantes artistas que ha tenido la colosal factoría norteamericana.
Busiek quedó encantado con el trabajo, pero pronto informó a Oliffe de que iban a navegar en unas aguas aún más antiguos, en los primigenios días de Stan Lee y "el mago" Steve Ditko. Una etapa tal vez hoy a muchas luces ingenua, pero que en plena década de los 60 debe ser considerado un clinic de marketing y cómo saber llegar a un público joven. No obstante, llamarse "Las historias jamás contadas" bien podía considerarse una afrenta, una nueva e irrespetuosa oleada de músicos que rajaban viejas y reverenciadas partituras. Nuevamente, el talento de guionista de Busiek hizo olvidar cualquier asomo de duda.
Antes de hacer nada, con un blog de notas pegado, Busiek se sumergió en la hemeroteca de la editorial para una re-lectura de todos los cómics clásicos de aquellos días. Los leyó ya sin el apasionamiento infantil, pero sí con una perspectiva, aunque fuera de ficción, casi filológica (cómo se hablaban, qué expresiones se utilizaban) e histórica (pues, para su sorpresa, aunque eran cómics casi idolatrados por la crítica, tenían no pocos sinsentidos y lagunas graves). No solamente se supo al dedillo los primeros días de Peter Parker, sino de los otros personajes de la editorial, para evitar en todo momento incongruencias o tirar por tierra el trabajo de los demás.

Una vez salió la colección a finales de aquella década bastante necesitada, de nuevo hubo ojos que se fijaron en aquel personaje que seguía gozando del interés del público pese a sus irregularidades. Los lectores más jóvenes se sentían encantados por lo que estaban viendo, la veintena de números presentada imponía muchísimo menos que el gigantesco corpus arácnido anterior. Por el otro lado, los más veteranos, se sentían maravillados de haber vuelto a esa especie de máquina del tiempo. Busiek planteaba dos lecturas, por un lado, simples cómics entretenidos y divertidos, pero, para quienes pudieran leer entre líneas, muchos chistes privados, referencias, insinuaciones...lejos de blasfemar contra la pareja Lee-Ditko, sus Untold Tales complementaban cual excelentes notas a pie de página, lo anterior.

Por su lado, Oliffe hizo un papel en las sombras muy poco valorado, pero imprescindible. Su capacidad de asemejarse a la maestría triste adolescente de Ditko es solamente equiparable a su pericia respetando los rostros de los secundarios. Da la impresión de que fue una andadura en la cual Oliffe sacrificó parte de su propio estilo para dar esa sensación de volver a estar en aquella etapa, algo solamente al alcance de unos pocos.
No obstante, aunque su económico precio hizo que fuera una colección cuya breve pero intensa andadura fue registrada con un sano balance, Untold Tales ha ido alcanzando su verdadero relieve hace relativamente poco. Futuras re-ediciones en tomos de tapa dura, elogiosas críticas en reseñas sobre el personaje...

Lo cual no indica que no estuviera exenta de defectos. La propia fórmula por atractiva que fuese, tenía una fecha de caducidad clara. Para el interrogante quedará por qué Busiek no siguió, cuando era sabido que tenía cosas pensadas hasta la muerte de Gwen Stacy. Otro hándicap fue que por compromisos de agenda, Oliffe no pudiera firmar todos los números, aunque normalmente tuvo sustitutos de primer nivel (Ron Frenz, el gran entintador Jose Sinnot, el mismísimo John Romita en un disparatado y no muy creíble Year Zero de los Parker, etc.), a diferencia por ejemplo del mítico tándem Stan Lee-Jack Kirby o los propios Lee-Ditko, le ha faltado esa fortuna que aporta una sensación de rodeo del círculo impecable.


Desenpolvando este legado del baúl de los recuerdos, me ha sorprendido la ingenuidad de algunos momentos, pero no hay que caer en el error del lector de las novelas detectivescas cuando tras años, no le sorprende que el asesino sea el mayordomo. Me es complicado proyectarme tanto como antes en ese instituto de Forest Hills, pero a pesar de su inocente apariencia, sigo viendo un trabajo de gran inteligencia, para todos los públicos, con una gran dosis de hunor y muy, muy entretenidos.
Untold Tales of Spiderman...nuff said

sábado, 13 de noviembre de 2010

89 RAZONES

89 para justificar esta entrada. No pilla de nuevas a este blog, hace cierto tiempo, una espléndida película, "El Verdugo", desfilaba por aquí. Tal vez, dentro de poco, otras soberbias piezas como "Plácido" o "La vaquilla" lo hagan. Todas tendrán algo en común, exigirán que hablemos de su hacedor, Luis García Berlanga.
La desaparición de este célebre director a apenas unos meses de alcanzar la cifra de los 90, es la de algo más que la de un personaje famoso en la gran pantalla. Es el final del camino de un verdadero número 1, de un genio con mayúsculas, uno de esos tipos especiales. Dicen que un gigante da tres pasos para que el resto de los mortales puedan seguir su estela. En el cine español y europeo, Berlanga ejemplifica a la perfección esa metáfora.




En un contexto histórico y político muy oscuro, por no decir dramático, sus películas se elevan sobre muchas otras producciones de la época como verdaderos salvavidas. El milagro de que Plácido fuera nominada a los Oscar fue un coqueteó con la grandeza en un momento donde ello era impensable. Pero no era en tierras americanas, ésas de Mr. Marshall and company, donde le iban a comprender mejor. La crítica italiana, especialmente en Venecia, tan cercana en estilo picaresco, no dudó en galardonar su osadía contra la pena de muerte.


Por supuesto, no lo hizo solo. Este valenciano hijo de un padre que sirvió en el peor bando posible de una guerra civil, el que pierde, contó en la mayoría de las ocasiones con su otro yo. Rafael Azcona, también ya desaparecido. Monta tanto, tanto monta, podríamos decir que Azcona escribía con acidez lo que Berlanga quería decir pero no plasmaba y que Luis, rodaba lo que Azcona no podía dirigir.
Fue una relación de amor-odio propia de cuando dos estrellas chocan en el mismo equipo. Juntos hicieron maravillas y aunque en ocasiones hubo discrepancias (que provocaron que el escritor no ofreciera "El Cochecito" a su colega), cuando se conjuntaron, el nivel al que se desplegaron fue altísimo. Las piezas que diseñaron eran un espejo absolutamente veraz del mundo, verdades a la cara dichas con mucha gracia, pero no por ello menos aterradoras.


A pesar del humor oscuro y en ocasiones visceral (inolvidable esa maraña al final de "¡Vivan los novios!", creo que la clave de la buena salud de sus ideas cara a futuros revisionados radica en la falta de rencor. En un país casi por tradición cainita, donde casi nunca se sabe ganar e impera la cultura de culpar a los otros, Berlanga hacia una caricatura a mala idea, pero a su manera, nunca había hipérbole ni tampoco juicios de valor. Atontando a los censores con un juego de diálogos digno de Woody Allen, consiguió unas amables palabras del dictador Franco: "Berlanga no es un mal director de cine, pero es un mal español". Era difícil encontrar mejor elogio posible en aquellos instantes.
Curiosa es la manera que cada uno tiene de verse, Berlanga no dudaba en calificarse como un "cagado ante la vida", le gustaban poco las trifulcas y las manifestaciones, a favor o en contra. No obstante, no deja de resultar irónico que el 90% de su producción, a excepción de sus timoratos inicios y su fase final ya más liberada, fueran auténticas bofetadas al convecionalismo. Nada escapó a su ojo clínico, incluyendo la nobleza de las cacerías. La saga de los Leguineche bien puede tener un cero en técnica en composición, pero siempre brillará a grandísima altura en cuanto a ingenio y descarnada autopsia de un régimen caduco.
Y en esos momentos, como los grandes analistas, sus predicciones solían cumplirse. Nadie entendía porque insistía tanto en insertar el elemento del móvil en "Todos a la cárcel", poco tiempo después, nadie saldría a la calle sin él. En "Moros y cristianos", ya daba un divertido avance de cómo se movería el mundo del markéting y qué clase política era la que nos esperaba a nosotros, los ciudadanos de pie, que como era de justicia, éramos retratados como verdadores cabrones que van a la suya, ignorando las desgracias del Plácido de turno (que por otra parte, tampoco era ningún santo, de hecho, solamente en "Calabuch" hay personajes realmente "buenos", si se quiere usar esa expresión).



Hablábamos hace nada de una vieja alcahueta ajedrecista de enamorados, pues al igual que Celestina, Berlanga, que tiene ya un adjetivo para definir su propio cine, jugó con las mejores piezas posibles. Mozart se dividió en algunas de sus óperas retando a sus artistas a mantener situaciones casi inverosímiles de clímax, como muy bien se recrea en Amadeus. Berlanga retaba a algunos de los mejores actores y actrices de nuestro panorama, a unas frases kilométricas, auténtica ingeniería de la memoria... Pero qué resultado, cuán natural para nosotros, espectadores, siempre en el momento justo.
Salvo que el jueves haya milagro, Berlanga se nos despide, aunque quien sabe, se encargará de alguna manera de seguir recordándonos que la vida es tan jodida que merece la pena reírse, hasta de lo más sagrado, a ser posible poniendo verde a más de alguno. Es lo que tenía ser uno de los mejores directores de siempre.
Irrepetible, vayan a la primera boutique que puedan y pillen alguna de sus cintas, de verdad, merece la pena...Ah, se me olvidaba, astro-húngaros serían si no lo hicieran.