jueves, 18 de febrero de 2010

LOS FANTASMAS DE GOYA



Y fue la noticia. Celda 211, el magnífico thriller carcelario que hasta entonces pensábamos que solamente se podía hacer en Estados Unidos, se coló con merecimiento en la fiesta del cine nacional, veni, vidi, vinci. Los ocho bustos del artista son la constatación de un éxito. Quizás, un poco exagerado, siempre suele suceder, tal vez hubo el típico desequilibrio, pero bueno, como dicen por ciertos lares: Solamente podía quedar uno.

Junto con el de mejor película, casi siempre el más codiciado, creo que hay uno que será para exhibir y hasta contar a los nietos por el ganador. Luis Tosar ha usado su talento y el regalo que era un personaje como Malamadre para batir un triunvirato de ensueño: Ricardo Darín, ese artista argentino al que parece que alguien le puso una varita mágica y le dijo: "Vas a actuar y lo vas a hacer como nadie", al camaleón de camaleones, Jordi Mollá y, al sorprendente De la Torre, dando su do de pecho en "Gordos". Lo cierto es que si cualquiera de los cuatro se hubiera llevado al gato al agua, pocos peros habría que ponerles, pocas veces se ha juntado tanto talento y menos polémica había en los seleccionados. Fue el premio que vi con mayor interés.

El maestro de ceremonias fue el monologuista y showman Andreu Buenafuente. Poco vamos a descubrir aquí de Andreu, rápido, sagaz e irónico, no obstante, me parece que en la gala se mostró menos corrosivo de lo que acostumbra, llegando a usar cosas muy trilladas. Lo más (por lo menos a mi modesto juicio) irritante fue la manía de lanzar guiños,no por el hecho en sí, sino porque quedaba más que patente la simpatía que siente por algunos (su complicidad con Resines u otros que han estado en su programa era evidente), lo cual se parece a cuando un profesor que se supone que es para todos se limita a atender las preguntas de ciertas bancas. Aunque Buenafuente siempre despierta sonrisas y sus momentos con la Sardá fueron de lo mejor. ¿Y en la pasarela? Decir que aún estamos lejos de lo bueno y lo malo de Hollywood, algunos de nuestros artistas siguen queriendo el distaciamiento pero si el glamour, pero tampoco se prestan a dar mucho juego a la hora de entrevistas. Me parece muy respetable ese celo, pero en ese caso no puedes pretender estar en el foco de las cámaras, pero solamente cuando te interese lucir vestido. Si quieres que solamente se hable de tu trabajo, que es de lo más digno, pefect, pero no se puede estar en misa y replicando. Pero vamos, que en cuanto a los más elegantes, que elijan las señoras (o los señores que entiendan de belleza, cuidado, que yo no lo hago porque carezco de gusto en este apartado), pero para mí, fijense, con poco ornamento, me sigue seduciendo más Kira Miró apareciendo en el sketch preparado por Andreu, y es que, para un servidor, esta actriz estaría radiante cubierta de harapos, a todo esto, ¿por qué nos quitaron "Gominolas"?

El honroso segundo puesto cayó en Ágora, de Alejandro Aménabar. Este director, auténtico niño prodigio del cine español, que nos dejó a todos boquiabiertos (sus arranques con Tesis, Abre los ojos, Los Otros, etc) con su fulgurante salto a la palestra, ha cedido ante el drama carcelario, pero se va con siete. Modestamente,aunque nunca diría que Ágora es un mala película, señalar que nuevamente hubo desigualdad. En especial me llamó la atención el casi visceral castigo a "El Baile de la Victoria" de Fernando Trueba, sin dudas, la gran perjudicada de la noche. Cierto es (espero sacar hueco y colocar una breve reseña de la cinta) que es una obra con muchos flecos,pero inmerecido ostracismo. Asimismo quizás se haya castigado demasiado a una obra con final tramposo pero una apuesta muy valiente, "Agallas", que, aunque desde luego no merecía ganar, quizás debió colarse en más listas como candidatas, como guiño a haber intentado hacer algo que aquí no se estila.

La gran machada de la noche la protagonizó Lola Dueñas, cara femenina de "Yo también", auténtico órdago a la grande y políticamente incorrecta, que desbancó a sus ilustres rivales, destacando la principal favorita, Penélope Cruz, que apareció por primera vez en el solar hispano con Javier Bardem (noticia que para muchos habrá sido lo principal de esto Goya, reconozco que a mí tampoco es que me quitara le sueño, aunque por chismorrear algo, decir que vi a Bardem mejor, más en la fiesta que una Penélope fríamente distante, algo que, a mí errado ojo, le pasó a Paz Vega, guapísima como siempre pero tampoco en su momento más emotivo, la verdad). El premio a mí me parece muy oportuno para recompensar a esta excelente representante (además, me gustó mucho su discurso, humilde, elegante y sobre todo, por el guiño final a su compañero de aventuras), y, al igual que con Tosar, creo que podrá enmarcar la victoria por los rivales que le tocaron en semifinales y finales.

Pese a todo lo dicho, el ganador de ganadores, fue el nuevo director de la Academia, Alex de la Iglesia, un tipo a quien hay que conocer, por lo menos su cine que es de calidad y de erudito irreverente, con vena freak. De la Iglesia logró reconciliar, para sorpresa de muchos, a la Academia con Pedro Almodóvar, tras una auténtica Guerra Fría. "Tenéis un director muy pesado", afirmó el manchego, pero Alex sonreía como quien sabe que con este movimiento se ha relanzado como figura a tener en cuenta. Creo que se puede esperar bastante de él como cabeza visible de la Academia, su amor por este arte es indiscutible, aunque temo que las exigencias del cargo y el politiqueo le alejarán de hacer cine propio... y eso es una pena, ojalá me equivoque.

No fue oro todo lo que relucía. Como bien me apuntó Easmo hace poco, tenemos un gran desconocimiento de lo que hacemos en animación, muchas veces no conocemos ni los nominados, no copan los titulares y estamos en pañales en un campo donde los estadounidenses y los japoneses, sin ir más lejos, nos pegan una patada, pero lo que más irrita es que, no pocas veces, las cabezas pensantes y los dibujantes los tenemos, falta apostar por ellos. Ambivalente me dejó lo de "Actriz Revelación" a Soledad Villamil, ¿de verdad no conocían a esta fabulosa actriz argentina? En fin, sé que se haría con buena fe, pero teniendo en cuenta las tablas que ya tiene, casi mejor que no pudiera ir a recoger el premio, no sabía ya uno como interpretarlo.Ah, y no se preocupen "El Secreto de sus ojos" pagó la pena de ser la extranjera, pero es un titán y cruzo los dedos porque en los Oscar simplemente la traten como se merece... en ese caso arrasará.

En conclusión, con agradables sorpresas, pequeñas decepciones y quinielas acertadas, Los Goya volvieron a estar a un nivel medio-alto que complace, aunque no nos quitamos el autocomplejo con los USA. Y es que, esto es muy importante, muchas de las cosas que no me gustan de este tipo de ceremonias (pompa y boato más que el cine per se), se aplican a la par a los Oscar... que tiene seis ponches. Pero bueno, eso es ya otra Historia...

viernes, 12 de febrero de 2010

QUÉ GRANDE ES LA NOSTALGIA



Título: Qué grande es el cine.

Director: José Luis Garci.

Productor: Ricardo Iznaola.

Productor ejecutivo: César Gil.

Realizador: Juan Luis Bustos.

Documentación: Isabel Samper.

Contertulios: Juan Manuel de Prada, Juan Miguel Lamet, José Sacristán, Miguel de Marías, Eduardo Torres Dulce, Oti Rodríguez Marchante, Fernando Sánchez Dragó, Antonio Giménez Rojo, Juan José Plans, Beatriz Pérez de Aranda,

Fecha de emisión: 1995-6 de diciembre 2005. TV2.

Dicen que el distanciamiento da objetividad. En ocasiones, estar demasiado involucrado en un proyecto o situación, nos priva de poder ser justos en nuestra valoración, mezclando sentimientos con razones. Así pues, lo que antes parecía blanco o negro, empieza a tornarse grisáceo, se ven mejor las aristas, se comprenden virtudes y defectos… Ya hace tiempo que un programa televisivo, Qué grande es el cine, dejó de emitirse. Puede ser, aunque es una quimera, que ahora podamos empezar a valorar mejor este intento de acercamiento al arte cinematográfico que fue dirigido por un equipo magnífico, con el director español José Luis Garci, a la cabeza.

Este espacio se inicia en la década de los 90, la idea es acercar a los espectadores de la televisión pública a determinadas piezas que merecen ser descubiertas, o re-descubiertas. Como toda elección, muchas ausencias serán lamentadas, pero haciendo un repaso, no hubo malas elecciones. Lawrence de Arabia, Amadeus, El empleo, My fair lady, Con faldas y a lo loco, El apartamento, Casablanca, Ed Wood, Fort Apache… Básicamente, no estaban todas las que eran- se añora más presencia de cine oriental, por ejemplo-, pero si eran todas las que estaban.

La película constaría de una presentación breve, en una especie de mesa redonda donde determinados contertulios, darían unas pinceladas antes de presentarla. Teniendo en cuenta que algunas de ellas tenían un metraje muy prolongado –me viene a la cabeza Doctor Zhivago-, junto con los inevitables anuncios que por aquel entonces poblaban televisión española, a la par que un inicio en horario de noche, ya hacía ver que podía llegarse a las altas horas de la madrugada. Bajo una atmósfera de humo y tabaco –que por ejemplo, ha sido muy bien parodiado por algunos humoristas, como en el pasado Cruz y Raya- , una vez pasada la proyección, Garci y los invitados de aquella jornada dirimían algunas curiosidades, aspectos… En un ejemplo poco frecuente, había un apartado de bibliografía y hasta un contexto histórico. Desde luego, aunque tenía sus defectos, no era desde luego carente de rigor.

Empecemos con un problema que fue básico, estar establecido ese día maldito que las Parcas osaron llamar lunes. Acabar a semejantes horas un lunes, era una clara provocación, teniendo en cuenta que por su cierta cota cultural no iba a ser tampoco un producto vorazmente consumido, la fecha parecía contemplar que iban a reducir aún más el mercado. Fuimos varios los de la generación del vídeo y hasta los que, como me comentó en alguna ocasión Chespiro, disfrutaban mucho cuando el martes había puente. Se producía entonces un combo fantástico, volvías a casa tarde de pasarlo bien y en vez de anuncios de teletienda tenías un cine casero.

Si bien nadie puede decir que las obras escogidas fueron malas –de hecho, les estaré eternamente agradecido por haberme hecho descubrir El general de la Rovere-, no es complicado encontrar mucha gente que les reprochó pedantería en los comentarios, arrogancia en sus afirmaciones y esnobismo. A veces, pienso que la gente tiene una memoria tan prodigiosa como maliciosa y que a Garci nunca se le va a perdonar aquella frase que, evidentemente, fue muy desafortunada: “Para que sepan de cine casi tanto como yo”. No me parece el momento oportuno, para hablar de él como cineasta, aunque su filmografía y su trayectoria serán conocidas por todos, con un Oscar en el camino y varias nominaciones, que no están al alcance de todo el mundo, la verdad sea dicha. En esta reseña nos limitaremos a hablar de él como cinéfilo y presentador.

Parece casi inútil, querer discutir a Garci su amor por este arte. Apasionado en sus comentarios, bastante más respetuoso de lo que suelen ser otros colegas suyos a la hora de hablar de competidores, no quepa duda de que le dio su seño propio a la emisión. No pocas veces, veías con agrado como se finalizaba el programa mientras él y sus correligionarios continuaban insistiendo en tal o cual momento, en determinada escena o un polémico final.

Sobre los tertulianos podríamos tener mucha tela que rasgar. Hay que señalar que algunos de ellos fueron esporádicos, me viene a la cabeza el actor José Sacristán, por cierto, sublime, tanto en los debates de Viaje a ninguna parte y My fair lady. Además, tenía muy buen feeling con Garci, con quien ha estado en algunos rodajes. Otros, fueron más frecuentes, pero han sido tantos (y tantas, aunque es verdad que tal vez Garci no invitó a tantas féminas como debiera en sus centenares de programas, ¿tal vez caballerosidad en semejante tráfico de humo?), que es casi imposible tener una visión de conjunto, cada uno podría de por sí, ocupar varios párrafos.

Eduardo Torres Dulce, sin ir más lejos, fue uno de los más frecuentes. Haciendo honor a su apellido, tengo un excelente recuerdo de él, siempre recatado y amigo de su afición, fue un excelente contra-peso de Garci y se le notaba sobrado en la materia, como el alumno que no solamente lleva los deberes, sino que los tienen en la cabeza por si se los come el perro. Compañero en no pocos debates, con pipa sacada de La vida privada de Sherlock Holmes, era la calma dentro de la tormenta. Otros por ejemplo, me dan emociones bipolares, Juan Manuel de Prada, agradable por su erudición literaria (excelente encontrando las referencias homéricas a Fort Apache) y cinematográfica, pero menos agradable –a mí modesto juicio-, por su clara parcialidad política en su intervención en programas de actualidad política. Doctores tiene la Iglesia.

Precisamente la política tiene más que ver en nuestra historia de lo que parece. No son pocas las veces en las se ha dicho que ciertas elecciones condicionaron también para que desapareciera el programa televisivo de Garci, debido a su ideología (que todos sabemos cuál es, estemos de acuerdo o no, pero me repatea tener que dar este tipo de datos, porque no me gustan los híbridos que tantas veces se dan, pero bueno…). El parte oficial fue que se trató de un retiro de mancomún acuerdo, además, la audiencia era bastante fiel pero nunca abundante. Me gustaría creer por una vez la versión oficial. Pero, desgraciadamente, en España, y en muchos más lugares, la fuerza dominante coloca a sus adeptos. Sea derecha, izquierda o centro, y me temo que hasta los que votamos en blanco nos pondríamos a colocar a dedo a nuestros más afines.

Hoy en día, gracias a la generosidad de algunos cautos conservadores de VHS (hablar de ellos ahora parece que se trata de habar del Neolítico, pero estuvieron hasta antesdeayer), mediante el programa de Internet Youtube, se han colgado algunas de esas reuniones. Hay joyas como El Hombre tranquilo o El cartero siempre llama dos veces, viendo los comentarios, no me deja de producir una sonrisa irónica que ahora sean ellos los protagonistas. Tras años aguantando aquello de “Lo único bueno de aquello era la peli en sí, con aquellos plastas pedantes nadie se tragaba nada”, pero ahora resulta que lo extraño se torna bello, lo rebuscado tiene traducción y la gente no busca tanto Ciudadano Kane como las reflexiones de aquellos eruditos/as, a veces sesudos, otras desenfadados, prepotentes y humildes y acertados o errados, sobre la misma. No obstante, un programa distinto y con sabor a tabaco amargo, aunque agradable, como salido de La reina de África.

Se han cambiado las tornas, ¿acaso el show se modificó tras ver bailar a Gilda? Probablemente sean los espectadores/as quienes lo hayamos hechos, a horas más decentes, empezamos a intuir lo que significaban aquellas mesas redondas, a aprender a apreciar este arte. Incluso cuando discrepamos con ellos es un hallazgo del programa, porque te has metido en la piel de una obra de ficción y estás discrepando con lo que te quieren vender otros, tienes criterio propio, eso es lo máximo que creo que se puede conseguir en la caja tonta…a la cual yo quiero mucho y por favor no me la quiten. Qué grande es el cine tuvo virtudes y defectos, pero con sus valores negativos en la ecuación seguía siendo positivo… Empieza a haber nostalgia.

Siempre nos quedará youtube.

Fuentes consultadas en la red:

www.blogdecine.com/.../que-grande-es-el-cine-desaparece-de-la-parrilla - Muy recomendable, porque además veremos valoraciones no tan positivas del programa. Es bueno no quedarse con una única versión.

www.ucm.es/info/multidoc/.../grande/grande.htm- Repaso al programa. Muy medido y con datos sumamente interesantes.

http://www.ciao.es/Que_grande_es_el_cine_TVE_1__Opinion_948863- Reflexiones maravillosas y muy recomendables de algunos usuarios de dicho sitio web sobre las emociones que les suscitaba aquel programa. Alta calidad media, con alguna verdaderamente emotiva.

jueves, 4 de febrero de 2010

ABRIR UNA CAJA ÓXIDADA

Título: Súper-López: La Caja de Pandora.

Editorial: Bruguera.

Autor: Jan.

Aparecido en: Mayo de 1993

Consciente de que este domingo no podré cumplir con la agradable tradición de escribir en este blog, nos adelantamos para estrenar el mes de febrero como se merece, nada menos que con un producto nacional, Súper-López, creado por el genial dibujante español Juan López, a quien a partir de ahora llamaré por su mote artístico, Jan.

En concreto nos detendremos en una de sus aventuras (a mi muy modesto juicio) más inspiradas, la de Pandora. Efectivamente, retomando el hilo mitológico de los helenos, el protagonista y su entorno se verán afectados por aquel recipiente de maldiciones que una inconsciente (¡qué machistas aquellos griegos!) mujer desató. Y para temor de todos, el ultimo de los males está por desatarse.

Número 8 de la Colección Olé, nos encontramos con un Súper-López mucho más trabajado y preparado, lejos de limitarse a ser una parodia de tiras cómicas de los años 70 del gran icono de Superman (propiedad de DC Comics), aquí tenemos un auténtico universo propio. Jan mostrando una gran erudición, no se limita a poner al bueno de López buscando la aguja en el pajar, sino que las deidades de otros mundos se inmiscuyen (ejemplos de ello: los divinos egipciones y los ancestrales credos hindúes).

La trama se eleva más allá de lo que sería el mímimo exigido para un público juvenil, de hecho, los cambios de escenario son constantes y a pesar de los usuales gags incorporados por Jan, para aligerar la carga, el argumento es complicado y más profundo del que parece. En ocasiones, amistades de un servidor a quienes reconozco como excelentes catadores de tebeos, me han indicado que Jan, aún siendo un todoterreno de talento innegable, a veces tiende a ser pretencioso, un poco Lisa Simpson, para ser exactos, eterno Pepito Grillo de sus lectores. Pues bien, si podemos admitir que eso le ocurre en otros trabajo suyos, éste dista de caer en tal error, con un final ácido, divertido y a gusto del consumidor, aunque el mensaje es muy claro si nos molestamos en leer entre líneas.

El nivel de dibujo es extraordinario, especialmente majestuoso El Olimpo, donde Jan muestra casi desde primera hora identificación con el Padre de todos los dioses. También hay guiños a la cultura azteca y las escenas de acción son muy fluidas. El único defecto de semejante proyecto (que el elenco de secundarios normal brillase por su ausencia en una epopeya de estas características), no es tal, puesto que con encaje de bolillos, veremos como los clásicos Jaime, el jefe, Luisa (la versión mandona de Lois Lane que siempre temió y por la que no se atrevió a preguntar)... y hasta el nunca bien ponderado Hólmez. El halo cósmico y las manchas de ambrosía en las viñetas no le impiden volver a sus temas universales (los pelotas en el empleo, el conserje, problemas de aparcamiento, el fútbol como eje de la vida del españolito medio...).

Con el aroma de los mejores clásicos, el cómic ha envejecido notablemente bien. Es innegable mencionarlo con las míticas "La Semana más larga", "Infierno", "Los ladrones de oxono"...Y a mi juicio, solamente Infierno (recordadme que algún día le hagamos una reseña a esa maravilla de cómic) está un escalón por encima. Es una pena, aunque lógica por otra parte, que desde Norteamérica se le pusieran trabas por el uniforme, la capa... Jan sabía lo que hacía, pero, creo que ve la vertiente de súper-héroe de López es el vehículo idóneo para que su guionista exprese sus preocupaciones sociales (no olvidemos que le ha metido recientemente hasta en el fenómeno del botellón). Chespiro, a quien todos los seguidores que se precien de serlo de Mortadelo y Filemón, conocen, dio con la tecla: "Algunos de los personajes más divertidos del tebeo español, Mortadelo, Pafman, Anacleto o Súper-López,tienen oficios como agentes secretos o héroes, eso te da una gama tremenda para la comedia". No podemos sino estar de acuerdo con esa aseveración.

Dudo mucho que estas joyitas que ha ido dejando Jan a lo largo de su dilatada y ejemplar trayectoria (es una pena que no haya tenido esa pizca de suerte de los inmortales maestros Ibáñez y Escobar), queden reducidos al ámbito hispano-parlante, pero en muchas zonas se ha prohibido su distribución. Probablemente si hubiera sido estadounidense y cómo Stan Lee hubiera creado una submarca para parodiar a sus propios personajes y los de la DistiguidaCompetencia, le hubiera ido mejor. Pero no, creo que sus más acérrimos críticos y los censores poco espabilados se quedan en la portaba y no abren el tebeo: "Aj, se parece a Superman". Sin embargo, hay mucho más dentro de esta caja de Pandora... si nos atrevemos a desafiar los peligros que la envuelven.

Tan placentero fue este número que Jan siguió tocado por la varita mágica de la inspración y muy pronto nos regaló La Gran Súper-producción. Mas dejemos adormecido al malvado califa hasta que los exámenes me permitan volver a este blog, pues ésa, es otra historia... Cordiales saludos.

jueves, 28 de enero de 2010

EL POETA COJUELO


Fue un hombre peculiar, polémico, deslenguado y brillante. Manejaba con soltura la espada, pero mucho más la ácida ironía, con devastadores efectos entre sus adversarios, que incluían a nombres tan destacados como Góngora, quizás el más erudito hacedor de versos de su tiempo.
Entre la amplia nómina de genios del Siglo de Oro Español (que, como curiosamente suele suceder, va de la mano con el inicio de la decadencia), no parece inapropiado que en este blog se estrene uno de sus exponentes más reverenciados, don Francisco de Quevedo. Y no, por supuesto que no soy un mago que se ha traído una fotografía del compañero de Alatriste en las obras de ficción de Reverte, sino que tenemos aquí al actor español Juan Echanove como él, en la película de Díaz Yanes.
Hoy prescindimos de sus afamados sonetos, que incluyen reflexiones sobre la vida, el amor, la muerte y sus conexiones por encima de la media de su época, que ya era de por sí de una gran calidad. Gracias a la generosidad e inifinita paciencia del amigo Chespiro, tornado en improvisado prestamista bibliotecario de un servidor, pude disponer temporalmente de "El Buscón", donde Quevedo se sumerge de lleno en la novela picaresca, excepcional producto que solamente podía nacer en zonas como Italia y España.
Como de costumbre, desde Justina al Lazarillo, el narrador será nuestro propio protagonista, en este caso el pícaro Pablos, un individuo nada recomenable. He leído críticas literarias, que, con mucho acierto, advierten que Quevedo en ningún momento tuvo apego por su criatura, es cierto que hay un desapego empático de nuestro antihéroe, pocas veces verán ustedes un escritor que sienta tan poco sentimiento por su criatura. Pablos es el vehículo par mostrar las cosas que Quevedo, sabio observador de los pecados de su tiempo, nos muestre realidades tan diferentes como el Santo Oficio, las novatadas en Alcalá, la carrera de Indias...
Todavía hoy la gente no se pone de acuerdo de la fecha exacta de su publicación. Algunos entendidos, con muchas más base que yo, que he arañado mucho menos de lo que debería en tan interesante artista, argumentan, que teniendo en cuenta la experiencia vital que demuestran estos tres Libros (en realidad no son libros, como bien saben, sino pequeñas acotaciones temporales de la historia, formando el triunvirato de la novela), son indicador de un autor en su plena madurez creativa. Es una hipótesi francamente aceptable, en realidad, la descripciones de perfiles y lugares son parcos, cuando no en ocasiones demasiado simplificados, para ir de lleno a donde Quevedo quiere poner la puntilla. También deja con ganas de más esa inconclusa promesa de segunda parte, ¿proyecto inacabado por otras empresas o por ser escrito tardíamente?
Un punto en contra de la obra, al menos desde la óptica de una persona bienintencionada del siglo XXI, es el fuerte sentimiento de estamentos que tiene don Francisco. Pablos, en sus felonías, aunque dista mucho de ser un triunfador, podrá sobrevivir con notable fortuna, incluso tras asesinatos, siempre que se mueva en el hampa que le corresponda... pero que Dios le coja confesado si quiere hacerse caballero o noble. Aquí, perdonen la impertinencia de poner un pero a un autor de este calibre, algo escapa a los ojos de Quevedo, y no, no por sus anteojos.
Nos referimos, claro, a cuando, tras pretender engañar a su prometida y futurible suegra, haciendo pasar su persona por lo que no es, Pablos se encuentra con Diego Coronel, un muchacho de familia noble del que había sido compañero de juegos. Aparentando ser el señor que no es, Pablos le convencerá de que el parecido (han pasado muchos años), es simple coincidencia, a lo que Coronel responde que está en lo cierto, que además aquel conocido suyo era el peor diablo que jamás existió, de madre bruja y padre ahorcado por ladron. Pues bien, este instante, que podría ser el más duro y descarnado de una obra ya de por sí no apta para muchas alegrías, es borrado de un plumazo por un Quevedo empeñado en machacar al "hombre nuevo".
Probablemente, en los primeros capítulos, la única amistad verdadera que mantiene desinteresadamente desde niño, para el amoral Pablos, había sido Coronel, ¿cómo reaccionar ante esa ingratitud, ese olvido de sangre de chanzas yconfidencias infantiles? El clímax está allí, Quevedo es tan bueno escribiendo que casi le sale sin querer, pero desaprovecha este diálogo que podía traer el verdadero choque de un mundo enfermado, de una sociedad que tiene miedo a admitir su fuerte ósmosis social, anclada en una limpieza de sangre virulenta. Pablos, por supuesto, terminara apaleado y derrotado en esta aventurilla. A los que nos gusten los fracasos en la ficción que identificamos así más fácilmente tras el brillo del espejo en la realidad, adoptaremos a Pablos, a pesar de sus mil deficiencias éticas. A su vez me parece admirable lo pillo que es insinuando el sexo, incluso con tabúes como la homosexualidad, siempre deja caer... pero te lo dice claro.
En cuanto al estilo no se puede sino hacer referenca a la "mala leche" que tiene escribiendo don Francisco, con unos juegos de palabras constantes y una sapiencia en el cambio de registro solamente apta para unos pocos elegidos. "Salió rodeado de cardenales sin ser Papa", en referencia a su padre saliendo de la cárcel, o, entre muchas otras, esta argumentación del Pablos niño a sus progenitores, haciendo alusión a que ya ha concluido su educación: "Y he descubierto que como para ser caballero solamente ha menester escribir mal, con lo que sé es suficiente". Luego están situaciones que parecen propia de la burla más estirada, tornarle galán de monjas, hacerle deambular como cómico... Aquí Quevedo se mueve como pez en el agua, deslumbrando y agilizando una narración que empezó un poco lenta. Igual que con su compañero de fatigas nacido en Tormes, el hambre será un espectro constante y que todo lo motiva, en truhanes y santos.
La sensación que he sacado tras leer "El Buscón", es de estar ante una grotesca parodia de la realidad, probablemente, la que hubieran hecho Berlanga y Azcona de haber vivido en la época de Quevedo. Precisamente Echanove(no, no era casualidad la foto, lo teníamos planeado de antemano), hacía estas consideraciones "Era un hombre que estaba en la Corte, pero también en la calle, en las tabernas...". Quizás, como he leído en la introducción de la novela de Chespiro, con las suficientes luces para ver lo duro de la vida, consciente de sus limitaciones físicas, misógino como suelen serlo los amantes no correspondidos, se creó aquel personaje rápido, verbalmente imbatible, sagaz, descanarnado y sin pelos en la lengua, solamente sin sacrificar su genialidad en el camino. Un poeta de los grandes. Un poeta cojuelo, desde Italia a la fría cárcel de Salamanca.

martes, 19 de enero de 2010



Título: Sherlock Holmes (2.009)

Duración: 128 minutos.

Nacionalidad: Estadounidense.

Género: Aventuras.

Director: Guy Ritchie.

Guionistas: Mike Johnson, Guy Ritchie y Anthony Peckham.

Basándose en: Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.

Reparto: Robert Downey Junior, Jude Law, Rachel McAdams, Robert Maillet, Mark Strong, Kelly Reilly, etc.

Banda Sonora: Hans Zimmer.

Fotografía: Philippe Rousselot.

Productora: Warner Bros.

Si alguna vez has tenido un contacto, aunque sea mínimo, con las novelas de Conan Doyle, vas a tu butaca con mariposas en el estómago. “Este Sherlock no es real, demasiado joven… y fíjate este arranque, ¿el Londres victoriano se ha tornado Jungla de Cristal?”. Pero a medida que va desarrollándose encuentras que Robert Downey Junior no queda nada mal, que tiene la perspicacia de Holmes, además, ¿acaso no tuvo que ser joven alguna vez? ¿Y Jude Law? Pasando por alto que con esa cara de galán de culebrón no le hace creíble como veterano de Afganistán, ha reforzado a un Watson que al fin ha encontrado el camino en sus versiones cinematográficas.
¿Qué puede explicar esta buena comunicación y casi frescura inesperada? No en vano, un buen amigo en el cine me susurró, “¿Has visto? House y Wilson ahora en Scotland Yard”. Efectivamente, parece que House ha sido poco menos que un modelo para esos diálogos chispeantes (me parece también un punto a favor que de vez en cuando Sherlock se equivoque, siempre que no pierda su soltura), pero era un claro quid pro quo, ya que el doctor más polémico de la televisión no habría tenido esa personalidad de no haber basado en el domador del perro de los Baskerville.
Pero bajo el artificio, ¿se ha conseguido? Teniendo en cuenta que Sherlock es el personaje más veces pasado a la gran pantalla (aunque Drácula está pugnando), ¿era necesaria esta película? Respuesta corta: No. Respuesta larga: No, pero es muy divertida. Abandonemos por un momento el cine de autor y la sensibilidad artística extremada, saludemos hoy en enero a la primera película que pasa por este blog si elitismos y reconociendo que es el producto palomitero que te da dos horas largas de montaña rusa sin compromisos ni grandes quebraderos de seso (aunque el misterio propuesto no es malo, pero los ortodoxos arquearán la ceja ante presencia de magia, pese a tolerar la masonería).
Y está muy bien envuelto con una banda sonora pegadiza (tremendamente poderosas las reflexiones de Holmes violín en mano), un rastreo en la red me ha sacado del supuesto milagro. Igual que en Batman, Piratas del Caribe, Gladiator… Hans Zimmer estaba detrás. Este compositor es un auténtico genio vivo, sabe meterse en la piel de los temas clásicos, crear propios y tener la esencia de lo que está trabajando. Quién sabe, quizás esta peli entretenida y sin pretensiones tendría menos nota de no contar con sus acordes maravillosos. No siempre hemos dado en este blog la relevancia necesaria a la banda sonora, no podíamos encontrar mejor ejemplo que Zimmer para empezar a resaltarla en su justa medida.
Un aspecto muy curioso que se debía tratar en esta cinta era la misoginia del principal aliciente de la misma, y es que, pese a ser noble en el fondo, Sherlock dista mucho de ser un feminista. Rachel McAdams nos rescata a un personaje querido y no especialmente explotado en las novelas, Irene Adler, interpretada por la serena y nada despreciable belleza de Rachel McAdams. La única rival femenina capaz de batir y engañar al maestro de los detectives, vuelve con misteriosas empresas a Londres, que parecen atañer al hombre que la olvidó… conservando su recuerdo. La tensión sexual es divertida y creo que los acólitos de Sherlock le gustará la fría distancia, casi platónica pero para nada inexistente. Nos hubiera decepcionado, por lo menos en la primera entrega (no se engañen, con el taquillazo que están pegando la Warner moverá Roma con Santiago por más sagas), un final feliz con beso y boda incluida. Irene, siempre en ternas tablas con su digno oponente, es un recurso eficaz, más allá de la mera compañera sexual para el aventurero de turno.
Queriendo darle unos pocos más bocados a Jude Law, afirmar que efectivamente, si nos olvidamos de su juventud, ha sido un más que digno acompañante, no solamente el nexo con el lector para que no nos incomode que Sherlock vaya ocho pasos por delante. Como ya hemos dicho, es el individuo inteligente y encantador que soporta al genio inabordable y que puede estar quince días encerrado en su estudio. Pero hay un problema, adorable, eso sí, Mary Morstan (perdón, quería decir, la futura señora Watson, interpretada por Kelly Reilly). Este obstáculo parece aterrar a Sherlock, no por sentimientos amorosos, sino porque quizás, como el niño malcriado que a veces simplemente… teme perder la convivencia con su único amigo de verdad. Pero pese a querer a su esposa, Watson no puede eludir el peligro, ¿por qué si no convivir tanto tiempo con ese excéntrico? Además, ¿acaso se ha aburrido?

Un inquietante Mark Strong interpreta, desde su misteriosa “resurrección”, al malvado Lord Blackwood. Es un antagonista que se sale al uso y hay que agradecer (pero no tema, apuesto a que el profesor Moriarty) su entrega y energía, no pudiendo castigar ciertos inverosimilitudes de lo que pasa a un actor entregado a su función de ser un firme antagonista. Quiero destacar que un analista que me gusta mucho, Joaquín R.Fernández (“La Butaca”) y un apreciado amigo, han coincidido sin saberlo, cada uno, a su manera, me lo vaticinaron (aviso spoiler): Igual que en Batman Begins con el Joker, el profesor hará su presencia de una manera u otra.

Lo que parece, al menos para los críticos más exigentes, no tener perdón ni humano ni divino, es la acción casi karateka que se ha imprimido en las diferentes escenas. Hay que agradecerle al señor Guy Ritchie a su equipo que han traído un Londres inquietante y convincente, donde además hay buenos guiños a la mitología del personaje, pero, parece que deseando agradar a toda clase de públicos, Sherlock (pese a todo Downey me ha gusta mucho como sabueso policial) se ha convertido en una especie de Indiana Jones (pelea con gigantón francés incluido). Son momentos divertidos y con las típicas gracietas que relajan a los espectadores, no vaya a ser que nos hagamos un lío entre tanta deducción.

Pero perdonando ese pecadillo, (del que casi se intentan disculpar colocando los bocadillos de pensamiento de Holmes, como si pegar tortazos fuera ahora algo matemático) lo único que enfurece realmente es la ausencia de otro de los rasgos trazados por Doyle que ha desaparecido: la adicción a las drogas del héroe. Es cierto, tienen una moral muy conservadora, tampoco es buena cosa que los jóvenes vean a un personaje de ficción de características positivas consumiendo estas cosas… pero lo que algunas personas me han comentado, y con mucho criterio, es que a veces asombra la falta de sutileza de algunos guionistas.

No pretendo con ello meterme con el triunvirato Ritchie, Johnson y Peckham, pero pensemos (esta sugerencia no es mía, es de Chespiro, reconozcamos licencias): ¿y si en las primeras escenas, Watson mira con aprensión al entrar y está en busca de algo? Sobrentendidos señores, algún ojo más rojo de la cuenta… cualquier cosa, pero no nos hagan a Sherlock políticamente correcto. Ahora vamos a discernir, ya para no abusar de su educada paciencia, la deducción y resolución:
1) Deducción: Es de agradecer a los guionistas y responsables de la tama pensar un crimen nuevo, pero haciendo referencias al rico legado de las novelas. Encantados de ello, quizás demasiados elementos esotéricos y un Holmes a veces transformado en Houdini. Pero lo cierto es que resulta interesante de resolver, aunque algún tramposo giro de tuerca, prácticamente cada vez más habitual, con la premisa: que al espectador le choque, aunque no le guste, pueda desvirtuar el camino. Con todo, Downey, Law y los inquietantes acordes de Zimmer nos mantendrán en vilo.
2) Resolución (no leer, por favor, los que no la hayan visto y tengan intención): Dejar con ganas de más. No sé a quién pretende engañar Ritchie diciendo que no hay nada pensado, esto huele a retorno por todo lo grande y a un feroz casting (voto por Hugh Laurie) para encontrar el Napoleón del crimen. Esto tendrá segunda parte, Irene debe ser más aprovechada y quizás, aspirar más a la hora de presentar el reto.

En conclusión, un simpático producto muy bien presentado, demasiado vacío para tratar del mejor detective del mundo (pero no se crean que muchas de las películas antiguas la superan) en cuanto a algunos contenidos, pero con una eficaz pareja de protagonistas, buenos secundarios y, que en futuras entregas deberá elevar el nivel exhibido en la presente, para alcanzar cotas mayores. De momento, creo que la nota más justa es un 6. Pero futuras entregas pueden recibir mejores calificaciones. Cordiales saludos.

martes, 12 de enero de 2010

EL SILENCIO MÁS ELOCUENTE


Por motivos ajenos al deseo de este modesto blog, el ritmo de producción se ha ido ralentizando, temiendo que se extienda durante enero y febrero, por motivos ajenos a mi voluntad. Quisiera en primer lugar desear a los/as que no lo haya hecho previamente, que estén teniendo una buena entrada de año y que comiencen el 2.010 con las pilas cargadas. Particularmente, siguiendo nuestro orden no escrito, hoy nos ocupa un programa televisiso, pero hay que traer vientos de cambio y hoy vamos a modificar ligeramente el enfoque. Nos encargamos hoy de uno de los últimos profetas que nos quedan, un romántico idealista que pretende una quimera... una televisión popular de calidad que se aleje lo más posible de lo convencional, pero lo peor para algunos... es que a veces lo consigue.


No hablamos hoy de "Ratones Colorados", "El Loco de la Colina" (en sus varias versiones), o cualquier otro espacio elaborado por muy diversos (y excelentes) equipos de grabación, ya fuera en Telemadrid, TVE o, actualmente, Canal Sur. Nuestra modesta reseña de hoy versa sobre el periodista Jesús Quintero. Bueno, o mejor dicho, presentador, reporter, director y totalmente... dueño y maestro de la entrevista, como le reconoció sin rubor Susana Griso, una de las reinas del share por las mañanas, tras acudir de invitada recientemente.


Quintero tiene el raro don de hacer que sus invitados permanezcan cómodos. Incluso traseros de mal asiento como Sabina se encuentran como en su casa ante el onubense, siempre bajo esa mirada inquisititiva y dando una elección a muchos ilustres compañeros de profesión, al dejar siempre el protagonismo en manos del invitado, tanto si era de sangre azul como nuestros entrañables "Risitas" and Company. En ocasiones, sus programas parecen haber basculado demasiado peligrosamente a la vertiente freak, pero, dudo que, como en ocasiones le han acusado, se haya reído de... parece de los que se ríen con.


Esto no le quita un duende travieso y una malicia innata a la hora de buscar las cosquillas a los más pintados. Teniendo a Paz Vega no pudo resistirse a: "¿Y cómo reacciona tu marido en esas escenas donde él lo pasa tan mal y el resto disfrutamos tanto?". Tampoco pudo librarse una estrella femenina del porno, casi en atuendo de trabajo, cuando antes de abrir fuego, la inquirió: "Siendo sinceros, ¿cuántos espectadores crees que te están mirand ahora a la cara?". No corran a llamarle machista porque tampoco actores y aristas con diferente cromosoma a las anteriores se han librado de las educadas impertinencias.


No siempre he seguido a pie juntillas su carrera, aunque lo respeto, el flamenco y la tauromaquia no casan demasiado conmigo, suelo desconectarme de sus duelos verbales cuando giran en ese campo. También he decir que cuando se ha enfrentado con estrellas deportivas, ese frío distanciamiento intelectual suyo no le ha permitido empatizar del todo con la sensibilidad de este tipo de temas. ¿Por que resaltó, a mi juicio, estas pequeñas lagunas? Pues porque en el resto roza casi la perfección. Esgrimista de primera, da igual estar ante Galeano o el escritor Antonio Gala (que no pudo si no contra-atacar, "¿Y usted por qué me pregunta eso?").


Pausado y contenido, Quintero ha estado no solamente con gente famosa y... extravagante, ha hecho su profesión en cárceles, donde ha entrado con gente poco menos que muy peligrosa. Ha jugado auténticas partidas de póker y ha mantenido sus faroles, sabe tirar de la lengua y conoce que si no aporta nada decir algo... no se dice. Sus cuestiones, cual Hércules Poirot, parecen dar vueltas en cícurlos, pero apenas pretenden hacer bajar la guardia, acercarte donde quiere y llevarte a su terreno. Cuando se ha encontrado con políticos de primer nivel (han estado desde Ibarra, pasando por Felipe González, Aznar, Bono...), ha tratado que su propia ideología (que la tiene, si duda) no le lleve a la impertinencia o a la caricatura.


"Si el jefe volviera y se diera una vuelta, viendo todo el tinglado que tienen organizada, ¿no sacaría de nuevo el látigo?", fue su descarada inquisición particular a una alta autoridad eclesiástica. Y eso que Quintero tiene algo de vena de sacerdote, tras escuchar mucho a los demás, no duda en lanzar su sermón o panegírico, cumpliendo aquella frontera del genio, el pesado, el filósofo y el aspirante a Demóstenes. Tiene oratoria su lengua y ha sabido rodearse de buenos ayudantes (¿qué hubiera sido de sus primeros años sin los guiones de José Borrego?).


Tiene también algo de actor, curiosamente su vocación frustrada, especialmente devoto de los escritos de Shakespeare, con todo, no puede quejarse del cambio, los premios de crítica se han continuado a lo largo del tiempo, mas algo mucho más relevante se ha mantenido en su casi inmaculada carrera... el cariño de la gente. Es curioso, pero la mayoría de lo que les admiran, apenas pueden decir que le conocen, sin ir más lejos, un servidor de ustedes, lo más cerca que ha estado fue cuando en un viaje a Sevilla mi padre me observó que había visto pasar a Quintero en un coche de caballos, manteniendo esa expresión entre Trajano y Adriano de hispano del sur orgulloso, pero amigo de lo cambiante y lo nuevo. La misma zona hispalense donde se ha salido con la suya al incentivar y ver crecer un nuevo teatro en una calle, al que han puesto su propio apellido.


Su última obra maestra la firmó hace poco, cuando el eco del crimen aún coleaba y uno de los responsables ya está en la calle, tuenti mediante, conseguía incluso insensata popularidad. El periodista andaluz se enfrentó cara a cara con la madre de la tristemente desaparecida Marta del Castillo. Entre tanto sensacionalismo, fines egoísticas de políticos y por supuesto, bromas de malgusto, Quintero volvió a dignificar la profesión demostrando estar a la altura de tan penosas circunstancias. Siempre ha sido de admirar en él que si el entrevistado/a ha sido divertido o humorista, se ha dejado llevar por la risa loca, pero nunca ha caído en clichés de exceso dramático, que tan mal quedan en el trato y roban protagonismo a lo que nos interesa.


Fue un diálogo de un ser humano excepcional, la madre de la muchacha desaparecida demostró una coherencia, lógica y sentido de la justicia capaz de hacer sonrojar a no pocos de nuestros ilustrados letrados. Quintero, lejos de mórbidos detalles, preguntó por sensaciones, sentimientos, pérdidas, nostalgia, justicia y... por la chica cuándo estaba viva. Eso que tan pocos parece haberles importado, pero, ¿cómo no hacerlo al hablar con una madre que apenas acaba de perder a una de sus hijas? Una falta de tacto que suele ser normal en un mundo violento. La entrevista se culminó en un clima triste pero cordial, apostillando Quintero, "Y dígale a su esposo que yo nunca pagaré o cobraré por una entrevista así". Lo mejor es que cuando él lo dice te lo crees.


Bufanda para cubrirse del frío, mil veces parodiado como suelen serlo los personajes de verdad, sonrisa discreta y carcajada medida, sigue impartiendo cátedra de aquella manera que solamente él sabe... y que nos dure muchos años. Esta televisión no abunda. Un loco de la colina, una voz en el desierto, un vagamundo, uno de ésos con el que cuando nos encontramos cambiamos rápido cruzando de acerao en vez de preguntarnos por qué tirita ante la helada. Ya fuera en radio o en televisión... digno de escucharse.

jueves, 31 de diciembre de 2009

DIBUJANDO DIEGUITOS Y MAFALDAS




Este blog se despide dibujando Dieguitos y Mafaldas, rindiendo homenaje al personaje estrella de un autor tan clave como Quino, aquel hijo de inmigrantes andaluces que desarrolló su infancia, talento y arte, en la siempre fecunda Argentina. Él mismo confesó que uno de sus dibujos más entrañables, el atribulado Felipín, se parece un poco a él en la Escuela, tímido, reservado, amigo de la última hora... pero a fin de cuentas, de los que cumplen a la hora de la verdad y con un buen corazón. Además, quien demonios no le ha plagiado alguna vez con la pregunta "¿Por qué diantres a mí me tuvo que tocar ser yo? "

La vida de Quino distó de ser tan humorística como la que reflejó en sus tiras, perdió demasiado pronto a sus padres y debe abrirse camino en el díficil mundo de las revistas y los suplementos de prensa. Cuesta pensar cómo llevará aquella agencia publicitaria y la empresa de lavadoras que lo contrató, no haber utilizado el boceto del personaje presentado por Quino, ya que poco después, sería una de las niñas más reconocida de los años 60 y 70 del siglo XX, un icono que tiene el mérito de permanecer en la memoria colectiva, pese al reseñable inconveniente de no ser de carne y hueso.

Teniendo en cuenta que no hay súper-amenazas ni súper héroes, tampoco villanas neumáticas, ¿dónde radica el encanto de esas pequeñas tiras? Probablemente en que pocas cosas hay más hermosas que la vida cotidiana en el arte si se logra plasmar con certeza, ironía y sentido del humor. Mafalda es un poco precursora de Lisa Simpson, salvo que en vez del jazz, la mentora tomó la senda de aquellos melenudos que fueron más conocidos que Jesús, The Beatles, algo, que por otra parte, le dio no pocas discusiones con su buen amigo Manolito, un muchacho de clase baja que se veía obligado a trabajar los veranos y con sus problemas en la escuela, pero bajo la fachada de bruto, de nobles intenciones (aunque está muy influenciado por su padre en el sentido de valorar la plata por encima de todas las cosas).

Conforme Quino, que no las tenía todas consigo, se fue dando cuenta del potencial del personaje, la fue rodeando de interesates añadidos, le daría incluso un hermanito. Pero me gustaría subayar su relación con la madre, y es que, aunque Homer dijera con muy mal gusto "Por ti seré más soso que Mafalda", hay una clara deuda de la relación Lisa-Marge con la que la precoz Mafalda (creo que salvo en el día de Reyes, no se toma nunca un respiro) tiene una tensión latente con la mujer que le dio el ser. No pocas veces discuten (sopa mediante), a la par que a la niña le lama mucho la atención la falta de inquietudes que en ocasiones la buena señora parece tener en comparación con ella, aunque a veces tiene intuiciones reveladoras (el sueño en que ella se le aparece con las cadens de la familia) que la hacen ser más agradecida y menos pedante, dándose cuenta de que a ella se le han aberto posibilidades que antes no tenían.

De su padre poco que decir, salvo que es Felipe de mayor. Tiene aires de buena persona y preocupaciones muy materiales y superfluas (es capaz de levantarse a las tres de la mañana e ir a ver si efectivamente su coche nuevo no ha sufrido un rasguño). Quiere a sus hijas y se aleja del estereotipo de padre descerebrado que hoy día tenemos por ejemplo con el gran Peter Griffin y quiere a su esposa, aunque puede ser muy pesado con las anécdotas militares. A veces parece que sus progenitores querrian que Mafalda fuera un poco más niña, más persona y menos cerebral. Pero eso sería traicionar demasiado su esencia. Quino no se casa con nadie, ni siquiera con la niña de sus ojos, aunque muchas veces la defiende como la voz del sabio profeta en el desierto, otras veces ridiculiza su feminismo a ultranza (llama a Felipe machista por jugar a un juego donde la reina puede pavonearse como un objeto por las casillas).

En cuanto a Némesis, si salvamos a Libertad que es muy parecida a ella (por cierto, no creo que sea casualidad que no conozcamos a su padre y viva en ese pequeño apartamento de su madre), no se puede obviar a Susanita, que si cobra un cariz opuesto a Mafalda. Entre el dilema de ser una gran diva o una señora de casa acomodada como su mamá, con alguna misteriosa pesadilla de matrimonio con Manolito (se detestan, pero como el perro y el gato, se necesitan) y un claro enamoramiento con Felipín (que me parece a mí que se hace más el sueco, ya que no es para nada tonto, simplemente vago, de hecho, es mejor jugando al ajedrez que cualquiera de las dos muchachas y por supuesto, que Manolito, que sí que es un hacha haciendo cuentas, sobre todo si son cestas).

En un elenco que es menos amplio de lo que parece, no podemos obviar a Miguelito, ese niño de pelo lechuga, salvando al adorable Guille, el más pequeño del grupo y que, como a todos nos gustaría, puede pedir un minuto de silencio en una alegre reunión para darse un abrazo: "Lo siento, pero añoraba tanto estar un rato conmigo". Además, es deslenguado en el buen sentido,puede llamar "antipátida" a la maestra por retarle injustamente. A veces me pregunto, ya que en sí la Historia de Mafalda no ha terminado, aunque Quino parece poco dispuesto a retomarla, pero ha dejado bien claro en entrevistas que mientras un personaje sigue vivo en la comunidad de lectores/as, su llama siempre prevalecerá. Además tiene su merchandasing, que no es monopolio de sagas norteamericanas, incluyéndose una serie de animación.

Imagino que al final a Manolito le va bien, que sacó sus buenos réditos y ha ampliado el mercado familiar, Mafalda de vez en cuando, entre café y café, le recuerda que ha abandonado su faceta espiritual, a lo que Manolito responde mirando el reloj y diciendo que las tres y cuarto. Actualmente tiene familia, aunque tuvo una noche loca con Susanita que los dos han disimulado ate sus amigos, aunque Felipe y Mafalda siempre sospecharon algo. Precisamente ellos dos también tuvieron su affaire, el chico siempre le estuvo agradecido por ello ya que gracias a sus enseñanzas aprendió al fin a hablar a las mujeres, aunque la cosa no acabó del todo bien, Mafalda sacrificó la relación por un trabajo en Europa, volvió pero no hubiera sido lo mismo, aunque le añora, es demasiado orgullosa para admitir nada, Felipe también la echa de menos pero ahora prefiere la amistad, y Susanita le sigue rondando desde su último divorcio, del que sacó sustancisos pisos. Guille sigue vivendo en casas de sus padres, que pondrían más presión para que se vaya, pero a fin de cuentas es agradable compañía y Mafalda es tan independiente que casi se agradece que alguien quede en casa. La única discusión es que a Guille le piden nietos, pero él se hace loco. Miguelito anda un poco perdido, sigue gritando "Mentira" cuando en su mente aparecen imágenes de su envejecimiento inevitable, aunque apenas se le han caído rubios cabellos y es un poco bohemio, se le han conocido ligues pero no novias, de vez en cuando se pierde pero luego temina volviendo al redil de sus amigos, sobre todo Mafalda, que le aconseja mucho y bien. Libertad se metió como Bogart en varias causas perdidas, en el bando de los perdedores, su activismo le costó muchas oportunidades, pero aupada en un taburete, puede mirarse todas las mañanas en el espejo, recompensa suficiente. Tiene también una hija, solamente su íntima, Mafalda, conoce el nombre del padre, pero no se lo ha contado ni siquiera a la chismosa de Susanita.

Feliz entrada de año a todos, aunque suene ñoño y como ya he puesto en mis otros blogs y espacios personales, que los mejores momentos de vuestro 2.009, apenas sean los peores del 2.010 que os va a llegar. Gracias especiales a Easmo, Elizabeth, Chespiro, Franchesk y a compañeros/as de mi clase que amablemente han seguido este modesto blog. Nos leemos a partir del año que viene.

Para los enamorados del personaje recomendamos el mítico (y voluminoso) tomo recopilatorio de todas sus aventuras y por supuesto, el magnífico sitio web http://mafalda.dreamers.com/, que además ha permitido hacer más completa esta entrada. Con admiración a Quino,