domingo, 9 de septiembre de 2012

ESTO ES TODO, AMIGOS

Palabra de honor de que Argentina no ha patrocinado bajo ningún concepto este blog ni tampoco ha enviado generosas subvenciones (algo a lo que por otra parte no renunciamos y si alguien se anima a hacerlo...), sin embargo, acabamos con un triplete de la tierra de Gardel. La culpa de ello se debe a que Quino, más conocido por todos como el creador de Mafalda, tuvo a bien dejarnos una auténtica joya, una verdadera obra maestra bajo el título de "Esto no es todo".
 
 
 
 
Podríamos afirmar que es una sucesión de tiras cómicas e ilustraciones, más o menos inspiradas; hubiera sido una salida para reseñar este cómic, pese a ello, sería una tremenda injusticia. A pesar de ser inconexas entre sí, todas las piezas del rompe-cabezas nos van llevando a un hilo conductor claro. Pocas veces, con permiso de la camorrista de la sopa, Quino ha abierto más su ingenio, en una serie de reflexiones brutales. Al igual que sucede con las primeras y maravillosas temporadas de los Simpson, hay una curiosa alquimia, capaz de lograr lo moral sin moralina, la moraleja sin subrayado, a gusto del consumidor...
 
 


Igual que sucede con algunos momentos de Will Eisner o Marjane Satrapi, Quino logra en todo momento una impresionante cotidianeidad en sus personajes. Matrimonios, trabajo, empleo, salud, guerra, política y amor (antes he hablado de matrimonio, así que no estoy reiterando conceptos necesariamente) , pasan bajo la disección de un cirujano muy parecido a una de sus grandes creaciones, Felipín, inteligente, sensible y con un tamiz de timidez que no esconde la picaresca de un romántico derrotado a quien no le ha quedado otra retirada más digna que la fina ironía.

A nivel narrativo, la capacidad de decir muchísimo con muy escasos trazos es una verdadera delicia. Si bien las sonrisas cómplices están garantizadas y varias carcajadas, la capacidad que tienen estas "simples" (pocas cosas más difíciles que progresar una historia con esa aparente sencillez) viñetas de hacerte cuestionar supuestos axiomas, no deja de asombrar.  
Nuestro moderno Esopo nos va contando historias, como las de un viejo pibe que siempre había llegado borracho y tarde a casa, durmiendo a pierna suelta y dejando a su abnegada esposa desvelada ante semejante actitud. Hasta que un buen día, el tipo llega y a ella no parece alterarle en lo más mínimo. La viñeta acaba con la buena señora durmiendo con una inquietante sonrisa mientras el esposo, probablemente por primera vez en siglos, no puede pegar ojo. 
 
 


El espectro omnipresente de Mafalda todo lo abarca y siempre va asociada al apellido de su papá, con todo, aquellos que hayan gozado de esas historias, no deben, bajo ningún concepto, dejar de observar la impresionante versatilidad de este dibujante irrepetible.




Esto no es todo, amigos. Pero es más que suficiente para considerarlo una pieza magistral.

domingo, 2 de septiembre de 2012

EL ORO DE NÁPOLES

Fue el actor Juan Diego Botto quien acuñó una frase de las que bien podrían catalogarse como curiosas: "En Argentina hay cuatro dioses, Gardel, El Che, Perón y Maradona". Heterogéneo combo de personalidades y egos, muchos de ellos con tantas luces como sombras oscuras, ídolos dignos de discusión y apasionado debate. John Ludden se atreve a acercarse a una de las fases más controvertidas de uno de ellos, Diego Armando Maradona, durante la fase en la que "El Pelusa" se decidió a salir de La Pampa para deslumbrar (y polemizar) en El Viejo Continente.
 
 
 
 
 
 
Había un largo trecho entre el nuevo continente y el modesto barrio de villa Fiorito, donde comenzó todo, rodeado de una familia muy afectuosa, pero en un clima de real miseria. Brasil y Argentina comparten varias cosas, pero una de las menos agradables es como su infancia menos favorecida se agarra a una pelota de trapo no como el sueño de una ilusión, sino confiando en que el deporte del fútbol sea el vehículo para sacar a los suyos y a ellos mismos, de una realidad terrible. Por desgracia, talentos como el de Maradona tan concretos se dan de muy tanto en cuanto, casi una conjunción de los astros que hace que la buena fortuna, la habilidad y la atención del público se centren en una figura.
 
 
 
 
 
 
Desde el momento en que el público pidió que aquel jovenzuelo fuera al Mundial celebrado en su país durante el año del 78 (precisamente en un momento de terrible dictadura militar y represion), aquel pequeño barrilete cósmico estuvo en el ojo del huracán. El mismo que la masa le dio parecía trascender de la habilidad de sus jugadas imposibles. Con una formación educativa deficiente, en la cancha, Maradona era un genio absoluto, dotado de una memoria prodigiosa para identificar a rivales y adversarios, conocedor de cada centímetro del césped de Boca como si fuera el patio de su casa. Tanta fuerza tenía su nombre que el FCBarcelona estuvo dispuesto a desmontar cualquier tópico de conservadurismo económico catalán para traerle casi a cualquier precio.
 
 
 
 
 
Es ese momento el utilizado por Ludden para abordar un fenómeno social digno de estudio antropológico, cual estrella del rock, poetisa bohemia genial y suicida, las andaduras del número 10, ya fuera en la Ciudad Condal, fueron una montaña rusa de emociones. Si la directiva del presidente blaugrana Núñez vivió eternamente convencida de haber metido un caballo de Troya, para compañeros y rivales, el prestidigitador siempre fue un engima para público y rivales. Alguien capaz de invitar en el hotel al defensa bilbaíno que por poco acaba con su carrera y de iniciar durante su recuperación un viaje de difícil retorno, a través de las drogas.
 
 
 
 
 
 
Precisamente un antiguo compañero en Can Barça, "El Lobo Carrasco", recordaría aún a día de hoy como esas dos adicciones echaron un pulso con el pequeño futbolista. Incluso en lo más decadente de su vida, pesando más de 100 kilos, Diego seguiría siendo capaz de salir al jardín de su casa a jugar con sus amigos pachangas. Por desgracia para su entorno familiar, el otro vicio aparte de la pelota se encargaría de ser un espectro omnipresente. Colmo de la hipocresía, los medios españoles incluso contarían con él para campañas anti-consumo de ese tipo de sustancias, una aparente paradoja pero que explica las ambivalencias donde se movieron (y siguen moviéndose) estos gladiadores modernos, dioses de la arena, por citar una serie reciente.  
Con una tangana histórica para despedir como se merecía la final de la Copa del rey y un cruce de declaraciones con Javier Clemente que parecía tener proporciones carlistas, Maradona quedaría marcado para siempre en el Camp Nou, aunque años después, sus jugadas, regates y una obra maestra en el Santiago Bernabéu o una vaselina de ciencia ficción en Belgrado, permanecerían en el imaginario culé. Nuevamente, el Cayo Mario exiliado despreciado pero que seguía conmoviendo a Roma por los recuerdos de las victorias ante cimbros y teutones. De alguna manera, su figura tenía el atractivo del ídolo caído, sentido, a fin de cuentas, como un tipo de carne y hueso, de una pieza (lo cual lleva a pensar que sea muy interesante que haya gente en su país que incluso ha oficializado una religión sobre él, en la enésima demostración de que mucho tiempo libre no tiene que ser lo mejor del mundo).
 
 
 
 
 
Existían muchas dudas en los mercados internacionales y televisivos acerca de dónde iría el ángel caídos, pero, como diría el propio Ludden, quedaba el milagro de San Génaro. La decisión de Nápoles solamente podía ser comprendida por una parte de la población, una que no dudaría ver un domingo por la tarde esa simpática comedia italiana llamada "Bienvenidos al sur". El lugar lo tenía todo, el romanticismo de un club histórico pero que nunca había ganado nada, la devoción de gente en muchos casos hundidas socieconómicamente pero que se focalizaban en el placer del domingo para soñar y... La Camorra.
 
 
 
 
 
Maradona y los Giluliano. Los Borgia hubieran sido más fáciles de tratar que cualquiera de estos dos egos. Durante unos años de locura y matrimonio a la transalpina (como cualquier persona aficionada a Sofía Loren y Marcello Mastoianni puede atestiguar, eso sinifica estar en éxtasis constante o amenazándose con un cuchillo de cocina, no hay término medio), Nápoles sirvió a un número de 10 que cometió el error de hacerse pasar por una máquina de la felicidad ajena. La noche sureña protegía a su rey extranjero mientras mojaba la oreja a las potencias del Milanesado. Un golpe franco frente a la Juventus siempre valdría que prensa, policía y mafia se aliasen para tapar los escándalos, las infilidades, las malas compañías y la cocaína.
 
 
 
 
"Diego es napolitano... su nacimiento en Lanús es accidental", llegó a declarar un escritor italiano. Una serenata de ópera, no podía acabar con otra cosa que tragedia cuando se destapó la manta, sin embargo, por el camino quedaban 2 scudettos, otras tantas copas y una UEFA. No lo hizo solo (Giulianos y lo que no eran Giulanos movieron todos los hilos para rodearlo de lo mejor posible, como el ariete carioca Careca o el talentosísimo Zola, quien lloró cuando el 10 abandonó el vestuario), pero igual que en el Mundial de México 86 (donde la Bota se hizo más porteña que Les Luthiers), sin él como estrella del show, esa ciencia ficción hubiera sido impensable.  
 
 
 
 
Fueron sin duda sus días de vino y rosas. La Guerra de las Malvinas, infausta para el recuerdo de los suyos, obtuvo su peculiar revancha como la primera demostración palpable de la existencia de Dios (o cuanto menos de su brazo) y un gol que puso al goleador Gary Lineker en la única tentación en su vida de irse a celebrarlo con los rivales por lo impensable que había sido. Estaba en la cresta de la ola y sin duda estos episodios y la manera de profundizar de Ludden en la esencia napolitana, digna de las mejores crónicas de Enric González, serán los más jugosos para los amantes de la anécdota.

Apenas 4 años hicieron falta para destruirlo, fue en el siguiente Mundial, donde aquel nuevo Mesías (cuya barba sin embargo solamente tenía el terrenal motivo de tapar su papada por su visible exceso) perdió algo más que la final frente a Alemania, sino que osó poner a sus napolitanos entre la espada y la pared, haciéndoles elegir entre ellos y su propia "mamma" Italia. Nuevamente el tramposo, el chico de barrio capaz de buscar la victoria por lo civil o lo criminal. Y eso fue precisamente lo único que amigos y enemigos nunca cuestionaron.
 
 
 
 
Cuando estuvo en duda la honestidad en un escándalo de quinielas que salpicaba a la mafia del lugar y a jugadores del Napoli, uno de los pocos que nunca fueron puestos en duda fue el díscolo talento. De todos los pecados posibles que había probado, sacrificar aquellos 90 minutos donde podía ser un ángel eran demasiados. Ludden ve precisamente en su desparpajo y su provocación uno de los acicates de un individuo extraño llamado Berlusconi que decidió armar con todo el dinero del mundo una potencia lombarda que vivió intensísimos duelos que iban más allá de las porterías, norte contra sur, Cinema Paradiso versus La Vieja Señora... Maradona contra todos, como parecía estar empeñado.
 
 
 
 
 
 
Sería curioso y digno de estudio que Ludden profundizase más en la figura del caballero milanés que llegó a ser presidente de gobierno, porque lo que se desprende es muy interesante y explica muchas de las cosas que, desgraciadamente, hemos visto que han pasado en ese país, por otro lado absolutamente fascinante. De ahí dejó las maletas como un demonio, pero con la confianza de quien sabe que terminaría siendo un mito. Siempre infravalorado, sobrevalorado y nunca tomado como lo que siplemente era, un talento brutal en una disciplina y, a fin de cuentas, el chiquillo de villa pobre que alcanzaba cierto Zen con esa maravilla nunca bien ponderada llamada "El Chavo del 8". 






Faltaba la última bocanada en Sevilla, el ámbito hispalense había tenido a Curro y la Expo, ahora soñaba con que quedase algo de magia en el barril para tener un nuevo monarca. Incluso él mismo soñó con ser nuevamente un rey gitano, príncipe de Egipto y abanderado de causas perdidas. Quedaban resquicios (cuando le lanzaron una minúscula naranja y la controló como si fuera el esférico más grande de la tierra y lo mareó durante unos segundos como otra persona sacaría a su animal doméstico), mientras algún viejo rival como L. Mathaus sonreían para sus adentros.
 
 
 
 
El libro de Ludden resulta una curiosa biografía deportiva que, especialmente con el oro de Nápoles, alcanza una alegría literaria desenfadada reseñable y hace ver más de cerca un Circo de sinsabores y los riesgos de aupar y marear a un pibe con un don. Aunque curiosamente y coincidiendo con El Lobo, es más que curioso que quizás precisamente por esa droga llamada fútbol, el 10 pueda a día de hoy seguir disfrutando de sus hijas y el reconocimiento de sus fans... quizás, era saldar una deuda excesiva y dorada.

domingo, 26 de agosto de 2012

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Teniendo en cuenta los turbulentos años que han vivido a nivel político y económico, no deja de ser curioso que Argentina haya destacado en los últimos tiempos por sacar un cine de una calidad increíble, combinando lo mejor de sus anteriores generaciones y una savia nueva que se ha acoplado como anillo al dedo a un estilo que parece aunar lo mejor de la comedia italiana, con la española y una dosis de ingenio propio.
 
 
 
 
 
Pocas películas muestran mejor esa fusión que el debut de Rodrigo Grande en la dirección de un largo, "Cuestión de principios" (2009). Amparándose en una pareja dorada, nada menos que Federico Luppi y Norma Leandro, Grande trae también a uno de los mejores actores argentinos de la actualidad, Pablo Echarri, para narrar una historia basada en un cuentecillo previo, la de un señor llamado Castilla y su lucha contra los molinos de viento... cuestión de principios.
 
 
 
 
 
 
En cierto sentido, esta comedia deliciosamente sencilla no está tan alejada de almas gemelas como "Don erre que erre" o "El puente sobre el río Kwai"... simplemente cabezonerías que se van de las manos y llevan a los protagonistas a enfrentarse a esta decisión. Considerado por muchos de sus compañeros de oficina como un tipo atávico y del Cromañón, Castilla alcanza un gran relieve cuando se niega a vender una vieja revista al joven y algo presuntuoso jefe que ha llegado a Rosario. Siendo la pieza que falta a su colección, éste parece dispuesto a pagar cuantos pesos sean necesarios de más por el objeto, pero, habiendo una fotografía de su progenitor en ella, para el propietario, hay cosas que no se pueden comprar con dinero.
 
 
 
 
 
La aparente tontería va ganando fuerza a través de un argumento muy bien llevado y unos intérpretes maravillosos. Los secundarios del día a día del trabajo de Castilla son estupendos, igual que sucede con los mejores secundarios, puede salir un tipo para decir dos frases... pero cómo las dicen. Lógicamente, entre los protagonistas, Luppi sobresale como el terco protagonista, viviendo de su talento para terminar haciendo agradable a este hombre con aristas. Actor increíble que no necesita presentación en España, para muchos, el papel de su vida, para Luppi, un día más ticando antes de salir a las 8.
 
 

¿Y qué decir de Norma Leandro? Lo de esta intérprete es de ciencia ficción. Cualquiera que haya visto "El hijo de la novia" o "La historia oficial", sabrá a qué hace referencia el blog cuando afirma que estamos ante una actriz absolutamente súper-dotada. Tiene una manera única de mirar, de moverse, de gesticular... Hace creíble cada uno de sus diálogos y su química con Luppi es maravillosa, en un re-encuentro que los amantes del séptimo arte llevaban esperando más tiempo de la cuenta.
 
 
 
Entre la Nueva Guardia, Pablo Echarri, a quien algunos recordarán por su interpretación en "El método", cuaja otro notable trabajo para su filmografía. Pese a la juventud, el director no cae en la tentación de caer en historias de claros y oscuros y hasta el joven y altivo jefe tiene su corazoncito y su historia de por qué ha vuelto desde España a hacerse cargo del departamento de Rosario. Nuevamente, poca plata, mucho ingenio y personajes bien desarrollados, la fórmula mágica que gente como Campanella ha abanderado para colocar sus cintas de tú a tú con quien se tercie.
 
 
 
 
Este viejo pibe y sus molinos de viento son algo más que un honesto entretenimiento... a veces, en el teatro, el entremés eclipsa a la obra principal que se pretendía ver.
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 19 de agosto de 2012

SHARE CON DERECHO DE ADMISIÓN

Hay un viejo dicho, a veces no importa tanto qué se está estudiando, como la metodología con la que se realiza.  Es decir, que a veces, la forma puede llegar incluso a superar al contenido. A pocas artes les acontece esto a los niveles que suceden con la conversación. Auténtica delicia si se hace bien, puede ser también muchas otras cosas (desagradable, indiscreta, vulgar...). Entre otras variantes, es posible que en pocas haya más riesgos que en la entrevista, una melodía donde quitar una nota puede hacer derrumbarse toda la partitura, o añadir, quitarle la esencia, como diría Salieri en "Amadeus". 





La televisión, un medio donde el resumen de la fórmula mágica podría ser velocidad, velocidad... y velocidad, donde el tiempo y el reposo necesario para conocer a alguien parece una utopía que además, Youtube está despedazando. Por supuesto, es una herramienta tiene mil ventajas (desde ver un documental desaparecido y fascinante hasta ver a un adorable gato tocando el piano de pie, lo que justifica una existencia), pero no sé si se han dado cuenta de que asimismo está acostumbrándonos generación tras generación, a tener una premura que hace a todo lo que pase de diez minutos de metraje estar bajo la sospecha de nuestra atención.




Por ello me gustaría rescatar en un espacio dominical donde el color orange (alerta organe, para ser exactos) amenaza con derretir el teclado, un lugar con cártel en la entrada de la Televisión Aragonesa, dirigido por  Luis Alegre, "El reservado". A lo largo de los años, diferentes personajes han ido desfilando ante el micrófono para parecer más personas, con un estilo sosegado digno de agradecerse. Quizás una de las debilidades personales que tengo por este programa fue que le debemos una de las últimas apariciones públicas de ese genio nunca lo suficientemente ponderado que fue Rafael Azcona, quien al margen de llegar a la visionaria conclusión de que no sacarse el carnet de conducir alargó su vida sobremanera, fue, es y será, una de las grandes plumas que se han visto por estos lares.




En otra vida, si hemos de seguir las creencias de la re-encarnación, Alegre tuvo que hacer algo muy bien, solamente así se explica la red de conexiones que este profesor universitario y periodista ha mantenido con algunos de los personajes artísticos más relevantes del panorama actual (así como haber podido cenar varias veces con Pep Guardiola, algo que toda persona culé que se precie envidará de la forma más atroz posible). Desde Joaquín Sabina pasando por Leonor Watling, dejando por el camino a Juan Diego Botto o Maribel Verdú.





Generalmente con una duración de treinta minutos aproximadamente, son diálogos sosegados y que permiten arrastrar alguna faceta que un espectador desconocía de un personaje público, que, en muchos casos, solamente implica que es una persona desconocida muy visible. Por buscar siempre el lado de la puntillita y la deformación anti-profesional de todo bloguero que escribe cómodamente sentado, en ocasiones "El Reservado" se deja llevar por un cierto sentimiento de "derecho de admisión" un poco esnob y algún momento de "peloteo" (dicho cariñosamente) que podría incluso sobrar. En ese sentido, la heterodoxia genial, irreverente y con un punto de locura de Jesús Quintero puede resultar, si bien más provocadora, también atractiva.





Eso no quiere decir que haya habido alguna joyita para rememorar como la charla que mantuvieron Alegre y Juan Echanove, de lo más fuerte que he podido ver últimamente, en el sentido positivo, por llevar la esfera al terreno personal de una forma estupenda y digna de Quevedo en "El buscón", bajando a la tierra y sin miedo al barro. O las cosas siempre sensatas que suelen salir de la boca de Elvira Lindo, una escritora siempre con la cabeza perfectamente amueblada, o la campechanía cercana de un director como Agustín Díaz Yanes.






En definitiva, un oasis interesante donde quizás puedan tener a bien sumergirse si les interesa saber algo que vaya más allá de "los marqueses de Hofstadter muestran su mansión"... Como suele pasar, buena parte del éxito dependerá del acierto en la elección al invitado.

domingo, 12 de agosto de 2012

EL ABOGADO DEFENSOR

Desde Shylock, pasando por los prestamistas hebreos a los que engañaba Rodrigo Díaz de Vivar en el poema del Mío Cid, los judíos han tenido un papel relevante en la literatura occidental, aunque, desafortunadamente, en muchos casos, cayendo en el estereotipo y el más vulgar prejuicio. Buscando desmontar esos axiomas, Will Eisner, uno de los grandes pioneros del cómic norteamericano, se embarca en la tarea de rescatar y redimir a uno de esos usureros, nada menos que Fagin El Judío, salido de la excelente pluma de Charles Dickens para que cruzase su camino en un bullicioso Londres con un joven llamado Oliver Twist.





Autor todoterreno (dibujante, guionista, creador, defensor sindical de los derechos de los artistas de su gremio), muchos han considerado que el padre de "The Spirit" fue uno de los pioneros de la independencia del cómic-book como vehículo de diversión limitado solamente a la infancia. Si bien eso es una verdad como un templo, nunca ha dejado de producirme cierta incomodidad la obsesión de algunos por hablar de "novela gráfica". Que los trabajos de Eisner sean de una calidad excepcional, debería ser motivo de que las viñetas salieran de su complejo, no precisamente de reafirmarlo. Cuando una novela que leemos es mala apostillamos que a fin de cuentas era "literatura dibujada". Hay cómic estupendos, libros maravillosos y cuadros excelsos, entre muchos otros medios artísticos. Y, obviamente, hay tebeos menos estupendos, escritos no tan maravillosos y pinturas excesivas pero no excelsas. Muchas veces es la obra per se, no el medio en el que se desarrolla.




Cuestión personal para Eisner, presentar la intrahistoria de Fagin antes de cruzarse con uno de los huérfanos más famosos de la literatura, es la excusa perfecta para mostrar un gran conocimiento de su propia herencia, la obra de Dickens y algunas de las características de los antiguos sefarditas que se dispersaron por todo El Viejo Continente. Resulta curioso lo excelentemente bien y la forma tan simple en la que el dibujante ejemplifica que implicaba ser, por ejemplo, un ashkenazí, a la par que se pone el acento en la importancia de los descendientes de los observantes de la ley de Moisés expulsados de España y Portugal a finales del siglo XV (y no, no se han metido por error en un proceso de la Inquisición, ahora mismo volvemos con las viñetas).






Las desventuras de Fagin hasta terminar siendo el príncipe de los ladrones que adiestra a futuros Lazarillos en la capital inglesa, son el típico relato costumbrista y cotidiano del autor, un Eisner que en "Contrato con Dios" ya demostró toda su categoría para hacer de carne y hueso a todos sus personajes, admirables y miserables a la par, de una forma cautivadora y que hace que el público se preocupe por ellos. Por supuesto, llegará un momento entre sus nuevas levas, que un muchacho llamado Oliver ingresa a regañadientes en sus filas.

Con todo, pudiera decirse, por buscarle defectos a una excelente historia, que quizás el resquemor lleva al relato a mostrar cierta ingratitud con la obra original. Así, en un exponente de lo metaficcional, el mismísimo Dickens visitará a su creación, reprochándole la segunda cómo están alimentando los estereotipos sobre su pueblo. Indudablemente, igual que Shakespeare y tantos otros, los grandes escritores no escapan en algunos casos a las ideologías imperantes de su tiempo (y si se salen de la norma, como en el caso de Virginia Woolf, pagan el precio de muchos sinsabores como peaje por su talento rompedor). 



En este sentido, ciertas críticas de Eisner sobre Dickens, aunque justas, bien hubieran merecido el acompañamiento del elogio de las virtudes que sí atesoraban sus escritos (igual que ocurre en "Los miserables", sin ir más lejos, a pesar de narrarse sin paños calientes realidades muy duras, "Oliver Twist" no deja de tener un mensaje esperanzador que no suena a propagandístico, como los mejores momentos del cine de Frank Capra).






Por ello, me animo a recomendar a quienes tengan el tomo editado por Norma, que no dejen de leer las palabras escritas por el tristemente desaparecido Eisner, ya que son un reflejo excelente de lo complejo y delicado, atrayenye y susceptible, que sigue siendo esa realidad social que supune aún hoy en día un verdadero reto para nuestro sentido de la orientación.






Si hasta el diablo merece un abogado, ¿cómo no iba a tenerlo el singular Fagin? Y nada menos que uno de los grandes. Un cómic sorprendente y donde hay más temas en juego que una simple adaptación de un clásico.



SALOMÓN: Y bien joven, ¿has decidido ya qué religión es mejor? ¿Cristianismo o judaísmo?
FAGIN: Señor, me parece que todas las fes son iguales para un miserable como yo.
SALOMÓN: Jo, jo... vemo que has madurado. ¡Se bienvenido a Londres, Moisés Fagín!

domingo, 5 de agosto de 2012

EL ÚLTIMO BEDUINO


¿Dónde colocar el chubasquero y el paraguas? Pudiera parecer una tontería, pero una fría mañana de noviembre, si un servidor (en un hipotético y apocalíptico futuro que es de todo menos probable), entrase en el Congreso como diputado, igual que cierto peregrino, pasaría un mal rato tratando de averiguar dónde se colocan la empapada prenda y el instrumento de Mary Poppins, por no hablar de cómo soportar las miradas de "La Montaña", con impecables trajes capitalinos y teniendo el 90% de ellos la expresión de un patricio romano. Ante eso, solamente queda la sencillez.






En un clima donde casi se respira la operación rescate como algo inminente y el descrédito de nuestra clase política, de toda condición e ideología, leer las memorias de un diputado solamente podría considerarse un ejercicio de masoquismo. No obstante, tengo que reconocer que las reflexiones de José Antonio Labordeta sobre la VII y la VIII Legislatura en las que fue uno de los representantes electos de la Chunta Aragonesista, han sido un entretenido pasatiempo que aparte ha arrojado alguna pista de por qué esos leones que no son de Micenas, han visto, pese a todo, subir muchas escaleras a fecundos en engaños... aunque quizás no tanto en ardides e ingenios.




Canta-autor y uno de los personajes más queridos por el pueblo aragonés de su época, Labordeta, igual que Fernando Fernán Gómez (gran actor, personaje de una extraordinaria inteligencia y, para qué engañarnos, no la persona de trato más fácil del mundo), tuvo la desgracia de que una salida de tono fue la que le hizo pasar a la posteridad y los vídeos de Youtube cuando tenía muchos más merecimientos. De alguna manera, ese discurso, que no fue ni de los mejores ni inspirados, le valió cumplir las fantasías de muchos ciudadanos de a pie que en más de una y dos ocasiones tuvieron el deseo de mandar a, salve sea el lugar, a muchos de sus representantes. Aún hoy sigue siendo considerado por Joaquín Sabina uno de los momentos climáticos de la democracia y, de las pocas cosas que no cambiaban de chaqueta, estaba la voz de Labordeta.






Personalmente, siendo todavía aún más insultantemente joven de lo que hoy soy (¿?), no fue ese el momento donde le cogí la matrícula a este singular individuo. Se trató en esa época donde uno aún ponía en La 2 las reuniones del Congreso y era capaz de tragarse la sesión casi entera (según quien hablase, porque alguno...) y hasta era tan ingenuo de pensar que no se iba a respaldar una guerra contra la que estaba en desacuerdo todo el país, fotito incluida. Aunque le tocó uno de los últimos turnos de plabra, "la cigarra" como la llamaban algunos sin mucho cariño en sus escaños, tuvo un muy inspirado speech y hasta regaló una bonita poesía a José María Aznar, buscando, como él mismo afirmaba, el único nexo común que podía tener con el presidente de la mayoría absoluta,  aunque admitía que nunca le miró directamente a los ojos.




De forma caótica pero con una extraña coherencia, las páginas se suceden, mientras pensamos por qué tantas comisiones sobre comisiones y si es muy lógico la sucesión de ministerios y es que tenemos unas luminarias que serían capaces de eclipsar a Napoleón y pueden pasar de un día a otro de Justicia a Sanidad, pasando por Educación y Relaciones Exteriores. Nadie puede dudar de la valía que tuvo históricamente la Transición, pero hay momentos donde uno piensa que también va siendo hora de ver lo que se quedó en el camino y que estas listas cerradas y predominio del partido sobre el individuo, debería ser modificado. ¿Cómo puede concebirse siquiera que el voto en blanco no tenga validez? ¿Hay mayor alegato de desazón con todo y todos?




El testamento político del beduino es una buena pieza para reflexionar y una lectura considerablemente amena (vale, quizás los puntos del trasvase del Ebro no sean lo más apasionante que nos contatarán en nuestra vida, pero sí son jugosas las jugadas de ajedrez que unos y otros pretendían para sacar tajada del asunto), que, por supuesto, todo el que conozca un poco a quien la escribió, tiene un marcado acento ideológico y parcialidad que cada uno debería adecuar a su prisma. Personalmente, a mí me extraña que con lo incisivo que es, no metiera más palos también a los partidos de izquierdas, que motivos y ejemplos había por la mala praxis de lo que se prometía.




 Igual que Obi-Wan Kenobi, a mucha gente le llamaría la atención como úno de sus discípulos en su labor de maestro en sus primeros años terminaría siendo nada menos que Federico Jiménez Losantos. Uno podría pensar que Cayo Mario tuvo como lugarteniente a Lucio Cornelio Sila, pero, en honor a la verdad, ambos siguieron profesándose mutuo cariño y demostraron que incluso dos Españas podían entenderse sin llegar al agua al río (obviando otro de los días míticos en los que nuestro protagonista le recordó al futuro locutor de radio que en su pueblo eran muy brutos y que si le volvía a decir una cosa que no le gustó, salió volando por los siete pisos del apartamento).





Los amantes de las pequeñas crónicas de 1X1, quizás disfruten de las perlas que se dejan al final de algunos de los protagonistas hasta hace muy poquito del futuro del país, lo cual, la verdad, da un poquito de miedo según que pérfiles. Es curioso comprobar cómo llegan a establecerse buenas sintonías y simpatías con supuestos adversarios, mientras que alguno como Álvarez Cascos llegó a admitir que solamente coincidían en compartir un gran gusto por las mujeres (aunque teniendo en cuenta las trayectorias vitales de ambos, más allá del género, parecían buscar cosas distintas en ellas, y honestamente, se me verá el plumero pero abogo por la vía del canta-autor, a mí también me parecía que Katherine Hepburn tenía mucha clase).




Casi parece sintómatico que uno de los últimos temas a tatar fuera el 11M, si me permiten la confesión, aparte (y siempre en primer lugar) de uno de los más sangrientos y deleznables atentandos que nunca hemos tenido la desventura de sufrir en nuestro país, para bastantes, creo que un verdadero punto de inflexión en la desazón sobre lo que era el sistema. Sobre tan tristes cimientos se operó un festín de cuervos y de intereses y donde la política demuestra que siempre debería estar por debajo de lo que realmente importa. Las víctimas, sus familiares y amigos eran los únicos que merecían atención, mientras muy egoístas intereses se iban entrelazando y envenenando el ambiente.





No se abunda (ni es el objetivo) este tipo de consideraciones tan ligadas al mundo de los oficios públicos en Amarcord, pero después de una semana leyendo al viejo beduino, uno se da cuenta de que tampoco pasa nada por decir lo que se piensa siempre que se haga con buena métrica y sin mandar a... ya saben donde al personal (aunque a veces incluso, debería permitirse).





Ante tanto desierto, no nos vendría mal un viejo beduino de guitarra cansada... aunque estuviéramos en desacuerdo con él. Por lo menos, se podría discutir con talento, y eso, siempre es bueno.



domingo, 29 de julio de 2012

QUIZÁS NOS LO HEMOS GANADO

Pareciera que es tristemente inevitable que el estreno de una nueva película de la franquicia de Batman se vea salpicada de un incidente desagradable que empañe la alegría del estreno. Así, si la espectacularidad de "El caballero oscuro" venía oscurecida por el suicidio de Heath Ledger, "La leyenda renace", irá asociada a la figura de James Holmes, protagonista del terrible tiroteo en unos cines de Denver durante las primeras proyecciones en sala de una cinta que había generado una fuerte expectación por ver cómo Nolan cerraba su trilogía.





El caso de Holmes es sintomático del mundo extrañamente violento en el que vivimos. Aparentemente un estudiante prometedor e introvertido, quizás demasiado, pero en un sistema que permite hacerse con mucha facilidad con gran cantidad de munición y no despertar sospechas. Poco alentador para el espíritu, pero recomendable para recordar que hay cosas más serias incluso que la palabrita crisis que es omnipresente en todo medio de comunicación, son la serie de perfiles que algunos periódicos incluyen de las víctimas, gente con su vida, familia y expectativas que simplemente decidieron desconectar un rato de todo viendo las venturas y desventuras de la creación de Bob Kane, hace ya tanto tiempo (aunque muchos insisten, con razón, que sin la figura del guionista Bill Finger, el universo de Gotham hubiera sido mucho menos especial).





El caso de este muchacho, clara y gravemente enfermo, ha sido un jarro de agua fría y que, aunque no apetecía, en el blog de Amarcord debía señalarse antes de comenzar con ninguna otra valoración sobre este renacer de leyenda que, sin duda, va a ser una de las obras cinematográficas más comentadas en blogs, prensa y televisión. Crucemos los dedos porque no tengamos que volver a escuchar sucesos semejantes y que mejoren nuestros mecanismos para detectar este tipo de personalidades antes de que se terminen convirtiendo en peligrosas para ellos mismos y los demás.





Al margen de este triste eco que seguirá resonando, la valoración del epílogo de este exitoso triunvirato de reflexiones sobre "El Murciélago" (junto con Superman, el gran mito de la potente editorial de cómics DC), ha dejado muchas cosas en el tintero, dignas de resaltarse. Con la única excepción de Katie Holmes, el reparto original (salvo las lógicas ausencias) se ha mantenido firme. Lo cual equivale a hablar de primeras espadas como Morgan Freeman, Michael Caine, Gary Oldman... En definitiva, estupendos intérpretes que serían protagonistas de muchas otras historias y que prestan su servicio al proyecto, en ocasiones con un par de diálogos... pero qué bien los hacen.




Esta tarea no habrá tenido que ser tan sencilla. Contar con tantos All Stars, puede traer aparejada relajación y pensar que a fin de cuentas son magníficos intérpretes que pueden ir con el freno de mano echado para una "peli de súper-héroes". No es así en lo absoluto, y tanto Lucius Fox, como Jim Gordon o, muy especialmente en este end of the saga que dirian los Leguineche, Alfred, son presencias importantísimas en el entorno de un Bruce Wayne que hace ocho años convirtió su creación en una leyenda que murió una oscura noche donde falleció Harvey Dent.




Y es que con la posible excepción de "La máscara del fantasma", rara vez se ha profundizado tanto en la figura de Wayne, haciéndose algo más que la simple identidad civil del justiciero. Christian Bale tiene buena parte de la culpa de eso, sus primeras escenas ya advierten que la ilusión del origen de "Batman begins" ha ido desapareciendo con las pérdidas sufridas y que Peter Pan hace mucho tiempo lanzó al mar su espada de madera. Ya en "American Psycho" (2000), película irregular y con aristas, pero donde él ya estaba muy bien en su rol, Bale había demostrado su capacidad de encarnar tipos de doble vida, aquí, firma la que probablemente sea su última encarnación del binomio máscara-multimillonario atormentado, de una manera excelente.
A pesar de que su elevado metraje no se hace nada largo, casi desde la primera secuencia, uno nota la ausencia del carismático personaje del Joker, especialmente debido al maravilloso trabajo precedente de Ledger. Incluso uno piensa que hay determinadas cosas que pasan donde los hermanos Nolan bien podrían haber tenido pensado volver a utilizar al payaso. Tom Hardy (irreconocible a través de la máscara) encarna con solvencia a un Bane mitad brutal, otro tanto maquiavélico agitador de una ciudad desangrada, pero el mal anárquico encarnado en la anterior entrega parece insuperable. Un nuevo fichaje también será el de Joseph Gordon-Levitt, un joven policía que sospecha que su apreciado comisario (impecable Gary Oldman, como no podía ser de otra manera) no es sincero con lo que pasó aquella aciaga jornada.




En un lado más ambiguo se sitúa la apuesta más personal del casting de Nolan, nada menos que contratar a Anne Hathaway para ejercer de Selina Kyle, o si lo prefieren, Catwoman, aunque en su apuesta por el realismo, salvo algún titular de prensa, no la llamarán así en ningún momento. Sin ánimo de ofender, pasar de "Princesa por sorpresa" a ejercer de una de las anti-heroínas por excelencia de las viñetas, parecía un giro de tuerca excesivo. No es así para nada, Hathaway le da un toque excéntrico y de desayuno con diamantes a Selina que le sienta fenomenal y resulta una agradable paradoja su supuesta indefensión exterior con los muchos recursos que esconde. En el otro rol femenino destacado, la incorporación de Marion Cotillard en esta tercera parte, va ganando en fuerza por momentos.





Para los amantes de las bandas sonoras, decirles que respiren tranquilos, la Warner Bros no es ninguna ingenua y no le gusta perder dinero, así que Hans Zimmer recupera la batuta y vuelve a sacar solvencia a su magnífica intuición para aunar efectividad, calidad y comercialidad en sus temas, pegadizos y siempre fortaleciendo las escenas que le tocan en suerte. No sería un mal regalo navideño tres discos con todos los temas utilizados. Teniendo en cuenta que hay momentos más inverosímiles y más agujeros que en las dos precedentes, la banda sonora le sube puntos al examen de Nolan y los suyos.


Y es que aún somos bastantes los que no terminamos de cogerle la tecla a estas atractivas propuestas de un director singular. Que tiene originalidad está claro ("Memento"), o que sabe hacer tramas absolutamente y deliciosamente tramposas ("El truco final")... incluso cuando se estrella, el pecado es más por ambición que volar bajo "Origen". Esa cierta pretenciosidad (que no enmascara muchas virtudes) hace que algo no termine de convencer en este broche de oro para la que ha sido, bajo mi humilde juicio, lo mejor que veremos en mucho tiempo del gothamita.






Bajo la intelectualidad con la que a veces quiere enmarcarlo todo, no escapan las americanadas de turno y ciertos momentos muy previsibles, aunque todo termina valiendo para llegar a momentos efectistas pero que suponen un verdadero homenaje a décadas y décadas con Batman, un personaje que cautivó y seguirá haciéndolo a generaciones de lectores y espectadores. Aunque esta película me ha pillado un poco más sereno que la expectación de fan con Begins y El Caballero Oscuro...





Tal vez llega un momento, que nos gusta ver a los viejos guerreros descansando en una elegante cafetería de Florencia, con una compañía muy agradable...





Con todo, chapeau ante el que sin duda ha sido un trabajo de artesano con mucha vista.