domingo, 22 de julio de 2012

ABRIENDO LA CAJA DE PANDORA: CRÓNICAS MARCIANAS

Tuvieron algo en común. Cada grupo, en su tiempo, fueron la jeunesse, una jeunesse dorée, la promesa de refinamiento, de algo más. Cicerón hablaba como nadie en banquetes orquestados por  Lúculo, anfitrión de exquisito gusto, mientras Sempronia Tuditania sorprendía a todos por su encanto, talento musical y dotes artísticas. ¿Quién hubiera pensado que aquellos patricios y plebeyos prominentes eran la antesala de muchas guerras civiles y descontrol con ellos como protagonistas? Probablemente, unos pocos, quizás alguno de esos agudos observadores hubieran pensado que el Versalles de Luis XIV no tapaba las manchas del alzamiento de los precios de pan y la miseria de unas calles de olor a pescado, como magníficamente se refleja en "El perfume".





Por mucho que el tópico se haya asentado, a veces olvidamos que los bárbaros no siempre son los responsables del saqueo y el destrozo, la profanación del templo. A veces, la curiosidad, la inteligencia y la imaginación, cualidades que en muchos casos son admirables, pueden terminar siendo el deseo irrefrenable  de Pandora de abrir la caja de los truenos.





Si alguien hubiera pronosticado que un talentoso presentador, Javier Sardá, que había comenzado destacando en la radio, iba a ser uno de los hacedores del tipo de programa televisivo que hoy tanto abunda, hubiera sido difícil de imaginar. De un modo único, "Crónicas Marcianas" serviría para explicar muchas cosas que han pasado en la caja que a todos nos congrega 365 días al año en algún momento u otro. Que no es poco. 



Por supuesto, no hacemos referencia a los relatos de Ray Bradbury, sino a un programa que entre 1997 y 2005 fue un verdadero fenómeno de audiencia en share nocturno y, no tiene porque ser elogioso esto último, reflejo por donde se estaba moviendo el gusto mayoritario. En el ciclo darwiniano de la vida, si el show comenzó para intentar crear competencia a Pepe Navarro hasta aprovechar el ocaso del programa de este último, en cierta medida, el final de estas crónicas extra-terrestres, coincidió con el surgimiento de Andreu Buenafuente y su equipo del Terrat. Así que estemos muy atentos con el que le quite la cuchara a los Berto y cía.



No sería justo el caer en la crítica fácil desde el minuto uno. En ocasiones, ahora que el tiempo ya ha pasado, pareciera que olvidásemos que ahí hubo talento y, en muchos casos, no en pocas cantidades. Más allá de su heterodoxia y sus hiperbólicas maneras casi (¿por qué narices pongo casi?) de Boriz Izaguirre, uno de los colaboradores y tertulianos, se escondía una persona culta y un escritor con capacidad de reflexión. Carlos Latre, por su lado, uno de los descubrimientos de Crónicas, es uno de los mejores imitadores que han surgido en los últimos años en el país.



Con un humor blando pero ingenioso en un principio, con entrevistas a personajes de rabiosa actualidad, el espacio de Tele 5 fue ganándose un hueco claro, a medida que Sardá consagraba su popularidad y algunos de sus ayudantes alcanzaban también una importante dosis de protagonismo. Fue a partir del año 2000 cuando surgió el verdadero punto de inflexión, la llegada a la cadena de reality-shows como Gran Hermano, que alcanzaron gran popularidad y superaron las más alocadas expectativas de Orwell en cuanto a forzar la dignidad humana y que dejaba a la neolengua a la altura de Shakespeare.

La jugada de Sardá y su equipo no pudo salir mejor, en aquel Circo, supieron traer a los gladiadores y las fieras que el público ansiaba. En aquellas tareas de scouting sobresalía Javier Cárdenas, quien pareció especializarse en la caza de freaks. Freak, que es una palabra que suele salir en este blog y en una connotación positiva, un poco de broma pero siempre bajo el tamiz del cariño y la originalidad, en este caso está más enfocado al de la creación de un personaje televisivo, sin oficio ni beneficio conocido pero que alcanza gran popularidad.





Fue el inicio de una oleada, no podríamos imaginar a las Esteban, Matamoros, Pocholos y compañía como tales sin lo que se inició en aquellas crónicas que fueron desligándose cada vez más de sus objetivos de inicio. También surgieron las primeras polémicas y críticas contra la utilización de algunas de esas personas, ya que la excentricidad no ha sido nunca excusa para hacer burlas descaradas y que llegó a tener ejemplos de triste recuerdo.



Ocasionalmente, había algún leve atisbo, en ocasiones de algún incidente importante o noticia seria, el programa incluso se transformaba por unos minutos en algo inquisitivo, ingenioso y serio, porque el talento siempre estuvo allí, aunque, en la gran mayoría de los episodios, no sé si en la causa equivocada (no nos pongamos tan moralistas), pero sí en la ante-sala de lo que iba a llegar...




Siendo ya un recuerdo e historia de nuestra televisión, pareciera que aquella mezcla de palacio finamente ornamentado pero regentado por Calígula, hubiera desaparecido de la memoria, como si su brutal popularidad no hubiera sido garantía suficiente para pervivir en el recuerdo con agrado. El propio Sardá, que ganó importantes rivalidades durante el mismo (incluyendo algún momento memorable como pedir de rodillas el no voto a un partido político), a pesar de seguir en algún experimento, nunca ha vuelto a gozar de una oportunidad de estar tan arriba en la palestra...



Y es que, por mucho dinero y audiencia que pueda dar, la caja siempre se termina rebelando...


domingo, 8 de julio de 2012

YO ME BAJO EN ATOCHA


 Existen pocas metáforas más elocuentes de este agridulce sinsentido de la vida, que los trenes. Ustedes mismos lo pueden juzgar, pensemos en como magisterios de tan distinta formación como Alfred Hitchcock, Agatha Christie o las letras de Sabina, han usado esa sensación de viaje y estaciones de paso para narrar con elocuencia lo fugaz de todo. Efectivamente, hay maneras más alegres de comenzar un domingo, no lo dudemos, pero permitan ustedes cierta nostalgia al hablar de un cómic especial, "Arrugas", de Paco Roca.





Este artista a quien ya mencionamos haría unos meses en este mismo blog, para hablar acerca de esa pequeña (gran) joya que es "El invierno del dibujante", parece haberle cogido el pulso a una técnica que es muy difícil. Nada de súper-poderes en las viñetas, tampoco épica de brujería y armas mágicas, simplemente mucho nervio y una empatía cariñosa y veraz para los problemas a pie de calle. Hacer una historia como ésta basándose en sucesos tan aparentemente cotidianos, refleja una espléndida audacia y mucho savoir faire.






Como no es cuestión de castigar a los escasos (pero siempre admirables y a los que estoy muy agradecido) intrépidos que leen "Amarcord" con spoilers y repetitivos resúmenes del argumento, decirles que Emilio se ha jubilado y sus familiares ya no pueden mantenerle porque está empezando a perder la cabeza paulatinamente y deciden ingresarlo en una residencia. En la historia, Roca lo llama Emilio, pero a pocas manzanas de distancia de la nuestra, me temo, algo parecido habrá pasado hace relativamente poco.
 Se inicia así un proceso largo pero inexorable hacia un nuevo modo de vida, ante el que nuestro protagonista no está acostumbrado, así como el terrible espectro de la soledad. Conforme vaya conociendo a los internos, especialmente a su compañero de habitación, el argentino Miguel, Emilio irá comprendiendo que las reglas de su vida han cambiado y que, como cuando éramos niños y empezábamos en la guardería, hemos dejado el rol de reyes de nuestra casa y nos vemos obligados a ponernos delante del toro y comenzar algo diferente.





Con una sensibilidad digna de José Campanella (ese maravilloso director argentino que, bajo mi modesto prisma, ha sido quien mejor ha tratado una enfermedad tan espinosa como el Alzheimer en el cine), Roca cuenta sin paños calientes un tema doloroso, no renunciando al factor humano y un potente discurso esperanzador a través de algunos pilares (la amistad, el espíritu de supervivencia, el amor...) que no le hacen caer en la moralina o el efectismo.





Hay momentos en "Arrugas", que parecen impregnados de los mejore episodios de las primeras temporadas de "Los Simpson", cuando la familia amarilla de cuatro dedos parecía capaz de meterse hasta en las entrañas del sistema, reírse de él y encima hacerlo con cariño y abriéndole una rendija a la ilusión.
Para aquellas personas que estén interesadas en el cómic, no dejar de recomendarles la estupenda adaptación a la gran pantalla, hecha de forma muy digna y en una de las mejores piezas de animación que últimamente se han hecho en España.




Si hoy leen "Arrugas", al principio arquearán la ceja, hay formas más agradables de pasar un domingo, pero quizás, si tiran del hilo, se encontrarán cada vez más prendados de estos niños grandes, injustos desheredados de su Arcadia feliz. En fin, como siempre, comparen y juzguen si encuentran algo mejor.




Ahora, si lo permiten, yo me bajo en Atocha... hasta la semana que viene.

domingo, 1 de julio de 2012

EL PARPADEO DE LOS DIOSES


"Vivimos obsesionados por la inmensidad de lo eterno. Por eso  nos preguntamos, ¿tendrán eco nuestros actos con el devenir de los siglos? ¿Recordarán nuestro nombre los que no nos conocieron cuando ya no estemos? ¿Se preguntarán quiénes éramos? ¿La valentía que presentamos en la batalla y lo apasionados que fuimos en el amor?". Con estas palabras se inicia la adaptación (hollywoodiense y particular) de "La Ilíada" de Homero, dirigida por Wolfgang Petersen. 




Las hemos seleccionado para esta entrada dominical, porque, a su manera, muestra muy bien la esencia de uno de los grandes clásicos literarios de todos los tiempos. Puede que no sepamos mucho de Homero (ni siquiera si existió tal y como lo imaginamos, un bardo ciego que custodió el recuerdo de algunos de los hombres y mujeres más afamados de su tiempo), pero nombres como Príamo, Aquiles, Helena, Hécuba, Héctor o Áyax, se han perpetuado a lo largo de los siglos, encontrando siempre generaciones de lectores, una trama épica que parece no sufrir los devastadores efectos de la crueldad de Cronos.



Más allá de los debates bizantinos de los especialistas acerca de la recogida por escrita de antiguas fuentes orales que narraron uno de los acontecimientos que hicieron estremecerse al Egeo, la caída de Troya, la ciudad de las murallas que obsesionó en una búsqueda, versos en manos, del erudito Heinrich Schliemann. Aunque hoy la arqueología ha demostrado que hubo varias Troyas y diversas guerras alrededor de ella (probablemente más vinculadas al comercio del bronce y las rutas a Asia Menor que con el hermosísimo rostro de Helena), para siempre, la esencia de la fortificada Ilión , se hallará en los más de cincuenta días que Homero decidió narrar, poniendo su propio talento para mitificar algo que ya estaba en la imagen de la cultura helena, pero que, tras él, pasó a ser universal.


Igual que sucede con Shakespeare, aunque las traducciones a lenguas de todo el mundo han quitado muchas de las rimas del original (algo lógico, teniendo en cuenta que la capacidad memorística era muy apreciada en el Período Clásico y ese tipo de versos eran pistas para saber recitarse con más facilidad), parece que no hay idioma (aunque también hay que darle mérito a generaciones de traductores) que no se impregne de la belleza del principal cimiento de los relatos épicos. 




Con todo, un aviso a navegantes sería necesario, porque tanto hablar de épica, guerra y lucha, podría dar una imagen desvirtuada de la verdadera grandeza de este canto. Existen pocos testimonios más cruentos y terribles de la contienda que la narración de Homero. Los choques entre aqueos y teucros son una sucesión de carnicerías, lamentos y maldiciones, hay crueldad, codicia y miseria, todo orquestado por unos dioses egoístas que en sus maquinaciones y envidias mutuas, juegan con la desgracia de dos pueblos.




Ninguna lectura de "La Ilíada" podría terminar con la conclusión de que es una alabanza a las virtudes marciales o la pericia griega por conquistar y saquear la mítica ciudad de los priámidas. Homero muestra las mismas críticas y simpatías a un bando que otro, solazándose con el dolor de los prisioneros de guerra, especialmente las cautivas. Mientras que no muestra ningún rubor en poner a Ares huyendo por recibir una herida, incluso en los momentos más miserables de los luchadores humanos, siempre se caracteriza por una empatía increíble por cada uno de ellos.

A pesar de que el primer canto se inicia con la pretensión de narrar la cólera del más temible guerrero de los aqueos, Aquiles, hijo de Peleo, líder de los mirmidones y con habilidades casi divinas, tras perder su botín de guerra ante su caudillo, Agamenón, soberano de Micenas y rey de reyes. En ese festín de cuervos, el Pélida de pies ligeros, renuncia a combatir y a sacar a sus mirmidones, aunque eso costará mil maldiciones a sus aliados, acosados por los troyanos. 




Este acto de egoísmo para iniciar una narración heroica, es solamente uno de los muchos juegos que parece esconder hasta sus adentros una sucesión de debilidades humanas, que sin embargo, parecen siempre más conmovedoras que la crueldad de unas deidades (Zeus, Atenea, Poseidón, Afrodita...) que precisamente en su inmortalidad parecen haber perdido la capacidad de conmover. Las rencillas personales olímpicas siempre palidecerán ante la conversación mantenida por Héctor y Andrómaca, antes de que el príncipe teucro salga al campo de batalla.




Una contienda que por otra parte tiene un pretexto absurdo, como siempre parece acontecer, habrá armas de destrucción masiva invisibles, aunque por lo menos en aquellos días era el agradable rostro de la reina de Esparta, Helena, cuya fuga con Paris El Troyano supone la razón de ser (en el poema) de la alianza del ultrajado marido (Menelao), con su hermano Agamenón y muchos otros soberanos de su tierra (otro acierto de Homero es introducir el concepto de actor secundario de lujo, así tenemos a Ulises, el fecundo en ardides y engaños, quien sería el protagonista de "la secuela" de "La Odisea").

Obra coral y extraña que no parece haber perdido ni un ápice de su capacidad de fascinar, generadora de múltiples versiones y, por supuesto, también con sus aristas. Roy Thomas, afamado guionista de Marvel y verdadero devoto de Homero, ha escrito alguna aguda crítica afirmando que incluso El Ciego se permite alguna cabezada y hay algunas pequeñas incoherencias en la narración (incluso algunos han especulado con que la autoría del poema sea múltiple, aunque bien es verdad que parece haber un tono general que delara la misma mano maestra), o ciertos mecanismos en sus diálogos (pensados para ser cantados y recitados, no lo olvidemos) que pueden resultar atávicos y reiterativos para la lectura actual.





No obstante, su legado siempre parece capaz de sobrevivir, no se puede entender la figura de Alejandro Magno y su relación con Hefestión sin comprender antes la de Patroclo y Aquiles. Asimismo, Héctor queda como la encarnación de un ideal, un héroe perfectamente imperfecto, no cuesta nada ver rasgos del domador de caballos en Ned Stark, sin irnos más lejos de Poniente. Por eso, y Andrómaca, los lamentos de Hécuba (las mujeres son las que siempre recuerdan y comprenden), la nobleza primitiva de Áyax, junto con la espectacular petición de Príamo, una de las joyas más resplandecientes del poema.




Una leyenda de miedos y tinieblas, pero, ¿acaso no es ahí el único lugar desde donde puede surgir la verdadera fuerza y la pureza, alejada del brillo autocomplaciente de los caprichosos dioses que no dejan de envidiar a aquellos que deben consumir la vida en lo que para ellos es un parpadeo?

domingo, 24 de junio de 2012

ADIÓS CON EL CORAZÓN

 A veces la vida se parece a la ficción. De tanto en cuanto, surgen personajes que parecerían más factibles en la imaginación de un Conan Doyle que a ras de calle. Juan Luis Galiardo pertenecía a esa casta de actores de nervio, a lo Charles Laughton, tipos grandes, de voz imponente y que parecían devorar la cámara cuando les enfocaba. Hasta el último día, en "La chispa de la vida", seguía siendo un torrente de voz pegado a un cuerpo de galán teatral, Sir Álex de la Iglesia decía que era un niño grande, uno de ésos a los que solamente había que darle cariño para ganárselo.




En Amarcord no le pudimos disfrutar en directo aunque estuvimos cerca, nada menos que "El ávaro" vino a ser representada a Córdoba La Llana. Y no pudo ser por culpa de Galiardo, maldita sea. El cariño que despertaba entre el público de toda España era tan grande que las entradas se agotaron como si fuera una pelea entre Aquiles y Héctor en el Madison Square Garden a quince asaltos, en apenas un par de días, imposible disfrutarle en el tablado, ni siquiera una miserable esquina pagada como caviar. Por supuesto, la representación fue un éxito, hubo reportajes de La Sexta y el veterano caballero logró encandilar a las chicas de Wyoming, lo cortés no quitaba lo valiente y en su caso, siempre se le dio bien el cortejo.




De hecho, eso podría haber limitado su carrera, la madición del guapo, de Leonardo di Caprio, pasando por Paco Rabal, pero igual que en ambos casos, el intérprete demostró que era, no solamente un tipo atractivo, sino un excelente artista que fue mejorando con los años y ganando en empaque. Sobre la superficie, era un tipo que vivía en una Arcadia feliz y seductora, no obstante, era una persona con sus aristas y sufría más de lo que parecía, en una celebradísima entrevista que concedió en "El Reservado", mostró algunos de sus lados más humanos y me permito recomendarles que se dejen caer por Youtube esta tarde de domingo, porque les sorprenderá. Entre otras perlas, allí, ese don Juan Tenorio, guapo, ácrata y sentimental, dejaría constancia de su admiración infinita por otro de los grandes, Rafael Azcona.
 Séría, como sucede con los mejores (López Vázquez, Landa, Alexandre, González...), quedarse con una interpretación de este monstruo. Nunca estuvo más paternalista que en "Soldadito español", donde hizo de un paterfamilias para ponerle un lazo y adoptarlo, o su divertidísimo señorito en "Todos a la cárcel", a las órdenes de Luis García Berlanga; también, cómo no, "Adiós con el corazón", que le valió un Goya que pocas ocasiones ha sido más justo. Y mil más.


En México también andarán de luto, porque durante mucho tiempo pudieron disfrutar también se su presencia, generalmente en televisión. Antonio de La Torre afirmó recientemente que era tan arrollador y fascinante como Santiago Segura, que afirmaba que era una fuerza de la naturaleza, como pudo comprobar Salma Hayek durante el rodaje en el que participaron juntos y donde la garganta de Galiardo volvió a ser la que más se hizo notar, con las invenciones de su alcalde sobre monedas romanas.



Se dice que cuando colegas de profesión te quieren y el público te admira, poco más se puede pedir. No obstante, la maldita enfermedad ha ido con prisas, como si temiera dejarse embaucar por este eterno seductor si lo conocía un poco.




Hemos perdido un magisterio impagable y a un tipo especial. Hoy, el domingo es un poco más gris, aunque tal vez si nos ponemos alguna de sus interpretaciones, la cosa mejore... Gracias por todo.

domingo, 17 de junio de 2012

AMAR EN TIEMPOS DE CRISIS

Hay películas de las que el bueno de Cronos se ha olvidado. No es inusual, que un film que se ve a edad temprana, cause un fuerte impacto por su novedad y novedad. Pese a ello, a veces, al volver a verlo cuando han pasado más años, uno tiene la extraña sensación de visitar un salón vacío que antaño recordaba lleno de fiesta y vida. Afortunadamente, en otras ocasiones, uno sufre el efecto totalmente contrario; indudablemente, para mí, en esa tipología, "Lo que el viento se llevó" es una referencia casi obligatoria".






Desde muy joven, fue el típico clásico que uno va posponiendo casi sin querer. Imaginad, novela romántica, de época, de mucho metraje, una historia amorosa que uno a buen seguro un chaval imagina empalagosa y repetida hasta el hartazgo... Sin querer prejuzgar, si algo me suscitaba la adaptación de la obra original de Margaret Mitchell, era cierto regusto a atávico y "solamente apto para personas mayores con mucha nostalgia". Afortunadamente, un buen día, cuando dejaron de recomendármela, la vi.





Igual que en el anterior entrada recomendamos (valga la redundancia) mesura en las recomendaciones que pueden causar el fecto inverso, pocas satisfacciones como espectador puede producir un descubrimiento espontáneo o bien encaminado por un buen consejo. Si te dejas llevar por la dirección de Víctor Fleming (aunque sería lo mismo mencionar a George Cukor y Sam Wood, nada menos que tres directores para esta súper-producción y que llevó a uno de los libros que han estudiado su creación a titularse "¡Este rodaje es la guerra!"), te encontrarás ante una seducción paulatina, un drama que va siempre de menos a más.
Con todo, más allá del lujoso vestuario y momentos como el incendio de Atlanta, o las batallas entre sudistas y yankees dentro del contexto de la terrible guerra de la Secesión de los Estados Unidos, lo que siempre ha salvado y salvará a la tierra de Tara, es la impresionante juventud de sus personajes, la frescura que emana de sus diálogos y una de las relaciones más fuertes, originales y creíbles jamás fabricadas, la mantenida por Scarlett O´Hara y Rhett Butler.




Verdadera búsqueda del zapato de Cenicienta, el proceso de casting fue uno de los más extensos y polémicos de la historia de Hollywood. El mismísimo Groucho Marx fue tanteado para encarnar al cínico y vividor pretendiente, mientras que Vivien Leigh terminó siendo la elegida en un aún más cruento combate por encarnar a la niña caprichosa que comienza viviendo en la idílica protección familiar y bailes de puesta de largo, hasta convertirse en una mujer curtida, experimentada y humanamente egoístia, a raíz de las penalidades de la contienda que destrozan sus sueños infantiles, especialmente su primer amor, el joven Ashley (Leslie Howard).





En honor a la verdad, aunque algunos de los candidatos eran espléndidos, no se puede negar que nadie podía haber encarnado mejor a esta pareja. Hay muchos secundarios de mérito en el show, pero todos terminan siendo excelentes comparsas de una química única e inusual, Vivien Leigh presta todas sus particularidades al proyecto, en una interpretación que cumple una de las máximas del escrito original "Scarlett no era especialmente guapa o bella, pero los hombres no se daban cuenta de ello hasta que estaban perdidamente enamorados de ella". Por su lado, "El Rey" Gable crea un personaje tremendamente ocmplejo y con muchas aristas, una mezcla de Jaime Lannister y Rick en Casablanca, un perfecto caballero y todo un sinvergüenza, un individuo adelantado a su época, Ulises, nuevamente arrastrado de su plácida y sibarita Ítaca a una absurda guerra de Troya que detesta, pero de la que se aprovecha.


Imposible desgranar en una simple entrada los muchos aspectos que convierten este clásico en una de las joyas de la Corona de lo mejor de Hollywood. Simplemente manifestar que, probablemente quienes no la hayan visto (afortunados ellos), se sorprenderán ante lo que encontrarán, una interpretación de la guerra de los sexos que no se casa con nadie y termina tomando siempre el derrotero inesperado, amparados en dos actores en estado perenne de gracia. Nunca volvieron a estar tan bien, pero es que solamente por estos dos papeles, bien se merece ya un hueco en el Olimpo de los grandes.



Eso sí, no quisiera uno dejarse a alguna actriz del talento de Olivia de Havilland, quien, como muy bien escribió Terenci Moix, logró solventar la difícil papeleta de hacer creíble con su talento a un personaje tan bondadoso como la benevolente Melanie, la rival (sin saberlo) de Scarlett por los amores de Ashley.

Una pieza maestra repleta de momentos míticos, incluyendo su original final, que, por cierto, jamás tuvo que tener secuela (y con esto cubrimos el expediente del comentario hard).

domingo, 10 de junio de 2012

¿TODAVÍA NO LAS HAS VISTO?

¡Pero bueno! ¿Aún no has visto la segunda temporada de Juego de Tronos? Cuidado con la respuesta, pues según sea, el entrevistado puede terminar siendo una especie de paria televisivo, un inadaptado que no sabe lo que es bueno. Conste, que quien escribe, es un humilde y entusiasta aficionado del universo de Martin y que disfruta de esta adaptación de la HBO, no obstante, su calidad, originalidad y novedad, también la han convertido en una recomendación arrojadiza, un verdadero dolor de muelas para muchas personas que escucharán una y mil veces, "tienes que verla, tienes que verla...".





En ocasiones, el problema no está en el producto, sino en los críticos, los profesionales y los blogueros, los amiguetes y los aficionados que no dejamos de dar la tabarra. La insistencia, entonces, se torna en un arma de doble filo que terminará resultando contra-producente. Pero no, el fenómeno de Desembarco del Rey no ha sido único ni lo será, este equivalente a los best-seller de la caja tonta, que no tiene ninguna culpa de que a veces se sobre-exploten a las gallinas de los huevos de oro.





Las series, por sus características (mayor duración, capacidad de desarrollar personajes y arcos argumentales), terminan provocando una fuerte complicidad con el espectador que arrancó con ella desde el primer capítulo. Esto lleva, cuando se recomienda, a dar por sentado que otro público tendrá el mismo proceso y viaje, pero eso no siempre es así. A veces, deberíamos ser capaces de tener la paciencia de dejar la siembra, quizás una semilla, menos estruendosa que los adjetivos hiperbólicos, pero, que puede ser la diferencia entre dar la pista del problema al alumno para que lo resuelva, o darle la solución sin explicación.

Viene a la mente el fenómeno de dos programas, curiosamente también de la HBO, "The Wire" y "Los Soprano". Extraordinarios y divergentes entre sí, a su manera (ya hemos hablado en alguna entrada previa de ambas) son un testimonio único de los Estados Unidos de su tiempo, han tardado pocos varios fans en contrastarlos. No es tema baladí, ya que no pocos piensan que esta pareja debería disputarse el título de mejor serie de TV de todos los tiempos. Y, por ahí, empiezan las discusiones rabínicas sin mucha utilidad, más allá del apasionado debate.





Es un fenómeno que va sucediendo cada cierto tiempo. Cuando surgió "House" en la FOX y hasta que la gente empezó a inventarse que estaba en decadencia, asimismo se vio asediada con esta carga adicional absolutamente innecesaria. Los nostálgicos tampoco se libran, la pobre "Yo, Claudio", una serie estupenda basada en las novelas de Robert Graves, se ha convertido en no pocos casos en un incordio total para los más jóvenes, recomendada hasta la saciedad pero no explicando que hay que superar primero su cartón piedra en los decorados y su ritmo pausado comparado con el tempo actual, para ver la verdadera joya que esconde.






Otras, estarán en litigio por unos pocos años más hasta que el impacto repose. "Lost", una de mis asignaturas pendientes más acuciantes, me provocó el efecto de víctima y no recomendador plomizo. No tuve con los perdidos de la isla la fortuna que tuve cuando una persona cuyo criterio siempre tengo en alta estima, me dijo que había unas novelas que me podían gustar mucho y que debería pasarme por la librería Beta para ver si tenían el primer tomo, había más, pero mejor empezar suave, por si no me gustaba. Evidentemente, el libro era obra de Martin y se trataba del comienzo de "Canción de Hielo y Fuego", prometo que no tuve necesidad de enfrentarlo a Tolkien durante todo el proceso.

No tiene que estar lejos el verano en el que me ponga al día con este programa que causó verdadero estupor entre muchos amigos y que hacían que te dieran ganas de verla; nuevamente, el apelativo de "mejor serie de la Historia" coleaba en el horizonte. Por supuesto, perdió su esencia y terminó teniendo un final apresurado y poco merecedor de los clímax planteados previamente (puede ser cierto y habrá de verse, pero no deja de ser curioso como el círculo se va repitiendo).




En ese sentido, pocas cosas son más fiables para el medidor que la tranquilidad del efecto de Cronos que todo lo cura y va dejando reposar las emociones del público. Superando el esnobismo casi obligatorio que exige decir que el mejor cine se está haciendo en televisión, o que, para algunos "Los Simpson" son lo mejor de la historia de TV (es la primera vez que utilizamos esta categoría en todo el domingo), el quid podría radicar en la coyuntura.





Me explico, hay momentos en Springfield donde la familia amarilla ha logrado elevar su mentira al cuadrado, cuando la perfección de sus guionistas (quizás de la temporada 3 a la 10, discutible, por supuesto) ha hecho que varios episodios, determinados momentos y chistes hayan disfrazado a esa gran serie de la perfección, siempre esquiva, se acaricia y desvanece. Eso ocurre con la primera temporada de "Roma", algún momento de "Downton Abbey", aconteció en "Los Soprano", "The Wire" y a buen seguro habrá sucedido con "Lost", que vuelvo a reiterar en mi intención de ver superado el efecto oleada.




Son esos instantes los que justifican la carrera y la capacidad de reconciliar a público y crítica. Hay momentos donde ese espectro de grandez envuelve también a "Fringe", o a "Big Bang", a "Historias para no dormir" o lo que ustedes quieran.






Mil y un géneros, infinitas maneras de interpretar y enfocar personajes... ¿Cómo? ¿Qué todavía no has visto Juego de Tronos, la segunda temporada? Caray, qué envidia, quién pudiera arrancar de cero. 

domingo, 3 de junio de 2012

RENÉ, ALBERT Y EL BUEN SALVAJE


Antes que Astérix existió él. Los cimientos del éxito, la fórmula infalible, se encontró desde aquel inicio. Las aventuras y desventuras del indio Umpa-Pá, fueron la primera participación sería con mayúsculas de un tándem legendario, la medalla de honor de la colaboración, los Stockton-Malone de las viñetas, hoy me complemento contigo mejor que ayer, pero menos que mañana, René Goscinny y Albert Uderzo.



Merced a la generosidad bibliotecaria de mi buen amigo Chespiro, al fin pude acceder a este personaje al que, honestamente, conocía, pero exclusivamente a través de diccionarios del cómics y citas a pie de página en biografías de dos autores a los que admiro profundamente. Aparecido y editado por primera vez en 1958 Umpa-Pá es un personaje carismático que quizás haya sido injustamente eclipsado por la fortuna de sus dos creadores.





Así, pareciera que Lucky Luke y Astérix hayan oscurecido sin pretenderlo a este gran antecedente, brillante boceto que ya ofrecía muchos de los elementos que los dos personajes punteros llevaron magistralmente a buen puerto. Ambientada con sus irónicas licencias en la colonización francesa, René y Albert, tanto monta, monta tanto, ya encontramos muchos de los rasgos que definirán la trayectoria de ambos y la esencia de sus series.




Umpa-pá viene a ser el reflejo de lo que Rosseau hubiera definido indiscutiblemente como "buen salvaje", un guerrero piel roja de buen corazón, gran habilidad física, campechanía (en ese sentido muy Óbelix) y poco corrompido por la civilización de la pérfida Albión (aunque en este caso sería con acento galo). No obstante, eso no le impide conocer y hacerse amigo de Pasta de Hojaldre, un estirado joven oficial de Su Majestad Versallesca (confiamos en que el nombre francés original fuera más serio) de "doble cabellera" que también se sorprende al encontrar un gran amigo en este supuesto enemigo.



Con su fino sentido del humor, Goscinny aprovecha esta extraña pareja y el tamiz inocente de las viñetas para narrar con brillantes muchos de los estereotipos de la época. Especialmente debe resaltarse su manera de burlarse de la caballeresca forma de hacer la guerra de las dinastías europeas, con los ejércitos prusiano y francés invitando al otro a empezar la carga y los balazos, mientras alianzas y pactos en El Viejo Continente van resolviéndose entre partidas de cartas.





En otro fino antecedente con el pequeño Odiseo de la Galia, también habrá una aventura contra los piratas, en la cual, los buenos seguidores de los irreductibles, verán muchos de los clichés que se hicieron célebres. Desgraciadamente acabada antes de tiempo, los cinco cómics de tapa dura se antojan escasos para este interesante personaje y ese tono aventurero y desenfadado.





A nivel artístico, es digno de lamento que los brillantes lápices de Uderzo no hayan encontrado más huecos en la agenda para narrar westerns, porque su capacidad para recrear fuertes, campamentos indios y desiertos, es digna de los grandes maestros, a la altura de Morris y los mejores dentro del género.




En definitiva, la enésima demostración de una de las mejores parejas artísticas de este medio.