domingo, 18 de marzo de 2012

ENTRE EL TORMENTO Y EL ÉXTASIS

Aún a día de hoy sigue siendo cita ineludible de programación televisiva cuando se aproxima la Semana Santa. Basándose en la novela de Irving Stone, "El tormento y el éxtasis", esta clásica película de 1965 se ambiente durante el pontificado de Julio II, cuando este Papa encargó a Miguel Ángel la decoración pictórica de la Capilla Sixtina.
Dirigida por Carol Reed, el gran atractivo de la cinta es el duelo interpretativo mantenido por dos magníficos protagonistas, Charlton Heston y Rex Harrison. Ambos, con sus personales estilos, brindan un vibrante duelo entre Mecenas y artista, pues casi desde el inicio del encargo, parece claro que son dos personajes demasiado antagónicos para poder trabajar en armonía.
Con una brillante música de Alex North, este marco renacentista, nos sirve para adentrarnos un poco en el alma de uno de los artistas más súper-dotados de su época, que demostró que no solamente era maestro de maestros en los campos de la escultura. Eso sí, las licencias históricas son tan apabullantes en algunas escenas que merecen un tratamiento aparte, ya que, en algunos de los casos, impiden alcanzar a la obra pretensiones mayores y la empeoran.
No parece tan sorprendente que se haya dulcificado el carácter de los dos contendientes, hasta casi hacerlos admiradores mutuos a ragañadientes (en realidad, la posición que Miguel Ángel dedicó a su Mecenas en la Capilla refleja que no le tenía precisamente en mucha estima), como la manera de burlar la verdadera sexualidad del creador de La Piedad. Efectivamente, la homosexualidad de Buonarroti queda olvidada en beneficio incluso de una subtrama impostada, con una hija de Lorenzo El Magnífico, el gran noble florentino, nada menos.
A pesar de ello, dicho error parece premeditado antes que el fruto de una mala documentación. Conocida la personalidad de Heston, tan buen actor como persona de moral muy conservadora, es probable que hubieran podido existir problemas con él a la hora de enfocar al personaje de una forma más real en ese terreno. Pese a ello, al contrario que el hábil guión de "Ben-Hur", en "El tormento y el éxtasis" no encontramos ninguna sutileza que nos permita intuir la verdad de sus relaciones, imponiéndose una relación de rigor algo tontuela, solamente salvada por la belleza de Diane Cilento.

Paradojas, la turbulenta forma de ser de Julio II, de quien también se rumoreó sobre sus amantes, queda asimismo tapada en el retrato de un padre terrible, pero a fin de cuentas protector y siempre comprensivo. El Papa Guerrero es resaltado de una forma muy positiva, amparado en la gran capacidad de Harrison para hacer de personajes mayestáticos (viene a la mente su Julio César), quien tiene que encaminar a sus dos geniales y díscolos hijos, Miguel Ángel y otro pintor destinado a ser recordado, Rafael de Sanzio.
"¿Cuándo la terminarás?" "Cuando la termine". Es probable que sea el diálogo más repetido durante todo el metraje, resaltando la impaciencia del Mecenas y la vanidad del artista, incapaz de entender de plazos y asuntos terrenales, de que pueda ser más importante pagar la jornada a los soldados de Bolonia que más materiales para su reforma. En definitiva, a pesar de lo dicho, un agradable entretenimiento con un excelente reparto, aunque muy conservadora en lo que propone.
A nivel de la recreación de Roma, señalar que tiene secuencias meritorias para la época en que fue rodada, pero también que tiene ese estilo luminoso de películas y calzas entre calles muy limpias y de cartón piedra, que hacen al espectador pensar que la verdadera capital de los Estados Pontificios debió de ser de otra manera en aquel turbulento y fascinante siglo XVI, cuna de artistas geniales, príncipes de la Iglesia espada en mano... lugar de tormento y éxtasis.
Interesante pero incompleta visión.

domingo, 11 de marzo de 2012

RÉQUIEM POR MOEBIUS


Sería una muy grata noticia tener la suerte de poder escribir dos entradas el mismo día para el blog, no obstante, a buen seguro, todos los que somos comiqueros hoy hubiéramos preferido no tener noticia de actualidad.
Jean Giraud, más conocido como Moebius, el mítico seudónimo que el gran artista terminó adaptando y por el que fue mundialmente reconocido y aplaudido a lo largo de sus viñetas, que han hecho las delicias de legiones de lectores.
Padre de Blueberry, el mítico héroe del Oeste tras la guerra entre Sur y Norte, a quien muchos descubrimos en las entregas dominicales de "Gente Menuda", la larga y afortunada trayectoria de este magnífico artista supone una pérdida de proporciones que no empezaremos a notar hasta que no le encontremos en futuros Salones de este arte que él tanto amó.
Poco podemos añadir a la catarata de homenajes que estarán por venir, poco tardarán en venir tomos de lujo y los blogs y revistas especializadas se harán eco de lo que ha sido la noticia artística del finde...
Simplemente, desde Amarcord, recomendamos a los lectores que lean en esta tarde dominical alguna historia de Moebius, la que sea... Da igual, da igual cuando todas son buenas.
El adiós de un grande.

DIAGNÓSTICO: MORIR DE ÉXITO

Agatha Christie es una de las grandes damas de las novelas de suspense. Conforme pasan los años, nuevas legiones de jóvenes lectores se van uniendo a sus enrrevesados casos, disfrutando de misteriosos asesinatos, sibaritas y brillantes detectives, a la par que giros de tuerca espectaculares.
No obstante, el público de esta literata, una vez ha leído varias decenas de sus relatos, empieza a sentirse ligeramente estafado. Tras páginas y páginas de diversión, se descubren adivinando el final, recordando que tal recurso ya lo usó en una trama previa, generando cierta sensación de repetición.
Ingrato por naturaleza, el ser humano prefiere crucificar ese momento que dar las gracias por los muchos momentos de diversión precedentes. Las novelas de Agatha Christie terminan muriendo de éxito, algo muy similar a lo que le ha sucedido a una de las mejores series televisivas de la última década, House. Nada nuevo bajo el Sol, ya que esta ejemplar creación de la caja tonta, nació como deudora de Sherlock Holmes, no tiene nada de malo que termine pareciéndose a la madre de Hércules Poirot.
Este mes tenemos en las librerías "House: Patología de la verdad", obra de J.J.Vargas, autor que no necesitará presentación para los lectores más habituales de este blog, ya que hemos analizado algunos de sus trabajos previos, tales como su biografía de Alan Moore o su labor de coordinador de esa espléndida joya que es la biografía a varios manos que realizó la editorial Dolmen sobre el dibujante y creador brugueriano, Vázquez. Nuevamente bajo el símbolo de esa misma editorial, Vargas se sumerge en los rincones de este show que ha revolucionado para siempre las series de medicina, dejando obsoletas viejas recetas para siempre.
La creación de David Shore desgranada en sus siete temporadas, atendiendo a minuciosos detalles antes de introducir el bisturí. Además de un importante asesoramiento por parte del doctor sevillano Alberto Amador Gil, para no cometer ningún arreglo chapucero en los siempre complicados senderos de la salud. En definitiva, una gozada para los más acérrimos seguidores de la serie, aunque creo que a los menos versados también les pondría interesar.
Cómo no, resulta sorprendente la serie de azares y desengaños que se produjeron en el autor canadiense hasta topar con su mejor creación. Quienes afirman que no se escribe muy bien sin antes haberlo pasado muy mal, tendrán un argumento de peso con Gregory House, aunque como el propio guionista canadiense admite, la aparición de Hugh Laurie (tan catapultado a la fama tras su personaje que incluso ha tenido síntomas de cojera por caracterizarlo durante casi una década) embelleció, mejoró y dio credibilidad a esos chispeantes diálogos de seres humanos desengañados y con demasiados tiros pegados.

Nada menos que cinco meses fueron el precio que tuvo que pagar Shore para escribir el primer piloto del programa. Y es que hacer una serie de médicos, abogados, madres solteras que sacan a flote una familia en un barrio marginal o grillos ucranianos, necesitan una documentación increíble para resultar creíbles en su argot, sus frases y vestimenta. A buen seguro, la inversión mereció la pena y la cadena FOX nunca se arrepentirá de esta gallina de los huevos de oro, donde han desfilado guionistas de la talla de José Campanella, magnífico director de cine argentino y que confirma que el séptimo arte está pasándose a la pequeña pantalla (con este topicazo, el blog sacia el comentario esnob de turno).




¿Por qué atrajo tanto House al público, especialmente en sus temporadas iniciales? En primer lugar porque es un personaje muy inteligente y el equipo de guionistas y actores está tan coordinados que los espectadores pueden ver en todo momento la inteligencia trabajar y eso, bien hecho, siempre es fascinante. Eso, y el bendito talón de Aquiles, el necesario recurso de impedir tener a un personaje perfecto, que el verbalmente agresivo doctor que incluso cuestiona al Altísimo, no sea capaz de curarse su propia cojera. Sherlock Holmes (incluyendo adicción a las drogas) y un Watson inteligente y particular en Wilson, en una de las amistades más redondas de la ficción.
Álex de la Iglesia, que algo debe saber de este tema, no ha dudado en afirmar que al común de los mortales nos importa un comino que sea alergia al gluten o trasplante imposible, a pesar del rigor de la documentación de la serie, sino que nos quedados alucinados con el elenco de secundarios que rodean a un protagonista tan rico en matices (Foreman, Caddie, Wilson y un amplio y distinguido etceterá).
En definitiva, una gozada de libro que servirá para desconectar y disfrutar de los secretos de un gran programa, que pese a haber terminado teniendo altibajos y haciendo algunos giros menos afortunados, durante mucho tiempo, igual que las novelas de Agatha Christie, se las ingenió para volvernos niños a muchos y exclamar sorprendidos cuando se resolvía el misterio

domingo, 4 de marzo de 2012

TITANES DE LA EDAD DORADA



En ocasiones uno podría verse tentado a pensar que quien de niño no seguía cómics de súper-héroes, era porque le faltaba corazón o, aún peor imaginación. De la misma forma, quien entrando en la edad permitida para afeitarse, aún prosigue ese consumismo de tipos en mallas, puede que necesite un cursillo acelerado de madurez, o por lo menos, un capón de vez en cuando.
Por supuesto, en clave aristotélica, todo tiene su punto intermedio, generalmente, donde reside la virtud. Si bien conforme se avanza, es imposible seguir sintiendo la misma fascinación por esa mitología adaptada para todos los públicos que son los tebeos de este género, tampoco sería de recibo quemarlos en una hoguera y renunciar a los ratos de diversión que han hecho pasar a muchos lectores. De la misma forma, siempre hay obras dentro de este campo que tienen unas cotas de profundidad muy alta y pueden ser disfrutadas a cualquier edad.
En ese posicionamiento podemos encontrar a algunos guionistas como el reputado Roger Stern, quien a lo largo de su trayectoria ha servido a dos de las compañías más importantes de los Estados Unidos (y teniendo en cuenta su mercado de distribución, del mundo), DC Cómics y Marvel. Perfecto conocedor de los cómics de la Edad de Oro (el auge de Superman, Batman, Wonder Woman y el resto de la lista, súper-seres que surgieron para evacuar de realidad en un ambiente bélico terrible) y de la de Plata (cuando Marvel, fundamentalmente de la mano de Stan Lee, Steve Ditko y Jack "The King" Kirby, bien secundados luego por una talentosa ola de nuevos autores, renovó el género y sus utópicos contenidos, haciendo lo que pasaba en las viñetas más real), hoy en Amarcord vamos a hablar de un duelo que no parece precisamente anunciado para auspiciar versos: "El Increíble Hulk Versus Superman".
Ambos héroes necesitan poca presentación, incluso para las personas que nunca hayan leído ni una sola página de los mismos. Creado en la revista Action Cómics, el concepto de un individuo que pudiera volar, pronto fascinó a la gente ávida de ir a los kioskos de prensa, mientras que la criatura verde, era fruto de esta extraña concepción que tenía Stan Lee de que el poder atómico aparte de un grave riesgo para la vida, podía ser una fuente de increíble poder, tornando al científico Bruce Banner en un Mr.Hyde que cuanto más golpeaba más fuerte se tornaba, aunque no existía ninguna regla que augurase cuando volvería convertirse en una persona normal.
Diseñada en 1999, Stern empleó con mucho tino las cartas que tenía en la baraja. Pregunta de patio de colegio, junto con quién ganaría un partido a muerte súbita entre el Barcelona de Guardiola y el Madrid de Di Stéfano, bien podría ser quien ganaría un cuerpo a cuerpo entre estos dos iconos de la ficción. No tiene nada de extraño y no cuesta imaginar a niños aqueos preguntando a Homero acerca de la forma de combatir de Héctor de Troya y Aquiles, el de los pies ligeros.
Afortunadamente, eso le importa un pimiento a Stern. Guionista de olfato fino, era sabedor de que ninguna de las dos editoriales sería tan ingenua de que la incógnita de quién es más poderoso quedase resuelta, pero sí pensó que en dicho crossover se podía hacer un hermoso homenaje a las historietas clásicas de los años 60. Enmarcado en los primigenios inicios de ambas figuras, con la colaboración de Lex Luthor (archi-villano reconocido como la Némesis del tipo de acero de Metrópolis y que volvió a saltar a la palestra por su conocido rol en la serie televisiva Smallville), Stern lanza una trama de desencuentros, áridos desertos del Medio Oeste y carrera armamentística.
Hasta aquí tendríamos un ejercicio de nostalgia y una aventura para niños aprobada por toda la familia, no obstante, varios alicientes hacen que sea un cómic muy recomendable. En primer lugar, que cuenta con los lápices de Steve Rude. Exquisito artista, su manera de narrar al estilo de los clásicos en esta época de revolución digital, le convierten en uno de los últimos artesanos puros del oficio, confiriendo a sus finos trazos un simbolismo de otra época, incluso su Hulk parece más estilizado y hace una oportuna licencia histórica para mostrar una Lois Lane más moderna y acorde con los tiempos que corren, que la cierta mojigatería que rondaba sus primeras apariciones en revistas.
En segundo y no subestimable lugar, lo bien amueblada que tiene la cabeza Stern para hacer dos lecturas sin resultar pretencioso o simple. Si bien narra una aventura de corte clásico, con inicio, nudo, combate y desenlace, se permite algunas licencias y, gracias a la propia evolución de su dibujante a lo largo de la historia, hace una atinada y acertada reflexión de cómo han cambiado los argumentos de ambas franquicias. Es en la resolución final donde hay una sorprendente y melancólica evocación que demuestran lo que está por venir para los dos iconos, titanes de un tiempo pasado, más simplón, pero a su manera, también el reflejo de un mundo más inocente (si es que eso es posible) y, de alguna forma, encantador.
Muy recomendable para fans. Una pequeña joyita.

sábado, 25 de febrero de 2012

DE LAS GRANDES AMISTADES

Se trata de bloquearse cien años y de narrarlos en un frenético suspiro. Supone escribir, para que te quieran. Es ser cuentista aunque no tengas quien te escriba, coquetear con el cine y salirse antes de los títulos de crédito. Pongamos, que hablo de Gabo, o si lo prefieren, Gabriel García Márquez, premio Nobel para los amigos.
Supone enamorarse de la madrastra, diseñar un piso para Blancanieves, ser niño único mimado entre jaguares, seducir y no dejarse. Flaubert como grito de guerra, Joaquín Sabina como rendido admirador, entre legiones se seguidores, travesuras de un niño malvado, de un premio de crítica y público. Suponga, que nos referimos a Vargas Llosa, Mario, dentro del círculo selecto de las universidades donde imparte.
En ocasiones, la vida no juega a los dados con el universo y se permite ciertos caprichos. Que el mejor escritor colombiano de su tiempo y el niño prodigio peruano del boom latinoamericano que tanto ha paseado la lengua castellana por el globo, se terminasen conociendo, era únicamente cuestión de tiempo. Amor a primera vista, dirían los modernos Plutarcos, Ángel Esteban y Ana Gallego. Desde el momento en que pusieron la vista en los escritos de otro, cierta intuición de genio se activó, el convencimiento de estar ante alguien que merecía más de un café y de quien se podría aprender muchísimo.
Barcelona, Ciudad Condal y algo més que un lugar, dirían algunos, fue testigo de una complicidad latente, que iba más allá de tener a la misma editora. Sagaz literata catalana, que mereciera más líneas de las que le dedica este blog. Premio a la inversión a largo plazo cuando en una adivinación mágica, pidió por favor que su protegido Mario firmarse un ejemplar de "Cien Años de Soledad", mientras que el colombiano que naufragaba entre su desorden caótico y genial, ponía su ilustre signatura en otro libro no menos legendario de su protegido, quien hace tan poquito, sucedía al maestro en los galardonados con el Nobel, ¿no verdad?

Dos escritores diferentes, un mismo objetivo no del todo reconocido. El método del peruano es hoy ya legendario, la ética de trabajo de una mula, la mente ordenada de un arquitecto y todo el talento posible, Faulkner asintiría y aspiraría con su pipa complacido, ante un discípulo tan aventajado.





Anécdotas que se amontonan en un libro que es una pequeña joyita, un salsa rosa artístico de dos personalidades de armas tomar, dos profesores de Letras (¿servían para algo? ¿Acaso esto es más que una boludez de gringos?) analizando con lupa contexto, texto, subtexto y anhelos.
Entre medias, la política, compañera de cartas esquiva y poco agradable cuando hablamos de las musas, pero, cuesta pensar en estos dos personajes sin la Revolución Cubana. A ambos les marcó de forma irremediable, los dos saludaron a barbudos héroes del pueblo y soñaron con utopías y paraísos culturales. Uno se desengañó para siempre y se refugió en la doctrina que antaño había cruficicado, mientras, el segundo, tal vez por añoranza de una de sus primeras viviendas, aún bailaba con putas tristes y que son pálido reflejo de lo que empezó siendo un ideal.
Alrededor de ellos, personalidades formidables, líos amorosos, mucha literatura, versos tristes, menciones a Serrat y prólogos traducidos en Borges y Cortázar. Entonces, sin avisar, la ruptura, relato de un naufragio, de varias versiones, ninguna lo suficientemente buena para ser mentira, tampoco aparece una falsedad tan grande que se aproxime a la verdad. Un golpe seco, de la fiesta del chivo al día de la marmota, un pacto entre caballeros y el final del sueño de una novela a cuatro manos que hubiera hecho las delicias del mundo.
Sarriá aún llora a la Brasil del 82 y a esos dos amigos que compartieron cafés, confidencias, inquietudes, brindis bohemios y horas de copioso trabajo. Tesis doctoral incluida, una amistad tal vez destinada a explotar por los contendientes. Quedó entonces la enemista íntima, Mario, obligaba a sus hijos a leer a García Márquez, porque lo cortés no quedaba lo valiente, mientras que ahora, desde Macondo, un Gabo envejecido, felicitaba a través de su fundación el merecidísimo día grande de su Némesis, del tipo al que muchos terminaron encumbrado incluso por encima del genial colombiano, de su agresor, de su rival en muchas concepciones de la vida... de su antiguo admirador, de su amigo.
De Gabo a Mario y tiro porque me toca. Extraños azares llevan ambas trayectorias a unirse, a repelerse y volver a aproximarse por el denominador común del talento.
Y la prodigiosa historia aún debe tener su capítulo final, donde no se descarta que los dos protagonistas vuelvan a unirse.

domingo, 19 de febrero de 2012

LA LEY DE LA CALLE, UN SCARFACE MEJORADO

Brian de Palma es un directo polémico, que genera tan fuertes simpatías como odios. No obstante, siempre me ha llamado la atención que, pese a ser un cineasta que me suscita gran interés, parezco ir a contracorriente a la hora de hablar de sus mejores trabajos.
Así, hay un acuerdo casi general en que sus mejores películas serían "Scarface" y "Los intocables". Si bien la primera, salvo que es exageradamente ochentera en algunos aspectos, es una gran montaña rusa y un espléndido remake de un clásico con interesantes aportes de Oliver Stone, la segunda, siendo buena, me parece un film muy valorado, quizás hasta el exceso, en detrimento de otros proyectos de este autor, que considero bastante por encima del mismo. En concreto, "Carlito´s Way, me parece superior a ambas citas.
Basada en la segunda parte de las novelas de un juez de origen portorriqueño que trasmitía con gran intensidad las vivencias de sus compatriotas que buscaban el dinero fácil metiéndose en el mundo de la delicuencia, los locales y las drogas, sumando varios personajes con los que se cruzó, dibujaría el perfil de Carlito Brigante. Si en el primero de los relatos (que terminó pasando también a la gran pantalla, en una reciente pre-cuela) se narraba su ascenso, el segundo se enmarcaba tras su salida de la cárcel tras quince años, buscando reformarse. Elegir esta fase es el acierto más mayúsculo de Brian de Palma, ya que permite explorar un territorio casi desconocido en el cine negro.

Con una diferencia del 80% del resto de protagonistas de estos relatos, Carlito no es una personaje joven que quiere meterse en el mundillo, en un rápido ascenso e igualmente precipitada caída. Los años de presidio y la experiencia acumulada en el "negocio" le han enseñado todo lo que debería aprender para sobrevivir y no se cuestiona volver a las andadas, menos aún cuando en su antiguo barrio hay una oleada de nuevos matones, agresivos y codiciosos, dispuestos a repartirse el pástel.
El actor escogido no podía ser mejor. Al Pacino no necesita presentación para los amantes del séptimo arte, sin embargo, convendremos en que pocas veces ha estado tan contenido a la hora de abordar un personaje. Salvando la primera escena en el tribunal cuando proclama su rehabilitación (aunque en realidad solamente sale liberado gracias a una triquiñuela técnica encontrada por su abogado), estamos ante uno de los registros más sobrios de Al, tranquilo, ligera y oportunamente cansado. Lleva la cinta a cuestas y no parece notarlo, llegando a hacer que tengamos empatía por este cansado antiguo criminal, que solamente busca encontrar su propio camino para salir de la miseria a la que ha visto sucumbir a muchos camaradas. De hecho, en criterios de generación, Carlito es el último morriqueño, alguien que, a pesar de lo absurdo que pudiera parecer, ha sobrepasado con holgura la esperanza de vida de la gente de su profesión.
La habilidad del director es lograr que la trama no caiga en el tópico, cualquiera podría pensar en que a pesar de sus buenas intenciones, Carlito terminaría cayendo en la tentación de volver a las andadas, en realidad, eso no pasa en "Atrapado por su pasado" (a pesar de las críticas que le cayeron, aunque como traducción deja mucho que decir, el título de la versión española es terriblemente certero), donde es el círculo y el entorno el que todo lo rodea, la presunción que tanto amigos como enemigos tienen de que Charlie volverá a las andadas.
El resto del reparto acompaña a las mil maravillas esta carrera contra-reloj, donde se permiten varios homenajes a Alfred Hitchcock, indudablemente, uno de los ídolos de De Palma. Se incluye una curiosa historia de amor entre el reinsertado y una antigua amante que tuvo en el pasado, muy bien interpretada por Penélope Ann Miller (aunque, según dicen las malas lenguas, tuvo sus más y sus menos con el equipo creativo durante el rodaje), en un idilio que podría acabar siendo pasteloso o excesivamente comercial, pero que tiene su punto justo y no se vende a efectismos.

Mención aparte merece un secundario de lujo de la trama, nada menos que un Sean Penn que llevaba demasiado tiempo sin trabajar para alguien de su talento, encargándose de encarnar al letrado de Carlito, un individuo que podría ser un crack de la abogacía, pero que cada día que pasa está más cerca del mundo de sus protegidos, incluyendo el abuso de la coca.
El duelo interpretativo de Penn y Pacino es de altura, brillando también otros interesantísimos secundarios como un joven Viggo Mortensen que ya empezaba a apuntar lo buen actor que llegaría a ser.

Con todo el respeto para la saga de Tony Montana, para un servidor, la mejor epopeya negra de Brian de Palma ha sido y será la última intentona de Carlito Brigante, el último morriqueño...Bueno, quizás no el último.

domingo, 12 de febrero de 2012

SOMBRAS Y LUCES DE UNA SERIE

Hace ya algún tiempo, una persona cuya opinión tengo en alta estima, me comentaba que un crítico de cine, literatura o cualquier otro campo artístico, era, en muchos casos, alguien que sacaba defectos a una obra que él nunca hubiera podido (y probablemente quería) hacer. Honestamente, creo que estaba muy acertado en dicha consideración.
"Buenas ideas pero no correctamente ejecutadas", "Ella es preciosa pero no es creíble cuando se lamenta ante el cadáver de su amante", "El humor es gracioso pero soez, busca el chiste fácil, no hay elaboración"... Las coletillas son tan abundantes como apreciadas por todos los que nos enfrentamos al análisis y valoración personal de algo tan subjetivo como productos enfocados al ocio, pero no decimos cómo haríamos esa escena, qué desarrollo tendría esa idea o que elegantes chistes serían los que, siempre bajo nuestra sacro-santa opinión, que es la única que vale, para insertarse en los diálogos. Por ello, hoy, ante nuestra ración semanal, abordando el marco de televisión, vamos a mojarnos, hablando de una serie polémica, visceral y que, realmente ya ha pasado por Amarcord, la entretenidísima, sangrienta, épica, morbosa y adictiva "Spartacus".
El episodio concreto es "Shadow Games", uno de los más celebrados de la primera temporada de este programa de espada y brujería en la antigua Capua, más seducido por la estética 300 que por el rigor histórico, pero acercándose extraña e inquietantemente al verdadero placer que la civilización romana encontraba en aquellos dioses de la arena que se aupaban y caían con la hipérbole de la caprichosa Fortuna. Los guionistas de "Spartacus: Blood and Sand" inventan que Teoclés, apodado La Sombra, es el más invencible de todos ellos, durante décadas, imbatido en todos los rincones de los dominios de la República. En este momento de la serie, Batiatio, el lanista propietario de la Escuela del protagonista, cree ver la oportunidad de engordar sus arcas y empezar a proyectar su ansiado ascenso social ante el Senado de Roma, cuando oponga una pareja explosiva frente a esa leyenda viviente.

Lo que el regentador del ludus proyecta, con una estética de verdadera lucha libre, es enfrentar a ese titán contra una pareja condenada a odiarse, Crixo, su mejor hombre, un fiero galo que goza del respeto del público por su carisma, frente al tracio Espartaco, bastante más rebelde con su situación, problemático y conflictivo, aunque tiene una inteligencia superior a la media de sus compañeros gladiadores.
A pesar de ser dos guerreros contra uno, las apuestas corren en su contra, ya que solamente hubo una víctima de Teoclés que sobrevivió a su encuentro. No obstante, ese hombre, perdonado por la grada debido a su valentía, es Doctore, el entrenador a las órdenes de Batiatio. Este hombre, un veterano africano curtido en mil batallas, aún guarda rencor por esa derrota y sabe que solamente su gallardía y la admiración de la plebe le salvaron de caer ante un Teoclés que le tuvo totalmente dominado. Por ello, se empeña en que Espartaco y Crixo intenten colaborar, pese a su mutua antipatía, mientras alrededor de la Casa de Batiato, todos sus habitantes (dueños, esclavas, gladiadores, corredores de apuestas, la domina...) tejen sus intereses, rezando a Marte por la victoria o muerte de los dos contendientes, según sus intereses y lealtades.
La premisa no puede ser más simple, casi digna de Oliver y Benji o Rocky, generar las expectativas alrededor de un duelo o combate, sin embargo, en su sencillez radica todo el encanto, además de la pericia para explotar las virtudes del reparto (escenas de lucha, alucinantes fotografías apocalípticas, el olor de la arena que casi se intuye, el desenfrenado estilo de vida de la aristocracia romana, la gran potencia del Mare Nostrum) y tapar sus defectos (muchos de los actores del show están a años luz de los verdaderos Dream Teams concebidos para productos como "Yo, Claudio" o "Roma", de cotas más altas en cuanto a recreación, pero cumplen su función perfectamente).
De cualquier modo, el desenlace del mismo, me dejó un poco desilusionado por las expectativas creadas. En el siguiente apartado, de spoiler, convenientemente anunciado, me niego a caer en la comodidad de soltar tópicos como "el capítulo no termina de aterrizar" o "falta la magia de las grandes producciones de antaño", metiéndome también en la arena y mojándome cómo hubiera terminado de escribir el argumento del episodio.
Por supuesto, sería una presunción tan tonta como inútil, pretender que lo propuesto, sea no solamente superior a lo que ofrece "Spartacus: Blood and Sand", sino remotamente bueno, estoy seguro de ello. Casi sería caer en el gravísimo error que algunas veces tienen algunos historiadores cuando osan pensar que Aníbal Barca, Alejandro Magno o Quinto Sertorio, hubieran sido más eficaces en sus campañas habiendo seguido sus decisiones, cómodamente escritas desde el sillón de su casa, en patucos.
Sirva, simplemente, como sugerencia y demostración de que de vez en cuando, los espectadores no somos solamente meros receptores, sino que tenemos nuestro corazoncito creativo y a veces nos gustaría tener también la suerte de poder ser un poco demiurgos de la fantasía.
SPOILER:
La gran decepción del capítulo surge cuando se produce el tan ansiado combate final. No se debe a la elección del actor o al trabajo interpretativo, sino a la manera de caracterizar a Teoclés.
Presentado como un coloso, casi un leviatán, La Sombra parece haber ganado su mote por tapar todo lo que le rodea. Aunque es un acierto justificar el mote, creo a algunas personas nos sugería más la idea de una sombra, como alguien esquivo, una rápida serpiente que pasa de un lugar a otro.
Las espléndidas coreografías de los dos gladiadores (qué pena la desaparición de un añorado Andy Whitfield) con Doctore daban a intuir que Teoclés sería un maestro de la lucha con dos espadas, capaz de mantener alejados a dos contendientes que le atacasen a la par. Por el contrario, tal vez siguiendo la estética de 300 de Frank Miller en el cómic y Snyder en la adaptación cinematográfica (con tantos pros como contras), los creadores de la serie optan por poner una masa de picar carne, exagerada, en una oleada de sangre, resistencia sobre-humana y diseñado para caer mal desde el principio al público.
La cuestión que a mí me surge es, ¿por qué necesariamente Toeclés tiene que ser alguien sobre-humano? Imaginemos que un amigo nuestro que nunca ha tenido interés por el fútbol nos pide que le describamos a Messi, uno de los mejores jugadores. Si no le hablamos de su físico y sí de sus virtudes y mejores jugadas, nuestro contertulio, probablemente imagine a un tipo fuerte, temible, alto... Proyecten su sorpresa cuando lo llevemos al Camp Nou y vea a un tipo bajito y con cara aniñada. ¿Qué impide hacer eso con Teoclés?
Esto podría llevar a generar una falsa y muy aprovechable a niveles de tensión, de seguridad en Crixo y Espartaco, cuando vieran a un individuo normal y con dos espadas, que se va a medir a dos gladiadores muy reputados, que luchan en su terreno. Esto acenturaría la tentación de abandonar el trabajo en equipo que les ordenó Doctore, tal y como el Teoclés que aquí dibujamos desearía, iniciando una sistemática y eficaz serie de golpes que fuera diezmando a los dos gallitos que empiezan a estorbarse, ante la mirada atónita de sus patronos, entrenadores, amantes, amigos y rivales.
La resolución podría ser muy parecida a la efectuada en el verdadero episodio, pero con más épica, las nubes podían empezar a asomar en la asfixiada Capua, mientras que Crixo y Espartaco, magullados, abucehados y siguiendo totalmente el juego a su contrincante, al fin comprenden que tienen que colaborar, produciéndose una fortísima lesión de Crixo, aunque Teoclés al fin comete un terrible error al centrarse en el galo (a quien considera el peor de los dos, por lo que le han comentado) y da la oportunidad de Espartaco de herirlo por primera vez.
Ahora, dando al fin épica al asunto, sería el tracio quien está en desventaja (al igual que en "La amenaza fantasma", dos héroes contra un villano, por mucho doble láser que tenga, no es muy equilibrado), a pesar de haber tocado al fin a Teoclés, éste tiene dos armas contra la suya, aunque logra adivinar en el brazo donde le ha herido el punto débil, saltando de forma suicida contra él y acabando con su victoriosa carrera. Sería el momento de la lluvia y la deificación de Espartaco de apestado del ludus a nueva estrella, por encima del magullado Crixo, injustamente olvidado en los laureles de la victoria, tal y como atinadamente siembran los guionistas cara a nuevas entregas.


El último retoque que me atrevería a sugerir es la satisfacción de Doctore ante la muerte de quien fuera su vencedor. Tanto él, como el público de Capua, deberían mostrarse como extrañamente conmovidos, por un lado aplauden a su nuevo campeón, pero en el caso de Doctore, debía quedar cierto regusto amargo de venganza servida en frío... y la sensación de que los tiempos han cambiado, que las cicatrices que le había dejado Teoclés eran algo que ya prácticamente había hecho suyo.
Bajo mi muy humilde prisma, los guionistas, que tan bien han llevado toda la trama, han caído en al tentación de centrarse con el vencedor, cuando en el drama de aquellos hombres que luchaban para la diversión de otros, pocos lados hay más absorbentes y fascinantes que los perdedores, los ídolos caídos...