domingo, 27 de marzo de 2011

I´M A POOR LONESOME COWBOY



Maurice de Bévère no es un nombre que haya pasado a la Historia. Sin embargo, su apodo, Morris, es universalmente reconocido entre aquellos que aman el noveno arte de las viñetas. Uno de los mejores dibujantes belgas de siempre, y, entre otras paternidades a tener en cuenta, el creador de Lucky Luke, el vaquero que disparaba más rápido que su propia sombra.




Gracias a sus viajes por Estados Unidos, con su peculiar pero excelente estilo, Morris supo captar la esencia del género del western. Conforme pasaron los años, su estilo fue refinándose, redundado en una calidad muy pocas veces alcanzada en el género. Pronto, figuras como Jolly Jumper o su eterno cigarrillo (que la absurda censura ha terminado quitando) se hicieron reconocibles entre los lectores del Almanaque de Spirou.





No obstante, la serie no explota su verdadero potencial y popularidad hasta que Morris comete una de las mejores decisiones de su vida en el sentido profesional, asociándose con René Goscinny, sin lugar a dudas uno de los diez mejores guionistas en la historia del medio (qué posición ocupa sería discutible dentro de ese podio, pero sirva de exponente que para un servidor estaría como mínimo, en medalla).




De cualquier manera, incluso tras el fallecimiento del gran Goscinny, Lucky Luke siguió su andadura, con el propio Morris atento a las muchas y populares adaptaciones que su personaje lograba en cine, animación y video-juegos. Desgraciadamente, el genial creador falleca también en 2001.



Y siguiendo este legado encontramos a Tonino Benacquista y Daniel Pennac como guionistas del héroe del lejano Oeste, teniendo en los lápices de Achdé. Por cierto que hay que decir chapeau ante este artista, se ha metido en la piel del Morris más clásico con gran calidad. Eso sí, en la bonita dedicatoria que le hacen al inicio, creo que pecan de subestimar la valiosa aportación de otros colaboradores del genial belga, en especial Gosinny, pero también otros guionistas menos afamados pero que se tomaron muy profesionalmente su función y mantuvieron a flote a la saga. Si bien todo elogio a Morris me parece merecido, no es incompatible mencionar al resto.


La ambientación sucede en unos Estados Unidos emergentes, la terrible Guerra de la Secesión ha terminado, Abraham Lincoln es presidente y uno de sus mejores colaboradores en sistemas de inteligencia durante la guerra norte-sur, Allan Pinkerton, oganiza una agencia de detectives destinada a hacer mucho ruido.




Esta efictividad y sistemas de datos tan organizados, parecen marcar el final de aventureros como el propio Luke. ¿Qué mérito tiene ya seguir a los Dalton comparado con unos ojos que todo lo vigilan? En uno de los grandes aciertos del guión de este cómic premiado en el último concurso parisino del noveno arte, el propio protagonista siente la punzada de los celos, desarrollando una emoción tan humana a la que el beatífico aventurero no nos tenía acostumbrados.




Con buen ritmo aunque quizás de más a menos, la trama sigue adelante, cuando Pinkerton y Luke llevan una rivalidad metodológica a la hora de capturar forajidos hasta la frontera personal, mientras en Baltimore empiezan a sucederse rumores acerca de un futuro atentado contra el presidente. Discípulo aventajado del legendario Albert Uderzo, Achdé da una imagen remasterizada pero fideligna de clásicos villanos de la saga, como Billy El Niño o los ya citados Dalton. No cabe duda que la señora Morris ha depositado el legado familiar en buenas manos.
SPOILER:
No obstante, a pesar de las virtudes citadas, la obra no deja de pecar de falta de ambición. El curioso enfrentamiento moral entre Luke y Pinkerton se traduce en un final simple donde el bueno derrota al mano. Apenas queda ese brillante diálogo entre Jolly y su jinete, declarando que costaba pensar que antaño ese hombre de origen escocés luchó por causas como la abolición de la esclavitud corromperse por el poder.



Ha faltado ese último y osado paso que hace que una buena recreación pase a ser algo más. Pero la letra de momento es buena y, aunque este pobre individuo lejos de su hogar sigue alejándose bajo el Sol poniente, los seguidores de este medio nos congratulamos de que su última aventura aún esté por llegar y que, mucho tiempo después, cuando llegue, le pillará como a los viejos rockeros con las botas puestas.

domingo, 20 de marzo de 2011

¿QUÉ OCURRE CUANDO UN OBJETO INAMOVIBLE CHOCA CON UN MISIL IMPARABLE?


O lo que sería lo mismo, ¿qué hubiera pasada si la urbe ingobernable hubiera caído en las redes de Alejandro Magno, monarca macedonia, líder de la alianza griega y elevado a la altura de deidad por sus súbditos persas?
Javier Negrete nos lanza un reto apasionante que se traduce en una novela trepidante de leer. Un What if...? donde la misteriosa aparición de un médico llamado Néstor y cuyo única intuición proviene de una visión en Delfos, salva al hijo de Filipo y Olimpia de un envenenamiento seguro en Babilonia.
Retratado por los cronistas (principalmente el sobrino del afamado Aristóteles, Calístenes) como un hombre enloquecido por su ascenso al poder, capaz de asesinar a antiguos camaradas de armas, Alejandro sigue mostrando como expresaba Gisbert Haefs que es el señor de las diez mil almas, con una complejidad fascinante y un reto para los historiadores e interesados en su figura en general, verdadera legión de detractores y admiradores que le siguen nanteniendo presente pese a que hace tanto que sus restos partieran a Alejandría en una habilísima maniobra de su antiguo amigo y general Ptolomeo.
El hecho de que pensaba lanzar una ofensiva sobre Roma es bien conocido. Su tío y aliado, Alejandro de Epiro, había muerto combatiéndoles. Ahora, su sobrino pensaba resarcirlo y de paso expandir el poder del mundo heleno a la península Itálica, frenando a una emergente potencia que empezaba a aplastar con sus sandalias a pueblos tan duros y curtidos en la guerra como los samnitas o los sabinos. Durante la propuesta de Negrete, su Alejandro tendrá oportunidad de marchar, aunque desde una desafortunada escaramuza inicial, incluso generales tan afamados como Cratero o Pérdicas empiezan a dudar si los viejos sistemas de su amigo y señor, podrán funcionar ante esas máquinas de triturar carne que son las legiones.
Ocansionalmente, se producen graves errores de apreciación al comparar entre épocas. Decir que Aníbal hubiera sido barrido por Napoleón debido a su superior conocimiento de artillería es una injusticia mayúscula. ¿Acaso si el hijo de Amílcar hubiera podido acceder a esa arma y adaptarse a los mecanismos de la otra época sin perder un ápice de su genio? Como bien narra Negrete, Alejandro es más que capaz de adaptarse al nuevo modelo de lucha y a pesar de su heterodoxia e inquietud de algunos de sus colaboradores de confianza, Éumenes de Cardia, no sería la primera vez que él cree ver algo que para los demás simplemente sería invisible.
Muchas son las teclas que maneja este curioso cuadro. El fallecimiento de Hefestión, los problemas de adaptar Oriente a sus inspiradísimos pero poco tolerantes generales de confianza y mil problemas más, son acompañados de personajes ficticios, pues a fin de cuentas, estamos ante una pieza literaria. Los misteriosos símbolos qe se van sucediendo en los cielos solamente parecen ser bien comprendidos por Néstor y un extraño soldado, apocado pero brillante, llamado Euctemón, alistado en las filas invasoras por cuenta de su apuesto hermano Demetrio. Las subtramas se suceden, aunque en ocasiones, uno echaría en falta un papel más relevante de gente como Nearco o Antípatro.
Con ambiente de drama griego donde cada uno tiene su papel asignado por los hilos del destino, una batalla apocalíptica (falanges macedonias versus legiones romanas) que bien podría haber truncado totalmente el futuro devenir de Roma. Un gran acierto de Negrete es presentar a un Cayo Julio César (por supuesto, no el futuro dictador de Roma), sino un antepasado del mismo, pero con varias cualidades de su futuro descendiente.
La amenidad preside varios centenares de páginas, probablemente por la fascinación que siempre surge alrededor de este personaje, ¿de qué otra manera podía ser alguien que había sabido sobrevivir en el marco de dos personajes tan formidables como Filipo u Olimpia? Visionario, capaz de superar los prejuicios de su propia formación, genio en el campo de batalla y la política; pero también, con sombras a sus espaldas como los asesinatos de Parmenio (brazo derecho de su padre y el suyo propio- o Clito El Negro.
Da la sensación de que Negrete tiene una buena erudición (hay afortunadas citas a figuras como Memnón de Rodas o Barsine), pero que no ha tomado su relato muy en serio, en el sentido de que da preponderancia a los actores del drama que no fueron históricos. Muy divertida y probablemente con proyección es la forma de presentar a algunos de los hijos y sobrinos de Alejandro.
Como decía Umberto Eco, suspirando por una secuela que nos haga regresar, mientras tanto, los Libros de la Sibila de Cumas dicen que indudablemente si Alejandro hubiera chocado con Roma, el resultado solamente hubiera podido ser...

domingo, 6 de marzo de 2011

DANZA EN LA OSCURIDAD

Cuidado con vender la piel del oso antes de cazarlo. Cuando una película es presentada con tanto galardón y premio de por medio, los sentidos agudizan y hasta el más indulgente de los espectadores empieza a convertirse en una máquina de ver errores nimios que a otros películas menos ponderadas perdonaría.
"Cisne negro" cumplía esos requisitos, pero habrá que quitarse el sombrero, Darren Aronofsky lo ha conseguido con los que no somos doctos en la materia. Nuestra incultura en danza no nos condiciona para disfrutar la pieza y hasta nos remueve a saber más. Hay cierto aroma a "Amadeus" en esta cinta, ese guión de John McLaughin y Mark Heyman habla de cosas muy universales, la autoexigencia, nuestro afán de autodestrucción, la presión que nos rodea... Temas universales que pueden parecer manidos hasta que alguien le da media vuelta.
Rompemos también una lanza en Flandes e favor de Natalie Portman. Hasta la fecha, la mejor interpretación de su carrera, pero no por estar en un drama o en una obra de corte serio. Estamos ante un papel que exige agallas, donde hay que mojarse y no dejar indiferente, donde lo políticamente correcto es un arma a evitar. Decía el poeta que no hay que desesperar, porque vale más deseo sin posesión que posesión sin deseo. "Cisne negro" nos trae eso, con toda la finura de este arte, pero también retorcido en un horrible monstruo cuando caen las luces del escenario.
Satisfacción también por ese metraje, 103 minutos, todo un mérito y capacidad de síntesis. No hay subtramas tontas, ningún momento de relleno, "Cisne negro" exige atención y a cambio no te traiciona, agarrándote durante 45 minutos finales dignos de verse, sin ningún lugar a dudas, Portman coge las riendas y se la carga sobre sus hombros.


Vincent Cassel y Mila Kunis acompañan a la estrella de la función con eficiencia. Habrá que ver cómo resiste a futuros revisionados y a que ese fatal desenlace deje de ser sorprendente, para ver si esta magnífica opera prima coge la altura de los clásicos.

Recomendable en todos los aspectos, bellas, oscuras y ensangrentadas están las alas de este ave.

martes, 1 de marzo de 2011

UN BRINDIS EN BOSTON

Alguien tiene que dar el primer paso. Después, el sendero se recorre con mayor o menor habilidad por los demás que también eligen ese camino. Sin embargo, en ocasiones parece que borremos a los pioneros de la memoria, negando su originalidad.
Con el tiempo, parece que nos hemos olvidado del nado a contracorriente que tuvieron que realizar en la NBC para seguir manteniendo a flote una serie que en su primera temporada (1982), cosechó bajísimos niveles de audiencia. 11 años después, su retirada voluntaria fue el evento televisivo más visto de 1993 en su género y algunos de sus actores tenían unos sueldos elevadísimos por un simple capítulo.
"Where Everybody knows your name" entró por la puerta trasera, pero, fue adaptándose hasta lograr un reconocimiento de crítica y público a partes iguales. Varias eran las claves que convirtieron a los parroquianos de un bar regentado por el jugador de beisbol retirado Sam Malone (Ted Danson), en algo más que una comedieta.

En primer lugar, hablar de un equipo de guionistas de primer orden, que incluía luminarias como Sam Simon, que luego harían tan fructíferas carreras. Con el bendecido formato de 25 minutos, Cheers se comportaba con agilidad, pudiendo sus episodios tomarse como rosquillas, rápidos y directos, livianos pero no banales.
Los primeros episodios oscilaron entre la relación de amor odio del mujeriego Sam con Diane (Shelley Long), una joven y pretenciosa abandonadora de carreras que por una ruptura amorosa termina trabajando de camarera en Cheers.
Junto con la pareja protagonista, sobresalen los más acólitos del bar, como la arisca pero carismática Carla (Rhea Perlman), el sabelotodo y peculiar cartero Cliff (John Ratzenberger, que recibió justa despedida en "Cheerful good byes" en Frasier, años después, inolvidable), el contable Norm (George Wendt), el más fiel de los cerveceros y, por supuesto, el carismático antiguo entrenador de Sam, un despistado Nicholas Colasanto, encarnando al señor Mancuso. Colasanto falleció en la tercera temporada, tras darle una digna despedida al personaje, se le sustituyó en función de entrañable y benevolente ingenuo de buen corazón, con un joven camarero de Indiana llamado Woody. El cambio no fue brusco ya que los guionistas supieron establecer una conexión entre él y el antiguo técnico de los Red Sox. Woody sería nada menos que Woody Harrelson, quien luego tendría una fructífera carrera en Hollywood.
Al igual que haría en el futuro "Siete Vidas", durante más de diez años de andadura, Cheers se las ingenió para renovarse o morir. Especialmente atinada fue la incorporacion de un rival para Sam (eterno don Juan de la serie) por los favores de Diane, nada menos que Kelsey Grammer, cuyo personaje de Frasier gustó tanto que llegó a protagonizar un spin off de muchísima calidad. Tanto, que hay algunos que piensan que supera a su afamada predecesora. El inteligente, afilado, esnob y en ocasiones amorosamente inepto psiquiatra tuvo su bautismo de fuego en la ciudad bostoniana. En cuanto a cuál es mejor, al igual que con Filipo y Alejandro, no hay mejor elogio para un gran legado que el que permite que tu sucesor te mejore. Decir que a Seattle viajaron los mejores guionistas de Cheers es como decir que se escoge a lo mejor de la generación del 27, la creme de la creme.

Jugando en todo momento con la calidad de sus secundarios, las tramas se multiplicaban. El gusto por la broma y explotar todos los tópicos de la sitcom, hayan su inicio aquí. Aunque algunas de ellas puedan parecer hoy trillada, no hay que olvidar que aquí empezaron.
Destacar aportaciones como las de la futura esposa de Frasier, la doctora Lilith Sternin (Bebe Neuwirth), Rebecca (representada por Kirstie Alley, que sustituyó a la popular Diana tras abandonar la serie, en otra buena despedida) o incluso cameos como el de John Mahoney.

Asimismo, creo varios automatismos que luego han sido recreado mil veces. La mujer de Norm (y sus latiguillos para pedir una cerveza) a la que nunca vemos pero escuchamos por teléfono, la madre de Cliff y sus curiosas explicaciones de la vida en general, la aparición de personajes famosos de la década (por ejemplo el mítico ala-pívot de los Boston Celtics, Kevin McHale) y un reparto en estado de gracia permanente...
Con el aroma del puro de la victoria de Red Auerbach, Cheers sigue haciendo a día de hoy uno de los clinic más rápidos de cómo hacer una comedia situación, con diálogos de molde y creando puertas para futuras sucesoras. Creemos no exagerar afirmando que el bar de Malone es a las comedias situación lo que supusieron Los Simpson para las de animación.

martes, 22 de febrero de 2011

B DE BRILLANTEZ



Siempre ha habido ojitos derechos. Favoritismos subjetivos que nos son inevitables. Por eso, ruego al lector/a que sea indulgente con esta modesta crítica de una obra con la que siempre he estado en deuda, por partida doble.
V de Vendetta no es solamente una colección que merezca la pena tener y releer, fue un regalo magnífico de unos apreciados amigos. Probablemente aunque hubiera sido un argumento manido y dibujos de cartón piedra, la edición que puedo jactarme de poseer sería para mí uno de mis favoritos. Pero es que encima estaba escrito por Alan Moore.
Moore no necesita ya presentación en este blog (hace ya varios meses vimos la primera biografía completa que se ha realizado de él en castellano, a la par que hemos tratado "From Hell" y Watchmen"). Aquí, nuestro autor se encontraba en plena década de los 80 y quizás quisiera dar su propia visión de un mundo (Gran Bretaña) que no le gustaba. La oscilación hacia posturas excesivamente conservadoras enfurecían a una mente tan liberal, genial y particularmente heterodoxoa como la de Moore, quien quisó dar un giro de tuerca y basándose muy claramente (como toda la crítica ha destacado, acertadamente) en G. Orwell ("1984", de la que hemos hablado asimismo).
Moore narra con su típica claridad y capacidad de generar angustia, un mundo que aparentemente está ordenado pero al que nada vendría mejor que un coqueteo con la anarquía. Si alguna vez tienen que explicar a una persona que haya estado en una isla desierta qué es el fascismo, no debe dudar en que prestarle estas viñetas, le será una gran palanca V. El concepto del "Gran Hermano" que ya advertíamos en Orwell aquí se duplica pero, sin querer que nadie se rasgue las vestiduras, los genios emulan a otros genios, pero buscan evitar excesivos paralelismos y hasta se permiten frivolidades como giros de tuerca.
"1984" es una obra maestra en su género, pero que quizás, especialmente en su desenlace, peque de potenciar hasta el determinismo el poder de una sociedad opresora. Por supuesto, en la ucronía planteada por Moore, hay muchachas que se ven obligadas a prostituirse, pervertidos agentes de la ley que abusan de su autoridad, aniquilamiento de la cultura... Pero quienes están en la cúpula son igual de miserables que todos los demás. ¿Acaso no ha sido siempre el líder del Big Brother un personajillo más que también desea que le amen y le feliciten la Navidad? Para estos diseños, hay que hablar de David Lloyd. Moore humaniza al enemigo de su "héroe", lo cual lo hace mucho más trágio y verosímil.
Todo en Moore es espectacular y visible a kilómetros de distancia, su forma de escribir y hasta de vestir destacan a cualquier observador. Lloyd, igual que otros dibujantes que han tenido la fortuna y la desgracia de convivir con este obseso del detalle, puso una faceta muy personal en su cómic. Si Moore quiere que la sociedad se mire en el espejo, Lloyd grita la verdad a la cara. Su ritmo narrativo y forma de humanizar a todos (aquí no hay grandes héroes ni villanos mega-poderosos, todos son individuos muy terrenales). Sin él, el resultado hubiera sido muy distinto.
El irreductible rebelde galo que parece oponerse a este Imperio tan temible como lleno de pies de barro, no es otro que un terrorista (a los ojos del poder establecido) llamado V. Bajo una máscara de Guy Fawkes, lanza misteriosas proclamas en los televisores y agrede a los cimientos del sistema. Aunque muchos creen que es un lunático fácil de cazar, un avispado funcionario llamado Edward Finch sabe que para adentrarse en la laberíntica mente de alguien que no tiene nada que perder, habrán de pensar como él... y eso es aterrador.
Ese camino será llevado por dos personas, a un lado Finch, mientras sus otros camaradas se chocan una y otra vez ante los audaces planes de un hombre que en solitario y recitando oscuros pasajes literarios ya olvidados por un mundo asilvestrado, les pone en jaque. Y en segundo lugar por una joven muchacha llamada Evey, oveja negra, niña perdida y que mendiga en la calle dispuesta a todo hasta que se cruza con el misterioso benefactor que la hace salir de la caverna en la que ha vivido.
Verdaderamente estamos ante una obra mayúscula, un cómic que trata con una naturalidad increíble temas tales como la falta de libertad, el anarquismo, la frustración sexual, el temor al diferente y mil cuestiones más, con una facilidad envidiable. Asimismo, como el propio Moore ha admitido, ciertos aspectos como la guerra nuclear o ciertos aparatejos electrónicos, no les han dejado como excelentes oráculos ni a él ni al magnífico David Lloyd en un trabajo que justifica toda una carrera como dibujante.
Por favor, no dejen de leerla si alguna vez cae en sus manos. No se arrepentirán.
PD: Como verán, he omitido cualquier mención a la palabra "novela gráfica". Creo, sinceramente, que es una expresión que nunca me ha convencido, parece como si al tratar de ensalzar un cómic o tebeo, se tuviera que especificar que pese a estar hecho por este medio tiene pretensiones literarias. El propio Moore, habla de "V" como uno de sus primeros intentos de hacer una serie regular de... cómics.

martes, 15 de febrero de 2011

EL LUTO IMPUESTO


Un círculo perfecto. De todas las obras que realizó Federico García Lorca pocas tienen un tema tan evidente, que abre y cierra. Perfectamente trazado por el autor, la obra que hoy nos ocupa comienza con el luto por el segundo marido de Bernarda Alba y culmina con otro falta desenlace. En el intermedio de tan macabros acontecimientos, se desarrolla un drama de mujeres en el que es imposible tomar aire, debido a los muros más asfixiantes que se crearon en el teatro, un velatorio continuado y sin pausa.
Como ocurre también en "Doña Perfecta" de Galdós, la figura rígida y severa de una mujer anclada en los vetustos valores de una sociedad estática, termina siendo una roca inamovible que provoca la derrota de quien osa desafiarla.
Bernarda Alba es la escenificación de los valores de un mundo que estaba ya muerto, aunque poderoso. Unos valores vitales anticuados y una sociedad más próxima al XIX que al XX, una mujer capaz de justificar el más atroz de los machismos. Es ese motor el que la lleva a imponer el más rígido de los velatorios, un castigo atroz para sus hijas. Más teniendo en cuenta que la representación transcurre en período estival, sofocante en el sur de la península.
Lorca no dejaba nada al azar en sus obras, pero quizás sea en esta pieza teatral donde hila más fino, buscando que cada elemento repercuta en la atmósfera. En especial que el funeral sea en verano, lo cual hace aún más pesado el luto y la rigidez. La única vía de liberación es la locura, escenifiada por Josefa, la senil madre de Bernarda, el único espíritu libre en un pueblo sin rio, lleno de pozos y donde nadie se atreve a beber por temor al veneno.
Pero incluso la mejor de las puertas puede ser abierta si se tienen ganzúas y en este caso, como atinadamente discuten las criadas (el personaje de Poncia, quizás de los más crueles), con cinco ganzúas (pues cinco son las hijas de Bernarda), el cautiverio podría ser liberado. No obstante, esas llaves no actúan al unísono y hasta se estorban entre sí, por un elemento que viene a alertar a todo el dispositivo meticulosamente colocado por Bernarda, Pepe El Romano. Angustias es una mujer que se nos muestra deseosa de su contrato matrimonial con Pepe simplemente por salir de la casa, no por amor o deseo, mientras que Martirio y Adela sí le desean desde el punto de vista amoroso, siendo la segunda el objeto de sus amores. Amelia y Magdalena por su lado parecen ajenas al juego, aunque más por temor a su madre, destacando en el caso de Magdalena su deseo de haber nacido varón.
Esta tensión sexual no se resuelve fácilmente, menos aún con la astucia de Lorca, que nos vaticina un nuevo problema, Adela está embarazada de Pepe. El segundo acto se cierra precisamente con un oscuro augurio, en una de las mejores resoluciones de escena posibles.
Los muros antaño blancos se van deteriorando como si de una corrosión moral que va empañando toda la blanca virginidad del principio y el ritmo llega a extremos dantescos.
Clásico y reflejo de todo un estilo dramático, a nadie extraña hoy en dia que Bernarda siga siendo uno de los objetivos de toda actriz madura que se precie.

jueves, 10 de febrero de 2011

UNO DE LOS NUESTROS

Narración con voz en off. Uso acentuado y abusivo del flasback, imágenes congeladas para resaltar lo más obvio, temas musicales conocidos por todo el mundo, tratando de contar lo mismo que en "El Padrino" pero desde abajo... Aparentemente, al aceptar llevar a la gran pantalla las desventuras del testigo protegido Nicholas Pileggi, Martin Scorsese no se estaba embarcando en el viaje cinematográfico de su vida.




Y, pese a todo lo dicho, estamos ante una monumental obra maestra, una película increíble que aún hoy en día se mantiene como clásico vigente y tiente visos de que terminará siendo catalogada como obra maestra con el devenir de las décadas.




Nada menos que 30 años de vida en el crimen organizado es lo retratado con amenidad y descarnada verdad de la mano del director italoamericano. Ray Liotta encarna a Henry, quien desde niño ha querido ingresar en ese mundo porque es lo que ha visto en su barrio. Indudablemente, estamos ante la mejor interpretación hasta la fecha de la carrera de este actor, su mejor y más inspirado trabajo, formando pareja con Lorraine Bracco (no es casualidad que ella terminase trabajando en "Los Soprano", serie que bebe mucho de Goodfellas).



Mientras Henry intenta subir en el escalafón, las maestrías de esta película se evidencian. La escena en la que los personajes de Bracco y Liotta entran por la puerta trasera del restaurante hasta las primeras mesas es una clara pero estupenda metáfora de cómo es ascender por ese submundo. Atención a que aquí las amantes, mujeres y damiselas que rodean a estos caballeros de gatillo fácil tampoco son unas sufridas ángeles del hogar, no pocas veces se aprovechan de ello y son igual de hipócritas.




Desde la distribución de tabaco robado hasta el mismísimo negocio de las drogas, por la vida de nuestro antihéroe (aunque la película nunca da un juicio moral, lo cual es estupendo) se va rodeando de verdaderos gángsters, especialmente Tommy, representado por el inefable Joe Pesci, en el papel de sociópata que tan bien le va.




Pesci, que ha hecho este papel mil veces, maneja a la perfección la capacidad de pasar de un estado de ánimo a otro de furia, lo cual está muy bien aprovechado en sus diálogos. Nadie se puede fiar de un tipo así, ni siquiera sus amigos. Para los amantes de las anécdotas, la madre de Tommy es la mismísima progenitora de Scorsese. En verdad, hay mucho humor negro en esta pieza.



En segundo lugar, destacar a un inconmensurable Robert De Niro como Jimmy, el verdadero hombre que cruzado la frontera, el frío ejecutor de la banda de Paulie Cicero (un Paul Sorvino que nos está anticipando lo que hará James Gandolfini años después). De Niro sale muy poco en pantalla, su rol es secundario, pero está omnipresente, solamente con su mirada, el espectador ya sabe a qué atenerse, su fría manera de actuar y lo que esconden sus sonrisas. Otros secundarios a destacar son Frank Vincent y Samuel L.Jackson (muy desaprovechado este último).




Pero todo Imperio, incluso el más modesto dentro de la tela de araña de la corrupción, tiene su final. Liotta (y una magnífica labor de los maquilladores) marcan a la perfección el deterioro físico, moral y mental de un hombre que empieza, al igual que la cinta, a transformarse en una bajada cuesta abajo y sin frenos.
Absolutamente recomendable. Y uno de los pocos casos en que el título traducido casi es mejor que el original. A fin de cuentas, si hubiera sido uno de los nuestros... habría disparado.