
Título: Maus
Autor: Art Spiegelman
Amarcord es algo más que una gran película de Fellini. Significa "yo recuerdo". Sin más pretensión que dar un repaso por aquellas obras artísticas de todo tipo que me han condicionado de una forma u otra, para compartirlas con todo aquel/lla a quien una dirección equivocada le lleve a honrarnos con su presencia en esta página.

Título: La Dama del Alba
Autor: Alejandro Casona
Estreno: 3 de noviembre de 1944
Ocurrió en una tierra noble y que hoy parecería remota, casi ancestral en el tiempo. Una época de frío en el campo y trabajo duro para lograr la leña de la que prendiese la hoguera.
La historia aún se seguiría contando, la desaparición en aquel lugar (cualquiera dentro de las aldeas asturianas) de la joven Angélica, la hija predilecta, la recién casada esposa, la hermana ejemplar. Bajo una tumba en las aguas digna de Bécquer, su recuerdo y misterios permanecían cerrados. Hasta que un día llegase una persona extraña a remover el recuerdo.
Pero, como suele suceder, la muerte actúa de muy diferente forma en los ánimos: para la serena presencia de El Abuelo, Angélica está presente como su amada nieta, pero desearía que sus otros nietos pudieran vivir sin el espectro de su tragedia. Todo lo contrario que La Madre, para quien Angélica no es solamente una hija fallecida, sino un eje que impera en toda la casa, la causa de que, pese a las protestas de Telva y El Abuelo, sobreproteja hasta el exceso a sus otros hijos.
La estructura de la creación de Casona se divide en cuatro actos, con un ritmo muy ágil y manteniendo un interesante velo de misterio desde el primer momento que se nos presenta el triste suceso. Angélica puede estar muerta, ahogada bajo las aguas en el trágico accidente, pero su recuerdo flota como un todopoderoso fantasma en todos cuantos la conocieron. Con la honrosa excepción de Martín, el viudo, hermético y poco propenso a mostrar emociones.
Todo cambia con la llegada de una hermosa (pero muy extraña) peregria que es acogida en el hogar. Todos, desde los niños hasta el propio Martín, parecen asombrados de su hermosura, pero el abuelo, siente la incómoda sensación de haberse visto con ella en otro momento, pero, si algo le inquieta, es que pese a ser una mujer en su plenitud, se mueve y habla como alguien que ha visto muchos amaneceres. La misteriosa dama no es otra que la personificacón de la muerte. Este hecho solamente será advertido por el patriarca, lo cual planteará siempre al escritor la ventaja de la amenaza flotante, una espada de Damocles perenne.
El soberbio instinto del abuelo se explica porque, tras un accidente en la mina (donde además murieron los hijos de Telva, la criada de la casa, que vendría a ser La Poncia del drama lorquiana pero con buen humor y sin veneno) nuestra señora de manto oscuro se acercó demasiado a su figura, dándole por muerto excesivamente rápido. Mostrar una peregrina falible es uno de los grandes atributos de la recreación de Cason. De la misma manera, se encuentra la inquietante escena de la carcajada, de múltiples lecturas.
Su pulso se ve estorbado por la llegada de Martín, quien se encontrará con una muchacha accidentada en las mismas aguas que engulleron a Angélica, como si fuera un clon revivido de la muchacha, algo que desde el primer momento alienta a la madre a vivir una peligrosa fantasía. Esto provocará la satisfacción del abuelo, quien descubre la realidad, que la muerte había venido a por Martín, quien no solamente ha salvado la vida, sino que ha evitado otra captura. Lejos de mostrarse como una villana frustrada, la peregrina aguarda como el jugador que sabe que pese a hallarse las piezas desplegadas por el tablero, aún no se ha producido el mate. Igual que con la risa, no se desmorona, solamente razona que hay algo cuyo velo no se ha quitado.
En un asombroso desenlace tras tanta pugna dialéctica entre abuelo y peregrina, ambos se llaman amigo/a en su despedida, dándose la vida la mano con la muerte. Pero hay algo que quitará el sueño a El Abuelo, a quien la peregrina le promete volver en Siete Lunas. Eso y un cabo sin resolver le aterran. Desde entonces, en el tercer y cuarto acto, El Abuelo, que teme a Adela y su anterior deseo de suicidio, empieza a vigilarla atentamente, pues piensa que la peregrina ambiciona llevarse a esa joven presa. Pero ni Telva, ni los niños ni principalmente La Madre, asisten a otra cosa que la felicidad de tener de nuevo a una persona joven, a una hermana mayor o a la ansiada hija. Mientras, el anciano protege los caminos, mientras observa los astros.
Mientras, se suceden varias subtramas menores, la primera y más evidente, el visible romance entre Adela y Martín (a pesar del taciturno comportamiento de éste por un motivo secreto) que conduce a que el reemplazo de Angélica sea total. Recuerdo las recientes enseñanzas de una profesora de literatura que, con gran instinto, consideraba que Adela como personaje, no vale mucho, no deja de ser como la chica de "Vértigo" de Hitchcock, un muñeco, alguien que se deja de tirar de los hilos y hasta se cambiaría de peinado con tal de complacer a sus "nuevos dueños". En una broma privada, una adaptación a la televisión de la obra, Adela tenía al fin un pasado... la hija de unos titiriteros. Más claro, el agua.
SPOILER (Leer a partir de aquí solamente sería recomendable para los que ya hayan finalizado la obra, ya que si no, podrían ver verdades desveladas de la trama que es preferible le sorprendan a uno leyendo).
La Madre, silenciosamente da su consentimiento y aprueba la relación de Adela con Martín. Es una noche alegre, pareciera que las precauciones de El Abuelo han dado su fruto. Pero mientras todos vigilaban el fuego de la noche de San Juan, la peregrina aguarda silenciosa, en la casa, a la llegada de una mujer renacida de las aguas, la misma protagonista de un cuento sin sentido que ahora lo tendrá. Efectivamente, arrepentida y tras cuatro años degradándose a sí misma, Angélica retorna cual hija prodiga, para implorar perdón.
Debe de ser una incómoda sensación volver a un lugar donde fuiste muy amado y ver las cosas cambiadas de sitio, cómo se recrudecerá la crueldad cuando observar que tus retratos y fotografías han sido re-emplazadas por una persona muy similar a ti. Angélica no encuentra a Telva, ni tampoco a su familia, sino a una hermosa mujer que parece saberlo todo de ella… mientras la pobre Angélica todo lo desconoce. De haber sido cualquier otro orden, nuestra historia sería muy distinta.
La Peregrina ya tiene su plan y conoce la solución del mismo. Es solamente cuestión de hacerse comprender. Angélica pasará por todos los estadios, desde la negación (es incapaz de creer que los hermanos que montaba en sus rodillas la hayan olvidado, hasta que la muerte la sentencia con lógica aplastante Cuatro años son muchos para un niño) hasta la ira (está a punto de desmoronarse)… pero, ¿logrará aceptar lo inevitable?
Hay que descubrirse ante la maestría de Casona, existían muy pocas maneras, tras haberla derribado de su pedestal, de hacernos simpática a Angélica, pero esta total oleada de verdad que la ataca no puede hacer otra cosa que fomentar nuestra compasión. Ha perdido todo y por su culpa, nada podía haber más cruel, ni siquiera la mala suerte o un rival mejor la podían excusar, ella fue quien eligió su destino y lo hizo mal. Ahora, buscando volver, puede abrir una herida que tardó cuatro años en cicatrizar.
Tu recuerdo vale más que tú.
De cuantas frases tiene La Peregrina, ninguna puede ser más lapidaria y despiadada. Ni siquiera Eneas al volver la vista a una Troya en llamas pudo sentir una afrenta de manera tan personal. Angélica se ha convertido en algo más grande que ella misma, en un mito o leyenda que la realidad es imposible que iguale. ¿Con qué cara mirar al pueblo, a la aldea, a su familia? Es aquí donde La Peregrina, tiende su brazo, manifestándose como amiga.
Es entonces, tras tanta verdad sin tapujos e incluso el descarado insulto, le lanza una admiración sincera. En realidad, pareciera que la estuviera alentando a admitirse a sí misma, a afrontar un momento de miedo para expiar a todos sus fantasmas.
Lo importante es vivir con pasión y morir con belleza
Hay algo casi homérico en dichas palabras, un lema de vida y una proposición arriesgada: La única forma de vivir dignamente es aquella por la que aceptaríamos morir. Tras hacerle ver lo inevitable y que puede romper la felicidad de todos, La Peregrina le ofrece un trato, en cierto sentido oscuro y siniestro como el de Fausto, aunque aquí no podemos hablar propiamente de suicido como pretendía Adela. Es más bien un sacrificio, un acto heroico y un re-equilibrio de la paz en el lugar asturiano. Pero, y esta duda nos carcome en cada lectura, el resultado sigue siendo él mismo.
En un desenlace épico y que podría ser considerado trágico de no ser por una belleza lírica impresionante, Angélica aparece después, no con el aspecto innoble de una desprestigiada durante cuatro años, sino como la más hermosa de las princesas sumergida en los dominios de Morfeo. Incluso Martín y Adela parecen conmovidos ante algo que les supera, mientras La Madre se abraza ante un milagro, al fin, podrá llorar en una tumba real. Esto también explica que Casona hablase de "Retablo en cuatro actos" ya que salvo Angélica y La Peregrina, ninguno de los otros papeles está revestido de verdadera grandeza (con la excepción de El Abuelo, sobre todo en los dos primeros actos)
Angélica había llegado como una forastera a quien nadie quería, una incómoda peregrina… ahora, su recuerdo de bella santa perdurará para siempre. Desde la distancia que da alejarse del suceso, La Peregrina sigue su camino sin borrar una fría sonrisa –la sinestesia es evidente-… no sin antes haber puesto una corona en Angélica, como si fuera a una nueva boda.
No obstante y, en conclusión, demasiadas dudas nos asolan tras el objetivo cumplido de Casona de un desenlace mayúsculo. Hay que descubrirse ante su pericia evitando cualquier mención a Angélica en el listado de personajes, pero a nadie puede ocultársele que es ella la verdadera protagonista, Adela es poco menos que un clon juvenil y Martín un personaje sumamente plano. Superado el influjo de La Peregrina, nos asalta el resquemor de que nuevo el viejo orden ha salido reinante.
El Nuevo Testamento se mostró generoso con el hijo pródigo retornado a casa, mientras que, leyenda al margen, el final de Angélica nos recuerda al inflexible sistema del Antiguo. El perdón es borrado, como sucede en La Casa de Bernarda Alba, otra obra que pese, a ser inifitamente distinta, es muy, muy parecida en su conclusión. En el punto lorquiano, se debía a que quien lo administraba no tenía compasión. En el de Angélica, ni siquiera se le da la oportunidad.
A fin de cuentas, ¿no es una propia obsesión de La Peregrina la que fuerza a Angélica a la decisión fatal? Salvo lo que ella misma nos cuenta, ¿qué imperativo requería que se llevase una vida? ¿Qué es la muerte? ¿Una sabia consejera o una jugadora de ventaja que ha marcado nuestras cartas?
Título: Snatch: Cerdos y diamantes.
Podríamos decir que Snatch recuerda al original (en este caso sería Pulp Fiction) como las mejores copias, es decir, sin parecerlo. Igual que "Uno de los Nuestros" tiene reminiscencias remotas a "El Padrino" o Sonic debe su existencia a Mario. La emulación termina desarrollando vida propia. Ritchie por ejemplo opta por una narración muy rápida, sin recrearse tanto en los diálogos como Tarantino. Esto redunda en explotar las virtudes de la vertiginosa obra y oculta bien sus posibles carencias.
Todo comienza con el espectacular robo de un diamante de grandes proporciones a través de la banda de Franky "Cuatro dedos", que es interpretado por Benicio del Toro. El feliz hallazgo pondrá todo patas arriba dentro de este mundillo de crimen, destacando posibles compradores desde los Estados Unidos (como un irritable, pero muy divertido, Dennis Farina). Paralelamente se narran las desventuras de unos promotores de boxeo en horas bajas (interpretados por Jason Statham y Stephen Graham, que hacen las veces de naradores), por lo que es fácil de intuir para los espectadores que los dos mundos acabarán unidos.


Cuenta la leyenda que en una ocasión, un equipo estaba jugando tan bien que, un prestigioso comentarista proclamó: "El rival puede dar gracias de que consideren que si no tocan el balón todos, se niegan a que el tanto no suba al marcador, tal es la perfección".
Escribiendo nuestro propio mito, el resto de series de televisión pueden dar gracias por la suerte de que Frasier se haya contentando con once temporadas. Han considerado que no valía volverse repetitivos, fieles a una seña de identidad de todos los episodios "si no es inteligente y elegante, no tiene cabida".
Spin Off de Cheers (la genial serie que transcurría en un café de Boston), no creo que exageremos si afirmamos que las desventuras de este psicoanalista de Seattle han sido el calco de un ideal, un espejo para el resto y durante mucho tiempo, uno de los bocados de cardenal que nos dejaba la televisión. Protagonizada por Kelsey Grammer (a quienes los buenos seguidores de Los Simpson recordarán como Bob El Actor Secundario), los guionistas de Cheers pensaban repetir éxito con aquel querido personaje, aunque deberían hacerlo menos excéntrico, ya que era una comedia con él como protagonista, nada de coralidades.
El elenco que rodeó al etrañable Frasier (mitad genio, mitad pomposo y, ante todo, una buena persona que solamente tiene un fatal defecto, es el mejor dándole consejos a todos, menos a él mismo) fue de primera. John Mahoney, actor sólido y en dorada veteranía, haría de su padre, un policía retirado y una personalidad muy fuerte, tan cascarrabias como mítico cuando se le conoce, un tipo íntegro, menos sofisticado que sus retoños pero verdaderamente, una caracterización perfecta de un tiempo perdido, de un superviviente de Corea y un poli honrado que bien hubiera podido ser un cliente más en la barra de Sam (que por cierto, hizo un delirante cameo en la serie).
La explicación de cómo un padre y un hijo tan diferentes (choque de mil grados en el episodio de las partidas de ajedrez) pueden convivir sin salir en los sucesos es simple, Daphne Moon (caracterizada por Jane Leeves), la fisioterapeuta de Martin y el pegamento que mantiene unido a la familia. Leeves era una actriz británica en la que confiaron los productores, el propio Kelsey Grammer tuvo sus reparos porque no era muy conocida, pero tras las pruebas se vio que no había candidata mejor. Había dado tumbos en su carrera, la pregunta era si fallaban sus series precedentes o chirriaba su violín. Pero, como diría Niles, el violín de Daphne era de orquesta y solamente necesitaba la dirección adecuada.
Daphne (salvando las distancias y psique) se parece mucho a Marge Simpson, es un personaje que pudiera pasar desapercibido ante otros más chistosos, pero un recorrido a la serie demuestra lo importante que es para la coherencia, la trama y lo mucho que aporta. Pero cuando David Angell, Peter Casey y David Lee se pusieron en la mesa a escribir, sabían que Niles era la última pieza del rompecabezas. David Hyde Pierce encarnaría al hermano menor de Frasier, ahora locutor de radio en un programa de salud mental. Los dos brillantes en lo profesional, refinados, empalagosos, gafados en sus relaciones con el sexo opuesto y... con una competitividad que si bien el paso de las temporadas matizó, nunca borró.
Niles y Frasier han dejado mucho más que la simple pelea de hermanos, algunas de las mejores conversaciones de café de la televisión se han dado en este show gracias a ellos y, además, han dejado frases míticas para el recuerdo. Y es que los diálogos son la base del rejuvenecimiento constante de la serie, amparándose especialmente en Frasier y Niles, los guionistas juegan siempre con el doble sentido, al más puro estilo Woody Allen, pero encima tamizado con la elegancia natural que, por citar a los mejores, siempre exhibe Les Luthiers. Tan seguros estaba de esa fuerza, que la primera temporada terminó con un capítulo que básicamente es un desayuno entre Niles y Frasier, donde repasan su vida, desde lo intrascendente a lo fundamental. Es uno de los más memorables.
Pasando al elenco de secundarios, destacan los míticos y entrañables compañeros de emisora del doctor Crane. En un lugar muy especial Peri Gilpin, Roz, la productora de Frasier y una de sus mejores amigas aunque no vean siempre la dirección del programa de la misma manera. Roz fe un personaje que Gilpin se disputó nada menos que con la brillante Lisa Kudrow. Ambas han admitido lo difícil de la elección y, en un acto de justicia nada frecuente, los dioses han permitido que ninguna tuviera que arrepentirse del veredicto. Kudrow deslumbró en la serie Friends (comentada en este blog) y Gilpin se hizo un elemento indispensable de Frasier.
Otros eran menos redondos pero sí estereotipos graciosísimos y muy bien representados. Dan Butler es Bulldog, el periodista deportivo que mucho discrepa con Frasier, Edward Hibbert es Gail Chesterton, el puntilloso crítico de cocina (con un pasado digno de Smithers) y un amplio etceterá. Jugando con hacerlos aparecer y desaparecer, hay que elogiar el buen gusto de selección de los responsabes del show, desfilarán actores de la talla de Saul Rubinek, bellezas como Lisa Thornhill, el simpático Anthony LaPaglia como hermano de Daphne, Jean Smart etc. Especial mención a la mítica agente de Frasier y los directores/as que ha tenido la KCL.
Mención aparte merecen bromas privadas que han terminado siendo objeto de culto. Los pacientes que llaman al doctor Crane no pocas veces son figuras muy reconocidas del mundo del espectáculo de los Estados Unidos. Pero, muy especialmente, el gran misterio en torno a Maris, la primera mujer de Niles (que terminará enamorado de Daphne), que al igual que la esposa de North en Cheers, jamás aparece en vivo, aunque es uno de los caracteres más mencionados en la serie. También las travesuras de Eddie, el perro de Martin, probablemente el can más hábil y disciplinado que haya aparecido nunca en la gran pantalla. Además, todos los años venía un personaje antiguo de Cheers (Woody, Carla, North) y, por supuesto, Lilith Sternin (Bebe Neuwirth), la ex- esposa del psiquiatra y madre de su hijo Frederick.
Algo básico en Frasier es que pese a la clave de comedia que la inunda, jamás se ha tomado en broma la profesionalidad de su protagonista en cuanto a los casos que trata. Su buen humor no está reñido con un gran conocimiento de los entresijos del subconciente. Especialmente hábiles se muestran los enigmas del mundo onírico y la extraña frustración de triunfo que le inunda cuando le dan el premio a toda una carrera queda impecablemente explicado en una terapia (donde es curioso ver a Frasier por una vez de paciente) donde a pesar de su maestría con los trucos psiquiátricos él mismo se autocensura porque: "A fin de cuentas es lo único que conozco. No sé qué hacer con el resto de mi vida".
Otro momento magistral es la mítica frase que en este caso dirá Frasier a Niles en cuanto a los problemas de su relación con Daphne: "El problema nunca ha estado en ella, sino en ti. Si la bajas del pedestal y la descubres como persona real, podríamos sentir que has estado siete años persiguiendo un sueño inalcanzable". En definitiva, una calidad media más que sobresaliente y que no está reñida con episodios de lo más delirantes, divertidos y desenfadados. El mundo de un esnob que se hizo mítico.
La serie tuvo su primer emisión en 1993. Hoy, en una época en la que, con muy honrosas excepciones se está haciendo una televisión mucho más sofisticada, la pequeña pantalla sigue siendo un poco menos especial desde ese último "Buenas noches, Seattle". Dejaba 37 Emmys en su amplio palmarés y el chapeau unánime de crítica y público.
Como las más grandes, la serie de Frasier se dio cuenta de cuándo no se podía dar más y supo cortar en el momento justo, tras once años modélicos de buen gusto e ingenio. A los caballeros como Frasier, nunca hace falta mostrarles la puerta de salida...y siempre dejan el regusto de un buen vino, sin duda, un gran corcho.
FRASIER: Teniendo en cuenta todo esto, ¿crees que no sé ser feliz?
LILITH: Claro que sabes ser feliz... pero te gustan los retos. Tú nunca has tomado la ruta más fácil. No es tu estilo.

En su absolutamente recomendable obra "Batman: el resto es silencio", David Hernando consideraba que era la historia a la que no hacía falta ni una nota a pie de página. Repetida hasta la sociedad, la fórmula del year one, que incluso la propia industria del cine está intentando copiar, nunca han conseguido los aspirantes desbancar el campeón. La mítica propuesta concebida por Frank Miller sigue erigiéndose poderosa. Puede presumir de ser la fuente que más ha consumido Nolan para a revalorizada saga de El Murciélago.
Apareció publicada entre 1.986 1.987, en la colección regular del emblemático personaje de DC. Como fuere, incluso los lectores menos habituales debieron sospechar que algo raro había, a pocos pudo sorprenderles el hecho de que se recopilase casi de inmediato en tomos de prestigio. ¿Qué tenía aquella gallina de los huevos de oro? En primer lugar, afirmar que gozó del excelente dibujo de David Mazzuchelli. De fino trazo preciosista, como demostró en Daredevil, además, trasmite una sensación de decadencia que se acopla como anillo al dedo a un Miller en estado de gracia, demostando y creando mitos a su antojo.
Cansado de un icono que iba dando tumbos y palos de ciego, Miller recordaba a un héroe muy distinto, mucho más siniestro. El sensacional guionista no dejaba de atender a una gran paradoja: siendo crío había visto una historia de Batman en los grandes almacenes y sintió miedo de sus sombras. Ahora, el guionista empezaba a ser más viejo que Bruce Wayne... que además ya no daba miedo. Y la gente inteligente, cuando ve algo que no le gusta, lo remedia.
Sorprende la redimensión de Batman desde la base. Lejos del súper-héroe, Miller humaniza las mallas y muestra a un muchacho joven, inteligente y al que le queda mucho por aprender para canalizar toda la energía que lleva acumulada desde el frustrante asesinato de sus progenitores. Sin rumbo, Wayne se meterá en barrios propios de Taxi Driver, donde recibirá más de una sorpresa desagradable.
Quedaba claro que ibamos a asistir a una necesaria reorientación de la criatura de Bob Kane, algo que le hiciera atractivo a los ojos de sus contemporáneos lectores y que no desanimase a los viejos. Desde el primer momento, la narración presenta la ventaja de una estructura en paralelo, narrando también la llegada de Jim Gordon, un joven policía de Chicago que no sabe a la corrupción que tendrá delante, destacando su compañero Flash y acabando por el comisario Loeb, dos tipos encantados de conocerse a sí mismos y poner la mano. Éste no es el Gordon mayorcete que conocíamos, es un tipo activo, con buena pericia detectivesca y que además es un tipo resolutivo, no el que ladra las órdenes desde despacho.
Al estilo de lo que Ridley Scott hizo en "American Gangsters", los dos actores caminan en paralelo hasta que el escenario les reúne. Gordon no puede limpiar -y mucho menos sobrevivir- en su Departamento sin un apoyo externo. Por su lado, Wayne -que logra encontrar en la simbología del murciélago la causa de su guerra- solamente conseguirá acabar asesinado en un tugurio con un balazo en la espalda si se sigue postulando como un joven rebelde sin causa al que únicamente aguanta su mayordomo.
Este plot bastaría para considerar la saga como una buena aventura, pero Miller, valiéndose de un artista plástico en estado de gracia, introduce elementos que parecen más propios del cine de Scorsese o Coppola. Gordon vive situaciones muy reales, destacando problemas matrimoniales que son perfectamente simbolizados por Mazzuchelli en las escenas domésticas. Otros secundarios, como Selina, muestran una ciudad verdaderamente real, se acabó la Gotham grotesca, ahora estamos en una gran urbe donde nadie se preocupa por el prójimo.
Aunque no hay propiamente un villano (la frontera entre policía y mafia es muy difusa), destacar entre los antagonistas la trama criminal de Carmine "El Romano" Falcone, especie de "El Padrino" que se ha acostumbrado a gobernar a la manera imperial a sus tutorados. Pero ahora, se han topado con alguien que no les tiene miedo y lo que es peor... que provoca el pánico de sus lacayos.
La montaña rusa de "Batman: Year One" fue una inyección de sensaciones adultas a un cómic que llevaba aún demasiado tiempo arrastando los efectos camp de la serie de televisión de los años 70. Además, ha sido una influencia muy destacada, aunque entre sus herederos, pocos han tenido la sutileza de Jeph Loeb y Tim Sale, ya que El largo Halloween y Dark Victory son primos-hermanos de este presente trabajo. Miller vio catapultada su fama, aunque creo que la labor del dibujante ha sido tradicionalmente subestimada.
En definitiva un trabajo extraordinario, con buenos diálogos y, para los amantes de la acción, con escenas tan míticas como la persecución del héroe a manos de los SWAT, donde Mazzuchelli saca lo mejor de sí. Una obra maestra que jamás peca de pretenciosa y que marcó un antes y un después en el medio.
Por si fuera poco aliciente, al final de la trama principal (que no diremos como se resuelve), un misterioso Joker es enviado como reto a las autoridades... ustedes saben como sigue la leyenda, entonces.
Absolutamente recomendable.

Norman Spinrad es un escritor peculiar, lo ha sido desde siempre. Versado en la ciencia ficción, es especialmente recordado por un polémico libro donde se mezclaba el género fantástico con un recordatorio de los peligros del nazismo.
Pese a ello, igual que varios autores, parece haberse subido últimamente al lucrativo carro de la novela histórica. Precisamente la obra que hoy nos ocupa, "El Rey Druida", apareció publicada en el 2.004 y (aún no la he leído), al parecer, Mexica, donde narra con su heterodoxo estilo las desventuras de Cortés y los suyos con el mundo azteca.
Muy entretenida y casi me atrevería a decir que orientada a un público juvenil, "El Rey Druida" (que está muy ligada a la irregular película "Druidas" en la que el escritor participó) narra desde un punto de vista mitológico y aventurero el enfrentamiento de Vercingetórix de los avernos frente al procónsul romano Cayo Julio César. Se sabe que fue el último (y me atrevería a decir que más peligroso) de los caudillos galos que se alzaron contra él. A diferencia de otros como Ambiorix o los helvecios el joven averno logró el vital apoyo de los druidas, los custodios de la sabiduría y la religión celta, que lograron unificar el alzamiento, erigiéndose él en el nuevo monarca de a Galia, algo que no sucedía desde los días de Breno .
Hay una buena parte de verdad en eso. Del mismo modo, por los Comentarios del propio César (aunque hoy en día ya sabemos que fue en muchos casos ayudado por colaboradores fieles como Aulo Hircio) se demuestra que Vercingetórix había servido como oficial de caballería para los romanos, que conocía la estrategia de las legiones y cuya táctica de la tierra quemada provocó una de las causas más comprometidas del futuro dictador de Roma, obligándole a un paso heroico por los Alpes. En base a ello, Spinrad construye a su antojo, cometiendo varios errores de bulto, pero, a la par, pasajes de gran intensidad épica y bello lirismo.
Se producen incorrecciones con alimentos de la época, se dice que César hace una breve visita a Calpurnia en una estación de invierno (algo a todas luces imposible, a no ser que hubiera querido que sus enemigos del Senado le empapelasen por cruzar el pomerium sin permiso) y, por supuesto, personajes femeninos como Mara (futura esposa del averno) y Rhía (guerrera gala) son absolutamente inventados. La trágica muerte de sus progenitores sí son veraces (solamente documentada la de Cetil, eso si) así como su causa, haber ambicionado la Corona de los galos, como por otra parte en aquella época ya hicieron Dumnórix, Orgetórix, etc.
A partir de ahí surgen personajes por todos conocidos, mal contextualizados si se quiere,pero, indudablemente, entretenidos. Especial mención a Julio César, que dista mucho de ser "el malo" de la puesta en escena. Capaz de las atrocidades más innombrables (masacre en Avarico) y de la más viva simpatía. Su discurso de la romanización y sus virtudes es impecable y hasta cierto sentido, no podemos culparle teniendo en cuenta sus capaciades, de querer eliminar sus deudas con Craso y cía y tomar las riendas para erigirse en el gran político del Estado. Pero tiene un reverso terrible y Spinrad sabe verlo, se puede equivocar en mil cosas y simplificar la geografía de la Galia, pero coloca un atínadísimo diálogo. "Estás loco" CÉSAR: "Al contrario, créeme si te digo que soy la persona más cuerda que conozco. Pero el horror es un arma muy importante en una guerra". Del mismo modo, es el primero en frenar una carnicería si piensa que la batalla está ganado. Lo que aterra de él es que nunca actúa sin pensar y todo, desde lo despreciable a lo sublime, obedece a un objetivo.
Más polémica sería la conaniana educación del averno entre druidas, con especial mención a Gutuart y a estrellas cayendo y presagios muy sugestivos. El papel de los eduos (Dumnórix, Diviax, Litivac, etc) es de la misma forma simplificado, a la par que su participación en Gergovia, la más dolorosa derrota de César en la tierra de Astérix. Con todo, es interesante el fuerte dilema del prometedor líder, que debe ser capaz de convencer a sus lugartenientes de que deben ganar esa batalla "a la romana"... aunque sea con el precio del honor.
En el bando cesariano, sobresale la figura de Gisto. De los personajes ficticios, es sin duda el más plausible (Oránix tampoco está mal, pero es más plano, o el interesante capitán averno). Espía de César en territorio galo, plebeyo, con un cínico sentido del humor a la romana y sin escrúpulos, es el reverso que el optimismo de César necesita para que le digan lo que no desea oír sin temor a represalias. Reconozco que yo le hubiera dado más bola a Gisto (le hubiera inventado un pasado de centurión en Hispania y hubiera dicho que conoció al Julio a través de una recomendación de Balbo, incomprensiblemente no citado en la obra, del mismo modo que añoró a Mamurra aunque me guste Gallo), pero su tiempo en escena es soberbio y sus momentos con César impagables. Por ejemplo: César ultimando su narración del triunfo sobre Ariovisto, aparece Gisto, "Buen escrito. ¿Has pensado ya en el próximo libro? ¿Qué te parece Cayo Julio César: rey de Roma?"
El libro va ganando con el nudo cuando César y Vercingetórix se conozcan. Es más que probable que no fuera ni mucho menos la relación paterno-filial que presenta Spinrad, pero tampoco vemos demasiados inconvenientes en no negar que el patricio viera en él aptitudes muy superiores a su tío Golbánit para ser la cabeza visible de los avernos. La ruptura en Britania supondrá que el galo se vea como desesperado líder de la resistencia. Una tarea que acabará con su cuerpo ensartado en un pilum... salvo que haya "magia de druidas".
Con algún germano de por medio, el pulso de los dos estrategas hace que la lectura se pase veloz por momentos, a pesar de no haber descripciones a la altura de las que, sin ir más lejos, brinda Colleen McCullough, Spinrad cumple presentando situaciones al límite y sube al lector/a en una atracción de acero, romances y violencia de la que es complicado escapar. Lástima que la caracterización de Trebonio, Antonio o los hijos de Craso apenas sea un boceto. El único que se ha salvado de la quema (junto a Gisto y Tulio) es Tito Labieno, el eficaz y valeroso comandante de caballería de César. Labieno es presentado como un militar muy hábil, leal pero desconfiado ante las muchas aristas de César... en definitiva, muy bien hecho, lástima que no haya hecho hincapié en su traición posterior o en la tendencia al salvajismo de dicho militar.
La irrepetible batalla de Alesia es expesada como la metáfora de dos mundos y la última "magia" de Vercingtorix antes de que la Gran Rueda gire. Podemos dudar mucho de que la derrota fue tan dulce, pero no cabe ninguna duda de lo que el autor quiere expresar y resulta tarea ardua no motivarse ante el epílogo presentado.
En definitiva, una novela de aventuras con unas muy escasas cucharadas de Hisoria. Para ahorrarse ampollas imaginen que les han invitado al palco... esta noche representa una compañía italo-francesa el drama "El rey averno". Se ha adaptado la conquista de las Galias al género de la farsa a la enésima potencia. Así se ahorra uno disgustos y desengaños, disfrutando solamente de lo mucho bueno que ofrece.
A los fascinados por este mundo céltico frente al romano, recomendarles otro libro vincuado aunque distinto, con más sentido del humor que épica, "El Druida del César" de Clade Cueni, un muy buen relato que muestra cómo es escrita la historia por los vencedores. Muy bien escrito, mejor documentado que el de Spinrad, quizás menos emotivo, a pesar de sus polémicas (no se entiende por qué trata las mentiras de César de una manera y las de Cicerón de otra), una historia que a buen seguro gustará a los fascinados en el tema.
BLOGS CONSULTADOS Y QUE ADEMÁS PUEDEN INTERESAR MUCHO POR SUS CRÍTICAS A DICHO LIBRO:
www.hislibris.com/el-rey-druida-norman-spinrad
www.lecturalia.com/libro/30849/el-rey-druida
Título: Robin Hood.Duración: 140 minutos.
Director: Ridley Scott.
Guión: Brian Helgeland, Ethan Reiff y Cyrus Voris.
Año: 2.010.
Nacionalidad: Estadounidense.
Reparto: Russell Crowe, Cate Blanchett, Max von Sydow, Mark Strong, Mathew Macfadiyen, Mark Addy, Danny Huston, Robert Pugh, Gerard McSorley, Eileen Atkins, Douglas Hodge...
Fotografía: John Mathieson.
Música: Marc Streitenfeld.
En principio, sonaba bien la ecuacion. Poco importaba la falta de rigor histórico, si siempre se señalarán las mil licencias de Gladiator, tampoco nadie puede negar su épica y que es probablemete el mejor peplum posible. Ridley Scott repetía protagonista y a buena fe, que hay pocos actores en la actualidad como Russell Crowe para encarnar al principal rol de un film de acción.
Coger el mito de Robin Hood ponía bastantes barreras. Si se tienen buenos fondos para decorado (esta película los tenía y ha recreado majestuosamente tanto los castillos medievales como la mística del bosque de Sherwood), es relativamente hacer una buena película. Lo complicado será ser original y darle un giro de tuerca. Sumándose a la moda (quizás excesiva) de hacer un Year One de todo, por parte de Hollywood, Scott sucumbe a revisarnos la gestación del héroe.
El guión que sus escritores le han preparado arranca bien, muy bien me atrevería a decir, incluso. Los menos familiarizados con la historia de Inglaterra se sorprenderán de la realidad del regreso de Ricardo Corazón de León de su polémica Cruzada, momento que Scott aprovecha para presentarnos a un Robin distinto. Un pobre diablo que sirve como arquero del ejército británico y que se gana la vida con su destreza y sus juegos trileros. Querrá la suerte que cuando esté a punto de ser castigado por haber tenido una opinión políticamente incorrecta (genial definición de lo que fue San Juan de Acre), la muerte de Ricardo le permita a él y un puñado de compinches volver con la Corona que habrá de heredar su querido hermano Juan Sin Tierra (un Oscar Isaac que cumple el objetivo de que queramos atizarle desde la primera escana, ay, simpre maltratando al pobre Juan en literatura y cine. Menos mal que gracias a Agora sabemos que Isaac puede ser mucho más agradable).
Con un tono desenfadado y apoyándose en el talento de Crowe y muy buenos secundarios, Robin y su panda lograrán mantener a farsa de que son caballeros ingleses de retorno a su tierra, aunque el temor a ser descubiertos sigue latente. Esto les lleva a Nottingham, donde la película, bajo mi modesta opinión, empieza a fallar, no hasta niveles malos, pero sí más tediosos que el tono aventurero a lo Indiana Jones que presentó el primer acto. Mark von Sydow encara a un viejo lord a quien Robin tiene que comunicar la mala noticia de que su hijo ha fallecido, devolviéndole su espada, para sorprenderse de inmediato ante la oferta del anciano. El sheriff, siguiendo los dictados del nuevo rey (Mathew Macfadiyen, desaprovechado), está exprimiendo en su casa, al estar solos él y su yerna, por supuesto, Marian (Cate Blanchett). Por ello, le ofrece un acuerdo "honorable", hacerse pasar por el hijo retornado (algo así como Martin Guerre II) y a cambio, se harán pocas preguntas del verdadero pasado de Robin y su séquito.
En este sentido, destacar a un buen Kevin Durand encarando a Little John que en vez de pelear con palos de madera en cauces del río, es otro de los veteranos del ejército de Ricardo. La cuadrilla está bien recreada, pero la camaradería y la lealtad podían haber sido menos forzadas. Teniendo en cuenta que muchos de ellos no se conocen, hubiera podido ser más viable (desde el punto de vista del argumento) que la unión se hubiera iniciado por otras dependencias (el miedo a ser delatados, que exijan que el trato a Robin sea extensible a ellos, etc). Conforme pasase el metraje, el espíritu de equipo quedaría menos alterado. Por el contrario, la devotio que le rinden a un Robin que se pierde día sí día también, no deja de ser tan emotiva como artificial.
Lo que aún se sigue intuyendo como una comedia desenfadada de capa y espada, choca con una trama secundaria potente pero no del todo bien llevada. Uno de los lugartenientes del rey (un Mark Strong que se está especializando en ser malo malísimo desde Sherlock Holmes), entra en relaciones con la Francia de Felipe Augusto. Espectaculares navíos con flor de lís y acento gabacho que hacen que los británicos hagan un poco las paces con Mel Gibson después de haberles derrotado tantas veces en la gran pantalla. Ahora pareciera que Scott hiciera una apología contra los galos, nos movemos en el marco angevino. En el lado de los "buenos" tenemos al veterano William Hurt y a la mítica Leonor de Aquitania (Eileen Atkins), que tratarán de que Juan haga algo más que montar a su nueva conquista (Lea Seydoux).
Robin y sus compinches (a los que incorporán al simpático Mark Addy, como el clásico padre Tuck) se verán involucrados en la lucha. En primer lugar decir que es lógico que cuando Strong y sus afrancesados compinches se meten en la refriega de impuestos, Robin y los suyos se vean obligados a plantar cara y defender a un pueblo desamparado de ley. Lo que sí me supuso una sensación rocambolesca fue el descubrimiento del padre del pícaro arquero y la famosa Carta Magna de los nobles a su monarca. Aquí la trama avanza a marchas forzadas y son las actuaciones las que mantienen cosas creíbles con otras directamente inverosímiles.
Con una fotografía preciosa y la buena mano del equipo creativo para las batallas en las elocuentes olas, Robin casi parecería una muy buena película si las secuencias se nos mostrasen de forma independiente. La lástima es que el hilo conductor flaquea, a mi parecer, los lores apuntan alto y su conspiración se esfuma y cuando vuelve a aparecer ya tenemos el liderazgo de Robin, aupado de la nada y sin que nadie objete. Una hermosa banda sonora (me ha llamado la atención de que no llamase a Zimmer, pero conste que Streitenfeld lo ha hecho muy bien) hace el resto. ¿Resiste esta epicidad no estar acompañada de palomitas?
La sensación que te deja ese final que debería ser el principio, es que hay muchas ideas buenas desperdiciadas, demasiados actores que merecían más y una trama amorosa que no llega a cuajar. A favor hay que hablar de la búsqueda de hacer una revisión del mito, una muy buena cinta alrededor del regalo... pero el resultado para tan maña inversión hace que te revuelvas demasiado de la butaca, algo malo pasa en una peli comercial cuando no te llegas a meter del todo.
O tal vez haya sido cosa mía, vayan ustedes a saber. De momento me limitaré a decir que Scott es un gran arquero, que acierta 9 de cada diez disparos...éste no era de los nuevos. A ver qué se saca del carcaj el genial cineasta la próxima vez.