jueves, 28 de enero de 2010

EL POETA COJUELO


Fue un hombre peculiar, polémico, deslenguado y brillante. Manejaba con soltura la espada, pero mucho más la ácida ironía, con devastadores efectos entre sus adversarios, que incluían a nombres tan destacados como Góngora, quizás el más erudito hacedor de versos de su tiempo.
Entre la amplia nómina de genios del Siglo de Oro Español (que, como curiosamente suele suceder, va de la mano con el inicio de la decadencia), no parece inapropiado que en este blog se estrene uno de sus exponentes más reverenciados, don Francisco de Quevedo. Y no, por supuesto que no soy un mago que se ha traído una fotografía del compañero de Alatriste en las obras de ficción de Reverte, sino que tenemos aquí al actor español Juan Echanove como él, en la película de Díaz Yanes.
Hoy prescindimos de sus afamados sonetos, que incluyen reflexiones sobre la vida, el amor, la muerte y sus conexiones por encima de la media de su época, que ya era de por sí de una gran calidad. Gracias a la generosidad e inifinita paciencia del amigo Chespiro, tornado en improvisado prestamista bibliotecario de un servidor, pude disponer temporalmente de "El Buscón", donde Quevedo se sumerge de lleno en la novela picaresca, excepcional producto que solamente podía nacer en zonas como Italia y España.
Como de costumbre, desde Justina al Lazarillo, el narrador será nuestro propio protagonista, en este caso el pícaro Pablos, un individuo nada recomenable. He leído críticas literarias, que, con mucho acierto, advierten que Quevedo en ningún momento tuvo apego por su criatura, es cierto que hay un desapego empático de nuestro antihéroe, pocas veces verán ustedes un escritor que sienta tan poco sentimiento por su criatura. Pablos es el vehículo par mostrar las cosas que Quevedo, sabio observador de los pecados de su tiempo, nos muestre realidades tan diferentes como el Santo Oficio, las novatadas en Alcalá, la carrera de Indias...
Todavía hoy la gente no se pone de acuerdo de la fecha exacta de su publicación. Algunos entendidos, con muchas más base que yo, que he arañado mucho menos de lo que debería en tan interesante artista, argumentan, que teniendo en cuenta la experiencia vital que demuestran estos tres Libros (en realidad no son libros, como bien saben, sino pequeñas acotaciones temporales de la historia, formando el triunvirato de la novela), son indicador de un autor en su plena madurez creativa. Es una hipótesi francamente aceptable, en realidad, la descripciones de perfiles y lugares son parcos, cuando no en ocasiones demasiado simplificados, para ir de lleno a donde Quevedo quiere poner la puntilla. También deja con ganas de más esa inconclusa promesa de segunda parte, ¿proyecto inacabado por otras empresas o por ser escrito tardíamente?
Un punto en contra de la obra, al menos desde la óptica de una persona bienintencionada del siglo XXI, es el fuerte sentimiento de estamentos que tiene don Francisco. Pablos, en sus felonías, aunque dista mucho de ser un triunfador, podrá sobrevivir con notable fortuna, incluso tras asesinatos, siempre que se mueva en el hampa que le corresponda... pero que Dios le coja confesado si quiere hacerse caballero o noble. Aquí, perdonen la impertinencia de poner un pero a un autor de este calibre, algo escapa a los ojos de Quevedo, y no, no por sus anteojos.
Nos referimos, claro, a cuando, tras pretender engañar a su prometida y futurible suegra, haciendo pasar su persona por lo que no es, Pablos se encuentra con Diego Coronel, un muchacho de familia noble del que había sido compañero de juegos. Aparentando ser el señor que no es, Pablos le convencerá de que el parecido (han pasado muchos años), es simple coincidencia, a lo que Coronel responde que está en lo cierto, que además aquel conocido suyo era el peor diablo que jamás existió, de madre bruja y padre ahorcado por ladron. Pues bien, este instante, que podría ser el más duro y descarnado de una obra ya de por sí no apta para muchas alegrías, es borrado de un plumazo por un Quevedo empeñado en machacar al "hombre nuevo".
Probablemente, en los primeros capítulos, la única amistad verdadera que mantiene desinteresadamente desde niño, para el amoral Pablos, había sido Coronel, ¿cómo reaccionar ante esa ingratitud, ese olvido de sangre de chanzas yconfidencias infantiles? El clímax está allí, Quevedo es tan bueno escribiendo que casi le sale sin querer, pero desaprovecha este diálogo que podía traer el verdadero choque de un mundo enfermado, de una sociedad que tiene miedo a admitir su fuerte ósmosis social, anclada en una limpieza de sangre virulenta. Pablos, por supuesto, terminara apaleado y derrotado en esta aventurilla. A los que nos gusten los fracasos en la ficción que identificamos así más fácilmente tras el brillo del espejo en la realidad, adoptaremos a Pablos, a pesar de sus mil deficiencias éticas. A su vez me parece admirable lo pillo que es insinuando el sexo, incluso con tabúes como la homosexualidad, siempre deja caer... pero te lo dice claro.
En cuanto al estilo no se puede sino hacer referenca a la "mala leche" que tiene escribiendo don Francisco, con unos juegos de palabras constantes y una sapiencia en el cambio de registro solamente apta para unos pocos elegidos. "Salió rodeado de cardenales sin ser Papa", en referencia a su padre saliendo de la cárcel, o, entre muchas otras, esta argumentación del Pablos niño a sus progenitores, haciendo alusión a que ya ha concluido su educación: "Y he descubierto que como para ser caballero solamente ha menester escribir mal, con lo que sé es suficiente". Luego están situaciones que parecen propia de la burla más estirada, tornarle galán de monjas, hacerle deambular como cómico... Aquí Quevedo se mueve como pez en el agua, deslumbrando y agilizando una narración que empezó un poco lenta. Igual que con su compañero de fatigas nacido en Tormes, el hambre será un espectro constante y que todo lo motiva, en truhanes y santos.
La sensación que he sacado tras leer "El Buscón", es de estar ante una grotesca parodia de la realidad, probablemente, la que hubieran hecho Berlanga y Azcona de haber vivido en la época de Quevedo. Precisamente Echanove(no, no era casualidad la foto, lo teníamos planeado de antemano), hacía estas consideraciones "Era un hombre que estaba en la Corte, pero también en la calle, en las tabernas...". Quizás, como he leído en la introducción de la novela de Chespiro, con las suficientes luces para ver lo duro de la vida, consciente de sus limitaciones físicas, misógino como suelen serlo los amantes no correspondidos, se creó aquel personaje rápido, verbalmente imbatible, sagaz, descanarnado y sin pelos en la lengua, solamente sin sacrificar su genialidad en el camino. Un poeta de los grandes. Un poeta cojuelo, desde Italia a la fría cárcel de Salamanca.

martes, 19 de enero de 2010



Título: Sherlock Holmes (2.009)

Duración: 128 minutos.

Nacionalidad: Estadounidense.

Género: Aventuras.

Director: Guy Ritchie.

Guionistas: Mike Johnson, Guy Ritchie y Anthony Peckham.

Basándose en: Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.

Reparto: Robert Downey Junior, Jude Law, Rachel McAdams, Robert Maillet, Mark Strong, Kelly Reilly, etc.

Banda Sonora: Hans Zimmer.

Fotografía: Philippe Rousselot.

Productora: Warner Bros.

Si alguna vez has tenido un contacto, aunque sea mínimo, con las novelas de Conan Doyle, vas a tu butaca con mariposas en el estómago. “Este Sherlock no es real, demasiado joven… y fíjate este arranque, ¿el Londres victoriano se ha tornado Jungla de Cristal?”. Pero a medida que va desarrollándose encuentras que Robert Downey Junior no queda nada mal, que tiene la perspicacia de Holmes, además, ¿acaso no tuvo que ser joven alguna vez? ¿Y Jude Law? Pasando por alto que con esa cara de galán de culebrón no le hace creíble como veterano de Afganistán, ha reforzado a un Watson que al fin ha encontrado el camino en sus versiones cinematográficas.
¿Qué puede explicar esta buena comunicación y casi frescura inesperada? No en vano, un buen amigo en el cine me susurró, “¿Has visto? House y Wilson ahora en Scotland Yard”. Efectivamente, parece que House ha sido poco menos que un modelo para esos diálogos chispeantes (me parece también un punto a favor que de vez en cuando Sherlock se equivoque, siempre que no pierda su soltura), pero era un claro quid pro quo, ya que el doctor más polémico de la televisión no habría tenido esa personalidad de no haber basado en el domador del perro de los Baskerville.
Pero bajo el artificio, ¿se ha conseguido? Teniendo en cuenta que Sherlock es el personaje más veces pasado a la gran pantalla (aunque Drácula está pugnando), ¿era necesaria esta película? Respuesta corta: No. Respuesta larga: No, pero es muy divertida. Abandonemos por un momento el cine de autor y la sensibilidad artística extremada, saludemos hoy en enero a la primera película que pasa por este blog si elitismos y reconociendo que es el producto palomitero que te da dos horas largas de montaña rusa sin compromisos ni grandes quebraderos de seso (aunque el misterio propuesto no es malo, pero los ortodoxos arquearán la ceja ante presencia de magia, pese a tolerar la masonería).
Y está muy bien envuelto con una banda sonora pegadiza (tremendamente poderosas las reflexiones de Holmes violín en mano), un rastreo en la red me ha sacado del supuesto milagro. Igual que en Batman, Piratas del Caribe, Gladiator… Hans Zimmer estaba detrás. Este compositor es un auténtico genio vivo, sabe meterse en la piel de los temas clásicos, crear propios y tener la esencia de lo que está trabajando. Quién sabe, quizás esta peli entretenida y sin pretensiones tendría menos nota de no contar con sus acordes maravillosos. No siempre hemos dado en este blog la relevancia necesaria a la banda sonora, no podíamos encontrar mejor ejemplo que Zimmer para empezar a resaltarla en su justa medida.
Un aspecto muy curioso que se debía tratar en esta cinta era la misoginia del principal aliciente de la misma, y es que, pese a ser noble en el fondo, Sherlock dista mucho de ser un feminista. Rachel McAdams nos rescata a un personaje querido y no especialmente explotado en las novelas, Irene Adler, interpretada por la serena y nada despreciable belleza de Rachel McAdams. La única rival femenina capaz de batir y engañar al maestro de los detectives, vuelve con misteriosas empresas a Londres, que parecen atañer al hombre que la olvidó… conservando su recuerdo. La tensión sexual es divertida y creo que los acólitos de Sherlock le gustará la fría distancia, casi platónica pero para nada inexistente. Nos hubiera decepcionado, por lo menos en la primera entrega (no se engañen, con el taquillazo que están pegando la Warner moverá Roma con Santiago por más sagas), un final feliz con beso y boda incluida. Irene, siempre en ternas tablas con su digno oponente, es un recurso eficaz, más allá de la mera compañera sexual para el aventurero de turno.
Queriendo darle unos pocos más bocados a Jude Law, afirmar que efectivamente, si nos olvidamos de su juventud, ha sido un más que digno acompañante, no solamente el nexo con el lector para que no nos incomode que Sherlock vaya ocho pasos por delante. Como ya hemos dicho, es el individuo inteligente y encantador que soporta al genio inabordable y que puede estar quince días encerrado en su estudio. Pero hay un problema, adorable, eso sí, Mary Morstan (perdón, quería decir, la futura señora Watson, interpretada por Kelly Reilly). Este obstáculo parece aterrar a Sherlock, no por sentimientos amorosos, sino porque quizás, como el niño malcriado que a veces simplemente… teme perder la convivencia con su único amigo de verdad. Pero pese a querer a su esposa, Watson no puede eludir el peligro, ¿por qué si no convivir tanto tiempo con ese excéntrico? Además, ¿acaso se ha aburrido?

Un inquietante Mark Strong interpreta, desde su misteriosa “resurrección”, al malvado Lord Blackwood. Es un antagonista que se sale al uso y hay que agradecer (pero no tema, apuesto a que el profesor Moriarty) su entrega y energía, no pudiendo castigar ciertos inverosimilitudes de lo que pasa a un actor entregado a su función de ser un firme antagonista. Quiero destacar que un analista que me gusta mucho, Joaquín R.Fernández (“La Butaca”) y un apreciado amigo, han coincidido sin saberlo, cada uno, a su manera, me lo vaticinaron (aviso spoiler): Igual que en Batman Begins con el Joker, el profesor hará su presencia de una manera u otra.

Lo que parece, al menos para los críticos más exigentes, no tener perdón ni humano ni divino, es la acción casi karateka que se ha imprimido en las diferentes escenas. Hay que agradecerle al señor Guy Ritchie a su equipo que han traído un Londres inquietante y convincente, donde además hay buenos guiños a la mitología del personaje, pero, parece que deseando agradar a toda clase de públicos, Sherlock (pese a todo Downey me ha gusta mucho como sabueso policial) se ha convertido en una especie de Indiana Jones (pelea con gigantón francés incluido). Son momentos divertidos y con las típicas gracietas que relajan a los espectadores, no vaya a ser que nos hagamos un lío entre tanta deducción.

Pero perdonando ese pecadillo, (del que casi se intentan disculpar colocando los bocadillos de pensamiento de Holmes, como si pegar tortazos fuera ahora algo matemático) lo único que enfurece realmente es la ausencia de otro de los rasgos trazados por Doyle que ha desaparecido: la adicción a las drogas del héroe. Es cierto, tienen una moral muy conservadora, tampoco es buena cosa que los jóvenes vean a un personaje de ficción de características positivas consumiendo estas cosas… pero lo que algunas personas me han comentado, y con mucho criterio, es que a veces asombra la falta de sutileza de algunos guionistas.

No pretendo con ello meterme con el triunvirato Ritchie, Johnson y Peckham, pero pensemos (esta sugerencia no es mía, es de Chespiro, reconozcamos licencias): ¿y si en las primeras escenas, Watson mira con aprensión al entrar y está en busca de algo? Sobrentendidos señores, algún ojo más rojo de la cuenta… cualquier cosa, pero no nos hagan a Sherlock políticamente correcto. Ahora vamos a discernir, ya para no abusar de su educada paciencia, la deducción y resolución:
1) Deducción: Es de agradecer a los guionistas y responsables de la tama pensar un crimen nuevo, pero haciendo referencias al rico legado de las novelas. Encantados de ello, quizás demasiados elementos esotéricos y un Holmes a veces transformado en Houdini. Pero lo cierto es que resulta interesante de resolver, aunque algún tramposo giro de tuerca, prácticamente cada vez más habitual, con la premisa: que al espectador le choque, aunque no le guste, pueda desvirtuar el camino. Con todo, Downey, Law y los inquietantes acordes de Zimmer nos mantendrán en vilo.
2) Resolución (no leer, por favor, los que no la hayan visto y tengan intención): Dejar con ganas de más. No sé a quién pretende engañar Ritchie diciendo que no hay nada pensado, esto huele a retorno por todo lo grande y a un feroz casting (voto por Hugh Laurie) para encontrar el Napoleón del crimen. Esto tendrá segunda parte, Irene debe ser más aprovechada y quizás, aspirar más a la hora de presentar el reto.

En conclusión, un simpático producto muy bien presentado, demasiado vacío para tratar del mejor detective del mundo (pero no se crean que muchas de las películas antiguas la superan) en cuanto a algunos contenidos, pero con una eficaz pareja de protagonistas, buenos secundarios y, que en futuras entregas deberá elevar el nivel exhibido en la presente, para alcanzar cotas mayores. De momento, creo que la nota más justa es un 6. Pero futuras entregas pueden recibir mejores calificaciones. Cordiales saludos.

martes, 12 de enero de 2010

EL SILENCIO MÁS ELOCUENTE


Por motivos ajenos al deseo de este modesto blog, el ritmo de producción se ha ido ralentizando, temiendo que se extienda durante enero y febrero, por motivos ajenos a mi voluntad. Quisiera en primer lugar desear a los/as que no lo haya hecho previamente, que estén teniendo una buena entrada de año y que comiencen el 2.010 con las pilas cargadas. Particularmente, siguiendo nuestro orden no escrito, hoy nos ocupa un programa televisiso, pero hay que traer vientos de cambio y hoy vamos a modificar ligeramente el enfoque. Nos encargamos hoy de uno de los últimos profetas que nos quedan, un romántico idealista que pretende una quimera... una televisión popular de calidad que se aleje lo más posible de lo convencional, pero lo peor para algunos... es que a veces lo consigue.


No hablamos hoy de "Ratones Colorados", "El Loco de la Colina" (en sus varias versiones), o cualquier otro espacio elaborado por muy diversos (y excelentes) equipos de grabación, ya fuera en Telemadrid, TVE o, actualmente, Canal Sur. Nuestra modesta reseña de hoy versa sobre el periodista Jesús Quintero. Bueno, o mejor dicho, presentador, reporter, director y totalmente... dueño y maestro de la entrevista, como le reconoció sin rubor Susana Griso, una de las reinas del share por las mañanas, tras acudir de invitada recientemente.


Quintero tiene el raro don de hacer que sus invitados permanezcan cómodos. Incluso traseros de mal asiento como Sabina se encuentran como en su casa ante el onubense, siempre bajo esa mirada inquisititiva y dando una elección a muchos ilustres compañeros de profesión, al dejar siempre el protagonismo en manos del invitado, tanto si era de sangre azul como nuestros entrañables "Risitas" and Company. En ocasiones, sus programas parecen haber basculado demasiado peligrosamente a la vertiente freak, pero, dudo que, como en ocasiones le han acusado, se haya reído de... parece de los que se ríen con.


Esto no le quita un duende travieso y una malicia innata a la hora de buscar las cosquillas a los más pintados. Teniendo a Paz Vega no pudo resistirse a: "¿Y cómo reacciona tu marido en esas escenas donde él lo pasa tan mal y el resto disfrutamos tanto?". Tampoco pudo librarse una estrella femenina del porno, casi en atuendo de trabajo, cuando antes de abrir fuego, la inquirió: "Siendo sinceros, ¿cuántos espectadores crees que te están mirand ahora a la cara?". No corran a llamarle machista porque tampoco actores y aristas con diferente cromosoma a las anteriores se han librado de las educadas impertinencias.


No siempre he seguido a pie juntillas su carrera, aunque lo respeto, el flamenco y la tauromaquia no casan demasiado conmigo, suelo desconectarme de sus duelos verbales cuando giran en ese campo. También he decir que cuando se ha enfrentado con estrellas deportivas, ese frío distanciamiento intelectual suyo no le ha permitido empatizar del todo con la sensibilidad de este tipo de temas. ¿Por que resaltó, a mi juicio, estas pequeñas lagunas? Pues porque en el resto roza casi la perfección. Esgrimista de primera, da igual estar ante Galeano o el escritor Antonio Gala (que no pudo si no contra-atacar, "¿Y usted por qué me pregunta eso?").


Pausado y contenido, Quintero ha estado no solamente con gente famosa y... extravagante, ha hecho su profesión en cárceles, donde ha entrado con gente poco menos que muy peligrosa. Ha jugado auténticas partidas de póker y ha mantenido sus faroles, sabe tirar de la lengua y conoce que si no aporta nada decir algo... no se dice. Sus cuestiones, cual Hércules Poirot, parecen dar vueltas en cícurlos, pero apenas pretenden hacer bajar la guardia, acercarte donde quiere y llevarte a su terreno. Cuando se ha encontrado con políticos de primer nivel (han estado desde Ibarra, pasando por Felipe González, Aznar, Bono...), ha tratado que su propia ideología (que la tiene, si duda) no le lleve a la impertinencia o a la caricatura.


"Si el jefe volviera y se diera una vuelta, viendo todo el tinglado que tienen organizada, ¿no sacaría de nuevo el látigo?", fue su descarada inquisición particular a una alta autoridad eclesiástica. Y eso que Quintero tiene algo de vena de sacerdote, tras escuchar mucho a los demás, no duda en lanzar su sermón o panegírico, cumpliendo aquella frontera del genio, el pesado, el filósofo y el aspirante a Demóstenes. Tiene oratoria su lengua y ha sabido rodearse de buenos ayudantes (¿qué hubiera sido de sus primeros años sin los guiones de José Borrego?).


Tiene también algo de actor, curiosamente su vocación frustrada, especialmente devoto de los escritos de Shakespeare, con todo, no puede quejarse del cambio, los premios de crítica se han continuado a lo largo del tiempo, mas algo mucho más relevante se ha mantenido en su casi inmaculada carrera... el cariño de la gente. Es curioso, pero la mayoría de lo que les admiran, apenas pueden decir que le conocen, sin ir más lejos, un servidor de ustedes, lo más cerca que ha estado fue cuando en un viaje a Sevilla mi padre me observó que había visto pasar a Quintero en un coche de caballos, manteniendo esa expresión entre Trajano y Adriano de hispano del sur orgulloso, pero amigo de lo cambiante y lo nuevo. La misma zona hispalense donde se ha salido con la suya al incentivar y ver crecer un nuevo teatro en una calle, al que han puesto su propio apellido.


Su última obra maestra la firmó hace poco, cuando el eco del crimen aún coleaba y uno de los responsables ya está en la calle, tuenti mediante, conseguía incluso insensata popularidad. El periodista andaluz se enfrentó cara a cara con la madre de la tristemente desaparecida Marta del Castillo. Entre tanto sensacionalismo, fines egoísticas de políticos y por supuesto, bromas de malgusto, Quintero volvió a dignificar la profesión demostrando estar a la altura de tan penosas circunstancias. Siempre ha sido de admirar en él que si el entrevistado/a ha sido divertido o humorista, se ha dejado llevar por la risa loca, pero nunca ha caído en clichés de exceso dramático, que tan mal quedan en el trato y roban protagonismo a lo que nos interesa.


Fue un diálogo de un ser humano excepcional, la madre de la muchacha desaparecida demostró una coherencia, lógica y sentido de la justicia capaz de hacer sonrojar a no pocos de nuestros ilustrados letrados. Quintero, lejos de mórbidos detalles, preguntó por sensaciones, sentimientos, pérdidas, nostalgia, justicia y... por la chica cuándo estaba viva. Eso que tan pocos parece haberles importado, pero, ¿cómo no hacerlo al hablar con una madre que apenas acaba de perder a una de sus hijas? Una falta de tacto que suele ser normal en un mundo violento. La entrevista se culminó en un clima triste pero cordial, apostillando Quintero, "Y dígale a su esposo que yo nunca pagaré o cobraré por una entrevista así". Lo mejor es que cuando él lo dice te lo crees.


Bufanda para cubrirse del frío, mil veces parodiado como suelen serlo los personajes de verdad, sonrisa discreta y carcajada medida, sigue impartiendo cátedra de aquella manera que solamente él sabe... y que nos dure muchos años. Esta televisión no abunda. Un loco de la colina, una voz en el desierto, un vagamundo, uno de ésos con el que cuando nos encontramos cambiamos rápido cruzando de acerao en vez de preguntarnos por qué tirita ante la helada. Ya fuera en radio o en televisión... digno de escucharse.

jueves, 31 de diciembre de 2009

DIBUJANDO DIEGUITOS Y MAFALDAS




Este blog se despide dibujando Dieguitos y Mafaldas, rindiendo homenaje al personaje estrella de un autor tan clave como Quino, aquel hijo de inmigrantes andaluces que desarrolló su infancia, talento y arte, en la siempre fecunda Argentina. Él mismo confesó que uno de sus dibujos más entrañables, el atribulado Felipín, se parece un poco a él en la Escuela, tímido, reservado, amigo de la última hora... pero a fin de cuentas, de los que cumplen a la hora de la verdad y con un buen corazón. Además, quien demonios no le ha plagiado alguna vez con la pregunta "¿Por qué diantres a mí me tuvo que tocar ser yo? "

La vida de Quino distó de ser tan humorística como la que reflejó en sus tiras, perdió demasiado pronto a sus padres y debe abrirse camino en el díficil mundo de las revistas y los suplementos de prensa. Cuesta pensar cómo llevará aquella agencia publicitaria y la empresa de lavadoras que lo contrató, no haber utilizado el boceto del personaje presentado por Quino, ya que poco después, sería una de las niñas más reconocida de los años 60 y 70 del siglo XX, un icono que tiene el mérito de permanecer en la memoria colectiva, pese al reseñable inconveniente de no ser de carne y hueso.

Teniendo en cuenta que no hay súper-amenazas ni súper héroes, tampoco villanas neumáticas, ¿dónde radica el encanto de esas pequeñas tiras? Probablemente en que pocas cosas hay más hermosas que la vida cotidiana en el arte si se logra plasmar con certeza, ironía y sentido del humor. Mafalda es un poco precursora de Lisa Simpson, salvo que en vez del jazz, la mentora tomó la senda de aquellos melenudos que fueron más conocidos que Jesús, The Beatles, algo, que por otra parte, le dio no pocas discusiones con su buen amigo Manolito, un muchacho de clase baja que se veía obligado a trabajar los veranos y con sus problemas en la escuela, pero bajo la fachada de bruto, de nobles intenciones (aunque está muy influenciado por su padre en el sentido de valorar la plata por encima de todas las cosas).

Conforme Quino, que no las tenía todas consigo, se fue dando cuenta del potencial del personaje, la fue rodeando de interesates añadidos, le daría incluso un hermanito. Pero me gustaría subayar su relación con la madre, y es que, aunque Homer dijera con muy mal gusto "Por ti seré más soso que Mafalda", hay una clara deuda de la relación Lisa-Marge con la que la precoz Mafalda (creo que salvo en el día de Reyes, no se toma nunca un respiro) tiene una tensión latente con la mujer que le dio el ser. No pocas veces discuten (sopa mediante), a la par que a la niña le lama mucho la atención la falta de inquietudes que en ocasiones la buena señora parece tener en comparación con ella, aunque a veces tiene intuiciones reveladoras (el sueño en que ella se le aparece con las cadens de la familia) que la hacen ser más agradecida y menos pedante, dándose cuenta de que a ella se le han aberto posibilidades que antes no tenían.

De su padre poco que decir, salvo que es Felipe de mayor. Tiene aires de buena persona y preocupaciones muy materiales y superfluas (es capaz de levantarse a las tres de la mañana e ir a ver si efectivamente su coche nuevo no ha sufrido un rasguño). Quiere a sus hijas y se aleja del estereotipo de padre descerebrado que hoy día tenemos por ejemplo con el gran Peter Griffin y quiere a su esposa, aunque puede ser muy pesado con las anécdotas militares. A veces parece que sus progenitores querrian que Mafalda fuera un poco más niña, más persona y menos cerebral. Pero eso sería traicionar demasiado su esencia. Quino no se casa con nadie, ni siquiera con la niña de sus ojos, aunque muchas veces la defiende como la voz del sabio profeta en el desierto, otras veces ridiculiza su feminismo a ultranza (llama a Felipe machista por jugar a un juego donde la reina puede pavonearse como un objeto por las casillas).

En cuanto a Némesis, si salvamos a Libertad que es muy parecida a ella (por cierto, no creo que sea casualidad que no conozcamos a su padre y viva en ese pequeño apartamento de su madre), no se puede obviar a Susanita, que si cobra un cariz opuesto a Mafalda. Entre el dilema de ser una gran diva o una señora de casa acomodada como su mamá, con alguna misteriosa pesadilla de matrimonio con Manolito (se detestan, pero como el perro y el gato, se necesitan) y un claro enamoramiento con Felipín (que me parece a mí que se hace más el sueco, ya que no es para nada tonto, simplemente vago, de hecho, es mejor jugando al ajedrez que cualquiera de las dos muchachas y por supuesto, que Manolito, que sí que es un hacha haciendo cuentas, sobre todo si son cestas).

En un elenco que es menos amplio de lo que parece, no podemos obviar a Miguelito, ese niño de pelo lechuga, salvando al adorable Guille, el más pequeño del grupo y que, como a todos nos gustaría, puede pedir un minuto de silencio en una alegre reunión para darse un abrazo: "Lo siento, pero añoraba tanto estar un rato conmigo". Además, es deslenguado en el buen sentido,puede llamar "antipátida" a la maestra por retarle injustamente. A veces me pregunto, ya que en sí la Historia de Mafalda no ha terminado, aunque Quino parece poco dispuesto a retomarla, pero ha dejado bien claro en entrevistas que mientras un personaje sigue vivo en la comunidad de lectores/as, su llama siempre prevalecerá. Además tiene su merchandasing, que no es monopolio de sagas norteamericanas, incluyéndose una serie de animación.

Imagino que al final a Manolito le va bien, que sacó sus buenos réditos y ha ampliado el mercado familiar, Mafalda de vez en cuando, entre café y café, le recuerda que ha abandonado su faceta espiritual, a lo que Manolito responde mirando el reloj y diciendo que las tres y cuarto. Actualmente tiene familia, aunque tuvo una noche loca con Susanita que los dos han disimulado ate sus amigos, aunque Felipe y Mafalda siempre sospecharon algo. Precisamente ellos dos también tuvieron su affaire, el chico siempre le estuvo agradecido por ello ya que gracias a sus enseñanzas aprendió al fin a hablar a las mujeres, aunque la cosa no acabó del todo bien, Mafalda sacrificó la relación por un trabajo en Europa, volvió pero no hubiera sido lo mismo, aunque le añora, es demasiado orgullosa para admitir nada, Felipe también la echa de menos pero ahora prefiere la amistad, y Susanita le sigue rondando desde su último divorcio, del que sacó sustancisos pisos. Guille sigue vivendo en casas de sus padres, que pondrían más presión para que se vaya, pero a fin de cuentas es agradable compañía y Mafalda es tan independiente que casi se agradece que alguien quede en casa. La única discusión es que a Guille le piden nietos, pero él se hace loco. Miguelito anda un poco perdido, sigue gritando "Mentira" cuando en su mente aparecen imágenes de su envejecimiento inevitable, aunque apenas se le han caído rubios cabellos y es un poco bohemio, se le han conocido ligues pero no novias, de vez en cuando se pierde pero luego temina volviendo al redil de sus amigos, sobre todo Mafalda, que le aconseja mucho y bien. Libertad se metió como Bogart en varias causas perdidas, en el bando de los perdedores, su activismo le costó muchas oportunidades, pero aupada en un taburete, puede mirarse todas las mañanas en el espejo, recompensa suficiente. Tiene también una hija, solamente su íntima, Mafalda, conoce el nombre del padre, pero no se lo ha contado ni siquiera a la chismosa de Susanita.

Feliz entrada de año a todos, aunque suene ñoño y como ya he puesto en mis otros blogs y espacios personales, que los mejores momentos de vuestro 2.009, apenas sean los peores del 2.010 que os va a llegar. Gracias especiales a Easmo, Elizabeth, Chespiro, Franchesk y a compañeros/as de mi clase que amablemente han seguido este modesto blog. Nos leemos a partir del año que viene.

Para los enamorados del personaje recomendamos el mítico (y voluminoso) tomo recopilatorio de todas sus aventuras y por supuesto, el magnífico sitio web http://mafalda.dreamers.com/, que además ha permitido hacer más completa esta entrada. Con admiración a Quino,




martes, 22 de diciembre de 2009

REGALOS DE REYES


Título:Drácula, el no-muerto.


Autores: Dacre Stoker e Ian Holt.


Editorial: Roca (2.009).


Me había prometido a mí mismo dejar un poco abandonado a cierto conde, que ya había monopolizado el blog a través de los cómics. No obstante, aparte de expresar opiniones, no deseo que esta humilde página pueda ser acusada de falta de sinceridad. Otras obligaciones me han impedido avanzar en las lecturas, así que ahora estoy aprovechando vacaciones, entre otras cosas, para ponerme al día con la palabra escrita que no es académica.


Así que, mal que me pese,de nuevo volvemos un poco a la mitología de Bram Stoker, ya que es el libro más reciente que he podido leer con el suficiente detenimiento cómo para poder realizarle una crítica justa. Evidentemente, trataré de que el próximo libro vaya de cualquier cosa (incluso de la cría del ganado soviético) que de vampiros. No obstante, pienso que a los lectores/as les podría gustar en la medida de que así juzgarán si es un buen regalo navideño para familiares, amigos y cía.


En primer lugar el envase cumple el cometido, entra maravillosamente por los ojos, escribo esto mientras tengo frente a la pantalla de mi ordenador una excelente reseña de esta obra efectuada por el señor Alfredo Álamo, en noviembre del 2.009, del magnífico lugar de Lecturalia. En ella pone el acento en la edición española, efectivamente, lo han hecho para vender descaradamente... y qué bien les ha salido. Sin querer hacer publicidad, ya si es del Corte Inglés como el capricho que me pude dar, encima te regalan un pequeño almanaque con lugares de algunos de los escenarios. En metáfora cinematográfica, sí, excelentes efectos especiales, pero, ¿cumple el argumento y las interpretaciones?


Pues bien, aparentemente juntar a un investigador de la figura de Vlad (aunque Stoker en ningún momento deja claro que su conde sea tal mito, aunque sí se insinúa) como Holt con un descendiente del propio autor original, parecía una combinación interesante, sobre todo porque el familiar daba acceso a archivos y viejos manuscritos de la pluma de tan ilustre antepasado, que además, es cierto que proyectó hacer una secuela del original. No es moco de pavo y se nota en un conocimiento profundo de lo que pasó en Drácula original, pero faltaría más en un trabajo artístico que quiere elevarse sobre la media, además han tenido un aparato publicitario muy bueno, superior a otros escritores que merecerían más predicamento.


Después de esta carta de presentación, afirmar que la estructura de capítulos breves, directos y de sugerentes puestas en escena me ha gustado mucho. Es ligero, rápido y con una prosa elegante, no estamos ante unos aficionados. El problema será cuando hablemos de los pérfiles de personajes. Lo lamento, pero ni bien ni mal, ¿cómo estaría Jonathan Harker más de veinte años después de su encontronazo con el malévolo rival de amores de su esposa? La respuesta: tantas como lectores hubo de la obra original. Al propio Bram le hubiera costado convencer, de haber publicado la segunda parte, que había algo en el horizonte y que era lógico, luego del apoteósico final.


Lo más original y elogiable me ha parecido la presentación de una antagonista de altura, sacada de la de por sí, no muy edificante y macabra vida de la condesa Báthory. Ella es la protagonista malvada real de la obra y en cierto sentido, mucho más temible que cualquier otro elemento. Es precisamente tras su rastro por parte del cazador Seward, superviviente del grupo original, que aún sigue trastornado por la pérdida de Lucy, dolor que comparte con el viudo de la misma, al parecer por culpa del transilvano, cuando vuelve el viejo espectro de Vlad.


El tratamiento de algunos de los antiguos héroes del relato general ha sido poco menos que durísimo, en especial Seward (interesante adicción a la morfina incluída) y por supuesto, Jonathan, sumido en el alcoholismo, las mujeres mercenarias del amor e incapaz de sentirse cómodo con su mujer, Mina Harker (sospechosamente resistente al envejecimiento) y a su rebelde hijo Quincy. El tratamiento a Quincy no ha gustado a todo el mundo, pero a mí, acostumbrado a caracterizaciones de un Harker Junior más adulto y experimentado, me ha divertido encontrarlo como un joven inteligente pero alocado, más preocupado por el teatro que por su carrera de Derecho. Precisamente esta afición le lleva a amistades peligrosas como la que mantendrá con el célebre artista rumano Basarab, que esconde un secreto (no lo voy a desvilar aquí, pero el supuesto misterio que debería ser un clímax, no llega a ser tal y las pistas son demasiados obvias).


Otra vez citando al atinado señor Álamo, decir que se nota a la legua que hay una visión comercial evidente en esta colaboración, lo cual no es malo de por sí, es legítimo querer ganar dinero escribiendo, pero hay demasiados elementos que él se digna a llamar hollywoodienses (para más IMRI, el tramo final parece ya lanzar guiños a los compradores de la idea para una futura película). También espantoso me parece dejar tan aberta una futura secuela de la secuela, queriendo seguir explotando la gallina de los huevos de oro. Drácula el no-muerto, en mi humilde opinión, hubiera ganado más como un what if y "señores, vamos a dar un final alternativo". Pero bueno, doctores tiene la iglesia.


Interesante si es el ejercicio de explotar los decorados reales que ese maldito psicópata, absurdamente aún hoy idolotratado por algunos como si mereciera la categoría de digno de pasar a la Historia, llamado Jack The Ripper. Esto permite varios cameos, a veces graciosos, otras bastante forzados e incluso el bueno de Bram se dejará caer por allí (por cierto que su descendiente podía haber sido más amable describiéndolo, lo cual yo me atrevería a calificar de una especie de ingratitud, sí, desconodido para el gran público en su época, con sus defectos, pero que este individuo cogió una idea que estaba purulando y aún hoy muchos viven de ella).


Categoría aparte merecen Abraham Van Helsing y por supuesto, Drácula. El primero, desde luego, no es"mi" Van Helsing, no es tampoco el que, yo creo que hubiera sido el de Stoker, pero señores, chapeau. Es un gran personaje el que plantean, un viejo terco fanático que parece querer devorar cada escena en la que sale. Además, le plantean un lado oscuro (al estilo Coppola) que no está mal, no es lo que otros hubiéramos hecho, pero, si funciona... funciona. Drácula va aparte, es interesante, más ablandado que en otras versiones, con un estilo en ocasiones de defensor romántico de causas pérdidas al estilo Crepúsculo que pueden estar bien en un producto popular para adolescentes y románticos, pero que no encaja con las muchas otras facetas de la tenebrosa criatura, capaz de seducir, sí, pero también de destruir.


Es jugoso el triángulo Mina (excelente personaje femenino, siempre lo ha sido y siempre lo será si está bien llevado)- Quincy (de menos a más, aunque le faltó una guinda en la decisión final, aunque a mí me ha gustado y hasta caído bien) y Vlad.


En definitiva, un práctico regalo si el receptor que pretenden tiene cierto apego por la novela gótica, a pesar de que esté aderezada con una estética cinematográfica, lo cual no es malo, pero es una estructura en este caso que parece impuesta a "queremos vender cuanto antes". Abierto, ameno, se deja y se retoma con fluidez... pero creo que con las re-lecturas, es un excelente ejercicio de técnica y ejecución, pero que deja un poco frío en el sentimiento. Drácula el no-muerto es un invitado correcto y educado que está en el salón, pero que se recoge demasiado pronto, no dando todo lo que podía de sí.


A raíz de ello, juzguen ustedes, como siempre... suya es la última palabra.

sábado, 12 de diciembre de 2009

EY, SABINA




Desde que Lucifer le nombró maestro de ceremonias, San Pedro anda con la mosca detrás de la oreja por falta de clientela nueva. Más viejo y cansado, ahora sí que empezamos a creer aquello de que es la última gira. Córdoba La Llana acogió en el Polideportivo a uno de los letristas más afilados, a uno de esos elegidos que ya empieza a tener la voz tan quebrada como un papel de fumar, pero que sigue siendo aquel mismo sabio, que para hacer poesía, solamente tiene que mover los labios.




Como según sus declaraciones anunciaban, Olga no se encontraría en este viaje, presa de los suaves lazos de la maternidad, pero del bombín se nos sacó Joaquín la preciosa voz de Mara Barros, el toque de amazona imprescindible, La Malinche que necesitaba el descanso del guerrero de un ya veterano Hernán Cortés.


Entre muchísimos temas clásicos ("Por el Bulevar de los sueños rotos", "Princesa" y un amplio etceterá, que yo creo que el público abarrotado se ganó por saber tararear cada una de las letras), por supuesto estaba la nueva, "Vinagre y Rosas", que ha nacido fruto de la simbiosis de nuestro artista com Benjamín Prado. Existía el fundado temor de que ya viniera desganado, pues él mismo apunta ser ahora más aliado de teatritos íntimos, que los últimos discos nunca son los mejores para el tópico... pero es que hay excepciones a la regla.


Y por supuesto no lo hace solo, tiene una máquina perfectamente engrasada y si, me permiten el argot futbolístico, un equipo tan bueno y experimentado en todas las circunstancias que el entrenador se puede permitir salir a fumar o a tomarse un Cola-Cao si se le antoja. Con gente como Pancho Varona es más fácil tener cubiertas las espaldas, Antonio García de Diego es un seguro de vida a todo riesgo, Jaime Asúa da el ritmo y José A. Romero la clase. Perdón si me dejo a alguien. No se echó en falta a El Maestro mientras interpretaban "El caso de la rubia platino" y ése es el mejor piropo posible, que no se notase.


Cantos a la Magdalena incluídos, fueron dos horas y media realmente emocionantes. Incluso la parte más rutinaria de un concierto, la cola y espera, se hizo ligera gracias a la excelente compañía de la que uno tuvo la suerte de rodearse y a la que estoy agradecido, como espero que notasen. Hubo mucha complicidad en el público y eso es de agradecer, el mito de Cordosiesa se quebró por una noche donde nos dieron las diez, las once, las doce...sin problema alguno. "Pasado mañana tengo un concierto en Madrid, venid y así no tengo que cantar", afirmó medio en broma, medio en serio al ver la memorística capacidad de algunos espectadores/as.


Aunque era díficil de adivinarlo, posteriormente, repasando lo vivido, dio la impresión de que todo estaba pensado de antemano, incluso que adivinaron que le íbamos a tararear como lo hicimos: "Ey Sabina, así no se termina". Y no acabó así, nos regaló, bandera pirata incluída, no pocos temas más. La entrada al concierto pareció cara hasta que se llegó al concierto y eso es fundamental. Alejados del merchandising (bastones, camisetas, etc), hubo magia, de la buena, de la de verdad...
Tener la oportunidad de ver en directo a un genio en lo suyo y a su equipo. Lo nuestro duró... lo que dura dos acorde de chelo en un pabellón de rock... porque Sabina no podía irse sin esa pizquita de Rock, porque aunque él no lo sepa y tenga mil incongruencias, nunca se ha resistido a cantar el blues... de lo que pasa en su escalera.
PD: En la próxima entrada vuelven los libros, perdón por la intromisión, pero un suceso de rabiosa actualidad ha requerido saltarse el formalismo.




martes, 8 de diciembre de 2009

WHATEVER WORKS



Título: Si la cosa funciona (Whatever Works). 2.009.

Duración: 92 minutos.

Director: Woody Allen.

Guión: Woody Allen.

Fotografía: Harris Savides.

Música: Variada.

Reparto: Larry David, Evan Rachel Wood, Henry Cavill, Patricia Clarkson, Michael McKean, Kristen Johnston, Ed Begley Jr., Cassidy Gard, Lyle Kanouse, Steve Antonucci, Chris Nunes, James Thomas Bligh, etc.

Productoras: Sony Pictures/ Wild Bunch/ Gravier Productions.

La actualidad en su momento de Ágora y otros estrenos han retrasado esta crítica más de lo que al autor de este blog le hubiera gustado. Fiel a su cita anual con su legión de aficionadas y aficionados, Woody Allen se pone el mono de trabajo y le encontramos contando una vieja historia, una de las de toda su vida… y nos encanta. Desde los que le acusan de repetirse (los puntos básicos de esta trama no se alejan demasiado de Annie Hall o Es como todo lo demás) a los que le prefieren aquí que haciendo aventuras como la inglesa, diciendo que ése no es su Woody, a pesar de que la recompensa fuera alguna ópera espléndida como Match Point.
Particularmente creo que quitando esos extremos, la gran mayoría nos situamos en el centro. No nos disgusta que a veces Woody use otros frentes para desarrollar su innegable talento cinematográfico, pero siempre agradeceremos esta visita más o menos regular a sus raíces, a sus preocupaciones de los temas universales (el sexo, las mujeres, la felicidad, el trabajo, el miedo a la muerte… el sexo, las mujeres, no os olvidéis del sexo, los hombres, las mujeres…) que le preocupan. Citando al protagonista de esta cinta, el gran Boris, desde los aztecas pasando por los romanos, todos se preocupaban por lo mismo, el colegio de sus niños, el precio de la fruta… y al final, ¿qué? ¿De qué diantres les sirvió?

Ése es el drama de este hombre, un tipo muy curioso, antaño un hombre de ciencias muy importante que fue capaz de coquetear con el Nobel, pero que terminó arruinando su matrimonio, su relación con su hijo y su prometedora carrera por su pánico, fobias y ante todo, la conciencia de lo vacuo que es todo. Ahora, Boris es uno más de esos personajes de Woody, amigo de los diálogos rápidos y terriblemente ingeniosos, hasta lo diabólico, cuyos mejores días han pasado y al que la vida que aborrece no tiene nada que ofrecer. Pero claro, siempre hay sorpresas, por mucho que esgrima la teoría de la cuerda.

Aunque muchos soñaban (soñábamos) con que Woody apareciera de nuevo en pantalla, creo que no se pueden quitar puntos a esta película porque no salga. Ya nos ha convencido de que, misteriosamente, no es creíble que aparezca como el novio de Scarlett, ahora, parece demasiado cansado para volver a meterse en esos berenjenales. Personalmente nunca he sabido si Woody Allen es un gran actor o no, pero siempre me he reído con él mucho cuando ha salido. ¿Acaso podemos medir a Laurel y Hardy, Cantinflas, Chaplin, Groucho, Buster u otros privilegiados por esos parámetros?

Pero el sustituto es de altura y está vinculado a otro producto que nos hizo reír a mansalva, la genial serie Senfield, Larry David. David caracteriza a la perfección a un personaje al que deberíamos odiar, pero con el que terminamos identificándonos. Tiene una curiosa cojera producto de un intento fallido de suicidio, como buen personaje alleniano, que acompaña con una mala gaita digna del Doctor House, otro ilustre, junto a Francisco de Quevedo, bocazas con tendencia a llevar razón en el contenido y hacerlo mal en las formas. Por ejemplo, en los episodios ajedrecísticos, creo que el guión de Woody se deja tentar demasiado por la estética de la serie del doctor cascarrabias y allí Boris no parece ni simpático ni chocante, simplemente un cabronazo (con perdón del respetable). Asimismo, no tiene sentido insistir tanto en lo de su divorcio y su hijo si finalmente no piensa volver a utilizarlos el guión en toda la película.

Afortunadamente para este lobo solitario, se cruza en su camino una noche una joven indigente, llamada Melodi y que viene del profundo sur (así que esto le va a permitir a Woody insertar no pocos chistes tópicos). Melodi es interpretada por Evan Rachel Wood, quien tiene una evolución constante a lo largo de la película, gracias al savoir faire del director pero sobre todo por ella misma, avanzando a pasos agigantados gracias al aprendizaje cascarrabias pero sensacional que sin querer, el propio Boris le irá dando.

Melodi rompe la ecuación de cotidianeidad de Boris, esta adolescente se entromete en sus planes y le traerá situaciones que recuerdan en ocasiones a Play it again, Sam. La duración de la película ayuda a que no se haga pesada y cumple la estética del teatro, muchas situaciones transcurren en el piso de Boris, donde amigos y familiares de Melodi tienen apariciones propias de Broadway. Como no podía ser de otra manera, se cruza entre ambos la flecha de Cupido, algo maravilloso… salvo por la diferencia de edad, otra constante en el estilo de hacer las cosas del genial judío.

La eficaz Patricia Clarkson (a quien particularmente ya conocía por su buen hacer en otra gran comedia, Frasier), interpretará a la madre de Melodi, que viaja hasta la Gran Ciudad para encontrarla. Sin quererlo, su odiado yerno le provocará cosas en qué pensar y propiciará un giro de trescientos sesenta grados en su remilgada y apocada vida. Igual que en Y todo lo demás, el piso vacío de Boris va llenándose de gente, en ocasiones a cual más esperpéntica, que trastocan sus planes, mientras lenta, pero inexorablemente, se va alejando de su relación con Melodi. Para colmo de males, le saldrá un duro competidor en un joven actor que vive en un puerto, interpretado por Henry Cavill (de quien ya hablamos en The Tudors), a quien ellas y también algunos de ellos adoraran, pero los que vamos con Woody veremos como una infame amenaza, aunque comprendemos finalmente lo que pasa.

Conforme avanza la cinta, ganaremos en personajes y estrafalarios y actuaciones divertidas, como la de Ed Begley Junior, caracterizando al padre de Melodi, quien también decide dejarse caer por el apartamento buscando a la muchacha sureña. Esto no quita que no nos topemos con algún inconveniente. El personaje de Evan Rachel va perdiendo fuerza, si bien tiene algún momento maravilloso (cuando le cuenta a Boris cosas de s antigua vida, desde sus creencias al desparpajo con el que le narra como perdió ella la virginidad), conforme nos acercamos al desenlace, carece de la magia que por ejemplo si tuvo Diane Keaton en Annie Hall. No me termina de convencer la despedida que los dos encuentran y algunos gags del final de la torpeza de la adorable muchachita dan que pensar que incluso el maravilloso guionista aún tiene cicatrices que no han suturado del todo con el bello sexo.
Que lo que he dicho, mera suposición y con la que no mucha gente va a estar de acuerdo, decir que Allen me parece más en paz que nunca, como demuestra la interesante versión de Nochevieja que nos presenta en el desenlace que, como siempre, quedará en el anonimato para los que aún no hayan podido ir a verla y tengan intención. Ha llegado a un punto de aceptación a todo lo que pueda hacer feliz a una persona sin fastidiar al resto que es muy superior a lo políticamente correcto a la farisea tolerancia que algunos pregonan.

Asimismo me agrada un pequeño guiño que se hace a sí mismo, igual que es capaz de burlarse de sus miedos y mil manías, Boris y Wood comparten otra cosa. Igual que diría otro personaje de ficción genial, llamado Tony Soprano “Lo que diferencia a unos y otros no es nada, simplemente tener la capacidad de la visión de conjunto”.

Hace nada que hemos disfrutados de Whatever Works y ya estamos expectantes de nuestra nueva cita con uno de esos artesanos que debemos aprovechar mientras esté con nosotros.