lunes, 13 de julio de 2009

TELEVISIÓN ESPAÑOLA DE CALIDAD

Cuesta pensar teniendo en cuenta el triste panorama que generalmente asola (con muy notables excepciones), imaginar una televisión en perfecta comunión con el noble arte del teatro. Pero sí, ocurrió, en plena década de los años 60. Cuesta imaginar que en un panorama de cultura general tan pobre como suelen ser los de todas las dictaduras, sobresaliera esta pequeña joya, en una época que ahora mismo nos parece el Paleolítico, cuando no había centenares de canales a disposición, tampoco vídeos para grabar y mucho menos posibilidad de reposición.
Amparado en la sencilla premisa de representar grandes clásicos de la Historia (desde el Julio César de Shakespeare a una obra de Calderón de la Barca), este formato semanal se mantuvo durante muchos programas dando una calidad media muy por encima de la media. Espero que no sea ningún absurdo nacionalianismo, pero que objetivamente hablando es mucho más enriquecedora la visión de Calígula ofrecida por José María Rodero que la polémica producción americana, que a pesar de contar también con un magnífico reparto terminó siendo una descompensada mezcla de erotismo, porno e historia, por culpa también del pulso de la productora con los financiadores del Playboy.
¿En qué radicaba la longevidad del proyecto? En primer lugar, creo que todo el mundo coincidirá en que se trató de juntar uno de los más fuertes planteles de actores y actrices, de lo mejor de la cantera española. El ya citado Rodero, un actor de temperamento y versatilidad, la poderosa figura de José Bódalo, jóvenes promesas como Sancho Gracia o Paco Rabal, actrices de la talla de Irene Gutiérrez Caba, la secundaria de lujo María Luisa Ponte, una jovencísima Gemma Cuervo.
A nivel de sonido y maquetación, a ningún espectador/a de nuestro tiempo escaparán los muchos fallos que presentaba, o mejor dicho, lo mucho que han mejorado los medios en este sentido. Pero hay sensaciones que nunca mueren y determinadas obras necesitan más el cómo se dice que dónde se dice. Por ejemplo, existe una maravillosa película de Henry Fonda, Doce Hombres sin piedad, que tiene su correspondiente versión en estudio 1. Aunque ambas son dos obras maestras, la española tiene el impresionante acierto de no mostrar en ningún momento la cara del acusado (algo que la película americana sí hace, para más IMRI, un joven que probablemente sea inmigrante). Basada en la pluma de Reginald Rose, la cinta producida por Gustavo Pérez Puig brinda un vibrante duelo de "quién es todavía mejor aún" entre Rodero y Bódalo, acompañados de algunos de los mejores secundarios del cine español (Manuel Alexandre, Rafael Alonso...).
Otra obra que no necesita de grandes efectos especiales es la macabra "Las Brujas de Salem", un perfecto ejemplo de cómo las supersticiones, la paranoia, la envidia y el rencor pueden asolar la vida del más tranquilo pueblecito. Apenas dos muestras de un botón amplísimo que ha hecho que estudio 1 sea recordado con la nostalgia de "todo tiempo pasado fue mejor", algo que a todas luces no es verdad.
Los actores de estudio 1 no fueron máquinas ni mucho menos. Ismael Merlo aparte de un artista como una casa, no dudaba en basar la fuerza de su personaje en estar resfriado ya que él por su parte tenía un constipado, como también se permitió tras acabar un acto de "La Casa de Bernarda Alba" tras un emocionante monólogo: "Pues cuando tengo bien la voz esta escana sí que es la hostia y no ahora". Bódalo por su parte, era un futbolero empedernido, un hombre entrañable, tras el aspecto colérico que mostraba en trabajos como "El sastre". También hay rumores de que algunos de ellos estaban tan "sobrados" que incluso practicaban los ensayos con un trasmisor.
Otros eran auténticos divos como era el caso de Rodero (era muy bueno y lo sabía) y otras entrañables como Irene Gutiérrez Caba, que incluso pedían mil y una veces perdón cuando se les ecapaba pisar la más mínima frase de un compañero/a de reparto, por secundario que fuese. Actualmente, se está poniendo a la venta algunos de estos DVDs en formato DVD, acompañados de documentales sobre algunos de sus más significativos protagonistas (Jesús Puente, Luisa Ponte, el clan de los Merlo, los Caba...). Es una buena oportunidad para algunos de revivir y para otros (entre los que me incluyo) de descubrir esta época pasada, realmanete elogiable.
Aunque los últimos intentos de TVE de revivir este formato han caído en desastre de audiencias, cabe preguntarse que si ahora hay más medios, sigue habiendo buenos actores y actrices deseosos de una buena oportunidad y las obras clásicas (y las menos clásicas) siempre piden ser representadada, what´s the matter? Que dirían los angloparlantes.
Esperemos que no hay que esperar otra vez varias décadas para ver esta forma de hacer televisión.

viernes, 10 de julio de 2009

PAFMAN



Título: Pafman.

Guionista/Dibujante: Joaquín Cera.

Año: Desde 1.980 hasta 2.009.

Editorial: Originario de Bruguera, actualmente en TOP Cómics.


No está el panorama fácil para cómic español. La crisis económica generalizada en todos los bolsillos ha provocado que en las tiendas, el espacio de las estanterías sea cotizado en una feroz lucha donde solamente los más aptos, o mejor dicho, los más conocidos, sobreviven. Vamos, básicamente que si Mortadelo o Superman se resfrían, la gripe se puede llevar para adelante a personajes menos populares.

En éstas anda el personaje de Joaquín Cera, Pafman. Como su propio título indica, nos enfrentamos a una parodia de Batman, aunque cualquier parecido con El Señor de la Noche es pura casualidad. Sobre todo en el uniforme, que finalmente Cera se ha visto obligado a cambiar para evitar problemas por derechos, a partir de ahí, el supuesto carácter de súper-héroe de nuestro protagonista solamente sirve a su autor para justificar su sentido del humor absurdo y su forma de narrar las situaciones, con sátira, acidez y buenas dosis de crítica social si se sabe leer entre líneas.
La andadura no ha sido nada fácil para este defensor de Logroño City (sí, cada uno pone el marco geográfico de sus personajes donde quiere), pues comenzando en revistas como Mortadelo o Súper-Mortadelo, Pafman apenas podía contar con dos o tres carillas. Sin embargo, aunque no a la altura en aquellos momentos de Jan, Ibáñez o Escobar, una vez superados unos timoratos inicios donde ni siquiera se ponían de acuerdo los coloristas, Pafman fue cogiendo ritmo. Especialmente en “El caso de las Gafas Churrifocales”, el estilo esperpéntico y alegre de los cómics empezó a destacar. Los principales puntos de acierto fueron dar más comba a Pafcat (éste si que tiene poco que ver con Robin, básicamente un gato, aunque a veces él mismo ni es consciente, que sería como fusionar a Garfield con un personaje de Siete Vidas) y el gran antagonista de los personajes, El Enmascarado Negro (prueba de diseño simple y efectivo, fácilmente reconocible, que aún sigue haciendo la puñeta en los nuevos números).

Al contrario de lo que suele ser normal, el dibujante novato no se caracterizó precisamente por ser un imitador de lo que ya estaba sucediendo, siguiendo el estilo de una nueva hornada de dibujantes de Bruguera, entre ellos su buen amigo Ramis (autor entre otros de Sporty), marcó un nuevo paso, de cómics diferentes, con un sentido del humor personalista, quizás en ocasiones con más bromas internas de la cuenta, pero que generaba atención entre tantos personajes y autores que iban desfilando con pocas oportunidades en cientos de páginas. Mientras, Cera, utilizando a un personaje compartido con Ramis, Mafrune (un tipo calvo, con mostacho fascista, gafas y misteriosa tendencia a aparecer en calzoncillos), insertó a Pafman en la comisaría de policía, dando mayor margen de maniobra y escenarios al personaje.

Pafman probó suerte con más pena que gloria en varios números para él en exclusiva de la colección Olé. Aunque algunos de ellos como “El Asesino de Personajes” tenían una calidad muy por encima de la media, su acogida en el mercado fue bastante escasa. Todo lo contrario que los divertidos personajillos alienígenas que creó conjuntamente con su amigo Ramis, los Xunguis. En un principio orientados a un público adolescente e incluso con ciertas tramas que podían divertir hasta el adulto, la verdadera mina de dinero para los dos autores ha sido enfocarlos a libros estilo ¿Dónde está Wally?. En realidad, ha sido la gran fuente de financiación para ambos artistas.

Pero hace unos años, tras haber caído en un relativo olvido y por problemas personales (Cera vive y se ocupa de su madre, mujer ya de avanzada edad), se volvió a hablar de ellos. Intentó de nuevo junto al inseparable Ramis hacer una re-versión de los clásicos Zipi y Zape, del tristemente desaparecido Escobar, aunque la modernización no sentó bien a los personajes, a pesar de que el dibujo era de un calidad alta.

De nuevo suscitando interés de la editorial, Cera recibió permiso para recuperar a algunos de sus personajes. Desgraciadamente, solamente se trató de Pafman, otros realmente memorables como Paconstein siguen en el baúl de los recuerdos, pero mereció la pena por el re-diseño. Desde el primer momento, se trató de un bautismo de fuego, se introdujeron nuevos personajes (la sobrina de Pafman, Tina, recordad que se pueden tener sobrinas sin tener hermanos, como el Pato Donald) y se hicieron aventuras más largas. En algunas como la que transcurre en Estados Unidos, aparte de dar un gran repaso a la América del Norte era Bush, demostró un gran dibujo, un lápiz detallista al extremo.

Combinando viejas fórmulas (recuperar al Enmascarado Negro y cía) con nuevas (el delicioso viaje en el tiempo titulado “1.944), Pafman asoma en TOP Cómics como una de las grandes alternativas en cuanto a Súper-López y Mortadelo, a quienes homenajea en repetidas ocasiones, a la par que hay guiños a su buen amigo Ramis. Si hay que quedarse con algo sería los delirantes diálogos (“Alien voló sobre el nido del cuco” según Pafcat cuando un extraterrestre poseyó al profesor Fu-Yú o “Dejadlos, era mejor para ellos, de haber seguido evolucionando habrían creado cosas terribles como la bomba atómica o el requetón”, Pafman dixit para justificar su genocidio de un planeta de los simios).

Aunque está siendo un placer disfrutar de Pafman durante un período de varios años y a pesar de que los seis tomos se antojan menos de los que debería haber, la editorial y Cera comenzaron con buen pie. Pequeños extras como recopilar las viejas historietas de Pafman fue un detalle excepcional en los dos primeros números, pero desde entonces parece haber bastantes rupturas. Al contrario que otros dibujantes más personalistas con su obra, Cera parece bastante desvinculado de la política editorial, sobre todo en el formato y precio (de hecho ha lanzado alguna pullita bastante divertida en sus cómics con respecto a eso).

En definitiva, uno de los personajes más singulares y prometedores del universo de ficción nacional está en una encrucijada, de la que esperó que vuelva a salvarse y no haya que esperar siete años para volver a disfrutar de sus desventuras, pues Cera merece la pena por su intuición y originalidad (aunque en algún foro internaútico se le quiso poco menos que matar por copiar en una ocasión un chiste clásico de la mítica serie Dragon Ball).

Como suele suceder con este tipo de cuestiones, Pafman está oscilando a convertirse en una comedia humorística semi-desconocida pero de culto, pues a quienes gusta, gusta mucho. Es muy recomendable bucear por el Foro de la TIA donde incluso el propio Cera se deja caer de cuanto en cuanto y hay opiniones tan interesantes como las del amigo Chespiro, que de tanto en cuando se deja caer por allí.



sábado, 4 de julio de 2009

LA SOMBRA DEL VIENTO

Título: La Sombra del Viento.

Autor: Carlos Ruiz Zafón.

Ediciones: Varias. Primera aparición en 2.001.

Si puedo ser sincero, me he quitado una espina. Con unos ligeros ocho años de retraso, pero así lo he hecho. La Sombra del Viento era un título que conocía, vaya que sí, generalmente cuando el individuo de turno te apostillaba: “¿Cómo? ¿Aún no lo has leído?”. Ironías del destino, este súper-ventas mundial, traducido a más de 6 lenguas y auténtico bombazo editorial, pasó desapercibido entre mis manos, no de las de mi madre, cierto, pero allí lo tenía en la lista de “pendientes”, sin saber lo que según los demás, me estaba perdiendo muerto de aburrimiento en mi estantería.

Con el tiempo, los comentarios iban haciendo mella, no pocas personas de mi entorno lo consideraban uno de sus libros preferidos y ya fastidiaba que hasta cuando le preguntaban por ejemplo a un jugador de la ACB cuál era la mejor obra que había leído últimamente, salía la siempre nombrada La Sombra del Viento. He de admitir que solamente por llevar la contraria, la primera oportunidad que le di a un libro del señor Zafón fue al Juego del Ángel, su segunda obra. Fue la primera vez que me encontré cara a cara con el Cementerio de los Libros Olvidados, presente de momento en toda su producción como gran eje.

Sin saber que era en cierto sentido la segunda parte de este libro, lo cierto es que mi impresión fue muy positiva. Este verano, finalmente me he reconciliado conmigo y creo que el resto de la comunidad global mundial me perdonará por mi retraso, al fin he saldado la deuda con este libro. Nombres como Daniel, Julián Carax, Fumero, Bea, La Bernarda, Fermín, Barceló y un ilustre etcétera ya tienen en mí un efecto mental, mérito de su arquitecto, el escritor que les dio vida y les convierte en personajes carismáticos, malvados, entrañables, pomposos y siempre sorprendentes.

El primer atractivo es el carácter misceláneo de todo, hay un poquito de suspense, muchos dramones amorosos, pinceladas de novela histórica, un marcado carácter gótico… Esto hace que capte a mucho público, eso es un sentido avispado a la hora de saber venderse. El estilo es tramposo, pero no lo digo como algo negativo, sino como mérito, igual que las grandes películas de suspense, hay un fuerte deseo de todo lector/a que se enfrenta a este juego de adivinanzas de no tener la respuesta hasta el final. Yo no lo adiviné, entre los que conozco, tampoco me han llegado noticias de nadie que siquiera intuyera cómo iba a acabar todo, al menos hasta pasadas las quinientas páginas. Eso sí, tengan claro que Zafón sabe perfectamente donde quiere llegar.

Admitiendo eso, que posee personajes absolutamente entrañables como Fermín por ejemplo, o fascinantes como Carax y que es sumamente fácil identificarse con nuestro narrador, Daniel, podemos, admitiendo siempre la calidad de este libro, ¿está sobrevalorado? Pasados los efectos de su éxito y el shock que supuso, ¿no presenta errores? A la segunda pregunta hay que darle un rotundo sí, a la primera en mi opinión hay que decir no, merece los bien ganados laureles. Otra cosa muy distinta es hablar de cómo se debe afrontar el futuro, ¿qué hay peor para un autor que sobrevivir a su obra maestra? ¿No estará todo lo que haga en adelante en seria desventaja?

El punto negativo del libro es, en contadas ocasiones, los diálogos. Lo digo en serio, aquí sé que mucha gente dirá que cómo es posible, pero si son lo mejor de la obra, e incluso podrán citar algunos de los más brillantes e ingeniosos de memoria. Sin lugar a dudas, no lo niego, pero, Zafón en mi opinión tiene un defecto, con todo el respeto del mundo, incluso su personaje más tonto parece tener una cultura general de sobresaliente. Que Carax o Daniel puedan tomarse licencias poéticas entra dentro del juego, pero parece que arrastran al resto, Nuria Monfort, Miquel Moliner o el propio Fermín, llegando hasta el exceso. Cuidado, que en mi opinión esto también le pasaba a uno de los mejores (sino el mejor) dramaturgos de la Historia, Shakespeare, ¿alguien recuerda algún personaje suyo que hablase con alguna incorrección gramatical o no estuviera bien formado en la Cultura Clásica?

La concatenación de misterios y cajas de sorpresas está bien llevada, en momentos sentimos la tentación de pensar que nuestro narrador se va a equivocar y cometerá incongruencias, pero se pasa la prueba con nota, aunque el amplio desfile de personajes puede llegar a obligar a esfuerzos de memoria muy notables, como también pasa con otras obras muy vendidas como El Ocho o su secuela, El Fuego. Simplemente resignación y mucha atención leyendo, es mi aviso para todos aquellos que no lo conozcan aún, aunque desde luego es parco precio por volver a tener la maravillosa sensación de sorprenderse leyendo.

¿Qué hacer cara al futuro? Lo cierto es que con la perspectiva de los dos últimos trabajos del autor (La Sombra del Viento y El Juego del Ángel), aunque resulte tentador, mi consejo de todo corazón y con admiración es que Zafón procurase alejarse un poco del fascinante marco del Cementerio de los Libros Olvidados. La idea es buenísima y se maneja perfectamente con el linaje de los Barceló, pero en ocasiones, como dijo Ken Follet, cuando te sale un libro muy bueno, un escritor sentirá la fuerte tentación de repetir el esquema una vez al año, sabiendo que muy mal se deberá dar la cosa para que por lo menos no se igualen las ventas del anterior.

Un escritor que demostrado la versatilidad de géneros de Zafón está perfectamente capacitado para abrir nuevos frentes… por muy tentador que siempre sea retornar a Barcelona.

miércoles, 1 de julio de 2009

IL GENERALE DELLA ROVERE

LA FICHA DE LA PELÍCULA:

Título: El general de La Rovere. Il generale della Rovere (1.959).

Basado en: Un relato corto de Indro Montanelli.

Duración: 117 minutos.

Director: Roberto Rossellini.

Guión: Sergio Amidei y Diego Fabri.

Reparto: Vittorio De Sica, Hannes Messemer, Sandra Milo, Giovana Ralli, Anne Vernon, Vittorio Caprioli…

Música: Renzo Rosselini.

Fotografía: Carlo Carlini.

Galardones: Premiada en el Festival de Venecia y ganadora del León de Oro.

No es fácil convencer a un chaval de que hay una gran película de II Guerra Mundial, maravillosa incluso, pero eso sí, carente de explosiones y con apenas un puñado de disparos. Afortunadamente, mi padre consiguió hacerlo y no salí defraudado. Hablar de esta obra italiana es hacerlo de algo especial, de una de esas joyas que de vez en cuando deja este arte.

Basado en la genial idea de un excelente difusor de la Historia en un relato corto, dos sensacionales guionistas brindan a un gran director la oportunidad de hacer auténtica magia, narrar con apasionamiento pero sin dramatismos la dura realidad de la Italia derrotada, a merced de sus antiguos aliados alemanes y temerosa de cómo pueda juzgarla la arrolladora fuerza que viene desde el otro lado del Atlántico. Las preciosas fotografías nos trasladan a una especie de “Alemania año 0”, lo sentimos y se trasmite esa desesperación, cafeterías sin vida donde no hay el suave sabor del desayuno napolitano, sino apenas lo suficiente para sobrevivir.

El hilo conductor será un pícaro, interpretado, cómo no, por Vittorio De Sica. Sin ánimo de ninguna clase de nacionalismo absurdo, creo que pocos países como España o Italia son capaces de comprender la esencia de estos personajes, que siempre son muy delicados de llevar. Si la narración es en primera persona (por ejemplo: El Lazarillo), la clave es cómica y pintoresca, pero cuando lo hace la víctima, el pícaro no deja de ser otra clase de villano, vil y abyecto, de inteligencia podrida. De Sica encarna a un individuo bastante lamentable, jugador empedernido, aprovechado como puede de algo de su contacto con los alemanes… pero tampoco propiamente malo, capaz de buscar algún quebradero de cabeza por ayudar a alguien.

La interpretación de este monstruoso actor es tan amplia y rica que resulta difícil de resumir. Bata con una de las escenas de interrogatorio con los alemanes para darnos una idea de la comunión director-protagonista. Muy firme, De Sica hizo una interpretación académicamente perfecta, pausas dramática, tono de voz solemne, excelente movimiento de ojos… Rossellini (demostrando su gran capacidad para captar las mejores ideas de otros) sin embargo arqueó la ceja y miró el reloj. “Ha estado perfecto, pero me gustaría que hicieras otra antes de irnos, pero no te preocupes, ve rápido”. Obviamente, De Sica intenta hacerlo lo mejor posible, pero hay más tropezones, en ciertos momentos se queda en blanco, le cuesta más seguir el discurso… más nervios. En definitiva, esa fue la escena que se quedó, la propia de una persona que está con el filo de la navaja.

Todo cambia para este singular trotamundos cuando el coronel Muller, quizás el único alemán que aún le guarda cierta simpatía, le ofrezca pactar con el diablo para salvar el pescuezo. A cambio de olvidar sus tropelías, deberá suplantar a un carismático individuo conocido como General de La Rovere, suplantándole e ingresando en un presidio donde deberá captar la atención de otros líderes revolucionarios para decírselos a Muller.

Este personaje, está perfectamente representado por Hannes Messemer, quien brinda una poderosa interpretación. Su coronel no es un tipo desagradable, ni siquiera arisco, es una persona bien educada y muy lógica, no se trata del típico estereotipo bueno-malo, de hecho, De Sica a veces parece menos honesto que él. El asombroso diálogo de Messemer con la viuda del general (aunque ésta no sabe que ha muerto su esposo), es escalofriante y ejemplar. Asimismo, su interpretación es tan lograda que acabamos entendiendo al personaje, su peculiar conciencia y modo de hacer las cosas, hasta el momento en el que se le ocurre una idea.

Por buscar algún fallo, quizás el poco peso (al menos en metraje) de los personajes femeninos, aunque curioso que las actrices fueran uno de los principales reclamos en algunos de los carteles de promoción de la cinta. De entre ellas hay que destacar a Sandra Milo, que encarna a una prostituta antigua amante del persona de De Sica. A pesar de salir solamente en un par de escena, trasmite toda la realidad de una posguerra y da a todos una lección de amor verdadero que lejos de oler a moralina barata o tópico, conmueve sinceramente.

El segundo aspecto negativo es la chapucera escena de acción (sinceramente parece que el director se mueve aquí mucho menos cómodo que a la hora de retratar el conflicto de sentimientos humanos, donde es un auténtico maestro de maestros) donde muere el primer general de La Rovere. Algún crítico de cine de prestigio le lanza un guiño cómplice alegando que está intencionadamente mal hecha, para demostrar el azar en la guerra y la causalidad de este embrollo. Particularmente me decanto por decir que éste es el pie de Moisés golpeado por Miguel Ángel, lo que falta para ser perfecto un precioso monumento al cine.

Sobre el gran atractivo de este juego de doble identidad que va absorbiendo a De Sica para siempre (magistral cómo se comporta cuando está solo en su celda y cuando sale delante del resto, ya convertido en el gran líder), encontramos un final que también genera su interés. Siempre me ha llamado la atención el guiño monárquico de Rossellini, que no llego a comprender del todo, aunque esto es solamente una valoración personal mía.

La valoración global de este producto a mi juicio no puede ser más positiva y la recomiendo encarecidamente a todos aquellos que aprecien (o quieran iniciarse) en el cine italiano, precisamente en aquella fase, una de sus épocas doradas. Gran idea original, guionistas ejemplares, excelente director y magnífico reparto. Un cóctel que solamente se puede mejorar si le añaden y se hacen una copia de la excelente tertulia que en el antiguo programa “Qué grande es el cine” de José Luis Garci, realizó sobre la cuestión.










domingo, 28 de junio de 2009

LOS SOPRANO: AS EVIL AS I LIKE

Título: Los Soprano.

Director: David Chase.

Guionistas: David Chase, Terence Winter, Frank Renzulli, Robin Green, Mitchell Burgess, etc.

Producción: CBO.

Banda Sonora: Variados temas.

Reparto: James Gandolfini, Lorraine Bracco, Edie Falco, Robert Iler, Jamie-Lynn Sigler, Michael Imperioli, Drea de Matteo, Vincent Pastore, Tony Sirico, Steve Van Zandt…

Galardones: 21 Premios Emmy y 5 Globos de Oro.
Lo prohibido atrae. No lo duden, si alguna vez quieren hacer que la gente se interese en algo en lo que no repararían, declararlo inmoral o peligroso les traerá más público que bajarle la entrada a la mitad. Algo parecido me pasaba a mí de niño con Los Soprano, sabía que era una serie de televisión, que su protagonista no era moralmente muy aceptable y que la echaban en Canal + (lo cual a mí en aquellos días me equivalía a rayitas grises)

No fue mucho tiempo después hasta que la descubrí, vía Internet. Si soy sincero, la magnífica secuencia de opening con el pegadizo tema principal, los cuidados escenarios y el realismo no recibían justicia en una pantalla de ordenador. En efecto, muchos críticos de televisión (recomendable en este sentido es ver el documental “El último golpe de Tony Soprano”) han elogiado esta capacidad casi de pasar la precisión del cine al hogar, en un esfuerzo que ha marcado pauta a numerosas posteriores programaciones. Ha habido un antes y un después, especialmente en Estados Unidos, a la hora de concebir la calidad de una producción para este come-cocos del hogar.
El principal atractivo de la serie parece radicar en la temática, la mafia. Bueno, cierto es, el cine negro tiene muchos adeptos, sobre todo gracias a nombres como Puzzo, Coppola o Scorsese (no es casualidad que haga un cameo en la primera temporada), pero creo que precisamente por ello, una serie de televisión que intentase sobrevivir a las odiosas comparaciones, se exponía a un auténtico reto, por no decir al fracaso más absoluto.

Creo que hay se debe partir una lanza a favor de David Chase, quien dio muchas pinceladas de su propia biografía (sobre todo en la turbulenta relación de Tony con su madre Livia, que al igual que la emperatriz romana, parece empeñada en convertirlo todo en un drama griego) para el personaje principal, Tony Soprano. Aunque no lo parezca, este individuo, orondo y afable en su día a día, perfecto Carl Wislow o Homer Simpson, es uno de los principales capos de New Jersey (una poderosa organización criminal, pero lejos del esplendor de los narcos de Miami de las películas de Brian de Palma o por supuesto, las poderosas familias de New York).

El actor elegido para la tarea fue James Gandolfini. Lo cierto es que estamos ante un gran actor, de mucho temperamento, con amplitud de registro y que ha dado una dimensión desconocida al término protagonista amoral. Aunque muchos de sus actos puedan repeler, la bipolaridad de su vida (las dos familias, la real y la de su trabajo) y su propia prestancia en escena terminan por hacerle “Uno de los nuestros” (por cierto, obra prima con la que esta magnífica serie está en deuda).

La ruptura con la realidad es que los problemas de su vida privada, obligan a Tony a asistir a terapia. Esto produce una maravillosa conexión, pues a través de la doctora Melfi (su psiquiatra, perfectamente encarnada por Lorraine Braco, a quien en un principio quisieron convertir en la esposa Soprano, pero ella no quiso repetir un papel que ya había hecho con Scorsese), vamos desgranando rasgos de la personalidad y el pasado del delincuente. También accedemos así a ver cómo se comportan sus dos familias.

El gran potencial de la serie, como han señalado muchos atinadamente es que resulta tentador proyectarse en los personajes. Puede ser rato teniendo en cuenta su oficio, pero su vida cotidiana no es tan distinta del resto, especialmente en la relación con sus hijos o problemas conyugales. Además, cuenta con un reparto de primer orden, de actores entonces no demasiado conocidos pero que dejan todo en el escenario, Edie Falco presta su talento a Carmela, la esposa de Tony, dando una nueva lectura al estereotipo de la supuestamente sufridora esposa de un miembro de la Cosa Nostra. La relación de Tony con Carmela es diferente a cualquier otra obra de cine negro.

Entre los lugartenientes de la organización de Tony, destaca “Big Pussy”Bompensiero, interpretado por el temperamental Vincent Pastore, eje de algunas de las mejores trama, o el inolvidable Tony Sirico, que presta su instinto de supervivencia de Sal, el soldado de soldados de “la familia”, cuyo discurso no cambia a lo largo de toda la serie, una de las claves de que sobreviva a auténticos bombardeos en guerras de bandas. Mención aparte a Steven Van Zandt.

No obstante, es difícil de decir por qué se va siguiendo la serie capítulo tras capítulo. Momentos de gran importancia se alternan con otros que parecen que no llevan a ninguna parte, pero no se preocupen, el equipo de guionistas, excelente y variado como en otras grandes series como los Simpsons, sabe perfectamente dónde quiere llegar y cómo sorprender al espectador. Resoluciones como la sucesión de Jackie Aprile, la guerra con Johny Sack, la trama de Adriana o el primo de Tony metido entre rejas… justo cuando creemos que se han olvidado de ellos, nos cae cual piedra de toneladas en un charco.

Pocas veces he cometido el riesgo de desembolsar por una serie de televisión completa, con todas sus temporadas, sin haberla consumido entera, pero en el caso de Los Soprano parecía apuesta a caballo ganador. En honor a la verdad, la jugada pudo haber salido pésimamente, pero la adicción a los capítulos se eleva con fina precisión, conforme mejor se dibujan perfiles de personajes. Eso y un excelente desembolso, porque no es fácil arriesgarse a traerse a actores como Steve Buscemi para papeles secundarios, o rescatar a Frank Vincent para hacerle uno de los principales antagonistas… Si algo ha enseñado este dramón es que a veces hay que invertir para ganar.

Si las cinco primeras temporadas gozan de buena salud y reconocimiento, la sexta, la más oscura de todas, siempre está en debate. No es para menos, es la que más abandona el sano humor negro que en cierta medida suavizaba los acontecimientos principales de las anteriores. En ella, vemos a un Tony Soprano más despiadado y fuera de moralidad que nunca, aunque si se recogen bien las pistas, él siempre ha sido así, lejos de la pantalla hogareña y los abrazos en las comuniones y bautizos. Nos enfrentamos ya a la verdad sin tapujos y nos topamos con los momentos más macabros de toda la historia de la serie.

En especial, hay que subrayar el trabajo de Michael Imperioli, joven actor de nariz aguileña que interpretar a Christopher, sobrino y protegido de Tony. Imperioli va evolucionando y mejorando a lo largo de toda la serie, ofreciendo más y más matices a su turbulento personaje, un tipo que tiene todas las oportunidades de ser el más feliz del mundo y las quema absolutamente todas. La extraordinaria resolución de su relación con su tío y el horrible sacrificio que es capaz de cometer para seguir en la familia, cuajan un personaje oscuro, inestable y que sin embargo al final nos mueve a la más fuerte de las compasiones. Es la total ambivalencia de esta serie, donde jamás se dan juicios de valor, no por falta de moralina, sino porque si se busca bien, son evidentes.

Sobre el capítulo final hay una serie de teorías y múltiples ángulos para mirarlo, pero creo que es un ejemplo de una más de las muchas virtudes de la serie. Pocas veces se deja al espectador tal capacidad de elección y se logra crear esa sensación de incredulidad.
¿Puntos negativos? Varios, por supuesto, puesto que nada es perfecto. En primer lugar hay que decir que esta producción tiene la bendición de haber durado 6 temporadas, cifra respetable, pero que evitar quemarse como en algún momento puntual le ha pasado a obras tan renombradas como Los Simpsons, Cheers, etc. Probablemente, de haber durado más, teniendo en cuenta el pulso entre actores y productores por los emolumentos y el deseo de hacer nuevas cosas que algunos tenían (sobre todo Gandolfini, pieza clave de la trama), quizás su calidad se hubiera deteriorado a cambio. Si hay una lección de Los Soprano, es que una retirada a tiempo a veces es la mejor de las victorias.

En lo que se refiere a la trama, el excelente árbol trazado peca de poco ambicioso en algunos momentos. Personajes tan bien construidos como el padre de Tony, Jackie Aprile o los comienzos de Bompensiero vagan con breves pinceladas, con flashbacks muy logrados pero que dejan con un irremediable deseo de saber más. Por un lado, se puede pensar, “genial, los guionistas lo han conseguido”, pero por otro, más propicio que una película siguiendo los acontecimientos de la serie (lo cual sería un suicidio teniendo en cuenta el final de la sexta temporada, para dejar a todos contentos), creo que la única vía que le quedaría a Chase y su equipo sería una especie de Soprano´s Year One.
Pese a lo dicho, siempre recomendable, aunque hay que admitir que presenta una temática limitada y donde hay que empatizar mucho con lo que es la sociedad norteamericana, creo que es un chapuzón interesante en la piscina... como ciertos patos que un día abandonaron el nido en un espisodio piloto que la cadena FOX aún lamenta no haberle dado luz verde.

jueves, 25 de junio de 2009

SILENCIO


Título: Hush/ Silencio.

Año: 2.004.

Guionista: Jeph Loeb.

Dibujante: Jim Lee.

Tinta: Scott Williams.

Color: Alex Sinclair.

Edición manejada: Norma Editorial, 12 números recopilados en 5 tomos.

La ecuación de los editores de DC debe de ser simple en ocasiones. Contrata un guionista reconocido (Jeph Loeb), dale un personaje icónico y que mueve tanto dinero como Batman, ficha a una mega-estrella del dibujo (el coreano Jim Lee) y dales una mini-serie. Económicamente hablando la jugada les ha salido perfecta, Hush ha sido traducida a muchos países y ha dejado una buena renta. Distinto será valorar si estos doce números marcarán algo novedoso en el plano artístico de un personaje del que ya mucho se ha dicho.
A nivel de dibujo, apenas la primera escena de la liberación del crío secuestrado por Killer Croc ya justifica cualquier inversión. Lee en ocasiones no es un buen narrador, tiene tendencia a las escenas apocalípticas cada cinco viñetas, parece incapaz de dibujar personas normales, todos sus héroes parecen súper-homéricos y sus mujeres salidas directamente de una fanfarronada del Playboy. Pero al César lo que es del César, sabe venderse y vender sus dibujos. Los flashbacks utilizados con los padres de Bruce, viaje a Metrópolis incluido, parecen remontarnos a una película de los años 50, con unos maravillosos lápices. Sobresaliente para Williams y Sinclair respetando su trabajo.

Las portadas a su vez son ejemplo perfecto de sentido comercial y hasta lujo. Pero eso nunca será una crítica a este elemento del cómic, el que muchas veces hace que un buen cómic se pierda o no en la estantería. La desafiante expresión del Joker en el tomo 3 o la macabra elegida para la portada de esta modesta reseña reflejan a la perfección lo que se pretende decir.

Admitiendo que viene un buen envoltorio, ¿nos aporta algo Hush? ¿Puede acercarse un aficionado/a (o no) al Murciélago y ver algo nuevo o interesante? Lo cierto es que consideró que Loeb es uno de los mejores y más infravalorados guionistas de los últimos años. Se le criticó en exceso por El Largo Halloween y Victoria Oscura, donde parecía que todo lo bueno era por mérito del dibujante (el excepcional Tim Sale) y que los fallos eran por un mal escritor que se aprovecha de tener dibujantes estrella. Pues bien, es sospechoso que reputaciones como Tim Sale o Lee se arrimen siempre a la sombra de Loeb, que me parece a mí que sabe mucho más de lo que la gente cree. En primer lugar porque sabe qué clase de historia se puede hacer con uno u otro. Si hubiera estado con Sale, hubiera enfocado la aventura de una manera muy distinta, pero al estar con el artista asiático, le ha hecho ser el protagonista absoluto de una montaña rusa con mucha acción y los suficientes elementos dramáticos para tener historia.


Un magnífico crítico de cómics como es David Hernando, califica el misterio que propone Loeb como soso, muy fácil de descubrir. Quizás, como tal vez es forzada la figura de Thomas Elliot, antiguo amigo de la infancia de Bruce. Este tipo de comentarios, que pueden ser ciertos, deberían tener en cuenta homenajes literarios de primer nivel (como la La carta robada de Edgar Allan Poe) o las citas de Hush a Aristóteles. Más que saber quién, que puede resultar hasta sencillo en determinada circunstancia, interesa más el por qué. Además, es encomiable la capacidad del guionista para re-interpretar y volver a hacer dignos de consideración a antagonistas como El Acertijo o Clayface.

Por otro lado, siempre me ha parecido que en la relación de las dos leyendas de la editorial, Superman y Batman, Loeb se ha mostrado mucho más hábil y diplomático que otros autores de la talla de Frank Miller (aunque Miller sea aún tremendamente superior a Loeb en otros aspectos a la hora de construir una trama). Es decir, creo que estamos ante un buen trabajo, que por supuesto, presenta una serie de incorrecciones que no la permiten despegar del todo. Aunque muy amena de leer y propicia para fechas veraniegas, dudo que esta saga pueda estar a la altura de momentos como los que pueda brindar La Broma Asesina, Año Uno, El Contra-Ataque, etc.

En primer lugar, el curioso giro de tuerca que Loeb pretende dar a la relación Bruce-Selina, se pierde en nada en un final algo apresurado y chapucero. Otros personajes como Hardol debieron haber aparecido antes para conseguir el instante dramático esperado. Mucho mejor es el tratamiento dado a personajes como Barbara Gordon, Jim o Harvey Dent, con pocas frases pero siempre interesantes y absolutamente vitales. En otra escala hay que colocar la versión que ofrece Lee de Nightwing, elegante, preciso y capaz de ser algo más que el Watson particular del mejor detective del mundo.

Lo que sí creo que dará muchos adeptos a este conjunto de números, es que es fácil de seguir para gente que no sea consumidora habitual de cómics de El Señor de la Nochw, gracias a que Loeb ofrece aparte de un guión cerrado y autoconclusivo (aunque DC, muy al estilo Marvel, se ha encargado de sobre-explotar la gallina con resurrecciones y nuevos experimentos de lo mismo), un repaso de toda la mitología que rodea al protagonista. En especial, en el primer de los números.



lunes, 22 de junio de 2009

LA FRAGANCIA DE UN GRAN LIBRO

Título: El perfume.

Autor: Patrick Süskind.

Ediciones: Varias.

Año de publicación: 1.985.
Fue la historia de un hombre genial y abominable... en una época donde abundaron los seres humanos geniales y abominables. Puedo decir sin temor a equivocarme que pocos lectores/as están a salvo de caer en las extrañas sensaciones que suscita el inquietante personaje de esta obra de Süskind, Jean Baptiste Grenouille, el genio más grande que jamás existió para el efímero mundo de los olores.
Para este libro, llegué, como suele ser habitual, tarde y desinformado. Alguna gente me lo había mencionado, pero estaba aparcado en el rincón de los futuribles hasta que en una ocasión, un profesor de Lengua Castellana y Literatura lo elogió encomiablemente. Afirmaba que el primer centenar de páginas era algo absolutamente genial, con un interludio negativo por culpa de un viaje y que volvía ganar impulso al final.
Busqué entonces el libro, aunque por un motivo u otro no apareció, hasta que me topé con él frente a mis narices en la casa de unos familiares en Linares. La cara de ansiedad y deseo de devorarlo debió de ser muy encominable, porque finalmente me lo regalaron, probablemente era eso mejor que aguantarme. Desde entonces comprendía el por qué de la reputación de la obra.
Probablemente sea una de las piezas literarias que más rápido se puedan consumir, especialmente un inicio arrebatador. Históricamente hablando, el contexto es impecable, casi respiramos y andamos por las calles de la Francia pre-Revolución, en unos instantes vemos lo que Grenouille observa, una infancia triste y sumida en la falta de cariño, pero lo que tiene más mérito en la narrativa de Süskind es que casi imaginamos los olores. Expresar tantas ideas a través de este elemento es una muestra de originalidad que no abunda precisamente.
A medida que se avanza, comprendemos el macabro subtítulo "Historia de un asesino". La primera fechoría, siguiendo la pista de la primera muchacha, nos advierte que nos vamos a enfrentar a una auténtica obra maestra, a un relato que merece la pena leer con la luz de la lámpara cuando caiga la noche. Lástima del maldito viaje.
Antes de todo decir que Süskind es un tipo peculiar. El novelista alemán no se ha prodigado, incluso cuando se consiguieron los derechos para llevar la ópera prima a la gran pantalla, siguió sin hacer muchas declaraciones. Es respetable su privacidad, pero parece tener preferencia por la discrección en grado sumo. En especial se ha negado a recoger premios. Hizo algún trabajo más antes de su súper-ventas, pero salvo esta archi-famosa obra, no son muy reconocidos sus otros trabajos, o mejor dicho, se los desconoce mucho porque no están muy publicitados.
Quizás esa extravagancia se refleje cuando Jean Baptiste abandone a Baldini (personaje maravilloso por cierto, muy bien construído) y se embarce en el casi psicotrópico autoexilio que se impone. Probablemente sean mis cortas entendederas, pero no creo que sea un tramo que sea muy agradable de leer, si antes todo era rápido, vertiginoso, fascinante y misterioso, el ritmo se vuelve plomizo y estancado. Cuestión de gustos supongo, pero creo que sin este condenado viaje, tal vez El Perfume pasaría de ser uno de mis libros predilectos al mejor de todos sin duda. Pero bueno, eso es otra historia.
Por fortuna, existe el núcleo central del libro, el nudo de los crímenes, del ague y caída de este gran genio del mal, que como todo este tipo de criaturas, no esconde otra cosa que al más miserable y digno de compasión de los desgraciados. Los sucesos asombrosos de la ciudad de Grasse bien valen leerse todo el libro, sobre todo por una resolución impresionante, cruel y brillante, de una obra amoral en este tramo, donde todo se refleja sin piedad de ningún tipo.
El desenlace final ha generado muchos ríos de tinta, la crítica se obsesiona por hasta el más mínimo detalle de este minucioso rompe-cabezas, ¿por qué Grenouille no puede olerse a sí mismo? ¿Cuál es el secreto de la última muchacha? ¿Por qué es tan complejo y a la vez cercano el señor Richis? Ni puedo, ni quiero, ni pretendo decir nada, porque no estoy seguro de tener el ingenio suficiente, solamente el preciso para comprender que estamos ante algo muy especial.
Pero, y aquí me matarán algunos, me convence más el final de la película, que quizás intenté incluir en alguna próxima ficha. En efecto, si de verdad a Grenouille le pasa lo que le sucede al final de la novela, lo que se ve en las escenas cinematográficas me explica mejor su fracaso que la resolución de la novela, pues tratando de ser amoral, no convence el fracaso final en el momento de gran éxito del criminal. Laura Richis es la respuesta, pero Laura deja todo mucho más claro en la cinta (inferior en otros sentidos a la pieza literaria) que en las páginas escritas.
Quizás simplemente al fin comprendió lo que buscaba... y al encontrarlo, entendió lo qué había sido su vida. Pero siempre nos quedará el recuerdo de la pequeña y desagradable figura de Grenouille en una oscura calle, esperando y aguardando... capaz de detectar el perfume de nuestros sueños, esperanzas e ilusiones... y arrebatarlos.